Reseña: Death By Dissonance «Exile Within» (Autoproducción 2026)

Death by Dissonance provienen de Alemania, concretamente de la ciudad de Luisburgo, y este “Exile Within” que hoy nos traen es el segundo largo de su aún corta trayectoria. Una banda que alcanza 2026 tras diversos cambios en sus filas, arrojando una formación integrada ahora por Jona Davis en voces, J.S. al bajo, Robin Wagner y Dean Zundel en guitarras y Johannes Rupp en baterías. Once temas producidos y mezclados por los propios Davis & Rupp y que vieron la luz, de manera independiente, el pasado mes de febrero.

La intro de corte industrial “Odyssee” nos da la bienvenida. En ella se vislumbra un cierto caos en la distancia, planteando la tensión correcta hasta la irrupción de “Pandemonium”, una de las cartas de presentación de este segundo largo y donde la banda alemana plantea un deathcore fuertemente arreglado, inicialmente acompasado, lejano a la clásica propuesta descosida y vibrante, con ambas voces jugando a alternarse durante las primeras estrofas. Buscando y encontrado buenos grooves, en gran parte sin abusar del breakdown cortado en seco, y planteando como digo un arranque de disco (hasta cierto punto) contrario a la norma.

Para quienes busquen un mayor vértigo, bien está el controlado frenesí de “Fremdkörper”. Rupp vuela en baterías al tiempo que compone unas líneas más que hábiles en un corte tan violento en sus partes más fulgurantes como pesado en las más arrastradas. De nuevo fuertemente arreglado, esos casi omnipresentes colchones sonoros otorgando el ya habitual poso atmosférico a la composición y una buena muestra, en definitiva, de la cara más violenta de estos Death By Dissonance. Aún en su mayor crudeza, aprecio los buenos detalles melódicos de Wagner y Zundel, si bien a ratos resulten un tanto sepultados en la mezcla final. Con eso y con todo, un corte con hechuras de encontrar en el directo su verdadera razón de ser.

Sacrificed”, situada en una encrucijada entre el deathcore rocoso de “Pandemonium” y el mayor vértigo de “Fremdkörper”, trae consigo alguna de las líneas de voz con más gancho de este segundo álbum. Rupp está de nuevo muy fino tras los parches. En especial durante esas partes más groovies, más rompe suelos, y que vienen a contrastar con las más enérgicas, en un clásico y habitual juego de intensidades. Puedo, eso sí, echar en falta un breakdown más marcado que ese que irrumpe previo al epílogo. Por el camino hay estrofas de voces siempre rotas, cuando no oscuras, aunque nunca del todo abisales. En cualquier caso, poco respiro el otorgado al oyente en este sentido.

Imposter”, que salvo la intro inicial “Odyssee” supone el corte más rácano de todo el largo, opta por un core más marcial, cortado al milímetro, de voces realmente agónicas en sus primeras estrofas, y que más adelante transita hacia la cara más violenta y frenética de los alemanes. En ese clásico juego rítmico está la mayor baza de una quinta entrega que quizá ofrezca pocas sorpresas en cuanto a escritura se refiere, esa estructura a modo de montaña rusa (de campana de Gauss si se me permiten el tecnicismo y la pedantería) pero deja por el camino otro buen juego vocal, riffs más que serviciales y un breakdown nada impostado. Me agrada.

Witchcraft” parece arrimarse a las fronteras del death metal más iracundo acompañando, eso sí, de esos cambios de ritmo tan habituales del género. Aquí gana peso la faceta puramente sinfónica del combo, en una onda que bien podría recordar a bandas como Worm Shepherd, Lorna Shore, Shadow of Intent… el caso es que, a la larga, me resulta una de sus entregas más redondas. O, dicho de otro modo, pasa por ser una con la que conecto en gran medida. Los buenos detalles melódicos que acompañan a esas estrofas, una producción que no hierra el tiro en las partes más crudas ni en tampoco las más recargadas. Pero, sobre todo, una escritura que le permite a cada parte individual brillar con luz propia, afianzando así el peso del conjunto. Como digo, una de mis favoritas.

Orpheus’ Gaze” ofrece ahora una pulsión más djent. Sin llegar a la particular muralla sónica de unos Meshuggah pero, desde luego, dando un paso o dos en ese sentido. Es un corte que, a pesar de ese pequeño viraje, no traiciona sus esencias. Alterna un arranque casi monolítico con un metal casi anfetamínico donde vuelve a brillar la dupla Wagner y Zundel. Si algo echo en falta aquí es un mayor desarrollo del curioso puente que plantean. Una buena idea que se queda en tierra de nadie por rácana y fugaz. No es un corte que desprecie, ni mucho menos, pero sí me deja la impresión de que se le podría haber sacado algo más de jugo.

Illusion Of Light” obedece a unas normas muy básicas con ese prólogo arrastrado, algo caótico en cuanto a guitarras y donde la banda, curiosamente, parece más cómoda que nunca. Tras ese arranque poco benévolo surgen de nuevo los Death By Dissonance más incendiarios, componiendo finalmente otro de esos cortes subibaja en los que también se manejan. Para el puente quedan las pocas voces limpias de todo el largo, así como un breakdown (ahora sí) un tanto más ambicioso y un final acomodado aunque servicial.

Las primeras guitarras que irrumpen en “Drowned” y aunque en realidad no tengan nada que ver, siempre me llevan a pensar en “Los” de sus paisanos Rammstein. Superado ese arranque, aquí aparece su vertiente más atmosférica, ofreciendo al oyente un cierto asidero, aún cuando la dupla vocal sigue con su habitual procesión de voces crudas, casi agónicas. Hay riffs pétreos aquí, confrontados a un mayor rigor melódico, lo que por pura colisión termina convergiendo en una de las entregas con más personalidad del largo. También, a buen seguro, una de las más divisoras.

Arrival” es, de inicio, puro deathcore sinfónico. Desatado y violento primero, más orgánico y desnudo después, procurando riffs más serviciales que inteligentes, funcionando (opinión muy subjetiva esta) mejor en estribillos que en estrofas. Cuando desborda la violencia, pienso en unos Bonecarver. Pero aunque ellos no lleguen a la velocidad (absurda) de unos Infant Annihilator, ni falta que hace, lo cierto es que este es uno de esos cortes que ha ido creciendo con el paso de las escuchas. Firme en el nervio y atractivo cuando encuentra una mayor pesadez. Equilibrado, ágil, me agrada.

Elysion” tiene un nosequé que a menudo me recuerda a mis paisanos de Unexpectance. Supone uno, claro, porque las fuentes de unos y otros no dejan de ser las mismas. En cualquier caso un corte final que confronta un metalcore más clásico con su habitual desgarro. Melódico en su punto justo, construyendo buenas líneas de voz y apoyado en una sólida base rítmica, pienso que despide el disco con buena nota.

Cincuenta minutos de música y mucho que recordar. En general encuentro buenos riffs, estructuras en constante cambio, mucho juego entre intensidades y unos apoyos sinfónicos de los que, por lo general, no se abusa. Disco autoproducido como es, uno puede perdonar una producción correcta pero nunca ambiciosa. También es cierto que se podría haber buscado una mayor diversidad en cuanto a voces. Una mayor presencia de registros limpios. Pero cuando todo centrifuga como debe, pienso que cortes como “Witchcraft”, “Drowned”, “Sacrificed” o “Fremdkörper” son más que ganadores. Ni indispensable ni desde luego aburrido, una obra para todo buen fan del deathcore que se precie.

Texto: David Naves

Reseña: Belzebitch «Serpent Moon» (Quebranta Records 2025)

Ep debut para los occult stoner doom de El Bierzo Belzebitch, el dúo que forman Migui Albatross en voces y Pablo Mouzo en guitarras, a quienes hay que sumar las colaboraciones de Isidro Femenía al bajo y Lior Izhaki en baterías. Voces y guitarras de este “Serpent Moon” se grabaron a caballo entre Ponferrada y Santiago de Compostela. De mezcla y master se se encargaría Hans Horn en Tartu (Estonia), mientras que el diseño gráfico recaería en Beatriz Álvarez. En circulación vía Quebranta Records desde el pasado 27 de junio.

Ruidos e imprecaciones de toda naturaleza dan la bienvenida en “My Dear Lucifer”. Mouzo los rompe con un riff directo y sin miramientos. A él añade buenas melodías de guitarra y para cuando llega la voz de Migui Albatross, Electric Wizard es un nombre que se repite, una y otra vez, en mi subconsciente. Lo que me agrada es la producción tan equilibrada que tiene el Ep: sucia y grasienta pero siempre dentro de lo discernible, sin mayores aditamentos más allá del fuzz de las guitarras o el reverb en la voz de Migui. Es el corte más rácano en cuanto a duración del álbum, lo que viene a redundar en un solo algo comprimido durante el puente. En cualquier caso un buen arranque de doom alucinado y rasposo.

Satanic Vision” propone ideas similares, si bien las guitarras de Mouzo adquieren ahora una mayor gravedad ahora. Crepita el bajo de Femenía durante estrofas y la banda persiste en un doom de aires stoner muy marcados. El riff de las estrofas puede no ser el más lúcido de todo el Ep. Pero cuando la composición alcanza estribillos y Migui Albatross sube hasta tonos razonablemente altos, uno tiene la sensación de estar ante los mejores Belzebitch. Crece en duración esta segunda entrega y, en consecuencia, también el solo que antecede al epílogo. En él oigo ecos de la tan alargada como ineludible figura de Tony Iommi. Un deje que se magnifica toda vez irrumpe un riff durante el epílogo que parece escapado del “Masters Of Reality”. Quizá mi favorita de las cuatro.

No se despega de ese aroma tan Sabbath una “The Serpent Whisper” donde Mouzo parece haber echado el resto. El riff que implementa aquí tiene un gancho de mil demonios. Pero lo que más me agrada es una composición que aporta una dimensión mayor a la música de los bercianos. Con un estupendo solo de guitarra durante el puente y donde la banda, siempre a caballo entre el doom y el stoner, parece explorar texturas algo más cercanas a la psicodelia. De resultas puede ser este el corte de mayor personalidad de este “Serpent Moon”.

Se percibe una mayor oscuridad conforme arranca “Black Magic And Weed Bongs”, tema final de este primer Ep del dúo. Es la versión más clásica y seminal de su conocido doom metal, con Mouzo volviendo a rimar con el insigne fundador de Black Sabbath. Ruge Femenía bajo esas guitarras, mientras que Migui Albatross deja buenas líneas de voz, siempre acordes al género. El dúo no especula. Tampoco ofrece nada nuevo. Pero el corte resulta igualmente disfrutable en su parte final. Ahí donde abrazan entornos más alucinados y vuelven a converger, aunque sea de forma tímida, hacia territorios más psych. Un buen cierre.

De una rotundidad innegable, a “Serpent Moon” en particular y Belzebitch en general se les puede achacar la ingente cantidad de formaciones que, a día de hoy, practican un sonido parecido o similar al suyo. Pero en términos absolutos, y entendiendo el orgulloso trabajo de género que es, lo cierto es que he pasado buenos ratos con estos poco más de veinte minutos de doom rocoso y alucinado. El Ep, al final, no deja de ser un debut. Ya habrá tiempo de cargar las tintas más adelante. De momento lo que toca es darle al play y dejarse llevar por el particular ritual sónico de los bercianos.

Texto: David Naves

Crónica: Festiamas 2024 (5ª Semifinal – Piedras Blancas)

Quinta semifinal del ya ineludible Festiamas, celebrada en la localidad castrillonense de Piedras Blancas, y en la que competían las bandas Noland, Mesenktet, Chamako Wey! e Infección. Aunque lo de competir es un decir. A lo largo de la jornada y por boca de los propios protagonistas se respira un aire de hermandad que poco o nada tiene que ver con rivalidades de ningún tipo. Nosotros acudimos a la llamada, ya apenas sabe uno cómo es un viernes en casa, al tiempo que cruzábamos los dedos para que respetase la meteorología.

Que al final así fue. Aún es de día cuando el quinteto Noland inaugura el certamen. Su propuesta, a priori, puede parecer algo ajena a un medio como este. Lo cierto es que conforme fueron entrando en harina, y aunque no sea mucho el tiempo del que disponen, apenas veinte minutos por banda, no puedo negar que fueron adquiriendo un mayor grado de interés.

Se beneficiaron de un buen sonido. Y temas como “Expectations” dieron la debida medida de sus posibilidades. En sus momentos más tranquilos me recordaron a otra banda asturiana como pueda ser The Electric Buffalo. También a Mad Rovers cuando subían las revoluciones. Mucho feeling en “No Me Duermo” mientras ruego que los chicos sepan disculparme si apunté mal los nombres de los temas.

La banda, que ya fue finalista en la edición del año pasado, y que de hecho ganó el XXI Concurso de Bandas Abierto Hasta El Amanecer, intercala temas con letras en nuestro idioma como “A Cubierto” y realmente muestra cintura y versatilidad. Saludos y agradecimientos mediante se irían con “Unbroken” dejando un gran sabor de boca.

A fe mía que los metaleros de nuevo cuño Mesenktet no lo iban a tener tan fácil. Los duendes del directo, siempre tan traicioneros, quisieron cebarse con la banda de Alberto Guerra. Algo que pareció no arredrar a la formación, que cuenta ahora con Poyo (ex Beast Inside) a la batería.

Me gustó el arranque que propusieron. Mucho groove pero también cierta atmósfera en sus riffs. Guerra nos confesaría más tarde que tuvieron dificultades para oírse sobre el escenario. Sea como fuere, me agradó la dualidad del frontman en “Sueños Rotos”, así como ese mayor nervio que les acerca a las fronteras del melodeath moderno de gente como The Black Dahlia Murder, Heaven Shall Burn, As I Lay Dying

Turno para presentaciones. También para saludar y aplaudir al resto de bandas del certamen. Ya digo que el festiAMAS puede ser una competición pero el ambiente que se respira, al menos de puertas para fuera, es de auténtica camaradería. Problemas de sonido vendrían a aguar sus evoluciones e incluso tendrían que repetir uno de los temas por un problema técnico. Con mucho la banda que hubo de lidiar con más inconvenientes a lo largo de su descarga.

No engañamos a nadie si decimos que Chamako Wey! son, a día de hoy, una banda totalmente asentada. Veníamos de verles cerrar una gran jornada en el Vidiago Rock (crónica) y realmente posaron todas sus credenciales sobre el escenario de Piedras Blancas. Beneficiados además de la llegada de la noche y el mayor juego que dan las luces a una banda como esta, supieron sacar lo mejor de sí para poner patas arriba el concurso.

La inicial “Sublevación” despliega quizá el mejor sonido de la tarde-noche. La banda suena realmente contundente abajo, si bien la caja de la batería de Mike Jiménez a ratos va y viene. Y da igual porque, al final, las tablas se notan. Gente con mucho bagaje y no poco rodaje sobre ellas.

El inevitable “es un placer para nosotros estar aquí” que deja Larriet antes de la intensa “Indomable” unido al estupendo solo que dibuja Adrián “Mostro” dan la verdadera medida del quinteto. Agradecimientos al resto de participantes y una “Zombie Caníbal” donde despiezan su conocido metal moderno con trazas de Brujeria y mucho mal café.

“Como decían The Doors, esto se va acabando”, precede a “Fariseos”. Las ganas de pasarlo bien son tales que Adrián Amieva corre por el escenario y el cable de su Explorer se desconecta. Percance solucionado en un auténtico abrir y cerrar de ojos. Puede parecer un detalle menor pero sirve para ejemplificar lo enchufados, perdonen el chiste fácil, que llegaron a Piedras. La final “Pendejos Fronterizos”, abrupta y descosida, les puso cara de favoritos. Al menos a juicio del abajo firmante.

El cierre de la quinta semifinal vino a corresponder a los punks del occidente asturiano Infección. Una gente que viene dando guerra en nuestros escenarios desde 2011 y a la que, al igual que sucediera con la gente de Chamako Wey!, se le notan las tablas.

Se mostraron de lo más enérgicos, solo faltaba en una banda de punk, al igual que combativos y ruidosos. Me agradó el triple juego de voces con el que afrontan los temas. Dotan a sus composiciones, siempre regidas por las reglas del género, de una versatilidad que opera en beneficio del mensaje que transmiten. Enlazando temas y arremetiendo contra todo bicho viviente. Por poner un ejemplo, contra “quienes disfrutan del sufrimiento ajeno” en una arremetida contra la llamada “fiesta nacional”, que desde luego será nacional pero desde este medio no conseguimos entender cómo demonios una muerte sádica y violente puede ser algo a celebrar. “¡No más toros en Begoña!”, apostillarían.

Deiviz agradeció a los responsables del evento el haberles elegido entre tantas bandas a concurso, mandó un saludo al resto de participantes de la jornada y presentó un canto a “acabar con la cultura de la competitividad” que el capitalismo nos inocula desde bien pequeños. Lo dicho, tienen tablas y se notó. Su punk puede estar en los márgenes del tipo de música que acostumbramos a tratar por aquí, alcanzar a todo es imposible, pero mentiríamos si dijéramos que no nos agradaron.

La cosa es que, como decía aquella mal-envejecida película de los ochenta, “solo puede quedar uno”, así que allí que se subió Julia María Martínez-Lombó, coordinadora del Anuario de la Música en Asturias, para destapar al ganador de esta quinta semifinal. Redoble de tambores, emoción, intriga, ya saben cómo son estas cosas, para una victoria que vino a recaer finalmente en la gente de Chamako Wey!. Darles por tanto la enhorabuena, esta vez por escrito, y desearles la mayor de las suertes de cara a la gran final.

Por nuestra parte nada más. Mandar un afectuoso saludo a Noland, Mesenktet, Chamako Wey! e Infección, también a los habituales que nunca fallan y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz