Reseña: Aneuma «Venom» (Autoproducción 2024)

Mucho ha acontecido alrededor de los de Puerto de Vega desde la publicación de “Climax” allá por octubre de 2022. Vencedores en la W.O.A. Metal Battle Spain 2023, segundos en la final en tierras alemanas, premio al artista revelación en la última edición de los Premios Amas y a buen seguro que la lista seguirá en el futuro. Mientras llega, tenemos en nuestras manos y oídos un “Venom” con el que intentarán refrendar las buenas sensaciones que ya nos dejó el debut. Laura Alfonso (voces), Abel y Borja Suárez (guitarras), Jorge Rodríguez (baterías) y Pau (bajo) vuelven a entregar un álbum de ocho temas, grabado en los Breakdown Studios con el Escuela De Odio, Sound Of Silence o Blast Open Nefta Vázquez (Beast Inside, Brutalfly, Burnt To Death…) a los controles. Gin Barbería (Absalem) hace coros, de Noelia Amieva las fotos y el propio Abel se ha encargado del diseño.

Los más impacientes ya conocíamos esta “Yell To The Sky”, estrenada a finales del pasado año, y que viene a ejercer de obligado puente entre el debut y este nuevo trabajo. Vuelven a darse cita las buenas melodías de guitarra que ya se adueñaran de “Climax” bajo el registro roto, más iracundo que nunca, de una Laura a la que la experiencia adquirida parece haberle proporcionado nuevas cotas de fuerza y gravedad. El corte se eleva en el puente central, comandado por unos riffs tan sencillos como funcionales, a los que revisten ese buen tino melódico que comentaba. El mismo brillo que alimenta, sin ir más lejos, al mismo “Travellers To Nowhere” de Legacy Of Brutality.

La labor de Nefta no podría ser más correcta de tanto en cuanto extrae lo mejor del quinteto sin querer erigirse en protagonista. Algo que salta a la vista, o mejor dicho al oído, a través de esta “Never Again”, donde de nuevo el buen gusto melódico de Borja y Abel se hará patente. Hay un solo, o más bien una serie de solos, adornando todo el tronco central. También un buen trabajo en lo que a construcción de coros se refiere. Laura más acompañada que nunca aquí, si bien siento que la letra se me queda algo rácana y, por tanto, repetitiva. Sea como fuere por ahí aprecio igualmente buenos cambios de ritmo y a unos Pau y Jorge del todo compactos y precisos.

Pero qué duda cabe que es un tema como “Your Doom” el que verdaderamente da la medida de una banda como esta. Partiendo de su elegante intro y apostando por la vena más melódica de la banda, quiebra de manera brusca hacia un metal nervudo, a puro doble bombo, donde las voces se multiplican y adivino a escuchar los registros de Gin y Abel acompañando a Laura en tareas vocales. Algo que amplifica, y de qué forma, el alcance de este tercer corte. También la repentina pesadez que precede a la inevitable ración solista. Muy elegante esta, en cierta rima con aquél prólogo, y que dará pie a un epílogo con Aneuma en su encarnación más nervuda. De mis favoritas de este “Venom”.

Bastan unos pocos acordes dentro de “Guide Them To The Light” para reconocer a la banda que está detrás de esta cuarta entrega, y que me recuerda a muchos momentos de “Castaway Of Chance” o “Fall Apart” del debut. La banda avanza aquí a medio gas, con un groove más marcado y una construcción clásica, edificada sobre los habituales contrapuntos entre estrofas y estribillos. El corte no obstante dará un giro en su tronco central, para acoger la ensalada solista sobre un heavy metal de formas muy clásicas. Ni mucho menos me desagrada pero a ratos siento que merecía algo más de desarrollo.

Aneuma nunca habían sonado tan pesados ni tampoco tan atmosféricos como lo hacen en esta “Frozen”, otra de las composiciones capitales de este nuevo trabajo. Por lo diferente que resulta a todo cuanto hayan hecho antes, por ese poso más melancólico que a ratos la atraviesa y finalmente por ese bien trenzado crescendo que la recorre. Esos riffs más pesados dejan la sensación de que funcionarán como un reloj en directo, los solos puede que se encuentren entre los mejores que hayan grabado nunca y, si he de ponerle un pero, al epílogo se le podría haber añadido alguna pulsación más. Con eso y con todo otra de mis favoritas.

Chain Reaction” ofrece una versión más sencilla desde el plano gramático, que compensan con un estribillo repleto de gancho, de los que entran a la primera, y que lleva todas las de ganar de cara a un nuevo e hipotético videoclip. Es su fórmula de siempre, contraponer el agrio registro de Laura a las buenas melodías de Borja y Abel, y de ahí que la cosa funcione así de bien. Habrá quien eche en falta algo más de riesgo, sí, pero cabe recordar que el disco venía precisamente del corte más diferente de todo el tracklist.

Hablando de contrastes, los que salen a relucir a través de “Circles Of Fire”. Un corte a ratos pesado pero cuya estructura no podría estar más ligada al metal de los ochenta. Su riff es pegadizo como pocos dentro de “Venom”. Asimismo sus estrofas, más desnudas ahora, vienen no obstante acentuadas por el bajo de Pau. Siento que es un corte más llamativo en lo tonal que en lo gramático, pero aún así disfruto del ambiente más diferente en el que la banda se instala aquí. Junto con “Frozen” lo más diferente de este segundo álbum.

Cierran con el tema título “Venom”, una pieza de heavy metal clásico y voz rota donde aprecio un interesante juego entre canales y docenas de solos y melodías que deberían hacer las delicias de todo buen fan del género. Pero más allá de pequeños trucos de producción, la encuentro una composición compacta y diversa, con su habitual buen pulso melódico, la gravedad de registros y, en definitiva, todas las aristas que a día de hoy definen a una banda como esta.

Recuerdo que “Climax” me gustó en su día a pesar de que se me desinflaba conforme transcurría por lo que vendría a ser su cara B, que es algo que no sucede en este “Venom”. La banda parece ahora más seria y decidida, afianzando la propuesta inicial pero sin miedo a explorar nuevos territorios, pienso especialmente en “Frozen” pero también en “Circles Of Fire”, sin que estos alcancen a distraer del todo el foco. Porque cuando juegan a ser los Aneuma que ya conocíamos salen igualmente triunfadores, véase la riqueza de “Your Doom”, otro de los grandes aciertos de este nuevo trabajo. Puede que a “Never Again” le pese su condición de single, no obstante el resultado global viene a situarse, pienso yo, un par de escalones por encima del debut. Era lo que muchos les pedían y es lo que han hecho.
Texto: David Naves

Reseña: Exodia «Into The Mouth Of Hell» (Autoproducción 2023)

Es el tercer largo para los thrashers valencianos de Exodia, de quienes no teníamos noticias desde allá por dos mil catorce cuando autoeditaran aquél “Hellbringer”. Así pues, la banda disuelta apenas dos años después de aquél segundo trabajo, y formada por Rafa Las Heras y Erik Oliver (guitarras), Toni Camarero (batería), Víctor Tello (bajo) y Armando Milla (voces) regresa al fin con este “Into The Mouth Of Hell”, grabado por el propio quinteto, a excepción hecha de los solos, para los que contaron con la inestimable ayuda de David G. Álvarez (Angelus Apatrida).

