Muy marcado este 2023 por haber tenido la suerte de ver a una banda tan pequeña en número pero tan grande en escena como los británicos Muse en el Sardinero santanderino. Presumiblemente uno de los shows más grandes que el mundo del rock tiene para ofrecer a día de hoy. Contrasta, por ejemplo, con aquél de los Kinkis Gruñones y Sons Of Decay en el Centro Social Autogestionado La Kuadra, en Barros. Entre un escenario y otro os podéis imaginar cómo de grande es el espectro que ha desfilando ante mis ojos en el presente año.
Que no lo dice uno por presumir. La intención no va mucho más allá del mero balance. Lo cierto es que sin salir de la región hemos podido disfrutar de un abanico amplísimo. Pienso en el metal pegajoso deBattle Beast en Gijón, en la eterna juventud de Glenn Hughes en el Palacio Valdés, el finísimo death metal de Baest o la oscuridad enmascarada de Grima, ambos en Oviedo. Sin olvidar el peculiar y blanco embrujo de El Altar Del Holocausto en nuestra querida Acapulco.
Claro que si hay un show que en lo personal ha marcado con fuerza el presente año, ese es el de Dream Theater en Avilés. Aún hoy tengo que echar mano de la revista para creerme que sí, que de verdad una revista de tirada nacional salió a los quioscos con una crónica de mi puño y letra del show de una de las bandas de mi tardo adolescencia primero, madurez y casi vejez ya. Y no, no estuvieron a la altura de las expectativas como ya sabréis pero no deja de ser un directo con un significante casi inabarcable para mí persona. Volved ahora con Portnoy, va.
Aunque si hablamos de significados, no quiero olvidarme tampoco del Midlife Crisis Fest. Desde luego una de las citas más curiosas por llamativas de estos doce meses. Al final uno parece cogerle el gusto a la carretera. Que en lo que a mí respecta y particularmente en este final de año, que se resiste a terminar, no ha sido poca. El fantástico Lion Rock Fest coronado por unos H.E.A.T. que se comen el mundo a bocados, por no hablar del desplazamiento hasta tierras vitorianas para ver a dos leyendas del melódico como son FM y Dare.
Y ya que estoy con las visitas foráneas, cómo olvidar el Atalaya de este año, que vendría a propiciar el reencuentro con un tal Ramón Lage tras más de diez años de aquél último bolo en el Albéniz gijonés, aún enrolado en las filas de Avalanch. A veces tocaba repartir tareas. Así, mientras la otra parte contratante de la web disfrutaba del barro alemán, servidor tuvo la suerte de reencontrarse con Blast Open en nuestro querido Kuivi PopUp, que volvió a ser un año más motor y epicentro de la música en directo en el corazón de una Asturias que se niega a entregar la bandera blanca.
Porque, claro, en este tiempo caben infinidad de crónicas de nuestras bandas de aquí. Desde Bestia Negra a Mad Rovers pasando por S.O.C.S., Green Desert Water, Caballo Moldavo, Azure, Dr. Nekro… tantas y tantas noches de buen rock and roll y mejores compañías. Y aunque la idea no sea echarnos flores, Mala Reputación cumplieron veinticinco años en su casa y con Heavy Metal Brigade al pie del escenario. Angelus Apatrida reventaron por dos veces los escenarios asturianos, elRaposu Rock volvió a ofrecer la cara más solidaria de la escena y Siena Root volvieron a la región para confirmarse como una de las grandes figuras del underground rockero sueco del momento.
Es diez de diciembre cuando escribo esto y aún quedan varias balas en la recámara. Tened por seguro que mientras quede sangre en las venas y gasolina en el tanque ahí estaremos un año más. Nos vemos frente a los escenarios. Texto: David Naves Fotos: José Ángel Muñiz
Nueva venida a tierras asturianas de los rockeros suecos de culto Siena Root. La banda que forman Sam Riffer al bajo, Love Forsberg en baterías, Johan Borgström a la guitarra y Zubaida Solid en voz y teclas. Cartel de «sold out« en la puerta y la promesa de presenciar uno los grandes shows de final de año en la avilesina Factoría Cultural.
Una noche más, la Factoría despliega una gran calidad de sonido cuando Siena Root arremeten con una pequeña intro primero y “Time Will Tell” después. Pero sería el de los suecos uno de esos shows cuya intensidad iría de menos a más y de manera muy marcada. Zubaida Solid, pies descalzos sobre el coqueto escenario, se destapa como una voceras de carisma arrebatado y registro cálido y clásico a la vez. Y si bien es Borgström quien, desde su dorada Les Paul, acapara focos en este inicio, no es menos cierto que la banda en su conjunto evidenció un gran estado de forma en su vuelta a los escenarios asturianos.
No es hasta que la propia Zubaida ocupa posiciones tras el Korg que el siempre gélido público astur parece abandonar el letargo. Así por fin “Coincidence & Fate” logra conectar con la audiencia a base de cadencia y la pegajosa y muy efectiva línea de bajo de Riffer. Rickenabcker en mano y túnica oscura sobre el cuerpo, presencia llamativa cuanto menos la suya. Cabe decir otro tanto del batería Love Forsberg. También por lo llamativo de su indumentaria pero sobre todo por unas evoluciones sobre su pequeño kit de batería que lo sitúan como uno de los aporreadores más interesantes de todos cuantos he podido ver a lo largo de 2023. Que, os aseguro, no han sido precisamente pocos.
“Dusty Roads” resignifica el blues a la manera sueca y propicia a través de su epílogo recargado y enfebrecido uno de mis momentos favoritos de la velada, con Zubaida elevándose al olimpo desde su inconfundible registro. Sería entonces que el set cogería el vuelo y ya no cabría vuelta atrás. e “Tales Of Independence” arranca al público de su aparente sopor con Borgström bailando por el mástil de su áurea Les Paul con infinitas dosis de clase. Más aún si cabe al echar mano del slide para “Keeper Of The Flame”, donde ya queda a las claras que estamos ante uno de los grandes shows no ya del otoño sino del año entero.
Desatendiendo al guión, o no, uno nunca sabe, la banda se enfrasca en pequeños solos e improvisaciones. Sin abusar en ningún caso y lo justo para arrancar las mayores ovaciones al respetable. Love Forsberg marcaba el paso y la pareja Riffer & Borgström brillaba en consecuencia. No es poca la carretera que han recorrido tanto el rubio guitarrista como Zubaida Solid desde su entrada en la banda allá por febrero de 2020 y lo cierto es que se nota.
Setenta minutos de show cuando el cuarteto se va al backstage para regresar poco después y encarar unos bises que terminaron por confirmar la altísima nota general de la noche. Con Forsberg tras su batería agradeciéndonos todo el calor mostrado y su banda poniendo negro sobre blanco lo merecido que tienen su actual estatus de culto. Sin duda alguna de lo mejor que haya pisado tierras asturianas en lo que va de 2023.
Merecido el lleno a tenor de lo visto. Los suecos puede nunca lleguen más allá de su actual repercusión pero se tienen bien ganado el terreno. Sólidos a tenor de lo muy heterogéneo de su propuesta, que vibra entre la psicodelia, el blues, el hard rock o incluso el folk sin perder nunca el foco y entregando unas ejecuciones de auténtico nivel. Que vuelvan pronto.
Por nuestra parte nada más que agradecer a la organización del evento por todas las facilidades, así como mandar un saludo a Sergio Blanco, Fernando Casas, Pau Gallardo, Héctor Lynott y Luismi Rose. Nos vemos en el siguiente.
Dos formas bien diferentes de entender el black metal y la cita, un jueves, congregó a un buen número de fieles en la ovetense sala Gong Galaxy Club, que no quisieron perderse el paso por la región de los fineses Azaghal, a quienes acompañaban en esta ocasión los zaragozanos Empty.
Pasaban apenas segundos de las nueve cuando los maños hicieron acto de presencia. Ocultos tras un casi obligado corpse paint, el cuarteto lanza una intro que parece reproducir en el interior el frío que atenazaba los alrededores de la sala. Con “Inclination Towards Decay” dieron inicio a su particular set, no sin algún que otro fallo de sonido en un arranque algo dubitativo.
Su black metal, que parte de los primeros Burzum para después beber de las fuentes del depresivo, véanse bandas como Austere, Sterbend, Nyktalgia, generó división de opiniones al tiempo que el humo convertía al Gong en tinieblas. Lo cierto es que solventados los problemas iniciales y con Isaac Prieto a los mandos de la nave, todo recondujo hacia terrenos más discernibles.
Ahí fue donde pudimos apreciar buenos cortes de su último trabajo como “The Bleakness Of Elderness” o recuerdos al “Etica Profana Negativa” de 2014 a través de “Terrifying Lucidity Of the Wakefulness”. Especial mención merecen las evoluciones de Khloros tras baterías. Sus líneas rara vez se condujeron por el camino obvio, dibujando detalles a lo largo de la noche que sorprenderían al más pintado. Y puede que Drizzt no sea el frontman de mayor engarce con el público, lo cierto es que dejó destellos de su variado repertorio vocal.
Pequeños percances con un pedal de la batería estuvieron a un tris de aguarles la fiesta. El público, que como digo no era poco para un bolo de estas características, supo ser paciente, negándose a perder ripio del show de una banda que guardó sus cortes más ardientes para la parte final del set. “We All Taste The Same For The Worms”, que conjuga su condición depresiva con decididos blast beats con Drizzt desgañitándose a placer.
El público, o una pequeña porción de él, supo responder con tímidos pogos a este final más candente y acelerado, donde los percances acaecidos a lo largo del set eran solo un mal recuerdo y la banda pareció encontrarse al fin en su elemento. “Arrival Of The Sickening One” mediante se fueron, suponemos que esperando mejor suerte en una próxima visita a la región.
Azaghal, claro, son un animal bien diferente. Su black metal orgullosamente finés y abiertamente primario, vendría a poner a prueba los aparentemente sólidos cimientos del Gong Galaxy Club. Venía el trío finés, mutado ahora en quinteto, presentando nuevo álbum, un “Alttarimme On Luista Tehty” del que diéramos cumplida cuenta por aquí hace escasas fechas.
Y fue precisamente el tema título de su último álbum el elegido para dar inicio a las hostilidades. Cabe decir que literalmente hablando. Y es que desde que su set da inicio, pasaban veinte minutos sobre las diez, apenas habrá descanso hasta el final.
Su orgánico black metal no necesitó más que de un telón de fondo con su logo, corpse paint en los distintos rostros y humo en cantidades malsanas. El enlace con “Myrkkyä” se produce sin solución de continuidad y la banda parece en un estado de forma envidiable. Desde el frontman Thirteen al infatigable batería Lima, el quinteto cuajó un show muy a la altura de lo que muchos esperábamos de una banda de su trayectoria.
“Good evening Oviedo, we are Azaghal and this is black terror metal” brama decidido Thirteen para dar de repente un salto de veintitantos años en el tiempo y recordar aquél viejo Ep de 2001. Sería una de las pocas veces que el inquieto vocalista nórdico se dirigiría a una audiencia que, cabe decirlo, tampoco necesitó de mucho ánimo para pasárselo en grande. El black frenético de los fineses cayó de pie en un público ávido de buen black metal.
El quinteto siguió a la suya, desgranando su último álbum de estudio a través de “Syöpäläinen” o “Kuolemanmarssi” mientras desarrollaban un sonido potente y nítido como pocas bandas del estilo han desarrollado en los últimos tiempos. Al menos en las primeras filas donde nos encontrábamos, las sensaciones no podían ser mejores, con Lima taladrándonos el pecho a cada golpe. Casi literalmente.
Thirteen pareció perder algo de fuelle camino del final del show. Lo cierto es que no abandona su registro rasgado ni siquiera en unas pausas entre temas que se irían espaciando con el correr de los minutos. En cualquier caso, los muchos pogos y algún que otro circle pit que vimos camino del final, vinieron a hablar y no precisamente mal del desempeño de los fineses. Muy celebrada, coreada incluso, “Agios O Baphomet”, seguida por una “Mustamaa” que traería al frente un black que recordó sobremanera a los primeros y admirados Darkthrone.
Un solitario bis, “Kun Aurinko Kuoli”, y se irían tras sesenta y dos minutos de un black tan ardiente y feroz como orgulloso y clásico, cumpliendo expectativas y confirmando la buena salud del género en la capital. Una buena entrada que viene a continuar donde lo dejaran Grima primero y Defacing God después. Que siga la racha.
Por nuestra parte nada más que agradecer todas las facilidades a la organización del evento, en Oviedo representada por Larry y Maitane currando de lo lindo coincidiendo además con el 13ª aniversario de Diario De Un Metalhead, así como mandar saludos a Sergio Blanco, Jorge López Novales, Joel, Alba, Diañu, Andrés y Azu, Pablo, Erundina, Marco, Gonzalo, Jaime, Vázquez y todos aquellos que mi cabeza ahora no acierta a recordar. Ruego sepan perdonarme. Nos vemos en el siguiente. Texto: David Naves Fotos: José Ángel Muñiz
La cita en la Sala Telva de La Felguera que vino a congregar a Fer Espina & The Riders y Dr. Nekro parecía una buena manera de pasar la noche del sábado. Heavy Metal Brigade nos quitábamos así la espinita con el trío de Fer Espina y aprovechábamos para testear la evolución de Dr. Nekro, a quienes no veíamos desde el pasado mes de julio.
