Reseña: Burnt To Death «Doomed By Reality» (Autoproducción 2023)

Debut en formato corto para el trío asturiano de blackened death metal Burnt To Death, en el que encontramos a Zesatti en baterías, Kotard al bajo y coros y Solarfall en guitarra y voces. Grabado por Iván Ferro del Kollapse Stvdio, mezclado y masterizado en Satanic Audio por Haldor Grunberg (Behemoth, Dominance, Azarath, Vulture Lord…) y adornado por Chris Kiesling del Misanthropic Art (Deicide, Asphyx, Urn, Cloak, The Spirit…), “Doomed By Reality” vio la luz el pasado veinte de septiembre.

Desde luego que las guitarras que dan la bienvenida en “The Real Horror (Begins)” tienen mucho del sabor añejo del black más primario y elemental. Es toda vez acuden las primeras estrofas que el trío se zambulle en un curioso juego tonal donde la batería de Zesatti casi parece un muestrario de todas sus habilidades. Entre medias encuentro buenos riffs de guitarra, así como una ganancia en lo que a intensidad se refiere que otorgará una fuerza inusitada a su tronco central. La tensa calma que dibuja el epílogo viene a confirmar el buen sonido de todo el conjunto, con un bajo presente y bien empastado.

Dust” sorprende con esos aires casi marciales que irrumpen tras el prólogo. Muy marcados por la firme línea de batería, con Solarfall en voces lindantes con el black más primario. Buen solo el que acomodan en su tronco central, apoyado sobre una serie de riffs que me llevan a pensar en bandas como Possessed, primeros Death, Necrophagia… Tan directa como clásica, con el trío demostrando que sabe cómo conjugar distintas escuelas sin perder cohesión ni intensidad.

Just A Carcass” parece en principio un traje a medida de las pautas más death del trío. Incesante el martilleo, de nuevo casi marcial, en el que se desarrollan las primeras estrofas. Es toda vez el corte se dirige hacia su tronco central que éste acoge riffs y pulsos más próximos a un black del todo canónico para una de las ofertas más lúcidas y mejor rematadas del Ep. De nuevo un bajo muy marcado ocupa un epílogo entregado en cuerpo y alma a esa pulsión más pesada que alimentó al prólogo. Quizá mi favorita de las seis.

Unleashed”, llevada al terreno del videoclip por el bueno de Titi Muñoz, transige hacia posiciones más oscuras. También más disonantes, véanse las curiosas líneas de bajo que dibuja Kotard a través de las estrofas más apaciguadas. La banda no obvia aquí su el caos controlado con el que suelen alimentar sus composiciones. En especial y como digo a la hora de fundir una diversidad en cuanto a géneros que no obstante jamás hace mella en unos trazos sólidos y bien definidos. Estupenda.

Germinating The Seed Of Doubt”, donde el trío cuenta con la inestimable colaboración de Alicia, a la sazón frontwoman de los extremos lucenses Barbarian Prophecies, redirige hacia una mayor intensidad, extrae el debido jugo de su agreste dupla vocal y termina por acoger, camino del tronco central, un deje más atmosférico y frío, con Alicia haciéndose fuerte tras el micro. La encarnación más black de la banda irrumpe aquí con toda la fuerza. Magnificándose sobre unos riffs de marcado y orgulloso clasicismo. Un corte que bien merecía algo más que esos poco más de dos minutos y medio que marca en el reloj.

En términos puramente estructurales, “Deepest Sea Of Nightmares” puede ser el que más llame mi atención de los seis. También porque Solarfall opta aquí por una gama de riffs, también de solos, un tanto más inusuales, y desde luego distantes a muchos de los grandes leimotivs del Ep. De resultas de ello surge un corte que, sin obviar velocidades de infarto ni trazos más pesados y rocosos, sitúa las miras del trío mucho más allá de lo que otros cortes hacían intuir.

