Once nuevos latidos para los Corazones Eléctricos, el trío que forman Pau Monteagudo (guitarra y voces), Quique Cuquerella (batería) y Pete Sala (bajo) y que tiene parada el próximo viernes en el Tizón gijonés junto a los chicos de Maverick.
Fue el propio Monteagudo quien se encargó de producir este nuevo “De Amor y Rabia”, asistido en la parcela técnica por Manuel Tomás, Sergio Peiró, Genevieve Bennetts y Carlos Gómez. El álbum se grabó entre los estudios La Casa De Ninguna Parte, Valzhalla St., Milenia y Pentasonic. Las pistas resultantes de esas grabaciones serían posteriormente masterizadas por Enrique Soriano. En la calle desde octubre del pasado año.
“Canción Urgente” da pronto la medida de la cara más hard del trío. Rock facilón, con pegada y que arrastra un deje casi grunge en sus estrofas. No descubre nada pero destapa, para despistados, el carisma casi torrencial de Monteagudo al micro. La línea “ahora toca ver en mi todo lo que nunca me atreví” suena realmente a pura declaración de intenciones. Qué hay si no más a “contracorriente” que un álbum de rock and roll a estas alturas del cuento.
Pero ahí está la más templada “Aullar Contigo” para ir ampliando las muchas miras que contiene este “De Amor y Rabia”. Un rock más templado, que no aburrido. Para nada. Hay una estupenda línea de bajo aquí, sensacional Pete Sala, mientras las guitarras adoptan afinaciones más amables. Todo desemboca en otro estribillo de esos que se pegan a la primera. Quizá eche en falta un solo que termine de apuntalar la propuesta, pero esto sigue siendo rock de muchos quilates. Que nadie lo dude.
“Cimarrón” regresa a aquél pulso más hard del tema apertura, amén de soterrar un piano bajo el cascarón puramente rockero de la banda. Me llama la atención la forma en que Monteagudo afronta estas estrofas, un poco a la contra de la propia vibración de la base rítmica. Un corte sencillo en su trazo, directo, llamativo por esa extraña conjunción y que destapa la vertiente más flamígera de la banda.
El tenue arranque de “Sueño De Una Noche De Verano”, así como sus primeras estrofas, siempre traen a mi subconsciente a unos The Cult del “Love”. Afinaciones leves en estos primeros compases, solidarias al Monteagudo más susurrante. Cuando la intensidad sube y el corte alcanza estribillos, esta cuarta entrega termina por convertirse en una de mis favoritas de todo el redondo. Algo a lo que contribuye el reverberante solo que antecede al epílogo. Lo dicho, estupenda.
“Renglones Torcidos De Dios” le pega otro giro de timón al tracklist. Una balada en formato clásico, muy cuidada en cuanto a producción y con una de las letras más intimistas que le hayamos oído al bueno de Pau Monteagudo. La sencilla pero fundamental línea de piano que acompaña a las estrofas, el propio Pau controlando con sumo cuidado su registro. Sin excesos ni alardes. Cuando todo se atempera en el tronco central, emergen los Corazones Eléctricos más alucinados de todo el redondo. Antesala del desgarro que eclosionará camino del epílogo. Fácilmente una de las baladas más cuidadas y elegantes que servidor haya escuchado en los últimos meses
“La Destilería” vuelve por los fueros más rockeros del trío. Quizá de las once la que más me recuerda a aquellos Uzzhuaïa que tantas alegrías nos dieron hasta su deceso en 2014. Rock proverbial, apoyado en una letra menos tonta de lo que parece a simple vista, y que arrastra toda la pinta de funcionar como un tiro en directo.
“Tú” ejerce casi de conjunción entre la propia vena rockera del trío y ambientes no tan lejanos de un pop de radio fórmula de quince, veinte años atrás, previo a la eclosión de la música urbana que domina los diales en nuestros días. Monteagudo la interpreta con suficiente pasión para no desaprovechar el tiro. Y aunque haya unas cuantas ofertas dentro de este “De Amor y Rabia” que considero más redondas, qué hábil resulta ese pequeño parón antes de epílogo.
Para “Todo Por El Aire” regresa el Pau más sensual, apoyado de nuevo en otra inteligente línea de bajo de Sala. Llamativa por las afinaciones tan leves de sus estrofas en contraste con eso estribillos más ruidosos y noventeros. Por ambientaciones uno de los cortes más llamativos de todo el tracklist pero con el que, curiosamente, conecto sólo a ratos.
“Los Dos Lados De La Misma Cara” amenaza con torcer hacia terrenos más endurecidos. Y sin embargo, ahí está el desvío que toman sus estrofas y que los acerca, de nuevo, al rock alternativo de los noventa. En especial cuando uno oye la forma en que Monteagudo encara sus estribillos. Hay buenos solos aquí. También una cuidada línea de batería por parte de Cuquerella. Al final una de las entregas que más ha ido ganando con el correr de las escuchas.
Es el propio Cuquerella quien lustra el arranque de la desgarrada “Érase Una y Otra Vez”, testimonio de la cara más rockera y vibrante del trío, que atruena ahora con una intensidad pocas veces oída a lo largo del álbum. Ojo a las melodías en que se apoyan los estribillos, con Monteagudo tirando de clase y también de galones. El ruidoso tramo final, y los riffs que la banda desarrolla aquí, no distan tanto de unos Muse del “Origin Of Symmetry”. Otra de mis favoritas.
El cierre es para la “Balada Del Difunto Vivo” y esos ambientes casi desérticos, con Pau en tesituras casi desgarradas. Cuidada y bien construida, rezuma clase y buen gusto. Una despedida distinguida, que abrocha, trompeta mediante, este nuevo trabajo con la cara más melancólica, triste incluso, del trío valenciano.
Un disco que rezuma buenas ideas. El tracklist abraza una amplia gama de influencias y las imbrica con la suficiente clase para que el resultado común nunca deje de mantener un nexo común. Es cierto que aquí y allá echo en falta algún solo que otro. Pero con eso y con todo un disco que resulta de lo más cuidado en cuanto a producción, que nos devuelve a Pau Monteagudo en plenas facultades y deja un ramillete de temas para el recuerdo. Desde la inmediatez de la inicial “Canción Urgente” a la no poca clase de “Renglones Torcidos De Dios” o el desgarro de la efectiva “Érase Una y Otra Vez”, un trabajo que merece la atención de todo buen fan del rock and roll que se precie.
Aguas turbulentas las que ha tenido que navegar el músico, compositor y productor gallego Manuel Ramil. Adventus saltaban por los aires allá por 2022 y de la formación original ya solo persiste el también integrante de los pujantes Delalma. El ex WarCry se rodea ahora del BloodhunterDani Arcos en guitarras, el Dream ChildDiego Valdez en voces, el Mägo de OzFernando Mainer al bajo y el ArwenNacho Arriaga tras baterías. Todo ello para un “Lo Que Trajo El Viento” compuesto por diez cortes producidos, mezclados y masterizados por el teclista coruñés en sus Tercera Planta Studios y que ha puesto en circulación la gente de Maldito Records.
Tenue y elegante, la pequeña narración que atraviesa “Nordés”, ejerce como introducción al propio tono muchas veces apesadumbrado del disco. Apenas un parpadeo arreglado con mimo que conduce hasta una “Si Nada Es Cierto” donde pronto destacan esas guitarras dobladas de Arcos, los curiosos arreglos de Ramil y ese brusco giro de guión que conduce a las primeras estrofas. Hay un aliento aquí a medio camino entre el progresivo más tenue y el metal más sinfónico que, a ratos, me recuerda a ciertos momentos del debut de Delalma. Buena labor de Valdez en estrofas, elevando su peculiar registro por encima de la mezcla mientras se consolida como un vocalista de no pocos quilates. Quienes ya conocíamos al argentino, estupenda su labor con los muy clásicos Dream Child, no contamos con el beneficio del factor sorpresa. No me resulta para nada un mal arranque, si bien es cierto que al solo de Arcos le habría otorgado algo más de espacio.
Estalla la “Magia” y claro, la producción del disco no podría resultar más redonda. Equilibrio y pegada para la que fuera una de las distintas cartas de presentación de este “Lo Que Trajo El Viento”. Adventus amplifican la faceta más puramente sinfónica de su habitual heavy / power melódico y esta tercera entrega brilla con un pulso más contemporáneo. Lo que no cambian son esas estrofas primero desnudas y después recargadas. Trazadas ahora con unos crescendos más lineales, no tan bruscos. Una cierta melancolía atraviesa no solo la letra sino también la propia interpretación de Valdez, dándole de hecho un cariz muy llamativo en estribillos. Hábil el bonaerense al pasar de sus registros más livianos a los más rugientes. Las comparaciones con Víctor García, claro, serán inevitables. Pocos vocalistas han sido capaces de sobreponerse a su sombra pero qué duda cabe que el también voceras de Adamantia ha volcado aquí todo su empeño. El amplio y estupendo solo de Arcos remata un tercer corte con el que conecto solo a ratos.
Ramil y Valdez construyen en solitario el tenue prólogo del medio tiempo “Aire”. Adventus trazan tras ese prólogo un corte donde la base rítmica gana peso y da mayor fuste al propio avance a medio gas de la composición. A fuerza de buscar parecidos, me recuerda en gran medida a unos Avalanch de sus discos más recientes. Pausada, elegante y bien arreglada pero donde echo en falta algo más de gancho. El solo de Arcos tampoco me resulta de los más lúcidos del tracklist.
“Volver a Empezar” nos devuelve a los Adventus de comienzos del álbum. Más heavies, más pesados. Más arriesgados incluso, esas voces filtradas de Valdez en las primeras estrofas. La banda, y el argentino también, parece más cómoda en esta encarnación más musculosa. La mezcla de Ramil vuelve a mostrar una buena labor en cuanto a equilibrio se refiere. La mayor gravedad de las guitarras contrapesa la fuerte presencia de las teclas del gallego. Todo encauza hacia un estribillo con Valdez entregando una línea vocal igualmente tensa y poderosa. Mucho color en su interpretación, músico veterano ya, que brilla con luz propia aquí. El solo, de teclas esta vez, porta un deje más progresivo con el que conecto en buena medida. Es una composición que se me atragantó de primeras pero que ha ido ganando peso con el correr de las escuchas.
Todo se atenúa de nuevo con el tranquilo prólogo de “Abrazando Mi Dolor”. De nuevo Valdez y Ramil en solitario nos conducen por el terreno de la balada más clásica para después reconducir hacia otro medio tiempo marca de la casa. El tema transcurre en un largo crescendo y por ahí surge de nuevo la cuidada labor en cuanto a arreglos que portan estas canciones. Puede que no me termine de conquistar su apartado lírico, lo que no quita para que aprecie la pasión con la que Valdez encara los respectivos versos, así como la correcta labor solista que irrumpe camino del epílogo.
“Lo Que Trajo El Viento” recupera a esos Adventus más sinfónicos para dar la bienvenida a uno de los temas grandes del disco. Sin ofrecer grandes sorpresas en cuanto a escritura, goza de un arranque opulento, unas estrofas bien construidas y una línea de voz que transcurre de modo natural, sin grandes artificios ni mayores trucos de salón. En su casi infinita corrección resulta sin embargo sólida, efectiva al tiempo que extrae lo mejor de los distintos músicos implicados. Ramil remata con otro buen solo en su tramo final. Pese al papel tan secundario de Arcos aquí, a buen seguro una de mis favoritas del disco al que da nombre.
De algo llamado “Todavía Sigo En Pie” quizá espera uno un corte guerrero a lo WarCry de sus dos primeros álbumes. Metal aguerrido y combatiente. Lo que surge, sin embargo, son unos Adventus en una clave que linda sin problemas con el A.O.R. más acomodado. Ligera, particularmente en estrofas, con Valdez en esos tonos muy amables, viene a alimentar el rango de influencias del disco, acertando a la hora de encontrar el gancho que echo en falta en otras composiciones. Distinta a la par que efectiva.
Por alguna razón, “Caigo En Este Suelo” trae siempre a mi memoria a “Si Amaneciera”, aquella balada que Jero Ramiro trazara para los Saratoga del infravalorado “El Clan De La Lucha”. Un buen muestrario del registro más delicado de Valdez. También de las habilidades de Mainer al bajo, supone una buena toma de contacto con la cara más cristalina de la banda.
Para el cierre queda una de las entregas más heavies de todo el álbum, esta “Todo Da Igual” que de igual manera recupera esas voces filtradas de Valdez, que traza otra llamativa línea de voz para un corte tan directo como bien adornado. No sorprenden Adventus aquí pero bien es cierto que Arriaga entrega una tan interesante como potente línea de batería al tiempo que el disco echa el cerrojo inmerso en tonos que he echado en falta en ciertos momentos del mismo. Brilla del mismo modo en cuanto a ejecuciones, esos solos doblados del puente, y todo cuadra para devolvernos a los Adventus más encolerizados. Un buen final…
… para un disco con el que conecto solo a ratos. Centrándome en lo positivo, producción y mezcla resultan ágiles. Van de la versión más encorajinada de la banda a la más liviana sin mayores inconvenientes. Otro tanto se podría decir del ya veterano Diego Valdez, que carga con la nada desdeñable labor de suplir a un tal Víctor García concentrándose en unas líneas vocales llenas de pasión y fuerza. Por contra, a ratos echo en falta una mayor diversidad en lo compositivo. Unas escrituras que den aliento a unas estructuras más diversas. Sea como fuere, a buen seguro un álbum interesante para todo buen degustador de metal melódico en nuestro idioma que se precie.
El multinstrumentista valenciano Javier Ruiz es quien se encuentra detrás de esta curiosa opera rock de una banda, Luna De Sangre, que completan Noelia Gala y Jordi Vocal’s (voces), Julio PérezOliver (guitarras), Marcos Tarín (bajo) y Pakitolobo (baterías y percusiones). Álbum grabado de forma individual por cada uno de los componentes y posteriormente editado, mezclado y masterizado por el propio Ruiz. Llegaba a nuestras manos gracias a The Fish Factory.
El arranque “Lo Mejor De Esta Noche” inunda de pronto los oídos con un cierto aire de vodevil. La idea que proponen Luna De Sangre aquí, esa historia contada desde dos vértices, masculino y femenino, funciona mientras eso sí la música tiene poco o nada de metal. Diría incluso que es el rock más liviano que haya pasado por esta página desde la crónica de Tarque & La Asociación Del Riff. Lo cual no tiene por qué ser algo malo. Y es que la banda hará por huir de etiquetas a lo largo y ancho de la peculiar ópera rock que proponen. Por ahí añade color y destaca el saxo de Francisco Sanchís. El corte parece no tener cortapisas más allá de lo socarrón de la letra.
“Fuego y Pasión”, con las teclas de Jorge Juan Martínez “Chamake” aportando una mayor enjundia a lo que a ratos parece un indisimulado homenaje a los viejos Rainbow. Y es que si Luna De Sangre aparecen finalmente por una web como esta es gracias a cortes como este. Que destila clasicismo por todos sus poros, profundiza en esa curiosa forma de armar las líneas de voz del tema apertura, algo que termina por conferirle un aire más personal a sus composiciones. El riff que soporta los estribillos puede resultar un tanto obvio pero me agrada en gran medida la afinación de las guitarras. Quizá porque me recuerda, sí, a los primerísimos Mägo De Oz. Estupendo epílogo de guitarras que se retan en armonías ágiles y solos ni enfebrecidos ni tampoco casuales.
Luna De Sangre suenan algo más terrenales a través de una “Quiero Probar” que alberga una de las mejores interpretaciones tanto de Jordi como de Noelia. Y aunque siento que al sonido le falte algo de equilibrio, en especial durante alguna de las estrofas, cuenta con uno de esos estribillos positivistas y buen rolleros que tanto y tan bien calan entre los fans de este tipo de propuestas. Estupendo solo de guitarra aquí, apoyado en una mayor gravedad que termina por amplificar el impacto del buen desempeño de Ruiz a las seis cuerdas. Aseada, optimista y muy clásica.
Es la propia Gala quien introduce en el prólogo de “Como Duele El Amor” una mayor dosis de dramatismo. Sigue la banda en esos tonos lindantes con el heavy / hard más clásico, derivado ahora hacia tonos más tristes y melancólicos. Hay pequeñas líneas de piano dando lustre a esas partes más calmas, que desaparecen toda vez el corte alcanza los más pesados estribillos. Se propone así un doble juego de nuevo tan clásico como bien resuelto. Con Gala declamando sin grandes florituras ni mayores errores. Jordi irrumpe como contrapunto en el largo epílogo y hay algo en la interpretación de este que me siempre me recuerda a Ángel Belinchón de los (no poco) infravalorados progresivos castellonenses Dry River. No puede ser mala señal.
“El Destino”, pequeña narración del Lyra MortemSergio Bermúdez mediante, nos introducirá en una “Esta Vez No” donde la banda cuenta con el inestimable apoyo de Alfonso Samos en guitarras. Con Gala en una interpretación ahora más chulesca, apoyada por una curiosa línea de batería en estrofas y culminando en unos estribillos orgullosamente ochenteros, al final el corte deja traslucir el lado más metálico del proyecto. Siempre sin abandonar sus propias señas de identidad y con buenos detalles en lo que arreglos se refiere aquí y allá. Estupendo el solo de su tronco central y más aún la carga más sinfónica del epílogo, donde Luna De Sangre parecen de pronto imbuidos del espíritu entre teatral y grandilocuente del mejor Meat Loaf.
“Un Mal Recuerdo Será” rompe con ese final ampuloso y se imbuye de tonos tranquilos, ritmos pausados y un inequívoco aroma al viejo aunque siempre confiable blues. Es un corte que no ofrece sorpresas en cuanto a trazo. Un pronunciado impás antes del corte más extenso del álbum. La irremediable calma antes de la tormenta.
“Buscando La Luz”, dividida en tres actos, parte de un prólogo tranquilo, con un Jordi en tonos casi emotivos, rotos de pronto por un metal a medio tiempo que, a destellos, me recuerda a los Iron Maiden de finales de los ochenta. Hay después buenas armonías entre voz y guitarra, algo de épica y tonos que, ahora, me vuelven a recordar a Mägo De Oz. Igualmente apesadumbrada la irrupción de Noelia aquí, bien remarcada por pequeños arreglos de aires sinfónicos. Puede que la producción pierda aquí cierto equilibrio y las transiciones entre los distintos actos resulten por ahí un tanto deslucidas. No es menos cierto que Luna De Sangre parecen haber cuidado con sumo mimo cada rincón de la composición. Y es que detalles de producción al margen, todo respira con naturalidad. Nada resulta nunca forzado, mecánico, automático si lo quieres así. Estupendo tronco central y el deje más grandilocuente que se desprende de él. También el solo que irrumpe a continuación y la manera en que ambas voces armonizan con él. Tan ambiciosa como bien resuelta.
Y no es que “Siento En Mí” suponga un descalabro en comparación con su inmediata predecesora pero es verdad que siempre me cogen de improviso esos tonos dulces de su prólogo. Balada de armazón clásico, rematada con mimo pero que vuelve a poner en primer plano una producción con cierta falta de equilibrio. Una pena pues Luna De Sangre traman un corte que, en su orgulloso clasicismo, deja pocas dobleces.
“Vencerá El Calor” aporta a la mezcla una mayor teatralidad. Luna De Sangre se apoyan aquí en tonos más abiertamente sinfónicos y grandilocuentes, trazando estrofas con gusto clásico donde, de nuevo, el nombre de Meat Loaf vuelve a sobrevolar mi subconsciente. Que tal vez por trazo no me sorprenda pero sí por la apasionada interpretación de Gala en su primera mitad. Irrumpe luego una mayor carga sinfónica con la que la mezcla del álbum lidia lo mejor que puede. Pero si apasionada es la labor de Gala aquí, no lo es menos el solo que precede al epílogo, así como los tonos más poderosos de este último.
“Rebelión” resulta en otra pequeña narración que habrá de introducirnos a su vez en una “El Peor Final” donde la banda cuenta con Josechu Sanchís en baterías. Es un corte de tonos amables y alegres, melodías fácilmente digeribles y tonos orgullosamente despreocupados. Acierta ahora la mezcla del propio Ruiz a la hora de amalgamar las distintas líneas que ocupan este rock amable y sencillo.
“La Luna Su Sangre Lloró”, de nuevo en tonos lindantes con la balada clásica, de toda la vida, le sirve a Noelia Gala para tramar otra estupenda línea de voz. Cuidadosamente arreglada, me agrada por el crescendo tan clásico como efectivo que propone. Clásica, sencilla, casi te la sabes de antemano lo cual no tiene por qué ser algo malo si está hecho con un mínimo de gusto, que pienso es el caso. El final corresponde a la pequeña narración de “Epílogo”.
Hora y cuarto de música en un disco un tanto a la contra de estos tiempos inmediatos que nos ha tocado vivir. Despreocupado en cuanto a géneros. Luna De Sangre parten desde el rock más primigenio para después abrazar el blues, el hard rock, incluso el sinfónico, en una amalgama de tonos y colores que contribuyen a la fácil digestión del mismo. Es este uno de esos álbumes que requieren unas cuantas escuchas para apreciar todos y cada uno de los detalles que alberga. Y aunque sea precisamente ahí donde a veces la mezcla juegue malas pasadas, perdiendo a ratos algo de equilibrio, lo cierto es que se las arreglan para salir adelante con buenas interpretaciones y distinguidas colaboraciones. Una agradable sorpresa.
La jornada sabatina del Luarca Metal Days prometía emociones fuertes a través de un cartel tan ecléctico o más que el del viernes, una temperatura más veraniega y el buen sabor de boca que nos había dejado la víspera.
Son las cinco de la tarde cuando suena su introducción y salen a escena los chicos de A Dark Reborn prestos a dejarnos una buena ración de metal potente y multi-influencial. La banda había estado repartiendo flyers entre el público el día anterior y tal y como les prometimos entonces, allí estábamos para dar buena cuenta de sus evoluciones. Lo cierto es que nos gustaron. Entroncan en cierto modo con Death&Legacy el día anterior. El hecho de tener a una chica al frente, la ex MorphiumLur, alma mater del proyecto, ayuda en la rima.
Porque lo cierto es que su metal bebe de muy diversas fuentes y por ahí nos agradó. Fui con la intención de dejarme sorprender y los muchos registros de la propia Lur, tan hábil con la voz limpia como con los gritos más oscuros, supieron conectar con la audiencia, aún cuando el sol apretaba fuerte a aquellas horas. Disponían de poco tiempo y aún así no quisieron olvidarse de agradecer al festival, también a su crew, todo el esfuerzo. Presentaron su segundo disco, aquél “Last Echo” de 2023 y nos hicieron el suficiente tilín como para apuntarles en nuestra agenda de nombres a seguir. Era su primer festival según contó la propia Lur. A tenor de lo visto y si todo transcurre como debe, a buen seguro no será el último.
Quienes pese a su reciente formación llevan ya una buena serie de festivales entre pecho y espalda son los chicos de Aneuma, a quienes habíamos visto poner la nota metálica en el Maizu Rock apenas una semana antes. Qué duda cabe, en este Luarca Metal Days la banda estaba mucho más en en su elemento que en Intriago.
“Your Doom”, del estupendo “Venom” editado meses atrás, da la verdadera medida de una banda como esta. O no, porque de nuevo cuesta oír los fundamentales coros de Abel. Laura es un torbellino desde el minuto uno. Ni la vamos a descubrir a estas alturas, después de tantas veces como les hemos visto, ni deja de llamarnos la atención lo mucho que ha crecido en presencia escénica desde los primeros shows en defensa del debut “Climax”.
Así las cosas y con un sonido más y mejor equilibrado, “Fall Apart” permite a Aneuma entregar su mejor versión. El público, más nutrido a estas horas que en la previa, gozó de lo lindo “Castaway Of Chance” mientras seguía con atención las evoluciones del quinteto. Finísimo Borja en el solo, otro al que no vamos a descubrir a estas alturas y que repetirá con Legacy Of Brutality en el cartel del año que viene. Pero volviendo al pasado sábado, estupendo ese cambio de ritmo en “Guide Them To The Light” y tremenda fiesta la que proporciona “Never Again”.
“Creatures” nos recordó al debut al tiempo que puso Luarca a saltar con ese clásico acelerón que domina su parte central. Aquí vimos el primer circle pit de la jornada y empezamos a ser conscientes de la tremenda fiesta que se avecinaba. “Break Out From Hell” y la siempre pegadiza “Chain Reaction” desembocaron en un cierre con “Ashes Of Your Fears” en el que Laura baja del escenario para mezclarse con la gente y provoca un nuevo circle pit en el Metal Days. Pura algarabía. Uno de los grandes momentos del sábado, aún cuando eché en falta un corte como “Circles Of Fire” y la forma en que su estribillo invita a poner voz en grito. Con eso y con todo y aunque esto no sea una competición de ningún tipo, uno de los grandes triunfadores del festival.
Turno para dar un giro de timón al cartel con el heavy / power metal de los bilbaínos Valkyria, con el siempre carismático Yeray Hernández al frente, que venían presentando su tercer trabajo de estudio, un “Indómito” del que ya diéramos buena cuenta aquí allá por el mes de junio.
Y una banda que pareció en mejor forma que nunca ya desde la inicial “La Cuna Del Silencio”, con ese gancho innegable y un Yeray a la voz que, da la impresión, es más que consciente de sus debilidades y también de sus fortalezas. Al fin y al cabo no inventa nada el combo vasco pero saben crear composiciones certeras y líneas de voz con mucho gancho. Empiezan además a ser unos habituales de nuestra tierra y estamos más que felices de haberles vuelto a ver por nuestros dominios.
Máxime cuando despliegan buenos cortes de metal perfectamente construido como ese estupendo “Ave Inmortal”. Composiciones que crecen en su traslación al directo y que vienen a hablar de lo bien que los chicos se prepararon la visita a tierras asturianas. El propio Yeray deja unas pequeñas presentaciones y al alimón la banda arremete un “Contracorriente” que dejaría uno de los mejores duelos solistas de todo el sábado. Aquí les beneficiaría el giro hacia terrenos más pesados, esas estrofas de “Abatido”, a las que sigue otro de sus estribillos más redondos.
Había mucho público afín al tipo de metal que practican o esa impresión daba desde cerca de la mesa de controles. Al punto de que el líder de Valkyria aprovechó para echar mano de su teléfono móvil e inmortalizar el momento. Tras los obligados agradecimientos turno para otro gran estribillo, el de “Código De Honor”, así como para algo de pirotecnia y un estupendo duelo solista entre Borja Aguirre y el propio Yeray. Les hemos visto ya varias veces y siempre cumplen. Una formación destinada a crecer.
El cuento con Vita Imana iba a ser bien distinto. Un poco como me sucedió con Hamlet en la previa, es la madrileña una formación con la que nunca he llegado a conectar del todo, pero también por unos pequeños problemas de sonido al comienzo del set que vinieron a dar al traste con los horarios tan a rajatabla que arrastraba el evento.
Así las cosas y mientras que banda y técnicos trabajaban de forma denodada para reconducir la situación, servidor aprovechó para descansar y dar buena cuenta de la pequeña terraza tras los puestos de comida. Vita Imana, a quienes no veía en vivo desde el Rock Nalón de 2019, parecieron querer transformar en puro vigor la frustración que derivaba de los inconvenientes.
Porque su salida a las tablas es todo lo intensa y fulgurante que se les presupone, con un Mero Mero al frente que no cejó en animar a los suyos en todo momento. Eran la propuesta más diferente del sábado, algo que (me dio la impresión) generó cierta división entre la concurrencia. Al final y aunque, ya digo, no sean enteramente mi rollo, no puedo negar que disfruté con cortes ya postreros en el set como “Un Nuevo Sol” o “Adversario”, con la banda sonando ya a gran nivel.
Poco a poco la gente se fue enganchando, algo de lo que da fe el «wall of death» que pudimos contemplar en las postrimerías del set. Vinieron y se hicieron fuertes frente a los inconvenientes. Supone uno entonces tienen bien ganada su fama.
Había ganas de ver cómo respondían los heavy / power metaleros Avalanch tras el enésimo cambio de formación, el que ha llevado al QuaoarBjørn Mendizabal a ocupar el puesto dejado por Mike Terrana tras baterías. La banda, que venía presentando un “El Dilema De Los Dioses” del que os ofrecimos correspondiente reseña en abril del año pasado, lleva desde el confinamiento para acá instalada en la polémica. Ello no quita que cuando irrumpen por el Luarca Metal Days a eso de las 21:35 haya una nutrida presencia de fans aguardando sus evoluciones.
Unas evoluciones a las que la banda da inicio con aquella “El Oráculo” de su “El Secreto” de 2019, cuando Israel Ramos era el encargado de poner voz a la formación asturiana. José Pardial, de Cudillero él, aporta su propio color a los temas. Algo que se deja notar y de qué forma en la aún más clásica “Aún Respiro”, de lejos uno de mis temas favoritos del siempre interesante “El Hijo Pródigo”. La banda, eso sí, adolece de una segunda guitarra que termine de dar el debido empaque a los temas. Alberto Rionda, desde luego, llena con su seis cuerdas y a Manuel Ramil no le vamos a descubrir a estas alturas, pero me sigue faltando algo.
Anuncia Pardial que el próximo es un tema importante para él, de tanto en cuanto fue su primer single con Avalanch, no otro que “Horizonte Eterno”, donde vemos al vocalista asturiano más cómodo que nunca. Su desempeño al frente de la banda me agradó sin alcanzar al entusiasmo. No quisiera yo ser tan necio de verter sobre él las mismas críticas que muchos dispararon contra Ramón Lage en su día, quien después emergió de ellas hasta confirmarse como uno de los grandes frontman de nuestro país. La actual voz de Avalanch habrá de labrar su propio camino y no creo que sea este el momento de la inquina.
En esas estaba cuando la banda presenta el tema título de su último álbum y de pronto Pardial ofrece una interpretación más llamativa por lo agrio de alguno de los versos. Una mayor aspereza, siempre dentro de los márgenes del género, que el set contrarresta con la mucho más amable, radiable incluso, “Alas De Cristal”, con la gente dando saltos y servidor preguntándose en qué año estamos. Toneladas de recuerdos se agolpan en la sencillez de una canción tan descaradamente pop como pegadiza.
Y es que Rionda y los suyos, sabedores de la plaza que estaban pisando, optaron por tirar de nostalgia. Qué si no morriña destila “Pies De Barro” por más que Pardial la redirija, quizá más que ninguna otra dentro del set, hacia su propio terreno. Tanto o más que “Mil Motivos” o la fenomenal “Niño” donde, eso sí, costaba oír las voces pregrabadas que en su día inmortalizara el bueno de Fano “The Dark”. “Soy de Cudillero, estoy jugando en casa” exclama Pardial. Y tanto que sí.
“Otra Vida” extrae de Alberto Rionda uno de los mejores solos de la jornada. El ovetense, perseguido más que ninguno por la polémica desde que la pandemia hiciera estragos a lo largo y ancho del globo, apareció por el Luarca Metal Days con un semblante algo más risueño de lo habitual. El público esgrimió las linternas de sus móviles para “Antojo De Un Dios” y se enganchó con la más reciente “El Peregrino” dentro de un set que iba dando sus últimos coletazos. Aquí Pardial anunciaría otro tema importante para él, tratándose de hecho del primero que recordaba haber escuchado de Avalanch, y que era no otro que “Lucero”, aquél single adelanto del fenomenal “Los Poetas Han Muerto” que tanto nos descolocó allá por 2003. Buenos coros de Ramil y el bajista Nando Campos aquí.
El pequeño solo de Alberto, con ese “Santa Bárbara” a modo de inserto, nos retrotrajo a tiempos realmente pretéritos, amén de introducirnos en unos bises que iban a pisar terreno igualmente clásico, empezando con una “Pelayo” donde vuelvo a echar en falta esa segunda guitarra pero que produce una gran conexión entre la banda y buena parte del público congregado frente al quinteto. El cierre con “Xana” y “Torquemada” desató la cara más power de la banda para rubricar un buen final en el que muchos echaron de menos un tema con el significado para Luarca de «Cambaral«, basado en la leyenda medieval que toma su nombre del barrio de pescadores de la villa costera asturiana.
De los madrileños Nurcry me habían contado muchas cosas y la mayor parte eran buenas. Arribaban a Luarca con un “Destino, Yo Te Busco” estrenado en septiembre del pasado año y la intención de ganar un puñado de nuevos fans para la causa de su peculiar heavy / power metal…
… pero lo cierto es que su descarga nos dejó un mar de dudas. Y de humo, confeti y pirotecnia, al punto de que a ratos esta llegaba a opacar alguno de los temas. Esforzados y certeros al comienzo del set, la sensación que me quedó sin embargo fue la de que se irían diluyendo con el correr de los temas. Y es que para el segundo corte del setlist, la voz de Kike Fuentes parece fuera de tono, intuyo y elucubro que por problemas con los dichosos “in ear”, desviando el corte de unos cauces más normales.
Y es una pena porque la formación con la que la banda apareció por Luarca posee garantías suficientes. Ahí estaba el bueno de Juanjo Alcaraz, guitarra de también de Döxa y a quien ya vimos con la buena gente de Lethargus. Me agradó el riff facilón pero pegadizo de “Destino, Yo Te Busco”. También esos tonos más vivos que desplegaron. Agradecimientos mediante, recondujeron hacia la más apaciguada “Contra Viento y Sol”, donde por alguna razón, me recordaban a ratos a los castellanoleoneses Dünedain.
Tuvieron tiempo igualmente de anticipar un corte, “Galileo”, que integrará su próximo álbum de estudio, estrenado apenas un día antes, y que destapa una cara algo más rockera de la metamórfica formación leganense. “Vamos a ponernos un poquito tiernecines” anuncia Fuentes y la banda procede con una “Del Mismo Infierno” donde el público, menguado porque muchos aprovecharon para irse a llenar el buche, siguió el juego del vocalista.
Cuando las distintas explosiones de humo y confeti lo permitían disfruté del tono más chulesco que dibuja “Alma Libre” y a ratos también del cuerpo más próximo al power de “Sangre Eterna”. Con “Corre Tú Más” y “Latidos De Pasión” finiquitaron un set irregular, empañado por ciertos desequilibrios en cuanto a sonido y una pirotecnia que, en muchos casos, empañó en lugar de lustrar su descarga. Quedamos pues a expensas de una futura visita que dé la verdadera medida de la banda.
El “aquí mi fusil, aquí mi pistola…” de la inmortal “La Chaqueta Metálica” del genio y tirano Stanley Kubrick marca el paso a los siempre cachondos Lujuria para un fin de fiesta en toda regla. Al menos es lo que se deriva del buen puñado de gente que retornó frente al escenario para disfrutar de las evoluciones de los segovianos.
“Escuadrón 69”, de aquél “República Popular Del Coito” de 1998, niño cómo pasa el tiempo, pone la primera piedra de un set clásico por parte de la banda. “Nos pueden señalar, pero nunca, nunca seremos carne de cañón”. Óscar y sus soflamas habituales. Buen sonido el que desarrollaron, máxime tras lo visto con Nurcry, y que sacó adelante un repertorio tan predecible como disfrutón.
Aunque Sancho estuvo más parlanchín que en nuestro anterior encuentro con la banda, aquél junto con Bestia Negra a finales de 2022. “Estamos haciendo historia, hacen falta más festivales que apuesten por la gente de casa”, exclamó. “Jekill & Mrs. Hyde” sonó tan vacilona como siempre. Imprescindibles los teclados de Ricardo Mínguez aquí. “El heavy metal es un compromiso por un mundo mejor” dice Sancho a modo de presentación de “Dejad Que Los Niños Se Acerquen A Mí” y uno empieza a pensar que algunas de las soflamas del curtido vocalista se alargan más de la cuenta. Al final y aunque no esté del todo de acuerdo en el modo de expresarlo, que nadie dude de que su trinchera es la misma que la nuestra.
Pero “Viejo Rockero” le cambia un poco el paso al set con ese tono más leve y melancólico, algo que viene a confirmar la más seria “Traidores y Criminales (contra nosotros batallan)” de aquél “…Y La Yesca Arderá” de 2006. De los muchos chascarrillos que deslizó el frontman, el de “venga coño, tenéis menos batería que un concierto de Mägo De Oz” que dejó aquí fue fácilmente el que más carcajadas propició de toda la velada.
Aquí quiso detenerse Óscar y contarnos que el próximo tema iría dedicado a Santi Hernández, bajista de la formación y cuyo padre había sufrido un ictus en el transcurso de la semana. “Afortunadamente está bien”, de lo cual nos alegramos. Quizá no me esperaba “Destrucción”, de los argentinos V8, a estas alturas del set. Lo cierto es que la banda le puso más ganas y pasión que nunca. No era para menos. Para la inevitable “Joda A Quien Joda” contaron con un invitado muy especial, Txanti Hernández, natural de Luarca, fan irredento de esta música que tanto amamos y que brindó un curioso fin de fiesta a esta primera edición del Luarca Metal Days.
Una primera edición que, y no es peloteo, dejó más luces que sombras. Lo comentaba al comienzo de la crónica del viernes: el trato dispensado por la organización, el ambiente, el buen sonido (más allá de momentos muy puntuales) del que gozó todo el fin de semana. Tremendo el curro de Gus Bocanegra aquí y del resto de técnicos. Parece instalada la idea de que todos los festivales sufren en lo que a sonido se refiere y este no fue el caso. Mucho mérito tratándose, como digo, de una primera edición. Nosotros nos marchamos cansados pero satisfechos, aún quedaba cierto trecho hasta casa, mientras deseábamos que les hubieran salido los números, que parece ser que sí a tenor de que ya tenemos fechas confirmadas para la segunda edición y una banda, los death metaleros Legacy Of Brutality, que promete emociones fuertes.
Por nuestra parte no queda más que dar las gracias una vez más a la organización. Que salvo caso de fuerza mayor nos tendrán allí el año que viene huelga decirlo. Que trataremos de hacer todo cuanto esté en nuestra mano en ayuda del crecimiento del festival, también. Que el público sabrá responder a las muchas cosas que se hicieron bien en esta primera edición, nadie lo duda. Para cerrar y como siempre, un saludo enorme a los muchos amigos, músicos y fans con los que departimos a lo largo y ancho de ambas jornadas. Pasamos lista el año que viene.
Empecemos con los hechos. La reseña de “The Abyss”, a la sazón segundo disco de estudio del trío asturiano Totengott, fue el primer texto que servidor entregó para HMB. Por eso cualquier cosa que tenga que ver con el trío que forman José Mora (batería y coros), Nacho Bernaldo (bajo y coros) y Chou Saavedra (guitarra y voz) siempre tendrá un significante muy especial para quien escribe.
Los chicos, que como muchos ya sabréis comenzaran su andadura como banda de versiones de Celtic Frost, regresan ahora bajo el paraguas de la histórica Hammerheart Records. Y lo hace con un tercer largo al que han dado en llamar “Beyond The Veil” y que ha sido mezclado por el BalmogJavier Félez (Altarage, Teitanblood, Conjureth, Onirophagus…) en los Moontower Studios. Posteriormente masterizado por Jaime Gómez Arellano (Angel Witch, Ulver, Ghost, Moonspell, Fen…) y adornado por el estupendo artwork de Khaos Diktator Design (Gaerea, Wyrd, Heresiarch, Saor…), verá la luz el próximo 12 de julio.
Es gracias a ese prólogo brumoso y oscuro de “Inner Flame” que uno capta, por las buenas o las malas, el tono alrededor del cual se va a desarrollar esta tercera entrega de los asturianos. Es un corte en la más pura tradición de las entregas más vibrantes de la banda, que viene a resultar todo un canto al thrash metal más sucio y elemental. En comparación a anteriores trabajos, sorprende ese bajo tan alto en la mezcla. En ningún caso predominante pero qué duda cabe dando un mayor empaque a ese trotar tan habitual en ellos. El epílogo sí que destapará una mayor pesadez y la buena labor de Félez en las mezclas dará sus frutos a lo largo de ese tramo final más angosto y oscuro. Notable arranque.
Es “Sons Of The Serpent” la que de pronto destapa un aura más oscura y ominosa a través de un prólogo que rozará incluso lo funerario. Hay un juego de voces aquí capaz de disociar a esta tercera entrega de sus dos anteriores, al tiempo que acerca al trío a Triptykon, la continuación natural de los Celtic Frost más postreros. El registro de Saavedra resulta especialmente roto en estas estrofas y ejerce un poderoso contraste con esas tesituras más cristalinas, también enigmáticas, que emanan de los coros. Contrapuntos que asemejan a un juego de espejos mientras la banda transiciona hacia su cara más aletargada y oscura. La mayor presencia de teclas remata a un epílogo alimentado por su cara más sinfónica y, en cierto modo, grandilocuente.
“Marrow Of The Soul” vuelve a territorios similares (que no iguales) a los de la inicial “Inner Flame” para de nuevo entregar encarnación más nerviosa y dibujar de paso alguno de mis riffs favoritos de todo el largo. La guitarra de Saavedra, con esa afinación tan característica, brilla en toda su gloria aquí. Un corte que puede pecar de lineal en un primer tercio que apenas cogerá aire durante esos estribillos más lángidos y pesados. Interesante solo de guitarra el que ocupa su tronco central y retorcido a más no poder un epílogo donde tienen cabida muchas de las caras que representan a una banda como esta. Totengott confrontan brío con pesadez, crudeza con nervio, resultando en un tramo final verdaderamente llamativo. Sobre el papel otra de mis favoritas.
“The Architect”, que tuvo su correspondiente traslación a videoclip, me atrapó desde las primeras escuchas. La poderosa y también enigmática voz de Marija Krstevska y el tratamiento que de ella hace la producción durante el prólogo. Ese pulso arrastrado, que tanto y tan bien ha desarrollado la banda en el pasado, esas voces igualmente enigmáticas así como ese avanzar por momentos casi agónico. Un corte que propulsa a la banda hacia el futuro sin que ello implique negar el pasado. Tan atmosférica como enigmática. Composición que apunta a fija en sus setlists durante largo tiempo.
Esta primera “Beyond The Veil Part I: Mirrors Of Doom” entregará una cara casi cinemática de la banda. Un prólogo que parte de lo atmosférico para luego alcanzar una épica a ratos desgastada donde vuelven a brillar esas cuidadas voces de Krstevska. Ejerce como angosto preludio de una segunda parte, “Beyond The Veil Part II: Necromancer”, donde el trío cuenta con la colaboración del E-Force y ex-VoivodEric Forrest. Un corte que en su primer tercio transita sobre un metal vibrante y descosido. Ese riff de las partes más nerviosas quizá no me resulte el más redondo de todo el álbum. Mora está incansable tras baterías y especialmente fino en los pequeños pero marcados cambios de ritmo. Es cuando las revoluciones bajan y el corte adquiere una mayor pesadez que la banda parece sonar mejor que nunca, con Forrest dejándose el alma en algunas voces realmente agrias. El mayor peso que adquiere el bajo de Bernaldo en este tercer trabajo ayuda a apuntalar esas partes tan nerviosas, también la pesadez del pequeño epílogo. Estupenda.
El final, en la más pura tradición Totengott, corresponde a la composición más extensa del álbum, en este caso “The Golden Crest”, si bien esta queda lejos de los altos minutajes que desarrollaban cortes como aquél “Doppelgänger” que daba nombre al debut. Es precisamente a aquél primer trabajo al que parece hacer referencia este broche final. En especial por la gama de arreglos de la que han echado mano. Diría incluso que por el riff que dibuja Saavedra a lo largo del prólogo. La banda adopta más adelante esos coros prístinos que han ido apareciendo a lo largo del tracklist, dejando finalmente su lugar a un bien acomodado solo de guitarra. Su tronco central, sin embargo, contrapone voces limpias a un trazo pesado, casi arrastrado, preñado de voces que parecen desafiar a cualquier tipo de cordura, dibujando así durante el epílogo un metal tan monolítico como grave y desesperanzado. Un cierre descomunal y arrebatador, en rima con trabajos anteriores, que abrocha a estos al tiempo que responde a los propios pulsos sobre los que se desarrolla buena parte de este “Beyond The Veil”…
… donde creo que la banda ha sabido conjugar su propio legado al tiempo que parece mostrar una mayor intención por encontrar un sonido mucho más propio e identificable. Por supuesto que hay riffs e ideas aquí dentro que en buena medida recuerdan al bueno de Thomas Fischer. Pero mentiría si dijera que cortes como la misma “The Architect” discurren por terrenos hasta ahora y, en cierto modo, desconocidos para ellos. Otro detalle a tener en cuenta es la disposición de los temas, o cómo la banda ha ido abandonando los eternos desarrollos de sus dos primeras obras en pos de creaciones más concretas y concisas. Por lo demás aquí están sus flirteos con el thrash sus descensos hacia el doom más descarnado y ciertos coqueteos con lo atmosférico e incluso lo cinemático. Todo ello dentro de una misma raíz y sin complejo alguno, trazando un tercer trabajo con todos los argumentos para suponer su confirmación definitiva.
Inmersos como estamos ya en la temporada de festivales, raro es sin embargo el fin de semana en que no hay sarao pertinente dentro de lo que podríamos llamar nuestro radio de acción. La cita en esta ocasión tenía lugar en Infiesto, concretamente en la Cervecería La Traviesa, y tenía a State of Crime & Science (S.O.C.S.) y MalaTesta como protagonistas.
Huelga decir que le debíamos una visita a los segundos. Atropellados por la actualidad como por otro lado viene siendo habitual, su debut de 2022 “El Instante Perfecto” se nos escapó en su día. También sus distintas evoluciones en directo que, por mil razones, nos habían llevado a no coincidir aún con ellos.
Pero pongamos algo de orden en esta crónica. Los encargados de abrir la noche fueron los chicos de S.O.C.S., que estaban aún con las pruebas de sonido cuando el equipo de Heavy Metal Brigade, tan tempranero como siempre, atraviesa las puertas de La Traviesa. Y lo que ven nuestros ojos es un local bien cuidado, con un escenario amplio para lo que acostumbran recintos de este tipo y un equipo lo suficientemente decente como para desarrollar un directo con todas las garantías.
Faltan poco más de veinte para las diez cuando el quinteto, formación inalterada, procede a dar inicio a la velada con el tema que les da nombre, un “S.O.C.S.” donde, ya digo, el sonido era tirando a bastante bueno. Era una fecha complicada, con uno de los mayores festivales de metal de la península en su máximo apogeo, pero mentiría si dijera que no hubo parroquianos pendientes de las evoluciones de la banda.
Una banda a la que prácticamente hemos visto nacer, crecer y evolucionar, que sigue buscando su camino mientras se deja caer por escenarios de todo pelaje a nada que tiene ocasión. Lo hablábamos ayer: son ya muchas las veces que les hemos visto y lo cierto es que siempre dan una buena cara. Osana K., en esta ocasión, tampoco defraudó. Su registro y la manera de afrontar los temas son ya indisociables del peculiar modo en que entienden el rock alternativo.
“Lost” se ve muy beneficiada del buen sonido que emana de La Traviesa. Las cosas, cuando se hacen con la suficiente dedicación, terminan por dar buenos réditos. Lo bien hecho bien parece que decía aquél. Al público pareció agradarle su reconocible propuesta. Y decimos reconocible porque muchas de sus composiciones abrazan un léxico común, una manera de componer, que las hace muy identificativas, aún cuando a día de hoy nos suenan más alternativos y menos progresivos que en nuestro primer encontronazo con ellos.
Precisamente mientras pensaba esto, arremeten con un tema nuevo, “Paranoia”, que quizá venga a quitarme algo de razón. Y es que de pronto la banda suena más pesada y angosta, transitando hacia registros hasta ahora un tanto desconocidos para ellos y en los que queda claro que siguen buscando su propio camino. Víctor dejaría aquí uno de los solos más hábiles de la noche, y a servidor con la necesidad, imperiosa ya, de escuchar nuevo material de la banda.
Con la bien conocida “Under The Rain” vuelven a sus fueros habituales, aprovechando para deslizar un tono más melódico, también melancólico, de lo más reconocible. Sorprendieron con una versión del “Come As You Are” de los ya ineludibles Nirvana, convenientemente traducida al lenguaje S.O.C.S., con todo lo que ello implica. Iván se multiplicó tras los parches aquí, dando su mejor versión y aportando seguridad y firmeza en cada golpe. Se habla poco de los baterías en las crónicas, no te digo ya de bajistas y asumo mi correspondiente cuota de culpa.
Tras una muy aplaudida “Through The Mirror” le llegaría el turno a otra de las novedades, cocinada en pandemia como comentaría el propio Víctor, y que retrotrae a lo mejor del rock alternativo de los noventa. La banda tiene cintura y parece sentirse cómoda en el salto entre registros. Da fe de ello el mayor nervio que emana de “The Hole”, que a su vez contrasta con la mayor calma de “Tanto Por Hacer” con esos crescendos tan ágiles. Vimos a la banda cómoda y al público disfrutar con la formación de origen gijonés.
Otra de las novedades, “Vortex”, deja uno de mis riffs favoritos de todo el set, amén de alcanzar unas cotas de intensidad hasta ahora desconocidas para ellos. Doble bombo inclusive. No sería la última sorpresa de la noche. Y es que es aquí donde descubren otra versión, o en este caso reinvención, del “Losing My Religion” de los alternativos de Athens (Georgia, Estados Unidos) R.E.M.. Al menos en lo que a mí respecta, se agradece que no se limiten a calcar las originales, deconstruyendo los temas para trasladarlos a su terreno.
“Release” y sobre todo la ya ineludible “Should I?” rubrican un final lo suficientemente bueno como para que la audiencia reclamara un bis final y La Traviesa aplaudiría de buena gana al quinteto. Toca encarar ya una nueva entrega discográfica. Como ya he dejado escrito por ahí atrás, por aquí somos todo orejas.
Son alrededor de las once cuando el trío conformado por Marcos Munguía (bajo y voz), Marco Álvarez (batería y coros) y Guillermo Mariño (guitarra y coros), es decir, MalaTesta hace suya La Traviesa. Y lo hacen a través de un prólogo tranquilo, de aires casi post-rock, que sucumbe toda vez irrumpe un nervio en forma de distorsión que viene a dar la debida medida de la banda.
Escuchado su debut esta semana, lo cierto es que deriva de él un fuerte aroma a los madrileños Sôber. Y en honor a la verdad hay que decir que la encarnación en vivo de MalaTesta difiere en buena medida de esos efluvios. Visto lo visto con S.O.C.S., no sorprende el buen sonido que desplegaron pero sí la forma en que Marco y Guillermo acompañan en tareas vocales a Marcos. Funcionó el trío en voces, alimentando unas canciones con un marcado acento alternativo y que, ya digo, ganan una barbaridad en su traslación al vivo.
El pequeño y tranquilo prólogo de “Elegimos Mal” me recordó incluso a U2. Luego la banda reconduce hacia un rock más reconocible. Y aunque siempre perdure una cierta querencia por la banda de Escobedo y Bernardini, agradecí cómo el directo desdibuja la impresión que me produjo su primer álbum. Hay lugar para cortes melancólicos, ese “Falling”, o para ese interesante “Una Luz” de su debut. Incluso para alguna que otra novedad, véase el caso de “Corazón”, corte que, si todo transcurre por los cauces esperados, integrará su segundo largo.
Un segundo largo que, aseguró Munguía, están cocinando a fuego lento, un poco a la contra de lo que manda la inmediatez de estos tiempos en los que si algo reina por encima de todas las cosas es la inmediatez. Qué me vais a contar. Me agradó lo flexibles que se mostraron a través de la instrumental “A 441”, que parte el set en dos y ofrece una cara más del trío. También “La Peor Versión”, en especial gracias a un epílogo tan árido como desgarrado. Fenomenal aquí Álvarez tras baterías.
Enfundada en una melancolía que, en cierto modo, entroncó con sus compañeros de cartel, “El Instante Perfecto” amplificó su rango sónico. Desde luego ya digo que en directo resultan una banda con un sonido mucho más personal, amén de disponer de una mayor pegada. Todo sin que la guitarra de Mariño pierda brillo en ningún momento. Ayudó el cuidado que La Traviesa ha puesto en su equipo técnico. Ya podían aprender otros.
Munguía nos retaría entonces a adivinar qué clásico del punk de los 90 habían trasladado a nuestro idioma, que resultó ser no otro que el “Infected” de Bad Religion. “Vulnerables”, otra de sus composiciones de nuevo cuño, entregó uno de los riffs más sucios del set, mientras que “El Desastre”, corte que anticipara su álbum debut, configuró un estribillo de innegable gancho. Es cierto que el final con “Monstruos” les vuelve a acercar a las lindes de los mejores Sôber, pero el público pareció agradecer el guiño a la vista de la ovación final. Ya digo que nos sorprendieron. Nos quitamos una espina que teníamos clavada desde hace demasiado tiempo y la banda respondió tanto o mejor de lo esperado. Qué más podemos pedir.
Pues cosas como que el trato con la buena gente de La Traviesa sea bueno, que lo fue. Que ambas bandas nos pusieran al tanto de sus planes a futuro, que lo hicieron. Que disfrutáramos de la compañía, que lo hicimos. Se podría decir que nos fuimos con ganas de volver siempre y cuando las circunstancias nos sean propicias. Ya saben, nos vemos en el siguiente.
La escena rock astur sigue ampliando sus márgenes. Acid Blizzard son los últimos en sumarse a un género en alza en el Principado, como demuestran el buen momento que atraviesan formaciones como Malverde, Green Desert Water o The Magus entre tantas otras. Ellos son Jim Connelly en voces, Pablo Regueiro a la batería, la dupla Javi Prado y Nacho Arteaga en guitarras y el bajo de Berto González más la ayuda de Victor Münster con los sintes. Este pequeño “Sleepless” que hoy nos traen consta de tres cortes grabados en el gijonés Kathedrale Estudio con producción de Alex Gato y Gonza Whiplash y mezcla y máster de Martín Van Keulen. El sencillo vio la luz el pasado doce de mayo.
“Sugar Cane” pronto convierte la ligereza de su pequeño prólogo en puro fuzz. Pero una distorsión que dará paso a unas estrofas construidas con sumo cuidado, plagadas de detalles y en las que la banda ya deja bien claras sus intenciones. Jim Connelly muestra de hecho un registro que se amolda como un guante a la propuesta del quinteto. Puedo echar en falta algo más de gancho en sus estribillos. Por otro lado, el vértigo de su tramo final y como éste se enfrenta a la algo alucinada línea de voz de Connelly me resultan más que convincentes.
Prólogo puramente ferroviario para la más alegre “Outta My Brain”, donde el nombre de sus paisanos Malverde suele atacar mi subconsciente con cada nuevo paso por ese arranque encendido y vibrante. Los Blizzard reconducen entonces hacia su versión más pantanosa, que alimenta tonos más llamativos por espaciales. Hay ciertos engarces entre estrofas que me recuerdan a unos Alice In Chains en su versión más primaria, mientras que ese trotar camino del cierre bien lo podría haber firmado unos Amon Ra del “Incarnatio”. Estupenda y fácilmente la que más ha crecido con el correr de las distintas escuchas a este “Sleepless”.
El cierre de este pequeño artefacto sonoro es para la propuesta más ambiciosa del mismo, esta “A.I Baba”, donde Acid Blizzard muestran un prólogo tranquilo, que no amanerado, con Connelly en su encarnación más amable, convertida su voz en poco más que un susurro. Clásico, a la par que agradable, el modo en que la banda va adentrándose en páramos que habrán de rozar la psicodelia más leve. Hay un estupendo trabajo de Regueiro tanto en las partes más rabiosas como en las más alucinadas, algo que habla muy bien del cuidado con el que la banda ha trazado (y ejecutado) esta tercera entrega. El epílogo, con el quinteto en su versión más acendrada, tiene algo que me recuerda a Acid Mothers Temple. Un buen remate para este pequeño primer paso de los astures.
Al fin y al cabo no hay gran viaje que no comience con un pequeño primer paso. El de los Acid Blizzard nos descubre a una banda que parece tener las cosas muy claras a la hora de encarar sus temas. Es cierto, tres temas, con una duración total por debajo de los quince minutos no dan como para trazar una composición de lugar sobre sus puntos fuertes así como sus posibles debilidades. En cualquier caso me resulta un trabajo lo suficientemente atractivo como para mantener la vista fija en la última oferta surgida de entre el vasto panorama que propone el actual underground asturiano. Bienvenidos sean.
Hacía apenas un mes que habíamos visto por última vez a la buena gente de Drunken Buddha, fue en la última edición del Vidiago Rock, pero como somos unos enfermos de esto, qué se le va a hacer, tocó echarse otra vez a la carretera. Esta vez rumbo a Lanio donde unos enamorados del rock como los hermanos Jorge y Fer retomaban la actividad en directo en su coqueto y recogido local. Con apenas un escueto plano como ubicación del concierto y nuestro recuerdo del paso de Beast Inside hace algo más de un año por allí arrancamos hacia la localidad salense para dar buena cuenta de un bolo más de Diego Riesgo, Michael Arthur Long, Kay Fernández, Mario Herrero y Fran Fidalgo.
Tirando de tópicos, “Sea Of Madness” desata pronto la locura en Lanio. Tanto, que una cuerda de la preciosa Les Paul de Diego no aguanta semejante envite. Y dio igual porque uno de los parroquianos se ofreció amablemente a cambiarla allí mismo. Anécdota inicial para un show en el que nos las prometíamos muy felices.
Y es que esta gente parece que siempre funciona. Da igual que estemos en un festival (el tristemente desaparecido Rock Nalón) que en un recinto reducido, cortes como “Devil’s Breath” siempre sacan lo mejor del hard / heavy y lo embuten en unas interpretaciones siempre a la altura. Drunken Buddha dan siempre la impresión de ser la típica banda que se lo pasa en grande haciendo lo que hacen. La química que se observa entre ellos es contagiosa, desde luego.
Para “Purple Skin”, ya con la Les Paul negra de vuelta, Arthur Long pone a prueba los bancos del local, improvisada pasarela, y solo sonrisas pueblan nuestros rostros. Que además el sonido, sin ser el de los grandes recintos, solo faltaba, alcanzó para disfrutar de los asturianos sin mayores contrariedades. “Can’t Hold Your Gaze” sonó tan fulgurante como acostumbra. Aquí aprovecharían para deslizar algún tema nuevo, “Sweet Huntress”, y comentar que “está todo en manos de Juan Martínez” según palabras del propio frontman del Buddha.
Las bromas, el buen rollo, la camaradería fueron la norma una vez más. Sirva como ejemplo, los pequeños destellos de “Carolina” (M-Clan) o “Soldadito Marinero” (Fito y Fitipaldis) con que nos distrajo Diego desde su Gibson. Todo como anticipo de uno de los cortes más intensos de la noche, no otro que “Hang ‘Em High”, con Arthur Long ya descamisado y paseando el micro sobre nuestras cabezas.
Su habitual “Mr Big”, original de unos tales Free, calmó un poco los ánimos, exaltados y enfebrecidos ya, justo antes de que “Monster” pusiera de relieve, una noche más, el lado más musculoso y grave del quinteto. Y si en la primera fue Diego quien se destapó con un gran solo, en esta sería Mario quien dejaría destellos de su gran clase tras las teclas. Y es que, más allá de los gustos de cada cual, y con la actual base rítmica de Kay y Fran ejerciendo de perfecto parapeto, son una banda de muchos quilates.
Y tienen cintura. Porque tras la crudeza monstruosa, llega el turno de uno de sus cortes más pegadizos e incluso radio friendly. Al menos de un tiempo en que la radio no era coto cerrado y casi exclusivo del atúnconpan. Estoy hablando, claro, del “Dance Of The Serpent Queen” que ya apunta a fijo en su setlist durante largo tiempo. Llegó no sin que antes Arthur Long quisiera tener un pequeño recuerdo para con “la prensa”. Lo decía al principio: somos unos enfermos. Es lo que hay.
Encarando ya la parte final del set, no falló “Walking In The Shadow Of The Blues” a la hora de extraer la cara más sensual de la banda. Y no solo por el pecho descubierto de su vocalista. “Hay que hacer aquí un festival de tonada”. Aunque si hubo un corte que realmente me enganchó a estas alturas fue “Lady Stardust”, en especial con ese crescendo final que traman entre Fran y Kay, al alimón con otro solazo de Diego.
Puede que fuera una plaza pequeña y ni así quiso el vocalista olvidarse del habitual baño en champán de “Medicine Man”. Tampoco de guardar lo mejor de su garganta para la más atemperada “Strangers & Fools”, o dedicarnos un par de versiones que no estaban en mi guión particular. A saber: “Smoke On The Water” de Deep Purple y “Paranoid” de Black Sabbath. El final, una noche más, vino a corresponder a su habitual revisión del “Highway Star”, es cierto que ya con el sonido algo enmarañado pero sin perder un ápice de fuerza ni ganas. Muy grandes. Esperando ese tercer álbum como agua de mayo.
Atraviesan un momento dulce y se nota. Sea en festivales, sea en salas, parece que siempre cumplen. Nos preguntaba el propio Michael Arthur Long por las veces que les hemos visto y yo, francamente, creo haber perdido la cuenta ya. Solo sé que la del pasado viernes, a buen seguro, no fue la última. Así me parta un rayo. Vaya un abrazo para ellos, también para la buena compañía y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Es el tercer trabajo discográfico para Montaraz, quinteto de Narón (Galicia), a la sazón ganadores del Perversiones 2023. Ellos son Simón Pereira en baterías, Juan Muiños y Ger García en guitarras, Diego Pena al bajo y José Santos en voces. “Defendiendo Tu Voz”, que así se llama este nuevo álbum, contó con producción, mezcla y master del Adventus o Delalma Manuel Ramil (Eco, Death & Legacy, Edén, Infamia…) y arte de José Antonio Vives (Ankhara, Saedín, Deimler, Herética…) para siete temas que han visto la luz bajo el paraguas de Demons Records.
Hay algo en la forma en que Santos se desempeña en “Al Final” que me recuerda al mejor Manuel Martínez (Medina Azahara) en lo que constituye un primer corte de lo más castizo. Puro hard / heavy en la mejor tradición del género en nuestro país, vaya. Por ahí se suceden buenos adornos melódicos en apoyo de las estrofas. Aun más pronunciados tras los estribillos. Pero, sobre todo, la sensación de que la banda no pretende otra cosa que divertir. Y divertirse en el proceso. Ha sido la carta de presentación del álbum y por ahí se entiende la cierta simpleza que muestra su trazo. Aún así me resulta de lo más disfrutona conforme alcanza su tramo final y gana en intensidad y pegada. Aunque sea de manera leve. Un buen arranque.
“Quiero Vivir” acentúa a esos Montaraz más crudos y viscerales que se intuían en el epílogo del tema previo. Su riff principal suele recordarme a unos Judas Priest del presente siglo, si bien la forma en que la producción filtra la voz de Santos en determinadas estrofas no podría resultar más lejana a la banda de Birmingham. Se suceden aquí hábiles cambios de ritmo, muy firme siempre Pereira a los parches. Y una extensión en la forma de llevar adelanto sus desarrollos que me recuerda sobremanera a mis paisanos de Bestia Negra. Vuelven a irrumpir buenas melodías en apoyo de los cumplidores estribillos para una letra en la más pura (y de nuevo castiza) tradición del género.
Desgarrador grito de Santos para dar la bienvenida en “Vuelve”, que sale adelante sobre uno de los riffs con más gancho del álbum, pero sorprende con la desnudez que muestran sus primeras estrofas. Nombres como Ankhara o Lujuria acuden a mi mente mientras el corte va ganando en intensidad camino de estribillos. Irrumpen ahí los mejores Montaraz, esos que se instalan a medio camino entre el heavy metal más clásico y el hard rock más vibrante. Hay una mayor presencia de la base rítmica aquí, en particular del bajo de Peña, que termina por otorgar el debido empaque a un corte, por momentos, más arrastrado pero también pegadizo. Redondean el buen solo que nos conduce hasta el epílogo y el trazo tan clásico de este.
Pero lo que más me agrada es lo orgánicos que suenan. Habrá trucos de salón propios del estudio como los del prólogo de esta “Fuera Del Rebaño”, pero la banda en ningún caso alcanza a resultar artificial. Ni mucho menos. Hay una letra más punzante y mucho más crítica alimentando esta cuarta entrega. Conjugan, y pienso que de manera hábil, la cara más nervuda con la más tranquila, surgiendo por ahí uno de los cortes más diversos de todo el tracklist. Y aunque no me termina de agradar Santos en esas partes más tranquilas, podría decir justo lo contrario a través de las más nervudas. Es el corte más rácano por duración del álbum pero no siento que ninguna de las ideas propuestas se quede a medias por falta de desarrollo. Al contrario.
Aludía antes a Bestia Negra por aquello de la duración de los temas y es precisamente el nombre que acude de nuevo a mi subconsciente con “Montaraz”. En gran parte por lo extenso del prólogo, trazado sobre alguno de los riffs más curiosos (y cuidados) de todo este segundo trabajo. Y es que la banda, en especial la dupla Muiños & García parece haber puesto todo de su parte cara a construir otro de los cortes principales del álbum. Que para algo es una composición que lleva el propio nombre de la banda. Tiene un sabor muy clásico donde detecto dejes que me recuerdan a gente como Lujuria, Obús, Angeles Del Infierno y, como no, Iron Maiden, por ese puente central calmo y reposado que dará pie a unos Montaraz pesados, casi monocordes, anticipo de la habitual ensalada solista.
“Mi Vieja Guitarra” y su calmo prólogo entregan a un Santos en una clave más limpia, que desaparece toda vez irrumpe la faceta más obligadamente metálica del quinteto. Manuel Ramil aporta teclas en este penúltimo corte de cara a acentuar ese lado más melancólico de Montaraz. Un trazo agradable y bien arreglado, por tanto, para lo que no deja de ser otro corte leal a una forma, ya digo muy castiza, de entender el heavy metal. De los siete cortes que componen este segundo trabajo, fácilmente el que más parece pensado con el directo en mente, rematado por un solo, eso sí, de duración algo rácana.
La banda parece exhibir un mayor dramatismo a través del largo prólogo de “A Donde Vas”, cierre de este “Defendiendo Tu Voz” con Montaraz fundiendo su habitual metal de posiciones eminentemente clásicas con el hard más acomodado de los estribillos. Un corte que despide el álbum con otra gran labor de García y Muiños, pero donde Santos construye unas estrofas algo atropelladas. Por ahí un corte que me agrada solo a ratos, desdibujando un final que me resultaba más prometedor sobre el papel. Y es que ahí están los buenos detalles (de nuevo muy Maiden) de Peña introduciendo el epílogo, y los buenos solos de guitarra que se dibujan sobre él. Un cierre algo descafeinado.
Un álbum muy cumplidor, que alude de manera directa y orgullosa a un determinado nicho de oyentes y propone siete cortes construidos con gusto clásico y ejecutados, las más de las veces con acierto y buen gusto. Con un Santos que da en todo momento la sensación de habérselo pasado en grande construyendo sus respectivas líneas de voz y su entonada pareja de guitarristas, el disco podrá hacer las delicias de los fans de los muchos nombres que han surgido a lo largo del texto. El detalle de la participación de Ramil en “Mi Vieja Guitarra” suma sin resultar protagonista y en general resultan siete cortes sin otra pretensión que mantener viva la llama. Bienvenidos sean.