Los relojes marcan las 21:20 cuando Fer Espina al bajo, Dany León en guitarras y Alejandro Blanco tras la batería irrumpen en el coqueto pero elegante escenario de la Telva. Con una puesta en escena reducida a lo básico y una preciosa batería blanquinegra, pujando en belleza con la propia Les Paul de León, augurábamos una noche de auténtico rock and roll.
Que lo fue ya desde la inicial “Sálvame De Abril” para disfrute de la audiencia presente. Puede que no fuéramos muchos, pero sí que había fieles en la Telva. Fríos, eso sí, en esto el público asturiano no cambia.
Atesoran clase por arrobas mientras Espina se revela como un vocalista engañoso, de unas capacidades más amplias de lo que parece a simple golpe de oreja. Algo de lo que daría buena cuenta en gran medida en la recta final del set. Pero no adelantemos acontecimientos, que no son pocos los detalles que quedan por desentrañar.
Porque León baila sobre el mástil de su Gibson en “Exilio” mientras ciertos problemas con el micrófono de Espina deslucen ciertas estrofas. Problema este, por desgracia, que se repetiría a lo largo de toda la velada. Inconvenientes de audio que no importaron en “Gong”, renombrada para la ocasión, o cuando el trío se atreve a llevarse a su terreno “Son Como Hormigas” de unos tales Barón Rojo. Pequeño solo y Espina anuncia que ha llegado el momento de “bajar el pistón”. La banda vira entonces hacia el blues con “Señor Murphy” y deja señales del amplio rango de influencias que manejan.
“Vaya silencio, paez esto Oviedo” exclama León antes de “El Ojo Que Todo Lo Ve”. Y es que como dije antes, la tantas veces comentada frialdad del público asturiano tampoco quiso faltar a la cita. Sea como fuere, hasta para celebrar cumpleaños hubo tiempo. Nuestras felicitaciones desde aquí también, Guerrero, aunque sea con unos días de retraso.
Problemas con el micro al margen, lo cierto es que disfrutamos de un gran sonido en la Telva. Lució sobremanera en cortes como “Shake Your Money Maker”, original de Elmore James si mis datos no son erróneos, y que obtuvo un gran recibimiento por parte de eso que llaman “el respetable”.
Abundaron las sorpresas en este tramo final. Porque desde luego que “Psycho”, original de Muse y situada casi en las antípodas de su particular rock and roll resulta una elección cuanto menos aventurada. Tanto o más puede decirse de “Killing In The Name” de Rage Against The Machine, con el Espina más agrio de la noche sorprendiendo a propios y extraños. El cierre, no obstante, correspondió a “Volteretas”. No podía ser de otra forma. Pese a los inconvenientes, buena, entretenida y diversa la hora y media de rock and roll la que nos regalaron.
A eso de las 23:05 le llegó el turno a los locales Dr. Nekro, recordemos, con Sandra Fernández al frente como relevo de Celia Plata para liderar a una formación que mira ya al futuro y, ahora mismo, parece dispuesta a todo menos a tirar la toalla. Arrancaron con su introducción habitual, que conduce a su vez a “Delirios” y aunque resulte evidente, no es menos cierto que Sandra parece mucho más integrada en la disciplina de la banda que en nuestro anterior encuentro allá por el mes de julio.
No quiso la actual frontwoman de Dr. Nekro olvidarse de agradecer a Fer Espina el haber contado con ellos para una cita como esta, a tiempo que continuarían con “Fieras Salvajes” o “Monstruo Negro”, sonando potentes y desde luego bien engrasados. Puede que el micro se emperrase en seguir aguando la noche. Ni siquiera cuando Celia Plata, vocalista original de la formación, irrumpe en escena para “El Diablo En Mí”. Llamadme avispado pero algo me dice que su salida del ahora quinteto fue de todo menos traumática para ambas partes. Se vio mucho buen rollo sobre el escenario y se transmitió a un público escaso pero fiel.
En el tramo central del set aprovecharían para deslizar varios temas que integrarán su nueva obra de estudio. En particular un “Cenizas” que parece continuar donde lo dejara el álbum debut y a la vez ser lo suficientemente diferente para mirar al futuro con nuevos bríos. Volvió Celia para “Mezkal”, con los micrófonos de nuevo haciendo de las suyas pero la gente disfrutando de un buen fin de fiesta. Se nos hizo algo corto el set, cierto es, pero ya habrá tiempo toda vez su nuevo álbum pise las calles. De momento nos quedamos con el buen sabor de boca del pasado sábado.
Sí, se dio bien el que puede haber sido fácilmente el fin de semana más apegado al rock and roll desde que empecé a escribir para Heavy Metal Brigade. Y como soy un hombre de costumbres, vayan saludos a ambas bandas, Celia Plata, Michael Arthur Long (Drunken Buddha, Secta) y Fernando Casas.
Los madrileños DOI están de vuelta. La banda, que ya pasara por estas páginas con aquél “Descenso Onírico” de 2020, nos presenta ahora un primer largo al que han dado en llamar “Desideratum” y que, tal como anticipaban aquellos primeros cinco temas, ahonda en su particular mixtura de metalcore, groove, nü…. Ellos son Gatsu (batería), Jon y Edu (guitarras), Pablo (bajo) y Dez (voces). El álbum consta de nueve cortes producidos por Alex Tena (Bonecarver).
Un Alex Tena que parece haber hecho un gran trabajo toda vez arranca un una “Déjame Entrar” de más que apropiado título. La receta es sencilla, con esos riffs de ida y vuelta, los preeminentes coros, la rica línea vocal y ese bajo crujiente y precipitado. Composición sencilla, que me agrada por la mayor pesadez que exhibe en su tronco central.
“Mercado De La Piel”, que plantea la situación hipotética de un lugar donde todo tiene un precio pero no existen prohibiciones ni reproches morales. En lo musical lleva a DOI varios pasos más adelante, con un mayor peso en cuanto a escritura, que se pierde por toda una maraña de tonos y capas que la elevan como una de las composiciones más centradas y a la vez refrescantes de todo el álbum. Incluso en el plano técnico, permitiéndose un par de acentos (guitarra primero, bajo después) para nada exuberantes pero desde luego sí llamativos.
“Más Fuerte”, que tuvo el honor de presentar al disco en sociedad, late con una cierta sensación de urgencia, a la par que deriva hacia un groove repentino que, particularmente durante estrofas, me recuerda a sus paisanos Skunk D.F.. Un corte que en su epílogo pasa de la más pura introspección a la rabia más descosida. Blast beats inclusive. Oferta diversa, bien planteada y mejor resuelta.
El disco entra de lleno en las relaciones de pareja con esta “Dame El Cielo”, a ratos desesperanzada, casi siempre desgarrada y con ciertos guiños que me recuerdan sobremanera a los tristemente desaparecidos Estirpe. Destaca aquí, quizás por puro contraste, el elegante solo que ocupa su tronco central. La paleta de colores de este “Desideratum” sigue creciendo pero lo mejor es la forma tan natural con la que la banda ha sabido implementar su amplio rango de influencias.
Sobre lo duro que resulta echar de menos a alguien versa una “Cenizas Sobre Cenizas” evidentemente desgarrada y apasionada. Que goza de un poso más melódico en sus primeras estrofas, también en sus estribillos, mientras que vuelve a reservar una mayor crudeza, la del puro desengaño, para su hosco epílogo. De las que más ha ido ganando con el correr de las escuchas.
“Olvidado”, en memoria de quienes perdieron la vida durante la borrasca Filomena, parte de un prólogo leve y melódico para después mutar en uno de los cortes más hirientes, coléricos y vibrantes de todo “Desideratum”. En comandita con sus compas de Incordian, DOI echan aquí el resto en lo que a mal café se refiere, con una batería que echa humo y un aspecto vocal debidamente frontal, colérico y desgarrado. Ciertos riffs me recuerdan a los Strapping Young Lad del “City”, lo cual no es mala cosa. En resumidas cuentas el corte resulta tan abrasador como ver a los responsables de aquél desastre todavía hoy sentados en sus sillones mientras dirigen nuestros destinos con mano de hierro. Vaya para ellos todo nuestro desprecio.
Muy juguetón el riff de esta “Dejando La Roca”, que en términos puramente empíricos puede que no me resulte tan interesante como otras ofertas dentro de este álbum pero, por otro lado, tiene un gancho de mil demonios. Clásico corte rompecuellos con todas las trazas de darles buenos réditos en directo, coronado con un estupendo solo durante el puente pero de final un tanto abrupto.
“Inhumanamente Humano”, que en su caso dispara contra los abusos de la patronal, se envuelve en el clásico juego estrofa desnuda y estribillo poderoso para un corte de construcción sencilla pero bien resuelto y eficaz. Cierto que algunas líneas de voz resultan un tanto atropelladas. Pero no será menos verdad que todo hijo de vecino se puede sentir identificado con esta lírica.
Curiosamente, puede que sea la homónima “DOI” la que más frío me deja de este nuevo trabajo. Aún así aprecio lo pegadizo del riff, ciertos acentos melódicos que tiene por ahí y la habitual diversidad en cuanto a voces. Pero enfrentada a otros cortes de este largo siempre termina quedando algo por debajo.
Cabe decir que no me ha sorprendido este nuevo trabajo. Tampoco decepcionado, ojo. La banda sigue donde lo dejara en su “Descenso Onírico” de 2020 y por ahí las premisas son claras. Metal de nuevo cuño, un abanico enorme de influencias, inteligencia a la hora de plasmarlas en sus composiciones y una producción a la altura de las circunstancias. Habrá quien eche en falta más solos, más pasajes tranquilos o incluso más tralla. De todo hay. Lo cierto es que con las varias escuchas que han caído hasta día de hoy, en conjunto me parece un disco equilibrado e incluso inteligente. Ya le estáis pegando un par de vueltas.
Plácidamente instalados a la cabeza del metal facturado aquí a base de talento y mucho curro, Angelus Apatrida contraatacan sin solución de continuidad con un octavo disco al que han venido en llamar “Aftermath” con la sana intención de seguir allá donde lo dejara el estupendo álbum homónimo de 2021. A buen seguro no queda medio afín que, a día de escribirse estas líneas, no haya invertido una determinada porción de tiempo en diseccionar la nueva obra de los albaceteños. Pero los hermanos Izquierdo, José J. (bajo) y Guillermo (guitarra y voz) junto a Víctor Valera (batería) y David G. Álvarez (guitarra) han concertado cita con el público asturiano el sábado dos de diciembre (Sala Acapulco junto a Burnt To Death y Sydius) por lo que he creído conveniente hacer los deberes.
No están solos los de la capital manchega en este envite. Jamey Jasta (Hatebreed, Kingdom of Sorrow), Pablo García (WarCry), Sho-Hai (Violadores Del Verso) y Todd La Torre (Queensrÿche, Crimson Glory) acompañan a los thrashers a lo largo de un álbum donde vuelven a contar con Juan Ángel López para la grabación en los Baboon Records de unas pistas que, más adelante, se encargaría de mezclar y masterizar Christopher “Zeuss” Harris (3 Inches of Blood, Suffocation, Crowbar, Overkill…) en el Planet-Z de Wilbraham, Massachusetts. Con arte de Gyula Havancsák (Accept, Stratovarius, Annihilator, Powerwolf, Holy Moses…) lo edita como siempre la disquera germana Century Media.
Que la banda abra con algo como “Scavenger” tiene mucho de declaración de intenciones. Angelus Apatrida encapsulan aquí no pocas de las señas de identidad que les han situado en la posición de privilegio de la que actualmente gozan. A saber: un arranque de puro thrash vigoroso y directo, estrofas malencaradas y un estribillo sencillo, casi lacónico, pero de mucho gancho. Si va a ser la encargada de iniciar las hostilidades en su nuevo tour, me parece una elección más que digna, si bien es verdad que lo escaso de ese minutaje, por debajo de los cuatro minutos, constriña a su vez al solo que precede al epílogo, reduciendo de manera sensible el impacto de este.
“Cold”, una de las tres cartas de presentación del disco, descubre ahora unos pulsos que, sin abandonar ese nervio siempre vibrante e intenso de su acostumbrado thrash metal, en términos gramáticos pronto transige cara a ofrecer una composición más atractiva por diversa. Funciona el toque mas melódico del estribillo casi en la misma medida en que sorprende el tratamiento que aplican en su tronco central y la forma en que deriva hacia un groove orgánico y nada impostado. Los riffs marciales a la Strapping Young Lad funcionan pero vuelvo a echar en falta una presencia solista mucho más marcada.
