Reseña: Crudo «mEtAnOIA» (El Subko Producciones / Ataque! 2025)

Nuevo largo para los rockeros asturianos Crudo. La formación que grabó este “mEtAnOIA” fue la compuesta por Víctor Vivar (guitarra y voz), Luis Melero (bajo y voz), Adrián Simón “Petu” (batería) y un Javier Colero (guitarra) que dejaría la banda poco tiempo después. Esta nueva colección de canciones fue grabada, mezclada y producida por Rubén Álvarez al alimón con el cuarteto en avilesina La Fábrica de Músicos. Finalmente, Dani Sevillano sería el encargado de masterizar los nueve cortes en el OVNI Estudio y el conjunto sería puesto en circulación por el combo El Subko Producciones / Ataque! el pasado 20 de junio.

Pablo Senator (Desakato) se sumó a “El nAUfrAgIO” pero pese al elemento externo, el corte inicial de este “mEtAnOIA” presenta a unos Crudo de lo más reconocibles. La melodía que acompaña al prólogo pronto nos introduce en el tono del álbum. La mezcla, en un cuidado ejercicio de equilibrio otorga el debido peso a cada línea. Y las primeras estrofas pueden ser alguna de las más redondas que hayan compuesto. Senator suma su garganta a las de Melero y Vivar, dejando al final la sensación de que el álbum no podría empezar con mejor pie.

Un pequeño corte del tristemente desaparecido Boni, histórico fundador, guitarra y voz de Barricada introduciendo “Pasión Por El Ruido” en vivo, ocupa el prólogo de “trAs tUs pAsOs”. Crudo conjugan aquí su habitual rock and roll de corte urbano con un aire más arrastrado y melancólico. Una cierta levedad sobre la cual rinden fervoroso tributo a sus héroes. Trabajada a nivel melódico, llena de coros bien equilibrados, guiños en la letra y, de nuevo, dueña de una producción por poco irreprochable. Estupenda y muy sentida.

frÁgil” recupera a los Crudo más rotundos. Lo cierto es que el cuarteto parece muy cómodo aquí, atravesando riffs más graves y construyendo, de paso, uno de los cortes más llamativos y acerados de todo “mEtAnOIA”. Y puede que no lleguen a la rotundidad de aquella “A La Cara” del anterior “Negociando El Equilibrio” (2021). A cambio esta deja una línea vocal con un mayor gancho, buenos detalles de Petu tras baterías y un estupendo solo de guitarra. Ni tan mal.

En comandita con la buena gente de Mala Reputación y sin abandonar su rock de siempre, “EscEnArIO dE gUErra” parece tender de manera muy marcada hacia tonos más alternativos. Estrofas desnudas de guitarras, con la base rítmica tomando el mando en la mezcla, para otro corte que recupera a esos Crudo más tendidos y melódicos. Luego de estribillos hay estrofas donde las guitarras vendrán a aportar un mayor peso melódico a la composición. Lo que me agrada es cómo engranan unas voces y otras. Se percibe una química aquí que uno casi puede palpar a través (en mi caso) de los auriculares. Rematan con un buen solo durante el puente y un epílogo clásico y bien armado. Estupenda.

¿Quién no ha tenido unas “zApAtIllAs dE cUAdrOs” en su casa? Estos Crudo suenan más reconocibles. Vivar enfrenta estas primeras estrofas con su particular carisma mientras la letra enfrenta a influencers de nuevo cuño y diversos seres circundantes. Una de esas canciones que dejan preguntas. También coros facilones a los que, intuyo, será sencillo sumarse en directo. Corte más extenso del álbum, algo que se percibe toda vez el corte alcanza su parte central. Aquí me agrada la construcción del puente, también el solo que lo ocupa, y el modo en que transita hacia el epílogo. Canción de añoranza pero también de una cierta auto-reivindicación. De lo más redondo del álbum.

nO crEO En dIOs”, con la colaboración de Juankar de los igualmente combativos Boikot, ofrece de entrada uno de los riffs más sucios que les recuerdo. Ciertamente son estos unos Crudo haciendo honor a su nombre. Melero declama con su inequívoca voz las primeras estrofas. Juankar se suma luego y todo confluye en otro estribillo marca de la casa. Quizá el corte no llega a desarrollar del todo esa incipiente mala baba del comienzo. Camino del cierre me agrada el buen solo de guitarra, también lo frontales que suenan esos coros del epílogo. La producción y el sonido del álbum, insisto, son excelentes.

Sorprende la levedad de “El tIEmpO pErdIdO”. Un prólogo tranquilo, reposado y melancólico, un apartado lírico original de David García Tolibia, y que se adhiere a esa larga tradición de nuestro mejor rock urbano. Muy melódica, a ratos me recuerda a ciertos momentos de Extremoduro. Por ahí y aunque menos, también a La Fuga. Unos Crudo más tendidos y apaciguados, sin temor a derivar hacia terrenos algo ajenos, configurando un corte con una sensibilidad muy marcada y que quizá merecía algo más que esos casi cuatro minutos que marca en el reloj.

No sé si es que la cabra tira al monte, pero los riffs del prólogo en “mOvIdAs” tienen algo que me recuerda a unos Megadeth del “Countdown To Extinction”. Y el caso es que nada más lejos. Estos son los Crudos más canónicos. Con Vivar llevando la voz cantante mientras traza la que puede ser la línea de voz más ganchera de todo “mEtAnOIA”. Petu está especialmente implicado aquí, dejando licks hábiles, especialmente en estrofas. En su segunda mitad, pues este es otro de los cortes más extensos de entre los nueve, me agrada el modo tan clásico en que conjugan voces y solos. Firmemente agarrados al libro de estilo y operando como tal. Con toda la pinta de que será de las que funcionen como un tiro en directo.

Melero llevará la voz cantante en la final “cObArdE”. Una buena muestra de los Crudo más directos en lo lírico y más flamígeros en lo musical. Ahí, casi a modo de desahogo, surgen pequeños escorzos melódicos a través de los cuales el corte respira y coge algo de resuello, transitando así sobre una escritura curiosa por su ambivalencia. Un cierre con más chicha de la que intuí en primeras escuchas.

Puede que el rock haya muerto pero de entre los rescoldos regresa una banda asturiana dispuesta a plantar batalla y darle en el hocico a los descreídos. Son los Crudo de siempre pero el disco, y esta es una sensación que se va acrecentando tras cada nueva pasada, resulta de lo más diverso y heterogéneo. Ayuda, claro, la buena nómina de amigos que colaboran. También un rango musical que va desde su rock de siempre a escarceos con tonos más urbanos o transgresivos e incluso llega a lindar con el metal en un par de momentos puntuales. Todo sin dejar de lado su personalidad de toda la vida, ni tampoco esas letras tan combativas, que no panfletarias, tan habituales. Unos Crudo en plena forma.

Texto: David Naves

Reseña: Grapeshot «Oblivion» (Autoproducción 2024)

Los thrashers madrileños de Grapeshot están de vuelta. La banda, que ya pasara por estas páginas con su último largo “Suckcess”, vuelve ahora con el Ep de cinco temas “Oblivion”. A la hora de juntar estas líneas integran la banda el nuevo bajista Miguel García-Monge, un Borja Cabello que ahora se pasa a la guitarra junto con Jose A. Poveda, Marcos De La Calle en baterías y Esteban Muñoz en voces. Grabado y mezclado en los Estudios 51 de Toledo, los cinco temas serían finalmente masterizados por Andy VanDette (Devin Townsend Project, Rush, Savatage, Bruce Dickinson…) y se puede encontrar en su perfil de bandcamp.

Anuncia el kit de prensa que la banda se ha deslizado ahora hacia terrenos “más suaves y rockeros” pero lo cierto es que “Lost My Way” parece no hacer caso. Grapeshot pisan el acelerador desde el primer momento y la composición resultante acierta a fusionar el doble bombo con esos riffs cortados al milímetro. La firme voz de Muñoz en estrofas contrasta con ese deje más sureño (más alternativo incluso) durante estribillos. Echo en falta unos engarces más trabajados entre las distintas estrofas. Por contra, la banda apenas deja descender la intensidad. Pero cuando lo hace, con ese puente más apaciguado y de corte casi grunge, surge un solo de guitarra directo y funcional, juguetenado entre canales durante el epílogo. Un arranque potente y descarado en la más pura tradición del género.

El prólogo de “Toxic Love” trae consigo alguno de los riffs más pegadizos y resultones de todo “Oblivion”. Me agrada la forma en que Grapeshot construyen sobre ellos un corte donde se pueden intuir efluvios de bandas como Down, sus hermanos de Crowbar o del metal alternativo más casual. El constante martilleo de riffs durante estrofas parece muy pensado de cara al directo. Buenas melodías de guitarra surgen tras la voz de Muñoz y es aquí donde se puede apreciar el giro hacia terrenos más calmos que anunciaba la nota de prensa. Son unos Grapeshot en una clave ahora más melancólica, que si bien no olvidan las partes más trotonas y metálicas, desde luego confluyen hacia influencias un tanto más livianas. Y no para mal.

Hay algo de los Pantera más tranquilos en el prólogo de “I Am Rock ‘N’ Roll”. Muñoz tiñe ese reposado prólogo de voces limpias que, sin ir más lejos, me podrían recordar al bueno de Danzig. Es un contraste que les funciona a los madrileños. El juego entre calma e intensidad que proponen aquí no podría resultar más clásico. A camino entre la balada pura y el medio tiempo, brilla la base rítmica de García-Monge y De La Calle con dibujos hábiles y cuidados. El quinteto se desquita en una segunda parte que se conducirá por terrenos más próximos al thrash más groovie en los que parece más que cómodos. Estupendos solos bajo las voces de Muñoz y una mezcla que acierta a la hora de equilibrar cada instrumento. Fácilmente la que más terreno ha ganado con el correr de las escuchas.

Vortex” sorprende con ese paso casi marcial del prólogo, que no con las buenas guitarras que lo adornan. Muñoz suena más desgarrado ahora. Más desesperado incluso, acorde con la propia letra que interpreta aquí (“Looking for some light in an abyssal pit. Water’s invading my breath”). Por ahí esta cuarta entrega puede ser la más diferente de todo el Ep, si bien no es menos cierto que este es un trabajo donde no abundan los lugares comunes. En solitario primero y acompañando a las voces después, para su parte final queda el solo más ambicioso de todos cuantos atraviesan “Oblivion”. Y un riff que me recuerda (aunque sea de manera vaga) al de “Keine Lust” de unos tales Rammstein.

Vuelven las altas revoluciones para el tema título “Oblivion”. La banda se descuelga en su primera mitad con una andanada de puro thrash noventero y efervescente. Entre ese vigor y sus inevitables influencias sureñas, Grapeshot trazan un monstruo de dos cabezas que entra a la primera y acaba resultando de lo más disfrutable. Estupendo de igual forma ese puente central más reposado y el buen solo que lo adorna. Y si bien al epílogo no le falta atrevimiento, sí que echo en falta algo más de nervio. Un buen final en todo caso.

El problema muchas veces con este tipo de Ep’s es que terminen sabiendo a poco. Grapeshot han luchado contra ello tramando cinco temas de personalidad bien marcada y definida. La raíz es común, ese metal a medio camino entre el southern, el groove y el thrash, pero los chicos se las arreglan para que, entre medias, quepan influencias cercanas al grunge o al alternativo. De resultas de ello, también de un cierto descenso en su bien conocida intensidad, surge ahora una banda que puede haber perdido en contundencia aquello que ha ganado en sonido propio. Agradable entrega para quien escribe, está por ver si también para quienes nos leen.

Texto: David Naves

Reseña: Helevorn «Espectres» (Meuse Music Records 2024)

Espectres” supone el quinto trabajo en la trayectoria de los doomies baleares Helevorn, la banda que forman Pedro S. Bonnín (piano, teclados), J.M. Rubio (bajo), Álex Correa y Sandro Vizcaíno (guitarras) y Josep Brunet (voz). Con Sebastià Barceló como batería de sesión, el álbum fue producido, grabado y mezclado en los mallorquines Psychosomatic Studios por Miquel Àngel Riutort “Mega” (Golgotha, Perpetual Night, Æolian, Angelus Apatrida) y posteriormente masterizado por Jens Bogren (Aathma, Amorphis, Swallow the Sun, Septicflesh, Enslaved…).

El disco cuenta además con las colaboraciones de Thomas A.G. Jensen (Saturnus), Inés González, Biel Gayà (Trallery) y Jovan Milosevski. Con foto de Tuco Martin y artwork de Irene Serrano Espejo, el disco vio la luz en septiembre del pasado 2024 vía Meuse Music Records.

La entrada al álbum que entrega el prólogo de “Inherit The Stars” no podría haber resultado más elegante. Piano sobre un fino colchón de teclados que acabará transigiendo frente a la pegada de las primeras guitarras. Helevorn entregan buenas melodías previas a la entrada de un registro, el de Josep Brunet, que a ratos recuerda a los mejores del género. Roto pero discernible. Melancólico y triste pero aún en pie. El corte avanza fusionando esas estrofas más rotas con voces más limpias y acomodadas. Les funciona a los baleares este doble juego. La mezcla equilibra y refuerza sus intenciones. Cada línea tiene una presencia justa en la misma. Y cobra especial relevancia durante un tronco central de cariz más grandilocuente. De una tensión más acentuada y profunda. Ahí donde emerge un tan tranquilo como efectivo solo de guitarra. Muy a tono con el resto de la composición. Uno de los cortes más equilibrados de este nuevo trabajo y con razón la carta de presentación del mismo:

A lomos de un riff ciertamente desafiante, “The Defiant God” da un pequeño giro al álbum al ofrecer ahora a unos Helevorn más rotos y descarnados. Las buenas voces de Brunet vienen ahora apoyadas por unas cuidadas melodías de guitarra. Lo quebradizo de sus estrofas contrastará con la mayor luminosidad de sus estribillos. La banda se mantiene firme igualmente camino de un tronco central eminentemente atmosférico. Un pequeño remanso de paz donde vuelven a dejarse notar las teclas de Bonnín, anticipando una voz narrada que me recuerda sobremanera a bandas como Mourning Beloveth. No la que más me sorprenda por escritura de las ocho. Por contra, una de las que más gancho arrastra en su transitar tembloroso y oscuro.

Signals” ofrece ahora la cara más vivaracha de los baleares. Un doom que, de primeras, siempre me recuerda al clásico corte no tan agrio que Saturnus acostumbran a incluir en sus álbumes. “A Father’s Providence” podría ser una buena rima. Helevorn proponen así un pequeño asidero en forma de un prólogo de ritmos vivos que habrá de contrastar con la habitual melancolía que se adueñará de la composición más adelante. Destaca aquí la fina línea de batería del Trallery Sebastià Barceló soldando a la perfección ambos registros. Me agrada la forma en que todo va transitando desde esos tonos más ligeros a los más descarnados y espesos, con la banda regresando después a esa cierta ligereza que alimentaba el prólogo. Por ahí uno de los cortes más ágiles de todo el largo, rematado por el estupendo solo de Biel Gayà que antecede al epílogo.

When Nothing Shudders” viene para confirmarse como la gran balada del álbum. Quizá como la gran balada de Helevorn. Brunet pone su registro más prístino al servicio de un prólogo elegante, por momentos casi distinguido, y la banda va tramando un juego de intensidades en el que parece realmente cómoda. Ayuda una vez más la equilibrada mezcla que ofrecen las canciones. También los cuidados arreglos. De especial gusto me resultan los que acompañan a la segunda estrofa. Delicada sin siquiera rozar lo ñoño, transita hacia un tronco central de inusitada fuerza, sin por ello abandonar los (a veces) férreos márgenes del género. Fantástica, siente uno en todo momento el cariño con que la banda ha trazado una canción que excede en gran medida las expectativas que me generó una primera escucha (algo distraída) de este “Espectres”.

Unbreakable Silence”, corte más ambicioso del álbum, al menos en cuanto a duración se refiere, arranca de nuevo desde el piano. Deja ahí un cierto aire a los italianos Novembre. También quizá a unos Anathema de discos como “A Fine Day To Exit” o incluso “A Natural Disaster”. Extenso prólogo de guitarras graves y casi monocordes. Brunet en su encarnación más liviana declama con no poca clase estas primeras estrofas. Es un trazo de pulsos lentos, la banda se ha tomado sus buenas pausas aquí, lo que viene a amplificar el impacto de alguna de las voces más rotas de todo “Espectres”. A ellas se contraponen las teclas de Bonnín, solidarias a unos arreglos entre lo elegante y lo onírico. El largo epílogo, que desata a los Helevorn más rotundos, es sensacional en toda la extensión de la palabra. Si el doom death es ante todo sentimiento, desde luego que los mallorquines salen victoriosos aquí. Por trazo, arreglos, ejecución y feeling.

L’endemà”, con Inés González colaborando en voces, abraza ahora el catalán mientras ofrece un riff que, de primeras, puede parecer algo fuera de lugar en un disco como este. No importa porque Helevorn aprovechan para volver a aquél doom intenso de comienzos del álbum, Inés brilla y de qué forma al micro y su propuesta se magnifica camino de un tronco central entre lo desgarrado y lo ostentoso. Y aunque siento que el pequeño y remansado puente que antecede al epílogo bien merecía algo más de espacio y desarrollo, al final un corte de fuerte personalidad dentro del tracklist y que da un poco la medida de la banda que podrían ser con el doble juego vocal siempre a bordo.

Por ahí tal vez que “The Lost Futures” entregue ahora a unos Helevorn más reconocibles. No es que a esta penúltima entrega le falten argumentos pero acusa, aunque sea a ratos, una cierta repetición de patrones. Nace desde las tímidas guitarras de su prólogo, transita por estrofas realmente rotas y culmina en un tronco central que abrocha aquellos acordes del comienzo y nos conduce a un más que curioso cierre. Nada que me aburra aquí, tampoco que me sorprenda. En cierto modo uno de los cortes más regulares (o menos excepcionales) de este nuevo trabajo.

Children Of The Sunrise”, con todo un Thomas A.G. Jensen de Saturnus como invitado de excepción, ofrece el prólogo más tendido de todo el álbum. Un remanso de paz y melancolía donde lo cristalino de las voces acompaña a unos arreglos tímidos y muy bien medidos. Son los Helevorn más sinfónicos, abrazando una desnudez que sorprende y acongoja. Jovan Milosevski pone la guitarra clásica, también la luz, a un tema que parece abrazar sin medida la desesperanza. Cuando Jensen descompone una vez más su garganta y Helevorn irrumpe al unísono, todo cuaja para ofrecer la mejor cara de los baleares. Puede que ese epílogo pidiera un desarrollo algo más ambicioso, pero con eso y con todo un fantástico broche a este gran “Espectres”.

A los habituales de bandas como Evadne, October Tide, Daylight Dies o los propios Saturnus pocas cosas habrá dentro de este “Espectres” que les vayan a pillar de nuevas. Si acaso ciertos momentos de “L’endemà”. Lo que no quita para que estemos ante un álbum de doom death metal que tiene poco o nada que envidiarle a cualquier otro de cuantos han visto la luz a lo largo del año. A ratos grandiosos, Helevorn son más que conscientes del terreno que pisan, obrando en favor de unas canciones, inspiradas según la nota de prensa por el libro “Ghosts Of My Life” del escritor, filósofo, profesor y crítico Mark Fisher, que lo tienen todo para satisfacer a los fans más exigentes de las bandas antes nombradas. Grandes composiciones, una estupenda producción y la percepción de que sin duda cotizó alto en los habituales tops del pasado 2024.

Texto: David Naves

Reseña: Jolly Joker «Jolly Joker» (On Fire Records 2025)

Entrega homónima para los hard rockeros valencianos de Jolly Joker, de seguro una de las grandes realidades del género en nuestro territorio. Ellos son Daniele Panucci en baterías, Andreas Siegl “Andy” al bajo, Yannick Bonora en guitarras y Lazy Lane en voces. Compuesto por una decena de temas, adornado por el arte de Kako Navarro y puesto en circulación por la gente de On Fire Records.

La pequeña, vivaracha y pegadiza “World Collapse” se encarga de inaugurar las hostilidades. Siempre bajo el reconocible timbre de Lane, la banda pone todos sus cilindros a funcionar en un corte con todos los visos de funcionar como un tiro en sus directos. La producción se las compone para discernir entre todas las líneas presentes, atención especial al bajo de Andy y su buen hacer a lo largo de todo el álbum, y todo alcanza a un estribillo clásico, de los de puño en alto, con Lane en su versión más explosiva. Con él rivaliza, es un decir, el buen solo dispuesto por Bonora. Más que eficaz opener al homónimo de los Joker.

Me gusta la chulería que desprende “Shotgun” ya desde su mismo arranque. Un prólogo apoyado en un riff cuyo gancho parece residir en su propia sencillez. Aquello de “es solo rock and roll pero me gusta” que habré escrito en decenas de reseñas. El corte, claro, adquiere una mayor pegada toda vez alcanza las primeras estrofas e irrumpen alguno de los guitarrazos más contundentes de todo el álbum. Buenos detalles, adornos si lo prefierís, los que dibuja aquí y allá el propio Bonora y un estribillo que, a ratos, me recuerda a mis paisanos de Leather Boys. Formaciones ambas más que afines. Hay un estupendo duelo solista aquí. También cierta sensación de que la banda está más a gusto que nunca.

I Just Wanna (Kiss You)” abandona ese mayor nervio para virar hacia territorios más ligeros y acomodados. Un tema bien cargado de feeling, algo a lo que contribuyen las buenas líneas de guitarra que ha dibujado Bonora. También esa interpretación un tanto más leve por parte de Lane. Uno del trío de temas por encima de los cuatro minutos dentro de este “Jolly Joker”, porta un buen solo de guitarra como anticipo del mayor nervio final. Un epílogo que vendrá a añadir algo más de picante a la mezcla, conformando un cierre tan clásico como eficaz.

Jolly Joker sorprenden no obstante con la más pesada “What The Hell”, un corte donde los valencianos se permiten el lujo de arrastrar su habitual hard rock, amplificando así el rango sónico del tracklist. Y sin que, a estas alturas, me parezca el corte más redondo del álbum, Lane parece más que cómodo a lo largo de su particular línea de voz. El solo de Bonora, nada comedido, casa a la perfección con ese aura más oscuro de la composición. Otro tanto podría decir de una producción que desde luego entiende la clase de tema que tiene entre las manos. Sin desagradar, ni mucho menos, lo cierto es que hay días en que me cuesta llegar a conectar del todo.

Caso contrario de la más tranquila y muy sentida “Broken Glass”. Jolly Joker en su faceta más tierna, sin caer en lo meloso o autocomplaciente, componiendo un corte en el que todo me funciona: la construcción de las estrofas, que van desde una cierta desnudez hacia el mayor nervio de los estribillos de la forma más cuidada y natural posible. Es el corte más extenso de la decena y, por ahí, se vislumbra el cariño con el que el cuarteto ha cuidado cada detalle. El solo de Bonora se adhiere con sumo cuidado al propio espíritu de la composición y fluye sin traicionar ni faltar ese alma tan marcada. Nada de manifestaciones egocéntricas o fuera de lugar. Estupendo desempeño de toda la banda aquí. Allá donde estén, Rob Turner y John Coleman, a cuya memoria dedican esta quinta entrega, tienen motivos de sobra para sentirse más que orgullosos.

Demons Dance”, que puede tal vez engañar con un prólogo un tanto disociado del resto del álbum, hace por regresar hacia la cara más chulesca, hedonista incluso, de los hard rockeros valencianos. La banda recupera un mayor nervio aquí. Y lo hace sin excesos, tramando buenas estrofas primero y procurando una mayor pegada en estribillos después. Después hay llamativos coros, también un tono algo disociado de la propia composición. Un brevísimo puente y un Bonora que aprovecha para trazar uno de mis solos favoritos del álbum. Aún siendo como es uno de los temas más extensos de este “Jolly Joker”, pienso a veces que el epílogo bien merecía algo más de desarrollo. Otra de mis preferidas en cualquier caso.

Ruge la guitarra de Bonora en “Enough”. También Lane, que vendrá a situar aquí su registro más árido y gritón. Todo ello contribuye a que asome la cabeza la cara más metálica del cuarteto. En estribillos y aunque sea de forma tímida, hay detalles que les acercan incluso al rock alternativo más casual. Por ahí una de las composiciones con más personalidad de este “Jolly Joker” y una muestra más de la propia versatilidad de la banda.

My Little Cadillac” ahonda en esa misma idea. El disco pega otro volantazo y la banda profundiza en sonidos cercanos ahora al rockabilly más seminal. Aquí no obstante lo que me sorprende es el cambio de ritmo que se produce en el puente central y el llamativo solo que Bonora dispone sobre él. Tan curiosa como escueta.

Otro corte que sucede en poco más que un suspiro es “Sweet Pleasure Pie”, donde la banda recupera un tono más habitual para entregar un rock nunca carente de feeling. Particularmente en estribillos. El tono por el que Lane opta ahí, así como los hábiles riffs de Bonora vendrán a contrastar con el mayor nervio hacia el que se conducen más adelante… y a una pequeña sección solista que, siento con cada escucha, me deja con ganas de más. Con mucho el corte del álbum que más acusa lo escueto de su duración.

En cualquier caso “Sweet Addiction” supone un corte final en el que los valencianos parecen dar su mejor versión. Lane está fantástico tras el micro, la producción acierta con esos coros que revisten los estribillos y Bonora parece habérselo pasado en grande componiendo y a falta de un solo más protagonista, bien está ese mayor nervio que el corte acoge en su tramo final. Trazo clásico y por ahí de lo más eficaz.

No diré que me decepciona la que vendría a ser la cara B del álbum pero cierto es que, al menos a día de hoy, cortes de comienzo del disco me agradan (o me enganchan) en mayor medida. “World Collapse” es un gran tema apertura y “What The Hell” sorprende con ese tono árido y contundente. “Broken Glass” es uno de los grandes hallazgos de este nuevo trabajo, reluce todo el cariño que parecen haber puesto en esa composición, y “Demons Dance”, aunque se me quede algo coja al final, me parece otra de las más redondas. Luego hay cosas como “Enough” o “My Little Cadillac” , que me gustan más por lo que tienen de refractario al resto del álbum pero algo menos en cuanto a composición. “Sweet Pleasure Pie” de hecho creo que daba para un desarrollo algo mayor (al fin y al cabo, el disco apenas supera la media hora) y “Sweet Addiction” cierra abrazando orgullosa el libro de estilo del género. Y todo esto, al final, da un poco igual pues estamos ante un animal de directo como habrá pocos en nuestro país. Así nos lo han hecho saber en alguna ocasión y del mismo modo esperamos ser testigos en la próxima edición del Luarca Metal Days. Os citamos a todos allí.

Texto: David Naves

Reseña: Ethiva «Beaten Track» (Clostridium Records 2025)

Se hacen llamar Ethiva, vienen de Asturias y son Javi Lorenzo en guitarras, Camil Cinnamon en voces, Ramón Fernández en baterías e Iván Muñoz al bajo. La música de este “Beaten Track” que hoy nos presentan vino al mundo los OVNI Estudio con Sergio Díaz (Firu) a los mandos, mientras que las voces serían registradas por Sergio Rodríguez, quien se encargó igualmente de mezcla y master, en los Tutu Estudios. El arte de la portada recayó en el Ossobüko Studio y todo el conjunto sería editado por Clostridium Records el pasado 13 de mayo.

El prólogo de “Rolling Freeze” pone de relieve a los Ethiva más entusiastas. Y, desde ahí, construye un ida y vuelta entre ese mayor vigor y una tensión más apaciguada y psicodélica. El trabajo en cuanto a mezcla y producción es excelente, algo que se deja notar aún con auriculares y cuando esta reseña se está realizando a través del propio bandcamp de la banda y no sobre una copia física del álbum. Todo llegará. Camil traza estrofas precisas, bien apoyadas en su registro hábil y juguetón. Luego hay ecos floydianos en los solos de guitarra y siempre un bajo en constante movimiento, trazando siempre líneas interesantes y pegadizas. Un corte extenso, por apenas un segundo el que más de entre los seis, y que ya da muestras de por dónde van los tiros en esta nueva obra de los asturianos.

Camil Cinnamon comanda tras el micrófono una “Cut The Top” que sirvió como anticipo de este “Beaten Track”. Aquí las guitarras recorren contornos más ligeros, envueltos siempre en esa bruma casi onírica que propician las afinaciones por un lado, la propia producción por el otro. Me agrada cómo se conducen a lo largo de las estrofas. Cómo todo desemboca en inteligentes escorzos técnicos. Estos van medidos con suma precisión. Engrasados con el propio tono de la composición, dispuestos en favor de ésta y no del ego de cada cual. Me gusta la pesadez más alucinada del puente central, así como el solo que desarrolla Javi Lorenzo. A caballo siempre entre el prog y la psicodelia, Camil Cinnamon mediante, la banda deriva entonces hacia su vertiente más amable y soñadora. Ecos de la Grace Slick de Jefferson Airplane antes del epílogo. Algo que considero es siempre buena señal. Para el cierre queda esa encarnación más ruidosa y directa. Con un gancho de mil demonios, por cierto. Estupenda, y fíjate que en primeras escuchas me parecía algo enrevesada de más. Ahora y en cambio, no puedo dejar de escucharla. Cuestión de darle a las cosas la importancia y el tiempo que realmente merecen.

Run Far Away” parece acogerse a esa vertiente más ruidosa y vivaracha. Ramón Fernández está trazando una cuidadísima línea de batería en estos primeros compases. Para cuando irrumpen las primeras estrofas y regresa la calma, Kayo Dot (y alguno que otro de los proyectos de Toby Driver) no tardan en acudir a mi subconsciente. Es un corte más comprimido en cuanto a tiempo. Algo que se deja notar en una construcción que, aún con sus idas y venidas, resulta un tanto menos ambiciosa en comparación con sus compañeras de disco. Pero Camil Cinnamon está fantástica al micro. Derrochando por igual rango y carisma. Pese al mordisco en cuanto a duración no pienso que caiga en saco roto. Al contrario.

De una belleza profunda y arrebatada, el tranquilo prólogo de “Mountain Claim” es todo lo que está bien. Ethiva lo rompen en bloque para que, un poco a trompicones, Camil Cinnamon vuelva a ejercer de maestra de ceremonias. Su registro se dobla con la guitarra de Javi Lorenzo y, por pura colisión, surge uno de mis momentos favoritos de todo el largo. De guitarras reverberantes en el solo primero, y de tonos más misteriosos después, la composición va atravesando recodos y contornos siempre llamativos y atractivos. Y es que Ethiva vuelven a otra de esas escrituras diversas por retorcidas, que confluyen ahora en un tronco central descosido y ruidoso. Y no quisiera decir que todo el largo epílogo podría caber bajo el paraguas del rock experimental, pero ciertamente se deja sentir un leve aire a jam improvisada que le sienta como anillo al dedo. El juego entre Cinnamon y Lorenzo aquí es, sin pensarlo mucho, otro de mis (varios) momentos favoritos de este “Beaten Track”.

Red Lights” propone ya de entrada un prólogo atrevido y lleno de personalidad. En él, Cinnamon está desarrollando notas realmente altas. Los riffs que entrega después Lorenzo pueden no resultar tan atrevidos, pero vienen apoyados por una base rítmica tan desatada como concisa, por contradictorio que ésto pueda sonar. Brilla Iván Muñoz al bajo en el brío pero también en la calma. Que la hay. Otra escritura en montaña rusa, plagada de cambios de ritmo y donde el juego entre las distintas intensidades que proponen nunca suena artificial o deslabazado. Muchas líneas confluyen aquí. Y, sin embargo, la mezcla no se resiente ni lo más mínimo. Prueba una vez más del cuidado con el que la banda y técnicos han tratado a estas canciones. Estupendo ese epílogo y los tonos, de nuevo altísimos, que Cinnamon imprime en ese tramo final. Estupenda.

Libre y de nuevo entusiasta Lorenzo durante el prólogo de esta “Summertime”. Aquí surgen unos Ethiva un tanto más bailables y pegadizos. Siempre sin perder la conexión con su habitual rock psicodélico pero aportando una pizca más de personalidad a este corte final. Hay cambios de ritmo que me recuerdan a ciertos momentos de King Crimson. También a los ahora desaparecidos Acid Mess, quizá la banda de la región con la que más puntos tengan en común. Largos solos de guitarra primero y una Cinnamon erigida en total protagonista después. La mezcla introduce luego un curioso juego entre canales, desplazando la voz a izquierda y la guitarra a derecha, integrando la base rítmica con toda precisión y procurando todo el espacio posible al buen desarrollo técnico de los asturianos. Oníricos y elegantes. Un cierre de disco de una marcada espacialidad, a caballo entre lo alucinatorio y lo improvisado, para un curioso y personal abroche final.

No es el tipo de música que más acostumbramos a tratar por aquí y, sin embargo, qué agradable sorpresa la vuelta de Ethiva. Rock psicodélico de primero orden, acompañado de una voz llena de fuerza y carisma, unos trazos cuidados con todo cariño y unas producción y mezcla a la altura de cualquier banda foránea. Que es lo que tiene fundir dos de los mejores estudios de la región en un solo álbum. El resultado salta al oído. Un disco más que adecuado para sobrellevar los rigores del verano en ciernes. De esos que, reza el tópico, ganan una barbaridad con las escuchas, cocinado en el punto justo entre la ambición y la elegancia. Sin sobresalir del género ni romper fronteras pero mimado cada detalle hasta las últimas consecuencias. Agradable y estupenda sorpresa.

Texto: David Naves

Reseña: Ghost «Skeletá» (Loma Vista Recordings 2025)

Skeletá” es el sexto trabajo del combo sueco Ghost, continuación del fantástico “Impera” de 2022. Tobias Forge se parapeta esta vez tras la figura de Papa V Perpetua para un verdadero festín de hard rock de regusto ochentero. Amén de una tonelada de voces coristas, le acompañan gente como Fredrik Åkesson (Krux, Opeth) en guitarras, Salem Al Fakir (que ya colaborara en el “Prequelle”) en teclados o Max Grahn (Dissectum, The Shattering) en baterías y coescritura de varios temas. Con el propio Forge como productor y con la ayuda de Andy Wallace (Dream Theater, White Zombie, Gojira, Soulfly…) y Dan Malsch (Doro, Suicide Puppets, Wicked Maraya…) en las mezclas junto al artwork de Zbigniew Bielak (Carcass, Vader, Gorguts, Paradise Lost…), el disco vio la luz vía Loma Vista Recordings el pasado 25 de abril.

A muchos se les llevarán los demonios tan solo con oír la tendida y poco menos que angelical introducción al álbum que propone “Peacefield”. Un coro in crescendo que desembocará en un tímido riff, taimado por una producción un tanto indolente, y en donde Forge, perdón, Papa V Perpetua introduce una de las líneas de voz más ochenteras que han entrado por mis oídos desde el último álbum de The Night Flight Orchestra. Muy lejos de aquél arranque fulgurante de “Impera” pero un corte, y esta es una máxima que se repite a lo largo de todo “Skeletá”, con un gancho de mil demonios. Rock de estadio, si lo queréis llamar así, auténtica seña de identidad de la banda a estas alturas de su (aún corta) trayectoria y un estupendo solo de Åkesson.

Lachryma”, y ese videoclip a lo “Vampira” de la Devin Townsend Band, llevan dando vueltas por mi cabeza durante semanas. El modo en que los sintes me recuerdan a los siempre amables The Midnight. La mayor enjundia que portan las guitarras ahora y el mismo hecho de que el riff podría habitar en sus dos primeros discos sin desentonar. Unos Ghost más conscientes ahora de su faceta más autoparódica. Puede que las nuevas generaciones hayan encontrado a sus Kiss particulares, pero Forge no se olvida de otra serie de estribillos pegajosos, eficaces, redondos. Tampoco de colar uno de los solos más redondos de todo “Skeletá”. Ni siquiera de ese cambio de registro del epílogo. Tan ochentas. Tan virguero. Temazo.

Hablaba antes de esa cierta autoconsciencia tan inherente a una banda como esta y puede ser “Satanized” la que más incide en ese sentido. Unos Ghost que de nuevo juegan a hibridar los tonos más oscurantistas de “Opus Eponymous” con su actual deriva hacia el hard rock de masas. Otro estribillo para el recuerdo, pero también algún deje más oscuro en los engarces entre estrofas. Y una producción de auténtico lujo. Todo está donde debe y brilla en consecuencia. La línea de bajo, no podría ser más sencilla, ni tener más clase ni incitar más a menear la cabecina. En esto no fallan los de Forge y menos desde que, nueve millones de oyentes mensuales en Spotify mediante, lo económico ha dejado de ser un inconveniente para ellos. Juguetona como pocas dentro del álbum.

Algo tienen las teclas iniciales de “Guiding Lights” que siempre me llevan a pensar en, fíjate, U2. Que para mí fortuna nada más lejos toda vez Papa V Perpetua arranca a cantar aquí. Nunca tan agudo como en sus representaciones en vivo, pero con un carisma lo inunda todo. Balada, medio tiempo si así lo preferís, de un melancólico y también un elegante como pocas veces esta banda ha sido capaz de trazar. Por eso me da una cierta rabia lo escueto de su duración, ni tres minutos y medio, que termina por desembocar en una culminación algo abrupta. Repentina incluso, impropia de una banda tan acostumbrada a cuidar tanto los detalles como esta.

Bonito el juego entre teclas que propone de entrada “De Profundis Borealis”. Ese prólogo se rompe con alguna de las guitarras más crujientes de “Skeletá”. Y Ghost combinan así una cierta oscuridad, tan propia de su país de origen, con otra línea de voz de esas que sólo unos herederos directos de ABBA pueden alumbrar. El resultado es otro corte grandilocuente, por momentos excesivo, sustentado por una firme línea de batería, y que tirando de tópico crece una barbaridad con cada escucha. La multitudinaria banda en su encarnación más heavy, quitando razones a algunos, y sacando adelante un nervio que parecía ya perdido. Todo el tramo final, ese que alberga el cuidado solo de guitarra, me funciona. Es cierto, el riff que lo soporta es de una sencillez casi alarmante, pero engancha de lo lindo. Me enfada que no entre en las elegidas de cara al directo en la actual gira de presentación del disco, francamente.

Hablando de riffs sencillos, el de “Cenotaph” no podría ser más elemental. Aquí de repente cobra especial protagonismo el bajo del propio Forge, altísimo en la mezcla, para otro de esos cortes con un marcado aroma al mejor hard de los 80. Tamizado por otra línea de voz marca de la casa, podría contarlo entre los cortes medianos de “Skeletá”. Fredrik Åkesson, eso sí, está fantástico en el solo de guitarra. Casi más cercano a los Opeth de Mikael Åkerfeldt en los que también se desempeña. Me atrevería a decir que incluso al Petrucci más meloso en la recta final del mismo. Pero en suma una de las entregas que me ha pasado más desapercibida de las diez.

Missilia Amori”, y tal vez esté solísimo en esto, pero tiene algo que me recuerda a Rush. Lo alto que está cantando Forge ahora. Ese bajo de nuevo tan presente en la mezcla. Medio tiempo contagioso, que sin caer en los ambientes más oscuros de “Satanized” ni rimar tampoco con sus primeros discos, es lo suficientemente hábil como para conjugar ambas corrientes en un curioso ejercicio de puro equilibrismo. Al final un corte que me retrotrae al hard de finales de los 80 con ese epílogo de nuevo grandilocuente (si bien algo engolado) tan habitual en el género.

Desde los ágiles dibujos de guitarra del prólogo en “Marks Of The Evil One” al bajo sintetizado de las estrofas, pasando por esas voces filtradas de Forge. Todo aquí casa con esa idea de llevar a esta banda hasta los confines del hard rock. El de sus paisanos H.E.A.T. ha sido un nombre que ha estado yendo y viniendo cada vez que alcanzaba este corte en cierto modo optimista y vibrante en la más pura tradición del género. Forge se reserva eso sí un epílogo de trazo sencillo pero rematado con otro hábil solo de guitarra. Puede que mereciera algo más que ese triste fade out final. Con eso y con todo otro estribillo de los que han acabado por echar raíces en mi subconsciente.

Pero “Umbra” es, para mí, la canción de este nuevo disco. Por gancho pero sobre todo por lo ambicioso de su sección solista. Incluso por algo tan simple como haber recuperado el cencerro. El Forge de las primeras estrofas no podría recordar más al de los primeros álbumes. En ellas me gustan los acentos de teclado casi tanto como lo hacen los contrapuntos que acompañan al vocalista en los estribillos. El juego entre canales que la producción otorga a la batería. La cuidada selección de riffs. Los crescendos. Y como digo ese juego entre guitarra y teclados del puente. Magnífica y, para servidor, desde ya una de las mejores obras que haya parido esta banda.

Excelsis” me deja siempre la sensación de que habría funcionado en mejor medida en mitad del tracklist que no dispuesta como cierre y después de algo como “Umbra”. A la sazón canción más extensa de este sexto trabajo, balada elegante, con Tobias en tonos obligadamente amables, arropado por una cuidada línea de bajo pero también por un tímido Hammond y, claro, una de esas producciones que no reparan en gastos. El solo, o al menos la parte inicial del mismo, debería hacer las delicias de todo buen fan de Gary Moore. Lástima que en un corte de seis minutos, Forge le haya otorgado un desarrollo algo reducido… pero un final que me agrada en cualquier caso.

Resumiendo y aunque es verdad que en el tronco del mismo se suceden cortes que alejan a “Skeletá” del sobresaliente, bastante es que en plena cresta de la ola Forge y los suyos sigan apostando por las guitarras, las buenas composiciones, la gran producción y el buen hacer en lo técnico. En términos absolutos es cierto que “Impera” me gustó más. Pero “Umbra” puede ser fácilmente una de las entregas más redondas de toda su discografía. Los juegos tonales que se suceden a lo largo del mismo, hibridando su luz actual con la oscuridad del pasado, siento le dan al disco un aura muy especial. Y mientras que “De Profundis Borealis” pueda pasar desapercibida para muchos, por aquello de no haber entrado siquiera en los setlists de la gira, la sensación general que tengo a día de hoy es la de que queda Ghost para rato.

Texto: David Naves

Reseña: Zålomon Grass «Trouble In Time» (RockCD Records 2025)

Nuevo disco para los hard rockeros clásicos de Vigo Zålomon Grass, viejos conocidos de esta casa y que, salvo catástrofe, estarán el próximo nueve de mayo en el Tizón gijonés. Ellos son Gabriel Mckenzie (guitarras eléctricas y acústicas, voz solista, coros), David Rodd (bajo eléctrico, guitarra acústica, coros) y Mauro Comesaña (batería, percusión, coros). “Trouble In Time”, para el que han contado con las colaboraciones de Iñigo Bregel, Ramón Figueira “Figui” y Alfonso García “Eski” se grabó a caballo entre los estudios Guitartown Recording Studios (Muriedas, Cantabria) y Rodd Studios (Vigo). Con Hendrik Röver y el propio Rodd como ingenieros, encargado este último de la mezcla y Röver de la masterización. María Llauger creó la portada sobre un concepto de trío gallego y todo el conjunto vio la luz el pasado diez de marzo.

A Thing Of The Youth”, con Iñigo Bregel metiendo un Hammond por ahí, pone de relieve a los Zålomon Grass más vibrantes e incendiarios. Un hard trotón que llega a lindar con el heavy metal más iniciático y donde Comesaña entrega una imparable línea de batería. Cabe destacar la estupenda producción y mezcla de la que goza el álbum. El hábil juego entre canales es buena muestra. Este acelerado hard no quita para que Rodd brille desde las cuatro cuerdas. Tanto a lo largo de las estrofas más fulgurantes como en ese puente en el que las teclas de Bregel consiguen que la rima con Deep Purple sea casi inmediata. Un eficaz arranque con el fade out previo al epílogo como única pega.

El prólogo y las primeras estrofas de “Ruins Of The Modern Past” moderan ese hard tan vibrante del tema apertura y se conducen por otro de esos medios tiempos en los que tan bien se maneja el trío. Un avanzar más comedido que procura no olvidarse de mostrar el buen nivel técnico que atesoran. Los engarces entre las distintas estrofas son estupendos. Tienen clase y feeling. Mckenzie traza un solo que la mezcla llevará de un canal a otro, provocando una sensación curiosa si estás con auriculares. El puente que construyen a continuación y por el que habrán de colarse los Zålomon Grass más tranquilos y alucinados, viene acompañado de uno de los solos más interesantes por curiosos de todo el álbum. El trío se acerca tímidamente al blues para después recuperar aquella intensidad inicial y terminar con Mckenzie soleando a placer. Una de mis favoritas con el correr de las distintas escuchas.

Bad Combination” sorprende con ese inicio tranquilo y reposado. También con la forma en que coloca la voz en un canal y el resto de líneas en el contrario. Esa calma inicial se quiebra para que el trío introduzca uno de los riffs con más gancho de todo “Trouble In Time”. Ruge además el bajo de un siempre inspirado Rodd y por ahí la banda compone un rock pegadizo (que no pegajoso) por otro lado no exento de esos dejes espaciales y alucinados en ellos tan característicos. La nota de color, no obstante, la pondrá Ramón Figueira con su armónica, decorando un vistoso y atractivo tramo final.

Tras la narración del prólogo, “Twelve Labors” desata ahora a unos Zålomon Grass algo más sureños. Mckenzie ha llevado a cabo aquí uno de los trabajos más interesantes en cuanto a riffs y melodías se refiere. Los primeros tienen gancho, a las segundas no les falta clase y, por si fuera poco, los solos con que engarza las distintas estrofas son fantásticos. Un corte que baila entre aromas zeppelinianos y en el que siento en todo momento que la banda vuela altísimo. Y el oyente con ella. En especial por cómo saben hacer gala de su buen nivel técnico sin llegar nunca a una mayor autocomplacencia. En otras palabras: es un temazo.

Escrita originalmente por Bobby Womack & JJ Johnson y re arreglada por la propia banda, “Across 110th Street” puede no resultar tan ambiciosa. Al menos en lo tocante al reloj. Pero es jueguetona, vivaracha y las congas de Alfonso García “Eski” no dejan de aportarle un aire muy particular, recordándome en cierto modo a aquella “Hechicera” de los ahora (tristemente) desaparecidos psicodélicos asturianos Acid Mess. Uno de esos cortes que he terminado disfrutando más con el corazón que con la cabeza.

Conecto en gran medida con ese transcurrir apaciguado de “Trouble In Time (suite)”. Estos son los Zålomon Grass más tendidos y elegantes. En esa calma que proponen sus primeras estrofas Gabriel Mckenzie traza una muy cuidada línea de voz. Todo el primer tercio de la composición le sirve al trío gallego para traer al frente su cara más experimental. Sin alardes y en su punto justo con la introducción de esos aires más blueseros que nos conducen hasta el puente. La calma de éste, rota por un vibrante Mauro Comesaña tras los parches, sirve en bandeja su cara más abiertamente gozosa y hard rockera. Hay líneas de voz en este tramo final que llevan días anidando en mi subconsciente. Mckenzie las saca adelante en su registro más alto y la banda termina por trazar un corte que apunta desde ya a fijo a perpetuidad en sus directos.

El de “I’m Feelin’ Lonely” es uno de esos riffs capaces de llevar en volandas a cualquiera. Tanto o más que esa infecciosa línea de bajo de David Rodd. Con la guitarra de Mckenzie aportando un mayor grosor ahora, si algo me gusta aquí es cómo la banda ha trazado toda una suerte de altos y bajos, idas y venidas, sin que el tema en su conjunto pierda un ápice de eficacia. Más bien al contrario. Pensar en los Queen más clásicos toda vez irrumpen los coros del tranquilo puente supongo que resulta casi inevitable. Los arreglos, la pegadiza y casi bailable base rítmica, los guitarrazos de Mckenzie. Todo el tramo final es magnífico.

A estas alturas del álbum puede que el riff que acompaña a las estrofas de “Contradictions” no capte tanto mi atención. Y da igual porque Gabriel Mckenzie vuelve a estar finísimo a la hora de componer y ejecutar sus líneas de voz. Un rock ahora más tendido ofrece a los Zålomon Grass más amables y apaciguados. Ahí me gusta la forma en que introducen el solo de guitarra. Un solo que puede pasar por el más ambicioso de todo el álbum. Y aunque quizá todo el tramo final y en lo que a mí respecta pase algo más inadvertido, lo cierto es que en resumidas cuentas me parece una más que honesta, cuidada y eficaz adición al catálogo Zålomon Grass.

Apenas dos años han transcurrido desde aquél estupendo “Space Opera” y pareciera que los chicos no tienen un solo segundo que perder. Un álbum que no llega a los cuarenta minutos pero en el que la banda vuelve a brillar como acostumbra. Sabiendo como sabemos además lo mucho que gana en directo una banda como esta, no podemos por mas que congratularnos del buen nivel que el trío muestra a lo largo y ancho de este “Trouble In Time”. Su rock “vintage” supone todo un soplo de aire fresco y orgánico como contrapunto a una realidad cada vez más líquida y artificial. Que nunca nos falte.

Texto: David Naves

Reseña: Ofensivos «Calvos, Egos y Likes» (Autoproducción 2025)


Vuelven Ofensivos y con ellos su ácida visión de la línea temporal que nos ha tocado en gracia sufrir. La remozada formación asturiana se compone ahora de Sebi al bajo, Viña en batería y coros, Viti en guitarra y coros, Fran a la voz, López en guitarra y voces, Kike en voces y Java en sonido y vídeo. De traerlo a la vida se encargó el propio Pablo Viña, quedando las labores de masterización en manos de Adrián Huelga y los Flying Faders Studios. Finalmente, Yolanda Martínez se encargó del diseño gráfico.

El caso es que sorprende el pequeño prólogo de “Republica Capilar Del Turkistan” con esos aires medio orientales. Aires que no llegan a leve brisa. Pronto Ofensivos acometen con habitual mezcla de punk y metal, alternando voces y acometiendo su conocida acidez lírica. Vibra Viña en baterías, ofreciendo a estos Ofensivos un nervio muy marcado. Ya lo dice la letra: “donde hay pelo, hay alegría. La vida no es triste aquí en Turquía”. Un primer corte que forma junto con los dos siguientes la primera de las tres trilogías que alberga este nuevo álbum. Los arreglos del prólogo vendrán a rimar con los que ocupaban el pequeño puente, allanando el camino a ese epílogo más acentuado. Un buen arranque.

Pecados Capilares”, con esa intro a lo “El Club De La Lucha”, ofrece ahora una mayor pesadez. Aquí me agrada la faceta riffera que ofrecen. Intuyo para mis adentros que por la mayor tendencia al metal que deriva de ella. El caso es que me agrada la construcción de esta segunda entrega. Las líricas, que por espíritu me recuerdan a aquella “Ciudadano Terrorista” de Def Con Dos, ahorran en metáforas y, por ahí, resultan de lo más leales a la trayectoria de la banda. El caso es que aquí hay un puente que incluso podría pecar de elegante. Sorprendente (para bien) en un álbum de estas características. Testimonio, quiero pensar, de cuanto han cuidado estas nuevas composiciones.

Quizá ante la sola idea de que el oyente podría estar tomándose demasiado en serio este nuevo álbum, Ofensivos fusilan “Las Chicas Son Guerreras” (Coz) hasta las últimas consecuencias. “Los calvos son guerreros” tal vez contenga alguna de las estrofas mas deliciosamente hirientes que hayan trasladado a un disco jamás. Bienvenidas sean.

Ofensivos suenan mucho más reconocibles durante “El Llados Oculto De La Luna”, con los seguidores del infame influencer de origen insoportablemente pijo. El tipo es de Tres Cantos, que son con los que me quiero dar en los mismos dientes cada vez que veo el impacto que vendehumos como éste tienen en los más jóvenes. Por ahí toda la mala baba que Ofensivos (o quien sea) vierta contra él la recibiré siempre de muy buen grado. Además los asturianos lo han hecho insuflando ahora un pulso más rockero contra el que no queda otra que rendirse.

En los engarces entre estrofas de “Sexo, Autotune y Regueton” habita el que puede ser uno de mis riffs favoritos de todo el largo. Algo más acomodada en las mencionadas estrofas, aquí lo importante es desde luego el mensaje. Y sin ser yo el máximo enemigo del autotune (cuando se usa bien, como Daniel Gildenlöw y sus Pain Of Salvation en la fantástica “Wait” por poner un ejemplo), uno no puede más que asentir ante muchas de las afirmaciones que la banda lanza aquí. En el puente, que fusila el “Dale Don Dale” de Don Omar, quienes me vienen a la cabeza son Söax, por aquello de que ellos hacen lo propio con el “Gasolina” de Daddy Yankee. A centenares de millas en lo musical los unos de los otros pero muy solidarias en cuanto a líricas.

El Viejo” me pasa algo más desapercibida con respecto a otras integrantes del tracklist. En lo musical aprecio su ágil línea de batería y alguno de los buenos riffs que Viti y López trazan aquí. Más tendida y desprovista de ese mayor nervio que sí tienen otras entregas, su letra echa mano de una cierta escatología tamizada por la habitual acidez de los asturianos.

Tiktok Necesita Un Amiguito” resulta en una cómica cuña “comercial” de apenas veinte segundos con la red social de origen chino en su punto de mira. Así las cosas, “Roñones” recupera el nervio perdido. En lo musical puede ser uno de los cortes más trabajados no del álbum. El riff del prólogo, de hecho, no anda muy lejos del grunge más casual. Viña ha trazado otra ágil línea de batería. Y, sobre ella, Ofensivos muestran una mayor gravedad ahora, repleta de pequeños pero efectivos toques melódicos en lo que a guitarras se refiere. Porta además de una de sus letras más maduras, un puente generoso en lo técnico y un epílogo de no poco gancho. Fácilmente el corte más sorprendente de los diez.

En cierto modo más funky y juguetona, “Alexa” pone sobre la mesa la indolencia con la que hemos aceptado poner nuestra vida (o un gran porcentaje de la misma) en manos de grandes conglomerados multinacionales como Amazon, Google, Facebook… y la pérdida de libertades que tal acción trae aparejada. Ofensivos de nuevo obvian metáforas aquí, vuelven a arrimarse al ideario Def en lo musical y entregan una de sus líricas menos humorísticas y más dolorosamente certeras. Darse con la tapa del ataúd no sería lo peor que le podría pasar a George Orwell si le diera por levantar la cabeza.

Si estuviste en aquél Perversiones de 2024 (crónica), recordarás esta “Payasos En La Tele” que a la sazón les convertiría en ganadores de aquella edición. Una tan improbable como imposible colisión entre alguna de las coletillas más populares de Def Con Dos, Emilio Aragón y los propios Payasos De La Tele. Anda que estarán contentos unos y otros. Desprovista del factor sorpresa del resto de cortes pero, para un fan de Strawberry y cía como el abajo firmante, un gozo de principio a fin. Placer culpable, si lo queréis llamar así.

No sé muy bien si la palabra correcta es madurez pero sí que con respecto al anterior “Perdón Por El RetrasoOfensivos me resultan ahora más certeros en lo lírico y compactos en lo musical. Y es que la banda, o esa impresión tengo, ha dado un paso adelante desde aquél tercer trabajo. Siguen siendo divertidos. La primera de las trilogías lo es a conciencia. Pero conforme se suceden los temas advierto una mayor gravedad, si se le puede llamar así, que me sorprendió en primeras escuchas y me enganchó en las sucesivas. Un álbum, y en su caso no es el primero, que resulta una cierta anomalía en estos tiempos en que algunos se empecinan en asegurar que, hoy día, muchas de las cosas que se dicen a lo largo y ancho del tracklist “no pueden decirse”. Ellos las han dicho. Entonces ¿cuál es tu excusa?

Texto: David Naves

Reseña: Mesenktet «Kairós» (Autoproducción 2025)

Mesenktet, que siempre había sido esa banda cuyo nombre me cuesta horrores pronunciar, presenta al fin su primer álbum. José Manuel Ortiz (guitarra), Víctor González (guitarra y coros), Iván de Jesús (bajo), Salvador “El Poyo” García (baterías) y Alberto Guerra (voz) forman la alineación de un debut al que adorna el arte de Godless Design (Sound Of Silence, Absalem, Secta…).

Me gusta cómo el piano de “Mandjet” se ve inundado a continuación de esa amalgama de sonidos próximos a la electrónica. Su trazo en ascenso pronto conduce a “Sueños Rotos”, primer corte con verdadera enjundia del largo. Aquí Mesenktet ofrecen de primeras una buena serie de riffs. Estos se colocan sobre un rápido caminar de Poyo tras baterías. Ritmo que se verá atemperado toda vez irrumpan las primeras estrofas. Aquí me agrada la dualidad entre los rugidos de Guerra al micro y la melodía que ofrecen las guitarras. Y aunque conecto en mayor medida con las voces más broncas que con las más agudas, el corte no deja de ofrecer una constante diversidad en este sentido.

Si bien el disco puede no tener la más brillante de cuantas producciones he escuchado últimamente, lo cierto es que Mesenktet se las arreglan para entregar una “Estigma” desgarrada y por momentos agónica. A veces desesperada, a ratos violenta, la banda no se conduce nunca por el camino fácil y es de agradecer el riesgo. Ciertos aspectos de la letra, no obstante, suenan a pura auto-reivindicación (“no entiendo por qué no estoy donde merecía”). Muy violentos aquí, especialmente mientras la composición alcanza un epílogo en el que Poyo dejará alguna de las baterías más veloces de todo el largo. Su estilo puede resultar divisor, gustar más o menos, pero creo firmemente que en lo variado de composiciones como esta reside lo mejor de Mesenktet.

Vida Inerte” sorprende con ese arranque abrupto y descosido. Casi marcial. Plantea después un riff lleno de gancho unido a una gran variedad en voces. Hay estrofas bien respaldadas por el aspecto más melódico de la banda. También coros a voz limpia abriéndose camino entre el rugir tanto de voces como de guitarras. Me agrada ese puente que plantean. Rocoso y pesado. También lo funcional que resulta el epílogo, con las voces limpias en contraste con las más violentas. Los gruesos riffs contraponiéndose al poso más melódico. Y el solo cabalgando hacia el desatado y violento tramo final. Aún cuando noto alguna estrofa algo a contrapié, al fin y al cabo esto no deja de ser un debut, puede pasar por una de sus entregas más redondas.

Y no es que “Kairós” desentone. Tiene de hecho un arranque hábil desde el plano técnico. Prólogo que conduce hacia unas estrofas apoyadas en otro riff no falto de gancho. La banda suena algo más marcial aquí al tiempo que insiste en la dualidad vocal y un marcado acento melódico. El poso más atmosférico que ofrecen después los coros tiene cierta clase incluso. Para el puente quedan los Mesenktet más violentos. O, al menos, un par de destellos de la rabia e intensidad que pueblan otros rincones del álbum. De ahí al final todo se conduce dentro de estructuras más o menos predecibles.

El Alberto Guerra que irrumpe en las estrofas de “Humana Dispendium” puede pasar por el más certero de todo “Kairós”. Pero es que además la banda ha sabido conjugar esos tonos más violentos con pequeños oasis más calmos y atmosféricos, que amplían las miras del quinteto. La letra, ahora directa y sin asomo alguno de metáforas, contrasta con los destellos más melódicos y, por ahí, la banda construye otro corte (pienso) capital dentro del tracklist. El buen solo del tramo final, los coros o la firmeza de Poyo tras baterías. Un corte visceral y sincero como pocos.

Whitechapel” sacrifica su elegante prólogo en pos de ofrecer a unos Mesenktet deliberadamente oscuros. Muy alto en la mezcla ahora el bajo de Iván de Jesús, algo de lo que se beneficiará el sonido global de este penúltimo corte. Aquella calma del arranque irá yendo y viniendo a lo largo de la composición, pero albergando ahora unas voces en constante juego entre registros. Para el tramo final queda un alucinado solo de guitarra, de nuevo su habitual juego entre registros y una cierta sensación de congoja y agonía. Fácilmente el corte menos amable con el oyente de los ocho. El cierre es para “Mesenktet”, outro que sigue donde lo dejara “Mandjet” y cierra este debut de los asturianos abrazando una mixtura entre lo electrónico y lo cinemático. Como si Trent Reznor cambiase de repente a Atticus Ross por Hans Zimmer.

Es un debut autoproducido y por ahí uno perdona ciertos pecados de juventud. El primero es el sonido del mismo, que puede no ser todo lo redondo que uno esperaba. Sin tampoco llegar a lo catastrófico, sí que es verdad que se resiente en comparación a bandas contemporáneas del género. Sea como fuere y a grandes rasgos me gusta cómo juegan a hibridar agresividad y melodía o cuan variado resulta el disco en cuanto a tonos. Yendo del grito más agónico al más oscuro sin ningún tipo de cortapisa. “Vida Inerte” pienso que sobresale por encima del resto de cortes. “Humana Dispendium” tiene una de las líricas más directas y sin ambages que he escuchado últimamente y “Whitechapel” acierta a la hora de ofrecer la cara más alucinada del quinteto. Es un primer paso. Confiamos en que vendrán más.

Texto: David Naves