Resumen gráfico de la actuación de Montana Stomp en la Factoría Cultural avilesina dentro del ciclo de conciertos Factoría Sound.













Fotos: José Ángel Muñiz
Resumen gráfico de la actuación de Montana Stomp en la Factoría Cultural avilesina dentro del ciclo de conciertos Factoría Sound.













Fotos: José Ángel Muñiz
Montana Stomp pisaron fuerte a su reciente paso por tierras avilesinas. En la que sería la primera venida a Asturias de la formación radicada en Zaragoza, quedó bien claro el buen momento de forma que atraviesan. En una fecha que habría de vérselas con uno de los grandes nombres de la escena nacional, los navarros Koma, no fue poca la gente que se arrimó a La Factoría en la noche del viernes…

En lo que iba a ser un perfecto maridaje entre southern rock, blues y hard rock 70’s, todo se abre no obstante con “The Lonely Shepherd”, corte que popularizara Quentin Tarantino y sus (hasta el momento, tal y como funciona Hollywood hoy en día quién sabe) dos entregas de “Kill Bill”. Todo para transitar después hasta “Rock And Roll Wheels” y dejar negro sobre blanco que esta iba a ser una de esas noches para el recuerdo. Porque en nuestras retinas quedará ya el fulgurante inicio de set, así como esos solos siempre hábiles y carismáticos de Óscar Díez y los tonos rugientes cual mar embravecido de Susana Colt tras el micro.

Aunque luego “Maybe That Day” es un escorzo bluesero donde Colt muestra su lado más amable. Canción a canción iban mostrando cómo de amplia es su paleta de colores. También que el sonido, rara vez falla la Factoría en esto, iba a ser el de las noches buenas de verdad. En todo caso reseñable me resulta que, a pesar de esa amplia gama de registros, cómo se las apañan para que el set dibuje una coherencia siempre revestida de clasicismo e incluso de verdad. Y es que suenan sinceros, orgánicos, siempre por el libro de estilo más clásico pero sin dejarse nada dentro. Ni siquiera los obligados agradecimientos (Omar Wylde por un lado, la Concejala Delegada de Cultura y Festejos Yolanda Alonso por otro) o esa cara más decididamente sureña que muestran en “High”. Ahí me gustó el modo en que “Big Blind Special” acertó a unir brío y sensualidad, firmemente apoyada en la base rítmica que formaron Adrián Garcés (batería) y Beto Foronda (bajo). En la que sería la primer versión de la jornada recordaron el “One Horse Town” de Blackberry Smoke, banda que en el año 2009 se pasaba por Gijón de la mano del propio Omar, para gozo de un fan que portaba orgulloso una remera de la banda estadounidense.

Colt nos contaría entonces cómo la grabación del debut se topó de bruces con la fatídica pandemia del Covid, mientras que el segundo tuvo que lidiar con la infame Dana valenciana. Sucesos que, a buen seguro, sirvieron para ayudar a fortalecer el carácter de una banda como esta. Y es que, en definitiva, qué cierto aquello de que “al final solo el rock ‘n’ roll nos salva”. “Bad Luck River”, quizá llevada en volandas por ese cierto sentimiento de fatalidad, fue otra de las más redondas de la jornada, redondeada por el pequeño guiño de Díez al “Free Bird” de los inevitables Lynyrd Skynyrd. En lo personal y por aquello tan viejo de que la cabra siempre tira al monte, la muy rocosa “Bad Choices” fue una de mis favoritas. “Unbroken” nos inundó entonces de un sentimiento no muy lejano de los mejores Led Zeppelin para, de paso, cosechar una más que clamorosa ovación mientras Colt recibía el emotivo, reparador y sincero abrazo de una espectadora «cercana».

“Bourbon Call” derivó luego hacia el country, ampliando aún más si cabe sus registros en un derroche de versatilidad pero también de gusto por las cosas bien hechas. Díez bailó por el mástil de su guitarra, slide mediante, antes de que el recién llegado Alber Tro sentara cátedra tras las teclas en la introducción de “That Song”. Ambos músicos se enzarzarían después en un duelo flamígero durante “Hey Baby”. Todo mientras Susana Colt era un derroche de gestos, de carantoñas incluso, jugando tanto con la gente frente a ella como con los músicos que le rodeaban. Una frontwoman a la vieja usanza, pero tan firme en la caricia de sus tonos más amables como en el rugido de los más viscerales.

Una banda que, además, gana una barbaridad en la traslación del disco al directo. ¿Qué más hace falta? ¿Suerte?. Canciones, buenas canciones, les sobran. “Troubled Sinner”, enmarcada en la cara más sucia y áspera del quinteto, es una de ellas, con Susana Colt a puro desgarro tras el micro. El rock agradable de “Alice” puede y de hecho resulta mucho más sencillo pero conecta, y de qué modo, con la gente. Tal era el calor recibido que Colt primero y Díez después bajaron a mezclarse con la audiencia en la revisitación del “Mississippi Queen” de Mountain del gran Leslie West. No era poca la energía que habían derrochado durante la velada y, sin embargo, aún les quedaron arrestos para cerrar con su cara más vibrante y anfetamínica, esa que desborda nervio en la final “Mister”. Apabullantes.

El gusto por las cosas bien hechas. Montana Stomp amalgamaron todas sus influencias en hora y media larga de puro buen hacer. Ya fuera en las cercanías del blues, en los entornos más hard rockeros de los 70 o derivando hacia el country, el carisma que derramaron estuvo siempre en su punto. Banda de nivel impepinable, haced el favor de ir a verles si se os ponen a tiro.

Por nuestra parte nada más. Mandar un abrazo a la banda al completo, agradecer una vez más a la buena gente de Factoría Sound el trato y las facilidades, saludar a esa buena gente que no perdona un sarao y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz
Factoría Sound nos presenta la composición de su ciclo de conciertos para el segundo trimestre de 2026. El pistoletazo de salida lo pondrá el sábado 25 abril el cantautor británico Laurie Wright. Tras superar una grave adicción al alcohol y las drogas en 2019, ha relanzado su carrera a través de actuaciones callejeras (busking) y una intensa ética de trabajo DIY (hazlo tú mismo). Su música fusiona rock ‘n’ roll, punk, britpop y soul, con influencias de los primeros The Kinks y The Small Faces.
El viernes 8 de mayo llegará el turno para The Hangmen. La veterana banda de punk rock angelina liderada por Bryan Small que mantiene presente su particular sonido, el extraído de una batidora que contiene a los mejores Black Crowes, Tom Petty y pinceladas de country y que editaba en septiembre de 2023 su sexto álbum de estudio «Stories To Tell« a través de Acetate Records.
En el mes de mayo los protagonistas serán Cordovas. Desde Nashville y con el southern rock, el folk y el country como estandarte presentarán su reciente lanzamiento discográfico «Back To Life» editado en enero de este mismo año.
Saturna como representación de la escena estatal cerrara este segundo ciclo el viernes 5 de junio. Los de Barcelona desplegarán su hard rock setentero, crudo y visceral en la Factoría Cultural mientras confeccionan su sexto trabajo de estudio con vistas a su publicación a finales de año.
Entradas y abonos muy pronto disponibles en la Casa de Cultura de Avilés, en la red de cajeros Unicaja y el siguiente enlace:
https://uniticket.janto.es/palaciovaldes/public/janto/main.php
El ciclo de conciertos orquestado por Factoría Sound nos ofrece el próximo 6 de marzo el debut en los escenarios asturianos de la formación zaragozana Montana Stomp. Liderados por la vocalista Susana Colt a partir de las 21 horas presentarán en la Factoría Cultural avilesina su nuevo disco «The Horse And The Hill«.

Animales en directo siempre al galope de potentes melodías ofrecerán un viaje por el southern rock americano, el british blues, el hard rock setentero y country con sabor a bourbon.
Entradas y abonos disponibles en la Casa de Cultura de Avilés, en la red de cajeros Unicaja y el siguiente enlace:
https://uniticket.janto.es/
Travo vienen desde Braga (Portugal) y lo suyo es la psicodélia y la energía. El cuarteto luso traía sus muchos bártulos a la Factoría y había que levantar el culo de la silla y tomar el pulso a una de las formaciones más prometedoras del país vecino.

En solitario pero a la vez en buena compañía. Y es que, aunque con cuentagotas esta vez, nuestro querido recinto avilesino se fue llenando para recibirles. Y ellos respondieron pisando el acelerador a fondo desde el minuto uno. Desatados, fundiendo un nervio muy rockero, muy visceral, con altas dosis de psicodelia descosida y vibrante. Gonçalo Ferreira comanda a la vez en guitarra y voces. Éstas últimas poseen a veces un cierto halo alucinado, revelándose finalmente como una de las grandes señas de identidad de la banda.

Aunque no sería él quien tomaría la palabra sino el batería Nuno Gonçalves. Otro petardazo de rock enérgico y después un corte algo más apaciguado, por cuyas estrofas mi mente traía consigo el nombre de Sex Museum. Alternaron con un mayor nervio y Gonçalo Ferreira remató con el pie sobre su Cry Baby. Uno de los muchos pedales y artilugios que el de Braga tenía a sus pies. Y aunque venían presentando cortes de su último álbum, aquel “Astromorph God” de 2023, quisieron anticiparnos una composición de nueva hornada. Una donde sus grandes señas de identidad parecían intactas: voces filtradas y ritmos vibrantes. Una cierta vehemencia incluso.
Lo cierto es que no fueron muchos los descansos que se permitieron. Pero cuando los hubo, por ellos se colaba un acento más espacial en su forma de entender el rock and roll. Nuno hacía vibrar la batería, y la Factoría con él, pero es cuando los dos Gonçalo, Ferreira y Carneiro, doblan sus guitarras que todo parece trascender hacia una conciencia más elevada: la que nos confirma que estamos ante uno de los secretos mejor guardados del país vecino. Que habían cenado cachopo, reconocieron. Si es que así cualquiera.

Es casi incontable el número de pedales, teclados, sintes y demás artilugios que ocupa las tablas. De todo ello echan mano para gozo nuestro. Es de admirar, pienso ahora, cómo incluso en las partes más entregadas al mero derroche técnico, no escatiman en nervio o intensidad. La sala vibra, casi se retuerce, mientras la gente baila y disfruta con ellos. Y es que la energía que derrocharon desde luego se contagió a quienes tenían en frente. En las partes algo más apaciguadas surgía un gran David Ferreira al bajo. Sus cuerdas crepitaron el viernes, arrasando con todo a su paso.
La psicodelia desbocó en el tramo final. Ellos se fueron y por los altavoces arrancó a sonar el “It’s A Long Way To The Top (If You Wanna Rock ’n’ Roll)” de AC/DC. Y estábamos ya recogiendo cuando ellos decidieron que había tiempo para una bola extra. Bola extra que degustamos extasiados. No era para menos.

Un gozo. Un disfrute. Su techo no sabemos donde está pero su presente, si obedezco a la descarga del viernes, no podría pintar mejor. A tenor de todo lo visto, oído y gozado una banda a tener muy en cuenta. No me queda más que mandar sendos agradecimientos a Sergio Blanco y Omar Wylde. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto y Fotos: David Naves
Tras un par adelantos en forma de videoclip («Haircut & Attitude» y «Sonic Love«) los avilesinos Leather Boys nos presentan la portada y tracklist de su próximo álbum de estudio que llevará por título «Lysergic Motel«.

01 B.D.S.M.
02 Haircut & Attitude
03 Crush On You
04 Sonic Love
05 Red Flag (Loser In Love)
06 Midlife Crisis
07 Electrify
08 Aussie Girl
09 Fairground Queen
10 Fading Star
11 Back Door Lady
12 Acid Riders
Grabado en Tutu Estudios el disco verá la luz el 21 de febrero de nuevo a través del sello The Fish Factory. El boceto original de la portada es obra de Francisco Javier Gómez Bobes con retoques finales por la propia banda. La presentación oficial en vivo del nuevo trabajo tendrá lugar también el 21 de febrero en la Factoría Cultural de Avilés, fecha en la que estarán acompañados por los valencianos Pölvora.
Factoría Sound nos presenta su ciclo de conciertos para el primer trimestre de 2026.

Los conciertos en la Factoría Cultural avilesina arrancarán el viernes 30 de enero con Arnau & The Honky Tonk Losers, formación bilbaína con una propuesta sonora mezcla de honky tonk, country-rock y folk, que bebe directamente de la tradición norteamericana, consolidada en su primer LP «Second Chances» editado en el mes de abril vía Guns Of Brixton Records.
El viernes 6 de febrero la propuesta se endurece para dar paso al cuarteto portugués Travo, formación que apuesta por el heavy psych y el garage rock. Con un directo intenso y envolvente, la banda se ha ganado una reputación creciente gracias a actuaciones que convierten cada concierto en una experiencia física y sonora, marcada por la distorsión, la energía y la exploración psicodélica.
El 6 de marzo la formación zaragozana Montana Stomp liderada por Susana Colt actuará por primera vez en Asturias para presentar en la Factoría su nuevo disco «The Horse And The Hill«. Animales en directo siempre al galope de potentes melodías ofrecerán un viaje por el southern rock americano, el british blues, el hard rock setentero y country con sabor a bourbon.
El viernes el 20 de marzo James Leg pondrá el colofón a la programación del primer trimestre del año. Una de las figuras más singulares del blues y el rock actual James Leg acompañado de su inseparable Fender Rhodes apuesta por el boogie, el soul y el rock setentero, con un sonido crudo y poderoso con una personal voz que convierte cada actuación en un auténtico sermón rock.
Entradas y abonos disponibles en la Casa de Cultura de Avilés, en la red de cajeros Unicaja y el siguiente enlace:
https://uniticket.janto.es/palaciovaldes/public/janto/main.php
Con 12 años de trayectoria y más de 1000 conciertos repartidos en 20 países la formación alavesa Moonshine Wagon cerrará el año del ciclo de conciertos Factoría Sound. La cita con el combo heavy-bluegrass tendrá lugar el próximo viernes 19 de diciembre en Factoría Cultural de Avilés.

Formados actualmente por Goiatz Dutto (violín, mandolina y voz), Lander Lourido (guitarra y voz), Víctor Martín (contrabajo) y David “Dagda” Sánchez (bouzouki, banjo y violín) presentarán sus nuevas composiciones. Una propuesta sin instrumentos eléctricos, sin teclados ni batería, en la que prima la fiesta y el country más enérgico.
Entradas Agotadas
El llamado universo de las Riot Grrrl se ha visto recientemente sacudido por el segundo largo de las vienesas Vulvarine. Ellas son Bea Heartbeat en baterías, Robin Redbreast al bajo, Sandy Dee en guitarras y Suzy Q en voces. Engel Mayr en el Studio Mäusepalast, Thomas Zwanzger en Stressstudio y Dietmar Baumgartner en Sonar Music Productions fueron los encargados de traer al mundo los once cortes de este “Fast Lane”. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por el propio Engel Mayr en el Studio Mäusepalast y finalmente masterizadas por Lukas Wiltschko de LW Sonics. Con la misma Sandy Dee aportando su arte para la portada del álbum, esta segunda entrega de las austríacas vio la luz vía Napalm Records a finales del pasado mes de marzo. Un trabajo que llevará a la Factoría avilesina el próximo 31 de octubre al ahora renovado cuarteto tras la incorporación de Lauree Blaze como nueva voz.

Un pildorazo de puro rock and roll inaugura el álbum. “The Drugs, The Love And The Pain” pronto da muestras del fino registro de Suzy Q. Hay una apañada colección de riffs, más eficaces que vistosos. También una producción en el punto justo entre pegada y discernimiento. Equilibrada y muy cuidada. Si bien siento que al estribillo no le habría venido mal una pizca más de mal café, pocas pegas caben al respecto del solo que sucede después, así como a la hábil construcción de ese tramo final. En resumidas cuentas un arranque agradable y funcional.
“Ancient Soul” añade algo más de empaque por parte de las vienesas. No solo por una construcción algo más estirada sino por unas buenas estrofas y unos aún mejores estribillos. Tienen estos un deje algo más melancólico, que por alguna razón me llevan a pensar en Thin Lizzy. Sobresalen igualmente los buenos engarces entre estrofas. Las baterías que deja ahí Bea Heartbeat merecen toda la atención. También las que dan apoyo al buen solo del tramo final. Uno de esos cortes con toda la pinta de funcionar como un tiro sobre las tablas.
“Heads Held High” magnifica aún más ese rock más melancólico y casi apesadumbrado. Sin que salten las alarmas, sin que esto deje de ser un disco de rock and roll con todas las letras, pero donde Sandy Dee está dando una auténtica lección de clase y feeling. Orgullosamente auto reivindicativa en lo lírico, pluscuamperfecta y clásica en cuanto a trazo y estructuras, quizá eche en falta un solo de guitarra más pronunciado durante ese buen tramo final. Con eso y con todo una de las que más ha arraigado en mi subconsciente tras el correr de las escuchas.
Uno de los cortes más extensos de este segundo trabajo es “Demons”, con Bea Heartbeat cabalgando a medio gas y la banda trazando ahora un cuidado medio tiempo. Suzy Q aúpa su registro en estrofas y se acompaña de cuidados coros en estribillos. Y aunque los distintos enganches entre estrofas no brillen como lo hacen en otros cortes dentro del disco, qué finas están las austríacas a lo largo de este rock menos brillante, más sucio, algo decadente incluso. Sandy Dee se reserva otro buen solo como anticipo del epílogo y, al cierre, todo me termina por funcionar. Un corte con una vibración muy especial dentro de este “Fast Lane” y quizá uno de los más redondos.
La base rítmica inaugura esta “Alright Tonight”, un corte que anuncia un rock más oscuro, deudor aunque sea de modo lejano, de unos The Cult de comienzos de los 80, con Suzy Q dibujando otro estribillo lleno de carisma y feeling. A ratos uno puede echar en falta el nervio que entregan otros cortes dentro del álbum. Pero la buena producción así como la muy cuidada construcción de las estrofas, precioso el tono que entrega la guitarra de Sandy Dee, sacan la cara por otra de esas composiciones distintas, marca de la casa. Diferente, que no peor.
“Equal, Not The Same” recupera en parte el nervio, mostrando ahora a unas Vulverine más próximas al punk. El nombre de las infatigables The Lizards ha estado yendo y viniendo tras las sucesivas escuchas. El caso es que Dee vuelve a brillar en lo que a melodías se refiere. También en cuanto a riffs. Fue elegida como anticipo en modo de videoclip y toda vez estalla el solo de la propia Dee, cuesta nada y menos entender los motivos. De los once puede no ser el corte que mejor las represente. Pero es una entrega redonda, con gancho y buenos detalles desde el plano técnico. Win win.
Fool” sorprende con ese avanzar algo más marcial de sus estrofas, que contrasta con el más casual y rockero de los estribillos para conformar un corte sencillo, directo y sin mayores florituras. Con las baterías desnudas de Bea Heartbeat uno bien podría pensar de un modo más o menos casual en White Stripes. Con eso y con todo nadie puede negar que esto sigue siendo rock and roll sin concesiones. Con una línea de voz, perfectamente armada, que cabalga amarrada a unos riffs llenos de gancho y brillo. Estupenda.
Vulvarine insertan entonces “Polly The Trucker”, entrega más extensa de “Fast Lane” y la que viene a entregar uno de los riffs más frontales y áridos del disco. Ello sin descabalgar de su habitual rock directo y formal, pero desde luego ofreciendo ahora una mayor enjundia. Ese nervio, quizá esa mala leche, que se puede echar en falta en otras entregas. El típico que te vuela la cabeza en su traslación al directo. Hay buenos coros en estribillos aquí. Sigue brillando la buena producción que tiene el álbum. Pero si algo me agrada es tanto el solo como ese rock más pesado y contundente en que se apoya de inicio. El cambio de ritmo, tan clásico como efectivo, que acometen después. Y su cuidada resolución. Hasta el fugaz guiño a nuestro idioma. Si esto no es rock de altura, no sé qué lo será.
Explota entonces “Dark Red” y el disco, lejos de perder impulso, ofrece aquí unas de sus entregas más redondas. También más potentes. Con una selección riffera que las aproxima (a destellos) hacia los terrenos del heavy metal más casual. Sandy Dee brilla sobremanera aquí. También una base rítmica empastada como en pocos momentos a lo largo del álbum. El corte entrega nervio en estrofas, equilibra con estribillos contundentes y desemboca en un solo disfrutón por desmelenado y atrevido. La cabra tira al monte, claro, pero siento muy cómodas a las austríacas en esta encarnación más nerviosa y potente. Prueba al fin y al cabo de la cintura con la que han enfrentado la escritura de este segundo largo.
“Cheri Cheri Lady”, con la colaboración de Filippa Nässil (Thundermother) en guitarras, fusila a placer el original de Modern Talking arrimándose a la cara más punk de Vulvarine. Ruge el bajo de Robin Redbreast en estrofas y vuela el doble bombo de Bea Heartbeat en estribillos para una versión libérrima y disfrutona. El cierre es para la pequeña “She’ll Come Around”, pequeño escorzo acústico, bailando entre las fronteras del grunge y el alternativo para un curiosísimo broche final.
Entre la versión de Modern Talking y el pequeño detalle acústico de “She’ll Come Around” puede que “Fast Lane” desfallezca en su tramo final. Da igual. Antes el disco ha dado razones más que suficientes para confiar. Sea con las buenas hechuras de “Polly The Trucker”, el nervio bien entendido de “Equal, Not The Same” o esa pulsión más metálica de “Dark Red”, amén de los muchos y buenos riffs que Sandy Dee dibuja a lo largo del álbum, Vulvarine han entregado un segundo disco destinado a hacer mucho, mucho ruido en años venideros. Si nada lo impide esperamos ser testigos.
Texto: David Naves