Reseña: Belzebitch «Serpent Moon» (Quebranta Records 2025)

Ep debut para los occult stoner doom de El Bierzo Belzebitch, el dúo que forman Migui Albatross en voces y Pablo Mouzo en guitarras, a quienes hay que sumar las colaboraciones de Isidro Femenía al bajo y Lior Izhaki en baterías. Voces y guitarras de este “Serpent Moon” se grabaron a caballo entre Ponferrada y Santiago de Compostela. De mezcla y master se se encargaría Hans Horn en Tartu (Estonia), mientras que el diseño gráfico recaería en Beatriz Álvarez. En circulación vía Quebranta Records desde el pasado 27 de junio.

Ruidos e imprecaciones de toda naturaleza dan la bienvenida en “My Dear Lucifer”. Mouzo los rompe con un riff directo y sin miramientos. A él añade buenas melodías de guitarra y para cuando llega la voz de Migui Albatross, Electric Wizard es un nombre que se repite, una y otra vez, en mi subconsciente. Lo que me agrada es la producción tan equilibrada que tiene el Ep: sucia y grasienta pero siempre dentro de lo discernible, sin mayores aditamentos más allá del fuzz de las guitarras o el reverb en la voz de Migui. Es el corte más rácano en cuanto a duración del álbum, lo que viene a redundar en un solo algo comprimido durante el puente. En cualquier caso un buen arranque de doom alucinado y rasposo.

Satanic Vision” propone ideas similares, si bien las guitarras de Mouzo adquieren ahora una mayor gravedad ahora. Crepita el bajo de Femenía durante estrofas y la banda persiste en un doom de aires stoner muy marcados. El riff de las estrofas puede no ser el más lúcido de todo el Ep. Pero cuando la composición alcanza estribillos y Migui Albatross sube hasta tonos razonablemente altos, uno tiene la sensación de estar ante los mejores Belzebitch. Crece en duración esta segunda entrega y, en consecuencia, también el solo que antecede al epílogo. En él oigo ecos de la tan alargada como ineludible figura de Tony Iommi. Un deje que se magnifica toda vez irrumpe un riff durante el epílogo que parece escapado del “Masters Of Reality”. Quizá mi favorita de las cuatro.

No se despega de ese aroma tan Sabbath una “The Serpent Whisper” donde Mouzo parece haber echado el resto. El riff que implementa aquí tiene un gancho de mil demonios. Pero lo que más me agrada es una composición que aporta una dimensión mayor a la música de los bercianos. Con un estupendo solo de guitarra durante el puente y donde la banda, siempre a caballo entre el doom y el stoner, parece explorar texturas algo más cercanas a la psicodelia. De resultas puede ser este el corte de mayor personalidad de este “Serpent Moon”.

Se percibe una mayor oscuridad conforme arranca “Black Magic And Weed Bongs”, tema final de este primer Ep del dúo. Es la versión más clásica y seminal de su conocido doom metal, con Mouzo volviendo a rimar con el insigne fundador de Black Sabbath. Ruge Femenía bajo esas guitarras, mientras que Migui Albatross deja buenas líneas de voz, siempre acordes al género. El dúo no especula. Tampoco ofrece nada nuevo. Pero el corte resulta igualmente disfrutable en su parte final. Ahí donde abrazan entornos más alucinados y vuelven a converger, aunque sea de forma tímida, hacia territorios más psych. Un buen cierre.

De una rotundidad innegable, a “Serpent Moon” en particular y Belzebitch en general se les puede achacar la ingente cantidad de formaciones que, a día de hoy, practican un sonido parecido o similar al suyo. Pero en términos absolutos, y entendiendo el orgulloso trabajo de género que es, lo cierto es que he pasado buenos ratos con estos poco más de veinte minutos de doom rocoso y alucinado. El Ep, al final, no deja de ser un debut. Ya habrá tiempo de cargar las tintas más adelante. De momento lo que toca es darle al play y dejarse llevar por el particular ritual sónico de los bercianos.

Texto: David Naves

Crónica: Festiamas 2024 (5ª Semifinal – Piedras Blancas)

Quinta semifinal del ya ineludible Festiamas, celebrada en la localidad castrillonense de Piedras Blancas, y en la que competían las bandas Noland, Mesenktet, Chamako Wey! e Infección. Aunque lo de competir es un decir. A lo largo de la jornada y por boca de los propios protagonistas se respira un aire de hermandad que poco o nada tiene que ver con rivalidades de ningún tipo. Nosotros acudimos a la llamada, ya apenas sabe uno cómo es un viernes en casa, al tiempo que cruzábamos los dedos para que respetase la meteorología.

Que al final así fue. Aún es de día cuando el quinteto Noland inaugura el certamen. Su propuesta, a priori, puede parecer algo ajena a un medio como este. Lo cierto es que conforme fueron entrando en harina, y aunque no sea mucho el tiempo del que disponen, apenas veinte minutos por banda, no puedo negar que fueron adquiriendo un mayor grado de interés.

Se beneficiaron de un buen sonido. Y temas como “Expectations” dieron la debida medida de sus posibilidades. En sus momentos más tranquilos me recordaron a otra banda asturiana como pueda ser The Electric Buffalo. También a Mad Rovers cuando subían las revoluciones. Mucho feeling en “No Me Duermo” mientras ruego que los chicos sepan disculparme si apunté mal los nombres de los temas.

La banda, que ya fue finalista en la edición del año pasado, y que de hecho ganó el XXI Concurso de Bandas Abierto Hasta El Amanecer, intercala temas con letras en nuestro idioma como “A Cubierto” y realmente muestra cintura y versatilidad. Saludos y agradecimientos mediante se irían con “Unbroken” dejando un gran sabor de boca.

A fe mía que los metaleros de nuevo cuño Mesenktet no lo iban a tener tan fácil. Los duendes del directo, siempre tan traicioneros, quisieron cebarse con la banda de Alberto Guerra. Algo que pareció no arredrar a la formación, que cuenta ahora con Poyo (ex Beast Inside) a la batería.

Me gustó el arranque que propusieron. Mucho groove pero también cierta atmósfera en sus riffs. Guerra nos confesaría más tarde que tuvieron dificultades para oírse sobre el escenario. Sea como fuere, me agradó la dualidad del frontman en “Sueños Rotos”, así como ese mayor nervio que les acerca a las fronteras del melodeath moderno de gente como The Black Dahlia Murder, Heaven Shall Burn, As I Lay Dying

Turno para presentaciones. También para saludar y aplaudir al resto de bandas del certamen. Ya digo que el festiAMAS puede ser una competición pero el ambiente que se respira, al menos de puertas para fuera, es de auténtica camaradería. Problemas de sonido vendrían a aguar sus evoluciones e incluso tendrían que repetir uno de los temas por un problema técnico. Con mucho la banda que hubo de lidiar con más inconvenientes a lo largo de su descarga.

No engañamos a nadie si decimos que Chamako Wey! son, a día de hoy, una banda totalmente asentada. Veníamos de verles cerrar una gran jornada en el Vidiago Rock (crónica) y realmente posaron todas sus credenciales sobre el escenario de Piedras Blancas. Beneficiados además de la llegada de la noche y el mayor juego que dan las luces a una banda como esta, supieron sacar lo mejor de sí para poner patas arriba el concurso.

La inicial “Sublevación” despliega quizá el mejor sonido de la tarde-noche. La banda suena realmente contundente abajo, si bien la caja de la batería de Mike Jiménez a ratos va y viene. Y da igual porque, al final, las tablas se notan. Gente con mucho bagaje y no poco rodaje sobre ellas.

El inevitable “es un placer para nosotros estar aquí” que deja Larriet antes de la intensa “Indomable” unido al estupendo solo que dibuja Adrián “Mostro” dan la verdadera medida del quinteto. Agradecimientos al resto de participantes y una “Zombie Caníbal” donde despiezan su conocido metal moderno con trazas de Brujeria y mucho mal café.

“Como decían The Doors, esto se va acabando”, precede a “Fariseos”. Las ganas de pasarlo bien son tales que Adrián Amieva corre por el escenario y el cable de su Explorer se desconecta. Percance solucionado en un auténtico abrir y cerrar de ojos. Puede parecer un detalle menor pero sirve para ejemplificar lo enchufados, perdonen el chiste fácil, que llegaron a Piedras. La final “Pendejos Fronterizos”, abrupta y descosida, les puso cara de favoritos. Al menos a juicio del abajo firmante.

El cierre de la quinta semifinal vino a corresponder a los punks del occidente asturiano Infección. Una gente que viene dando guerra en nuestros escenarios desde 2011 y a la que, al igual que sucediera con la gente de Chamako Wey!, se le notan las tablas.

Se mostraron de lo más enérgicos, solo faltaba en una banda de punk, al igual que combativos y ruidosos. Me agradó el triple juego de voces con el que afrontan los temas. Dotan a sus composiciones, siempre regidas por las reglas del género, de una versatilidad que opera en beneficio del mensaje que transmiten. Enlazando temas y arremetiendo contra todo bicho viviente. Por poner un ejemplo, contra “quienes disfrutan del sufrimiento ajeno” en una arremetida contra la llamada “fiesta nacional”, que desde luego será nacional pero desde este medio no conseguimos entender cómo demonios una muerte sádica y violente puede ser algo a celebrar. “¡No más toros en Begoña!”, apostillarían.

Deiviz agradeció a los responsables del evento el haberles elegido entre tantas bandas a concurso, mandó un saludo al resto de participantes de la jornada y presentó un canto a “acabar con la cultura de la competitividad” que el capitalismo nos inocula desde bien pequeños. Lo dicho, tienen tablas y se notó. Su punk puede estar en los márgenes del tipo de música que acostumbramos a tratar por aquí, alcanzar a todo es imposible, pero mentiríamos si dijéramos que no nos agradaron.

La cosa es que, como decía aquella mal-envejecida película de los ochenta, “solo puede quedar uno”, así que allí que se subió Julia María Martínez-Lombó, coordinadora del Anuario de la Música en Asturias, para destapar al ganador de esta quinta semifinal. Redoble de tambores, emoción, intriga, ya saben cómo son estas cosas, para una victoria que vino a recaer finalmente en la gente de Chamako Wey!. Darles por tanto la enhorabuena, esta vez por escrito, y desearles la mayor de las suertes de cara a la gran final.

Por nuestra parte nada más. Mandar un afectuoso saludo a Noland, Mesenktet, Chamako Wey! e Infección, también a los habituales que nunca fallan y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz