Tras debutar en 2018 con un primer largo de nombre “A Reason To Exist” y continuar con aquél “Under Control” del que diéramos buena cuenta allá por 2020, por fin tenemos de vuelta a los chicos de Apotropaico: Manuel Guerra (batería), Iván Tamarit (guitarra), Teo Mochen (bajo) y Pablo Kiaro (voz). “Reborning” se grabó en Ibiza a lo largo del verano de 2023 por el propio Tamarit, a excepción hecha del par de bonus que cierran el Ep, grabados en el Antiestudiopro en 2022. Con mezcla y master de Artem Efimov en el Red Ghost Studio de Kiev (Ucrania) a excepción hecha de “Scars”, el cual sería mezclado y masterizado por Omar Gisbert en los Magrana Studios, se encuentra en la calle vía Demons Records desde el pasado dieciséis de noviembre.
“Anger Slice” engancha desde el retorcido prólogo hasta el brío de las primeras estrofas con un metal orgánico y funcional. De producción crujiente pero que no desestima en pegada mientras se arrima a unas líneas de voz muy a la americana. Metal con un pie en las escuelas más clásicas y otro, más disimulado, en las más contemporáneas, que transgrede expectativas gracias a un buen trabajo tanto de escritura como de ejecuciones. Buen síntoma que Apotropaico parezcan seguir donde lo dejaran con aquél interesante “Under Control”. La sección solista primero y el epílogo después arrastran un pulso casi cercano al thrash para que todo confluya en un corte inicial competente y con gancho.
“Beer ´N´ Mosh” parece recoger ese guante thrash de su predecesora para reconducir hacia un metal que, si bien mantiene ese nervio más marcado, reduce tiempos y comprime estructuras cara a desplegar la cara más inquieta de los ibicencos. Fugaz como promesa de político, poco más de dos minutos y medio, pero coronada igualmente por un buen solo en su parte final dueña de no pocas razones para darles más que buenos réditos en directo. La disfruto más con el corazón que con la cabeza.
Me gusta la forma en que “My Name” va transformando los ritmos vivos del prólogo en un metal rugoso y pesado, tan deudor de Pantera como de Exodus o Testament. Y si bien a ratos echo en falta a un Kiaro más encabronado, que deslice algo más de mala baba, en cualquier caso me agrada este metal a ratos vibrante y descosido. Atractivo, sugerente incluso, el solo con el que Tamarit adorna el tronco central y eficaz esa mayor pesadez que implementan durante el epílogo. Que sin llegar a ser puro breakdown, sí arrastra cierta querencia por el crujir de cuello con pie a tierra. Solvente.
Kiaro canta altísimo en ciertos momentos de una “The Trucker” que viene en parte a recuperar aquél trazo más retorcido y laberíntico que impulsaba al tema apertura. Hay otra gran labor de Tamarit aquí. Quizá no tanto en solos pero desde luego sí en riffs. Me funciona esa base rítmica por cómo gana en presencia, acertando a la hora de coser primero y dar empaque después a las líneas de voz, como digo, más peculiares de todo “Reborning”. Fácilmente mi favorita de las siete.
“Premium Vivere” da inicio arrimándose con descaro hacia posiciones más lentas y arrastradas, con un cierto deje a los Slayer del “Seasons In The Abyss”. Por ahí me agrada la forma en que se las arreglan para sonar más personales. Si bien abren un paraguas que a ratos me recuerda a lo más granado del thrash alemán, Kiaro despliega aquí el mal café que eché en falta allá por “My Name”. Tamarit aprovecha el paso tan marcado del puente para situar un solo más que correcto y, al final, el corte da cierta sensación de corrección. Sin dobleces, tampoco sin sorpresas, coronado eso sí por un estribillo nada vulgar.
Para el final quedan el par de bonus: “Trapped” es, no obstante, el corte más ambicioso de los siete. Al menos en cuanto a duración se refiere. Aquí me engancha ese bajo tan alto en la mezcla y tan crujiente en afinación. También ese trotar que parece querer rimar con los Metallica más vibrantes, si bien los distintos registros que Kiaro despliega aquí en poco o en nada te recordarán al bueno de James Hetfield.
“Scars” procede de una mezcla diferente y por ahí entiendo ese poso más rabioso y llameante que pronto exudan sus estrofas. Más groovies que nunca pero tan centrados como siempre, Apotropaico trazan un metal sin grandes alardes ni tampoco mayores concesiones. Kiaro se retuerce a placer en esta línea de voz al tiempo que siento su base rítmica algo más disociada que en los seis cortes precedentes. Sin desagradarme, encuentro proposiciones más atractivas dentro de este más que interesante “Reborning”.
En lo que a bandas patrias se refiere, Endernity podría ser una rima cercana para el ahora cuarteto balear. No sabíamos de ellos desde que reseñamos su “Under Control” de 2020 y parecen haber vuelto donde lo dejaran con aquél, destilando la acostumbrada mezcla de heavy y thrash más o menos contemporáneo, guiñando con igual finura a las escuelas clásica y moderna. Ahí es donde se labran su propio sonido y resultan personales e identificables. En un panorama trufado de propuestas clónicas, resulta un gusto encontrarse con propuestas híbridas como la suya. Siguen en forma.
La temporada de salas sigue abriéndose paso a dentelladas y este pasado fin de semana vino a hacerlo a través de las descargas de los punks catalanes En Diskordia y los rockeros urbanos astures Chabacanos. Citados en Tizón tras el dichoso derby, no fue mucha la gente que se arrimó a la descarga. Pero cada cosa a su tiempo.
Faltan veinte para las diez cuando los barceloneses En Diskordia hacen suyo el coqueto escenario del Tizón. Poco público, ya digo, pero muchas ganas de agradar. No me vale la excusa del derby esta vez. El partido ya había terminado para cuando los chicos arrancan con una muy apropiada “Rabia e Ira”, por lo que habrá que buscar otros motivos a la escasa venta de tickets.
En lo referente al cuarteto catalán y sin ser el suyo un estilo que acostumbre a escuchar, lo cierto es que me agradó que resultaran tan poco panfletarios a la hora de construir sus letras, en un espíritu que me recordaba más a unos Mala Reputación de su última etapa que a La Polla, por decir algo.
Alguno de sus temas incluso desarrolla ciertos guiños alternativos. Lo cierto que se mostraron como una banda que parte del punk para abrazar otras influencias y por ahí su actuación gana enteros cara al público más casual del género, como puede ser mi caso. Curioso y muy efectivo de hecho el riff que dibujan en “Road Trip” y agradable ese punto más melódico que le insufla al set.
Puede que para ser una banda punk uno eche en falta algo más de nervio, de pegada, que es justo lo que ofrecen en “A Tu Lado”, encargada de abrir su álbum del año pasado “Raíces”. Turno para los agradecimientos y una “La Niebla” gracias a la cual abordan la nota melancólica del set, antes de un final descosido e incluso vibrante. Una de las mejor recibidas por parte del escaso público.
“La Chica De La Foto” fue presentada como un tema “especial” para ellos. Su primera balada, con todo lo que ello tiene de llamativo para una banda punk como esta. Hablaba antes de Mala Reputación y fue un nombre que regresó a mi subconsciente durante este impasse dentro del set. Tiene mérito lo de estos chicos. Pegarse la paliza de viaje desde Barcelona hasta el Tizón llenos de incertezas. Por ahí que a buen seguro agradecieron la lluvia de espontáneos que inundó el escenario justo después de haber procedido con las presentaciones. ¿El motivo de la invasión? La versión del “Otra Noche” de Kaotiko que deslizaron.
Le llegaría el turno entonces a otro de los temas que mejor funcionaron, “Mi Infierno”, en cuya versión grabada colabora nada menos que Peib de Free City. Puede que el sonido a lo largo de su descarga no fuera el mejor de cuantos hemos disfrutado en la mencionada sala. Puede que les pesara el cansancio del largo viaje. En lo personal agradecí un corte como “Estigma”, quizá el que deja el mayor poso compositivo de todo el set, mientras que el final recoge un espíritu muy Me Fritos And The Gimme Cheetos para echar el cierre con una sonrisa.
Chabacanos son un animal muy diferente, aunque la propia diversidad de En Diskordia ofreció a término algún que otro punto en común. El rock de los asturianos bebe de las fuentes del mejor Robe Iniesta y sus diferentes hijos putativos, Kutxi Romero a la cabeza.
Mucho de ese rock que algunos vinieron a llamar “transgresivo” el que inunda el Tizón cuando, a eso de las once menos diez, arrancan con “Piel De Humo”. Álex Mallada y esa forma de encarar los distintos versos que tanto recuerda al líder de Marea, puso el carisma, mientras Jorge Tello y Edu dibujaban riffs puede que algo convencionales pero con gancho. Cierto que al comienzo del set la voz predominaba sobre el resto de instrumentos. También que todo iría reconduciendo hacia cauces normales con el correr de los temas.
Unos temas que los presentes, aunque fueran pocos en número, eran solidarios en ánimo y entrega, gritando “A Pleno Pulmón” con los asturianos. “Venimos del barrio, cada uno del suyo” exclama irónico Mallada, y la banda entrega un “Rozando Solera” que deja alguno de los solos más llamativos de la noche, con el propio vocalista de rodillas en el suelo del escenario.
Me gustó el detalle que tuvieron para con los chicos de En Diskordia, a quienes preguntaron cuántos kilómetros habían hecho. Y es que ya sabéis lo que dicen, a veces parece que el rock todo lo puede. Agradó el regusto más vacilón de “La Ruinera”. También el recuerdo al Boni, el tristemente desaparecido miembro fundador de Barricada. O la nota más poética, desgarrada también, de “Les Rexes”, con el Mallada menos prosaico y más visceral emergiendo en la noche gijonesa.
“Ahora Es El Momento” sin embargo recuerda a ciertos momentos de Barricada, mientras que “La Maraña” pone una nota más relajada y tendida que viene a contrastar con lo agrio y malencarado de sus versos. “Siempre me gusta invitar a gente que está empezando” comentó no sin cierta sorna Mallada previo a que Sandra (Dr. Nekro) irrumpiera en escena para “Ramas De Papel”. La colaboración parecía cosa de un único tema hasta que Jorge Tello dijo aquello de “puños arriba se queda, puños abajo se va”. Huelga decir que ganó la primera opción.
Sucede a veces que en los conciertos de verdad, en los que hay que afinar instrumentos o simplemente no dependen exclusivamente de un maldito lápiz USB, a ciertos duendes les gusta hacer de las suyas. El concierto del sábado no vino a ser la excepción. Lo cuento porque me gustó la forma en que Mallada supo salir del trance. No esperaba escuchar, aunque apenas fuesen unas pocas estrofas, el “Asturias” de Víctor Manuel en un bolo de rock and roll. Otra anécdota más para un hipotético libro. Enciclopedia a este paso.
Berti, bajista de la banda, bajó a mezclarse con la gente ya muy al final del set. Un set que, echando luego un ojo, vimos que tuvieron que recortar. La tiranía de los horarios. Lástima. Puede que fuéramos pocos pero a buen seguro estábamos disfrutando de su rock poético y callejero. Quede pues ese cierre con “Animal Peligroso” como resumen perfecto de la propia idiosincrasia de la banda. “No hay quien me ate” insiste la letra una y otra vez. Damos fe.
Unas veces se gana, otras se pierde. Algunas incluso se empata. No fue la noche con mejor entrada del verano pero si dos ratos bien agradables. Hubo hasta una celebración, la del cumpleaños (atrasado) de Edu, guitarra de Chabacanos. Por nuestra parte nada más. Mandar un gran saludo a ambas bandas, a Rheme, porque no se entiende el concierto sin ella y a la buena gente con quien departimos a lo largo de la jornada. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Segundo largo para la buena gente de Ancient Settlers, la banda que integran a día de hoy Agustín Martínez y Rex Chiesa en guitarras, Miguel Herrera al bajo, Hermán Riera en baterías y Argen Death en voces. La formación, de raíces venezolanas pero afincada en nuestro país, nos ha tenido entretenidos con sendos Ep’s que vinieron a continuar donde lo dejara el debut de 2022 “Our Last Eclipse”, aún con Antony Hämäläinen en voces. Ahora vuelven con un álbum compuesto de diez cortes producidos, mezclados y masterizados en el Studio Fredman (Gotemburgo, Suecia) por el Dream Evil Fredrik Nordström (Arch Enemy, The Haunted, Crystal Eyes, Soilwork, Septicflesh…) a los que adorna el arte de Jon Toussas (Nightrage, Daylight Misery, Drama Noir…). En la calle vía Scarlet Records desde el pasado diecisiete de mayo.
“The Contemporary Circle Of Misanthropy” sorprende con ese arranque puramente circense, en una onda que me recuerda inevitablemente al bueno de Devin Townsend, pero también a los noruegos de Major Parkinson. En cualquier caso, toda vez la composición supera el prólogo, lo que nos encontramos es a los Ancient Settlers en su versión más angosta. Argen Death ataca estas líneas de voz con ciertos dejes que me recuerdan a Diva Satanica (Bloodhunter), si bien la venezolana adopta más adelante unos tonos limpios que vendrán finalmente a enriquecer el empaquetado final. La mezcla de Nordström, huelga decirlo, es estupenda. Otorga presencia pero también nitidez a cada una de las líneas existentes y sabe dotar de la personalidad suficiente a ese solo de guitarra, eso sí algo escueto, que anticipa el epílogo. Melodeath más que correcto y funcional.
“Oblivion’s Legacy” sigue por esa senda nervuda y encorajinada, atacando con buenos riffs una composición algo más enrevesada que la de su predecesora. Aquí resucitan aquellos tonos casi circenses que introducían al álbum, y que llevan a los Settlers a hibridar su habitual death melódico con trazas casi alternativas. Martínez y Chiesa han llevado a cabo un buen trabajo en cuanto a melodías de guitarra. Las más van en apoyo de alguna de las voces más agrias e hirientes de todo el largo. Un tema lleno de contrastes y en el que la banda parece, por momentos, partir peras con su pasado y mirar al futuro con un grado más de personalidad impregnando su habitual registro. Mención merecen de igual modo los tonos más limpios de una Argen Death que parece haber dado un par de pasos adelante desde su entrada en la banda allá por 2022.
Con el precioso título de “Stardust Odyssey” irrumpen la cara más clásica y nórdica del quinteto. Esa que parece rendir pleitesía a los primeros In Flames y nos transporta, riffs mediante, a una época seminal para el metal extremo europeo. Argen Death, en contraste con el corte anterior, irrumpe aquí con sus tonos más rotos. Sorprende, claro, la repentina calma del tronco central. El buen solo que entregan sobre esa calma y también la buena línea de bajo que ofrece ahí Miguel Herrera. Todo viene a reafirmar su buen gusto como intérpretes. Cierto es que se trata de un corte algo rácano, poco más de tres minutos, cuenta por contra con los matices suficientes como para no resultar simplemente un tema más dentro del tracklist.
“Wounded Heart”, que fuera uno de los adelantos del trabajo, trae consigo unos pulsos más heavies. Muy notables sobre todo en estrofas, arregladas con el punto justo de clasicismo, para que Argen Death sitúe su roto registro y la mezcla vuelva una vez más a dar la razón a quien se decantó por volver a trabajar a las órdenes de Nordström. Me agradan los estribillos y la buena labor melódica que esconden. El epílogo destapa la cara más sinfónica del quinteto. Unos Ancient Settlers casi orquestales en fuerte contraste con esa cara más nervuda y clásica que el corte arrastraba desde sus primeros acordes. De esas que han ido ganando peso con el correr de las escuchas.
Otro de los adelantos fue este “Subversive”, que juega al despiste con la tibieza que ofrecen sus guitarras durante el prólogo. Nada más lejos. Las distintas afinaciones pronto redirigen hacia texturas más agrias y la composición camina por sendas si bien algo trilladas, para nada carentes de gancho. Es un single adelanto y, como ocurre tantas veces, puede pesarle cierta autoconsciencia. Y da igual porque el buen hacer en parcelas puramente técnicas termina por salvar de la quema a esta quinta entrega.
Hermán Riera tras baterías marca con firmeza el paso de una “Coven Garden” que nos devuelve a los Settlers en su versión más encorajinada, contrapuesta eso sí a unos estribillos más depurados, también más pesados, con Argen Death una vez más alternando entre registros para una de las líneas de voz más ágiles y llamativas de todo el largo. Pequeños destellos groove preceden a un buen solo y este al acomodado epílogo. Un corte que parece construido a la contra de aquellos que inauguraban el álbum, y que nos entrega a la banda en posiciones mucho más clásicas.
“The Mechanical Threats Paradox”, con todo un Linus Klausenitzer (Alkaloid, Noneuclid, ex Obscura) a bordo, ofrece de nuevo esa versión más clásica de su bien conocido death melódico, contrapuesta a unos estribillos comandados por el registro más limpio de Argen Death pero apoyados por la rapidísima batería de Riera para un más que curioso contrapunto. Es finalmente otra composición llena de contrastes y matices, que quizá requiera de más de un par de detenidas escuchas cara a destapar todos y cada uno de sus secretos. A la contra de los temas facilones o predecibles que muchas bandas disponen para el invitado de turno, Ancient Settlers facturan una de las entregas más amplias, musicalmente hablando, de todo el nuevo álbum. Sorprende de hecho esa calma tan melancólica del epílogo. También esa voz desgarrada hasta la agonía que lo adorna. Si hubiera de ponerle algún pero, sería ese fade out final. Con eso y con todo, a buen seguro otra de mis favoritas de este “Oblivion’s Legacy”.
Pero lejos de tirar la toalla, “The Last Battle In The Earth” propone otra de las ofertas más redondas de este nuevo trabajo. Gracias en primera instancia al buen riff que adorna el prólogo, con un groove que no deja de lado el más puro clasicismo. La línea de voz es diversa sin perder un ápice de agresividad. Y es verdad que el riff que adorna alguna de las estrofas puede resultar un tanto recurrente. Pero Riera dibuja una cuidada línea de batería y la banda parece salir airosa en su marcado acercamiento al metalcore más leve. Absalem puede ser una rima no muy desencaminada aquí. Ancient Settlers reconducen en el largo epílogo hacia una encarnación mucho más evidente, sin dejar de lado ese influjo más contemporáneo. Trazo lleno de contrastes, bien adornado y mejor ejecutado.
El tranquilo inicio de “Cosmic Farewell” parece remitir a ciertos momentos de comienzo del álbum. Son las afinaciones más leves de todo el trabajo acudiendo al prólogo como antesala de unos Settlers pesados y rotundos a través de otro de mis riffs favoritos de todo el tracklist. Aquellas guitarras tímidas del comienzo volverán aquí y allá durante la composición. También el registro más limpio (y también más agudo) de Argen Death. A él contraponen Chiesa y Martínez guitarras gruesas primero y livianas después. Sintetizadores incluso. Sin tampoco liarse la manta a la cabeza, no es el caso, la banda traza un corte plagado de contrapuntos y, al mismo tiempo, extrañamente heterogéneo.
Para el cierre queda esta “Redemption”, que partiendo de un prólogo de marcado carácter atmosférico, traza unas líneas que en absoluto divergen del álbum al que finiquita. Es ese riff de las estrofas uno de los mayores aciertos de este final. También el toque melódico que aportan las guitarras durante estrofas. Y aunque después encuentro una mezcla no tan equilibrada, que entierra en parte el agrio declamar de Argen Death, bien está esa cara más técnica y retorcida que surge camino del tronco central. Buen cierre para un buen álbum…
… que pienso, sinceramente, lo es. Sin salirse en exceso del guión ni dejar que su buen nivel técnico opere en favor de egos individuales. Aquello de ponerte tú en favor de las canciones y no al revés. Por ahí la banda ha venido a ahondar en su habitual death melódico, sin olvidarse de teñir de metalcore algunas de sus composiciones (“The Last Battle in the Earth”). En el que es su primer largo con la banda, Argen Death ha puesto todo de su parte para enriquecer estas canciones. Hay voces realmente agrias aquí dentro. También tonos limpios que, muy especialmente en “Cosmic Farewell”, hablan de lo mucho que ha crecido como vocalista. Quien más, quien menos no las tenía todas consigo tras la salida de Hämäläinen y la caraqueña ha disipado dudas con una labor estupenda tras el micro. Al final me queda la sensación de que la banda está ofreciendo su mejor cara pero, como siempre, estoy abierto a debates (y aquí debajo tenéis una sección de comentarios la mar de maja). Recomendado.
Mucha expectación la que levantó la venida a tierras asturianas de los thrashers estadounidenses de culto Heathen, por lo que tocó hacer un pequeño alto en la temporada de festivales y embutirse en el Gong Galaxy Club cara a disfrutar de una gran noche de heavy metal.
Los cartageneros Ángel Negro acompañan a los californianos en su paso por la península. Practican un heavy metal de tintes melódicos y también power que no parecía casar demasiado con el speed / thrash del cabeza de cartel. Pero le echaron ganas y en Cifre tienen a un vocalista de llamativo registro y carisma. Faltan algo más de diez para las nueve cuando salen a escena y “Mercenario Íbero” ofrece destellos de su particular modo de entender el power metal. Interesantes solos doblados los que dibujaron aquí.
La gente, que aún era poca para entonces, no pareció muy por la labor. Lo cierto es que había fans con camisetas de la banda frente al escenario y por ahí agradecí que la frialdad con que se les recibió fuera solo parcial. Jandro en teclas demostró su buen hacer en “Alteras Mis Sentidos” para confeccionar uno de los cortes más cuidados del set. El micro le daría algunos problemas al bueno de Cifre en un momento dado, sin que tampoco la cosa pasara a mayores. “Alas De Fuego”, original de Tierra Santa y que la banda llevó inteligentemente a su terreno, enarcó alguna que otra ceja en la Gong.
Pero qué duda cabe que Ángel Negro parecen mucho más cómodos en la producción propia como esa “Sin Salida” donde la banda trota a placer. “Rompe El Silencio” pondría la nota reivindicativa del set con la bandera LGTBIQ+ colgando del pie de micro de Cifre y donde la banda mostró un nervio más marcado y heavy, amén de dibujar otro estupendo solo doblado entre Mesi y Rocky. La banda deslizaría entonces la segunda versión de la noche, no otra que “Maldito Corazón” de Saratoga, con la correa de su guitarra jugándole una mala pasada al propio Rocky durante el solo.
“Me habían dicho que en el norte hacía frío”, aseveró Cifre, “me han engañado”. Y es que aún con una sala llenándose a cuentagotas, ya era bastante el calor que hacía en la Gong. “Monstruos En Tu Jardín” extrajo todo el jugo posible del interesante registro del vocalista para una interpretación un tanto más dramática y casi teatral. Pero de todo el set fue sin duda “Donde Habitan Los Sueños” la que mejor acertó a conectar con la dividida audiencia. “No Seré Como Tú” dio pie a las presentaciones y marcó el final de una actuación no exenta de problemas que la banda pareció solventar con ilusión y ganas. En lo que acerté a ver pude detectar buenos mimbres e intentaré estar al tanto de sus futuras evoluciones.
Pasan trece de las diez cuando disparan la intro y Heathen salen a escena dispuestos a adueñarse de nuestros cuellos. Con un gran telón de fondo en el que se dibuja el logo de la banda, David White y los suyos procuran un inicio de set a la altura de la leyenda. Con un sonido estupendo, diáfano y con pegada aún en las partes más alejadas del escenario, “Dying Season” ya da la verdadera medida de una banda como esta.
La de Oviedo era la cuarta noche consecutiva de las seis que la banda tenía programadas en la península. Y si sus cuerpos estaban cansados por el trajín, puedo asegurar que apenas sí se notó. David White exhibió de hecho un gran estado de voz, también de forma, a través de una “Opiate Of The Masses” en la que el canadiense Ryan Idris (Agression) percutió el kit de batería como si en el empeño le fuera la vida misma. El fulgurante solo con el que el ex ExodusKragen Lum remató aquí fue fácilmente uno de mis favoritos de la jornada.
Para “Empire Of The Blind” ya éramos uno con la banda de San Francisco. Vital aquí el apoyo en coros de los guitarras Lum y Edissy, que rematan con un epílogo que acertó a fusionar técnica y actitud. “Are you ready for a night of heavy metal?” preguntó entonces White. Para arremeter después nada menos que con “Breaking The Silence”, de su primer álbum, y que el público disfrutó de lo lindo. Las Jackson de los mentados guitarristas no podrían estar sonando mejor.
Y es que la banda llegaba al Gong con su propio técnico y se notó. De hecho se le pudo ver en más de una ocasión (y de dos y de tres) caminando por distintos puntos de la sala en busca del mejor sonido posible. Tarea con recompensa la suya pues como digo y en líneas generales, Heathen sonaron todo lo bien que de ellos se esperaba. Mucho ha mejorado también la sala en este aspecto desde nuestros primeros pasos por allí. Pero volviendo a Heathen, a su último álbum de estudio, el notable “Empire Of The Blind”, se le pueden achacar sus muchas semejanzas con Exodus, la otra banda de Lee Altus, lo que no quita para que “Blood To Be Let” fuera a la postre uno de los mayores cañonazos de tan calurosa jornada.
David White, chaleco de cuero mediante, sudaba de lo lindo a estas alturas del set. Animó y supo enganchar con su público sin que su interpretación se resintiera apenas lo más mínimo. El de Oakland, sesenta y un años le contemplan, se mostró risueño pero decidido. Concentrado sin resultar frío. Regulando como el mejor de los ciclistas para ser capaz de encarar un tramo final en el que nos las prometíamos muy felices. Precisamente aquí algunos pequeños acoples intentaron aguarnos la fiesta y fíjate si lo estábamos pasando bien. Por fortuna, la cosa no iría a mayores.
“This is history in the making” aseguraba White dentro de un pequeño speech que vino bien a banda y público para coger algo de aliento. No era poco el calor que hacía ya en el Gong. Rigores de los shows en sala en pleno agosto aun sean en la templada Asturias. Sea como fuere la alta temperatura en ningún modo arredró al quinteto. Los norteamericanos descerrajaron aquí una “Mercy Is No Virtue” capaz de poner en evidencia a unas cuantas bandas de su misma quinta. Pura zapatilla californiana para uno de los momentos más encolerizados de la velada.
Así las cosas, “Sun In My Hand” apaciguó los altos biorritmos sobre los que se estaba desarrollando la descarga y sirvió a White y los suyos para volver a coger algo de aire antes de la catarsis final. El final, así como la propia situación dentro del set de un corte tan reciente como este evidencia la mucha fe que los chicos tienen en el ya digo notable “Empire Of The Blind”. David White, no sin cierta ceremonia, introduce entonces otro de los grandes clásicos de la banda, no otro que “Death By Hanging”, para regocijo de sus fans más leales. Que los había, ya lo creo que sí. Idris se vació aquí. Suelo y paredes de la Gong temblaban con cada arremetida contra los dos bombos de su batería. El juego de White con su público durante estribillos dibujó unas cuantas sonrisas y alzó unos cuantos puños el pasado jueves. Punto álgido antes de los bises.
“Hypnotized” pone a prueba el aguante de Idris tras baterías. Mucho fue su desgaste, más si tenemos en cuenta que, como dije antes, era su cuarta noche consecutiva, con todo lo que ello implica. Su entrega y dedicación bien merece el reconocimiento aunque venga de este modesto cronista. Igualmente nerviosa, “The Blight” aguanta el tipo entre sus grandes clásicos y pone de relieve la mucha cera que Heathen aún tienen por dar. Pero claro, el final tenía que ser para “Goblin’s Blade”, no sin que antes White, ya sin el chaleco, hubiera preguntado si teníamos fuerzas para una más. Una y puede que hasta tres a tenor de los cánticos que inundaron la sala. Tremendos.
Triunfal paso de Heathen por tierras asturianas. Estamos muy felices además de ver la sala tan repleta nada menos que un jueves de agosto, por lo que no cabe otra que seguir confiando. Nosotros, en la medida de nuestras (pequeñas) posibilidades, seguiremos aportando nuestro granito de arena. Vaya por tanto nuestro agradecimiento a la buena gente de Kivents por todas las facilidades, así como un saludo a los muchos y buenos amigos por la afable compañía. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Treinta más diez años no los cumple uno todos los días. La asociación Unirock quiso darse el gusto esta vez de contar con Blister para la sesión vermú, además de Last Days Of Eden, The Wizards, Dixebra y Aneuma para una cita a la que de ningún modo queríamos faltar. Como no quisieron decenas de fans llegados de todos los rincones de nuestra geografía para formar parte o simplemente disfrutar del habitual tributo al rock que itinera por las preciosas calles de Puerto de Vega. De todas las procesiones que se nos ocurren, con mucho nuestra favorita. Llega a pensar uno qué más se necesita para que a alguien se le encienda la bombilla y declare al evento Fiesta de Interés Turístico Regional. Que ya va siendo hora.
Porque el buen ambiente que reina se respira nada más uno se baja del coche y pone pie a tierra. El empeño que la organización pone además en meterle el gusanillo del rock a los más pequeños, esa fantástica idea que es el Taller Infantil, no deja de ser otro de los muchos vértices sobre los que pivota un festival que es algo más que un festival. Una fiesta que es más que una fiesta, y que hermana a grandes y pequeños en una pasión que es el rock and roll.
Comida de empresa mediante y en compañía de la buena gente de Piratas de Libertalia, llegamos justo a tiempo para comprobar las evoluciones del tributo en el Campo L’Atalaya, donde un Pelayo a las voces nos deleitaba con “Phobia” de Kreator. En la distancia me pareció divisar a Borja García (Perpetual, Host) y Pedro Pravia en guitarras. Ahí precisamente es donde radica la particular idiosincrasia y lo que hace tan especial a esta curiosa procesión: músicos de todo signo y origen compartiendo escenario en honor de sus temas favoritos. Muse, Iron Maiden, también Lenny Kravitz, o The Police desfilan sobre el pequeño camión que hace las veces de escenario. Todo cabe y lo que manda, por encima de todo, son las ganas de pasarlo bien.
Obras mediante, el escenario del Unirock se trasladaba en esta edición al mismo Parque Benigno Blanco donde se viene celebrando el otro gran evento de la asociación: nuestro querido Perversiones. Hacia allí procesionaríamos con vistas a reencontrarnos, iba siendo hora, con los sinfónicos Last Days of Eden.
Una banda que acudía a la cita ya con Dani G. y Lady Ani como únicos miembros supervivientes de la formación que grabara “Butterflies” allá por 2021. “Abracadabra” marca el arranque de un show que saldría adelante no sin inconvenientes. Percances que, a este punto y dado lo remozado de la formación, quién más quien menos supo tolerar y ser consecuente. Porque lo cierto es que no era poca el público que se agolpaba frente al escenario principal. “The Garden” y su fuerte presencia sinfónica nos trasladarían a unas aguas más tranquilas donde Dani G. entregaría uno de los mejores solos de la jornada.
“Queen Of The North”, gaita mediante, se abriría paso para descubrir a los Last Days más festivos. Y aunque el sonido, al menos en la parte más cercana al escenario, no fuese el mejor, el setlist iba dejando como rastro la propia diversidad que la banda aglutina en sus composiciones. Metal, folk, arreglos orquestales, todo parece tener cabida dentro de su ágil propuesta. Pero ya digo que no sería la cita más fácil para ellos. Hubo incluso alguna entrada en falso, que Lady Ani justificó con un problema en el circuito interno. Los duendes del directo y los dichosos “in ear”. En cualquier caso y cuando la banda encarrila su mejor versión, emociona con “Abandon”. Y es que la propia vocalista comentaría que perdieron a su Trasgu hace apenas dos meses, con todo lo que ello implica.
Pero la vida sigue y la música con ella. Y música y nada más es lo que brindan en la instrumental “Traxel Mör” para introducirnos de pleno en un tramo final del set no exento igualmente de percances. Antes, no obstante, “The Secret” revelaría el mejor sonido de la jornada para la renovada formación asturiana. En “The Journey” arrancarían de nuevo en falso. Que dado lo festivo y alegre de la composición, buena parte del público pareció no darle mayor importancia. “Silence”, con Ani acompañando el estribillo con la habitual lengua de signos, me dio la impresión de ser uno de los cortes que más ha crecido con el paso del tiempo. Una cita complicada que supieron sacar adelante tirando de carisma y tablas. Con ganas ya de saber qué depara el futuro al combo astur.
Sabíamos de cómo se las gastaban los chicos de The Wizards en las distancias cortas, aquél viaje relámpago a tierras leonesas en el mes de mayo (crónica). Por eso había ganas de ver cómo de bien se defendían en un escenario al aire libre. Marcan justo las diez los relojes cuando los vascos la emprenden con esa tremenda “The Exit Garden” que abre y titula su último álbum. Un trabajo que, si os gusta el heavy metal con retazos doom y stoner y aún no habéis escuchado, desde luego estáis tardando.
Porque la banda ha labrado un cancionero de muchísimos quilates. Su propuesta, en relación a los precedentes Last Days Of Eden, no podría resultar más antagónica. Son los bilbaínos un combo orgullosamente orgánico en su ejecución. Con un Ian Mason desatado al micro, rebosante de carisma tras sus gafas negras, se mostró una vez más como el mejor frontman posible para una banda como esta. Encadenando con “Full Moon In Scorpio”, The Wizards vendrían en Puerto de Vega a dar su mejor versión.
Y es que ya digo que para quien guste de heavy / hard a la vieja usanza, con un olor a Black Sabbath salpicado de pequeñas motas graves y alucinadas, son una banda ineludible. “Eskerrik asko, acercaros, que no mordemos” exclamaría Mason. No decepcionaron las buenas gentes del Unirock, uniéndose a las primeras filas para dejar que la fiesta se desatase en Puerto de Vega. Y es que vimos mucho baile y agitación en las cercanías del foso de fotógrafos y no era para menos. En especial durante una “Oniros”, mira que el riff me sigue recordando a los primeros Ghost, y en la que George Dee dibujaría uno de mis solos favoritos del set.
“Somos de hablar poco” había dicho Mason, quien no obstante no quiso dejar pasar la ocasión de agradecer a la organización el haber contado con ellos. Bromeó incluso con el merchan: “podéis comprar cd’s, casetes o camisetas para que luego nos lo gastemos todo en drogas. O nos podéis comprar droga directamente”. Anécdotas al margen, es indudable que la banda sonaba como un verdadero cañón, la gente se lo pasaba en grande y en estas que atacan la que puede ser fácilmente mi favorita del último álbum, no otra que “Holy Mountain Mind”, y ciertos problemas de sonido al poco dan al traste con uno de los puntos álgidos del set, por no decir que con el set entero.
En momentos así, en lo rápido que se solucionan pequeños inconvenientes, es donde un evento como este demuestra su valía. Mucha experiencia y también mucho empeño en que todo se desarrolle de la mejor manera posible. Un año más, vaya nuestro agradecimiento a todos ellos.
Huelga decir que los problemas, que los hubo, en ningún caso amilanaron a los euskaldunes, que peleando contra los dichosos duendes del directo, ofrecerían una revisión aún más alucinada y poderosa si cabe de la estupenda “Crawling Knights”. El cierre con la extensa “Stardust” extasió con otra gran dosis de heavy metal a la vieja usanza, atravesada por uno de sus riffs más redondos y con Mason juntando manos con un peque de las primeras filas. Esos pequeños detalles que siempre suman. Son una apisonadora, disponen de un repertorio realmente arrollador y todo lo que no sea que sigan creciendo nos extrañará en gran medida. Portentosos.
Y Dixebra… es que Dixebra son para echarles de comer a parte. Sus shows tienen tanto de fiesta como de reivindicación. Y es verdad que su sonido, que amalgama influencias bien escogidas de entre el folk, el punk, el ska e incluso el reggae resulta de lo más perpendicular a un medio como este. Sea como fuere, a nadie se le escapa que son una verdadera institución en la escena asturiana.
Pero una institución primero que funciona como un reloj, y segundo, que arrastra un montón de gente detrás. Y es que no éramos pocos quienes nos agolpábamos en las primeras filas pasadas las once y media para no perder ripio de Xune Elipe y los suyos. Cabe destacar aquí, no me perdonaría el no hacerlo, la tremenda labor de Gus Bocanegra a los mandos. Lograr hacer sonar así de bien a una formación tan amplia como esta (voz, base rítmica, gaita, dos guitarras y dos metales) está al alcance sólo de manos expertas y curtidas como las suyas.
“Ente La Niebla”, que abre y titula su álbum de 2022 sería la encargada de dar el pistoletazo de salida a los asturianos. Ya digo que el sonido fue estupendo. Y, como creo que ya comenté tras nuestro anterior encuentro con ellos allá por octubre del pasado año (crónica), parece que el tiempo no corre por Xune Elipe. Sobre el escenario del Unirock volvió a derrochar energía y carisma casi a cada verso. Señaló pronto la bandera palestina que sobre uno de los monitores presidía orgullosa escenario. “Como diría el Gran Wyoming, siempre es buen momento para acordarse del genocidio el Gaza” dijo antes de seguir desgranando su último álbum, con la energía que les caracteriza, a través de “Soi”.
Para cuando entregan la bailona “Rompi’l Ritmu”, la fiesta es total en primeras filas. Dixebra, a fin de cuentas, es una banda que podrá gustar o no pero que siempre parece colmar a sus muchos fieles. A veces también a los más profanos como servidor. Unas cuantas horas después, mientras redacto esta crónica, sigo con el ritmillo metido en la cabeza. Qué invento la música, chaval. El set derrocha fiesta pero también compromiso, que demuestran a través de “Trece Claveles”, fácilmente otra de mis favoritas en esta parte inicial del directo.
De la más tranquila “Dime Cómo Ye” me agradó la forma en que guitarra y gaita se doblaron en el solo. “Tien que haber de tó en esta vida”, diría Elipe, “todavía queda gente que viene a ver música en directo y ver a xente tocar. Una buena tonada”, tras la que el bajista Javi Rodríguez pondría la voz cantante. No falta una reivindicación a lo largo del show. Sean las «6 de la Suiza» o la Oficialidá de la Llingua asturiana, Dixebra siguen pegados a eso que algunos llaman “la más rabiosa actualidad”. Aunque sean temas pretéritos quienes marquen la pauta en esta parte del set: “Merucu Xusticieru” o tirando aún más atrás si cabe, “Asturalia”.
Es sin embargo la más reciente “Esta Mañana” una de las mejor recibidas por la audiencia, con un estribillo, preciso como pocos, que se gritó a conciencia desde las primeras filas. Como bien se encargó Elipe de recordar, se cumplían ochenta años de la liberación de París durante la Segunda Guerra Mundial. Allí que estaba «La Nueve«, conocida también como la División Leclerc, y que entre otros integraban 150 republicanos españoles, algunos de ellos asturianos. Dicho todo esto “La Nueve”, de su más reciente trabajo, puso así la nota histórica en esta parte final del set.
Si eres de Asturias y cuentas con el rock entre tus preferencias, ya sería raro que a estas alturas “Mañana Fría” no haya entrado nunca por tus orejas. Dixebra tuvieron a bien contar aquí con Maxi de Fe de Ratas para uno de los momentos cumbre del set. Difícil que la piel no se erice aquí a poco que no hayas tenido amigo o pariente trabajando en alguna de las muchas minas asturianas. O simplemente seas alguien con una migaja de eso que llaman empatía. Y es que al final:
otru día mas que-y gano a la montaña…
Xune Elipe tuvo tiempo de bajar al foso de fotógrafos primero y de mezclarse con el público después. Benditos inalámbricos. Una vez allí mandó a todo el público al suelo. Y más tarde, de vuelta al escenario, entregó una “Nun Llores” más necesaria que nunca. Con “Yo Quiero Ser Gaiteru” llegarían las habituales presentaciones y con “Esto Ye Asturies” rubricarían otra gran noche para ellos. Lo dicho: gustos individuales al margen no solo pasan por ser una de las grandes instituciones de nuestra escena sino que, además, parecen atravesar un momento más que dulce. Per munchos años.
Cabe seguir haciendo mención al buen nivel que demuestra el tributo. Y aunque como todo en la vida, uno disfruta más con unas versiones que otras, qué duda cabe que contemplar a Dani G. homenajeando a Stratovarius (“Distant Skies”) o ver al padre de Richard de la Uz descolgarse con “Palabras para Julia” de Los Suaves o al propio vocalista luarqués enfrentar el “Du Hast” de Rammstein son alguna de esas pequeñas cosas capaces por sí solas de justificar los más de cien kilómetros que nos separan del epicentro del Unirock.
Aneuma son otros que, como se dice ahora, siguen con la flecha para arriba. Y aunque (me vais a perdonar que insista en la coletilla) con nosotros tengan perdido el factor sorpresa, no por nada son unas cuantas ya las veces que les hemos visto en la gira de presentación de “Venom”, lo cierto es que siempre es un placer encontrarnos con el combo liderado en voces por Laura Alfonso.
Una agrupación que desde el momento en que Jorge Rodríguez emerge tras los parches para arremeter a puro doble bombo con “Your Doom”, pone Puerto de Vega a sus pies. Sonaron atronadores. Gus, a los mandos de la nave, repetía tras encontrárselos en el Luarca Metal Days y a buen seguro tenía tomada la medida del quinteto. Por ahí que para cuando llega el turno de “Fall Apart”, estemos disfrutando a buen seguro de la mejor versión de la banda.
Laura arrolla por donde pisa. Me repito, sé que lo he dicho ya en alguna otra ocasión, pero la frontwoman de Aneuma se come los escenarios como si en ello le fuera la vida. Foco principal de una banda donde los dos Suárez ponen la clase y la base rítmica, al menos en las primeras filas, te taladra el pecho. Su techo no sabemos dónde está, pero a día de hoy temas como “Castaway Of Chance” van poco a poco componiendo su particular corpus a base de metal clásico y voz rota. Agradecí la mayor crudeza y pesadez de “Guide Them To The Light”, con Laura en tonos verdaderamente oscuros.
Pese a lo agrio de la propuesta, no fueron pocos quienes se quedaron a verles. Banda local al fin y al cabo. Quienes se fueron, y vaya por delante que no estoy juzgando a nadie, se perdieron algo como “Never Again”, con Jorge tramando alguna de las líneas de batería más llamativas de toda la jornada. Músico de solidez más que probada, amén de uno de esos tipos que por sí solos son capaces de justificar el pago de una entrada. La luz roja que les bañó aquí junto al gran solo de Borja terminaron por redondear uno de mis momentos favoritos del set.
Pero un set al que le quedaban aún unas cuantas píldoras. Una de ellas es nada menos que “Creatures”, uno de los cortes más interesantes de aquél debut de 2022, que como viene siendo habitual en la casa engarzan con “Break Out From Hell” y desata el primer circle pit de la jornada. Profetas en su tierra, lo cierto es que la recepción de “Break Out From Hell”, que mira que me gusta, fue algo más tibia. “Yell To The Sky” nos devolvió al estupendo “Venom” y “Chain Reaction” (si no me equivoqué al tomar mis notas) fue dedicada por Laura a Violeta. Sigo viendo a este corte de segundo disco como una de esas composiciones que les podrían llevar a subir algún que otro escalón. Pegadiza y con gancho aún dentro de los márgenes entre los que se desarrolla su música.
Otro tanto se puede decir de otra que va camino de convertirse en fija para ellos, “Circles Of Fire”, con Borja y Abel sumando esfuerzos en coros. “Ashes Of Your Fears” suena inequívocamente clásica, contrastada por el roto registro de una Laura que se vaciaba a gusto mientras llevaba en volandas a todo el festival. A los muchos que aún quedábamos por allí. Y como creo haber repetido ya en alguna ocasión, “Stand Tall”, a estas alturas del set, suena a pura auto-reivindicación:
Stand tall facing the storm of words. Through the fire stand tall
Para el final quedan, como viene siendo habitual, sus correspondientes versiones de los británicos Carcass y los estadounidenses Death. Esta última descerrajada con una fiereza pocas veces vista en ellos. Fue un placer verles nacer y está siéndolo observar cómo crecen y evolucionan. De seguir por esta misma línea, sólo ellos saben dónde está el techo. Si llega un tercer álbum que confirme el crecimiento que ha supuesto la llegada de “Venom”, puede que tengamos Aneuma para rato.
Al tributo aún le quedaba alguna bala en la recámara, por allí andaban aún Kai, Pelayo o Borja García descerrajando el “Agent Orange” de Sodom. Nosotros optamos por recoger. Aguardaban unos cuantos kilómetros aún hasta casa y nuestra reservas dan para lo que dan.
Cambio de ubicación mediante, otra gran edición del Unirock. Cuando temíamos lo peor en cuanto a meteorología, camino de Puerto de Vega nos cayó un chaparrón tal que los limpiaparabrisas apenas daban abasto, fueron sin embargo pequeños fallos en cuanto a sonido los que vinieron a aguar en parte la jornada. Diría que en ningún caso de manera catastrófica pero lo suficiente molestos para enturbiar las descargas de Last Days Of Eden y, en menor medida, The Wizards. Son los duendes del directo y siempre va a estar uno sujeto a sus oscuros deseos. Y fíjate que, nos consta, no es poca la experiencia y sobre todo el empeño y cariño que la organización pone de su parte cada año. Pero ya lo cantaba Rubén Blades:
Cuando lo manda el destino, no lo cambia ni el más bravo. Si naciste pa’ martillo, del cielo te caen los clavos.
En cualquier caso y salvo causa de fuerza mayor, que nadie dude que estaremos allí el año que viene. De momento vaya un abrazo y un agradecimiento a toda la asociación Unirock por haber hecho esto posible un año más, a Piratas De Libertalia por la grata compañía así como a los muchos músicos, conocidos y fans que nos cruzamos a lo largo de la jornada. Fue un placer. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Ahora que cumplen sus primeros diez años como banda, nos llega “Ingravidez”, sexto trabajo de los pujantes vallisoletanos Free City. Un álbum grabado en el Gaztein Estudioak de Zestoa, con el guitarra de Ezpalak Eñaut Gaztañaga a los mandos y que promete entregar su tracklist más heterogéneo hasta la fecha. Ellos son Miles Blossom “Maus” en baterías, Alex Fajardo en guitarras, Pablo Marinas “Peib” en voces y guitarra acústica, Sam Blossom en bajo y voces y Álex Bocos “Cagu” a la guitarra. Adorna su portada la foto de Ibai Acevedo.
Me gusta el arranque tranquilo, también elegante, que propicia la introducción “Caballo Salvaje”. El aroma a western que desprende, también cómo anuncia la estupenda producción de la que goza el álbum. Conduce hacia una “Puntos De Sutura” donde todos los cilindros parecen estar en funcionamiento. La banda en su encarnación más vivaracha para conjugar un doble ataque inicial que debería hacer las delicias de los suyos. Mandan las buenas melodías, especialmente en estrofas, así como un inteligente tratamiento de las voces que habrán de confluir en el ágil estribillo. Como digo estupenda dupla inicial.
“Hermano” añade algo más de picante a la mezcla a través de una encarnación más cercana al hardcore. De nuevo ágil a la hora de construir (y enfrentar) líneas de voz, sin descabalgar nunca del tronco común del álbum. Tremendo juego el que dan los coros aquí, cuesta poco y menos intuir que será una fija en próximos setlists. Pero me gustan también esas estrofas más desnudas que se suceden y cómo la banda construye, en ni tan siquiera dos minutos y medio, uno de los cortes más literalmente memorables de todo el redondo. Más que digno solo final, por cierto.
Pero es “Burbuja Dorada” la que viene un poco a dar la medida del actual estado de forma de los chicos. Free City redirigen ahora hacia un rock apaciguado en donde resuenan ecos urbanos, muy cuidado en cuanto a construcción, esos hábiles crescendos camino de estribillos, y donde la producción de este “Ingravidez” brilla más que nunca. La banda se hace fuerte en temas vivarachos como los previos pero también aquí. El solo que encamina hacia el epílogo puede ser fácilmente mi favorito de todo el trabajo. Por ponerle algún pero, el deje más atmosférico que surge en apenas un guiño durante esa parte final bien merecía algo más de espacio y desarrollo. Con eso y con todo una de mis favoritas de entre las doce.
“Tus Armas”, que amenaza con profundizar en esos Free City más relajados, reconduce sin embargo hacia las altas vibraciones de comienzos del álbum. Y vuelve a sobresalir en base a la buena producción de la que goza el disco. La manera en que distingue cada línea en total equilibrio. El punch nada impostado o artificial que le otorga a estos estribillos. Incluso el cuidado con el que trata a la cara más melódica del combo vallisoletano. El cierre, tremendamente hábil, devanea entre el pop y el post-rock para, finalmente, desembocar en un último tramo descosido y “libre”. De entre los temas rápidos de este nuevo álbum el que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.
“Odio El Mundo” sorprende con su indisimulado acercamiento al grunge. También por cómo, a pesar del grave viraje en su rumbo, es capaz de mantener un nexo común con el resto de composiciones aquí presentes. Abiertamente desesperanzada, triste incluso, la banda construye aquí con algo más de clasicismo. Lo que no quita para que por el camino queden buenos detalles. Como ese hábil build-up hacia el interesante solo final. Una de las ofertas con mayor personalidad de todo el largo.
Intro al margen, “Mil Historias” es uno de los cortes más fugaces de todo el álbum. Free City de nuevo en su versión más vivaracha pero uno de los temas con los que más me ha costado conectar de todo el tracklist. Lo que no quita para que encuentre buenos detalles: ciertas rimas dentro de la letra, algún que otro riff de un mayor peso específico, el buen solo de su tronco central o la hábil línea de batería. Pero, al menos a día de juntar estas líneas, cosas como “Puntos De Sutura” o “Tus Armas” han arraigado en mayor medida dentro de mi cabeza.
A pachas con la gente de Ezpalak, “Laberinto” entrega la cara más metálica de los pucelanos, especialmente en unas estrofas que contienen alguna de las guitarras más graves de todo el álbum. El riff que acomodan ahí puede no rozar la excelencia pero sirve sobradamente a sus propósitos. El metal euskaldun y el punk multi-influencial de Free City amalgamados para otra de las ofertas más cuidadas, y creo también que conseguidas, de todo “Ingravidez”. Fue uno de los adelantos del trabajo y a buen seguro hará las delicias de los fans más metaleros del ahora quinteto.
“Zenit” no sorprenderá tanto por construcción, el habitual juego entre estrofas calmas y estribillos a voz en grito. Pero resulta de lo más llamativa en cuanto a la mucha gravedad y mayor distorsión que ofrecen ahora sus guitarras. Una vez más la producción de Eñaut Gaztañaga captando con sumo acierto y cuidado las intenciones de la banda. El resultado no podría ser mejor. Es cierto que su estribillo puede adolecer de una cierta sencillez. Por contra, resulta de lo más pegadizo. Uno de esos coros que entran a la primera y merodean por tu subconsciente durante días. Otra de mis favoritas.
Otra que sorprende es “Lucharé”, que transita desde su vivaracho arranque hacia tonos más livianos que bien podrían recordar al mejor Juan Valdivia de, sí, Héroes del Silencio. Luego el corte coge rumbos más asimilables al resto del disco. Sin destacar entre la docena, sin tampoco palidecer, quedándose mansamente en una algo difusa zona media. Con eso y con todo, no descarto se trate de uno de los cortes que gane más enteros de cara al directo. En su encarnación de estudio no negaré que me deja un tanto frío.
Sí que me engancha en mayor medida “Pastillas y Gasolina”. Quizá por cómo desarrolla, aquí y allá, tonos más cercanos al metal. Y es que la cabra, al final, ya se sabe. El corte alberga buenos riffs, también un trazo muy cuidado, en especial en lo tocante a estrofas, solidario a un estribillo de aires urbanos que le sienta como un guante a esta penúltima entrega. El mayor grosor que van adquiriendo sus guitarras camino del epílogo, el hábil (y potente) puente central y el punzante solo final. Entiende uno enseguida los motivos por los que ha sido otra de las cartas de presentación de este “Ingravidez”.
La propia “Ingravidez” es un cierre a rezumar de clase y buen gusto. Un medio tiempo de aires melancólicos pero nunca gélidos. Desgarrado a ratos, siempre elegante y que brilla con luz propia. Trazado con gusto desde su calma inicial hasta esa furiosa y bien armada eclosión del epílogo. Todo carbura para configurar un fantástico cierre al álbum al que da nombre.
Una banda en un momento de su carrera en el que no solo no teme la fusión sino que, cada vez más, la abraza como principal razón de ser. Como principio y fin. Ramalazos urbanos, coqueteos con el grunge, guitarras que no desentonarían en un álbum de metal y muchas y muy buenas líneas de voz. Todo bajo la estupenda producción de Gaztañaga presto para hacer las delicias de su cada vez mayor legión de fans. Nosotros les vimos en el Rockvera de 2022 y nos llamó la atención tanto la energía que desplegaban sobre las tablas como la cantidad de gente joven que se agolpaba en las primeras filas para verles. Salvo causa de fuerza mayor, esperamos repetir el próximo 31 de agosto.
Tres eran las jornadas que abarcaba el veinte aniversario del festival avilesino La Mar de Ruido, siendo la del viernes la más afín a un medio como este. Tocó pues echarse una vez más a la carretera para dar cumplida cuenta de las descargas de Mártires del Rock & Roll, Dr. Feelgood, Obús y Brecha.
El Parque del Muelle acogía un año más una cita gratuita beneficiada esta vez de una climatología de lo más amable. Así pues, no es poca la gente que se agolpa frente al curioso escenario cuando los ferrolanos Mártires del Rock & Roll toman las tablas decididos a rendir tributo a sus paisanos Los Suaves. Al grito de “Siempre Yosi, siempre Suaves, el cuarteto que comanda el guitarra y voz Tomás Domínguez tiró de nostalgia y supo conectar con una audiencia, cabe decir, de lo más receptiva.
El arranque con “El Afilador” no deja lugar a dudas. Puede que el bajo se llevara por delante a las guitarras y casi también que a la voz durante los primeros compases. Lo cierto es que una vez equilibrada la mezcla, quien más quien menos disfrutó de sus evoluciones. Empaquetar en apenas sesenta minutos a una banda con el enorme legado de Los Suaves parece tarea casi imposible. De ahí que el cuarteto ahorrara en discursos e interrupciones.
Así pues pudimos gozar de clásicos como “Viajando al Fin de la Noche”, con la banda dándose un paseo hasta la tarima colocada frente al escenario. Que lo decimos siempre, el juego que dan cuatro tablas bien puestas, si bien el viernes por poco nos cuestan un disgusto. Pero vayamos por orden. Me gustó “Dulce Castigo” También la forma en que “Si Pudiera” le cambia el signo al set. La Ibanez roja bullía en cada solo. Calzarse los zapatos de todo un Alberto Cereijo no es una tarea fácil para casi nadie pero a fe mía queda patente que Mártires tienen guitarrista de sobrada habilidad y carisma para enfrentar tan descomunal reto.
No faltó la más reciente, entre comillas pues han pasado veinte años ya, “Mi Casa”, que no dejó de sonar a pura reivindicación Suave. Fue justo tras las presentaciones de rigor que la Ibanez dijo basta. Solucionado el percance en cuestión de segundos, “No Puedo Dejar el Rock” materializó la nostalgia y levantó puños y cuernos en el Parque del Muelle. Encararon así una ronda final que recordaría la ineludible “Dolores Se Llamaba Lola” para un cierre con las que son, fácilmente, mis dos favoritas de los gallegos. A saber: “Malas Noticias” primero y “Pardao” después, con un Domínguez ya algo justo de voz, trabajó y sudó de lo lindo el ferrolano, para una ovación final de la que pocas veces habré visto dirigida hacia una banda tributo. Mucho el cariño que hay aún por Los Suaves en la vieja Asturias, por si alguien dudaba.
Viejos conocidos del festival, servidor ya pudo ver a Dr. Feelgood en el mismo emplazamiento allá por 2007, la de los británicos era una elección algo extraña para la jornada del viernes, encajados como quedaron entre tres bandas de rock / metal como lo son Mártires, Obús y Brecha. ¿Amilanó esto a los de Essex? Ni lo más mínimo. Pasan veinte de las diez cuando “I Can Tell” preña Avilés del mejor blues rock. Pareció muy en forma la formación desde los primeros acordes. Ayudó en gran medida el buen sonido del que disfrutaron, me atrevería a decir que el mejor de la jornada, también lo risueño que se mostró el ex The AnimalsRobert Kane, carismática voz de los ingleses desde 1999.
Se sucedían los temas sin solución de continuidad que dirían los clásicos, siendo “All Through The City” y en especial “She Does It Right”, con un solazo tremendo, mis favoritas de este primer tercio de set. El puro carisma y enganche con la gente de Kane contrasta con la seriedad, rayana en lo inconmovible, lo espartano incluso, de Kevin Morris en batería y Phil Mitchell al bajo. Kane por su parte tendría tiempo de exhibir habilidades con la armónica en “Ninety Nine And a Half (Won’t Do)”, apoyado por una de esas líneas de bajo pegajosas como mosquito en ola de calor.
Con “Dam Right I Do!” recordarían su más reciente obra de estudio, aquél “Dam Right” de 2022. Y si bien el género que practican pueda quedar justo en las lindes de un medio como este, lo cierto es que disfrutamos de lo lindo con sus evoluciones. Tanto o más que el bueno de Gordon Russell, que supo extraer lo más granado de su vieja pero inconfundible Telecaster. Al final es un set que nos devuelve el gusto por las cosas bien hechas. Queda patente cuando Kane anuncia que van a sacar la “slide guitar for two songs”, siendo la primera de ellas “Keep It Undercover”, con quizá el mejor Russell de toda la jornada, y “Back In The Night” la segunda, con los más clásicos de entre la audiencia gozando de lo lindo con la banda.
Robert Kane, sesenta y nueve años le contemplan, no dejó de moverse apenas un segundo. Derrochó carisma, también elegancia, conectó con la audiencia y, en definitiva, mostró un estado de forma envidiable para su edad. Pero sería sin embargo el imperturbable Phil Mitchell quien acaparara buena parte de las miradas en “Roxette” gracias a una de las líneas de bajo más simples y sin embargo bailongas de toda la jornada. Tras otro solazo de Gordon Russell en “If My Baby Quits Me” llegarían las obligadas presentaciones y una versión de Bobby Charles, no otra que el clásico entre los clásicos “See You Later Alligator”, que el público recibió de muy buena gana.
El propio Kane se abrazaría a una de las columnas del escenario para, de nuevo armónica mediante, honrar a Mickey Jupp recuperando su “Down At The Doctors”, tema que nos sirve para recordar al recientemente fallecido Jack Russell que lo interpretaba con sus Great White, y para encarar un bis donde se suceden la instrumental “Last Call” y el cierre “Route 66”, dejando al público de La Mar de Ruido inequívocamente satisfecho. Gran estado de forma y más clase que una universidad. Disfrutemos de ellos mientras podamos.
Son exactamente las doce cuando Obús hacen suyo el escenario de La Mar de Ruido dispuestos a aunar heavy metal y nostalgia en otra noche mágica para ellos. La banda, en formación estable desde la entrada de Luisma Hernández al bajo en dos mil dieciocho, sigue atravesando un momento dulce para regocijo de sus muchos seguidores.
Por contra, el suyo es un set que ofrece pocas sorpresas. Para servidor, algo neófito en lo que a la disciplina obusera refiere, una de esas sorpresas puede ser el “Man With a Harmonica” de Ennio Morricone con el que introducen el set. Tras él, “Necesito Más” pone la primera pica del show. La gente, muy metida ya desde los primeros acordes, no dudó en entregarse a los madrileños. Fortu respondió bajando a la tarima y dándose su particular baño de masas. No era poca la gente que se congregaba frente a él y el vallecano supo responder en consecuencia.
Pero ya digo que el set ofreció pocas novedades. En cualquier caso la gente a mi alrededor no dudó en corear clásicos como “La Raya” o en especial “El Que Más” durante esta primera fase del set. A bordo igualmente de un buen sonido, al menos en la ubicación donde me encontraba, sobresalió el bueno de Carlos Mirat a los parches. El ex Lucky Dados ofrece una interpretación tan segura como potente y de igual manera vistosa. Al alimón con Hernández, una base rítmica de contrastada calidad para la banda de la capital.
“Corre Mamón” reafirma el viraje hacia terrenos más heavies, valga la redundancia, del corte previo. Y enseña un muy buen solo del incombustible Paco Laguna. No faltan los gestos de Fortu durante “Te Visitará La Muerte” simulando un crucifijo. Su estribillo sería a la larga uno de los más coreados de la jornada. Y es que ya digo que puede ser una banda que guste más o menos pero el cariño que el público avilesino brindó a los cuatro músicos está fuera de toda duda. Así las cosas Fortu pregunta si sabemos dónde estamos, “pues en un concierto de rock and roll”, diría, todo como anticipo de esa ya ineludible “Que Te Jodan”, probablemente uno de los temas que mejor acierta a resumir la particular idiosincrasia de la banda.
Como idiosincrático resulta ya cada vez que pisa esta tierra su recuerdo al gran Tino Casal, que fuera productor de su primer álbum, y del que guardan tan buen recuerdo. Comentó también los muchos kilómetros que hubo de hacer desde su refugio en Aguadulce (Almería) para estar presente el viernes ante todos nosotros. Qué mejor introducción para “Autopista”, después de todo son más de mil kilómetros los que separan ambas localidades. Como he dejado escrito ya muchas veces: en ocasiones parece que el rock todo lo puede.
“El marco es super-bonito”, dijo, en alusión al escenario en el que La mar de ruido desarrolla sus actividades, amén de contarnos una pequeña historia sobre “Complaciente o Cruel”, que pensaron inicialmente para Miguel Ríos para después acabar haciéndola suya. Fue un punto de inflexión en el set, con Paco, Fortu y Luisma sentados en las escaleras que dan acceso al escenario. “Juego Sucio” nos devolvería entonces a los Obús más heavies.
“Dinero, Dinero” puso voz en grito al Parque del Muelle. Obús sin grandes sorpresas ni tampoco mayores errores. Fortu divirtiéndose y divirtiendo a los suyos. Haciendo buen uso de la sufrida tarima y por poco teniendo un disgusto en “Prepárate”. “Vayahostión” repetiría en varias ocasiones. Por fortuna, la cosa no pasaría a mayores. O sí pero supo hacer de tripas corazón. Presentó el vallecano a su bajista Luisma Hernández, quien acometería un pequeño solo que vendría a culminar en el riff de “Seven Nation Army” de The White Stripes. La “vieja confiable” que diría mi compañero y sin embargo amigo Felipe Suárez Mera.
No faltó el habitual solo de batería a cargo de Mirat. Tampoco el juego con la escalera, con Fortu acompañando tras los parches. Y finalmente le llegaría el turno a Paco Laguna. “Llevamos juntos cincuenta años”. Y los que les quedan, visto lo visto. Así las cosas “Vamos Muy Bien” culmina un show más de una banda que, a tenor de la ovación recibida, supo satisfacer a los suyos. Parece quedar Obús para rato.
Brecha nacieron en Asturias allá por comienzos de siglo para terminar entregando un par de álbumes: el homónimo en dos mil tres y aquél “En Libertad” de dos mil cinco. Y si bien puede que a nivel nacional la formación pasase algo inadvertida, lo cierto es que en Asturias ha ido adquiriendo un cierto estatus de culto hasta nuestros días, que culminó en la noche del viernes con la banda rebasando ya la veintena desde el mencionado debut. Curiosamente uno de sus primeros conciertos celebrado en el estadio Suarez Puerta de Avilés también contó con la participación de Obús, las vueltas que da la vida.
De ese estatus de culto que comento puede dar fe el inicio que proponen, no otro que “Libre Como Un Halcón”, cuyos versos “Corre por tu vida y no mires atrás. Recuerda que no hay otra oportunidad” sonaron más auto-reivindicativos que nunca. Gran solo de Bustamante aquí, al que se le vio entre concentrado y risueño durante no pocas fases del set. Y tal vez por aquello de que había sido la actuación inmediatamente anterior, lo cierto es que la traslación al directo de “Acabado” me sonó más Obús que nunca. No defraudó Juan Lozano al micro. Con ese timbre inconfundible, no cabe otra que amarlo u odiarlo, parecen no haber pasado veinte años, encandiló a los suyos. La coletilla “Brecha, veinte años y a veinte uñes” engrosa desde ya la mitología de la banda.
Aquella “Tu Hada” que inauguraba su segundo álbum fue dedicada por el bajista Fernando Cima a las figuras de Carlos García Rubio y Maribel Alberti, Carlos y Mari, dueños de El Cafetón y recientemente fallecidos en un luctuoso accidente en tierras leonesas. Desde aquí no podemos más que sumarnos al recuerdo y aprovechar para mandar un fortísimo abrazo a familiares y allegados del matrimonio.
Pero la vida sigue y el rock and roll con él. “Hay muchos traidores aquí”, asegura Juan Lozano con un tono a medio camino entre la pregunta y la afirmación. Turno, claro, para “Traidor”. El inicio más calmo de “Iros Al Infierno” supondría un pequeño punto de inflexión dentro del set. Extrajo además una estupenda línea de bajo por parte de Cima. Con Lozano haciendo de las suyas con el público, el corte resultaría finalmente uno de los puntos álgidos dentro de su descarga. Y mientras que “A Mil Por Hora” deja a los Brecha más vacilones, es “Morir En El Intento” la que dibuja los momentos más cercanos al power de toda la jornada.
Se produciría entonces una sorpresa por partida doble gracias al “Mr. Crowley” de un tal Ozzy Osbourne, transmutada para la ocasión al idioma de Cervantes. “Rayo Azul” nos devolvería a unos Brecha en su salsa para desembocar en una “Highway Star” con un gran Bustamante pero en la que eché en falta los teclados. Mario Herrero (Drunken Buddha) nos tiene pero que muy mal acostumbrados. Feliz 20+1 aniversario.
Gran jornada inaugural de la más reciente edición de La Mar de Ruido. Tres bandas afines al heavy metal y la curiosa excepción de los británicos Dr. Feelgood supieron colmar las ansias de un público fiel y entregado. Con el buen sonido del que gozaron las cuatro bandas y lo amable de la climatología, costaría poner mayores pegas más allá de lo tardío del evento. Entre dar comienzo a las cuatro de la tarde de un viernes o a las nueve, como fue el caso, queremos pensar que ha de existir algún término medio. En cualquier caso una gran jornada de rock and roll en más que grata compañía. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Vía Maldito Records llega el tercer largo de los jienenses de Reino de Hades. O lo que es lo mismo: Fabio Romero (batería), Antonio Pérez (bajo), Javier Ferrón y Francisco J. Roa (guitarras), David López (teclados), Sergio Jiménez (violín), Juan Valderas (flauta) y José Fernández (voces). Un álbum grabado y masterizado en los estudios Bom Track de Úbeda (Jaén) de la mano de David F. Castro al que adorna el diseño gráfico del DaeriaJoel Marco (Amadeüs, Sylvania, Dünedain, Argion, Lépoka…)
“La Reina Oscura” arranca en pura pompa sinfónica para pronto transigir hacia un hard / heavy de aires contemporáneos, de guitarras muy en primer plano, esgrimiendo hábiles melodías en el proceso, y donde las primeras estrofas no podrían estar más ni mejor cuidadas. Es un corte apertura algo engañoso. Directo, cánones mandan, pero bien cuidado en lo que a escritura se refiere. Reino de Hades hacen uso, que no abuso, de elementos externos y el solo explota en su tronco central con buenas dosis de clase, si bien pienso languidece por un desarrollo un tanto comedido. Todo lo contrario que el ídem de violín que irrumpe más adelante. Por ahí uno percibe un cierto desequilibrio que, no obstante, está lejos de emborronar el empaquetado final. Las guitarras habrán de desquitarse doblándose en su cuidado epílogo. Un buen arranque en cualquier caso.
“A Través De Ti” confronta un riff exageradamente plano en estrofas, que contrasta no obstante con la cuidada línea de bajo que la soporta. Es un corte donde el violín hace suyo casi cada recoveco, aportando un aire más melancólico a una mezcla que, cabe decirlo, es un ejemplo de pegada y equilibrio. Y aunque ya digo que los riffs en que se apoya esta segunda entrega no podrían ser más sencillos, bien está el desempeño de José Fernández al micro o los buenos solos que la banda incorpora aquí. Un corte que guiña al power metal europeo, a Mägo de Oz (nos ha jodido), o al heavy más clásico sin abandonar su tronco común ni salirse de los férreos patrones gramaticales en que la banda acostumbra a manejarse.
“Siete Runas”, que fuera uno de los adelantos del álbum, profundiza en la vena más folk y también festiva de la numerosa formación jienense. Y si bien a ratos le pueda pesar su propia condición de single, no es menos cierto que las guitarras exhiben riffs con gancho, ahora sí, y que Fernández vuelve a estar firme y certero al micro. Buenos desarrollos camino del tronco central, con guitarras y violines jugando a encontrarse. Se sumará a continuación Valderas y la banda terminará por sacar músculo en lo que a ejecución se refiere en un meritorio tronco central. Facilona y algo predecible pero con todos los visos de funcionar como un tiro sobre las tablas a nada que el sonido acompañe.
Si hay en este álbum un riff con el que siempre conecto a la primera es el que alimenta una “El Gran Khan” donde, a menudo, asaltan mi subconsciente mis paisanos de Argion. La banda exhibe una mayor épica aquí. También una mayor gravedad mientras Fernández declama, dramático, esa lírica de corte histórico. El trabajo de Sergio Jiménez aquí es encomiable. Por sí mismo y también por cómo armoniza con la flauta de Valderas. La eclosión solista resulta igualmente ágil y vistosa. Usando terminología boxística, libra por libra uno de mis cortes favoritos de todo el tracklist.
“Árido Edén”, segundo de los adelantos del trabajo, sorprende con un tono algo alejado de los grandes tropos que acostumbra a manejar el combo andaluz. Hay melodías aquí que podrían recordar a los primeros Masterplan, mientras que las estrofas, desnudas pero elegantes, bien trazadas, me recuerdan a los primeros trabajos de los gallegos Tálesien. A ratos casi el negativo del otro single de este “Siete Runas” pero igualmente hábil y eficaz. Brilla la acostumbrada exhibición solista y el corte termina por convertirse en una de las piezas más memorables del tracklist a base de conjugar buenas ideas con mejores interpretaciones y una cierta pizca de atrevimiento. Así sí.
El propio José Fernández introduce una “No Mires Atrás” que pronto opta por destapar la cara más heavy del septeto sureño. Es una letra abiertamente optimista, en la más pura tradición del heavy estatal en general, que sin ir más lejos podrá hacer las delicias de todo buen fan de WarCry. Y aunque encuentre algo naif alguna de sus partes, no deja de ser un corte con ese “algo” que consigue anidar en tu subconsciente durante días. Apoyado en una cuidada base rítmica, resulta orgullosamente idiosincrático de un disco como este. El solo de guitarra no podría ser más clásico, ni tener más feeling, ni gustarme más.
Mucho gancho también el que tienen las muchas melodías de esta “De Tabernas y Tesoros”. También los coros más pronunciados y orgullosos de todo el álbum. Otro de esos cortes que, aun a pesar de parecer construidos con el directo en mente, se las arregla para exhibir una escritura nada lineal, trufada de ágiles cambios de ritmo e incluso de tono. Al final una amalgama agradable de folk metal despreocupado, buenos desarrollos solistas y una base rítmica de esas a la que conviene prestar toda atención.
“La Isla De Los Benditos” se desnuda de toda gravedad para acercarse a las pulsiones más puramente folkies del combo andaluz. Instrumental de tonos leves, agradable, orgullosa, sencilla, un pequeño oasis en el que Valderas y Sergio Jiménez parecen en su salsa y que, no dudo, se le atragantará a más de uno. Que de todo hay.
Contrasta en gran medida con el final que proponen en “Cerbero”. No ya por la mayor duración de esta, de hecho el corte más extenso de los nueve, sino por esos tonos más graves que exhiben aquí y que, salvando las debidas distancias, tanto me recuerdan a un corte como “Astaroth” de Mägo de Oz. Los tonos más oscurecidos en que se maneja José Fernández aquí, los aires medio orientales que la banda dispone a lo largo y ancho del trazo, la desaforada pero certera gama solista, todo carbura cara a construir un corte en cierto modo ambicioso, que se atreve a ampliar el rango de influencias que maneja la banda.
Un álbum que ha ido ganando una barbaridad con las escuchas. Que puede no ser perfecto, hay cortes con los que no llego a conectar del todo. No obstante, rodeados de otros como “Árido Edén” o “El Gran Khan” donde la banda brilla a gran nivel. Por no hablar de ese magnífico cierre que supone “Cerbero”, con Reino de Hades moviéndose en unos tonos más oscuros que les sientan como anillo al dedo. Las ejecuciones que lo atraviesan siento que están dispuestas en favor de las canciones correspondientes y no de egos individuales. El disco me resulta, finalmente, una amplia suma de aciertos frente a pequeños y contados errores. Buen trabajo.
Es el tercer largo para los prog/power de Harlingen (Texas) Immortal Guardian. La banda, que concurriera a estas líneas con aquél “Psychosomatic” de 2021, contraataca ahora con un “Unite And Conquer” donde encontramos a Joshua Lopez al bajo, Justin Piedimonte en baterías, Gabriel Guardiola en teclados y guitarra y Carlos Zema al micro, amén de las colaboraciones del Primal FearRalf Scheepers y la ex The AgonistVicky Psarakis. M-Theory Audio edita un álbum de diez cortes producidos por los propios Lopez y Guardiola en los Widowmaker Studios de McAllen, Texas. Precedido por una riada de adelantos, “Unite And Conquer”, contó finalmente con diseño de Jobert Mello y fotografía y arte de Masiha Fattahi (Myria, Stray Tempest, Threshold).
“Ozona” ahorra en introducciones artificiosas y banales cara a ofrecer la cara más turbo progresiva de la banda americana ya desde los primeros acordes. Sorprende ahí el trazo ambivalente, a ratos discursivo y nunca lineal de un primer corte ciertamente retorcido y poliédrico. A ratos declaración de intenciones, lo mismo deja por el camino riffs cortados al milímetro que coros grandilocuentes a lo Haken. Guardiola la reviste además de un amplio rango de detalles en forma de vistosas melodías tanto de guitarra como de teclas. La diversidad de registros que muestran sus distintas líneas de voz terminan por redondear la oferta. Una primera entrega tan exuberante como detallista.
“Echoes”, que arranca en pura clave europower, vive de enfrentar ese pulso más germano con unas estrofas más retorcidas e incluso pesadas que habrán de llevar hasta uno de los estribillos con más gancho de todo “Unite And Conquer”. Zema defiende con clase los tonos más altos antes de que Guardiola armonice teclas y guitarras con un acabado que, inesperadamente, solo puedo calificar de discreto. Se desquitará no obstante el de Harlingen en el, por otro lado, escueto solo que habrá de anticipar el epílogo. Un corte que pese a todo, presumo, será un fijo en sus directos.
“Roots Run Deep” donde los texanos cuentan con la colaboración de todo un Ralf Scheepers, que arranca en calma durante el prólogo para después acoger un power de melodías alegres y algo facilonas. ¿alguien dijo Freedom Call? Firme en el doble bombo un Piedimonte que soporta sin mayores complicaciones un corte con alma de single y que, si bien traiciona los pulsos más progresivos del cuarteto, sale adelante gracias a su buen hacer como músicos. En especial un Guardiola en su encarnación más heroica. Scheepers cumple sin sorprender con su línea vocal y esta tercera entrega termina por llegar a buen puerto.
“Perfect Person” parte peras con ese tono más alegre, si bien no del todo con un metal desde luego imbuido de ritmo e intensidad. También de una escritura que, sin llegar a lo laberíntico, hace por recuperar los pulsos más progresivos de los texanos. Aunque sea con cuentagotas. Zema vuelve a trazar una más que potable línea de voz. Y aunque me sorprendan ciertos desequilibrios en lo que a mezcla se refiere, unas guitarras a ratos demasiado preponderantes, como digo me agrada cómo la banda ha sabido encontrar un punto medio entre sus dos almas, pariendo uno de esos cortes que, sin traicionar la personalidad de Immortal Guardian, entra a la primera.
“Divided We Fall”, por contra, rebaja esa mayor intensidad del cuarteto para perderse por una suerte de vericuetos a medio camino entre el hard más acomodado y el progresivo más casual. Noto algo incómodo a Zema aquí, particularmente en los puntos más álgidos de las estrofas, aunque no puedo negar que el brasileño ha hecho un trabajo más que notable en estribillos. Es el corte más extenso del álbum, que la banda aprovecha para trazar una segunda mitad donde colisionan un tono más épico, y sus inevitables coros, con otro más melancólico. Todo antes de que Guardiola dibuje un estupendo solo de guitarra. Con el alto número de adelantos que tiene el disco, sorprende aún más si cabe que este no fuera uno de los elegidos para tal fin.
Tampoco lo fue una “Lost In The Darkness”, pese a contar con la inestimable ayuda de Vicky Psarakis en voces. Su duelo con Zema resultará, de hecho, el mayor atractivo de un corte cuyo prólogo recupera un nervio más power para después acoger otro de los habituales medio tiempos de la banda. Hay melodías aquí que me recuerdan a los primeros Masterplan, contrapuestas a unas baterías altamente nerviosas, que le confieren a esta sexta entrega un aire más peculiar. Más personal, magnificado en el curioso puente que anticipa la habitual ristra de solos. Guardiola echa el resto aquí, dibujando uno de los duelos más pletóricos de todo “Unite And Conquer”. Y sé que me quejo mucho de esto pero qué desdibujado ese epílogo. Dichosos fade outs.
“Southern Rain” vibra entre la balada y el medio tiempo cara a darle algo más de variedad al tracklist, convirtiéndose en uno de los cortes más reconocibles y consiguiendo todos sus propósitos. Se puede achacar no obstante lo clásico de su trazo, ese crescendo nada novedoso. También reconocerle lo acertado de sus ejecuciones y la acomodada pero sentida línea de voz que Zema ha trazado aquí. Clásica, ya casi la conoces antes de escucharla y de ahí lo bien que funciona. Por contra y dado el trazo más personal que tienen muchos cortes aquí presentes, habrá seguro quien eche en falta algo más de riesgo.
Y tampoco es que el tema título “Unite And Conquer” reinvente la rueda pero me agrada no obstante la forma en que conjuga un power amable, una vena parecida que no igual a la que se desprendía de la anterior “Roots Run Deep”, con esas partes más hard. Todo para alcanzar en estribillos un nombre que me persigue de manera constante en las últimas reseñas del género que he escrito y que no es otro que el de los alemanes Edguy. Y es que gustos individuales al margen, qué duda cabe que la sombra de Tobias Sammet es cada vez más alargada. Estupendos Guardiola y Piedimonte en el generoso y estirado despliegue solista previo al epílogo.
“Un Día A La Vez” y quizá vaya a ser demasiado duro, bien merecía algo más que esos poco más de dos minutos y medio que ocupa en el reloj. Balada a piano y voz que crecerá, arreglos mediante, hasta lindar con el sinfónico más casual. Estupenda línea de voz de Zema aquí, pero se suceden las escuchas y, como digo, no puedo evitar pensar en que bien merecía ser algo más que un mero interludio. Sea como fuere y arreglos mediante, engarza con la final “Rise Of The Phoenix”, con Guardiola tomando la iniciativa durante el prólogo. Immortal Guardian recuperan aquí su vena más power, crepita el bajo de Joshua Lopez y la forma en que Zema armoniza sus diferentes registros durante estribillos bien puede recordar al Rob Halford de comienzos de los noventa. Me sorprende el mayor groove que atraviesa su tronco central, al tiempo que me agrada la ristra de solos dibujada por el texano aquí. Un buen final en cualquier caso.
Immortal Guardian parecen seguir donde lo dejaran con el más que interesante “Pyschosomatic” allá por 2021. La colisión internacional que se produce en su seno (Brasil, Estados Unidos, Canadá) vuelve a redundar en un álbum de power metal ágil, diverso y muy entretenido. Puede que algo más irregular que aquél, si bien no es menos verdad que el cuarteto asume algunos riesgos más en esta más reciente obra. Pero cuando brillan, desde luego lo hacen con intensidad. Puede que las colaboraciones tanto de Ralf Scheepers como de Masiha Fattahi pasen un tanto desapercibidas. Por contra, cortes como “Divided We Fall”, “Perfect Person” o la inicial “Ozona” bien merecen la atención de todo buen fan del género. Avisados quedáis.