Reseña: Yermo «Yermo» (Negre PlanY 2023)

Yermo nace de la necesidad del músico vallisoletano David Muñoz de dar salida una serie de influencias que le venían rondando por la cabeza desde hace un tiempo. Así, el también Arwen o Sun Of The Dying, configura un álbum amalgama una serie de ideas que abarcan un amplísimo espectro dentro del metal extremo. O al menos eso es lo que nos comunican desde el sello. El pasado uno de diciembre y vía Negre PlanY veía la luz un álbum compuesto por seis temas donde cuenta con la ayuda inestimable de Héctor del Villar (ex José Rubio’s Nova Era) y el Crusade Of Bards Eduardo Guilló compañero en los propios Sun Of The Dying.

Un piano, no podía ser de otra forma, da inicio al álbum a través del calmado y elegante prólogo de “Cencellada”. Muñoz parece arrimado aquí al tipo de metal que desarrolla en Sun Of The Dying, arrastrando un doom satinado ahora de arreglos tan poderosos como melancólicos. Buenas melodías de guitarra engarzadas entre las distintas estrofas, coros grandilocuentes y un trazo a ratos alterno, muy dado a intercalar pequeñas islas de tono casi intimista con nerviosas arrancadas donde la batería vuela hacia terrenos más propios del death metal más al uso. Me agrada por ese desarrollo ágil, que no retorcido, si bien a ratos me resulta un tanto descompensada en lo que a sonido se refiere. Cuestión esta que he ido asimilando con el correr de las escuchas, de todos modos. Un muy buen arranque.

Cuando Éramos Esclavos”, con Héctor Del Villar en voces y entrega más rácana en lo que a duración se refiere, opera ahora más cercana a las fronteras del post-black metal. Del black atmosférico incluso, si bien la afinación de sus guitarras no alcanza los habituales tonos crujientes de bandas como An Autumn For Crippled Children, Ghost Bath, Violet Cold… Metal veloz, interesante en su doble juego vocal y donde quizá eche en falta unas baterías con un sonido más nítido y potente. Aquél carácter más sinfónico del tema inicial se da cita aquí como anticipo de su puente central. Acoge este un tímidos solo de guitarra, teñido de la misma tristeza que impregna casi cada rincón del álbum.

En pleno corazón del debut se encuentran los dos cortes más extensos del mismo, siendo el primero de ellos este “Gris” y su tranquilo arranque. Tonos casi oníricos en este prólogo y un cierto recuerdo a aquellos Anathema de álbumes como “Judgement” o “A Fine Day To Exit”. Muñoz se toma su debido tiempo a la hora de llevar la composición hacia terrenos más asimilables. Y lo hace a través de voces lejanas primero, y un cuidado cambio de ritmo después, transitando hacia una suerte de metal que, mientras junto estas líneas, no deja de recordarme a los franceses Alcest, pero también a los momentos más apaciguados de mis queridos Kauan. Muñoz echa mano de su buen hacer a las teclas para adornar con ellas el tranquilo tronco central. Surge precisamente ahí la cara quizá más cinemática de Yermo, seguida por un hábil crescendo, estupenda línea de batería mediante, que culmina con la banda, o digamos mejor el proyecto, echando mano de su lado más preciosista. Las voces más graves, al menos en la copia digital que nos han hecho llegar desde el sello, resultan un tanto lejanas en la mezcla final. Pero Yermo finiquitan esta tercera entrega con firmeza y buen gusto. Todo me resulta ordenado, sin trabas ni tampoco trucos de salón. Cada idea parece tener su espacio, nada resulta forzado ni mecánico. Francamente estupenda.

El Peso Del Sol” parece echar mano del libro de estilo de los Esoteric, Thergothon o Mournful Congregation para dibujar un prólogo de doom ampuloso y recargado, apesadumbrado y melancólico, donde ahora crepita un bajo que abandonará la mezcla más adelante para que solo y voz piano compongan uno de los entornos más desnudos de todo el debut. Esa calma la quiebra Muñoz a través de un brusco cambio de ritmo que introduce a los Yermo más desgarrados. Desesperados incluso. Fantásticas líneas de voz, apoyadas sobre otra inteligente y bien trazada composición en crescendo. Puedo no comulgar del todo con los coros que Muñoz implementa más adelante. Quizá porque me suenan algo ajenos. Lo cierto es que su largo final parece abrazar un mayor convencionalismo. Al menos en lo que a doom de corte casi funerario se refiere. De ahí que me resulte algo predecible. De ahí también que no le falte ni pizca de elegancia ni tampoco de efectividad.

Encarando la recta final de Yermo surge esta “Un Mar De Polvo” donde Muñoz musica a Miguel de Unamuno sobre una base en cierta rima con la anterior “Cuando Éramos Esclavos”. En su acercamiento a postulados más propios del post-black, el de Valladolid propone un corte en gran medida apaciguado, que tiene un pequeño acento folk antes de que su puente central traiga de vuelta a Yermo en su encarnación más vivaracha, rayana en un post-black de nuevo cuño. Me agrada la forma en que los arreglos sinfónicos ganan terreno camino del epílogo, justo antes de que Muñoz reconduzca reproduciendo aquellas mismas estrofas del arranque.

La final “Vyšehrad”, con su compañero en Sun Of The Dying Eduardo Guilló a cargo de las voces, sin sorprenderme en lo que a trazo se refiere, lo cierto es que sabe sacar partido de ese trazo efervescente, del hábil uso de los arreglos y de una producción, ahora sí, potente y equilibrada. El disco se despide en la más pura calma, no sin que antes se contrapongan lo magnánimo de sus arreglos con lo desgarrado de sus voces. Un cierre notable si me preguntan.

Muchas y buenas ideas en el debut de Yermo. A quienes conozcan de las andanzas de Muñoz en Sun Of The Dying no le cogerán por sorpresa los largos desarrollos de “Gris” y el discurrir lento y melancólico que el disco abraza a lo largo y ancho de prácticamente los seis temas que lo componen. Entre ellos hay acercamientos al post-black o incluso tímidos guiños al shoegaze. Pero “Yermo” es principalmente un álbum de doom metal en el que el también teclista de Arwen ha sido lo suficientemente inteligente como para plasmar un abanico de influencias y una diversidad gramática que, combinadas, contribuyen a elevar la nota a un debut que descabalga, si acaso, por una producción, a ratos, un tanto desigual. Bien es cierto que no tanto como para desanimar al oyente más picajoso pero desde luego lejos de otras propuestas similares que he tenido el placer de disfrutar a lo largo de 2023. Trabajo bien hecho, en definitiva, el músico vallisoletano tiene motivos más que de sobra para estar contento.

Texto: David Naves

Reseña: Golgotha «Spreading The Wings Of Hope» (Ardua Music 2024)

Sexto trabajo para los baleares Golgotha dentro de una trayectoria que arrancara allá por la década de los noventa con el largo “Melancholy”. Activos hasta 1998, reactivados momentáneamente en 2005 y ya de nuevo en 2014, conforman la banda a día de hoy Vicente J. Paya (guitarra y voz), Tomeu Crespí (baterías), Andrew Espinosa (bajo) Dan García (guitarra) y María J. Lladó (voz). La banda cuenta además con el Nexus 6 y TodoMal Javier Fernández a las teclas, encargado además de producir, mezclar y masterizar las grabaciones de los propios Paya y Crespí. En la calle vía Ardua Music desde el pasado mes de junio.

Predomina la parsimonia y la elegancia propias del género en “For Every Tear”. Doom melódico de cuidados arreglos y buenas melodías de guitarra que, duelo vocal al margen, bien podría recordar a muchos momentos de los americanos Novembers Doom. A su vez, el cierto goticismo que emana de las teclas que adornan esos engarces entre estrofas no deja de tener sus semejanzas con los seminales My Dying Bride. Lladó, a quien ya escucháramos en el anterior álbum de la banda, también al frente de otro de los múltiples proyectos de Paya, los stoner Bis•nte, entrega una interpretación contenida, constreñida incluso, amparada en el contraste que su voz produce con el registro roto del también integrante de los thrashers Holycide. Arranque en la más pura tradición del género, en cierto modo orgánico y desde luego de lo más funcional.