Qué difícil es hacerse sitio y destacar en una escena cada vez más poblada por bandas de todo signo y condición. La apuesta de estos Burnt To Death no podría resultar más clásica en sus propósitos, esa confrontación directa entre black raudo y death intenso que, a ratos, llega a dar buenos frutos. Hay por ahí alguna oferta algo más distraída y riffs con cierto aroma a déjà vu, pero el resultado global dista mucho de ser catastrófico. Máxime teniendo en cuenta la juventud del proyecto. “Doomed By Reality” resulta finalmente una buena primera piedra sobre la que comenzar a edificar su trayectoria. Permaneceremos ojo avizor.

Texto: David Naves

Crónica: Fuck Mateo ’23 (Oviedo 16/9/2023)

Comenzaron las fiestas de San Mateo en la capital asturiana con una cita que no nos podíamos perder. Y no, no nos referimos a la de cierta defraudadora fiscal que congregó a miles de personas en el centro, colapsando calles y dejando constancia una vez más de que la caspa siempre tiene un principio pero nunca un final. Nacía el Fuck Mateo con ánimo de contrarrestar a tanto muermo, congregando en la presente edición en el Chigre Cultural Lata de Zinc a las bandas Beast Inside, Absalem y Soldier. Allí que nos fuimos con las baterías bien cargadas. Literal y metafóricamente hablando.

Los de Pravia siguen dándole vueltas a su debut de 2022 “Under Control”. Su formación, a estas alturas, es bien conocida por todos: Jandro en voces, Pedro Pravia y Chema Bretón en guitarras, Dani Casado al bajo y Poyo en baterías como más reciente fichaje.

Faces Of Death” abriría así la noche, ante poco público, cierto es, pero sonando tan bien como nos tienen acostumbrados. La Lata, de hecho, parece ir paso a paso mejorando en aspectos relativos al sonido, si bien quedan otros un tanto en el alero, particularmente en lo que a luces se refiere, que viene a entorpecer el poder extraer mejores fotos del evento. Pero volviendo a lo que nos ocupa, ya decimos que el quinteto volvió a mostrarse tan sólido como acostumbra.

El repaso extensivo a su debut, los años que llevan dándole vueltas a estas canciones, redunda en una falta de sorpresas que Jandro, que se desvivió por calentar al personal, supo contrarrestar. Y es que la bien conocida frialdad del público astur se dejó notar una noche más. “¿Cuatro días de Melendi?”. Sí, nosotros también nos preguntamos cómo puede ser posible. Al infumable cantautor ovetense le dedicarían una “Fuck em All” que nos supo a gloria.

Pero no detendrían ahí las hostilidades. Con Bretón erigido en particular guitar hero de la agrupación thrash, doblando con Pravia en “Unpunished”, uno de sus temas con mejor enganche con la audiencia. Aunque ya decimos que ésta se mostró un tanto fría con los thrashers del centro-occidente. Al punto de que el propio Jandro nos preguntaría, no con poca razón, si estábamos en “modo ahorro”.

En cualquier caso y como era de prever, nada amilanó a la Bestia. Porque sea cual sea la reacción que provoquen, siempre cumplen y es de agradecer. “Ni un solo niño soldado más” clamaba Jandro tras el micro mientras Poyo continuaba percutiendo con la seguridad que en él viene siendo norma. “War”, tímido wall of death mediante, es de nuevo el final para ellos. Como digo siguen dándole vueltas a los temas de su debut pero queda en el aire la sensación de que su set-list empieza a necesitar de una renovación si bien no urgente, desde luego sí paulatina.

Los salmantinos eran la oferta más diferente del Fuck Mateo ’23. Cuarteto de metal contemporáneo con trazas progresivas y alternativas que acudía a la capital del Principado con motivo de seguir promocionando su más reciente trabajo, un Ep “Anima” del que dimos buena cuenta allá el pasado mes de agosto. La banda, recordemos, la forman Gin Barbería en voces, Miguel Ángel Gómez en guitarras, Carolina García al bajo y Víctor Villar en baterías.

Suena la intro que da nombre a su última oferta discográfica y el cuarteto prorrumpe con su habitual batidora de géneros, sonando realmente sólidos, si bien el registro más roto de Gin tardaría en encontrar su punto óptimo. Sea como fuere, Villar condujo a los suyos sin escatimar un esfuerzo ni tampoco abandonar por un momento su rictus risueño. Porque Absalem dejan en todo momento la sensación de no solo creer en lo que hacen sino de disfrutar haciéndolo.

La banda nacida en Salamanca, debutó en esto del metal con un “Chaosvolution” del que se cumplen ahora seis años, que se dice pronto. Por ahí sonó el corte que le daba nombre, con mucho una de las favoritas de quien escribe y donde Gin comenzó a sentirse más cómoda, más en su elemento, aupando finalmente a los suyos a cotas a la altura de lo esperado.

No nos cansamos de decir que las pistas pregrabadas siempre generan (y generarán) debate. A lo largo de la descarga de Absalem, si bien sí que se dejaron sentir, en ningún caso opacaron a los elementos puramente orgánicos de los castellanoleoneses. Algo que, sin querer posicionarnos aún de un lado u otro del espectro, pensamos contribuyó a aumentar en cierto modo la credibilidad de aquello que entraba por nuestras orejas.

No faltaría “Fear My Wrath” pero sería una versión, que en voz de Gin llevaban “muchos años sin tocar” y que no fue otra que “My Curse” de los pioneros Killswitch Engage, que en cierto modo vino a sustituir al “Silvera” de Gojira que nos regalaron en el Rock Nalón de 2022. Durante todo el set se nos revela fundamental la tarea de Carolina García. Puede no ser la presencia más activa del cuarteto. Pero su firmeza al bajo y los buenos coros que desarrolla a lo largo del set suman y de qué manera.

Para el cierre quedaron su primera composición como banda, “The Forest”, así como esa “Haunted” que cierra su más reciente Ep. Principio y fin unidos en un final de set que nos dejó con ganas de más. Resulta tópico decirlo pero parece ésta una banda en pleno crecimiento, y su paso por esta nueva edición del Fuck Mateo da buena fe de ello. Muy atentos a sus futuras evoluciones.

Puede que el hecho de tener reciente aún la última descarga del combo ovetense de thrash metal Soldier, aquella del pasado mes de mayo acompañando a Burnt To Death y Legacy Of Brutality restase cierto aliciente a esta nueva cita en su casa. Pero la promesa de un set list diferente al de aquella noche en la gijonesa Sala Acapulco nos parecía sobrado aliciente como para dar cumplida cuenta de un nuevo show de Phil González (voz), Dmitry Stalingrado y Dani Villamil (guitarras), Pei García (bajo) y Lucas Díaz (batería).

Pasaban pocos minutos de las once cuando el ahora quinteto irrumpía en el coqueto escenario de la Lata. Un show en el que se decantarían por su faceta más trotona y vibrante para alegría de sus parroquianos. Que eran pocos, que puede tardaran en entrar en calor, pero que difícilmente creemos salieran decepcionados de esta nueva edición del Fuck Mateo.

Si acaso, la queja podría venir por lo reducido del set. Conciertos en sala obligan a veces a estas cosas, aún cuando los habituales cambios entre bandas fueron ágiles y a lo largo de la jornada no llegó a haber percances de mayor consideración. Sea como fuere, a bordo de un sonido quizá no del todo redondo pero desde luego sí potente, con todos los cilindros en funcionamiento, Soldier salieron a confirmarse una vez más como la institución del thrash asturiano que llevan camino de ser.

Quizá haga falta nuevo material para otorgarles tan distinguida etiqueta. Entre tanto cortes ágiles y rotundos como “Between Two Masters” o “Corrupted (Sex in Prison)» bien merecen por sí solos el pago de los nueve cochinos euros que costaban las anticipadas. El inicio es fulgurante, realmente a degüello que diría un clásico, pero es en “The Great Western Oligarchy” donde la banda termina por poner toda la carne en el asador. Y es que por más veces que uno presencie un show de los ovetenses, no deja de sorprender la finura con la que hibridan thrash de alto octanaje con precisos ramalazos del más puro y rocoso metal sureño.

Y la noche seguía, en boca de Phil, mientras repasaban su “lista de grandes fracasos”. Sentimos discrepar, Phil. De hecho, la propia “Axis Of Evil”, con el inquieto frontman dejándose la piel y la garganta, se encarga de ello. Gran nivel técnico a la par que gran conjunción la que demostró la pareja Stalingrado / Villamil. Pareja de altos vuelos. Diferentes a la hora de atacar las cuerdas y sin embargo complementarios. Solidarios incluso. Sensacional dúo y no, no vamos a cejar en el empeño de reivindicar el gran nivel musical que tenemos en Asturias. Le pese a quien le pese.

Por ahí “Polybius”, del que hasta la fecha es su último álbum, aquél “The Sleeping Of Reason” de 2018, sí que pareció por fin sacar a la gente del letargo mateín. Tal es así que, a término, alguien de entre el público pedía, no sin cierta sorna, “una rápida”, antes de que el soldado arremetiese con “Theory Of Nothing”. Finalmente, lo escaso del tiempo dispuesto para el evento, Phil propondría por votación popular el último corte a desempeñar por la banda, que no sería otro que “Revolt”, para sorpresa de nadie entre los presentes. El circle pit que provocó el gran clásico de la banda se nos antoja el mejor de los cierres para una nueva edición del Fuck Mateo.

Poco público, sí, pero no puede dar uno siempre con la tecla. Porque veníamos de buenas entradas en la primera tourné por salas previa a la llegada del verano y la otoñal no parece haber empezado con igual buen pie. Y da igual porque fuimos testigos de tres buenas descargas por parte de tres buenas bandas, que a fin de cuentas es lo que importa. Ojalá de aquí doce meses os estemos contando lo bien se dio el Fuck Mateo ’24.

Como siempre no queríamos cerrar esta crónica sin agradecer a Factory Rock todas las facilidades, así como mandar saludos a compañeros fotógrafos como Jorge Novales y Fernando Casas, a la familia Moldava y a los integrantes de las tres bandas presentes. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Reseña: Scars Of Oblivion «Misanthropy» (Autoproducción 2023)

Pues ya está al fin en nuestras manos el esperado debut de los madrileños Scars Of Oblivion. Banda cuyo nacimiento se remonta a 2012 y en la que ya sólo queda el miembro original Anthony, guitarra y compositor principal de estos death melódicos contemporáneos. Junto a él encontramos a Marcos (voz), Adrián (guitarra), David (bajo) y Javier (batería). “Misanthropy”, que viene a suceder al Ep de idéntico nombre que la banda editara allá por 2016, se grabó, mezcló y masterizó en el In Wave Studio de la capital de la mano de Axel Tougeron y cuenta con arte de Víctor Manuel Rodríguez. Autoeditado y en la calle desde el 17 de febrero.

The Last Breath”, a la sazón segunda oferta más extensa de este debut, y que arranca desde una bruma acústica y delicada, pronto se imbuye de una fuerte pulsión melódica, prólija en cambios de ritmo, equilibrada en lo sonoro y cuidada en lo gramático. Sin pretender inventar la rueda, no lo necesitan, ni tampoco asimilar el canon al milímetro. Al menos en lo que a riffs se refiere. Un tanto más en lo tocante a melodías, tan recurrentes como disciplinadas. Interesante, por tanto, ese largo tronco central y la forma en que distribuye, a porciones, la cuidada técnica de los madrileños. Trascurrirá después hacia un final más groovie, que termina por redondear una de las ofertas más interesantes y llamativas de este su primer largo.

Blood Bath” coge el testigo mientras se desliza hacia un melodeath más plano, que no peor, a la par que destila todo el amor del quinteto por la inevitable escuela sueca. Por ahí sorprende menos, lo que no quita para que me resulte un corte entretenido y más que digno, con Marcos llevando a cabo una gran labor al micro y una producción capaz de discernir y separar cada línea sin que ello resienta el empaque final. El solo que vendrá a ocupar su escueto puente bien merecía algo más de desarrollo. Poco original o estilísticamente irreprochable, eso ya dependerá de cada oyente.

Javier vendrá a ponerle algo más de picante a una “Supremacy” de inicio entre tenso y descosido. Corte que, con el correr de las escuchas, llama mi atención con una de las gamas rifferas más y mejor focalizadas de todo el álbum. Ciertos detalles en cuanto a producción pueden resultar algo redundantes a estas alturas, si bien me agrada la forma en que se acompañan de una mayor carga atmosférica en las partes más pesadas y de un bajo muy arriba en la mezcla durante las más furibundas. A lomos, ahora sí, de un buen solo durante el puente, la banda entrega otro corte hábil, colocado de manera firme en el bando ganador de este “Misanthropy”.

Me agrada cómo el prólogo de esta “Industrial Humanity” viene a hacer gala de un mayor tecnicismo. Tan retorcido como llamativo, la banda habrá de obviarlo más adelante para reconducir hacia los grandes tropos del álbum. Mucho nervio, buenas dosis de melodía, inteligentes cambios de ritmo y una innegociable fidelidad al libro de estilo. Que si bien aprovecha para trazar un puente central algo más divergente, así como un epílogo más oscuro y pesado, al final parece que el prólogo hacía una promesa que finalmente no llega a cumplirse. Todo ello sin que me parezca una mala composición, que desde luego no lo es. Amalgama de forma sabia las diferentes intenciones, sonando nunca deslavazada y es de agradecer, pero es cierto que me deja con las ganas.

El riff que comanda el arranque de esta “The Sacred Lie” puede pasar por ser el más desangelado de todo el álbum. El más recurrente, si así lo preferís. Tras él aguarda un corte que viene a dar cabida a la cara más atmosférica de estos Scars Of Oblivion. Aunque lo haga solo a ratos. Ahí S.o.O. sacará músculo en cuanto a ejecución, acudiendo a un metal de corte más neoclásico que, por contraste, pienso le sienta bastante bien al resto de la composición. Un tema ágil, diverso, y atractivo como pocos dentro de este “Misanthropy”.

Fallen In Vain” vendrá a hacer gala de la vertiente más técnica del quinteto, sirviendo en bandeja varios de mis riffs favoritos del álbum y dejando, de paso, una línea de voz todo lo diversa y precisa que su andamiaje requiere. Las buenas melodías que acompañan a los estribillos, el elegante solo del puente y el groove ganchero como el demonio que esconde camino del epílogo. Aún así y en términos globales, considero mejores otras entregas dentro de este primer álbum, entendiendo en cualquier caso los motivos por los cuales fue precisamente ésta la que terminó convertida en videoclip:

El cierre con el tema título “Misanthropy” condensa lo mejor, también lo peor, de este debut. El buen nivel técnico que atesoran, también esa inquebrantable fidelidad al patrón establecido, rezumando finalmente un corte final sin sorpresas ni tampoco errores. Ni siquiera alardes, más allá de su buena línea de batería, tan potente como diversa, o las buenas melodías durante estribillos. Fiel y puede que acomodada, que tampoco aburrida.

Porque esa es la cosa con este primer álbum de Scars Of Oblivion: el terreno que pisan es bien conocido pero está lo suficientemente bien allanado y asfaltado como para que el tránsito a través de él no resulte nunca torpe ni fatigoso. Ayudan las hechuras de buenos músicos de la que parecen hacer gala, y el trazo algo más digresivo de alguno de los temas. Si bien uno anticipa una contemporaneidad más acentuada toda vez lee la nota de prensa, lo cierto es que las concesiones del álbum en este aspecto habrán de sucederse poco menos que con cuentagotas. A lo largo de los poco más de treinta minutos son más las cosas que me atraen que las que me repelen, así que bien por ellos. Ya sólo queda ver qué les depara el futuro a partir de ahora y contarlo aquí, en Heavy Metal Brigade.

Texto: David Naves