Vientos de guerra parecen acechar tras la pequeña intro “Deliverance From Evil”, de la que me gusta su arranque tranquilo casi tanto como su desarrollo clásico y la manera en que da pie, sin grandes artificios más allá de los puramente metálicos, al ya habitual thrash de los valencianos. Un thrash que vendrá a manifestarse en una “Temples Of Lies” donde queda claro que la (casi) década en blanco de Exodia no ha sido en vano. Encolerizados, el libro de estilo manda, pero sabios a la hora de construir un corte agrio en estrofas y más amable en estribillos. Tienen estos últimos un inequívoco apoyo melódico por parte de unas guitarras quizá no del todo redondas pero desde luego elegantes. La habitual ensalada solista traerá aparejada a su vez una mayor agresividad en cuanto a líneas de voz se refiere. Los chicos finalmente trazan un primer corte ágil, atractivo y directo. Crujiente pero con gancho, que da en todo momento la impresión de estar muy pensado para abrir “Into The Mouth Of Hell” de la mejor manera posible.

Amenaza “Buried Alive” con transigir hacia terrenos más sólidos y pesados. Y sin embargo es apenas un guiño durante el prólogo. Ahí, esas guitarras que bien podrían adornar un corte de los Slayer más rocosos y amenazantes, deriva más adelante en un thrash con nervio, riffs en la frontera entre la modernidad y el clasicismo y, de largo, uno de los estribillos más curiosos de todo el largo. Puede que sus estrofas no me enganchen en la medida en que lo hacen alguna de sus compañeras en este nuevo trabajo. Pero la banda parece no obstante más concentrada que nunca en esta andanada casi siempre poderosa y nervuda en lo técnico.

Lo que son las cosas, el prólogo de “Cybersex” bien podría rimar con unos Judas Priest de su (hasta ahora) penúltimo álbum de estudio “Firepower”. Exodia no obstante se conducen hacia un metal con ciertas trazas de groove que viene a alimentar el rango sónico de este tercer trabajo sin, por ello, sacrificar un ápice de su inherente mal café. Hay armonías de guitarra y voz aquí dentro, alternas con un estribillo seco, casi cortante, cara a construir un corte profundamente bipolar en el que, no obstante, nunca el foco parece distraído. El mayor protagonismo que la mezcla otorga al bajo de Tello alimenta dichos estribillos solidario, casi al milímetro, con la voz de Milla. Es aquí, en el tronco mismo de este “Into The Mouth Of Hell” donde los chicos han venido a colocar un trío de cortes extensos que vienen a hablar, y no precisamente para mal, de las miras altas que tiene para ofrecer esta tercera entrega.

De hecho el más extenso es este “You Fight Wicked World”, que ya desde su vistoso prólogo da un poco la medida de las ambiciones de Exodia en su vuela a la actividad. El riff que anticipa primero y acompaña después a las primeras estrofas tiene un gancho de mil demonios. Los valencianos fluctúan aquí entre su habitual thrash y aires más próximos (que no lindantes) con el melodeath nórdico más al uso y el resultado es otro de los cortes más redondos y también ambiciosos que les recuerdo. Algo a lo que contribuye el espléndido trabajo en cuanto a voces que atesora. Una base rítmica sobria pero eficaz y, sobre todo, una mayor duración que logra permear lo mejor del quinteto en lo que a ejecución se refiere.

Apenas he dicho nada tanto de la producción como del sonido que posee esta nueva colección de temas pero lo cierto es que, si bien esta reseña se está componiendo sobre una copia digital del álbum, es el signo de los tiempos, lo cierto es que resulta potente y equilibrada. Sobria incluso. No resta nunca pero, sin desagradarme del todo, siento que a veces tampoco suma. Rozando el notable si lo queréis así.

Only A God” porta un riff que bien podría haber compuesto el James Hetfield de los discos más postreros de Metallica. Habrá quien entienda esto como un ataque. Al contrario. El mentado riff puede recordarme a cortes dentro de lo que cabe recientes de la banda estadounidense que disfruto (“Moth Into Flame”, por ejemplo) pero son apenas detalles. Y es que Exodia juegan aquí una carta mucho más leal al género que las contenidas en los últimos trabajos de Ulrich y cía. Por ahí es una composición que me atrae con sus peculiaridades, si bien en términos absolutos y con la mente fría, hay construcciones en este nuevo trabajo con las que empatizo en mucha mayor medida. Me agrada el pulso más calmo y lo épico, casi opulento que suena este estribillo en cualquier caso.

Sí me agrada la mayor gravedad que atraviesa “Corrupt”, puro nervio y energía. A estas alturas el nombre de los albaceteños Angelus Apatrida podría resultar inevitable, si bien aprecio trazas aquí que bien podrían recordar a propuestas más minoritarias como pueden ser los gallegos Strikeback o incluso Trallery. Por otro lado, cierto que en todos lados cuecen habas pero qué duda cabe que Valencia ha sido una de las tierras más azotada por las distintas tramas de corrupción que han asolado el estado hasta sus cimientos. Puede tener o no que ver, pero lo cierto es que Exodia parecen aquí particularmente agresivos y musculosos. En especial esas voces que, a ratos, tanto me recuerdan al bueno de Bobby “Blitz” Ellsworth (Overkill).

Muy juguetón el riff que adorna el prólogo de una “The Alchemist” que, lejos de abandonar esa encarnación más grave y nervuda, viene a ahondar en los Exodia más rugosos y pesados. A ellos sin embargo contrapone la escritura un estribillo que sorprende tanto por su levedad como por el aire casi melancólico que de él se desprende. Inédito dentro del redondo y sorprendente si uno piensa que fue uno de los elegidos como carta de presentación del mismo. El nombre de Mille Petrozza (Kreator) parece casi inevitable en esos estribillos tan apagados (que no fallidos, atención al bajo de Tello) pero en suma es un corte que me conquista solo a veces.

Ars Goetia”, otra de las cartas de presentación del álbum, parece una elección mucho más obvia. Sin tampoco reinventar la rueda, aprovecha para homenajear (pienso yo) al “Seek And Destroy” de unos tales Metallica (y, por extensión, al “Princess Of The Night” de Saxon) durante la obligada demostración solista y, sin destacar, resulta de algún modo tan vibrante como funcional.

Nervio y pegada para una “Because This World” que quizá acuse ya cierta repetición de patrones y esquemas. No considero éste un mal corte por sí mismo y de hecho me agradan en buena medida la mayor extrañeza de sus estribillos, esas voces a lo Mustaine que irrumpen a ratos y lo bien que engarza la base rítmica durante las partes más rápidas. Pero en suma siento que “Into The Mouth Of Hell” posee ofertas más atractivas y redondas.

Cierran con “I Went For A Job And They Ate My Cock”, porque qué sería del thrash sin su punto de irreverencia, poniendo de relieve que también saben manejarse en terrenos más cercanos al crossover más casual. Que no distraiga lo aparentemente tonto de la propuesta, este es un corte ágil por trazo, diverso en cuanto a ritmos y desde luego nada desdeñable en cuanto a riffs. Camarero percute firme el doble bombo y todo termina por confluir en un, cuanto menos curioso estribillo. En definitiva y en lo estrictamente musical un cierre más serio de lo que pueda parecer sobre el papel.

¿Ha merecido la pena la espera? Pienso que sí, aún cuando el álbum creo dista de resultar perfecto. Cabría preguntarse qué disco lo es hoy día. Sea como fuere y aunque existen riesgos, estos nunca llevan a Exodia fuera de las férreas lindes del género. Por ahí y especialmente durante el fenomenal tronco central del tracklist, la banda brilla más que nunca. Han sido muchos años fuera del redil pero da la impresión que queda es la de no haber perdido un ápice de ganas ni tampoco de actitud. Qué bueno que volvisteis.

Texto: David Naves

Crónica: Cherokee + Colmena en Avilés (9/3/2024)

La primera venida a tierras asturianas de los hard rockeros vigueses Cherokee no era mal motivo para coger los bártulos y dejarnos caer por esa que llaman Villa del Adelantado. El quinteto se hacía acompañar de los locales Colmena, con quienes ya habían compartido cita por tierras portugalujas en la jornada anterior. Doblete astur galaico pues que vino a darse más o menos como sigue.

Pasan pocos minutos de las diez cuando Colmena hacen suyo el escenario del Paseo Malecón, sito en la Avenida Conde de Guadalhorce, para atacar con una “No Bajes La Guardia” que viene un poco a resumir la propia idiosincrasia de la banda de reciente creación. Ha querido la casualidad que nuestro segundo encuentro con ellos se produzca en el mismo lugar que el primero, aquella noche en que acompañaran a los rockeros de Nashville Stone Senate, por lo que la cita tuvo un ligero sabor a déjà vu. No acompaña el sonido durante este primer corte, pero en honor a la verdad hay que decir que la cosa iría mejorando con el correr de los temas hasta situarse dentro de los cauces normales que una cita como esta requiere.

No falta “Qué Asco Das”, con ella llegó la polémica, en la que el frontman Luismi Rose destapa su encarnación más enérgica y nervuda. Su interpretación, mucho más pasional en la revisión del clásico “Born To Be Wild”, se hizo acompañar de un gran Toni Bustamante a las seis cuerdas. Nadie va a descubrir al ex Brecha a estas alturas y mucho menos quien escribe. Por otro lado, de justos es reconocer que la entrada no fue como para tirar cohetes. Amplísima oferta no ya este pasado fin de semana, que también, sino casi podría decir que casi todos en general y por ahí que a veces dé la impresión de que ésta supera con creces a la demanda.

En cualquier caso y volviendo a lo que nos ocupa, lo cierto es que vimos a unos Colmena muy seguros en otro corte de propia cosecha como es “Wild Browser”, con Serto agigantándose, y ya es decir, desde las cuatro cuerdas. Desde luego tablas no les faltan y aunque la labor de Josín Martínez a la batería pueda resultar más discreta y callada, lo cierto es que el cuarteto parece tener las cosas bien claras. Funciona ahí “Situaciones Críticas”, poco a poco afianzada en el set, seguida de una “primicia”, la versión del “Speed” de Billy Idol. Bustamante brilla con luz propia en “Slave To The Grind”, original de Skid Row, si bien da la impresión de que los chicos están más cómodos en creaciones propias como “No Quiero Verte Caer”.

Rose aprovecha para dedicar a Lemmy y por extensión a todos nosotros el “Born To Raise Hell” de Motörhead. Toni tuvo un ligero percance con su guitarra aquí, un cable que se desconecta, gajes del oficio que diría aquél, y quizá por ahí que el Leather Boys le dedicara uno de los temas. Fran Vázquez, voz de Cherokee y cumpleañero en la jornada del sábado, no quiso perderse “Immigrant Song” de Led Zeppelin, sumándose así a la fiesta y anticipando lo que vendría después. Y aunque echáramos de menos un teclado en su particular revisión del “Highway Star” de Deep Purple, bien está ese final con “El Macarra Del Quinto”, con Luismi mezclándose con el público, y la forma en que, al igual que el corte apertura, viene un poco a resumir la idiosincrasia del cuarteto astur. Estamos atentos a sus próximas evoluciones.

El de Cherokee, que suben a escena pasadas las once y media, fue uno de esos bolos en los que una banda ha de pelear contra todo tipo de adversidades. Y fue ahí donde salió a relucir lo mejor y puede que también lo peor del combo vigués. El propio comienzo del set no podría ser más accidentado. El sonido es una bola indescifrable sin presencia de guitarras y Fran Vázquez opta por parar y volver a empezar. “No pasa nada, esto es rock and roll” exclama la también voz de Bella Bestia, y rentrée mediante todo vuelve a cauces normales.

Sentimos así finalmente una “El Flautista” donde el sevillano ya da muestras de atravesar un buen momento en lo que a voz se refiere. Desechó agudos a lo largo de la noche y aunque sus charlas entre tema y tema se alargasen alguna que otra vez más de la cuenta, no seré yo quien niegue su entrega ni su carisma. Es el propio vocalista quien dedica a ColmenaNo Hay Perdón”, uno de los singles de ese “III” que ya pasara por estas páginas (reseña).

Declaración de intenciones mediante, “Quien venga para ver si somos unos virtuosos que se vaya a su puta casa” exclama el curtido vocalista, pero lo cierto es que Gerardo Fernández mostró buenas hechuras desde su preciosa Strato, además de servir de firme apoyo al propio Vázquez en coros. Y puede que “Al Límite Del Juego” destapara la bien sabida frialdad del público asturiano, algo contra lo que batalló el vocalista, que de aquí en adelante aprovecharía para presentar a los suyos en cada pausa. Cherokee parecen muy cómodos en la muy hard “No Mires Atrás”, pero es “Fuiste Mía”, traslación al idioma de Cervantes del “Angelia” de Richard Marx, la que pone la nota de distinción y candidez en el setlist.

Sí o No”, que me recordó sobremanera a Beethoven R., extrajo al Fran Vázquez más carismático de la noche. Y mientras la banda aprovecha para reivindicarse durante el tema homónimo “Cherokee”, uno no puede por más que atestiguar cierta frialdad entre los asistentes. Bien porque éramos pocos, bien porque el público asturiano es como es. En cualquier caso, hacer nuestro el alegato de Vázquez por la música en directo en particular y las bandas españolas en general. Esas que se hacen a la carretera “fin de semana sí, fin de semana no”, para disfrute de unas audiencias cada vez más difíciles.

Así las cosas, mientras que “El Traidor” pone de relieve a los Cherokee más heavies de la noche, muy sólido Fernández aquí, “Déjame”, inspirada por el legado de Sangre Azul según contó el propio Vázquez, da con los huesos de éste entre el público. No quisieron despedirse, eso sí, sin volver a una encarnación más poderosa, la que entregan en “Sin Miedo”, “vamos a marcharnos con caña”, que vino a poner el broche final de una noche de firme batallar contra los elementos.

En perspectiva puede que nos sobrasen algunas de las extensas pláticas entre canciones del líder de la formación. Era su cincuenta cumpleaños así que no se lo tendremos del todo en cuenta por esta vez. No fue la cita más numerosa en cuanto a asistencia ni éste supo a veces responder como debiera. Plaza siempre difícil Asturias, qué os vamos a contar que no sepáis. Por nuestra parte nada más. Agradecer a la promotora del evento por todas las facilidades, mandar un abrazo grande a Colmena y Cherokee y un afectuoso saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Lépoka «Dios Está Borracho» (Autoproducción 2024)

Quinto y autoproducido álbum de los castellonenses Lèpoka, que muy gentilmente nos han hecho llegar en un precioso digipack de dos cuerpos, cuidadosamente diseñado y al que remata un no menos detallista libreto. Integran la banda a día de redactarse estas líneas Jaume en baterías, Carlos Zaph en bajo y bouzouki, Dionis y Popez en guitarras, Dani Nogués en voz y coros y Zarach en gaita y flautas. Con programación, teclados y guitarras adicionales de Tato Latorre, “Dios Está Borracho” se grabó durante doce meses en La Sucursal con Sinuhé Roldán ejerciendo como asistente de producción. La ilustración, diseño y maquetación corresponden al Daeria Joel Marco (Argion, Sylvania, Dünedain, Reino de Hades…) y la fotografía a Javier Bragado. En la calle desde el pasado 23 de febrero.

Dios Está Borracho” supone un arranque jovial en forma pero comprometido en fondo. Se podría decir que divertida en lo musical y consciente en lo lírico. También breve, ni siquiera tres minutos de un hard heavy metal de fuerte poso folk. Buena producción, capaz de amalgamar las distintas líneas sin mayores desequilibrios ni idas de tono, véase el breve pero cuidado puente central, para una primera piedra de toque sencilla, directa y al pie.

Más cerca del medio tiempo, “Brindo Por Verte” alimentará las comparaciones, supone uno que inevitables, con los Mägo de Oz más ligeros. Ha sido otra de las cartas de presentación del álbum y por ahí presume uno nace quizá ese tono más liviano. Vuelve a destacar la buena producción de la meticulosa grabación, llevada a cabo en La Sucursal y que abarcó doce meses nada menos. Destaca el solo de violín del puente, en especial por las cuidadas armonías que lo apoyan. Sencilla, elemental incluso desde el plano puramente gramático, intuyo habrá hecho las delicias de sus correligionarios. Servidor, según el día, echa en falta algo más de nervio.

Un nervio que sí tiene “Dónde Vas” toda vez alcanza estribillos. La letra, que centra sus miras en esa nueva tribu urbana empecinada en llamar “generación de cristal” a todo aquél que se atreva a discrepar con su reaccionaria forma de entender los tiempos que corren, me resulta una de las más acertadas de todo el nuevo álbum. Pero más allá de estas consideraciones y teniendo en cuenta el material que tengo entre manos, me parece el corte perfecto para ellos. Diversa tanto en lo rítmico como en lo tonal sin dejar de resultar pegadiza, dibujando siempre la sensación de que les dará buenos réditos sobre las tablas.

¿Dónde vas? No te molesta el sol de cara al caminar.

Para quienes vengan a “Dios Está Borracho” con ánimo de parranda, “Antes Del Amanecer” por sí sola podrá colmar sus ansias. Sin perder el foco lírico, imbrica su habitual heavy metal de melodías y arreglos más propios del lejano oeste, el inevitable banjo, eficaces a la hora de darle una personalidad muy especial a esta cuarta entrega, disociándola en cierto modo del resto del tracklist. Festiva y con un fuerte poso optimista soldado a cada acorde. Cien por cien Lèpoka.

A Las Calles” viene para dejar constancia de la faceta más nervuda de los castellonenses. Las guitarras ganan en gravedad, la base rítmica en presencia, apoyando una de las líricas más comprometidas de “Dios Está Borracho”. Pequeños guiños ska, Jaume percutiendo con firmeza, buenas melodías y arreglos, Dani Nogués en su versión más agria y un estupendo solo de guitarra como perfecto colofón. De mis favoritas, la cabra siempre tira al monte.

La Nit És Nostra”, donde cuentan con la inestimable ayuda de Adriá Salas (La Pegatina) y Artur Martínez (La Fúmiga), abandona el idioma de Cervantes para abrazar el catalá y mostrar, de nuevo, a unos Lèpoka en hábil equilibrio entre la rabia más acendrada de “A Las Calles” y su acostumbrado folk metal. Y he de decir que, barreras idiomáticas al margen, resulta una de las entregas más abiertamente pegadizas y por ahí memorables de todo el álbum. De esas que entran a la primera y anidan en tu subconsciente durante días.

Contando Al Andar”, con todo un José Andrea colaborando por ahí, entrega una letra regada de puro orgullo:

Donde hubo polvo, construiré montañas. No voy a echarme atrás

… y en efecto a ratos parece construida a medida del ex frontman de Mägo de Oz, que vuelve a exhibir aquí su característico registro, aquél que le llevó por escenarios de medio mundo. Es un medio tiempo al uso típico de Lèpoka. Cuidadoso en lo formal, en ningún modo sorprendente en lo que a construcción se refiere y donde echo en falta, quizá, un desarrollo algo más ambicioso. Como nota al pie, preciosa la localización donde se llevó a cabo la grabación del videoclip:

Me agrada la forma en que encaran “Un Año Más”. La diversidad que dibujan sus estrofas, amén de la manera en que engarzan los distintos estribillos. Y por ahí, la ágil línea de batería que traza Jaume tras los parches. Tejida con gusto, si bien desposeída quizá del gancho que poseen otras entregas de este quinto trabajo. Hábil en cualquier caso a la hora de jugar entre fiesta, nervio y candidez.

Claro que si la medida es la diversidad, puede ser “El Dorado” la que posea más cartas en este asunto. Conjuga, pienso que con pericia, a los Mägo de Oz más épicos, picotea más adelante con el reggae y fluye, esa es la palabra, hacia un estribillo que si bien un tanto atropellado, no podría ser más definitorio de la banda que lo ha parido. Construcción ágil, rodeada de buenos detalles en cuanto a producción y a buen seguro la que más peso ha adquirido con el correr de las escuchas, si bien vuelvo a sentir que al epílogo se le podría haber sacado algo mas de jugo.

La Misma Habitación” despide este “Dios Está Borracho” en tonos tranquilos, imbuida de una letra a ratos un tanto naif (después de todo, qué balada no lo es) pero donde caben igualmente pequeños gritos de corte antibelicista. No inventa la rueda el crescendo que acomete en su parte final, pero funciona. Eficaz para despedir este quinto álbum con un toque diferencial.

Ni mucho menos el disco más ambicioso que haya entrado por mis orejas últimamente y, sin embargo (o quizá por ello) una obra por la que siento un mayor apego que por aquél “El Baile De Los Caídos” de 2020. Breve, sí, poco más de media hora de música, pero ágil a la hora de amalgamar influencias diversas y teñir con ellas su habitual folk metal. Guiños ska, reggae, un banjo incluso y una banda que parece haber nacido tanto para divertir como para divertirse. Por ahí agradezco el compromiso de alguna de sus líricas primero y el buen trazo que exhiben cortes como “El Dorado” o el mayor nervio de “A Las Calles”. Por contra, siento que algunas canciones bien merecían desarrollos algo más ambiciosos. Con eso y con todo ¿agradará a los suyos? Quiero pensar que sí.

Texto: David Naves

Reseña: Polemika «Santa Estupidez» (Autoproducción 2023)

Empezar reconociendo que no somos muy de punk rock por estos lares me parecía lo correcto. Quien mucho aprieta, ya saben. Pero hete aquí que la buena gente de Polemika nos ha hecho llegar una copia física de su más reciente Ep, este “Santa Estupidez”, y qué menos que dedicarle unas escuchas primero y unas palabras después. Viene en un elegantísimo digipack de dos cuerpos, blanco nuclear, con un cuidado diseño pero donde echo a faltar algo más de información. La propia formación de la banda, que integra gente de Chabacanos, Inntermezzo o Pripyat, no viene por ningún lado. ¿Despiste o una forma de priorizar el mensaje sobre el mensajero? Grabado en ZL Audio, consta de cinco cortes, entre ellos su primera incursión en asturianu, junto a dos entregas recuperadas de aquél “Fuerzas De Flaqueza” de 2019.

Bailarte El Agua”, corte que recuperan ahora y que a su vez inauguraba el “Fuerzas De Flaqueza”, arranca de nuevo con buen tiento melódico lo que no deja de ser un punk de vibraciones clásicas y pulso ágil. Una composición que me recuerda a aquellos años de juventud en que alternaba a Boikot y La Polla con Metallica, Judas Priest y Koma ejerciendo de puente entre ambos mundos. “A tu edad yo también era punk”, se podría decir. Al final servidor terminó derivando más hacia el cuero y la melena que la cresta y los imperdibles y de ahí que mis referentes, a día de hoy, sigan siendo del todo clásicos. Pero da la impresión que los de Polemika no lo son menos. Ejerciendo la nostalgia sin olvidar el año en que nos encontramos. Un arranque que no me desagrada en absoluto.

El segundo de lo temas recuperados es este “El Sonido De Las Bombas”, no veremos el día en que letras como esta pasen a la irrelevancia, hace por aumentar el rango sonoro de este “Santa estupidez”. De hecho y aunque sea de forma leve, a ratos parecen lindar terrenos más propios del grunge. Lo que sigue a esas primeras estrofas es un punk encolerizado, con quizá la línea de batería más ágil de todo el Ep. Buenos cambios de ritmo, me agrada la forma en que engarzan las distintas estrofas pero quizá eche en falta un poco más de nervio en sus distintas líneas de voz.

Es fácil poner a los pies de los caballos la letra de una “Santa Estupidez” que centra sus miras en las redes sociales. La inevitable crítica contra los comportamientos que estas exacerban frente a la ya imperante obligación, como banda, de estar presente en ellas porque, de lo contrario, no existes. Hemos vendido nuestras almas al algoritmo, como bien apunta la letra, y lo peor es que no parece quedar más alternativa. Es quizá por esa frustrante inevitabilidad que el corte dibuje una cierta sensación de abatimiento. De melancolía incluso.

Por ahí “Repunante” resulta más elemental, más cercana a un punk primario y seminal. Destaca, claro, esa letra en asturianu. En lo personal agradezco el mayor nervio que Polemika desarrollan aquí. También esos coros que acentúan cada estribillo y como la línea de voz despliega aquella mala leche que reclamé para “El Sonido De Las Bombas”.

Buen Suceso” sorprende en su deriva hacia un rock más elegante. Mala Reputación es un nombre que vuelve a mi memoria con cada nueva escucha. Pero también Marea o, en menor medida, Extremoduro. Lo cierto es que empata con “El Sonido De Las Bombas” al revelarse como el corte más diferente de “Santa Estupidez” mientras deja muestras de una mayor ambición en aspecto puramente gramáticos. Desde luego sigue encerrando mucho punk en sus entrañas, esos riffs más acelerados de los estribillos, y cierra el Ep quién sabe si mostrando el camino a seguir por estos remozados Polemika de cara a futuros trabajos.

Insisto en reconocer que no es una banda que facture el tipo de música que más acostumbro a escuchar a día de hoy. Pero por ahí quedan pequeños escarceos fuera de su rango de acción que no hacen sino contribuir a una mejor digestión para el oído mas profano. Los más asiduos al género quizá echen en falta algo más de músculo, así como un sonido algo más redondo, pero a buen seguro encontrarán más de un asidero al que agarrarse.

PD: Aprovechando la ocasión, no quería cerrar esta modesta reseña sin lanzar un llamado a todo buen fan del punk e invitarle a sumarse a la Brigada, pues presumo no será este el último trabajo de punk que nos llegue (como tampoco ha sido el primero) y bien haríamos en hacerlos pasar por oídos mejor entrenados que el de servidor.

Texto: David Naves

Reseña: Omission «Disciples Of Ravens Vengeance» (Xtreem Music 2023)

Es el séptimo trabajo para los thrashers madrileños desde que editaran aquél “Thrash Metal Is Violence” a mediados de 2009, algo que da cuenta de cuán prolífica es la banda que hoy nos ocupa. Formados allá por 2002 en la capital del estado, Omission han venido sembrando el territorio con su thrash inyectado de black y speed metal para regocijo de una parroquia siempre fiel y entregada. “Disciples Of Ravens Vengeance”, que sucede a un “Worship What You Fear” del que dimos buena cuenta aquí a comienzos de 2001, reúne a Miguel A. Hernanz “Patillas” en guitarra y voces, Pizarro al bajo y Nekrosaint en baterías.

Producido por Choco, de los también madrileños Frenzy, el álbum fue mezclado y posteriormente masterizado con la ayuda de Gonzalo Vivero, cuenta con fotografías de José Machado y artwork de José Antonio Vives (Canker, Saedín, Ankhara, Aggression…). Se encuentra en la calle vía Xtreem Music en CD, vinilo de 12″, cassette y digital.

Rabid Aggression” es apenas una pequeña intro, muy a tono con el resto del álbum, que de manera concienzuda remarca el aroma malsano que éste habrá de desprender hasta el cierre. Conduce pues hacia una “Hatred Circles” que ya pone de relieve tanto su habitual gusto por el metal vibrante como una producción sucia, desgastada y nada amable que, lejos de restar, suma a la hora de potenciar lo insano de la propuesta. Me agrada también por construcción, si bien hay ciertos riffs, en particular aquellos que soportan las partes más apaciguadas, que me resultan un tanto recurrentes. Sea como fuere Patillas está tan irredento como siempre, declamando (es un decir) sus líneas de voz con la rabia y el mal café de siempre. Solo faltaba. Convincente dupla inicial.

La más breve “Shrouded Alive” viene sin embargo a aportar un par de puntos más en cuanto a desempeño técnico se refiere. Que se traduce en una gama riffera más hábil en las partes más pesadas así como en otra de lo más feroz allí donde aumentan las revoluciones, con el bajo de Pizarro altísimo ahora en la mezcla, otorgando el debido empaque a la poderosa base rítmica. Infecciosa, constante subibaja que apenas se permitirá un pequeño impás camino del epílogo. Dicen que lo bueno si breve, pero este es un corte que esconde más de lo que enseña.

Sorprende este “Roulette”, versión sí de todo un Bruce Springsteen, que Omission cercenan a base de conducirla hacia un metal muy clásico, revestido eso sí del clásico registro roto de Miguel A. Hernanz. Buenos acentos melódicos aquí y allá pero sobrevuela cierta sensación de que se quedará en mera anécdota. No sería la primera vez que fallo en un pronóstico, también os digo.

Slow And Crooked” envilece el bien conocido thrash de los madrileños, que se conducen con pesadez y cierta épica en un tercio inicial arrastrado y, en cierto modo, casi refractario a los grandes pulsos que dominan este “Disciples Of Ravens Vengeance”. Patillas ha colocado aquí un riff con un gancho de mil demonios, fácilmente el más memorable de todo el tracklist. Muy apreciable esa escritura y la manera tan natural en que conduce hacia el nada complaciente tronco central. Ahí se desatarán los Omission más zapatilleros como hábil contrapunto a un corte que no deja de ser, en gran medida, un gran muestrario de los ritmos más musculosos del trío.

Así las cosas, “Burn The Cross” vuelve a traer al frente ese thrash vigoroso, tan deudor del speed como del black, que tanto y tan bien le funciona a la banda de la capital. No tiene mucha historia más allá de parecer el negativo del corte inmediatamente precedente. Pero Nekrosaint está igual de firme con el doble pedal que a la hora de acentuar los distintos cambios de ritmo. Sin florituras ni tampoco dobleces. Tiene gancho y por ahí uno entiende que fuera una de las encargadas de presentar en sociedad a la nueva criatura de la fatoría Xtreem Music:

Conspiracy From Murks” ofrecerá unas estrofas con cierto aroma a los Motörhead más cerriles, que la banda hará confluir con su habitual metal cazallero y ardiente. No obstante se suceden las escuchas y sigo sin ser capaz de conectar en la medida en que lo hago con otros cortes del álbum. Y no será porque Nekrosaint o el propio Patillas no pongan de su parte. Pero en suma y escuchada al alimón con el resto de cortes, sigue provocando en mí algo cercano a la indiferencia.

El trío nunca rehuye los temas largos. Sin ir más lejos, aquél “Darkness Itself” de su anterior obra de estudio. “It’s Better To Burn Out” viene a poner una muesca más, yéndose hasta casi los once minutos y medio de lo que, inicialmente, casi parece la introducción de algún viejo western de serie B. Guitarras acústicas que sorprenden y de qué manera en un trabajo como este donde la intensidad y la rabia están a la orden del día, dominando cada recoveco de su bien conocido thrash metal. Pero toda vez sorteamos su peculiar (y extensa) introducción, Omission reclaman nuevamente nuestra atención con una acertadísima gama riffera, gran trabajo de Patillas aquí, y que me lleva inmediatamente a pensar en unos Metallica de finales de los ochenta. Fuera esa su intención o no.

Igualmente sorprendente el thrash más atmosférico que irrumpe tras ese influjo más técnico, que vendrá a dar pie a los Omission más iracundos, con una base rítmica tan bien ensamblada como trotona. Un tan fulgurante como breve solo de Patillas reviste la parte previa al tronco central. Y mientras se dejan oír guitarras que fácilmente podría haber firmado el Nocturno Culto (Darkthrone) de discos como “Hate Them” o “Plaguewielder”, al final el corte se eleva como un manifiesto sincero de la habilidad técnica y también compositiva del ya clásico trío madrileño. Estupenda, quién dijo que las instrumentales eran aburridas.

Tras la tormenta, “…Than to Fade Away” cierra el disco imbuída de toda la calma posible. El descanso del guerrero, pensarán algunos. A mí me queda la duda de si cerrar con un par de instrumentales, por elegante que sea ésta última en concreto, es la mejor de las decisiones.

Son Omission y de nuevo demuestran que no están para bromas. Puede entenderse el doble final como experimental, dicho sea con todas las reservas, pero lo cierto es que ya desde el arranque muestran hasta qué punto han vuelto a poner toda la carne en el asador. Intensidad a raudales, nunca falta en ellos, cortes bien construidos, pienso principalmente en la fuerza de “Hatred Circles”, el gancho de “Burn The Cross” o los mil y un caminos que es capaz de transitar la extensa “It’s Better To Burn Out”. Servidor también piensa que sigue siendo mejor quemarse que desvanecerse. Omission, y pese a que el disco contenga cortes o ideas con las que no he llegado a conectar del todo, desde luego están lejos de dar la batalla por perdida. Avisado está el gremio.

Texto: David Naves

Reseña: Alacrán «Luzifer» (Thundersteel Records 2024)

Nuevo Ep y ya van tres para los speed metaleros zaragozanos Alacrán: Christian Oliva “Oli” en guitarras, Diego Lafuente “Petroski” al bajo, Roberto Monforte “RK” en baterías y Sergio Lasmarías “Cachorro” al micro. Formados allá por 2012, debutarían dos años más tarde con un Ep homónimo al que seguiría “Siempre En La Brecha” ya en 2016. Ahora por fin nos traen nuevo material bajo el título “Luzifer” y con los propios Petroski en tareas de producción y master y Oliva en lo tocante a grabación y mezcla. Con arte del Hitten Dani Meseguer, el trabajo se encuentra ya en la calle vía Thundersteel Records.

Luzifer”, que arranca directa y sin contemplaciones, ya muestra la clase de metal tan rugoso como ágil del que gustan los zaragozanos. Baterías de sonido muy años ochenta, voces inundadas de reverb y riffs sacrificados a la propia velocidad de la composición. Speed metal en una onda que bien podría recordar a gente como Agent Steel, primeros Paradox o los Metal Church menos thrash. Pocas fisuras derivan de ese trazo tan elemental. La banda cita a Muro como influencia y algo de la banda de Silver se deja notar en los coros que acompañan a los estribillos. Para nada un mal solo el que ocupa el tronco central, si bien conecto en mayor medida con la parte más melódica del mismo y no tanto con esa segunda parte, algo más rutinaria. Más atinado el que emerge camino al prólogo y que anticipa ese final de corte más épico. Con sus más y sus menos, un más que digno arranque.

El riff de “Halcones De La Noche” tiende más al power primigenio. Aquél de los primeros Helloween, Rage, incluso Grave Digger. RK está firme al doble bombo y Petroski emerge para redondear la buena base rítmica de un interesante segundo corte. Y es que la banda suena ahora más compacta y entera. Ayuda el fondo, pero también la forma, que resulta por un lado menos predecible en escritura y por el otro más atractiva en lo que a puro desempeño técnico se refiere. Equilibrado el solo que Oli desliza aquí, hábil a la hora de conjugar melodía y rapidez. Finiquitan con un epílogo a la Maiden, que si bien algo recurrente, dudo escame a nadie que tenga a bien acercarse a una propuesta como esta. Cierto es también que Cachorro no es un dechado en contención precisamente. Género y estilo obligan, claro.

Alacrán habrán de echar el resto en “Síndrome”, corte más extenso del Ep y gran emblema del mismo. Todo arranca desde un prólogo empeñado en cambiarle el pie a las altas revoluciones que arrastraba hasta ahora el tracklist. Apenas un espejismo pues una vez alcanzamos las primeras estrofas, todo reconduce hacia el nervio habitual en los maños. Hay sin embargo una mayor dedicación en la construcción de estas, ahí donde nombres como el de los propios Hitten acuden rápido a mi subconsciente. Pero es interesante cómo la banda transige aquí hacia un tono algo más melancólico, imbricado no obstante en su habitual heavy metal enfebrecido y trotón. Algo que viene a jugar en favor de un Cachorro, a grandes rasgos, más comedido / menos chillón que en otros cortes más al uso. Puede que ciertos riffs me suenen un tanto manidos. Incluso el solo de Oli me resulta un tanto recurrente. La banda sin embargo suple carencias con actitud, lo cual tampoco parece mal síntoma.

Corre”, versión en directo de los asturianos Antídoto, palidece por el sonido un tanto lejano al tiempo que muestra una reinterpretación marcada por el aumento en las revoluciones. La cabra tira al monte. El sonido, un tanto lejano y hasta encajonado podría ser mejor, sí. Otro tanto se podría decir del otro corte en directo del Ep, este trallazo directo y sin contemplaciones que es “Kamikaze”, con un RK que apenas dará descanso a lo largo de estos tres minutos largos de metal ardiente y trotón.

Ni mucho menos el Ep más original de todos cuantos han pasado por estas líneas en lo que llevamos de año pero sí tal vez aquél que demuestra una mayor pasión por el glorioso heavy/speed metal de los años ochenta. Que si es precisamente lo que uno anda buscando y si se le perdonan las mencionadas carencias en lo que a sonido se refiere, no dudo propicie buenos ratos a más de uno.

Texto: David Naves

Reseña: Korgull The Exterminator «Built To Kill» (Xtreem Music 2023)

El exterminador está de vuelta. La banda de black thrash, que ya pasara por estas líneas con el convenientemente afilado “Sharpen Your Spikes”, regresa ahora con un largo que hace el sexto ya para ellos. Tras varios cambios en el seno del grupo, Körgull The Exterminator lo forman a la hora de escribirse estas líneas Javi Bastard (bajo), Joe Bastard (batería), Mark Wild & Ghorth (guitarras) y Lilith Necrobitch (voces). “Built To Kill” ha visto la luz en formatos físico (CD) y digital a través de Xtreem Music.

The Devil’s Sea” emerge desde profundidades abisales tras el pequeño guiño náutico de su discreta intro para conformar un primer corte pesado en su arranque y trepidante en su desarrollo. Que me agrada por el cuidado crescendo que habrá de conducir hacia las primeras (y fulgurantes) estrofas. Con Lilith a voz en grito sobre una base rítmica tan bastarda como siempre. El riff que adorna éstas, ese clásico subibaja, funciona a pesar de cierta sensación de déjà vu. Buen duelo solista en su tronco central, apoyado (ahora sí) en una serie de riffs que terminan por poner la guinda de una primera oferta en la más pura línea de la banda. Tan sucia y malencarada como cabría esperar.

Sin perder un ápice de fiereza, hay un deje en ciertos riffs de “Existential Risk” que me lleva a pensar, de manera casi inmediata, en los seminales thrashers canadienses Voivod. No es que la banda descabalgue hacia el metal enrevesado tan peculiar de los quebequeses, pero sí resulta lo suficientemente pronunciado como para disociar a este segundo corte del resto. Oferta esta más centrada, más directa, menos discursiva que su predecesora, con un Joe Bastard inasequible al desaliento. El solo sorprende aportando unos aires muy rockeros, resultando casi diría que perpendicular al tema que lo alberga. K.T.E. no parecen temer al juego entre géneros, algo que en mi opinión y siempre que se lleve adelante con pericia, es el caso, suma más que resta.

De “The Nine Circles Of Hell”, aporte más rácano de todo el álbum en lo que a duración se refiere, quizá podría esperarse una andanada de baterías desbocadas y voces agónicas. El quinteto opta sin embargo por introducir aquí su ya bien conocida querencia por las huestes del tristemente desaparecido Lemmy Kilmister, convenientemente aderezadas con una pulsión más cercana al punk que le viene como anillo al dedo. Lilith aprovecha además para deslizar una línea de voz que tiene mucho de aquél thrash primigenio que surgió a raíz del boom de cierta banda con un danés tras los parches. “The Nine Circles Of Hell”, no será el corte más avezado del álbum en lo que a composición y/o estructuras se refiere, por contra sí que resulta uno de los más memorables. Por la comentada labor de Lilith al micro pero también por una serie de riffs sobradísimos de gancho.

El tema título “Built To Kill” reconduce hacia territorios más marcadamente metálicos. Y sorprende con una estructura más ágil, no tan anquilosada, por donde se cuelan riffs que me llevan a pensar en unos Darkthrone post ”Panzerfaust”. El de Toxic Holocaust será otro nombre recurrente aquí. Especialmente en aquellas partes donde la batería de Joe Bastard alcanza velocidades más altas. Un corte hábil a la hora de descubrir las muchas facetas que caben dentro de una banda como esta. Mucho más poliédrica y diversa de lo que sugiere una escucha no lo suficientemente atenta. Por poner un pero, bien merecía algún solo más y mejor desarrollado. No obstante el trabajo melódico que la dupla Wild & Ghorth dibuja aquí y allá bien merece ser tenido en cuenta.

In The Darkest Of Times” sorprende con ese prólogo por momentos casi épico. Pero lo hará aún más al despreciar ese arranque en pos de una andanada ardiente y furibunda. Körgull The Exterminator no se andan con zarandajas ni tonterías. Y aún así, qué interesante resulta el solo que adorna su tronco central, si bien siento que la mezcla opta, erróneamente, por colocarlo demasiado alto en relación al resto de líneas. En cualquier caso tema muy funcional a la hora de enseñar la cara más extrema y firme de los catalanes.

Me resulta casi inevitable pensar en los Sodom de Tom Angelripper siempre que alcanzo una “Exterminator” donde, de nuevo, la labor de Ghorth & Wild me resulta del todo encomiable. Situada en un lugar indeterminado entre la primera ola del thrash y el proto black más incipiente, con unos riffs que lo mismo recuerdan a Kreator que a Motörhead y una serie de solos de lo más llamativo, termina por resultar junto con “The Nine Circles Of Hell” el tema con más gancho de todo el largo.

Night Of The Devil” traerá consigo un pulso más heavy. Pero es un heavy, claro, nada edulcorado. Sucio y rasposo. Aura Noir, primeros Celtic Frost, Venom, MidnightJoe Bastard percute con cadencia casi marcial mientras el corte se desarrolla en base a un riff pétreo, casi anquilosado, al que adorna una faceta melódica de cariz lisérgico y alucinado. Igualmente alucinado, casi caótico el solo que precede al epílogo, y que bien podría haber firmado un ilustre en estas lides como el añorado Jeff Hanneman.

Death To Human Race” recupera aquellas pulsiones más punkeras y proto-thrash de “Exterminator” para otra andanada sin grandes complicaciones ni tampoco mayores dobleces. Un canto a la desaparición de la raza humana destilado en infatigables dobles bombos y quizá la Lilith Necrobitch más descarnada de todo el tracklist. Aprecio cómo la mezcla sitúa el solo en un canal permitiendo que por otro la base rítmica cabalgue a placer. Un solo que ocupará ambos canales más adelante con pequeños detalles de producción que contribuyen a mejorar el envoltorio final de un corte tan escueto como redondo.

Ritual Suicide” acusa ya cierta repetición de patrones e ideas, lo que no quita para que la banda parezca echar el resto en lo que a ejecución se refiere. Extrema y decidida, sienta sus reales sobre una línea de batería si bien no original, sí ágil y diversa. Pero ya sea por lo escaso de su desarrollo, muy poco más de tres minutos, o por cierta reiteración en cuanto a construcción, lo cierto es que sobrevuela la idea de que otros cortes dentro de este “Built To Kill” rallan a mayor altura.

Sea como fuere, la final “Count Estruch” complementa al sexto de los catalanes albergando muchas de las buenas ideas que han ido yendo y viniendo a lo largo y ancho de los nueve cortes previos. Se yergue, eso sí, sobre una de las baterías más rápidas y violentas de todo el álbum, descerrajando blast beats y doble bombo como si los regalasen. Apenas toma aire en un llamativo puente que traerá la cara más atmosférica del quinteto. Pero es una atmósfera sin adornos. Nada de sintes ni trucos de salón. Solo guitarras, bajo y batería. Y sin embargo, qué diferente suena al resto del disco. Fantástico cierre.

Y es que desde que desaparece aquél pequeño guiño marítimo de su prólogo, el disco jamás se deshace del carácter orgánico de lo real. Todo resuena sincero y fiel a unas influencias que la banda y sus seguidores conocen bien. Thrash, algo de black, gotas de speed, pequeñas andanadas rockeras y los devaneos justos por otros territorios para que la escucha de estos apenas cuarenta minutos de metal agresivo y punzante jamás resulte aburrida. Cierto es que aquí y allá hay trazos o ideas con las que me cuesta más conectar. Pero en cualquier caso un álbum del que estar más que orgulloso y satisfecho. Los catalanes lo han vuelto a hacer. Ojalá tenerles por estas tierras más pronto que tarde.

Texto: David Naves

Reseña: Sylvania «Purgatorium» (Art Gates Records 2023)

Pues ya tenemos de vuelta a los chicos de Sylvania. La banda, que pasara por nuestros escenarios el pasado mes de septiembre dentro del marco del Karma Fest, regresa ahora con un cuarto álbum de nombre “Purgatorium” y en el que encontramos a Álvaro Chillarón bajo, Sergio Pinar en baterías, Sergio Garay y Alberto Montoya en guitarras y Alberto Sÿmon en voces, amén de las colaboraciones del Saratoga Tete Novoa y el Opera Magna Nacho Sánchez Soler.

A excepción hecha de las baterías, que vendrían al mundo en los Novo Estudios, serían los Fireworks Estudios quienes registrarían el resto de elementos bajo supervisión y posterior mezcla de Fernando Asensi (Lethargus, Zarpa, Dragonfly…). El material resultante sería masterizado finalmente por el propio Alberto Montoya y adornado por el arte de JM Design (Amadeüs, Dünedain, Daeria…). En la calle desde el pasado veintidós de diciembre vía Art Gates Records.

Pocas sorpresas con la introducción “Entre La Vida y La Muerte” y el tono casi cinemático en el que se desarrolla, con ecos que oscilan entre Danny Elfman y James Newton Howard. Que en cualquier caso me gusta por el crescendo que plantea pero sobre todo por la forma en que se introduce en una “Purgatorium” que terminara por dar nombre al disco. Corte de power metal clásico, casi señorial, con unas más que dignas guitarras dobladas durante el prólogo. Acierta la producción a la hora de mantener el equilibrio entre la cara propiamente metálica de la banda valenciana y todo el aparataje sinfónico con el que lo acompañan. El ex Nocturnia Alberto Sÿmon traza aquí un estribillo que me recuerda, y no poco, a la buena gente de Argion. Sencilla, directa, con gancho y, da la impresión de muy pensada con el directo en mente.

El Río De Los Lamentos” baja las revoluciones para apoyarse ahora en un riff a ratos cabalgante al que acompañan ahora unos arreglos que adquieren un mayor protagonismo con respecto al corte precedente. Colabora aquí Nacho Sánchez Soler al teclado pero si por algo sorprende esta tercera entrega es por el doble juego vocal que plantea durante estrofas. No es nueva esa dualidad en cuanto a voces pero tampoco puedo decir que me parezca mal resuelta. Sylvania ofrecen aquí un tono más oscuro. Sin excesos, siempre dentro de las barreras del género, pero que termina por contribuir a dotar de una mayor versatilidad a este cuarto trabajo. Mayor brío el que entregan durante la extensa ración solista, que termina eso sí de manera un tanto naíf. En cualquier caso bien está esa calma antes del llamativo groove que anticipa al estupendo epílogo. Pequeños detalles al margen, uno de los cortes que más ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Mucho es el gancho que posee la no obstante tímida línea de piano que introduce “Tu Calor Será Mi Voz”. Mejor aún el riff que conduce hacia las estrofas y ese trazo ambivalente en el que se desarrollan. El estribillo hace mucho por encontrar un gancho que unifique a banda y público en los directos. Por ahí surge una cierta autoconsciencia con la que conecto solo a ratos. También un bajo, el de Álvaro Chillarón, que dará vistoso apoyo durante las partes más desnudas. Muy Helloween la ración de solos que despachan aquí y juguetona la manera en que la banda transita hasta el epílogo. No caben sorpresas esta vez. Sÿmon parece de hecho más que cómodo en estos tonos medios y el corte, sin alardes gramáticos de ningún tipo, termina por funcionar.

Corría el mes de mayo del año pasado cuando la banda anticipó este nuevo álbum con el single “Aunque Mi Alma Se Desgarre”. Composición riquísima en cuanto a arreglos, trazada a un tiempo con gusto clásico y al otro con la suficiente inteligencia y agilidad para que su escucha enganche al oyente a la primera. Al menos si este es de los que disfrutan del metal más amable y melódico. Valga la redundancia. Su línea de voz, en particular durante las partes más desnudas de las estrofas, trae a mi mente a los Mägo De Oz más “populistas”, mientras que después hay ideas que me recuerdan a Freedom Call, Edguy, Axxis… Sin parecerme el corte más redondo de los diez, sí que posee una de las secciones solistas más llamativas y vibrantes de todo “Purgatorium”.

El disco encuentra ahora una nueva instrumental. En este caso una muy apaciguada “Canto De Luna” donde las guitarras acústicas toman el mando sobre un tímido colchón ornamental. Discreta por duración, aún más por trazo, donde apenas se divisa un pequeño up tempo sinfónico en su recta final, y que introduce una “Hechizo De Invierno” cuyo arranque siempre me transporta a los Avalanch de “El Ángel Caído” o “Llanto De Un Héroe”. En lo que atañe a las estrofas, diría que son estos los Sylvania más guerreros de todo el disco, trayendo de vuelta incluso aquél contrapunto vocal que ya planteaba “El Río De Los Lamentos”. Sorprende por ahí ese estribillo en tonos mucho más amables y cercanos al tono general de este cuarto disco, componiendo así un corte un tanto bipolar, que no fallido.

Mar De Agosto” es una balada de tranquilo inicio al piano donde Sÿmon, claro, ofrecerá la cara más amable de su registro. Pocas sorpresas en cuanto a trazo con ese muy clásico crescendo que conduce hasta el elegante solo de guitarra. No puede decirse que se hayan liado la manta a la cabeza, baladas así hemos escuchado ya unas cuantas, pero los valencianos al menos parecen haberse preocupado de arreglarla en condiciones. Posee además buenas ejecuciones y a un Sÿmon que ofrecerá su mejor cara en el más elevado tramo final. Lo dicho, de las de toda la vida.

El Juicio De Las Almas”, primero del par de cortes con Tete Novoa a bordo, recupera a aquellos Sylvania más oscuros de “El Río De Los Lamentos”, contrapuestos una vez más a un estribillo, con la actual voz de Saratoga tan torrencial como acostumbra. Luminoso y radiante. Sin que su trazo me resulte en exceso brillante, sí que resulta atravesada por algunos de mis riffs favoritos de todo el álbum. También por una a ratos vibrante sección solista. Desde luego parece haber muy buena química entre ambos músicos. También entre ambos vocalistas, si bien no me parece esta la letra más redonda del álbum. Opinión esta profundamente subjetiva, claro.

Hacia La Eternidad” cierra “Purgatorium” yéndose hasta los doce minutos. Y lo hace planteando de inicio un power metal a la alemana, deudor directo de los Gamma Ray más vivarachos. Ahí se produce un descenso hacia una calma que acogerá a las primeras estrofas. Vistosos arreglos de viento aquí y otra buena línea de bajo de Chillarón. Tete Novoa regresa para enfrascarse en un duelo con Sÿmon y, en cierta manera, recuerdo “Las Ruinas Del Edén” de Avalanch, si bien es más una sensación que un parecido empíricamente demostrable. El puente central, que desciende a una calma sinfónica, de nuevo casi cinemática, puede recordar al power metal de principios de este siglo. Y es que mientras que tras él surgen los Sylvania más amables, me agrada lo diverso del trazo en este tercio final aunque quizá no tanto los riffs en que se apoyan. Pero la producción acierta de nuevo a amalgamar las distintas líneas en un perfecto equilibrio entre lo que es heavy / power metal y lo que no deja de ser puro ornamento. Dejes folkies anticiparán uno de los epílogos mejor resueltos del álbum. La banda nunca ha sido ajena a los cortes largos pero este desde luego puede ser el más redondo que hayan trazado nunca. Gran cierre.

Notable trabajo el de los valencianos. Por lo sólido de muchos temas y lo diverso de otros. Al final el disco parece conversar consigo mismo en lugar de agarrarse a una única carta ganadora. Por ahí surgen composiciones con gancho, la propia “Purgatorium”, junto a cortes más extensos e igualmente eficaces como “El Río De Los Lamentos” o en especial la final “Hacia La Eternidad”. Y puede que la aportación de Nacho Sánchez en la primera peque de discreta. Todo lo contrario puede decirse no obstante de Tete Novoa en la segunda. Al final un álbum que, si bien no me resulta del todo perfecto, ha ido ganando lo suyo con el paso de los días y las escuchas. Ya me contaréis si también ha sido vuestro caso.

Texto: David Naves