Sacavera son Michell Ardura en guitarra y voces, Arturo “Turo” Fernández en baterías y Javier Garrido al bajo. Ahora nos presentan un Ep homónimo, de cinco temas grabados en los Tutu Estudios y al que adornan el logo de Javier Iván Villa Vilches en portada y las fotos de Max Estrella y esta casa. Todo ello maquetado bajo la dirección de Juan Carlos Macías Cienfuegos.
“Extinción”, que estrenaron fechas atrás vía videoclip, es un rock and roll ágil y compacto, donde me gusta el tratamiento que la producción da a las voces de Ardura, así como los riffs que éste plantea durante las estrofas. Hay un feeling aquí que me lleva a pensar en gente como Leize, amén de una letra que viene a ahorrar en metáforas. Es rock urbano, de toda la vida, comprometido, directo y sin aspavientos. Al puente lo atraviesa un más que digno solo de guitarra, también una precisa base rítmica (esos buenos dibujos de Garrido durante el solo) y que concluye en un epílogo muy por el libro de estilo. Me agrada.
“Invisible” resulta en la oferta más breve de las cinco. También aquella a la que atraviesa un nervio más punk. Quizá por ahí, manías de oyente, el hecho de que me enganche menos. En cualquier caso me gustan esas melodías que acompañan a Ardura durante estrofas. El estribillo resulta finalmente el mejor arma de esta segunda entrega, rematada por el correcto solo del propio Ardura en la parte central. No me desagrada pero reconozco que tampoco me engancha.
“La Chica De La Curva” puede ser la que mejor partido saca de los Tutu Estudios. Entroncando con ese rock urbano entre Leize y Barricada, me engancha por el riff que plantea Ardura aquí, también por la certera base rítmica que la propulsa. Alberga un curioso guiño a Black Sabbath en el puente, resultando en cierto modo una curiosa coctelera de géneros. Bien planteada, siento que fluye de manera natural, de nuevo sin excesos ni alardes. De mis favoritas del Ep.
“Mentiras”, en cierto modo la más hiriente de las cinco, con un Turo muy firme tras los parches y Garrido, una vez más, dejando buenos dibujos desde las cuatro cuerdas. Un canto apesadumbrado en lo lírico (“la muerte no tiene ojos, ha vencido a la esperanza”), donde quizá eche en falta unos coros con algo más de presencia y punch. En cualquier caso me resulta atractiva por trazo. También por un solo que puede ser fácilmente mi favorito de todos cuantos atraviesan el Ep. Los ¿desaparecidos? rockeros valencianos Transfer pueden ser otra de las rimas aquí. Me agrada.
La final “El Hombre Del Saco” extrae del trío una cara algo más chulesca. Si bien en cuanto a riffs me engancha menos que otros cortes del Ep, me gusta el modo en que Ardura enfrenta sus líneas de voz aquí. También el solo que inserta antes del puente. Creo que les funciona un aspecto lírico, ahora sí, que sabe tirar de metáforas, facilitando que sea el oyente quien haga las cábalas pertinentes. Un buen cierre…
… a un trabajo que sucede en un suspiro. Ni diecinueve minutos para un Ep puede que algo tímido en lo que a sonido propio se refiere, pero que llega a término, al menos, habiendo dibujado un buen compendio de influencias. Mucho rock urbano, algún tinte más punk o aquél guiño a Black Sabbath de “La Chica De La Curva” buscan precisamente esa diversidad en la que, siento, deberían poner el punto de mira. Puede que Sacavera peque de una cierta timidez, pero ya sabéis lo que dicen: todo gran viaje comienza con un pequeño primer paso. Estaremos atentos.
“Solus Ipse” es el tercer largo en la trayectoria de los asturianos Unexpectance y trae consigo algún cambio que otro. El más notorio, el que ahora lleva a Vaan a encargarse de las tareas vocales. Junto a él están Nacho Peña y Miki Méndez en guitarras, Aitor G. Stamper al bajo y Luis Barrientos a la batería. Los asturianos debutaron en 2016 con “La Metástasis De La Desesperanza”, ofrecieron un más que notable “Vortex” en 2022 y vuelven ahora con energías renovadas y un álbum que cierra su particular mirada a la trilogía sobre la obra de Dante. El trabajo fue grabado por ellos mismos, contando eso sí con las muchas habilidades de Daniel Sevillano para la mezcla. El proceso de masterizado corrió a cargo del propio Nacho Peña. “Solus Ipse”, al que adorna el arte del artista japonés Biljee Shimpei, tiene prevista su salida al mercado el próximo quince de enero.
El concepto griego “Sophrosyne” puede que aluda a la templanza, moderación o sensatez, pero en manos de Unexpectance supone un aldabonazo de ardiente metal moderno. Vaan arremete, a puro desgarro, las primeras estrofas. Y el corte, Luis Barrientos mediante, transita por momentos realmente agrios, confrontando violentos blast beats con un metal pesado y conciso. En la más pura tradición del combo asturiano, surgen pequeñas islas de tranquilidad. Y, desde ahí, transitan hasta su cara más atmosférica. Pero lo que me agrada es la forma en que la composición respira. Compuesta en lo musical por Stamper, da comienzo al álbum conteniendo muchas de las ideas que habrán de alimentarlo desde aquí hasta el final. Pero sin que nada resulte atropellado ni tampoco artificial. Rematada con un imaginativo solo previo al epílogo, supone una más que notable toma de contacto con este “Solus Ipse”.
“Momiji” representa “el acto de contemplación del cambio de color de las hojas del arce japonés”. Composición de Peña tanto en lo musical como en lo lírico, sorprende primero con la fuerza sinfónica del prólogo, después con el gran trabajo llevado a cabo en lo que a melodías se refiere y finalmente con ese juego de Vaan entre registros. Esa dualidad otorga una mayor dimensión a esta segunda entrega. La nueva voz de Unexpectance acierta a sonar más agónico aquí. Y Barrientos vuelve a alternar esas partes más vibrantes con un metal realmente pesado y contundente. Fue una de las cartas de presentación del álbum, aún cuando se trata de la entrega más extensa de este tercer disco. En toda la composición anida una cierta elegancia, la que propician esos arreglos de tono casi grandilocuente. Y que contrastan, como ya digo, con el metal más nervioso y vibrante con el que lo rodean. Un juego de intensidades marca de la casa y en el que los asturianos parecen más que cómodos.
“Ataraxia”, o lo que es lo mismo, “estado de imperturbabilidad, serenidad y tranquilidad del ánimo, libre de pasiones, temores y deseos desmedidos”, entrega ahora a unos Unexpectance mucho más orgánicos. De nuevo composición total de Peña, siento que el trabajo en cuanto a riffs es encomiable. Sus primeras estrofas son tan agrias como reconocibles. Y es que no cuesta seguir el rastro de sus líneas maestras hasta cortes del anterior “Vortex” como “Hipersomnia” o “Neurapraxia”. La banda a pleno rendimiento, siendo muy consciente de todas sus fortalezas, y con un Vaan desbocado frente al micro. Las melodías que van inundado las estrofas, el groove tan adecuado que surge más adelante o esa vibración tan cercana al melodeath que surge a destellos. Si bien hay (a ratos) una cierta sobre producción que puede enfurruñar a los más clasicistas, ellos vuelven a cerrar con otro solo digno de atención. Fue la otra carta de presentación de “Solus Ipse” y no seré yo quien ponga peros a la decisión.
“Gnosis”, o el “conocimiento absoluto e intuitivo, especialmente de la divinidad, que pretendían alcanzar los gnósticos”, trae consigo un llamativo prólogo primero, y un riff con un gancho de mil demonios después. También unas ambientaciones llenas de presencia y clase. Medio tiempo pesado, arrastrado, con ya digo un gran trabajo en lo que a riffs se refiere y con un Vaan del que emana una cierta desesperanza a ratos. Composición de Peña en lo musical, representa en gran medida a los Unexpectance mas crudos y arrastrados. Apenas un pequeño cambio de ritmo conducirá hasta el breakdown del epílogo. Y si bien siento que a éste se le podría haber sacado un poco más de jugo, algo me dice que la propia crudeza que desprende bien podría convertirla en próxima favorita de sus seguidores.
Regresa Stamper a las labores compositivas en “Noesis”. En filosofía, noesis es un concepto del pensamiento griego que se refiere a “la acción de pensar o actividad del pensamiento”. Nacho Peña pone en esta ocasión la letra a la que puede ser una de las composiciones más heavies de todo el álbum. Aún cuando su arranque, ese curioso prólogo, no podría ser más exógeno. Pero la forma en que adornan las primeras estrofas, cómo crepita en ellas el bajo del propio Stamper, unidas a esa vibración mayor durante estribillos ciertamente otorga otro cariz a la banda primero, al disco después. Contiene otra gran labor en lo melódico, fundiendo ese pulso más clásico con ambientaciones cercanas al metalcore más al uso. De resultas de todo ello surge finalmente un corte en constante mutación, de esas que ganan una barbaridad con las sucesivas escuchas, y que no cogerán de nuevas a quienes recuerden trabajos en solitario del bajista Aitor G. Stamper.
A “Nematomorpha”, nombre de unos parásitos inductores del suicidio, le corresponde entregar a los Unexpectance más violentos y despiadados de todo “Solus Ipse”. Nombres como Lorna Shora o Mental Cruelty acuden siempre a mi subconsciente aquí, lo que da un poco la medida del mal café que el quinteto ha vertido en esta sexta entrega. Sin que la producción se resienta lo más mínimo, todo me funciona aquí. La violencia que despliega Vaan tras el micrófono. La pesadez y también la crudeza que emana de ciertos riffs. Lo diversa que resulta esa línea de batería de Barrientos. Ese groove tan descosido. Otro corte coctelera, en el que caben un sinfín de ideas, pero que aún así resulta extrañamente cohesivo. Coherente incluso. Nacho Peña mostrando su mejor cara como compositor, tramando un corte diverso y, de todos modos, redondo.
“Ethos”, o lo que es lo mismo, el “conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad”, pone a Barrientos a volar tras el kit de batería, mientras traza un prólogo incendiario, nervioso, casi fulgurante. Luego la producción recrea colchones sonoros durante las estrofas, mientras que solos rebosantes de técnica y clase ejercen de debido engarce entre estas. Cabe también un buen trabajo en la parcela melódica. Y si bien a estas alturas del álbum su estructura puede no resultar ya tan llamativa, lo cierto es que ellos aciertan a entregar otra composición ganadora. Diversa, como lo son casi todas las aquí presentes, bien arreglada y con un Vaan que, de nuevo, recupera esos tonos algo más desesperados. Tremenda.
“Samsara”, el “ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento en las religiones de la India como el hinduismo, budismo, jainismo y sijismo”, también un magnífico documental de Ron Fricke, son unos Unexpectance un tanto refractarios al resto del álbum. Es algo que se palpa en la tranquilidad del prólogo y en ese quiebre tan violento que propician las primeras estrofas. De estas surge una banda que se arrima, ahora sin medida, a las fronteras del death melódico, con Barrientos llevando firme el pulso y los riffs de Peña y Méndez quedando como alguno de los más llamativos de todo el álbum. Agria, directa y cruda, dueña de breakdowns salvajes y grooves incendiarios, esta octava entrega viene a dar cumplida muestra de las pocas barreras que los chicos han puesto frente a la hora de sentarse a componer. Su último verso no podría resultar más definitorio: “Romperé las cadenas de esta pesadilla. Forjaré un nuevo paraíso, Y allí gobernaré”.
“Hybris”, concepto griego que “puede traducirse como arrogancia, altanería, insolencia, soberbia, ultraje, desenfreno o desmesura”, nos devuelve a unos Unexpectance en cierto modo más clásicos. Muy presente, algo virguero incluso, el bajo de Stamper ahora, durante unas primeras estrofas en búsqueda de una cierta grandilocuencia. La banda entrega un penúltimo corte lleno de pulsos altos y voces agónicas. Hay buenos acentos melódicos, una batería muy poco lineal y de nuevo ideas que me retrotraen al anterior “Vortex”. Quizá porque hay voces de Vaan aquí que me recuerdan, y no poco, al que fuera anterior vocalista del combo, el actual Chamako Wey!Daniel Larriet. Mucha atención al solo final.
“Empíreo”, que corresponde a “la iluminación a través del conocimiento, el final del viaje”, es fácilmente una de sus entregas más diversas y atrevidas. Un cierre en donde anidan muchas de las ideas que manejan a la hora de sentarse a escribir. Sus primeras estrofas son violentísimas, con Barrientos a puro blast beat en compañía de un Vaan ciertamente vibrante. Hay guiños más melódicos, fugaces pasajes tranquilos, plenitud de cambios de ritmo… puede que, a ratos, no resulte tan cohesiva como otros muchos cortes de este “Solus Ipse”. Por contra, esa cualidad tan impredecible, a buen seguro la convierte en uno de sus cortes más atrevidos. Esto, como siempre, irá en los gustos, los usos y las costumbres de cada uno.
Escuchado varias veces, aún siento que resta jugo por exprimir del tercer álbum de los asturianos. No sorprende la calidad de la producción. “Vortex”, maltratado como tantos otros trabajos por la dichosa pandemia, ya dejaba el listón alto en este sentido. Pero la entrada de Vaan al micro parece haber otorgado una mayor dimensión al conocido metal contemporáneo de los asturianos. Muy firmes ya desde la propia composición, el álbum es un compendio de capas, intenciones, ritmos e intensidades, desplegadas las más de las veces con altas dosis de equilibrio y mesura. Hay pequeños guiños al death melódico, casi inherentes a este tipo de álbumes, grooves matadores, algún que otro breakdown verdaderamente afilado y una gran, grandísima labor en lo que respecta a las guitarras de Peña y Méndez. En melodías, en solos pero de manera muy esencial en cuanto a riffs. Lo siento así. De resultas de ello emana un álbum donde uno atisba ya una palpable madurez en el seno de Unexpectante. Empresa harto difícil si uno tiene en cuenta lo dramáticos que suelen suponer los cambios de voz en formaciones como esta. Todo un logro.
“Marcados” constituye el primer largo para el cuarteto de origen asturiano Caballo Moldavo, la banda que forman Reverendo G. Throat (voz), Lionel Hooves (guitarra), Jhonny Liver (batería) y HermanoLynott (bajo). Diez cortes, alguno ya presente en aquél Ep de 2021, que han venido a la vida bajo la producción del Sound of SilenceNefta Vázquez (Absalem, Beast Inside, Bestia Negra, Blast Open…) en los Breakdown Studios y que se presentarán el próximo viernes 14 en el ovetense Gong Galaxy Club junto a Sküld.
“Alimentándose En Secreto”, que ya ha sonado en algún que otro directo de los asturianos, confiere una cierta alucinación sobre su habitual propuesta arrastrada y cenagosa. Ritmos vivos, casi marciales, y la característica voz del Reverendo. El sonido, en comparación con otras producciones extraídas de los Breakdown Studios, resulta deliberadamente sucio. Cruje el bajo de Lynott camino de estribillos. Un trallazo directo, sin grandes alardes ni ataduras, con riffs pegadizos y un buen solo de Hooves camino del epílogo. Un arranque que, doy fe, les funciona y de qué forma en vivo.
“Al Otro Lado Del Viento”, si bien porta parte de ese brío del tema inicial, por la conjunción entre sus riffs y la propia voz de G. Throat resulta menos agresiva, algo más liviana. Caballo Moldavo amplificando sus registros. Fácilmente una de mis letras favoritas de todo el álbum, llama poderosamente la atención en lo que a estribillos se refiere. Hay detalles en esta línea vocal que me llevan a pensar en un tal Danzig. Un puente que abraza contornos más alucinados y un epílogo marca de la casa moldava. Hooves remata la función con otro buen solo primero, armonizando con la propia voz del Reverendo después. Una de las entregas más lúcidas de entre las diez.
“El Cuervo”, a estas alturas ya todo un clásico de los asturianos, viene para aportar la cara más oscura de estos Caballo Moldavo. Basada, claro, en el poema del mismo nombre de Edgar Allan Poe, trae en estrofas un riffs llamativo por lo seco y directo que resulta. Contrapunto a esos estribillos más turbios y oscuros, con algunas voces realmente graves. Éstas darán paso a un metal pesado, no agónico pero sí arrastrado y rocoso, con esos riffs tan crudos y voluminosos de Hooves. La producción y mezcla me agrada. Resulta tan orgánica como lo son las propias descargas de la banda y, por ahí, no podría encajar mejor con la propia idiosincrasia del cuarteto.
Presente ya en aquél Ep de 2021, “El blues Del Innombrable”, construida sobre otro riff con no poco gancho, adopta un rock poderoso y con pegada. Siempre dentro del particular universo sonoro de los asturianos, y donde Reverendo pone en solfa otra línea de voz no poco característica. Su timbre podrá gustar más o menos, pero desde luego que personalidad no le falta. Me agrada el solo de Hooves, también el (leve) crescendo sobre el que se apoya. El nombre de Danzig vuelve a sobrevolar aquí, sí, pero de todos modos, una de las que más se repiten en mi cabeza tras sus directos.
“Mi muerte Centinela”, tras su prólogo desnudo y poético, trae al frente a los Caballo Moldavo más ruidosos. Construye por ahí un corte de grandes contrastes. El más evidente, claro, la forma en que el riff de Hooves se contrapone al ahora calmo Reverendo. Muy llamativas estas primeras estrofas y la forma en que se van ennegreciendo camino de estribillos. Hay momentos de pesadez, bien apuntalados por la base rítmica de Liver y Lynott, y una construcción que entrega su debida cuota de protagonismo a cada elemento presente en la mezcla. Hooves y Reverendo de nuevo armonizando en el epílogo, firman un estupendo cierre. Otra de mis favoritas.
“Réprobos”, que daba nombre al mencionado Ep de 2021, es a estas alturas una de sus entregas más idiosincráticas. A este punto, clásico inevitable de sus directos, sigue siendo aquí ese corte malencarado, sucio y vibrante que ya era entonces. Se reviste ahora, eso sí, de la colaboración del propio Nefta Vázquez, acentuando con su reconocido registro rasgado, el corte más cabrón de todo “Marcados”. Siempre “de frente” y sin excusas ni complejos. Puro metal sucio, hosco y vibrante en la más pura tradición del cuarteto. Corte fundamental para ellos.
La pequeña “Ecos Del Pantano”, con Kalari poniendo sus hábiles manos al teclado, supone una pequeña introducción previa al tema título, una “Marcados” que viene a recuperar a esos Caballo Moldavo más pesados y cenagosos. Me gusta la línea de batería sobre la que se construye este octavo corte. También el riff que Hooves dispone aquí o esa construcción algo más abierta. Y es que encuentro riffs que me enganchan desde su pesadez. También solos siempre contenidos y en favor de la propia composición, sin afán masturbatorio de ningún tipo. Potente, poderosa y muy moldava.
“Misa Negra”, otra de las que ya aparecía en aquél “Réprobos” de hace cuatro años, sigue siendo ese metal sucio y crudo que ya era entonces. Corte más extenso del álbum, sigue conservando ese aire malsano y fangoso, tan característico en ellos. Me agradan los riffs sobre los que se sitúan sus estribillos, también la mayor gravedad que adquiere Reverendo camino de estribillos. También lo alucinado del puente que antecede al epílogo o lo malencarado, casi diría malsano, de su negruzco epílogo. Fácilmente otra de mis favoritas.
“Bienvenidos Al Valle Del Cielo” es stoner sucio y desgastado. Sublimado por unas voces especialmente áridas ahora, al tiempo que Hooves acompaña con otro riff de no poco gancho. Del mismo modo, me llama la atención la línea de batería que Liver trama aquí. Apuntala esa base rítmica un cierre de ritmos vivos, que no obstante no hace por abandonar esas guitarras siempre graves y rotundas. Es cierto que la sección solista está algo constreñida aquí, pero una buena colección de riffs para un cierre eficaz y disfrutón.
La cosa tiene truco pues varias de estas nuevas composiciones, en realidad, no son tan nuevas, y llevan tiempo sonando en sus directos. Por ahí uno pierde parte del elemento sorpresa que depara todo nuevo álbum. Pero quienes acudan vírgenes a este primer largo del cuarteto, se congratularán del grosor de los riffs y la pesadez de sus ritmos. Siempre a medio camino entre el sludge, el stoner y cualquier otra cosa que se les pase por la cabeza, sus señas de identidad siguen aquí más presentes que nunca. Una maraña de riffs cabrones, ritmos entre lo pesado y lo vibrante y la característica voz del Reverendo apuntalando su universo particular. Solo queda esperar que la ya inmediata presentación en vivo de este “Marcados” se dé igual de bien.
Es cierto que el término “superbanda” se usa a la ligera no pocas veces. Lo cierto es que tiempo hacía que el ecosistema rockero asturiano no entregaba un debut respaldado por tanto nombre ilustre. A saber: Dani G. ( Nörthwind, Eden, Darksun, Last Days Of Eden) en voces, Fer Espina (The Riders, Fran Juesas, Blister) al bajo, Alex Tilles (Soundwave, El Hombre Más Tonto Del Mundo) y Diego Riesgo (Drunken Buddha, Nymerians) en guitarras y Adrian López (Versión Original, Belo y Los Susodichos) tras baterías. Entre todos han dado a luz a una docena de temas, producidos por el propio Dani G. y adornados por el arte de Ride The Dragon Films(al mando también de los videoclips), configurando un álbum de puro hard rock al que han dado en llamar “The Long Way Home” y que tendrá su flamante presentación en una nueva edición del Rockvera.
Este es un álbum que te lo pone fácil desde el primer acorde. Ese prólogo tan elegante de “Tear Down The Kings”. La producción tan equilibrada de la que gozan estas canciones, lleva a November en volandas. Aquí encontramos unas voces de Dani G. bien acomodadas sobre el vistoso colchón de riffs. Coros grandilocuentes, que serán una constante de aquí al final del álbum, y un solo que de esos que disfruto como niño con juguetes nuevos. Un arranque que puede recordar desde bandas de los ochenta como Bon Jovi a continuadores de la vieja tradición hard como puedan ser H.E.A.T, Eclipse, Nestor…
“Never Lose Your Hopes”, con todo un Bumblefoot (ex Sons Of Apollo, ex Guns N’ Roses, Whom Gods Destroy) a bordo, apacigua el vigor inicial para construir un hard rock en el que Dani G. se despacha con alguna de mis líneas de voz favoritas de todo el álbum. Se pega este estribillo como pocos dentro de “The Long Way Home”, siempre con ese tono alegre y optimista, santo y seña del género, y unas composición y ejecución en su punto justo de porte y elegancia. Hay tonos muy altos de la que fuera voz de Darksun. Y un solo, antecediendo al puente, para el que no se me ocurren peros. El epílogo, que funde esa faceta solista con el estribillo (y que bien me podría recordar a Gotthard) es estupendo.
Así las cosas, “Skyfall” pone la calma tras el ímpetu de las dos entregas iniciales. Curiosamente, el corte más extenso de este debut, y que la banda apoya con unos pequeños arreglos de piano sobre una clásica estructura en crescendo hacia estribillos. Dani G., pura elegancia ahora, estira su registro como nos tiene acostumbrados. Me gustan esos engarces entre estrofas. Los buenos guitarrazos que se dejan sentir. Balada de las de siempre. Te la sabes casi sin escucharla, pero aún ahí, la banda parece dar muestras de lo mucho que ha cuidado cada detalle. Desde los mencionados arreglos pasando por los coros y acabando en ese solo previo al epílogo. Estupenda.
“One Of A Kind” subvierte esa calma y se entrega al hard más alegre y disfrutón. Tiene uno de esos estribillos fáciles y directos que entran a la primera y luego tarareas durante horas. Y es que ya sabéis lo que dicen: “es solo rock and roll, pero me gusta”. El riff tampoco va sobrado de gancho. De igual forma, me agrada el juego que se produce entre ambas guitarras durante las estrofas. November mostrando su lado más hedonista, más (valga la redundancia) rockero, dejando un poco de lado el hard más elegante del comienzo del álbum en pos de un sonido más cercano a Guns N’ Roses o Mötley Crue pero en el que parecen igualmente cómodos.
“When The Door Is Closed” opta ahora por un hard sensiblemente más musculoso. Parte de un prólogo que, inevitablemente, me lleva a pensar en Zakk Wylde, y en donde luego se dan cita alguna de las estrofas más llamativas de todo el álbum. Todo tamizado de manera que el corte se integre de manera natural en el tracklist, es en cualquier caso uno de esos temas que ganan una barbaridad con las escuchas. Por todos los detalles que se esconden bajo los estribillos, por el buen solo de este tramo final, por los destellos desde el bajo de Espina. Atrevida elección para su traslación al formato videoclip:
“Don’t Pray For Me” parte desde un riff del todo juguetón y construye, cencerro mediante, otro rock and roll pegadizo, sobrado de gancho y clase. La buena construcción de sus estrofas, la cuidada línea vocal de Dani G. aquí, así como el buen trabajo en cuanto a coros y ese estribillo (que parece) pensado y repensado de cara al directo. De nuevo los buenos detalles melódicos en los engarces entre las distintas estrofas y esa firme base rítmica aupando este ritmo más vivo y directo. Desde luego, “living ain’t easy”, pero con estribillos así, resulta algo más llevadero. No voy a mentir. El solo es lo suficientemente bueno como para encontrarme a mí mismo dándole hacia atrás al reproductor (una, y dos y hasta tres veces) para poder apreciarlo como se merece. De mis favoritas.
El bajo de Fer Espina abre la homónima y rotunda “The Long Way Home”, donde resuenan alguno de los riffs más graves de todo el trabajo. Me gusta el tono hacia el que deriva su registro Dani G. aquí, así como, ya digo, esos riffs más contundentes y pesados. De nuevo, y al igual que sucediera en “When The Door Is Closed”, siempre dentro de las marcadas lindes del género (esos coros…) pero ampliando una vez más el rango de acción del quinteto. Asimismo, me llama la atención esa desnudez que acoge inicialmente al solo de guitarra. Y cómo torna después en puro fuego, solidario a esos November más potentes y descarnados.
“Egomaniac” parece más enraizada en el espíritu puramente hard rock del álbum. Lo que no quita para que se trate de otro corte llamativo por construcción y arreglos. Por el cuidado trabajo de guitarras bajo cada estrofa, verdadero santo y seña de este debut, el equilibrio que muestra la mezcla, aún cuando los coros hacen acto de presencia, arrastrando consigo no poca cuota de protagonismo. Elegancia y contundencia se darán cita en su tronco central. Una la pone el solo de guitarra, la otra, la cierta pesadez que emana de los riffs. El corte resulta, finalmente, una intersección entre los November más elegantes de “Never Lose Your Hopes” y los más pesados de “When The Door Is Closed”. De ahí, tal vez, que me agrade en la manera en que lo hace.
Y no es que me disguste “All I Need Is You”, pero sí siento que está algo por debajo de las otras baladas del debut. Y lo digo aún cuando aprecio las buenas voces que el Last Days Of Eden ha vertido aquí, o lo cuidado del trazo y los arreglos. El de Bryan Adams es un nombre que me suele venir a la mente con el paso de las escuchas. Sin que tampoco me resulte fallida, sí siento que merecía un desarrollo algo mayor.
Regresa el cowbell para una “Vegas Queen” que recupera a los November más chulescos y disfrutones. Aquí me agradan esos omnipresentes detalles con el slide sobre el mástil de la guitarra. También el sencillo pero pegadizo estribillo y la forma en que regresan los riffs más graves, otorgando un mayor fuste al solo. Por lo demás un rock directo y sencillo, de los que invitan a bailar, pero que no sacrifica una buena producción. Más bien al contrario.
Última balada del álbum, “Never Said Farewell”, da inicio con Dani G. apenas acompañado de unos arreglos de piano. Clásico crescendo de camino a estribillos y otro de los cortes que más y mejor uso hace de una buena producción. Se siente en cada nota, en cada golpe de Adrián López al kit de batería, en el cuidado bajo de Espina. Clásica y de lo más funcional. Asida con orgullo al libro de estilo del género.
“Shot From Your Heart” con Gus G (Firewind, ex Mystic Prophecy, ex Ozzy Osbourne) parece hecha para cerrar el disco allí donde comenzó: en un hard rock enérgico aunque pegadizo, donde quizá no se den cita los riffs más lúcidos del álbum pero que confluye hacia un estribillo triunfal. De nuevo el de los infalibles hard rockeros suecos H.E.A.T es un nombre que sobrevuela mi subconsciente aquí. Eficacísimo cierre.
No voy a mentir si digo que he necesitado de cierta re programación mental para enfrentarme al debut de los asturianos. Tiene uno tan asimilada la voz de Dani G. a Darksun (a Last Days Of Eden incluso, aunque su labor vocal ahí sea más restringida) que al comienzo me costó hacerme a estas canciones. Pero en cuanto el disco hizo ‘clic’ en mi cabeza, ya no hubo vuelta atrás. Son muchas las cosas que me agradan y, aquellas que no, lo hacen más por manías personales que por algún déficit del proyecto. La producción es de auténtico lujo, siento que hay grandes temas y todo el trabajo en cuanto a guitarras apunta a que estas composiciones se han cocinado a fuego muy lento. De resultas de ello, y pese a tratarse ya digo de un debut, no negaré que “The Long Way Home” pueda mirar a cualquier álbum (de aquí o de fuera) sin absolutamente ninguna mueca de inferioridad. Más bien al contrario.
Bajo el título de “Something Is Rotten In Humanity” se esconde el cuarto trabajo de los legendarios death metaleros baleares Unbounded Terror, la banda del guitarra y voz Vicente Payá (Bis•nte, Golgotha, Holycide…), el bajo y voz Andrew Spinosa (In War, ex Goreinhaled, ex Eveth), el guitarra solista Ancor Ramírez (ex Archantia, ex The Hole) y el batería Engelbert Rodas (Inbreeding Sick, ex Melting Flesh, ex Sickness…) como más reciente fichaje. Con el propio Payá ejerciendo de productor, con mezcla y master del Antropofagus Davide Billia (Avulsed, Putridity, Ural, Vomit the Soul…) y artwork de Juanjo Castellano (Æolian, VoidCeremony, Barbarian Swords, Revel in Flesh, Obscure Infinity…), el álbum vio la luz el pasado primero de abril vía Xtreem Music.
“Fear Of Dying” arremete sin introducción ni distracciones de ningún tipo, colisionando la cara más melódica de estos Unbounded Terror con esa más rotunda que conforma las primeras estrofas. Hay cambios de ritmo aquí que me recuerdan a unos viejos Incantation. También un Payá en su acostumbrado registro hosco y mezquino. Puede no ser el corte de los diez que más llame mi atención en cuanto a riffs. Por contra, el trazo y los mencionados cambios de ritmo siento que funcionan.
La producción es deliberadamente sucia, lo que no implica que unos instrumentos alcancen más protagonismo que otros. “Destiny Of Evil”, corte más rácano en cuanto a duración del álbum, representa la cara más nerviosa y a la vez lacerante del cuarteto. Un death metal descosido, entrecortado por estrofas pesadas, a puro doble bombo, y de lo más efectivas. Remata Ramírez con un estupendo solo de guitarra en su tramo final. Lo bueno si breve, a veces, ya saben.
Un corte que brilla con luz propia dentro de este cuarto trabajo es “Demons In Your Mind”. Y lo hace sin abusar de un metraje excesivo. Ni siquiera cuatro minutos para una entrega de arranque marcial, estrofas machaconas y más que notable nivel técnico. Sí que brilla ahora la gama riffera. O al menos esa impresión tengo mientras Engelbert percute incansable desde el doble bombo. Teclados mediante, el tronco central torna de pronto en sinfónico, ofreciendo por ahí una cara más grandilocuente, también más ominosa, del cuarteto con base en Palma. Lo rotundo del solo que sigue, amén de ese final entre lo febril y lo marcial, la han convertido en una de mis favoritas.
“Reviving”, que fuera otro de los adelantos, quiebra el ritmo del álbum con su pequeña introducción para después fiar todo a un death metal directo y sin concesiones. De nuevo plagado de ágiles y rotundos cambios de ritmo en los que el registro de Payá parece más oscuro que nunca. Me gustan los riffs que surgen como engarce entre estrofas y el tono más oscuro que la banda está desarrollando aquí. También ese puente más desnudo en que sobresale el bajo de Espinosa y el buen solo que entrega Ramírez. Algo encorsetada, apenas alcanza los tres minutos y medio, pero una entrega ágil y con personalidad dentro del largo.
Me gusta la manera en que “Inside Death” juega a alternar a los Unbounded Terror más violentos con los más marciales y machacones. El riff en que se apoyan esas partes a puro doble bombo puede pecar de cierta simpleza. No así los que irrumpen a continuación conforme la composición abraza entornos más retorcidos y laberínticos. De resultas de ello pudiera dar la impresión de que esta es una entrega algo descompensada. En cualquier caso me agrada la construcción del puente, también el solo que la banda ha introducido ahí. Y si bien de camino al final todo es más o menos predecible, tampoco puedo decir que me desagrade.
“The Disappointment” echa mano de un riff de lo más rompecuellos al comienzo. Tan simple como efectivo, casi da la impresión de estar muy pensado de cara al directo. Luego la composición va alternando en ritmos e intensidades, construyendo una de las entregas más diversas de este “Something Is Rotten in Humanity” y, pienso, ofreciendo la mejor cara de la banda, que remata con un ágil juego entre voces previo al primer puente. En él vuelve a surgir un solo bastante pintón. Se podría decir que la banda no decepciona aquí. Tampoco la producción del propio Payá, que continúa en el punto justo de suciedad y crudeza.
“Divine Virtue” regresa a esos ritmos casi marciales de cortes como “Demons In Your Mind” para terminar convertida en una de las entregas con más gancho de entre las diez. Cuestión esta que, intuyo, propició que fuera elegida como otro de los adelantos. La composición en cualquier caso no obvia los muchos tics de la banda: los violentos cambios de ritmo, la cuidadosa selección de riffs y esa voz tan oscura de Payá. Pero si hay alguien que siento brilla aquí ese es Engelbert tras los parches. Tanto a la hora de imprimir velocidad a la composición como cuando ha de amalgamar los distintos cambios de ritmo que se van sucediendo. ¡Brilla incluso bajo el solo de Ramírez! Ni que decir tiene que otra de mis favoritas.
Y no es que “Believing Again” me desagrade pero sí que puede que el disco acuse aquí cierta repetición de patrones. Con eso y con todo, los riffs que acompañan a las estrofas van sobrados de gancho, amén de estar apoyados por una más que correcta base rítmica. Pero entre alguna transición algo desangelada y unas partes más veloces que no alcanzan todo el punch que me gustaría, puede que este octavo corte amenace con descarrilar. Que si no lo hace es en parte por el toque más atmosférico que aporta Ramírez durante el solo y ese epílogo fibroso y contundente.
El riff que adorna al prólogo de “The Evil Cause” puede ser el más llamativo de todos cuantos se dan cita en este cuarto trabajo de los baleares. La banda lo irá alternando con dejes más clásicos y, por ahí, irá construyendo un corte que gana en personalidad aquello que pueda perder en gancho y empaque. Instrumental a mayor gloria de las muchas habilidades de Ancor Ramírez, crece de tanto en cuanto abraza un tecnicismo más acusado durante su tramo final.
El bonus track “I’m A Freak”, versión de los psicodélicos de Northampton Wicked Lady, actualiza y embrutece el original de 1972 para pasmo de los fans del trío británico. Ramírez, en consecuencia con aquella, se da un verdadero festín solista aquí. Y mientras que esta desoye el avance más tendido del original en pos de un trote muy a la Motörhead, finalmente procura un curioso divertimento a aquellos que tengan a bien obtener la edición en CD del álbum.
Puede que algo esté podrido en la humanidad pero los terroristas baleares siguen tan en forma como siempre. Es más lo que me agrada que aquello que me decepciona dentro de este cuarto trabajo. Cortes como “Demons In Your Mind”.o “Divine Virtue” tienen madera de clásicos para ellos. Y aunque aquí y allá encuentre riffs un tanto por debajo de la media, o alguna que otra transición me resulte más mecánica de lo que me gustaría, en líneas generales esto sigue siendo old school death metal con todas las de la ley. Que no es poco.
Decía Bob Dylan que los tiempos están cambiando y desde luego lo han hecho para el trío asturiano Alto Volto. ToniTamargo (batería), SergioTutu (bajo) y Borja García (guitarra y voz), trasladaron en el estudio la propuesta lírica de la banda al idioma de Cervantes. “Luna Negra” vino al mundo en los Tutu Estudios con Sergio Tutu (Deltonos, The Electric Buffalo) como productor. Los once cortes que ahora nos presentan cuentan además con las inestimables colaboraciones de Sandra Álvarez en coros y Sam Rodríguez en teclas. Alineación de lujo que completan Dani Sevillano, encargado de la masterización en Ovni Estudio, y el arte del Ossobüko Studio para la portada.
“Habitaciones Frías” supuso el adelanto de este “Luna Nueva” y, más allá del cambio en cuanto a letras, resume y afianza la idea que un tiene de una banda como esta. Rock conciso y sin artificios. Elegante más que amable y producido con un mimo y cuidado exquisitos. Unas estrofas que a ratos me recuerdan a Corazones Eléctricos, aquella escisión de Uzzhuaïa con Pau Monteagudo al frente. El uso del wah al comienzo, la firme batería de Tamargo, el pegadizo estribillo de García y su buena ristra de solos. Un arranque eficaz y disfrutón.
En “Baila” el trío suena algo más sucio y arrastrado. Me gusta esa construcción alterna de las estrofas. Tan clásica. Tan funcional. También la forma en que las guitarras acompañan al fino estribillo de Borja. Como digo es rock sin estridencias, sin desmanes, pero rebosante de buen gusto en la confección de solos. En los finos engarces entre estrofas brilla igualmente la base rítmica de Tutu y Tamargo. La mezcla acierta a otorgar a cada línea su debida cuota de protagonismo y por ahí caben pocas pegas. Hay un solo rebosante de carácter en su tronco central y Borja García no podría parecer más cómodo con su línea de voz. Más clase que una universidad.
“Hey, Hey!!” son los Alto Volto más libres y dinámicos. Un rock de nuevo más vibrante, siempre dentro de su habitual rango de acción, pero revestido ahora por el piano de Sam Rodríguez. Acompaña en estrofas y estribillos, otorgando una dimensión mayor a la acendrada propuesta del trío. En consonancia con ese ritmo más vivo, Borja dibujará solos más efusivos aquí. La banda acomete después un puente calmo y elegante, cortado por ese clásico crescendo final. Uno de los cortes de más pronta digestión de todo “Luna Nueva”, de esos que entran a la primera y que, pienso, no debería faltar en sus directos.
Se percibe una mayor gravedad en “Veneno”. En efecto las guitarras se envenenan en el prólogo, pero la banda reconduce hacia una mayor desnudez en las primeras estrofas. Así las cosas, estos son los Alto Volto más sucios y compactos. Construyendo de nuevo buenos estribillos pero también una de las secciones solistas más llamativas de todo el tracklist. Si bien pienso que su epílogo tal vez merecía una pizca más de desarrollo, que no de picante, otra de las que entran como cuchillo en mantequilla.
“Maldita Mi Suerte” supone entonces un marcado cambio de tercio. Composición a caballo entre la balada y el medio tiempo, sobresale aquí la buena producción de Sergio Tutu. En especial durante los tonos más amables de esas primeras estrofas. También en el tratamiento que le otorga a la propia voz de Borja. El trabajo en cuanto a guitarras es de una clase y una finura incontestables. Todo se enfanga y endurece en un tronco central que sorprende por lo abrupto de sus guitarras. Me gusta el solo que irrumpe a continuación. También el modo en que el epílogo retorna de nuevo hacia aguas tranquilas. En opinión del abajo firmante una de las propuestas más llamativas ya la vez sólidas de todo “Luna Nueva”.
“La Celebración” nos devuelve entonces a los Alto Volto más vivarachos. Hay un gran riff aquí, bien secundado por el bajo de Tutu. Puro y añejo rock and roll en un corte hedonista y alegre. Las distintas secciones solistas, que adquieren una mayor suciedad ahora, me recuerdan a los también asturianos Amon Ra. Supone uno por que, al final, las influencias de unos y otros no son tan distantes. Sin disgustarme, cierto es que no me engancha en la medida en que lo hacen otros cortes del estilo dentro del álbum.
En una onda aún más vivaracha, “Atontado” ofrece a unos Alto Volto de nuevo vibrantes y alegres. De tan elemental, el riff tiene un gancho de mil demonios. La letra, ataque frontal al universo de las redes sociales, viene acompañada de alguno de los tonos más altos de Borja. Y si bien su duración (3:25) pueda saber a poco, bien está el solo de guitarra con el que rematan en su tramo final, así como el modo en que acompaña la firme base rítmica. Agradable.
El disco sigue cogiendo altura gracias a cortes como este “Insomnio”. Ritmos vivos, buenos riffs y un bajo que ruge ahora como si le fuera la vida en el empeño. Me gusta especialmente esta línea de voz para otra de esas canciones que huelen a directo ya desde sus primeros compases. Su estribillo, sencillo pero eficaz y los buenos solos de su tramo final conforman otra de las grandes ofertas, pienso yo, de este “Luna Nueva”.
“Ojo Chaval” vuelve a la senda de los Alto Volto más sucios. Una rotundidad más acusada que no va en menoscabo de sus buenas estrofas, sus riffs pegajosos y los buenos detalles de Tamargo a los parches. Cabe casi de todo aquí. Incluso pequeño solo de bajo por parte de Tutu. Muchas son las ideas que el trío introduce en estos tres minutos largos. Que aún con ello, la composición no suene descompensada o mecánica creo que habla muy bien del cuidado con el que han tratado a esta novena entrega.
Hablando de Tutu, vuelve a brillar el bajista a lo largo de “Ella”. Al alimón con Tamargo compondrá una cuidada base rítmica para un corte que me agrada primero por construcción y después por cómo juega entre muchas de las influencias que dominan la propuesta del trío. Y si bien no encuentro un estribillo del todo redondo, todo el aspecto puramente instrumental de esta penúltima entrega brilla con inusitada fuerza. También la producción de Tutu, el juego entre canales que propone a ratos, o la forma en que juega con las voces de Borja. Estupenda.
La instrumental “India”, a la sazón corte más extenso de los once, cerrará este “Luna Nueva” desde una óptica radicalmente distinta al resto del álbum. Entrega semiacústica entre lo tenue y lo desértico. Llamativa seguro y una insospechada sorpresa durante la primera escucha de este nuevo trabajo.
Un trabajo en el que Alto Volto parecen haber echado el resto. Caben muchas influencias, ritmos y colores a lo largo de estos once cortes. Todos elegantemente producidos y, los más, llenos de buenas ideas. También de manos hábiles a la hora de trazar buenos riffs y solos. El cambio de idioma supone un giro brusco. Pero Borja García, salvo momentos muy puntuales, ha sabido trazar unas líneas de voz ajustadas y con gancho. La base rítmica de Tutu y Tamargo no se limita a acompañar a la guitarra y de resultas de todo ello encuentro uno de esos discos que terminan enganchando por su propia diversidad. Hay calma, suciedad, brío y elegancia. Y aunque alguno de estos temas ya los hayamos oído en vivo, bien estará el reencontrarse con el trío el próximo viernes 6 de junio en el Gong Galaxy Club. Salvo catástrofe, allí estaremos.
“Tales From The Burnt House” se trata del segundo largo de los vigueses Mano De Piedra, banda conformada por Fran Álvarez al bajo, David Durán en baterías y voz principal, Nano Galez en guitarra y voces y Adrián P. Blunier en guitarra y coros. Iago Lorenzo se encargó de producir, grabar y mezclar el álbum, contando con la asistencia de Pancho Suárez De Lis para la grabación de las baterías. Las pistas resultantes serían debidamente masterizadas por Robin Schmidt de 24-96 Mastering para que el trabajo viera finalmente la luz a finales del mes de abril a través de los sellos Hombre Montaña, Quebranta Records, Muerte Matar Records, Noizeland Records y DoomAwaitS.
Me gusta la naturalidad con que da inicio “At The End Of The Hole”. Ese crescendo tan firme y a la vez orgánico. Por ahí incluso se deja notar el fuerte pulso atmosférico que esconden estas composiciones, que se agrandará aún más conforme irrumpan las primeras estrofas. Se produce en ellas el clásico contrapunto melódico y que tan fácilmente puede recordar a los omnipresentes Cult Of Luna como a mis paisanos de Honara. Hay una producción y mezcla muy equilibradas, que otorga el debido peso a cada línea sin desequilibrios ni errores de bulto. En los momentos de mayor entrega técnica, la banda obvia cualquier tipo de floritura fuera de guión y, por ahí, este primer corte hace gala de una solidez tonal muy funcional a la hora de abrir el álbum.
“Young Prometheus”, entrega más corta de las siete, ofrece ahora a unos Mano de Piedra más tensos y vibrantes en un avanzar que, muy especialmente en las primeras estrofas, me suele recordar a los Mastodon más nerviosos. Un corte breve en el que los vigueses no olvidan buenos detalles en cuanto a riffs o melodías y aún mejores cambios de ritmo. Muy firme Durán comandando este metal más acelerado. Mano De Piedra, no obstante, no olvidan luego ese tono más atmosférico que ya entregaba el tema inicial. Pero si algo me agrada sobremanera aquí es el epílogo. Lo diversa que se torna aquí la línea de batería. El desgarro que ofrecen las voces sobre esa mayor pesadez final. Más pequeña, que no por ello peor.
Con “The Beast Inside A Man” irrumpe la más pura calma. Voces prístinas sobre levísimos rasgueos de guitarra para un prólogo tendido y elegante en donde la producción de este “Tales From The Burnt House” brillará en consecuencia. Mano De Piedra sorprenden luego al ofrecer su cara más rota y agresiva. Las voces se tensan y desgarran, las guitarras ofrecen riffs retorcidos y rotundos. Durán cabalga primero y engarza después siempre con buena mano. El de Isis es un nombre que me sobrevuela siempre que la composición alcanza esta mitad más cabrona. Camino del epílogo surge un hábil contrapunto entre voces y melodías de guitarra, previos ambos al buen solo doblado del epílogo. Fácilmente una de las entregas más significativas y a la vez personales de todo el largo.
“The Burnt House” ahorra de nuevo en florituras para desempeñarse sobre la cara más intensa de los gallegos. El trazo quizá algo predecible de esas primeras estrofas contrasta con el pulso atmosférico que habrá de suceder a continuación. Por ahí me agrada el juego entre intensidades que ofrecen. En parte porque la mezcla sigue rayando a gran altura, pero también porque las voces que se cuentan entre las más interesantes de todo el largo. En su tronco central, “The Burnt House” acoge una mayor gravedad, acompañada a su vez de gritos rotundos, casi desesperados. Todo culmina en un pequeño puente al piano. Oasis de calma para el oyente, que esconde para el largo epílogo a los Mano De Piedra más rabiosos y descosidos. Estupenda resolución, llena de guitarras graves, voces tensas y un bajo que ruge como si en ello le fuera la vida. Estupenda.
“Soul Dancing” surge entonces para traer de vuelta a los Mano De Piedra más directos. Sin olvidar el fuerte pulso atmosférico que domina al resto de composiciones pero amarrado a otra estupenda línea de batería por parte de David Durán. La composición va divagando entre la tensión y la calma con total naturalidad. Es algo en lo que la banda parece haber puesto no poco empeño y un terreno en el que parecen moverse más que cómodos. Alguna de estas pequeñas islas de calma despliegan un aire algo alucinado, apenas desconocido dentro del álbum. Cierto que el puente central de esta quinta entrega no me atrapa tal y como lo hacen otros tantos dentro del disco. Ello no quita para que después surjan estupendas líneas de voz y su bien conocido post-metal se magnifique hasta las últimas consecuencias. Siempre sin que la producción se resienta lo más mínimo y dejando claro la banda cargada de personalidad que son.
Otro arranque que parece heredar cierto espíritu Mastodon es el de “Against The Ruins”. Pero Mano De Piedra le insuflan un carácter algo más punk y, por ahí, la que fuera carta de presentación del álbum termina ganando en cuanto a personalidad y fuerza. Fluye nuevamente con naturalidad, sin grandes artificios, atravesado por inteligentes cambios de ritmo y acompañado por una más que notable gama riffera. El tronco central tiene algo que siempre me recuerda a los Tool del “Lateralus”. Vuelve a brillar Durán tras los parches, dando acomodo al que puede ser otro de mis momentos favoritos de todo el largo. Luego la composición acoge una mayor pesadez, incluso diría que la producción otorga de pronto un mayor empaque, y todo confluye en un epílogo roto y desesperanzado. Que un corte tan en cierto modo laberíntico fuese el elegido para adelantar al disco resulta toda una declaración de intenciones.
Para el final queda el corte más extenso, una “Blue Demon” con los Mano De Piedra más atmosféricos confrontando a los más rotundos. Hay guitarras muy graves aquí, contrapuestas a unas llamativas voces limpias, en un cuidado ejercicio de equilibrismo. Estos primeros riffs pueden pecar de cierta sencillez. Y no pasa nada porque van sobrados de gancho. La producción los amplifica y, por ahí, parece colarse la versión más grandilcuente de los gallegos. Me agrada la construcción de su tronco central. Los pequeños detalles melódicos que acoge, la (ahora sí) estupenda gama riffera que lo conforma. Camino del epílogo todo vuelve a magnificarse. Surge de nuevo la cara más atmosférica del cuarteto, acompañada ahora por el mayor poso melódico de las guitarras, conformando un último epílogo elegante y conciso.
Fans de bandas como Isis, Pelican, Cult Of Luna, incluso Neurosis o Tool podrían tener en los gallegos Mano De Piedra una compañía más que agradable. En unas escenas donde las etiquetas resultan cada vez más líquidas, los gallegos emergen como firme y orgullosa banda de género. Por ahí el álbum puede resultar algo predecible a ratos, lo que no quita para que buena parte de estas composiciones resulten de lo más atractivas. Den la impresión, de hecho, de haber sido pensadas y repensadas. Con treinta y ocho minutos de reloj no es desde luego un trabajo extenso, y sin embargo son muchas las influencias que se dejan notar a lo largo del tracklist, dispuestas eso sí lejos de la barrera del plagio o la copia descarada. Un disco que me funciona, en el que encuentro muchas y muy buenas ideas, con una producción a la altura y en donde se vislumbra a un cuarteto con un futuro prometedor. Una agradable sorpresa.
Es el cuarto disco para las huestes death metaleras riojanasAposento. La banda, que ya pasara por Heavy Metal Brigade con aquél “Conjuring The New Apocalypse” de 2020, vuelve ahora con un “No Safe Haven” bajo el brazo en el que encontramos a Manolo Sáez y Manu Reyes en guitarras, Pablo Vázquez al bajo, Raúl Ceballos en baterías y Carlos García en voces. Diez temas grabados en los Rock Lab Studios con el Tierra SantaDan Díez a los controles y posteriormente mezclados y masterizados por el Vomit The SoulDavide Billia (Aphotic, Putridity, Holycide…) en los MK2 Studios de Ivrea (Italia). Con fotos de Unai Endemaño y arte de Naroa Etxebarria (Centinela, Sönambula, Nakkiga…) el disco vio la luz vía Xtreem Music.
El arranque de “No Safe Haven” no podría ser más abrupto. Tampoco más leal al propio legado de la banda logroñesa. Death metal descosido y vibrante, con unas primeras estrofas realmente encolerizadas y violentas. Para cuando la composición toma un rumbo algo más próximo a la pesadez de unos Incantation, sale a relucir la mejor cara de estos Aposento, que insuflan de puro death de corte clásico una entrega de apertura en la que todos sus cilindros parecen en funcionamiento. Percute el doble bombo un incansable Ceballos. Si acaso, echo en falta una presencia más continuada del bajo de Pablo Vázquez, discernible en la mezcla sólo a ratos. Sea como fuere un más que buen arranque:
Para cuando llega “Tortured And Abused” ahí sigue Ceballos con el doble bombo a pleno rendimiento. Me agrada ese riff de las primeras estrofas. También la forma en que Carlos García despliega sobre él unas estrofas oscuras y rabiosas. En especial durante las partes más violentas y rápidas, hay riffs que me llevan a pensar en la primera época de Cannibal Corpse. También en Hate Eternal (lo que si uno ha seguido la trayectoria profesional de Erik Rutan no deja de tener su gracia). La producción otorga quizá un peso excesivo al doble bombo pero sin duda la banda ha sabido cómo conjugar aquí las distintas caras que alimentan su modo de entender el death metal.
Pero agradezco la forma en que “Uncertain Death” le cambia el paso al disco. No es que su trazo abandone los rasgos que configuran buena parte de los temas, pero sí que la pesadez desde la que parte y los mil y un cambios de ritmo que alberga en su desarrollo la convierten en una de las entregas más técnicas de este cuarto álbum. Se deja sentir por ahí el influjo de los mejores Suffocation, solidario a un puente central más trotón y que bien podría recordar a bandas como Possessed, primeros Sepultura, Malevolent Creation… Composición híbrida en todo caso y una de las que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.
Por contra, la más breve “A Texas Funeral” arremete de primeras con un death metal furibundo y descarnado para el que no deja de ser uno de los trazos más nerviosos de todo el largo. El de Autopsy es un nombre que revolotea por mi subconsciente con cada nueva escucha. Ceballos apenas tiene descanso a lo largo de unas primeras estrofas que Carlos García, inasequible al desaliento, descerraja a placer. El puente central opta por una bajada en la intensidad donde surgen una serie de riffs algo más recurrentes. Sí me agrada el trazo que conforma el epílogo y la forma en que construyen ese viraje hacia ritmos más ágiles primero y decididamente violentos después. Sin que me desagrade, a ratos siento algo descompensada la suma de sus partes.
“The Bad Seed” conjuga su death metal más feroz con aquellas pequeñas andanadas casi lindantes con el thrash que dibujaba “Uncertain Death”. Lo que surge finalmente es un corte bien construido, equilibrado, con Ceballos dando una clase de velocidad pero sobre todo de técnica y la pareja Reyes & Sáez entregando riffs eficaces, memorables incluso. Ese que surge en las partes más pesadas tiene un gancho de mil demonios. Al final un corte que viene a dar la razón a quien fuera que optó por él como una de las cartas de presentación de este “No Safe Haven”.
