Reseña: Frakture «Subyugamentes» (Demons Records 2024)

Desde que el frío y el cansancio se adueñaran de nosotros tras dos maratonianas jornadas en el último Karma Fest que teníamos una deuda con la gente de Frakture. Combo thrash con influencias hardcore radicado en Bilbao y que forman Ieltxu al bajo, Imanol en baterías, Serru y Rubén en guitarras e Iván en voces. Este “Subyugamentes”, su primer larga duración, fue grabado por Haritz Harreguy (Idi Bihotz, Soziedad Alkoholika, Latzen…) en los Harreguy Studios, co-mezclado por la propia banda y posteriormente masterizado por Víctor García (Aathma, Wormed, Toundra, Bloodhunter…) en el barcelonés Estudio Ultramarinos. Con arte de Cosmic Tentacles y colaboraciones del Escuela de Odio Pirri y el S.A. Juan Aceña, el álbum vio la luz en agosto del pasado año en formato vinilo a través de los sellos Demons Records, Romantic Songs Recordings y Four Skulls.

Frakture colocan al principio la pequeña “Narxisista” y esta procura una más que cuidada introducción al álbum. Tras ella, los vascos arremeten con su bien conocida amalgama de thrash trotón y voces cercanas al hardcore en las que Iván parece desenvolverse como gato panza arriba. Es uno de los temas más breves del debut. También uno de los más vibrantes, con una base rítmica bien empastada y que apenas da descanso. Puro nervio.

Un tanto más melódica pero igualmente furibunda, “Antinazis” profundiza en ese recuerdo a los primerísimos Soziedad Alkoholika. Y lo hace con unas voces llenas de cólera, pero también con una más que interesante selección de riffs. Los cambios de ritmo proceden a destapar el lado más técnico de Rubén y Serru, si bien es la rabia quien termina imponiéndose a través de una composición orgullosamente clásica. Hardcore metal rabioso y protestón.

Eleberri Berria” sin embargo les acerca a las lindes del crossover. Una encrucijada entre el nervio de las dos entregas previas, un pulso ahora más pesado y un trazo algo más enrevesado y laberíntico. Incluso partes que coquetean con el groove más casual. Oxigena al disco pero qué duda cabe que Frakture parecen sentirse mucho más cómodos en las partes más veloces y descosidas. Con eso y con todo uno de los cortes con mayor personalidad de todo “Subyugamentes”.

Criminalizados” puede no sorprender tanto en cuanto a construcción. Por contra, se cimenta sobre uno de los riffs con más gancho de todo el tracklist. Tiene un poso casi marcial, sobre el cual la banda va poco a poco acercándose al hardcore. Muy firme Imanol con el doble bombo para un corte que tampoco obvia algún que otro hábil detalle técnico. Lo justo para que la composición respire y sin traicionar el espíritu del disco en ningún caso.

Otro buen riff es el que entregan en “Subyugamentes”, cuyo prólogo deja detalles que me hacen pensar en unos Sepultura del ineludible “Arise” de 1991. Después y toda vez irrumpen las primeras estrofas, todo toma un cariz mucho más cercano al hardcore y ahí, por pura colisión, Frakture construyen otro de los temas más equilibrados y reconocibles de todo el debut. Llamativo también por trazo y adornado por pequeños injertos a lo Andreas Kisser, una de mis favoritas conforme se han ido sucediendo las distintas escuchas del disco.

Zu Zeu”, que fuera una de las cartas de presentación del álbum y en el que la banda retorna al euskera, profundiza en ese thrash sepulturero al que tiñen de un poso más hardcore que bien podría recordar a mis paisanos de Escuela de Odio. En un puente de paso más tranquilo irrumpirá uno de los solos más interesantes del tracklist, pero en líneas generales, Frakture dan poco respiro aquí.

Sorprende el casi elegante prólogo de “Gelchales”. También la forma en que la banda lo conjuga con ese metal de paso casi marcial, desarrollado sobre otro riff ganchero y pegadizo como pocos. Thrash machacón enfrentado a los Frakture más atmosféricos para otra entrega repleta de personalidad, donde la banda juega a expandir el abanico de sus influencias. Lo que no cambia es la agresividad de Iván tras el micro. Otro de esos cortes que elevan la nota final.

Stop Ablación”, con Pirri a bordo, desde luego hace por recuperar la cara más abiertamente hardcore del quinteto. Pocas sorpresas en su trazo, si bien los bizkainos vuelven a apoyarse aquí en una más que interesante gama de riffs. Me agrada también el contraste que se produce aquí entre los blast beats de Imanol primero y ese puente central más pesado y rocoso después. Buenos solos de cara al final, con la banda trazando uno de los epílogos más cuidados de todo “Subyugamentes”. Estupenda.

Antsietatea” es el corte más extenso de los doce. Una poderosa andanada de un thrash que roza (sin tocar) el d-beat, dejando entre medias un trazo hábil y bien equilibrado. El de Su Ta Gar es un nombre que sobrevuela a ratos, sentimiento quizá influido por la letra en euskera que la banda adopta aquí. Eficaz esa calma que desarrollan durante el puente. Uno de los pequeños oasis de tranquilidad dentro de este encolerizado debut, al que remata un buen solo de guitarra en su tramo final. Otra de mis favoritas.

De estribillos en inglés pero estrofas en castellano, “Fucking Bastards” recupera esa onda más Sepultura para otra agresión de thrash incendiario y rutilante, que no obvia ni la voz visceral de Iván ni tampoco los buenos solos de guitarra, con especial atención al que emerge justo antes del epílogo.

Ez Dugu Ahaztuko”, con colaboración de Juan Aceña, representa el corte más fugaz del álbum. Pequeño escorzo thrash core que, huelga decirlo, recuerda y de qué manera a los primeros trabajos del invitado. Por ahí me agrada que la banda no obvie pequeños detalles en el plano técnico pero es verdad que, al menos en mi caso, su pequeña duración no ha jugado precisamente a favor.

Cierra el tema que viene a dar nombre a la banda, un “Frakture” cuya onda bien podría recordar a los brasileños Ratos De Porao, conjugado después con esa vena más técnica que ha ido yendo y viniendo a través de los distintos cortes. Un buen ejercicio de equilibrio con la banda brillando, quizá más que nunca, en ese apartado. Pero un cierre desesperanzado, casi agónico, en lo que a lírica se refiere. Casi una llamada de auxilio y, por ahí, una adición más que interesante para un llamativo final.

El disco vibra casi siempre a buen nivel. Como persona no habitual de este tipo de propuestas, siento que me faltan referentes a la hora de desentrañar las distintas influencias de la banda. Pero la de Sepultura, citada de manera explícita en la nota de prensa, se deja notar y de qué forma a lo largo del tracklist. El de Soziedad Alkoholika es otro nombre fuerte en muchos momentos, por lo que no puedo alcanzar a imaginar lo que habrá supuesto para ellos contar con todo un Juan Aceña para este debut. Aunque sea en la brevísima “Ez Dugu Ahaztuko”. Un interesante debut y una escucha más que obligada para todo fan del thrash core más comprometido y vehemente.

Texto: David Naves

Reseña: In-Sanity «Searching» (El Subko Producciones 2025)

Largo tiempo ha transcurrido desde que los thrashers asturianos In-Sanity debutaran en esto con la demo “Searching” allá por 1994. Compuesta por cuatro temas que la banda recupera y actualiza ahora con una formación en la que encontramos a Salvador “El Poyo” García (batería), Chus (bajo), Diego (guitarra y voz) y Víctor Casado (guitarra). Este álbum debut que hoy nos traen, y que lleva el mismo título que aquella demo de mediados de los noventa, ha sido grabado por la propia banda en su estudio, Diego a los mandos, para ser posteriormente mezclado y masterizado por Dani Sevillano (Unexpectance, Azure, Malverde…). El artwork corresponde a Tony Nekrosia y las fotos vienen firmadas por Eva Bustamante.

Toda vez supera esa introducción de tintes operísticos, “Wounded” va directamente al grano con un thrash metal de tintes heavies de lo más funcional. Directo, sin grandes florituras, con Diego moviéndose cómodo por tonos altos, que no imposibles. Me gustan esos engarces entre estrofas y los riffs que la banda dispone en ellos. Equilibrada una mezcla donde, si acaso, echo en falta un bajo con algo más de presencia que termine de apuntalar esa buena base rítmica. En cualquier caso In-Sanity dibujan aquí una vistosa y bien trazada sección solista. Un arranque directo y sin grandes complicaciones.

El tranquilo prólogo de “End of Wait” anticipa un metal más pesado y rugoso, con Diego moviéndose ahora en tonos ahora más amables. Medio tiempo donde el bajo de Chus gana ahora el peso y la presencia que eché en falta en el tema inicial. El cuarteto reivindica aquí su vena más heavy, acertando a sonar más americanos, con riffs que me recuerdan a según qué momentos de Metal Church en las partes más vibrantes. Me agrada la sección solista por el trazo tan diverso en que se apoya. También por ese deje tan maidenesco que dejan las guitarras dobladas camino del epílogo y la firme pegada de Salvador. Ágil por diversa.

Suffocated”, que ya se encontraba en aquella vieja demo de 1994 y parece querer recobrar ese pulso más thrash de “Wounded”, acierta a fundir ese nervio con las influencias más heavies del cuarteto. De resultas de ello surge uno de los cortes con más gancho de todo el largo. Parte de la culpa reside en la fina elección de riffs. También en unos cambios de ritmo ágiles por donde asoman trazos no muy distantes del power metal más iniciático. Fácilmente el tema que más brilla de los nueve en lo que a producción y mezcla se refiere, rematado por una sección solista de las que ya no se estilan.

De la más breve “Insanity” podría esperarse unas revoluciones más altas. La banda aprovecha para dibujar un prólogo que siempre me recuerda a la primera etapa de los alemanes Rage. Apenas un guiño pues los asturianos optan aquí por una instrumental donde funden su amor por el thrash más incipiente al tiempo que lo inundan de solos que, a ratos, me traen de nuevo a la memoria a la banda de Steve Harris. Un corte en el que la banda parece disfrutar pero con el que conecto solo a ratos.

Gloomy” se desliga del resto de temas del tracklist al ofrecer ahora un metal más pesado y en cierto modo oscuro por donde parecen colarse las influencias más alternativas de la banda, esos adornos que acompañan a Diego en las estrofas, construyendo otro de los cortes con más personalidad de “Searching”. Casi a modo de contrapunto, la sección solista se apoya sobre ritmos más vivos, enseñando finalmente un trazo de lo más clásico. Aún con lo diferente del tono. Estupendo Chus aquí, dibujando finas líneas de bajo tanto en esas partes más pesadas como en las más veloces del puente central. Quizá la que más ha llamado mi atención de las nueve.

Before” resulta mucho más predecible, lo que no tiene por qué ser necesariamente algo malo. In-Sanity retornan al thrash / heavy más al uso, mostrando sin embargo alguna de las guitarras más rotundas y potentes de todo “Searching”. Acompaña Poyo con el doble bombo. Pero por si algo me gusta este sexto corte es por ese puente tranquilo, en la más pura tradición de los mejores Metallica. La forma en que implementan un mayor nervio ahí, el pequeño solo de bajo primero y el más ambicioso de guitarras después consolidan otro de los grandes hallazgos de este debut.

Searching & Victimized” sorprende ahora con un nervio casi punk. Curiosamente, la forma en que Diego construye estas primeras estrofas y el riff en que se apoyan suele recordarme al clásico de la Reina “Stone Cold Crazy”. Más allá de peculiaridades, es un corte de trazo sencillo, casi elemental, que hace todo y más por derivar hacia la vertiente más despreocupada y thrash de los asturianos. Si bien pienso que el solo final merecía algo más de desarrollo, un corte que ya venía en aquella demo de 1994 y con toda la pinta de funcionar en directo.

The Balance”, que por prólogo y primeras estrofas parece escapada de una sesión de grabación del mismísimo Ronnie James Dio, nos inunda ahora de un hard / heavy por el que se colará lo más granado de la escuela ochentera. Me agrada la línea de batería que trama Poyo aquí. Las guitarras no dudan en entregar dejes que me recuerdan a Europe, Dokken, primeros Def Leppard y compañía. Noto a Diego más exigido aquí, en especial durante el tranquilo puente. Por contra, me agrada la forma en que construyen todo el tramo final. Junto con “Gloomy” lo más diferente de todo el tracklist.

De ahí tal vez que hayan querido cerrar con la mucho más nerviosa y thrash “Living In Fever”, también de aquella iniciática demo de 1994. Un corte que no sorprenderá en cuanto a construcción pero que sirve a In-Sanity para sacar todo el pecho posible en cuanto a técnica. La última sección solista del álbum resulta tan extensa que el corte casi parece una excusa para su propio esparcimiento. Divertido broche final.

Qué son treinta años. La banda asturiana, resucitada en 2020 tras dos décadas en dique seco, entrega un debut que ejerce de pinza entre aquella primera demo y un puñado de nuevas composiciones donde se dan cita no pocas influencias. “Searching” abraza primeramente el thrash más clásico y formal para después picotear entre el heavy y el hard sin olvidarse de la cierta oscuridad de “Gloomy” o el nervio casi cercano al punk de “Searching & Victimized”. Imperfecto pero funcional debut.

Texto: David Naves

Reseña: Ravenblood «Absence» (Autoproducción 2025)

Tras un lacónico “Absence” se esconde el nuevo trabajo de los catalanes Ravenblood, primero desde la entrada de Darío García en baterías. A su alrededor completan la formación Arnau Vallvé Gispert y Jose Luis Gil Hidalgo en guitarras, Raúl Romero al bajo y Daniel Pérez en voces. La banda no ha tenido a bien facilitarnos quién se encuentra detrás de las distintas labores de grabación, mezcla y masterización, así como del artwork. Sí que el álbum salió, en rigurosa edición limitada, allá por el quince de enero.

La pequeña “Intro” que abre la puerta a lo nuevo de los catalanes tiene un nosequé que me recuerda a alguna de las muchas bandas sonoras que ha compuesto el bueno de Danny Elfman, conjugado con tonos más épicos (y esperables) de una banda como esta. El caso es que da pie al tema título, un “Abscence” donde Ravenblood pronto se adhieren a esa corriente del melodeath más épico y fulgurante. Despachada con velocidad, también con buen gusto, hay estrofas realmente trabajadas aquí. Las baterías tienen un papel, quizá, a ratos algo predominante sobre la mezcla, que viene a oscurecer alguna de las buenas melodías que trazan Jose y Arnau. En cualquier caso, muy eficaz ese tono más melancólico de los estribillos y el doble bombo que los soporta. Agradable construcción del tronco central, que desemboca en ese cuidado solo final. Una interesante dupla inicial.

“Fracture” no se aleja de esa misma senda pero parece confluir hacia contornos que me recuerdan, particularmente en el prólogo, a los primeros trabajos de gente como Children Of Bodom, Norther, Kalmah… Ravenblood añaden algo más de groove y picante a la composición, atenúa las comparaciones y camina así por una senda más reconocible. La mezcla equilibra bien entre arreglos sinfónicos y los elementos puramente metálicos y la banda emerge con personalidad y fuerza. Hay buenos dibujos de Raúl al bajo en la partes más tranquilas. Un buen solo de guitarra antecede al epílogo. Y aunque echo en falta una línea de batería más rica en detalles, huelga decir que ésta no ahorra ni en blast beats ni tampoco en el uso del doble bombo, mostrándose más servicial que efectista. Otro buen añadido al tracklist.

In Our Veins” resulta en un artilugio que trae al frente el lado más técnico de los catalanes. Colisiona un power alemán con su habitual death melódico y el resultado es, pienso yo, uno de los más lúcidos del álbum en lo que a amalgama de ritmos se refiere. Y es que la banda acierta al hilvanar ese trote más directo con entornos más crudos y desolados, con Dani exhibiendo tonos realmente oscuros. Tanto el trazo sobre el que se apoya el solo, como el solo en sí mismo, son estupendos. Uno de esos cortes diversos y bifocales pero que gana peso con cada escucha.

Marked By Madness” se adhiere en mayor medida al libro de estilo del género. Por ahí puede haber quien eche en falta algo más de riesgo. De picante. Composición puede que algo previsible, salvada si acaso por el buen nivel técnico de la banda. También por el cuidado uso de arreglos. Un poco a la contra del corte anterior y aquél trazo más intrincado, “Marked By Madness” representa una adhesión casi total a los primeros días del género, destapándose finalmente como una apuesta tan disfrutable como predecible.

Notable el cambio de sonido que entrega la caja de batería en esta “Ravenblood” que viene a dar nombre a la banda. Otra andanada de death melódico en la más pura tradición del género, con la producción otorgando gran peso ahora a la voz de Dani. Buenos cambios de ritmo, con la base rítmica empastando al centímetro. Un trazo, a modo de montaña rusa, de lo más certero y eficaz. Tanto la construcción del puente, como el fuerte peso que adquieren los arreglos aquí, potencian la cara más sinfónica de la banda, que acierta a trazar un tramo final con un gancho de mil demonios. Fácilmente uno de mis momentos favoritos de todo el largo. Estupenda.

Devourer Of Tales”, que “Intro” al margen pasa por ser el corte más rácano de todo el álbum, mantiene altas las pulsaciones a lo largo de un prólogo vibrante y descosido, rematado por unas más que vistosas líneas de guitarra. Composición que de nuevo vuelve a echar mano de un death melódico veloz y directo con la (fuerte) carga sinfónica como gran contrapunto. Hay momentos casi marciales junto con baterías realmente ágiles y veloces. El epílogo, con ese doble juego entre voz y guitarras, es estupendo. Por ponerle algún pero, bien merecía un final no tan abrupto. Un corte que disfruto en cualquier caso.

Arreglos mediante, “Throne Of Fire” ofrece el prólogo más épico del álbum. Sorprende sin embargo que la banda lo abandone después en favor de un metal más cercano a los distintos vértices sobre los que pivota este “Abscence”. Hay tonos realmente oscuros de Dani durante estribillos. Son estos de un cariz que sorprende por rocoso y pesado. También por el hábil contrapunto que suponen las distintas melodías que los acompañan. Llamativo uso de coros durante el puente pero, en resumidas cuentas, otro de los cortes que se queda a la cola del vagón de cabeza.

Trapped In Silence” arranca desde un prólogo que rezuma elegancia entre el fuerte poso sinfónico que dejan los arreglos. Es precisamente esa carga sinfónica la que acompaña a Dani durante estrofas para luego dejar paso a los buenos engarces que realizan Arnau y Jose. Es un corte por donde se traslucen algunos momentos de calma. Nunca una calma tensa, sino más bien un anticipo de esos momentos más vibrantes y enfebrecidos. Me gusta el equilibrio que consigue la banda aquí. También como la mezcla acierta a equilibrar la voz de Dani con respecto al resto de líneas. Todo parece estar donde debe y la nota final se beneficia de ese esmero en las distintas labores de grabación y mezcla. Otra de mis favoritas de entre las once.

De lo más juguetón y pegadizo ese arranque de “Reborn In Darkness”, quizá uno de los momentos más amables de todo el largo. Que me agrada por la forma tan elegante en que la banda va circulando hacia unas estrofas con poca (diría que ninguna) rima con todas cuantas pueblan estas once nuevas composiciones. Representan el momento más cercano al goth que les recuerdo, oxigenando una cara B del álbum que corría cierto riesgo de reiteración. No dudo será uno de los cortes que más diversidad de opinión genere entre sus habituales. Algo a lo que quizá contribuya la fuerza sinfónica del puente central. El clímax final, enfangado por la suma de todas las líneas, supone uno de los pocos debes en cuanto a producción de este nuevo trabajo. Con eso y con todo un corte a buen seguro diferente a casi todo cuanto hayan hecho y fácilmente el que mayor personalidad posee de esta nueva cosecha.

La final “Leaving In Sanity”, con la caja volviendo a aquél sonido más plano de la propia “Ravenblood”, ofrece de primeras a los Ravenblood más amables, también los más atmosféricos, para lo que termina siendo un interesante juego entre los Ravenblood más furibundos y los más elegantes y casi podría decir pomposos. Un cierre bien equilibrado, que si bien no resume al disco, sí que ofrece pinceladas de algunas de las ideas que lo preñan. La buena ración solista que entregan en su parte final, el buen trato de los arreglos durante esa demostración técnica y el calmado fade out final suponen el toque final a otro interesante trabajo de los barceloneses.

No he comentado nada al respecto durante toda la reseña pero es cierto que el apartado lírico del álbum puede pecar de una cierta acumulación de lugares comunes. Orgulloso disco de género al fin y al cabo. En cuanto a composición se refiere, sus fans de siempre tienen razones más que sobradas para estar contentos. La banda vuelve a contener y resumir lo más granado de la escena nórdica, alcanzando incluso una cierta brillantez en cortes como la inicial “Abscence”, “In Our Veins” o la propia “Ravenblood”, sin olvidar el cierto atrevimiento de “Reborn In Darkness” o la distinción final que procura “Leaving In Sanity”. Sin que me conquiste en su totalidad, una más que interesante y cuidada adición a su cada vez más interesante catálogo.

Texto: David Naves

Reseña: Soundcrush «The Hunt» (Autoproducción 2025)

Nueva autoproducción para los chicos de Soundcrush, la banda que lidera en guitarra y voces Ales Sánchez, a quien rodean esta vez Luis Sánchez al bajo, Iván García en baterías y Víctor Diedena a la otra guitarra. “The Hunt” se grabó en los estudios EGM y se adorna con un arte nacido en el seno de la propia formación asturiana.

Llama la atención esta “Consequences PT2” y esa sensación a llamada a las armas que entrega. Y que dura lo que tardan en irrumpir las primeras líneas de voz y guitarra. Desprende cierto aire misterioso con esas voces en susurro. Curiosa introducción a un álbum al que da nombre esta “The Hunt” en la que Soundcrush juegan, pienso que de forma hábil, a conjugar su cara más trotona, con la más técnica y groovie. Hay una estupenda línea de batería soportando y enlazando los distintos ritmos. Buenos detalles en los engarces entre estrofas. “The Hunt” tiene gancho en un estribillo al que no cuesta esfuerzo adherirse. El puente, que echa mano de una pequeña narración, acomoda igualmente un vistoso y agradable solo de guitarra. La composición regresa después a la pesadez inicial y por ahí el disco arranca con un dúo más que interesante.

Exemplary Punishment” acentúa la pesadez del cuarteto, basando ahora su avance en un riff que bien podría parecer heredado de los seminales metaleros franceses Gojira. Soundcrush suenan más rocosos aquí. Más desesperados incluso. Pero me gusta la forma en que han construido estas estrofas. Las voces que sitúa Ales sobre ellas. Caben coqueteos con el metal sureño. También feroces y rabiosos blast beats, cercenados sin descanso por Iván García. El solo, que llegará camino del epílogo, podría pasar por mi favorito de todo el largo. Por sí mismo pero también por el cuidado riff en que se apoya. Cuidada es también la escritura de su tramo final, que lo mismo acoge trazos casi marciales, que se inunda de doble bombo o recupera aquellos blast beats más violentos. Una coctelera de apenas cuatro minutos en la que caben muchas de las caras de la banda.

I, The Beyonder” vuelve a dar ejemplo de la buena técnica que manejan. Si bien ahora el cuarteto se permite el lujo de entregar un metal más atmosférico y espacial, así como un mayor juego entre registros vocales. En las partes más vivarachas surge un riff pleno de gancho y efectividad. Es en las partes más groovies que el nombre de Caedis, a quienes vimos por aquí a finales del pasado año (crónica), sobrevuela con cierto peso. Bandas, asumo, con más de un par de referentes comunes. Composición poliédrica, como lo son muchas del cuarteto, y que en cierto modo viene a poner la nota de distinción dentro de este “The Hunt”.

Me cuesta más conectar con “Unprocessed”. Quizá porque el riff en que apoyan estas primeras estrofas no tenga el brillo que sí ofrecen otros tantos dentro del álbum. Son unos Soundcrush ahora más pétreos y marciales, más directos y por ahí casi refractarios al discurso más ambicioso (por diverso) que suele alimentar a sus composiciones. Con eso y con todo, aprecio de igual forma el buen solo de su tronco central o ese metal más trotón que irrumpe a continuación. Pero en suma me agrada menos que otras ofertas dentro de este nuevo álbum.

La pequeña “Of Pain And Fear” viene para poner la nota de color con ritmos apaciguados y un fuerte poso melancólico en sus melodías. Un pequeño y elegante oasis en mitad del desierto que bien merecía un desarrollo un tanto más ambicioso. Sea como fuere conduce hasta una “Hands Of The Emperor” de inicio igualmente tranquilo, donde creo distinguir cierto gusto por los Machine Head más elegantes, pero que viene a mudar en un medio tiempo de fuerte poso atmosférico y aires cercanos al post-grunge más casual. Hay grandes voces limpias aquí, rodeadas de eficaces solos de guitarra y, sobre todo, la sensación de que la banda ha querido mimar con sumo cuidado una composición tan diferente como esta. Se dejará notar en la forma en que todo confluye en el solo de guitarra final y el desgarro mismo del epílogo. Estupenda doble entrega.

Ascending” retorna a cauces más habituales para ellos. Pesadez y desgarro, intensidad y técnica. Tal vez eche en falta un bajo con más peso aquí, en particular allí donde los riffs manifiestan esa vena más pesada y rocosa. Pero de nuevo me agrada la forma en que la banda conjuga esa mayor pesadez con ramalazos más abiertamente atmosféricos. Que si bien algo esporádicos, suponen un contrapunto, de nuevo muy Gojira, de lo más eficaz. Fácilmente otra de mis favoritas dentro de este nuevo trabajo.

Así las cosas, la final “No Mercy” vuelve a traer a esos Soundcrush más monolíticos y pesados. Algo que se evidencia además en el uso de voces realmente oscuras y agrias en estrofas, que vienen a contrastar con las más limpias (que no del todo amables) que se dejan oír en estribillos. Un riff de esos que invita a agitar cuello se acompasa sobre una más que eficaz línea de batería. Groove metal quintaesencial que no olvida ni acentos más atmosféricos ni tampoco el buen nivel técnico inherente al cuarteto. Inteligente cierre.

Es un álbum breve, sí. Apenas dos minutos por encima de la media hora. Rigores de la auto producción, supone uno. Un tanto a la contra en un tiempo donde los álbumes kilométricos parecen estar a la orden del día. Soundcrush han echado mano del libro de estilo para construir nueve temas donde cabe casi de todo. Pesadez, atmósfera, buena técnica y una diversidad más amplia de la que intuí en un primer momento. Disco de género como es, resulta apreciable cómo la banda se atreve con una dupla central, la que forma “Of Pain And Fear” en comandita con “Hands Of The Emperor”, que viene a dejar clara la medida de sus ambiciones. Otro dúo, el que forman los dos primeros temas del álbum, así como la estupenda “Ascending”, suponen a mi modo de ver motivos más que de sobra para acercarse a lo nuevo de los asturianos. Razones más que de sobra para seguir confiando.

Texto: David Naves

Reseña: Adrift «Dry Soil» (Monolito Records 2025)

Bajo la denominación “Dry Soil” se esconde el cuarto trabajo de los madrileños Adrift. Un total de seis temas producidos al alimón entre la propia banda y Santi García, quien se encargó de grabar y mezclar estas pistas en el Ultramarinos Costa Brava entre enero y febrero del pasado 2024. La formación actual se compone de Jaime García en baterías, Daniel Chavero al bajo, David López en guitarras y Jorge García en guitarra y voces. Con masterización de Víctor García (Aathma, Toundra, Ikarie, Bloodhunter…) y diseño y fotos de Jorge García (Ból! Estudio), el disco vio la luz vía Monolito Records el pasado 31 de enero.

Irrumpe denso “Overload” para sentar así las bases (o algunas de ellas) sobre las que se desarrollará el álbum. Hay cierta tensión en esos primeros riffs, en el juego que proponen ambas guitarras durante el prólogo. También una cuidada línea de batería de Jaime García. Me agrada la construcción de las estrofas, que vienen a contrastar con el desgarrado, indómito y definitivamente árido registro de Jorge García. Etiquetados a veces como “death metal experimental”, es esta una formación que no se doblega al blast beat incesante, que surca caminos más próximos al sludge más atmosférico. La producción, o cómo la mezcla acierta a equilibrar todos los elementos presentes, pone a estos Adrift, perdonen el tópico, a la altura de cualquier banda foránea. Sirva el poso más espacial que precede al epílogo como muestra.

Todo resulta de lo más orgánico. Sin maniqueos trucos de salón capaces de pervertir su manera de entender el metal extremo. Y “Concrete” es la mejor prueba de ello. Adrift arremeten más vivarachos ahora, con un bajo que percute con insistencia en ambos canales. Jaime García vuelve a dejar otra inquieta línea de batería, que acompaña a unas guitarras que ganan peso y crudeza aquí. Es el corte más rácano, en cuanto a duración, de todo el álbum, lo que no quita para que la banda lo recubra de buenos cambios de ritmo, apostados siempre en ese post metal crudo y arenoso. Lo mejor es el modo en que la banda parece terriblemente cómoda en este registro algo más vivaracho, entregando por igual atmósfera, músculo y desgarro.

Edge” toma el testigo a base de reincidir en esos biorritmos más altos. En un riff que, tras cada escucha, no deja de recordarme a los (tristemente) desaparecidos Moho, Adrift proponen un viaje inclemente en el que cruzan guitarras de un poso casi psicodélico con riffs heredados directamente del black metal. Contorsionando géneros, tejiendo cuidados cambios de ritmo sin olvidar su cara más descosida y visceral. Sorprende, aún en un álbum como este, la tensa calma de su extenso tronco central, con Adrift transitando por un páramo inhóspito y desolado. Desesperado festín riffero, que Jorge García recorre en su habitual registro ominoso y descosido. Toda esa amalgama sónica viene a contrastar con la más acusada calma que irrumpe más adelante, con el bajo de Chavero superpuesto ahora a ambas guitarras. Guitarras algo efectistas aquí, que toman en este tramo final sonoridades más próximas al stoner, sin que ello venga a traicionar el espíritu mismo del tema que las acoge. Que pese al amplio abanico de influencias que manejan sean capaces de mantener un nexo común entre todas ellas creo que habla muy bien tanto de la producción de la que gozan estos seis temas como de su buen hacer como compositores.

Restart” puede ser la que inicia de forma más amable de todo el tracklist. Es metal algo trotón, que despliega un nivel técnico sin florituras ni excesos. Operante siempre en favor de la propia composición que las aloja. Lo que sorprende aquí sin embargo son esas voces limpias, de aire casi ritualista, y la forma en que conjugan con el siempre árido y roto registro de Jorge García. Un corte que viene a romper con muchas de las ideas preconcebidas del álbum a estas alturas, siendo lo suficientemente hábil para mantenerse dentro de las propias fronteras del género. Hay riffs que tranquilamente pueden recordar a King Crimson, engarzados por unas baterías de Jaime García ahora un tanto más lineales. El tramo final se empecina en devolvernos a esos Adrift más atrevidos y atmosféricos sobre unas baterías casi marciales, desembocando finalmente en un curioso epílogo. Estupenda.

Agradecida calma la que propone el prólogo de “Blood Kills The Soil” con esas guitarras ahora algo tímidas, que vendrán de nuevo a contrastar con el iracundo registro de Jorge. Un penúltimo corte que afianza la cara más atmosférica de los madrileños, apoyada en una producción que parece entender a la perfección el material que tiene entre manos. Hay un poso algo más psicodélico aquí, que imbuye unas estrofas por momentos atrevidas e incluso desafiantes. Hay una mayor linealidad aquí y sin embargo puede que se trate del corte más excéntrico y diferente de los seis.

La final “Bonfire” parte desde un prólogo de fuerte poso atmosférico, aupado por una serie de arreglos de un cariz casi cinemático. Adrift se toman su tiempo ahora, de hecho composición más ambiciosa del álbum, y pronto dibuja guitarras que, sin ir más lejos, podrían recordar a los Tool más recientes. La voz de Jorge aparece ahora algo más hundida en la mezcla, generando una cierta extrañeza conforme transcurren las primeras estrofas. Las baterías de Jaime García recuperan aquél brillo de comienzos del álbum, ayudando a que la banda teja pequeños pero hábiles crescendos. Todo confluye en un puente central cercano a la ensoñación onírica. No diré que me recuerda a Alcest pero sí que intuyo un lejano guiño al shoegaze en estas atmósferas ahora apaciguadas. El cuarteto trama un largo epílogo en el que brillan sobremanera los riffs de Jorge y David, que terminarán por confluir en el cierre más abrupto que recuerdo en mucho tiempo. Un final estupendo en cualquier caso.

Uno de esos discos que solo entrará a una primera escucha a los muy duchos en el metal más desesperado y sofocante. Un viaje atmosférico por contornos a veces nada amables, que desafía al oyente casi a cada paso pero que, aún ahí, sabe tejer pequeños remansos de calma y sosiego. Con una gama riffera capaz de tender puentes entre el progresivo más clásico, el death a veces aberrante y el black más avezado, (casi) siempre bajo la angustiosa voz de Jorge García, Adrift han trazado un álbum que les debería confirmar como punta de lanza del post metal dentro de nuestras fronteras. Si tanto “Dry Soil” como estas palabras os llaman la atención, el próximo jueves día 6 de febrero tenéis una cita con ellos en el chigre cultural ovetense La Lata de Zinc.

Texto: David Naves

Reseña: Xeria «Fuego» (CD Music 2024)

Acompañando a la buena gente de Celtian en el Gong Galaxy Club de Oviedo este próximo 31 de enero estarán los chicos de Xeria, lo que nos parecía una razón tan buena como cualquier otra para detenernos un momento en su segundo largo “Fuego”, editado en marzo del año pasado a través de CD Music. Participaron en la grabación de este trabajo el teclista Víctor Herrera, el guitarra Carlos Z, el bajista Félix Gacho, el batería César Manjarrés y la voz Marina Sweet. Nueve temas grabados en Estudios Dynamita con el Last Days Of Eden Dani G. (Arenia, Rage, Monica Naranjo…) encargado igualmente de las distintas labores de mezcla y masterización.

Esta “Fuego” que dará nombre al disco abre con toda la pompa y boato propios del mejor metal sinfónico actual. Marca de la casa en la factoría Dani G., el combo vallisoletano se adentra en una composición atractiva por diversa. Resulta llamativa ya la construcción de las propias estrofas. Esos crescendos delicados y bien cuidados. Arrimados al metal melódico más cadencioso con medido equilibrio en la mezcla. Es cierto que en estribillos las guitarras pierden algo de presencia bajo esos coros tan predominantes. Por contra, me agrada cómo Marina parece en todo momento ser consciente tanto de sus virtudes como de sus flaquezas, trazando líneas interesantes durante estribillos. Como interesante es ese solo previo al epílogo. Un comienzo elegante y con gancho.

Siempre Amanecer”, que pasa por ser el corte más rácano en cuanto a duración se refiere, inicia de nuevo tenue, adoptando no obstante un cariz casi cinemático, que la producción quiebra de cara a la irrupción de la faceta más puramente metálica de la banda. Por ahí emerge un riff no muy lejano de los que el propio Dani G. implementa en sus Last Days Of Eden. Pero quien brilla en ese inicio es Manjarrés tramando una atractiva línea de batería. Un protagonismo que desvanece en estribillos para que sea Marina Sweet quien brille con luz propia. Estos tienen gancho y aunque haya quien eche en falta algo más de picante, lo cierto es que la banda equilibra con algunas guitarras realmente rotundas aquí. Y aunque el solo que Carlos Z puede pecar de escueto, bien está un corte que parece mostrar a unos Xeria cómodos y en plena forma.

Una Lágrima Más” prosigue en mostrar sin asomo ninguno de disimulo el fuerte poso sinfónico de la banda. Originales estrofas las que dibujan los vallisoletanos aquí para un corte donde el combo realmente da la sensación de disfrutar con lo que hace. Bajo la voz de Marina durante estrofas surgen del mismo modo llamativos arreglos y cuidados detalles de Carlos Z a las seis cuerdas. Entregando uno de esos estribillos que entran ya desde la primera escucha, no sorprende que éste fuera finalmente uno de los elegidos para su traslación al terreno del videoclip. El disfrutón solo que irrumpe en ese tramo final redondea una de las ofertas más equilibradas, certeras y eficaces de todo el largo.

Sangre Fría”, corte más ambicioso en cuanto a duración de los nueve, parte desde la más absoluta bruma para después deslizarse hacia la cara más melódica de los pucelanos. Medio tiempo de cadencia amable, con una Marina Sweet muy cómoda en esas primeras estrofas. La producción multiplica su voz más adelante y el corte, en líneas generales, parece discurrir por la vertiente más elegante de la banda. Sin excesos, con el bajo de Gacho dibujando buenos detalles bajo todo el andamiaje puramente sinfónico que le rodea. Pero si algo eleva a esta cuarta entrega es un puente central que vendrá a abrazar tanto una buena gama riffera como un inteligente uso de los arreglos. El propio solo de guitarra, el uso de sintes retrofuturistas y la forma en que la composición retorna a estribillos. De los nueve, el que más hace valer el buen ojo compositivo que, a día de hoy, anida en el seno de Xeria. Estupenda.

Sintes asoman también en el prólogo de “Contra Las Estrellas”, que después cabalga a lomos de una sencilla pero eficaz línea de piano. Los primerísimos Within Temptation sobrevolando mi subconsciente tras cada escucha. El caso es que la banda adopta después un metal melódico que viene a recordar a trabajos más recientes de la propia banda neerlandesa. Sea como fuere, Marina Sweet vuelve a moverse como pez en el agua durante estas estrofas. Algo más exigida en estribillos, pueden no ser estos los más redondos de todo el largo. Y da igual porque Xeria derivan luego hacia una versión más iracunda y, pienso, salen más que airosos del envite. Hay un buen solo de guitarra de Carlos Z aquí. Quizá porque tiene detalles que me recuerdan al mejor Alberto Rionda. También un cierre cuyo trazo me resulta de lo más atractivo. Otra a contar entre mis favoritas.

Al Pasar De Largo” rebaja las revoluciones, deriva sin excusas al terreno de la balada distinguida y elegante, implementa tímidos arreglos de cuerda y, claro, muestra a una Marina Sweet en su encarnación más amable. Mucha pompa en estribillos, tan cuidados como grandilocuentes. Carlos Z se descuelga con un solo torrencial, en una vena puramente clásica, que antecede a los Xeria más sinfónicos y recargados del final. Dani G. maneja con precisión de orfebre el encaje entre todas las líneas que se dan cita en el epílogo, constituyendo uno de los puntos álgidos del álbum en este sentido. A la altura de la mejor producción foránea, francamente.

Tras la calma, bien está el mayor brío de “La Luna Siempre Brilla”. Un corte donde la banda cuenta con la colaboración al micro de Kenzy (Megara) para, entre ambas voces, construir un metal sinfónico eficaz en estrofas, ganchero en estribillos, y finalmente hábil en el despliegue puramente técnico. Fantástico solo de Carlos Z aquí. Impecable en lo que a producción se refiere, no obstante un corte con ciertos altibajos.

Sin salirse un ápice de los férreos límites del género, me agrada la forma en que “Cerraste El Show” acierta a ofrecer un mayor nervio durante estrofas. No diré que la banda suena marcial aquí, pero sí que se dejan sentir esas gotas más de picante. Se agradecen incluso. Por contra, cierto es que su aspecto lírico no me entusiasma, particularmente en estribillos, pero la banda vuelve a mostrarse cómoda y concentrada en lo puramente musical. Hay buenos riffs de Carlos Z bajo estrofas, llamativos arreglos y voces rotas bajo el registro más amable de Marina. A pesar de todo, el corte con el que más me ha costado conectar de los nueve.

Edén”, con Rafa Blas (Mägo De Oz) a bordo, entrega un consistente duelo vocal sobre un metal sinfónico enraizado en la versión más leal posible al género. Me poderosamente la atención los riffs con los que Carlos Z va engarzando las estrofas. También los distintos arreglos y adornos que acompañan a estas. La propia Marina está más que hábil a la hora de construir sus líneas vocales. Delicada a un tiempo, torrencial al otro, confronta (es un decir) al albaceteño con clase y saber hacer. Echo en falta un solo de guitarra más ambicioso en este tramo final y, de paso, asumo mi culpa por ser tan insistente al respecto a lo largo de las diferentes reseñas. En cualquier caso, un más que eficaz cierre a este “Fuego”.

Este es uno de esos álbumes que, reza el tópico, gana peso con cada nueva escucha. Cierto que en su tramo final, el correspondiente a los cortes “La Luna Siempre Brilla” y “Cerraste El Show” estoy cerca de desconectar del mismo. Pero es que antes, temas como “Una Lágrima Más” o “Sangre Fría” habían dejado las expectativas por las nubes. Una gran producción, que no sorprende viendo la figura que se encuentra detrás de la misma, y una Marina Sweet que (me da la impresión) ha crecido una barbaridad desde aquél “Tierra” de 2019. Carlos Z está muy fino a la hora de elaborar buenos riffs de guitarra. Y aunque ya digo que a ratos eche de menos un aporte solista algo más ambicioso y efervescente, poca duda más cabe al respecto de su desempeño. Así pues, solo queda ver qué tal luce en directo este segundo trabajo el próximo viernes junto a Celtian.

Texto: David Naves

Reseña: Laguna “Of Men And Myths” (Autoproducción 2023)

Habiendo iniciado su carrera con Mötorhead y Queens Of The Stone Age en el punto de mira, el trío barcelonés Laguna, Pekiss (batería), Joan (guitarra, voz) y Pol (bajo, coros), pronto ensamblaron a su música influencias que abarcan desde Tool hasta Black Sabbath pasando por Electric Wizard. Al menos eso es lo que viene a comunicar la nota de prensa que nos llegó al correo desde tierras catalanas. “Of Men And Myths” vino al mundo en los Akrasonic Productions y se encuentra en la calle desde septiembre del pasado año.

Con el clásico rasgueo del vinilo primero y un avanzar acústico en cierta rima con los Swans menos experimentales que arranca el debut de los barceloneses. La pequeña “Dogma, Pt. I” hace mucho por ocultar la intensidad que recorrerá el tracklist, deviniendo en una pequeña isla de tranquilidad antes de que la tormenta se desate.

Que lo hará, principalmente, a través de las monolíticas guitarras de “Of Men And Myths, Pt. I”, engarzadas y sin embargo contrarias a una base rítmica tan pegajosa como omnipresente. Me agrada la forma en que dibujan los diferentes cambios de ritmo. Las melodías reverberantes bajo estrofas. Y esa voz grave y rotunda, aguardentosa y a ratos incluso malsana. Aires marciales engranan con pequeños eslabones donde bajan las revoluciones y se eleva la voz de Joan. Mucho sludge en superficie y un corte que encapsula un amplio ideario sin pecar de falta de identidad. Al contrario.

Paragon” desciende en el reloj para entregar a los Laguna más crudos y a la vez asépticos. Con Joan desgañitándose a conciencia y Pekiss trazando una más que diversa y llamativa línea de batería. Sus riffs tienen un trazo casi circular. Y si bien lo escaso de su duración corta de raíz el posible alcance de la composición en sí, no dejo de divisar destellos con los que comulgo de muy buena gana. Fugaz varahada de rock negruzco y asfixiante.

Surge “Dogma, Pt. II” como resorte quizá a la brevedad de su predecesora. El corte más extenso de este debut se eleva desde el dominante percutir de Pekiss en el prólogo hacia unas primeras estrofas donde unos Tool del “Ænima” parecen hacerse con los mandos de la nave. Más adelante y juegos con los canales al margen, Laguna juegan a exponer su cara más retorcida primero, la más vistosa después, con Joan en casi perfecto émulo catalán de Adam Jones. La sequedad inunda su tronco central. También el ruido, con Pekiss azotando esos platos como si le debiesen dinero. El largo epílogo conjuga, no sin ciertas dosis de riesgo, toda una amalgama de tonalidades e influencias que difícilmente podrás apreciar al vuelo en una sola escucha. Una filtrada voz femenina e incluso cierto aire a jam session inundan este fantástico por retorcido tercio final. “Strong dogmas are crashing down”. Y tanto que sí.

Con “Dogma, Pt. III” parecen regresar los Laguna más monolíticos, en rima con aquél segundo corte del álbum. Y pese a ello es un corte que disfruta mientras huye de ciertos formalismos. En gran medida por la forma en que Joan encara los sucios, alucinados incluso, solos de guitarra. Si bien puede que en lo tocante a riffs conecte en mayor medida con otras ofertas dentro del disco, el trío barcelonés se las arregla para firmar un corte sin mayores dobleces más allá de su propia extrañeza. Denso sin rozar lo miserable pero frontal como un muro de granito. A buen seguro un pilar en sus directos.

No lejos de esa senda más agria se sitúa “Omen”, que dibujan a partir de un riff de Joan con un gancho de mil demonios. Es un corte rotundo al que acentúan la firme batería de Pekiss pero donde echo en falta más presencia del bajo de Pol. Y aunque no comulgue del todo con la forma en que implementan ese deje más groovie durante el epílogo, lo cierto es que me sorprendo a mí mismo meneando los pocos pelos que me quedan con ese avanzar directo y sin miramientos.

Pesadísimo el prólogo de una “God In The Machine” que, toda vez llegan las estrofas, transige hacia un metal más nervioso, que finalmente dará paso a unos estribillos retorcidos, pedregosos incluso. El bajo de Pol se retuerce y distorsiona al tiempo que acompaña a uno de los desempeños vocales más rabiosos y también diversos de todo “Of Men And Myths”. Sin alcanzar la desatada diversidad de “Dogma, Pt. II”, surgen de nuevo aquí los Laguna más ambiciosos, que coronan con un epílogo donde crudeza y atmósfera se entrechocan y dibujan uno de los momentos más oscos y malencarados de este debut. Estupenda.

Tras la tormenta, uno casi agradece la calma que “Of Men and Myths, Pt. II” acoge durante el prólogo. Una calma que, más adelante, se quebrará de forma brusca, hosca incluso, pero que en cualquier caso sirve a Laguna para finiquitar su debut de forma intensa y rotunda. Un cierre que tal vez merecía algo más de espacio y desarrollo.

Sí, quizá se me haga algo corto este debut. No obstante y aún así encuentros muchos asideros a los que agarrarme. La banda conjuga sus muchas ideas preñándolas las más de las veces de unas dosis de intensidad y mal café dignas de un leñador al que le han tocado de más los cojones. Lo mejor de todo es que pese a esa rabia que parece emanar del disco, la banda para nada desbarra a la hora de construir sus temas. Es algo que, claro, sale a relucir en las entregas más extendidas, pero también en la más pequeña “Dogma, Pt. III”. Buenas sensaciones en líneas generales y una banda a la que habrá que seguir con atención.

Texto: David Naves

Reseña: Tierra Santa «Un Viaje Épico» (Maldito Records 2024)

Nuevos rumbos para la gente de Tierra Santa apenas un par de años después de su anterior “Destino” de 2022. Aquí siguen Roberto Gonzalo (bajo y voz), Francisco Gonzalo (batería), Juan Antonio San Martín (teclados), Dan Díez (guitarra) y Ángel San Juan (guitarra y voz). Este “Un Viaje Épico” que hoy nos traen, estrenado el pasado mes de noviembre vía Maldito Records, cuenta una vez más con Javi San Martín para las distintas labores de grabación, mezcla y masterización, llevadas a cabo en los Estudios Sonido XXI de Esparza de Galar (Navarra).

Un Viaje Épico” que comienza con un prólogo de corte sinfónico que subvierte el habitual arranque vibrante y nervioso por una primera estrofa calmada y elegante. Muy a medida del registro de Ángel, cada vez más consciente de sus debilidades, también de sus fortalezas. Toda vez la composición supera su larga introducción, tenemos ante nosotros a los Tierra Santa de siempre. Esto es, heavy metal sencillo, con gancho, de cuidadas estrofas y ritmo ágil. Buenas melodías de guitarra bajo estribillos y mejores solos después. La formación riojana rimando aquí con sus primeros discos en contraposición al rumbo más cercano al hard que venían desarrollando en sus anteriores trabajos. Como nota al pie, estupendos esos dibujos del vídeoclip a lo “Take On Me” de A-Ha:

Los riffs en que apoyan “Mañana” pronto remiten a la conocida querencia de la banda por los Iron Maiden de primera mitad de los ochenta. La sensación que queda es la de que será una fija en sus directos. Despreocupada pero con gancho, de nuevo tiende buenos dibujos de guitarra como fiel acompañamiento a Ángel durante estribillos. Pero es que el solo que trazan aquí puede ser fácilmente el más ágil de todo el disco. Sin salirse un centímetro de su libro de estilo pero nuevamente remitiendo a sus primeros trabajos. Por poner una pega, el final bien merecía algo más de desarrollo y no ese entristecido fade out.

Tierra Santa añaden una pizca más de picante en una “Inmortal”, que se beneficia de la buena labor de Francisco Gonzalo a los parches. También de ese bajo tan Harris de Roberto. Y no, Ángel no es Bruce Dickinson. De hecho parece algo exigido en según qué momentos del estribillo. Sea como fuere, brilla la banda aquí en los aspectos técnicos como (quizá) no lo hacía en un par o tres de discos. Funcional.

Tiene nervio ese arranque de “Excalibur”, esas guitarras más broncas y esa batería ágil y sin complicaciones. Pero si algo me agrada aquí es la forma en que han construido las distintas estrofas. También el apoyo que brinda San Martín desde los teclados. Quizá el corte con más gancho de los diez, lastrado si acaso por lo rácano de su duración. La producción de “Un Viaje Épico” no podría ser más natural. Casi invisible de hecho, en el sentido de que no trata de desvirtuar a esta banda ni transformarla en aquello que no es y, por ahí, siento que no podría ser más acertada. Desde luego técnico y músicos se conocen de sobra.

Ícaro” parece nacer con la intención de ser el gran emblema del álbum, con permiso de la propia “Un Viaje Épico”. Al igual que aquella parte desde un arranque tranquilo y calmado, con un esforzado Ángel dejando una buena primera estrofa. El riff y las melodías que surgen después no van faltas de gancho. Tierra Santa trazan de nuevo un heavy metal que viene a recuperar aquél mayor nervio de sus primeros días. Y lo hacen, de nuevo, a través de cuidadas melodías y medidas estrofas. En lo personal puede que le hubiera otorgado algo más de peso a las teclas de San Martín. Por contra, conecto en gran medida con ese pequeño puente previo al epílogo. Desde luego una de las que más han crecido tras las sucesivas escuchas del disco.

Siempre que arranca esta “El Regreso De Un Héroe” no puedo evitar pensar en un pequeño abanico de nombres: Medina Azahara por este colchón de teclas. Judas Priest, particularmente la era Faulkner, por el riff que acompaña a esas primeras estrofas. Y quizá también Freedom Call por ese tono algo más alegre que arrastra la composición. Un tema construido muy a favor del siempre peculiar a la par que reconocible registro de Ángel. La segunda de las estrofas viene acompañada por buenos dibujos de guitarra, también por un (discreto) juego entre canales. Retrotrae a los mejores tiempos de los riojanos con un estribillo marca de la casa. Sin inventar nada, seguramente nunca lo hayan pretendido, puede ser este otro de los cortes donde más alto brilla el quinteto dentro de este épico viaje.

Solo Hay Un Camino” persiste en esa búsqueda de la cara más heavy de la banda. Lindante con el power incluso, aunque sea de forma tímida. De entre todos los riffs que adornan las estrofas de este nuevo trabajo, pueden ser éstas mis favoritas. El disco, ya en su tramo final, va confirmando cierto abandono de aquél hard rock que alimentó trabajos anteriores, echando mano de su bien conocido libro de estilo y dejando, aquí al menos, una interesante sección solista. Composición lastrada, si acaso, por lo rácano de su duración.

Renacer” parte de un riff algo más sucio, lo que termina de dar otro aire a esta octava entrega. Sencilla, directa, se eleva camino de estribillos gracias a esos buenos detalles de guitarras tras las voces de Ángel. Apenas tres minutos y es una pena, pues anidan algunas buenas ideas aquí dentro. De hecho diría que éste es el Ángel más poderoso en tareas vocales de todo el trabajo. Pero ese metraje algo pírrico viene a jugar en contra del solo de guitarra, fugaz y algo encorsetado.

Será finalmente “Abre Tu Corazón” la que venga a entroncar con aquellos aires más hard de discos anteriores. La rima con Van Halen, teclados mediante, resulta casi evidente aquí. Fue uno de los adelantos y, por ahí, uno entiende esa propuesta más amable y optimista, si bien está muy lejos de representar al disco que la contiene. De hecho y junto a la final “Gracias” diría que son las dos grandes excepciones.

Porque si “Abre Tu Corazón” representaba el salto al hard rock, “Gracias” resulta en una balada de trazo clásico y cuidados arreglos donde vuelven a brillar las teclas de San Martín. Muy ochentera, no cabía esperar otra cosa de una banda como esta, para un final cuidado y elegante.

Entiendo “Un Viaje Épico” como una vuelta a sus raíces. Sin lugar excesos ni grandes complicaciones, más heavy en la hipotética cara A y dejando los cortes más diversos para el final, intuyo que tratando por ahí que la escucha resulte lo más agradable posible. “Ícaro” o muy especialmente “El Regreso De Un Héroe” me parecen buenos temas. “Inmortal” tiene detalles interesantes y “Abre Tu Corazón” demuestra una vez más su añoranza por el hard de finales de los ochenta. En definitiva y es de lo que se trata, sus fans estarán más que contentos de que esta banda vaya a seguir unos cuantos más en la carretera.

Texto: David Naves

Reseña: Celtian «Secretos De Amor Y Muerte» (Maldito Records 2024)

Secretos De Amor y Muerte” supone el cuarto trabajo para los folkies de Alcalá de Henares Celtian. La banda, que hubo de cancelar su último paso por tierras asturianas la misma mañana del show, ha entregado un álbum con Txus di Fellatio y Alberto Seara como productores, encargándose este último además de las obligadas tareas de grabación y mezcla. David Landeroin en baterías y Raúl Plaza al bajo forman la base rítmica de los madrileños, con Diego Palacio en flautas, Txus Borao al violín, Sergio Culebras en guitarras y Xana Lavey al micro. Colaboraciones de Jorge Salán, Rafa Blas, Rafael Carpena, F. Antonelli y Javier Díez, masterización de Dave Donnelly (Dokken, Debler Eternia, Mägo de Oz, Hammerfall…) y arte de Ela Benítez, el trabajo ha sido puesto en circulación por la gente de Maldito Records.

La Lira Encantada” abre los cincuenta y dos minutos de esta nueva obra con un marcado gusto por la épica. Pero una épica tranquila, que a ratos me recuerda al mejor Howard Shore, y que conduce con elegancia hasta una “La Profecía” donde la banda desliza ya todo su arsenal. Una cuidada producción acompaña a las buenas melodías vocales de Lavey. Me agrada el tono en que se desarrollan las distintas líneas de guitarra. La mezcla, un prodigio de equilibrio, permite a la banda respirar en los momentos más amables y atacar en los más rotundos. Su redondo estribillo me parece uno de los muchos hallazgos de esta nueva obra. Un arranque que parece entregar a una banda en plenitud.

Adalina” vendrá a entregar la cara más amable de la banda. Esa que permite a Lavey extraer sus registros más dulces, para desde ahí construir un corte rico en matices y cambios de ritmo, atravesado por otro estribillo pleno de gancho y finalmente abrazar alguno de los riffs más graves y rotundos que les recuerdo. Sin olvidar ni el piano que acompaña a la vocalista durante estrofas ni tampoco la extensa sección solista que irrumpe camino del epílogo, el corte resulta finalmente una de las composiciones más ágiles y atrevidas de este “Secretos De Amor y Muerte”.

Más directa, divertida incluso, “Serena” entrega a unos Celtian mucho más evidentes. Que no obstante ofrece un cuidadísimo trabajo en cuanto a arreglos, una estupenda línea de bajo por parte de Plaza y a la Lavey más heavy. Habrá quien eche en falta algo más de picante, en especial a lo largo de sus estrofas. Por contra, el estribillo resulta del todo ganador. Marca de la casa, rara vez fallan en esto los alcalaínos.

«Maleficio de sangre» sí agradará a quienes busquen algo más de mordiente. Partiendo del riff tan marcado y grave del prólogo, la banda entrega una composición que, a ratos, me recuerda a unos Mägo de Oz del “Finisterra”. Acompaña una Lavey pletórica, alcanzando los tonos altos del estribillo con total fiabilidad. Y aunque el peso de la parte puramente sinfónica es notable, me agrada la forma en que su cara más metálica predomina en la mezcla aquí. De manera evidente durante estrofas y pasando casi de puntillas durante los solos de guitarra, flauta y violín. El equilibrio casi perfecto.

Hasta El Final” linda ahora con el power metal, firmemente apoyada en el doble bombo del Delalma David Landeroin. Contrasta ese mayor brío con una línea de voz más cercana a las lindes del folk metal. Del contraste entre ambas influencias surge otro corte con gancho y bien construido donde, si acaso, echo en falta un aporte solista más ambicioso.

Camino En La Tempestad” parte con todo lo oído hasta ahora dentro del álbum para mecerse por sonidos más cálidos, por los que se cuelan al mismo tiempo sonoridades medio orientales y un cierto parecido a aquella “Astaroth” de la banda de Txus di Fellatio. Sea como fuere, medio tiempo con empaque, que contrasta con el mayor brío de ese estribillo a puro doble bombo. Composición bifocal, de nuevo repleta de matices y también de contrastes, que viene finalmente a dar testimonio de su buen nivel como compositores. Rematada por la cuidada y equilibrada mezcla de Seara y con uno de los solos más redondos de todo el largo, ha terminado por convertirse en una de mis favoritas de entre las trece.

Más sencilla, también más juguetona, “No Vuelvas a Llorar” nos devuelve a los Celtian más festivos y amables. Brilla de nuevo Plaza al bajo mientras la producción opta por revestir a esta octava entrega de toques más contemporáneos, en contraste con el pulso más folk que comanda a buena parte de las composiciones. Finalmente la banda en su clave más vital y optimista.

Caricia Mordaz” es otro de los grandes aciertos (y van) de este nuevo trabajo. Primero por la forma en que está construida. Mucho menos lineal de lo que aparenta. Después por una Xana Lavey que traza aquí una de las líneas de voz más exigentes que le recuerdo. También por una de las bases rítmicas más sólidas de todo el tracklist. Y finalmente por un aporte solista de lo más atractivo, ambicioso sin rozar lo masturbatorio. Francamente estupenda.

Renacer”, con el bueno de Jorge Salán a bordo, sorprende por cómo plantea un heavy metal de sabor añejo y lo insufla de los habituales matices folk del sexteto. Con unas estrofas construidas con sumo cuidado, irrumpen luego unos estribillos no fallidos, pero a los que encuentro algo por debajo de la media del disco. Salán, por si alguien dudaba está fantástico en el solo.

Conecto en mayor medida con “Sueños de Cristal”. Y fíjate que tampoco es que se salga de los vértices sobre los que acostumbra a pivotar la propuesta de los madrileños. Pero entrega guitarras más rotundas y, en general, ofrece a unos Celtian más heavies. Ofrece además el solo con más feeling de todo el largo. Tanto en guitarra como en flauta, estupendos Culebras y Palacio aquí. Ha ido ganando con cada una de las escuchas y tiene pinta de que seguirá haciéndolo en el futuro.

Oh, Catarina”, apenas un escorzo sinfónico con la voz de Lavey muy en primer plano, deja la pequeña nota de color antes de que “Tras El Letargo” recupere el nervio más power y ponga fin al disco. Con Rafa Blas ofreciendo ágil réplica a la vocalista granadina, la banda parce haber echado el resto aquí. Hay química entre ambas voces. También riffs que sacrifican un mayor brillo en pos de alimentar ese pulso más trotón. Sorprende sin embargo el derroche sinfónico del que echan mano en el puente. Contrapunto a ese mayor nervio y un detalle que, pienso, suma y redondea la composición. Gran cierre.

Celtian cada vez más Celtian. La influencia de Mägo de Oz sigue siendo muy palpable a lo largo del disco pero esta es una banda cada día más identificable. El álbum, doy fe, gana una barbaridad con cada escucha. Lo atraviesa una producción de lujo, estupenda labor de Alberto Seara, que lustra cada uno de los temas con precisión de orfebre. En ellos caben influencias de todo tipo. Desde andanadas puramente sinfónicas, flirteos con el power metal o incluso pequeños detalles de corte retrofuturista. Y por supuesto grandes melodías y mejores estribillos. Su pujante y creciente legión de fans tiene, desde luego, motivos más que de sobra para sonreír.

Texto: David Naves