Reseña: Helloween «Giants & Monsters» (Reigning Phoenix Music 2025)

Decimoséptimo largo ya para la calabaza germana, el segundo desde que Helloween debutara esta suerte de formación all star con Michael Kiske (voz) y Kai Hansen (voz y guitarra) retornando a la que fue su casa. Mi compañera Tumay entrevistó a Markus Grosskopf (bajo) hace escasas fechas por lo que era de recibo, ahora, darle un tiento a este flamante “Giants & Monsters”. Michael Weikath y Sascha Gerstner (guitarras), Andi Deris (voz) y Dani Löble (batería) completan la nutrida alineación. Dennis Ward y Charlie Bauerfeind se harían cargo de las distintas tareas de grabación y mezcla, mientras que Sascha Bühren y Emil Pohjalainen harían lo propio con la masterización. Diez cortes para cincuenta minutos de música adornados por el fino arte de Eliran Kantor. En la calle a través del sello Reigning Phoenix Music desde finales de agosto.

Nada de intros cinemáticas ni pompa engolada. “Giants On The Run” ofrece desde el comienzo la mejor cara de esta constelación de músicos. ¿Por qué? Por la construcción de esas estrofas, por cómo después su estribillo reconduce hacia los Helloween más canónicos, con Deris llevando la voz cantante. Sorprende su elección como opener si uno se atiene a lo llamativo de su construcción. Ahí caben desde breakdowns a cierto coqueteo con el metal progresivo, voces graves y una hábil sección solista. El epílogo, tal vez por llevar la voz de Hansen, pero también por el tratamiento de los diferentes coros, no podría recordarme más a Gamma Ray. Por ahí, y sin que la producción me enamore del todo, siento que el álbum no podría empezar con mejor pie.

Savior Of The World” se conduce ahora hacia un power metal mucho más clásico y elemental. Ese donde el siempre cálido timbre de Michael Kiske engarza con total precisión. Es una canción que Helloween han entregado decenas de veces. Quizá por ahí que quepan pocas quejas al respecto, más allá de cierta predecibilidad inherente al género. Además Dani Löble está no solo rápido sino que bastante hábil a la hora de componer su línea de batería y, por ahí, todo deja la impresión de que podría funcionar como un tiro en vivo. La producción juega con los canales durante la primera fase del solo. Justo antes de que éste emprenda el vuelo y deje paso al epílogo. De esas que te las sabes a la primera y no salen de tu cabeza durante días.

Lo mejor que puedo decir de “A Little Is A Little Too Much” es que cumple con creces su papel como single adelanto. Sencilla, valga la redundancia, con una melodía pegadiza y memorable, un buen tratamiento en cuanto a voces se refiere y ese sencillo pero eficaz estribillo, el cual parece construido con el directo como fin último. A día de juntar estas líneas, es el adelanto del álbum con menos reproducciones en Spotify, si bien en lo personal siento que está por encima de “This Is Tokyo”. Más adelante explico por qué.

Me gusta la forma en que “We Can Be Gods” recupera algo más de nervio y mala leche. De clasicismo incluso, con ese inconfundible agudo durante el prólogo. Kiske de nuevo a placer, muy cómodo, en estas estrofas. Y basta escuchar los distintos riffs que la pueblan para darse cuenta de que esta es una composición con el sello personal e intransferible de Kai Hansen. El disco va conformando así el puzzle en el que han de ir encajando las distintas personalidades que integran estos súper poblados Helloween. Quizá el solo me suene algo recurrente a estas alturas de la película. Inequívocamente ágil, especialmente cuando emergen buenos duelos entre ellos, pero que aún con eso me provoca cierto déjà vu.

Into The Sun” echa el freno y pone la calma. Balada / medio tiempo bellamente arreglada, interpretada con todo mimo y que, sin tampoco reinventar la rueda, amplifica el rango sonoro del álbum con cierta finura. Una buena sección solista y un final pomposo pero bien equilibrado en lo que a mezcla se refiere para un corte ni memorable ni fallido.

This Is Tokyo”, lo pensé en las primeras escuchas y me reafirmo ahora, me resulta el más endeble de los tres adelantos. De entrada porque los coros del prólogo, por alguna razón, me suenan torpes. Descuidados incluso. Y si bien pienso que su construcción no es desdeñable, me parece que recoge alguno de los malos vicios que a veces tienen este tipo de cortes pensados para la masa. Pero es que aun con eso, creo que el estribillo adolece de un mayor gancho y trata de buscarlo inundando la mezcla de coros que no van a ningún lado. Si la salvo de la quema es, desde luego, por ese deje tan Accept que acompaña al solo. Y nada más.

Por contra, “Universe (Gravity For Hearts)” y si logro abstraerme del ahogado y extraño sonido de la caja (especialmente en estrofas), me parece uno de los mayores logros de este “Giants & Monsters”. Los Helloween más trotones confrontados a una escritura que me atrapa por diversa y ágil, con un Kiske en su salsa. Sascha Gerstner carga con la composición aquí, pero en muchos de los riffs y melodías uno siente el inequívoco aroma a los Helloween de siempre. Hay cuidados puentes entre estrofas, confrontados a secciones más oscuras, con el bajo de Grosskopf muy en primer plano y, en general, una cualidad de nuevo poco predecible, seguida de buenos desarrollos solistas. Es la banda en su encarnación más coral, produciendo power metal de calidad y con el único pero de la batería que comenté al comienzo1.

Me gusta esa cualidad más atmosférica que emana de “Hand Of God”, no tanto cómo una duración algo rácana opera en contra de las buenas ideas que la integran. De nuevo compuesta por el ex Freedom Call Sascha Gerstner, porta estrofas más que interesantes, amén de un tono algo disociado del resto del disco. Me gustan las melodías que acompañan a estribillos. Tan clásicas, tan funcionales. Por contra, a la sección solista creo que se le podría haber sacado algo más de jugo. Al final es uno de los cortes que me pasa más inadvertido.

Hay que reconocerle a esta calabaza que pocas bandas se manejan tan bien como ellos en cortes de sencillo y directo happy metal. “Under The Moonlight” se adhiere con orgullo a esa larga tradición de hard / heavy maleable y desenfadado, con un Kiske como niño con juguetes nuevos. Muy breve, apenas por encima de los tres minutos, pero de lo más funcional. Habría sido mi elección como single por delante de “This Is Tokyo” sin dudarlo un instante.

De la cabeza de Kai Hansen ha salido el cierre “Majestic”. Composición adherida a la bien conocida tradición de cortes extensos que el Gamma Ray ha entregado durante todos estos años, y donde se dan cita alguno de mis riffs favoritos de todo el álbum. Estupendas esas primeras estrofas, de construcción ágil y diversa, con Michael Kiske enfrentando los distintos versos con una pasión a la altura de su leyenda. Sin llegar a ser una “Heading For Tomorrow”, una “Halloween”, cierra el disco con grandes solos y potentes estribillos, pero también puentes tranquilos y la sensación de que a esta formación le queda aún mucha guerra por dar.

A día de hoy siento que “Helloween” era, en términos absolutos, mejor que este “Giants & Monsters”. Entre buenos momentos de gran power metal, este nuevo largo de la calabza ofrece cortes algo endebles y ejecuciones un pelín predecibles. Pero cuando el disco brilla, véase sin ir más lejos esa final “Majestic”, destierra cualquier duda. Si bien pienso que el disco roza el notable, me queda la sensación de que a semejante constelación de músicos, de leyendas del género, se les debería exigir siempre algo más.

1 y que en un principio achaqué a un mero fallo del formato. Error del que salí toda vez escuché de nuevo la canción en diferentes plataformas de streaming, con el defecto persistiendo en todas ellas. Hay cosas que cuesta comprender y más en una producción como esta.

Texto: David Naves

Reseña: Mass Burial «May Darkness Come» (Dealer Records Gamonal/Ruido Noise Records 2025)

Nuevo trabajo y es el quinto ya para las huestes death metaleras burgalesas de Mass Burial, la banda de los Nasty Surgeons Raúl Weaver (guitarra y voz) y Fabíán Hernández (bajo) junto a Jorge Azofra (batería) y Adrián Ojer (guitarra). “May Darkness Come” se compone de un total de once cortes mezclados y masterizados por el propio Weaver en los Undead Studios. Con portada de Juanjo Castellano (Æolian, Unbounded Terror, Avulsed, Barbarian Swords…), el álbum fue lanzado por Dealer Records Gamonal en colaboración con Ruido Noise Records.

De inicio alberga pocas sorpresas. “May Darkness Come” es puro death metal a la manera clásica. Con la batería de Azofra refulgiendo junto a unos simples pero muy eficaces riffs de guitarra. Me enganchan más los que la banda sitúa bajo las primeras estrofas. Ese groove tan bien medido y el no menos elemental ‘tupa tupa’ d-beatero que introduce más adelante. Un primer aporte que, sin inventar nada, ni pretenderlo tampoco, funciona a las mil maravillas.

Más directa aún es una “Dead Mountain” que constriñe la estructura del tema previo para, en poco más de tres minutos, destapar la versión más descarnada de los burgaleses. Se alterna esta con un death metal que gana en pesadez conforme fluyen las estrofas. Hay cambios de ritmo que me agradan por cómo no comprometen el remate final con florituras de cara a la galería. Todo parece fluir de modo más o menos natural y por ahí me agrada esta segunda entrega y el modo en que la remata el buen solo final.

Pequeños arreglos durante el prólogo hacen por aumentar la oscuridad de una “Dreams Of Blood” que muestra ahora a unos Mass Burial más pesados y melódicos. Luego llegan las estrofas y todo vira hacia un death metal que bien podría recordar a los primeros Entombed. Siempre con el hosco registro de Weaver al frente y trazando un death metal clásico y de nuevo muy eficaz. Vuela Azofra tras los parches camino de un epílogo hábil a la hora de aportar un poso más melódico. Ahí y por pura colisión surge uno de los cortes más interesantes de todo el largo.

The Apostate” retorna entonces a lugares comunes en el ideario de los burgaleses. Esto es: death metal rápido sin caer en lo frenético, dotado de una oscuridad sin imposturas. De riffs sencillos pero pegadizos, con Azofra marcando un ritmo casi marcial. Al solo que ocupa su tronco central quizá le falte algo más de desarrollo. De presencia incluso. La producción del álbum es deliberadamente sucia, de nuevo al modo clásico, y por ahí puede que uno encuentre cierta división de opiniones. En cualquier caso la composición echa el freno en un tramo final pesado y rotundo.

The Shadowless” añade algo más de picante a la mezcla. Puede ser de los once el que más me recuerde a la otra banda de Weaver. Ritmos vivos y buenos detalles de un inquieto Azofra tras los parches no descuidan la inclusión de buenos riffs, así como de un solo en su puente central que, en cierto modo, no podría resultar más elegante. Aún cuando me agrada el mayor nervio que adquiere en su tramo final, no puedo evitar pensar que bien merecía una duración algo más ambiciosa.

La igualmente breve “The Slaughter” cuenta no obstante con otro de mis riffs favoritos de todo el largo. Luego de ese prólogo irrumpen unas estrofas que, línea de voz al margen, me retrotraen a los primeros discos de Avulsed. Death metal sin complicaciones, oscuro pero sin imposturas artificiales. Orgánico y dotado de pequeños cambios de ritmo que lustren la propia composición. Ni siquiera echo en falta un mayor brillo en lo técnico, pues la banda dispone un solo final perfectamente enraizado en el propio espíritu de la composición. Ni tan siquiera tres minutos y medio y, sin embargo, una de mis favoritas de todo el tracklist.

El tranquilo prólogo de “House Of Horrors” viene a romper con todo lo establecido hasta ahora dentro de “May Darkness Come”. Y de hecho sus primeras estrofas amagan con conducir a Mass Burial a sonidos más propios del metal gótico. Guiño que se difumina casi de inmediato con la banda transitando feroz hacia su habitual death metal sobrio y sin manierismos. Weaver prosigue con su registro oscuro, casi enfangado, mientras Azofra y Hernández firman una de las bases rítmicas más vivas de todo el largo. La composición conmuta estrofas nerviosas con otras que vuelven a rozar el d-beat y por ahí los de Burgos parecen dar su mejor versión. El reverberante solo final remata una de las entregas más infecciosas de este nuevo álbum. Ni que decir tiene que la que más ha calado en mi subconsciente hasta ahora.

Let The Dead Be Dead” da otro giro de timón para que la banda recupere su versión más galopante y descarnada. Weaver no varía un ápice su registro pero, por alguna razón, encuentro esta línea de voz algo por debajo de otras tantas del disco. Aún cuando alguno de los riffs en que se apoya van sobrados de gancho. La composición acomoda el solo en su tronco central y éste resulta tan vistoso como ágil. Algo descompensada pero igualmente disfrutona.

Otro corte de arranque reposado es este “Inquisition”. Y de hecho Mass Burial levantan el pie del acelerador aquí para que fluya una versión más melódica del cuarteto. Las primeras estrofas acogen una pesadez casi desconocida a lo largo del disco. Un grosor que irá virando, con toda naturalidad, hacia su habitual death de ritmos vivos y riffs nerviosos hasta llegar a los blast beats que anteceden al epilogo. Este se adorna de un apenas correcto solo de guitarra pero, en conjunto, siento que es otra del vagón de ganadoras.

Tras el sugerente título “Vengeance From The Grave” se esconde otro arranque de death metal taimado y rocoso. Apenas un pequeño inciso toda vez las estrofas acojan el trotar ya clásico del cuarteto. Azofra está más pasional que nunca aquí y la composición, aun cuando del todo clásica, arroja igualmente buenos detalles técnicos (esos breves pero furibundos solos de guitarra) y marcados descensos hacia una pesadez y una gravedad perfectamente integradas. Estupenda.

Siento que a la final “Bound To Obscurity” le pesa lo exiguo de su duración. Propone una serie de ideas (estupendo ese arranque lento) que su cierta falta de ambición lleva a no desarrollar del todo. Y es una pena porque le habrían otorgado otro signo diferente a este cierre. Un broche en el que Mass Burial vendrán a conducirse por alguna de las sendas que el disco ha transitado una y otra vez. Esa cierta repetición de patrones puede llevar a un cierto cansancio por reiteración. Ello no quita para que tanto el solo final como la base en que se apoya aguante la comparación con cualquiera del resto del trabajo sin mayor esfuerzo.

En cualquier caso un disco que, acogido a la cara más primigenia del género y dotándose de una cierta oscuridad, entrega once cortes donde encuentro más aciertos que errores. De hecho, me atrevería a decir que estos últimos obedecen más a manías de quien escribe que no a cualquier déficit que pudieran tener como banda. De ahí que a ratos eche en falta una mayor diversidad. No es menos cierto que entonces esto quizás dejaría de ser un disco de death metal propiamente dicho. En cualquier caso, “Vengeance From The Grave”, “The Slaughter” o “House Of Horrors” me parecen razones más que suficientes para detenerse en el nuevo trabajo de Mass Burial. Estáis tardando.

Texto: David Naves

Reseña: Eklíptika «Made In El Coto» (Autoproducción 2025)

Ocurre a veces que ciertas historias terminan nada más comenzar. Tal cual parece ser el caso de los rockeros asturianos Ekliptika, quienes decían adiós poco después de este debut, quien sabe si también epitafio, “Made In El Coto”. Ellos son Anteo Pende (guitarra y coros), Iker Garciargüelles (guitarra y voz), Iyán Varillas (batería y coros) y Samuel Fernández (bajo y coros). Los seis temas que componen este trabajo fueron grabados por Sergio Firu, Santi Ordax y Andrés Fomchenko, mientras que de la mezcla se encargaría Pablo Senator. Las fotos de David Rodríguez y el diseño de Enaya Fernández completan el obligado repaso a los créditos.

El modo en que arranca “El Coto” no podría recordarme más al rock americano de los noventa. La manera en que ese bajo inicial va marcando la pauta. Luego ellos adoptan tesituras a caballo entre el rock urbano, ciertos coqueteos con el pop más guitarrero y, siempre, un cuidado tratamiento de las líneas de voz. No es rock nervioso, ni apurado, pero tiene clase y sabe llegar a buen puerto. Más sentimental que rabioso, sentido canto a su patria chica, no exento de crítica afilada y nada panfletaria. Siendo como es el corte más extenso del trabajo, bien merecía un solo algo más ambicioso. Con eso y con todo, un buen arranque.

El Santi” añade una pizca más de nervio a su propuesta. Y lo que en principio podría derivar hacia el punk más seminal, vira sin embargo por medio de un riff de los de la vieja, vieja escuela, que me recuerda a la re interpretación del “Deltoya” de Extremoduro que llevaron a cabo Fito & Fitipaldis. Por ahí surge un contraste (creo que inteligente) entre lo apunkarrado de sus líricas (“Santi roba, y miente, mata, corrompe y engaña, y limpia la sangre con la bandera de España”) y ese aire tan rockabilly. Rematan, ahora sí, con un bien tirado solo de guitarra. Un corte con todos los visos de haber funcionado muy bien en directo.

En lo que a letras respecta, son las de “La Revolución” las más auto reivindicativas (“Somos de lo que ya no hay”) de este pequeño trabajo. Que opta por otra llamativa selección riffera, en esto los chicos parecen haberse puesto pocas barreras, mientras nos conduce a contornos más melancólicos, captando mi atención por lo que tiene de pasional este ahogado grito por ofrecer algo ajeno a los rigores del mainstream. Aunque no deje de ser rock and roll sencillo (y sentido) del de toda la vida. El contexto importa y de qué manera. Las últimas estrofas les definen.

Sus Ojos” es rock reposado y sencillo, sin grandes complicaciones, vehículo para que emerjan los Ekliptika más equilibrados y brille la buena labor de Garciargüelles tras el micro. Siento que los coros que acompañan a estribillos merecían algo más de peso, pero todo conduce hacia un buen final, no sin que antes se produzca una de las estrofas más socarronas de todo el trabajo.

Peppermint” parece recuperar ese aire más lúdico de “El Santi”. Se desarrolla sin mayores complicaciones mientras nos devuelve a esos Ekliptika más lúdicos y desenfadados. Corte más rácano del trabajo, alberga no obstante un cuidado duelo solista durante el puente central y llega a buen puerto entre letras socarronas y el eficaz crescendo final.

Nada Importa” reconduce hacia un rock alternativo, de nuevo deudor de la escuela noventera, donde llaman la atención esas estrofas desnudas en contraste con los estribillos más guitarreros. Es un corte que has escuchado mil veces, pero Ekliptika parecen pisar terreno seguro. Y aunque no sea el corte que más capta mi atención de los seis, bien está la línea de voz que ha tejido Iker aquí y la buena línea de bajo que lo soporta.

Made In El Coto” son seis temas de rock a caballo entre las escuelas clásica y alternativa, con canciones en general bien construidas y una producción que nunca resta a los propósitos de la banda. Puede que su encaje resulte complicado en un medio como este, pero no negaré que en sus poco más de veinte minutos procura eficaz diversión a quienes busquen compañía a los rigores estivales.

Texto: David Naves

Reseña: Retador «Earëndel» (Xtreem Music 2025)

Nueve son los temas que ocupa “Earëndel”, segundo trabajo de los thrashers malagueños Retador. La banda, que componen JuanJolocaust en baterías, Rolo en guitarras, Migueli al bajo y Jofre en guitarra y voces, entrega un álbum grabado y mezclado por el Balmog Javi Bastard (Altarage, Totengott, Iron Curtain, Körgull the Exterminator…) en los Moontower Studios y masterizado posteriormente por Dan Swanö (Æolian, Wolf, Hail of Bullets, Sear Bliss, Malevolent Creation…) en los Unisound Studios. Vio la luz a través de Xtreem Music el pasado mes de enero.

Retador abren con el tema título “Earëndel”, del que me agrada su elegante y tranquilo prólogo, orgánico y nada artificial. Una calma que habrá de quebrarse camino de las primeras estrofas, con Rolo y Jofre dibujando buenos riffs y mejores melodías. La voz de este último se va hasta tesituras rayanas con el metal extremo, ese tono rugiente y sin concesiones. Letras en nuestro idioma y unos engarces entre las distintas estrofas que dan buena muestra de hasta qué punto han cuidado cada detalle. El solo, constreñido en su parte final, adorna un epílogo quizá un tanto apresurado. Pero es buena señal que la banda me recuerde al “Empyrean” de los suecos Paranorm, con mucho uno de mis discos thrash favoritos de lo que llevamos de década.

Somos Eternos” se imbuye ahora de un espíritu más Slayer. En lo que a riffs se refiere pero también en ese imparable doble bombo de JuanJolocaust. Cómo no pensar en Dave Lombardo. Padre de todos nosotros. Llamativos estribillos y una banda que agrede voraz con thrash incandescente y sin compromisos de ningún tipo. La buena construcción que soporta al solo, atractiva por diversa, y el buen trazo de este elevan la nota media y, de nuevo, ponen en buen lugar su labor como compositores. Sin perder una pizca de nervio, de hecho acelerando los pulsos en ese puente central, y sin dejar nunca de entregar mal café y thrash casi cercano a los mejores Dark Angel. Flamígera, estupenda.

La Sombra De Tu Existir” se descuelga ahora de ese thrash lacerante para virar hacia ritmos más a medio gas. Sorprende el groove que acompaña a los primeros versos casi tanto como contrasta la velocidad que implementan después. Por ahí el trazo de estas estrofas no podría ser más atractivo por diverso. En estribillos es el nombre de mis paisanos Blast Open el que suele acudir a mi subconsciente. El solo, rebosante de clase y feeling, bien merecía un desarrollo algo más ambicioso. En cualquier caso cabe destacar la estupenda labor de Jofre al micro para otro corte pleno de agresividad y mala baba.

Redes” parte de un prólogo muy Exodus para inmediatamente ceñirse al thrash más lindante con el death metal. Un ataque hacia las redes sociales teñido, una vez más, de un metal violento y lacerante que, no obstante, se acuerda de mantener alto el buen nivel en cuanto a ejecución. Atravesada por un estribillo muy Death Angel, la banda vuelve a brillar en un puente central de trazo diverso y elegantes solos de guitarra. En ese contraste entre agresividad y clase reside uno de los puntos fuertes no ya de esta “Redes” sino del álbum en su conjunto. Un equilibrio que muchos buscan y no tantos son capaces de encontrar.

El hecho de que “Lux Ferre”, corte más extenso del álbum fuera una de las cartas de presentación del mismo creo que tiene bastante de declaración de intenciones. No por nada la banda exhibe aquí un trazo de nuevo vibrante y retorcido. Construida desde unas estrofas en cierto modo inéditas con respecto al resto de cuantas integran “Earëndel”, puede ser de las nueve la composición con más gancho. Bien adornada por fugaces pero hábiles detalles solistas y construida sobre un riff que no podría ser más pegajoso y ganchero. El trazo adopta un groove muy marcado para dar pie a un solo de guitarra en la más pura tradición del desaparecido y añorado Jeff Hanneman. Para el tercio final Retador obvian el camino fácil, abrazan un llamativo groove y construyen otro epílogo retorcido y eficaz. De sus composiciones más solventes.

Asesino” cercena thrash seco y vibrante desde el primer acorde. Me agrada cómo el bajo de Migueli adquiere un mayor peso aquí. También los buenos destellos de guitarra que emergen entre estrofas. El estribillo no obstante viene acompañado de un groove, entendido a la manera clásica, pleno de gancho y pegada. Bruscos cambios de ritmo y tono, un solo muy hábil y de nuevo JuanJolocaust desatado tras los parches de cara a un tercio final sin apenas concesiones. De entre los cortes “largos” del álbum puede ser con el que menos conecto, lo que no quita para esta sea otra de esas composiciones que muestran el buen nivel como músicos que alberga el cuarteto malagueño.

Profanado”, cuya intro no pocas veces me recuerda al “Harvester Of Sorrow” de los cuatro jinetes, viene de primeras a poner un poco de calma entre tanta agresividad. Ni cuarenta segundos dura una calma que salta en pedazos para que Retador retornen a su versión más furibunda y trotona. Una agresividad que se irá difuminando en estribillos para retornar en estrofas. Clásica construcción ambivalente, con la banda dando la sensación de encontrarse más que cómoda. La buena sección solista del puente, también la buena construcción de este, así como ese final desatado, con el nombre de Angelus Apatrida merodeando por mi subconsciente, culminan otra de las ofertas más seguras y certeras de este segundo trabajo.

Hay una oscuridad en el prólogo de “Terror En La Noche” que habrá de diluirse después más adelante para que, sin perder una pizca de velocidad y brío, la banda entregue su faceta más melódica. Funciona ese riff que dibujan las guitarras bajo las primeras estrofas. Ágil y con gancho. En la comunión entre el registro rugiente de Jofre y la precisión de esa base rítmica se cuela a veces el nombre de Soziedad Alkoholika, a buen seguro porque muchos de los referentes de unos y otros no dejan de ser los mismos. En cualquier caso la banda vuelve a echar mano de una construcción inteligente y diversa. Y aunque hay líneas de voz a lo largo del álbum con las que conecto en mayor medida, Jofre está aquí tan vitriólico como de costumbre. Para el final queda la calma cargada de atmósfera de la llamativa “Abismo 52”, un colofón verdaderamente abismal que vendrá a poner la nota de color al cierre.

Sin concesiones. Retador vuelven la mirada al pasado, a las mismas esencias del género, para traerlo al siglo XXI envuelto en rabia y mal café. Pero una rabia y una agresividad que no obvian ni una buena escritura ni tampoco un apartado técnico a la altura del thrasher más exigente y pejiguero. La competencia ahí fuera es feroz y el número de bandas dentro del género no deja de crecer. “Earëndel” acierta al buscar su hueco con un thrash primitivo y seminal. Un disco que apenas hace concesiones, con una producción a la altura y que a buen seguro supondrá uno de los lanzamientos clave dentro del género a lo largo del actual 2025.

Texto: David Naves

Reseña: Destral «Alça La Destral» (Autoproducción 2024)

Es el primer largo para los valencianos Destral. La banda, que ya pasara por estas páginas con sendos Ep’s (“No Hay Vuelta Atrás” de 2020, “Fembres Pecadrius” de 2022) vuelve ahora con un “Alça La Destral” grabado por Adrián Marin Buenache en los RW Studios y posteriormente mezclado y masterizado en Wizard Studios de la mano del Seven Sisters Kyle McNeill. Intervienen en este debut Sigui en baterías, Alberto al bajo, Gero en voces y Carlos en guitarras. Con Eduardo Antón (War Dogs) colaborando en el solo de “Condenado” y arte de Madness, el álbum vio la luz de manera independiente allá por junio del pasado año en formatos físico (CD) y digital.

Fugaz y de aires cinemáticos, pocas sorpresas con una breve introducción al disco que nos conducirá, derrape mediante (¿guiño al arte de su primer Ep) a una “Fantasmas” donde mandan las buenas melodías de guitarra ya desde el primer momento. Ese prólogo maidenesco sobre el que Gero habrá de deslizar un registro áspero, que no crudo, hábil a la hora de bailar entre diferentes tonos. Me gustan esos riffs que trama Carlos aquí. En especial los encargados de empastar las distintas estrofas. La línea vocal me recuerda a unos Saratoga con Tete Novoa al mando. Puede no ser el estribillo con más gancho de este primer largo. Por contra, es un corte que viene a hablar muy bien de su faceta como intérpretes. Ese estupendo (y extenso) solo que domina el tronco central. Un más que correcto arranque.

Sin abandonar su bien conocido heavy metal de trazo clásico, aunque sí el castellano, es verdad que “Allibera’t” enseña ahora unas guitarras más graves y rocosas. La mayor crudeza exhibida en ese prólogo contrasta con unas estrofas más livianas. Ágil la banda a la hora de construir estas con esos pequeños crescendos que conducen hacia los estribillos. Por alguna razón, siento más cómodos a Destral aquí. En los momentos más vibrantes me vienen recuerdos a ciertos momentos del ineludible “Thundersteel” de Riot, lo que no puede ser mala señal. Carlos vuelve a hacer de las suyas en un tronco central que acentúa esa vena tan clásica y todo redunda en uno de los cortes más logrados de este “Alça La Destral”.

Otro de los adelantos de este primer largo fue “Silenci Per Al Malferit”, que parte desde una de las intros más trabajadas de todo el tracklist y donde nuevamente el nombre de Iron Maiden vuelve a sobrevolar mi subconsciente. Las estrofas ahora portan una crudeza más acentuada, más heavy, al tiempo que los riffs que las sustentan pierden en técnica aquello que vienen a ganar en pegada. Gero canta altísimo aquí, en contraste con los tonos algo más sucios del arrebatado estribillo. Aciertan Destral a la hora de encontrar el necesario gancho para uno de esos cortes que huelen desde ya a fijos en sus directos. Siento muy Helloween (o más bien muy Kai Hansen) esta sección solista. Algo efectista y sin embargo hábil a la hora de rematar otra de mis favoritas del álbum.

Condenado” sorprende ahora con ese prólogo de aires marciales. Le sucede sin embargo un heavy metal de aire muy clásico. Un corte cargado de una idiosincrasia muy ibérica, que bien podría recordar en ciertos momentos a Barón Rojo, Santa, ObúsGero vuelve a moverse por tonos altísimos mientras que Carlos entrega melodías hábiles y efectivas. Como uno de los cortes más amplios del disco, rozando los seis minutos, la banda da la impresión de haber sopesado en buena medida esta quinta entrega. No hay apuro en las líneas vocales. Carlos esparce riffs sin apreturas, Eduardo Antón dispone solos con clase y la base rítmica, un tanto hundido el bajo de Alberto eso sí, desarrolla sus respectivas líneas con mimo milimétrico. Me fastidia este epílogo en fade out pero un gran corte en todo caso.

Fembres Pecadrius”, que ya apareciera en aquél Ep de 2022, vuelve ahora amarrada a una intro más cuidada y termina de ganar los debidos enteros gracias al paso adelante que la banda ha dado en cuanto a sonido. Más que evidente si uno escucha ambas versiones una detrás de otra. En esta nueva encarnación gana un pequeño prólogo que, a menudo, me recuerda al “Fade To Black” de unos tales Metallica. La base rítmica y en especial el bajo de Alberto ganan precisamente el peso que eché en falta en su anterior encarnación. Así las cosas, aquél cambio de ritmo que comentaba en su día adquiere ahora un mayor alcance. Carlos solea a placer y todo parece funcionar como debe. Puede que esas melodías al cierre del solo arrastren consigo un cierto déjà vu. Con eso y con todo una re grabación que ha mejorado con creces al original.

Nit Fosca De L’ànima” también aparecía por el mencionado Ep de 2022. Gero traza una de las líneas de voz más altas y poderosas de todo el largo. Si bien por estructuras me resulta un corte algo más recurrente, lo cierto es que la banda desarrolla buenos detalles aquí y allá. La forma en que las distintas líneas de guitarra juegan a encontrarse en el tercio inicial del solo. La propia forma en que éste se despliega sin perder nunca esos efluvios tan clásicos. Por contra, echo en falta una producción que acentúe en mayor grado la apenas intuida carga atmosférica que se intuye. En la zona media dentro del álbum tras las sucesivas escuchas.

Exterminación” sorprende con la sequedad, casi maquinal, del riff que alimenta a las estrofas. Aquí Gero vuelve a recordarme a ciertos momentos de Tete Novoa con Saratoga. Pero el corte, con esos aires casi marciales, queda como una de las ofertas más singulares y diferentes dentro del tracklist. Que me agrada a medida que se enfanga y aprovecha para dejar fluir la cara más áspera de su forma de entender el heavy metal. Ángeles Del Infierno puede ser un nombre a recordar durante estribillos. Interesante por lo que tiene de diferente con respecto al resto de entregas.

Barrejat” es el tercero de los temas que integraban aquél Ep de 2022 y que la banda recupera ahora para mostrar su lado más cercano al speed metal más sucio y ochentero. Destral se sitúan entre la suciedad de unos nacientes Motörhead y el brillo de unos lozanos Helloween pre “Keepers…”. Con el doble juego vocal como mayor aliciente, Destral desarrollan aquí hábiles cambios de ritmo que Sigui ensambla gracias a una más que hábil línea de batería. El solo entrega una cierta épica, en cierto modo desasida del resto del corte, pero funcional en cualquier caso.

Història Sense Final” viene para poner la nota melancólica y abrochar este “Alça La Destral” recuperando aquellos aires tan Maiden que abrían el disco. Hay un riff muy Dave Murray / Adrian Smith aquí sobre el que Gero trama otra estupenda línea de voz. Muy equilibrada la mezcla de este corte final, con el bajo de Alberto adquiriendo el peso que eché en falta en canciones anteriores. Trazada con mimo desde la tibieza inicial hasta la eclosión solista de su tronco central, cierra y abrocha el primer largo de los valencianos dejando una cierta nota de distinción impregnando los seis minutos largos que marca en el reloj. Un magnífico cierre.

Es un buen álbum de heavy metal. A caballo entre dos idiomas, puede que este sea un factor que divida a quienes se acerquen de buena fe a este “Alça La Destral”. Quienes simplemente se dejen llevar por el regusto clásico que impregna buena parte del tracklist, las buenas composiciones que la banda ha dibujado (estupendo ese corte final, también “Allibera’t” o “Condenado”) o el trío que recuperan de aquél Ep de 2022. Un buen medio para acercarse a la clásica y a la vez curiosa propuesta del combo radicado en la llamada Ciudad del Turia.

Texto: David Naves

Reseña: Morgana Vs. Morgana «Kintsugi» (Autoproducción 2025)

Kintsugi” es el noveno trabajo de estudio ya para el proyecto valenciano Morgana vs. Morgana y fue editado, de manera independiente, el pasado 4 de julio. Ellos son Vicente Merodio (batería), Raúl Pagola (bajo), Javier Cortés y Zagg #3 (guitarras) y Carlos Pagola (voz). Los seis cortes que integran el trabajo fueron grabados, mezclados y producidos por Raúl Abellán “The Mixtery”, con asistencia y edición de Edu Nogués. Finalmente, Nacho Galacho se encargó del artwork.

Despacio” pronto transita por las procelosas aguas del rock progresivo. Tiende un curioso manto de guitarras leves y un tanto huidizas. Pero cuando la distorsión se abre paso y surge ese aura más Tool, uno no puede sino pensar en cómo de alargada es la sombra del combo angelino. En las líneas de voz percibo detalles que me recuerdan a otra banda que ha bebido no poco de Maynard James Keenan y cía: Sôber. Me agrada la forma en que tratan los cambios de ritmo. Esa deriva más metálica y visceral. Buena producción la que entrega este primer corte, capaz de cargar con las partes más rabiosas del estribillo, las más calmas del puente o las más recargadas del epílogo sin perder un ápice de sonoridad y equilibrio. Interesante y conciso primer corte.

Hoy Seré Yo”, que arranca desde la más pura calma, representa la cara más elegante de estos Morgana vs. Morgana. Hay un cuidadísimo tratamiento de las guitarras. También del bajo de Raúl Pagola, que dibuja líneas sin florituras pero concisas. Medio tiempo de aires melancólicos, con Carlos cantando en tesituras altas sin mayores problemas. Y aunque aquí y allá quepa alguna rima algo forzada, me agrada de nuevo el sonido que consiguen conforme la composición abraza una mayor gravedad. Todo se cierra con un contundente pero bien adornado crescendo final. El juego entre canales que la mezcla otorga a las guitarras, el desgarro de Carlos al micro. Incluso ese deje algo más atmosférico. Trazo cuidado, buenas ejecuciones y producción impecable.

Así las cosas, el tema título “Kintsugi” abraza una mayor visceralidad. Algunos riffs me recuerdan, lo que son las cosas, al eternamente polémico “St. Anger” de unos tales Metallica. Lo interesante aquí es el modo en que Morgana vs. Morgana conjugan ese mayor nervio con momentos de una mayor melancolía, como queriendo seguir donde lo dejase la anterior “Hoy Seré Yo”. Hay una cuidada línea de batería por parte de Merodio, voces rotas y desgarradas en un puente de puro metal contemporáneo, así como un tramo final de metal musculoso y tajante. En cuanto a duracón corte más rácano de los seis, pero hábil a la hora de descubrir la faceta menos edulcorada de los valencianos.

Por alguna razón, siento a la banda más cómoda en el registro más enrevesado y proggie de “Adornos”. Quizá por lo mucho que me gusta su riff inicial. O por la forma en que este conduce hasta las primeras estrofas. En ellas parecen buscar un groove más marcado. Caben buenos detalles desde el bajo de Raúl Pagola, así como otra interesante línea de voz de Carlos. Pero lo que me agrada es ese trazo retorcido y enrevesado. Ahí la banda parece haber dado rienda suelta a todas sus inquietudes, transitando de la furia a la calma (y viceversa) con total naturalidad. El de Soen es un nombre que acude de forma recurrente siempre que la composición alcanza el puente (pienso en cortes de los suecos como “Antagonist” o “Martyrs”) y aunque los valencianos ni alcancen ni busquen iguales niveles de dramatismo, sí que ofrecen una visceralidad y un nervio de ningún modo desdeñables.

El de “Sait-On Aimer” puede ser el arranque más Tool de todo el álbum. Y, de algún modo, me recuerda también a mis paisanos de Honara. Carlos Pagola está magnético en las primeras estrofas de este rock bitonal y elegante. No obstante la banda se permite aquí un pequeño puente que, en cierto modo, viene a contrastar con el resto de composiciones dentro de este “Kintsugi”. Por ahí, y gracias a ese avanzar más a medio gas, “Sait-On Aimer” acaba siendo un corte de gran personalidad dentro del tracklist. Y si bien las partes más embrutecidas me chirrían algo más ahora y la letra pierde algo de brillo al volverse más abrupta y visceral, lo cierto es que siempre me termina enganchando.

La final “Crisálida” funciona gracias a uno de los riffs más frontales de todo el disco. En un álbum caracterizado por el cuidado que la banda ha puesto en la creación de riffs, sorprende ese muro de sonido planteado de inicio. Pero ellos pronto transitan hacia su habitual metal a medio camino entre el progresivo y lo alternativo. Y de camino a estribillos, de hecho, aparecen líneas de guitarra con un gancho de mil demonios. Pero Morgana vs Morgana casi nunca transitan el camino recto y es de agradecer el modo en que cuidan la escritura en cortes como este. Elegante puente central mediante, esta última oferta de “Kintsugi” funciona a la vez como broche y resumen del propio disco. Especialmente con esos registros más rotos previos al epílogo. Un buen cierre…

… y una buena adición para todo fan del rock / metal progresivo de nuevo cuño. La herencia Tool es clara e innegable pero la banda ha sabido matizarla a través de composiciones (casi) nunca predecibles e interpretaciones, en el mayor de los casos, de buen nivel. La buena producción, la diversidad en cuanto a voces y tonos, me funciona. Aquí y allá hubiese deseado una mayor presencia solista. Por contra, el nivel en cuanto a riffs me parece bastante alto. La base rítmica soporta y remata los temas sin tampoco perderse en florituras innecesarias. Y entre unas cosas y otras, encuentro bastantes asideros en este último trabajo de estos veteranos valencianos. La veteranía es un grado, desde luego.

Texto: David Naves

Reseña: War Dogs «Only The Stars Are Left» (Fighter Records 2024)

Segundo largo para los heavies ilicitanos de War Dogs, la banda que forman Alberto Rodríguez en guitarra y voces, José V. Aldeguer en batería y teclados, Manuel Molina al bajo y Edu Antón en guitarras. “Only The Stars Are Left” se compone de un total de diez temas grabados durante la primera mitad de 2024 y posteriormente mezclados y masterizados en Wizard Tower Studios por el Seven Sisters Kyle McNeill (Destral, Chantrice, Oath…) y al que adornanel diseño de Ana Skie y la pintura “El Caballero En La Encrucijada” (Knight At The Crossroads) del pintor ruso Víktor Vasnetsov. En la calle vía Fighter Records desde octubre del pasado año.

Fugaz “The Hour Of Fate”, introduce con pulso breve un álbum no precisamente escueto. A la elegancia que portan sus guitarras acústicas, War Dogs contrapondrán una “The Prosecution” donde todos sus cilindros parecerán en funcionamiento. Primero porque el riff que han dibujado para este primer corte tiene un gancho de mil demonios. Segundo porque sorprende ese inicio a medio gas, ese metal apaciguado revestido de una cierta épica en su caminar tímido y casi aletargado. Para cuando llegan las estrofas ya se vislumbra la cara más trotona de los ilicitanos y en el momento que la composición alcanza el estribillo, todo parece en su sitio. Tras el micro, Alberto Rodríguez comanda sin excesos y el bajo de Molina no podría evocar más a Steve Harris. Sí, la sombra de la Doncella sigue siendo alargada en la banda. También los buenos solos y el saberse más que conscientes de sus virtudes y también de sus limitaciones. Estupenda dupla inicial.

Riff mediante, “Riders Of The Storm” ahonda en ese parecido con Iron Maiden. El punto a favor viene a través de un desarrollo que parece empeñado en desligarse de la banda británica a fuerza de insuflar a las distintas ejecuciones un aire más a lo Riot o Brocas Helm. Cirith Ungol incluso en los momentos más pasionales. La banda dibuja entre medias buenos riffs, acompaña con certeros cambios de ritmo y, si algo echo en falta ahora, es una mayor presencia de Molina en la mezcla. Su bajo se diluye en la mezcla y este tercer corte pierde por ahí algo de empaque. Pero cuando emerge la sección solista, con el hábil duelo entre ambas guitarras, War Dogs están mostrando su mejor cara.

La más tranquila “Heaven’s Judgement” agiganta esos dejes épicos que “Riders Of Storm” entregaba a cuentagotas. Parte de un inicio calmo y reposado donde ya se deja intuir ese carácter tan grandilocuente como añejo. Su cambio de ritmo conduce hacia otro riff repleto de gancho. Clásico corte que irá ganando peso conforme transcurran las escuchas, plantea sobre esa épica desgastada un interesante juego de contrapuntos entre guitarra y voces en alguna de las estrofas más hábiles de todo el largo. El estribillo, y la forma en que se acompaña de los distintos coros, de nuevo trae a mi memoria a los neoyorquinos Riot, mientras que el solo que ocupa el centro mismo de la composición resulta más que notable.

Astral Queen” pone a trotar a los valencianos. Consiste en un heavy metal mucho más evidente y directo. También disfrutón. Alberto Rodríguez de nuevo estira su registro sin excesos innecesarios, manteniéndose en tonos donde se encuentra a gusto y obviando cualquier impostura. La firme batería de Aldeguer acompaña apenas sin pausa a uno de los cortes que, probablemente, no fallará en sus directos. La sección solista, resultona, vistosa incluso, termina por redondear la apetecible oferta.

Fallen Angel” contrarresta ese vigor con su avanzar pesado y arrastrado. Siempre dentro de los finos márgenes del género pero sin que ello signifique perder ni un ápice de identidad ni tampoco de carácter. En parte porque el riff de sus cuidadas estrofas brillará con luz propia. Sobre el papel ofrece un trazo más evidente, lineal incluso, el disco atraviesa por su vertiente más clásica, pero se elevará finalmente gracias al fenomenal solo que precede al epílogo.

Vendetta”, que la banda entregó como adelanto del álbum, recupera el vigor de cortes anteriores para acometer un heavy metal que, en un primer término, derrocha tanto vigor como clasicismo. Alberto Rodríguez entrega sus tonos más épicos aquí y el hecho de que uno de los cortes más extensos del disco fuese elegido para su traslación al terreno del video lyric tiene mucho de declaración de intenciones. Salta a la vista cuando uno oye los buenos solos doblados que han dibujado aquí. También el más neoclásico que irrumpe a continuación y que debería hacer las delicias de todo buen amante de los guitar hero más al uso. El epílogo, que recupera aquél riff del inicio y lo alimenta de ese trotar tan característico, remata una de las ofertas más redondas de este segundo trabajo.

Only The Stars Are Left” sorprende con ese inicio calmado y tranquilo. War Dogs traman inicialmente una balada que pronto transige hacia su vena más clásica. Trotan el riff y Aldeguer con él para proponer otro corte con clase y al que tampoco le falta gancho. Me gustan las melodías que acompañan a Rodríguez durante estribillos. También la forma en que las guitarras se doblan más adelante. Y en estos tiempos de solos fugaces que parecen avergonzarse de sí mismos, qué gran placer produce encontrarse con la vasta sección solista que la banda propone aquí. Extenso, hábil y memorable en toda la extensión de la palabra, apoyado por un firme doble bombo en distintas fases del mismo y desde ya uno de los grandes hallazgos del trabajo al que da nombre.

The Seventh Seal”, cuya narración inicial remite directamente al clásico sueco de culto “Det sjunde inseglet” de Ingmar Bergman, recurre a un heavy metal fogoso y atractivo, trotón en su base rítmica y donde se suceden riffs que ganan en gancho lo que pierden en solidez. Por ahí me engancha el solo que circunda su tronco central, especialmente cuando ambas guitarras juegan a encontrarse en un vistoso juego del gato y el ratón. Tan evidente y clásica como eficaz.

Para el final queda una “The Vengeance Of Ryosuke Taiwara” donde el tópico dirá aquello de que los chicos han puesto aquí todo su empeño. Es la oferta más extensa del álbum y, como tal, resume muchas de las influencias que han alimentado a los cortes precedentes. Vuelven aquellos coros tan Riot de “Heaven’s Judgement”, Alberto Rodríguez sorprende con la que quizá sea la interpretación vocal más ambiciosa de su trayectoria y la banda se permite incluso un pequeño oasis de tranquilidad con cierto regusto a Queensrÿche. Ese puente tranquilo y el crescendo que, solo mediante, la composición va dibujando camino del epílogo, se me antojan el broche perfecto a este segundo trabajo de los ilicitanos.

Orgullosos representantes dentro de nuestras fronteras de eso que algunos han dado en llamar “New Wave of Traditional Heavy Metal”, War Dogs parecen no estar para experimentos. Y sin embargo la sensación que queda es la de que la banda ha dado un paso de gigante desde aquél “Die By My Sword” de 2020 (reseña). Esto sigue siendo metal clásico, de toda la vida, pero los chicos parecen mucho más conjuntados y seguros ahora, evidenciando cómo el obligado rodaje les ha ido convertiendo en mejores músicos y, a tenor de temas como “Vendetta” o “The Prosecution”, también mejores compositores. Atravesado además por solos de gran mérito, (fantásticos los de “Only The Stars Are Left” o “The Vengeance Of Ryosuke Taiwara”) y con un Alberto Rodríguez cada vez más seguro en su desempeño tras el micro, la banda tiene motivos más que suficientes para estar satisfecha.

Texto: David Naves

Reseña: Moonloop «Fate In Motion» (Autoproducción 2024)

Es el primer disco en siete años para las huestes progresivas barcelonesas Moonloop y no viene exenta de cambios, siendo este “Fate In Motion” el primero en contar con Nacho Ruiz en guitarras y Marc Contel al bajo. Aquí siguen no obstante el batería Raúl Payán y el voz, guitarra y teclados Eric Baule. Con las colaboraciones de Christian López (Humash) y Pablo Selnik, Eloi Boucherie sería el encargado tanto de mezcla como de masterización en Farm Of Sounds. Con foto de Cody York para la portada y layout de Jose María Baulenas, el álbum vio la luz en agosto del pasado 2024.

Onírica la forma en que nos recibe el tercero de los catalanes. “Cosmic Matter” propicia un arranque tendido y elegante, pausado, donde en un cuidado crescendo se van sumando elementos hasta desembocar en unas primeras estrofas limpias y distinguidas. Hay ecos del progresivo más elemental en esa inicial línea de voz. También una producción que sabe equilibrar los distintos elementos, otorgando el protagonismo adecuado a cada instrumento. En el momento en que todo se enturbia y acuden los Moonloop más crudos, la banda nunca pierde el foco, mostrándose tan tensa como técnica. Hay ramalazos de los mejores Cynic en esa confrontación entre riffs gruesos y voces limpias, así como un elegantísimo solo anticipando el epílogo. Un gran comienzo y, con razón, una de las cartas de presentación de este “Fate In Motion”:

Mask” no descabalga de esos Moonloop más intensos, mostrándose en estas primeras estrofas cierto parecido a los discos más recientes de Ihsahn. Mucho adorno guitarrero en estas estrofas, que culminan en otro estupendo solo de guitarra. La base rítmica brilla después en apoyo de la faceta más espacial de la banda. Si bien esta se trata de una composición un tanto encorsetada, los de la Ciudad Condal nunca descuidan su buen hacer como músicos. Hay mucho a lo que agarrarse en este segundo corte si lo tuyo son los riffs retorcidos y las buenas melodías. Por ahí me gustan los buenos dibujos que deja el bajo de Contel sobre el incansable doble bombo de Payán, amén de ese final a lo Gojira que proponen.

New Dark Reality” arranca casi donde lo dejara su predecesora, mostrando a unos Moonloop retorcidos y pesados. Tras alguna de las estrofas mejor construidas de todo el trabajo, la banda traza un metal progresivo que, de nuevo, se muestra como un prodigio de equilibrio con el agrio registro de Baule. El corte opta luego por un metal más vibrante y descosido. Ahí echo en falta una base rítmica con algo más de presencia. Un bajo que, en las partes más rotundas, tenga tanto peso como en aquellas en que las revoluciones bajan y brillan Ruiz y Baule a las guitarras. Sea como fueren eficaces las melodías que han tramado para este tronco central, también el solo que precede al epílogo. Otro de los cortes que viene a hablar para bien de las ambiciones del cuarteto.

Hay algo en “Awaken” que suele hacerme pensar en Mastodon. Y no es que la banda haya adoptado aquí postulados más cercanos al de sus compañeros estadounidenses, pero ciertamente hay detalles en cuanto a guitarras que a menudo me recuerdan a la dupla Brent Hinds & Bill Kelliher. Moonloop de nuevo se contorsionan a placer, llevando la composición de un lado a otro, fluctuando entre la potencia y esa encarnación más espacial en la que parecen tan cómodos. Hay una estupenda labor de Payán en baterías. Tanto en las partes más tendidas como en aquellas donde las revoluciones se van hasta la zona roja. En las más tranquilas, la mezcla aúpa el bajo de Contel y éste entrega alguno de sus mejores dibujos de todo el largo. Me agrada ese solo doblado del puente central. El poso un tanto alucinado que entrega. La parte final, para gozo de los más puristas, son Moonloop dejando aflorar su vertiente más técnica. Hay guiños ahí que me recuerdan a los tristemente desparecidos progresivos vascos Continuo Renacer. También a gente como Noneuclid o Alakaloid. Ni que decir tiene que otra de mis favoritas.

Arrival”, cuya letra (“From outer space, they have arrived. Now hear their call, they have arrived”) siempre me lleva a pensar en la fantástica película del mismo nombre dirigida por Denis Villeneuve en 2016, parte de hecho desde uno de los prólogos más espaciales de todo “Fate In Motion” para después trazar una de sus ofertas más y mejor equilibradas. Unas primeras estrofas entregan a los Moonloop más tranquilos, que contrastarán con los más brutos y ennegrecidos que emergen después y colisionan finalmente con esa (inevitable) vertiente más técnica. A caballo entre sus muchas variantes, Contel deja una línea de bajo realmente diabólica. El de los Cynic más recientes parece un nombre de mucho peso conforme la composición se arrima a su final, con un Christian López brillando en los solos. Otra gran adición al álbum.

Garghoul”, entrega más rácana en lo que a duración se refiere, ofrece ahora a unos Moonloop más oscuros. Agrios incluso. Un rápido descenso a los infiernos que no olvida su cara más técnica, si bien esta no alcanza aquí los niveles de excelencia que le otorgan otros cortes de este tracklist. Con eso y con todo hay un buen solo en su tronco central, una batería que vuela por momentos y un Contel tan efervescente como de costumbre. Igual no la más memorable de las siete pero igualmente válida y funcional.

Portal”, que supera la barrera de los trece minutos, viene precedida del prólogo más asentado en el prog metal clásico de todos cuantos han propuesto aquí. Luego en sus guitarras hay cierto aroma al Petrucci más reciente, que se desvanece toda vez acuden las abruptas estrofas. Ahí brilla Baule en su registro más oscuro. Me agrada la forma en que la banda mantiene siempre presente esa esa negrura tan pronunciada. También la forma en que han casado la flauta alucinada de Pablo Selnik con el curioso solo de Nacho Ruiz. Para cuando regresa el propio Selnik, lo hará en una línea mucho más clásica, que recuerda (vagamente) a King Crimson, y da paso a un puente reposado y atmosférico. Me agrada el cambio de ritmo que procura la salida de esa calma. También las distintas voces que ha tramado Baule aquí. Para cuando las revoluciones vuelven a bajar y regresa por última vez la flauta de Selnik, no puedo evitar acordarme de los primeros discos de Steven Wilson en solitario. Muy especialmente el fantástico “Grace For Drowning”. Un cierre a la altura de un gran tercer disco.

Lo pienso así. Son siete los años que han transcurrido desde el fenomenal “Devocean” y la sensación que queda es la de que la banda ha pensado y repensado estos siete cortes. Buenas canciones, buena producción y unas ejecuciones a la altura. Atrás quedan aquellas (injustas) comparaciones con los Opeth de Mikael Åkerfeldt. Si tuviera que resumir “Fate In Motion” con una sola palabra, esa sería “equilibrio”. Porque se suceden las escuchas y siento que nada falta ni nada sobra. Que todo está donde debe. Un tercer trabajo que habría de confirmarles de una vez como la banda puntera que realmente son.

Texto: David Naves

Reseña: Scarecröw «I» (Autoproducción 2024)

A finales del concluido 2024 veía la luz nuevo material de los metaleros gallegos Scarecröw, esta vez en formato EP, abarcando cuatro cortes mezclados y masterizados en Arcay Sound–Mix & Mastering. Integran la formación que ha grabado el mini Roberto Pazos en baterías, Diego Freire al bajo, Luis Diz, Ernesto Montero y Ramón Diz en guitarras y Carlos Barreiro en voces.

Crazy Karma” se eleva desde el silencio, lo primero para evidenciar la acomodada producción del álbum. También los pulsos clásicos y el agudísimo registro de Barreiro. Sus estrofas tienen un gusto clásico que bien podría recordar a los murcianos Hitten. Salvando las distancias. Porque puede que al estribillo le falte algo de gancho. Ello no quita para que el trabajo de la triada guitarrera de los gallegos acompañe con buenas melodías allí donde más lo requiere este tema apertura. Servidor, chapado a la antigua para lo bueno y lo malo, habría ejecutado el solo justo después del puente y no detrás de otra repetición del estribillo. Manía o simple cuestión de costumbre.

Red Wine Rain” parte de una intro de sabor muy Iron Maiden para después transitar hacia un medio tiempo elegante y bien trazado. Superado ese prólogo, la banda redirige hacia un power / speed metal que me suele recordar a unos Blind Guardian pre “Nightfall In Middle-Earth”. Metal vibrante, que abraza por igual el power y el heavy metal más clásico, con Barreiro mostrando ahora una mayor versatilidad de registros y la producción acompañando de buenos coros los estribillos. Un corte que brilla por las alternancias que porta su trazo, sabiendo conjugar los distintos ritmos sin que nada suene forzado ni antinatural. Rematan con un buen solo el que puede ser sin mucho esfuerzo el corte más redondo, por diverso, de todo “I”.

Falling In Love”, ahora con Barreiro en tonos algo más rasgados, van ahora en una onda más Accept. Unos Scarecröw más pesados, acompañando su metal clásico con una cierta cercanía a las fronteras del hard rock. El riff, si bien sencillo, no deja de tener su gancho. Y aunque por trazo no sorprenda en la medida en que lo hacen otros cortes dentro del EP, cabe destacar la buena línea de batería que dibuja ahora Roberto Pazos. Da cumplido soporte a la composición al tiempo que impregna de buenos detalles los estribillos. Agradable aunque formal. Siento que echo en falta algo más de picante en esta tercera entrega.

Más metálica, lindando incluso con el thrash, “Fear Glows In The Dark” conduce después sin embargo hacia posiciones mucho más power. Desarrolla entonces el sexteto una cierta épica, seguida de unas estrofas, trotonas y agradables, que lo mismo pueden recordar a Iced Earth que a Primal Fear. Barreiro, claro, está cantando altísimo en estribillos, y el trazo de este último corte vuelve a destacar por ágil y diverso. Hay un buen solo durante el puente, finiquitado por un buen uso de las guitarras dobladas, y que bien merecía algo más de espacio y desarrollo. En cualquier caso, un corte que sirve a Scarecröw para cerrar ofreciendo su cara más contundente.

La paleta de influencias que manejan parece amplia y, por ahí, uno le va encontrando las cosquillas a este “I”. Primer Ep de su carrera, los chicos debutaron en 2022 con el largo “Twenty Years Ago”, supone un ejercicio de metal clásico, producido con gusto y adornado por una más que correcta labor en lo técnico. En apenas diecisiete minutos cuesta hacerse una idea global de la banda, pero “Red Wine Rain” ofrece por sí sola motivos de sobra para confiar en cuanto esté por venir.

Texto: David Naves