Al borde de su décimo aniversario como banda nos llega nuevo material de los asturianos SoundCrush. A saber: David Vega (Teksuo), Ales Sánchez (Brutalfly, Narwhale), Iván y Luis Sánchez (Ariadne, Arson, Ochobre … ). “Beyond Olympus Pt.1”, el Ep que hoy nos presentan, ha venido al mundo en los estudios de Diego Teksuo en Laviana y habrá de verse completado con una segunda entrega ya con vistas a 2024.
En sus propias palabras, el trabajo plantea “un recorrido profundo y filosófico sobre la idea del ser humano y su papel en el universo, teniendo como eje central la dualidad entre el pasado (visto desde la perspectiva de la mitología griega) y el estado actual de la sociedad”.
Ni introducciones pomposas ni zarandajas artificiales de ningún tipo. “Alpha” arremete desde un primer instante con un metal cortado a cuchillo, pesado aunque directo, ágil y a la vez rocoso, contemporáneo y a la vez con cierto pulso clásico. Un arranque que a chispazos parece celebrar a Pantera, con el doble bombo haciéndose fuerte mientras conduce hacia el mayor reposo que reproduce su estribillo. Sabiendo del lugar donde se grabó el Ep, no sorprende que sea precisamente a Teksuo a quien recuerda el citado coro. Hay buenos detalles melódicos aquí y allá. Y aunque no sea cien por cien el tipo de metal que suelo escuchar, la verdad siempre por delante, me agrada, por curiosa, la apaciguada sección solista que ocupa el puente central y la forma en que se contorsiona en su parte final. Un gran arranque.
“Beyond Olympus” arrastra un pulso más directo. Su línea vocal adquiere ahora una gravedad más pronunciada, también una mayor diversidad. Distintos tonos agrios y el obligado contraste con los registros más limpios juegan a entenderse sobre alguno de mis riffs favoritos de todo el Ep. Sean o no intencionados, hay ciertos giros en cuanto a la construcción de voces que me recuerdan al Devin Townsend más postrero. Y si bien echo en falta un solo que termine por redondear la composición a la manera de “Alpha”, bien está ese poderoso breakdown que precede al nervioso epílogo.
“Manifest” parece querer encapsular el legado de los Gojira más calmos y atmosféricos a través de un prólogo, cuanto menos, llamativo. Es el corte más estirado de los cuatro y por ahí SoundCrush parecen haberse tomado el debido tiempo a la hora de construir cada riff, trazar cada línea de voz, pensar cada golpe de caja, cara a construir su buque insignia. Son apenas cinco minutos, después de todo, pero aquí se cita mucho del ideario que la banda maneja a día de hoy. Cuidada línea de bajo en esas partes más densas y atmosféricas, firme doble bombo en las más trotonas y estupendos riffs enlazando ambas vertientes de este manifiesto.
“Primal Flame” es el corte más escueto de todo el Ep y por ahí uno entiende enseguida ese pulso más vibrante que arrastra. SoundCrush lo confrontan a un trazo ambivalente, especialmente en lo tocante a voces, trazadas con mimo y buen gusto. Arrastra buenos riffs y mejores melodías sobre ellos. También uno de esos solos que saben funcionar a favor de la composición a la que acompañan y no en beneficio del ego de cada cual. Más que correcta, se me queda algo coja por duración.
SoundCrush está de vuelta y en la primera parte de su “Beyond Olympus…” parecen tener bien claras sus intenciones. Metal de nuevo cuño que vive de picotear, sin plagiar, un amplio ideario que igual acoge una gran diversidad vocal o riffs más que notables sobre un trazo siempre llamativo por cuidado. Apenas diecisiete minutos de música pero un buen recordatorio de que la banda sigue viva y coleando. A la espera ya de la segunda parte que ratifique los aciertos de esta primera.
“Sorrow Turns To Dust” es el debut para Blood Fire Death de los melódicos vigueses Unchosen Ones. La banda, formada por Robert Martínez (bajo y arreglos), Christian Marco (teclados, sintetizadores), José Fernández (batería), Javier Calderón (voz) y Fran Romero (guitarra). Con Koldo Rivas encargándose de la grabación en los SMHQ Studios y José F. Tercero haciendo lo propio con la mezcla y el master, el álbum salió a la luz el pasado veintiuno de abril adornado por el arte de Abigail Fernández.
“Far Beyond The Thunderdome” evoca un páramo desolado que bien podría recordar al de la saga Mad Max. Y lo hace desde un metal melódico al que Unchosen Ones revisten con unas guitarras erigidas en émulo del Interceptor de Rockatansky. La línea de voz que traza Calderón aquí, con esa ligera melancolía impresa en estrofas, encaja como un guante. Y el solo, clásico por situación aunque algo justo por extensión, viene a redondear un inicio un tanto breve pero ideal a la hora de introducirnos en el tono de este “Sorrow Turns To Dust”.
Igualmente breve es una “The World Is Ours To Take” donde estallan los Unchosen Ones más decididamente melódicos. Queda claro con esa tenue desnudez de sus estrofas. Calderón está más vigoroso ahora y el estribillo, cuidadosamente armonizado con las guitarras de Romero, le funciona a los gallegos. La escasa duración del corte repercute en un solo un tanto timorato, lo que no quita para que el trabajo de Romero sea más que notable a lo largo y ancho de toda la composición. A buen seguro una fija en sus setlists.
“Infinite Gear” sorprende con un prólogo de corte marcial, al que acompañan unas afinaciones con un empaque más metálico, amén de un bajo con más presencia en la mezcla, y que vendrán a mostrar a la banda en su encarnación más endurecida. Muy ochenteros sin embargo los colchones de teclados que acompañan a Calderón, especialmente en estrofas, al tiempo que elegante y señorial el estribillo que la banda dibuja aquí. Destacan de igual forma la gama de arreglos que el quinteto introduce aquí, esos sintes de corte retrofuturista, tan en boga. Y finalmente el estupendo solo, ahora sí, de Romero. Estupenda.
Pese a su remansado prólogo al piano, en esa senda más poderosa una “Sorrow Turns To Dust”.En realidad el corte cabalga entre dos tierras: la más remansada de unas estrofas casi desnudas de guitarras y los estribillos más poderosos y recargados. Y entre medias, arreglos y orquestaciones con un poso más oscuro. Romero amenaza con un solo durante el puente, no obstante es Christian Marco tras el teclado quien acaba por tomar el mando de las operaciones. Breve, sencilla y muy funcional.
“The Accursed Moon”, intro de apenas minuto y medio y de corte tan épico como cinemático, nos conduce hasta una “Kill The Night” que pone en liza a los Unchosen Ones más pomposos y recargados. Fuerte carga arreglística la que adorna este sexto corte del álbum, con un riff de los que anidan en el subconsciente durante días. Tras un estribillo con todo el sabor del mejor metal melódico alemán, pienso especialmente en aquellos Edguy previos a que Tobias Sammet descubriera la gallina de los huevos de oro con Avantasia, todo opera a favor de obra para los vigueses. Y es que la banda parece echar el resto aquí. Cierto es que su andamiaje puede no ser para nada revolucionario pero las piezas dispuestas engranan a la perfección.
Sorprende “Too Late” con ese prólogo de pronto tan heavy, por momentos casi marcial, que trae al frente la cara más abiertamente metálica de los gallegos. En afinaciones, en el registro tan agudo de Calderón, en el doble bombo de Fernández en estribillos y con el broche que supone el reducido pero eficaz solo de Romero.
Así las cosas, “Shadow Dancer” habrá de retornar a terrenos más cercanos al hard. Sorprende, por tanto, la fuerte presencia de la que goza ahora el bajo de Robert Martínez. En cualquier caso, estos son los Unchosen Ones más amables. Armados con toda una serie de acomodos en cuanto a arreglos, riffs de sabor inequívocamente clásico y ese marcado aire a Dokken impregnando cada acorde.
Lejos de proseguir esa senda más melódica, “Ashen Wasteland” se acerca irremisiblemente al power a través de un fulgurante prólogo a puro riff cabalgante y doble bombo. Corte adrenalítico en el que no obstante los chicos parecen sentirse igualmente cómodos. De construcción más libre que el resto de entregas, que la hayas escuchado infinidad de veces antes no significa que no les funcione. En especial por la forma en que saca a relucir lo mejor de Unchosen Ones en lo que a ejecución se refiere.
En “The Call Of The Rain” sobreviven esas pulsiones más metálicas, entre medias de su acostumbrado hard/heavy clásico y melódico. Que a estas alturas del álbum quizá no me enganche como lo hacían los primeros cortes del álbum pero que con eso y con todo sigue contando con detalles de interés. En especial por parte de un Fran Romero que sabe extraer lo mejor de sus seis cuerdas. Tanto en solos como en las distintas melodías con las que acompaña la siempre armoniosa voz de Calderón.
La final “True Warrior” abraza una onda cercana a Axel Rudi Pell, navegando entre la balada y el medio tiempo, con un elegante crescendo en su parte central y que desemboca en un epílogo elegante, a ratos casi ceremonioso, que vendrá a ejercer de perfecto broche a este buen “Sorrow Turns To Dust”.
Unchosen Ones tienen motivos más que de sobra para estar contentos. Su primer álbum brilla desde un su indisimulado gusto por el metal de corte más melódico, para después elevarse y picotear de territorios más metálicos. No por nada bandas como Dream Evil o Beast In Black aparecen citadas entre sus influencias. Cierto que hay cortes a los que se les podría haber sacado algo más de jugo. Pienso especialmente en “Far Beyond The Thunderdome” pero en cualquier caso el disco sabe brillar cuando se lo propone. A la hora de escribir buenos temas, ahí están “Infinite Gear” o la estupenda dupla que componen “The Accursed Moon” y “Kill The Night” o el distinguido cierre con “True Warrior”. Tal y como reza cierto meme de internet: “bien trabayao”.
Muchas veces la música en general y el metal en particular no son más que un juego de expectativas. Las que había con el debut de KK’s Priest eran bastante altas y, debates individuales al margen, podemos concluir que el álbum nunca llegó a cumplirlas del todo. Sesenta y cuatro sobre cien tiene de nota media “Sermons Of The Sinner” en la llamada “Encyclopaedia Metallum” sin ir más lejos. Sea como fuere y ya con el veterano Les Binks fuera de la disciplina de la banda, cuyo puesto tras los parches ocupa ahora el Cage y ex-Ross The BossSean Elg, aquí siguen Tony Newton al bajo, A.J. Mills en guitarras, Tim “Ripper” Owens en voces y sobra decirlo K.K. Downing también en guitarras.
Con producción del propio ex-Judas Priest, “The Sinner Rides Again” ha vuelto a grabarse bajo el mismo equipo que hiciera lo propio en el anterior trabajo. A saber: el bajista Tony Newton y Anthony Wall, con la diferencia de que esta vez ha sido el PyramazeJacob Hansen (Anubis Gate, Xandria, Avantasia, Volbeat, Doro, Evergrey…) quien se ha encargado de mezclar primero y masterizar después las nueve pistas que contiene este segundo esfuerzo de los británicos. En la portada, más fea que el precio de los alquileres si me preguntan, repite Andy Pilkington (Flotsam and Jetsam, Tygers of Pan Tang, Fifth Angel…) para un trabajo que vio la luz a finales de septiembre a través del sello austríaco Napalm Records.
