Reseña: Tort «Dimonis De La Sauva Negra» (Discos Macarras 2026)

Estamos ante el cuarto largo de la agrupación sludge barcelonesa Tort. La banda que integran Ricard García al bajo, Michel Serrano en baterías, Sergio Sancho y Jordi Boluda en guitarras y Xavier Álvarez en voces. “Dimonis De La Sauva Negra” fue grabado, mezclado y masterizado por Paco Delgado en los Sonic Riot Studios y cuenta con arte de Narcís Boter. Desde el 15 de junio en la calle en formatos digital, CD y vinilo gracias a la buena gente de Discos Macarras.

Todo da inicio con la pequeña narración al prólogo de “Necrophagus Paranoid”. Una vez ahí, Tort emergen en toda su crudeza y visceralidad. Voces que rugen, riffs que aplastan, sludge que recorre el fango de ese avanzar apesadumbrado, agónico, en una onda que podría remitir de inmediato a los madrileños Moho. Michel Serrano está muy fino a la hora de crear su línea de batería. Apoya y da lustre a ese sludge fangoso, arrastrado, acentuando la insalubridad del conjunto a cada golpe. Las voces de Xavier Álvarez sorprenden por la pura crudeza que alcanzan. La oscuridad que éste desata camino del epílogo, cercena cualquier intento por hallar algo de luz en este duro caminar por el cenagal. Ni siquiera tras esos escuálidos solos previos al cierre encuentra uno respiro. Esto es sludge en su encarnación más despiadada y cruel.

Desde ese arranque a la Eyehategod, uno ya presupone la que se viene encima con esta “Servants Of The Antichrist”. Otro corte de maceración lenta, y proceder angustioso, que añade algo más de brío tras su base rítmica, pero se apoya en la misma mala baba de siempre. Hábiles a la hora de alternar ritmos y tonalidades, todas entre negras o muy oscuras, para construir un corte hábil, con un (leve) toque melódico impreso en estrofas, y donde Michel Serrano vuelve a trazar otra estupenda línea de batería. Ese riff con el que se encaminan hacia el tramo central de la composición puede ser uno de mis favoritos de todo el largo, si bien la gama a elegir en este sentido es de todo menos pequeña. La faceta solista aquí, si bien más ambiciosa ahora, no deja de portar un aire malsano, enloquecido, muy acorde con todo cuanto la rodea.

El tema título “Dimonis De La Sauva Negra” prosigue en esa búsqueda del sludge doom más grueso y viscoso. Un ataque inmisericorde de una pesadez casi lacerante, con Xavier Álvarez dejando voces verdaderamente rotas y desesperadas. Entre lo agónico y lo irrespirable, la atmósfera que son capaces de crear paree querer borrar todo rastro de lucidez. Hay un riff muy clásico, y a la vez muy hábil, conforme la composición alcanza su tronco central. Ahí surgen voces más sucias (aún si cabe) y todo vira hacia el sludge más crudo. Una andanada pesada, que se verá continuada por otro solo de una extraña cualidad atmosférica y, a la vez, todo lo demente que exige un tema como este. Los Tort más alucinados surgen camino del cierre, con el interesante juego entre canales (mejor con auriculares) y ese epílogo pausado y acompasado. Deliciosamente atroz.

Escuchas el prólogo de “Sláine” y podrías pensar que la banda atacará aquí con un doom algo más clásico. Es una idea que se acentúa toda vez uno oye los primeros golpes de Michel Serrano a su kit de batería. Es un inicio tenso, que luego Jordi Boluda y Sergio Sancho quiebran con su gravedad habitual. Tort filtran su habitual sludge por ese deje más doom y, de resultas de ello, emerge otro de los cortes más significativos de este “Dimonis De La Sauva Negra”. Me funciona ese avanzar tan marcado, la simpleza (y a la vez la efectividad) de los riffs que conforman las estrofas. Todo mantiene ese ambiente malsano, angustioso y sin miramientos. La banda parece realmente cómoda en este ataque de pesadez angosta, pura, sin adornos, tan orgánica como desesperada, donde los pequeños cambios de ritmo no hacen sino acentuar el mal café del conjunto. En esas partes con mayor brío, el de Voul es un nombre que acude raudo a mi subconsciente. La pesadez del epílogo no busca hacer prisioneros, deslizando la cara más monolítica de los barceloneses. Tan salubre como calmar la sed con queroseno.

Ningú Fugirà Del Coneixedor”, con Gustavo López (Cuerno, Arropiero) colaborando en voces, sorprende emitiendo algún que otro destello de luz en su prólogo. Es apenas un guiño entre la oscuridad que domina a esta penúltima y extensa entrega. Me gusta el juego entre voz y guitarras que construyen en estrofas. La agonía y el desgarro de Xavier, el rugir de Sergio y Jordi. Uno de esos cortes que incitan a menear las melenas (quienes las tengan) sin por ello abandonar esa oscuridad y esa pesadez de la que hacen gala en (casi) todo momento. De hecho, a través de su puente central, diría que encuentro a los Tort más equilibrados. Un juego hábil entre su sludge más monolítico y un cierto brío en las baterías de Michel que le confieren un tono especial a esta porción de la composición. Algo a lo que contribuyen, y no poco, los gritos lacerantes de Gustavo López. Todo el epílogo es pura esquizofrenia en clave sludge doom. Qué fantasía.

Bonus Track”, que pasa por ser el corte más rácano del álbum, opta ahora por un avanzar más brioso, situándose a medio camino entre unos Motörhead muy encabronados y los momentos más speedicos de unos High On Fire. Todo confluye luego en un tronco central marca de la casa. Orgullosamente pesado. Fangoso y de nuevo sin grandes alardes. Un cierre un poco a la contra de todo el álbum, con Michel Serrano y Ricard García vibrando desde la base rítmica. Un soplo de aire fresco, en cierto modo, pero que no abandona los rasgos maestros que la banda traza a lo largo de todo el disco.,,

… y que resulta orgánica y concienzudamente abrasivo. Viscoso. Lacerante. Me atrevería a decir que Xavier Álvarez ha deslizado aquí uno de los desempeños vocales más descarnados de cuantos han pasado por las reseñas de esta web. La gama riffera acompaña a esas voces con un pulso monolítico, pesado, desgarrado incluso. Y los pocos solos que se dibujan, no dejan de tener un poso alucinado, cuando no casi demente, para un puñado de temas inmisericordes con el oyente más casual. Ni es sludge para todos los públicos ni mucho menos lo pretende. Soliviantará a los más profanos y enardecerá a los afines, quienes satisfechos se regodearán de cuanta oscuridad emana de este “Dimonis De La Sauva Negra” cenizo, despiadado y cruel.

Texto: David Naves

Reseña: The Soulbreaker Company «Sin» (Discos Macarras Records 2026)

Ocho años sin nuevo material de los rockeros clásicos vitorianos The Soulbreaker Company. Se dice pronto. Es esta, huelga decirlo, una vuelta de lo más esperada. Once los temas que componen este “Sins” y que vinieron al mundo en los célebres estudios Electrical Audio de la ciudad de Chicago (Estados Unidos), fundados por el tristemente desaparecido ingeniero Steve Albini. Recordemos que la banda está integrada por Illán Arribas (bajo), Ortiz Domingo (batería), Javier Arteaga (teclas, sintetizadores, pianos…), Daniel Triñanes y Asier Fernández (guitarras) y Jony Moreno (guitarra y voces). El álbum habría de ver la luz el próximo 28 de mayo en CD, vinilo y digital vía Discos Macarras Records.

Ant Row” y la batería de Ortiz Domingo procuran un inicio de álbum entre tenso y elegante. De guitarras que juegan a conjugar ruido y melodía, crudeza teñida de una cierta melancolía. Sentimiento este que se ve acrecentado toda vez Jony Moreno coloca su peculiar registro sobre las primeras estrofas. Es un arranque tendido, breve (no alcanza los tres y medio sobre el reloj) y que más que mostrar las cartas sobre las que se mueve su sonido, hace por guardarse alguno que otro de los vértices sobre los que pivota la propuesta de los vitorianos. Más una toma de contacto que una llamada de atención, puedo echar en falta un mayor despliegue técnico pero toda su elegancia está presente aquí. Y de qué forma.

In Rome”, desde luego, viene a aportar un poco más de colmillo. De vértigo incluso. Un rock directamente enraizado en los años setenta y que ofrece, ahora sí, algo más de músculo en lo que a técnica se refiere. Siempre de forma ordenada, sin gestos de cara a la galería, equilibrado y en favor más de la composición que no de egos individuales. Estira su registro Jony Moreno al tiempo que alterna con las cuidadas líneas que traza Javier Arteaga desde las teclas. Todo fluye hasta colisionar en un epílogo en el que no hubiera desdeñado un desarrollo un tanto más ambicioso. Con eso y con todo un corte que disfruto en gran medida.

Después llega “Abd Al-Rahman”, que fuera carta de presentación de este “Sins”, y surgen unos The Soulbreaker Company más ligeros, pero igualmente elegantes, distinguidos incluso. Me gusta esa línea de batería que va trazando Ortiz Domingo sobre las (delicadas) estrofas. El modo en que todo va fluyendo de modo tan natural. De nuevo sin prisas, sin estridencias, con un Jony Moreno fantástico al micro. Es el corte más extenso de los once, lo que no obra en favor de requiebros artificiales ni exageradas demostraciones ególatras. Al contrario. Esa construcción más extensa propicia un crecimiento ordenado, tendido, teñido de una cierta melancolía, y que las guitarras rompen (es un decir) en un solo rebosante de feeling. No sabría decir si es mi tema favorito del álbum pero ciertamente agradece uno esa sensación de que la banda ha echado el resto.

Jump The Fault Line” sorprende con ese inicio alucinado, tendente a la psicodelia, que después nos devuelve a unos The Soulbreaker Company un tanto más vibrantes. Más juguetones. El nombre de unos viejos conocidos de esta casa como son Zålomon Grass es alguno de los que acuden a mi subconsciente aquí. Ciertamente no iguales pero desde luego pareciera como que unos y otros beben de fuentes similares. Es un corte construido sobre riffs eficaces, que busca una mayor grandilocuencia en su tramo final, habiendo dejado entre medias voces más delicadas que gritonas, transiciones muy cuidadas y de nuevo ese aroma retro tan reconocible y disfrutón.

Beginning Of The End”, oferta menos extensa de todo “Sins”, busca un rock más ruidoso y hace valer una escucha, a poder ser atenta, con unos buenos auriculares pegados a las orejas. Interesante ese juego entre canales que propicia la producción aquí. Un corte de esos que parece dialogar consigo mismo, construido a base contrapuntos en su primer tercio, de una mayor intensidad en su tramo central y que desembocará en un epílogo más ordenado. Todo sobre las curiosas líneas que traza Javier Arteaga sobre las teclas. Me agrada aún con ese desarrollo tan exiguo.

En “Reaching The Dragon” también saben cómo alternar entre tonalidades. Cómo amalgamar esa calma del prólogo con (leves) desgarros que contribuyen a otra de esas construcciones a dos tiempos, casi colisionando su cara más leve con la más ruidosa, dejando para el puente un cierto aire a los King Crimson más leves y conduciéndose hasta el cierre sobre una nube de rock liviano, nada apresurado, de ese que ataca más el corazón que la cabeza. Fácilmente otra de mis favoritas.

Esa cierta calma viene a contrastar con la más ruidosa “On Jupiter”. A medio camino entre Cream o Led Zeppelin, la banda suena más rocosa aquí. Más nerviosa incluso, con Ortiz Domingo marcando el paso sobre otra estupenda línea de batería. Un corte lleno, trufado de contrastes, donde no falta (ni sobra) nada. Desde los tonos más altos de Jony Moreno, el gancho de esas guitarras de Daniel Triñanes y Asier Fernández, la bien engranada base rítmica de Illán Arribas y Ortiz Domingo o todas y cada una de las diabluras de Javier Arteaga sobre las teclas. Que levante la mano el primero que piense en otros viejos conocidos de H.M.B. como Green Desert Water al transitar por este séptimo corte del álbum. Estupenda. Si el destino es propicio y vuelven por la vieja Asturias, ojalá quepa en su setlist.

The Right To Hush My Sins”, al tiempo que nos introduce en el tramo final del álbum, nos devuelve una cierta calma durante el prólogo. Apenas un suspiro. Un pequeño descanso. Y es que pronto la composición toma derroteros más ruidosos, cargados de una melancolía muy bien traída, (fenomenal Jony Moreno aquí) y en donde la banda vuelve a trazar un corte que me agrada tanto por composición como por las distintas ejecuciones que lo atraviesan. Las guitarras que juegan bajo las voces en el epílogo, por decir uno.

La sorpresa llega con “Ten Thousand Years”. Aquí la banda, y toda vez cruzamos el umbral de su curioso prólogo, está moviéndose en un terreno más cercano en el tiempo. Hay una cierta oscuridad rodeando a esta novena entrega, que en sus primeras estrofas parece bordear el post-punk más iniciático, para después colisionar con su faceta más ruidosa y, por ahí, construir un corte de lo más llamativo. En cualquier caso y pese a lo rupturista del tono, tampoco siento que la banda se traicione aquí. Al contrario. Máxime cuando estalla ese solo del puente. Diferente, que no peor.

Javier Arteaga está brindando un prólogo de lo más delicado en esta “Road And Bread”. The Soulbreaker Company se envuelven en esta balada / medio tiempo en donde cabe toda sensibilidad, todo buen gusto que son capaces de cosechar. Me agrada además por el modo en que el corte va creciendo en intensidad de cara al tronco central. Con Jony Moreno dejando buenos tonos altos y el mencionado teclista dejando píldoras de su buen hacer a las teclas. Habría sido una estupenda despedida a este “Sin”…

… honor que recae, no obstante, en una “Be On The Run”, donde de nuevo un inicio tranquilo vendrá a chocar con el mayor ruido que proponen después. En ese prólogo hay un tono algo desgastado que me agrada en la misma medida en que lo hace la mayor intensidad que sucede a continuación. Como ya lo hicieran otro cortes dentro del disco (“Beginning Of The End” sin ir más lejos) aquí vuelven sobre otra de esas construcciones alternas en las que tan bien se manejan. Sobre las que parecen tan cómodos. Las voces de Jony Moreno primero y la soltura de las guitarras después arman un epílogo estupendo. Un gran cierre, si me preguntan.

Todo tan orgánico como preveía antes de darle un primer repaso al disco. Todo, después, igual de satisfactorio. Si acaso, mi única pega podría ser que algunos cortes se me quedan algo rácanos en lo que a reloj se refiere. Pero todo su buen hacer, su elegancia, ese toque retro (vintage que se dice ahora) vuelve a manifestarse en poco más de cuarenta minutos de unos The Soulbreaker Company en plena forma. Yendo desde la delicadeza al ruido y todo cuanto habita entre medias. Tejiendo temas llenos de detalles, de los que van ganando peso con las escuchas, que anidan en tu subconsciente y nos recuerdan un tiempo quien sabe si mejor. Estupendo trabajo.

Texto: David Naves

Reseña: Zenobia «Melodías Encantadas» (Maldito Records 2024)

Ni mucho menos un disco más para la gente de Zenobia. Editado por Maldito Records en un cuidado formato digibook, “Melodías Encantadas” supone una revisión acústica del ya amplio catálogo de la banda riojana. Rodeados de un gran puñado de amigos, el álbum recolecta nada menos que dieciséis cortes convenientemente remozados para disfrute de los más sibaritas. La alineación consta de Jorge Berceo en voces, Marcos Lorente y Mario Suarez en guitarras, Héctor Hernáez al bajo, Ernesto Arranz en teclas y Javi Herrero en baterías. Grabado, mezclado y masterizado por el Tierra Santa Dan Díez (Ebony Ark, Ethos, Artaban’s Redemption…) en los Rock Lab Studios de Logroño, vio la luz a finales del mes de mayo.

Prólogo”, narración mediante, nos introduce en esta curiosa nueva entrega de los riojanos. Amables aires folk que nos conducirán hasta la “Noche de San Juan”, con Elizabeth Amoedo (Against Myself) invitada al micro. Un prólogo que continúa con esos aires folkies del propio prólogo del álbum. La gallega ejerce de contrapunto a un Berceo, como es lógico, de registro más amable que lo acostumbrado. El corte se eleva en su cuidado estribillo en gran parte gracias a la producción y mezcla de Dan Díez. Bellamente arreglada, representa una más que buena primera piedra de toque para este “Melodías Encantadas”.

La elección del Dry River Ángel Belinchón no podría resultar más acertada para la ahora casi circense “Sin Perder La Pasión”, que en esta nueva encarnación recuerda y no poco a la propia banda del castellonense. Hay líneas de piano con aroma de swing, cuidadísimas estrofas y una línea de bajo de Hernáez realmente inspirada. Pero si algo me llama la atención aquí es ese gran solo de piano que ocupa el tronco central, también ese saxo de Luis Herrera que irrumpe en el último tercio. ¿Quién dijo que los discos acústicos (o semiacústicos) eran aburridos?

La Fiebre Del Oro”, original de un “SuperNova” que cumple ahora diez años, cuenta con la participación de todo un Félix Lasa de los emblemáticos Leize. En esta peculiar revisión se construye en gran medida sobre unos arreglos de teclados sobre los que se construye un corte vivaracho, que conserva el gancho de la original al tiempo que la transporta a un universo completamente diferente. Vibrante y vistosa una sección solista donde se citarán el saxo, el piano y unas bonitas cuerdas acústicas. Son cortes como este los que ponen de relieve el mucho cariño que los riojanos han vertido en estas re-interpretaciones. Zenobia no se limitan a desenchufar los temas sino que se atreven a darles una dimensión completamente diferente. La idea, pienso yo, cobra de esta manera un mayor sentido.

El Debler Eternia Rubén Kelsen acompaña a la banda en una “Corazón De Hielo” que, violines mediante, recuerda y mucho a los temas más ligeros de Mägo de Oz. Muy en forma Berceo aquí. Pienso que su registro y el de Kelsen no podrían casar mejor. Quizá no me sorprenda en la medida en que lo hacen otros cortes del álbum, tal vez demasiado amable incluso tratándose de un disco como el que nos ocupa, pero tampoco puedo decir que me desagrade. Ni mucho menos.

Al Pie Del Cañón”, con el carismático Quini Gómez de los rockeros valencianos Benito Kamelas, siempre me recuerda a aquél “Básico” que Revolver grabaran allá por la década de los noventa. De nuevo ligera y amable, con otro cuidado bajo de Hernáez y una esmerada sección coral. Aún entendiendo el tipo de álbum que tengo delante, sí que pienso que el pequeño solo de guitarra que irrumpe en su tronco central bien merecía algo más de recorrido. Con eso y con todo una de las más pegadizas de todo el tracklist.

Barco De Papel” con todo un Ramón Lage a bordo y que la banda eligió como una de las cartas de presentación del disco, desciende hacia un terreno más melancólico y teatral donde, una vez más, no podría ser más acertada la elección del actual vocalista de Delalma. Muy inspirado el asturiano aquí y muy hábil el crescendo que traza la banda camino del epílogo, que se traduce en otro de mis muchos momentos favoritos de esta peculiar obra. Y es que adoro la forma en que el calmado solo acústico, ahora sí con un recorrido más ambicioso, detiene esos pulsos más intensos. Realmente estupenda.

Del que fuera vocalista de Avalanch al actual titular en el cargo, no otro que el pixueto José Pardial, para una “Sigo Rugiendo” que, en cierta medida, siempre me recuerda a la anterior “Sin Perder La Pasión”. También a los siempre peculiares rockeros noruegos Major Parkinson por la forma en que fusiona rock de ritmos vivos con ese aroma a tasca y burdel que tanto y tan bien engarza y equilibra la producción de Dan Díez. Pardial, en su salsa, confronta a un Berceo que da en todo momento la sensación de habérselo pasado en grande reconstruyendo estas líneas de voz. Contagia buen rollo en todo momento y se nota.

No Me Dejes Caer”, original del anterior “VI”, resulta en otra de las entregas con más gancho del álbum. Contribuye en voces Marina Oliván, poniendo al servicio de los riojanos uno de los registros más llamativos de todos cuantos aquí se han dado cita. Me agradan en gran medida esos pianos que han metido bajo los estribillos. Los tonos altos de Oliván aquí y esos pequeños insertos más oscuros con que enlazan las distintas estrofas. Su encarnación original ha ido ganando enteros desde la edición del álbum allá por 2020 y esta revisión pienso acentúa los puntos fuertes de aquella. No sale de mi cabeza desde hace días.

De las dieciséis, es la inédita “Tu Ausencia” la única que cuenta con Berceo en solitario. Aires celtas emanan de sus arreglos para una balada de trazo sencillo y tono amable. Con un habitual trazo en crescendo culminando en un cuidado solo de guitarra en su tronco central, lo cierto es que puede pasar algo inadvertida.

Con “Borraré Tu Nombre”, original también de “SuperNova” y en la que colaboran Pablo Merchante, Jezabel Martínez, Jorge Escudero y José Luis Frías de Kinnia, regresa el arreglo cuidado y el ritmo alegre para otro corte trazado con todo el mimo y cuidado posibles. Basta escuchar cómo arreglan las distintas estrofas. El mayor nervio que se desprende de los estribillos. Conservan estos el gancho del original, resignificado ahora hacia una onda evidentemente más amable. Sorprende, además, el exquisito por diverso trazo que ofrece su epílogo. Una de las que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

La Danza Del Diablo”, uno de los emblemas del anterior “VI” y donde cuentan con la colaboración de Dani Amatriain, llama la atención con esos coros femeninos que acompañan a estribillos. También con ese deje a vieja y gastada tasca que desprenden las estrofas. El nombre de los propios Dry River sobrevuela a ratos la composición, pero vuelve a faltarme algo más de mano ancha con el solo que habrá de anticipar el epílogo. Con eso y con todo uno de los temas más vitalistas (y auto-reivindicativos) de todo el largo.

La Bella Quimera”, con Skadi como voz invitada, nos entrega esta vez una balada cargada de un cierto dramatismo, que en la conjunción entre ambas voces llega a adquirir tintes casi teatrales. Y aún a riesgo de incidir una y otra vez en lo mismo, de nuevo muy cuidada en lo tocante a arreglos. Me agrada el sinte que precede al solo de guitarra. El cuidado trazo de este y cómo Alba encara esos tonos altos del epílogo. Fantástica.

Brindemos Por Una Canción”, con la colaboración de Dani Nogués (Lépoka), sorprende en su propia desnudez. Apenas las voces de Nogués y Berceo sobre un colchón de teclas. Un fuerte contraste aun en un disco como este y, desde luego, una idea que sobre el papel podría resultar descabellada y a la que salva el propio carisma de ambas voces. No mi favorita de todas las melodías encantadas aquí presentes pero un atrevimiento que no puedo más que aplaudir.

Jamás”, con Itziar Berradre (Víbora), sorprende con esos aires a big band del prólogo. Zenobia los conjuga aquí con esos apuntes swing que han ido yendo y viniendo a lo largo de todo el álbum. Me agrada el modo en que la banda deconstruye para luego reafirmar otro de los temas fuertes del “VI”. Rematan con otro estribillo marca de la casa y aunque no quiera ni mucho menos despreciar el buen trabajo de Berradre aquí, no dejo de pensar en Reichel Machinee de los asturianos La Mørgue con cada sucesiva escucha. Para la próxima.

La también inédita “Siempre Tuyo” despide este “Melodías Encantadas” derivando hacia el flamenco gracias, en gran medida, al registro de Marina Sánchez. Palmas y buenas melodías para una última balada que, quién sabe, quizá ofrezca visos de cara a futuras entregas de la banda, me acuerdo ahora de la fantástica “Hierbas Amargas” de Perpetual Night, y que supone un más que elegante y digno cierre.

Nunca será fácil enfrentarse a un disco como este tan (bien o mal) acostumbrados como estamos a al formato puramente eléctrico, el riff trepidante y el bombo humeante. Como comentaba por ahí atrás, Zenobia se han tomado este “Melodías Encantadas” con todo el mimo que la idea inicial requería y el resultado salta al oído. Desde luego acepto de mucho mejor grado un trabajo como este que no cualquier otro recopilatorio al uso. Un puñado de buenos amigos dando lo mejor de sí para acompañar a los riojanos en la aventura y cortes que adquieren una dimensión que jamás pensamos que tuvieran: “Sin Perder La Pasión”, “Barcos De Papel” o “La Bella Quimera” brillan ahora con más luz si cabe. Un gran trabajo.

Texto: David Naves