Reseña: Zålomon Grass «Space Opera» (RockCD Records 2023)

En colaboración con Hendrik Röver (guitarra clásica europea, Fender Rhodes y percusión), David Rodd (bajo eléctrico Fender, sintetizador y coros), Mauro Comesaña (batería, percusión y coros) y G. Mckenzie (voz principal, coros, guitarras eléctricas, guitarra de doce cuerdas y guitarra acústica) están detrás de “Space Opera”, el primer largo de la agrupación psicodélica gallega Zålomon Grass. Un compendio de ocho temas grabados en los Guitartown Recording Studios de Muriedas (Cantabria) por el propio Röver y posteriormente mezclados y masterizados por David Rodd sus Rodd Studios de Vigo (Galicia). Lo adorna un arte de María Llauger y Mauro Comesaña sobre la ilustración de Archibald IngramEl Buque De Su Majestad Real Decapitator En Persecución”. Recordar asimismo que la banda se encuentra actualmente en gira con parada en la avilesina Factoría Cultural el próximo tres de febrero.

Cosmic Relief” ataca desde el primer instante con un riff principal repleto de gancho y ese groove entendido a la manera clásica que tantos y tan buenos resultados acostumbra a dar. El orgullosamente sonido retro de la banda reverbera en un interesante y cuidado juego entre canales y mientras que la voz destila con gusto y clase los estribillos, la producción pone todo de su parte cara a discernir cada línea. Buenos cambios de ritmo aquí y allá, auténtico subibaja en lo que a trazo se refiere, si bien siento que el pequeño escorzo de calma que irrumpe a modo de puente bien merecía algo más de espacio. En cualquier caso por ahí surgen estupendas líneas de bajo, la desgastada producción y un epílogo que se atreve a bordear el funk, como si el resto del corte no fuese, ya de por sí, una verdadera maraña de sonidos. La manera en que tanta ida y venida cabe en apenas tres minutos y medio sin que nada suene forzado ni artificial no deja de tener su mérito.

Por ahí que “The Drill”, carta de presentación de esta peculiar ópera espacial, resulte mucho más acomodada. Que no fallida. Porque si “Cosmic Relief” brillaba en lo que a riffs se refiere, esta lo hará en lo tocante a solos. Concisa, directa, orgullosamente rockera, sin el pulso tan vitriólico ni aquella escritura casi dislocada de su predecesora. Pero hábil sin embargo a la hora de destapar a los Zålomon Grass más crudos y viscerales.

“I know just how you feel but I know that you know the drill”,

All Hands On Deck” emerge de la calma y para conducirse por ella mientras destapa ahora a unos Zålomon Grass a medio gas, calmos y elegantes, abandonando toda gravedad, comandados por la fina línea que marca Comesaña tras los parches. Se elevan después mientras deriva hacia un aire más blues rock que parece les viene como anillo al dedo. Y es que si por algo destaca no ya este corte en concreto sino el álbum en su conjunto es por la propia versatilidad de la banda, que siempre en el terreno del más puro clasicismo, sabe acoger ese amplio abanico de influencias y apostarlo en unas canciones que, sin embargo, nunca suenan ajenas ni forzadas. De las ocho que componen este “Space Opera”, puede pasar “All Hands On Deck” por mi favorita. Por ese trazo tan cuidado, por los buenos detalles que surgen de sus guitarras o por lo certero del estribillo.

Inicio igualmente tranquilo el de “Harder To Rise”, que sin embargo transita más adelante hacia una versión un tanto más épica de su habitual vintage rock. Se hace la calma sin embargo toda vez acuden las primeras estrofas. Aquí me agrada la construcción de estas y la forma en que se van elevando de cara a los distintos estribillos. Clásico, funcional, no es la primera vez que has oído algo así pero los Grass se las arreglan para que el recurso suene, de algún modo, fresco y vibrante. Una melancolía casi palpable recorre el cuidado estribillo. Y mientras que al puente acude aquél deje más épico, casi sinfónico incluso, apenas intuido en el prólogo, el solo que irrumpe después se amolda al corte al que adorna con precisión cirujana. En opinión de este humilde juntaletras, otra de las grandes del redondo.

Sin llegar a aquella versión descarnada de la anterior “The Drill”, lo cierto es que “Heard It On The News” hace por recuperar parte del nervio perdido. Se mantiene por ahí en un curioso equilibrio entre el innegable gancho que ofrece su riff principal y una escritura, esta vez, algo más apaciguada, que no plana. De resultas surge un corte más sencillo, que me afecta en mayor medida al corazón que a la cabeza, y con el que conecto solo a veces. El solo final es de mérito, así como esos coros casi mistéricos que lo acompañan. Pero ya digo que, en líneas generales, encuentro otros cortes aquí presentes mucho más interesantes y atractivos.

Me encanta sin embargo “Too Late Now” y el aire a antro a media luz que de él se desprende. Es esta una versión casi desnuda de Zålomon Grass, por ahí diferente al resto del tracklist, que se roza con el blues más formal mientras teje una cuidada, casi delicada línea de voz, para en la mayor tradición del género, desembocar en un solo en fade out. Disculpo ese final algo abrupto si su encarnación en directo, de haberla, nos lleva a al tan mágico como enigmático terreno de la improvisación.

Con un bajo casi predominante en la mezcla se presenta una “Groove To Prove”, que de nuevo vuelve a poner la aguja de la intensidad en zona roja. Estrofas casi desnudas, estupendos guiños de guitarra aquí y allá pero sobre todo un riff capaz de derribar montañas. Me enganchan los gallegos aquí por construcción y, consecuencia segura de lo mucho que les he estado escuchando los últimos meses, el nombre de los californianos Rival Sons sobrevuela casi a cada golpe de caja. Uno de los cortes que más hace por destapar la buena nota de estos Zålomon Grass como músicos…

… pero de todos los que componen este primer largo, “Don’t Let Me Go Down (Space Opera)” es hasta el momento el que más huella ha dejado de todos. Porta ya de entrada un riff tan simple como efectivo. La entrada de la base rítmica y como la mezcla vuelve a jugar con los canales, fundamental a veces el uso de auriculares a fin de apreciar según qué detalles, suben ya la nota con el corte apenas iniciado. Sucede después que las estrofas acampan en el territorio de la balada, con Mckenzie en su encarnación más dulce, que no sacarina, y los gallegos construyen un crescendo que divaga entre la balada clásica y un psych algo alucinado primero y más vibrante después. Es cierto que todo parece anticipar un final más grave que finalmente no llega. No menos verdad es que la alternancia entre guitarra y coros que precede a su epílogo es estupenda. Riada de buen gusto como poderoso broche final.

Psicodelia clásica de la que tanto gusta en la querida y apreciada Factoría Cultural de Avilés. Reconozco tenía fuera de mi radar a estos Zålomon Grass y que he disfrutado como un enano con este primer álbum. También con la escritura de una reseña como esta. El suyo es un género algo ajeno a quien escribe, no creo pase nada por reconocer el hecho, y sin embargo encuentro en él bastantes asideros a los que agarrarme. Empezando por el buen nivel técnico que han demostrado aquí, continuando con el abanico de influencias que aglutinan, amén del buen gusto a la hora de implementarlo a lo largo de los ocho cortes. Cierto que entremedias hay trazos e ideas con las que no he llegado a conectar del todo. Pero en suma siento que son muchos más los aciertos que los errores. Queda por tanto nada más que comprobar qué tal los defienden en vivo el tres de febrero. Si nada ni nadie lo impide por allí estaremos.

Texto: David Naves

Reseña: Cherokee «III» (Demons Records 2023)

Los hard heavies vigueses Cherokee tienen cita con el público astur el sábado nueve de marzo de 2024, por lo que echarle un vistazo a su más reciente obra “III” resultaba de lo más pertinente. Ellos son Fran Gómez y Gerardo Fernández en guitarras, Fran Vázquez a la voz, Carlos Delgado en baterías y Edu Mateos al bajo. Con José Pineda como productor, el trabajo ha sido grabado en los estudios Área 51 y ha contado con las colaboraciones de Hugo Bistolfi (Galilea, ex-Rata Blanca, ex-Alianza), Javi Oliva y Niko del Hierro (Saratoga). Con portada de F.J., “III” se encuentra en la calle vía Demons Records desde el pasado dieciséis de octubre.

Quimera” ejerció como carta de presentación de este “III”. Y un poco también como piedra de toque del mismo. Porque es un hard / heavy directo y sin ambages, con Fran Vázquez moviéndose en tonos altísimos, revelando un registro a medio camino entre Juan Gallardo (Ángeles del Infierno) y Adrián Barilari (Rata Blanca) con el que conecto solo a ratos. Para más inri, aquí las guitarras revelan un tono que no alcanza tampoco a conquistarme. Otra cosa es el uso que Gómez y Fernández hacen de ellas, que vendrá a revelarse tan clásico como eficaz durante el obligado despliegue solista del puente. Un arranque correcto.

Las Puertas Del Cielo” hace por atemperar el brío de su predecesora. Por retorcer la escritura incluso. Es más chulesca, más pretendidamente sensual. Como unos Whitesnake de finales de los ochenta puestos al día. Todo le sirve a Carlos Delgado para tramar una línea de batería llena de buenos detalles. Pero es Fran Vázquez al micro quien, a fuerza de sonar más natural y no tan excesivo, gana no pocos enteros con respecto a otros desempeños más exigentes dentro de “III”. El crescendo final, clásico hasta la médula, resulta bien resuelto. Adornado incluso. Insisto, no me conquista el tono de estas guitarras pero sí lo que los chicos están haciendo con ellas.

Siéntelo”, que cuenta con todo un Niko del Hierro al bajo, puede ser fácilmente el corte con el que más me cuesta conectar de todo el álbum. Ni con el aspecto lírico, recurrente y con cierta sensación de déjà vu, ni tampoco con los tonos más bajos y aguardentosos de Fran Vázquez en estrofas. Y es una pena porque en su tronco central habita un buen crescendo y pequeños destellos técnicos que hablan, y no precisamente mal, del nivel técnico que poseen Cherokee. Pero un poco por los detalles que comento y otro por la corta duración de la composición en sí, al final no puedo sino situarla en el vagón de cola dentro de las once que componen este “III”.

Trazada con gusto clásico, adornada con sumo cuidado y afrontada por el Fran Vázquez más neutro, centrado y sólido, “Nada Es Para Siempre” funciona a la hora de revelar el lado más elegante y ampuloso de los vigueses. Medio tiempo con la debida carga melancólica, gana enteros en producción, si bien el bajo de Mateos se sobrepone a ratos al resto de elementos. Pero culmina en un buen estribillo y cuenta con grandes detalles toda vez la composición encara su recta final y emerge la obligada sección solista. Lo dicho, clásica y nada original pero resuelta de manera impecable, no le puedo poner pegas más allá de su propia autoconsciencia.

Déjame” transige, y lo hace de manera más que orgullosa, hacia un AOR acomodado y grandilocuente. Valga la redundancia. Con Fran Vázquez más cómodo que nunca y la producción brillando en lo que a equilibrio se refiere, deriva en un estribillo sin sorpresas ni tampoco dobleces. Ni inventa la rueda ni lo pretende, pero funciona, que es lo importante, y entiendo los motivos por los que fue elegida como otro de los adelantos de este “III”. Parece casi el negativo de aquella “Quimera” y por ahí viene a colarse el amplio rango de influencias que manejan.

Quien echase de menos aquellos pulsos más heavies y musculosos, podrá darse un festín con esta “Sí o No”. Pero lejos del nervio de los temas más potentes, Vázquez arrastra un deje chulesco en sus líneas de voz que la convierten en una de las piezas más curiosas de todo “III”. Posee una idiosincrasia muy a la española, donde se traslucen varios de los grandes nombres patrios de los ochenta. Entre Bella Bestia, no obstante el propio Vázquez llegó a ocupar el cargo en la ya desaparecida banda madrileña, hasta los Obús más clásicos, todo funciona para confeccionar el que puede ser fácilmente mi corte favorito de los once. Lo que son las cosas.

No Mires Atrás” funciona mientras trae al frente un hard de finales de los ochenta al que adornan varios de los riffs más redondos y mejor definidos de todo el álbum. Con Vázquez trazando una contenida pero elegante línea de voz y una producción nítida pero potente, parece uno de esas entregas nacidas con el directo como principio y fin. Lo mejor es que ello no quita para que la banda opte por una sección solista primero llamativa y después clásica. Acomodada incluso. Quien sea habitual de mis reseñas sabrá de sobra que no acostumbro a conectar con letras tan descaradamente vitalistas como esta. Pero quién soy yo para negar el buen rendimiento que líricas de este perfil han dado a bandas de todo pelaje a lo largo de la historia de nuestro rock & roll.

Fuiste Mía”, traslación a nuestro idioma del “Angelia” de Richard Marx, continúa en los mismos tonos amables y distinguidos de la original, añadiendo claro guitarras más presentes y una línea de voz más cercana a espectros debidamente rockeros. Culminada con un notable solo de guitarra en su tronco central, conduce hasta otra versión, en este caso “El Guardián De Tu Piel”, de la ya desaparecida banda madrileña Beethoven R., donde Cherokee cuentan con Javi Oliva para el solo de guitarra. Una de esas versiones que lejos de reproducir palmo a palmo al original, sabe aportar su propio granito de arena en búsqueda (y hallazgo) de un tono que aporte la debida savia nueva sin faltar al espíritu de lo que uno está adaptando y reproduciendo.

Pero qué duda cabe que conecto en mayor medida con esta “No Hay Perdón” donde la banda cuenta con la colaboración del ex teclista de Rata Blanca Hugo Bistolfi. Y ciertamente parece un corte con hechuras de ocupar algún viejo disco de los argentinos, con esa distinción tan significativa que aporta el buen hacer del músico bonaerense. Tal vez no disponga del estribillo más lúcido de todo “III”, pero brilla sin aburrir en términos técnicos y funciona a la hora de aportar una mayor intensidad al conjunto durante su parte final.

Para el cierre queda una última versión, esta “Entender El Amor” original de la vocalista figuerense Mónica Naranjo. Difícil, no ya por los habituales tonos altos de la catalana, sino también por los muchos requiebros que tenía aquella línea de voz, amén de lo profano del propio empaque musical, sito a mil millas del conocido hard heavy de los gallegos. Cherokee realizan una aproximación que rezuma heavy metal por los cuatro costados, con el Vázquez más filtrado de todo el disco y un inteligente uso de las armonías. Quizá por el propio riesgo que conlleva la idea, no puedo decir que me desagrade. Al contrario.

En resumidas cuentas y tras las sucesivas escuchas de “III” lo más que acierto a entrever es que se trata, al menos a mis ojos, de un álbum un tanto desigual. Cortes que disfruto en gran medida (“Las Puertas Del Cielo”, “Sí o No”, “Déjame”) junto a ofertas, dicho sea con todo el cariño, que encuentro un tanto prescindibles (“Siéntelo”). Y como ya apunté por ahí atrás, puede que el tono de estas guitarras no alcance a conquistarme pero, insisto, el desempeño de la pareja Gerardo Fernández y Fran Gómez es ordenado las más de las veces, operando siempre en favor de las propias canciones y nunca en favor de sus propios egos como músicos. Luego está la figura de Fran Vázquez. El sevillano es uno de esos vocalistas excesivos, volcánicos incluso, al que disfruto en mayor medida durante sus tonos medios y no tanto cuando su voz registra tonos imposibles, si bien a lo largo y ancho del álbum se suceden varias excepciones a este hecho. En cualquier caso un álbum que debería de hacer las delicias de todo fan del buen hard / heavy estatal.

Texto: David Naves

Reseña: Fan Ray «Cuento Del Mar» (The Fish Factory 2023)

Se hacen llamar Fan Ray, vienen de Zaragoza y la suya es una andadura que se inició allá por el año 2013 aunque no sería hasta dos años más tarde que debutaran con un Ep homónimo. A aquél primer conjunto de temas le siguió su primer largo “Metalzetamol” en 2018 y finalmente este “Cuento Del Mar” que nos han hecho llegar desde The Fish Factory. Ellos son Andrés Fandos y Santi Suárez en guitarras, Álvaro Molinero en baterías, Jorge Apesteguía al bajo y Toño Monzón en voces. Producido, compuesto y grabado en Estudios Producciones Sin/Con Pasiones con Marc Pascual como técnico de sonido y Michel a cargo del diseño gráfico, el álbum vio la luz a finales de septiembre del pasado año.

Preludio En El Mar”, introducción del trabajo que, particularmente en sus primeros instantes y acordes me recuerda, y no poco, al tema principal de la saga “Piratas Del Caribe”, Dios te salve Klaus Badelt, sirve en definitiva de perfecto preludio para “Libérame”, fresca andanada entre el hard y el heavy que, hablando de recuerdos, siempre trae a mi mente a aquellos Mägo de Oz de buenos álbumes como “La Leyenda De La Mancha” o “Jesús De Chamberí”, si bien aquí no hay flautas ni violines que valgan. Solo rock orgánico y pegadizo. Un estribillo que acude pronto en la composición, esa ligera despreocupación en los riffs y una línea de voz que, ya digo, va bien cargada de gancho. Bien desarrollado el solo que sitúan como anticipo del epílogo. Rara avis en estos tiempos que corren. Una buena dupla para abrir este cuento si sabes perdonar sus más que evidentes influencias.

El riff que dibujan en “Área 333” bien podría pertenecer igualmente a unos Judas Priest de discos como “Point Of Entry” o “Killing Machine”. Sin embargo, si hay un nombre que acude a mi subconsciente con cada escucha es el de los vallecanos Obús. De nuevo a caballo entre el hard y el heavy, trufado ahora de unos dejes más chulescos, quizá me resulte algo mecánica en estrofas. Ahí viene al rescate, en todo caso, un estribillo de esos que siempre funcionan. El solo vuelve a disponer de espacio y, en su clasicismo, el corte termina por funcionar mientras abraza las costuras más ochenteras del género.

Almas libres” y por seguir con las influencias, suele evocarme a los ahora desaparecidos hard/heavies madrileños Beethoven R. mientras dibuja una de las ejecuciones más lúcidas por parte del frontman Toño Monzón. Me agradan, ahora sí, sus estrofas, si bien encuentro los riffs que las apoyan un tanto desangeladas. Por ahí se cuelan no obstante buenos detalles por parte de Apesteguía. Un pequeño solo inclusive. Fan Ray siguen sin salirse del libro de estilo pero al menos se permiten pequeños guiños aquí y allá a fin de que el corte adquiera un grado más de personalidad. De ahí que con el correr de las escuchas haya terminado por entrar en mi nómina de favoritas.

Lo mismo podría decir de la más tranquila “¿Dónde estás?”. Medio tiempo elegante, donde es cierto que llega a chirriarme el sonido de la caja durante las partes más desnudas. Entiendo la intención, llenar el hueco que dejan las guitarras en esas estrofas. Pero su sonido llega a parecerme feo incluso. Aún con eso, la forma en que Fan Ray han sabido jugar con las distintas capas, lo bien trazados (y ejecutados) que están sus distintos crescendos, la delicada labor de Monzón y el acelerón final a lo Maiden terminan por inclinar la balanza a su favor.

Allí Estaré”, que me conquista a base de recuperar el brío que mostraba el álbum en su arranque, sorprende con una letra capaz de poner en riesgo a más de un diabético. También con un tratamiento de la voz de Monzón que, particularmente en estrofas, me hace pensar en una banda tan a priori ajena a su manera de entender el hard rock como es Volbeat. Puedo no llegar a conectar con su aspecto lírico. Sí en cambio con sus diferentes ejecuciones. Siempre a favor del corte que las contiene y no de egos individuales. Bien medidas y equilibradas.

No diré que “I.A.” vira ahora hacia el groove, no es el caso, pero sí que el riff que la sostiene pasa por ser el más retorcido, también el más pesado, de todo este “Cuento Del Mar”. Sorprenden estos Fan Ray en una onda no tan lejana, por ejemplo, de aquellos Fight de Rob Halford, si bien sus estribillos resultan del todo solidarios al disco que los alberga. El solo, un tanto plano con respecto a otros dentro de este tracklist, no ayuda a mejorar la nota media. Al final un corte que luce más por cuan diferente resulta al resto que por lo certero de su planteamiento.

Buenos solos sin embargo los que alumbran el inicio de una “Todo Lo Bueno Termina” que vuelve a tesituras, creo, más convenientes para ellos. Aquél aire más hard que tan buenos resultados les dio a comienzos del álbum, mientras Monzón lidia sin mayores problemas con los tonos más altos de los estribillos. Y aunque en términos puramente gramáticos no resulte el corte más original del largo, bien está ese deje algo más melancólico que la atraviesa. A la cola del grupo de mis favoritas.

Cuento Del Mar”, donde cuentan con la colaboración de Mireia Bernal en coros, bien podría recordar a The Cult en su prólogo. Héroes Del Silencio incluso. Todo vira, no obstante hacia territorios más metálicos donde, tanto por riffs como por melodías, la sombra de Iron Maiden resulta más que alargada. Álvaro Molinero traza aquí una más interesante línea de batería. Y mientras que la banda parece más cómoda en esta encarnación más poderosa, si algo me agrada es la forma en que insertan, previo al solo, aquél deje más foráneo del prólogo. El hábil trazo del epílogo y el mayor nervio que posee terminan por darle la razón a quien fuera que tomara la decisión de convertirla en el tema título del álbum e incluso en videoclip:

Para el cierre queda el medio tiempo “Recuerdo Soy”, donde en los momentos más calmos siempre acude a mí el nombre de Guns N’ Roses. El corte no obstante se distancia de la banda angelina gracias a un casi torrencial Monzón y una enjundia, qué duda cabe, más cercana al metal. Agrada por trazo y también por ejecuciones, un cierre de buen gusto y clase.

No es un álbum que me enganche en su totalidad pero sí que hay ofertas aquí dentro capaces de alegrar el día más gris. Monzón ha trazado aquí y allá voces más que dignas. Poderosas incluso. Otro tanto podría decirse de la dupla guitarrera de Fandos y Suárez. Aprecia uno el riesgo de cortes como la noventera “I.A.”, si bien pienso que cuando juegan la carta del clasicismo más académico es cuando de verdad brillan los maños. Véase sin ir más lejos “Almas Libres”. Por contra y cuando la banda arriesga y busca nuevos horizontes, siento que la jugada termina por salir del todo redonda solo en la final “Recuerdo Soy”. Agradece uno la asunción de riesgos en todo caso. Intentarlo y fallar siempre me resultará mucho más respetable que conformarse. Bordeando el notable.
Texto: David Naves

Reseña: Kinkis Gruñones «Gruñe o Muere» (Autoproducción 2023)

Es el segundo trabajo que nos ofrecen Kinkis Gruñones en lo que va de 2023 y es que pareciera que la banda está en su momento justo de cocción. El cuarteto, que recordemos forman Rodrigo Moy en baterías, Gus Suárez al bajo, Quilo Zapico en guitarras y Pablo Zapico en voces, debutó en el mundillo con un Ep del que ya diéramos buena cuenta en estas líneas allá por el pasado mes de octubre. Tal y como nos comentaban hace escasas fechas, toda la instrumentación de este “Gruñe o Muere” se grabó en riguroso directo en el ZL Estudio (Langreo) con Zeros Gutiérrez y Daniel Condado a los mandos y el propio Gutiérrez llevando a cabo las posteriores y obligadas tareas de mezcla y masterización. De igual forma, también quedan en casa los dibujos y el diseño del CD, obra del propio Quilo.

La pequeña “Intro” con la que arranca este nuevo trabajo no podría adherirse más al propio espíritu entre lo irreverente y lo socarrón que lo atraviesa. No podría, por tanto, resultar más sincero. Ni más eficaz. El caso es que conduce hacia una igualmente kinki “Solfeo”, donde si acaso se aprecia que la propuesta del cuarteto de la cuenca ha ganado en peso. También en grasa. Sin abandonar esa peculiar y particular mezcla entre punk, rock y metal, lo cierto es que Moy mediante, arrancan este “Gruñe o Muere” con todos los cilindros en funcionamiento.

Proletarios” saca a relucir a unos Kinkis si cabe más grasientos. Se aposentan los riffs de Quilo Zapico mientras la letra, al igual que todas las que componen el álbum obra de Gus Suárez, recapacita a su manera sobre la siempre esquiva y ardua tarea de la propia creación. “Nadie Regala Nada” exclama (o gruñe) Pablo tras el micro durante ese acelerón que anticipa el epílogo, bien rematado por Moy tras baterías. Y es que “si hay que caer, que sea siempre de pie”.

Intemperie” sorprende por cómo introduce un groove muy comienzos de los noventa en lo que luego no deja de ser una andanada que, por forma, recuerda en cierta manera a la anterior “Solfeo”. Esto es, los Kinkis gruñendo en su encarnación más vibrante. Me agradan los riffs de Quilo durante esas partes más pesadas, así como también la línea de bajo con las que Gus atraviesa todo el corte. Con mucho uno de los más llamativos en cuanto a construcción. Amalgama de ritmos e ideas, que lo mismo guiñan levemente al grunge más incipiente, esa línea de voz reverberante y huidiza, que a unos Poison Idea del “Pick Your King” durante las andanadas más nerviosas. Ni que decir tiene que una de mis favoritas del disco y de hecho la que más ha ido ganando con las escuchas.

Trinchera”, corte más extenso de este nuevo trabajo, despliega de inicio a los Kinkis Gruñones en su clave más árida y desgarrada. Su apartado lírico, en cierto modo su particular visión del pasado confinamiento y también un llamamiento a la libertad individual, es fácilmente mi favorita de este primer largo de los asturianos. Y mientras que el solo de Quilo pone de relieve una vez más la forma en que estas canciones vinieron al mundo, esto es, en crudo directo y sin trucos de salón, puede ser este otro de los cortes que más hacen por distanciarse del anterior Ep.

La breve “DJ. Nesfer” nos lleva de pronto a un dial poco menos que demente y desemboca en la igualmente agria “Guantazos”, que me atrae más por discurso que por composición, ese particular avance casi a tirones que tanto me recuerda a “Sacrificios” del anterior Ep. “Balas de corrupción que nunca abrieron fuego a los que cantan cara al sol”. Lo dicho, conecto más con lo que me cuenta que con la forma en que me lo cuenta.

La curiosa intro primero y la voz filtrada de Pablo después no dejan de conferirle un aire más personal y a la vez llamativo a “Máscaras”. Un corte que en lo lírico ofrecerá un discurso con poco lugar a la metáfora y cuyo espíritu siempre me recuerda a otro tema abiertamente desmitificador como es “Dogmatofobia” de Def Con Dos. Me gusta la labor de Moy aquí. La diversidad que porta su línea de batería, aunque siento a la banda algo menos espontánea que en cortes circundantes.

Félix”, rememora fugazmente a la célebre serie “El Hombre y La Tierra” del naturalista Félix Rodríguez de la Fuente mientras conduce hacia una “Lobos” donde aprecio de nuevo la curiosa línea de voz de Pablo pero con la que, en líneas generales, me cuesta horrores conectar.

Todo lo contrario puedo decir de la final “Bipolar”. Breve, apenas tres minutos, pero que desde el riff casi cercano al hardcore que ofrece hasta la llamativa letra que Gus plantea hasta los eficaces cambios de ritmo o incluso esos arranques alucinados y casi dementes de su línea vocal. Ni que decir tiene que otra de mis favoritas dentro de este primer largo de los asturianos.

En comandita con Varón y los Dandis, Damián Gutiérrez y Néstor Fernando Arias, Kinkis Gruñones amplían su particular oferta a través de once cortes de una idiosincrasia, de nuevo muy astur, que viene a continuar donde lo que dejase aquél primer Ep, al que refrenda manteniendo intacto el espíritu pero ampliando a la vez el foco para así atrapar un mayor rango de influencias. El disco, por tanto que existe en formato físico, hay quien sigue resistiendo a la tiranía del streaming, resulta así una creación más diversa y eficaz. Y aunque cortes como “Lobos” no me terminen de encajar, ahí están la final “Bipolar” o, en especial “Intemperie”, elevando la nota final. Gruñir o morir.

Texto: David Naves

Reseña: Scent Of Death «Into Everlasting Hate» (Hecatombe Records 2023)

Tercer largo para las huestes tech/death orensanas de Scent Of Death. A día de escribirse estas líneas forman la banda gallega Luis C. González al bajo, Rolando Barros en baterías, la dupla guitarrera Bernardo E. Tesouro & Jorge F. Taboada y Sergio M. Afonso en voces. Las diferentes líneas de guitarra y bajo vinieron al mundo por mediación de Taboada en el Bird Of Hermes Studio de su ciudad natal. Asimismo, Rolando Barros se encargó de materializar tanto baterías como voces en el lisboeta UnderGrind Studio y finalmente María Mendoza pondría su granito de arena en forma de arreglos orquestales. Todo para que José Fernando Tercero (Celtibeerian, Unchosen Ones, Asedio…) mezclase y masterizase el material resultante en el JFT Producciones Studio de Ciudad Real. Con nueve cortes, una duración de algo más de cuarenta minutos y adornado por el arte de Adi Christianize (Decayed Flesh, The Fallen Prophets, Encephalic, Inhuman Depravation…) ha visto la luz por mediación de los sellos Hecatombe Records y Base Record Production.

Coros eclesiales dan la bienvenida a una “Sooner Or Later” que sirvió a su vez para presentar el nuevo disco en sociedad. Y es un corte donde ya desde un primer momento y en forma de riffs retorcidos y baterías endiabladas, se manifiesta el gusto del quinteto orensano por el brutal death de aires técnicos y enrevesados. Que me agrada por cómo la banda sabe conducirse sin que esas ansias por desligarse del BDM más estandarizado redunden en una suerte de indefinición de cara a la galería. La vistosa galería de solos, bien apoyada por una mezcla que otorga su debido espacio a cada línea sin opacar al resto, viene a configurar finalmente un primer corte fulgurante en lo rítmico y vibrante tanto en lo compositivo como en lo puramente ejecutivo.

Y no es que “The Choice Of The Strong” descabalgue de ese death metal punzante y colérico pero no es menos verdad que en su galería riffera es fácil adivinar un deje más disonante. Que no llega al extremo de unos Gorguts de su última etapa pero le confiere a este segundo corte un aura algo más particular del resto de cortes que integran este primer disco de los gallegos en diez años. Sobresale de igual forma el atemperado solo de su puente central, anticipo de los Scent Of Death más pesados y monocromáticos. Apenas un guiño antes de que Rolando Barros levante el vuelo en forma de incesantes blast beats. Es este uno de esos cortes que ganan horrores con el pasar de las escuchas y casi lo mismo podría decirse de todo el álbum en general.

Porque “The Mute Idol”, con una vibración cercana a los mejores Immolation e inundada sin embargo por una gran labor dentro del terreno melódico, viene a dejar a las claras que la banda parece en mejor forma que nunca. Si Barros volaba en el tema previo, no será menos en esta nueva andanada de death metal técnico pero crujiente. Su línea de batería resulta de lo más eficaz sobre todo a la hora de engarzar las múltiples capas y diversas direcciones que este tercer corte es capaz de dibujar. El ídolo mudo resulta firme tanto en la velocidad como en el tecnicismo. Amén de añadir, ya en su tercio final, una atmósfera recargada, casi épica, como anticipo del desbocado epílogo. Estupenda.

Aquellos aires atmosféricos que se manifestaban en el corte previo alimentan el prólogo de una “Romans” que toda vez alcanza sus primeras estrofas se parapeta tras el Barros más fulminante de todo el álbum. En un primer término no deja de ser un corte que alterna a los SoD más trepidantes con los más pesados. Será precisamente en estas partes más arrastradas, casi groovies, donde Sergio M. Afonso se desgañite a placer, entregando tonos del todo abisales, contrapuestos a la faceta más melódica del dúo Tesouro y Taboada. De lo más vistoso el solo con el que tiñen su más apaciguado tronco central para luego tramar un epílogo entre retorcido y desbocado. Para nada mi favorito dentro de este nuevo trabajo y sin embargo un aporte nada desdeñable.

Solve Et Coagula” es una instrumental de dos minutos largos que viene a partir en dos “Into Everlasting Hate” y prepararnos para lo que está por venir en su segunda mitad. De hecho tanto su poso tranquilo como esos aires a pura introducción que manifiestan tanto sus riffs y melodías como los distintos arreglos terminan por amplificar el alcance del siguiente corte, “Tortured Mind”, composición que parece construida a mayor gloria de los Scent Of Death más violentos. Por ahí me resulta inteligente cómo la banda introduce pequeñas islas de bajas revoluciones y trazo algo más esquemático, Tema profundamente bipolar en definitiva cuya estructura puede no llamar en exceso la atención pero como sucede no pocas veces a lo largo del álbum, resulta todo lo bien ejecutado que se le exige a una agrupación del género.

Con “Among Them” estamos ante uno de los cortes más extensos de este nuevo trabajo. También ante uno de los más centrados y mejor resueltos. Parte de una gama de riffs capaz de resultar incluso original. Algo muy difícil a estas alturas del cuento y que habla bien a las claras tanto del buen nivel de la dupla Taboada & Tesouro como de su inteligencia a la hora de no decantarse por opciones más sencillas y acomodadas. Cierto que más adelante adoptan un groove más pesado y, por qué no decirlo, evidente, con el que conecto en menor medida. Sea como fuere, el trazo siempre me resulta atractivo. En especial a la hora de fusionar todas sus capas e ideas sin que el resultado final, pienso que más que notable, resulte impostado o antinatural.

Indoctrinated” traerá al frente a los Scent Of Death más descosidos y violentos. Siendo como es uno de los cortes más rácanos en cuanto a duración se refiere, no puede uno decir que se sorprenda del hecho. Puro brutal death metal canónico y atemporal. Con una base rítmica percutiendo como si en el empeño le fuera la vida y de tanto en cuanto buenos detalles en lo técnico por parte de Tesouro y Taboada. Poco sorprendente y sin embargo más que firme en sus intenciones.

El cierre será para una extensa “Even The Angels Fall” donde los gallegos echarán mano de los arreglos de María Mendoza cara a configurar un prólogo de épica clásica y funcional. Tras él emerge un death metal arrastrado a la par que técnico, amén de una producción que lleva a cabo un más que interesante juego entre canales. Recomiendo la escucha con un buen par de auriculares. Los orensanos echan el resto aquí en cuanto a técnica se refiere. No por tópico resulta menos verdad el hecho de que SoD aprovechan este último corte para tramar un conglomerado de muchas de las ideas que pueblan su última obra. Desde el death más clásico y descosido hasta esas pulsiones más técnicas que los disocian de buena parte del brutal death metal que nos llega hoy en día.

Once años hacía que Scent Of Death no editaban algún tipo de material. A tenor de lo escuchado a lo largo y ancho de estos nueve cortes, la espera parece haber merecido la pena. Empezando por el buen sonido que tiene el disco, siguiendo por lo ágil que me resulta tanto en lo compositivo como en lo ejecucional y terminando por las pocas dobleces que he podido detectar en las distintas escuchas del mismo. Al final “Into Everlasting Hate” trae de vuelta a unos Scent Of Death aún en plena posesión de todos sus poderes, por lo que no cabe más que darles desde aquí nuestra más sentida enhorabuena.

Texto: David Naves

Crónica: Caballo Moldavo + The Magus (Gijón 22/12/2023)

No es que el Tizón gijonés nos resultase ajeno a estas alturas pero sí podemos decir que era nuestro primer concierto allí en toda la existencia de la web. Por tanto y en cierta manera nuevo escenario desbloqueado y de paso un reencuentro con un par de buenas bandas como son Caballo Moldavo y The Magus, que en el caso de estos últimos venían presentando lo que será su primer álbum “Shinin‘”, por lo que nuestra presencia allí era poco menos que obligada.

Pasan quince de las nueve cuando Caballo Moldavo irrumpen con su particular trote sobre el escenario del Tizón. El cuarteto, fácilmente la banda más activa sobre las tablas en 2023, arrancó con la habitual “Réprobos” para dejar claro, ya desde el inicio, que el rodaje extensivo al que se han sometido desde luego da sus frutos. Es inevitable.

Ayudó el buen sonido que es capaz de concitar la coqueta sala gijonesa. Quizá algo precaria en cuanto a iluminación, ese rojo persistente convirtiendo en obligatorio el uso del flash para las fotos que adornan esta crónica. Pero volviendo a lo que ocurría sobre las tablas, también frente a ellas, lo cierto es que los “Moldaviers” concitaron un nutrido público en la noche del pasado sábado. Al tiempo, dejaron cortes con cierto aroma ya de clásicos dentro de su repertorio como “El Blues Del Innombrable” y ese final característico por alucinado.

Tampoco faltaron versiones, la ya habitual “Dirty Black Summer” de Danzig. El reverendo Jorge G. Throat, camiseta de Misfits inclusive, parece agigantado con respecto a nuestros primeros encuentros con ellos. Y es que como digo, el amplio rodaje de la banda, al final, termina por salir a la luz. Aún bajo esa rojez inamovible del Tizón. Sea como fuere el establo aprovechó para deslizar algún tema de los que vendrán a conformar su próxima entrega de estudio (¿Cadáver?) entre clásicos de siempre como “El Cuervo”, con un Lionel Hooves a las seis cuerdas más enchufado que nunca.

Otro tanto se podría decir de Héctor Lynnot al bajo durante “Misa Negra”, que en especial durante el puente de este corte postrero, dejó buenas muestras de su saber hacer tras su imperturbable y casi siempre hierática pose. Se despedirían con una versión* que no logré identificar, esta cabeza mía no alcanza a todo, y lo cierto es que volvieron a dejar un muy buen sabor de boca. Su trayectoria corre casi de forma paralela a la de servidor en este medio y no seré tan necio de negar que, por ahí, surge cierta sensación de empatía hacia ellos. En cualquier caso, nadie puede negar tampoco que siguen creciendo y labrándose su peculiar camino con dedicación y esfuerzo. Sea por mucho tiempo.

* «Green Machine» de Kyuss

Ni veinte minutos habían transcurrido desde la despedida de Caballo Moldavo y ya teníamos a The Magus en escena. Fue tal la brevedad que el arranque con “Rock’s For Pussies” pilló a muchos en la calle. De hecho la propia Ouleia, frontwoman de la banda y por puro despiste, se dejó la sudadera puesta durante este primer corte. Ya con la llegada de los últimos rezagados, el quinteto nos llevó con “Fester” a aquél “Collotoland” de 2020.

Al igual que había sucedido con sus de nuevo compañeros de cartel, podemos decir que el sonido, en líneas generales, estuvo a la altura de las circunstancias. También una banda por la que si corren nervios o inseguridades, desde luego no se transmiten al público frente al escenario. The Magus se divierten y contagian su buen rock and roll a una audiencia muy por la labor. Bronco en baterías y Laria al bajo conforman una elegante y firme base rítmica durante “Type 2”, al tiempo que “Bother” supone un pequeño cambio de tercio dentro del show.

Woman”, a buen seguro uno de los cortes más redondos del futuro larga duración, fue la que finalmente supo cómo engarzar a banda y público. Sería la propia Ouleia la encargada de recordarnos que era su primera vez en tierras gijonesas. Y lo cierto es que no pudo darse mejor. Porque The Magus proponen en gran medida temas cortos y fácilmente asimilables, pero lo hacen a través de un cancionero diverso y atractivo, lleno de subidas y bajadas bien tejidas y mejor ejecutadas.

Porque ahí está la fuerza de “Like A Hammer” o el deje más sexy que exuda la inspirada “Pills”. Con Tamo como maestro de ceremonias a la guitarra solista y un clásico como Dr. Hangover (The Punishers) a la sempiterna Les Paul, fuimos testigos de una banda en la rampa de salida para convertirse en punta de lanza del género en nuestra región. Lo que no quita para que el quinteto pasara momentáneamente a dúo, el formado por Ouleia y Dr. Hangover, y aprovechase para recordar los primeros y muy tímidos pasos de la formación.

The Magus encararían entonces el final del set, con el slide de Tamo en el medio tiempo “Weirdo” convirtiéndose en otra de mis favoritas de la jornada. El guitarra solista de la banda dejaría quizá el solo más exuberante de la noche en “Punished By God”, mientras que Ouleia volvería a calzarse los exigentes zapatos de Robert Plant en una nunca fácil “Babe I’m Gonna Leave You” de unos tales Led Zeppelin. Al igual que sucediera en mi anterior encuentro con ellos, la voz de The Magus salió más que airosa del envite. Algo que habla y no precisamente mal del rango y las capacidades que posee la vocalista de la agrupación astur.

El final con “Shinin‘” plantó una sonrisa en nuestros rostros. La banda evidenció su buen estado de forma con hora y diez minutos de rock and roll atractivo por diverso y divertido por bien ejecutado. Sin olvidar las raíces ni tampoco olvidarse de mirar al futuro más cercano, que no es otro que la esperada edición física de su primer largo. Estaremos atentos.

No queremos decir que última salida de 2023 porque con Heavy Metal Brigade uno nunca sabe pero mentiríamos si dijéramos que la cita del sábado se dio mal. Caballo Moldavo siguen labrándose su particular trayectoria y The Magus confirman todas las buenas sensaciones que me dejaron allá por el mes de abril en el marco del Spring Rockers ’23. Y el Tizón resultó una sorpresa agradable en una ciudad muy necesitada de salas que ejerzan como núcleo irradiador, que diría Íñigo Errejón, de todo lo que se cuece en nuestra escena. Que, como bien sabréis, del metal extremo al hard rock y pasando al heavy metal, no es precisamente un bien escaso. Dan fe de ello el torrente de crónicas que os hemos traído a estas páginas a lo largo del año.

Así pues, solo queda despedirnos mandando un gran abrazo a las dos bandas implicadas así como una vez más a la familia Veloz (qué marcaje, ni Danny Blind), Michael Arthur Long, Txeffy, Elma, Poyo y todos los que mi sufrida cabeza no acierte ahora a recordar. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Holycide «Bazookiller» (Xtreem Music 2023)

Tres años después de su último largo “Fist To Face”, del que dimos buena cuenta en su día, vuelven Holycide con una formación que reúne esta vez a Salva Esteban (guitarra), Vicente Payá (bajo), Dave Rotten (voz) y Santi Arroyo “GoG” (batería). Y lo hacen con un pequeño Ep de tres temas nuevos más una versión de D.R.I. bajo el título “Bazookiller”. Mezclado por Nexus 6, compañero del propio Rotten en Yskelgroth, mezclado por el Beheaded Davide Billia (Aphotic, Putridity, Ural…) en el MK2 Recording Studio de Ivrea (Italia) y al que adorna el arte del ucraniano Daemorph (Abominable Putridity, Virulency, Pyrexia, Iron Fire…). Se encuentra en la calle desde el pasado doce de septiembre vía Xtreem Music.

War Broadcast Live” ahorra en introducciones y acomete desde el primer segundo el habitual thrash metal directo y orgánico del combo radicado en Madrid. Quizá eches en falta una mayor tensión durante las primeras estrofas. Lo cierto es que Holycide tiran más de melodía que de velocidad, reservando esas partes más nerviosas para los distintos engarces entre estrofas. Rotten, claro, está lejos aquí del registro seco y osco al que nos tiene acostumbrados con su banda madre Avulsed. Esteban corona el puente central con un buen solo. Y mientras el corte recupera su vigor en el epílogo, la sensación global que percibo tras varias escuchas no escapa de una corrección demasiado marcada. Intencionada, claro. Holycide huyen de formalismos más contemporáneos como alma que lleva el diablo. Pero aún así echo en falta unas pulgadas más de riesgo.

Bazookiller” confronta el vigor del tema previo derivando hacia la cara más pesada y rocosa del cuarteto, ahí donde la sombra de los Exodus menos trotones me resulta más que evidente. Me agrada por su construcción híbrida, por cómo empastan los distintos riffs de Esteban y por el buen trabajo de Rotten al micro. Por lo contundente que suena el bajo de Payá incluso. Pero sobre todo por ese mayor nervio que exuda su vibrante tronco central. Emergen ahí los Holycide más contundentes. También un lúcido Salva Esteban, trazando mi solo favorito de todo el Ep.

Pero es “Modern Day Dictator” la que ofrece el riff con más gancho del trío de nuevas obras. De hecho y pese a lo breve de su metraje, ni tan siquiera tres minutos y medio, es con mucho el corte que más y mejor recuerdo tras las distintas vueltas al Ep. Eminentemente clásica, tanto por composición como por ejecución, resulta a ratos un ejercicio de thrash marcial que lo mismo picotea de Anthrax en estribillos que de la escuela alemana en las partes más enérgicas. Esteban dibuja un solo muy a la Kirk Hammett y si algo echo en falta es un desarrollo más extenso que oxigene ciertas ideas aquí presentes.

El cierre es para “Five Year Plan”, original de los thrashers originarios de Texas D.R.I., y que viene a resultar todo lo leal al original que cabría esperar de una banda como esta. Aquí aprecio de nuevo el bajo tan rugiente de Payá. También el mayor nervio que arrastran los golpes de Arroyo. Bien está lo que bien acaba, dicen.

Tres años después de su último largo, este “Bazookiller”, con la guerra de Ucrania como transfondo, si no era evidente con un solo vistazo al artwork de Daemorph, puede saber a poco. Son apenas quince minutos pero la banda parece seguir donde lo dejase en 2020, lo cual tampoco es mala señal. Al contrario. Rotten y Payá delimitan con cuidado sus distintas colaboraciones y hay poco margen para la sorpresa. También para el error. Puro old school thrash contra la máquina.

Texto: David Naves

Reseña: Bio-Cancer «Revengeance» (Hammerheart Records 2023)

Estamos ante el tercer trabajo de los thrashers griegos Bio-Cancer, la banda que forman a día de redactarse estas líneas Thanasis Andreou y Stavros en guitarras, Tomek S. a la batería, Lefteris en voces y Giannhs al bajo y coros. “Revengeance”, que el sello neerlandés Hammerheart Records puso en circulación a primeros de septiembre de 2023, contó con el Lucifer’s Child George Emmanuel (After Dusk, Septicflesh, Rotting Christ, Lake of Tears…) en unas tareas de grabación y edición que serían llevadas a buen término en los Pentagram Studios. Más tarde, el Graveheart Pete Rutcho (Abnormality, Meliah Rage, Havok…) se haría cargo de las respectivas mezclas y master en los Damage Studios de Southbridge, Massachusetts, Estados Unidos. Con Wouter Wagemans y Giannis Nakos encargándose de la maquetación y Panos Bakogiannis de las fotos, el artwork de esta tercera obra sería delegado finalmente al buen hacer del británico Dan Goldsworthy (Accept, Xentrix, Hell, Corpsegrinder, Haken, Gloryhammer…).

Citizen… Down!” engancha con un prólogo orgánico, ligado a los grandes tropos del álbum, y que huye a mil kilómetros de cualquier introducción engolada y grandilocuente. Al contrario, Bio-Cancer disponen un thrash tan incendiario como poderoso, lindante a ratos con el death metal más casual, donde el doble juego vocal es pura gasolina. Metal hiriente, en esto tiene parte de culpa el violentísimo registro de Lefteris. También un tronco central donde la banda desgaja un groove que, en sus acentos, no alcanza a desligarse de las altas revoluciones pero resulta de lo más eficaz a la hora de amplificar el impacto del ineludible duelo solista que adorna al epílogo. Arranque vibrante y poderoso, efectiva declaración de intenciones y una de las cartas de presentación del trabajo con todo merecimiento.

44 Days In Hell” parece vibrar en sintonía con el tema previo. Sin embargo, es mayor el empeño que la banda pone aquí en unos riffs más apaciguados, a la par que más técnicos, para un corte que parece dispuesto a mayor gloria de su buen nivel como compositores. Alberga muchas de las caras del inconfundible thrash enfebrecido de los griegos, las tamiza con trazos más enrevesados y, al mismo tiempo, no deja de hibridar largos trallazos de un thrash tan clásico como hegemónico. Y todo mientras inyectan un poderoso e irresistible deje melódico a un corte inteligente, bien trazado y, desde luego, milimétricamente ejecutado. Las sonoridades más contemporáneas que preceden al solo, lejos de desviar la mira de su objetivo, alimentan la composición final de tanto en cuanto inundan, sin permear, el buen hacer de estos Bio-Cancer. Cabe mencionar, además, la gran línea de batería que traza Tomek aquí. Tan firme en el uso del doble pedal como a la hora de comandar los distintos cambios de ritmo. Temazo, si me preguntan, empañado si acaso por el engorroso fade out final.

Muy presente el bajo de Giannhs a lo largo y ancho de “Footprints On My Back”, donde vendrá a alimentar unas estrofas que Lefteris descerraja en tonos que, a ratos, llegan a lindar con un black metal al uso. Quizá este tercer corte me resulte no tan llamativo en lo que a riffs se refiere. Y sin embargo engancha con ese pulso siempre a la contra del thrash más acomodado, con una base rítmica que por momentos parece ser capaz de sostener un rascacielos. Sí sorprende esta vez su tronco central por la forma tan hábil en que acoge esas tonalidades más oscuras. El mentado registro de Lefteris quizá resulte un tanto extraño aquí. Pero la construcción que conduce hacia el epílogo no podría ser más redonda, con el pulso más melódico de Andreous y Stavros brillando a la altura de las consecuencias.

Revengeance”, lejos de calmar los ánimos y pese a lo que que se podría intuir tras su prólogo, vuelve a abrazarse a un thrash trotón y enfebrecido, sazonado aquí y allá de un groove, ahora sí, tan prominente como acentuado, asidero de un corte sencillo y clásico en su trazo ambivalente, pero de nuevo efectivo a la hora de traernos a los Bio-Cancer más nerviosos. Hay cierto aroma al metal contemporáneo, contrapunto más que firme al thrash más energético y vibrante del quinteto, que entrega aquí un puente interesante por su juego entre líneas y armonías. El epílogo, de una épica melancólica y algo desgastada, dará respiro al sufrido oyente.

Siempre que arranca la fenomenal “Dream Merchants” recuerdo “Empyrean”, aquél debut de los suecos Paranorm, lo cual no es mala cosa pues aquél era fácilmente uno de los mejores, si no el mejor, de cuantos álbumes diera el género hace ahora casi tres años. Es éste, sí, un thrash de nuevo orgullosamente híbrido, nacido de una amalgama donde su habitual metal vitriólico y fulgurante acoge unas mayores dosis tanto de tecnicismo como de atmósfera, siendo éste el corte de los ocho que más peso acoge por parte de la producción de George Emmanuel. Las guitarras dobladas del puente, el bicéfalo solo de guitarra que surge después y la forma en que transita hacia ese epílogo teñido de puro death melódico, es ya por derecho propio uno de los grandes cortes del año dentro del género. Palabra:

Que no os engañe el apaciguado, melódico incluso, prólogo de “Swiping Life Away”. Bio-Cancer aprovecha esta sexta entrega para reconducir hacia aquél thrash hiriente de comienzos del álbum. Lindando como lo hace con el death melódico en buena parte de sus estrofas, bien está el color que aportan los solos del puente, aun cuando siento a estos un tanto recurrentes a estas alturas del álbum. Es uno de esos cortes que suena a que su composición salió adelante con el directo en mente. Desde luego no posee el compromiso de otros cortes de este “Revengeance”, lo que no quita para que por ahí emerja un Lefteris ciertamente colérico. Encabronado incluso. En cualquier otro disco sería uno de los cortes estrella. Aquí se queda en cabeza del vagón de cola.

Underdog (Against The Odds)” acogerá algunos de los riffs más violentos, por rápidos, de todo este tercer álbum. Y fíjate que su prólogo no podría ser más comedido. Elegante incluso, con esas guitarras por momentos distinguidas. Es apreciable cómo la banda opta aquí por una construcción más clásica a la hora de crear un crescendo que se desliga de tantos (y tan buenos) cambios de ritmo que el disco ha acogido con anterioridad. El corte va desde esa distinción inicial hasta el puro blast beat sin que ello cercene un trazo que jamás alcanza a sonar impostado ni forzado. Quizá eche en falta una igual variedad en lo que a voces se refiere. El de Lefteris encaja aquí solo a ratos, al menos esa es mi percepción, negándole parte del alcance por otro lado redondo, casi magnífico, acusado por los pequeños desequilibrios que comento.

Cierre para “Bludgeoning Skullcrushing Mayhem” y a la banda aún le queda oxígeno para una andanada final de thrash volcánico y furibundo. Bio-Cancer no hacen prisioneros, transitando esta vez hacia una pulsión a ratos más punk que me lleva a pensar, aunque sea de forma vaga, en bandas como Ratos De Porão, primeros Napalm Death, últimos Extreme Noise Terror… Un corte que entrega, sin miramiento alguno, la vertiente más cerril del combo griego, clausurando el álbum con valiente y poderoso descaro. De ese mayor nervio se deduce una construcción menos sorprendente, más lineal incluso, entregada tanto al puro blast beat como al Lefteris más cafre. Poderosísimo final.

Hay un acercamiento a postulados más extremos dentro de este “Revengeance” que puede pillar con el pie cambiado a más de uno. Lo positivo es cómo la banda ha sabido integrarlo dentro de lo que, en el fondo, sigue siendo un disco de thrash metal al uso. Pero uno que quema más calorías de las habituales. Que hibrida géneros sin perder nunca la perspectiva, tema final al margen. Por momentos impecable en cuanto a ejecución, con la ampliamente mencionada dupla Andreou & Stavros brillando por lo general a gran altura. Entre medias habrá cortes que me parezcan no tan buenos, así como una base rítmica a ratos algo perdida en la mezcla. Con eso y con todo, uno de los álbumes más certeros que el género diera en 2023. Que no es poca cosa. Si problemas de agenda no nos lo impiden, estaremos viéndoles próximamente en el ovetense Gong Galaxy Club junto a Sound Of Silence y Electrikeel. Os esperamos allí.

Texto: David Naves

Reseña: Aathma «Dust From A Dark Sun» (Ardua Music 2023)

Cuarto trabajo ya para la agrupación stoner doom madrileña Aathma, que recordemos forman Alejandro Porras en baterías, Chamani al bajo y Juan Viguera en voces, guitarra y sintetizadores. Seis años tras aquél “Avesta” de 2017, el trío contraataca ahora con un “Dust From A Dark Sun” para cuyo artwork vuelven a contar con Robert Hernández y que vino al mundo en los Sadman Studios de Verín (Ourense) de la mano de Carlos Santos (Bloodhunter, Toundra, Cuernos de Chivo, Hamlet…). Con mezcla final de Víctor García (Moksha, Wormed, Ikarie…) en Ultramarinos Mastering, el álbum vio la luz el pasado treinta de junio vía Ardua Music en digital, CD y vinilo de 12».

Espacial, lejano y reverberante, “Cosmos” prorrumpe casi de inmediato para acomodar la consecuente descarga de doom alucinado a rebosar de distorsión. La línea de voz arrastra un deje muy ochentero, que apenas desentonaría en el “Love” de The Cult, y que atrapa casi en la misma medida que sorprende. Bien es cierto que esas mismas voces atropellan a ratos al resto de elementos en la mezcla. Huelga decir que nunca de manera catastrófica pero sí un tanto molesta. Quizá eche en falta una faceta solista más predominante pero disfruto en cualquier caso de ese tercio final apasionado y aplastante.

Impending Fate” emerge desde las profundidades cual abisal Cthulhu y viene a manifestarse ante el oyente en términos más livianos que su predecesora. Viguera percute con una serie de riffs firmes, quizá un tanto monocromáticos, que conducen a un estribillo redondo y bien armado. La banda destila atmósfera en este corte elegante, distinguido y de nuevo reverberante. Del pulso alucinatorio que destapa a los Aathma más atmosféricos tiene gran parte de culpa una producción que, ahora si, equilibra todos los elementos presentes con agudeza y pulso de orfebre. De ello dará fe la poderosa eclosión final, clímax arrebatado y uno de mis momentos favoritos de todo el largo.

Burned Garden”, corte más perezoso en lo que a duración se refiere de todo “Dust From A Dark Sun”, no altera los ritmos pausados, doomies y alucinados que el álbum arrastra en dupla inicial. Pero la banda se enfunda ahora en guitarras mucho más graves, amén de parapetarse tras un estribillo donde no cuesta encontrar el rastro de los Black Sabbath más primarios. Puede que sea precisamente ese chorus el que le haya granjeado su condición de adelanto. Lo cierto es que en primeras escuchas me generaba cierta indiferencia y sin embargo, a día de hoy, no logro sacármelo de la cabeza. Conviene siempre no fiarse de primeras impresiones, máxime tratándose de una banda que maneja tal multitud de capas y colores como la que hoy nos atañe.

Podría intuirse por su curioso prólogo que “Bloodhands” viene a abrir la veda de los Aathma más alternativos. En realidad aquí se manifiesta una espacialidad nada casual, apuntalada en todo momento por unos sintes casi omnipresentes. Revestida de ese brillo técnico que “Cosmos” reclamaba anteriormente, con una base rítmica que otorga un sustento sin florituras ni tampoco errores, a ratos me parece la oferta más sólida de este cuarto álbum de los madrileños. Bien es verdad que los Monster Magnet del sensacional “Dopes To Infinity” sobrevuelan a ratos, si bien tengo la impresión, hay días que también la certeza, de que Aathma han sido lo suficientemente inteligentes como para mantenerse dentro de las férreas fronteras tanto del álbum como del género.

A Black Star” sí que se desliga de los grandes tropos del trabajo. Especialmente en lo que a ritmos se refiere. Porras se desvive con la línea de batería más ardiente de las siete que conforman el disco. No solo en las partes más envenenadas y rápidas, que las hay, sino también en aquellas más livianas y que vendrán a dar soporte al estribillo, que será donde dibuje un groove del todo irresisitible. A la larga el corte más distinto de la septena, algo a lo que contribuye en gran medida ese curioso y tranquilo epílogo.

Hay algo en las líneas de voz de “Embrace The Ocean” que me hace pensar en el bueno de Mick Moss, de los siempre reivindicables Antimatter. Banda que, a priori, uno no asociaría a un nombre como Aathma. No es que el trío se dirija ahora hacia el progresivo atmosférico del combo británico, pero se suceden las escuchas y mi subconsciente no puede por más que asociar a ambas agrupaciones. Viguera ofrece aquí una serie de riffs más contemporáneos, con los que quizá no alcanzo a conectar del todo pero que vienen a dar forma a otro de los cortes más personales del álbum.

La distorsión tan marcada que arrastra la guitarra en la final “The End Of My World” bien podría recordar a esos Muse más musculosos que Matt Bellamy nos regala más a cuentagotas cada vez. Lo cierto es que toda vez supera ese prólogo angosto y rocoso, Aathma reconducen hacia terrenos más cómodos para ellos. Las voces reverberantes, la poderosa atmósfera que dibujan los sintes y esa base rítmica de Porras y Chamani tan firme y sólida como siempre. Viguera además adorna el tronco central con un discreto pero funcional solo de guitarra y alcanzamos un final en un crescendo que viene siempre a dejar con ganas de más.

Porque si mis cuentas son correctas es el álbum más corto de su trayectoria y a estas alturas uno está más que malacostumbrado a trabajos que flirtean, o en muchos casos superan, la barrera de los sesenta minutos. Por contra, “Dust From A Dark Sun” ofrece muy pocas dobleces. Sereno pero firme, funde doom con sludge y stoner con una facilidad que a ratos apabulla. A los nombres que han salido durante la reseña, bien podría añadir los de Cult Of Luna, Year Of No Light, Neurosis… y sin embargo el álbum no abandona nunca una senda muy marcada, un tronco común de lo más personal e identificable. Estilo y precisión en todo momento. También personalidad y carácter. Muy bien se tiene que dar este 2023 para que este cuarto de los madrileños no sea uno de los trabajos del año.
Texto: David Naves