Octava entrega en una década de trayectoria para el Raposu Rock. Cita obligada para Heavy Metal Brigade, una fecha que contó con bandas del calibre de Jethro Tull y Saurom en la capital de la costa verde y aún así congregó un buen número de asistentes. En la parte humana nada menos que 2 toneladas de solidaridad materializadas en alimentos no perecederos que obligaron a improvisar una cadena humana para su traslado al exterior y poner rumbo a la cocina económica de Oviedo. Un nuevo éxito para el equipo capitaneado por Rheme Peláez en la titánica labor de abrir conciencias en pro de los más desfavorecidos. Nuestro aplauso y admiración un año más.
Quizá lo menos «importante» sea la parte musical en el Raposu Rock. Da igual el cartel en cada edición, sabes que vas a disfrutar de metal, rock y punk a partes iguales, un ambiente de camaradería y buen rollo tanto arriba como debajo del escenario. La primera parada en la banda sonora de la velada serían Caballo Moldavo. Los 4 jinetes del equino eslavo desplegaron su habitual rock monolítico, presentando varios temas que formarán parte de su próximo trabajo de estudio, del que seguimos esperando fecha de lanzamiento. Interpretaron su EP debut al completo, pudiendo distinguir nuevos matices en dichas composiciones, posiblemente fruto al lustre alcanzado con las numerosas interpretaciones en vivo desde su publicación allá por febrero del 2021. En la Sala Acapulco volvieron a su formación clásica, es decir, el Reverendo G. Throat a la voz, Lionel Hooves como guitarra, Jhonny Liver tras la batería y el hermano Lynnot al bajo dejando patente la evolución sonora y aplomo sobre las tablas lograda en los últimos tiempos.
Cambio de enseres sobre el escenario para dar paso al rock urbano y reivindicativo de Polemika. Los gijoneses que cuentan con tres miembros de Chabacanos en la alineación, Ghe a la voz, Jorge a la guitarra y Berti al bajo, continúan inmersos en la presentación en vivo de su último EP «Santa Estupidez» editado a finales del pasado 2023. Arrastran una buena legión de fieles que no dudaron en catar el mágico elixir con que fueron agasajados por la banda mediado el set. Puede llevar a engaño la juventud de varios de sus componentes pero las tablas de Turo a la batería y Miguel a la guitarra despejan cualquier duda, ya son 12 años de trayectoria los que contemplan a una banda capaz de salir airosa de la meritoria tarea de llevar a su terreno el clásico de Neil Young «Rockin’ In The Free World» para poner colofón a su paso por el Raposu. Buen concierto en líneas generales a pesar que en algunos momentos la voz de Ghe apenas destacaba del resto de instrumentos.
Desde Las Merindades llegaban al Raposu los burgaleses Los Del Humo. Cuarteto que abraza el punk rock como forma de expresión pero que a juzgar por su sonido y las camisetas que portaban no hacen ascos al metal. Dos años después regresaban a los escenarios asturianos para presentar su cuarta obra de estudio «Apartheid» publicada en el mes de septiembre. Hiperactivos sobre el escenario, encabezados por el inconformista Chus a las voces, se mostraron agradecidos a la organización por su participación en un festival que apoya las causas sociales y solidarias poniendo énfasis en la figura de Rheme Peláez.
Tras el combo burgalés salía a escena la propia Rheme para agradecer el apoyo tanto a los congregados en la sala como a las donaciones de comida y monetarias en forma de «fila 0». El sorteo del habitual pack de merchan donado por las bandas recayó esta vez en la antigua gerencia de nuestra añorada Sala Sir Laurens.
Cerraron la noche Bestia Negra, recién llegados de su primera fecha internacional. Y es que la gira promocional de «Animal Domination» los ha llevado a pisar escenarios de todo pelaje. Varias paradas en Galicia, Cantabria, León, Madrid o Andalucía los han colocado como una de las bandas asturianas de heavy metal mas viajeras en el último año. Como pude escuchar desde el foso, los «Accept» asturianos salieron a pasarlo bien y la intención contagiar esa premisa a la audiencia gracias a sus característicos riffs, casi adictivos con los que conectas de inmediato. No inventan nada, tampoco lo pretenden, pero la dupla de guitarras y el carisma de Gil como maestro de ceremonias elevan la temperatura en la Sala Acapulco gracias a los largos desarrollos que contienen temas como «Angel Of Death» o «Fear«.
Invasión de escenario como colofón y es que su revisión del clásico «Killed By Death» es apuesta segura como cierre de un nuevo show divertido y disfrutón de la formación afincada en Oviedo. Aplaudir un año más la labor social del Raposu y la de visualización para las bandas. Y como no, mandar saludos a la cantidad de amigos y habituales que allí coincidimos. Nos vemos el próximo año y en cualquiera de los saraos con música en directo durante el resto de los 365 días.
No todos los días tenemos en Asturias la suerte de poder disfrutar de una de las bandas de referencia del rock. Jethro Tull, con su peculiar forma de entender el rock progresivo, fusionado con elementos del folk británico, blues rock y pinceladas jazzísticas, son uno de los titanes del género, y el hecho de que las entradas se agotaran meses antes de la fecha del concierto evidenciaba las ganas de volver a disfrutar de Ian Anderson y sus chicos en Gijón, tal vez por saber que, con casi total seguridad, sería la última oportunidad de disfrutar de la banda en el Principado, así como por el buen sabor de boca que su concierto en el Jovellanos en el ya lejano año 2000 dejó entre el respetable. Con la fecha anotada en el calendario por muchos, solo quedaba esperar a que llegara el día y ver cómo se defendía en directo el quinteto británico y cómo les había sentado el paso de los años.
Ante un teatro de la universidad laboral a rebosar y cinco minutos después de las 20:30, los de Ian Anderson comenzaban su actuación previo aviso a la audiencia de que no estarían permitidas ni fotos ni videos durante la misma, a excepción de durante el “bis” que cerraría el concierto (petición que, sorprendentemente, fue mayormente respetada por el público). El comienzo con “My Sunday Feeling”, que suponía el primer corte del primer redondo del grupo “This Was”, seguida de “We Used To Know” del segundo disco “Stand Up” (con una “pullita” en forma de dedicación a The Eagles al entender que el mítico “Hotel California” estaba algo más que inspirado en esta canción), nos hacía esperar un ejercicio exclusivamente de nostalgia en cuanto a elección del repertorio, sin embargo quedaron representadas mas o menos todas las épocas del grupo en los 120 minutos de concierto (con un descanso de 15 minutos por medias) que la banda desgranó durante la velada.
Desde los primeros compases del show, se hizo evidente que el sonido durante toda la noche iba a ser excelente. La acústica del teatro de la Laboral, ideal para este tipo de conciertos, demostró haber sido una elección perfecta para recibir a estas leyendas del género, permitiéndonos disfrutar de todos los matices y colores que la música del quinteto ofrece. La formación, aunque buenamente se podría calificar desde hace tiempo de “Ian Anderson & Friends”, suena sólida y acompasada, con mucha clase y fiel a las interpretaciones originales, sin duda a la altura de la marca que defienden sobre las tablas. El bajista David Goodier y el teclista John O’Hara, que acompañan a Anderson desde 2007, mostraron que la química entre ellos sigue intacta. Aunque los seguidores clásicos del grupo no pueden evitar echar de menos el trabajo de Martin Barre a las seis cuerdas, el joven Jack Clark cumple a la perfección y cuenta con varios momentos de lucimiento durante el show que le hacen encajar perfectamente. El batería Scott Hammond, sólido y sin demasiados alardes, aporta el peso y el “groove” que la banda necesita en todo momento.
Sin embargo, es bien cierto que Ian Anderson pone el contrapunto en la parte vocal. Los años no pasan en balde y es innegable que al bueno de Ian le cuesta sobremanera mantener el tipo en ciertos temas. Va muy justo de voz, pero al fin y al cabo tiene 78 años y es “el padre de la criatura”, así que tampoco se puede ser excesivamente crítico con él en este aspecto. Sus limitaciones vocales quedan ampliamente compensadas con su maestría a la flauta (santo y seña del grupo), con su chanza inglesa y con su capacidad de comunicación con un público que, si bien por momentos no entendía todo lo que Anderson comentaba por la barrera lingüística, agradeció en todo momento su buen humor y actitud sobre las tablas.
Como decía anteriormente, el repertorio no dejó indiferente. Pese al comienzo visitando los dos primeros lanzamientos del grupo, la banda no se centra en sus años de “laureles”, si no que no duda en tocar temas de los 80 y 90, así como de los dos últimos lanzamientos del grupo, “The Zealot Gene” (2022) y “RökFlöte” (2024). Así, fueron cayendo clásicos como “Songs From The Wood”, “Too Old To Rock n Roll” o “Weathercock” así como “no tan clásicos” como la oscura “Roots To Branches” que nos retrotrae al disco de mismo nombre de 1995, o “Farm On The Freeway” del ochentero “Crest Of A Knave” que, si bien no eran tan celebradas como el material clásico, no bajaron el pulso del concierto. “Wolf Unchained”, “Mine Is The Mountain” y “The Navigators” representaron a los Jethro Tull más contemporáneos y con los que Ian se siente también más cómodo a nivel vocal.
De hecho, algunos echamos de menos referencias a discos que son clásicos de la banda y referencias absolutas del género como son “Thick As A Brick”, “Minstrel In The Gallery” o “A Passion Play”, pero como digo, la elección de temas dejaba claro que Ian Anderson quiere dar visibilidad a todas las épocas del grupo y por nuestra parte sólo nos queda respetarlo. Las referencias a la música clásica de Bach y Gabriel Fauré, reconvertidas en formato de folk rock tampoco faltaron en la velada. La recta final con una “Aqualung” un tanto rearreglada y adaptada a la formación actual y el bis de la inevitable “Locomotive Breath”, fue jugar a caballo ganador para despedirse por todo lo alto.
Y así concluía la noche que Jethro Tull se despedía de Gijón. La sensación generalizada entre un público que, por desgracia, no suele disfrutar de este tipo de grandes giras en la región, era de satisfacción por haber podido disfrutar una última vez de una de las bandas por excelencia del rock progresivo y que encima demostró que, pese al irremediable paso del tiempo y combinando nostalgia y vigencia, sigue ofreciendo conciertos muy solventes. Ojalá más giras como está hagan parada en Asturias en el futuro.
Repertorio:
Set 1: My Sunday Feeling We Used To Know Songs From The Wood Weathercock Roots To Branches The Donkey And The Drum Wolf Unchained Mine Is The Mountain Bourrée In E Minor (Johann Sebastian Bach cover)
Set 2: Too Old To Rock ‘n’ Roll, Too Young To Die Farm On The Freeway The Navigators Pavane In F-Sharp Minor (Gabriel Fauré cover) The Zealot Gene Dark Ages Aquadiddley Aqualung
El pasado viernes día 1 de noviembre tocaba reencontrarse con Madera Rock. Los avilesinos regresaban a los escenarios en enero del 2023 tras más de 20 años fuera de circulación y nuestros caminos no habían confluido en las dos citas en directo ofrecidas hasta el momento. La presentación en el Palacio De Santa Cecilia en Avilés de su cuarta obra de estudio “En El Cuarto” ni su paso por el festival La Mar de Ruido también el pasado año.
Prácticamente perdida la esperanza, la sorpresa de su paso por la 40º edición del festival de la castaña en Aces (Candamo) me brindaba una oportunidad, quien sabe si única, para rememorar aquella lejana y única ocasión en que los pude disfrutar en vivo. Una noche de agosto en Lugones recién arrancado el milenio en que compartían escenario con Avalanch en una de las últimas fechas de la gira promocional de “Llanto De Un Héroe” y los ovetenses Babylon Chat en la cresta de la ola de su popularidad.
El evento tenía lugar bajo una amplia carpa que cobijaba los distintos stands, la barra y un escenario coqueto, bastante más alto de lo que estamos acostumbrados por estos lares, adornado con una buena iluminación teniendo en cuenta nuestra ultima parada en gijonés Tizón Sound. Así que un cuarto de hora por encima del horario previsto, concretamente de las 11 de la noche, nos pusimos manos a la obra. Comentar que el anterior inquilino de las tablas, Faruk, banda afincada en Grado, remataba su actuación prácticamente con nuestra llegada y apenas pudimos catar una curiosa revisión en español de “Little Wing”, el clásico de Jimi Hendrix. Espero volver a coincidir con ellos y darles la atención debida.
Por Chiri Peláez, voz y punto focal de la banda con su característica actitud macarra y chulesca, Charly Menéndez a la batería, Sevi al bajo y Víctor Vivar y Rubén Álvarez a las guitarras parece no pasar el tiempo, mostrándose perfectamente empastados 15 meses después de su última actuación. Inevitables las referencias a los madrileños Burning y los primeros Platero Y Tú al arrancar el show con clásicos de sus inicios del calibre de “Sin Poder Parar” y “116”.
Lo atípico de la cita descubre la frialdad del publico, mayormente alejado de su propuesta musical y que se fue acercando a las tablas con cuenta gotas a pesar del buen hacer de la banda. Veteranos de mil batallas los Madera se mostraron ajenos al frio ambiente, fuera y dentro del recinto, repasando también composiciones de nuevo cuño como “Mis Amigos” o la homónima “En El Cuarto”, temas que mantienen el espíritu jovial y desenfadado con el que nació la banda hace más de 25 años en Avilés.
Ofrecieron un buen sonido en líneas generales, y una entrega digna de mención. Encima de las tablas desde nuestra posición apenas vislumbramos algunas miradas cómplices que achacamos al «óxido» que acarrea el largo parón en la actividad cara al público.
Casi 90 minutos para repasar una trayectoria que hizo las delicias del puñado de fieles presentes, que también los hubo. Un más que agradable viaje en el tiempo que tendría un cierre por todo lo alto gracias a temas tan emblemáticos como “Adelante y Atrás” , “Solo Tiene 16” o “Vamos De Culo”. Pioneros en la región de una manera de entender el rock ‘n’ roll estaremos muy atentos a una nueva parada en los escenarios. Aunque improbable, viendo los antecedentes, cruzamos los dedos para que la espera sea corta.
Dos maneras muy distintas de entender el rock and roll. La cara más hedonista y soulera de The Magus frente a la más introspectiva y alternativa de State Of Crime And Science (SOCS), se dieron cita en el Tizón como eficaz antídoto al dichoso clásico. Un par de formaciones más que interesantes dentro de nuestra escena y una cita que no nos queríamos perder.
“Rock’s For Pussies” abrió así la fiesta ante una tímida entrada. Ouleia se desvivió al micro desde las primeras acometidas y la banda sonó tan bien como acostumbra. Se pueden decir muchas cosas del Tizón. Esa perpetua luz roja que ilumina el escenario. Pero en lo referente a sonido rara vez sale uno decepcionado de la coqueta sala gijonesa. Sin solución de continuidad, “Type 2” entrega la cara más vacilona de la banda y, pie al cry baby mediante, también un buen solo del MalverdeTamo. “Fester” sería la última de esta primera arremetida de la banda. Disfrutones y muy en forma. Asentándose concierto a concierto como punta de lanza del mejor hard rock de la región.
Ouleia no se olvidó de agradecer la presencia a los más pequeños. Y si el gusanillo pica, eso que habremos ganado. “Like A Hammer” sonó más desértica a ratos. Sin abandonar el nexo que la une al resto del set pero de pronto alzándose con una personalidad más afianzada. Y mientras que “Pills” descubre a (quizá) la mejor cara de su frontwoman, “Dead Eyes” calma los tempos para dar una muestra más de la propia versatilidad que atesoran. Se dejaron sentir los coros de Laria en una “Bother” en la que la gente acompañó con las palmas. Éramos pocos pero había ganas de romper con los rigores de la rutina y disfrutar de un poco de rock and roll.
The Magus responden entregando uno de los cortes más enérgicos del set, no otro que “Woman”, con la base rítmica de Bronco y el mencionado Laria aportando el debido empuje. Ouleia preguntó a Tamo si había traído el slide. Este respondió afirmativamente y procedió a dibujar el que sería, a la postre, uno de mis riffs favoritos del set, no otro que el de “Weirdo”. Y no me quisiera olvidar de Ernesto, el siempre aplicado guitarra rítmica del quinteto y, Ouleia al margen, el Magus más animado de la noche. Para el final quedaron la estupenda “Punished By God” y una “Shinin’” que daba título a su último álbum con la vocalista reconociendo que se trataba de su favorito del mencionado trabajo. De nuevo una buena versión de la banda. Uno de nuestros secretos mejor guardados. Esperemos que para cuando algunos se enteren no sea demasiado tarde.
State Of Crime And Science, o SOCS, son un animal bien diferente. También con voz femenina al frente. También en proyección de cotas mayores. Algo que demuestra ya lo enchufados que se les ve en el primero de los cortes, no otro que el homónimo estrenado hace unos días en su canal de Youtube. Mientras escribo esto, y perdonen que me vaya por las ramas, supera las quinientas visualizaciones. Muchas menos de las que merece, si me preguntan.
Divagaciones al margen, la banda se presentó sin novedad sobre el escenario del Tizón. Les teníamos relativamente recientes, aquél concierto en La Traviesa (Infiesto) allá por el mes de julio (crónica) pero el set del sábado poco tuvo que ver con aquél. Para “Lost” ya vemos a Osana desviviéndose por meterse a la gente en el bolsillo. Insisto a riesgo de parecer pesado, el escenario de la sala no da para muchas alegrías. Pero la vocalista de SOCS pareció en su mejor forma el pasado sábado. Aprovechó la banda para ir deslizando temas nuevos y que irán dando a conocer de manera periódica. Uno de ellos, ¿Puede ser que se llamara “Last Day”? es fácilmente uno de los más intensos que les recuerdo. Arrimándose al metal sin por ello abandonar su propia esencia. Estupenda.
Arrinconados en uno de los laterales, Víctor Pérez y Marc Segond pusieron de relieve una noche más lo bien que se complementan sobre las tablas. La clase de uno, el nervio del otro, conforman una dupla de lo más personal y reconocible. Volviendo al territorio conocido, no faltó “Through The Mirror”, una de las favoritas de quien escribe y donde la banda alcanza mejor sonido de toda la noche. Osana no se quiso olvidar de pedir un aplauso para The Magus, amén de mostrar su cara más desgarrada en una “Release” que ganó en aridez con respecto a ocasiones precedentes, y que contrastó con otro corte de nuevo cuño, que en una primer contacto me dejó un regustillo a post-grunge de lo más agradable. Estupendo riff aquí y muchas ganas de que estos temas se vayan dando a conocer en sus redes.
La propia vocalista nos contó cómo surgió “Hole”, dichosa pandemia, con un Iván Fernández siempre confiable tras los parches. La banda engancha entonces dos temas en castellano, siendo el primero el estupendo “Tanto Por Hacer” (que me recuerda a los más de cien discos que tengo pendientes ahora mismo) y otro que habrá de salir en próximas fechas. Este último, igualmente intenso, ya fue dando muestras de por dónde pueden ir los tiros del próximo Ep. Si la idea era crear expectativas, desde luego dieron en la diana. En “Should I?” no faltaron unas ¿improvisadas? presentaciones, mientras que el cierre llegó mediante un “Come As You Are” de Nirvana convenientemente adaptado al imaginario SOCS. Si una palabra les define esa es regularidad. State Of Crime And Science, nos los hemos cruzado unas cuantas veces, rara vez fallan. Si su nuevo trabajo trae aparejado un paso hacia delante para ellos tened por seguro que seremos los primeros en alegrarnos.
En resumen otro buen sábado de rock and roll. Saludar y agradecer a ambas bandas y a la buena gente del Tizón las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica y mandar sendos saludos a Noel Llamazares (Expropiazión, Metalversion), Javier De Coupaud (Mad Rovers, Last Days of Eden) y Jhonny Liver (Caballo Moldavo) y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Presentación por todo lo alto en el Gong Galaxy Club del tercer largo de los asturianos Totengott. Acompañados para la ocasión por los ferrolanos Marthyrium, ambos tríos supieron reunir una más que aceptable entrada en la noche del sábado 19 de octubre.
Armados con la seguridad que da venir con el estupendo “Through The Spheres Of Darkness” bajo el brazo, los gallegos Marthyrium emergen de entre las sombras justo cuando los relojes marcan las 21:00 para pronto arremeter con esa “Sightless” del mencionado segundo trabajo. Tharngrist, voz y guitarra, ejerció de punto focal de la banda. Los largos desarrollos, las disonancias que implementan a su bien conocido black metal, pilló con el pie cambiado a más de uno.
Y es que la recepción que tuvieron fue algo fría. No así su desempeño sobre el escenario. Con Balc (Balmog) ayudando en coros y más aún desde las cuatro cuerdas, no se echó en falta una segunda guitarra salvo en momentos muy puntuales del set. Las modestas pero elegantes pistas pregrabadas acompañaban al trío. Nunca como baza principal pero ocupadas en aportar el grado justo de atmósfera. Inapelable labor de Cannibal en baterías. Después de todo, cortes como “Rebirth In Death” así lo exigen.
Desde luego no la banda más activa arriba de las tablas. Tampoco la que más tiempo pierde en interactuar con la gente, más allá de algún puño en alto en determinados momentos del set. Tampoco es que lo necesiten. El público asturiano terminó por entrar en su particular forma de entender el black metal y la banda dio lo mejor de sí en unos cuarenta minutos de puro nervio e intensidad. Un lujo.
Turno para que Totengott presentaran un “Beyond The Veil” del que dimos cumplida cuenta allá por el mes de julio (reseña). Armados con nueva escenografía, esos dos paneles que adornan sendos laterales del escenario, amén de las distintas osamentas que coronan la parte frontal del escenario, “Chou” Saavedra se enfundó una noche más su capa negra y todo cuajó para ver una estupenda versión de los asturianos.
Una potente luz roja nos da la bienvenida. Firme con el doble bombo, José Mora nos recibe en una “Inner Flame” que da testimonio de la cara más acelerada del trío. Es un arranque atronador. Al menos en las primeras filas, el grosor que deriva de su propuesta, aún en un tema descosido y vibrante como este, ya da visos de la que se nos viene encima. Con el bajo de Nacho ganando en poso y presencia, la banda parece de lo más enchufada. Después de todo, un buen disco como este no se presenta en casa todos los días. De ahí que los chicos no tuvieran un segundo que perder. “Sons Of The Serpent” apuntala así su cara más atmosférica mientras que los coros de José Mora se revelan ahora fundamentales.
Que para la igualmente intensa “Marrow Of The Soul” ya viéramos algún tímido circle pit, pogos y mucho movimiento cervical da un poco la medida de lo bien que estaban sonando. El trío no es ajeno a las pregrabaciones. Nos reciben en una “The Architect” donde Saavedra pondría la voz limpia, Nacho la más rota y juntos dibujarían la cara más alucinada de la banda. Cuatro cortes de su nuevo álbum que hablan a las claras de la propuesta cada vez más personal e identificable que manejan.
Porque se produce cierto contraste cuando la banda recupera la más pretérita “Delusion Of Negation” y surge el mejor Saavedra de toda la noche. Con una entrada más que aceptable, hacía ya cierto calor dentro del Gong, Nacho echa rodillas al suelo y la banda ataca con su vertiente más thrash para de nuevo desatar pogos, circle pits y continuo agitar de puños y cabezas. Las propias paredes de la sala vibran con la extensa “Doppelgänger II: The Abyss” que daba nombre a aquél segundo álbum de 2019. Esta es una banda que nunca le ha temido a los desarrollos largos. Y a riesgo de parecer pesado, reiterativo, lo cierto es que hay cierta penitencia en unos riffs de un grosor como pocas veces hemos contemplado en la curtida sala ovetense.
La vuelta al tercer disco entrega otro uno de los cortes más crujientes de la noche. No otro que “Beyond the Veil Part II: Necromancer”, donde el humo y la propia condensación de la sala envuelven en bruma al flamante fichaje de Hammerheart Records. La extensa “The Golden Crest” vendría finalmente a cerrar el set del trío, entregando otra buena dosis de gordor y conjugándolo con su versión más trotona para otro de esos cortes híbridos en los que tan bien se manejan. Pero sería sin embargo “Ceremony II: The Way Of Sin”, a modo de bis, la que marcaría el final del set. Y tendría que repasar mis muchas crónicas de ellos pero creo que puede ser la primera en que no recurrieron a alguna de sus habituales versiones de Celtic Frost.
La sensación que trasluce una vez editado “Beyond The Veil” es la de que ya no lo necesitan. El trío ha sido capaz de traducirse desde la banda de versiones que era antes de la salida de “Doppelgänger” en una entidad de pleno derecho. Algo que ratifica el buen show que nos dejaron el pasado sábado. Es la linea a seguir, qué duda cabe.
Por nuestra parte nada más. Mandar sendos agradecimientos a ambas bandas por todas las facilidades y la nutrida compañía por el cariño y el buen rollo dispensados. Así da gusto. Ya sabéis: nos vemos en el siguiente.
Décimo octava edición de uno de nuestros festivales más queridos, el Atalaya Rock en Pozal de Gallinas, lugar de encuentro de muchos de esos amigos que uno ha ido haciendo en el camino y una referencia en lo que a hacer las cosas bien se refiere. El evento, gratuito un año más, contó esta vez con la participación de las bandas Valkyria, Toxikull, Rage, Ankor& Iron What? e introdujo una novedad: el pequeño meet and greet por el que se irían dejando caer los distintos integrantes del cartel. Uno de esos pequeños detalles que siempre suman y que formó buenas colas dentro del polideportivo de la localidad vallisoletana.
Faltan dos para las ocho cuando Sonia Moraleja, jefa del festival, toma el escenario para darnos la bienvenida y presentar a la primera banda de la jornada. Unos Valkyria a quienes teníamos aún frescos tras su paso por la primera edición del Luarca Metal Days (crónica) y que, insisto, siguen en progresión ascendente. De primeras me llamó la atención lo de las tres baterías ya montadas sobre el escenario. Algo que entendimos como una forma de ahorrar tiempo y que, vistos los horarios sobre los que se desarrolló la jornada, acabaría dando la razón a la organización.
Volviendo a la banda vasca, bien es verdad que no fue mucho el tiempo del que dispusieron, pero desde luego que supieron aprovecharlo. Yeray Hernández es un frontman con carisma y la banda sabe cómo armar piezas de un power / heavy pegadizo y con gancho. “La Cuna Del Silencio” que abre su último disco de estudio sería la encargada de darnos las primeras alegrías de la jornada, con la banda sonando a buen nivel ya desde el comienzo y la confianza que otorga el saberse ante un público afín. Para “Ave Inmortal” ya vemos a una buena versión del cuarteto. Buenos temas y mejores interpretaciones para una letra con la violencia de género como trasfondo.
El DünedainCarlos Sanz, que a última ahora afrontaría el reto de emular a un tal Bruce Dickinson, no quiso perder la oportunidad de subirse a escena junto a sus colegas de Valkyria y dejarnos su habitual derroche de voz y energía en una “Cenizas De Sangre” que en nada desmereció a su encarnación de estudio. Brilló de nuevo el duelo solista de Yeray y Borja en “Contracorriente” y, presentaciones mediante, la buena respuesta de la gente en “Abatido”. Su habitual final con “Código De Honor” volvió a demostrar que esta es una de esas bandas a seguir bien de cerca. A ve si con un poco de suerte la próxima vez que crucemos nuestros caminos es con un set completo.
Otros que andan en una onda parecida son los chicos de Toxikull. Los lisboetas, cada vez más habituales en nuestros escenarios, llegaban a Pozal De Gallinas con la intención de seguir confirmándose como uno de los secretos mejor guardados del heavy metal en el sur de la vieja Europa. En el seno del también cuarteto queda no obstante la sensación de que habitan dos almas. Una deriva hacia el speed metal. Ese inicio descosido con “Nightraiser”. La otra, la que entrega temas como “Around The World”, deriva a los del país vecino hacia las lindes del hard rock. Sea como fuere, “nosotros somos Toxikull y tocamos heavy metal” había dejado dicho Lex Thunder. Y tanto que sí.
La más vibrante “Killer Night” vuelve a destapar la marcada dualidad del set. Siempre a caballo entre la potencia del speed y la clase del hard / heavy. Pero la banda entrega buenas ejecuciones en ambos registros. Y aunque Lex Thunder llegara algo justo de voz a alguno de los temas, no creo que nadie pueda dudar hoy del desempeño de Toxikull en Pozal de Gallinas. En “Under The Southern Light” esgrimen de hecho su vertiente más épica En las cercanías del escenario al sonido le sobraban graves. Nada que no arreglasen unos pocos pasos hasta las proximidades de la mesa del sonido donde la mezcla mejoraba de forma considerable.
“I Will Rock Again” de nuevo me recordó por momentos a los murcianos Hitten mientras que “Night Shadows” reveló hasta qué punto llegaron de engrasados los del país vecino. Pura zapatilla portuguesa se podría decir aquí. Y me hizo gracia que versionaran “Iron Fist” de Motörhead, de tanto en cuanto fueron Exciter quienes la tocaron a su paso por Oviedo en 2022, con los propios Toxikull como teloneros. Casualidad o consejo por parte de los canadienses, me temo que nunca lo sabremos. En cualquier caso, el final con “Metal Defender” y pese a que como digo Thunder llegase algo justo ya, entregó buena parte de la mucha clase que atesoran. Buenos riffs, mejores solos, una sólida base rítmica y la sensación de que van para arriba.
Con las huestes de Peavy Wagner sobran las presentaciones. Rage, que andan celebrando su cuarenta aniversario (se dice pronto) llegaron al Atalaya con la seguridad que da un setlist confeccionado a la medida de sus fans de toda la vida. No obstante la labor de reunir en un único set tan vasta discografía, treinta álbumes de estudio nada menos, se nos antoja un imposible.
A revientacalderas, “Cold Desire” sube la temperatura del polideportivo Samuel Rodríguez ya desde el primer momento. Tras Peavy (bajo y voz) y Jean Bormann (guitarra y coros) emerge un grandísimo Vassilios “Lucky” Maniatopoulos en baterías. La voz de Tri State Corner confirmó con su pegada estar a la altura de los no pocos ilustres que le han precedido en el puesto. Y mientras que el rubio guitarrista brillaba con luz propia en el solo de “Straight To Hell” (una de esas que no podían faltar), me asaltaba la pregunta de a cuánto cotiza la actual alineación de Rage entre las muchas de las que ha dispuesto a lo largo de cuatro décadas de existencia.
Porque lo cierto es que les vimos muy bien de forma y también de compenetración y ganas a lo largo de todo el set. Un set no exento de inconvenientes. Hubo que reemplazar uno de los pedales de la batería de Maniatopoulos. Peavy aprovechó para charlar con la gente. Para bromear incluso con que el siguiente tema lo compuso el mismo año en que Bormann vino al mundo. Un corte que resultó ser no otro que “Black In Mind”, a buen seguro uno de los más queridos de la camaleónica formación germana. La banda encadena entonces con otro clásico pretérito como es “Refuge” y Rage y Atalaya parecen casi un único ente indivisible. Especialmente cuando la intensidad desciende en la parte final y Rage apostillan un pequeño impasse que coqueta con el reggae. Pequeño guiño cómplice y la sensación de que la banda estaba disfrutando de lo lindo.
Porque vimos muy risueño a Wagner durante toda la noche y bastante bien de voz a pesar de los muchos años y el no poco desgaste que estos aparejan. Una banda que apenas ha parado de girar en todo este tiempo y un tipo carismático y querido donde los haya. El propio Bormann haría sus pinitos en nuestra lengua. Una pequeña muestra más del cariño que la actual alineación de Rage siente por el público de habla hispana. Hay algo en su manera de moverse sobre el escenario, en sus muchas poses y gestos, que me recuerda al bueno de Richie Faulkner (Judas Priest). En cualquier caso y al igual que sucede con el propio “Lucky”, un músico de sobradas garantías. El de Duisburg presentaría así otra de las grandes favoritas, “Back In Time” porque, aunque fuese a pequeños destellos, los Rage más sinfónicos no podían faltar en esta gran celebración de su amplio legado.
Uno vibraba ya con semejante setlist pero es que “Days Of December” sería aún más celebrada si cabe por el público del Atalaya. En lo personal disfruté en mayor medida de “Let Them Rest In Peace”, con Bormann tirando de guturales como si nada y destapando así a los Rage más sucios y abruptos de la jornada. También “Great Old Ones” de un disco, “Soundchaser”, por el que siento un cariño muy especial. Bormann se puso a hacer headbang en “End Of All Days” como si en el empeño le fuera la vida. Tan cómodo en el puesto que parece que llevara toda la vida. “Don’t Fear The Winter”, desde luego, no podía faltar en este amplio repaso. Atalaya la gritó con ganas y a servidor se le pusieron los pelos de punta en varios momentos, testimonio de la gran comunión entre público y banda que vivimos.
Para los bises Wagner tendría tiempo de recordar la génesis de Rage, no otros que Avenger, de los que vino a recuperar una “Prayers Of Steel” que pilló con el pie cambiado a más de uno. El final, como no podía ser de otra forma, entrega una “Higher Than The Sky” en la que Bormann adornaría su pie de micro con una bandera que le habían tirado desde el público serigrafiada con el logo de la banda. Wagner la enfrentó con púa, única de todo el set si mis ojos no me engañan, y quien más quien menos coreó con ellos hasta el último aliento. Un gran final para un gran derroche de cariño y nostalgia. A buen seguro una de las bandas foráneas más queridas por este medio.
Con Ankor llegaba el turno de la apuesta más diferente del cartel. Los tarraconenses llegaban al Atalaya con la intención de confirmar que siguen, como se dice ahora, con la flechita para arriba. La banda que comanda en voces Jessie Williams cuenta ahora con Eleni Nota (ex Nervosa) en baterías y prospera a base de entregar buenos directos tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
Apoyados por la puesta en escena más cuidada de la jornada, quedaba la duda de cuanta gente se quedaría a ver una propuesta tan contemporánea e híbrida como la suya. Después de todo, en el cartel primaba cuatro contra uno el metal de corte clásico. Pero resultó que la buena gente del Atalaya Rock aún tenía ganas de fiesta. Y precisamente fiesta es lo que ofrece el quinteto desde que Williams arremete con las cuidadas y a la vez atrevidas líneas de voz de “Darkbeat”. A un tiempo descosida, al otro bailable, la banda ya dio muestras aquí de lo diverso de su propuesta.
El buen sonido del que gozaron les a agiganta. Williams nos dijo que aquél era su último bolo del año, por lo que sin duda venían a dejarse la piel. Y desde luego que lo hicieron. La pareja que forman Fito Martínez y David Romeu en guitarras es tan híbrida como la propia propuesta de Ankor. Inquieto y sonriente el primero, más serio y concentrado el segundo, se compenetraron a la perfección a través de composiciones tan curiosas como “Walking Dead”, con esa pequeña estrofa en nuestro idioma. De “Stereo” emergió la mejor Eleni Nota. Tan impasible en el gesto como segura en su desempeño, la de Serres parece haber caído de pie en el seno de la banda catalana. Que haya pasado del thrash sucio de Nervosa al metal de nuevo cuño de los catalanes sin perder un ápice de eficacia habla y no precisamente mal de su desempeño.
Un poco a pachas entre Romeu y Martínez nos contaron la historia que sirve como trasfondo a “The Legend Of Charles The Giant”, que sería a la larga una de las más celebradas de todo el set. Buen circle pit el que se montó aquí. Se notaba mucha complicidad entre los miembros de la banda. Y, gustos al margen, quiero pensar que se contagió su manera a veces tan bruta, a otras tan incluso bailable de entender el metal moderno. Se puede argüir en su contra la tremenda profusión de pregrabaciones de las que echan mano. Pero cuando Williams pide los coros del público para “Hill Valley” desde luego que los encuentra. “A nosotros nos da igual tocar en Wacken para 80.000 personas que hacerlo aquí” había asegurado Romeu. A juzgar por las ganas que le echaron, no seré yo quien contradiga al de Tarragona.
Buena se montó cuando tiraron un buen saco de globos a la audiencia. Más aún cuando acompañan con alguno de los temas más rotos e intensos del set como es “Prisoner”. Tanto o más con el marcado acento electrónico que porta la final “Embers”. La imagen de tantas melenas al viento bailando al son de la correspondiente pista pregrabada fue algo digno de ver. Muy disfrutones. Por estilo uno entiende que se le puedan atragantar a los fans más clásicos (no quisiera decir puretas) pero están en un momento de forma tal que no cabe sino rendirse. Más de uno bailó con el “Played-A-Live” de Safri Duo que dispararon a modo de despedida. Que salieran victoriosos ante un público (a priori) tan diferente al suyo creo que habla bien a las claras del tinglado que montaron. No quisiera olvidarme del gallo final de Fito Martínez. Estábamos en Pozal de Gallinas después de todo. Para no perdérselos.
Para el final quedaban Iron What? para rendir tributo a Iron Maiden. Una banda ya de larga trayectoria, nada menos que 20 años y que cuenta con los DünedainCarlos Sanz en voces y Alberto P. Velasco en guitarras. Con la escenografía más trabajada de todas cuantas bandas tributo hemos visto, quizá a excepción hecha de los asturianos Ritual, no fue poca la gente que se quedó a ver a los pucelanos.
El ya mítico speech de Winston Churchill haría arrancar un set que entregaría “Aces High” con Carlos Sanz cantando ya a un nivel altísimo. Y sin dejar de moverse. Enfundado en la clásica imagen de Dickinson durante la gira del “Final Frontier” y aunque fuera con temas ajenos y a favor de obra, volvió a confirmarse como uno de los grandes vocalistas de heavy metal de este país. La banda, tres guitarras en escena donde el propio Velasco no podría parecerse más a Dave Murray, atacó entonces una “2 Minutes To Midnight” que rara vez va a fallar en una cita como esta. “Dieciocho años de Atalaya y veinte de la banda…. aunque yo llegué después” exclamó irónico Sanz. Enfrentaron entonces la más facilona “Wasted Years” y su tan coreable estribillo fue cantado a voz en grito.
En “The Trooper” no faltó la Union Jack en manos de Sanz. Puede que el vocalista no sea tan ducho en el ondeo de enseñas como lo es en el manejo de tonos casi imposibles pero pocas pegas más les podremos poner a los chicos. Nosotros nos íbamos ya. No por gusto, más bien por el cansancio acumulado (el concierto de Leather Boys y Nashville Pussy de la víspera, los desplazamientos, acumulados, los que aún quedaban por delante) pero en estas que la banda acometió “Rime Of The Ancient Mariner” y ni a patadas nos habrían echado de allí. Es por ello que podemos decir que la banda salió más que airosa del temible envite. En especial de la efervescente y difícil sección solista que ocupa buena parte de la composición. Más allá de las reservas que nos puedan provocar los tributos, máxime cuando son a bandas aún en activo, lo cierto es que la gente vibró de lo lindo con ellos.
Heavy metal para luchar contra eso que han venido en llamar “España vaciada” mediante otra gran edición del Atalaya Rock. Sin traicionar a su espíritu, albergando a un buen número de fans que supieron disfrutar en armonía del atractivo cartel. El buen sonido que entregaron los shows, la exquisita puntualidad con la que se desarrolló la jornada y la seguridad de que el año que viene y salvo causa de fuerza mayor, nos volverán a ver por allí. Por nuestra parte nada más. Agradecer de nuevo a la organización la grata acogida que nos brindó así como dar las gracias por las facilidades dispuestas de cara a la confección de esta crónica. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Casi veinte años para este par de servidores sin ver al matrimonio Cartwright eran muchos años. Por eso cuando se supo de una nueva venida del «Coño de Nashville» a nuestros dominios, la cita pasó de inmediato a contar como ineludible. Acompañados por la buena gente de Leather Boys, con la Sala Acapulco como marco y a pesar del desplazamiento que nos aguardaba para la jornada siguiente, allí que plantamos nuestras herramientas cara a confeccionar la crónica que hoy os brindamos.
Y que abren con puntualidad británica una de las bandas más activas de la región, Leather Boys, a quienes este año hemos cubierto ya en no pocas citas. Siempre es un gusto que diría aquél. Abren con “Rebirth” ya en buena forma. Haciendo buen uso de la ineludible tarima de Acapulco y dejando un muy buen sonido. Pocas comodidades sobre el escenario. Su backline colocado delante del correspondiente al cabeza de cartel restaba algo de movilidad a los chicos.
Que da igual porque enseguida enlazan tres temas y la audiencia, muy a favor de obra, les recibe con los brazos abiertos y muchas ganas de pasarlo bien. No es hasta “Fairy Tales From The Underground” que se permiten una pequeña pausa, cogen algo de aire y Leather Sex la emprende con su habitual ristra de comentarios jocosos. “Esta es la juventud del papa”, grita Acapulco. Fue un set de gran comunión con la gente. Un público al que han sabido macerar a fuerza de encadenar buenos shows y que ahora responde a su desempeño con el cada vez más habitual “Leather Boys, qué hijo puta sois”.
Crujen algunas rodillas cuando Leather Rose nos manda al suelo en “St Mary’s Dance”. Leather Latin Lover aprovechó entonces las virtudes del inalámbrico y se perdió entre la gente. Mientras tanto, Leather Sex confeccionaba uno de los solos más certeros del set. Es el propio bajista de la formación asturiana quien carga con alguna de las estrofas de “To The Curb”, uno de sus cortes más rotundos y potentes. Tras una pequeña ristra de agradecimientos llegaría el turno de “Born In the 70’s”, un corte que ya apunta a clásico para la banda y que recibimos de buen grado. Su despedida, furibunda interpretación del “Ace Of Spades” mediante, provoca su habitual catarsis final con Leather Latin Lover haciendo crowd surfing y Sex & Rose perdiéndose entre la gente. Siempre divertidos.
Con su propio backline emergiendo de la parte de atrás del escenario, unos amplis Marshall con pinta de haber conocido tiempos mejores, llegaba el turno de los indómitos Nashville Pussy. La banda radicada en Atlanta volvió a dar una lección de rock and roll efervescente, repleto de actitud y potencia, en una encarnación que de tan orgánica nos puso los pelos de punta a más de uno.
Ningún aditamento más allá del parche que recubre el bombo de la batería y el telón de fondo. Pero toneladas de energía. El año que viene se cumplirán veinte años de mi primer encuentro con ellos pero parece que por Blaine y Ruyter no haya pasado el tiempo. Sus caras pueden mostrar más arrugas a día de hoy. Su rock and roll sigue igual de sórdido y ardiente.
La inicial “Pussy’s Not A Dirty Word” ya nos pone sobre aviso de la que se nos viene encima. Blaine Cartwright, el sombrero y las gafas azules, enfrenta las estrofas con su actitud de toda la vida. La sala vibra casi con cada acorde y, haciendo memoria, puede ser que desde Sex Museum nadie sonara a semejante volumen en la sala gijonesa. No es hasta el tercer tema del set, “She’s Got The Drugs”, que el cuarteto se toma un respiro. Emerge aquí una siempre inquieta Ruyter Suys, que extrajo un estupendo solo de una de las SG más desvencijadas que hemos visto en bastante tiempo.
La facilona “Come On Come On” sería a la larga una de las más coreadas de esta parte inicial del set. “Rock in the old fashioned way” había dejado dicho Cartwright. Y tanto que sí. La bajista Bonnie Buitrago parece haber caído de pie en el seno de la banda. Sus buenos coros en “Speed Machine” en particular y a lo largo del set en general así lo atestiguan. El matrimonio es el lógico punto focal de Nashville Pussy pero, como es lógico y evidente, sin su aportación ni la del renombrado Dusty Watson a los parches la banda no funcionaría en la medida en que lo hace. El de “High As Hell” podría ser fácilmente mi riff favorito del set. Cuando se dan al rock sin medida, a la pura adrenalina, como es el caso en “Ain’t Your Business”, pocas bandas del género le podrán hacer sombra a los de Atlanta.
Que si sabemos qué son las drogas, pregunta Blaine, a lo que la audiencia responde con chascarrillos diversos y la banda con una “You Give Drugs A Bad Name” a la que Suys imprime un cierto aire a ZZ Top que no pasaría inadvertido. Menos el rock enfebrecido de “Going Down”, con Watson aporreando los parches con desmedida saña para uno de lo pildorazos más furibundos de la noche. Y fíjate que no fue un show sin inconvenientes. La guitarra de Suys había dado algún problema a la salida de la banda. Pero para cuando echa mano de su wah color rosa en “Testify”, el cuarteto da cumplido testimonio de su gran momento de forma. Blaine, que para este tema en particular abandonó su igualmente gastada Explorer, entregó aquí alguna de las mejores voces de la noche. De nuevo a dos guitarras la banda ofrecería entonces uno de los cortes más grasientos a través de “Everybody’s Fault But Mine”, con Cartwright extrayendo lo mejor de cuanto quedaba en su maltratada garganta. A “Strutting Cock” la precede un pequeño pero esforzado solo de batería. Suys agitaba la toalla en dirección a Watson y no era para menos.
Suys paseó la botella de Jack Daniels por el mástil de su SG en “Hate And Whiskey” y la banda se tomó un pequeño respiro. Más que merecido a estas alturas, desde luego. Y es que después “Philbilly Blues” sonó tan por encima de la versión de estudio que aquello parecía casi absurdo. Como toda buena banda de rock and roll son un animal de directo y “Till The Meat Falls Off The Bone”, de nuevo con Cartwright abandonando su Explorer y aprovechando para jugar con el pie de micro, no hace sino atestiguarlo. Volvería a calzarse su leal Gibson para apoyar el solo de Suys y cerrar un set que ya entonces cotizaba entre los mejores de cuantos hemos visto este año. Blaine lo culminó quitándose el sombrero, arrojando un par de cervezas sobre él y bebiendo de ellas después, rubricando así la fiesta que habíamos vivido.
Pero a la que aún le quedaban sus bises de rigor. A saber: la intensidad de la cachonda “Rub It To Death”, la tremenda efectividad de la más vacilona “Why Why Why” y el cierre con la cierta sordidez de “Go Motherfucker Go” pondrían el broche a otra gran noche de rock and roll. Ruyter la cerraría rompiendo las cuerdas de su vieja SG. No paró hasta que no le tiró las seis a la gente. Que nunca nos falten.
Qué gran noche. Disculpen que nos fuéramos con más premura que en ocasiones anteriores, aún teníamos una buena ruta por delante, por lo que me gustaría aprovechar para mandar un saludo a toda la buena gente con que nos cruzamos en la noche del viernes y también dar las gracias a la organización por todas las facilidades. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
La nueva visita de los sevillanos Reincidentes a tierras asturianas tuvo lugar el pasado viernes 4 de octubre en nuestra querida Sala Acapulco de Gijón y lo harían acompañados por los navarros Linaje, de Berriozar concretamente, lo que a la postre sería una gran combinación.
La cita estaba prevista para las 20:00 horas y desde minutos antes ya se apreciaba un nutrido número de personas en los aledaños de la sala. algunos haciendo cola esperando la apertura de puertas, otros conversando con amigos que, a buen seguro, cosas de la vida, se ven en poco más que estas ocasiones. El personal de sala se asomaba de vez en cuando a ver el ambiente y hasta en dos ocasiones nos invitó a entrar, Linaje estaban a punto de iniciar su descarga cumpliendo rigurosamente con la hora prevista.
Lo que me encontré al entrar fue una sala desangelada, supongo que, como comentaba, la peña se estaba poniendo al día y que Linaje es un grupo apenas conocido por estos lares, que supongo no llamaba mucho la atención. Esto no supuso que los jóvenes navarros se amedrentaran ni un ápice ni que a las 20:25 empezaran con la batería de temas que formarán su primer disco a punto de ver la luz.
La única referencia que un servidor tenía del grupo es que su cantante Aaron Romero, hijo del gran Kutxi Romero, formaba parte del mismo. Le acompañan Asier Cuiral y Aimar Goikoa a las guitarras, Alain García al bajo y Asier González a la batería. Con Aaron ya había coincidido en los conciertos que Marea dio en Gijón (crónica) y Madrid en 2023 donde les acompañaba en el tema “Corazón De Mimbre” causándome muy buenas sensaciones, por lo que, ver lo que hacía su banda era todo un aliciente.
Lo que descubrí fue un grupo muy joven, entre los 18 y 19 años, que hacen buen rock n’ roll con claras influencias de Extremoduro, Barricada, Platero y Tú o los mismos Marea pero dándoles a sus canciones un toque muy personal. Comenzaron con el tema que, previsiblemente, dará título a su primer disco “Desataron A Los Perros”, para continuar con “Ay Morena Mía” y “Una Lluvia Incomprendida” y dar los primeros agradecimientos a Reincidentes por la invitación a compartir gira.
Siguieron con “Canto A La Libertad” y “Cupido”, con un precioso solo por parte de Aimar. En ese momento la sala ya empezaba a estar más concurrida y la actitud de Aaron sobre el escenario, que no dejó de moverse de un lado a otro, animando aun a sabiendas de que pocos conocerían sus temas, consiguió que, poco a poco, nos fuéramos metiendo en el concierto y disfrutáramos de lo que veíamos y escuchábamos.
Unas estrofas recitadas por Aaron para presentar “Querida Libertad”, seguir con “A La Luna” y pasar a presentar a los colaboradores que les acompañarían en el siguiente tema, Mikel de Deklibe, con Asier dejándole su guitarra para coger él una acústica, y Manu Roz de Baja California a la voz. Según Aaron: “un placer tocar este tema de, posiblemente, la mejor banda de rock que ha dado este país, Los Suaves” y su “Malas Noticias”. Con todos ellos sobre el escenario, y el público ya totalmente entregado, hicieron una preciosa y personal versión del tema, en la que Aaron rasgó su camiseta, hecho que se está convirtiendo en marca de la casa.
A continuación, aunque, como el propio Aaron comentó, no es muy habitual en una banda que empieza haga una canción en acústico a mitad de un concierto, todos los músicos dejaron el escenario, dejando solo al vocalista con una guitarra acústica para, después de un problema técnico que casi le obliga a cantar a capela, interpretar la sentida “Vuelve” que dedicó a su abuela.
Con los músicos de vuelta encararon la parte final del concierto con “Capitán” y el precioso tema “A Remojo” que les sirve como carta de presentación, por ser su primer single. Animando a la audiencia a acompañarles, terminaron con “A Capela”.
Un buen concierto de Rock and Roll de este joven grupo, digno sucesor de su linaje (de su padre), como coreaba una parte del público, que quiso poner toda la carne en el asador e interpretar sus propios temas a pecho descubierto, todo un reto para una banda que empieza y que acertadamente ha optado por no abusar de versiones. Prometieron volver el próximo año, ya con su disco bajo el brazo. Si nada lo impide allí estaré.
Para cuando Reincidentes salieron a escena la sala presentaba un aspecto totalmente diferente al inicio de la velada, casi lleno, pues muchos de los asistentes retrasaron su entrada hasta que Linaje estaban finalizando su actuación. Había ganas de ver a los andaluces que, si la memoria no me falla, no visitaban tierras asturianas desde su participación en el FICAL allá por el 2018.
El rock con tintes punk que practican tiene muchos adeptos por estos lares y su descarga fue como el disparo de una ametralladora de repetición. Sin apenas pausas hicieron un repaso por su discografía dejando claro su compromiso social y su buen estado de forma.
Empezaron con “Yaveh Se Esconde” de su lejano primer disco enlazada con “Terrorismo” del más reciente “Vergüenza”, que en las que tocan un tema tan actual como lo que se está viviendo en oriente próximo. Continuaron con “La Republicana” donde los coros del respetable resultaban atronadores y tras la cual se oyeron varios “Puxa Asturies Dixebra”, grito al que Fernando Madina no pudo evitar unirse, mencionando el largo tiempo que había pasado desde que lo oyera por última vez.
La descarga siguió con “La Historia Se Repite”, “Odio” y “Una Noche”, temas en las que los pogos se sucedían uno tras otro. Se disfrutó de un sonido espectacular, tan solo algún pequeño contratiempo con el inalámbrico de la guitarra de Juan M. Rodríguez Barea, que rápidamente fue solventado por el técnico.
Continuaron con «Camela 3«, critica a la desinformación publicada en 1991 y con tanta vigencia a día de hoy. Sin respiro, continuaron con “No Paramos De Mover Las Manos”, single compartido con El Canijo De Jerez, “Escapa”, la divertida “Himno al Bar”, y siguieron enlazando temas hasta el emotivo “Explosivo” homenaje al fallecido Boni de Barricada.
Encadenaron “No Somos Nada”, “Carmen” y “Aprendiendo A Luchar” tras la que Fernando hizo pausa para dar las buenas noches y agradecer su asistencia a los presentes. Turno para uno de sus himnos más conocidos “Ay Dolores” que el respetable coreó a todo pulmón.
Nueva batería de temas en la que no faltaron “Lo Que Nos Queda” de Maniática, anterior banda del ahora reincidente Javi Chispes que se encargó de cantarla. “Huracán” con su heavy riff inicial, la rocanrolera “Los Hijos De La Calle”, la muy coreada “Nazis Nunca Más” o “Cucaracha” en la que desplegaron una bandera en apoyo a las6 de la Suiza. Incluso hubo un espontáneo que quiso acompañarlos subiendo al escenario a corear junto a Javi.
Siguieron con la más punk “Rip-Rap” para continuar con “La Rabia” y su himno antitaurino “Grana y Oro”, otra de las más coreadas, para seguir incrementando la locura de la audiencia con su “Vicio”. Encararon la recta final de su descarga con la rockera “Andalucía Entera” para seguir con la también muy coreada “Jartos de Aguantá” y terminar con “Todo No Da Igual”.
Un total de veintinueve variados trallazos que dejaron al respetable empapado en sudor de bailar, saltar, “poguear” y cantar a todo pulmón. El grupo, por su parte, pareció estar divirtiéndose durante toda la actuación, intercambiando miradas cómplices y sonrisas en las incontables carreras y cambios de posición que realizaron, demostrando estar en plena forma y que su música sigue muy vigente.
Un saludo a la organización y a los habituales que allí nos encontramos. Nos vemos en el próximo. Hasta entonces salud y rocanrol.
Parada asturiana del tour que ha traído a la península a Michale Graves y en la que rinde tributo a la que fuera su banda, las luminarias del horror punk Misfits. Acompañado para la ocasión por la buena gente de House Of Dawn, no fueron muchos los tickets que quedaron por vender en taquilla pese a tratarse de un martes, lo que viene a hablar muy bien del cariño que aún despierta el legado de la banda americana.
En descargo de House Of Dawn cabe decir que no fue mucho el tiempo del que dispusieron, alrededor de treinta minutos, amén de que el propio estilo de la banda, esa amalgama de rock alternativo con trazas sureñas. O ese metal sureño con reminiscencias grunge, no casaba en gran medida con el cabeza de cartel. En cualquier caso una atractiva amalgama que le sirve a los murcianos para trazar temas interesantes, me gustó ese “Learn The Lesson” de su primer álbum, y en el que la gente fue conectando a cuentagotas.
El interesante juego entre registros de su frontman Jacob Cámara le sienta como un guante a la propuesta de la banda. Un Cámara que no quiso dejar de comentar las ocho fechas que habían llevado a cabo con Graves, mandar los debidos agradecimientos a público y promotores y dejarnos un “Grow” que le sirvió al batería de la banda para dar toda una lección de intensidad y pegada. Nos agradaron y esperamos verles pronto de nuevo por estas latitudes.
El de Michale Graves iba a ser un set arrebatado por la nostalgia y el cariño. Misfits, banda de culto donde las haya, pioneros del horror punk con permiso de The Cramps, es un nombre de gran peso en nuestro imaginario colectivo. De ahí que, pese a no ser del todo nuestro negociado, la ocasión de pasar un martes disfrutando de música en directo venció finalmente al último de los pecados capitales.
El propio Cámara, ahora al bajo, junto con el guitarrista de su propia banda, acompaña en escena a Graves. Éste, enfundado en gorro, guantes, rodilleras de hockey, llamativo chaleco y su particular e inconfundible corpse paint, haría las delicias de la audiencia. El inicio, descosido por parte de la banda pero con un Graves inamovible, casi hierático, provoca ya los primeros pogos en la Gong. Que el sonido fuera algo enmarañado durante los primeros temas pareció no importar. Que el de Dumont (Nueva Jersey, Estados Unidos) apenas abandonase su monolítica posición sobre el escenario, tampoco. La audiencia desfogó y disfrutó como si en el empeño les fuera la vida.
Graves aprovechó para frenar el buen ritmo del show y coger algo de aire mientras nos contaba la intrahistoria de “Dig Up Her Bones”, que aseguró haber compuesto cuando tenía quince años. Con el sonido mejorando a tímidos pasos, huelga decir que sería una de las mejor celebradas de esta parte del set. En “Last Caress”, que algunos conocimos gracias a unos tales Metallica, vimos al vástago de cierto caprino haciendo crowd surfing. No faltó “Mommy, Can I Go Out And Kill Tonight?” y al final las ganas de pasarlo bien se impusieron al estático desempeño de un Graves que aún así sudó hasta casi derretirse sobre el escenario.
Mientras que “Lost In Space” puede pasar algo inadvertida, es “Dust To Dust” la que pone a la sala en coro. Apuraba Graves su último hálito de voz ya a estas alturas. El de New Jersey, al parecer aquejado de un catarro desde hace días, peleó desde su mencionado hieratismo para sacar adelante un set con la nostalgia como principal argumento. En lo personal y sin que se me enfade nadie, he de decir que la parte final del show se me hace un poco cuesta arriba. Es una simple cuestión de hábitos y costumbres. Lo cierto es que Graves, mientras que su guitarrista se afanaba para reemplazar una cuerda rota de su Telecaster, aprovechó para tener un momento de cercanía, casi de intimidad, con el público asturiano. Incluso para hacerse una foto con un fan enmascarado o felicitar el 22 cumpleaños al bueno de Pelayo López.
Todo volvió a los cauces normales con “Die Monster Die” y un Graves esforzado y voluntarioso. “Descending Angel” sería a la postre una de las más celebradas y coreadas de la jornada. El speech que precedió a los bises, sin embargo, dejó cierto sabor a despedida, con el vocalista dejando caer que podría ser aquella su última gira por el viejo continente. Por temas de salud pero quizá también por su de sobras conocido posicionamiento político. “Helena”, si mis notas no me engañan, cerraría un set en el que la nostalgia terminaría triunfando por encima de cualquier otra circunstancia.
Por nuestra parte nada más que agradecer a la gente de Luarca Metal Days por las facilidades, mandar un saludo a los habituales de siempre, no fallan ni en martes y ya saben: nos vemos en el siguiente.