“Where Darkness Reigns”, entrega más rácana de este nuevo trabajo, ofrece de primeras un riff algo exógeno para un disco como este. Tras él, Aposento construye otra buena andanada de ese old school death metal sobre el que tan bien se manejan pero que sucede en apenas un suspiro. El buen nivel técnico que manejan se deja apenas intuir durante un tramo central que recupera aquél paso casi marcial del inicio. No descarto genere más división de opiniones que ningún otra canción de la decena.
Quien sabe si a modo de antídoto, los riojanos colocan aquí “Let It Bleed”, composición más extensa de “No Safe Haven”, y que da inicio con un riff que siempre me recuerda a “Seasons In The Abyss” de unos tales Slayer. Lo que sucede después, sin embargo, tiene poco o nada que ver con los estadounidenses. Es un death metal cerril y directo, dominado ahora sí por una estupenda serie de riffs y donde Ceballos vuelve a lucir tras los parches. Por velocidad, sí, pero también por la forma en que su línea de batería acierta a amalgamar sus muchos ritmos sin mayores problemas. Su tronco central me recuerda sobremanera a unos Avulsed de sus primeros álbumes. Quizá eche en falta un solo que termine de redondear la oferta pero aún así otra de mis favoritas.
“The Devil’s Bargain” opta por otro prólogo machacón, casi marcial, mientras Reyes & Sáez dibujan en comandita otro estupendo riff de guitarra. Echo en falta un bajo más alto en la mezcla que termine de apuntalar la base rítmica. Especialmente en las partes más pesadas. En aquellas veloces, mientras la batería de Ceballos vuela, Carlos García entrega una interpretación todo lo agria y oscura que requiere un tema como este. Sin ser la entrega que más me enganche de las diez, sí que reconozco como aciertos su trazo ágil o varios de los riffs que la forman.
“As Your Life Ends” entrega ahora a unos Aposento en una clave mucho más pesada. También técnica. Por ahí la mezcla recupera para la acción el bajo de Pablo Vázquez y el ex Valdûr aprovecha para revestir con detalle otra de esas composiciones un poco a la contra del resto. Buenos riffs los que dejan Reyes y Sáez, hábiles a la hora de conjugarse para una entrega, ya digo, alejada de los ritmos tan violentos que dominan otras ofertas de este nuevo decálogo. Con ese epílogo en fade out, a buen seguro habría optado por ella como último corte del álbum…
… y no una “Parásitos” que vuelve a recuperar a los Aposento más nerviosos. Un corte con García en tonos verdaderamente oscuros y que me recuerda a los Incantation más ennegrecidos. Pura oscuridad riojana para un cierre sin apenas concesiones. A ratos pienso en bandas como Father Befouled, Undergang, Dead Congregation… Me agrada, sí, pero me queda la sensación de que “As Your Life Ends” habría funcionado mejor como cierre.
La maquinaria sigue bien engrasada y a poco que gustes de death metal a la vieja usanza raro será salgas decepcionado de este “No Safe Haven”. Es además un disco más ágil y diverso de lo que puede parecer a simple vista (o escucha), con un ramillete de influencias que abarcar desde nombres clásicos y elementales como Incantantion o Possessed a rasgos más contemporáneos pero no por ello desleales a la tradición. Buena caza.
“The Blackout” es el nombre con el que los metaleros vitorianos Nukore han bautizado a su más reciente obra de estudio. Un total de ocho temas grabados en los SilverStar Studios de IkerBengoa, viejo conocido de la banda. Ellos son Rafa Bataglia (batería), Ander Martínez-Olaskoaga (guitarra y coros), Álvaro Foronda (bajo y coros) y Aitor Asso (voz). El álbum vio la luz vía Revolution Records el quince de noviembre del pasado año.
“Hunger Games” ofrece un inicio más enrevesado y atrevido de lo que uno podría esperarse. Un hardcore / metal de pulso tenso, diversidad en líneas de voz y un riff, pesado y arenoso, con un gancho de mil demonios. La de Biohazard podría ser una rima recurrente aquí. La banda aprovecha para contraponer su cara más atmosférica y uno va poco a poco atisbando la fortísima personalidad que desprenden estas composiciones.
“Hate Is A Burden” prosigue esa senda de hardcore metal pesado y groovie, destacando otro buen riff aquí a cargo de Martínez-Olaskoaga. Desgarro y mucha variedad vocal para alimentar ahora una faceta un tanto más alternativa en estribillos. Efectos varios acuden a las guitarras de Ander y el coro, repetido de forma incesante, acaba por instalarse en el subconsciente sin mayores esfuerzos. El puente viene finalmente a alimentar a esos Nukore aún más oscos y pesados del epílogo. Otro buen corte de metal retorcido y fronterizo.
Tendrá que ser “Pay & Obey” la que venga a añadir algo más de nervio y picante a la mezcla, con una banda ahora en una encarnación más cercana al crossover thrash. Suicidal Tendencies, S.O.D. o ciertos momentos de Anthrax podrían ser rimas recurrentes aquí. El corte de todos modos ve rebajado ese brío inicial para acometer un pulso algo más sureño (ese riff no engaña) y Nukore van así alimentando la amplia gama de registros que manejan para este nuevo trabajo.
“Planet B” viene soportada por dos grandes pilares. Uno es el estupendo riff de las estrofas. De nuevo sin escatimar en gancho ni pegada. El otro es la hábil línea de batería y la forma en que se amolda a los muchos registros que la banda maneja aquí. Tantos, que uno siente la composición algo encorsetada dentro de sus tres minutos y medio (no llega). Sea como fuere y cuando las revoluciones suben, el cuarteto acierta a hibridar thrash y hardcore sin mayores esfuerzos. A buen seguro una que será ineludible en sus directos.
“Lost”, que pasa por ser el corte más extenso de este “The Blackout”, retorna a aquellos Nukore más atmosféricos del comienzo para traer al frente un metal de voces casi rapeadas, atravesadas por un tono ahora más apagado y melancólico. Medio tiempo tejido con todo el cuidado, que no obstante procura no obviar las fuertes señas de identidad del cuarteto vitoriano. Me gustan estos estribillos. También esas voces más rotas y desesperanzadas que irrumpen en el puente. Junto a “This Light Of Mine” el corte más diferente de los ocho y testimonio clave de lo versátil de su propia versatilidad como banda.
Con “Ward Dog” regresan unos Nukore más elementales. Puede que el riff que Martínez-Olaskoaga introduce aquí no me atraiga tanto como otros dentro del disco. Todo lo contrario que unas voces limpias para estribillos que no me podrían recordar más al mejor Christian OldeWolbers (Vio-Lence, ex-Fear Factory). Del mismo modo pienso que el puente central bien merecía algo más de brillo en lo que a técnica se refiere. Un solo que terminase de rematar lo atractivo de su trazo. Por ahí un corte al que encuentro algo desigual.
De las ocho puede ser “This Light Of Mine” la que más brilla en cuanto a sonido y producción se refiere. Desde su caminar apaciguado, en cierta rima con la anterior “Lost”, se deshace no obstante del tono melancólico de aquella, dejando en el aire un cierto aire de revancha. Hay buenos cambios de ritmo, comandados con pulso firme por Bataglia, cara a construir alguna de las estrofas más redondas de todo el largo, con Martínez-Olaskoaga, ahora sí, entregando una interesantísima gama riffera. ¿Lo peor? Esos poco más de tres minutos que marca en el reloj.
Claro que si hablamos de duraciones rácanas, qué decir de la final “Don’t Do It!”. Si parpadeas te la pierdes, que decía aquél. Y no obstante Nukore se las arreglan para componer un corte atractivo por diverso. Bien arreglado y rebosante de personalidad. Un final tan fugaz como el álbum mismo.
… que por duración casi parece un Ep, pero que en cualquier caso entrega ocho temas de fuerte personalidad, bien producidos y en los que cabe casi de todo. La banda parece querer obviar cualquier tipo de relleno y por ahí el disco transita sin grandes errores, si bien pienso que alguno de los temas bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. Si llegados a este punto os pica la curiosidad, la banda estará junto con el combo hardcore asturiano JeremíasElBabuino en el Tizón gijonés este próximo viernes 28 de febrero.