Apenas meses habían transcurrido desde la última visita de la iguana a nuestra región y aquí teníamos de nuevo a las huestes de Niko del Hierro dispuestas a dar otra buena ración de heavy metal a la antigua usanza, en solitario y con la gravedad de un salto al vacío. Saratoga citaban esta vez a los suyos en el Llar de Corvera, residencia de anteriores ediciones de nuestro querido Rockvera Fest y que en una fría y aguada noche de octubre ofreció lo mejor de sí para recibir como se merece al cuarteto nacido y afincado en Madrid.
Apenas un minuto pasaba de las diez cuando suena la introducción que viene a anticipar la descarga. Con un gran telón como fondo y otro par de menores dimensiones como mayores detalles de su puesta en escena, el público asturiano, se hablaba de alrededor de unos doscientos tickets vendidos, recibió a la banda como se merece. “A Morir” sería el primero de los cortes que nos dejarían dentro de un set que, entre semana, Niko del Hierro anunció traería sorpresas.
Pero mientras quien más, quien menos aguardaba dichas gemas escondidas, bien están clásicos como “Mi Ciudad” y ese Tete siempre en forma, siempre sin negociar un esfuerzo, siempre al pie del cañón. El de Pinto, si bien un vocalista cuyas evoluciones sobre el escenario provocan todo tipo de reacciones, volvió a dejarnos toda su gama habitual de agudos, así como sus cada vez más presentes voces guturales. Un vocalista que ha ido ganando peso y tablas con el correr de los años y que encaja como un guante en la actual encarnación de la banda.
Una banda que siguió recorriendo su trayectoria. Porque si bien “El Vuelo Del Halcón”, que Novoa nos dedica a todos los presentes, pasa por ser uno de los cortes más recordados del periplo del vocalista en Saratoga, otro tanto se puede decir de “Maldito Corazón”, verdadero estandarte del que fuera su predecesor en el cargo. Más allá del solo que protagonizaría más adelante, cabe hablar también de un Arnau Martí que parece más en su salsa que nunca. Hay cortes como “Ángel De Barro” que han crecido una barbaridad con él tras la batería. El valenciano parece haber caído de pie en el seno de la formación y se nota. Muy suelto, firme en cuanto a pegada e incluso original a la hora de introducir los muchos cambios de ritmo. El valenciano se dejó la piel y de justos es reconocérselo.
De la entre comillas reciente “No Sufriré Jamás Por Ti” pasan a “Rojo Fuego” y el set parece abrazar principio y final mientras vemos a Niko con la fuerza y la intensidad de toda la vida. Puede sonar a tópico pero lo cierto es que por él parece no correr el tiempo. Siempre original a la hora de dar vida a las distintas líneas de bajo y sin escatimar ni un segundo en la búsqueda de la necesaria conexión con la audiencia. Una noche más podemos decir que el carabanchelero se tiene bien merecida su fama.
Con “Lejos De Ti” llega una calma que Novoa pide se ilumine con las luces de nuestros móviles. Qué habrá sido de nuestro amigo el mechero, piensa alguno. Aquí vimos algo fallón a Jero. Nada catastrófico, vaya por delante, pero desde luego sorprendente en alguien de su dilatada trayectoria. Tampoco seremos nosotros quienes nos cebemos con él, ya ves, si como diría aquél no sabemos tocar ni el triángulo, pero no faltamos a la verdad si decimos que le hemos visto en mejores condiciones.
Llegó entonces el momento de brillar para Arnau tras su kit de batería mientras sus compañeros se tomaban un pequeño descanso. Y a término, también para las sorpresas mediante una “Morir En El Bien · Vivir En El Mal” del disco homónimo de 2016 y que sorprendió al más pintado. La anticipada promesa de Niko, como podréis ver, no caía en saco roto. Tocó el turno entonces para la no tan inesperada “Las Puertas Del Cielo”, auténtica favorita de quien escribe y a tenor de lo visto y oído, también de mucho del público presente en el Llar.
Sería Novoa entonces quien se quedaría solo sobre las tablas, interactuando con la gente y sacando de cierto letargo al siempre diesel, frío e incluso acomodaticio público astur. Como ya dije antes, el frontman de Saratoga podrá generar todo tipo de reacciones encontradas pero en él ganas y profesionalidad nunca escasean. “Heavy Metal” sería otra de las piezas rescatadas del olvido, todo lo contrario que la más habitual y siempre poderosa “Resurrección”, con Arnau desatado tras el kit.
En lo personal, la segunda de las baladas de la jornada, la inevitable “Si Amaneciera”, se me hizo algo cuesta arriba. No así a un público que llevaría en volandas a la banda. Muy querida por su parroquia, es innegable. Sería entonces Niko quien se quedaría a solas en las tablas para un siempre llamativo solo de bajo, que la banda enlazaría después con uno de los cortes con más gancho de la era Novoa, que no es otro que “Como El Viento”, que finiquita el show… a falta de los bises.
Vimos algo justo ya a Tete en “Mi Venganza”, que dado el derroche de energía con el que afrontó el set, viene a ser lo normal, no fuéramos a pensar que el chico no es humano. Y en cualquier caso aún tuvo fuerzas para sacar adelante y con solvencia la irresistible dupla final que conforman “Vientos De Guerra” y “Perro Traidor”, a la que quizá le habría cambiado el orden pero que, de todas formas, ya sabéis que bien está lo que bien acaba.
Saratoga cumplieron en el Llar. Hora y tres cuartos de su acostumbrado heavy metal, salpimentado con varias sorpresas a lo largo del set y en donde no faltaron la debida comunión con su gente, sobre todo con la audiencia más joven y hasta el confeti. Treinta años en la carretera pero aún con ganas de divertir y pasárselo bien. Y aunque aquí y allá hubiera pequeños errores, tampoco podemos decir que fueran a mayores o empañaran la jornada. Nada más lejos.
Como siempre, agradecer a FNR Promotora por todas las facilidades y mandar un afectuoso saludo a Eneko Ramos, Melissa Suárez, Iván Canedo y José Miguel “Lago”. Nos vemos en el siguiente.
Evento ya con solera y de entrada gratuita, por lo que esperábamos una buena entrada. Que la hubo, si bien con cuentagotas mientras Grave Noise daban inicio a las hostilidades. El Samuel Rodríguez parece un buen recinto donde celebrar eventos como el del pasado día catorce. El gran escenario que se dispuso en uno de los fondos, puestos de merchandising, barras y toda la pesca habitual. Así pues, una vez acreditados y en perfecto estado de revista, pusimos lo mejor de nosotros para confección de la crónica que os traemos a continuación.
Es la propia Sonia Moraleja quien, a eso de las 20:25 de la tarde introduce a Grave Noise, que se vieron en la siempre difícil tesitura de abrir el evento cuando, ya digo, el público asistente era más bien tirando a escaso. Algo que no arredró a este cuarteto de thrash formado a caballo entre Burgos y Soria y que tiene un segundo álbum, “Roots Of Damnation”, del que dimos buena cuenta allá por 2022. El público puede no fuera muy numeroso pero no tardaron en verse los primeros circle pits de la jornada. El sonido, si bien claro y nítido, otorgaba poca presencia a la guitarra del también frontman Iker Sanz, desluciendo aunque solo en parte su descarga.
Pero la banda tiene cortes con gancho y pegada, véanse “In God We Trash” o “Terror”. También ganas de pasarlo bien, como demuestra el hecho de que Edu Sanz y el propio Iker bajaran a perderse entre la gente durante uno de los temas. Benditos inalámbricos. Arriba del escenario quedó Toño, desgañitándose a gusto mientras la gente abajo se lo pasaba a lo grande. No faltó la estupenda “Perpetual Anxiety” y la forma en que recoge el legado de los franceses Gojira y lo embute dentro del habitual y animoso thrash del cuarteto. “Pura zapatilla castellana” como les gusta decir. Con la banda ya de nuevo reunida sobre las tablas y el reloj caminando inexorable hacia el final del set, mandó Sanz que les iluminasen con los móviles y pocas fueron las luces que no se encendieron en el Samuel Rodríguez. Los disfrutamos como primer plato y esperamos hacerlo más veces en un futuro cercano.
A punto de dar las nueve y media, acudían a la cita los pamplonicas Diabulus In Musica con su bien conocido power de aires sinfónicos. La banda con la muy risueña Zuberoa Aznárez al frente, llegó a tierras vallisoletanas enfrascada todavía en la presentación de un “Euphonic Entropy” editado en los albores del dichoso confinamiento.
No, eso que llaman el timing a la hora de editar su último álbum desde luego no fue el mejor. Tampoco el sonido que desplegaron durante unos primeros temas donde la bola de sonido formada no ayudó precisamente a distinguir con claridad los elementos presentes. Tocó, pues, tirar de carisma y tablas. Que quedó demostrado que los tienen y de sobra, en especial en las dos grandes figuras focales de la banda: la mencionada Zuberoa Aznárez a la voz limpia y Gorka Elso en guturales y teclados.
Es para “In Quest Of Sense” que el sonido empieza a ser redondo y nos permite disfrutar, en buenas condiciones, de una banda con la personalidad suficiente como para destacar en el tan concurrido terreno del power sinfónico. Resultan a un tiempo originales a la hora de construir sus composiciones y al otro muy hábiles a la hora de buscarle el gancho a su peculiar estilo. No abundan las bandas capaces de aunar ambas vertientes.
La pegadiza “The Misfit’s Swing” pondría la nota más circense a su actuación mientras Ioni Kor se dejaba la piel tras su kit de batería. El cambio de tercio que supone “Invisible” o el guiño al euskera de “Otoi” fueron configurando un set sólido por diverso, con un sonido que era al fin redondo, permitiéndonos disfrutar así de la verdadera medida de una banda como esta.
“Shadow Of The Throne” recordó a aquél ya lejano “The Wanderer” de 2012 y fue poniendo las últimas muescas en un set que tocaba a su fin. Con un público, cabe decirlo, un tanto diésel, quizá guardándose fuerzas para lo que aún quedaba por delante. Un show muy de menos a más, que hizo temer lo peor en sus primeros pasos pero dio fin, a eso de las 22:25, dejándonos un gran sabor de boca. Fácilmente una de las mejores ofertas que el género tiene para ofrecer dentro de la península.
Quienes sí disfrutaron de un gran sonido ya desde los primeros instantes fueron Delalma. La banda del ex-Mägo de OzManuel Seoane, que una década más tarde trae de vuelta a todo un Ramón Lage, convenció y de qué forma en el Samuel Rodríguez. La expectación era máxima. Las crónicas de eventos anteriores hablaban muy bien de anteriores descargas del proyecto y lo cierto es que durante la jornada no eran pocas las camisetas que pudimos entre la audiencia. Así pues, cuando faltan algo más de diez minutos para las once de la noche, Delalma irrumpen por fin sobre el escenario del Atalaya Rock.
Y lo hacen con el corte que inaugura el álbum, una “Acto De Fe” que, en directo, acrecenta y de qué forma a su encarnación de estudio, aún con la presencia de una única guitarra sobre el escenario. Muy enchufado Lage ya desde las primeras estrofas. Y un público que se sabe las letras casi al dedillo. Algo que, pensamos, tiene un mérito terrible. Dada su condición de álbum temático, no es “Delalma” un trabajo que lo ponga fácil en este aspecto. Quien más, quien menos, parecía haber hecho sus deberes a conciencia.
Con el bajista Jesús Cámara (Death&Legacy) como grave contrapunto a Lage en voces, la banda fue desgranando temas del mencionado debut como “Renegar De Ti”. Pero es la pegadiza “Mañana Vuelve A Oscurecer” la que realmente se lleva el gato al agua. El público llevaba en volandas a Seoane y los suyos, formando una comunión raras veces vista en una banda debutante como esta. Con matices, claro.
El propio Lage quiso autodedicarse “Y Aún Siento Estar Allí”, corte que viene a cambiarle el pie al set, poniendo la nota más nostálgica y sentida, valga la redundancia. Gran ovación la que se llevó el asturiano al término de esta. Diríamos que se le veía emocionado incluso. “Ritual” enganchó casi en la misma medida en que sorprendió “Wicked Game”, versión del californiano Chris Isaak, que a buen seguro pilló con el pie cambiado a más de uno. Tras la muy coreada “El Mirlo”, sorprende cómo Delalma optan entonces por el corte más extenso del álbum, que no es otro que “Luz Ni Tiempo”, que viene un poco a dar la verdadera medida de una banda como esta, con Ramón jugando entre registros y Dave Lande (Celtian) tramando una fantástica línea de batería.
Pero hay que hablar de Manuel Seoane. El madrileño dio en Pozal De Gallinas una lección de buen gusto y clase con la seis cuerdas. Y hay que hacerlo también de un Lage realmente pletórico. Había dudas con respecto al estado de forma que mostraría tras tanto tiempo alejado de los escenarios y la carretera y lo cierto es que lejos de parecer una sombra del frontman que fue, aún parece haber incorporado nuevos trucos y registros a su repertorio. Qué gustazo tenerle de vuelta y a semejante nivel.
Pero todo ha de tener un final, que en este caso fue para el single que anticipó al debut, la fantástica “Cárcel De Cristal” que la banda alargaría en su tramo final para uno de los puntos álgidos de todo el festival. No sabremos qué será de estos Delalma en un futuro a medio / largo plazo pero desde luego que el proyecto no podría haber empezado su andadura con mejor pie. La cita del trece de enero en la gijonesa Sala Acapulco está ya marcada a fuego en nuestro calendario.
Faltaban veinte para la una cuando los riojanos Tierra Santa tomaban el escenario del Atalaya Rock. Y lo harían no sin problemas. En concreto el amplificador de un Dan Díez queriendo erigirse en protagonista y aguando el arranque del set. Sea como fuere, aquí siguen los del guitarra y voz Ángel San Juan dando guerra. También un Roberto Gonzalo ya plenamente recuperado del infarto que sufriera hace poco más de un año durante un show en tierras mañas.
De un tiempo a esta parte parecemos abonados a los problemas. Los mencionados con el ampli de Díez vinieron a aguar la inicial “Pecado De Ángel”, no obstante la banda tiró de galones y, rápido cambio mediante, siguió adelante con el papel de headliner que la organización del evento tuvo a bien en otorgarles. En un set con un público entregado y muy por la causa, se fueron sucediendo clásico tras clásico para gozo y alegría de casi todos. Y es que se quiera o no, Tierra Santa son uno de los paradigmas de nuestro heavy metal: no serán los más técnicos ni tampoco los más rápidos pero ahí llevan un cuarto de siglo dando el callo. Desde luego algo tendrán.
Porque suena “Sangre De Reyes”, del disco homónimo, y la comunión entre público y banda es total. Con Díez aún batallando con y contra el dichoso amplificador, lo cierto es que la banda por fin acierta con el sonido y se dispone a ofrecer un show a la altura de las circunstancias. Al alimón con las clásicas “Apocalipsis” o “Tierras De Leyenda” suena la más reciente “El Dorado”, de aquél “Destino” de 2022 demostrando que la banda quiere (y debe) seguir mirando al futuro ante el riesgo de quedarse atrapados por su pasado como unos Ángeles del Infierno cualquiera.
Pero volviendo a lo que nos ocupa, Tierra Santa encontraron en Pozal De Gallinas a un público afín y muy fiel, que respondió con grandes dosis de calor y otras tantas de cariño a los grandes clásicos de su ya dilatada trayectoria. Véanse “Drácula” o “La Leyenda Del Holandés Errante”. Por todos es sabido, y si no pues lo digo ahora, que nunca he sido el mayor fan de los riojanos. Pero insisto en que algo tendrá el agua cuando la bendicen y lo cierto es que tras su paso por la última edición del Atalaya Rock y en honor a la verdad, solo caben buenas palabras.
Y es que para el cierre quedan cortes que si rondas de la treintena en adelante y has pasado tu vida pegado al heavy metal hecho aquí, es prácticamente imposible que no conozcas, aunque sea de oídas, cortes como “El Laberinto Del Minotauro”, “Alas De Fuego”, “Legendario” y, claro, “La Canción Del Pirata”. Cierto que vimos ya muy justo a Ángel en esta parte final del show. Cierto también que los presentes les dedicaron una ovación de despedida digna de banda legendaria.
El cierre del más reciente Atalaya Rock y como viene siendo cada vez más habitual en este tipo de eventos se le otorgó a la propuesta más extrema de la jornada, que no era otra que la banda de death melódico ahora radicada en Madrid Bloodhunter, a quienes hemos visto en numerosas ocasiones durante la presentación de su último “Knowledge Was The Price” y que volvió a responder a las expectativas como en ellos viene siendo habitual.
Su descarga no obstante se vería retrasada por la indisposición de un asistente al evento, que vino a provocar la entrada de los sanitarios en el recinto y la consiguiente espera e incertidumbre. Sin querer entrar en más detalles, vayan desde aquí nuestros mejores deseos en lo que esperemos sea su pronta recuperación.
Así las cosas, son casi las tres menos diez cuando Bloodhunter, siempre con Diva Satanica al frente y el inagotable carisma de Fabs Tejada al bajo, toman al asalto el escenario del Samuel Rodríguez. Y hay que decir que, cuando el sonido acompaña como vino a ser el caso, son una banda de lo más disfrutable. Guillermo Starless y Dani Arcos son una dupla de lo más fiable en guitarras. Técnicos y con clase, rara vez fallan.
Algo que queda claro a través de cortes vitriólicos como “A Twist Of Gate To Come” o la estupenda “Medea’s Guidance”, con su frontwoman bailando entre registros con una facilidad que asusta. Una que gana una barbaridad en directo es “Nothing Beyond The Realms Of Death”, mientras que en “Never Let It Rest” uno se pregunta si algún día llegará a materializarse en vivo una versión con el propio Tim Owens en comandita con la banda. En cualquier caso Diva Satanica la defendió con la fuerza de siempre, ennegreciendo un par de puntos al original presente en el álbum.
Pero fue llamar la coruñesa al wall of death y quedarnos con lo puesto como cuando salta el automático en casa. Por suerte, quiso la providencia que la cosa no fuera a mayores. Apenas unos instantes. Lo necesario para que el público recuperase fuerzas y brindase a Bloodhunter en particular y al festival en general la despedida que merecían. Esperando ya el nuevo álbum del cazador de sangre y la edición número dieciocho del festival vallisoletano.
Pero antes de que llegue la edición de 2024, cabe destacar lo bien que se dio la de este año. Buena asistencia, un sonido que salvo algunos momentos durante Diabulus in Musica y el díscolo ampli de Díez fue notable durante toda la jornada y una organización que pondría todo de su parte para que tanto nosotros como el resto de medios presentes pudiéramos realizar nuestra tarea sin mayores inconvenientes. Si acaso, la engorrosa presencia de fotógrafos arriba del escenario durante buena parte de los conciertos. En lo personal no me llegan a molestar, tengo que decirlo, pero sí que hubo más de un compañero del gremio al que la decisión le resultó de lo más engorrosa.
A fin de cuentas, si los mencionados fueron los mayores inconvenientes, podréis imaginar lo bien que se dio la jornada. Nosotros nos retiramos nada más terminar Bloodhunter, largo trecho aún hasta nuestro lugar de descanso, barruntando todo aquello que os hemos venido a contar en esta humilde crónica. Ojalá y dentro de doce meses os estemos contando una edición más del Atalaya Rock. De momento nos vemos en el siguiente.
Litostvienen de Valencia y en la info que nos adjuntan desde el sello catalán Blood Fire Death dicen practicar una mezcla de black, death y crust. Credenciales que uno tal vez no adivinaría viendo según qué fotos promocionales del cuarteto formado por Daniel (batería), Pedro (bajo y voz), Joaquín (guitarra y voz) y Manri (guitarra y voz). Este “Pathos”, que viene a suceder al debut “Ethos” de 2019, contó con Luis Varó para la grabación de baterías en BlackStage Studio mientras que el resto de voces e instrumentos vinieron al mundo de la mano de Manri, a la sazón fundador de la formación mediterránea. Las pistas resultantes serían convenientemente mezcladas y masterizadas por el BalmogJavi Félez (Altarage, Spectrum Mortis, Blazemth,Ouija, Foscor…) en los Moontower Studios. Con artwork de Pablo Ruiz Valls, el álbum se encuentra en la calle desde el 17 de marzo.
Literalmente tormentoso el prólogo de una “Tromba” que pronto transige hacia un metal extremo de fortísimo poso melódico. A través de un cuidado trabajo de guitarras y mientras Daniel descerraja la caja de su batería como si ésta le debiese dinero, la banda construye un arranque de álbum destinado a enganchar lo antes posible al oyente. Pero es toda vez alcanzamos las primeras estrofas que la composición muestra el verdadero músculo que se esconde tras este nuevo álbum. El equilibrio que logran entre ese fuerte influjo melódico y lo agónico de sus líneas de voz puede no resultar novedoso a estas alturas pero tampoco puedo decir que le falte pericia. Al contrario.
“Espectro” recrudece las esencias de Litost mientras prosiguen los blast beats incesantes y las voces agónicas. Todo rodeado de cuidados engarces entre estrofas, la banda saca músculo y de qué forma, para después perderse por toda una serie de cambios de ritmo que van desde lo más espacial y atmosférico hasta incluso la introspección semiacústica. Litost amalgama toda su maraña gramática con la solvencia que da una mezcla que distingue, sin mezclar, cada una de las líneas. Cada uno de los instrumentos. Irreprochable “Pathos” en este sentido. Agónico y tremebundo epílogo. Estupenda.
Sorprende la instrumental “Vigilante Del abismo”. Orquestal cinemática, de una épica desgastada, quizá no del todo acorde al leitmotiv del álbum, y que en cualquier caso nos transporta hasta una “Emboscada” que rezuma urgencia desde el primer acorde. Black, crust y viceversa fusionados para dar origen al corte más desquiciado de los ocho. Guitarras que dibujan melodías casi psicóticas, voces que más que gritar, aúllan, y una más que enrevesada línea de batería para dar forma a un corte que a falta de una duración mayor, condensa en ni tan siquiera cuatro minutos lo más demente de Manri y los suyos.
“Simún”, “temporal fuerte, cálido y seco de viento y arena, que sopla en el Sahara, Palestina, Jordania, Siria y los desiertos de Arabia. Su temperatura puede sobrepasar los 54 °C, con una humedad por debajo del 10%” en palabras de doña wikipedia, bien podría asemejarse a la tricefalia de una hidra. El paso más acompasado de su primer tercio, el más descosido que domina su tronco central y, finalmente, el más atmosférico que emergerá cerca del epílogo. Trazo poderoso, lleno de recovecos, que la banda resuelve sin sacrificar un ápice de intensidad. Otra de las grandes ofertas de este segundo trabajo.
“Barján De Céfiro”, también instrumental, se conduce esta vez hacia tonos más orientales, dejando entre medias un fuerte regusto que, tal vez por mi estrechez de miras en estos casos, me recuerda a los trabajos en solitario del NileKarl Sanders. A término irrumpe “Vendaval”, de nuevo instrumental y en la que Litost dan rienda suelta a su faceta más melódica mientras allana el camino para la ensalada de solos que se desatará más adelante. Todo bajo una firme y por momentos casi marcial batería de Daniel, que apenas pierde ripio a lo largo de estos cuatro minutos de técnica fulgurante. Curiosa cuanto menos.
Para el cierre queda el corte más extenso de este nuevo álbum, los cinco minutos largos de una “Galerna” que, para sorpresa de casi nadie, aglutina muchos de los grandes rasgos que identifican la particular forma de componer de los valencianos. Que de todos modos no resultará nada reiterativa o redundante pues está dispuesta a través de tonos, hasta cierto punto divergentes conforme a los dispuestos con anterioridad dentro de “Pathos”. Un gran cierre.
Litost “término acuñado por el filósofo checo Milan Kundera y relacionado con la introspección y la miseria humana” les viene que ni pintado. El disco puede tener como lastre lo exiguo de su duración. Ocho cortes, varios de ellos instrumentales, para treinta minutos de música, puede pensarse son poca munición en unos tiempos donde los álbumes de cincuenta, sesenta o incluso setenta minutos están a la orden del día. La otra cara de la moneda es que, por ahí, “Pathos” apenas ofrece fisuras. Bien pensado desde el papel y mejor ejecutado, la banda da la sensación en todo momento de estar muy segura de lo que ha hecho. Y se nota.
Primera edición del Pravia Rock Fest en un recinto que en esta casa conocemos de sobra como son las instalaciones deportivas de Agones. Cuestiones de agenda nos imposibilitaron estar presentes las dos jornadas pero no quisimos irnos el sábado a Pozal de Gallinas sin dar buena cuenta de las descargas de Crudo, Fe de Ratas, Dixebra y Def Con Dos el pasado viernes trece. Con la espada de Damocles sobre nosotros en forma de nubes amenazando con el diluvio, la muy otoñal tarde noche vino a darse más o menos como sigue.
Poco más de un mes hacía de nuestro último encuentro con Crudo, aquél en el que acompañaron en su veinticinco aniversario a Mala Reputaciónallá en su natal Cangas de Onís, y aquí estaba de nuevo en la pelea la banda que forman Víctor Vivar, Luis Melero, Adrián «Petu» Simón y Javier Colero.
Pasaban cinco de las siete cuando el aún escaso público presente recibía de buena gana “La Espiral”, corte que arrancó así la primera edición de un festival que, en aras de la salud y la diversidad de nuestra escena, esperamos tenga continuación en años venideros. La banda celebra estos días su decimoquinto aniversario, el tiempo vuela y no te das cuenta, por lo que tuvieron a bien reunir un set que repasara con cuidado mimo toda su trayectoria.
Buen sonido el que desplegaron a través de cortes como “Sin Pedir Perdón” o “Jugando Sucio” de aquél “Somos Crudo” de 2009, con el más reciente fichaje Javier Colero dando la impresión de llevar toda una vida integrado en el seno de la formación. Será el tiempo que dicte si la suya es una estancia temporal o si, por contra, la banda ha encontrado en él y por fin la tan ansiada y necesaria cuadratura del círculo.
Recordó Vivar los mencionados quince años como banda que cumplían para después presentarnos una “Tras Tus Pasos” dedicada al tristemente desaparecido Bonien particular y a sus muchas influencias en general. Crudo cumplían así el doble propósito de anticiparnos un próximo trabajo y rendir merecido tributo a todas aquellas figuras que les han llevado a dónde están a día de hoy.
Mención aparte merece Luis Melero, quien pese a tener que hacer doblete, le tocaría volver a salir después con Fe de Ratas, no dudó en entregarse en cuerpo y alma al set, vaciándose en la también nueva “Zapatillas De Cuadros” o la rotunda “Otro Ladrillo En La Pared”, el visceral ataque de la banda contra la lacra de la violencia de género. No sería el único de la noche.
Seguía el goteo de gente para cuando suenan “Quiso Escapar”, que como dato que no viene al caso siempre apunto en mis notas como “Corazón Desorientado”, deformación profesional lo llaman, la férrea dupla final con “Recuerdos” y el ya habitual cierre con “El Avestruz”. Vinieron, se subieron a las tablas y se dejaron todo como en ellos viene siendo habitual. Aunque las circunstancias, la plomiza meteorología, la aún escasa presencia de público, les fueran adversas. Siempre en nuestro equipo.
Diríase que el punk de Fe de Ratas está lejos de nuestro acostumbrado área de influencia, pero el caso es que la banda de Maxi Compán, sonó más potente que nunca el pasado viernes trece. Desde luego sensiblemente más que con respecto a nuestro anterior encuentro con ellos, aquél que vino a darse en el Unirock de 2022.
Y es que un poco el entusiasmo y un mucho el empuje de Andrés “Drest” González en baterías suma y de qué manera al ya bien conocido punk rock de los asturianos. Ya dijimos el año pasado que, sin desmerecer a nadie, ésta nos parecía la mejor formación que hayan tenido y un tanto por ahí y otro por cómo les acompañó el sonido, lo cierto y verdad es que se las arreglaron para satisfacer a una audiencia, la asturiana, tan diésel como de costumbre. La habitual frialdad del público astur parece no entender de géneros.
Porque lo cierto es que Fe de Ratas, como digo, exhibieron un gran momento de forma. Rafa Kas, cincuenta y siete palos le contemplan, derrochó carisma y solos a partes iguales. El gijonés parece sentirse muy a gusto en el cuarteto avilesino, al que ha aportado un grano de arena más, convirtiendo al combo punk en una banda que no abandona su compromiso. Suena “El Rebaño” y tras ella Drest tiene un detalle para con la organización en particular y los bares y locales que apoyaban el evento en general. Todo mientras Rafa Kas derrochaba toda su bien conocida clase con las seis cuerdas.
“Yo Soy La Ley”, sobre la problemática de Guantánamo, “Solo Era Un Salvaje” con la degradación de nuestros ecosistemas como telón de fondo, la banda sigue con las miras tan afiladas como siempre. “Ammuar” o “Hasta La Victoria” dejan en el ambiente un cierto aroma a aquellas tardes, noches y madrugadas del itinerante Derrame Rock. “Miseria Frente A Miseria” y poco más de una hora de una banda que sigue igual de combativa que siempre y más potente que nunca.
Si Fe de Ratas entran de forma un tanto perpendicular en nuestro radar, otro tanto se podría decir de los igualmente combativos y comprometidos Dixebra. Verdadero emblema del rock n’asturianu pero una banda que ha sabido reciclarse con el paso de los años, acogiendo entre medias un amplio abanico de influencias que abarcan desde el punk más primario hasta al folk e incluso el ska.
Pero como digo están algo lejos de mi área de influencia y por ahí pido sinceras disculpas ante los más que probables gambazos. Incluso ante lo escueto de la misma. El caso es que los del infatigable Xune Elipe arriban al escenario del Pravia Rock Fest cuando faltan dos para las diez y ya desde los primeros cortes pudimos ver en la audiencia, al fin, algo de xaréu, lo que viene siendo algo de movimiento si eres de más allá de Pajares.
En una formación en la que caben guitarra, bajo, gaita, batería, trompetas… cabe destacar el gran sonido del que disfrutaron y no queríamos dejar pasar la oportunidad de mandar un más que merecido “buen trabajo” al grupo de técnicos de sonido de la Sala Óxido encargados de dicha faceta en el festival.
Pero volviendo a Dixebra, huelga decir que aquí destaca sobremanera la figura del incombustible Xune Elipe, sesenta y un años le contemplan, y por el que parece que no corre el tiempo. “Aprendiendo A Respirar” del reciente “Ente La Niebla” o la más clásica “Dime Cómo Ye” fueron configurando un set multiinfluencial, diverso, auténtico abanico de géneros que la banda aborda derrochando clase y profesionalidad a partes iguales pero sin perder tanto por un lado su conexión con la gente como su innegociable espíritu combativo y protestón. También inherentemente asturiano, claro, donde no faltan cánticos a favor de la oficialidá del asturianu.
Mucho baile ya en primeras filas, banda querida y seguida como pocas por estos lares. En especial cuando ya en las postrimerías del set suenan clásicos como “Mañana Fría” junto a “Yo Quiero Ser Gaiteru”, versión de Os Diplomáticos de Monte-Alto si nuestros datos no son inexactos. Despedida con “Esto Ye Asturies” y en general la sensación de haber vivido un buen show del nutrido combo astur.
Acudía a Pravia el combo radicado en la capital Def Con Dos enfrascado en una gira “Mutantes Pal Pueblo” que viene a conmemorar los treinta años, y parece que fue ayer, del film de Álex de la Iglesia “Acción Mutante”. Como siempre con César Strawberry al frente, la base rítmica ya clásica de la formación (J. Al Ándalus al bajo, Kiki Tornado en baterías) y la savia nueva que han venido a aportar Alberto Marín en guitarras y la dupla Samuel Barranco & Sagan Ummo como complemento y a la vez contrapunto vocal al propio Strawberry.
Había cierto runrun durante el acostumbrado parón entre bandas. Quien más, quien menos, parecía añorar a miembros ya pasados de la formación de, lo que el propio Strawberry llama “punk metal rap”. Pero fue disparar la intro, atacar con “Condición De Defensa” y toda duda quedó enterrada y olvidada. Esto sigue siendo el Def y aún parece que nada ni nadie les va a detener.
Porque cabe poco espacio a la duda mientras suenan “Acción Mutante” y la banda parece tan bien cohesionada como siempre. Aún cuando J. Al Ándalus tiene un traspiés y da con sus huesos en las tablas. Nada detiene al Def. “Sigo Siendo Heterosexual” pero sobre todo “Ciudadano Terrorista” caldearon los ánimos de una audiencia entregada por y para la causa. Unión frente a la estupidez, que buena falta nos hace.
Decía antes que siempre habrá quien eche en falta a quienes ya no están. De hecho el propio líder de la formación madrileña quiso guardó un momento para recordar a todos los músicos que han pasado por la banda. Que no son pocos. Pero en cualquier caso, lo cierto es que tanto Samuel Barranco como Sagan Ummo saben hacer suyos verdaderos clásicos generacionales como “Duro Y A La Encía” o “Tuno Bueno, El Tuno Muerto”, con un Alberto Marín al que se le veía disfrutar como nadie mientras descerrajaba riff tras riff sin perder ocasión para el headbang ni tampoco para buscar la conexión con la gente. Un músico que parece haber caído de pie en el seno Def, con todo lo que ello supone.
Y es que pocas veces hemos oído “Mineros Locos (Armas Pal Pueblo)” en una clave tan frenética como la del pasado viernes. Sea como digo la savia nueva que ha entrado en la banda, sea el más puro ansia de pasárselo bien del sexteto, lo cierto es que aquí Def Con Dos alcanzan unas cotas de intensidad pocas veces oídas en ellos.
De ahí que llegase no el merecido descanso pero sí cortes más apaciguados como esa curiosa fusión entre “La Culpa De Todo La Tiene Yoko Ono” y “Odio A Los Mártires Del Rock”. Strawberry, como ya viene siendo habitual en él, apenas cejó un instante en el empeño. Saltando, corriendo, rapeando y arengando como de costumbre. Otro que roza ya la sesentena y parece tener pocas ganas de abandonar un barco que, juventud obliga, luce en perfecto estado de revista.
Por supuesto que no faltó “Pánico A Una Muerte Ridícula”, favoritísima de quien escribe, junto a cortes más recientes donde destacan sobremanera “Zombi Franco” y “Mamarrachismo Power”, que vendría a apuntalar la vertiente más hardcore del combo. Su situación en el set tiene, además, cierto aire de auto reivindicación. Máxime si atendemos a que ésta es una gira que opta en gran medida por tirar de nostalgia a base de rescatar grandes clásicos. Para ejemplo un par de botones: “A.M.V. (Agrupación Mujeres Violentas)” y “Ultramemia”. También la fulgurante, y por desgracia todavía vigente “Ellas Denunciaron”, del muy reivindicable álbum de 1998 “De Poca Madre”.
Pero como salvo la estulticia de ciertos personajes todo ha de tener un final, el de Def Con Dos vendría dado por “La Cacería” y el aquelarre que siempre supone “El Día De La Bestia”. Están de moda las giras revival, pienso a bote pronto en Hamlet con su “Revolu-Insomnio” y al Def parece funcionarle la suya propia. En especial porque parecen mucho más cohesionados que en anteriores vistas con la presente formación. Pienso sin ir más lejos en aquella cita junto a Desakato en la plaza de la catedral de Oviedo allá por 2018. El tiempo juntos desde entonces parece haber surtido su efecto. Su amplia legión de seguidores tiene motivos para estar más que satisfecha.
Cuatro propuestas tan parecidas en fondo como distintas en superficie. Un buen sonido durante toda la jornada y una organización a la que no se le pueden hacer grandes reproches. Pero lo cierto es que, al menos en lo que al día trece se refiere, la asistencia estuvo por debajo de la esperada. Sea por una mera diferencia entre oferta y demanda, por tratarse de un evento al aire libre en pleno otoño asturiano o por cualquier otra razón que se nos ocurra, lo cierto es que el aspecto del recinto fue bastante desangelado por momentos. Sea como fuere y viendo que el sábado pareció tener mejor respuesta en cuanto a venta de tickets, esperamos encontrarnos dentro de doce meses con una segunda edición del Pravia Rock Fest.
Como viene siendo habitual, no queríamos cerrar esta crónica sin dar las gracias tanto a Franelrock Producciones como a la asociación Rock Nalón por todas las facilidades así como mandar un saludo a Iván Desván, nuestros queridos llobus Sara y Juanjo, Eneko Ramos, Santiago AlentornManuel Hernando, Angie García y aquellos que mi torpe cabeza no acierta a recordar. Nos vemos en el siguiente.
Debut para estos thrash/death madrileños de Avlak. Ellos son Álvaro Idrogo (bajo), Caín Sánchez (batería), Jorge Fernández (guitarra) y Aston Wirz (voz) y se formaron allá por 2021. Lanzando ya aquél mismo año el single “Get Out”, el cuarteto estrena ahora este primer largo de nombre “Portal”, grabado en El Horno Studios, donde también se llevarían a término las debidas labores de mezcla y masterización. La portada del álbum es obra del propio Wirz, quien contó con la ayuda de Nacho Delgado y Kairon Vinicius. “Portal” se encuentra en la calle desde el pasado febrero.
Es la propia “Portal” la encargada de abrir el disco. Que me agrada por su huida de la habitual entrada pomposa y recargada para ofrecer un trazo, hasta cierto punto enrevesado, y que funciona como un reloj a la hora de introducirte en el mood del álbum. Aquí toman vital importancia los buenos riffs de Jorge pero, sobre todo, la ágil línea de batería que dibuja Caín Sánchez. Es un primer corte hábil, que desde luego juega a hibridar un thrash iracundo con pequeños acentos de corte más técnico que terminan por redondear la oferta.
La más breve “Krampus” apuesta ahora por tonos más heavies en un corte que por momentos parece diseñado con el directo en mente. El hecho de que fuera uno de los adelantos de este debut no hace otra cosa que afianzar esa idea. Tampoco se trata de un tema facilón. Tiene los suficientes cambios de ritmo como para resultar llamativo. También un buen solo atravesando su tronco central. Pero con ello y con todo lo cierto es que no me engancha como lo hacen “Portal” y otras ofertas dentro del disco.
“Get Out”, tema que presumo posee gran peso sentimental para ellos, parece tejido a mayor gloria del maldito headbang. Gran parte de culpa es de los riffs de Jorge Fernández pero también de esa batería de avance acompasado, por momentos casi marcial. No puedo decir en ningún caso que me sorprenda y sin embargo sí que me engancha por la pesadez de sus estrofas y la forma en que flirtea con el death metal aquí y allá:
Otro corte que juega a hibridar ambos géneros de forma más que inteligente es este “Shooting Platform”, que confrontará el poso más oscuro de sus estrofas contra unos estribilllos que sin mayores problemas podrían recordar a Anthrax. El bajo de Álvaro aparece ahora más alto en la mezcla, lo que viene a dar una mayor enjundia al empaquetado final, rematado por un más que decente solo de Jorge durante el puente.
“Eye Of Belial” trae aparejado uno de los prólogos más interesantes de todo “Portal”, roto de forma brusca para acometer un thrash tan iracundo como embrionario. El nombre de mis paisanos Beast Inside sobrevuela en estas estrofas, si bien en los riffs de Jorge hay intenciones algo más extremas y oscuras. En particular durante ese tronco central nervioso y acelerado. Aquí me gusta la forma en que la mezcla amalgama y armoniza las distintas líneas de voz y no tanto un epílogo algo descompensado. Con eso y con todo fácilmente una de mis favoritas del debut.
“Uruk-Hai” enlazará con aquellos dejes más extremos de su predecesora cara a entregar otro corte vibrante y nervioso, que en primeras escuchas reconozco pasé algo por alto pero que con las distintas vueltas al disco he comenzado a apreciar. En especial por ese trazo más retorcido pero también por la forma en que rompe la tónica general del tracklist.
Algo que “Massive Destruction” intenta igualmente, si bien pienso que con aire desigual. Avlak se inundan ahora de un poso más groovie que, pienso, funciona solo a ratos. Los poco más de tres minutos que marca en el reloj tampoco ayudan. Sí que es un corte más diverso en cuanto a líneas de voz, lo que termina por aportarle algo más de color. Por contra, su estribillo no llega a funcionar del todo. Se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que el empaquetado final no alcanza a ser del todo redondo.
La banda sigue buscando la pesadez en una “Lord Of The Pit” que sin resultar rupturista ni original, se las apaña para amplificar el rango influencial del disco al tiempo que aporta un trazo lo suficientemente inteligente como para no caer en el mero refrito. A la cola del bando ganador de este “Portal”.
Anthrax acuden de nuevo a mi subconsciente cada vez que alcanzo “Gremlins (In The Pool)”, cierre de este debut y corte más que interesante en cuanto a trazo. También en lo referente a construcción de voces y coros y, finalmente, en lo que a riffs concierne. Bien pareciera que Jorge se ha guardado lo mejor de su repertorio para este final atinado y más que notable. Y es que Avlak muestran ahora unas hechuras técnicas (casi) desconocidas en los ocho temas precedentes, saliendo más que airosos del envite y quién sabe si mostrando el camino a seguir en futuras evoluciones.
Desde luego no es el disco de thrash (o más bien thrash/death) más redondo que haya pasado por estas páginas pero tiene bastantes detalles de interés. Además se trata de un debut y, para más inri, de una banda que lleva junta apenas dos años, por lo que no convendría cargar las tintas en demasía. Mucho menos cuando tienes ante ti buenos cortes como “Portal” o “Eye Of Belial”, la cierta extrañeza de “Uruk-Hai” o ese final prometedor con “Gremlins (In The Pool)”. Un primer disco por encima del aprobado. Ahora a seguir creciendo.
Va avanzando el otoño y con él no la bajada de temperaturas pero sí una vuelta a las salas ya sin retorno. Y es que tocaba volver al Gong Galaxy Club, en este caso para dar cumplida cuenta de la descarga de los vigueses No One Alive y los locales Bestia Negra, presentando al fin en casa un “Animal Domination” del que ya os hablamos allá por el mes de junio. Con una entrada más que aceptable, aunque no era el único bolo interesante del día y echamos en falta a más de un habitual, la cosa se dio más o menos como sigue.
Aquellos primeros tiempos en que esta sala era una ruleta de la fortuna en lo que a horarios respecta parecen hoy cosa del pasado. Y es que faltan dos minutos para las nueve cuando No One Alive arriban a escena prestos a presentar su álbum debut “Don’t Leave Your Child Alone”. Otro tanto se podría decir del sonido. Isaac Prieto una noche más llevando a los músicos en volandas.
Los vigueses por lo pronto nos parecieron una más que acertada compañía para Bestia Negra. Su heavy metal, si bien no igual en superficie, sí que guarda muchos paralelismos en fondo con el de los asturianos. Mucha clase en unos riffs de escuela clásica que hicieron todo por calentar al aún menguado público presente. Ayudó como digo el buen sonido del que disfrutaron. También que el chico nuevo en la oficina, Álex Otero (Lethal Vice, Blast Off) en guitarra rítmica, se mostrase tanto y tan bien integrado en la disciplina del quinteto.
Quien acapara focos, como no podía ser de otra forma, es Valentín Fernández. No One Alive tiene en él a un frontman de hechuras clásicas y con carisma suficiente como para sacar adelante un show ante un público tan “diesel” como el asturiano. Entre temas propios como “The Boogeyman” se sacarían de la manga una inesperada versión del “House Of The Rising Sun” de The Animals para sorpresa de todos o casi todos los presentes.
En la figura de Gonzalo CampanellaNo One Alive parecen haber encontrado un solista de garantías. Pudimos verlo a través de una “Till Death Do Us Part” que Fernández dedicaría “a todas las que ya no están” y que supuso uno de los puntos fuertes de su paso por tierras asturianas. Y mientras que tras “A Trip To Your Life” dibujan un pequeño guiño al inmortal “Stairway To Heaven” de Led Zeppelin, la voz de Bestia Negra acompaña a la banda arriba del escenario para una efectiva “Come To My Rise”.
“A Reason Why?” o el recuerdo a su primer Ep que supuso “Devil’s Right Hand” interpretados con fe y ganas, que era lo mínimo que se les pedía, al final todo fue cuadrando para dejarnos con un gran sabor de boca. Sesenta minutos exactos para dejar claro que con ellos el heavy metal sigue a buen recaudo.
Otro tanto se podría decir de Bestia Negra. Son las diez y veintidós minutos cuando Gil y los suyos irrumpen en el escenario. Y al igual que sus compañeros de velada, lo harían con una novedad en la figura de CarlosReboredo (Selfaware), batería que viene así a reemplazar en el puesto a Rafa. Introducción mediante, nos dispusimos a disfrutar de un ramillete de temas que, aun leales con la tradición más clásica, no dejan de tener el toque personal e inconfundible del combo ovetense.
En un repertorio que tanto la banda como quienes nos encontrábamos frente al escenario tenemos más que aprendido, bien está ese arranque con “Winds Of War”. Bestia Negra practican un heavy metal terrenal, muy apegado a las raíces, que busca las esencias elementales con sinceridad y orgullo. Intro al margen, no ha lugar a pregrabaciones, coreografías o improbables juegos de luces. Sí en cambio al humo. Cantidades industriales. Por momentos la Gong parecía la Londres de Charles Dickens.
Humo que, evidentemente, magnificó el impacto de “Fear”, quizá el corte más oscuro del que dispone la banda hasta el día de hoy. Gil como siempre erigido en punta de lanza de un quinteto cada vez más seguro y afianzado. La propuesta que plantean podrá tener dobleces, particularmente en lo que a originalidad se refiere. Pero nadie puede negar tanto que disfrutan con lo que hacen como que hacen disfrutar a quien está abajo. Que desde luego es algo que no pueden decir otros.
Así las cosas, le llegó el turno a “Faster Than A Bullet”, primer corte que alumbraron como banda y en el que Gil exuda carisma y gravedad a partes iguales. “The Harbinger”, que con el correr de los meses se ha ido convirtiendo en favorita de quien escribe, mostró por igual lo llamativo de su trazo así como lo lacónico pero efectivo de su estribillo. Servidor la disfrutó de muy buena gana, si bien fue “Angel Of Death” la que por fin logró hacer clic en el siempre difícil público astur.
“Gift From Gods” sirvió a su vez como recuerdo al gran Randy Rhoads y también cuña para que Gil presentase a la banda, con especial atención a la figura del nuevo rompeparches. Tras ella llegaría la primera de las colaboraciones de la noche, en este caso en la figura de Michael Arthur Long, a la sazón voz de Secta y Drunken Buddha, para la siempre disfrutona “Hell Over Me”. Ni siquiera importó que el clavo que sujetaba la correa de la Les Paul de José Antonio dijera basta. Rápido recambio por una preciosa Flying V y a seguir.
Como siguió el baile de invitados, siendo esta vez Valentín Fernández de No One Alive quien aparece en las tablas para uno de los cortes más rotundos de Bestia Negra, que no es otro que “Hate”, con la banda en general y Román en particular dando el do de pecho que diría un clásico. El solista de Bestia Negra encaja como un guante aquí. Huye de florituras ególatras y/o masturbatorias, opera a favor de obra y siempre cumple. Y es que como siempre digo: no siempre “más” va a ser sinónimo de “mejor”.
Y digo que no siempre porque la banda tuvo entonces a bien rodearse de un trío de voces digno de verse y oírse. A saber: Txeffy (Kraken A Feira, Actvs Mortis), Jorge (Caballo Moldavo) y Didi Stone (Brutalfly), incluso cierta figura mitológica ocuparía su porción de escenario. Todo para interpretar el inmortal “Killed By Death” de Motörhead, cerrar la noche por todo lo alto y dejar la satisfacción del trabajo bien hecho. Si Lemmy no resucita de esta, yo ya no sé.
Mucha cara conocida entre el público y una banda que se tiene bien ganado el cariño de la gente. Como ya digo ni inventan nada ni lo pretenden tampoco. Pero tienen corazón y derrochan carisma, que es algo que se tiene o no se tiene. Y Bestia Negra lo tienen. Si además se rodean de grandes amigos, como fue el caso, la fiesta está más que asegurada. Les deseamos lo mejor.
Vayan desde aquí saludos a ambas bandas al completo, también al grupo de invitados, al equipo de Diario De Un Metalhead, los hermanos Veloz, Santiago Alentorn, Dolfo, Joel Petersen, Susana Crespo, Isaac Prieto (sonidazo una noche más), Diañu y todos aquellos que mi cabeza ahora no recuerda. Sepan disculparme. Nos vemos en el siguiente.
Y meses después de nuestra última visita, regresamos a la Ángeles y Demonios, esta vez con motivo de la presentación de “Gruñidos”, primer álbum de la banda de rock Chabacanos. Con una más que buena entrada, pocas veces habremos visto tan concurrida la sala gijonesa y en solitario, echándole morro al asunto, que de eso va también el rock and roll, la joven agrupación asturiana salió a escena dispuesta a buscarse su hueco en la concurrida escena regional.
Faltaban cinco para las diez cuando Ghe (batería, coros), Berti (bajo), Jorge Tello y Edu (guitarras, coros) y Álex Mallada (voces) irrumpen en la coqueta sala gijonesa de cara a brindarnos casi hora y media de auténtico rock urbano.
Porque los efluvios de bandas como Marea, Extremoduro, Sínkope incluso Platero y Tú (estos un tanto menos) son sensibles desde que el quinteto arranca con “Piel de Humo” y se dejan sentir las primeras estrofas. Chabacanos parece ser la típica banda que no engaña en cuanto a pretensiones y por ahí la solidez de sus composiciones termina por salir a la luz.
Además su propuesta parece haber caído de pie. Al menos en la ciudad de Melchor de Jovellanos. Como decimos no era poca la gente que se agolpaba el viernes en la Ángeles, una buena muestra del interés suscitado ya por el joven quinteto de rock and roll. Más allá de las obligadas pausas para afinar, se suceden temas como “A Pleno Pulmón” o “La Ruinera” mientras dejan en todo momento la sensación de estar cómodos en escena. Si había nervios en el seno de la banda, que con toda probabilidad sí, desde luego no se dejaron notar. Los chicos parecieron disfrutar en todo momento del show y así nos lo harían saber.
Suena “Boni” en recuerdo del tristemente desaparecido guitarra de Barricada, referente que parece más que claro en el imaginario de los asturianos. Comprometidos sin llegar a lo panfletario, el papel de Mallada como frontman es sincero. Seguro también. Su registro no engaña y el chico tiene carisma para lidiar con el público. Fácil, claro, cuando tienes a tanto buen amigo delante del escenario. O incluso dentro de él, con la ocasional colaboración de David a la guitarra y coros.
Pero también cuando el mentado vocalista se lía la manta a la cabeza (o en este caso, el pañuelo) y se queda solo para una pequeña intermisión en el set. Nos pareció feo el detalle de que muchos aprovecharan para salir a echar un cigarro. O lo que fuere. Dentro de la sala siguieron el rock y las buenas vibraciones toda vez la banda regresó en completo a escena para encarar ya una segunda mitad del show que arranca “Les Rexes”, donde musican un poema, cuentan, lanzado por un recluso a través de las rejas de la antigua cárcel de Oviedo.
Retornó pues la distorsión y con él la gente que se había ido fuera. Con una buena amiga del quinteto como Sandra (Dr. Nekro) echando un cable en tareas vocales y una audiencia cada vez más enchufada, no las prometíamos muy felices en este tramo final. La banda supo responder al calor recibido. El sonido, si bien a veces costaba seguir la voz de Mallada, no podemos decir que fuera malo. Contaban con un siempre seguro Nefta a los controles. Fue el encargado de grabar “Gruñidos” y desde luego les conoce bien.
“Del Cielo al Suelo” fue una de las más celebradas de este tramo final. Y “Que la Tierra…”, original de Mala Reputación, fue sabiamente llevada al terreno algo más callejero del quinteto. No era poco el calor reinante en la Ángeles y Demonios en este tramo final donde la banda aborda los acostumbrados bises y se deja oír el ineludible “otres tres” por parte de una audiencia entregada y muy por la labor. La banda desliza para el cierre “Falsos Profetas” y “Animal Peligroso”, finiquitado casi hora y media de buen rock and roll.
Hay un cierto tipo de sensaciones que solo bandas como esta saben generar y se nota. Un tanto perpendiculares al tipo de música que solemos traeros a estas líneas, intentamos ser flexibles y a pesar de ello los días siguen teniendo solo veinticuatro horas, lo cierto es que como dije más arriba la banda parece haber caído de pie en nuestra escena. No hemos cubierto muchas presentaciones de un primer álbum en donde la audiencia resultase tan amplia en número y tan entregada en causa. La más cercana que se nos ocurre fue la de Aneuma, precisamente en la misma sala hace ahora casi un año.
Chabacanos, en definitiva, no engañan ni tampoco defraudan. Algo muy importante en proyectos de nuevo cuño como es el caso. Ya habrá tiempo de buscar un sonido más personal e identificable. O no, mientras nos sigan dando buenas raciones de rock urbano y sincero como hicieron la noche del viernes.
Como viene siendo habitual, no queríamos despedir esta crónica sin mandar nuestro agradecimiento a Rheme Peláez por todas las facilidades así como un saludo a Nefta, Gin, Turo y Lili. Nos vemos en el siguiente.
Ep kinki el que hoy nos llega de la mano del bajista Gus Suárez, el guitarra Quilo Zapico, el batería Rodrigo «Moy» Jiménez y la voz Pablo Zapico. Cuatro temas grabados en Turiellos, locales de la Asociación de Músicos del Nalón en abril de 2022 y posteriormente masterizados por el propio vocalista de la banda. Diseñado y dibujado por Quilo Zapico, todo queda en casa, el trabajo suena más o menos como sigue.
Es el bajo de Gus quien inaugura en “Frecuencia” este pequeño paso para los Kinkis. Arranque de sonido sucio, que economiza en riffs mientras desarrolla estrofas vivas y ágiles. Puede que no sea el estribillo que más me enganche de los cuatro. Cierto es también que el primer encontronazo con estos temas fue el directo y por ahí que su traslación al estudio llegue a perderse algo en lo que a energía se refiere.
Sea como fuere, “Sacrificios” se agazapa tras su extraño prólogo para derivar hacia unas tensiones más punk, si bien el corte acostumbra a fluctuar entre géneros casi a cada paso. Por ahí me agrada la gama de riffs que ha tramado Quilo, así como los bien disimulados cambios de ritmo. Cierto que la línea de voz avanza un tanto a trompicones. Y sin embargo, no son pocas las veces que me he sorprendido a mí mismo repitiendo ese “y quitarse de los vi-vi-vi-cios” cuando estrenaron el videoclip correspondiente meses atrás. Qué cosas.
Es “Nordeste” sin embargo la que más llama mi atención de las cuatro. Algo que no sorprende pues, en la mayor pesadez que despliega, pasa por ser la más cercana al metal de todo el Ep. La cabra, para no variar, vuelve a tirar al monte. Pablo está convenientemente más agrio y el resultado global, a ratos, me recuerda a sus casi vecinos de Dr. Nekro. Esa mayor aspereza alcanzará incluso al propio aspecto lírico, más oscuro, retorcido incluso, en esta tercera entrega.
Quizá como compensación tras ese pulso más pesado, oscuro incluso, “Puzzles” abraza sin medida un nervio decididamente más punk. Siempre sin perder el nexo de unión con el resto de cortes, pero a su vez descubriendo a unos Kinkis más vivarachos y también directos. Composición a ratos bipolar, que me agrada por la construcción de sus estrofas y cierra el Ep dejando al oyente más gruñón con ganas de más.
Es necesario vibrar en la misma frecuencia que la banda y quizá hacer algún sacrificio que otro para encontrarte en el punto cardinal exacto donde todas las piezas del puzzle terminan por encajar. Entre el punk, el rock y el metal, con una idiosincrasia muy asturiana, que bien puede recordar en fondo, que no en forma, a otro disco que pasara recientemente por estas líneas, “Perdón X El Retraso” de Ofensivos, lo cierto es que los Kinkis parecen proseguir aquella estela de los Destilería, Paco Jones y demás bandas de rock anclado entre la irreverencia y un punto de mala leche que nunca sobra. Ya contaban con nuestra curiosidad. Ahora tienen nuestra atención.
Toda una faena salir entre los dos hipotéticos cabezas de cartel, Sôber y Angelus Apatrida, máxime cuando es la hora de la cena y mucha gente ha aprovechado para arrimarse a los distintos food trucks y reponer fuerzas de cara a la recta final de la noche. Así las cosas, cuando los ciudarealenses Celtibeerian se suben a escena, se topan de bruces con la ya consabiida frialdad del público asturiano en su máximo esplendor.
¿Hizo la banda algún esfuerzo por sacar al mencionado público del letargo? Pensamos que sí. Lo que no tenemos tan claro es que lo lograran. Que si bien por momentos hubo bailes y puños en alto, no fueron pocas las veces que el frontman Gus llamó al orden a la audiencia vista la pasividad de ésta.
Mientas deslizaban temas como la inicial “Spread The Fire” o la más apropiada, a tenor del entorno, “The Harvest Song”, lo cierto es que entre zanfoña, gaitas, flautas y elementos puramente metálicos, los manchegos rara vez alcanzaron a sonar todo lo nítidos que su propuesta requiere. Una pena porque ya digo que el empeño de la banda sobre las tablas a buen seguro merecía algo más de calor por parte del respetable. Pero por más que sonasen “Praise To The Vineyard” o “Fear My Beard” no hubo manera de levantar el vuelo. O la birra.
No fue hasta la dupla final, “The Booze Song” y, sobre todo “Looking For Beer” que la gente pareció salir del letargo, arrimada a un sonido que terminó por ser redondo al final del set y acompañó en volandas, por fin, a los folkies manchegos. Desde luego que no fue la noche más fácil para ellos y que los cambios en su alineación necesiten un mayor rodaje, pero desde luego les honra las ganas que le pusieron al asunto.
Con el público de vuelta y con el buche lleno, los albaceteños Angelus Apatrida salieron a insuflarle nueva vida a un festival que, durante el show de Celtibeerian, parecía abandonado al letargo. José J. Izquierdo al bajo, Víctor Valera en baterías, David G. Álvarez en guitarras y Guillermo Izquierdo en guitarra y voces vinieron a añadir una victoria más en su ya larga lista de visitas a la región para sorpresa de nadie.
Y es que mientras que el tiempo no demuestre lo contrario, Angelus Apatrida llevan tiempo instalados en una balsa de aceite desde la que ofrecen shows incomensurables como si la cosa resultase sencilla. Como si no costasen trabajo toda ese energía. La precisión con que ejecutan ese thrash vigoroso e incendiario. En un mundillo donde nadie regala nada, los manchegos se han labrado con honores un nombre en la escena thrash estatal y a cada verano que pasa, también en la internacional.
No ha lugar al parpadeo. Desde “Bleed The Crown” y con el que seguramente fuera el sonido más redondo de toda la jornada, casi increíble cómo se distinguían todos los elementos presentes en la mezcla en lo que pareció poco menos que un ejercicio de funambulismo sonoro. Todo apoyado por un Víctor Valera que vendría a dar poco menos que una lección magistral sobre como aporrear una batería con clase pero también con contundencia.
Así fueron cayendo temas. Entre ellos un “Indoctrinate”, favorito absoluto de los manchegos, entre otros como “Vomitive” o “Childhood’s End”. El setlist, en realidad, da un poco igual. La gente se lo pasó en grande y montó circle pits y pogos casi a cada tema que sonó por los altavoces. Entregados en cuerpo y alma a la que, hoy por hoy, es de largo una de nuestras bandas de metal más relevantes tanto aquí como fuera. Algo que se han ganado a base de trabajo y que desde luego nadie salvo ellos mismos les podrá arrebatar.
Mediado el show, “We Stand Alone” tiene mucho de declaración de intenciones:
“We Stand/ All Alone/ We Stand/ Forevermore”
… porque ese parece ser el leitmotiv que impulsa al cuarteto desde siempre, por más que el corte pertenezca a su último trabajo de estudio. Penúltimo cuando vea la luz “Aftermath” dentro de poco menos de un mes. Algo que el propio Guillermo se encargó de recordarnos varias veces durante la noche, así como la próxima cita en suelo asturiano, la que habrá de tener lugar en la Sala Acapulco el dos de diciembre. La máquina no se detiene más que para coger impulso.
“Give ‘Em War”, “Sharpen The Guillotine” van finiquitando un show que, prácticamente, no ha tenido dobleces. Apenas un guiño de David al próximo álbum de la banda y las inevitables pausas para afinar guitarras. Más allá de eso, la imparable apisonadora a la que nos tienen acostumbrados. “You Are Next” supondría el inevitable final de otra gran noche para ellos. A día de hoy una apuesta segura, un rodillo que te pasa por encima con una fuerza apabullante. Se nos agotan los calificativos. Desde aquí desearles lo mejor cara al gigantesco tour por suelo europeo que tienen por delante.
Si ya de por sí no era empresa fácil salir a escena tras el bolazo de la apisonadora albaceteña, menos cuando la tecnología te da la espalda y no permite llevar a cabo tu descarga con normalidad. Vino a ser el caso, precisamente, con la banda que lidera el propio organizador del evento. El destino, a veces cabrón y desagradecido, quiso de esta manera recompensar las incontables horas de trabajo de Mikel al frente de una nueva edición del Karma Fest.
Casi la una cuando la banda de metalcore irrumpe al fin sobre las tablas. Tales eran los problemas que lo harían inicialmente sin bajista, más tarde haría irrupción en el escenario un infatigable Willy Rodríguez (Where The Waves Are Born, Ariadne) para sorpresa de gran parte de la audiencia. Y es que cuando las cosas se tuercen no hay nada que hacer. Podría deducirse de mis palabras que el bolo resultó decepcionante. Si acaso en duración, apenas veinte minutos, pero desde luego no en fuerza y ganas.
Porque As Life Burns supieron impregnar del debido mal café una “We Are Animals” que, tras la larga espera, nos supo a gloria. Además la banda jugaba en casa y se notó en cuanto a reacción de un público, no vamos a mentir, mermado en número tras la descarga de Angelus Apatrida.
Mikel y los suyos terminarían por reducir el set que tenían previsto como deferencia al par de bandas que restaban por salir. Algo que tratándose de, como decimos, la banda del organizador del sarao, no deja de parecernos un detallazo. En amistosa charla con el bueno de Fran Rubio, ambos vinimos a coincidir en que pocos organizadores habrían tenido el detalle. Vaya por tanto desde aquí nuestro aprecio por el gesto y la mejor de las suerte en futuras citas. Desde luego la merecen.
Así las cosas, había cierto runrún previo a la salida de Bonecarver a escena. Los madrileños, anteriormente conocidos como Cannibal Grandpa, vendrían a poner la nota más extrema de la jornada con su deathcore de guiños sinfónicos. Con dos discos en el mercado, aquél “Evil” de 2021 y el más reciente “Carnage Funeral”, ambos editados por el macrosello estadounidense Unique Leader Records, algo tendrá el agua cuando la bendicen, nadie esperaba ningún tipo de sutilezas por su parte.
Fernando Del Villar, a la sazón voz de un cuarteto que a día de hoy opera sin bajista, y que si nuestros datos son correctos completan Rubén Contreras en baterías junto a Alex Tena y Alberto Bravo en guitarras, vino a mostrar en Pola de Laviana una gama interminable de guturales, chirridos y pig squeals que a buen seguro hicieron las delicias de más de un vecino de la localidad asturiana a las altas horas en que se desarrolló su descarga.
Pero gustos del público al margen, no todo el mundo tiene por qué gustar de las andanadas extremas de los madrileños, lo cierto es que fueron una incesante trituradora de cuellos desde que la inicial “Revolver” se hizo carne y habitó en nuestros ya fatigados cuerpos. Eran más de doce horas las que algunos llevábamos al pie del cañón y desde luego se notó. Si la edición de 2024 sigue por estos derroteros habrá que considerar seriamente la ingesta de bebida energética por vía intravenosa.
Pero hablamos por nosotros, claro. Lo cierto y verdad es que mientras descargaban blast beats incesante y riffs capaces de derribar edificios enteros cual aeroplano en septiembre, no fue poca la gente que se quedó a altas horas decidida a hacer frente al cansancio y disfrutar de los habituales pogos y circle pits. “Overtorture” reza uno de sus cortes. Y tanto que sí.
Como reza el dicho: “no habrán inventado el pan, pero desde luego saben como hacer buenas tostadas”. En lo personal fueron otro de los grandes aciertos de esta edición, si bien entiendo que su propuesta le resultase intragable a más de uno.
Si nada agradable fue doce horas atrás (se dice pronto) la tarea de abrir, menos lo es la de echar el cierre. Papeleta que, por pura agenda, vino a recaer en la banda de Puerto de Vega Aneuma, a quienes habíamos visto apenas cinco días antes dentro del marco del Oviedo Rock.
Como ya sabréis, al quinteto que lidera Laura Alfonso le tenemos declarado aprecio. Su primer álbum pasó por estas líneas e incluso estuvimos presentes en aquella primera descarga en la gijonesa Ángeles y Demonios. Desde entonces que hemos venido siguiendo y relatando cada paso dado por la agrupación melodeath asturiana, su paulatino ascenso y esa sensación de promesa con visos de realidad dentro de la escena regional.
Borja, Abel, Jorge y Pau acompañaron a Laura desde un arranque, ya clásico en ellos como es “Fall Apart”, en el que las guitarras no llegarían a sonar con la claridad que muchos esperábamos. Con la claridad con la que, sin ir más lejos, habían sonado el pasado lunes en la capital. Y dio lo mismo porque a pesar de un día de lo más ajetreado para ellos, de las altas horas que eran (pasadas las 2:30) supieron suplir con ganas cualquier deficiencia en cuanto a mezcla o ecualización.
Con el sonido ganando ciertos enteros y aunque nunca llegase a ser todo lo óptimo que nos hubiera gustado, “Creatures” pondría la nota más oscura mientras Laura se desvivía por animar a una audiencia que bien parecía inasequible al desaliento y al cansancio. Bien es sabido, porque lo conté en la mencionada reseña del álbum, que la segunda mitad del mismo se me hace un tanto cuesta arriba. Y sin embargo, no niego que disfruté de la encarnación en vivo de una “Stand Tall” con Abel acompañando a Laura en tareas vocales.
“Creatures” sí que pienso funciona tanto en su versión del álbum como en una traslación al directo que sabe sacar no poco jugo de su ágil cambio de ritmo, con Jorge haciéndose grande tras su batería y Angelus Apatrida sin perder detalle de la descarga de la banda. “Ashes Of Your Fears” y ese pulso más melódico es otra que nunca falla.
Pero el Karma había que despedirlo a lo grande y qué mejor que dos rendiciones de un par de bandas seminales para el metal extremo: Carcass y Death, un “Evil Dead” con el que pondrían fin a la, hasta ahora, edición más ambiciosa del evento. En manos de los organizadores está el mejorar lo de este año. Tarea harto difícil si nos preguntan.
Sarna con gusto no pica, dicen. Lo cierto es que fueron muchas las horas que demandó la más reciente edición del festival lavianés. Más de trece desde que entramos por la puerta hasta que salimos por ella rumbo al merecido descanso. Con un montón de nuevas experiencias bajo el brazo, amén del habitual repaso fotográfico y esta crónica por capítulos que, esperamos hayáis leído, compartido y disfrutado.
Igualmente, no nos gustaría cerrar sin agradecer a la organización del evento todas las facilidades, ni tampoco mandar un saludo a los muchos músicos, amigos y fotógrafos con los que departimos en algún momento a lo largo de la jornada. Sois muchos para mencionaros a todos y ya sabéis lo que opinamos de las listas interminables. Nuestros mejores deseos para la edición del año próximo y el deseo, como siempre, de que nos volvamos a ver pronto.