“Snob”, donde la banda cuenta con la participación del vocalista de Connecticut Jamey Jasta, para sorpresa de nadie, destapa la cara más intensa, potente y directa del cuarteto. Thrash incendiario rematado con pulsiones más próximas al hardcore más clásico y eminente. Guillermo trama aquí uno de los estribillos con más gancho de todo el tracklist mientras que buenos solos ocupan su tercio final con la banda ofreciendo apenas fisuras en su conjunto. La producción del álbum y como viene siendo habitual, es estupenda.
De hecho es “Fire Eyes” uno de los cortes que más y mejor uso hace de la buena labor en los Baboon Records de su Albacete natal. El quinto corte ofrece un prólogo que sorprende primero por su mayor carga atmosférica y después por cómo opta por un metal directo y sin dobleces. Habitual construcción bipolar donde la banda se defiende como gato panza arriba. Víctor Valera construye aquí una de las líneas de batería más interesantes del nuevo álbum. Y mientras en las más pura tradición Apatrida se suceden riffs de thrash rabioso y directo, surge un Pablo García algo más comedido de lo que el asturiano nos tiene acostumbrados en sus últimas colaboraciones. Sea como fuere, a buen seguro otra de mis favoritas.
“Rats” traerá al frente a unos Angelus Apatrida más nerviosos y de hecho parece tener todos los mimbres para convertirse en una fija dentro del nuevo tour de la banda. Vigorosa, intensa, quizá no disponga del gancho de otras ofertas dentro del álbum pero, por contra, descubre una serie de solos de gran nivel. Aquella que sin ir más lejos eché en falta en cortes como “Scavenger” o “Cold”. Thrash gozoso por vehemente y de lo más eficaz.
Si mis datos son correctos, los albaceteños no trazaban un corte tan extenso como “To Whom It May Concern” desde aquél “Hidden Evolution” del disco homónimo de dos mil quince. Sorprende ya desde el prólogo, que rompe la tónica imperante en “Aftermath” para conducirse hacia una serie de riffs que me hacen pensar, de manera casi inmediata, en los momentos más livianos de los germanos Kreator. Todo para que, tras esa calma, surja un corte de thrash tan directo como retorcido, en la más pura tradición del género. Encomiable la labor de David y Guillermo en lo que a creación de riffs se refiere. Incluso en aquellos que se desarrollarán durante las partes más trotonas, algo que habla y no precisamente mal del cariño que la banda ha puesto en este sexto corte. Camino del tronco central irrumpirá el Guillermo más heavy y agudo, justo para después transigir de nuevo hacia aquella calma inicial. Alargada la sombra de Dimebag Darrell durante el fantástico solo de guitarra y cuidadísima línea de batería en el desbocado tercio final. A buen seguro otra de mis favoritas.
Casi como respuesta al corte más ambicioso del álbum surge “Gernika”, un thrash sencillo y sin miramientos. Tampoco mayores dobleces, si bien encuentro esos riffs cabalgantes un tanto recurrentes. Al final y a pesar del estupendo solo de su tronco central, encuentro ofertas mucho más atractivas dentro de este “Aftermath”. Un corte que me resultará más interesante por lo que cuenta que por la manera de contarlo.
“I Am Hatred”, oferta más rácana en cuanto a duración de los diez, ofrece tan pocas sorpresas como correctos ejercicios de thrash clásico y enérgico. Fundamental la labor de Valera y un correcto solo previo al epílogo para un corte que arrastra no pocos déjà vu y con el que me cuesta horrores conectar.
“What Kills Us All” hace bastante por recuperar el buen tono en lo que a riffs se refiere. Mantiene el tipo también en lo tocante a melodías vocales. Unas líneas de voz que enseguida me retrotraen a aquél pulso más heavy que arrastraban cortes como “Sharpen The Guillotine”. Aquí la sorpresa viene dada no obstante por la colaboración de Sho-Hai, imposible a priori y que el maño desarrolla finalmente en nuestro idioma. Mucho contraste para un resultado, al menos a mi juicio, bastante irregular.
Cierran con “Vultures And Butterflies” y la ayuda del Queensrÿche Todd La Torre en voces. Sin embargo, el corte anda más cerca de bandas de thrash estadounidense como Nevermore o Sanctuary, con un cuidado tratamiento en lo que a voces se refiere y que resulta en un buen contraste entre ambos caracteres. Rematan con un solo un tanto constreñido durante el tronco central y un epílogo en la más pura tradición del metal norteamericano. La edición digital del álbum se cierra con las versiones en directo de “Indoctrinate”, grabada en Bilbao, y “Give ‘Em War” en Barcelona.
Es otro buen trabajo de los albaceteños, si bien de “Gernika” hasta el final siento que la fluidez de ideas y el buen hacer en lo que a composición está un peldaño por debajo de lo que nos tenían acostumbrados. Porque tanto “Cabaret De La Guillotine” como el álbum homónimo de 2021 me parecen poderosas y redondas ofertas de thrash metal tan firme como incendiario. Pensando en positivo, me agrada la ambición de “To Whom It May Concern”, el nervio más próximo al hardcore de “Snob” o ese clasicismo tan eficaz de “Fire Eyes”. Pero más allá de lo que el álbum me pueda resultar en términos globales, de justos es reconocer que no negocian un esfuerzo. Siguen con el acelerador a fondo y eso les honra. Queda únicamente atestiguar cómo funcionan estos nuevos temas al lado de sus clásicos de siempre. La máquina no para.
Una auténtica hidra del thrash la que se vino a reunir el pasado sábado en el Bola 8 de Gijón bajo el epígrafe «Thrasher Night!» a los cántabrosOpposer, los gallegos Strikeback y los locales Tyrant. La sola venida de lo más granado de la escena noroeste resultó excusa suficiente como para coger los bártulos una vez más y encaminarnos de nuevo a la llamada capital de la costa verde. Si en el proceso desbloqueábamos un escenario más, van quedando pocos por bautizar, pues tanto mejor.
Buen ambiente y mucho bullicio minutos antes de la apertura de puertas. El Bola 8 no es el Madison Square Garden pero lo cierto es que no fue poca la gente que se congregó para disfrutar de una institución del thrash cántabro como Opposer. Venían presentando aún aquél estupendo “R3cod3d” de 2022 (reseñaaquí) y era palpable el interés que suscitó su visita a tierras asturianas.
Qué mejor que algo como “Wake Up” para sacar al respetable del letargo y ponerle en dirección a una descarga de auténtico thrash de marcados tintes death. Era la primera vez de los chicos en Gijón y a fe nuestra que los de la comunidad vecina supieron tirar de galones para sacar adelante un buen show de thrash técnico y firme. Ahí fue donde les funcionó el nervio de “Recoded Rebirth” pero también “Serpent Eyes” y ese riff para la antología.
Al bajo y también los coros estaba Jesús, que fuera anterior guitarra de la formación thrash del quince al veintiuno, y que defendió el puesto con toda la entrega y profesionalidad que se le presuponían, cumpliendo tanto con el cinco cuerdas como con los coros. Pisaba terreno conocido y se notó, claro.
“Holy Lies” recordó a su álbum de 2017 mientras el ambiente en el Bola 8 se caldeaba por momentos. Vimos un público de lo más variopinto. Todos disfrutando de una banda a la que le sobran las tablas. Su thrash puede no tener el nervio de Strikeback ni flirtear con el trazo tan a veces pesado de Tyrant, pero a lomos del que fue quizá el mejor sonido de la jornada, supieron ganarse más de un adepto para su causa.
Funcionó “House Of Pain”, corte apertura de su último disco, pero mentiríamos si dijéramos que no fue “Forbidden”, de aquél “Remember The Past” de hace justo ahora diez años, la que terminó por granjearles el favor del público. No faltaron los agradecimientos a la buena gente de Tyrant y un final de thrash desbocado en forma de “Straight To Hell” que propiciaría el primer circle pit de la jornada. Cierre con “Ashes To Ashes” tras cincuenta minutos de show donde quedó la sensación de que están lejos de arrojar la toalla.
Enfrascados en la presentación del reciente Ep “World In Decay”, del que prometo dar cumplida cuenta por aquí en tanto el tiempo me lo permita, los coruñeses Strikeback llegaban a Gijón con las pilas cargadas y la misión de convertir el pequeño Bola 8 en una auténtica fiesta.
El quinteto, que se amoldó como buenamente pudo al reducido escenario, tiene en la figura de Adrián Beltrán “Liber” a un frontman con carisma y buenas hechuras, que supo conectar con la gente, implicarla en su thrash nervioso y directo, y no desfallecer ni por un instante. Tal es así que ya desde los primeros temas se pudieron ver circle pits en particular y mucho movimiento en general. Su público, muy joven, tenía ganas de fiesta y temas de su más reciente Ep, interpretado en su totalidad, parecieron caer de pie en el pequeño local gijonés.
“Over Again”, fácilmente la mejor recibida de su nueva hornada de temas, puso al Bola 8 patas arriba. Y mientras que no negocian un esfuerzo ni a la hora de los agradecimientos, supimos de boca del propio Liber que Alex Mella, bajista de los coruñeses, había sido operado hacía escasas fechas. Y ni por esas quiso el también miembro de Thrashnos perderse la cita. Vaya desde aquí nuestro más sincero reconocimiento.
Mientras “B.H.S. (Boundless Human Stupidity)” inunda Gijón de puro thrash flamígero pero con gancho, “Secrets And Lies” deja a las claras que también saben moverse en el terreno del thrash técnico y pesado. Melancólico incluso. Con el tema que da título a su último Ep y la despiadada “Kill Or Be Killed” se despidieron dejando la sensación de haber crecido una barbaridad desde mi último encuentro con ellos, aquél bolo junto a Totengott y Angelus Apatrida en nuestra muy añorada sala Sir Laurens.
Tercera banda de la noche y tercera propuesta que, sin abandonar del todo la fuerte raíz thrash de la jornada, transgrede hacia su versión más rocosa y por momentos casi monolítica. Hacía poco de nuestro anterior encuentro con los gijoneses Tyrant, aquél en que telonearon a la Kiss Experience en la Sala Acapulco (crónica aquí) y donde vinieron a entregar un set plagado de versiones. De ahí que hubiera ganas de verles con un set más propio e identificable…
… que aún así albergó sorpresas. No de inicio, que la banda apoyó desde una pedregosa “Domination March” para convertir en pesadez el nervio de Strikeback o la oscuridad de Opposer. Con Pantera en el punto de mira, “(Millions Of Corpses…) In The Name Of No One” desarrolla un thrash apoyado en gran medida en los orgullosamente sucios riffs de Nico Suárez.
Y si bien puede que el sonido no alcanzase a ser tan redondo como el de sus compañeros de cartel, quizá en parte por cómo su propuesta se encamina hacia otros derroteros, cierto es que el mayor brío de “Prepare For Attack”, original de los denverianos Havok, volvió a funcionar al igual que lo hiciera en la anterior cita gijonesa.
Jugando en casa una vez más, qué menos que detenerse en “Mosh Pit” y publicitar de nuevo, y bien que hacen, su bar del mismo nombre del que se conmemoraba el tercer aniversario. Es un corte además que parece conectar con su parroquia y es que, diría un clásico, “el amor tiene razones que la razón no entiende”. Siguiendo con cortes propios, fue “From The Depths” la que daría con los huesos de Nico Suárez abajo del pequeño escenario si bien “T.A.” la que de verdad lograría implicar a un público, de todos modos, muy por la labor.
Regresando al terreno de las versiones y con un Heketor Lorenzo desatado al micro, deslizaron de nuevo “Madhouse” de Anthrax para algarabía de una audiencia que tampoco quiso dejarse nada en el tintero. Era mucha la fiesta y no poco el calor que transpiraban ya las paredes del Bola 8. Con el corte que les da nombre parecía que todo llegaba a su fin la banda aún alcanzaría interpretar un “Phobia” original de unos tal Kreator que ni siquiera aparecía en el setlist, dando ahora sí por finiquitado el show. O no, porque faltaba la particular oda del cuarteto al “néctar de dioses” que es “Beer’s Fan Song” para, ahora sí, echar el cierre a una más que calurosa, entretenida y diversa noche de thrash metal a las finas hierbas. Queda pendiente una visita al Mosh Pit. Palabra de Brigadiers.
El thrash bulle y ahí está Heavy Metal Brigade para contarlo. Tres formas muy distintas de entender el género y un público de lo más heterogéneo que se lo pasó en grande. Y si bien el Bola 8 puede ser un local con ciertas limitaciones, en particular en lo que a luces se refiere y dicho sea sin ánimo de leerle la cartilla a nadie, lo cierto es que el sonido del que pudimos gozar en la jornada del sábado jamás alcanzó a ser catastrófico. Ni mucho menos.
Vaya desde aquí y como siempre un abrazo a los buenos amigos con los que nos volvimos a cruzar. Puede que no seáis conscientes pero vosotros también hacéis Heavy Metal Brigade. Nos vemos en el siguiente.
Pues ya tenemos de vuelta a la buena gente de Saedín. La banda, que ya ocupara estas líneas con su debut “Entre Ríos”, regresa ahora con un Ep de cuatro temas producidos por Leo Jiménez y al que han dado en llamar “Luna Nueva”. Recordemos que forman la banda granadina Carlos M. Calvente en baterías, Zoraida Vidal en teclas, Antonio Ortiz Castillo al bajo, Juanjo Mesbailer en guitarras y Ángela Mesbailer en voces. Grabado, mezclado y masterizado en AntiStudio (Fuenlabrada) con Anti Horrillo (Stravaganzza, Lords of Black, Dark, Saratoga…) a los controles y adornado por el arte de José Antonio Vives (Ankhara, Herética, Canker, Deimler…) “Luna Nueva” se encuentra en la calle desde el pasado veintitrés de junio vía Demons Records.
“Despierta” sirve como carta de presentación del Ep y en su marcado clasicismo esconde trazos sencillos y letras optimistas, alegres incluso, que por algún motivo me recuerdan a las que Víctor García acostumbra a trazar para los asturianos Warcry. Ángela las interpreta con clase, también con cadencia, siendo (o pareciéndolo) consciente tanto de sus capacidades como de sus limitaciones. Producción sin grandes errores, si bien es cierto que la batería, particularmente el bombo, suena a ratos algo disparado. Nunca de forma catastrófica, pienso, si bien lo suficiente como para empañar los habituales tonos orientalistas del combo granadino. En cualquier caso un arranque alegre y optimista para los fans del metal más alegre y también grandilocuente.
De lo más sinfónico el arranque de una “Embrujo” que apacigua los ritmos vivos del corte previo para entregar una suerte de “Kashmir” a lo Saedín con Ángela moviéndose casi en susurros. La banda torna luego al heavy metal más clásico para estribillos, donde inevitablemente uno piensa en Medina Azahara, para después insertar una serie de ritmos, también de arreglos e incluso de riffs que no desentonarían en un álbum de Orphaned Land. Hábiles a la hora de amalgamar tanto esos toques más populares como de echar mano de un mayor sinfonismo sin que la producción se resienta, impecable labor de Horrillo aquí, el corte termina emergiendo como gran triunfador de este pequeño Ep del combo andaluz.
“Puertas A La Soledad”, o la balada de este “Luna Nueva”, se conduce con elegancia. Tanto en lo que a arreglos se refiere como en lo tocante a una escritura clásica, que no acomodada. El corte refugia sorpresas. Al menos más de las que adiviné en primeras escuchas. A lo que se ve algo distraídas. Buenas líneas al piano de Zoraida Vidal aquí, alternas a una preponderante uso de los arreglos. Pero si algo me agrada es la forma en que Juanjo Mesbailer acompaña al corte sin llegar erigirse nunca en protagonista, operando siempre en favor de la composición y no en el de su ego. Dejando buenos adornos melódicos a lo largo y ancho del corte, así como un buen riff durante ese pequeño crescendo que precede al epílogo. Insistiré: ha ido ganando muchos enteros con las escuchas.
“Vamos A Volar”, no era para menos con ese título, entrega la cara más metálica de Saedín. Ahora sí con un Juanjo Mesbailer erigido en gran protagonista con ese buen solo que ocupa el llamativo puente central. Riffs con gancho, letras optimistas, poderosos arreglos y una cuidada base rítmica, ya sin aquél sonido un tanto artificial de la anterior “Despierta”. Por construcción puede resultar algo predecible, cierto es, pero es en todo caso un corte más que útil a la hora de exhibir a los Saedín más potentes. A buen seguro una fija en sus directos.
En su mezcolanza de metal sinfónico, aires orientales y heavy metal de pequeños acentos power, Saedín van poco a poco buscando su lugar en una escena necesitada de bandas que rompan un statu quo a veces un tanto cuadriculado y conformista. Disponen para tal fin cortes interesantes, particularmente “Embrujo”, en torno al cual surgen ideas que me interesan más y otras que no tanto. No obstante el Ep continúa con las buenas sensaciones que nos proporcionara aquél primer largo de hace ahora un par de años, por lo que deberían estar más que contentos. Ojalá verles asomar por el norte más pronto que tarde.
Nueva edición, la séptima ya, del festival solidario Raposu Rock, desde luego una de las citas más especiales del actual ecosistema rockero asturiano. Un año más en Heavy Metal Brigade no quisimos faltar a tan indicada fecha, que reunía esta vez a las bandas regionales Beast Inside y Skuld, los cántabros Cantaebria y los bilbaínos Negra Calavera para toda una avalancha de solidaridad, buen rollo y rock & roll.
El Raposu es una cita donde la música es importante pero nunca tanto como lo es la habitual recogida de alimentos. Con Rheme Peláez al mando, qué energía la suya, me rio yo del conejo aquél de las pilas, la cita ha logrado establecerse con pleno derecho hasta convertirse en una parada obligada dentro del modesto pero orgulloso circuito de festivales asturianos. Con epicentro en la que ya es nuestra segunda casa en tierras gijonesas, o al menos una de ellas, es decir, la SalaAcapulco, la cosa vino a acontecer más o menos como sigue.
Pasan quince de las siete cuando Skuld, la banda de Puerto de Vega cuyo debut homónimo pasara por estas páginas allá por 2021, se suben al las tablas de la Acapulco. Y ante la baja de su batería titular Roberto lo harían con todo un Pablo Viña a los parches. Había curiosidad por tanto, al menos en lo que a nosotros respecta, pues para cuando termina la intro y suenan los primeros acordes de “Odin” no son muchos quienes hacen acto de presencia ante la banda…
… que parece haber crecido varios enteros desde nuestro último encuentro con ellos. Fuese lo indicado de la fecha, el trabajo en el local o el tiempo que hacía que no nos cruzábamos las caras, agenda Brigadier cada vez más apretada, lo cierto es que supusieron un gran inicio de fiesta. Ahí donde funcionan temas propios, “Odin” y el estupendo duelo solista que lleva aparejado, no es menos verdad que acaban por menguar, al menos en cuanto a acogida se refiere, cuando arremeten con todo un “Flight Of Icarus” de unos tales Iron Maiden. Con una Lorena González al micro saliendo airosa del complicado envite y el público coreando a conciencia.
Incluso nos trajeron un tema nuevo. “Blood Eagle”. Brioso, con gancho y hechuras de darles buenos réditos en tiempos futuros. Rédito inmediato dio en cambio un “No Hay Tregua” de Barricada que terminó con José Carlos abajo del escenario y un montón de gente arriba de él para un fin de set festivo y por todo lo alto. Desde luego que esta noche no era para andar por estas calles y sí en la fiesta solidaria de la Sala Acapulco.
Aún practica uno el noble arte de ir a un concierto, o festival en este caso, sin los deberes hechos y presto a ser sorprendido. Que os aseguro fue el caso con los rockeros de nuestra comunidad vecina Cantaebria. Combo que vino al séptimo Raposu Rock a derrochar ingentes dosis de actitud y energía para media hora larga de fiesta y rock & roll.
“Se llama Rocanrol” resultó de lo más festiva. Y mientras que a una de las guitarras trató de aguarles la fiesta, al final sirvió para que el frontman Víctor Quevedo sacase pecho frente a otras propuestas: “nosotros no hacemos playback”. A fe nuestra que no. “La Rubia” contribuyó a que la fiesta fuese en aumento. Y mientras que los idus eran de todo menos propicios, rota una cuerda de guitarra en “Shine”, nada pareció detenerles.
Demostraron sobradas tablas para sobreponerse a los distintos inconvenientes que les fueron surgiendo y también ímpetu para ganarse a un público que quizá les era ajeno. Resultaron una propuesta tan desenfadada como ganadora.
Tuvieron incluso el detalle de aupar junto a ellos al dúo Lyla & Javi. Porque una fiesta sin buenos amigos es cualquier cosa menos una fiesta. Javi terminaría calzándose la guitarra incluso. Y claro, tampoco quisieron olvidarse de agradecer a Rheme el haber contado con ellos. “La Locomotora Del Amor” mediante se despidieron dejándonos con ganas de más. Dada la cercanía geográfica, ojalá tenerles de vuelta por estos lares más pronto que tarde. Tremenda fiesta.
La venida de Beast Inside al Raposu Rock supondría otra vuelta de tuerca al cartel. La banda, que sigue presentando aquél “Under Control” de 2022 continúa cercenando cuellos a conciencia con un show cada vez más sólido y redondo. El rodaje, que no ha sido poco dentro y fuera de nuestra región, termina por notarse. No queda otra.
Pasan pocos minutos de las nueve cuando disparan la intro y, tras ella, una más que apropiada “Beast Attack”, con “Poyo” ya plenamente establecido tras los parches y las ganas intactas. En especial en lo que a Jandro se refiere. Un frontman cada vez más metido y centrado, que parece agigantarse a cada show que realiza con Beast Inside y que propulsa al quinteto a cotas hasta ahora desconocidas para ellos.
Como bien reza la sabiduría popular: “no habrán inventado el pan, pero desde luego saben como hacer buenas tostadas”. En cortes como “Fuck Em All” reside un thrash tan clásico y poderoso y en ese “compartir es vivir” que exclama Jandro, gran parte del espíritu del festival. “Unpunished” fue una de las mejor recibidas del set, algo a lo que ayuda ese deje más groove y coreable de su tronco central. Y mientras que para “Faces Of Death” cuentan con la performance de cierta figura de la mitología asturiana y su querido vástago, a continuación nos dejan con un tema de nueva creación, “God Of Flesh”, que sin dejar de sonar a los Beast Inside de siempre, parece buscar nuevos horizontes para la banda.
Con más de tres mil niños y niñas palestinos cruelmente asesinados por el gobierno de Israel en apenas tres semanas y siempre según datos de la ONG Save The Children, hiela la sangre y petrifica a cualquiera el dato, “Warchild” vino a resultar más pertinente que nunca. “No Escape” contribuyó sin embargo a quitarle gravedad al set y reconducir hacia la fiesta y el jolgorio. Porque como diría el propio Jandro, “del reggaetón se sale” pero de un concierto de Beast Inside, hasta que no se han sucedido los pertinentes circle pit y wall of death desde luego no. Siguen en línea ascendente y nos congratulamos por ello.
Antes de la última descarga de la noche, fue el momento del sorteo de un pequeño detalle por parte de las bandas presentes a un afortunado raposu, que se iría a casa con una sonrisa en el rostro y un amplio surtido musical.
Desde Bilbao y con ingentes ganas de patear traseros llegaron al Raposu RockNegra Calavera, quinteto de puro rock & roll adrenalítico y socarrón que supuso, podemos dar fe, un fin de fiesta por todo lo alto. Un rock sin freno y a pildorazos. Clásico y sin fisuras. Sin mayores sorpresas ni tampoco menores dobleces, vinieron y convencieron.
Y les honra pues lo hicieron a pesar de que no fue el público que desbandó tras las descarga de Beast Inside. Quienes nos quedamos fuimos recompensados por cincuenta minutos sin apenas solución de continuidad y que hicieron las delicias de los fans más clásicos del Raposu Rock.
“Espérame En El Coche”, “Navajazos” o “Alcohol” nos hicieron pensar en que por más tópico que resulte decirlo, es el directo y no otro quien de verdad da la medida de una banda. Es ahí donde los vascos se crecen y dan todo lo que llevan dentro. Agradecidos no obstante a la organización del evento en general y a la figura de Rheme Peláez en particular para después deslizar una rotunda “Dios Te Odia”. Dado el clima reinante general, quienes somos nosotros para negar que alguna que otra deidad debe de andar bastante enfadada por ahí arriba.
“Estrellas” proporcionó altas dosis de rock volcánico y ardiente. Como juntar a AC/DC con Supersuckers y Gluecifer, agitar la coctelera a conciencia y servir el resultado a una audiencia escasa pero disfrutona y muy por la labor. Ahí es donde emerge la figura de Txemi, frontman de los bilbaínos, incansable tanto a la hora de afrontar los temas como en lo que buscar la complicidad del público se refiere. El cierre, con toda la banda abajo del escenario a excepción del sufrido batería, supondría la mayor de las apoteosis. El final que la séptima edición del Raposu Rock merecía, ya lo creo. Sin querer leerle la cartilla a nadie, desde luego no es la intención, de verdad que lo sentimos mucho por quienes se fueron antes de tiempo.
Sana y cordial séptima edición de nuestro festival solidario por antonomasia. Cuatro bandas de muy distinto pelaje que nos hicieron disfrutar de lo lindo y más de tonelada y media de alimentos recogidos. Se dice pronto. Francamente, ya podían aprender otros, tanto dentro como fuera de la música que tanto amamos. Vaya pues un abrazo gigantesco a Rheme Peláez, no hay palabras que alcancen a hacer justicia a la descomunal e ingente labor que realizas. De verdad que no somos conscientes. Vayan también saludos a los muchos y buenos amigos con que nos cruzamos a lo largo de la jornada. Cada vez sois más y se complica el nombraros a todos. Nos vemos en el siguiente.