Crónica: SonicBlast Fest (Jueves 8/8/2024)

Primer día oficial de festival y quizás del que más ganas tenía. Lo de High Reeper a las 15:05 fue un crimen, pero sabíamos que el jueves había que estar la jornada completa… La banda de Delaware abrió el jueves en el Stage 3 mereciendo mucho más. El cuarteto impregnó de sonido orange la sobremesa con algún adelanto de lo que será su próximo disco vía Heavy Psych Sounds. Así que prestad atención, merecen la pena.

Los encargados de inaugurar el Main 1 fueron Maruja, una banda de Manchester entre el jazz y el punk. Son como unos Black Country New Road macarras y con más pedales. A mí me gustaron mucho, pero entiendo que se te pueden atragantar por la hora que era, por el sol en la frente, los 7/8… La propuesta es interesante, de eso no cabe duda. Lo dieron todo y dejaron paso a Earth Tongue, banda encargada de pisar por primera vez el Main 2. Un dúo batería-guitarra neozelandés a quienes el sonido quizás les perjudicó un poco. El tema de los dúos es complicado en los directos, ya lo sabemos, pero si además la guitarra está bajita y la voz muy alta… Fue una pena porque por momentos esas armonías vocales me recordaban a King Gizzard pero con cuatro miembros menos.

Acto seguido, turno para Margarita Witch Cult, que me recordaron muchísimo a Kadavar pero con algún toque de thrash. No sé si es momento para abrir el melón de las guitarras flying V en 2024, pero bueno, ahí lo dejo, para reflexionar. Una actuación bastante sorprendente de la banda de Birmingham, pertenecientes también, como en el caso de High Reeper, a la ola Heavy Psych Sounds. Actualmente tan solo cuentan con un largo, pero apuntan maneras.

Los siguientes en subir al Main 2 fueron Enola Gay. La banda de Belfast creo que sufrió el mismo problema que Earth Tongue con la voz altísima, pero en este caso, con los efectos de delay y la ventolera que se levantó… fue muy difícil disfrutarlos, y eso que iba con muchas ganas. Si no los has escuchado, son una mezcla de IDLES y Transplants. Tienen el componente post-punk de riffs agudos con reverb a una cuerda, una voz con mucha personalidad y un batería muy divertido.

La cosa, en cambio, se empezó a poner seria a pocos minutos para las ocho de la tarde. Black Mountain pisaba el escenario para dar, sino el concierto, el mejor sonido de la noche y aún dudo si el mejor de todo el festival. Palabras mayores, sin duda, y una demostración de calidad y experiencia como pocas veces antes había visto. La banda canadiense con muy poco consiguió mucho. Pese a no dar las vibes de cabeza de cartel, me supo a mucho este concierto y terminaron de reventar al respetable con “Future Shade”, uno de los himnos del psych rock que aún continúa resonando en mi cabeza días después.

Sin dejar que parase la maquinaria, nos giramos para el Main 2 para ver a los Maquina, un trío de Porto que sabe montar una buena fiesta. Coincidimos en que hubiese molado verlos para cerrar el día pivotando con Tons, pero bueno, si hay que irse de rave a las 21:00, hacemos el esfuerzo. Es increíble cómo esta banda es capaz de sonar a una fiesta electrónica con tanto fuzz y delay. Capaces de animar cualquier cementerio, una apuesta asegurada que me gustaría ver de nuevo en otro SonicBlast.

Hablando de cementerios, turno para Graveyard, que venían de una larga gira y se les notó. A ver, dieron un buen concierto, no faltaron “It Ain’t Over Yet”, “Hisingen Blues”, “Cold Love” y “Ain’t Fit To Live Here” para cerrar, pero la energía no fue la misma con la que les vimos mes y pico atrás en el Hellfest ni de cerca. Muchas canciones prolongadas quizás para evitar engordar el setlist y algún que otro error de bulto. Aún así, sigue siendo un placer poder disfrutar de los suecos en directo pues son verdaderas maravillas sobre el escenario.

Del decoro de los de Gotemburgo a la irreverencia de los de Estocolmo. Turno para Viagra Boys en el escenario principal para poner el broche a la noche del jueves. El sexteto de punk rock que dividió la opinión del público asiduo al festival cuando se anunció su nombre, dio un concierto de los suyos, sucio e irrespetuoso, casi las continuas confusiones de Sebastian refiriéndose a la audiencia como Porto parecían sacadas del manual del punk. Al final se quedó en un meme y el concierto se fue enrareciendo con partes muy ruidosas entre canción y canción que se parecían más al final de un concierto de post-metal. No entendí muy bien esta faceta experimental con lo divertido que es ver a esta banda en directo. Los bailes pasaron a un segundo plano y tocó observar las peripecias sobre el escenario. No faltaron sus obligadas “Punk Rock Loser”, “Troglodyte” y “Sports”.

Ya con mucho cansancio encima vimos a Poison Ruïn apoyados intentando que nuestros cuerpos no pareciesen una ruina de verdad. Los de Philadelphia, venían sacando hacía una semana Confrere, su nuevo disco de la mano de Relapse. Con un sonido algo más ecléctico que por momentos huele un poco a Fucked Up, parecen sentar las bases de su nuevo sonido, algo menos crudo pero con la misma personalidad. En directo me sonaron algo más atropellados, quizás de nuevo por el elevado volumen de la voz que se me atragantó un poco durante todo el jueves.

A unas horas ya en las que no estábamos para nada, duramos un suspiro viendo a Tons, y qué pena no haberlos disfrutado un poco antes en un escenario algo mayor. Otra de las bandas de Heavy Psych Sounds, a la que conocí gracias a un split con Lento y volví a encontrarme con ellos en otro split con Bongzilla. La banda de doom nacida en Turín sonó tan cruda y potente como esperábamos.

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime PhotoLive

Crónica: SonicBlast Fest (Miercoles 7/8/2024)

Un año más, la peregrinación tomó otro rumbo desde Galicia, para acabar en la arena de las playas de Âncora. Entre niebla y mucho viento nos recibió el pueblo marítimo como antesala de lo que estaba por venir. Ya era martes y empezábamos a ver afines en las calles de Vila Praia de Âncora. El atuendo inconfundible entre camisetas de Kyuss y bermudas crema, las zapas rotas de los conciertos y las gafas de sol. Estamos en el SonicBlast.

Tercera edición consecutiva post Moledo, que vino repitiendo la misma fórmula de años anteriores. Una pre-party el miércoles a modo de bienvenida donde actuaban cuatro bandas y un DJ y tres días completos de festival. Este año coronaban el cartel bandas como High On Fire, Viagra Boys y Colour Haze, aunque muchos de los alicientes para el grueso del público estaban en los nombres escritos más abajo. Truckfighters, 1000mods, Graveyard o Black Mountain ya venían con la expectación generada de casa.

A todos ojos era un cartel correcto, sin mucho artefacto y con bandas que ya habían tocado varias veces. Quizás echamos de menos alguna sorpresa que finalmente no llegó o algún nombre que se venía barajando desde el pasado año.

Con el bombo de “Calm Before The Storm” resonando en el pecho cogimos el coche hacia el recinto para reencontrarnos con uno de nuestros parajes favoritos de todo Portugal. No pudo ir mejor la canción para lo que nos íbamos a encontrar.

Siento que esto es algo que comento cada año como el típico abuelo cascarrabias, pero creedme, esta vez había muchísima más gente que en 2022. Lo del miércoles no tuvo ningún sentido. Desde primera hora de la noche, aglomeraciones en la zona de pulseras, tapones en la entrada, controles lentos, colas en las barras, en las zonas de comida… Tuve la sensación de que la previsión se fue de las manos para la pre-party. No pudimos ver a ninguna banda en el Stage 3 porque no había manera de cruzar la muralla de gente que entre las mesas de cenas y la única barra junto al escenario se había formado.

Así pues, decidimos ir a la otra mitad del recinto, que sí que estaba algo más desahogada para poder escuchar los conciertos cerca.

Tras la repentina cancelación de Daily Thompson, los encargados de abrir la ceremonia eran Bow. Una banda de hardcore local que atesora un par de EPs con muy buenas intenciones. Un sonido que recuerda a unos Have Heart algo más callejeros y sin tanta vieja escuela. Me gustaron bastante para abrir y creo que la inclusión de estas bandas a priori fuera de género en este festival, le vienen muy bien al SonicBlast.

Continuó el dúo Spitgod, también locales, con una especie de black metal con aires de crust bastante curioso. Otra propuesta interesante con riffs muy a lo High On Fire que hizo a la gente mover tierra y la nube de polvo así lo confirmaba. Los siguientes eran Saint Karloff, a los que les teníamos muchas ganas. Venían de tocar en el Desertfest con buena prensa y no defraudaron. Buena puesta en escena aunque los prefiero en disco. En directo la voz me rozaba mucho en ocasiones al timbre de Volbeat y me cansa un poco. Riffs muy buenos en la onda Black Sabbath y algún limpio que hace recordar a Elder, ahí es nada…

La noche, como no podía ser de otra manera, la cerró Pol, de Branca Studio con un set para gente valiente. Menos mal que la mesa estaba algo más decorada que el pasado año. Voy a evitar desvelar nombres y caras, pero quienes estuvimos, sabemos cómo lo pasamos y la cumbia que bailamos…

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime PhotoLive

Crónica: Heathen + Ángel Negro (Oviedo 29/8/2024)

Mucha expectación la que levantó la venida a tierras asturianas de los thrashers estadounidenses de culto Heathen, por lo que tocó hacer un pequeño alto en la temporada de festivales y embutirse en el Gong Galaxy Club cara a disfrutar de una gran noche de heavy metal.

Los cartageneros Ángel Negro acompañan a los californianos en su paso por la península. Practican un heavy metal de tintes melódicos y también power que no parecía casar demasiado con el speed / thrash del cabeza de cartel. Pero le echaron ganas y en Cifre tienen a un vocalista de llamativo registro y carisma. Faltan algo más de diez para las nueve cuando salen a escena y “Mercenario Íbero” ofrece destellos de su particular modo de entender el power metal. Interesantes solos doblados los que dibujaron aquí.

La gente, que aún era poca para entonces, no pareció muy por la labor. Lo cierto es que había fans con camisetas de la banda frente al escenario y por ahí agradecí que la frialdad con que se les recibió fuera solo parcial. Jandro en teclas demostró su buen hacer en “Alteras Mis Sentidos” para confeccionar uno de los cortes más cuidados del set. El micro le daría algunos problemas al bueno de Cifre en un momento dado, sin que tampoco la cosa pasara a mayores. “Alas De Fuego”, original de Tierra Santa y que la banda llevó inteligentemente a su terreno, enarcó alguna que otra ceja en la Gong.

Pero qué duda cabe que Ángel Negro parecen mucho más cómodos en la producción propia como esa “Sin Salida” donde la banda trota a placer. “Rompe El Silencio” pondría la nota reivindicativa del set con la bandera LGTBIQ+ colgando del pie de micro de Cifre y donde la banda mostró un nervio más marcado y heavy, amén de dibujar otro estupendo solo doblado entre Mesi y Rocky. La banda deslizaría entonces la segunda versión de la noche, no otra que “Maldito Corazón” de Saratoga, con la correa de su guitarra jugándole una mala pasada al propio Rocky durante el solo.

“Me habían dicho que en el norte hacía frío”, aseveró Cifre, “me han engañado”. Y es que aún con una sala llenándose a cuentagotas, ya era bastante el calor que hacía en la Gong. “Monstruos En Tu Jardín” extrajo todo el jugo posible del interesante registro del vocalista para una interpretación un tanto más dramática y casi teatral. Pero de todo el set fue sin duda “Donde Habitan Los Sueños” la que mejor acertó a conectar con la dividida audiencia. “No Seré Como Tú” dio pie a las presentaciones y marcó el final de una actuación no exenta de problemas que la banda pareció solventar con ilusión y ganas. En lo que acerté a ver pude detectar buenos mimbres e intentaré estar al tanto de sus futuras evoluciones.

Pasan trece de las diez cuando disparan la intro y Heathen salen a escena dispuestos a adueñarse de nuestros cuellos. Con un gran telón de fondo en el que se dibuja el logo de la banda, David White y los suyos procuran un inicio de set a la altura de la leyenda. Con un sonido estupendo, diáfano y con pegada aún en las partes más alejadas del escenario, “Dying Season” ya da la verdadera medida de una banda como esta.

La de Oviedo era la cuarta noche consecutiva de las seis que la banda tenía programadas en la península. Y si sus cuerpos estaban cansados por el trajín, puedo asegurar que apenas sí se notó. David White exhibió de hecho un gran estado de voz, también de forma, a través de una “Opiate Of The Masses” en la que el canadiense Ryan Idris (Agression) percutió el kit de batería como si en el empeño le fuera la vida misma. El fulgurante solo con el que el ex Exodus Kragen Lum remató aquí fue fácilmente uno de mis favoritos de la jornada.

Para “Empire Of The Blind” ya éramos uno con la banda de San Francisco. Vital aquí el apoyo en coros de los guitarras Lum y Edissy, que rematan con un epílogo que acertó a fusionar técnica y actitud. “Are you ready for a night of heavy metal?” preguntó entonces White. Para arremeter después nada menos que con “Breaking The Silence”, de su primer álbum, y que el público disfrutó de lo lindo. Las Jackson de los mentados guitarristas no podrían estar sonando mejor.

Y es que la banda llegaba al Gong con su propio técnico y se notó. De hecho se le pudo ver en más de una ocasión (y de dos y de tres) caminando por distintos puntos de la sala en busca del mejor sonido posible. Tarea con recompensa la suya pues como digo y en líneas generales, Heathen sonaron todo lo bien que de ellos se esperaba. Mucho ha mejorado también la sala en este aspecto desde nuestros primeros pasos por allí. Pero volviendo a Heathen, a su último álbum de estudio, el notable “Empire Of The Blind”, se le pueden achacar sus muchas semejanzas con Exodus, la otra banda de Lee Altus, lo que no quita para que “Blood To Be Let” fuera a la postre uno de los mayores cañonazos de tan calurosa jornada.

David White, chaleco de cuero mediante, sudaba de lo lindo a estas alturas del set. Animó y supo enganchar con su público sin que su interpretación se resintiera apenas lo más mínimo. El de Oakland, sesenta y un años le contemplan, se mostró risueño pero decidido. Concentrado sin resultar frío. Regulando como el mejor de los ciclistas para ser capaz de encarar un tramo final en el que nos las prometíamos muy felices. Precisamente aquí algunos pequeños acoples intentaron aguarnos la fiesta y fíjate si lo estábamos pasando bien. Por fortuna, la cosa no iría a mayores.

“This is history in the making” aseguraba White dentro de un pequeño speech que vino bien a banda y público para coger algo de aliento. No era poco el calor que hacía ya en el Gong. Rigores de los shows en sala en pleno agosto aun sean en la templada Asturias. Sea como fuere la alta temperatura en ningún modo arredró al quinteto. Los norteamericanos descerrajaron aquí una “Mercy Is No Virtue” capaz de poner en evidencia a unas cuantas bandas de su misma quinta. Pura zapatilla californiana para uno de los momentos más encolerizados de la velada.

Así las cosas, “Sun In My Hand” apaciguó los altos biorritmos sobre los que se estaba desarrollando la descarga y sirvió a White y los suyos para volver a coger algo de aire antes de la catarsis final. El final, así como la propia situación dentro del set de un corte tan reciente como este evidencia la mucha fe que los chicos tienen en el ya digo notable “Empire Of The Blind”. David White, no sin cierta ceremonia, introduce entonces otro de los grandes clásicos de la banda, no otro que “Death By Hanging”, para regocijo de sus fans más leales. Que los había, ya lo creo que sí. Idris se vació aquí. Suelo y paredes de la Gong temblaban con cada arremetida contra los dos bombos de su batería. El juego de White con su público durante estribillos dibujó unas cuantas sonrisas y alzó unos cuantos puños el pasado jueves. Punto álgido antes de los bises.

Hypnotized” pone a prueba el aguante de Idris tras baterías. Mucho fue su desgaste, más si tenemos en cuenta que, como dije antes, era su cuarta noche consecutiva, con todo lo que ello implica. Su entrega y dedicación bien merece el reconocimiento aunque venga de este modesto cronista. Igualmente nerviosa, “The Blight” aguanta el tipo entre sus grandes clásicos y pone de relieve la mucha cera que Heathen aún tienen por dar. Pero claro, el final tenía que ser para “Goblin’s Blade”, no sin que antes White, ya sin el chaleco, hubiera preguntado si teníamos fuerzas para una más. Una y puede que hasta tres a tenor de los cánticos que inundaron la sala. Tremendos.

Triunfal paso de Heathen por tierras asturianas. Estamos muy felices además de ver la sala tan repleta nada menos que un jueves de agosto, por lo que no cabe otra que seguir confiando. Nosotros, en la medida de nuestras (pequeñas) posibilidades, seguiremos aportando nuestro granito de arena. Vaya por tanto nuestro agradecimiento a la buena gente de Kivents por todas las facilidades, así como un saludo a los muchos y buenos amigos por la afable compañía. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Jaime PhotoLive

Crónica: Jam Session 2.0 (Oviedo 28/8/2024)

Nada más y nada menos que cuarenta entregas en el momento de juntar este puñado de letras son las que contemplan la denominada Jam Session 2.0 que aglutina todas las semanas a un buen puñado de apasionados de la música en el ovetense Small Dreams.

Heredera de aquellas jam’s en la antigua Gong y el gijonés Savoy, bajo la batuta del infatigable Nacho Felipe una homogénea variedad de músicos, al fin y al cabo esa es su definición, dan rienda suelta a su pasión a través de una variopinta colección de canciones con una conexión instantánea, casi orgánica, con un público siempre fiel a la cita.

En esta ocasión, el «protagonista» de la velada era el guitarrista Kike Planelles, actualmente enrolado en las filas de Roza, el nuevo proyecto de Kike Suárez. Quizás protagonista no sea el mejor calificativo en un evento en el que el ego parece no tener cabida, siendo un mero vehículo para el disfrute personal de los casi medio centenar de artistas involucrados en el show y colectivo para los situados frente al coqueto escenario del local.

Un total de 26 canciones, a través de un viaje sonoro con paradas en himnos de Black CrowesRage Against The Machine, Iron Maiden o Rainbow, sin dejar de lado joyas de Amy Winehouse (espectacular el dúo vocal que la interpretó), Abba o Thin Lizzy. Y que decir de los participantes, todo un lujo para ojos y oídos contemplar a Leo, apenas 12 años, que con cada golpe a la batería nos insufla esperanza y es que el rock siempre estará ahí. Para mi sorpresa, gente muy joven en la Jam, creí reconocer varios rostros que habían participado el pasado sábado en el tributo al rock del festival Unirock en Puerto de Vega. Siempre es gratificante comprobar que el añorado relevo generacional parece expandirse en nuestra región.

Músicos locales, foráneos, maestros, alumnos, profesionales, autodidactas, cualquier calificativo simplemente reducido al amor por la música en vivo y a una propuesta que engancha. A por las siguientes 40 etapas. Como diría el añorado Freddie Mercury, the show must go on.

Texto y fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Festival Unirock (Puerto de Vega 24/8/2024)

Treinta más diez años no los cumple uno todos los días. La asociación Unirock quiso darse el gusto esta vez de contar con Blister para la sesión vermú, además de Last Days Of Eden, The Wizards, Dixebra y Aneuma para una cita a la que de ningún modo queríamos faltar. Como no quisieron decenas de fans llegados de todos los rincones de nuestra geografía para formar parte o simplemente disfrutar del habitual tributo al rock que itinera por las preciosas calles de Puerto de Vega. De todas las procesiones que se nos ocurren, con mucho nuestra favorita. Llega a pensar uno qué más se necesita para que a alguien se le encienda la bombilla y declare al evento Fiesta de Interés Turístico Regional. Que ya va siendo hora.

Porque el buen ambiente que reina se respira nada más uno se baja del coche y pone pie a tierra. El empeño que la organización pone además en meterle el gusanillo del rock a los más pequeños, esa fantástica idea que es el Taller Infantil, no deja de ser otro de los muchos vértices sobre los que pivota un festival que es algo más que un festival. Una fiesta que es más que una fiesta, y que hermana a grandes y pequeños en una pasión que es el rock and roll.

Comida de empresa mediante y en compañía de la buena gente de Piratas de Libertalia, llegamos justo a tiempo para comprobar las evoluciones del tributo en el Campo L’Atalaya, donde un Pelayo a las voces nos deleitaba con “Phobia” de Kreator. En la distancia me pareció divisar a Borja García (Perpetual, Host) y Pedro Pravia en guitarras. Ahí precisamente es donde radica la particular idiosincrasia y lo que hace tan especial a esta curiosa procesión: músicos de todo signo y origen compartiendo escenario en honor de sus temas favoritos. Muse, Iron Maiden, también Lenny Kravitz, o The Police desfilan sobre el pequeño camión que hace las veces de escenario. Todo cabe y lo que manda, por encima de todo, son las ganas de pasarlo bien.

Obras mediante, el escenario del Unirock se trasladaba en esta edición al mismo Parque Benigno Blanco donde se viene celebrando el otro gran evento de la asociación: nuestro querido Perversiones. Hacia allí procesionaríamos con vistas a reencontrarnos, iba siendo hora, con los sinfónicos Last Days of Eden.

Una banda que acudía a la cita ya con Dani G. y Lady Ani como únicos miembros supervivientes de la formación que grabara “Butterflies” allá por 2021. “Abracadabra” marca el arranque de un show que saldría adelante no sin inconvenientes. Percances que, a este punto y dado lo remozado de la formación, quién más quien menos supo tolerar y ser consecuente. Porque lo cierto es que no era poca el público que se agolpaba frente al escenario principal. “The Garden” y su fuerte presencia sinfónica nos trasladarían a unas aguas más tranquilas donde Dani G. entregaría uno de los mejores solos de la jornada.

Queen Of The North”, gaita mediante, se abriría paso para descubrir a los Last Days más festivos. Y aunque el sonido, al menos en la parte más cercana al escenario, no fuese el mejor, el setlist iba dejando como rastro la propia diversidad que la banda aglutina en sus composiciones. Metal, folk, arreglos orquestales, todo parece tener cabida dentro de su ágil propuesta. Pero ya digo que no sería la cita más fácil para ellos. Hubo incluso alguna entrada en falso, que Lady Ani justificó con un problema en el circuito interno. Los duendes del directo y los dichosos “in ear”. En cualquier caso y cuando la banda encarrila su mejor versión, emociona con “Abandon”. Y es que la propia vocalista comentaría que perdieron a su Trasgu hace apenas dos meses, con todo lo que ello implica.

Pero la vida sigue y la música con ella. Y música y nada más es lo que brindan en la instrumental “Traxel Mör” para introducirnos de pleno en un tramo final del set no exento igualmente de percances. Antes, no obstante, “The Secret” revelaría el mejor sonido de la jornada para la renovada formación asturiana. En “The Journey” arrancarían de nuevo en falso. Que dado lo festivo y alegre de la composición, buena parte del público pareció no darle mayor importancia. “Silence”, con Ani acompañando el estribillo con la habitual lengua de signos, me dio la impresión de ser uno de los cortes que más ha crecido con el paso del tiempo. Una cita complicada que supieron sacar adelante tirando de carisma y tablas. Con ganas ya de saber qué depara el futuro al combo astur.

Sabíamos de cómo se las gastaban los chicos de The Wizards en las distancias cortas, aquél viaje relámpago a tierras leonesas en el mes de mayo (crónica). Por eso había ganas de ver cómo de bien se defendían en un escenario al aire libre. Marcan justo las diez los relojes cuando los vascos la emprenden con esa tremenda “The Exit Garden” que abre y titula su último álbum. Un trabajo que, si os gusta el heavy metal con retazos doom y stoner y aún no habéis escuchado, desde luego estáis tardando.

Porque la banda ha labrado un cancionero de muchísimos quilates. Su propuesta, en relación a los precedentes Last Days Of Eden, no podría resultar más antagónica. Son los bilbaínos un combo orgullosamente orgánico en su ejecución. Con un Ian Mason desatado al micro, rebosante de carisma tras sus gafas negras, se mostró una vez más como el mejor frontman posible para una banda como esta. Encadenando con “Full Moon In Scorpio”, The Wizards vendrían en Puerto de Vega a dar su mejor versión.

Y es que ya digo que para quien guste de heavy / hard a la vieja usanza, con un olor a Black Sabbath salpicado de pequeñas motas graves y alucinadas, son una banda ineludible. “Eskerrik asko, acercaros, que no mordemos” exclamaría Mason. No decepcionaron las buenas gentes del Unirock, uniéndose a las primeras filas para dejar que la fiesta se desatase en Puerto de Vega. Y es que vimos mucho baile y agitación en las cercanías del foso de fotógrafos y no era para menos. En especial durante una “Oniros”, mira que el riff me sigue recordando a los primeros Ghost, y en la que George Dee dibujaría uno de mis solos favoritos del set.

“Somos de hablar poco” había dicho Mason, quien no obstante no quiso dejar pasar la ocasión de agradecer a la organización el haber contado con ellos. Bromeó incluso con el merchan: “podéis comprar cd’s, casetes o camisetas para que luego nos lo gastemos todo en drogas. O nos podéis comprar droga directamente”. Anécdotas al margen, es indudable que la banda sonaba como un verdadero cañón, la gente se lo pasaba en grande y en estas que atacan la que puede ser fácilmente mi favorita del último álbum, no otra que “Holy Mountain Mind”, y ciertos problemas de sonido al poco dan al traste con uno de los puntos álgidos del set, por no decir que con el set entero.

En momentos así, en lo rápido que se solucionan pequeños inconvenientes, es donde un evento como este demuestra su valía. Mucha experiencia y también mucho empeño en que todo se desarrolle de la mejor manera posible. Un año más, vaya nuestro agradecimiento a todos ellos.

Huelga decir que los problemas, que los hubo, en ningún caso amilanaron a los euskaldunes, que peleando contra los dichosos duendes del directo, ofrecerían una revisión aún más alucinada y poderosa si cabe de la estupenda “Crawling Knights”. El cierre con la extensa “Stardust” extasió con otra gran dosis de heavy metal a la vieja usanza, atravesada por uno de sus riffs más redondos y con Mason juntando manos con un peque de las primeras filas. Esos pequeños detalles que siempre suman. Son una apisonadora, disponen de un repertorio realmente arrollador y todo lo que no sea que sigan creciendo nos extrañará en gran medida. Portentosos.

Y Dixebra… es que Dixebra son para echarles de comer a parte. Sus shows tienen tanto de fiesta como de reivindicación. Y es verdad que su sonido, que amalgama influencias bien escogidas de entre el folk, el punk, el ska e incluso el reggae resulta de lo más perpendicular a un medio como este. Sea como fuere, a nadie se le escapa que son una verdadera institución en la escena asturiana.

Pero una institución primero que funciona como un reloj, y segundo, que arrastra un montón de gente detrás. Y es que no éramos pocos quienes nos agolpábamos en las primeras filas pasadas las once y media para no perder ripio de Xune Elipe y los suyos. Cabe destacar aquí, no me perdonaría el no hacerlo, la tremenda labor de Gus Bocanegra a los mandos. Lograr hacer sonar así de bien a una formación tan amplia como esta (voz, base rítmica, gaita, dos guitarras y dos metales) está al alcance sólo de manos expertas y curtidas como las suyas.

Ente La Niebla”, que abre y titula su álbum de 2022 sería la encargada de dar el pistoletazo de salida a los asturianos. Ya digo que el sonido fue estupendo. Y, como creo que ya comenté tras nuestro anterior encuentro con ellos allá por octubre del pasado año (crónica), parece que el tiempo no corre por Xune Elipe. Sobre el escenario del Unirock volvió a derrochar energía y carisma casi a cada verso. Señaló pronto la bandera palestina que sobre uno de los monitores presidía orgullosa escenario. “Como diría el Gran Wyoming, siempre es buen momento para acordarse del genocidio el Gaza” dijo antes de seguir desgranando su último álbum, con la energía que les caracteriza, a través de “Soi”.

Para cuando entregan la bailona “Rompi’l Ritmu”, la fiesta es total en primeras filas. Dixebra, a fin de cuentas, es una banda que podrá gustar o no pero que siempre parece colmar a sus muchos fieles. A veces también a los más profanos como servidor. Unas cuantas horas después, mientras redacto esta crónica, sigo con el ritmillo metido en la cabeza. Qué invento la música, chaval. El set derrocha fiesta pero también compromiso, que demuestran a través de “Trece Claveles”, fácilmente otra de mis favoritas en esta parte inicial del directo.

De la más tranquila “Dime Cómo Ye” me agradó la forma en que guitarra y gaita se doblaron en el solo. “Tien que haber de tó en esta vida”, diría Elipe, “todavía queda gente que viene a ver música en directo y ver a xente tocar. Una buena tonada”, tras la que el bajista Javi Rodríguez pondría la voz cantante. No falta una reivindicación a lo largo del show. Sean las «6 de la Suiza» o la Oficialidá de la Llingua asturiana, Dixebra siguen pegados a eso que algunos llaman “la más rabiosa actualidad”. Aunque sean temas pretéritos quienes marquen la pauta en esta parte del set: “Merucu Xusticieru” o tirando aún más atrás si cabe, “Asturalia”.

Es sin embargo la más reciente “Esta Mañana” una de las mejor recibidas por la audiencia, con un estribillo, preciso como pocos, que se gritó a conciencia desde las primeras filas. Como bien se encargó Elipe de recordar, se cumplían ochenta años de la liberación de París durante la Segunda Guerra Mundial. Allí que estaba «La Nueve«, conocida también como la División Leclerc, y que entre otros integraban 150 republicanos españoles, algunos de ellos asturianos. Dicho todo esto “La Nueve”, de su más reciente trabajo, puso así la nota histórica en esta parte final del set.

Si eres de Asturias y cuentas con el rock entre tus preferencias, ya sería raro que a estas alturas “Mañana Fría” no haya entrado nunca por tus orejas. Dixebra tuvieron a bien contar aquí con Maxi de Fe de Ratas para uno de los momentos cumbre del set. Difícil que la piel no se erice aquí a poco que no hayas tenido amigo o pariente trabajando en alguna de las muchas minas asturianas. O simplemente seas alguien con una migaja de eso que llaman empatía. Y es que al final:

otru día mas que-y gano a la montaña…

Xune Elipe tuvo tiempo de bajar al foso de fotógrafos primero y de mezclarse con el público después. Benditos inalámbricos. Una vez allí mandó a todo el público al suelo. Y más tarde, de vuelta al escenario, entregó una “Nun Llores” más necesaria que nunca. Con “Yo Quiero Ser Gaiteru” llegarían las habituales presentaciones y con “Esto Ye Asturies” rubricarían otra gran noche para ellos. Lo dicho: gustos individuales al margen no solo pasan por ser una de las grandes instituciones de nuestra escena sino que, además, parecen atravesar un momento más que dulce. Per munchos años.

Cabe seguir haciendo mención al buen nivel que demuestra el tributo. Y aunque como todo en la vida, uno disfruta más con unas versiones que otras, qué duda cabe que contemplar a Dani G. homenajeando a Stratovarius (“Distant Skies”) o ver al padre de Richard de la Uz descolgarse con “Palabras para Julia” de Los Suaves o al propio vocalista luarqués enfrentar el “Du Hast” de Rammstein son alguna de esas pequeñas cosas capaces por sí solas de justificar los más de cien kilómetros que nos separan del epicentro del Unirock.

Aneuma son otros que, como se dice ahora, siguen con la flecha para arriba. Y aunque (me vais a perdonar que insista en la coletilla) con nosotros tengan perdido el factor sorpresa, no por nada son unas cuantas ya las veces que les hemos visto en la gira de presentación de “Venom”, lo cierto es que siempre es un placer encontrarnos con el combo liderado en voces por Laura Alfonso.

Una agrupación que desde el momento en que Jorge Rodríguez emerge tras los parches para arremeter a puro doble bombo con “Your Doom”, pone Puerto de Vega a sus pies. Sonaron atronadores. Gus, a los mandos de la nave, repetía tras encontrárselos en el Luarca Metal Days y a buen seguro tenía tomada la medida del quinteto. Por ahí que para cuando llega el turno de “Fall Apart”, estemos disfrutando a buen seguro de la mejor versión de la banda.

Laura arrolla por donde pisa. Me repito, sé que lo he dicho ya en alguna otra ocasión, pero la frontwoman de Aneuma se come los escenarios como si en ello le fuera la vida. Foco principal de una banda donde los dos Suárez ponen la clase y la base rítmica, al menos en las primeras filas, te taladra el pecho. Su techo no sabemos dónde está, pero a día de hoy temas como “Castaway Of Chance” van poco a poco componiendo su particular corpus a base de metal clásico y voz rota. Agradecí la mayor crudeza y pesadez de “Guide Them To The Light”, con Laura en tonos verdaderamente oscuros.

Pese a lo agrio de la propuesta, no fueron pocos quienes se quedaron a verles. Banda local al fin y al cabo. Quienes se fueron, y vaya por delante que no estoy juzgando a nadie, se perdieron algo como “Never Again”, con Jorge tramando alguna de las líneas de batería más llamativas de toda la jornada. Músico de solidez más que probada, amén de uno de esos tipos que por sí solos son capaces de justificar el pago de una entrada. La luz roja que les bañó aquí junto al gran solo de Borja terminaron por redondear uno de mis momentos favoritos del set.

Pero un set al que le quedaban aún unas cuantas píldoras. Una de ellas es nada menos que “Creatures”, uno de los cortes más interesantes de aquél debut de 2022, que como viene siendo habitual en la casa engarzan con “Break Out From Hell” y desata el primer circle pit de la jornada. Profetas en su tierra, lo cierto es que la recepción de “Break Out From Hell”, que mira que me gusta, fue algo más tibia. “Yell To The Sky” nos devolvió al estupendo “Venom” y “Chain Reaction” (si no me equivoqué al tomar mis notas) fue dedicada por Laura a Violeta. Sigo viendo a este corte de segundo disco como una de esas composiciones que les podrían llevar a subir algún que otro escalón. Pegadiza y con gancho aún dentro de los márgenes entre los que se desarrolla su música.

Otro tanto se puede decir de otra que va camino de convertirse en fija para ellos, “Circles Of Fire”, con Borja y Abel sumando esfuerzos en coros. “Ashes Of Your Fears” suena inequívocamente clásica, contrastada por el roto registro de una Laura que se vaciaba a gusto mientras llevaba en volandas a todo el festival. A los muchos que aún quedábamos por allí. Y como creo haber repetido ya en alguna ocasión, “Stand Tall”, a estas alturas del set, suena a pura auto-reivindicación:

Stand tall facing the storm of words. Through the fire stand tall

Para el final quedan, como viene siendo habitual, sus correspondientes versiones de los británicos Carcass y los estadounidenses Death. Esta última descerrajada con una fiereza pocas veces vista en ellos. Fue un placer verles nacer y está siéndolo observar cómo crecen y evolucionan. De seguir por esta misma línea, sólo ellos saben dónde está el techo. Si llega un tercer álbum que confirme el crecimiento que ha supuesto la llegada de “Venom”, puede que tengamos Aneuma para rato.

Al tributo aún le quedaba alguna bala en la recámara, por allí andaban aún Kai, Pelayo o Borja García descerrajando el “Agent Orange” de Sodom. Nosotros optamos por recoger. Aguardaban unos cuantos kilómetros aún hasta casa y nuestra reservas dan para lo que dan.

Cambio de ubicación mediante, otra gran edición del Unirock. Cuando temíamos lo peor en cuanto a meteorología, camino de Puerto de Vega nos cayó un chaparrón tal que los limpiaparabrisas apenas daban abasto, fueron sin embargo pequeños fallos en cuanto a sonido los que vinieron a aguar en parte la jornada. Diría que en ningún caso de manera catastrófica pero lo suficiente molestos para enturbiar las descargas de Last Days Of Eden y, en menor medida, The Wizards. Son los duendes del directo y siempre va a estar uno sujeto a sus oscuros deseos. Y fíjate que, nos consta, no es poca la experiencia y sobre todo el empeño y cariño que la organización pone de su parte cada año. Pero ya lo cantaba Rubén Blades:

Cuando lo manda el destino, no lo cambia ni el más bravo. Si naciste pa’ martillo, del cielo te caen los clavos.

En cualquier caso y salvo causa de fuerza mayor, que nadie dude que estaremos allí el año que viene. De momento vaya un abrazo y un agradecimiento a toda la asociación Unirock por haber hecho esto posible un año más, a Piratas De Libertalia por la grata compañía así como a los muchos músicos, conocidos y fans que nos cruzamos a lo largo de la jornada. Fue un placer. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: La Mar De Ruido (16/8/2024)

Tres eran las jornadas que abarcaba el veinte aniversario del festival avilesino La Mar de Ruido, siendo la del viernes la más afín a un medio como este. Tocó pues echarse una vez más a la carretera para dar cumplida cuenta de las descargas de Mártires del Rock & Roll, Dr. Feelgood, Obús y Brecha.

El Parque del Muelle acogía un año más una cita gratuita beneficiada esta vez de una climatología de lo más amable. Así pues, no es poca la gente que se agolpa frente al curioso escenario cuando los ferrolanos Mártires del Rock & Roll toman las tablas decididos a rendir tributo a sus paisanos Los Suaves. Al grito de “Siempre Yosi, siempre Suaves, el cuarteto que comanda el guitarra y voz Tomás Domínguez tiró de nostalgia y supo conectar con una audiencia, cabe decir, de lo más receptiva.

El arranque con “El Afilador” no deja lugar a dudas. Puede que el bajo se llevara por delante a las guitarras y casi también que a la voz durante los primeros compases. Lo cierto es que una vez equilibrada la mezcla, quien más quien menos disfrutó de sus evoluciones. Empaquetar en apenas sesenta minutos a una banda con el enorme legado de Los Suaves parece tarea casi imposible. De ahí que el cuarteto ahorrara en discursos e interrupciones.

Así pues pudimos gozar de clásicos como “Viajando al Fin de la Noche”, con la banda dándose un paseo hasta la tarima colocada frente al escenario. Que lo decimos siempre, el juego que dan cuatro tablas bien puestas, si bien el viernes por poco nos cuestan un disgusto. Pero vayamos por orden. Me gustó “Dulce Castigo” También la forma en que “Si Pudiera” le cambia el signo al set. La Ibanez roja bullía en cada solo. Calzarse los zapatos de todo un Alberto Cereijo no es una tarea fácil para casi nadie pero a fe mía queda patente que Mártires tienen guitarrista de sobrada habilidad y carisma para enfrentar tan descomunal reto.

No faltó la más reciente, entre comillas pues han pasado veinte años ya, “Mi Casa”, que no dejó de sonar a pura reivindicación Suave. Fue justo tras las presentaciones de rigor que la Ibanez dijo basta. Solucionado el percance en cuestión de segundos, “No Puedo Dejar el Rock” materializó la nostalgia y levantó puños y cuernos en el Parque del Muelle. Encararon así una ronda final que recordaría la ineludible “Dolores Se Llamaba Lola” para un cierre con las que son, fácilmente, mis dos favoritas de los gallegos. A saber: “Malas Noticias” primero y “Pardao” después, con un Domínguez ya algo justo de voz, trabajó y sudó de lo lindo el ferrolano, para una ovación final de la que pocas veces habré visto dirigida hacia una banda tributo. Mucho el cariño que hay aún por Los Suaves en la vieja Asturias, por si alguien dudaba.

Viejos conocidos del festival, servidor ya pudo ver a Dr. Feelgood en el mismo emplazamiento allá por 2007, la de los británicos era una elección algo extraña para la jornada del viernes, encajados como quedaron entre tres bandas de rock / metal como lo son Mártires, Obús y Brecha. ¿Amilanó esto a los de Essex? Ni lo más mínimo. Pasan veinte de las diez cuando “I Can Tell” preña Avilés del mejor blues rock. Pareció muy en forma la formación desde los primeros acordes. Ayudó en gran medida el buen sonido del que disfrutaron, me atrevería a decir que el mejor de la jornada, también lo risueño que se mostró el ex The Animals Robert Kane, carismática voz de los ingleses desde 1999.

Se sucedían los temas sin solución de continuidad que dirían los clásicos, siendo “All Through The City” y en especial “She Does It Right”, con un solazo tremendo, mis favoritas de este primer tercio de set. El puro carisma y enganche con la gente de Kane contrasta con la seriedad, rayana en lo inconmovible, lo espartano incluso, de Kevin Morris en batería y Phil Mitchell al bajo. Kane por su parte tendría tiempo de exhibir habilidades con la armónica en “Ninety Nine And a Half (Won’t Do)”, apoyado por una de esas líneas de bajo pegajosas como mosquito en ola de calor.

Con “Dam Right I Do!” recordarían su más reciente obra de estudio, aquél “Dam Right” de 2022. Y si bien el género que practican pueda quedar justo en las lindes de un medio como este, lo cierto es que disfrutamos de lo lindo con sus evoluciones. Tanto o más que el bueno de Gordon Russell, que supo extraer lo más granado de su vieja pero inconfundible Telecaster. Al final es un set que nos devuelve el gusto por las cosas bien hechas. Queda patente cuando Kane anuncia que van a sacar la “slide guitar for two songs”, siendo la primera de ellas “Keep It Undercover”, con quizá el mejor Russell de toda la jornada, y “Back In The Night” la segunda, con los más clásicos de entre la audiencia gozando de lo lindo con la banda.

Robert Kane, sesenta y nueve años le contemplan, no dejó de moverse apenas un segundo. Derrochó carisma, también elegancia, conectó con la audiencia y, en definitiva, mostró un estado de forma envidiable para su edad. Pero sería sin embargo el imperturbable Phil Mitchell quien acaparara buena parte de las miradas en “Roxette” gracias a una de las líneas de bajo más simples y sin embargo bailongas de toda la jornada. Tras otro solazo de Gordon Russell en “If My Baby Quits Me” llegarían las obligadas presentaciones y una versión de Bobby Charles, no otra que el clásico entre los clásicos “See You Later Alligator”, que el público recibió de muy buena gana.

El propio Kane se abrazaría a una de las columnas del escenario para, de nuevo armónica mediante, honrar a Mickey Jupp recuperando su “Down At The Doctors”, tema que nos sirve para recordar al recientemente fallecido Jack Russell que lo interpretaba con sus Great White, y para encarar un bis donde se suceden la instrumental “Last Call” y el cierre “Route 66”, dejando al público de La Mar de Ruido inequívocamente satisfecho. Gran estado de forma y más clase que una universidad. Disfrutemos de ellos mientras podamos.

Son exactamente las doce cuando Obús hacen suyo el escenario de La Mar de Ruido dispuestos a aunar heavy metal y nostalgia en otra noche mágica para ellos. La banda, en formación estable desde la entrada de Luisma Hernández al bajo en dos mil dieciocho, sigue atravesando un momento dulce para regocijo de sus muchos seguidores.

Por contra, el suyo es un set que ofrece pocas sorpresas. Para servidor, algo neófito en lo que a la disciplina obusera refiere, una de esas sorpresas puede ser el “Man With a Harmonica” de Ennio Morricone con el que introducen el set. Tras él, “Necesito Más” pone la primera pica del show. La gente, muy metida ya desde los primeros acordes, no dudó en entregarse a los madrileños. Fortu respondió bajando a la tarima y dándose su particular baño de masas. No era poca la gente que se congregaba frente a él y el vallecano supo responder en consecuencia.

Pero ya digo que el set ofreció pocas novedades. En cualquier caso la gente a mi alrededor no dudó en corear clásicos como “La Raya” o en especial “El Que Más” durante esta primera fase del set. A bordo igualmente de un buen sonido, al menos en la ubicación donde me encontraba, sobresalió el bueno de Carlos Mirat a los parches. El ex Lucky Dados ofrece una interpretación tan segura como potente y de igual manera vistosa. Al alimón con Hernández, una base rítmica de contrastada calidad para la banda de la capital.

Corre Mamón” reafirma el viraje hacia terrenos más heavies, valga la redundancia, del corte previo. Y enseña un muy buen solo del incombustible Paco Laguna. No faltan los gestos de Fortu durante “Te Visitará La Muerte” simulando un crucifijo. Su estribillo sería a la larga uno de los más coreados de la jornada. Y es que ya digo que puede ser una banda que guste más o menos pero el cariño que el público avilesino brindó a los cuatro músicos está fuera de toda duda. Así las cosas Fortu pregunta si sabemos dónde estamos, “pues en un concierto de rock and roll”, diría, todo como anticipo de esa ya ineludible “Que Te Jodan”, probablemente uno de los temas que mejor acierta a resumir la particular idiosincrasia de la banda.

Como idiosincrático resulta ya cada vez que pisa esta tierra su recuerdo al gran Tino Casal, que fuera productor de su primer álbum, y del que guardan tan buen recuerdo. Comentó también los muchos kilómetros que hubo de hacer desde su refugio en Aguadulce (Almería) para estar presente el viernes ante todos nosotros. Qué mejor introducción para “Autopista”, después de todo son más de mil kilómetros los que separan ambas localidades. Como he dejado escrito ya muchas veces: en ocasiones parece que el rock todo lo puede.

“El marco es super-bonito”, dijo, en alusión al escenario en el que La mar de ruido desarrolla sus actividades, amén de contarnos una pequeña historia sobre “Complaciente o Cruel”, que pensaron inicialmente para Miguel Ríos para después acabar haciéndola suya. Fue un punto de inflexión en el set, con Paco, Fortu y Luisma sentados en las escaleras que dan acceso al escenario. “Juego Sucio” nos devolvería entonces a los Obús más heavies.

“Dinero, Dinero” puso voz en grito al Parque del Muelle. Obús sin grandes sorpresas ni tampoco mayores errores. Fortu divirtiéndose y divirtiendo a los suyos. Haciendo buen uso de la sufrida tarima y por poco teniendo un disgusto en “Prepárate”. “Vaya hostión” repetiría en varias ocasiones. Por fortuna, la cosa no pasaría a mayores. O sí pero supo hacer de tripas corazón. Presentó el vallecano a su bajista Luisma Hernández, quien acometería un pequeño solo que vendría a culminar en el riff de “Seven Nation Army” de The White Stripes. La “vieja confiable” que diría mi compañero y sin embargo amigo Felipe Suárez Mera.

No faltó el habitual solo de batería a cargo de Mirat. Tampoco el juego con la escalera, con Fortu acompañando tras los parches. Y finalmente le llegaría el turno a Paco Laguna. “Llevamos juntos cincuenta años”. Y los que les quedan, visto lo visto. Así las cosas “Vamos Muy Bien” culmina un show más de una banda que, a tenor de la ovación recibida, supo satisfacer a los suyos. Parece quedar Obús para rato.

Brecha nacieron en Asturias allá por comienzos de siglo para terminar entregando un par de álbumes: el homónimo en dos mil tres y aquél “En Libertad” de dos mil cinco. Y si bien puede que a nivel nacional la formación pasase algo inadvertida, lo cierto es que en Asturias ha ido adquiriendo un cierto estatus de culto hasta nuestros días, que culminó en la noche del viernes con la banda rebasando ya la veintena desde el mencionado debut. Curiosamente uno de sus primeros conciertos celebrado en el estadio Suarez Puerta de Avilés también contó con la participación de Obús, las vueltas que da la vida.

De ese estatus de culto que comento puede dar fe el inicio que proponen, no otro que “Libre Como Un Halcón”, cuyos versos “Corre por tu vida y no mires atrás. Recuerda que no hay otra oportunidad” sonaron más auto-reivindicativos que nunca. Gran solo de Bustamante aquí, al que se le vio entre concentrado y risueño durante no pocas fases del set. Y tal vez por aquello de que había sido la actuación inmediatamente anterior, lo cierto es que la traslación al directo de “Acabado” me sonó más Obús que nunca. No defraudó Juan Lozano al micro. Con ese timbre inconfundible, no cabe otra que amarlo u odiarlo, parecen no haber pasado veinte años, encandiló a los suyos. La coletilla “Brecha, veinte años y a veinte uñes” engrosa desde ya la mitología de la banda.

Aquella “Tu Hada” que inauguraba su segundo álbum fue dedicada por el bajista Fernando Cima a las figuras de Carlos García Rubio y Maribel Alberti, Carlos y Mari, dueños de El Cafetón y recientemente fallecidos en un luctuoso accidente en tierras leonesas. Desde aquí no podemos más que sumarnos al recuerdo y aprovechar para mandar un fortísimo abrazo a familiares y allegados del matrimonio.

Pero la vida sigue y el rock and roll con él. “Hay muchos traidores aquí”, asegura Juan Lozano con un tono a medio camino entre la pregunta y la afirmación. Turno, claro, para “Traidor”. El inicio más calmo de “Iros Al Infierno” supondría un pequeño punto de inflexión dentro del set. Extrajo además una estupenda línea de bajo por parte de Cima. Con Lozano haciendo de las suyas con el público, el corte resultaría finalmente uno de los puntos álgidos dentro de su descarga. Y mientras que “A Mil Por Hora” deja a los Brecha más vacilones, es “Morir En El Intento” la que dibuja los momentos más cercanos al power de toda la jornada.

Se produciría entonces una sorpresa por partida doble gracias al “Mr. Crowley” de un tal Ozzy Osbourne, transmutada para la ocasión al idioma de Cervantes. “Rayo Azul” nos devolvería a unos Brecha en su salsa para desembocar en una “Highway Star” con un gran Bustamante pero en la que eché en falta los teclados. Mario Herrero (Drunken Buddha) nos tiene pero que muy mal acostumbrados. Feliz 20+1 aniversario.

Gran jornada inaugural de la más reciente edición de La Mar de Ruido. Tres bandas afines al heavy metal y la curiosa excepción de los británicos Dr. Feelgood supieron colmar las ansias de un público fiel y entregado. Con el buen sonido del que gozaron las cuatro bandas y lo amable de la climatología, costaría poner mayores pegas más allá de lo tardío del evento. Entre dar comienzo a las cuatro de la tarde de un viernes o a las nueve, como fue el caso, queremos pensar que ha de existir algún término medio. En cualquier caso una gran jornada de rock and roll en más que grata compañía. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Leather Boys On The Beach (Santa María Del Mar 28/7/2024)

Los fuckin´ Leather Boys siguen inmersos en la presentación del libro “Fairy Tales From The Underground” donde narran sus experiencias en sus casi 20 años de carrera y les está llevando por gran parte de la geografía española. En esta ocasión, dentro de la gira de verano que han denominado “Vermú Summer Tour”, se acercaron al paseo marítimo de Santa María Del Mar en el concejo de Castrillón (Asturias) para ofrecer sus altas dosis de rock and roll.

A pesar de la hora, poco habitual para para estos eventos, había un buen número de personas que llenaban las mesas y gran parte del espacio acondicionado junto del chiringuito de la playa de Santa María del Mar, incluso desde tiempo antes de la hora prevista. A buen seguro animó al personal a acudir a la cita el video que los avilesinos publicaban en sus redes a las 12 del mediodía para informar que, a pesar de la inestabilidad climatológica, el concierto seguía adelante. Por suerte, el tiempo fue favorable y acompaño durante toda la actuación.

Lo primero que me llamo la atención es que aparecieron en el escenario en formato cuarteto, cuando tan solo una semana antes contaron con tres guitarras en su show, y es que su recién recuperado guitarrista DeeDee Allin se encontraba en viaje de negocios lo que obligaba a Leather Sex a hacerse cargo las guitarras tanto rítmicas como solistas, tarea que resolvió con solvencia a base de exprimir al máximo su pedalera.

Los músicos, ataviados para la ocasión con camisas floreadas, playeras e incluso chanclas llegaron a bromear calificándose para la ocasión como los Leather Beach Boys. Eso si, según Leather Rose mucho más cómodos y seguros los playeros para los diversos saltos que ejecutó a lo largo de toda la actuación que las camperas con las que suele actuar.

Comenzaron con “Decade Of Decadence” del EP homónimo que publicaron con motivo de su décimo aniversario, la enlazaron con el boogie rock “Don’t Cheat On Me” para pasar a presentar el tema que pone titulo a su “Fairy Tales From The Underground”, contando divertidas anécdotas de como se vieron envueltos en la escritura de sus memorias y recordando que aún tenían disponibles unas pocas unidades de la primera edición. Si alguno de los lectores está interesado en adquirirlo, la segunda edición está prevista para el mes de septiembre.

Continuaron con “Rebirth” y “Pandemic Messiah” para pasar a presentar su oda al vino en “Aphrodisiac Grape”, pidiendo a su recién “despedido” guitarrista Chema Mr. Pig Rocket” Bretón presente entre el público, que subiera al escenario como artista invitado para tocar juntos una vez. La noticia fue recibida de muy buen grado por el publico presente que con aplausos y vítores contribuyeron a que “Mr. Pig” dejara de lado sus reticencias iniciales y agarrase la guitarra para acompañarlos en gran parte del espectáculo.

En los comentarios entre canciones, repartidos entre Rose y Sex, no dejan de tirar de fina ironía y critica a los poderes fácticos que potencian en temas como “Underground” a la que sigue “Stranded” de corte mas noventero y en la que Leather Sex se reivindica como músico de garaje alejándose del sleazy que en una primera escucha pueden transmitir.

Nueva pausa para presentar el que para mi es el temazo de estos veinte años de carrera. La power ballad “Fly Free (Blacksmith)«. Sex explica que compusieron esta canción para honrar a su padre fallecido y, como es habitual, extendieron la dedicatoria del tema a todos los que hubieran sufrido alguna perdida. Preciosa y sentida interpretación.

Continuaron con “Flower Power”, “St. Mary’s Dance” en la que pidieron colaboración del publico; «venga que solo es una nota» nos increpaba Rose. El respetable respondió de buena gana, dejando sus asientos y acercándose al escenario a arropar a una banda que en todo momento busca la comunión con su audiencia.

Con el siguiente tema “To The Curb” intercambiando rock sureño con un corte que roza el punk, dando muestra de la versatilidad musical que presentan estos boys. El sonido, que sin duda era algo que preocupaba a los músicos, he de decir que me pareció extraordinario, distinguiéndose perfectamente las líneas de bajo de Leather Latin Lover, la potencia de la batería de Leather Buddy y las guitarras de Leather Sex y de Mr. Pig Rocket en su puntual colaboración. Quizás el punto más flojo fue la voz de Rose sonando algo baja en ciertas ocasiones, aunque perfectamente arropado en los coros por los mencionados Sex y Latin Lover.

En este momento amagaron con finalizar la actuación y, como en cada intervención, entre bromas, pidieron aplausos para los asistente y para si mismos en una muestra del “Hedonismo Ilustrado” que practican. Tras pedir más aplausos, e incluso felicitar a los padres de un niño que paso varias veces por delante del escenario para llevar residuos a los contenedores de reciclaje, encararon la recta final del concierto con “Leather Gunner” de su ya lejano segundo larga duración.

En “Born In The Seventies” dedicada a todos los que nacimos en esa década, realizaron una pequeña guerra de coros con el público que debíamos gritar su estribillo, primero chicas, luego chicos siendo estos ampliamente superados por las chicas presentes que demostraron tener mucha más energía, para, a continuación, unir a todo el respetable coreando al unísono el estribillo durante todo el tema.

Continuaron con su homenaje a Lemmy y sus Mötorhead a través de un “Ace Of Spades” en la que estuvieron acompañados por la también cantante de Rock&Rockets Vavaki Rus y un publico que es esos momentos ya estaba en total comunión con la banda.

Para finalizar la reivindicativa “Rock And Roll Blowjob”, que, como es habitual dedicaron a los chupópteros de la industria musical que tantas trabas les pusieron en sus comienzos y en la que nuevamente estuvieron acompañados por un entregado público al que Leather Rose acercaba el micrófono en los coros.

Gran concierto en el que el grupo hizo reír y disfrutar de sus canciones, con un sonido impecable, que supo imponerse a las dificultades técnicas de un recinto abierto y en el que el aire soplaba con fuerza en determinados momentos. Muy de agradecer al Ayuntamiento de Castrillón, como también hiciera la propia banda, esta iniciativa que nos permiten disfrutar de la música en directo, y si además es con grupos con la cercanía que muestran la buena gente de Leather Boys la experiencia está garantizada. ¡Stay Leather!

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Sex Museum + Baja California (Gijón 28/7/2024)

Segunda parada de nuestro minitour estival por salas, en este caso para dar cumplida cuenta del paso de Baja California y Sex Museum por los conciertos del Patioh!, reubicado para la ocasión en la Sala Acapulco. Una jornada que se preveía tan calurosa como atractiva, con dos formas bien distintas de entender el rock and roll dándose cita en nuestro querido recinto gijonés.

Los asturianos Baja California volvían a un escenario que, a buen seguro, les trae muy buenos recuerdos. No por nada su anterior paso por esta misma sala, allá por el mes de marzo, cotiza como uno de nuestros conciertos favoritos de lo que va de año. Así las cosas, cuando se apagan las luces y la introducción anuncia turbulencias, uno no puede más que prepararse para lo mejor.

La banda emerge en “Caída Libre” y tiene todas las garantías para sacarle una sonrisa a todo buen fan del género. Sólidos y con buen sonido, al menos donde servidor se encontraba, harían sudar de lo lindo a los suyos con un set que resultó la versión un tanto recortada de su anterior paso por el recinto. Manu Roz desbordó carisma desde el primer momento, si bien su voz en los primeros compases no parecía la de citas anteriores. No obstante y haciendo uso de la ya célebre tarima de la Acapulco, no dudó el espigado frontman en buscar la interacción con su gente.

“Es la hora”, a fin de cuentas, “de hacer un poco de rock and roll”. Aquí destacan los buenos coros de Javi, preciosa Stratocaster en mano, y Aarón Galindo, piezas imprescindibles del engranaje. Brillan ambos guitarras en el duelo solista de la vibrante “Electricidad”, entregando de paso la mejor versión de la banda. Que aunque más atemperados en cortes como “Tiempo Suicida”, dan siempre la sensación de disfrutar con lo que hacen.

Una pasión en su desempeño que resulta siempre contagiosa. Javier Hernández (bajo) y Marco Antonio Guardado (batería) se quedan a solas como anticipo para una “Hoy Toca No Dormir” de profético título para Heavy Metal Brigade. A buen seguro una de las más coreadas de todo el set. Turno entonces para un pequeño solo de Aarón Galindo, anticipo de “Reina De Hielo”, que la banda prácticamente encadena con “A66”. Una banda en forma al fin y al cabo.

Tuvo tiempo Manu para los habituales agradecimientos en un momento en que la Acapulco registraba ya una notable entrada. Era una calurosa tarde de domingo y ni así calmaron algunos sus ansias de rock and roll. Aquí pediría el vocalista que olvidásemos nuestros móviles, lo que son las cosas, mientras servidor tomaba notas en el suyo. “El Mago”, Javi Monge regalando púas a los más pequeños, pero sobre todo “Indomable”, dan la verdadera medida del buen momento que atraviesan.

Roz tampoco dudó esta vez en bajar del escenario y mezclarse con la gente. Cierto que muchos no gozábamos del llamado factor sorpresa. Cierto también que el fin de fiesta fue tan intenso como se esperaba de ellos. Y aunque esta vez no hubiera paseo de Javi a hombros del carismático frontman, ese cierre con el toque más nostálgico de “Años Atrás” es un lujazo. Siguen a muy buen nivel.

Hacía casi veinte años de mi anterior encuentro con Sex Museum, aquél en La Felguera junto a Angra y WarCry, por lo que la cita dominical significaba poco menos que perder de nuevo la virginidad con ellos. El quinteto ha seguido circulando bajo cierto halo de banda de culto y arribó a tierras asturianas con la convicción de agradar a su nutrida parroquia.

Desde ese arranque a pura base rítmica, con Marta tras el Hammond entregando magisterio desde el minuto uno, todo apuntaba a una noche para el recuerdo. Que lo fue. De primeras sorprende el altísimo volumen al que suenan. El enmoquetado suelo de la Acapulco vibra con cada acorde y no, no es una manera de hablar. Para cuando suena “Breaking The Robot” de aquél “Musseexum” de 2018, uno ya es consciente de que no queda sino rendirse ante el combo madrileño. Sudor e intensidad como pocas veces hayamos visto sobre el escenario gijonés.

No faltaron las habituales charlas de Fernando Pardo, clásica SG roja en mano, y me gustó que buscase precisamente la complicidad de los más pequeños. Que los había. El guitarra aprovecharía varios momentos del set para presentar a la banda sin abandonar nunca su particular sentido del humor. Pusieron a bailar a Gijón y tampoco es un decir. A ratos despliegan ritmos capaces de desengrasar cualquier cadera y, en ciertos momentos, me recordaban a los japoneses Acid Mothers Temple y su descollante paso por Asturias allá por 2018.

Sin embargo y en sus momentos más nervudos, uno parece tener delante a la versión más intensa e hipervitaminada de The Doors. Algo a lo que contribuyen en buena medida cortes como la tremenda “Flyin’ High” de aquél “Sonic” de 2002 o su particular reinterpretación del “Unidos” de Parálisis Permanente. Tremenda respuesta de la gente aquí, por cierto. Fernando introdujo, no sin cierta sorna, a su batería: “se apuntó al conservatorio… ¡y le echaron el primer día!”, aseveró. Así las cosas, sería finalmente el rock quien acogería al incasable batería. A él le preguntó el guitarra si (Roberto Lozano “Loza”) había traído su cencerro, que resultó que sí, y la banda procedió entonces a entregar una “Horizon” que dejaría uno de mis riffs favoritos de toda la jornada.

Tras un pequeño speech sobre Deep Purple, “nos gusta todo menos la voz”, sorprenderían a propios y extraños con su particular versión del “Fight For Your Right” de los indómitos Beastie Boys, a la que ajustarían el riff de “Smoke On The Water”. La fiesta que se montó entonces no fue pequeña. Quince pasaban de las diez cuando se fueron a tomarse un pequeño respiro. Y como habían prometido, volvieron no sin antes mandar un saludo a la gente de Baja California. El buen humor, también las tablas, con las que Fernando solventó el pequeño problema de su hermano con el micro, “va siendo hora de pasarse al inalámbrico”, dio la medida del buen rollo que se respira en el seno de la agrupación. La banda rubricó aquí un bis para el recuerdo, puso a bailar una vez más a toda la sala y se fue con la certeza del deber cumplido. De los mejores shows de lo que va de año, confío en no tardar otros (casi) veinte años en cruzarme con ellos.

Por nuestra parte nada más. Agradecer como siempre a la organización del evento por todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un abrazo a los muchos amigos, compañeros y músicos con quienes departimos a lo largo de la jornada y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Corazones Eléctricos + Maverick (Gijón 26/7/2024)

Inmersos de lleno en temporada alta de festivales, tocó hacer un alto en el camino y volver a una de nuestras queridas y apreciadas salas. De hecho y salvo inconveniente de muy última hora, no sería la única del fin de semana. Digo yo que habrá que dar cumplida cuenta de Baja California y Sex Museum en los conciertos del Patioh. Pero vayamos por partes, pues toca juntar cuatro palabras sobre la venida a tierras gijonesas de Corazones Eléctricos, la banda del ex Uzzhuaïa Pau Monteagudo, acompañados del combo punk mierense Maverick.

Una cita que nos tuvo en ciernes con un retraso sobre el horario establecido y que a más de uno le hizo temer lo peor. Así las cosas, son ya casi las nueve cuando el quinteto mierense se ajusta como puede al coqueto escenario del Tizón gijonés y emprende con su habitual punk de toques melódicos. Digo siempre en estos casos que el suyo puede no ser nuestro negociado, el nombre de la web es el que es, lo que no quita para que nos merezcan el mismo respeto que cualquiera que se suba a un escenario a defender lo suyo (y no lo de otros).

Porque lo cierto es que supieron defender su parcela con fuerza y ganas. La intensidad inherente al género. Pero también porque saben trazar buenos temas y amalgamar un amplio abanico de influencias dentro de su habitual punk rock. Una banda bien arropada bajo el escenario, con gente en platea que demostró saberse los temas más allá de los estribillos.

El hecho de que una cuerda de guitarra no aguantara el envite trastocó sus planes. Y ni tan mal porque la banda, ahora en formato cuarteto, procedió a descargar una “Travis”, por Travis Bickle, el protagonista de “Taxi Driver”, que sorprendió por su fiereza. Por momentos me recordaban a Free City o Desakato. Y aunque ya menos, también a Berri Txarrak durante los momentos más encorajinados. Que los hubo, ya digo su música parece beber de muy distintas fuentes, lo que redunda en un set ante el que resulta complicado aburrirse.

No Sabrás” o “La Espiral” fueron finiquitando una descarga que me dejó la impresión de que la banda ha crecido una barbaridad desde mi anterior encuentro con ellos, hace ahora dos años. Algo de lo que nos alegramos.

Cinco faltan para las diez cuando “Canción Urgente” arranca el set de los Corazones Eléctricos, la banda valenciana que venía a defender en tierras gijonesas su “De Amor y Rabia” del pasado octubre. Y todo lo que se pueda decir del show que desplegaron parecerá poco. Lo cierto es que el trío apareció por el pequeño escenario perfectamente engrasado, con un Pau Monteagudo que derrochó carisma y tablas casi a cada acorde de su preciosa guitarra. Me disculpan los entendidos en la materia por no reconocer la marca de la misma.

El público, algo frío de entrada, supo aullar con ellos. Ayudó el buen sonido que desplegaron. La presencia de todo un Nefta Vázquez (Sound Of Silence, Blast Open, Escuela de Odio…) a los mandos de la pequeña nave era toda una garantía de éxito. No se olvidó Monteagudo de pasar lista. Y de dejar patente su buena memoria, recordando algunas caras que ya estuvieron presentes en su anterior venida al Principado, y que repitieron el pasado viernes.

Alguna crítica leí durante el transcurso de la pasada semana, ya no recuerdo dónde, que acusaba al trío valenciano de “falta de nervio”. Las opiniones, ya se sabe. Porque lo cierto es que para cuando la banda vuelve a su primer disco y recupera “Camino Al Sur”, cualquier duda al respecto de su desempeño termina por disiparse. Desde luego no serán la formación más técnica que ha pisado los escenarios asturianos porque tampoco lo necesitan. Sin necesidad alguna de despliegues onanistas por reiterativos, la banda recoge aquí una de las mayores ovaciones de la noche.

Monteagudo dedica “Todo Por El Aire” a los músicos, tanto los presentes, aludiendo aquí a Maverick como a todos en general. Al fin y al cabo, “todos los músicos” están “en crisis” como bien aseveró el carismático vocalista. “Cama De Faquir” sonó más natural y no tan sobreproducida como en el debut homónimo de 2017, algo que agradecí. Destacó Pete Sala al bajo. Por la forma tan elegante en que se manejó y su semblante siempre risueño. Incluso por el atrapasueños que colgaba del mástil. Tan discreto como fundamental. Pau cambió de guitarra para “Volver a Empezar” y la banda siguió desplegando ese rock sito en un punto indeterminado entre el hard, las corrientes más clásicas e incluso pequeños escarceos con el alternativo.

Es el propio vocalista quien dedica “¿Quién Salvará Al Rock´n´Roll?” particularmente a Maverick, pero también “a todas las bandas que no hacen lo de siempre”. Aquí destacó sobremanera Quique Cuquerella a la batería. Muy sobrio, elegante incluso, durante todo el set, desplegó aquí todo el arsenal, procurando uno de los mejores ejercicios de pegada de la noche. El riff de “Fuera De Sí”, que me recordó de inmediato a Wolfmother, a Corazones Eléctricos les sirvió para llevar un paso más allá la intensidad del set. Sudaba el trío y gozaba el público. No era para menos.

Disfruté en gran medida de “Cimarrón”, por mucho que echase en falta el piano de la original. La banda, centrada y engrasada, enfiló una recta final del set donde la comunión con su gente sería total. Pero si hay un corte que destapa a los Corazones Eléctricos en su encarnación más nervuda y poderosa, esa es “Érase Una y Otra Vez”, que desata y amplifica aún más el ruido que produce la original de estudio. Tremendos.

Contó el propio Monteagudo que al día siguiente tenían bolo en Ribadeo y que la idea era no desgastar demasiado en la víspera. Pero al final uno se deja llevar, es la magia del rock and roll. El caso es que la banda deja aquí la más tranquila “”, no sin que antes el curtido líder del trío se la dedicase a todos los enamorados. Fue una última isla de calma antes de un final descosido y ardiente, echando mano de una “La Destilería” con el vocalista por los suelos. “Valentina”, auténtico pildorazo de su anterior “Arte y Oficio”, rubricó un gran cierre para ellos. Se fueron prometiendo volver y desde esta casa sólo les pedimos que no dejen transcurrir otro sexenio hasta entonces.

Mereció la pena romper la tónica festivalera y pasar un poco de calor en el Tizón. Dos bandas bien distintas pero un par de sets que nos hicieron disfrutar más allá de pequeños inconvenientes o de lo engorroso de los retrasos. Si además comparte uno charla tanto con amigos, como con músicos e incluso compañeros de gremio, pues qué más se puede pedir. Por nuestra parte nada más. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz