Reseña: Free City «Ingravidez» (DDB Music 2024)

Ahora que cumplen sus primeros diez años como banda, nos llega “Ingravidez”, sexto trabajo de los pujantes vallisoletanos Free City. Un álbum grabado en el Gaztein Estudioak de Zestoa, con el guitarra de Ezpalak Eñaut Gaztañaga a los mandos y que promete entregar su tracklist más heterogéneo hasta la fecha. Ellos son Miles Blossom “Maus” en baterías, Alex Fajardo en guitarras, Pablo Marinas “Peib” en voces y guitarra acústica, Sam Blossom en bajo y voces y Álex Bocos “Cagu” a la guitarra. Adorna su portada la foto de Ibai Acevedo.

Me gusta el arranque tranquilo, también elegante, que propicia la introducción “Caballo Salvaje”. El aroma a western que desprende, también cómo anuncia la estupenda producción de la que goza el álbum. Conduce hacia una “Puntos De Sutura” donde todos los cilindros parecen estar en funcionamiento. La banda en su encarnación más vivaracha para conjugar un doble ataque inicial que debería hacer las delicias de los suyos. Mandan las buenas melodías, especialmente en estrofas, así como un inteligente tratamiento de las voces que habrán de confluir en el ágil estribillo. Como digo estupenda dupla inicial.

Hermano” añade algo más de picante a la mezcla a través de una encarnación más cercana al hardcore. De nuevo ágil a la hora de construir (y enfrentar) líneas de voz, sin descabalgar nunca del tronco común del álbum. Tremendo juego el que dan los coros aquí, cuesta poco y menos intuir que será una fija en próximos setlists. Pero me gustan también esas estrofas más desnudas que se suceden y cómo la banda construye, en ni tan siquiera dos minutos y medio, uno de los cortes más literalmente memorables de todo el redondo. Más que digno solo final, por cierto.

Pero es “Burbuja Dorada” la que viene un poco a dar la medida del actual estado de forma de los chicos. Free City redirigen ahora hacia un rock apaciguado en donde resuenan ecos urbanos, muy cuidado en cuanto a construcción, esos hábiles crescendos camino de estribillos, y donde la producción de este “Ingravidez” brilla más que nunca. La banda se hace fuerte en temas vivarachos como los previos pero también aquí. El solo que encamina hacia el epílogo puede ser fácilmente mi favorito de todo el trabajo. Por ponerle algún pero, el deje más atmosférico que surge en apenas un guiño durante esa parte final bien merecía algo más de espacio y desarrollo. Con eso y con todo una de mis favoritas de entre las doce.

Tus Armas”, que amenaza con profundizar en esos Free City más relajados, reconduce sin embargo hacia las altas vibraciones de comienzos del álbum. Y vuelve a sobresalir en base a la buena producción de la que goza el disco. La manera en que distingue cada línea en total equilibrio. El punch nada impostado o artificial que le otorga a estos estribillos. Incluso el cuidado con el que trata a la cara más melódica del combo vallisoletano. El cierre, tremendamente hábil, devanea entre el pop y el post-rock para, finalmente, desembocar en un último tramo descosido y “libre”. De entre los temas rápidos de este nuevo álbum el que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Odio El Mundo” sorprende con su indisimulado acercamiento al grunge. También por cómo, a pesar del grave viraje en su rumbo, es capaz de mantener un nexo común con el resto de composiciones aquí presentes. Abiertamente desesperanzada, triste incluso, la banda construye aquí con algo más de clasicismo. Lo que no quita para que por el camino queden buenos detalles. Como ese hábil build-up hacia el interesante solo final. Una de las ofertas con mayor personalidad de todo el largo.

Intro al margen, “Mil Historias” es uno de los cortes más fugaces de todo el álbum. Free City de nuevo en su versión más vivaracha pero uno de los temas con los que más me ha costado conectar de todo el tracklist. Lo que no quita para que encuentre buenos detalles: ciertas rimas dentro de la letra, algún que otro riff de un mayor peso específico, el buen solo de su tronco central o la hábil línea de batería. Pero, al menos a día de juntar estas líneas, cosas como “Puntos De Sutura” o “Tus Armas” han arraigado en mayor medida dentro de mi cabeza.

A pachas con la gente de Ezpalak, “Laberinto” entrega la cara más metálica de los pucelanos, especialmente en unas estrofas que contienen alguna de las guitarras más graves de todo el álbum. El riff que acomodan ahí puede no rozar la excelencia pero sirve sobradamente a sus propósitos. El metal euskaldun y el punk multi-influencial de Free City amalgamados para otra de las ofertas más cuidadas, y creo también que conseguidas, de todo “Ingravidez”. Fue uno de los adelantos del trabajo y a buen seguro hará las delicias de los fans más metaleros del ahora quinteto.

Zenit” no sorprenderá tanto por construcción, el habitual juego entre estrofas calmas y estribillos a voz en grito. Pero resulta de lo más llamativa en cuanto a la mucha gravedad y mayor distorsión que ofrecen ahora sus guitarras. Una vez más la producción de Eñaut Gaztañaga captando con sumo acierto y cuidado las intenciones de la banda. El resultado no podría ser mejor. Es cierto que su estribillo puede adolecer de una cierta sencillez. Por contra, resulta de lo más pegadizo. Uno de esos coros que entran a la primera y merodean por tu subconsciente durante días. Otra de mis favoritas.

Otra que sorprende es “Lucharé”, que transita desde su vivaracho arranque hacia tonos más livianos que bien podrían recordar al mejor Juan Valdivia de, sí, Héroes del Silencio. Luego el corte coge rumbos más asimilables al resto del disco. Sin destacar entre la docena, sin tampoco palidecer, quedándose mansamente en una algo difusa zona media. Con eso y con todo, no descarto se trate de uno de los cortes que gane más enteros de cara al directo. En su encarnación de estudio no negaré que me deja un tanto frío.

Sí que me engancha en mayor medida “Pastillas y Gasolina”. Quizá por cómo desarrolla, aquí y allá, tonos más cercanos al metal. Y es que la cabra, al final, ya se sabe. El corte alberga buenos riffs, también un trazo muy cuidado, en especial en lo tocante a estrofas, solidario a un estribillo de aires urbanos que le sienta como un guante a esta penúltima entrega. El mayor grosor que van adquiriendo sus guitarras camino del epílogo, el hábil (y potente) puente central y el punzante solo final. Entiende uno enseguida los motivos por los que ha sido otra de las cartas de presentación de este “Ingravidez”.

La propia “Ingravidez” es un cierre a rezumar de clase y buen gusto. Un medio tiempo de aires melancólicos pero nunca gélidos. Desgarrado a ratos, siempre elegante y que brilla con luz propia. Trazado con gusto desde su calma inicial hasta esa furiosa y bien armada eclosión del epílogo. Todo carbura para configurar un fantástico cierre al álbum al que da nombre.

Una banda en un momento de su carrera en el que no solo no teme la fusión sino que, cada vez más, la abraza como principal razón de ser. Como principio y fin. Ramalazos urbanos, coqueteos con el grunge, guitarras que no desentonarían en un álbum de metal y muchas y muy buenas líneas de voz. Todo bajo la estupenda producción de Gaztañaga presto para hacer las delicias de su cada vez mayor legión de fans. Nosotros les vimos en el Rockvera de 2022 y nos llamó la atención tanto la energía que desplegaban sobre las tablas como la cantidad de gente joven que se agolpaba en las primeras filas para verles. Salvo causa de fuerza mayor, esperamos repetir el próximo 31 de agosto.

Texto: David Naves

Reseña: Vhäldemar «Sanctuary Of Death» (MDD Records 2024)

Infatigables. Cuando aún resuenan los ecos de “Straight To Hell”, el anterior álbum de la banda, en parte gracias a lo mucho que se prodigan sobre las tablas, a decir verdad parece mentira que hayan transcurrido casi cuatro años entre la edición de aquél trabajo y la redacción de esta reseña. Reseña que viene a arrojar algo de luz sobre “Sanctuary Of Death”, a la sazón séptimo largo de los barakaldarras. Aquí siguen Jonkol Terra en coros y teclas, Raúl Serrano en bajo y coros, Carlos Escudero en voces, Jandro Tukutake en baterías y Pedro J. Monge en guitarras, coros, producción, grabación, mezcla y masterización. Con invitados como Diego Zapatero (Melodius Deite, Mercury Rex), Pablo Sancha (After Lapse, ex Delyriüm) y Gavin Ledema, Vhäldemar contaron con la ayuda de Aitor Ruiz en la grabación de voces y el arte de Darkgrove Design para adornar la portada. En la calle desde el pasado nueve de mayo.

A “Devil’s Child” le puede pesar el hecho de representar fielmente lo que alguien espera de una banda como esta. Baterías que trotan bajo cuidadas melodías de guitarra, riffs trotones… Perdido pues el favor del factor sorpresa, Vhäldemar arremeten con todos sus cilindros en funcionamiento, accionando cada una de las palancas que han llevado a los baracaldeses a la cima del heavy metal facturado de nuestras fronteras para dentro. Y lo hacen, claro, apoyados en un sonido de diez. La maquinaria no podría estar mejor engrasada, me refiero a los Chromaticity Studios, y por ahí el resultado es todo lo óptimo que cabría esperar. Sonido potente pero discernible, que otorga protagonismo a cada línea presente en la mezcla sin menoscabar en agilidad ni potencia. Un arranque potente e incluso carismático.

Escudero es un voceras de gran carisma. Nadie que haya visto a esta banda en vivo, especialmente en sala, lo podrá negar. Y aunque en estudio acostumbro a notar unas décimas menos de pasión que en sus frugales representaciones en directo, lo cierto es que para “Dreambreaker” el de San Vicente de Baracaldo parece seguir en plena forma. Es un corte rapidísimo, que pasa en apenas un suspiro, alimentado por alguna de mis estrofas favoritas de todo el redondo. Tukutake arremete firme desde el doble bombo y la banda dibuja uno de esos estribillos, marca de la casa, que parecen tener el directo como principio y fin. Arreglos de corte épico anuncian el duelo solista del puente, es esta una formación de sobrada (y testada) valía técnica, que no teme en ningún caso a desarrollos vistosos y de lo más funcionales…

… pero por ahí agradezco la forma en que “Deathwalker” viene a cambiar el paso del álbum. Su elegante y tenue intro al piano, los leves arreglos que acompañan, y ese avanzar más a medio gas, destapando la cara más épica, del quinteto, también el buen sonido de los Chromaticity, y donde apenas echo en falta un riff algo menos recurrente en estrofas. Porque el resto me funciona a gran nivel. Los buenos estribillos, medidos al milímetro. Lo efervescente que resulta Escudero aquí, entregando esa pasión que eché en falta en el corte precedente, y que lleva las gramáticas de la banda un paso más allá, alimentando el rango rítmico del álbum, y otorgándole un aire que, a ratos, me recuerda a los mejores Virgin Steele. Sorprende el solo de Monge, fulgurante y en cierto modo contrapuesto a ese avanzar más tendido y arrastrado. Al menos en mi caso, de las que más han ido ganando con el correr de las escuchas.

Sanctuary Of Death”, con teclas de Pablo Sancha, recupera a esos Vhäldemar ágiles y trotones para otra andanada de heavy / power en la mejor tradición de la banda vasca. El trabajo a nivel melódico de Monge aquí raya de nuevo a gran nivel. Quizá como corte que da nombre al álbum, uno siempre espera algo más. Lo cierto es que aún siendo un tema que me agrada, me engancha incluso, echo en falta algo más de picante. De riesgo se podría decir. Es cierto que Monge descubre su lado más heroico y tanto él como Sancha parecen verdaderamente inspirados. Pero a fin de cuentas encuentro ofertas dentro de este tracklist que me atraen en mayor medida.

Una de ellas bien podría ser “Forevermore”. Arranque en cierta rima con la anterior “Deathwalker”, con Monge destapando el tarro de las esencias ya desde los primeros instantes. Con la voz de Escudero muy en primer plano, la escritura va trazando un crescendo que, a lo lejos, parece transportar ciertos ecos de los Manowar más elegantes. Salvo que los barakaldarras, por suerte, aún no se han convertido en la parodia de sí mismos que la banda del ínclito Joey DeMaio son a día de hoy. Monge acude al solo enfundado en su versión más neoclásica, rompiendo la tónica que arrastraban sus solos dentro del álbum, y dotando a su interpretación de un feeling verdaderamente especial. Y aunque no culpo a quien eche en falta aquí algo más de nervio, me resulta una de las ofertas más conseguidas y mejor trazadas de este santuario de la muerte.

Heavy Metal”, claro, resulta mucho más evidente. Desde los riffs al trazo, pasando por la letra y la misma forma en que Escudero ataca sus estrofas, ha poco lugar a la sorpresa aquí. Por eso me agradan tanto los buenos detalles que Monge se encarga de injertar aquí y allá, así como el solo que despliega camino del epílogo. Pero a la larga, y en comparación a otras canciones del disco, admito que me ha costado llegar a conectar con esta quinta entrega.

Y es que aprecio en mayor medida algo como “Old King’s Visions (Part VII)”, sin que tampoco la banda se haya liado la manta a la cabeza aquí. Poco importa. Sus estrofas están atravesadas por uno de los riffs con más gancho de todo el álbum. Escudero declama los estribillos con la debida dosis de pasión y Tukutake está todo lo firme que se espera de un batería como él. Me agradan además esas melodías con las que Monge engarza estribillos y estrofas, amén de su buen duelo con Terra en el puente central. Vhäldemar a gran nivel.

El fugaz prólogo de “Journey To The Unknown” parece acercar a la banda a los Judas Priest más nervudos, sin por ello perder la identidad ni abandonarse al plagio descarado y el trazo poco inspirado. Nada más lejos. En realidad se trata de un corte tan leal al legado de la banda radicada en Barakaldo como ágil a la hora de entregar los suficientes tics de género que satisfagan las ansias de los fans más casuales. Es verdad que su aspecto lírico puede sonar algo recurrente a estas alturas. Versos tales que “Fighting together with power and might. Standing forever we’ll conquer the night” tiene uno la impresión de haberlos escuchado un millón de veces. Por eso me agrada ese pequeño puente de voces más oscuras que precede al correcto epílogo.

Ahí sorprende el aire más retro de “Brothers”. No quisiera mentar a Randy Rhoads, pero realmente estos son unos Vhäldemar en tonos mucho más clásicos. Ayuda en gran medida que sea Raúl Serrano quien carga ahora con las labores vocales. Es el suyo un registro mucho más limpio que el de su compañero, lo que termina por otorgarle a este noveno corte un aura muy particular. Nombres como los de Dokken o Hitten acuden a mi subconsciente en cada nueva escucha. Los riffs que Monge plantea tienen un inequívoco aire clásico, no obstante es un corte dedicado a la figura de su hermano Manuel “Oso”, integrante de la banda de blues Lomoken Hoboken, y fallecido allá por 2022:

My brother may be gone but his music still lives on and on.

Tras la nota nostálgica, “The Rebel’s Law” nos devuelve a Escudero al frente de otro corte en la más pura tradición vhäldemariana. Firmes y autoreivindicativos mientras pisan las lindes del power que tanto y tan bien conocen. Puede que, al igual que sucediera con “Journey To The Unknown” y no digamos ya “Heavy Metal”, algunos versos pequen de recurrentes. Lo cierto es que el barbado vocalista los desgrana con su fuerza y pasión habituales. El frontman de Vhäldemar es uno de esos raros especímenes que serían capaces de recitar con pasión hasta un listín telefónico. De la misma manera, Monge vuelve a brillar con su habitual ración solista. Al mismo tiempo correcta y funcional.

The Last Flame”, con Diego Zapatero y Gavin Iedema a bordo, es un cierre instrumental revestido de elegantes arreglos, grandes melodías y portentosos solos de guitarra. Un cierre que aúna elegancia y potencia. Nervio y buen gusto, con Monge realizando uno de sus mejores trabajos en cuanto a ejecución de todo el largo. El clásico trazo circular no podría funcionar mejor aquí. Un cierre tan mudo como eficaz.

Vhäldemar no están para experimentos. Puede que la banda picotee fuera de su redil habitual en momentos muy puntuales del disco pero, en lineas generales, este sigue siendo su heavy / power metal de toda la vida. De resultas de ello uno puede toparse con algún que otro lugar común a lo largo del tracklist que sus fans de siempre agradecerán de muy buena gana. El resto, está por ver. A fin de cuentas, y como diría el propio Escudero, ya saben…

Texto: David Naves

Reseña: Corazones Eléctricos «De Amor Y Rabia» (Etiam Records 2023)

Once nuevos latidos para los Corazones Eléctricos, el trío que forman Pau Monteagudo (guitarra y voces), Quique Cuquerella (batería) y Pete Sala (bajo) y que tiene parada el próximo viernes en el Tizón gijonés junto a los chicos de Maverick.

Fue el propio Monteagudo quien se encargó de producir este nuevo “De Amor y Rabia”, asistido en la parcela técnica por Manuel Tomás, Sergio Peiró, Genevieve Bennetts y Carlos Gómez. El álbum se grabó entre los estudios La Casa De Ninguna Parte, Valzhalla St., Milenia y Pentasonic. Las pistas resultantes de esas grabaciones serían posteriormente masterizadas por Enrique Soriano. En la calle desde octubre del pasado año.

Canción Urgente” da pronto la medida de la cara más hard del trío. Rock facilón, con pegada y que arrastra un deje casi grunge en sus estrofas. No descubre nada pero destapa, para despistados, el carisma casi torrencial de Monteagudo al micro. La línea “ahora toca ver en mi todo lo que nunca me atreví” suena realmente a pura declaración de intenciones. Qué hay si no más a “contracorriente” que un álbum de rock and roll a estas alturas del cuento.

Pero ahí está la más templada “Aullar Contigo” para ir ampliando las muchas miras que contiene este “De Amor y Rabia”. Un rock más templado, que no aburrido. Para nada. Hay una estupenda línea de bajo aquí, sensacional Pete Sala, mientras las guitarras adoptan afinaciones más amables. Todo desemboca en otro estribillo de esos que se pegan a la primera. Quizá eche en falta un solo que termine de apuntalar la propuesta, pero esto sigue siendo rock de muchos quilates. Que nadie lo dude.

Cimarrón” regresa a aquél pulso más hard del tema apertura, amén de soterrar un piano bajo el cascarón puramente rockero de la banda. Me llama la atención la forma en que Monteagudo afronta estas estrofas, un poco a la contra de la propia vibración de la base rítmica. Un corte sencillo en su trazo, directo, llamativo por esa extraña conjunción y que destapa la vertiente más flamígera de la banda.

El tenue arranque de “Sueño De Una Noche De Verano”, así como sus primeras estrofas, siempre traen a mi subconsciente a unos The Cult del “Love”. Afinaciones leves en estos primeros compases, solidarias al Monteagudo más susurrante. Cuando la intensidad sube y el corte alcanza estribillos, esta cuarta entrega termina por convertirse en una de mis favoritas de todo el redondo. Algo a lo que contribuye el reverberante solo que antecede al epílogo. Lo dicho, estupenda.

Renglones Torcidos De Dios” le pega otro giro de timón al tracklist. Una balada en formato clásico, muy cuidada en cuanto a producción y con una de las letras más intimistas que le hayamos oído al bueno de Pau Monteagudo. La sencilla pero fundamental línea de piano que acompaña a las estrofas, el propio Pau controlando con sumo cuidado su registro. Sin excesos ni alardes. Cuando todo se atempera en el tronco central, emergen los Corazones Eléctricos más alucinados de todo el redondo. Antesala del desgarro que eclosionará camino del epílogo. Fácilmente una de las baladas más cuidadas y elegantes que servidor haya escuchado en los últimos meses

La Destilería” vuelve por los fueros más rockeros del trío. Quizá de las once la que más me recuerda a aquellos Uzzhuaïa que tantas alegrías nos dieron hasta su deceso en 2014. Rock proverbial, apoyado en una letra menos tonta de lo que parece a simple vista, y que arrastra toda la pinta de funcionar como un tiro en directo.

” ejerce casi de conjunción entre la propia vena rockera del trío y ambientes no tan lejanos de un pop de radio fórmula de quince, veinte años atrás, previo a la eclosión de la música urbana que domina los diales en nuestros días. Monteagudo la interpreta con suficiente pasión para no desaprovechar el tiro. Y aunque haya unas cuantas ofertas dentro de este “De Amor y Rabia” que considero más redondas, qué hábil resulta ese pequeño parón antes de epílogo.

Para “Todo Por El Aire” regresa el Pau más sensual, apoyado de nuevo en otra inteligente línea de bajo de Sala. Llamativa por las afinaciones tan leves de sus estrofas en contraste con eso estribillos más ruidosos y noventeros. Por ambientaciones uno de los cortes más llamativos de todo el tracklist pero con el que, curiosamente, conecto sólo a ratos.

Los Dos Lados De La Misma Cara” amenaza con torcer hacia terrenos más endurecidos. Y sin embargo, ahí está el desvío que toman sus estrofas y que los acerca, de nuevo, al rock alternativo de los noventa. En especial cuando uno oye la forma en que Monteagudo encara sus estribillos. Hay buenos solos aquí. También una cuidada línea de batería por parte de Cuquerella. Al final una de las entregas que más ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Es el propio Cuquerella quien lustra el arranque de la desgarrada “Érase Una y Otra Vez”, testimonio de la cara más rockera y vibrante del trío, que atruena ahora con una intensidad pocas veces oída a lo largo del álbum. Ojo a las melodías en que se apoyan los estribillos, con Monteagudo tirando de clase y también de galones. El ruidoso tramo final, y los riffs que la banda desarrolla aquí, no distan tanto de unos Muse del “Origin Of Symmetry”. Otra de mis favoritas.

El cierre es para la “Balada Del Difunto Vivo” y esos ambientes casi desérticos, con Pau en tesituras casi desgarradas. Cuidada y bien construida, rezuma clase y buen gusto. Una despedida distinguida, que abrocha, trompeta mediante, este nuevo trabajo con la cara más melancólica, triste incluso, del trío valenciano.

Un disco que rezuma buenas ideas. El tracklist abraza una amplia gama de influencias y las imbrica con la suficiente clase para que el resultado común nunca deje de mantener un nexo común. Es cierto que aquí y allá echo en falta algún solo que otro. Pero con eso y con todo un disco que resulta de lo más cuidado en cuanto a producción, que nos devuelve a Pau Monteagudo en plenas facultades y deja un ramillete de temas para el recuerdo. Desde la inmediatez de la inicial “Canción Urgente” a la no poca clase de “Renglones Torcidos De Dios” o el desgarro de la efectiva “Érase Una y Otra Vez”, un trabajo que merece la atención de todo buen fan del rock and roll que se precie.

Texto: David Naves

Reseña: TodoMal «A Greater Good» (Ardua Music 2023)

Es el segundo disco para el dúo de doom atmosférico castellanomanchego TodoMal, formado por los multiinstrumentistas Mile (Yskelgroth, ex Nahemmah, ex The Heretic…) y Wildman (Dejadeath, Jade, Harmpit…). Los también integrantes de Nexus 6, que debutaran en 2021 con “Ultracrepidarian”, contraatacan ahora con un “A Greater Good” grabado a caballo entre Montseny Studios y Trinitat Studios bajo la tutela del propio Mile. El disco cuenta con las colaboraciones de Darío Garrido (guitarra española), Teodora Gosheva (voces), Fernando Moya (solo de guitarra en “High Time”) y la asistencia en lo relativo al sonido de todo un Greg Chandler, guitarra y voz de los fundamentales doomies ingleses Esoteric. Con artwork de Paloma Pájaro, el álbum salió a la calle vía Ardua Music en digital, CD y vinilo de 12» allá a finales de noviembre del pasado 2023.

Melancólica y grandilocuente, “Silent Mass” arranca abrazada al libro del estilo del doom más elegante y proverbial. Pero sobresale con una mezcla equilibrada y a la vez potente. Donde el fuerte protagonismo de sus arreglos no opaca el crujir de sus guitarras o la pegada de su apaciguada base rítmica. Con nombres como Krux o Candlemass adjuntados como influencia directa en la nota que nos ha hecho llegar el sello, quizá no sorprendan esas voces igualmente elegantes y la forma en que se elevan toda vez alcanzamos estribillos. Todo adquiere un mayor peso conforme transitamos camino del epílogo, con buenas líneas de guitarra y teclas acompañando ese caminar tan clásico como apesadumbrado. El solo final se me antoja la guinda ideal de un buen arranque al que si le tengo que poner alguna pega sería ese último y engorroso fade out.

High Time” se abre paso tras un halo misterioso, comandado por la cierta extrañeza que provocan sus arreglos en un disco de estas características. Posee de hecho un cierto regusto el rock sinfónico de los setenta, tímidamente impregnado sobre una mixtura entre el doom más acostumbrado del corte precedente y un leve post-punk donde destacan la propia diversidad gramática del corte, estupendas esas líneas de voz, y el buen solo de guitarra que dibuja Fernando Moya. Todo el corte resulta una atrevidísima amalgama de distintas influencias y donde me resulta casi fascinante la forma tan natural en que Mile y Wildman juegan a introducirlas sin que nada suene nunca de forma mecánica o forzada. Todo tiene peso, todo respira, nada sobra. Un corte que ha estado dando vueltas por mi cabeza desde la primera escucha de “A Greater Good” y no parece que vaya a huir pronto de ahí. De lo más redondo que he escuchado este año.

Infero Tristi” y sin romper del todo las costuras del género, sí es cierto que transige hacia territorios de mayor calado e intensidad. Se endurecen sus guitarras y dan la bienvenida a una serie de arreglos que me hacen pensar, casi de inmediato, en los ineludibles Candlemass. El tratamiento de las distintas voces y coros vuelve a resultar fantástico, trazando el que puede ser sin mucho esfuerzo el estribillo más memorable de todo este segundo trabajo. De tan directa y clásica que resulta su estructura, por momentos parece rebelarse contra el corte anterior, elevándose orgullosa como una sólida pieza de doom elegante por clásico.

La pequeña “Ultima Lucerna” apenas trasluce una leve línea de piano sobre la voz de una etérea y por momentos casi espectral Teodora Gosheva para dar paso a una “Dust And Nothingness” que pronto recupera las pulsiones más doom del álbum. Aquí pienso en los My Dying Bride menos tensos abrazando un entramado de arreglos que habrá de recordarme a los primerísimos Ghost, aquellos del “Opus Eponymous” que muchos tanto añoran. Apreciable ese cambio de ritmo que conduce al epílogo y la buena línea de bajo que se deja notar en este cierre. Y es que como viene siendo tónica habitual, el sonido del disco no podría ser más redondo ni gozar de mejor equilibrio. Por ponerle un pero, el solo de esa parte final bien merecía algo más de desarrollo.

Antichrist Of Love” persiste en un doom quizá algo monocromático pero tejido con maestría y suma atención al detalle, revestido de cuidados arreglos y donde sobresale con fuerza la cara más atmosférica del dúo. Una carga que ahonda en la grandilocuencia de su cara más dark metal y en la que sobresale otro estribillo por momentos memorable. La forma en que armonizan todos los elementos camino del epílogo no podría resultar más deliciosa ni estar mejor resuelta. A pesar de todo no mi favorito dentro de “A Greater Good” pero a buen seguro un corte nada desdeñable.

A través de “LossTodoMal se adentran en el terreno de la balada. Huelga decir que si bien por estructura sí pudiera serlo, desde luego por tonalidades o ambientes resulta mucho menos obvia de lo que pudiera intuirse. Confluyen aquí la voz de Teodora Gosheva y la guitarra española de Darío Garrido para un corte que juega de forma inteligente con los sintetizadores sin abandonar una cadencia a ratos casi desértica, rota finalmente por ese piano que habrá de tomar el mando en el epílogo.

A Greater Good” de inicio parece abrazar esa misma quietud. Abraza el latín para su primera estrofa y por ahí vuelvo a pensar en la ahora gigantesca banda de Tobias Forge. Ídem cuando irrumpe ese Hammond deliciosamente clásico y quizá no tanto por las a ratos omnipotentes líneas de voz y coros. Muy cuidada construcción la que conduce hacia la quietud de su tronco central, contrapunto a los TodoMal más orgullosamente grandilocuentes que habrán de irrumpir camino del cierre. Una buena carta de presentación y a la vez una estupenda forma de cerrar este segundo álbum.

Dicen que lo bueno si breve. Apenas treinta y ocho minutos para la riada de ideas que irrumpen a lo largo del disco se me antoja una cifra algo escasa. Por contra, el disco logra brillar de principio a fin, dejando poco lugar al abatimiento y sí muchos asideros de los que echar mano. Empezando por la a ratos exquisita producción de la que dispone. Siguiendo por el trazo atrevido que exhibe alguno de los cortes, pienso especialmente en la fenomenal “High Time”, así como el descarado clasicismo que muestra orgullosa “Infero Tristi”. Al final un trabajo sin grandes dobleces, a la par atrevido y clásico, arreglado con sumo gusto y donde las colaboraciones redundan más allá de la mera anécdota. Agradabilísima sorpresa.

Texto: David Naves

Reseña: Montaraz «Defendiendo Tu Voz» (Demons Records 2024)

Es el tercer trabajo discográfico para Montaraz, quinteto de Narón (Galicia), a la sazón ganadores del Perversiones 2023. Ellos son Simón Pereira en baterías, Juan Muiños y Ger García en guitarras, Diego Pena al bajo y José Santos en voces. “Defendiendo Tu Voz”, que así se llama este nuevo álbum, contó con producción, mezcla y master del Adventus o Delalma Manuel Ramil (Eco, Death & Legacy, Edén, Infamia…) y arte de José Antonio Vives (Ankhara, Saedín, Deimler, Herética…) para siete temas que han visto la luz bajo el paraguas de Demons Records.

Hay algo en la forma en que Santos se desempeña en “Al Final” que me recuerda al mejor Manuel Martínez (Medina Azahara) en lo que constituye un primer corte de lo más castizo. Puro hard / heavy en la mejor tradición del género en nuestro país, vaya. Por ahí se suceden buenos adornos melódicos en apoyo de las estrofas. Aun más pronunciados tras los estribillos. Pero, sobre todo, la sensación de que la banda no pretende otra cosa que divertir. Y divertirse en el proceso. Ha sido la carta de presentación del álbum y por ahí se entiende la cierta simpleza que muestra su trazo. Aún así me resulta de lo más disfrutona conforme alcanza su tramo final y gana en intensidad y pegada. Aunque sea de manera leve. Un buen arranque.

Quiero Vivir” acentúa a esos Montaraz más crudos y viscerales que se intuían en el epílogo del tema previo. Su riff principal suele recordarme a unos Judas Priest del presente siglo, si bien la forma en que la producción filtra la voz de Santos en determinadas estrofas no podría resultar más lejana a la banda de Birmingham. Se suceden aquí hábiles cambios de ritmo, muy firme siempre Pereira a los parches. Y una extensión en la forma de llevar adelanto sus desarrollos que me recuerda sobremanera a mis paisanos de Bestia Negra. Vuelven a irrumpir buenas melodías en apoyo de los cumplidores estribillos para una letra en la más pura (y de nuevo castiza) tradición del género.

Desgarrador grito de Santos para dar la bienvenida en “Vuelve”, que sale adelante sobre uno de los riffs con más gancho del álbum, pero sorprende con la desnudez que muestran sus primeras estrofas. Nombres como Ankhara o Lujuria acuden a mi mente mientras el corte va ganando en intensidad camino de estribillos. Irrumpen ahí los mejores Montaraz, esos que se instalan a medio camino entre el heavy metal más clásico y el hard rock más vibrante. Hay una mayor presencia de la base rítmica aquí, en particular del bajo de Peña, que termina por otorgar el debido empaque a un corte, por momentos, más arrastrado pero también pegadizo. Redondean el buen solo que nos conduce hasta el epílogo y el trazo tan clásico de este.

Pero lo que más me agrada es lo orgánicos que suenan. Habrá trucos de salón propios del estudio como los del prólogo de esta “Fuera Del Rebaño”, pero la banda en ningún caso alcanza a resultar artificial. Ni mucho menos. Hay una letra más punzante y mucho más crítica alimentando esta cuarta entrega. Conjugan, y pienso que de manera hábil, la cara más nervuda con la más tranquila, surgiendo por ahí uno de los cortes más diversos de todo el tracklist. Y aunque no me termina de agradar Santos en esas partes más tranquilas, podría decir justo lo contrario a través de las más nervudas. Es el corte más rácano por duración del álbum pero no siento que ninguna de las ideas propuestas se quede a medias por falta de desarrollo. Al contrario.

Aludía antes a Bestia Negra por aquello de la duración de los temas y es precisamente el nombre que acude de nuevo a mi subconsciente con “Montaraz”. En gran parte por lo extenso del prólogo, trazado sobre alguno de los riffs más curiosos (y cuidados) de todo este segundo trabajo. Y es que la banda, en especial la dupla Muiños & García parece haber puesto todo de su parte cara a construir otro de los cortes principales del álbum. Que para algo es una composición que lleva el propio nombre de la banda. Tiene un sabor muy clásico donde detecto dejes que me recuerdan a gente como Lujuria, Obús, Angeles Del Infierno y, como no, Iron Maiden, por ese puente central calmo y reposado que dará pie a unos Montaraz pesados, casi monocordes, anticipo de la habitual ensalada solista.

Mi Vieja Guitarra” y su calmo prólogo entregan a un Santos en una clave más limpia, que desaparece toda vez irrumpe la faceta más obligadamente metálica del quinteto. Manuel Ramil aporta teclas en este penúltimo corte de cara a acentuar ese lado más melancólico de Montaraz. Un trazo agradable y bien arreglado, por tanto, para lo que no deja de ser otro corte leal a una forma, ya digo muy castiza, de entender el heavy metal. De los siete cortes que componen este segundo trabajo, fácilmente el que más parece pensado con el directo en mente, rematado por un solo, eso sí, de duración algo rácana.

La banda parece exhibir un mayor dramatismo a través del largo prólogo de “A Donde Vas”, cierre de este “Defendiendo Tu Voz” con Montaraz fundiendo su habitual metal de posiciones eminentemente clásicas con el hard más acomodado de los estribillos. Un corte que despide el álbum con otra gran labor de García y Muiños, pero donde Santos construye unas estrofas algo atropelladas. Por ahí un corte que me agrada solo a ratos, desdibujando un final que me resultaba más prometedor sobre el papel. Y es que ahí están los buenos detalles (de nuevo muy Maiden) de Peña introduciendo el epílogo, y los buenos solos de guitarra que se dibujan sobre él. Un cierre algo descafeinado.

Un álbum muy cumplidor, que alude de manera directa y orgullosa a un determinado nicho de oyentes y propone siete cortes construidos con gusto clásico y ejecutados, las más de las veces con acierto y buen gusto. Con un Santos que da en todo momento la sensación de habérselo pasado en grande construyendo sus respectivas líneas de voz y su entonada pareja de guitarristas, el disco podrá hacer las delicias de los fans de los muchos nombres que han surgido a lo largo del texto. El detalle de la participación de Ramil en “Mi Vieja Guitarra” suma sin resultar protagonista y en general resultan siete cortes sin otra pretensión que mantener viva la llama. Bienvenidos sean.

Texto: David Naves

Reseña: Burning Witches «The Dark Tower» (Napalm Records 2023)

Quinto trabajo ya para la banda de Brugg, en Suiza, Burning Witches, que forman a día de hoy Jeanine Grob al bajo, Lala Frischknecht en baterías, Courtney Cox y Larissa Ernst en guitarras y Laura Guldemond en voces. Este “The Dark Tower” que hoy nos presentan contó con producción del Destruction Schmier y V.O. Pulver, colaborador habitual del combo centroeuropeo. Adornado por el arte de Gyula Havancsák (Accept, Wintersun, Annihilator, Grave Digger, Stratovarius…) vio la luz el pasado mayo vía Napalm Records.

Rise Of Darkness” es apenas un minuto de introducción al vasto ideario que las suizas han dispuesto a lo largo y ancho de su última obra de estudio. Es un corte casi eclesial por momentos y que vendrá a derivar en una de las varias cartas de presentación, esta “Unleash The Beast” con todos los cilindros en funcionamiento y un pulso, particularmente en estrofas, que bien podría recordar a los Judas Priest más vibrantes. Que sufre de un estribillo un tanto atropellado, si bien acaba por arreglárselas para trazar un más que digno comienzo de tracklist.

Renegade” no se desliga de esa querencia por la banda de Glenn Tipton, si bien las de Brugg aprovechan ahora para descender aquél pulso más vibrante de la apertura y deslizar un hard/heavy ochentero, deslenguado y chulesco. Guldemond está especialmente certera a la hora de trazar las distintas líneas de voz. Todas ellas situadas sobre unos riffs a ratos un tanto planos, que convergerán, ahora sí, en un estribillo sobrado de gancho. Lo particular del solo, con esa sonoridad más oscura a comienzo, desata una pequeña disonancia con el tono general del corte en sí, que desaparecerá más tarde, quedando apenas como curioso guiño a los momentos más oscuros del álbum. Que los habrá.

Evil Witch” recrudece la propuesta de las Witches. Riffs ágiles, Frischknecht firme con el doble bombo y un pulso casi marcial en una de las estrofas más inteligentes y mejor trazadas de todo “The Dark Tower”. Corte que no niego desprecié en las primeras escuchas al disco y que me ha ido ganando desde entonces. En gran medida gracias a las mencionadas estrofas, también a un estribillo puede que simple y lacónico, pero que se las arregla para amarrar en el subconsciente, y terminando por ese solo en crescendo y las guitarras dobladas en que culmina. Mientras escribo esto una de mis favoritas de las trece y más que merecida su traslación al mundo del videoclip.

World On Fire” parece por momentos la hermana suiza de “Judas Rising”, tema apertura de aquél “Angel Of Retribution” de Judas Priest. Su riff, sus estrofas de versos breves y lacónicos. Burning Witches insertan no obstante un estribillo lo suficientemente disociado del mencionado corte del Sacerdote para marcar las debidas distancias. Pero sea como fuere lo cierto es que el parecido resulta más que obvio. Y de todos modos es apreciable el mayor dramatismo que Guldemond implementa a su registro aquí. También su sección solista por cómo funde épica, técnica y elegancia. En resumen me parece un buen corte al que su excesivo parecido le resta algún punto que otro.

Dará un respiro la distinguida “Tomorrow”. Balada en toda regla, elegante y diáfana, apoyada en guitarras cristalinas y con el poderoso registro de Guldemond aportando las debidas notas de color y también de dramatismo a un trazo no por convencional menos disfrutable.

En clave más cinemática, “House Of Blood” resulta en una pequeña introducción que habrá de llevarnos hasta el corte que da nombre al álbum, ésta “The Dark Tower” en cuyos riffs creo divisar una fuerte influencia de la banda del ahora denostado, no sin razón, Jon Schaffer. Es un corte algo a la contra de los grandes pulsos del álbum. Construido a mayor gloria de su faceta más pesada y arrastrada, si funciona es más por el uso de contrapuntos que por su trazo a ratos algo redundante. En cualquier caso ni mucho menos la más redonda de este quinto trabajo.

Heart Of Ice” recupera a las Burning Witches más vibrantes, si bien lo hará a fuerza de traer al frente una serie de riffs un tanto distraída. Tampoco la voluntariosa línea de voz de Guldemond pasa por extraordinaria. Y es una pena porque toda la sección solista es estupenda, fácilmente entre las más redondas de todo el trabajo. Corte tan desigual como el propio álbum que lo aloja.

Arrow Of Time” irrumpe con un tono más comedido. Es un medio tiempo que deja fluir la buena técnica que alberga el dúo Ernst & Frischknecht, si bien y en líneas generales, noto una composición poco cohesiva. Que no acierta con un tono claro e incorpora, con acierto desigual, todo un abanico de influencias que casan solo a ratos. Desde Riot a Queensrÿche pasando por el hard más apaciguado y a término tintes más metálicos y pesados. Buenos destellos aquí y allá pero echo en falta una mayor cohesión entre todas sus partes.

Qué duda cabe que la banda parece más cómoda en cortes como este “Doomed To Die”. Que recupera aquellos pulsos más oscuros apenas intuidos en la anterior “Renegade” y entrega a las Burning Witches más intensas y vigorosas de todo “The Dark Tower”. Armadas con un estribillo que parece tener el directo como fin único, por ahí se dejan oír voces más graves, buenos riffs, mejores melodías y una tan incendiaria como juguetona sección solista.

Into The Unknown” que vuelve a posiciones más tranquilas, albergará el que es fácilmente mi riff favorito de todo el álbum. De nuevo con algo de Iced Earth insertado en su ADN pero lo suficientemente inteligente como para terminar sonando en gran medida a Burning Witches. Seis minutos largos de metal a ratos machacón, que conforme transita hacia su tronco central me evocará a bandas como Sanctuary, Nevermore, Savatage… a la escuela americana en definitiva. Hay cierta épica, drama incluso, en su tronco central, que culmina enfrascado en una oscuridad casi teatral que, a ratos, evoca al bueno de King Diamond. Corren las escuchas y siento que en su amalgama de influencias acierta allí donde falló “Arrow Of Time”.

The Lost Souls” funde a las Burning Witches más vivarachas de comienzos del álbum con las más oscuras de finales del mismo y el resultado es un corte bifocal y nunca sobresaliente. Con buenos contrapuntos en sus distintas líneas de voz pero un estribillo nada brillante. Buenos riffs en estrofas y más acomodados en estribillos. Una más que decente ración de solos en su tronco central pero un trazo, a estas alturas, ya poco sorprendente.

Para el final en ciertas ediciones del álbum quedan un par de versiones. Del “Shot In The Dark” de Ozzy la primera. Del “I Wanna Be Somebody” de W.A.S.P. la segunda. Todo lo leales que cabría esperar de ellas, si bien pienso que la del príncipe de las tinieblas pedía una línea de voz algo más limpia.

Altos y bajos en el nuevo álbum de las suizas. Que me agrada por el buen nivel técnico que despliega y un ramillete de temas verdaderamente logrados, con “Evil Witch” o “Into The Unknown” a la cabeza. Entre medias hay cosas que me descolocan (“World On Fire”), otras con las que directamente no he llegado a congeniar (“Arrow Of Time”) e incluso alguna que me parece muy por debajo del resto en todos los aspectos (“The Lost Souls”). Mis sensaciones, por tanto, no podrían ser más desiguales. Queda ahora asistir al próximo Rock Nalón y ver de qué son capaces sobre las tablas. Os emplazamos a todos allí.

Texto: David Naves