“Sons Of The Sentinel”, que irrumpe solemne y poderosa, transige pronto hacia un metal vigoroso y rotundo. De revoluciones altas y donde Owens percute con sus agudos marca de la casa. El de Akron puede no epatar del modo en que lo hiciera en aquél ya lejano “Jugulator”, el tiempo pasa para todos, pero parece seguir guardando unos cuantos trucos en su particular chistera. Aún cuando suena algo forzado, que es el caso. Sorprende en cualquier caso lo frontal del estribillo y el riff tan simple, pero tan efectivo, sobre el que se apoya. El puente, que recupera para el fondo aquél deje solemne del prólogo, da obligado paso a la inevitable ración solista. Duelo éste que parece un cruce entre los ídem de “The Sentinel” y “Hellrider”. Un inicio sin grandes sorpresas ni tampoco mayores dobleces. Digno y bien dirigido. Poderoso incluso.
“Strike Of The Viper”, hasta el día de hoy el corte más escueto que haya entregado la banda, deja escapar muchas buenas ideas precisamente por lo raquítico de su propia duración. Owens parece más cómodo en estos tonos más rabiosos, disfrutando como un enano mientras acomete una de las líneas de voz más perpendiculares de todo “The Sinner Rides Again”. La otra vendrá más adelante en el tema título. Hay buenas armonías aquí y allá, y entiendo que la intención era entregar la cara más rotunda de estos KK’s Priest. Pero se suceden las escuchas y siempre termina por saberme a poco.
“Reap The Whirlwind” tiende un riff casi motörheadiano, permítaseme el vulgarismo, para lo que no deja de ser una pieza de metal sencilla, vivaracha, directa y al pie. Con la firme pegada del californiano Sean Elg durante estrofas y una construcción más hábil durante el reluciente despliegue solista del puente. Que no sorprenderá a quienes lleven toda una vida siguiendo los pasos del rubio guitarrista de Birmingham pero tampoco puedo decir que desagrade. Pero otro corte que palidece, aunque solo en parte, por una duración algo escueta. Son setenta y uno los años que tiene el, a día de escribirse estas líneas, todavía ex-Judas Priest, y la consigna, al menos en lo que vendría a ser la cara A del hipotético vinilo, parece clara, Al menos si uno recuerda la duración media de los cortes que integraban aquél primer álbum de 2021.
“One More Shot At Glory” calma por fin las altas revoluciones por las que venía transitando “The Sinner Rides Again”. Y lo hace redirigiendo hacia un medio tiempo al que beneficia un riff pegadizo, con clase y un gancho de mil demonios, así como una producción encargada, a ratos, de otorgarle una mayor épica al conjunto. Un corte que acelera el pulso en su tronco central, acogiendo ahí unas vibraciones más asemejables al resto de cortes aquí presentes. El solo, que perderá en velocidad para ganar en melodía, reluce como pocos dentro de este tracklist. Y es que “más”, en este caso velocidad, no ha de ser siempre sinónimo de “mejor”. Owens por su parte parece más en sintonía aquí, desde luego más natural que en aquella “Sons Of The Sentinel”, lo que contribuye finalmente a componer una línea de voz a la que no le faltan ni gancho ni tampoco punch. A día de hoy una de mis favoritas de esta segunda venida de KK’s Priest.
“Hymn 66” aún hará más por rebajar esas altas pulsaciones, descendiendo a territorios lindantes (que no tocantes) con el doom más primigenio y elemental. En especial durante las primeras estrofas del mismo, moviéndose así hacia un terreno apenas explorado por el guitarra de los West Midlands. El corte va y viene, propiciando buenos cambios de ritmo, bien aprovechados por Elg para tramar una línea de batería ágil hasta casi la contorsión. Y no obstante el resultado final no ha llegado a engancharme del todo. Puede que el problema resida precisamente en lo brusco de sus distintos cambios de rumbo. Cambios que alcanzan a sonar algo aleatorios. Impostados incluso. Tampoco ayuda un estribillo que, esfuerzos de Owens al margen, desbarra a la hora de buscar una mayor épica, destapando finalmente una acuciante falta de gancho. Que fuera una de las elegidas para la promoción del álbum entra para mí en lo enigmático. Lo arcano si me apuran.
Sin llegar al deslenguado descaro de Burning Witches con su “World On Fire”, cierto es que las primeras estrofas del tema título “The Sinner Rides Again” siempre me recuerdan a “Judas Rising” del sacerdote. Un corte clásico del señor Downing: buena construcción, hábil juego tonal incluso y una producción hábilmente situada entre los formalismos que exige el presente y la lealtad a la que obliga el pasado. Hay algo en la línea de voz de este sexto corte que habrá de desligarlo del resto, mostrando a un Owens en tesituras más formales, si por formales entiende uno más convencionales. Todo contribuye a hacer de este otro de los cortes más distintos del tracklist, jugando en este caso a favor. Acierta, pienso, allí donde falló la anterior “Hymn 66”. Aunque como siempre digo, estoy abierto a debate.
Larguísimo prólogo el de “Keeper Of The Graves”, muy en sintonía con lo que Judas Priest vinieron a proponer en un álbum tan denostado y a la vez incomprendido como fue “Nostradamus”. Owens, otras veces tan exuberante, sobreactuado incluso, reserva para esta introducción una de las interpretaciones más subyugantes que se le recuerdan. Y todo para que luego el corte vire de forma dramática hacia un metal tan poderoso y firme como convencional y un tanto predecible. Que acierta, al menos en lo que a intenciones se refiere, porque los coros que se suceden a lo largo y ancho del corte no podrían sonar más desangelados. El epílogo, sí, recupera los sonidos del inicio y propicia la habitual construcción circular. Tan clásica. Tan efectiva. Pero siempre pienso que podría haber sido uno de los emblemas de esta segunda entrega y entre unas cosas y otras termina quedándose en tierra de nadie.
Funciona mucho mejor “Pledge Your Souls”. Quizá porque lejos de exigirse más de la cuenta, abraza un convencionalismo que a estas alturas del disco resulta, por irónico que parezca, de lo más refrescante. Todo funciona en esta receta tan sencilla como elemental, amén de que la banda parece especialmente lúcida en lo que a ejecución se refiere. Estrofas, solos, estribillos, puente. Todo está donde debe de estar y si tengo que ponerle un pero, es ese engorroso fade out final. Un corte que habría de agradar a los fans más irredentos así como entregar buenos réditos sobre las tablas.
En un universo paralelo, fue Ronnie James Dio y no Tim “Ripper” Owens quien entró en Judas Priest tras la salida de Rob Halford. En algo así pienso cada vez que alcanzo el corte final “Wash Away Your Sins”. Que el propio vocalista estadounidense integrara una banda tributo al pequeño elfo no hace sino acrecentar la idea en mi subconsciente, amén claro del propio riff que Downing propone aquí y que parece huido de algún postrero álbum del frontman nacido en Portsmouth. En definitiva un corte llamativo por lo anecdótico de su propuesta y no tanto por lo redondo de su factura, convencional y anodina pero sin las buenas hechuras de, sin ir más lejos, “Pledge Your Souls”.
La cuestión es si esto mejora no ya a “Firepower”, quizá el definitivo canto de cisne del sacerdote, sino a aquél “Sermons Of The Sinner” de 2021. Y lo cierto es que pienso que sí. Este pierde diez minutos de metraje con respecto a aquél al que sucede y KK’s Priest dan la impresión de estar ahora más concentrados, de ser más sabios. Cortes como “One More Shot At Glory” o el tema título me parecen entregas que superan tanto en escritura como en ejecución, incluso en feeling, a cualquier corte del debut. No diría lo mismo de otras como “Strike Of The Viper” o en especial “Hymn 66” pero es que nadie dijo que sacarse de la manga una obra maestra pasados los setenta fuese sencillo. En ningún caso. De todas formas quienes busquen aromas clásicos, cortes bien producidos (salvo los pequeños detalles apuntados) y un vocalista de esos que ya no quedan, bien harían en dejarse caer por esta segunda venida de la banda.
Litostvienen de Valencia y en la info que nos adjuntan desde el sello catalán Blood Fire Death dicen practicar una mezcla de black, death y crust. Credenciales que uno tal vez no adivinaría viendo según qué fotos promocionales del cuarteto formado por Daniel (batería), Pedro (bajo y voz), Joaquín (guitarra y voz) y Manri (guitarra y voz). Este “Pathos”, que viene a suceder al debut “Ethos” de 2019, contó con Luis Varó para la grabación de baterías en BlackStage Studio mientras que el resto de voces e instrumentos vinieron al mundo de la mano de Manri, a la sazón fundador de la formación mediterránea. Las pistas resultantes serían convenientemente mezcladas y masterizadas por el BalmogJavi Félez (Altarage, Spectrum Mortis, Blazemth,Ouija, Foscor…) en los Moontower Studios. Con artwork de Pablo Ruiz Valls, el álbum se encuentra en la calle desde el 17 de marzo.
Literalmente tormentoso el prólogo de una “Tromba” que pronto transige hacia un metal extremo de fortísimo poso melódico. A través de un cuidado trabajo de guitarras y mientras Daniel descerraja la caja de su batería como si ésta le debiese dinero, la banda construye un arranque de álbum destinado a enganchar lo antes posible al oyente. Pero es toda vez alcanzamos las primeras estrofas que la composición muestra el verdadero músculo que se esconde tras este nuevo álbum. El equilibrio que logran entre ese fuerte influjo melódico y lo agónico de sus líneas de voz puede no resultar novedoso a estas alturas pero tampoco puedo decir que le falte pericia. Al contrario.
“Espectro” recrudece las esencias de Litost mientras prosiguen los blast beats incesantes y las voces agónicas. Todo rodeado de cuidados engarces entre estrofas, la banda saca músculo y de qué forma, para después perderse por toda una serie de cambios de ritmo que van desde lo más espacial y atmosférico hasta incluso la introspección semiacústica. Litost amalgama toda su maraña gramática con la solvencia que da una mezcla que distingue, sin mezclar, cada una de las líneas. Cada uno de los instrumentos. Irreprochable “Pathos” en este sentido. Agónico y tremebundo epílogo. Estupenda.
Sorprende la instrumental “Vigilante Del abismo”. Orquestal cinemática, de una épica desgastada, quizá no del todo acorde al leitmotiv del álbum, y que en cualquier caso nos transporta hasta una “Emboscada” que rezuma urgencia desde el primer acorde. Black, crust y viceversa fusionados para dar origen al corte más desquiciado de los ocho. Guitarras que dibujan melodías casi psicóticas, voces que más que gritar, aúllan, y una más que enrevesada línea de batería para dar forma a un corte que a falta de una duración mayor, condensa en ni tan siquiera cuatro minutos lo más demente de Manri y los suyos.
