Tras un par adelantos en forma de videoclip («Haircut & Attitude» y «Sonic Love«) los avilesinos Leather Boys nos presentan la portada y tracklist de su próximo álbum de estudio que llevará por título «Lysergic Motel«.
01 B.D.S.M. 02 Haircut & Attitude 03 Crush On You 04 Sonic Love 05 Red Flag (Loser In Love) 06 Midlife Crisis 07 Electrify 08 Aussie Girl 09 Fairground Queen 10 Fading Star 11 Back Door Lady 12 Acid Riders
Grabado en Tutu Estudios el disco verá la luz el 21 de febrero de nuevo a través del sello The Fish Factory. El boceto original de la portada es obra de Francisco Javier Gómez Bobes con retoques finales por la propia banda. La presentación oficial en vivo del nuevo trabajo tendrá lugar también el 21 de febrero en la Factoría Cultural de Avilés, fecha en la que estarán acompañados por los valencianos Pölvora.
Vuelta al redil para los thrash death metaleros de Pedro Muñoz (Castilla-La Mancha), Incordian: Sergio en baterías, Loren y Jota en guitarras, Paco a la voz y Adri al bajo. El álbum fue grabado entre banda y JFT, con posterior mezcla y master de JFT Producciones. Del arte se encargó Chapu y finalmente el diseño corrió a cargo de Rubén. «De-Mente» vio la luz a comienzos de octubre.
Es apenas inmediato el modo en que “Su ley y Su Dios” me recuerda a unos Soziedad Alkoholika, en especial por el modo en que Paco ataca sus primeras estrofas. Un riff con más miga de la que aprecié en las primeras escuchas. Me gusta la construcción de esas estrofas, también la firmeza de esa base rítmica. El aspecto lírico, como es previsible, borra todo aspecto metafórico y transmite, sin un solo pelo en la lengua, el combativo mensaje. El tronco central deriva hacia un trazo más intrincado. Técnico incluso, donde la letra se vuelve algo más desesperanzada y oscura e irrumpe el primer (y muy llamativo) primer solo del álbum. Un gran arranque.
Es precisamente la base rítmica quien marca da la salida a “Gasolina y Llamas”. Aquí Incordian adoptan un metal más cargado de groove. Sin perder un ápice de acidez ni gravedad en cuanto a líricas, la escritura acierta a la hora de amalgamar riffs de metal pesado con otros donde vuelan a bordo de la batería de Sergio. El FraktureIván pone la segunda voz y no otro que Jimmy de Soziedad Alkoholika el solo en otro arranque de metal incendiario que no deja títere con cabeza. De hecho me atrevería a decir que el verso “y aunque hoy fracasemos, cada día manteniendo la lucha es una victoria” no les podría definir mejor.
“De Una Jodida Vez” propone a unos Incordian más hirientes aún si cabe. Pero lo hace, de nuevo, buscándole las cosquillas al género en lo que a construcción de riffs se refiere. Por ahí, el trabajo de Loren y Jota no podría ser más redondo. Sin florituras, directo, frontal, me funciona. El aspecto lírico es inevitablemente visceral, sin complejos ni metáforas. Directo al grano y con un marcado espíritu punk supurando casi en cada verso. Por ahí habrá quien eche en falta un mensaje algo menos panfletario. Sea como fuere, estupendo duelo solista el que dibujan ambas guitarras aquí. Los Incordian en su versión más cruda y desacomplejada.
“La Bestia Ya Despierta”, con Diva Satanica colaborando en voces, parte de un prólogo que, en cierto modo, me recuerda a los dos, tres primeros álbumes de Machine Head. Luego en las estrofas, y toda vez ambas voces juegan a alternar versos, se produce un contraste de lo más resultón. Me gusta la producción aquí. Tanto en esas partes más violentas como en las más pesadas y groovies. Preludio de ese puente descosido y vibrante, acomodo a su vez de uno de los solos, pienso yo, más inteligentes de todo el largo. Un corte que, finalmente, hará honor a su título.
Entre “Pestes” y “Cerdo”, pareciera que este “De-Mente” se tomase un pequeño respiro. Ni tan siquiera un minuto entre las dos, resultando en un curioso híbrido entre baile y grind la primera, un fugaz trámite a lo Serrabulho la segunda.
Con el tema título “De-Mente”, parece que todo vuelve a su lugar. Un corte que me retrotrae a la inicial “Su ley y Su Dios” gracias a esas estrofas violentas, rapidísimas, con Sergio dando lo mejor de sí tras baterías. Puede que en cuanto a riffs no capte tanto mi atención como otros cortes del álbum. Por contra, esta ofrece un trazo atractivo, diverso, amén del habitual despliegue de mal café tras el micro. Un Paco tan hiriente como acostumbra. Y una sección solista algo más que resultona.
“Siniestro Lugar” sí que llama mi atención en lo que a riffs se refiere. Quizá por ese pulso tan death que desarrollan en estrofas, ofreciendo un color casi inédito a lo largo de todo “De-Mente”. Me llama la atención la forma en que Paco ataca sus versos aquí. Una letra que, por algún motivo, me recuerda a los alcalaínos A Palo Seko y donde la banda muestra un trazo retorcido, atrevido incluso, resultando así otro de los cortes más atractivos de este segundo largo de los pedroteños.
“Muerte x Churro” son los Incordian más violentos. También los más divertidos. Otra andanada grind con una letra a lo Def Con Dos, desarrollada eso sí, sin perder un ápice de nervio o gravedad. Apenas minuto y medio para que Sergio se desfogue a gusto tras los parches.
