Crónica: Elizabeltz + Ritual (Gijón 30/3/2024)

Primera parada del Demonic Tour que vino a juntar en la Sala Acapulco al tributo a Ghost Ritual junto con las huestes de Elizabeltz en una intempestiva, lluviosa y en definitiva horrible tarde de sábado. Una fecha, además, algo extraña. Nunca sabe uno a qué atenerse en la dichosa semana santa, y si bien el jueves había salido cara, nos temíamos que la cita sabatina pudiera sufrir su peculiar vía crucis en lo que a venta de entradas se refiere. Finalmente no fue el caso y si bien ha habido shows allí con audiencias mucho mayores, tampoco se puede decir que estuviéramos en familia.

Porque lo cierto es que vimos unas cuantas caras nuevas, mucha gente joven, ávida de disfrutar de la cara más teatral de este gran invento que es el rock and roll. Son alrededor de las siete y media cuando “Anarkangela y los señores de la plaga roja” hacen suyo el remozado escenario gijonés. Batería a un extremo y en el centro lugar para un gran crucifijo del que cuelga un pequeño sintetizador. Ropajes raídos y velos ocultando sus caras. El propio Anarkangela, maquillado y de punta en negro, carga con una corona de espinas en su cabeza. Es su escenografía y uno casi pudo sentir el asombro de quienes, en las primeras filas, no conocían aún al combo vasco. Nosotros sí. Aquella jornada en el Kuivi PopUp de 2022 junto a Totengott (crónica).

Y aunque uno iba ya sobre aviso, no puede más que volver a sorprenderse por su puesta en escena y su conexión con la gente, aún a pesar de la infranqueable barrera que supone el enfrentar todo un setlist en euskera fuera de las lindes de su tierra natal. Aquí es donde sale a relucir la buena presencia de la banda, algo que va más allá de la mera imagen, y es que aparentan ser músicos de gran clase. Como queda claro ya desde los primeros cortes como “Levitico 15” que, además, van a gozar de gran sonido, todo parece ir sobre ruedas.

La versatilidad para saltar entre registros de Anarkangela, los buenos riffs que desglosaron o el mayor empaque técnico de “H Arra”, de aquél Ep homónimo de 2019, terminan por decantar la balanza en su favor con esos pulsos más grandilocuentes del epílogo. El inicio tenebroso de “Bele Beltz Baten Kanta” y su marcado desarrollo ambivalente amplifica la teatralidad del conjunto.

En “Mantra BerriAnarkangela abandona el escenario de forma repentina y, quien más quien menos, no sabe qué está pasando. Y lo que sucede finalmente es que el frontman aparece por una de las salidas de emergencia de la Acapulco calzado sobre aquellos zancos con los que sorprendiera a propios y extraños en el Kuivi de hace un par de años. Pudimos ver aquí, además de la versatilidad del resto de miembros de la banda al micro o también que se habían traído a alguno de los suyos desde su tierra, quienes micrófono mediante, no dudaron en cantar tan pegadizo estribillo.

Fue el punto álgido del show. Y si bien en la parte final quizá no fueran capaces de concitar tales niveles de atención, qué duda cabe que sigue albergando temas de gran calidad. Uno es ese “Gabriel Ala Deabrua?” que ya captó en gran medida mi atención cuando escuché el álbum (y escribí la correspondiente reseña)

Instalados ya en el tramo final del show se atrevieron a dejar un tema de aires tranquilos como es “Kurtzio Udazkenean”, también de último álbum que desde luego deberíais escuchar. Demostraron tener cintura aquí y, desde luego, saber construir un set lo suficientemente heterogéneo para que no sea sólo la imagen y la puesta en escena aquello que capture la atención, también la emoción, de quien religiosamente ha pagado su entrada. Por cierto, el detalle que la banda tuvo al final con para con su líder, quien sufrió la pérdida de su abuelo hace escasas fechas, denotó el gran compañerismo y humanidad de los chicos. Vaya para él desde aquí nuestro más sincero abrazo.

Faltan pocos minutos para la nueve cuando suena “Masked Ball”, aquél tema de Jocelyn Pook que adornaba una de las escenas centrales de “Eyes Wide Shut”, la engañosa, oscura y terriblemente infravalorada última película del maestro Stanley Kubrick. Sobre las tablas toda la escenografía de la que no pudimos gozar en nuestro último encuentro con ellos, aquél en el Spooky Fest de 2022 junto a Sandford Music Factory y Green Desert Water (crónica).

La banda, con aquellos mismos ropajes y en formato sexteto, se mimetizó con los Ghost más primigenios para un setlist que vino a ensalzar en gran medida los primeros álbumes de la banda radicada en Linköping. Así pues, “Per Aspera Ad Inferi” es la que rompe finalmente el hielo. Y nos congraciamos con ellos más allá de todas las reservas que nos producen las bandas tributo en parte por el buen sonido que despliegan ya desde los primeros acordes pero también por la cantidad de gente joven que se agolpa en las primeras filas. Es el cuento de siempre. Mucho se critica el proyecto de Tobias Forge desde muy distintos ámbitos y, a la vez, no poca es la gente de corta edad que está cayendo bajo su influjo. Los mismos que se quejan de la falta de relevo bramando contra quienes lo propician. La pescadilla sigue mordiéndose la cola. Hay cosas que no terminaré nunca de entender.

Pero ya digo que la gente se lo pasó en grande. Y desde luego vino con los deberes hechos. Porque “Con Clavi Con Dio”, de su álbum debut, es coreada a voz en grito por una audiencia, cabe decirlo también, de casi todas las edades. Como lo son las de los propios Ghost, baste ver cualquiera de sus muchos vídeos en directo. Disfruté en gran medida de “Prime Mover” en esta parte inicial del show pero muy especialmente de un corte tan juguetón como “From The Pinnacle To The Pit” de aquél “Meliora” de 2015, gran punto de inflexión en la trayectoria de los suecos.

Se puede argüir que Ritual tienen olvidado (aún) el último álbum de la banda, un “Impera” que el pasado once de marzo cumplió los dos años de edad. Pero cuando atacan un corte como “Secular Haze”, a nadie parece importarle. “I am Papa, you are not” le responde el frontman de la banda a alguien del público, imbuido también del peculiar humor del propio Forge. “Cirice” y “Zenith” propician quizá el momento de mayor parecido entre la voz de éste y la de aquél al que replica. Algo que destaca igualmente del tributo es la batería en que se apoya. Intensidad y fuerza a la par que respeto por el original en un cuidadísimo ejercicio de equilibrio. Cumpliendo expectativas, desde luego.

Quien destaca sin embargo en “Absolution” es el dúo de guitarras, que descuelga una serie de twin guitars que para sí quisieran muchos, aunque en honor a la verdad es “Elizabeth” la que termina por ganarse el favor del público, muy enchufado ya en esta parte final del set. Y no, nuestro particular Papa, siempre hierático y ceremonial, no ejecuta los mismos pasos de baile que el original en “Rats”, pero nadie puede poner en duda la forma en que cantamos, voz en grito, su facilón estribillo. Por contra, sí que reconoció que “la siguiente” era “una que nos habéis pedido mucho”, que resultó ser no otra que “Mary On A Cross” de aquella edición limitada del “Prequelle”. Y desde luego que ni estábamos ante los originales ni éramos tantos como en el fenomenal vídeo en directo en Tampa pero, os aseguro, la disfrutamos de todas maneras.

Otra que logró semejante impacto fue, claro, “Dance Macabre”. Infalible estribillo en la mejor tradición no ya del rock en sí, sino diría de la música sueca en general. Desde ABBA para acá, ejemplos a miles. Tras ella llegaría el momento de entregar los premios del sorteo. Y como quiera que los tres premiados no estaban presentes, o les entró miedo escénico, lo cierto es que se produjo un momento algo incómodo.

Así las cosas, qué mejor que “Year Zero” para salir de él. Sería además el punto final del show de no ser porque la banda vuelve, solo faltaba, para el bis final. Una fiesta donde se dan cita tres que sabemos de carrerilla: “Square Hammer”, la estupenda “Ritual” de su primer álbum y finalmente, no sin que antes cupiera un pequeño recuerdo para la buena gente de Elizabeltz, “Monstrance Clock”. Gran fin de fiesta.

Porque sí, fue una fiesta. Lo decía antes, son muchas las reservas que nos producen las bandas tributo, máxime de una banda aún joven y en activo como Ghost, con los ríos de tinta que corren, además, con solo mencionar su nombre. Pero como nosotros estamos para contar las cosas que pasan, pues lo que pasó fue que Elizabeltz se ganaron a los extraños y Ritual colmaron el apetito de quienes, por unas razones u otras, aún no han podido disfrutar en vivo de la banda de Tobias Forge.

Por nuestra parte nada más. Agradecer a la promotora todas las facilidades puestas de cara a la realización de esta crónica y mandar un abrazo a los habituales de siempre. Ya sabéis, nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Bewitcher + Absalem (Gijón 28/3/2024)

Cita en jueves para la parada asturiana del tour de los estadounidenses Bewitcher por la península. Acompañados por la buena gente de Absalem, la cita se nos antojaba uno de los mejores planes para esta semana santa. Coincidía con la venida de los también norteamericanos Ignite a Oviedo, quienes de hecho colgaron el cartel de no hay billetes en el Gong Galaxy Club, por lo que no las tenía uno todas consigo al acercarse a la puerta del Tizón y ver que, a apenas diez minutos de la apertura de puertas, no había allí ni un alma.

Algo que, finalmente, quedaría solo en un susto. Y es que para cuando la banda con base en Salamanca Absalem hacen suyas las tablas del recinto gijonés, mucha es la gente que se agolpa frente a ellos. Con mucho el show más multitudinario que este medio ha tenido la suerte de cubrir allí. Un show que arranca cuando faltan doce para las nueve y trae a un cuarteto, el formado por Vic en baterías, Mike Gómez en guitarras, Gin en voces y Carolina García en bajo y coros.

Con un telón de fondo con el logo de la banda bajo la coletilla “Melodic Alt. Metal” y toda vez suena la introducción “Anima” que da nombre a su más reciente Ep, “Obscura” reproduce una vez más la cara más técnica y también poderosa del cuarteto, con una Carolina García que nos dio la impresión de haber crecido una barbaridad desde nuestro primer encuentro con la banda (Rock Nalón 2022).

Parapetados en las técnicas líneas de batería del siempre risueño Vic, iniciaron entonces un recorrido por su primer álbum, aquél “Chaosvolution” de 2017, extrayendo de él “Burned To Ashes”, no sin que antes Gin hablase brevemente de los orígenes de la banda. Y si bien en los primeros compases del set, la guitarra de Mike ofrecía un sonido casi indescifrable, lo cierto es que tras pequeños ajustes todo vino a sonar en la medida que el público demandaba. Gin no paró de moverse mientras recorría sus siempre exigentes líneas de voz, haciendo buen uso del ineludible podio y mejorando con respecto a la versión que vimos de ella en aquél Fuck Mateo ’23 junto a Soldier y Beast Inside.

Pero sería la propia “Chaosvolution” la que sin duda extraería a la mejor Gin. Impecable en voces y un verdadero torbellino sobre las tablas y el podio. La respuesta a su petición, “quiero ver un poco de movimiento”, fue obedecida por la audiencia en la medida en que una sala coqueta como la Tizón gijonesa lo permite. Tras “Fear My Wrath” llegaría el turno del corte que lo empezó todo, la primera canción que compusieron como banda, no otra que “The Forest”, que encauzaría ya la parte final del set con un Vic incansable desde el doble bombo, en especial cuando transcurre sobre ese final arrebatado y fulgurante.

Cumplido el debido repaso al debut, tocó volver a “Anima”, con la banda realmente enganchando a los presentes, deslizando la más oscura “Lord Of The Flies” tras la que llegarían las obligadas presentaciones por parte de Gin. La final “Haunted” nos mostró el buen estado de forma de Absalem aun cuando venían de encadenar tres fechas seguidas con sus correspondientes trasnoches, kilómetros y demás. Andan tramando ya nuevo Ep y desde aquí somos todo orejas.

En cuanto al obligado desgaste de la carretera, otro tanto se podría decir del trío radicado en Portland Bewitcher, quienes harían todo por poner a prueba los cimientos del subterráneo recinto gijonés con su infatigable mezcla de black, speed y heavy metal de la vieja escuela. Tres sólidos trabajos en la buchaca (el debut homónimo en 2016, “Under The Witching Cross” en 2019 y “Cursed Be Thy Kingdom” en 2021) y un cierto estatus de culto adquirido desde entonces.

Estatus que a a tenor de lo visto el pasado jueves tienen de hecho bien ganado. Porque termina de sonar la intro, cuando pasan apenas tres minutos de las diez, y “Death Returns…” mediante, el trío sale a comerse el Tizón como si éste fuera su último propósito en vida. Hasta el último aliento. Brama la preciosa Flying V blanquinegra de Unholy Weaver of Shadows & Incantations (en realidad Matt Litton, yo esto de los apodos…) mientras descerraja riffs y solos sin piedad. Si bien puede que la etiqueta black metal puede quedarles algo grande, la suya es una propuesta de hecho más enraizada en el speed más crudo y sucio, lo cierto es que el directo amplifica con creces la pegada del trío.

Hablaba antes de la importancia de los coros de Carolina García y otro tanto se podría decir de su homólogo estadounidense Infernal Magus Of Nocturnal Alchemy (Andrew Mercil para los amigos) quien se manejó a través del setlist sin negociar un solo esfuerzo. Encadenaron una canción detrás de otra (“Our Lady Of Speed”, “Too Fast For The Flames”…) mientras Aris Wales percutía su kit de batería con una vitalidad, una mala leche y una energía inquebrantables.

La banda se avino a sonar muy Motörhead en “Electric Phantoms” pero es “Valley Of The Ravens” la que termina por convertirse en uno de los puntos álgidos del set. Corte más a medio gas en el que el trío toma aire y que, aún con ello, logra una sólida conexión con el nutrido público del Tizón. Pero el apaciguamiento dura poco. La calma, si es que la hubo, se diluye toda vez atacan “Manifesting Darkness” y se manifiesta, valga la redundancia, la cara más velocípeda del trío con base en el estado de Oregón. Era su “first time in Spain” y ciertamente salieron a ganarse un hueco en esta nueva tierra para ellos. Y ya fuera en el curioso medley de su segundo álbum o muy en especial con la propia “Bewitcher”, se pude decir que cumplieron con su misión, finiquitando con “Sin Is in Her Blood” un set realmente fulgurante.

O no, porque la banda vuelve para el par de bises (“Cursed Be Thy Kingdom” primero, “Satanic Magick Attack” después) y queda claro que esta es una formación a seguir bien de cerca. Habrá quien pueda echar en cara que el show no alcanzase a durar siquiera sesenta minutos, pero nadie pude dudar del esfuerzo y la entrega que mostró el trío a su paso por tierras asturianas. Si el resto de citas de su actual turné ibérica salieron tan bien como la gijonesa, que a nadie le extrañe verles en recintos mayores en un futuro no muy lejano. Se lo tendrían bien merecido.

A día de redactarse esta crónica no tenemos noticia de cómo anduvo de público el bolo de God’s Funeral y Niebla Funeraria en la Lata de Zinc, dichosas coincidencias, pero no puede ser mala señal que tanto el show de Ignite como el que es objeto de este texto vendieran tantos tickets. Gasolina para seguir adelante contra viento y marea, desde luego.

Por nuestra parte nada más que agradecer a la promotora todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un saludo a Absalem, Diañu, Azu, Andrés, Manuel Hernando y Angie, José Mora y todos aquellos que mi atribulada cabeza ahora no recuerda. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Jim Jones All Stars (Avilés 24/3/2024)

Nunca las tiene uno todas consigo en lo tocante a los conciertos en domingo pero Avilés, por segundo día consecutivo, volvió a responder a la llamada del rock and roll. Lo cierto es que no era para menos. Todo un Jim Jones llegaba a la Sala Club del Centro Niemeyer con sus All Stars y, a tenor de lo visto, nadie quiso perderse tan indicada cita.

Porque es mucha la gente que aguarda la salida del combo británico a eso de las siete de la tarde, apenas nueve entradas quedaban sin vender en taquilla según nos contaron por línea interna, y el runrún era más que notable cuando “Cement Mixer”, de The Jim Jones Revue rompe el hielo e inunda de adrenalina e intensidad la privilegiada sala avilesina. La amplia formación, dos saxos, teclado, batería, bajo, guitarra y Jim Jones alternando voz, segunda guitarra y hasta maracas salieron dispuestos a meterse en el bolsillo a todo el mundo.

Es cierto que, al menos en las primeras filas, los saxos resultaron un tanto inaudibles, en especial el que ocupaba las manos de Stuart Dace. Vino a dar un poco igual porque la pegada de Chris Ellul impulsó a la banda hasta convertir la noche en una fiesta. Una amalgama de rock primario, andanadas garajeras y muchas ganas de bailar. Porque se bailó y se dieron palmas. Se jaleó y se mostraron sentidas ovaciones al septeto en las, por otro lado, pequeñas pausas que propiciaron.

Porque lo importante no dejó de ser el rock and roll. Nada de las largas peroratas que tenemos que soportar a veces. Jim Jones, perro viejo ya, sabe bien lo que su público reclama y aunque a ratos la barrera idiomática fuese más que sensible o Ellul se fuera largo, mínimo en un par de ocasiones, desde luego que a nadie le importó. Llama la atención la vitalidad del propio Jones, que cantó, nos animó, se revolcó por el suelo y no cejó en mostrar un talante entre lo chulesco y lo risueño. Derrochando el carisma y la clase que solo dan las décadas en la carretera.

Fundamental e impecable labor de Elliot Mortimer tras las teclas. Oculto tras sus oscuras gafas de sol, acompañó con igual vitalidad a una banda que se comía la velada a pequeños sorbos en cortes tan rotundos como “Run, Run, Run”, original de The Velvet Underground. Nada menos. “Satan’s Got His Heart Set On You”, o más bien “Satan Got A Hardon 4 U” como bien indicaba el setlist, extrajo al Jones más socarrón. Ese que vuelve a los Revue para rescatar “Shoot First”. Sorprenden aquí las graves afinaciones por las que discurre la descarga, con la llamativa Billy Boy del ex Thee Hypnotics haciendo temblar los cimientos del Centro Niemeyer.

En “I Want You (Any Way I Can)” la banda asemeja recuerda a un viejo vapor rodando sobre vetustos raíles de acero. Y si bien la tremenda “Rock ‘N’ Roll Psychosis” vino a hacer honor al nombre, no quiso Jones olvidarse de las obligadas presentaciones. Tampoco de dedicarle un “You’re A Beautiful Audience” al entregado público avilesino. “Shakedown” pondría así la guinda a otra gran noche de rock and roll.

O no. Porque el público, aupado por el propio Toni Ramone, impulsor del evento, sacó a los All Stars del backstage con el bien conocido grito de “otres tres”. Di que estás en un concierto en Asturias sin decirlo. Así pues la banda volvería para descerrajar, “Big Bird” de Eddie Floyd primero y “512” de los Revue después para cerrar así la velada no sin que antes Jones tuviera el detalle de agradecer a los técnicos de sonido y luces su imprescindible labor a lo largo del set. Enérgicos, torrenciales, inasequibles al desaliento, muchos harían bien en tomar nota del desempeño de los británicos.

Avilés se tiene bien ganada la coletilla de Rock City. Volviendo a demostrar que, cuando las cosas se hacen como deben, el público acaba por responder. Véanse las dos citas de este pasado fin de semana, llenas hasta la bandera. Desde Heavy Metal Brigade no podemos hacer otra cosa que no sea congratularnos por ello. Agradecer pues al departamento de comunicación del centro las facilidades para la redacción de esta crónica, a Sergio Blanco una vez más el apoyo logístico y saludos a la buena gente de Leather Boys, Fernando Casas y José Antonio Fernández. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: The Electric Buffalo (Avilés 23/3/2024)

Nuevo llenazo en la Factoría Cultural, diría que constante habitual en todos los conciertos programados por Factoría Sound a los que hemos asistido en el recinto avilesino, y que tuvo esta vez a los asturianos The Electric Buffalo como únicos protagonistas de otra gran velada de rock and roll. Los más habituales a Heavy Metal Brigade conoceréis de sobra a la banda que forman Álvaro Bárcena en guitarra y voces, Sergio Tutu al bajo, Sam “Stone” Rodríguez en teclas y Wilón DeCalle en baterías.

Sobresalía la preciosa Slingerland blanca en la básica puesta en escena del cuarteto. Pasan unos quince de las nueve cuando los flamantes ganadores del premio Amas al mejor disco de rock (reseña) hacen suyo el escenario avilesino, que lo hacen atacando con la instrumental “Don’t Want You No More” a través de un sonido cristalino y limpio pero a la vez profundo y potente. Un buen ejercicio de equilibrio técnico, si bien la voz de Bárcena apenas era audible durante las primeras estrofas de “Wait For Us”.

Momentáneo, porque toda vez la banda enfrenta “The Raven”, perteneciente a su último álbum de estudio “Patrolman”, el derroche de clase y feeling es innegable. Bárcena domó con pericia su roja Gibson SG y todo fraguó para poner los cimientos de una noche que se presumía para el recuerdo. Sería el propio frontman quien agradecería al público su presencia. “No es fácil para una banda local llenar” y tenía razón. No hay más que remitirse a casi cualquier crónica precedente. Hubo tiempo para rememorar un anterior disco “que no se encuentra en ninguna parte”, con un Sam Rodríguez agigantado tras el piano y el Hammond XK-3, entrando en terrenos más calmos y casi diría terrenales.

Y es que la banda derrocha clase y saber hacer. Más aún cuando ves a a Álvaro Bárcena echar mano del slide y eres consciente de que la aquello sólo puede ir a mejor. Gran solo el que nos deja en “Walking On Thin Ice” para un set que, en este paso por su tronco central se apoyó en un gran DeCalle para derivar hacia un nervio más rockero. Primero con un potente recuerdo al primer álbum, luego con la más reciente “New Rules” y volviendo finalmente a su “Keepin’ It Warm” de 2016 con “Road To The Cliff”. Vimos bien de voz al que fuera integrante de una de nuestras bandas de culto favoritas como fueron (¿son?) Amon Ra, dibujando un registro que se amolda como un guante a la clásica y elemental propuesta del cuarteto.

The Outsider” nos retrotraería de nuevo al “Hidin’ From The Butcher” de 2009, inundando de humo la Factoría y derivando a término hacia una extensa y muy gozosa jam, digna de otros tiempos, y en la que el cuarteto se desenvolvió como pez en el agua que diría un clásico. Uno de los puntos álgidos de la noche. Por lo inusual que resulta en los tiempos que corren pero muy especialmente por la forma en que dejó entrever la mejor cara de The Electric Buffalo en lo que a interpretación se refiere. Muchos quilates sobre el escenario y un público que se lo estaba pasando en grande. “Era un poco larga” exclamó Bárcena a término de la misma. Sinceramente, si hubiera durado otros diez minutos, servidor tampoco habría puesto mayores pegas.

Bárcena coloca una cejilla en el mástil de su SG y de pronto el show vira hacia terrenos mucho más racionales, empezando por la más terrenal “You Know How” y siguiendo con una “Old Love”, de su último álbum, ante la que emerge un mar de teléfonos móviles que no quisieron perder ripio de todo cuanto acontecía sobre las tablas. Ciertamente su estribillo engancha, también la elegancia con que la banda dispone y aborda esos contornos más melancólicos. Otro punto álgido del show.

Por cosas como el prólogo de “Souls With No Name”, y su tan marcado deje más árido y desértico, es por las que merece la pena seguir adelante con el rock and roll. La banda alcanzaría aquí nuevas cotas, ampliando el rango que abraza su setlist y dibujando la que puede que fuera mi interpretación favorita de toda la noche. Bárcena de nuevo con el slide, “Stone” Rodríguez y Tutu apoyando en coros y la sensación de estar ante una banda enorme.

Una banda que se iría para retornar al rato con la igualmente tranquila “Hotel Bar”, puro sentimiento, toneladas de clase y demás tópicos habituales. “Habrá que hacer una de esas largas”, anuncia Bárcena, preguntando a Tutu “¿recuerdas esta?”, que resultó ser nada menos que “Blindman In The Dark” de los gigantes estadounidenses Gov’t Mule, que vino a albergar el solo más grueso y rotundo de la velada. Tras las obligadas presentaciones por parte de Bárcena, “aunque ya les conocéis”, le llegó el turno a una “The Hardest Man” que demostró que esta es una banda de pleno derecho para un medio como este. Y quien piense lo contrario desde luego no vio lo que vimos nosotros la noche del pasado sábado. Sus razones tendrán. Bien es verdad que echamos en falta “Patrolman”, el tema en que honran la figura del tristemente fallecido Alejandro Espina, pero por lo demás un bolazo de los buenos.

Y es que vivimos tiempos felices en lo que a la música en directo se refiere. Encadenando buenos shows uno detrás de otro y no podemos más que dar una vez las gracias a quienes lo hacen posible. Tanto arriba como abajo del escenario. Qué os vamos a contar. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Testaferros + Azure (Gijón 22/3/2024)

Noche para tomar el pulso a la escena instrumental asturiana la propuesta en El Tizón gijonés el pasado 22 de marzo mediante las descargas del dúo Testaferros y el ahora cuarteto Azure. Poca gente, sí. La jornada muy desapacible y en especial el hecho de que vivimos rodeados de oferta mientras la demanda parece más rácana cada vez. En cualquier caso y sin ni mucho menos querer leerle la cartilla a nadie, la noche vino a darse más o menos como sigue.

Faltan dos para las nueve cuando Kiki Dee en baterías y Pablo Jonte a la guitarra hacen suyo el pequeño pero coqueto escenario de la sala gijonesa. “Venimos a hacer un poco de ruido” proclama Jonte y ciertamente, para ser solo dos músicos en escena, no podemos afirmar que la fiesta que montan sea pequeña. Deslizan temas propios, sobre alguna que otra base programada, que resultan en cierto modo rockeros pero también bailables. Como una hydra de tres cabezas entre el rock más clásico, el metal más resultón y pequeños pero indisimulados devaneos hacia el indie.

La mezcla, lejos de resultar deslavazada o poco cohesiva, ya digo les convierte en una formación muy a tener en cuenta. Llaman “Rounds” a sus temas y mientras que el primero de ellos resulta más electrónico y bailable, el siguiente deriva más hacia el puro rock and roll y el tercero se atreve a pisar territorios más propios del metal, con Dee percutiendo impertérrito su sufrido kit de batería.

Hubo lugar igualmente para las versiones, que desprovistas en gran medida de voz y tamizadas por la peculiar idiosincrasia del dúo, no pudieron resultar más refrescantes. La primera de ellas, nada menos que “Immigrant Song” de Led Zeppelin, sorprendió a propios y extraños. Si que puso voz Jonte a otra de las versiones de la noche, en este caso “Figure It Out”, de un “grupo que está muy de moda ahora y les hemos plagiado”. Se refería, claro, al dúo británico Royal Blood. Y ya fuera intuición o casualidad, lo cierto es que tenía apuntados en mis notas a Mike Kerr y Ben Thatcher como influencia directa de los asturianos.

Contó Jonte que una vez visitaron una pista de skate y que como vieron que lo de patinar no era lo suyo, pues grabaron un videoclip allí. Tiempo, pues, para “Round 2”. Tras ella llegaría un pequeño guiño a Azure. O más bien, al tributo de varios de sus componentes a los estadounidenses Rage Against The Machine en forma de curiosa revisión del “Bulls On Parade”. “No fuimos muy originales cuando les pusimos los nombres, (a las canciones) esto se llama “Round 1”, que a su vez anticipa nueva ración de sus particulares versiones, desprovistas de voz y pasadas por su inconfundible filtro, “Fuel” de Metallica o “Cowboys From Hell” de Pantera nunca habían sonado en la forma en que lo hicieron el viernes. Diferentes, divertidos, sin duda nos gustaron.

Con el ahora cuarteto Azure uno ya va sobre seguro. Son ya muchas las veces que les hemos visto, en escenarios de todo pelaje además, y es una de esas bandas que ya fuera antes en formato trío o ahora ya con Dani como miembro de pleno derecho, rara vez fallan. Así las cosas y cuando faltan diez para las diez, salen a escena con su ya habitual y casi diría que indivisible puesta en escena. Las luces, síncronas a los propios pulsos de sus composiciones, resultan y de pleno derecho un integrante más del combo asturiano.

18” arranca la noche para ellos y el sonido del que gozan, si bien un tanto sucio de entrada, no podría resultar más redondo toda vez el corte avanza entre la psicodelia más leve y el post-rock más elemental, con un estupendo Soto a las seis cuerdas. Y es que la forma en que montan sus cuidadas progresiones en estudio y cómo las desarrollan luego en directo, con un Dani Fernández ya perfectamente integrado, no deja de asombrar a quienes, como yo, tienen la creatividad de un zapato. El asunto exige, asumo, no poca pericia. Nacho en baterías comanda esta banda con mano firme y licks de batería de los que remueven todo el cuerpo. Armados como digo con una iluminación solidaria a sus propios acordes, Azure se nos revelan como una de las grandes bandas del género en nuestro país. Lo sentimos así y el show del viernes no hizo más que darnos la razón.

En su contra se puede alegar lo extenso de sus composiciones. Lo alargado de ciertos pasajes, contrario a encarnaciones instrumentales más rácanas y también menos exigentes. Ambiciosos dirán unos, pretenciosos otros tantos, pero lo cierto es que la manera en la que funden atmósfera y nervio a través de “Luz Solar”, con el suelo vibrando realmente a cada nota del bajo de Rojo, no puede resultar más sincera, más real. “Constelación VI” y ese prólogo que me enamoró ya desde las primeras escuchas de aquél “Amor Fati” de 2021, siempre funciona. Su cariz por momentos casi espacial se acrecentó por una casi omnipresente luz azul.

Llegó el turno entonces para “Hielo Sumergido”, su hasta la fecha único tema con voz, ese donde Dani descuelga su guitarra, echa mano del micro y vuelve a entregar una gran interpretación. Azure parecen haber encontrado la cuadratura del círculo en su figura, en un caso que nos recuerda en gran medida a la entrada de Aitor Lucena (ALMS) en Narwhale. Hechos el uno para el otro. Pero volviendo a lo que nos ocupa, decía antes de los licks de batería de Nacho y pocos que me retuerzan como el que realiza aquí y que introduce en la parte final de la canción. Magníficos, quién dijo que el rock instrumental era aburrido.

Azure volaron altísimo en el vibrante epílogo de “Enkrateia”, con el suelo y las paredes del Tizón vibrando al son que marcaba el cuarteto. El final con “Un Nuevo Amor”, no sin que antes Dani pronunciara los debidos agradecimientos, nos confirmó una vez más a Azure como una de las propuestas más interesantes salidas del Principado en mucho tiempo. Que nos dure.

En cuanto a lo acontecido nada más. Mandar un saludo a las dos bandas y, como siempre, nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Angra + Opera Magna + Arwen (Gijón 15/3/2024)

Danmificados por la accidentada edición del 2023 del Z! Live, los brasileños Angra se desquitaban en este 2024 como cabezas de cartel de la mini gira estatal orquestada por el festival zamorano. Acompañados por Opera Magna y Arwen previo paso por Madrid y Vigo llegaban a la gijonesa Sala Acapulco para repasar sus grandes himnos y temas de nuevo cuño fruto de su último álbum de estudio «Cycles Of Pain«, editado en noviembre del pasado año a través de Atomic Fire Records.

La siempre ingrata labor de abrir un concierto de estas características recaía en Arwen. Cuando arrancan su set con «Hollow Days» gran parte del público aun se encontraba en la cola de acceso a la sala. No decayeron en el esfuerzo, encomiable José Garrido en dicha labor, por presentar sus credenciales a pesar del «runrún» de una audiencia que en estos primeros instantes tardaba en conectar con los tintes progresivos del power metal de los madrileños. Curiosamente tampoco les acompañó el sonido en una sala de la que somos habituales y podemos afirmar que es garantía de calidad en ese aspecto. Hay días en que las cosas salen torcidas y el pasado viernes bien podría entrar en esa definición.

Sin nuevo material que defender ante la audiencia asturiana, su último disco hasta la fecha “The Soul´s Sentence” data de un lejano 2019, repasaron temas de diferentes épocas en los apenas 40 minutos que dispusieron. «Dreamland» o «Dance Of Souls» pusieron la nota nostálgica en un show que por entrega y actitud merecía mejor reconocimiento y acústica ante una audiencia aún distraída ante la meritoria descarga del sexteto.

Tras una ágil aunque accidentada renovación de escenario, un teclado besaba el suelo aunque sin mayores consecuencias, llegaba el turno para Opera Magna. Con nuevo disco en la calle, «Heroica» veía la luz el pasado 1 de marzo, gozaron de un mejor sonido que sus predecesores y el calor de un público muy por la labor, llegando a corear un buen puñado de temas del repertorio. Paladines del power metal sinfónico patrio los valencianos interpretaron solamente 2 temas de su nueva obra, «Muerte De un Poeta» homenaje al gran Federico García Lorca y «Volver«, entre clásicos de su extensa trayectoria como «La Herida» en la que fueron uno con la audiencia o «El Pozo y El Péndulo«.

Con José Broseta como punto focal gracias a la pulcra interpretación de los temas cabe destacar la labor de Jorge Alcázar a los parches. Ocasional batería de la formación, despachó un set digno de mención. Con shows como el ofrecido en Gijón demostraron su estatus y por qué grandes festivales como Rock Imperium, Z! Live o Leyendas del Rock cuentan con su presencia.

La veterana formación brasileña era la encargada de poner el broche a la velada asturiana del tour. Ha llovido mucho por estos lares desde su accidentado concierto en Langreo allá por junio del 2005, para nosotros y para unos Angra en los que solamente repiten cita con el público astur el guitarrista original Rafael Bittencourt y Felipe Andreoli al bajo. Afortunadamente el sonido que disfrutaron mejoraba respecto a sus predecesores y es que contar con nuestro vecino Dani G. a los controles es toda una garantía en esa faceta. No dan tregua desde el inicio y es que arrancar su tiempo con «Nothing To Say» de una obra maestra como es «Holy Land«, es toda una declaración de intenciones y más cuando Fabio Lione expone su gran estado de forma a la voz.

Ya es una década la que lleva el italiano al frente de la formación carioca con 3 álbumes en su zurrón por lo que está desterrada cualquier comparación con predecesores, aunque siempre añoraremos al gran Andre Matos (D.E.P.). La banda mira al futuro con optimismo gracias a un nuevo disco a la altura de su legado y que defienden con entereza en vivo gracias a temas como el homónimo «Cycles Of Pain«, «Ride Into The Storm» o «Vida Seca» intercalados inteligentemente en el set.

«Angels Cry» pone patas arriba a la Acapulco con un dueto de guitarras que nos transporta al pasado siglo, cuando la banda gozaba por primera vez de fama mundial y se convertía en referencia del emergente power metal. El combo es una máquina perfectamente engrasada, cada uno excelso en su papel y solventes cuando lo abandonan, caso de Rafael a la voz en varias estrofas de «Vida Seca«. Digna de mención la labor de Marcelo Barbosa a la otra guitarra, quien a la sombra ejecuta a la perfección su labor dejando para el recuerdo detalles de maestría como una espectacular recreación solista en «Morning Star«.

Anticipa la parte final del show una breve conversación de Fabio Lione con un hiper motivado espectador, Andy Flores, rostro reconocido en la escena asturiana por su labor a la guitarra en bandas como Omenomejodas, Vendaval o Kuarentena, arrancando un buen puñado de risas entre el respetable. En lo estrictamente musical tras «Waiting Silence» llega una imbatible traca final protagonizada por «Carry On» y «Nova Era» para cerrar algo más de 90 minutos de concierto.

Demostraron que el paso del tiempo no ha influido en su posición como una de las bandas más influyentes del power metal sinfónico global y una gran capacidad para lidiar con éxito a traumáticos cambios en su alineación. Posiblemente su actual «line-up» sea uno de los más compactos de su extensa trayectoria, su poder de convocatoria así lo demuestra y el poso de satisfacción que dejan en cada concierto. Que no pasen otros 19 años para repetir.

Texto y fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Baja California + La Desbandada (Gijón 16/3/2024)

Entradón en la Sala Acapulco para la presentación del nuevo álbum de Baja CaliforniaElectricidad” para una noche que terminó convertida en una de esas noches en que vuelves a casa con la sensación de que no se ha parido invento igual al rock and roll. No estaban solos los asturianos, acompañados para esta fiesta por La Desbandada, que se vinieron desde nada menos que El Vendrell (Tarragona) presentando a su vez su “Las Musas Siguen Bebiendo” del año pasado. La fiesta se adivinaba, pues, por todo lo alto.

Pero había runrún minutos antes de la descarga de los catalanes. La sala, que en la jornada del viernes había acogido la parada asturiana del reciente tour de Angra por la península, despertó ciertas dudas en lo que a sonido se refiere. ¿Cuestión puntual o algo falla? Lo cierto es que para cuando La Desbandada arremeten con los primeros acordes del tema que titula su último trabajo, las dudas se vienen abajo cual castillo de naipes ante una tormenta.

Fue nuestro primer contacto con ellos y lo que pudimos oír (y fotografiar) deja riffs y melodías sitas en un punto cardinal a medio camino entre Platero y Tú, Marea, Extremoduro o La Fuga que los chicos llevan adelante con cantidades ingentes de sentimiento y también de carisma. Y es que vimos muy risueño a Balta Hurtado, guitarrista y voz del cuarteto, con la inquebrantable seguridad que da creer en lo que estás haciendo. El cuarteto, armado con preciosas Gibson en guitarras y también bajo, debilidad personal de quien escribe, no podría haber sonado más clásico.

Y es que, como digo, lo que les pueda faltar en originalidad lo suplen con carisma, también buenos solos. Véase el que entrega Pere Pinto en una “Hoy Venimos A Morir” tras la que llegarían los obligados agradecimientos a los anfitriones de la velada. La banda seguiría enfrascada en su set, conectando con la audiencia, caldeando el ambiente que suele decirse, hasta que llega el momento de subir a escena a Manu, voz de Baja California, para formar dupla vocal en “Si Tiene Que Ser”.

La colaboración funcionó, claro, pero “La Luna Sigue Sola” se llevaría el gato al agua que suele decirse. Ambas nos parecieron puntos álgidos de un set que después, en su tramo final, se nos haría algo redundante. Que no aburrido. Se acordaron además de agradecer la tarea del técnico de sonido, algo que siempre es de agradecer, y toda vez hechas las debidas presentaciones se marcharon, tan empapados en sudor como sonrientes, para dejar paso al quinteto ovetense Baja California.

Pasan alrededor de veinte minutos cuando ¿Baja Autoestima? ¿Alta Mesopotamia? se suben al escenario de la Acapulco y, por tópico que pueda sonar, casi que ésta no se viene abajo. Había un calor y un cariño por parte del público hacia la banda asturiana que hacía mucho que no veíamos ni sentíamos en un concierto en sala. Otro tanto se podría decir de las muchas pancartas que serían mostradas a Manu y los suyos. Que nunca nos falte el buen humor.

Porque lo cierto es que, memes y chanzas al margen, Baja California son una banda de rock and roll con todas las letras. De los pies a la cabeza. Sets como el del sábado vienen a hablar bien del ingente curro que hay tras estas canciones. Así pues y con “Caída Libre” uniendo a músicos y banda ya desde las primeras estrofas, gozamos de una noche de rock de las de antes. De las buenas de verdad.

“Venimos a presentar nuestro nuevo disco”, proclama un entregado Manu Roz, esto es “Electricidad”. La banda compartió escenario allá por 2019 con los valencianos Uzzhuaïa y realmente es una rima ésta presente de manera sensible en sus canciones. Como presente está siempre esa sufrida tarima y el mucho juego que da a la hora de conectar con la audiencia. No falla nunca. Ya hace calor para cuando suena “Tiempo Suicida”, uno de los adelantos del nuevo álbum, pero es la más vacilonaHoy Toca No Dormir”, con Marco Antonio Guardado (batería) y Javier Hernández (bajo) introduciendo en solitario, la que termina por decantar la balanza en esta parte inicial del set.

Con el sonidazo del que estaban gozando, al menos en la primeras filas donde estábamos nosotros, por momentos da la sensación de estar ante una banda llamada a cotas mayores, algo que viene a refrendar el solazo de guitarra durante “20 Monedas”. “Reina De Hielo” termina con Manu Roz sentado en la tarima, buscando y encontrando el calor de un público, ya decimos, totalmente entregado.

Javi y Aaron, guitarras de la formación astur, dieron igualmente buen apoyo coral a Roz. También Hernández al bajo, y los chicos dejaron la sensación, siempre tan agradecida de cara al público, de creer fervientemente en lo que hacen. Aquello tan viejo de “es solo rock and roll pero me gusta” llevado hasta el último aliento. Por ahí que la banda no perdiese la ocasión de invitar a una más que buena amiga a escena, quién si no Lyla Swan, para “El Mago”.

Llegarían entonces las obligadas presentaciones, el paseo de Manu entre la gente, incluso el intercambio de instrumentos entre Aaron y Hernández. Pudimos ver a Javi con el slide en “Polvos Mágicos” y el talkbox en la muy celebrada “Dueños De La Noche”. Encarando ya el tramo final del set, huelga decir que la fiesta era de las grandes. En “La Cara B Del Rock” es el propio Javi Monge quien acaba a hombros de Manu, en una revisión asturiana de aquella mítica fotografía de Brian Johnson cargando con Angus Young y su inseparable SG.

Pero por si era poca la algarabía, los chicos de La Desbandada se unirían a Baja California para rendir sentido y festivo tributo astur-catalán a uno de los grandes nombres de nuestro rock como es Platero y Tú. Y es que sí, hay poco rock ‘n’ roll. No faltó el “Aguante”, desde luego. Aquí Manu contaría una pequeña historia sobre su primer encuentro con el género (curiosamente “Sleeping In My Car” de Roxette, banda que amé cuando todavía era un auténtico mocoso) y atacaría el cierre final, “Años Atrás”, visiblemente emocionado. Han demostrado ser profetas en su tierra, además tienen estrella y no podemos por más que desearles lo mejor de cara a esta gira que comienza.

Dos maneras muy distintas de entender el rock y sin embargo solidarias entre sí. Una sala llena hasta la bandera y dos grandes bolos más en la buchaca. Empezando por la descarga de Bio-Cancer + Sound Of Silence + Electrickeel, siguiendo con Cain’s Dinasty + Brutalfly y terminando con el objeto de esta crónica, esta tercera semana de marzo ha dejado no pocas razones para sonreír. Nosotros, como siempre, no podemos por más que agradecer a la promotora del evento por todas las facilidades, agradecer igualmente a Sergio Blanco el apoyo logístico y mandar saludos a las muchas caras con las que nos tocó departir antes, durante y después. Como he dicho en otras ocasiones sois legión y me vais a perdonar que no os nombre a todos. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Cain’s Dinasty + Brutalfly (Oviedo 15/3/2024)

Primera venida de los alicantinos Cain’s Dinasty a Oviedo en una fecha algo insidiosa, pues coincidía con la descarga de los brasileños Angra en Gijón. Acompañados del trío local Brutalfly, vinieron a reunir a unas treinta personas entorno al Gong Galaxy Club, que dicho así puede sonar algo rácano, y de hecho lo es, pero para como están las cosas no me resulta del todo desdeñable. Desde luego les honra el echarse a la carretera, más de ochocientos kilómetros, para traer su peculiar power metal en una fecha como la del pasado viernes.

Brutalfly fueron como digo los encargados de abrir la velada cuando pasaban pocos minutos de las nueve. Y lo hicieron con el tema que daba nombre a aquél debut de 2022 “I Was An Experiment”. Siempre sólidos, ayudados por un sonido que quizá no brilló tanto como otras noches en la sala ovetense pero que, desde luego, no empañó sus evoluciones sobre las tablas. Didi, guitarra y voz, de nuevo bajo el sombrero y las gafas, acompañado por la base rítmica de Lagarto y Mochy. No hacía mucho de nuestro anterior encuentro con ellos, aquél en tierras cántabras allá por diciembre del pasado año, y viene al caso porque anda inmerso el trío en una cierta encrucijada, mirando ya de cara a un próximo trabajo que venga a amplificar los muchos rasgos del debut.

Pero volviendo al show que nos ocupa, y como viene siendo ya tradición en la Gong, Txeffy no quiso perderse esta fiesta, irrumpiendo en escena para una “Thrashstorm” tan cruda y retorcida como siempre. El set miraría entonces al futuro con un par de cortes del próximo álbum, siendo “The Moon Hasn’t Blood” el primero y que ya escucháramos aquella fría noche en Los Bancos de Atrás en Unquera. “Train To Hell” fue el otro, que sorprende por una gama de riffs más clásicos, dentro de lo que cabe, para una banda como esta.

Pudimos disfrutar de “Brutalfly”, arranque en falso mediante. “¡Era broma eh!”. Esta banda tampoco sería la que es sin estos pequeños troleos entre ellos y que de alguna forma vienen a hablarnos de la química y el buen rollo que se respira dentro del trío. El trío recupera ahora “Shaman”, que ya aparecía en el Ep de 2015. Didi arroja al suelo sus gafas de sol y Gil (Bestia Negra) aparece sobre las tablas para acompañarle durante “Evil Room”. El propio frontman del trío nos habla de la importancia en el cuidado de la salud mental en la introducción de “The Oniric WhatsApp of High Bird” (si he transcrito correctamente desde el tracklist) y se dibuja aquella sensación de anticipación que comenté al principio. Esa encrucijada entre la banda que son y la que pretenden ser en un futuro.

Hubo tiempo hasta para pedir diversos brindis. “Por Txeffy, por Gil, por Leonidas” y todos los presentes en una fecha tan difícil como esta. “What Time Is It? It’s Time To Die” acercó por fin a público y escenario mientras que “Zerdatillium” sirve como cierre y también muestra de lo bien que empastan los hermanos Veloz en bajo y baterías. Huelga decir que Brutalfly tampoco serían lo que son de no ser por ellos.

Pasan de las diez cuando los alicantinos Cain’s Dinasty irrumpen en el escenario del Gong Galaxy Club. Su puesta en escena, telones laterales, máscaras de la peste negra del sigo XVII, maquillaje y, en definitiva, toda la imaginería que se le presupone a una banda como esta. El propio Rubén Picazo aparece en escena portando un lucero en su mano izquierda y oculto tras una máscara cornuta para sorpresa de algunos. Su power metal vira en ocasiones hacia territorios más extremos, voces mediante, con el propio Picazo acometiendo un hábil y meritorio baile entre registros. Es ahí donde los coros de los guitarras Joaquín Leal y Alejandro Ramírez se revelan poco menos que fundamentales.

Me reconozco recién llegado al peculiar modo de entender el power metal de la banda y por ahí me sorprendieron las letras en castellano, en contraste al inglés de sus discos. Sea como fuere la banda muestra un nivel técnico digno de mención a lo largo de cortes vibrantes como “Breaking The Bloodlines”, con Picazo aprovechando para perderse entre el público. “Cuando no quede sitio en el infierno, los muertos caminarán por la tierra” proclama el frontman, anticipando “March Of The Dead”, a la larga una de mis favoritas de la jornada, con Ramírez y Leal dando muestras de la mucha clase y la no poca química que existe entre ellos.

Tears Of Pain” nos teletransporta a su debut de 2008 con alguna que otra melodía de raíz muy Maiden y la banda parece estar pasándoselo en grande. Todo pese a pequeños percances de Picazo con el micrófono. Es el propio vocalista quien vuelve del backstage bandera en mano, la pasea por encima de nuestras cabezas y pide el apoyo del público tras sus llamativas lentillas azules. Fue quizá el momento de mayor enganche con la gente, a excepción hecha del corte con el que despedirían el set.

Screaming Lungs” o “Pulmones Que Sangran”, si entendí bien a Picazo, extrajo lo mejor de Ramón Valero (bajo) y Emilio Benavent (batería). Tras ella llegarían los agradecimientos para Brutalfly y el hecho de que se pegaran más de ochocientos kilómetros de furgo para estar con todos nosotros el pasado viernes. A veces da la impresión de que el metal todo lo puede. Y si no, un buen trago de “sangre” como el que se dio el vocalista antes de atacar “Legacy Of Blood”, a buen seguro el corte más excesivo por incendiario de todo el set.

El cierre al que antes aludía correspondería a su particular revisión del “Silent Night, Bodom Night” de, claro, Children Of Bodom, banda que se nos revela como influencia no capital pero qué duda cabe que sí muy importante para Cain’s Dinasty. Final con Leal y Ramírez a gran nivel y el público más entregado de la jornada.

Puede que la puesta en escena de los valencianos pida escenarios mayores. Lo cierto es que hay que agradecerles que se liaran la manta a la cabeza para presentarnos su peculiar performance en una fecha, perdón por la insistencia, tan complicada como la del viernes. Toca por tanto mandar un agradecimiento enorme a ambas bandas por facilitar esta crónica, saludar a Manuel Hernando, Angie, Leonidas, Diañu y Pelayo, Sandra y en especial a todos aquellos que mi cabeza ahora no recuerda. Nos vemos en el siguiente.

Texto y Fotos: David Naves

Crónica: Cherokee + Colmena en Avilés (9/3/2024)

La primera venida a tierras asturianas de los hard rockeros vigueses Cherokee no era mal motivo para coger los bártulos y dejarnos caer por esa que llaman Villa del Adelantado. El quinteto se hacía acompañar de los locales Colmena, con quienes ya habían compartido cita por tierras portugalujas en la jornada anterior. Doblete astur galaico pues que vino a darse más o menos como sigue.

Pasan pocos minutos de las diez cuando Colmena hacen suyo el escenario del Paseo Malecón, sito en la Avenida Conde de Guadalhorce, para atacar con una “No Bajes La Guardia” que viene un poco a resumir la propia idiosincrasia de la banda de reciente creación. Ha querido la casualidad que nuestro segundo encuentro con ellos se produzca en el mismo lugar que el primero, aquella noche en que acompañaran a los rockeros de Nashville Stone Senate, por lo que la cita tuvo un ligero sabor a déjà vu. No acompaña el sonido durante este primer corte, pero en honor a la verdad hay que decir que la cosa iría mejorando con el correr de los temas hasta situarse dentro de los cauces normales que una cita como esta requiere.

No falta “Qué Asco Das”, con ella llegó la polémica, en la que el frontman Luismi Rose destapa su encarnación más enérgica y nervuda. Su interpretación, mucho más pasional en la revisión del clásico “Born To Be Wild”, se hizo acompañar de un gran Toni Bustamante a las seis cuerdas. Nadie va a descubrir al ex Brecha a estas alturas y mucho menos quien escribe. Por otro lado, de justos es reconocer que la entrada no fue como para tirar cohetes. Amplísima oferta no ya este pasado fin de semana, que también, sino casi podría decir que casi todos en general y por ahí que a veces dé la impresión de que ésta supera con creces a la demanda.

En cualquier caso y volviendo a lo que nos ocupa, lo cierto es que vimos a unos Colmena muy seguros en otro corte de propia cosecha como es “Wild Browser”, con Serto agigantándose, y ya es decir, desde las cuatro cuerdas. Desde luego tablas no les faltan y aunque la labor de Josín Martínez a la batería pueda resultar más discreta y callada, lo cierto es que el cuarteto parece tener las cosas bien claras. Funciona ahí “Situaciones Críticas”, poco a poco afianzada en el set, seguida de una “primicia”, la versión del “Speed” de Billy Idol. Bustamante brilla con luz propia en “Slave To The Grind”, original de Skid Row, si bien da la impresión de que los chicos están más cómodos en creaciones propias como “No Quiero Verte Caer”.

Rose aprovecha para dedicar a Lemmy y por extensión a todos nosotros el “Born To Raise Hell” de Motörhead. Toni tuvo un ligero percance con su guitarra aquí, un cable que se desconecta, gajes del oficio que diría aquél, y quizá por ahí que el Leather Boys le dedicara uno de los temas. Fran Vázquez, voz de Cherokee y cumpleañero en la jornada del sábado, no quiso perderse “Immigrant Song” de Led Zeppelin, sumándose así a la fiesta y anticipando lo que vendría después. Y aunque echáramos de menos un teclado en su particular revisión del “Highway Star” de Deep Purple, bien está ese final con “El Macarra Del Quinto”, con Luismi mezclándose con el público, y la forma en que, al igual que el corte apertura, viene un poco a resumir la idiosincrasia del cuarteto astur. Estamos atentos a sus próximas evoluciones.

El de Cherokee, que suben a escena pasadas las once y media, fue uno de esos bolos en los que una banda ha de pelear contra todo tipo de adversidades. Y fue ahí donde salió a relucir lo mejor y puede que también lo peor del combo vigués. El propio comienzo del set no podría ser más accidentado. El sonido es una bola indescifrable sin presencia de guitarras y Fran Vázquez opta por parar y volver a empezar. “No pasa nada, esto es rock and roll” exclama la también voz de Bella Bestia, y rentrée mediante todo vuelve a cauces normales.

Sentimos así finalmente una “El Flautista” donde el sevillano ya da muestras de atravesar un buen momento en lo que a voz se refiere. Desechó agudos a lo largo de la noche y aunque sus charlas entre tema y tema se alargasen alguna que otra vez más de la cuenta, no seré yo quien niegue su entrega ni su carisma. Es el propio vocalista quien dedica a ColmenaNo Hay Perdón”, uno de los singles de ese “III” que ya pasara por estas páginas (reseña).

Declaración de intenciones mediante, “Quien venga para ver si somos unos virtuosos que se vaya a su puta casa” exclama el curtido vocalista, pero lo cierto es que Gerardo Fernández mostró buenas hechuras desde su preciosa Strato, además de servir de firme apoyo al propio Vázquez en coros. Y puede que “Al Límite Del Juego” destapara la bien sabida frialdad del público asturiano, algo contra lo que batalló el vocalista, que de aquí en adelante aprovecharía para presentar a los suyos en cada pausa. Cherokee parecen muy cómodos en la muy hard “No Mires Atrás”, pero es “Fuiste Mía”, traslación al idioma de Cervantes del “Angelia” de Richard Marx, la que pone la nota de distinción y candidez en el setlist.

Sí o No”, que me recordó sobremanera a Beethoven R., extrajo al Fran Vázquez más carismático de la noche. Y mientras la banda aprovecha para reivindicarse durante el tema homónimo “Cherokee”, uno no puede por más que atestiguar cierta frialdad entre los asistentes. Bien porque éramos pocos, bien porque el público asturiano es como es. En cualquier caso, hacer nuestro el alegato de Vázquez por la música en directo en particular y las bandas españolas en general. Esas que se hacen a la carretera “fin de semana sí, fin de semana no”, para disfrute de unas audiencias cada vez más difíciles.

Así las cosas, mientras que “El Traidor” pone de relieve a los Cherokee más heavies de la noche, muy sólido Fernández aquí, “Déjame”, inspirada por el legado de Sangre Azul según contó el propio Vázquez, da con los huesos de éste entre el público. No quisieron despedirse, eso sí, sin volver a una encarnación más poderosa, la que entregan en “Sin Miedo”, “vamos a marcharnos con caña”, que vino a poner el broche final de una noche de firme batallar contra los elementos.

En perspectiva puede que nos sobrasen algunas de las extensas pláticas entre canciones del líder de la formación. Era su cincuenta cumpleaños así que no se lo tendremos del todo en cuenta por esta vez. No fue la cita más numerosa en cuanto a asistencia ni éste supo a veces responder como debiera. Plaza siempre difícil Asturias, qué os vamos a contar que no sepáis. Por nuestra parte nada más. Agradecer a la promotora del evento por todas las facilidades, mandar un abrazo grande a Colmena y Cherokee y un afectuoso saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz