Crónica: Gus G & Ronnie Romero (Santander 10/10/2025)

Dos verdaderos ilustres. El griego Gus G. en torno a Ozzy Osbourne y sin menospreciar en ningún caso su trabajo con Firewind y el chileno Ronnie Romero en torno a Rainbow, sin olvidar tampoco sus álbumes junto a Elegant Weapons, The Ferrymen o Lords Of Black. Con ellos, el bajista de origen italiano Andrea Arcangeli (DGM, Sunstorm, Noveria) y el batería belga Jo Nunez (Firewind, Lords Of Black, ex Kamelot). Y el lugar, la sala con capacidad para unas mil personas Escenario Santander. La decisión de escaparnos hasta la comunidad vecina y desbloquear un nuevo escenario, valga la redundancia, era un no brainer que diría un guiri. Heavy Metal Brigade se echó una vez más a la carretera y estas son nuestras impresiones acerca de la jornada.

Sonaba el debut de November antes incluso de acceder a la sala. No por nada, Dani G. iba a ser el encargado de llevar la manija sonora de la velada. Ésta iba a estar adornada apenas por un electrónico de fondo con los respectivos logos de Gus y Romero. Y el set, que arranca cuando los relojes rondan las 21:30, se iba a iniciar, en formato trío, con un par de instrumentales: la primera, esa “Force Majeure” para la que el guitarrista griego contó, en su versión de estudio, con nada menos que Vinnie Moore. Con esta rendición en vivo fuimos siendo conscientes de la que se nos venía encima, con unos bombos de la batería de Nunez de los taladraban el pecho. Suena muy redonda y entera la banda ya desde el comienzo. Aún en las tantas veces problemáticas primeras filas. Quien más, quien menos, esperaba ya la salida del santiaguino, pero ellos aún iban a tener tiempo de entregar otro corte instrumental, ese “Quantum Leap” que daba nombre al álbum que Gus G. editara en 2021. Elegante, sabiendo solear sin florituras innecesarias, exprimiendo con virtuosismo pero sin excesos su preciosa Jackson con detalles dorados.

Sería el de Salónica el encargado de presentar a Romero. Y ya con la formación al completo, entregaron una “Castaway On The Moon” en la que el chileno se muestra pletórico, pareciera que dispuesto a no dejarse nada en el tintero, aún con el largo set que le quedaba por delante. Un set que, amén de un carro de versiones, acertó a repasar la trayectoria de ambos músicos. O por mejor decir, una parte importante de ella. Sabiendo ceder el protagonismo a su compañero durante el solo, el hard heavy parece haber encontrado un Dio para las nuevas generaciones. Palabras mayores, soy consciente, pero de voz, carisma y clase el suramericano va más que sobrado. El frontman, muy parlanchín en todo momento, recordó anteriores visitas a la ciudad. Incluso se atrevió a destripar parte del set, si bien a pequeños rasgos, al tiempo que bromeaba con el público y nos recordaba que este era el primer show del tour junto a Gus. Introdujo finalmente la más pesada y sin embargo tremendamente elegante “Chased By Shadows”, con la sombra del pequeño elfo persiguiendo al chileno, en algún que otro gesto incluso, casi mimético, con la leyenda de Portsmouth. Poderoso Romero aquí, que amén de a Dio, me recordaba también a otro grande de esto como es Johnny Gioeli. La reacción que se produce entre la gente, toda vez la composición alcanza ese eficaz cambio de ritmo, ya dio muestras de que había muchas ganas de disfrutar con el cuarteto.

Tiempo entonces para la que Ronnie reconocería como una de sus “favoritas de Black Sabbath… con Dio”, y que no era otra que “The Mob Rules”. El vocalista aparta aquí el pie de micro, inalámbricos para qué os quiero, y muestra gran sintonía con el guitarra griego. Viéndoles, parece como si llevasen toda la vida tocando juntos. Realmente una de esas conjunciones en las que la química arriba del escenario termina por desbordar hasta el foso. El propio Gus G. se atrevería con algún que otro pinito en nuestro idioma. Y la banda introduciría el primero de los guiños a Rainbow con una “Kill The King” que sonó a gloria. Aquí se vio a un Ronnie Romero algo más exigido, lo que en su caso aún significa cantar a unos niveles con los que algunos solo sueñan. El vocalista anunció después que se iban a salir del repertorio. Y lo hicieron para recuperar “Cold Sweat” de ni más ni menos que Thin Lizzy. Versión que, doy fe, pilló en fuera de juego a más de uno y de dos el pasado viernes en el Escenario Santander. Gus G. brilló con luz propia aquí, desatado y sin frenos, mostrando su lado solista más salvaje y efervescente.

De los propios Gus G. y Ronnie Romero es una “My Premonition” en la que el primero echa una mano en coros y el segundo ofrece toneladas de feeling en un fantástico epílogo. El guitarra recordaría entonces las muchas veces que ha pisado la península, pero cómo ninguna de ellas había sido para presentar su material en solitario. El set iba a entregar entonces “Redemption”, de su álbum de 2014, con el santiaguino en, quizá, sus tonos más altos de la noche. Aunque si hubo un momento que me sorprendió del set, ese fue sin duda “I Am The Fire”. Por la reacción de la gente, por los solos descosidos de Gus G., guitarra sobre la nuca inclusive, y Romero mostrándonos cómo cantar el estribillo con propiedad. Con un profesor así, como para hacerlo mal. Con casi medio Firewind sobre las tablas, recuperar aunque fuera un corte de la banda griega era casi inevitable. La elegida no fue otra que “Destiny is Calling”, con un Jo Nunez realmente desatado tras el sufrido kit de batería.

Gus G. se iba a meter en los zapatos de Ritchie Blackmore por partida doble. Primero con la inmortal “Highway Star” de Deep Purple, con Ronnie dejando un gran agudo inicial y el griego haciendo las veces también del inconmensurable Jon Lord. El público, claro, agradeció sobremanera esta rendición del clásico Purple. Pero en lo personal aún disfruté en mayor medida de una “Stargazer” (Rainbow) que puede ser, fácilmente, una de mis cinco, cuatro tres canciones favoritas de la historia de esto. Romero, muy en el papel de Dio ahora, salió más que airoso y mira que era una papeleta (auto impuesta) más que exigente y difícil. Él había reconocido que se trataba de su canción favorita de la banda. Y la de tantos. Nos ha jodido. Momento de forma envidiable el que atraviesa el chileno.

El set se había cerrado con hora y cuarto de reloj, que no estaba nada mal, pero ellos aún iban a tener tiempo para unos buenos bises. Tal y como había arrancado el set, la banda volvería de backstage en formato trío para que Gus G. le volviera a sacar las telarañas a su Jackson. Ronnie presentaría después a la banda y su compañero tendría tiempo de recordar su paso por la banda del recientemente desaparecido Ozzy Osbourne. Los vítores de la gente aquí, claro, fueron inevitables. Y “Bark At The Moon”, co escrita junto al príncipe de las tinieblas por el nunca del todo reivindicado guitarrista Jake E. Lee, puso a la gente a los pies de la banda. No obstante, que era el primer concierto de la gira es algo que se dejó notar en la pequeña pifia de Nunez durante “Shot In The Dark”. Peccata minuta, fue apenas un detalle y la banda lo resolvió con clase y tablas. Van sobrados. “Esta la cantamos juntos, Santander” dijo Ronnie, y procedieron a dejarnos la última perla de la noche, una “War Pigs” de Black Sabbath más necesaria que nunca. Y sí, cantamos y gritamos estrofas y estribillos, por segunda semana consecutiva (crónica), siendo como eramos conscientes de que el bolazo que estábamos presenciando tocaba a su fin. Y que el legado de Bill, Geezer, Tony, Ozzy, Dio y tantísimos otros no morirá mientras haya músicos de este nivel reivindicando su colosal legado. Gran show.

Lo creemos así. Cuando colisionan dos músicos de este nivel, en semejante estado de forma, y aciertan a transmitir lo mucho que disfrutan sobre un escenario, no queda otra que congratularse porque bien el negocio, bien el destino, bien quizás ambas cosas, haya juntado sus caminos. Sumando ida y vuelta fueron casi cuatro horas de carretera pero, a fe nuestra, merecieron la pena. Nada más queda que agradecer tanto a la banda como al Escenario Santander por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, al propio Ronnie por el detalle y la amabilidad y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Tim «Ripper» Owens + Baja California (Gijón 4/10/2025)

Once años hacía que Tim Owens no pisaba Asturias. Quiso la casualidad, de hecho, que lo volviera a hacer en la misma sala que antaño: nuestra querida Acapulco de Gijón. Acompañado para la ocasión de la buena gente de Baja California, la dupla nos prometía una noche más para el recuerdo. Lo suyo sería empezar por la buena entrada que registró la sala. A ojo de buen cubero uno nunca sabe la cifra con exactitud. Si el de Battle Beast fue la mayor venta de tickets de todas cuantas he presenciado allí, la del pasado sábado fue sin duda una de las que más se le acercó. Al menos en lo que a una banda de heavy metal se refiere.

Enésimo encuentro de esta casa con la buena gente de Baja California. Los asturianos, siempre en línea ascendente, y a quienes habíamos visto hace escasas fechas como teloneros de unos tales Europe, acudían a la cita con el Soldier Dani Villamil ocupando el puesto del habitual Javi Monge. Suena esa intro, que tanto me recuerda a The Night Flight Orchestra, mientras la base rítmica de Javi Hernández “Cete” al bajo y Gus Velasco tras baterías acude a tomar posiciones sobre el escenario. Una vez ya con la banda al completo, arremeten con su habitual “Caída Libre”. Un arranque de incendiado hard rock que acostumbra a funcionar para los asturianos. Manu Roz no dejó de animar a la gente, tampoco de jugar con su adornado pie de micro. Y Villamil se mostró bastante hábil en sustitución de Monge. Unos Baja California de circunstancias se podría decir. Nada más lejos. Incluso me atrevería a decir que el sábado se pudo oír una versión algo más contundente del quinteto.

Puede ser algo que salte al oído en una “Tiempo Suicida” que pocas veces habrá sonado tan redonda. Porque la banda sigue creciendo y se nota. Roz se la había dedicado a “todas esas pasiones que no llegaron a ninguna parte”. El frontman de los California se mostró tan activo como de costumbre. Y aunque en algún momento hubo dificultades (al menos en primeras filas) para oírle como merece, por lo general pocas dudas caben sobre su desempeño. El propio vocalista sería quien agradecería a los medios por el apoyo desinteresado que reciben. Había llegado el momento, como dijo Roz de “brindar por el rock and roll”. Aunque si hay un tema que recibe grandes dosis de calor por parte de la gente ese es “Indomable”. La banda supo responder con clase pero sin perder un ápice de contundencia. El habitual Aarón Galindo introduciría en solitario “Reina De Hielo”, otra de esas que parece inamovible en sus setlists. Aún cuando Cete tuvo algún que otro percance con su (ya icónico) bajo, buena versión de la banda la que estábamos viendo.

No iba a ser un set exento de sorpresas. Y es que la banda no iba a perder la oportunidad de subir al escenario al bueno de Javi Monge y, toda vez mutada en sexteto, entregar “Polvos Mágicos” a una entregada Acapulco. En “El Mejor Error”, Roz bajaría a saludar a su progenitor a las primeras filas. Muy emocionado el espigado vocalista aquí y no era para menos. Para el cierre quedaban un par: “Dueños De La Noche”, con petición de aplauso para Monge antes del solo, y esa versión más potente de la banda que siempre ejemplifica “Electricidad”. Su techo no sabemos dónde está, pero siguen dando pasos en la dirección correcta.

Son alrededor de las once cuando arranca a sonar la intro de “Jugulator”, la canción que daba nombre al primer álbum de Tim “Ripper” Owens en la disciplina de Judas Priest. Una de las líneas de voz más exigentes de la carrera del norteamericano y que supone, de inicio, toda una declaración de intenciones por su parte. Cincuenta y ocho años le contemplan, era su noveno show en diez días, pero ello no quitó para que ya desde el inicio mostrase cuánta voz queda aún en su garganta.

Junto al de Akron (Ohio, Estados Unidos) están los andaluces Pulsa Denura, mostrando un nivel mucho más que digno junto al ex Iced Earth. El set siguió con la versión de la que ya fuera una versión (de Fleetwood Mac), no otra que “The Green Manalishi”, con un Owens cogiendo algo de aire tras el violento arranque y Acapulco coreando a gusto. El frontman, que había irrumpido con su inseparable gorra y oculto bajo las gafas de sol, abandonó estas para preguntarnos primero si nos gustaba el heavy metal, y después si sabíamos cuál era su nombre. Era el turno, claro, de “The Ripper”. Llama la atención cómo, dos décadas más tarde, sigue presentando los temas a la manera en que lo hacía a su paso por Judas Priest. Las mismas coletillas, las mismas preguntas, incluso las mismas poses. Como esa con los brazos extendidos con la que da la bienvenida a, claro, “Burn In Hell”, con otro gran desempeño vocal y unos Pulsa Denura en su encarnación más cruda y rotunda. Una sucesión de riffs capaces de detener la rotación de la tierra tanto en este corte en particular como en aquél disco en general. Tan odiado por unos, tan amado por otros entre los que me incluyo. Solazo de José Pineda aquí, quien hacía las veces del legendario Glenn Tipton sobre las tablas de Acapulco.

Owens tendría entonces un par de detalles. El primero para con los chicos de Baja California y el segundo, para la recientemente desaparecida leyenda Ozzy Osbourne. Había llegado el turno de rememorar a Black Sabbath con “Children Of The Grave”. Gracias a “Hellfire Thunderbolt” el set vira momentáneamente hacia KK’S Priest, el proyecto que vuelve a juntar al americano con el que fuera su compañero en Judas Priest, el no menos legendario K.K. Downing. Con la banda sonando realmente potente aquí y un duelo solista entre José Pineda y Miguel Salvatierra de lo mejorcito de la noche. Ripper introdujo entonces (calcando el modo en que lo hiciera en “98 Live Meltdown”) una de mis grandes favoritas del vastísimo repertorio Priest: “Beyond The Realms Of Death”, del magnífico “Stained Class” de 1978. Algunos ni habíamos nacido. Estupenda interpretación de Owens aquí, gran ejecución de la banda y solazo final de Salvatierra para uno de los momento álgidos de la jornada. Lo siento así.

El set volvería entonces al primero de los discos que Ripper grabó con la banda británica para extraer de él el thrash contundente y conciso de “Blood Stained”. Otra gran amalgama de riffs y un Owens como pez en el agua a través del que puede ser el corte más pesado de todo el show (y que gocé lo más grande, para qué mentir). Llegó entonces el momento de volver la vista atrás, concretamente a su paso por los ahora caídos en desgracia Iced Earth, y recuperar “When the Eagle Cries” de aquél “The Glorious Burden” de 2004, con el vocalista llevándose la mano a su hebilla del cinturón con la bandera de su país y la guitarra de Salvatierra muriendo justo en mitad del solo. Peor timing, imposible. Sea como fuere, no niego me sorprende la gran acogida de “One More Shot At Glory”, el guiño de KK’S Priest al “Painkiller”, y que es lo más cerca que está el set de tan icónico álbum. Tremendo Owens al final con una serie de agudos realmente portentosa.

El ex Beyond Fear no quiso olvidarse de otra voz desaparecida recientemente, no otra que la de Paul Di’Anno, aprovechando para recuperar “Wratchild” de Iron Maiden y abrochar así a las tres grandes del heavy metal británico (Sabbath, Priest, Maiden). “You guys are loud”, reconocería un sonriente Owens. Luego volvería entonces a su segundo y último álbum con Priest, “Demolition”, aprovechando para reconocer que se trata de su favorito junto a la banda. Tampoco es que hubiera mucho donde elegir. Pero lo que llama la atención es lo mucho que gana una canción como esta con una afinación en condiciones, y no con la que aquél disco y no digamos ya el subsiguiente álbum en directo “Live In London” salieron al mercado. Aquí se produjo un pequeño solo de batería, con un buen juego con la gente, y donde más de uno se relamió pensando en la legendaria “Painkiller”. No fue el caso, pero raro si la no menos legendaria “Electric Eye” enfurruñó a alguien. Owens, pese al cansancio acumulado del encadenado de fechas previas, aguantó el tipo más consciente que nunca de sus fortalezas pero también de sus debilidades.

“Living After Midnight” pondría la fiesta, con una Acapulco rendida a la banda, y “One On One” supuso un cierre que muchos, seguramente, no se esperaban. Con eso y con todo, la ovación final que la sala dispensa a la formación, los vítores incluso, hicieron pensar en que tal vez cupiera una bola extra. No fue el caso, pero creemos que Owens aprobó con nota en este su segundo paso por la región. Se ha rodeado de buenos músicos y construido un set que abarca no solo su tiempo en Judas Priest sino pequeñas píldoras de algunas de las bandas más grandes de esto. Así cualquiera.

Otra buena jornada en Acapulco. Una buena entrada, dos buenos sets, unas cuantas anécdotas más en el zurrón y el deseo de que no haya que esperar otros once años para tener al destripador en nuestros escenarios. Agradecer una vez más al personal de Acapulco por el trato y las facilidades, mandar un saludo a los muchos habituales con quienes nos cruzamos y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Hellfest (19-22/6/2025)

Una vez más el pequeño pueblo vinícola de Clisson, en el oeste de Francia, volvió a transformarse en el epicentro mundial del metal con la celebración de la 18ª edición del Hellfest Open Air. Del 19 al 22 de junio, lo que comenzó en 2006 como una continuación del Fury Fest y que se ha consolidado como uno de los festivales más importantes del circuito global volvió a dejar patente su poder de convocatoria al colgar de nuevo el cartel de “entradas agotadas” meses antes de su inicio.

Más de 180.000 asistentes acudieron a una cita donde la diversidad del público fue mas que notable. Desde veteranos del metal hasta nuevas generaciones que acudían por primera vez, atraídos por un cartel que conjugaba leyendas consagradas con propuestas emergentes. Temperaturas que superaron los 30 grados, convirtiendo el recinto en un auténtico infierno metálico. Las fuentes de agua se convirtieron en puntos neurálgicos, con largas colas de metalheads buscando un alivio que la organización supo aportar gracias a medidas adicionales de hidratación y zonas de sombra, demostrando un verdadero compromiso con su público.

En lo estrictamente musical el cartel de esta entrega apostaba por una mezcla explosiva de estilos y generaciones en sus seis escenarios y más de 180 bandas. Una oferta musical tan vasta como intensa en la que destacaron el retorno a los escenarios de Linkin Park con una actuación cargada de emoción y nostalgia. Su repertorio no dejó atrás clásicos como «In The End» y «Numb«, rescatando temas más recientes que marcaron su evolución sonora.

Judas Priest, en plena gira de despedida, ofreció un show épico que repasó sus cinco décadas de trayectoria con un Rob Halford, de imponente presencia, que demostró que aun es verdadero “metal god”. Muse, apuesta arriesgada que resultó ser todo un acierto, sorprendió con una puesta en escena futurista y un sonido impecable, fusionando rock alternativo con elementos electrónicos. En su su primera participación en Hellfest ofrecieron un set cargado de clásicos como «Plug In Baby«, «Supermassive Black Hole« o «Knights Of Cydonia«. Por su parte bandas como Scorpions, Pentagram, Cypress Hill y Korn reafirmaron su legado con unas actuaciones más que solventes.

Como comentamos anteriormente Hellfest no vive solo de grandes nombres. Alcest, Knocked Loose, Chat Pile o Gutalax ofrecieron actuaciones memorables en los escenarios secundarios, demostrando que el festival también apuesta por la vanguardia y la diversidad sonora. Una de las novedades más celebradas fue la programación del Mainstage 2 del viernes, dedicado exclusivamente a bandas lideradas por mujeres o compuestas íntegramente por ellas. Más de 40 grupos femeninos participaron en esta edición, reivindicando su espacio en un género históricamente dominado por hombres a través de las actuaciones destacadas como las de Jinjer, Brutus, Venus Syndrome que fueron recibidas con entusiasmo y grandes ovaciones. Por ejemplo, la banda canadiense Spiritbox, liderada por Courtney LaPlante, presentó su nuevo trabajo «Tsunami Sea«, que fue recibido como una revelación. Su mezcla de metalcore atmosférico y voces etéreas les posiciona como una de las bandas del futuro. Su actuación fue uno de los momentos más intensos del festival.

Hellfest 2025 no solo mantuvo el nivel de ediciones precedentes, sino que lo expandió hacia nuevas fronteras. A través de la diversidad sonora, que abarcó desde el black metal más crudo hasta el death-pop industrial, pasando por el garage disco y el metal sinfónico, esta edición rompió barreras estilísticas. Una entrega que abordó la inclusión real con una programación femenina que no fue simbólica, sino protagonista, con un escenario completo dedicado a ellas. Ofreció momentos inesperados como el dueto entre VOWWS y Gary Numan o la presencia de Cypress Hill en un festival de metal además de conmemorar el legado de bandas como Judas Priest y Scorpions a través de actuaciones cargadas de historia. Una celebración del pasado, el abrazo al presente y la proyección de lo que será el futuro del metal. Si el infierno tiene banda sonora, sin duda sonó en Clisson este pasado mes de junio.

Texto y Fotos: Jaime García Pérez

Crónica: Salduie (Gijón 27/9/2025)

Teníamos relativamente recientes a los chicos de Salduie, aquella soleada tarde del mes de junio en el zamorano Z! Live Rock Fest (crónica), pero su venida en solitario a Gijón y la promesa de un set completo de parte de los maños, bien merecían la pena. La gijonesa sala Acapulco iba a ser la encargada de acogerles en la jornada del sábado, con Heavy Metal Brigade al quite de sus evoluciones.

Dos telones a ambos lados del escenario nos dan la bienvenida. Un mar de leds toman la parte trasera del mismo junto con un par de podios. Delante, una llamativa osamenta adorna el pie (en este caso) de gaita de David Serrano. Todo dispuesto pero la nutrida formación folk se hizo de rogar. Y es que no es hasta apenas pasadas las diez que atruena la intro y emergen desde el backstage, afrontando “Dvatir”, corte que da nombre a su más reciente Ep (reseña). Lo que me llama la atención desde este comienzo es el buen sonido que despliegan. Algo nada fácil, intuye uno, dados los diversos elementos que nutren sus composiciones: gaitas, flautas, guitarra, base rítmica y las voces de Nehemías Sebastián (limpio) y Diego Bernia (rasgado). Otro hecho que vino a marcar la descarga serían los pocos descansos que se permitieron. Apenas unas pequeñas proclamas precedían a cada corte, que sí teníamos “sed de sangre romana” preguntó Sebastián, y ellos se fueron raudos a ofrecer su cara más potente con “Tvrma Sallvitana”, retrotrayendo a aquél “Belos” de 2016.

Ya habían pasado por Asturias anteriormente, aquél Karma Fest de 2023 (crónica), pero era esta la primera vez que pisaban Gijón, como bien se encargó Sebastián de recordarnos. Les iba a llegar el turno entonces para demostrar su lado más versátil en “Caraunios”, del álbum “Ambaxtos” de 2021 (reseña). Sebastián con la flauta, Víctor Felipe con el bouzouki irlandés, David Serrano con las gaitas y esa particular conjunción que nace del choque entre los registros del propio Sebastián y Diego Bernia. Quizá uno esperase una mejor entrada. Cierto no obstante que la propia fisionomía de la sala engaña a veces. En cualquier caso los chicos no se amilanaron, dando lo mejor de sí y sonando de manera más que aceptable pese a lo complicado, por diverso, de la propuesta.

La Profecía De Clunia” nos devolvía entonces a “Dvatir”. Con Sebastián echando mano de la gaita primero y cantando en tonos altísimos después. El frontman de la voz limpia de Salduie no cejó de animar ni moverse de un lado del escenario a lo largo de todo el set. Aguantando el envite con una suficiencia que habla muy bien del estado de forma con el que se presentó en Gijón. Un corte que, en esta traslación al directo, amplificó en gran medida la cara más épica del sexteto. Así las cosas, como todo buen concierto de folk metal que se precie, no iba a faltar la alusión a las bebidas espirituosas (que diría un clásico) que iba a proponer Bernia. “A Brindar” pues, aunque fuese de manera simbólica en el mayor de los casos. Se podría decir que eran los Salduie más desenfadados, también los que buscaron un mayor contacto con la gente.

Acapulco se iría animando, bien con gritos, bien con bailes, mientras se sucedían los temas. En cualquier caso, y contra lo que pueda pensarse de una banda como esta, lo cierto es que su sonido fue bastante orgánico. En “Carus De Sekaiza” dividieron al público en dos facciones, consiguiendo con ello un wall of death al modo Salduie. Tras la pequeña batalla, iba a llegar una cierta calma al set. Felipe cambiaría su preciosa guitarra blanquinegra por el bouzouki y entre “Caelia” y “Ambaxtos”, iluminada esta última por los flashes de nuestros móviles, aprovecharían para ganar un cierto y merecido respiro. La labor de Sergio Serrano (batería) y Daniel Galbán (bajo) puede pasar algo desapercibida. Lo cierto es que suyo fue el pegamento que unió al set en todo momento, seguros y, sobre todo, versátiles. Tras el pequeño impasse regresó la electricidad en una “El Canto De Las Madres” donde Sebastián dejó una de las mejores líneas de voz de la noche.

Diego Bernia, que se había ido a camerinos antes de que sus compañeros arremetieran con “Imbolc”, emergió después con un llamativo atuendo, máscara inclusive, poniendo la nota de color a estas alturas del set. Aún cuando lo suyo es folk metal directo y vibrante, a ratos sorprenden los breakdowns que introducen. Y aunque no sean Lorna Shore (ni falta que hace), el de “Netón” pudo ser fácilmente el más agrio y marcado de la jornada. Pero si hay un corte que quizá destaque de todo el set, ese es “El Agua Del Tejo”. Puede ser una apreciación puramente subjetiva, pero en su versión en vivo sentí que, con él, Salduie han encontrado uno de esos temas destinados a permanecer en sus setlists durante años. Tremenda respuesta de la gente aquí. No faltan una pequeña performance, Sebastián dándole de beber a Bernia, ni siquiera el cuerno de David Serrano. Fácilmente mi momento favorito de la noche.

Para el cierre quedaban tres que nunca fallan: “Descarnatio”, con Felipe llamando al moshpit y Galbán bajando a perderse entre la gente. Sebastián no se quiso olvidar de los habituales agradecimientos y la banda enfrentó otro de sus grandes himnos, “Numancia”, pura idiosincrasia Salduie, para después cerrar con la siempre festiva “Hidromiel”, con Acapulco a sus pies (literalmente hablando) y Bernia dándose su particular baño de masas. Vinieron y convencieron.

Y es que a todos nos gustan los festivales pero la temporada de salas sirve para ver de verdad el estado de forma de una banda. Y Salduie se fueron de Gijón con nota. Un gran sonido, aún en las siempre problemáticas primeras filas, unos cuantos buenos temas, mucha conexión con la gente y hora y media (minuto arriba, minuto abajo) en la que dieron su mejor versión. Ahora mismo, lo sentimos así, una banda que parece llamada a hacer grandes cosas.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: El Plan (ART Street – Avilés 12/9/2025)

Nueva actuación tras su paso en agosto por el festival avilesino “La Mar De Ruido” de los locales El Plan. En esta ocasión lo hacían dentro de los actos organizados por la Asociación Art Street, que trata de acercar la música en directo a los vecinos de Avilés. El evento no podía tener mejor ubicación, a las puertas del Teatro Palacio Valdés, en una calle repleta de terrazas donde disfrutar del espectáculo tomando una cerveza bien fría.

La cita ya contaba con buena afluencia de público desde muchos minutos antes de las 20:30, hora marcada como inicio, lo que auguraba una buena acogida de los avilesinos, aunque las circunstancias hicieron que no lo tuvieran nada fácil.

Ya antes de empezar sufrieron un retraso debido a un evento que estaba teniendo lugar en el interior del Teatro Palacio Valdés, el cual no permitió a los músicos probar sonido hasta su finalización. La profesionalidad de Juan Carayol (Marvel, Omenomejodas) en guitarra y voces y Toño García al bajo y voces, con Charly (Madera Rock) tras los parches, quedó demostrada ya en estos primeros contratiempos que, teniendo que decidir entre no probar o recortar el show, optaron por la primera opción, intentando complacer lo máximo posible al nutrido público que allí nos congregábamos.

Aun así, serían las 20:50 horas cuando arrancaron con su actuación, y lo harían con su grito de guerra, la casi instrumental “Hey”, buen tema para caldear el ambiente y que a buen seguro han convertido ya en su clásica apertura. El sonido, como era de temer, no era del todo fino en esos primeros compases, con un bajo que predominaba sobre el resto de instrumentos, algo que fue solventado para su siguiente tema, no otro que “Mentirosa Compulsiva”, con el eficaz Chiri Peláez (Madera Rock) a cargo de la mezcla.

Para “Lo Importante” el sonido era todo lo bueno que se podía esperar, y la simpatía de Juan nos metió de lleno en la actuación. Siguieron con “Amy Jade”, cantada por Toño (y con un aire que por momentos me recordaba a Barón Rojo, una novedad para el que escribe), de precioso y pegadizo riff. Me llamó la atención lo prolíficos que son en la labor compositiva, pues ya cuentan con un abundante número de temas en su repertorio y siempre me sorprenden, como en esta ocasión, con nuevo material.

Continúan con “Inalcanzable”, donde Juan acaba mezclándose entre el público durante el brillante solo. A diferencia de otras ocasiones, el grupo se centró en ir descargando temas sin pausa ni presentación, a buen seguro que el retraso inicial tuvo parte de culpa, así que, sin apenas descanso continuaron con “No Es Normal”, que versa sobre la gente que disfruta sin importarle demasiado lo que piensen los demás. Gran lección que todos deberíamos aplicar.

La siguiente sería la rocanrolera “Si No Te Puedo Tener”, que enlazarían con una de mis favoritas, no otra que “Un Buen Plan”, tema que da título a su primer disco, no editado en formato físico, pero ya disponible en plataformas digitales como ellos mismos se encargaron de recordar y desde aquí os invito a escuchar.

Para su particular oda a la cerveza, “Doble Rubia”, el ambiente era inmejorable y nadie podía parar de moverse con ese riff que recuerda a AC/DC. La combinación de las voces de Juan y Toño con los aportes de Charly en los coros son una apuesta ganadora. Vi a Toño más activo que en anteriores ocasiones, se nota que va ganando confianza sobre las tablas y el conjunto sale beneficiado de ello. Incluso fue el encargado de agradecer la labor de Art Street por su apoyo a la difusión de la música en vivo e indicarnos que podíamos contribuir con nuestra aportación en la caja dispuesta a tal efecto.

Para presentar la siguiente Juan sí que se tomó algo de tiempo, asegurando que la tocarían siempre que actuaran en la villa, para deleitarnos con la más que animada “Hoy Es Fiesta En Avilés”, con nueva visita de Juan al abundante público. A destacar la labor de Charly, infalible durante todo el concierto.

Continuaron con “La Primera Vez”, única balada de la banda hasta la fecha, dedicada a todas las parejas presentes y, cómo no, a la cerveza. El sonido comenzó de nuevo a hacer de las suyas con un molesto ruido antes de presentar “Todos Los Gatos Son Negros”, y por si eso no fuera suficiente, como dice el tema, la mala suerte se cebó con la banda, manifestándose en forma de transeúnte conflictivo que comenzó a increpar a parte del público, lo que derivó en empujones, caídas, vasos rotos y comentarios sobre lo oportuno de recurrir a la presencia policial, obligando a los buenos de El Plan, bastante desconcertados, a detener la actuación durante unos minutos. Decidieron continuar retomando el tema con la tensión reflejada en sus rostros.

Toño se hace con el micro para presentarnos un tema, nada menos que en alemán (dejando patente la versatilidad del conjunto), la rockera “Noch Ein Bier”, nuevamente de temática cervecera. Aún algo descompuestos por la trifulca presentan “Inquieto”, que pese a las circunstancias recondujo la actuación a las lindes del buen rock.

En ese punto y tras los retrasos acumulados, comentaron que solo podrían tocar un tema más y, ante la insistencia de los presentes, decidieron arrancarse con su más que conocida (a tenor de los gritos del respetable) “Un Buen Cachopín”, muy coreada. Tras pedir permiso a los organizadores y ante la solicitud de la audiencia de “otres tres”, pusieron fin a su actuación, ya más calmados, con el grito de guerra “Yo Lo Que Quiero Es”, animando a los presentes a cantar su estribillo, lo que hicimos sin dudar.

Un placer disfrutar de nuevo de El Plan, estupenda banda que va ganando adeptos tras cada actuación. Una pena que los contratiempos que se presentaron les obligaran a dejar fuera una buena parte del set list, en particular su revisita a un antiguo tema de los míticos Marvel. Dejaron claro que son un grupo que se crece ante las dificultades, ofreciendo un gran concierto y consiguiendo el respaldo de los presentes.

Muchas gracias al grupo y a la organización por las facilidades, espero tener ocasión más pronto que tarde de volver a verlos sobre un escenario. Hasta entonces, salud y rock n’ roll.

Texto y Fotos: Miguel Rubio

Crónica: Europe + Baja California + Be For You (Oviedo 13/9/2025)

Europe venían a la ciudad y en Heavy Metal Brigade no íbamos a desaprovechar la oportunidad de traeros todo cuanto la velada diera de sí. Acompañados de los leoneses Be For You y los asturianos Baja California, los mentideros hablan de una cifra de tickets vendidos superior a los cinco mil. Una venta nada desdeñable habida cuenta del complicado mes en que nos encontramos o que ellos tuviera cita gratuita, la jornada siguiente, en tierras salmantinas, lo que a buen seguro restó un buen puñado de fieles seguidores del combo nórdico.

Son casi las ocho cuando Be For You hacen suyo el escenario de La Ería. Dos grandes pantallas electrónicas en los laterales más el pantallón del fondo ayudan al quinteto, que ya desde la inicial “Nothing Last Forever” ofrece visos de su gran clase. Pese a proceder de la comunidad vecina, no es una banda que se prodigue en gran medida (nosotros les vimos en aquél primer Lion Rock Fest de tan grato recuerdo) por aquí y la sensación que fue quedando es la de que venían con todo para conquistar la complicada plaza asturiana. Ángel Díez se desvivía al micro por implicar a la gente. “This Distance Between Us” deja, de hecho, elegantes líneas de teclado, ejecutadas siempre por el también guitarrista Alfredo Arold. “Light” deja quizá su lado más crudo, siempre dentro de las férreas fronteras del hard melódico, mientras que el final “The Things I Never Told You” funciona como perfecto broche. No fue mucho el rato del que dispusieron, gajes de este tipo de citas, pero a buen seguro, quien más quien menos, se quedó con su copla.

Los locales Baja California no lo iban a tener tan fácil. Percances de última hora recortarían inevitablemente el set, de tal modo que para cuando irrumpen sobre el escenario, uno percibe un cierto nerviosismo en las filas de los asturianos. Así las cosas, que su arranque fuera con algo llamado “El Mejor Error” no deja de arrastrar consigo un cierto grado de ironía auto impuesta. Desatados tras dejar atrás los nervios del arranque, de seguro vemos a una banda mucho más a su gusto en “Reina De Hielo”, con Manu Roz alentando a su banda y también a los muchos fans que se acercaron a verles.

Para los más despistados, el electrónico de fondo acompañaba con versos sueltos de alguno de los temas. Y por ahí uno percibe que “Polvos Mágicos” y dada la reacción de la gente para con la canción, puede pasar por ser una de sus composiciones más redondas. Dada la ubicación del evento, Roz quiso tener un gesto con el equipo de la ciudad, calzándose la azul zamarra del Real Oviedo. Fue ahí, en “Dueños De La Noche”, que Javi dejó uno de los mejores solos del set, jaleado por la audiencia a petición del propio vocalista. Hubo tiempo de bajar a la valla y buscar con la mirada a sus no pocos correligionarios. Y de cerrar finalmente con la siempre enérgica “Electricidad”. Atendiendo al propio setlist de la descarga, los percances que comenté al comienzo se llevaron por delante buenos temas como “Mil Mañanas” o “Años Atrás”, restando amplitud y versatilidad al set, pero como diría aquél, bien está lo que bien acaba.

Cuánta iba a ser la nostalgia que emanaría de Europe a su paso por Oviedo. La banda, muerta de éxito en 1992 y revivida, John Norum mediante, once largos años después, demostró ante todo estar atravesando un momento más que dulce. Lo cierto es que seguía el goteo de gente a escasos instantes de que la intro nos pusiera sobre aviso. Antes habíamos coreado el “Rock You Like A Hurricane” de Scorpions que sonó por PA como si el propio Klaus Meine se encontrase en el recinto.

El potente arranque con “On Broken Wings” ya deja entrever que el sonido durante el set va a ser el de las grandes citas. Y que Joey Tempest parece haber hecho un pacto con alguna oscura entidad maligna. Muy activo ya desde las primeras estrofas pero, sobre todo, dueño aún de registro tan limpio y firme como elegante y potente. Un frontman en toda la extensión del término. El que brilla en la más tranquila (y muy coreada ya) “Rock The Night” es su fiel escudero John Norum. El de Vardø confeccionó una gran selección de riffs y solos amén de mostrarse aparentemente afable y no dejar de regalar púas a las primeras filas casi en todo momento.

Sea como fuere, siento que uno de sus puntos fuertes como banda, es el modo en que ni mucho menos se ciñen en exclusiva a la nostalgia a la hora de trazar los setlists. Ahí destaca esa pronta “Walk The Earth”, con el electrónico de fondo a juego, y que no hizo sino amplificar el discurso de su habitual hard rock. Creemos que es algo que les honra. Con eso y con todo, cuando la banda pone en el punto de mira a sus fans más acérrimos, y recupera la siempre potente “Scream Of Anger”, uno no puede por más que pensar cómo es que Europe parecen estar en mejor estado de forma que nunca. Pertrechado tras el kit de batería, el zurdo Ian Haugland pondría toda la carne en el asador.

Ellos optaron entonces por la que puede ser una de mis favoritas de todo el set, “Sign Of The Times”, del fenomenal “Out Of This World” de 1988, introducida por las teclas de Mic Michaeli, estrella en la sombra de la agrupación nórdica y auténtico pegamento de su particular sonido. Con especial acento, claro, en los cortes de su primera etapa. Elegancia, distinción y Oviedo rindiendo palmas en el tramo final. “¡Oviedo! , ¡Cachopo! , ¡Sidra!” bromeaba Tempest desde la parte frontal del escenario. Allí había dispuestos dos grandes podios, que tanto él como Norum no dudaron en usar a lo largo de la hora y media que nos brindaron. Por ahí, la relativamente reciente “Hold Your Head Up” puede que quedara algo deslucida. Y es una pena porque Norum dejaría un buen solo aquí, amén de unos coros más que dignos.

Pero claro, todo palidece cuando Michaeli introduce una del cajón de las ineludibles: no otra que “Carrie”, aquél inmortal baladón del “The Final Countdown” de 1986. La Ería se desgañitó al tiempo que inmortalizaba con sus teléfonos móviles tan indicado momento. La descarga iría entonces del amor, a la guerra. “War Of Kings” supuso un soplo de aire fresco, sirviendo además para que Haugland se desfogara en su tramo final. Tempest se iría entonces para volver de inmediato acústica en ristre. Ahí, bromas con el público mediante (me voy, me quedo…) y al alimón con miles de gargantas ofreció una “Open Your Heart” en su versión más tranquila y acomodada. Otro de los puntos álgidos.

En “More Than Meets The Eye” el veterano vocalista (62 años) demostró que aún le quedaba suficiente gasolina en el tanque. Del rush final, “Last Look At Eden” es la única de su segunda etapa que aguanta frente al gigantesco empuje de sus canciones más clásicas. Sea como fuere, lo cierto es que resultaron de lo más disfrutables fuera cual fuera el registro. Como cuando Tempest emerge con una blanquísima Les Paul para enfrentar “Ready Or Not” primero y enlazar, ya sin la seis cuerdas, con una “Superstitious” donde se permiten el lujo de introducir un guiño al “No Woman, No Cry” de Bob Marley, amén de las habituales presentaciones. Más clase que el que la inventó.

Para los bises, no por predecibles menos divertidos, quedaron “Cherokee”, con una pequeña intro de batería de Haugland, y su himno por antonomasia, “The Final Countdown”, con la banda dando saltos, mostrando una pasión inasequible al paso de los años, La Ería dejándose las cuerdas vocales y ese casi proverbial solo de John Norum, fácilmente uno de mis veinte, diez, incluso cinco solos favoritos de la historia de esto. Casi nada.

Como historia fue lo que los suecos escribieron a su paso por la capital. Difícil, muy difícil lo tiene el Ayuntamiento para, de hoy en un año, encontrar un nombre capaz de reunir a alrededor de cinco mil fieles en La Ería y que sea capaz de ofrecer un show de nivel semejante. Conduciendo de vuelta a casa, los nombres que se nos ocurrían se podían contar con los dedos… de una sola mano.

Huelga decir, porque es enfermedad ya, que la noche siguió para el esforzado equipo de Heavy Metal Brigade, pues aún tuvimos tiempo de acercarnos hasta la Plaza Feijoo para contemplar un buen rato a la buena gente de Zålomon Grass, trío de vintage rock y psicodelia por el que hay cierta predilección en esta casa. Pero esa, como suele decirse, es otra historia. Por ahora no queda más que agradecer a promotora y Ayuntamiento por las facilidades prestadas, mandar un saludo a la mucha buena gente con la que departimos a lo largo de la tarde / noche y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Wacken Open Air 2025

Orientado en esta ocasión a la fusión entre el metal y el cosmos la experiencia en la tierra prometida germana no está al alcance de cualquier bolsillo. Para un español entre 600 y 800 euros es el precio a pagar por disfrutarla. Eso si “rain or shane” como es habitual en Wacken, la moneda está en el aire cada año. Entrada, viaje en avión u organizado, manutención, alojamiento y transporte diario son varias de las costosas tasas por las que metalheads de todo el mundo hacen cábalas cada año para acudir a la esperada cita con el llamado festival más grande del mundo. Aún así, el cartel de todo vendido volvió a lucir una edición más.

Abrieron el festival Dogma, banda femenina de impactante imagen, uniformadas como monjas, poses provocativas y “corpse paint” al más puro estilo King Diamond. Si bien no disfrutaron del mejor sonido posible al inicio del show, con el transcurso de los temas la experiencia fue mejorando considerable sobre todo tras la interpretación de un medley de temas clásicos de Pantera, Iron Maiden y Slayer destacando en la selección “Crazy Train” y “Paranoid” en homenaje al añorado Ozzy Osbourne.

Mas de quince años después de su paso por el festival Metalway celebrado en Zaragoza regresaba Lita Ford a los escenarios europeos. Inmersa en la celebración de sus 50 años en la música recogió el aplauso de una audiencia que esperaba ansiosa su retorno. Parca en palabras, sonrisa en boca todo el concierto, apostó a caballo ganador. Himnos de su trayectoria en solitario, de su paso por The Runaways y como no podía ser de otra manera rendir pleitesía a Ozzy Osbourne a través de “Close My Eyer Forever”, el carismático dueto que grabaron juntos allá por 1988 y que fue recibido por el público en un mar de aplausos.

Entrada la noche llegaba el turno para Nestor. La actual referencia mundial dentro del hard rock melódico tuvo que lidiar con la peor climatología del día, que no fue obstáculo para que ofrecieran uno de las mejores actuaciones de la jornada. Plenos de elegancia sobre las tablas, actitud y energía, la parada alemana de su gira “In The Name Of Rock ‘n’ Roll” no hizo más que acrecentar dicho status a través de un gran sonido y un inesperado pero gran detalle del vocalista Tobias Gustavsson. Agradecer en alemán al público su apoyo y entrega al final del show. Se llevaron una gran ovación, no era para menos.

La jornada de jueves contaba con varias celebraciones imperdibles. Grave Digger ofrecían un show especial 45º aniversario y Michael Schenker nos recordaría su imborrable paso por los británicos U.F.O. Los metaleros ofrecieron en su onomástica un concierto cargado de historia, energía y colaboraciones memorables, personificadas en Uwe Lulis, ex-guitarrista de la banda y Jamiro Boltendahl, hijo del vocalista Chris Boltendahl. Conmutaron una puesta en escena más austera de lo que se podría esperar de una fiesta de estas características por una atmósfera de celebración y nostalgia para demostrar que el heavy metal clásico sigue vivo.

Apenas un par de horas antes de tomar posesión del Faster Stage Michael Schenker nos recibía en sala de prensa para presentar en sociedad su próximo disco de estudio. Bajo el título de “Don’t Sell Your Soul” y vinilo en mano, el genial guitarrista teutón se mostró cercano y sonriente mientras desvelaba que el inminente show contaría con varias sorpresas que no debíamos perder. “My Years With UFO” no defraudó a nadie. Colección de clásicos a través de la garganta de un superlativo Erik Grönwall, aparición de Slash en el escenario en “Mother Mary” para gozo y algarabía de la parroquia, dejando para la parte final del show la colaboración en “Let It Roll” de un Michael Voss (Casanova, MSG, Wolfpakk) productor del nuevo álbum y el estreno en primicia del primer adelanto del mismo. Un concierto histórico para reafirmar su legado y afrontar el futuro con fuerzas renovadas.

Llegados al ecuador del festival y tras comprobar que Axl Rose ha dejado muy atrás sus mejores tiempos, de nuevo tocaba degustar una fiesta de aniversario. Arrancaba el día grande de esta edición del festival con la celebración de los 50 años de trayectoria de los suizos Krokus. Confirmación de última hora tras la caída del cartel de Saxon, su desempeño sobre las tablas echó por tierra cualquier tipo de anhelo por los británicos. Con una formación casi original en el escenario, Marc Storace en voces, Fernando Von Arb, Mark Kohler y Mandy Meyer a las guitarras además de Chris Von Rohr al bajo, ofrecieron uno de los espectáculos más orgánicos de toda la programación del Wacken. Directos y sin artificios se llevaron la aprobación y respeto de un público que reconoció el legado de los helvéticos gracias a su autenticidad y potencia.

Victory abrazan los tiempos actuales gracias a la energía intacta de Herman Frank, su guitarrista fundador y la sólida interpretación de su actual vocalista Gianni Pontillo. Lejos de ser uno de los shows más multitudinarios del festival, un buen número de apasionados por el hard rock clásico se congregaron con entusiasmo para disfrutar de las evoluciones de la banda nacida en Hannover. La selección de temas nuevos y clásicos ofreció una atmósfera de nostalgia que afortunadamente evitó caer en lo predecible. Algo difícil de conseguir y que significaría a la postre uno de los puntos fuertes de su show.

La segunda celebración del día sería para los 40º años de la publicación de “Balls To The Walls” de Accept, a cargo de su vocalista original Udo Dirkschneider. Con una actuación que dejo huella en el “holy ground” alemán, Udo respondió así a devoción total de un público que disfrutaba de un momento histórico, la interpretación íntegra del icónico álbum. En un magnífico estado vocal, el carismático voceras volvió a contar con su gran amiga Doro Pech sobre el escenario para interpretar la balada “Winterdreams”. Un show que se convirtió en un viaje auténtico a la era dorada del heavy metal.

Llegaba el turno para el que sorpresivamente sería la verdadera estrella del cartel de esta edición. Con un “infield” a rebosar Papa Roach se presentaron en Wacken para dejar patente y sin discusión alguna que poseían el mayor poder de convocatoria del evento. El que era su primer show como cabezas de cartel en un festival europeo congregó a más de 80.000 asistentes, desterrando cualquier duda sobre su posición en el line up. Su vocalista Jacoby Shaddix reflejaba la emoción del momento en su cara mientras agradecía la energía que llegaba desde el público. Una conexión intensa que se amplificaría con el recuerdo dedicado a Chester Bennington y Ozzy Osbourne a través de la sentida interpretación de las canciones “In The End” de Linkin Park y “Changes” del malogrado príncipe de la tinieblas. Con una producción de alto nivel, pirotecnia, fuegos, luces y sonido impecables, ofrecieron una experiencia catártica para reafirmar su posición de privilegio en la élite del metal moderno.

Dimmu Borgir no pisaba un escenarios en Wacken desde el año 2012 y no escatimaron esfuerzos por dejar su impronta en esta edición a través de un experiencia envolvente, oscura y majestuosa. Shagrath y los suyos ofrecieron un ritual sonoro de atmósfera hipnótica y solemne. Humo, luces ténebres y proyecciones simbólicas dieron lustre a un show que combinó teatralidad, brutalidad y elegancia sinfónica. No necesitaron interacción con el público, gracias a la intensidad desplegada sobre el escenario lograron mantener a la audiencia en trance durante todo el repertorio. La interpretación de “Cataclysm Children” tras más de una década fuera del setlist sería uno de los punto álgidos de una sinfonía infernal que reafirma a la banda como uno de los titanes del black metal sinfónico.

Afrontamos la última jornada con la formación austriaca Vulvarine, que a finales de octubre se pasarán por la Factoría Cultural avilesina y la incertidumbre de comprobar que Blackie Lawless se enfrentaría al exigente público alemán. Para sorpresa de casi todos ganó la mejor versión. La de un renovado frontman, activo, dueño del escenario y muy comunicativo. Con bastantes kilos menos y una voz cercana a su mejor época, su primera bala iría directa al corazón de la audiencia. Y es que arrancar su tiempo con “I Wanna Be Somedody” dejó patente que su tercera actuación en Wacken sería para recordar. Un repertorio repleto de clásicos que nos ofreció un viaje emocional a los años dorados de la banda.

Otra de las bandas que demostró su actual posición de privilegio dentro de la escena musical serían Gojira. El gigantesco impulso recibido tras su paso por la ceremonia de apertura de los pasados Juegos Olímpicos celebrados en París los ha llevado a encabezar carteles tan representativos con el del festival alemán. Su actuación refrendó una imparable evolución musical, nacida del groove metal técnico hasta los pasajes atmosféricos y melódicos que ofrecen actualmente. Ofrecieron uno de los shows más electrizantes del festival, apoyados por una puesta en escena que aportó pasajes visuales psicodélicos y proyecciones ambientales que envolvieron en una dimensión casi cinematográfica su concierto. Su impecable técnica sumado a sus habituales mensajes de conciencia ecológica, introspección y resistencia conectaron muy pronto con un público entregado al buen hacer de los franceses.

Desgraciadamente King Diamond sería el mayor damnificado por las condiciones climatológicas de esta edición. Y es que el bueno de Kim Bendix Petersen convocaría una audiencia que bien cabría en cualquier sala de conciertos de tipo medio. Eso no fue óbice para que ofreciera una puesta en escena a la altura de su legado, música, narrativa y teatralidad por momentos escalofriante. Armado con una voz que resiste impoluta el paso del tiempo convirtió su paso por un escenario inspirado en las mansiones victorianas tan presentes en su discografía, en una obra de teatro macabra. Hasta la lluvia ayudó a amplificar la experiencia, dando un aura casi ritual a su paso por Wacken.

Esta edición ya es historia, retorno al hogar a casa y vuelta a disfrutar de las comodidades que ofrece el día a día pero en el fondo ya sentimos emoción por lo que ofrece el próximo año. ¡Allí nos vemos, llueva o truene!

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: StoneFest (Oviedo 6/8/2025)

Segunda jornada del StoneFest, que bajo los mismos rigores climáticos, iba a juntar a las bandas Repugnance, Ikarass, Asagraum, Totengott y Firtan. Vuelta pues a la sala de Kuivi Almacenes prestos a dar cumplida cuenta de tan suculento menú, más focalizado en el metal extremo, diverso y arriesgado, pero que congregó a un buen número de fans en las entrañas del remozado recinto ovetense.

Los legendarios death grinders mierenses Repugnance serían los encargados de calentar el ambiente. Clásicos donde los haya, su primer referencia de la que tengo conocimiento (la demo “Perpetual Penitence”) data nada menos que de 1991. Se dice bien y pronto. Ellos pusieron al frente su pasado más recóndito con una presencia y un buen hacer a la altura de su leyenda.

Pablo Deodato comanda desde baterías y Miguel Distorsión enfrenta los temas con la pasión de un colegial. En un minucioso repaso a su trayectoria, cupieron riffs de un corte más rockero. Puro rot n’ roll mierense para empezar el sábado con el mejor pie, con los propios Wizard Master, que habían tocado el día antes, sin perder ripio desde su puesto de merch. Se conjugaron voces, se tramaron algunos bailes. Y no faltó la de “vamos a tocar una lenta” para después proceder con su cara más distorsionada y violenta. Así sí.

Los durangueses Ikarass serían a la larga los grandes tapados del día. Con solo un disco en su haber, aquél “Relapse Into Desolation” de 2020, trajeron su post-metal a la Amenra para deleite de propios y extraños. Sucede a veces que uno acude al directo dispuesto a dejarse sorprender y la banda cumple con creces esas expectativas. Ya ese arranque atmosférico en crescendo ofrece visos de su clase. Enfrascados siempre en la búsqueda de atmósferas cargadas de post-metal tenso y desgarrado.

De su música emanó una tristeza que, golpe a golpe, les acercaba al doom más atmosférico. No fue poca la gente que se arrimó a verles. Ellos siguieron vagando por territorios inhóspitos, enfrentando pasajes limpios, casi cristalinos, a una aspereza que rayaba en la desesperanza. Ahí tiene gran parte de culpa el particular registro de Imanol M. Aginako al micro. Siempre a puro desgarro, frontman que se dejó la piel y la garganta sobre el escenario del StoneFest. Su música se apoyó en buena medida sobre lo emocional. Por ahí entiendo que a algún profano se les hicieran cuesta arriba. Yo no puedo más que reconocer que disfruté de su descenso hacia los abismos del alma.

Ayudó en buena medida el buen sonido del que gozaron. Una constante durante todo el fin de semana y debe ser puesta en valor. Las luces, o a ratos la ausencia de estas, amplificaba todo cuanto su descarga tuvo de sensorial. Me consta que más de uno y de dos se quedaron con su nombre y bien ganado se lo tienen.

El cartel iba a dar entonces un giro dramático con la venida de las neerlandesas Asagraum. Su black metal al modo clásico incendió la sala de Almacenes Kuivi. Al cuarteto se le puede acusar de cierto hieratismo, roto por la propia Obscura, alma mater de la formación, cuando presentaba los temas con sus cuernos apuntando al cielo.

Corpse paint mediante, su puesta en escena no pudo ser más clásica y elemental. El comienzo de set, feroz y descarnado, me llevó a pensar en bandas como Endstille, primeros 1349, Gorgoroth… Ellas enfrentaron su black metal con total convicción, con A. Morthaemer dejándose la piel tras el kit de batería, ya fuera con blast beats incesantes o un firme uso del doble pedal. Enorme labor la suya.

A ratos resultaba llamativo su black metal a plena luz de los focos. O cómo el calor imperante en la sala peleaba contra el frío que emanaba del escenario. Riff tras riff fueron componiendo un set que, a ratos, pudo pecar de cierta linealidad. Fue ahí donde Obscura conjugó un medio tiempo mientras ofrecía su voz más limpia. Oxigenó la descarga y les dio algo de resuello antes de un epílogo de nuevo violentísimo. Para el cierre quedó un cierto regusto a los Darkthrone del “Hate Them”, uno de mis álbumes favoritos del célebre dúo nórdico, y que disfruté de lo lindo.

Totengott contrapondrían entonces su habitual doom / thrash al avezado black metal de las neerlandesas. El trío, enfrascado aún en la gira presentación de su tercer largo “Beyond The Veil”, ofreció igualmente buenas dosis de intensidad y mal café. Ese que siempre deriva de “Marrow Of The Soul”, aguerrido arranque de set con un José Mora a tumba abierta tras baterías.

The Architect” amplificaba entonces su rango de acción. Son unos Totengott más atmosféricos, pero cuando llega el turno de ofrecer una pizca más de mordiente, estamos viendo una más que óptima versión del trío. Nacho arengó desde el escenario y el público supo responder en consecuencia. Es lo que tiene jugar en casa. Son muchas las veces que les hemos visto, pero no deja de sorprender cómo nunca dudan en enfrentar alguno de sus temas más extensos, en este caso “The Abyss”, que daba título a su segundo largo, y que para quien escribe siempre tendrá un significado muy especial.

Con “Beyond The Veil” dejaban fluir su vena más thrash, con un Chou Saavedra que había cambiado su guitarra, y que enfrentó esta línea vocal con especial vehemencia. Nacho había sacado de backstage sus habituales “trofeos”. Calaveras animales que alguno que otro entre el público hizo suyas. Antes del cierre hubo bromas de Chou con la calefacción. Mucho era el calor que nos atenazaba en la sala. Por supuesto, no se quiso olvidar de los agradecimientos. Pero para cuando arremeten con “The Golden Crest”, estamos viendo al Saavedra más activo que recordamos. Siempre cumplen y el sábado no fue la excepción.

Ni mucho menos contaba con poder ver a una banda como Firtan al lado de casa. Los alemanes, una de las formaciones más prometedoras del nuevo black metal alemán, llegaban al StoneFest con el impulso del fenomenal “Ethos” de 2024. Es algo que, pienso, conviene poner en valor. Citas como esta no abundan dentro de nuestro territorio. Contad con que haremos todo lo que podamos (y un poco más de lo que podamos, si es que eso es posible, que diría el inefable Mariano Rajoy) porque eventos alternativos como este proliferen en la Asturias de los macrofestivales horteras.

De Firtan lo primero que llama la atención es su puesta en escena. Esos ropajes roídos, el make up ennegrecido que portan. Y claro, la presencia de Klara Bachmair al violín. Figura de no poca relevancia en la banda, como se puede ver ya desde la inicial “Hrenga”. Su desempeño amplificaba el carácter un tanto espacial de ese inicio. En “Wermut Hoch Am Firmament”, no obstante, iban a concitar su cara más desenfrenada, caótica incluso, con C.S. dejando alguno de los solos más desquiciados de todo el fin de semana. Phillip Thienger comentó entonces que era su primera vez en España, y al alimón con su banda procedió a enfrentar un black metal de cariz más melódico. Aquí lució de nuevo Klara Bachmair durante un puente tranquilo, que nos condujo hacia terrenos casi oníricos.

Firtan fueron tramando un set atractivo por diverso. Como muestra un botón: de la gravedad inicial de “Arkanum” a la inusitada violencia de “Faðir”, con el Thienger más visceral de la noche. Bañados en luz verde, sonaban intensos, compactos y realmente redondos. Y aunque quizá por el cansancio acumulado de ambas jornadas, disfrutase en mayor medida de sus cara más atmosférica, lo cierto es que cuando pusieron toda la carne en el asador sorprendieron con black metal hiriente y visceral. Por ahí tal vez que se fueran a bambalinas y dejaran a Bachmair y su violín a solas sobre el escenario. Uno de los momentos más especiales de todo el festival. Sin olvidarse de los debidos agradecimientos, se despidieron haciendo gala de su cara más grandilocuente y también desesperada en un final memorable. Bolazo, si me preguntan.

A grandes rasgos, todo esto dio de sí la jornada del sábado. Una propuesta valiente, un ramillete de bandas nada habituales por la región y una organización de diez. Poco más podemos pedir. Si acaso que el calor no os atenace del mismo modo en futuras ediciones. Por ello queríamos mandar un sentido agradecimiento a la organización del StoneFest, a los técnicos de sonido, a las diferentes bandas y a la mucha gente con la que departimos en algún momento a lo largo del fin de semana. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Crónica: StoneFest (Oviedo 5/8/2025)

Nueva edición, por partida doble, del histórico StoneFest. Regresó uno de nuestros festivales alternativos por antonomasia. Y lo hizo estrenando nueva sede, Kuivi Almacenes, para llenar un viernes de stoner y sludge, más un sábado más centrado en el metal extremo. Un plato bien diverso para gusto de casi todos, y que viene un poco a quitar razones a quienes llevan tiempo quejándose de que a esta región ya solo vengan las cuatro, cinco, seis bandas de siempre. Phoenix Cvlt, Bifäz, Voul, Mars Red Sky y Wizard Master eran los elegidos para la primera jornada y allá que nos fuimos, prestos a dar cumplida cuenta de todo cuanto aconteciera.

Llegamos a tiempo para recoger nuestras acreditaciones, acceder a la sala y ser recibidos por las sonoridades oscuras y la temática religiosa de los asturianos Phoenix Cvlt. El trío, con Aitor Lucena (Narwhale, ALMS) en guitarra y voces, procuró una apertura al festival entre lo vibrante y lo alucinado. Se leyeron versículos, se descerrajó una buena suerte de riffs y se optó por una versatilidad, un atrevimiento en las estructuras, que fue, en definitiva, el mejor anticipo a lo que estaba por venir.

No fue mucho el rato del que dispusieron. Quizá de ahí el modo en que enlazaron un corte tras otro. Y qué llamativo resulta cuando Lucena abandona su guitarra y arremete con la travesera, adoptando así el trío un aire aún si cabe más alucinado, con un bajo distorsionado hasta sus últimas consecuencias. El de los sevillanos Orthodox fue un nombre que acudió a mi subconsciente en varios momentos de la descarga. “Sacrificio”, del pequeño Ep “La Profecía” cerró el breve set dejando, pienso yo, un buen sabor de boca. Muy atentos al material que está por venir de los de La Felguera.

Los cántabros Omar (batería, voces) y Carlos (guitarra, voces), es decir, Bifäz, vendrían entonces a darle una vuelta de tuerca más al cartel. Se presentaban en el StoneFest con apenas un Ep en su haber, aquél “Extinción” de 2024, prestos a inundar la sala de su conocida amalgama de sludge y stoner. Aquí me agradó el arranque tan espacial que propusieron. Hábil escondite de la intensidad que desplegarían más adelante. Y es que si por algo destacó el dúo fue por el modo en que supieron alternar ritmos arrastrados con otros más trotones, siempre sin perder esa cualidad tan riff oriented de su música. Carlos, a veces sentado, otras de pie, hizo buen uso de un buen número de pedales y efectos, amplificando sobremanera el rango sonoro del dúo.

Recayeron las labores de sonido en el Blues&Decker Diego Reyes y Kuivi Almacenes respondió a la altura de lo que se esperaba. Bifäz prosiguieron entregando voces agrias y mucha diversidad en cuanto a texturas, algo que sorprende tratándose de solo dos músicos sobre las tablas. Y ya que estamos con los parecidos, no logro deshacerme de lo mucho que me recordaban a los primeros High On Fire en las partes más veloces. Mucho ruido y mucha mala baba, cerrando un set tampoco demasiado extenso en una vertiente mucho más atmosférica, que en cualquier caso no obvia un cierto nervio. Nos agradaron.

Le iba llegar el turno entonces a Voul: Alberto en guitarras, El Adrift Dani al bajo y Edu, ex de los míticos sludge madrileños Moho, en baterías. Trío sin mayor intención que la de derrumbar Kuivi Almacenes hasta los cimientos. Mucha, muchísima la intensidad que emana del escenario ya desde los primeros compases de “Fear”. Y sí, a ratos me recordaban a los propios Moho. También a Eyehategod, si bien diría que no alcanzaron a sonar tan desesperanzados. Y sí que tendieron ritmos y riffs hacia el hardcore.

Decir que Edu se dejó el alma en cada golpe sería hacer escasa justicia a la vehemencia que empleó a lo largo de todo el set. Sin desfallecer un ápice, arremetió contra su kit de batería como si en el empeño le fuera la vida misma. Según nos dijo, alrededor de dieciocho años llevaba sin tocar en Oviedo. Se dice pronto. En el set hubo momentos de cierta alternancia. Ahí me gustó el equilibrio entre calma y nervio que propusieron, con una muy fina labor de Alberto, inequívoca pose con su Telecaster, en ambos registros.

A lomos de esa batería descosida, acometen un sludge feroz y violento ahora. Puede que el wall of death propuesto por Edu resultase infructuoso (“ha salido regular esto”), pero cuando ellos se concentran en su faceta instrumental, realmente estamos ante una banda de un nivel altísimo. Como altísimas fueron las pulsaciones en la final “Fucked Up System”, minuto y pico de pura agresión sonora. Tremendos.

Así las cosas, el festival iba a virar de la intensidad y la rabia de Voul hacia el tendido stoner de aires psicodélicos de los franceses Mars Red Sky. Los de Burdeos, enfrascados aún en la gira de presentación de aquél “Dawn Of The Dusk” de 2023, vendrían a poner la calma allí donde antes habitó el nervio.

De entrada llama la atención su puesta en escena. Esa batería naranja, situada tan al frente del escenario. El gong tras ella. Su sonido se avino a un stoner clásico, comandado en voces por el casi etéreo registro de Julien Pras. Su aparente fragilidad contrastó con su buen hacer a las seis cuerdas, con especial acento en la creación de riffs a menudo elegantes y siempre eficaces. MatGaz tras la llamativa batería no vino a dejarse la piel del modo en que Edu lo había hecho con anterioridad, pero de justos es decir que trazó, seguramente, muchos de los licks más llamativos de toda la jornada.

A ratos, y particularmente cuando el trío suma sus voces, alcanzaron a sonar más contundentes. Siempre sin perder de vista esa manera tan cuidada y personal de entender el género. A ratos más psicodélicos, sorprende no obstante el uso de algún que otro apoyo externo. Pequeños detalles que quizá resten en lo orgánico pero que vinieron a sumar en lo alucinatorio. Las últimas líneas de voz de Julien Pras, muchas veces impasible, aparentemente algo tímido, vinieron a sumar a ese cariz casi etéreo de finales del set. Curiosos, me agradaron.

Para el cierre quedaba una propuesta más homogénea. Los romanos Wizard Master y su stoner elemental, casi canónico, ofreció quizá sorpresas a su paso por el StoneFest. Lo que no quita para que el agitar de cuellos y melenas en primeras filas fuese prácticamente una constante a lo largo de la descarga. De entrada llaman la atención los chalecos que lucen. “We don’t believe in anything” (“no creemos en nada”) proclama Mano Sinistra, voz y guitarra de los italianos. A tenor de lo oído en la sala de Kuivi Almacenes, sí hay algo en lo que creen.

Y es que el cuarteto ofreció una lección de como facturar stoner rock, con trazas doom, sin abandonar ese regusto a los primerísimos Black Sabbath tantas veces inherente al género. Telúricos, orgánicos, armados con buenas dosis de fuzz, derrochando grosor y siempre bajo ese peculiar registro de Mano Sinistra. Quizá lo extenso de sus temas, también el empacho de riffs que nuestros cuerpos habían acumulado durante la jornada, contribuyeran a que nos resultaran algo lineales. Otros, en relativa proporción, supongo que disfrutarían con tan férrea adhesión a los preceptos del stoner rock.

Hubo algún que otro percance con el bombo de la batería, solucionado al vuelo y sin que la descarga se detuviera en ningún momento. Ni un segundo que perder, no obstante tampoco quisieron olvidarse de los habituales agradecimientos. Para el cierre y mi sorpresa, dejan algún riff de un cariz más sureño, también una cierta calma, justo cuando coincidíamos en que el set corría el riesgo de retorcerse sobre sí mismo más de la cuenta. Fue por tanto un buen final, con una más que aceptable afluencia de público para un viernes de vuelta a la rutina, con los muchos gastos que esta acarrea de modo inevitable. A nosotros ya solo nos quedaba redactar esta crónica y velar armas ante la segunda jornada. Esa, como suele decirse, es otra historia.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz