“La Cuna Del Mal” es el segundo trabajo del guitarrista madrileño Jero Ramiro tras su tumultuosa salida de Saratoga, banda que integró, en una segunda etapa, entre 2014 y el presente 2026, El trabajo viene a suceder a aquél “Tenebrarium” de 2008 y, para la ocasión, el veterano músico se ha rodeado de Javier Canseco al bajo, Rodrigo de Lucas en baterías e Isaac Palón en voces y coros. Grabado, mezclado y masterizado por Iván Ibáñez en los Estudios 51 de Toledo, viene adornado por el diseño de los propios bajista y cantante de la banda y se encuentra en la calle desde el mes de septiembre.

Con una introducción a cargo de Rodrigo de Lucas que parece querer emular al Scott Travis del “Painkiller”, “La Cuna Del Mal”, Isaac Palón arremete aquí con alguno de los tonos más altos de todo el largo. Todo para un heavy metal vibrante y directo, con un deje oscuro muy bien implementado. Luego una sección solista, en la mejor tradición del madrileño, culmina una entrada al álbum descarnada y sin concesiones.
“Cautivos Del Odio” toma ese mismo heavy metal, apacigua aquella vibración tan directa y se dispone a ofrecer el sonido más clásico de la factoría Ramiro. Noto más suelto ahora a Palón tras el micro. Más cómodo, más entero. A bordo de esa letra que remite al odio repentino que separa a quienes antes fueron amigos, hermanos, parejas… Jero Ramiro ofrece un corte si bien sencillo en cuanto a trazo y estructuras, de lo más eficaz, con un cierto gancho incluso, permitiéndose además una de las secciones solistas más disfrutonas que le recuerdo.
“Joker”, que fuera una de las cartas de presentación del álbum, no me ha terminado de enganchar. Inspirada, en palabras del propio guitarrista, por aquél Arthur Fleck a quien diera vida Joaquin Phoenix en la película de Todd Phillips, me funciona en estrofas y no tanto en un estribillo al que, ya digo, me cuesta subirme. Lo mejor, sin duda, vuelven a ser los aportes solistas, un aspecto éste en el que parece haberse desquitado con creces en esta nueva andanada en solitario.
“La Próxima En Caer”, que versa sobre la lacra de los malos tratos, no terminó de entrar en aquél “Agotarás” de 2002 para renacer en este nuevo largo. Atravesada por uno de mis riffs favoritos de todo el disco, construida sobre un trazo más trabajado que cortes precedentes y depositaria del lado más técnico del ex Santa. Isaac Palón juega con tonos más graves y la base rítmica deja, aquí y allá, no pocos buenos detalles. Incluso el puente, calmado y tranquilo, me funciona. Solidario a la sección solista previa al epílogo, termina por conformar uno de los cortes, pienso yo, más redondos de todo el largo. Que llegue el día, por favor, en que líricas sean solo un mal recuerdo de tiempos pasados.
“El Eclipse”, ya aparecía en “Andrómeda”, Ep que el propio Palón editara en 2023, resulta, de entrada, mucho más clásica y melódica (si cabe) que la media del disco. Por ahí sorprende cómo abraza una mayor tensión durante estrofas o el modo en que se despereza de cara al final. Es un corte al que su duración algo escasa le puede jugar a la contra. Pero contiene buenos contrastes, hábiles detalles técnicos y un curioso aspecto lírico. ¿Tenemos ante nosotros a un buen compositor por descubrir? Pues tal vez. Ramiro aporta buenos riffs sobre ese bajo, siempre crujiente, de Canseco. Dicen que lo bueno si breve…
“1.777”, en referencia al año en que tuvo lugar la batalla de Saratoga, resulta en un pequeño interludio instrumental que, a su vez, servirá de prólogo a las descargas en vivo de la banda. De tono ciertamente bélico, baterías mediante, conduce hacia “Fiebre”, otro de los rescates de las sesiones de “Agotarás”. Y realmente, más que ningún otro corte de los once, uno pronto se imagina a Leo Jiménez poniendo su inconfundible voz a este buen medio tiempo. Isaac Palón, con ese registro casi siempre rugoso, dispone una estupenda línea de voz. Particularmente en la calma de ese puente previo al solo. Éste llega con un Ramiro más contenido al comienzo, más brioso después. Al final una dupla que me funciona dentro del contexto del disco.
“Lágrimas De Luz”, única balada del álbum y a la vez el corte más extenso del mismo, nace después de una comparecencia del propio Ramiro en un hospital. Aquello rimó en el músico con la anterior pandemia del Covid y lo que nació fue este corte que, en cierto modo y si bien son dos composiciones bien distantes, me lleva siempre a pensar en aquella “The Passing Light Of Day” de los suecos Pain Of Salvation. Éste no deja de tener el inconfundible sello Ramiro, éste es un terreno fértil par él, en donde ha entregado buenas piezas en el pasado, y allí donde parece extraer su mejor cara como compositor y también como intérprete. Y aunque ahora note a Palón algo más exigido que en cortes más vibrantes y directos, no creo que tanto como para llegar a siquiera empañar el empacado final.
“Ahora Soy Dios” recupera el nervio y también la melodía. Ha sido uno de esos que, de entrada, pasaron algo inadvertidos pero que, a medida que he ido volviendo sobre él, más enteros ha ido ganando. Siento de nuevo muy cómodo a Palón. Es un Jero Ramiro que me recuerda a los Saratoga de un disco (creo que algo infravalorado) como “El Clan De La Lucha”. Un heavy metal sabio a la hora de combinar un tono algo más oscuro con buenos detalles melódicos, voces que rugen y otra buena faceta solista. “Las heridas sanan, pero dejan cicatrices”, comenta el guitarrista, “esas cicatrices no se van nunca pero sirven para no olvidar”. Y tanto que sí.
“En El Corazón Del Fuego”, que va en reconocimiento de todos cuantos luchan contra cada verano contra los incendios, supone un heavy metal en la encrucijada entre nervio y pegada. Un estribillo extrañamente pegadizo, con un estupendo Palón al micro, junto a un cuidado solo de Ramiro bien pueden ser las mejores bazas de esta penúltima entrega. Metal conciso donde no resulta complicado descubrir la mano maestra de nuestro protagonista.
“Junio Del 44”, rescatada del debut de aquellos Santelmo, resucita ahora para echar el cierre a “La Cuna Del Mal” con un toque clásico, inconfundible, y un Palón muy hábil a la hora de moverse en tonos más altos de lo habitual en él. Un corte al que ahora se suman nuevos arreglos, algo más de colmillo y que echa el cierre con brillo y elegancia.
Entretenido disco de heavy metal que, pienso tras varias escuchas, hará las delicias de quienes siguen la trayectoria del músico madrileño. Hay algo que resulta muy reconocible en el trazo de estas canciones, en muchos de los riffs y solos que Jero ha reunido para este disco. Y habilidad también a la hora de dar vida a las ideas escritas sobre el papel. Buenas líneas de voz de un Palón que, salvo momentos muy contados, parece muy cómodo tras el micrófono. Entre descartes y adaptaciones todo logra confluir hacia un nexo común, resultando en un disco sólido y bien trabajado. Metal de lo más funcional, clásico, orgulloso y muy digno.
Texto: David Naves