Crónica: Långfinger en Avilés (Factoría Cultural 18/5/2024)

Recuperándonos aún mental y físicamente del viaje relámpago a tierras leonesas de la jornada anterior, tocó echarse de nuevo a la carretera y poner rumbo a Avilés. El motivo era no otro que la nueva venida de los suecos Långfinger a Asturias. El trío que forman el bajo y voz Victor Crusner (Eclipse), Jesper Pihl en batería y Kalle Lilja en guitarra. La gira, en apoyo de su último álbum “Pendulum”, volvió a congregar a un buen número de fieles en nuestra querida Factoría. Por sonido y escenario una de las mejores salas de la región.

Y es que precisamente el sonido que emana del trío no puede ser mejor mientras atacan la inicial “A Day At The Races” parapetados tras el semblante tan concentrado como risueño de Crusner. Mostró el sueco un gran estado de voz. No ya en estos compases iniciales sino durante toda la descarga, algo que vino a dar cumplida cuenta del buen momento de forma que atraviesa el trío. Un trío que suena profundamente orgánico, apoyado en una puesta en escena que no podría ser más básica y elemental.

Un trío bien ensamblado y mejor engrasado que vino a dar un show de menos a más. Ese carácter tan diésel de la velada deslució tal vez algún que otro corte inicial. Así las cosas, el mayor grosor de “Arctic” fue recibida nunca con indiferencia pero sí con un público que parecía aún a la expectativa. Crusner tenía pequeñas anotaciones en nuestro idioma junto al setlist y ciertamente puso todo de su parte cara a que la comunión fuera total. Hasta los más pequeños detalles suman y decantan la balanza. Desde luego el sueco lo sabe y obra en consecuencia.

Diría que no es hasta “Orbiter” que el público sale de su letargo y el trío ofrece su mejor versión. El solo que dibuja Lilja aquí puede ser fácilmente uno de los mejores de la jornada. Él y Crusner acaban de rodillas y en lo personal aprecio en gran medida esa versión más alucinada y lisérgica del combo radicado en Gotemburgo. Le llegó el turno entonces a una “very old song”, que no era otra que “Fantasy Ridge”, de aquél “Skygrounds” de 2010, donde sobresalieron los coros del batería Pihl.

Pero aunque Långfinger hagan gala de un carácter homogéneo donde las influencias se multiplican y divergen de cara a construir un set sumamente atractivo por su propia diversidad, qué duda cabe que es el riff juguetón e incluso bailable de “Dead Cult” el que se lleva el gato al agua. Coreamos, bailamos y sudamos con ellos, a lo que el trío respondió poniendo todo su empeño. El set serpenteaba por alguno de sus temas más accesibles y la concurrencia terminó por entrar en el juego propuesto por el trío nórdico.

Y es que “Skygrounds”, aún cuando pierde el Hammond del original, entrega otro de los riffs con más gancho de la noche. De nuevo excepcional aquí Lilja con su roja SG, qué me gustan estas guitarras, y aún mejor la respuesta de un público ya totalmente entregado. La aparente sencillez de “Fox Confessor” destapó al mejor Crusner como vocalista. Ya digo que su voz aguantó el envite sin mayores inconvenientes. Siempre risueño y poniendo todo de su parte por hacernos partícipes de su característico rock and roll.

Curioso el diálogo entre Pihl y Crusner que propició “Herbs In My Garden”, seguido de otro gran solo de Lilja. El trío en su mejor versión, disfrutando y haciendo disfrutar, encaró los bises con la satisfacción del trabajo bien hecho. Y bendito trabajo. Crusner anuncia “this one is really fast” y el trío se vacía con “Eclectic Boogieland”. Ni una gota en el tintero. Vítores inclusive. “You make me feel like I was at home” (me hacéis sentir como si estuviera en casa). Se le puede acusar de tribunero al sueco pero qué duda cabe que el y su banda brillaron a gran nivel. Quede la final “Ragnar” como sólido testimonio del gran nivel que atesoran.

Factoría Sound y bandas de origen sueco. No recuerdo binomio más sólido desde Clyde Drexler y Hakeem Olajuwon. Siena Root, Greenleaf y ahora Långfinger son solo tres pinceladas del mucho y buen rock and roll que el país nórdico tiene para ofrecer. Afortunados somos de poder ver a bandas de este calibre al lado de casa. Que además vengan y cumplan con las expectativas creadas. Que disfruten y nos hagan disfrutar. De que no todo sea heavy metal en esta vida. Que ya no pique cuando toca aguantar el incesante latiguillo de que “hoy en día todo son bandas de enfadaos y tías con el pelo de colores”. Supongo que todos tenemos derecho a estar equivocados.

En cualquier caso y como siempre, agradecer una vez más a la organización todas las facilidades dispuestas para la realización de esta crónica y mandar un cariñoso saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Agenda: Långfinger en Avilés

Nueva cita con el ciclo de conciertos Factoría Sound, en esta ocasión con el trio sueco Långfinger y la presentación en vivo de «Pendulum«, su cuarto trabajo discográfico editado en el mes de marzo vía Welfare Sounds & Records tras 9 años de silencio.

Liderados por Victor Crusner, bajo y voz, el también componente de Eclipse llegará a la factoría cultural de Avilés acompañado por Kalle Lilja a la guitarra y Jesper Pihl a los parches.

Tres amigos desde la adolescencia que dejarán fluir su pasión por el rock de corte clásico, el grunge, el hard rock y el metal.

Últimas entradas disponibles en la taquilla de la Casa de la Cultura de Avilés y online a través del siguiente enlace:
https://uniticket.janto.es/palaciovaldes/public/janto/main

Crónica: Greenleaf (Avilés 4/4/2024)

Resulta cuanto menos llamativo y en lo que a servidor concierne la manera en que hemos asumido como normal los llenos en la Factoría ya venga una banda de hard rock, de blues o, como era el caso, de stoner. Aunque fuera con matices. Y es que la música de los suecos Greenleaf va mucho más allá del riff grueso y la lírica alucinada. Venían Sebastian Olsson (batería), Hans Fröhlich (bajo), Arvid Hällagård (voz) y Tommi Holappa (guitarras) a las puertas de un nuevo trabajo discográfico y parece que nadie quiso perderse la cita.

Y pese al «sold out«, lo cierto es que nos temimos lo peor al llegar y ver la furgoneta de la banda camino del taller. La vieja Ford Transit había dicho basta y en nuestro primer paseo por la Factoría pudimos oír cómo los suecos probaban sonido a una hora en la que ya debería estar todo atado y bien atado que diría aquél. Así las cosas y para cuando comienza la fiesta pasan ya diez minutos sobre el horario marcado por la promotora del evento. Da igual. La banda sale a pleno pulmón con “Trails And Passes” y del sonido, al menos en la parte central frente al escenario, no cabe mayor queja.

La química que desbordan no podría ser más contagiosa. De puertas para adentro uno nunca llega a conocer las verdaderas dinámicas detrás de cada banda pero lo cierto es que el jueves en Avilés y a pesar del evidente infortunio con el transporte, se mostraron enérgicos, risueños y muy agradecidos para con un público, como siempre en la Factoría, fiel y muy por la labor.

Holappa desborda carisma de manera casi torrencial. Y riffea como el mismo demonio, no para quieto ni un segundo y, en la medida en que los temas se lo permiten, pasa el concierto buscando la conexión para con el público que tiene frente a él. “Sweet Is The Sound” resultó incluso pegadiza, con un Sebastian Olsson dejándose la piel y no pocas gotas de sudor en cada golpe. Pero qué duda cabe es Hällagård quien acapara buena parte de los focos y las atenciones del respetable. Mostró al mismo tiempo un gran estado vocal y una amplia ración de delays y efectos varios desde su pedalera. Y si bien no fue el frontman más comunicativo que hemos visto últimamente, no creo que nadie tenga hoy mayor queja sobre su desempeño en tierras asturianas.

La noche siguió con la más vibrante “Ocean Deep” y poco a poco fuimos siendo testigos de los muchos registros que dominan. Mucha clase la que mostró Holappa aquí, un guitarra que desde luego supo meterse a los suyos en el bolsillo con sus arengas, sus riffs y, por qué no decirlo, también sus bailoteos. Sería aquí cuando por fin Hällagård se permitiera un pequeño descanso y aprovechara para ponernos al tanto del percance que sufrieron con la furgo. Desde luego ha tenido que ser un palo pero es algo que revierte quizá en la potencia que desarrolla el cuarteto durante “Our Mother Ash”, uno de los cortes más enérgicos, potentes y adrenalíticos de todo el set, con un Olsson desbocado sobre el kit de batería.

En cierto modo sería un pequeño punto de inflexión en el set. Porque para cuando le llega el turno a la más tranquila “Bury Me My Son” y la banda se permite una pequeña jam en su parte final, Greenleaf transcienden a horizontes nuevos y hasta ahora desconocidos. Se está perdiendo un poco esto de las improvisaciones y por ahí que uno agradezca la que deslizaron el jueves. Por timorata que esta fuera. “On Wings Of Gold” puso de relieve la pegada y también la cintura de Olsson tras los parches, en especial toda vez el corte alcanza ese final ardiente y descosido. Rompió varias baquetas en el transcurso del set y, viéndole, nos extrañó lo más mínimo.

Aquí aprovechó Hällagård para referirse precisamente al gusto de su batería por el coleccionismo y los reptiles como curiosa y llamativa introducción a, claro, “The Drum”, de aquél “Trails & Passes” pronto a cumplir diez años. Una discografía que se verá pronto aumentada con una nueva obra de estudio de la cual vinieron a presentar su más reciente single, una “Breathe, Breathe Out” que en directo vino a sonar desde luego mucho más intensa y rotunda que en su versión en estudio. Y pese al poco tiempo que lleva el single entre nosotros, lo cierto es que se produjo uno de los momentos de mayor comunión entre banda y público de toda la velada. Si aún no habéis echado un vistazo a su simpático videoclip desde luego estáis tardando.

Hablando de videoclips, otro que viene a hablar de la peculiar idiosincrasia de la banda nórdica es el de una “Good Ol’ Goat” de la que no quisieron olvidarse y que nos introduciría de lleno en la parte final del set. Con “Bound To Be Machines” y la fuerza inusitada con la que atacan Greenleaf más de uno se pensó que ya estaba todo el pescado vendido. Máxime cuando respondemos a los coros demandados por el afable Hällagård desde las tablas. Y es que ¿Cuántas veces habéis visto corear un tema en un concierto de stoner rock? “Gracias, perfecto” exclamaría el vocalista. Fue sin duda alguna otro de los momentos cumbre de la noche.

Una noche a la que sin embargo aún le quedaba alguna que otra bala en la recámara. En “Tides” serían las palmas y no las voces las protagonistas, que terminarían por conducir a una final “Let It Out” donde, desde luego, la banda se vació hasta las últimas consecuencias, firmando un final de set realmente vibrante y por todo lo alto. Ovación cerrada, algunos vítores y la absoluta certeza de haber presenciado otro de los grandes shows del presente año.

O no. Porque es tal el clamor del público avilesino que, pasados unos instantes, Greenleaf regresan al escenario y, ahora en formato trío, despliegan otra pequeña jam que plantó sonrisas, elevó puños al aire y provocó exclamaciones de asombro entre buena parte del respetable. Volvería finalmente Hällagård para ya al completo redondear la velada con “Going Down”, original si mis datos son correctos, de The Alabama State Troupers, y cerrar, ahora sí de forma definitiva, una de las grandes citas de este 2024.

Hay que estar muy agradecidos a Factoría Sound su apuesta por bandas que, de otra manera, difícilmente pisarían por territorio astur. También a ese público fiel que responde con un lleno tras otro así vengan Siena Root desde Suecia o The Electric Buffalo desde Oviedo. Un placer siempre para nosotros el dejarnos caer por allí y contároslo después aquí con el mayor lujo de detalles posible. Agradecer por tanto y una vez más a la organización todas las facilidades dispuestas así como mandar un afectuoso saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Asociación Músico-Cultural Metalastur

La Asociación Músico-Cultural Metalastur nace con el objetivo de apoyar la música rock y metal en Asturias a través de la organización de pequeños y grandes eventos como el KarmaFest, talleres musicales, masterclass y actividades para fomentar la música alternativa en directo y apoyar a las bandas emergentes gente a introducirse en este mundo que tanto nos apasiona.

Para apoyar dicha labor la asociación inicia la captación de socios a través del correo electrónico a amcmetalastur@gmail.com o por mensaje privado, ofreciendo los siguientes beneficios:

  • Descuentos en todas las actividades a realizar durante el año.
  • Descuento del 15% en todo el «merchan» del KarmaFest.
  • Regalo de bienvenida.
  • Participación en sorteos.

Crónica: The Electric Buffalo (Avilés 23/3/2024)

Nuevo llenazo en la Factoría Cultural, diría que constante habitual en todos los conciertos programados por Factoría Sound a los que hemos asistido en el recinto avilesino, y que tuvo esta vez a los asturianos The Electric Buffalo como únicos protagonistas de otra gran velada de rock and roll. Los más habituales a Heavy Metal Brigade conoceréis de sobra a la banda que forman Álvaro Bárcena en guitarra y voces, Sergio Tutu al bajo, Sam “Stone” Rodríguez en teclas y Wilón DeCalle en baterías.

Sobresalía la preciosa Slingerland blanca en la básica puesta en escena del cuarteto. Pasan unos quince de las nueve cuando los flamantes ganadores del premio Amas al mejor disco de rock (reseña) hacen suyo el escenario avilesino, que lo hacen atacando con la instrumental “Don’t Want You No More” a través de un sonido cristalino y limpio pero a la vez profundo y potente. Un buen ejercicio de equilibrio técnico, si bien la voz de Bárcena apenas era audible durante las primeras estrofas de “Wait For Us”.

Momentáneo, porque toda vez la banda enfrenta “The Raven”, perteneciente a su último álbum de estudio “Patrolman”, el derroche de clase y feeling es innegable. Bárcena domó con pericia su roja Gibson SG y todo fraguó para poner los cimientos de una noche que se presumía para el recuerdo. Sería el propio frontman quien agradecería al público su presencia. “No es fácil para una banda local llenar” y tenía razón. No hay más que remitirse a casi cualquier crónica precedente. Hubo tiempo para rememorar un anterior disco “que no se encuentra en ninguna parte”, con un Sam Rodríguez agigantado tras el piano y el Hammond XK-3, entrando en terrenos más calmos y casi diría terrenales.

Y es que la banda derrocha clase y saber hacer. Más aún cuando ves a a Álvaro Bárcena echar mano del slide y eres consciente de que la aquello sólo puede ir a mejor. Gran solo el que nos deja en “Walking On Thin Ice” para un set que, en este paso por su tronco central se apoyó en un gran DeCalle para derivar hacia un nervio más rockero. Primero con un potente recuerdo al primer álbum, luego con la más reciente “New Rules” y volviendo finalmente a su “Keepin’ It Warm” de 2016 con “Road To The Cliff”. Vimos bien de voz al que fuera integrante de una de nuestras bandas de culto favoritas como fueron (¿son?) Amon Ra, dibujando un registro que se amolda como un guante a la clásica y elemental propuesta del cuarteto.

The Outsider” nos retrotraería de nuevo al “Hidin’ From The Butcher” de 2009, inundando de humo la Factoría y derivando a término hacia una extensa y muy gozosa jam, digna de otros tiempos, y en la que el cuarteto se desenvolvió como pez en el agua que diría un clásico. Uno de los puntos álgidos de la noche. Por lo inusual que resulta en los tiempos que corren pero muy especialmente por la forma en que dejó entrever la mejor cara de The Electric Buffalo en lo que a interpretación se refiere. Muchos quilates sobre el escenario y un público que se lo estaba pasando en grande. “Era un poco larga” exclamó Bárcena a término de la misma. Sinceramente, si hubiera durado otros diez minutos, servidor tampoco habría puesto mayores pegas.

Bárcena coloca una cejilla en el mástil de su SG y de pronto el show vira hacia terrenos mucho más racionales, empezando por la más terrenal “You Know How” y siguiendo con una “Old Love”, de su último álbum, ante la que emerge un mar de teléfonos móviles que no quisieron perder ripio de todo cuanto acontecía sobre las tablas. Ciertamente su estribillo engancha, también la elegancia con que la banda dispone y aborda esos contornos más melancólicos. Otro punto álgido del show.

Por cosas como el prólogo de “Souls With No Name”, y su tan marcado deje más árido y desértico, es por las que merece la pena seguir adelante con el rock and roll. La banda alcanzaría aquí nuevas cotas, ampliando el rango que abraza su setlist y dibujando la que puede que fuera mi interpretación favorita de toda la noche. Bárcena de nuevo con el slide, “Stone” Rodríguez y Tutu apoyando en coros y la sensación de estar ante una banda enorme.

Una banda que se iría para retornar al rato con la igualmente tranquila “Hotel Bar”, puro sentimiento, toneladas de clase y demás tópicos habituales. “Habrá que hacer una de esas largas”, anuncia Bárcena, preguntando a Tutu “¿recuerdas esta?”, que resultó ser nada menos que “Blindman In The Dark” de los gigantes estadounidenses Gov’t Mule, que vino a albergar el solo más grueso y rotundo de la velada. Tras las obligadas presentaciones por parte de Bárcena, “aunque ya les conocéis”, le llegó el turno a una “The Hardest Man” que demostró que esta es una banda de pleno derecho para un medio como este. Y quien piense lo contrario desde luego no vio lo que vimos nosotros la noche del pasado sábado. Sus razones tendrán. Bien es verdad que echamos en falta “Patrolman”, el tema en que honran la figura del tristemente fallecido Alejandro Espina, pero por lo demás un bolazo de los buenos.

Y es que vivimos tiempos felices en lo que a la música en directo se refiere. Encadenando buenos shows uno detrás de otro y no podemos más que dar una vez las gracias a quienes lo hacen posible. Tanto arriba como abajo del escenario. Qué os vamos a contar. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz