Los thrashers ibicencos Apotropaico, que este verano se pasarán por el Luarca Metal Days, estrenan videoclip para la canción «Anger Slice» incluida en su último lanzamiento discográfico «Reborning» del que os dejamos en su momento cumplida reseña aquí.
Escrito y dirigido por Pablo Kiaro el documento gráfico no escatima en espectacularidad, intentando plasmar la potencia y dinamismo que Apotropaico desprende en directo.
Tras debutar en 2018 con un primer largo de nombre “A Reason To Exist” y continuar con aquél “Under Control” del que diéramos buena cuenta allá por 2020, por fin tenemos de vuelta a los chicos de Apotropaico: Manuel Guerra (batería), Iván Tamarit (guitarra), Teo Mochen (bajo) y Pablo Kiaro (voz). “Reborning” se grabó en Ibiza a lo largo del verano de 2023 por el propio Tamarit, a excepción hecha del par de bonus que cierran el Ep, grabados en el Antiestudiopro en 2022. Con mezcla y master de Artem Efimov en el Red Ghost Studio de Kiev (Ucrania) a excepción hecha de “Scars”, el cual sería mezclado y masterizado por Omar Gisbert en los Magrana Studios, se encuentra en la calle vía Demons Records desde el pasado dieciséis de noviembre.
“Anger Slice” engancha desde el retorcido prólogo hasta el brío de las primeras estrofas con un metal orgánico y funcional. De producción crujiente pero que no desestima en pegada mientras se arrima a unas líneas de voz muy a la americana. Metal con un pie en las escuelas más clásicas y otro, más disimulado, en las más contemporáneas, que transgrede expectativas gracias a un buen trabajo tanto de escritura como de ejecuciones. Buen síntoma que Apotropaico parezcan seguir donde lo dejaran con aquél interesante “Under Control”. La sección solista primero y el epílogo después arrastran un pulso casi cercano al thrash para que todo confluya en un corte inicial competente y con gancho.
“Beer ´N´ Mosh” parece recoger ese guante thrash de su predecesora para reconducir hacia un metal que, si bien mantiene ese nervio más marcado, reduce tiempos y comprime estructuras cara a desplegar la cara más inquieta de los ibicencos. Fugaz como promesa de político, poco más de dos minutos y medio, pero coronada igualmente por un buen solo en su parte final dueña de no pocas razones para darles más que buenos réditos en directo. La disfruto más con el corazón que con la cabeza.
Me gusta la forma en que “My Name” va transformando los ritmos vivos del prólogo en un metal rugoso y pesado, tan deudor de Pantera como de Exodus o Testament. Y si bien a ratos echo en falta a un Kiaro más encabronado, que deslice algo más de mala baba, en cualquier caso me agrada este metal a ratos vibrante y descosido. Atractivo, sugerente incluso, el solo con el que Tamarit adorna el tronco central y eficaz esa mayor pesadez que implementan durante el epílogo. Que sin llegar a ser puro breakdown, sí arrastra cierta querencia por el crujir de cuello con pie a tierra. Solvente.
Kiaro canta altísimo en ciertos momentos de una “The Trucker” que viene en parte a recuperar aquél trazo más retorcido y laberíntico que impulsaba al tema apertura. Hay otra gran labor de Tamarit aquí. Quizá no tanto en solos pero desde luego sí en riffs. Me funciona esa base rítmica por cómo gana en presencia, acertando a la hora de coser primero y dar empaque después a las líneas de voz, como digo, más peculiares de todo “Reborning”. Fácilmente mi favorita de las siete.
“Premium Vivere” da inicio arrimándose con descaro hacia posiciones más lentas y arrastradas, con un cierto deje a los Slayer del “Seasons In The Abyss”. Por ahí me agrada la forma en que se las arreglan para sonar más personales. Si bien abren un paraguas que a ratos me recuerda a lo más granado del thrash alemán, Kiaro despliega aquí el mal café que eché en falta allá por “My Name”. Tamarit aprovecha el paso tan marcado del puente para situar un solo más que correcto y, al final, el corte da cierta sensación de corrección. Sin dobleces, tampoco sin sorpresas, coronado eso sí por un estribillo nada vulgar.
Para el final quedan el par de bonus: “Trapped” es, no obstante, el corte más ambicioso de los siete. Al menos en cuanto a duración se refiere. Aquí me engancha ese bajo tan alto en la mezcla y tan crujiente en afinación. También ese trotar que parece querer rimar con los Metallica más vibrantes, si bien los distintos registros que Kiaro despliega aquí en poco o en nada te recordarán al bueno de James Hetfield.
“Scars” procede de una mezcla diferente y por ahí entiendo ese poso más rabioso y llameante que pronto exudan sus estrofas. Más groovies que nunca pero tan centrados como siempre, Apotropaico trazan un metal sin grandes alardes ni tampoco mayores concesiones. Kiaro se retuerce a placer en esta línea de voz al tiempo que siento su base rítmica algo más disociada que en los seis cortes precedentes. Sin desagradarme, encuentro proposiciones más atractivas dentro de este más que interesante “Reborning”.
En lo que a bandas patrias se refiere, Endernity podría ser una rima cercana para el ahora cuarteto balear. No sabíamos de ellos desde que reseñamos su “Under Control” de 2020 y parecen haber vuelto donde lo dejaran con aquél, destilando la acostumbrada mezcla de heavy y thrash más o menos contemporáneo, guiñando con igual finura a las escuelas clásica y moderna. Ahí es donde se labran su propio sonido y resultan personales e identificables. En un panorama trufado de propuestas clónicas, resulta un gusto encontrarse con propuestas híbridas como la suya. Siguen en forma.
“Dimensión V” pero no es el quinto sino el noveno largo ya para la agrupación granadina Azrael, primero tras la espantada de Manuel Arquellada “Maolo”, integrando la banda a día de escribirse estas líneas Tino Torres en batería, Zoraida Vidal a los teclados, J.M. Salas en bajo y coros, Oscar Espín y Enrique Rosales en guitarras y finalmente Marc Riera a la voz. Fue el propio Rosales quien se encargó de grabar, producir y mezclar el álbum en los Z Estudios de Granada, además de prestar su voz para el corte “Noche Infiel”. Con arte de Fernando Nanderas (Ankhara, Opera Magna, Centinela, Dünedain…) el álbum vio la luz el pasado año vía Demons Records.
“Ad Aeternum” se traduce en elegante intro al piano que, sobre una pátina envolvente, evolucionará hasta desembocar en “Vivir-Morir”, corte más rácano del largo y donde el doble bombo de Torres comanda un heavy metal clásico y sin dobleces. Clásica línea de voz, sencillo colchón de teclados, riffs a la alemana y un trazo sencillo y directo. Zoraida dejará aquí y allá pequeños pero hábiles destellos. Pero si por algo destaca esta bocanada de heavy metal vital y añejo, es por el buen solo que habrá de anticipar el epílogo. Aún siendo escueto como es. Un corte que, eso sí, merecía un cierre mejor que ese siempre engorroso fade out final.
“Sueños Rotos” se revela contra su predecesora a base de acoger un medio tiempo que, primero en riffs y después en estrofas me recuerda sobremanera a mis paisanos de WarCry. Hay aquí un trabajo más que interesante en lo que a voces se refiere. Limpios y graves jugando a contraponerse, al tiempo que Espín y Rosales dejan unos cuantos destellos de clase y buen hacer. Es un corte que termina por engancharme gracias a sus múltiples cambios de ritmo, en especial el que se produce durante sus estribillos. Así todo, echo en falta un bajo más alto en la mezcla que termine de dar el debido fuste y empaque a esas partes más enérgicas. La ración solista sí que disfruta ahora del debido espacio, brillando en consecuencia. De mis favoritas dentro del trabajo.
“Trece Rosas”, sin olvidarse del habitual heavy metal de la banda granadina, deja tras de sí un deje más melancólico, temática obliga claro, en el cual siento muy cómodo a Marc Riera al micro. Firme del mismo modo Tino Torres en el doble bombo y un corte que, a ratos, me recuerda sobremanera a los alemanes Helloween. Por ahí se sucede alguna que otra decisión no diré que desacertada en cuanto a planteamiento pero desde luego que sí en cuanto a ejecución, pienso en esa voz semi gutural que sucede a uno de los estribillos. Sí funciona, de nuevo, la buena dupla que forman Espín y Rosales. En cualquier caso una de esas historias que conviene tener siempre presentes.
“Noche Infiel”, con Rosales llevando la voz cantante, habrá de traducirse en el corte más extenso del álbum, que recoge el guante de unos Black Sabbath (“Heaven And Hell”), lo tamiza con arreglos propios del power metal europeo más elegante y termina confluyendo en un estribillo tan solo correcto. Pero me agrada esa escritura en crescendo y los buenos riffs en que Azrael se apoyan aquí. Puede que la letra que disponen aquí no me haga el mismo tilín que otras ofertas dentro del álbum, pero la duración más extensa de esta quinta entrega consigue que la banda brille más alto en lo que a ejecución se refiere. Rosales exhibe alguna carencia en el tramo final, particularmente a la hora de alcanzar los tonos más altos, pero “Noche Infiel”, a ratos también un remedo de los mejores Rata Blanca, termina erigido en uno de los cortes más curiosos y llamativos de este “Dimensión V”.
“Ni Un Paso Atrás” recuperará aquél tono más vivaracho que abría el álbum cara a entregar un heavy metal igualmente clásico, sencillo y directo. Destila de él un marcado aroma a directo, quizá a abrir sus directos, especialmente en lo tocante a estribillos. Ayuda una letra propia a ratos más propia de los Obús más desvergonzadamente ochenteros, sustentada cómo no sobre otra buena ración de doble bombo por parte de Torres. Con la ayuda de Iván Moreno en voces y de Mario Gutiérrez, en la parte final del solo guitarra, terminaría por convertirse en uno de los anticipos del trabajo. Algo tendrá.
“Tormenta” ahondará aún más si cabe en la vena más power de los granadinos. Y lo hará apoyándose en los teclados más prominentes de todo el álbum. Por contra, también con el Riera más desdibujado de todo el álbum. En especial a la hora de alcanzar los tonos más altos durante las primeras estrofas. Se suceden de nuevo buenos contrapuntos en voces, si bien los riffs pueden resultar un tanto planos en según qué parcelas de la composición. Buenos destellos de Zoraida tras las teclas en todo caso. También de la dupla Espín & Rosales, que dibujará aquí una sección solista a la vez exuberante, distinguida y elegante. Se han sucedido las escuchas y no dejo de pensar que el embalaje final resulta un tanto descompensado.
“Renacer” sorprende ahora con una producción más grave, oscurecida incluso, en lo que no deja de ser otra andanada de heavy / power metal germanizado y sencillo, revestido por buenos detalles de seis cuerdas y donde las teclas de Zoraida, aunque igualmente presentes, vuelven a hundirse en la mezcla, quedando como mero soporte de los aspectos más puramente metálicos de la composición. Vuelvo a sentir algo justo a Riera aquí, si bien no al punto en que lo hiciera en “Tormenta”. La sección solista, de un más que agradable clasicismo, debería hacer las delicias de todo buen fan del género. Poco o nada sorprendente por trazo, Azrael no tratan de descubrir la rueda aquí, y por lo tanto un corte de lo más funcional.
“Llorando Por Granada”, versión de la banda almeriense Los Puntos, que alcanzara gran popularidad allá por los setenta del pasado siglo, moderniza y endurece la original cara a finiquitar el álbum con un heavy metal de factura marcadamente clásica.
Buen regreso de la agrupación granadina tras la traumática salida del miembro fundador Maolo Arquellada. “Dimensión V” puede no ofrecer grandes sorpresas en cuanto a la construcción de los temas que lo integran, “Noche Infiel” al margen, lo que se traduce en cortes de construcción sólida que dejan traslucir pocas dobleces. Que las hay, en lo tocante a ciertos desequilibrios en términos de producción y también a alguna que otra ejecución por debajo de la propia media del disco. Pero cuando la banda brilla, pienso en un corte como “Sueños Rotos”, resulta de lo más disfrutable. También “Ni Un Paso Atrás”, dedicada a la figura del músico y mánager mexicano de origen andaluz Adán Moreno, tristemente desaparecido en julio de 2021, y que fuera figura clave para las bandas de nuestro país que buscaban hacerse un hueco en Latinoamérica. Vaya también nuestro recuerdo para él a modo de cierre de esta reseña.
Es el tercer trabajo discográfico para Montaraz, quinteto de Narón (Galicia), a la sazón ganadores del Perversiones 2023. Ellos son Simón Pereira en baterías, Juan Muiños y Ger García en guitarras, Diego Pena al bajo y José Santos en voces. “Defendiendo Tu Voz”, que así se llama este nuevo álbum, contó con producción, mezcla y master del Adventus o Delalma Manuel Ramil (Eco, Death & Legacy, Edén, Infamia…) y arte de José Antonio Vives (Ankhara, Saedín, Deimler, Herética…) para siete temas que han visto la luz bajo el paraguas de Demons Records.
Hay algo en la forma en que Santos se desempeña en “Al Final” que me recuerda al mejor Manuel Martínez (Medina Azahara) en lo que constituye un primer corte de lo más castizo. Puro hard / heavy en la mejor tradición del género en nuestro país, vaya. Por ahí se suceden buenos adornos melódicos en apoyo de las estrofas. Aun más pronunciados tras los estribillos. Pero, sobre todo, la sensación de que la banda no pretende otra cosa que divertir. Y divertirse en el proceso. Ha sido la carta de presentación del álbum y por ahí se entiende la cierta simpleza que muestra su trazo. Aún así me resulta de lo más disfrutona conforme alcanza su tramo final y gana en intensidad y pegada. Aunque sea de manera leve. Un buen arranque.
“Quiero Vivir” acentúa a esos Montaraz más crudos y viscerales que se intuían en el epílogo del tema previo. Su riff principal suele recordarme a unos Judas Priest del presente siglo, si bien la forma en que la producción filtra la voz de Santos en determinadas estrofas no podría resultar más lejana a la banda de Birmingham. Se suceden aquí hábiles cambios de ritmo, muy firme siempre Pereira a los parches. Y una extensión en la forma de llevar adelanto sus desarrollos que me recuerda sobremanera a mis paisanos de Bestia Negra. Vuelven a irrumpir buenas melodías en apoyo de los cumplidores estribillos para una letra en la más pura (y de nuevo castiza) tradición del género.
Desgarrador grito de Santos para dar la bienvenida en “Vuelve”, que sale adelante sobre uno de los riffs con más gancho del álbum, pero sorprende con la desnudez que muestran sus primeras estrofas. Nombres como Ankhara o Lujuria acuden a mi mente mientras el corte va ganando en intensidad camino de estribillos. Irrumpen ahí los mejores Montaraz, esos que se instalan a medio camino entre el heavy metal más clásico y el hard rock más vibrante. Hay una mayor presencia de la base rítmica aquí, en particular del bajo de Peña, que termina por otorgar el debido empaque a un corte, por momentos, más arrastrado pero también pegadizo. Redondean el buen solo que nos conduce hasta el epílogo y el trazo tan clásico de este.
Pero lo que más me agrada es lo orgánicos que suenan. Habrá trucos de salón propios del estudio como los del prólogo de esta “Fuera Del Rebaño”, pero la banda en ningún caso alcanza a resultar artificial. Ni mucho menos. Hay una letra más punzante y mucho más crítica alimentando esta cuarta entrega. Conjugan, y pienso que de manera hábil, la cara más nervuda con la más tranquila, surgiendo por ahí uno de los cortes más diversos de todo el tracklist. Y aunque no me termina de agradar Santos en esas partes más tranquilas, podría decir justo lo contrario a través de las más nervudas. Es el corte más rácano por duración del álbum pero no siento que ninguna de las ideas propuestas se quede a medias por falta de desarrollo. Al contrario.
Aludía antes a Bestia Negra por aquello de la duración de los temas y es precisamente el nombre que acude de nuevo a mi subconsciente con “Montaraz”. En gran parte por lo extenso del prólogo, trazado sobre alguno de los riffs más curiosos (y cuidados) de todo este segundo trabajo. Y es que la banda, en especial la dupla Muiños & García parece haber puesto todo de su parte cara a construir otro de los cortes principales del álbum. Que para algo es una composición que lleva el propio nombre de la banda. Tiene un sabor muy clásico donde detecto dejes que me recuerdan a gente como Lujuria, Obús, Angeles Del Infierno y, como no, Iron Maiden, por ese puente central calmo y reposado que dará pie a unos Montaraz pesados, casi monocordes, anticipo de la habitual ensalada solista.
“Mi Vieja Guitarra” y su calmo prólogo entregan a un Santos en una clave más limpia, que desaparece toda vez irrumpe la faceta más obligadamente metálica del quinteto. Manuel Ramil aporta teclas en este penúltimo corte de cara a acentuar ese lado más melancólico de Montaraz. Un trazo agradable y bien arreglado, por tanto, para lo que no deja de ser otro corte leal a una forma, ya digo muy castiza, de entender el heavy metal. De los siete cortes que componen este segundo trabajo, fácilmente el que más parece pensado con el directo en mente, rematado por un solo, eso sí, de duración algo rácana.
La banda parece exhibir un mayor dramatismo a través del largo prólogo de “A Donde Vas”, cierre de este “Defendiendo Tu Voz” con Montaraz fundiendo su habitual metal de posiciones eminentemente clásicas con el hard más acomodado de los estribillos. Un corte que despide el álbum con otra gran labor de García y Muiños, pero donde Santos construye unas estrofas algo atropelladas. Por ahí un corte que me agrada solo a ratos, desdibujando un final que me resultaba más prometedor sobre el papel. Y es que ahí están los buenos detalles (de nuevo muy Maiden) de Peña introduciendo el epílogo, y los buenos solos de guitarra que se dibujan sobre él. Un cierre algo descafeinado.
Un álbum muy cumplidor, que alude de manera directa y orgullosa a un determinado nicho de oyentes y propone siete cortes construidos con gusto clásico y ejecutados, las más de las veces con acierto y buen gusto. Con un Santos que da en todo momento la sensación de habérselo pasado en grande construyendo sus respectivas líneas de voz y su entonada pareja de guitarristas, el disco podrá hacer las delicias de los fans de los muchos nombres que han surgido a lo largo del texto. El detalle de la participación de Ramil en “Mi Vieja Guitarra” suma sin resultar protagonista y en general resultan siete cortes sin otra pretensión que mantener viva la llama. Bienvenidos sean.
“Black Rose”, es el quinto y nuevo trabajo instrumental del guitarrista cordobés José Rubio. Un álbum grabado, mezclado y masterizado por el propio músico en los Meigasound Studios, a excepción hecha de las baterías del ex SaratogaAndy C., que vinieron al mundo en los KV62 de la capital del estado. Junto al mencionado batería completan la nómina de participantes José Rubio Jr. también en baterías, Celso Grande y Zoraida Vidal en teclas y Galilea Rubio al bajo. El álbum vio la luz en noviembre del pasado 2023 vía Demons Records.
La elegante calma que inunda el prólogo de “Black Rose” bien podría funcionar como bienvenida de algún disco de power melódico al uso europeo. Me agrada el crescendo que Rubio plantea aquí. La calma que irrumpe tras el mentado prólogo y ese viraje hacia territorios shred a la vez más potentes y reconocibles. Buenos cambios de ritmo adornan la composición mientras el granadino desarrolla todo su buen hacer a las seis cuerdas. Siempre sin olvidarse de trazar un corte atractivo ya desde el papel. Y es que me agrada la forma en que conjuga las partes más reposadas con las más intensas. Soleando sin abusar y manejándose siempre en el territorio del buen gusto. Los fans del metal más convencional se verán igualmente recompensados como ese pulso más power que emerge en su tercio final. Surge ahí el Rubio más heróico, al tiempo que la producción echa el resto en lo que a pegada se refiere. Un gran arranque.
Pianos para la entrada casi misteriosa de “Ghost In The Shadow”. Rubio acompaña en rasgueos que me recuerdan al Alberto Cereijo más liviano al tiempo que construye un prólogo de nuevo elegante y distinguido. El ex WarCry quiebra después esa calma y reconduce hacia un hard / heavy tan firme como clásico. Por trazo, es verdad, no alcanza a sorprender en la forma en que lo hizo el tema título. No obstante, Rubio está más que inspirado a lo largo de la serie de solos que vendrá a disponer aquí. También en cuanto a riffs. Incluso se reserva pequeñas pausas cuyo leitmotiv no parece ser otro que el directo. Y sí, su faceta más puramente guitar hero inunda un tercio final que haría las delicias de todo buen fan de Vinnie Moore. Echo en falta que aquél tono mistérico del prólogo no regrese a la composición en algún momento pero con eso y con todo un corte que disfruto en buena medida.
“The Crow” presentó al disco en sociedad allá por el 31 de octubre. Es otro corte de arranque misterioso y apaciguado, que más tarde virará hacia un hard algo chulesco y que finalmente desarrolla al Rubio más versátil. Aquí cobrará vital importancia una producción que viene a acentuar la vertiente más abiertamente metálica de este “Black Rose”. O a ofrecer el debido apoyo a ese pulso más groove que va y viene a lo largo de la composición. Acierta Rubio aquí a la hora de conjugar los diversos tonos y colores. Y si bien este sigue siendo el disco de un guitarrista, es apreciable la forma en que ha entregado un corte que, aun en su naturaleza instrumental, resuena a esfuerzo colectivo. En gran parte por vivir de algo más que puros guitarrazos. De hecho hay aquí una estupenda línea de batería y un notable trabajo en cuanto a arreglos y producción. Otra de mis favoritas.
“Tears”, una vez más, arrancará desde la más pura calma. De hecho el prólogo, que irá yendo y viniendo a lo largo del corte, me ha recordado a El Altar Del Holocausto, por extraño que pueda parecer. El caso es que Rubio y al contrario que en cortes precedentes, construye desde esa calma una balada puede que menos sorprendente que otros cortes de este “Black Rose”, en gran parte por una duración, tres minutos y medio, algo escueta.
“Piece Of My Soul” rompe con los prólogos tranquilos y sosegados para ofrecer desde el primer segundo la cara más desenfadada y vibrante de un José Rubio que parece disfrutar como niño con juguetes nuevos al tiempo que evoca a los grandes próceres de las seis cuerdas. El riff que sitúa aquí el granadino puede ser fácilmente el más ganchero de todo el disco. Y si bien por construcción y salvo pequeños insertos del bajo Galilea Rubio, resulta menos laberíntica y algo más predecible que otras ofertas semejantes, lo cierto es que mentiría si dijese que no ha sido este el tema que más vueltas ha estado dando por mi cabeza los últimos días.
“The Jacket Over The Grave” parece imbuida del espíritu del mejor Gary Moore. Algo que ya de por sí sería excusa suficiente como para acercarse a esta penúltima entrega del disco. Y si bien Rubio ni es Moore ni lo pretende tampoco, que los paralelismos están ahí resulta, pienso, innegable. Conecto aquí con ese puente desnudo de toda base rítmica y la forma en que la composición irá reconduciendo hacia ese páramo más intenso y encendido del epílogo. Siempre sin traicionar el propio espíritu melancólico y desgastado que el corte arrastra desde el prólogo y logrando por ahí erigirse como otro de los grandes triunfos de este nuevo trabajo.
“Zero”, corte final de “Black Rose” y a la vez entrega más extensa del álbum, diez minutos de nada, se construye desde un prólogo a ratos laberíntico donde la influencia de un tal John Petrucci resulta más que evidente. Quizá no tanta la de los propios Dream Theater o ni siquiera Liquid Tension Experiment, sino más bien los propios discos en solitario del nacido en Kings Park. Hay una fabulosa línea de batería sobre la cual Rubio desarrollará su vertiente más abiertamente progresiva, sin olvidar ni la intensidad del metal más directo ni los arreglos del más pomposo. Más adelante el corte vendrá a recorrer por terrenos más decididamente heavies, a un tiempo derrochando solos de calidad y al otro dejando espacio para el brillo del resto de músicos implicados en la grabación. Hay algo del Vai más loco en la serie de solos que finiquita al puente, seguida por un Rubio que recupera su faceta más shred, y cerrada por las teclas más teatrales del disco. Y mientras que el epílogo nos devuelve al Rubio más a la Petrucci, no puedo evitar pensar que difícilmente te harás con un corte como este en una primera escucha. Exige, sin imponer, toda nuestra atención. Y la recompensa con un trazo ágil, unas ejecuciones a gran nivel y una factura difícilmente reprochable. Un gran cierre.
Para quienes tenemos el talento musical de un zapato, la tarea de composición de obras como esta vive rodeada de una cierta intangibilidad. De misterio incluso. Rubio ha trazado un álbum hábil a la hora de deslizar sus muchas (y pienso que evidentes) influencias sin que estas alcancen nunca a emborronar unas composiciones donde sigue muy presente la personalidad, a tenor de lo oído más diversa que nunca, del músico granadino. De hecho músicos y fans más avezados en guitarristas de todo pelaje que servidor a buen seguro descifrarán muchos nombres más allá de los recurrentes Vai, Satriani, los dos Moore o Petrucci que han acudido prestos a mi subconsciente a través de las distintas escuchas a este más que interesante “Black Rose”. Como digo diverso y a la vez coherente. Bien adornado, mejor producido y cuya mayor pega, para muchos, será su propia naturaleza instrumental. Al resto, buena caza.
Si el metal es para quien lo trabaja, desde luego que a los clásicos valencianos Zarpa les corresponde una importante porción del pastel. Formados allá por finales de los setenta en Mislata, la suya ha sido una trayectoria algo a la sombra de los grandes nombres que surgirían en la siguiente década pero siempre fiel a las férreas convicciones del rock duro. Ya con el guitarra y voz Vicente Feijóo como único miembro superviviente de la formación original, completan el line up a día de escribirse estas líneas el bajista Vicente Romero, el batería Miquel Alejandro y el guitarra Marcos Sáez.
El álbum fue grabado a caballo entre los propios estudios de Feijóo y los Fireworks de Masanassa, en Valencia, con Fernado Asénsi y Quique Mompó como técnicos de sonido. Fernando Asénsi correría posteriormente con las obligadas tareas de mezcla y masterización de una decena de temas que han visto la luz, vía Demons Records, adornados por el arte de David Marqués. En la calle desde noviembre del pasado 2023.
Sea algo buscado o no, lo cierto es que “Dioses Del Metal” llama la atención con su sonido deliberadamente sucio y desgastado. Sobre él Zarpa dibujan un heavy metal de la vieja escuela que pronto toma posiciones en torno a una escritura firmemente anclada en una onda muy JudasPriest. El propio aspecto lírico de este primer corte arrambla con un espíritu orgullosamente estatal, que recuerda a lo más granado del rock duro español de los ochenta. Feijóo declama potente mientras plantea una serie de riffs que, ya digo, evidencian una fuerte querencia por la banda de Tipton y Downing. Quizá el solo de guitarra parta peras con el legado de la banda británica. Gustos individuales al margen, tiene mérito parir temas como este tras más de cuarenta años en la carretera. Por más que a ratos me chirríe la letra o se le vean las costuras en cuanto a escritura.
El tema título “999”, entrega curiosamente más rácana de las diez en lo que a duración se refiere, renueva el ideario a fuerza de entregar unas estrofas de marcado aire marcial. Incluso diría que Feijóo se encuentra mucho más cómodo sobre ellas, disponiendo aquí de su registro más rugoso y a la vez aquilatado. Sí, su escaso recorrido temporal redunda en una escritura un tanto predecible a ratos, coronada sin embargo por un solo de guitarra más que notable, protagonista final de este algo desigual segundo corte.
“El Ogro” se eleva frente al par de entregas previas a base de inundarse de una atmósfera más recargada, donde cobra especial protagonismo un aspecto ornamental, nunca abusivo, que acompaña al estupendo riff que Feijóo y Sáez han dibujado para este tercer tema. Orgulloso de su raíz clásica, empastado con gusto entre las diferentes estrofas y engrandecido por la mayor presencia del bajo de Romero. Presencia, por cierto, que echo en falta en otros momentos del álbum. Por contra, y siento si soy pesado con esto, otro solo que bien merecía una porción mayor de espacio.
Ese que dibujan durante el prólogo de “A Un Millón De Años” puede ser fácilmente mi riff favorito de todo “999”. Tras él Zarpa dibujan un corte que, sin salirse de las férreas correas que sujetan al tracklist, ofrece una cara más oscura. En ella Feijóo, sesenta y cinco años le contemplan, vuelve a mostrarse ágil. Certero incluso. Sorprende además el estribillo por el que opta aquí. Resulta luminoso al punto de dar la impresión de ser el contrapunto de las diferentes estrofas, que no el acento de estas. Una dualidad sobre la que se construye un corte llamativo, eficaz, agradable.
No sería un disco de Zarpa sin algo como “El Heavy Es Mi Destino”. Corte de pura reafirmación rockera, tantas veces visto y oído dentro del género, pero que a la luz de los acontecimientos, tanto con esta banda como con otras, tanto tirón sigue teniendo dentro de la parroquia. En lo musical funciona mientras traza buenos cambios de ritmo, un nivel técnico más que apreciable, solo de guitarra a la cabeza, y esa sensación de que les dará buenos réditos sobre las tablas.
Pero, qué duda cabe, conecto en mayor medida con algo como “Reinos De Miseria”. En una onda esta vez más cercana al Dio más elegante, valga la redundancia, se aprecia aquí al Feijóo más diverso de todo “999”, elevándose desde esos tonos bajos del comienzo hasta los gorgoritos más altos con toneladas de actitud y también de clase. Medio tiempo de regusto clásico, adornado con gusto y donde se hace fuerte, más que nunca, la buena producción de la que disfruta el álbum, que gana en brillantez sin tampoco abandonar aquella mayor rugosidad que ofreciera “Dioses Del Metal”.
Y si “Reinos De Miseria” destilaba elegancia o “El Heavy Es Mi Destino” era puro heavy metal, “En Pie De Guerra” ofrece ahora a los Zarpa más gruesos y arrastrados. Su riff, por sencillo, tiene un gancho de mil demonios. Y mientras sus voces, que diría pertenecen al bajista Vicente Romero, pueden ser fácilmente las más graves de todo el álbum, no deja de sorprenderme ese solo de puro heavy metal que la banda dispone en su tercio final. Coros poderosos y otra de las entregas más reconocibles y distinguibles del tracklist.
“Exterminador” retoma orgullosa el libro de estilo de Judas Priest en general y “Rapid Fire” en particular, lo combina con un estribillo chulesco y lo remata con un aspecto lírico que, diferencia idiomática al margen, sin problemas habría podido firmar el mismísimo Rob Halford. Disfrutona si logras deshacerte de sus más que obvias influencias. Puro heavy metal.
La producción de “999” se anotará otro tanto gracias a “Fieras En La Noche”. No es un corte que me enamore pero aprecio su sonido distinguido del resto de cortes, la forma más apaciguada en que Feijóo afronta según qué estrofas e incluso la cierta extrañeza que habrá de preceder al solo de guitarra. Su corto desarrollo, ni tres minutos y medio, no ayuda en absoluto y hay ideas aquí dentro que bien merecían algo más espacio y presencia.
Engaña la final “Fuego Solar” con el deje sci-fi que porta en su prólogo, pues termina por reconducir hacia un heavy metal sencillo y directo, apoyado sobre el firme doble bombo de Miquel Alejandro y confeccionado sin dar media puntada fuera de los límites del género. A ratos desangelada, su estribillo no resulta ni mucho menos el más lúcido de este tracklist. Un cierre con el que me cuesta horrores conectar.
No seré tan necio de decir que el álbum se desinfla en su tramo final, pero qué duda cabe que los temas que más captan mi atención dentro de “999” se sitúan en la que vendría a ser la cara A del hipotético vinilo. Zarpa, cuarenta y cinco años les contemplan, no están para experimentos. Y sin embargo ahí están el buen riff de “A Un Millón De Años” o la cuidada cadencia de “Reinos De Miseria”. “Exterminador” encandilará a sus fans de toda la vida y “En Pie De Guerra” dará argumentos a quienes piensen que esta banda aún tiene cosas por contar. Cuídate del zarpazo.
Los hard heavies vigueses Cherokee tienen cita con el público astur el sábado nueve de marzo de 2024, por lo que echarle un vistazo a su más reciente obra “III” resultaba de lo más pertinente. Ellos son Fran Gómez y Gerardo Fernández en guitarras, Fran Vázquez a la voz, Carlos Delgado en baterías y Edu Mateos al bajo. Con José Pineda como productor, el trabajo ha sido grabado en los estudios Área 51 y ha contado con las colaboraciones de Hugo Bistolfi (Galilea, ex-Rata Blanca, ex-Alianza), Javi Oliva y Niko del Hierro (Saratoga). Con portada de F.J., “III” se encuentra en la calle vía Demons Records desde el pasado dieciséis de octubre.
“Quimera” ejerció como carta de presentación de este “III”. Y un poco también como piedra de toque del mismo. Porque es un hard / heavy directo y sin ambages, con Fran Vázquez moviéndose en tonos altísimos, revelando un registro a medio camino entre Juan Gallardo (Ángeles del Infierno) y Adrián Barilari (Rata Blanca) con el que conecto solo a ratos. Para más inri, aquí las guitarras revelan un tono que no alcanza tampoco a conquistarme. Otra cosa es el uso que Gómez y Fernández hacen de ellas, que vendrá a revelarse tan clásico como eficaz durante el obligado despliegue solista del puente. Un arranque correcto.
“Las Puertas Del Cielo” hace por atemperar el brío de su predecesora. Por retorcer la escritura incluso. Es más chulesca, más pretendidamente sensual. Como unos Whitesnake de finales de los ochenta puestos al día. Todo le sirve a Carlos Delgado para tramar una línea de batería llena de buenos detalles. Pero es Fran Vázquez al micro quien, a fuerza de sonar más natural y no tan excesivo, gana no pocos enteros con respecto a otros desempeños más exigentes dentro de “III”. El crescendo final, clásico hasta la médula, resulta bien resuelto. Adornado incluso. Insisto, no me conquista el tono de estas guitarras pero sí lo que los chicos están haciendo con ellas.
“Siéntelo”, que cuenta con todo un Niko del Hierro al bajo, puede ser fácilmente el corte con el que más me cuesta conectar de todo el álbum. Ni con el aspecto lírico, recurrente y con cierta sensación de déjà vu, ni tampoco con los tonos más bajos y aguardentosos de Fran Vázquez en estrofas. Y es una pena porque en su tronco central habita un buen crescendo y pequeños destellos técnicos que hablan, y no precisamente mal, del nivel técnico que poseen Cherokee. Pero un poco por los detalles que comento y otro por la corta duración de la composición en sí, al final no puedo sino situarla en el vagón de cola dentro de las once que componen este “III”.
Trazada con gusto clásico, adornada con sumo cuidado y afrontada por el Fran Vázquez más neutro, centrado y sólido, “Nada Es Para Siempre” funciona a la hora de revelar el lado más elegante y ampuloso de los vigueses. Medio tiempo con la debida carga melancólica, gana enteros en producción, si bien el bajo de Mateos se sobrepone a ratos al resto de elementos. Pero culmina en un buen estribillo y cuenta con grandes detalles toda vez la composición encara su recta final y emerge la obligada sección solista. Lo dicho, clásica y nada original pero resuelta de manera impecable, no le puedo poner pegas más allá de su propia autoconsciencia.
“Déjame” transige, y lo hace de manera más que orgullosa, hacia un AOR acomodado y grandilocuente. Valga la redundancia. Con Fran Vázquez más cómodo que nunca y la producción brillando en lo que a equilibrio se refiere, deriva en un estribillo sin sorpresas ni tampoco dobleces. Ni inventa la rueda ni lo pretende, pero funciona, que es lo importante, y entiendo los motivos por los que fue elegida como otro de los adelantos de este “III”. Parece casi el negativo de aquella “Quimera” y por ahí viene a colarse el amplio rango de influencias que manejan.
Quien echase de menos aquellos pulsos más heavies y musculosos, podrá darse un festín con esta “Sí o No”. Pero lejos del nervio de los temas más potentes, Vázquez arrastra un deje chulesco en sus líneas de voz que la convierten en una de las piezas más curiosas de todo “III”. Posee una idiosincrasia muy a la española, donde se traslucen varios de los grandes nombres patrios de los ochenta. Entre Bella Bestia, no obstante el propio Vázquez llegó a ocupar el cargo en la ya desaparecida banda madrileña, hasta los Obús más clásicos, todo funciona para confeccionar el que puede ser fácilmente mi corte favorito de los once. Lo que son las cosas.
“No Mires Atrás” funciona mientras trae al frente un hard de finales de los ochenta al que adornan varios de los riffs más redondos y mejor definidos de todo el álbum. Con Vázquez trazando una contenida pero elegante línea de voz y una producción nítida pero potente, parece uno de esas entregas nacidas con el directo como principio y fin. Lo mejor es que ello no quita para que la banda opte por una sección solista primero llamativa y después clásica. Acomodada incluso. Quien sea habitual de mis reseñas sabrá de sobra que no acostumbro a conectar con letras tan descaradamente vitalistas como esta. Pero quién soy yo para negar el buen rendimiento que líricas de este perfil han dado a bandas de todo pelaje a lo largo de la historia de nuestro rock & roll.
“Fuiste Mía”, traslación a nuestro idioma del “Angelia” de Richard Marx, continúa en los mismos tonos amables y distinguidos de la original, añadiendo claro guitarras más presentes y una línea de voz más cercana a espectros debidamente rockeros. Culminada con un notable solo de guitarra en su tronco central, conduce hasta otra versión, en este caso “El Guardián De Tu Piel”, de la ya desaparecida banda madrileña Beethoven R., donde Cherokee cuentan con Javi Oliva para el solo de guitarra. Una de esas versiones que lejos de reproducir palmo a palmo al original, sabe aportar su propio granito de arena en búsqueda (y hallazgo) de un tono que aporte la debida savia nueva sin faltar al espíritu de lo que uno está adaptando y reproduciendo.
Pero qué duda cabe que conecto en mayor medida con esta “No Hay Perdón” donde la banda cuenta con la colaboración del ex teclista de Rata Blanca Hugo Bistolfi. Y ciertamente parece un corte con hechuras de ocupar algún viejo disco de los argentinos, con esa distinción tan significativa que aporta el buen hacer del músico bonaerense. Tal vez no disponga del estribillo más lúcido de todo “III”, pero brilla sin aburrir en términos técnicos y funciona a la hora de aportar una mayor intensidad al conjunto durante su parte final.
Para el cierre queda una última versión, esta “Entender El Amor” original de la vocalista figuerense Mónica Naranjo. Difícil, no ya por los habituales tonos altos de la catalana, sino también por los muchos requiebros que tenía aquella línea de voz, amén de lo profano del propio empaque musical, sito a mil millas del conocido hard heavy de los gallegos. Cherokee realizan una aproximación que rezuma heavy metal por los cuatro costados, con el Vázquez más filtrado de todo el disco y un inteligente uso de las armonías. Quizá por el propio riesgo que conlleva la idea, no puedo decir que me desagrade. Al contrario.
En resumidas cuentas y tras las sucesivas escuchas de “III” lo más que acierto a entrever es que se trata, al menos a mis ojos, de un álbum un tanto desigual. Cortes que disfruto en gran medida (“Las Puertas Del Cielo”, “Sí o No”, “Déjame”) junto a ofertas, dicho sea con todo el cariño, que encuentro un tanto prescindibles (“Siéntelo”). Y como ya apunté por ahí atrás, puede que el tono de estas guitarras no alcance a conquistarme pero, insisto, el desempeño de la pareja GerardoFernández y Fran Gómez es ordenado las más de las veces, operando siempre en favor de las propias canciones y nunca en favor de sus propios egos como músicos. Luego está la figura de Fran Vázquez. El sevillano es uno de esos vocalistas excesivos, volcánicos incluso, al que disfruto en mayor medida durante sus tonos medios y no tanto cuando su voz registra tonos imposibles, si bien a lo largo y ancho del álbum se suceden varias excepciones a este hecho. En cualquier caso un álbum que debería de hacer las delicias de todo fan del buen hard / heavy estatal.
La formación ferrolana Cranio, hasta el 2021 conocidos como Cráneo, presentarán en vivo su nuevo disco «11:11» en la gijonesa Sala Ángeles y Demoniosacompañados por Skuld. Entrada única en taquilla 8 euros.
Editado vía Demons Recordsel pasado 11 de noviembre «11:11» vuelve a dejar patente la influencia del heavy metal nacional de los 80 en la banda y su querencia por las letras socarronas, ácidas y divertidas. La grabación se llevó a cabo en los estudios Tercera Planta con Manuel Ramil en labores de producción, mezcla y masterización.
Mientras tanto Skuld rematará 2023 con una batería de fechas en vivo. Tras su paso hace apenas una semana por el Raposu Rock, el próximo 25 de noviembre estarán en las instalaciones de la Asociación Cultural Los Bancos De Atrás en Unquera (Cantabria) junto a Chabacanos y Polemika, el sábado 2 de diciembre recalarán en El Urriellu de El Entrego para cerrar el año en Vigo el 16 de diciembre en el local de la asociación motera Pawnees MC devolviendo visita a Cranio y con Ardora como parte del tripartito protagonista.
Pues ya tenemos de vuelta a la buena gente de Saedín. La banda, que ya ocupara estas líneas con su debut “Entre Ríos”, regresa ahora con un Ep de cuatro temas producidos por Leo Jiménez y al que han dado en llamar “Luna Nueva”. Recordemos que forman la banda granadina Carlos M. Calvente en baterías, Zoraida Vidal en teclas, Antonio Ortiz Castillo al bajo, Juanjo Mesbailer en guitarras y Ángela Mesbailer en voces. Grabado, mezclado y masterizado en AntiStudio (Fuenlabrada) con Anti Horrillo (Stravaganzza, Lords of Black, Dark, Saratoga…) a los controles y adornado por el arte de José Antonio Vives (Ankhara, Herética, Canker, Deimler…) “Luna Nueva” se encuentra en la calle desde el pasado veintitrés de junio vía Demons Records.
“Despierta” sirve como carta de presentación del Ep y en su marcado clasicismo esconde trazos sencillos y letras optimistas, alegres incluso, que por algún motivo me recuerdan a las que Víctor García acostumbra a trazar para los asturianos Warcry. Ángela las interpreta con clase, también con cadencia, siendo (o pareciéndolo) consciente tanto de sus capacidades como de sus limitaciones. Producción sin grandes errores, si bien es cierto que la batería, particularmente el bombo, suena a ratos algo disparado. Nunca de forma catastrófica, pienso, si bien lo suficiente como para empañar los habituales tonos orientalistas del combo granadino. En cualquier caso un arranque alegre y optimista para los fans del metal más alegre y también grandilocuente.
De lo más sinfónico el arranque de una “Embrujo” que apacigua los ritmos vivos del corte previo para entregar una suerte de “Kashmir” a lo Saedín con Ángela moviéndose casi en susurros. La banda torna luego al heavy metal más clásico para estribillos, donde inevitablemente uno piensa en Medina Azahara, para después insertar una serie de ritmos, también de arreglos e incluso de riffs que no desentonarían en un álbum de Orphaned Land. Hábiles a la hora de amalgamar tanto esos toques más populares como de echar mano de un mayor sinfonismo sin que la producción se resienta, impecable labor de Horrillo aquí, el corte termina emergiendo como gran triunfador de este pequeño Ep del combo andaluz.
“Puertas A La Soledad”, o la balada de este “Luna Nueva”, se conduce con elegancia. Tanto en lo que a arreglos se refiere como en lo tocante a una escritura clásica, que no acomodada. El corte refugia sorpresas. Al menos más de las que adiviné en primeras escuchas. A lo que se ve algo distraídas. Buenas líneas al piano de Zoraida Vidal aquí, alternas a una preponderante uso de los arreglos. Pero si algo me agrada es la forma en que Juanjo Mesbailer acompaña al corte sin llegar erigirse nunca en protagonista, operando siempre en favor de la composición y no en el de su ego. Dejando buenos adornos melódicos a lo largo y ancho del corte, así como un buen riff durante ese pequeño crescendo que precede al epílogo. Insistiré: ha ido ganando muchos enteros con las escuchas.
“Vamos A Volar”, no era para menos con ese título, entrega la cara más metálica de Saedín. Ahora sí con un Juanjo Mesbailer erigido en gran protagonista con ese buen solo que ocupa el llamativo puente central. Riffs con gancho, letras optimistas, poderosos arreglos y una cuidada base rítmica, ya sin aquél sonido un tanto artificial de la anterior “Despierta”. Por construcción puede resultar algo predecible, cierto es, pero es en todo caso un corte más que útil a la hora de exhibir a los Saedín más potentes. A buen seguro una fija en sus directos.
En su mezcolanza de metal sinfónico, aires orientales y heavy metal de pequeños acentos power, Saedín van poco a poco buscando su lugar en una escena necesitada de bandas que rompan un statu quo a veces un tanto cuadriculado y conformista. Disponen para tal fin cortes interesantes, particularmente “Embrujo”, en torno al cual surgen ideas que me interesan más y otras que no tanto. No obstante el Ep continúa con las buenas sensaciones que nos proporcionara aquél primer largo de hace ahora un par de años, por lo que deberían estar más que contentos. Ojalá verles asomar por el norte más pronto que tarde.