Crónica: Scanner + Corvus V (Oviedo 5/4/2025)

El sábado pasado nuestra querida Gong Galaxy Club acogió una nueva edición del Festival Diario De Un Metalhead con la participación de los leoneses Corvus V y la leyenda germana Scanner. Noche pues de contrastes, el metal moderno de los primeros junto al power/speed metal de lo segundos y una sala presentó sus mejores galas.

Y es que no fue poca la expectación creada ante la nueva llegada de los alemanes a nuestra región. Pero antes cabía presenciar las evoluciones de los chicos de Corvus V. La banda leonesa se subió al escenario, convenientemente decorado, oculta tras llamativas máscaras. Llamó igualmente la atención el tipo de metal que entregaron. Muy contemporáneo, con fuertes ramalazos a los madrileños Sôber y poseedor de una amplia paleta de influencias.

De primeras llama la atención la presencia y los varios registros que maneja Rub Serra tras el micro. Punto focal de un quinteto que, frente a la tiranía de las pregrabaciones, acudía a la cita con teclista de carne y hueso. En líneas generales el sonido que desarrollaron fue más que óptimo. Mucho ha crecido y mejorado la sala en este aspecto en los últimos años. Queda claro ya en cortes como “Si Vis Pacem”, tras la cual y a excepción hecha de su batería Diego Duro, abandonarían las curiosas máscaras. Y Sahe, pie al wah, brillaría en el solo de “Una y Otra Vez”. Buenos riffs los que tejió a lo largo del set, a los que hay que sumar los buenos coros que entregó. Baza fundamental de los leoneses.

Y mientras que en “El Sacrificio” aciertan a sonar más gruesos y rotundos, la gente pareció agradecer de mejor grado el mayor brío de “Mr Hyde”. Otro buen solo de Sahe aquí precedió a un Serra obcecado en buscar la conexión con la gente. En “El Miedo y Yo” quien se multiplica es Duro tras los parches. O por ser más preciso, tras el doble pedal, anticipo en cierto modo de lo que se nos vendría encima con el cabeza de cartel. Me engancharon en “Vudú”, quizá por ese aire más juguetón que desprendió. El riff es pegadizo y el buen rollo que se vislumbra en el seno de la formación acaba transmitido al público, que pareció conectar con ellos en este tramo final.

Sensación que iría a más cuando se atrevieron no solo a atacar “Children Of The Grave” (Black Sabbath) sino a ser lo suficientemente inteligentes como para llevársela a su propio terreno. Puede que el wall of death que propuso Serra para “Viento Austral” no concitase a tanta gente como al vocalista le hubiera gustado, lo que no quita para que ofreciera aquí uno de los estribillos más redondos del set. Sorprendieron en “Inferno” por la forma en que se arrimaron, sin ningún tipo de complejos, al industrial más maquinal para finalmente despedirse en la vertiente más atmosférica de “Desde Las Sombras”. Buenos detalles de teclas aquí y una banda que derrochó carisma y buen hacer.

Llegaba el turno de Scanner, que se presentaban en la Gong sin más detalles escénicos que un gran telón de fondo. Puesta en escena elemental para su power/speed metal orgánico y potente hasta las últimas consecuencias. Allí estaba Axel Julius, único superviviente de la formación que diera a luz a “Hypertrace” allá por 1988. Una banda que nació al albor de la primera ola del power alemán pero que nunca alcanzó el éxito de primeros espadas como Helloween primero y consecuentemente Gamma Ray después.

Y da igual porque desde que arrancan con “The Earth Song” y muestran un grandísimo estado de forma, poco importa si tienen cien o cien mil seguidores. Sascha Kurpanek se mostró incansable con el doble bombo y dio toda una lección de finura en la pegada. Julius de hecho dejaría un gran solo ya en este primer corte y Efthimios Ioannidis, oculto tras unas llamativas gafas de sol, dejó claro que su garganta no acusaba los rigores de las muchas fechas que acumula. Si a alguien aún no le quedaba claro que este era un show de auténtico power metal old school, “Not Alone” ejerció entonces de perfecto ancla con su pasado más glorioso. La banda sería lo suficientemente inteligente para circular por casi toda su discografía en lugar de agarrarse sólo a la nostalgia de los buenos tiempos. Porque “The Judgement”, del disco del mismo nombre, parece ofrecer la mejor versión de los alemanes. Brilló aquí un siempre risueño Ioannidis, que demostró el sábado ser uno de esos vocalistas que se crecen en el directo en relación al estudio.

Aunque si hay alguien que parece disfrutar de lo lindo ese es el bajista Jörn Bettentrup. Inquieto, sonriente y buscando conectar con la gente en todo momento. Alternó dedos y púa conforme la ocasión lo requería y se dejó la piel como perfecto escudero de las potentes arremetidas de Kurpanek. “R.M.U.” nos devolvió entonces al debut de la banda, otro corte de ritmos vivos y baterías fulgurantes en los que tanto y tan bien se manejaron. Ni que decir tiene que la gente en la Gong recibió de muy buena gana un clásico como este. En especial cuando Rybarski & Julius dibujan un solo hábil, eléctrico (valga la redundancia) y rebosante de clase. La compenetración entre ambos era tal que cuesta creer el poco tiempo que llevan tocando juntos. Desde luego llegaron a Asturias habiendo hecho los deberes. Vítores al término y una banda que no dudó entonces en visitar su último álbum de estudio para rescatar una “Warriors Of The Light” que aguantó el tipo frente a sus cortes más clásicos a fuerza de amalgamar clase, técnica y tablas.

Ioannidis comentó entonces que “sometimes in your life you need a little… Wonder!” y procedió con uno de los emblemas de la banda. Inteligente situación en el set, además, de tanto en cuanto procuró algo de resuello a la formación con base en Gelsenkirchen. La Gong respondió en estribillos y Julius devolvió todo ese cariño en forma de solo de guitarra. Rictus serio a lo largo del set pero un guitarrista que brilló con luz propia. Sin gestos de cara a la galería ni imposturas de cualquier tipo. Sobrio y elegante. Toda vez la banda se había tomado su pequeño descanso, tocó atacar entonces la furibunda “F.T.B.”, de nuevo soportada por un infatigable Kurpanek. Fue tal la pegada del batería aquí que Ioannidis no dudó en dedicarle el siguiente corte del set, un “Rubberman” en el que la Gong Galaxy Club se desgañitó de lo lindo. No así un Ioannidis que pareció ser consciente en todo momento tanto de sus fortalezas como sus debilidades, de ahí que llegara tan entero al tramo final. Su registro y el color que éste da a los temas podrán gustar más o menos. Yo mismo no soy el mayor fan de su particular timbre. Pero consideraciones subjetivas al margen, lo cierto es que defendió los temas con el mayor aplomo posible. Bien por él.

Eutopia” volvió a otorgar un cierto descanso a los chicos. Amplificó las miras del setlist, dejó estupendas melodías dobladas de Rybarski & Julius y regaló finalmente otro gran solo de éste último, de nuevo tan impertérrito como seguro y fiable. Y tal y como ocurriera anteriormente, tras el pequeño receso llegó el momento de volver a cabalgar a lomos del mejor power/speed teutón. “Terrion” miró al pasado para traer al presente lo mejor de la escuela alemana. Ni que decir tiene que la Gong respondió en consecuencia. Aún más cuando Ioannidis dejó que fuéramos nosotros quienes cantáramos tan icónico estribillo. Julius una vez más devolvió todo ese calor con un solo, repleto de tapping, que puede contarse entre los más vistosos de la jornada. Ironizó el frontman griego con que no le importaría volver a tocar allí al día siguiente. Tal era el calor que recibían y lo mucho que estaban disfrutando arriba de las tablas. Algo que atestigua cómo la más reciente “Scanner’s Law” aguantó el tipo sin problemas insertada entre los grandes clásicos de la banda. Testimonio además de la mucha fe que los de Julius tienen en ese “The Cosmic Race” de 2024.

Pero una cosa es que “Scanner’s Law” aguante el tipo y otra muy distinta es la que se forma en la Gong conforme la banda ataca “Warp 7” y encara así los bises finales. Kurpanek se mostraba aún infatigable tras baterías y no era poca la tarea acumulada que llevaba hasta ese momento. Otro tanto un Axel Julius algo más atrevido ahora en lo gestual. Quedaban dos cortes. Uno fue “Buy Or Die”, que Ioannidis quiso dedicar a la gente del merchandising. Y otro, el final a medio gas de “Across The Universe”, no sin que antes el vocalista introdujera una pequeña estrofa de “Heaven and Hell” (Black Sabbath). No llegó a hora y media pero me atrevería a decir que fue uno de los mejores shows de power/speed metal que he presenciado recientemente. Además aún tuvieron el detalle de subir a Larry Runner al escenario para felicitarle por su 56 cumpleaños. Vayan igualmente desde aquí nuestras felicitaciones.

Ya sabéis lo que dicen de que no hay quinto malo. Eran dos propuestas bien diferentes y por ahí temí cierta frialdad para con la buena gente de Corvus V. Que me pareció que no fue tal, si bien ya digo que estaban un poco fuera de su elemento. En cualquier caso y en lo que a mí respecta ya digo que me agradaron. Otro tanto unos Scanner que hicieron honor a su leyenda. Julius tiene desde luego motivos para estar más que satisfecho. Por nuestra parte nada más. Agradecer a la gente de Kivents todas las facilidades, a la concurrencia por la agradable compañía y ya saben: si nada lo impide nos veremos el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: Miguel Rubio

Entrevista: Jorge López Novales (Diario de un Metalhead)

Nuevo episodio de la serie de entrevistas por Edu Meier a rostros reconocibles de nuestra escena. En esta ocasión y continuando con la saga de fotógrafos asturianos el protagonista es Jorge López Novales, escritor, redactor para Diario De Un Metalhead y responsable del material gráfico en las últimas ediciones del concurso musical FestiAmas.

Edu: Así, para empezar. ¿Cómo empezaste a hacer fotografía de conciertos y qué te inspiró a especializarte en este género?

Jorge: Los heavys son muy dados a la militancia activa: fotógrafos, redactores, promotores… Hay algo que engancha y te va metiendo en el mundillo poco a poco. En mi caso, me gusta tanto retratar a alguien disfrutando en un escenario, como al público haciendo lo propio. Teniendo un carácter tímido (en serio), mi forma de relacionarme era hacer fotos. Aparte de que empecé a conocer gente normal con mis mismos gustos. No intentéis hablarme de futbol. A veces, se echa de menos ser un soldado raso en esto del metal. Disfrutar sin más de lo que suena, pero no creo que pudiera ya hacerlo.

No me considero fotógrafo. No me gusta considerarlo como un segundo trabajo; me daría una excesiva pereza. En su momento, no tuve más remedio que poner una marca de agua a mis fotos, y lo hice a regañadientes, cuando se empezaron a compartir fotos mías sin acreditar. También soy redactor, y en ocasiones combino las dos cosas. Al hacer fotos me resta cierta eficacia a la hora de escribir crónicas, al concentrarme sólo en lo que acontece en el escenario.

Pero vamos con la pregunta. A finales del año 2000 tenía cierto hábito de ir a conciertos. No de una manera muy regular, tampoco es que hubiera tantos conciertos en lo estrictamente heavy (o no era consciente de ello). En los años siguientes me decepcioné un poco con todo el asunto y dejé de moverme tanto. Digamos que he tenido algunos escarceos con la fotografía. Las primeras fotos que hice de un concierto, fueron en el concierto que hizo Avalanch en la Tizón en abril de 1999 (Gijón) en la presentación de su disco “Llanto De Un Héroe”. No fueron unas fotos al uso: apuntar y tirar de flash. Al revelarlas no quedaron tan mal. Supongo que esa cámara tuvo un mal final, porque no volví a utilizarla.

Mi primera cámara digital la compré en 2004 con mi primer sueldo. No era ninguna maravilla, pero algún concierto registré. Tendría que esperar a 2017, cuando fue la primera edición del Morgana Fest cuando compré una Canon 1300D de lo más básico animado por el bueno de Fredy Torres. Ahí empezó todo. Con perspectiva, lo podría llamar mi crisis de los cuarenta. Empecé a ir regularmente a conciertos. Tirando en automático era muy feliz, pero me procuraron unos años sin avances. De aquella, no tenía ni Facebook. Es más, la cuenta que utilizo ahora, es heredada de cuando mi mujer sacó su libro Olimpo del Metal. Origen, evolución y discografía del heavy metal en Asturias. 1980-2012, y que empezó a mover en 2014. Llegado el momento la renombre.

Empecé a trastear con las opciones manuales, consiguiendo alguna mejora. Trabajar con raw (con poca pérdida de calidad) era el paso lógico siguiente, y hacerlo con un mejor equipo también. Empecé a trastear con el brillo de las fotos, un poco con el color del propio visualizador de fotos. Y no sería hasta 2020 que empecé a trabajar seriamente con el Photoshop (todos tuvimos mucho tiempo). Nunca fui ordenado y soy incapaz de optimizar el uso de Lightroom. Es el momento en que empiezas a ver las costuras a la cámara y sabe qué puedes hacer con la luz que te ofrecen las salas. Recorrer salas a oscuras luego te ayuda a conseguir fotos más agradecidas en festivales y espacios más luminosos.

En 2019 empecé a trabajar en Diario de un Metalhead (Larry me hizo una oferta que no podía rechazar). Al principio quería salvar el metal, y las cosas me afectaban más. Era mucho más ingenuo que ahora. Ahora es evidente que no se puede salvar a todo el mundo; así que llega un momento en que uno debe escoger sus batallas; aparte de la agenda de cada uno. Ningún concierto es una pérdida de tiempo, es una excusa para avanzar. Y donde no llegue mi agenda estáis vosotros.

Ahora soy muy pesado con las redes sociales. Subo fotos sin parar, pero me obliga a trabajar editando fotos, la única manera de ver los defectos a gran tamaño. El feedback en las redes me ayuda a saber qué fotos tienen un poco más de repercusión. No ayuda mucho a mi “imagen” las famosas foto baños. Lo reconozco. Me divierte hacer ese tipo de fotos. Cuando deje de divertirme, en general, me quedaré en casa. Además, para mí forman parte del contexto, y tienen tanto valor como las que podría hacer de un escenario.

Edu: ¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrentas al fotografiar conciertos, quitando los guardias de seguridad, y cómo los superas?

Jorge: Los fotógrafos buscan luz (el mayor desafío junto con el humo) y momentos únicos. ¿Otros desafíos? No llevarte a nadie por delante. Procuro ser educado en un foso, y mirar a los lados antes de moverme. Si todos se agrupan en el mismo extremo de un escenario, además de incómodo, es que están haciendo la misma foto. El público nunca es un desafío, por muy animado que esté un concierto. Nosotros somos el obstáculo que está en primera línea. ¿Guardias de seguridad? Si un concierto tiene alguna particularidad, se acuerda antes de un concierto. Son reglas sencillas.

Edu: ¿Hay algún concierto o artista en particular que haya dejado una marca en vuestro trabajo?

Jorge: Entre mis grandes influencias (suena demasiado pomposo) está Txen Yang y Maya C. Cañestro, unos todoterrenos de la fotografía. Saben exprimir la luz de cualquier sala sin perder un detalle. Ellos me dieron muy buenos consejos para avanzar. Incluso me han tenido que corregir sobre la marcha en algún concierto alguna barbaridad (agarrar un flash tapándolo mientras enfocaba o verme trastear con el visor de la cámara hasta quedarme con él en la mano). Luego está Iñigo Malvido, que sabe retratar como nadie las inclemencias de una sala o el devenir de un festival buscando el cuerpo a cuerpo con el público para conseguir la mejor foto. Y, por supuesto, Sergio Blanco, que apenas retoca sus fotos y sabe deificar cuando inmortaliza a los artistas. Puedes apreciar la grandeza en un gesto. También me gusta mirar perfiles de otros fotógrafos en redes sociales que han compartido noche conmigo en primera línea. Me gusta ver cómo afrontan lo mismos problemas que yo en salas oscuras o estudiar los planos por los que han optado. Si, hago espionaje industrial a José Ángel.

Edu: Finalmente. ¿Qué consejo daríais a aquellos que quisieran empezar a llevarse recuerdos en foto de los conciertos?

Jorge: No sé hasta qué punto son permisivas las salas, ahora, con las cámaras de gente no acreditada. Yo en su momento, nunca tuve un problema. No habría podido ni empezar. En cualquier marca un objetivo fijo de 50mm es lo más económico e interesante para empezar. Tirar siempre fotos en formato raw. Aunque no sepas trabajar correctamente con ellas, llegará un momento en que puedas hacerlo. Siempre es divertido editar fotos antiguas con un mínimo de calidad y que en aquel momento no había sabido ni por dónde empezar. Evitar flash en lo posible.

Edu: Gracias por compartir tu experiencia y conocimiento.

Jorge: Gracias Eduardo.

Agenda: San Metalhead 2023

La recta final del Kuivi PopUp también contará con metal en su programación. De la mano de Diario De Un Metalhead y bajo el nombre de San Metalhead 2023 tendrá lugar el jueves 7 de septiembre el concierto protagonizado por Argion, Madsher y Secta.

Los locales Argion en una ocasión única presentarán su nuevo disco «Lux Umbra» en Oviedo dentro de un septiembre frenético que les llevará tras su reciente paso por el malagueño Algarroba Rock por toda nuestra geografía a través de conciertos en Izagre (León), Vigo junto a Saratoga y el albaceteño Gineta Rock. Por su parte los thrashers madrileños Madsher, subcampeones de la última edición de la Metal Battle Spain harán su debut en Asturias para presentar su último disco «Taken By The Vil Tormentor» editado en agosto del pasado 2022. Cierran el cartel los hard rockeros Secta inmersos en los últimos pasos de confección de su segundo disco de estudio y del que a buen seguro dejarán alguna píldora en el Kuivi. Con hora de comienzo las 20:30 horas recordamos que el acceso es gratuito.

ACTUALIZACIÓN: Unilateralmente los madrileños Madsher se caen del cartel que sigue adelante con Argion y Secta como principales protagonistas.