Casi como antídoto a esa brevedad, “Abono Infecto” pone en liza a los Incordian más avezados desde el plano puramente técnico. Pesadez y groove en prólogo bien trabajado, ritmos directos (por momentos casi pegadizos) durante estrofas y otra fina sección solista. Sin inventar nada pero acertando a sonar frescos y, a la vez, crudos y potentes. Un corte que parece invitar al agite de cuellos, que me deja la sensación de que funcionará como un tiro en directo.
El cierre es para esta “Destino” y su llamativo prólogo. Una calma que me cogió por sorpresa en la primera pasada al disco, y que viene a contrastar con la pura rabia que desarrollarán más adelante. Instrumental donde vienen a darse cita tanto pasajes retorcidos como violentos arranques de death metal furibundo y vibrante. Llamativo final…
… para un álbum que pasa en un suspiro. Por su corta duración pero también por cómo Incordian han sabido buscarle los resquicios al género a la hora de construir los temas. La sombra de Soziedad Alkoholika es alargada (máxime cuando tienes a Jimmyhimself colaborando por ahí) pero no son pocos los momentos en que la banda busca encontrar su propio sonido. Por ahí le encuentro más asideros a este “De-Mente” de los que intuí antes de darle al play por primera vez. Un buen trabajo. Quizá no del todo redondo, esas pequeñas bromas que introducen mediado el álbum, pero que pienso satisfará a cualquier fan del thrash / death escuela S.A..
«Time Masters» se compone de once más un bonus track en la versión CD que desarrollan una obra conceptual a través del tiempo, la decadencia, la guerra, la trascendencia y el destino, combinando pasajes técnicos, riffs contundentes y atmósferas épicas.
01 Moon E-Brak (Euphoria And Decay) 02 Unexpected Events (The Beginning Of The End) 03 The Persecuted (Back Again) 04 Holy Grail (Blood) 05 Second Son (The Loss Of Innocence) 06 Immortality Fed By Death (Unstoppable Train) 07 Time Masters (Gods Of Soul Deliverance) 08 The Prophecy (Revelations) 09 Armageddon Wars (Ragnarök) 10 The Quest (Final Frontier) 11 Wormhole (Dreaming Eutocia) Bonus Track CD
Grabado en distintas localizaciones (Madrid, Gijón, León y Santander), el proceso de mezcla y masterización han corrido a cargo de Carlos Arcay en Arcay Studios (Santiago De Compostela). La formación compuesta por Francisco Cabañas (Decibel Race) al bajo, David Ordás a la voz, Benjamín Mateo en baterías y Guillermo Marqués a la guitarra estrenaba el pasado 12 de diciembre «The Persecuted (Back Again)» como primer sencillo promocional a la espera que el próximo día 30 vea la luz el segundo «Immortality Fed By Death (Unstoppable Train)».
Oscar (guitarra), JordiOnly (guitarra y sintes), Quim (bajo) y Manel Woodcvtter (batería) integran Syberia. Agrupación instrumental con origen en Barcelona y que nos presenta un “Quan Tot S’Apagui” pensado íntegramente en su catalán natal, y donde se acompañan de la colaboración del actor Lluís Soler , recitando unos versos en el epílogo del álbum. Trabajo que verá la luz el próximo 16 de enero vía Silent Pendulum Records (Estados Unidos) y Moment Of Collapse Records (Alemania).
“En La Foscor Una Llum Que Brilla” guarda un cierto misterio en su prólogo. Un arranque roto por unas teclas igualmente tensas, casi minimalistas, que a ratos me recuerdan al bueno de Hans Zimmer. Pero cuando las guitarras toman el mando, estos parecen los Syberia que todos conocemos. Si acaso algo más densos, algo más oscuros, pero con el mismo buen nivel técnico de anteriores entregas. Esa construcción por capas, casi inherente al género, esas estructuras en crescendo, están soportadas por riffs hábiles. Con gancho incluso. Vibra aquí, toda vez la batería de Manel adquiere un mayor brío, un cierto acercamiento a territorios más extremos. Perfectamente integrado en el andamiaje de la composición. A principio y a término. Me agrada el grosor que emana de las partes más pesadas. Ahí la producción, tengo la impresión que algo más “sucia” que en trabajos anteriores, casa a la perfección con los nuevos horizontes que buscan. Estupendo primer corte.
Es precisamente la batería de Manel la que marca el inicio de “Llampecs D’Oblit D’Uns Records En Vida”. A él se suma el crepitante bajo de Quim y, solidarias las guitarras, Syberia traman un prólogo directo y ágil. Quizá el impacto global que me produce esta segunda entrega sea menor que aquella que inauguraba el álbum. Aún así, encuentro una buena creación de atmósferas. Campo este que la banda ha ido macerando con el paso del tiempo, llevando a Syberia a contornos mucho más metálicos, arrastrando consigo una cierta melancolía en las melodías y transmitiendo una mayor desesperación cuando irrumpen, casi cual elefante en cacharrería, las partes más angostas y pesadas. Camino del cierre, la composición adquiere un paso más vivo primero, un mayor nervio después, y los chicos le andan cerca al black metal más leve. Detalle este, de hecho, explicitado en la propia nota de prensa, y que uno intuye del todo premeditado.
Puede ser el de “Naixença D’Una Mort Tranquil·La” el prólogo que más me recuerda a los Syberia de álbumes como (el estupendo) “Resiliency”. De primeras es un corte del que, en comparación con predecesores, emana una mayor cantidad de luz. Hay buenos riffs y melodías de Oscar y JordiOnly. También ciertos arreglos que no vienen sino a acentuar esa mayor luminosidad de la composición. Incluso pequeños remansos de paz donde, de nuevo perfectamente integrados y que fluyen con total naturalidad. Toda vez el corte supera su ecuador y las guitarras se vuelven inevitablemente más graves y crudas, un disco como “Requiem From Hell” de los japoneses Mono acude inmediatamente a mi subconsciente. Lo que me agrada de este caminar hacia el tramo final es la cierta épica que brota de repente, ayudada por las guitarras pero también por los sintes, y que otorgan un marcado poso grandilocuente a su conocido post-metal.
Desde luego que si el prólogo de “Naixença D’Una Mort Tranquil·La” era luz, el de “Dins La Meva Ánima La Sang Em Bull…” destila un carácter mucho más tenue y oscuro. Y sin embargo, de entre esa oscuridad va surgiendo un post-rock entre tenue y sombrío, elevado crescendo mediante, con melodías atravesadas por una cierta tristeza. Una encrucijada rota de pronto por guitarras de una melancolía, también de una fuerza, que por pura colisión construyen alguno de mis momentos favoritos de todo el álbum. Ese momento puede que salte en mil pedazos antes de lo que me gustaría. Sea como fuere, todo va redirigiendo hacia un post-metal que, de nuevo, parece jugar a hibridar a los Syberia pasados con los actuales (quien sabe si futuros) con una buena amalgama de riffs hábiles y base rítmica de precisión casi milimétrica. La composición se arquea y contorsiona sin por ello perder un ápice de gancho. Más bien al contrario. Puede que sean los Syberia más orgánicos, más telúricos, pero el recuerdo a bandas como Isis o Amenra se resuelve como (casi) inevitable. En otras palabras: puede que mi favorita de las cinco.
El arranque de “Quan Me’n Vagi No Em Tanqueu Els Ulls” porta un cierto clasicismo. Un post-rock postrado en las raíces mismas del género. Elegante, tendido, bien dibujado y del que se desprenden una delicadeza y (casi diría) un refinamiento roto, de manera abrupta, por una estupenda línea de batería de Manel y una gama riffera de nuevo igualmente clásica. El trazo dibuja un cierto vértigo. Partes más acomodadas que colisionan con otras más violentas, no lejanas de un post-black que a ratos podría llegar a rimar con el shoegaze de gente como An Autumn. En lo que a mí respecta, ha sido el corte que más escuchas ha requerido de cara a la redacción de esta reseña. No quisiera decir que su escritura resulte laberíntica, pero sí que esta resulta estar llena de virajes y recodos ante los que no cabe pérdida de atención. Con todos los sentidos puestos en este último corte, la recompensa son unos Syberia, aparentemente, en un momento más que dulce. Acompañados de esa mayor oscuridad sin perder conexión con sus propios orígenes. Un ejercicio de funambulismo sonoro a la altura de los compositores más avezados. A tres minutos del final se aviene la calma. El cuarteto rebaja los biorritmos para introducir la comentada narración del actor Lluís Soler y tramar su poético final. Estupendo broche.
La nota de prensa que adjuntan avisa y “Quan Tot S’Apagui” lo confirma: estos son los Syberia de siempre pero el poso más oscuro que se deja sentir a lo largo y ancho de muchos cortes otorga una marcada personalidad a este nuevo trabajo. La jugada, pienso, funciona, aunque como siempre, en esto habrá opiniones para todos los gustos. En cuanto a composición le encuentro pocas pegas. Menos aún en lo relativo a ejecución. La producción, como digo algo más “sucia” ahora, casa con ese espíritu más sombrío y Syberia huyen de su pasado sin olvidarse de él. Habiendo comprobado en el pasado lo mucho que esta banda gana cuando traslada sus obras al directo, solo queda, pues, disfrutar de estas nuevas composiciones en vivo lo antes posible. Guiño, guiño.
“Maniphesto” es el séptimo trabajo para los heavies de la capital Easy Rider, que viene a significar el primer largo, propiamente dicho, para su vocalista Dess, quien debutara con ellos en el Ep de 2021 “Metamorphosis”. La banda se completa con José A. Villanueva al bajo, Javier Villanueva y Daniel Castellanos en guitarras y José María Roldán tras baterías. Sería el propio Castellanos el encargado de producir, mezclar y masterizar estos nueve cortes, adornados por el diseño de la propia Dess y estrenados finalmente el pasado mes de septiembre.
“Paralysis” se abre desde los mismos pulsos de un corazón aún latente. Concita después un heavy metal de trazo ágil, con estrofas bien dibujadas y un rasgo en estribillos con el que conecto en buena medida. La propia alternancia rítmica que ofrecen aquí, los distintos tonos, alcanzan a la voz de la propia Dess, cuya diversidad en cuanto a registros se adapta como un guante a este primer corte. En lo personal habría otorgado algo más de peso a ese solo que ocupa el puente. En cualquier caso, un opener sencillo, directo y nada desdeñable.
“Felurian (spanish version)”, sí, vira al idioma de Cervantes para que Easy Rider adopten ahora una mayor mordiente en riffs. Frente a ese metal algo más agreste surgen contornos más melódicos. Y, por ahí, la banda va construyendo unos contrapuntos ágiles y bien ejecutados. Destacable la buena base rítmica que traman entre Roldán y José A. Villanueva. Y aunque alguno de los versos que Dess dibuja tras el micro me resulten algo atropellados, un corte de esos que va ganando peso con las escuchas. Estupenda sección solista, ahora sí, anticipando un epílogo de mordiente más pronunciada. Me divierte, aún con sus más y sus menos.
“Welcome To My Paradise” es heavy / power metal a la europea, bien arreglado y ejecutado, donde José A. Villanueva está dejando una más que interesante y notable línea de bajo. Dess añade ahora unos tintes algo más hard a su registro. Y, de nuevo, de ese contraste surge un corte ágil, quizá algo indolente en lo que a riffs se refiere, pero desde luego nada indigno en su conjunto. Hay buenas melodías soldadas a las estrofas, y de hecho un mayor pulso melódico conforme el corte transcurre hacia el despliegue solista y, ahí, una composición más diversa y atrevida. Un corte que esconde varias capas sobre una misma piel, elegante, puede que no del todo sofisticado pero sí que muy efectivo.
Echo en falta algo más de pegada en el prólogo de esta “Hear My Voice”, donde sin embargo, Javier Villanueva está dejando su mejor cara como solista. Me gusta el pulso más tendido y atmosférico con el que han trazado estas primeras estrofas. También lo amable, casi juguetón, de su cuidado estribillo. Es la Dess más amable, dibujando junto con la banda un corte de fortísima personalidad dentro del álbum, al que enriquece y afianza. Más adelante emerge un cierto pulso prog. Nada acusado ni impostado, equilibrado y sin que desbarre en solos o requiebros ególatras y/o fuera de lugar. Otra de mis favoritas tras el correr de las escuchas.
“Prey”, a la larga entrega más extensa de este particular manifiesto, da inicio desde la calma más absoluta, con Dess en tonos amables sobre apenas un delicado colchón acústico. Más tarde se sumarán arreglos de cuerda. También una ¿batería electrónica? que puede haga torcer el rictus a más de uno. En cualquier caso, una power ballad de voces bien afinadas, crescendos síldamente armados y solos a rebosar de feeling. A buen seguro poco sorprendente en lo que a composición se refiere, pero resuelta con la pericia que desde luego da la experiencia.
A esas calma y elegancia contraponen “Breaking The Chains” y el que puede ser el riff más grave de todo “Maniphesto”. Un corte que trae al frente a los Easy Rider más pesados, más groovies, que me recuerda a aquellos Dreamaker que Elisa C. Martín montara tras su tumultuosa salida de Dark Moor. Dess tiene momentos realmente agudos aquí. En realidad está trazando una línea de voz llena de matices, tanto en esos tonos altos como en los más graves. Un corte que, al final, me agrada más por su propio contraste con el resto del álbum que por sí mismo.
El tema título “Maniphesto” recupera a unos Easy Rider más alegóricos. Heavy / power trotón directo, lleno de buenos riffs (estupendos en estrofas) y detalles técnicos llamativos, que no redundantes. Trota José María Roldán tras baterías en apoyo de esos ritmos más vivos. Y a falta de una producción de mayor pegada, bien están esos acerados solos del puente central o la Dess más gritona del epílogo. A la contra de otros cortes dentro del álbum, uno que entra a la primera y arraiga fuerte en el subconsciente entre buenas cabalgadas de la base rítmica y la acertadísima gana riffera de la que hace gala.
Al menos en lo que a intensidad se refiere, por ahí circula también “The Deal”, elevando su habitual heavy de tintes power metal hasta bordear el speed. Por ahí, claro, se suceden riffs hábiles sobre una base rítmica veloz y contundente. Me agrada la clase de riffs sobre los que construyen esta penúltima andanada, también la línea de voz que ha construido Dess, muy especialmente en estribillos, que termina por llevar a buen término la cara más flamígera de los madrileños. Heavy metal directo y sin concesiones.
El cierre, para el que considero un buen disco de metal, corresponde a la versión en el idioma de Dickens de “Felurian”. Easy Rider, un poco como Azrael (sobre cuyo “Aquelarre” escribía hace escasas fechas) nunca llegaron a romper en popularidad como lo hicieron muchos homólogos suyos. Con el agravante, además, de que ellos lo hacían cantando en inglés, con todo lo que ello implica. No obstante ese estatus de culto les ha permitido, baile de voces mediante, la libertad de labrarse un sonido al que poder llamar propio. “Maniphesto” vuelve a incidir en su receta: metal a la europea con tintes de power aquí, algún groove allá, incluso algún (pequeño) escarceo con el progresivo. Esa mezcolanza, gracias al buen equilibrio que muestran en cuanto a composición, se me hace de lo más amena y disfrutable. Un disco que puede no ser sobresaliente, puede que no les granjee una nueva legión de seguidores, pero sin embargo logra aquello que pretende: mostrar a una banda ya veterana y fiel tanto a su propio legado como a quienes lo han seguido desde finales del pasado siglo. Que no es poco.
El cuarteto progresivo Ethiva presentará el sábado 20 de diciembre en los Locales Mercurio de Mieres su nueva obra de estudio «Beaten Track«. Una velada que contará con los infatigables Automatic Kafka como compañeros de escenario. Ocho años después la publicación de su anterior trabajo «Sublime Island» Camil Cinnamon en voces, Javi Lorenzo a la guitarra, Ramón Fernández en baterías e Iván Muñoz al bajo han confeccionado 6 nuevas canciones en Ovni Estudio y Tutu Estudio y que veía la luz a través del sello alemán Clostridium Records. Por su parte los Kafka repiten paso por Mieres para presentar su último lanzamiento discográfico «Immortal«.
A partir de las 17 horas arrancarán los conciertos. Con la entrada anticipada (10€) se participa en el sorteo de un LP y camiseta de cada banda, disponible la venta en los siguientes puntos físicos:
«mEtAnOIA», la nueva obra de estudio de Crudo veía la luz allá por el mes de junio en plataformas digitales. No sería hasta el pasado sábado 29 de noviembre que llegaría su presentación en vivo en nuestro querido Gong Galaxy Club y el estreno del álbum en formato físico. Una fecha en casa que H.M.B. no se iba a perder contando además que el cuarteto llegaba a Oviedo con Abraham Díaz como nuevo guitarra.
Para la ocasión prepararon un repertorio especial, 24 temas repartidos en la interpretación integra de «mEtAnOIA» intercalando temas destacados de sus 16 años de trayectoria. Dos horas de show que no defraudaron a los incondicionales congregados para la ocasión. Rostros tan reconocibles de nuestra escena como son Víctor García, Alberto Ardines, Fernando Mon, Jorge Moldavo o Isaac Prietono quisieron perderse las evoluciones de un cuarteto que se mostró enérgico y fiable toda la velada.
El sonido de las grandes citas no dejó de acompañar las evoluciones del combo sobre el escenario. Sin apenas pausas, una escueta bienvenida tras los primeros 4 temas, marcaron el primer tercio de concierto. No había tiempo que perder ni tregua que dar al personal. «Movidas«, uno de los primeros adelantos de la nueva obra daba el pistoletazo de salida a la noche para repasar a continuación sus inicios con temas tan reconocibles como «Leyendas Urbanas«, «Héroes» o «Bocazas«. Se hizo de rogar el siguiente tema de «mEtAnOIA» pero la espera mereció la pena, vaya que si. El alegato contra la inmediatez de los tiempos actuales en la música y las redes sociales de «Zapatillas de Cuadros» pone la alfombra roja a la colaboración de los Mala ReputaciónDaviz Rodríguez y Juan Santamaría en «Escenario de Guerra» y la Gong se aproxima a la ebullición con el momento.
No podía faltar una noche como esta la ganadora del Premio AMAS a mejor canción rock en el 2022, “Otro Ladrillo En La Pared”. Y es que hay temas que son santo y seña del cuarteto. La dupla Vivar/Melero se va repartiendo la faceta vocal mientras van cayendo composiciones tan reconocibles como «Mirando Hacia Arriba» o «Miedo A Caer«. La formación parece cómoda en el escenario en todo momento, Abraham Díaz se muestra totalmente integrado en la dinámica de la banda y Adrián «Petu» Simón sigue azotando la batería como si la vida le fuera en el empeño. Nada nuevo bajo el sol, Crudo siempre fiables en cualquier circunstancia.
Si hubo un momento de respiro llego bien avanzada la noche y es que Crudo no dio pie a tomar aliento hasta «Tiempo Perdido«, reminiscencia del paso de Luis Melero por Los Débileshace la friolera de 25 años. No esconden sus influencias, las amplifican de manera que «Tras Tus Pasos«, su homenaje al tristemente desaparecido Boniy de cuyo estreno en vivo fuimos testigos en el Pravia RockFest celebrado allá por octubre de 2023, tiene pinta que será una de las canciones fijas en su repertorio en directo.
El ya habitual cierre con “El Avestruz” selló una presentación donde no escatimaron esfuerzos, Melero incluso se pegó una excursión entre el público. La propuesta es innegociable para ellos, se dejaron todo sobre las tablas (también debajo) como es habitual y el público lo agradeció efusivamente. Quizás se echó de menos algún tema, a estas alturas es imposible acertar pero lo importante es que no sobró ninguno. Presentación cumplida, colaboración de amigos y una sala que si bien merecía mejor aspecto aportó el calor y el empuje necesario para que la velada dejara sonrisas en los rostros y la satisfacción del deber cumplido en el zurrón.
Décimo “Aquelarre” para los chicos de Azrael, o lo que es lo mismo: Tino Torres en baterías, Marc Riera a la voz, Oscar Espín y Enrique Rosales en guitarras y Juan Manuel Salas al bajo. Con colaboraciones de Mario G.M. (que fuera miembro de la propia banda, llegando a grabar tres álbumes con ellos) y Zoraida Vidal (Saedín) ofrecen un total de diez temas producidos y grabados en los granaínos Z Studios el propio Rosales junto a Pedro Sillero. El mismo Mario G.M. se hizo cargo posteriormente de las habituales tareas de mezcla y master, Unai Endemaño disparó las fotos y, finalmente, Fernando Nanderas (Ankhara, Centinela, Opera Magna, Ñu…) se encargó del artwork. En la calle vía Demons Records desde finales de octubre.
“Mientras Mi Cuerpo Aguante”, que no podría sonar más a pura declaración de intenciones, coloca el estribillo en el mismo prólogo y construye un interesante juego entre ese riff cabalgado de ese inicio y los más rocosos de las primeras estrofas. Éstas vienen bien adornadas, desarrolladas con pericia incluso por Marc Riera al micro. Regresa el trote inicial para estribillos y acomoda buenos detalles desde las seis cuerdas. El corte, uno de los más extensos del trabajo, va conformando esa naturaleza híbrida y a la vez pegadiza. Alza la nota final el gran solo que anticipa el epílogo. Certero primer corte.
“Humanidad” lleva una onda que, en ciertos momentos, me recuerda a mis paisanos de WarCry. Azrael vuelven a apoyar su heavy metal sobre un marcado colchón de teclados. Pero la propuesta, en comparación con el tema inicial, se ennegrece aquí. Hay un gran trabajo en lo que a voces se refiere. Clásico y muy funcional. Bien medido con respecto a las estrofas que ocupa. Buenos enganches entre las mencionadas estrofas. Y si bien hecho en falta un bajo con algo más de peso en la mezcla final, uno de esos cortes que va ganando no poco peso con el paso de las escuchas. Ayuda ahí el buen duelo solista de su tramo central. También un epílogo bien trabajado y de lo más resultón. Otra buena oferta.
“Pobre Diablo”, con Mario G. M. aportando en guitarras, es un heavy metal trotón y optimista. Deudor de los Helloween más alegres, también de los primeros Edguy, apoyado con firmeza sobre el doble bombo de Tino Torres. Dünedain, líneas de voz mediante, podría ser otra de las rimas de este tercer corte, el segundo más rácano de todo “Aquelarre” en lo que a duración se refiere, acierta a la hora de recuperar a los Azrael más directos y vibrantes. Un buen contraste al par de cortes iniciales, con otro buen solo en su parte central y coronado sin apenas perder esos ritmos alegres y vivarachos. Me agrada.
“Noche De Brujas”, si bien en cuanto a la viveza de su heavy metal, parece seguir allí donde lo dejara su predecesora, cierto es que entrega a unos Azrael sensiblemente más oscuros. Algo que se transfiere incluso a las voces que dibujan a través de las primeras estrofas. Aquí y allá encuentro pequeños desequilibrios en cuanto a mezcla. No obstante esa desigualdad no esconde su metal vibrante, potente, de nuevo apoyado por unas teclas casi omnipresentes. Aquí se produce uno de los solos más interesantes de todo el largo, al que darán inicio las hábiles manos de Zoraida Vidal sobre el teclado. Un corte, que anticipó al disco, quizá algo deslucido en lo que a producción se refiere pero que, en cualquier caso, me atrae tanto desde el punto de vista gramático como el técnico.
“Tierra Prisionera” se construye sobre uno de mis riffs favoritos de todo el disco. Me agrada la mayor presencia de Juan Manuel Salas en la mezcla de esta quinta apuesta. Un heavy metal clásico, con ciertas trazas de power metal y muy funcional, que de manera acertada (pienso) reserva un mayor nervio para sus estribillos. Hay cuidados engarces entre estrofas, un solo muy de la escuela Weikath / Hansen y un epílogo que, me da la sensación, les funcionará sobre manera en directo. Es cierto que, en lo que a construcción y escritura no llama tanto la atención como otros cortes de este nuevo trabajo. Pero recupera la producción tan equilibrada de comienzos del álbum para un heavy metal pegadizo, enérgico y funcional.
“Dolor y Agonía”, entrega más rácana en cuanto a duración de este “Aquelarre”, es un heavy metal de trazo y gusto muy clásicos. Hay un cierto olor a Judas Priest en las estrofas, que contrasta con el poso más tendido de sus estribillos. En estos hay voces realmente agudas. Bien construida sobre otro riff hábil y con gancho, a ratos siento que las ideas aquí dispuestas daban como para un corte algo más ambicioso. En todo caso, bien están ese solo tan virguero de su tronco central o las poderosas voces del epílogo. Me deja con ganas de más.
“Duele” resulta en una balada de corte entre épico y elegante, con un gran despliegue vocal y unas teclas, de Zoraida Vidal, realmente hábiles. Se eleva, guitarras y base rítmica mediante, en un crescendo igualmente clásico y muy funcional, hacia territorios más ampulosos y grandilocuentes. Clásica power ballad en la más pura tradición del género. A favor el gran despliegue vocal y la gran producción de la que hace gala. En contra, que pueda resultar algo previsible.
“Un Paso Más” recupera a esos Azrael más vibrantes, próximos (cuando no lindantes) con un power metal directo y sin contemplaciones, que de nuevo me recuerda a los chicos de Dünedain, y en donde Riera se maneja en tonos realmente altos. Con un Torres incansable tras baterías, uno no puede hacer otra cosa que disculpar esa construcción algo plana. Porque la producción y mezcla aciertan a la hora de magnificar la pegada, convirtiendo a este penúltimo corte en uno de los más poderosos de este nuevo trabajo. Nervio y garra intactos, que para más de treinta años transcurridos desde aquella iniciática demo de 1993 no está pero que nada mal.
El interesante prólogo de “Ángel Desterrado” tiene algo que me recuerda a unos Avalanch de álbumes como “Muerte y Vida” de 2007. Elegante, bien construida, con Riera volviendo a esos tonos altísimos, pero donde echo en falta un estribillo con algo más de gancho. Sea como fuere, hay en ciertas estrofas un deje que, a ratos, me recuerda a los mejores momentos de Queensrÿche. Una guerra de contrastes para un corte que me atrae solo a ratos, aún cuando le reconozco los buenos detalles de Zoraida Vidal tras las teclas o el hábil solo del epílogo. Desigual, me agrada sin engancharme…
… que podría ser un poco la sensación que me dejan los propios Azrael en sí. Una banda que jamás fue capaz de romper el particular techo de cristal y alcanzar al nivel de reconocimiento que sí lograron según qué contemporáneos suyos. Algunos, de hecho, citados en la propia reseña. Por ahí que encuentre de especial mérito que, a pesar de todo, sigan contra viento y marea, ofreciendo buenos pildorazos de heavy metal a su fiel legión de seguidores. Con cortes que brillan con luz propia, véase la dupla inicial, la cierta oscuridad de “Noche De Brujas”, la grandilocuencia de “Duele” o la pegada de “Un Paso Más”. Siguen en la pelea.
“Solus Ipse” es el tercer largo en la trayectoria de los asturianos Unexpectance y trae consigo algún cambio que otro. El más notorio, el que ahora lleva a Vaan a encargarse de las tareas vocales. Junto a él están Nacho Peña y Miki Méndez en guitarras, Aitor G. Stamper al bajo y Luis Barrientos a la batería. Los asturianos debutaron en 2016 con “La Metástasis De La Desesperanza”, ofrecieron un más que notable “Vortex” en 2022 y vuelven ahora con energías renovadas y un álbum que cierra su particular mirada a la trilogía sobre la obra de Dante. El trabajo fue grabado por ellos mismos, contando eso sí con las muchas habilidades de Daniel Sevillano para la mezcla. El proceso de masterizado corrió a cargo del propio Nacho Peña. “Solus Ipse”, al que adorna el arte del artista japonés Biljee Shimpei, tiene prevista su salida al mercado el próximo quince de enero.
El concepto griego “Sophrosyne” puede que aluda a la templanza, moderación o sensatez, pero en manos de Unexpectance supone un aldabonazo de ardiente metal moderno. Vaan arremete, a puro desgarro, las primeras estrofas. Y el corte, Luis Barrientos mediante, transita por momentos realmente agrios, confrontando violentos blast beats con un metal pesado y conciso. En la más pura tradición del combo asturiano, surgen pequeñas islas de tranquilidad. Y, desde ahí, transitan hasta su cara más atmosférica. Pero lo que me agrada es la forma en que la composición respira. Compuesta en lo musical por Stamper, da comienzo al álbum conteniendo muchas de las ideas que habrán de alimentarlo desde aquí hasta el final. Pero sin que nada resulte atropellado ni tampoco artificial. Rematada con un imaginativo solo previo al epílogo, supone una más que notable toma de contacto con este “Solus Ipse”.
“Momiji” representa “el acto de contemplación del cambio de color de las hojas del arce japonés”. Composición de Peña tanto en lo musical como en lo lírico, sorprende primero con la fuerza sinfónica del prólogo, después con el gran trabajo llevado a cabo en lo que a melodías se refiere y finalmente con ese juego de Vaan entre registros. Esa dualidad otorga una mayor dimensión a esta segunda entrega. La nueva voz de Unexpectance acierta a sonar más agónico aquí. Y Barrientos vuelve a alternar esas partes más vibrantes con un metal realmente pesado y contundente. Fue una de las cartas de presentación del álbum, aún cuando se trata de la entrega más extensa de este tercer disco. En toda la composición anida una cierta elegancia, la que propician esos arreglos de tono casi grandilocuente. Y que contrastan, como ya digo, con el metal más nervioso y vibrante con el que lo rodean. Un juego de intensidades marca de la casa y en el que los asturianos parecen más que cómodos.
“Ataraxia”, o lo que es lo mismo, “estado de imperturbabilidad, serenidad y tranquilidad del ánimo, libre de pasiones, temores y deseos desmedidos”, entrega ahora a unos Unexpectance mucho más orgánicos. De nuevo composición total de Peña, siento que el trabajo en cuanto a riffs es encomiable. Sus primeras estrofas son tan agrias como reconocibles. Y es que no cuesta seguir el rastro de sus líneas maestras hasta cortes del anterior “Vortex” como “Hipersomnia” o “Neurapraxia”. La banda a pleno rendimiento, siendo muy consciente de todas sus fortalezas, y con un Vaan desbocado frente al micro. Las melodías que van inundado las estrofas, el groove tan adecuado que surge más adelante o esa vibración tan cercana al melodeath que surge a destellos. Si bien hay (a ratos) una cierta sobre producción que puede enfurruñar a los más clasicistas, ellos vuelven a cerrar con otro solo digno de atención. Fue la otra carta de presentación de “Solus Ipse” y no seré yo quien ponga peros a la decisión.
“Gnosis”, o el “conocimiento absoluto e intuitivo, especialmente de la divinidad, que pretendían alcanzar los gnósticos”, trae consigo un llamativo prólogo primero, y un riff con un gancho de mil demonios después. También unas ambientaciones llenas de presencia y clase. Medio tiempo pesado, arrastrado, con ya digo un gran trabajo en lo que a riffs se refiere y con un Vaan del que emana una cierta desesperanza a ratos. Composición de Peña en lo musical, representa en gran medida a los Unexpectance mas crudos y arrastrados. Apenas un pequeño cambio de ritmo conducirá hasta el breakdown del epílogo. Y si bien siento que a éste se le podría haber sacado un poco más de jugo, algo me dice que la propia crudeza que desprende bien podría convertirla en próxima favorita de sus seguidores.
Regresa Stamper a las labores compositivas en “Noesis”. En filosofía, noesis es un concepto del pensamiento griego que se refiere a “la acción de pensar o actividad del pensamiento”. Nacho Peña pone en esta ocasión la letra a la que puede ser una de las composiciones más heavies de todo el álbum. Aún cuando su arranque, ese curioso prólogo, no podría ser más exógeno. Pero la forma en que adornan las primeras estrofas, cómo crepita en ellas el bajo del propio Stamper, unidas a esa vibración mayor durante estribillos ciertamente otorga otro cariz a la banda primero, al disco después. Contiene otra gran labor en lo melódico, fundiendo ese pulso más clásico con ambientaciones cercanas al metalcore más al uso. De resultas de todo ello surge finalmente un corte en constante mutación, de esas que ganan una barbaridad con las sucesivas escuchas, y que no cogerán de nuevas a quienes recuerden trabajos en solitario del bajista Aitor G. Stamper.
A “Nematomorpha”, nombre de unos parásitos inductores del suicidio, le corresponde entregar a los Unexpectance más violentos y despiadados de todo “Solus Ipse”. Nombres como Lorna Shora o Mental Cruelty acuden siempre a mi subconsciente aquí, lo que da un poco la medida del mal café que el quinteto ha vertido en esta sexta entrega. Sin que la producción se resienta lo más mínimo, todo me funciona aquí. La violencia que despliega Vaan tras el micrófono. La pesadez y también la crudeza que emana de ciertos riffs. Lo diversa que resulta esa línea de batería de Barrientos. Ese groove tan descosido. Otro corte coctelera, en el que caben un sinfín de ideas, pero que aún así resulta extrañamente cohesivo. Coherente incluso. Nacho Peña mostrando su mejor cara como compositor, tramando un corte diverso y, de todos modos, redondo.
“Ethos”, o lo que es lo mismo, el “conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad”, pone a Barrientos a volar tras el kit de batería, mientras traza un prólogo incendiario, nervioso, casi fulgurante. Luego la producción recrea colchones sonoros durante las estrofas, mientras que solos rebosantes de técnica y clase ejercen de debido engarce entre estas. Cabe también un buen trabajo en la parcela melódica. Y si bien a estas alturas del álbum su estructura puede no resultar ya tan llamativa, lo cierto es que ellos aciertan a entregar otra composición ganadora. Diversa, como lo son casi todas las aquí presentes, bien arreglada y con un Vaan que, de nuevo, recupera esos tonos algo más desesperados. Tremenda.
“Samsara”, el “ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento en las religiones de la India como el hinduismo, budismo, jainismo y sijismo”, también un magnífico documental de Ron Fricke, son unos Unexpectance un tanto refractarios al resto del álbum. Es algo que se palpa en la tranquilidad del prólogo y en ese quiebre tan violento que propician las primeras estrofas. De estas surge una banda que se arrima, ahora sin medida, a las fronteras del death melódico, con Barrientos llevando firme el pulso y los riffs de Peña y Méndez quedando como alguno de los más llamativos de todo el álbum. Agria, directa y cruda, dueña de breakdowns salvajes y grooves incendiarios, esta octava entrega viene a dar cumplida muestra de las pocas barreras que los chicos han puesto frente a la hora de sentarse a componer. Su último verso no podría resultar más definitorio: “Romperé las cadenas de esta pesadilla. Forjaré un nuevo paraíso, Y allí gobernaré”.
“Hybris”, concepto griego que “puede traducirse como arrogancia, altanería, insolencia, soberbia, ultraje, desenfreno o desmesura”, nos devuelve a unos Unexpectance en cierto modo más clásicos. Muy presente, algo virguero incluso, el bajo de Stamper ahora, durante unas primeras estrofas en búsqueda de una cierta grandilocuencia. La banda entrega un penúltimo corte lleno de pulsos altos y voces agónicas. Hay buenos acentos melódicos, una batería muy poco lineal y de nuevo ideas que me retrotraen al anterior “Vortex”. Quizá porque hay voces de Vaan aquí que me recuerdan, y no poco, al que fuera anterior vocalista del combo, el actual Chamako Wey!Daniel Larriet. Mucha atención al solo final.
“Empíreo”, que corresponde a “la iluminación a través del conocimiento, el final del viaje”, es fácilmente una de sus entregas más diversas y atrevidas. Un cierre en donde anidan muchas de las ideas que manejan a la hora de sentarse a escribir. Sus primeras estrofas son violentísimas, con Barrientos a puro blast beat en compañía de un Vaan ciertamente vibrante. Hay guiños más melódicos, fugaces pasajes tranquilos, plenitud de cambios de ritmo… puede que, a ratos, no resulte tan cohesiva como otros muchos cortes de este “Solus Ipse”. Por contra, esa cualidad tan impredecible, a buen seguro la convierte en uno de sus cortes más atrevidos. Esto, como siempre, irá en los gustos, los usos y las costumbres de cada uno.
Escuchado varias veces, aún siento que resta jugo por exprimir del tercer álbum de los asturianos. No sorprende la calidad de la producción. “Vortex”, maltratado como tantos otros trabajos por la dichosa pandemia, ya dejaba el listón alto en este sentido. Pero la entrada de Vaan al micro parece haber otorgado una mayor dimensión al conocido metal contemporáneo de los asturianos. Muy firmes ya desde la propia composición, el álbum es un compendio de capas, intenciones, ritmos e intensidades, desplegadas las más de las veces con altas dosis de equilibrio y mesura. Hay pequeños guiños al death melódico, casi inherentes a este tipo de álbumes, grooves matadores, algún que otro breakdown verdaderamente afilado y una gran, grandísima labor en lo que respecta a las guitarras de Peña y Méndez. En melodías, en solos pero de manera muy esencial en cuanto a riffs. Lo siento así. De resultas de ello emana un álbum donde uno atisba ya una palpable madurez en el seno de Unexpectante. Empresa harto difícil si uno tiene en cuenta lo dramáticos que suelen suponer los cambios de voz en formaciones como esta. Todo un logro.