“Simún”, “temporal fuerte, cálido y seco de viento y arena, que sopla en el Sahara, Palestina, Jordania, Siria y los desiertos de Arabia. Su temperatura puede sobrepasar los 54 °C, con una humedad por debajo del 10%” en palabras de doña wikipedia, bien podría asemejarse a la tricefalia de una hidra. El paso más acompasado de su primer tercio, el más descosido que domina su tronco central y, finalmente, el más atmosférico que emergerá cerca del epílogo. Trazo poderoso, lleno de recovecos, que la banda resuelve sin sacrificar un ápice de intensidad. Otra de las grandes ofertas de este segundo trabajo.
“Barján De Céfiro”, también instrumental, se conduce esta vez hacia tonos más orientales, dejando entre medias un fuerte regusto que, tal vez por mi estrechez de miras en estos casos, me recuerda a los trabajos en solitario del NileKarl Sanders. A término irrumpe “Vendaval”, de nuevo instrumental y en la que Litost dan rienda suelta a su faceta más melódica mientras allana el camino para la ensalada de solos que se desatará más adelante. Todo bajo una firme y por momentos casi marcial batería de Daniel, que apenas pierde ripio a lo largo de estos cuatro minutos de técnica fulgurante. Curiosa cuanto menos.
Para el cierre queda el corte más extenso de este nuevo álbum, los cinco minutos largos de una “Galerna” que, para sorpresa de casi nadie, aglutina muchos de los grandes rasgos que identifican la particular forma de componer de los valencianos. Que de todos modos no resultará nada reiterativa o redundante pues está dispuesta a través de tonos, hasta cierto punto divergentes conforme a los dispuestos con anterioridad dentro de “Pathos”. Un gran cierre.
Litost “término acuñado por el filósofo checo Milan Kundera y relacionado con la introspección y la miseria humana” les viene que ni pintado. El disco puede tener como lastre lo exiguo de su duración. Ocho cortes, varios de ellos instrumentales, para treinta minutos de música, puede pensarse son poca munición en unos tiempos donde los álbumes de cincuenta, sesenta o incluso setenta minutos están a la orden del día. La otra cara de la moneda es que, por ahí, “Pathos” apenas ofrece fisuras. Bien pensado desde el papel y mejor ejecutado, la banda da la sensación en todo momento de estar muy segura de lo que ha hecho. Y se nota.
Debut para estos thrash/death madrileños de Avlak. Ellos son Álvaro Idrogo (bajo), Caín Sánchez (batería), Jorge Fernández (guitarra) y Aston Wirz (voz) y se formaron allá por 2021. Lanzando ya aquél mismo año el single “Get Out”, el cuarteto estrena ahora este primer largo de nombre “Portal”, grabado en El Horno Studios, donde también se llevarían a término las debidas labores de mezcla y masterización. La portada del álbum es obra del propio Wirz, quien contó con la ayuda de Nacho Delgado y Kairon Vinicius. “Portal” se encuentra en la calle desde el pasado febrero.
Es la propia “Portal” la encargada de abrir el disco. Que me agrada por su huida de la habitual entrada pomposa y recargada para ofrecer un trazo, hasta cierto punto enrevesado, y que funciona como un reloj a la hora de introducirte en el mood del álbum. Aquí toman vital importancia los buenos riffs de Jorge pero, sobre todo, la ágil línea de batería que dibuja Caín Sánchez. Es un primer corte hábil, que desde luego juega a hibridar un thrash iracundo con pequeños acentos de corte más técnico que terminan por redondear la oferta.
La más breve “Krampus” apuesta ahora por tonos más heavies en un corte que por momentos parece diseñado con el directo en mente. El hecho de que fuera uno de los adelantos de este debut no hace otra cosa que afianzar esa idea. Tampoco se trata de un tema facilón. Tiene los suficientes cambios de ritmo como para resultar llamativo. También un buen solo atravesando su tronco central. Pero con ello y con todo lo cierto es que no me engancha como lo hacen “Portal” y otras ofertas dentro del disco.
“Get Out”, tema que presumo posee gran peso sentimental para ellos, parece tejido a mayor gloria del maldito headbang. Gran parte de culpa es de los riffs de Jorge Fernández pero también de esa batería de avance acompasado, por momentos casi marcial. No puedo decir en ningún caso que me sorprenda y sin embargo sí que me engancha por la pesadez de sus estrofas y la forma en que flirtea con el death metal aquí y allá:
Otro corte que juega a hibridar ambos géneros de forma más que inteligente es este “Shooting Platform”, que confrontará el poso más oscuro de sus estrofas contra unos estribilllos que sin mayores problemas podrían recordar a Anthrax. El bajo de Álvaro aparece ahora más alto en la mezcla, lo que viene a dar una mayor enjundia al empaquetado final, rematado por un más que decente solo de Jorge durante el puente.
“Eye Of Belial” trae aparejado uno de los prólogos más interesantes de todo “Portal”, roto de forma brusca para acometer un thrash tan iracundo como embrionario. El nombre de mis paisanos Beast Inside sobrevuela en estas estrofas, si bien en los riffs de Jorge hay intenciones algo más extremas y oscuras. En particular durante ese tronco central nervioso y acelerado. Aquí me gusta la forma en que la mezcla amalgama y armoniza las distintas líneas de voz y no tanto un epílogo algo descompensado. Con eso y con todo fácilmente una de mis favoritas del debut.
“Uruk-Hai” enlazará con aquellos dejes más extremos de su predecesora cara a entregar otro corte vibrante y nervioso, que en primeras escuchas reconozco pasé algo por alto pero que con las distintas vueltas al disco he comenzado a apreciar. En especial por ese trazo más retorcido pero también por la forma en que rompe la tónica general del tracklist.
Algo que “Massive Destruction” intenta igualmente, si bien pienso que con aire desigual. Avlak se inundan ahora de un poso más groovie que, pienso, funciona solo a ratos. Los poco más de tres minutos que marca en el reloj tampoco ayudan. Sí que es un corte más diverso en cuanto a líneas de voz, lo que termina por aportarle algo más de color. Por contra, su estribillo no llega a funcionar del todo. Se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que el empaquetado final no alcanza a ser del todo redondo.
La banda sigue buscando la pesadez en una “Lord Of The Pit” que sin resultar rupturista ni original, se las apaña para amplificar el rango influencial del disco al tiempo que aporta un trazo lo suficientemente inteligente como para no caer en el mero refrito. A la cola del bando ganador de este “Portal”.
Anthrax acuden de nuevo a mi subconsciente cada vez que alcanzo “Gremlins (In The Pool)”, cierre de este debut y corte más que interesante en cuanto a trazo. También en lo referente a construcción de voces y coros y, finalmente, en lo que a riffs concierne. Bien pareciera que Jorge se ha guardado lo mejor de su repertorio para este final atinado y más que notable. Y es que Avlak muestran ahora unas hechuras técnicas (casi) desconocidas en los ocho temas precedentes, saliendo más que airosos del envite y quién sabe si mostrando el camino a seguir en futuras evoluciones.
Desde luego no es el disco de thrash (o más bien thrash/death) más redondo que haya pasado por estas páginas pero tiene bastantes detalles de interés. Además se trata de un debut y, para más inri, de una banda que lleva junta apenas dos años, por lo que no convendría cargar las tintas en demasía. Mucho menos cuando tienes ante ti buenos cortes como “Portal” o “Eye Of Belial”, la cierta extrañeza de “Uruk-Hai” o ese final prometedor con “Gremlins (In The Pool)”. Un primer disco por encima del aprobado. Ahora a seguir creciendo.
Nuevo trabajo de la banda milanesa CALICO JACK, cuyo nombre proviene del apodo del Capitán John Rackman, pirata inglés que surcaba los mares de las Bahamas y Cuba a principios del siglo XVIII. Fundados en 2011 por los hermanos Toto (guitarra rítmica) y LapsCaputo (batería) hacen un folk metal pirata mezclando sonidos actuales escandinavos con partes de heavy metal clásico.
El 30 de Junio vió a la luz «Isla de la Muerte«, a través del sello Rockshots Records. Grabado en Elnar Studio por Mattia Stancioiu, mezclado y masterizado por la propia banda, al igual que los créditos de las canciones. Portada a cargo de Sergey Vasnev y fotografía por Chiara Massetti.
Este nuevo trabajo de los transalpinos se abre con «Broadside Attack«, acordes clásicos de violín dan paso a un tema acelerado donde combinan a la perfección una base extrema y la melodía aportada por el violinista DaveGrassi, consiguiendo recordar a los alemanes Equilibrium.
Segundo tema y diez minutazos para el cuerpo con la homónima del disco. Riffs poderosos cercanos al thrash más old school, melodías del violín, un doble bombo protagonista y diversos cambios de ritmo tan previsibles como imprescindibles en un tema largo. Todo ello bien ejecutado, hace un corte más que escuchable y define claramente las intenciones del combo italiano.
«Bad Fortune» comienza de manera muy clásica con unos riffs muy Running Wild, para quedar un corte folk típico de las tierras vikingas, aportando unos buenos solos de guitarra y una imponente parte vocal a cargo de GioCasini.
Continuamos con «Antigua«, cuarto corte con un inicio acústico muy bardo y sorpresa, estrofas entrelazadas en castellano e inglés durante todo el tema. En esta canción los de Milán sacan su lado más folkie y festivo, mezclando sonidos caribeños al más puro estilo Korpiklaani. Algo que también es más que notorio en el siguiente corte, «Three Cheers To The Shanty Man«, tema que hará las delicias a los amantes del género. «Marauder» acelera y endurece su base, pero manteniendo siempre ese ritmo folk, ayudado por un violín notorio que adorna de melodías a lo largo de toda la canción.
Seguimos con derroteros más oscuros, acorde a la historia narrada, «Queen Anne’s Revenge«, barco del famoso pirata Blackbeard. Canción acelerada donde nos cuenta como este barco legendario es visto con pavor y considerado casi una amenaza sobrenatural, después de todo, su capitán era considerado por sus oponentes, como un verdadero demonio en la tierra. De lo mejor del disco, tanto por su épica historia como por su ejecución musical, de ahí que haya sido uno de los adelantos del disco.
Octavo corte «Haul Away Joe«, el tema más corto del disco (3:31), y se nota. Rápido y directo, sin paliativos, donde sigue destacando la voz gutural de Gio. Y del tema más corto pasamos al más largo(15:47), «Sandokan«. Como buen tema largo, está lleno de diferentes matices, sonidos y cambios de ritmo, tan complejos en su ejecución como en su escucha. Como si del propio Steve Harris en el «Senjutsu» se tratara, comienzan con un extenso intro de violín acompañado de instrumentos árabes durante casi cuatro minutos, donde empiezan a dar caña pero mezclando un popurrí de muchas cosas. Tema arriesgado donde los haya, el cual hay que abrir la oreja más, comparado con el resto del disco. Y es que es la excepción a un trabajo notable y de fácil escucha, con todos los componentes que se esperan de un grupo de este estilo, bien ejecutados, con buen sonido e interesantes letras que te harán surcar las aguas de esta «Isla de la Muerte«.
Ep kinki el que hoy nos llega de la mano del bajista Gus Suárez, el guitarra Quilo Zapico, el batería Rodrigo «Moy» Jiménez y la voz Pablo Zapico. Cuatro temas grabados en Turiellos, locales de la Asociación de Músicos del Nalón en abril de 2022 y posteriormente masterizados por el propio vocalista de la banda. Diseñado y dibujado por Quilo Zapico, todo queda en casa, el trabajo suena más o menos como sigue.
Es el bajo de Gus quien inaugura en “Frecuencia” este pequeño paso para los Kinkis. Arranque de sonido sucio, que economiza en riffs mientras desarrolla estrofas vivas y ágiles. Puede que no sea el estribillo que más me enganche de los cuatro. Cierto es también que el primer encontronazo con estos temas fue el directo y por ahí que su traslación al estudio llegue a perderse algo en lo que a energía se refiere.
Sea como fuere, “Sacrificios” se agazapa tras su extraño prólogo para derivar hacia unas tensiones más punk, si bien el corte acostumbra a fluctuar entre géneros casi a cada paso. Por ahí me agrada la gama de riffs que ha tramado Quilo, así como los bien disimulados cambios de ritmo. Cierto que la línea de voz avanza un tanto a trompicones. Y sin embargo, no son pocas las veces que me he sorprendido a mí mismo repitiendo ese “y quitarse de los vi-vi-vi-cios” cuando estrenaron el videoclip correspondiente meses atrás. Qué cosas.
Es “Nordeste” sin embargo la que más llama mi atención de las cuatro. Algo que no sorprende pues, en la mayor pesadez que despliega, pasa por ser la más cercana al metal de todo el Ep. La cabra, para no variar, vuelve a tirar al monte. Pablo está convenientemente más agrio y el resultado global, a ratos, me recuerda a sus casi vecinos de Dr. Nekro. Esa mayor aspereza alcanzará incluso al propio aspecto lírico, más oscuro, retorcido incluso, en esta tercera entrega.
Quizá como compensación tras ese pulso más pesado, oscuro incluso, “Puzzles” abraza sin medida un nervio decididamente más punk. Siempre sin perder el nexo de unión con el resto de cortes, pero a su vez descubriendo a unos Kinkis más vivarachos y también directos. Composición a ratos bipolar, que me agrada por la construcción de sus estrofas y cierra el Ep dejando al oyente más gruñón con ganas de más.
Es necesario vibrar en la misma frecuencia que la banda y quizá hacer algún sacrificio que otro para encontrarte en el punto cardinal exacto donde todas las piezas del puzzle terminan por encajar. Entre el punk, el rock y el metal, con una idiosincrasia muy asturiana, que bien puede recordar en fondo, que no en forma, a otro disco que pasara recientemente por estas líneas, “Perdón X El Retraso” de Ofensivos, lo cierto es que los Kinkis parecen proseguir aquella estela de los Destilería, Paco Jones y demás bandas de rock anclado entre la irreverencia y un punto de mala leche que nunca sobra. Ya contaban con nuestra curiosidad. Ahora tienen nuestra atención.
Debut en formato corto para el trío asturiano de blackened death metal Burnt To Death, en el que encontramos a Zesatti en baterías, Kotard al bajo y coros y Solarfall en guitarra y voces. Grabado por Iván Ferro del Kollapse Stvdio, mezclado y masterizado en Satanic Audio por Haldor Grunberg (Behemoth, Dominance, Azarath, Vulture Lord…) y adornado por Chris Kiesling del Misanthropic Art (Deicide, Asphyx, Urn, Cloak, The Spirit…), “Doomed By Reality” vio la luz el pasado veinte de septiembre.
Desde luego que las guitarras que dan la bienvenida en “The Real Horror (Begins)” tienen mucho del sabor añejo del black más primario y elemental. Es toda vez acuden las primeras estrofas que el trío se zambulle en un curioso juego tonal donde la batería de Zesatti casi parece un muestrario de todas sus habilidades. Entre medias encuentro buenos riffs de guitarra, así como una ganancia en lo que a intensidad se refiere que otorgará una fuerza inusitada a su tronco central. La tensa calma que dibuja el epílogo viene a confirmar el buen sonido de todo el conjunto, con un bajo presente y bien empastado.
“Dust” sorprende con esos aires casi marciales que irrumpen tras el prólogo. Muy marcados por la firme línea de batería, con Solarfall en voces lindantes con el black más primario. Buen solo el que acomodan en su tronco central, apoyado sobre una serie de riffs que me llevan a pensar en bandas como Possessed, primeros Death, Necrophagia… Tan directa como clásica, con el trío demostrando que sabe cómo conjugar distintas escuelas sin perder cohesión ni intensidad.
“Just A Carcass” parece en principio un traje a medida de las pautas más death del trío. Incesante el martilleo, de nuevo casi marcial, en el que se desarrollan las primeras estrofas. Es toda vez el corte se dirige hacia su tronco central que éste acoge riffs y pulsos más próximos a un black del todo canónico para una de las ofertas más lúcidas y mejor rematadas del Ep. De nuevo un bajo muy marcado ocupa un epílogo entregado en cuerpo y alma a esa pulsión más pesada que alimentó al prólogo. Quizá mi favorita de las seis.
“Unleashed”, llevada al terreno del videoclip por el bueno de Titi Muñoz, transige hacia posiciones más oscuras. También más disonantes, véanse las curiosas líneas de bajo que dibuja Kotard a través de las estrofas más apaciguadas. La banda no obvia aquí su el caos controlado con el que suelen alimentar sus composiciones. En especial y como digo a la hora de fundir una diversidad en cuanto a géneros que no obstante jamás hace mella en unos trazos sólidos y bien definidos. Estupenda.
“Germinating The Seed Of Doubt”, donde el trío cuenta con la inestimable colaboración de Alicia, a la sazón frontwoman de los extremos lucenses Barbarian Prophecies, redirige hacia una mayor intensidad, extrae el debido jugo de su agreste dupla vocal y termina por acoger, camino del tronco central, un deje más atmosférico y frío, con Alicia haciéndose fuerte tras el micro. La encarnación más black de la banda irrumpe aquí con toda la fuerza. Magnificándose sobre unos riffs de marcado y orgulloso clasicismo. Un corte que bien merecía algo más que esos poco más de dos minutos y medio que marca en el reloj.
En términos puramente estructurales, “Deepest Sea Of Nightmares” puede ser el que más llame mi atención de los seis. También porque Solarfall opta aquí por una gama de riffs, también de solos, un tanto más inusuales, y desde luego distantes a muchos de los grandes leimotivs del Ep. De resultas de ello surge un corte que, sin obviar velocidades de infarto ni trazos más pesados y rocosos, sitúa las miras del trío mucho más allá de lo que otros cortes hacían intuir.
Qué difícil es hacerse sitio y destacar en una escena cada vez más poblada por bandas de todo signo y condición. La apuesta de estos Burnt To Death no podría resultar más clásica en sus propósitos, esa confrontación directa entre black raudo y death intenso que, a ratos, llega a dar buenos frutos. Hay por ahí alguna oferta algo más distraída y riffs con cierto aroma a déjà vu, pero el resultado global dista mucho de ser catastrófico. Máxime teniendo en cuenta la juventud del proyecto. “Doomed By Reality” resulta finalmente una buena primera piedra sobre la que comenzar a edificar su trayectoria. Permaneceremos ojo avizor.
Pues ya tenemos aquí el nuevo Ep del combo astur de metalcore Sydius. La banda que forman Rorro en baterías, Jairo y Diego en guitarras, Jandro al bajo y Edgar en voces regresa ahora con un trabajo producido por Diego Teksuo, adornado por el arte de Joaquín Romero y estrenado el pasado primero de septiembre.
“Plaudite!” es una introducción de aires cinemáticos en crescendo, muy clásica y a la vez muy efectiva. Si algo funciona, para qué vas a cambiar. El caso es que transcurre hasta llevarnos a una “Acta Est Fabula” en cuyo primer término se desatarán los Sydius más rocosos y descarnados. El pie está lejos de la tabla en un arranque donde la pesadez se agiganta gracias a una producción que ha sabido captar las intenciones de una banda como esta. Diego Teksuo, una vez más, parece la elección correcta a la hora de controlar a este metal con trazas hardcore. Es en el largo epílogo donde erupciona la versión más nerviosa y febril de la banda asturiana. Ágil en cualquier caso este tramo final, que confrontará la pesadez habitual con violentas andanadas, blast beats mediante, y la vertiente más groove del quinteto. Una dupla inicial que debería darle buenos réditos a la joven agrupación metalcore.
“Ilusión Del Ser” prosigue con ese metal pesado y retorcido. Pero los toques más melódicos que implementa la dupla Jairo y Diego, me llevan a pensar en sus paisanos de Unexpectance. Aquí cabe destacar igualmente la línea que trama Rorro tras su batería. Por diversa pero también por contundente y con un más que acertado uso del doble bombo. En el corazón mismo de este tercer corte implosionará un breakdown marca de la casa. Y mientras que tras él aparece un solo que viene un poco a dar la medida del nivel técnico del quinteto, también de la cuidada mezcla de Diego Teksuo, el epílogo no podría tener más gancho. Tampoco ser más redondo. Por construcción puede no ser la canción más avezada que hayas escuchado dentro del género. Ahora, pienso tiene un gancho que ni Laura Fuertes.
“Aporía”, corte que viene a dar nombre al Ep, trae al frente a unos Sydius más trotones, que construyen ahora un corte con visos de funcionar como un tiro sobre las tablas. Tampoco es ésta una construcción previsible, si bien muchos de los tics de este tipo de bandas están presentes. El groove primero, el breakdown rompesuelos después. Y por encima, Edgar dejando una de las líneas de voz más agrias y a la vez diversas de todo el Ep. La cuidada mezcla del líder de Teksuo magnificará el alcance de un tronco central pesado y retorcido, anticipo de un epílogo que habrá de recuperar aquellos ritmos más vivos del comienzo.
“Némesis” se acompaña de un prólogo coral, por momentos casi eclesial, rubricado con unos cuidados arreglos de cuerda. Ceden el paso a unos Sydius a medio gas, que arrastran un deje melancólico hasta ahora desconocido dentro del Ep. Incluso ese solo que atraviesa su tronco central parece vibrar con esa cadencia más tristona y apagada. “Némesis” se convierte así en la propuesta más perpendicular al Ep. Coronada por riffs más que interesantes en su parte final y que da un poco la medida del tipo de banda que es Sydius a día de hoy.
No puede decirse que se hayan andado por las ramas. “Aporía” no descubre intenciones de quebrar ningún género. Al contrario, viene a reafirmarse en una hibridación de metal y hardcore que, a estas alturas, no debería coger a nadie por sorpresa. Y sin embargo, entrega cuatro buenos temas, diversos en cuanto a ritmos y tonalidades, con riffs interesantes en el mayor de los casos y una base rítmica que, a ratos, vuela por encima de la media. Solidarias al descarnado registro de Edgar y la buena producción de Diego Teksuo, el trabajo duro del quinteto parece haber dado sus frutos.