Gilded Cage”, que fuera una de las cartas de presentación de este sexto largo, entrega unas mayores pulsaciones que de inmediato siempre me recuerdan a los temas menos áridos de Saturnus. Conforme se sucede ese animoso prólogo, Golgotha desnudan su habitual doom para que Lladó sitúe su cadencioso registro sobre apenas una tímida batería y un igualmente timorato piano. Por ahí me agrada la forma en que estas reconducen hacia estribillos, así como el brusco contraste que los gruñidos de Paya provocan aquí. Es un corte agradablemente engañoso, que tira del manual del estilo pero se permite una serie de guiños en cuanto a estructuras que la convierten al mismo tiempo en una entrega con gancho y, a la vez, vistosa y ágil. Acertadísima su traslación al terreno del videoclip, aunque fuera en forma de vídeo lírico.

A Solitary Soul” ofrece en cambio un inicio mucho más pesado. Rotundo incluso. Ese riff inicial, tan sencillo como machacón, ofrece toda una gama de contrastes con la voz de Lladó. La banda ofrece sin embargo tonos más livianos que acompañan con sus habituales voces rotas. Una dualidad que la banda acierta a alimentar con alguno de los arreglos más llamativos de todo el redondo. Siempre de manera más casual que tímida, alimentando por ahí el rango sonoro del disco, convirtiendo a esta tercera entrega en una de las más personales de la banda. Firme Crespí al doble bombo y elegante Javier Fernández en teclas. Pero si algo me engancha sobremanera aquí es el solo de guitarra que precede al potente epílogo, lleno de clase y feeling. Estupenda.

Hear Their Cries” nos transfiere de pronto a la cara más nervuda de los baleares. Son estos unos Golgotha que, sin salirse de las a veces estrictas lindes del género, se adentran en un juego de intensidades que viene a construir otro de los cortes más llamativos del tracklist. Pequeña porción de blast beats inclusive. Quizá eche en falta algo más de nervio por parte de Lladó, si bien los tonos más altos que despliega aquí no me desagradan en absoluto. Todo se apacigua camino del epílogo, momento en el que irrumpe uno de esos solos de guitarra que siempre me dejan con ganas de más. Un corte finalmente con altos y bajos, interesante por el juego de contrastes pero a ratos irregular.

Human Vultures” propone de entrada un doom crudo y orquestado que me recuerda a bandas del ramo como Mourning Beloveth o incluso propuestas más funerarias como pudieran ser Mournful Congregation o Evoken. Apenas un pequeño guiño de la banda pues toda vez Lladó irrumpe en las primeras estrofas, Golgotha reconducen hacia un doom melódico mucho más amable y convencional. Sin abandonar en ningún caso el clasicismo, apostando de nuevo por el doble juego vocal y entregando una gama riffera que me engancha solo a ratos. Todo lo contrario que esas estupendas melodías del tronco central, así como el cuidado solo posterior:

Closed Heart”, corte más rácano del álbum, engancha desde el primer momento gracias al gran trabajo de Paya y García, especialmente inspirados a la hora de construir un prólogo tan elegante y vistoso como clásico. Ejerce este gran contraste con las estrofas que proponen después. Angostas, acompañadas de un riff seco, casi marcial. Golgotha entregan así la que es, con mucho, la composición más diferente de todo el tracklist. Hábil a la hora de proponer una particular relectura del género sin que ello signifique perder del todo su propia identidad. Todo un ejercicio de equilibrio que la banda aprovecha para reconducir en un epílogo que, de nuevo, vuelve a recordarme a la banda de Paul Kuhr.

Sobre parecida raíz construyen una “Spreading The Wings Of Hope” que de nuevo entrega a unos Golgotha en su faceta más melódica, apostándolo todo a otro ejercicio de contrastes donde destacará Crespí tras baterías. Es la suya una labor de lo más eficiente aquí a la hora de amalgamar las distintas intensidades por las que transita la composición. Paya, por su parte, está particularmente oscuro en su interpretación vocal. Y mientras que Fernández viene a aportar las teclas más cinemáticas de todo el álbum, todo termina encajando cara a construir uno de mis cortes favoritos del trabajo al que da nombre.

Es el propio Fernández quien sugiere desde el piano “Hope As Guide”. El cierre del álbum parece querer reconducir de nuevo hacia un doom mucho más canónico, que ejemplifica la crudeza de sus primeras estrofas. Su contraste con Lladó no va a coger por sorpresa a estas alturas del álbum, lo que no quita para que la mallorquina entregue una gran interpretación. El crescendo que conduce hacia el epílogo funciona por sutil, mientras que las voces filtradas de la propia Lladó aquí me llevan de nuevo a pensar en Bis•nte. Interesante broche final.

El doom metal como principio y final. No obstante la banda, formación asentada mediante, se permite ciertos picoteos fuera del género que llenan de matices lo que, a grandes rasgos, no deja de ser un disco de género hecho y derecho. No negaré que siento el registro de Lladó más apropiado para su otra banda, Bis•nte, lo que no quita para que la mallorquina entregue aquí unas cuantas interpretaciones de nivel. Al final un disco ameno, quién dijo que el doom era algo aburrido, y que muestra a una banda, casi treintañera ya, en gran estado de forma. Ya podían aprender algunos.

Texto: David Naves

Reseña: Inversus «Evil Seeks Evil» (Autoproducción 2023)

Ep de cinco temas para el combo ilerdense de death metal Inversus y que forman Javi García en baterías, David Tudela al bajo y coros, Oriol Cornet en guitarra y Hastur también en guitarra y voces. Este “Evil Seeks Evil” que hoy nos presentan se grabó y mezcló en el Nomad Studio de la mano de Xavier Esterri (Cauldron, Ouija, Blindpoint…) para después ser masterizado en Crossfade Mastering. Con artwork de Garage Caos, el trabajo vio la luz en junio del pasado 2023.

Lejos de adherirse al clásico arranque nervioso y furibundo, Inversus dibujan un prólogo de fuerte carácter melódico. “Evil Seeks Evil” se manifiesta como un pulso entre el agrio registro de Hastur y unas guitarras que expelen riffs un tanto casuales, revestidos aquí y allá de buenas melodías. Nada que sorprenda a estas alturas pero que en cualquier caso engancha con un estribillo muy bien medido. La mayor tensión del puente central, con la batería de Javi García ágil a la hora de alternar ritmos, alimenta el fondo de un primer corte al que remata el elegante solo que anticipará el epílogo. Un arranque algo previsible, que no fallido.

Nazino”, en alusión a la tragedia del mismo nombre bajo el paraguas de la Unión Soviética, y a la que también Avulsed dedicaran un corte en su disco “Nullo (The Pleasure of Self-Mutilation)” de 2009, echa mano de una mayor pesadez en sus guitarras, lo que en contraste a su mayor variedad en ritmos, deriva en un corte bifocal, de nuevo ágil, con rastros de los Sepultura pre “Chaos A.D.” apareciendo aquí y allá. También los Dark Tranquillity más clásicos y canónicos. Y entre medias espacio para que la banda desarrolle una serie de ideas que funcionan con suerte desigual. Se suceden las escuchas y no puedo evitar pensar que la narración que enmarca tronco central resulta un tanto impostada. Todo lo contrario que la buena ración de solos que despachan después o esos riffs tan machacones como pegadizos.

Bastard Of Lilith”, que se atreve a bordear el doom en un cuidado prólogo, alterna las habituales pulsiones death del combo catalán con pequeñas derivas hacia territorios más propios de bandas como Paradise Lost, Novembers Doom o Daylight Dies para terminar por trazar uno de los cortes más sólidos de todo el Ep. Muy digno en lo que a despliegue técnico se refiere, apoyado en buenos riffs y muy variado en lo que a ritmos se refiere. Pero al contrario que me sucedía en la anterior “Nazino”, siento que aquí todo empasta con mayor firmeza y solidez. Quizá porque su andamiaje, salvo detalles, rezuma clasicismo por todos sus rincones. También porque la producción del Ep sabe cómo jugar con los distintos tonos que la banda incorpora aquí. Un acierto pleno.

Lejos de reconducir hacia un death más canónico, “Dreams Of Blood” prosigue la deriva del tema anterior al tiempo que tiñe la música del cuarteto de un poso más gótico que sorprende primero y engancha después. Aquí vuelve a sobrevolar el nombre de Novembers Doom. También el de Insomnium o, barriendo para casa, el de los valencianos Evadne. De resultas de ese ambiente más tendente hacia el goth surge un corte interesante en lo tonal, que si bien vuelve a mostrar una estructura eminentemente clásica, deja la impresión de que Inversus, a quienes admito no conocía hasta que “Evil Seeks Evil” cayera en mis manos, se sienten más que cómodos en esta suerte de doom death melódico.

Sons Of Chaos” sí reconduce hacia el lado más death de su música. Aunque con matices. Y es que el corte final resulta una suerte de híbrido entre el par de cortes previos, especialmente en estribillos, y aquellas pulsiones más nerviosas del tema título o “Nazino”. Hastur vocifera como alma que lleva el diablo justo antes de que el corte derive hacia un puente central quasi atmosférico, que anticipa no obstante un epílogo más rayano en el heavy metal más clásico, lustrado por un solo de guitarra que bien merecía algo más de espacio. Otro corte pluriinfluencial pero sólido. Bien armado y sólido. Acertada carta de presentación del Ep.

Se trata de un Ep mucho más diverso de lo que adiviné en una distraída primera escucha y que viene un poco a hablar de las inquietudes y propósitos de una banda, a tenor de lo escuchado, aún intactas. Bien es verdad que la propuesta no resulta siempre todo lo sólida que debiera. Que fruto de la rica paleta de géneros que manejan, haya cortes un tanto descompensados. Pero en definitiva y cuando la banda acierta el tiro, véase “Bastard Of Lilith”, queda la sensación de que se conocen el libro de estilo al dedillo. A rematar con un hipotético tercer largo que acentúe los aciertos y destierre los errores de este meritorio “Evil Seeks Evil”.

Texto: David Naves

Crónica: SonicBlast Fest (Sábado 10/8/2024)

Abrazando el último día de festival como quien llega a la cama después de un largo día, el sábado ya se me hizo un poco cuesta arriba, quizás porque a nivel de bandas era la jornada que menos interés me despertaba. Aún así, sorpresa grata la que me llevé con Gaye Su Akyol, cantante turca algo difícil de describir si aunamos su música, su puesta en escena y que eran las 16:30 horas con un sol de castigo. Partiendo de una base psicodélica y ataviando a su banda como acostumbra (en esta ocasión unas gafas al más puro estilo Daft Punk pero sin casco), Gaye Su Akyol se hizo con el escenario tiñéndolo de vanguardia y música tradicional turca. Entre Björk y Nick Cave se mueve esta polifacética artista que logró despertarnos de la siesta para no perdernos ni un momento de su show.

Acto seguido, The Obsessed tomó posesión de las tablas para dar una lección de cómo llevar más de 40 años de carrera y no sonar como Metallica. Venían de sacar “Gilded Sorrow” en febrero después de siete años de espera. El disco dejó muy buenas sensaciones y todo lo que esperábamos era que lo llevasen a cabo en escena. Es indudable que solamente la presencia de Wino ya llena un escenario. El histórico líder de St. Vitus y Spirit Caravan camina por el fango del stoner como si hubiera nacido para ello. Riffs a una cuerda como en “Stoned Back To The Bomb Age” que ponen la pesadez por encima de cualquier cosa. Un concierto muy pero que muy digno de los de Maryland demostrando que el doom vino para quedarse…

Viajamos a Palm Desert para encontrarnos con otro de los míticos de la escena stoner. Brant Bjork volvió al SonicBlast bajo otro nombre este año. Brant Bjork Trio como eufemismo de haber sido una estrella, ya con una edad y no querer dejar de girar. Acompañado de Ryan Gut (también integrante de Stöner) y Mario Lalli al bajo, dio un concierto alejándose de la solera que suele acompañarle y proponiendo cosas algo más novedosas. Llevo varios días escuchando el adelanto de lo que será su nuevo disco y la verdad que me convence mucho. El concierto tuvo destellos de riffs más técnicos en la onda QOTSA que me llamaron bastante la atención. Un acierto haberse juntado con Ryan a la batería, que siempre me sorprende y otro acierto venir con Mario Lalli, que parece tener un historial muchísimo más limpio que Oliveri.

En la previa del anochecer tocaba ver a Night Beats, banda de Seattle con un gusto finísimo por el garage, el psych rock y el soul. Y es complejo imaginarse todo esto junto, pero entre baile y baile, el crunch de la guitarra dejaba aparecer una voz al más puro estilo Leon Bridges que se convirtió en la delicia de mi tarde. Sorpresón el que me llevé con el directo de esta banda que empezó bien y terminó mucho mejor.

Llegamos a uno de los mejores momentos del festival. Era lo esperado, sabíamos que nos enfrentábamos a una pelea con nuestra mente para pedirle que no abandonase nuestro cuerpo durante la hora y poco que iba a tocar SLIFT. Fue la primera vez que escuchamos hablar francés entre el público. Recuerdos de Vietnam que pensamos que no íbamos a vivir en la tranquila villa de Âncora. Detrás de los numerosos gritos y faltas de decoro mientras va a tocar la banda a la que has ido a ver a tercera fila, por lo menos, empezaron a sonar las primeras notas de un huracán. Los hermanos Fossat volvieron a dejarse la piel en el escenario del SonicBlast soportados por las excelsas baterías de Canek Flores y las maravillosas proyecciones que les acompañan siempre, detalle alto importante para disfrutar de la full experience que nos propone el trío francés. Tras lanzar “ILION”, tenía muchísimas ganas de volver a verlos desplegar todo su desbordante talento y sentir en el pecho las cabalgadas entre síncopas y redobles. Un trabajo apabullante tanto en estudio como en directo que se coronó como la mejor actuación del sábado de lejos. Una psicodelia difícil de esquivar, embriagadora y adictiva que deja cosquilleos y temblores por todo el cuerpo una vez se instaura el silencio y se apagan los estrobos.

Tras SLIFT, y sin abandonar el Main 1, tenía que montar HIGH ON FIRE, que ya nos despertó por la mañana con una prueba de sonido que se tuvo que escuchar en Vigo por lo menos. Esta señal de que iba a ser el concierto con mayor carga de decibelios de la edición no fue ni de cerca comparable a lo que finalmente nos encontramos. Por todo el mundo es sabido lo que le gusta a Matt Pike el volumen y fuimos testigos de tal abrasión a nuestros tímpanos incluso alejándonos de las primeras líneas de escenario. Esto fue uno de los problemas por los que la actuación no fue disfrutable. Y habrá mucho fandom que hable del “concierto de su vida”, de “experiencia para valientes”, “apisonadora sónica” y muchas otras épicas descripciones de lo que para mí fue el mayor despropósito de la edición. Partimos de la base de que contábamos con Jeff Matz, uno de los mejores bajistas del panorama, capaz de llegar a la excelencia en directo con Mutoid Man, también un trío, pero mucho más equilibrado. Contamos además con Coady Willis, un batería excelente que le dio a HOF un punto más de nivel y de garra, placement y de imagen renovadora que tanto necesitaba la banda. No puede ser que la mesa de sonido se acuerde del bajo en “Cometh The Storm” que fue la quinta o la sexta canción. Hasta el momento solo había sonado la guitarra de Pike, altísima y muchísimo más fallona que de costumbre. La batería se quedaba escondida detrás de la bola de ruido que llenaba el recinto. Un concierto que pudo ser mucho mejor de lo que fue, se quedó eclipsado por un terrible control del sonido. Sabemos que la guitarra de Pike va a estar llena de rasgadas y armónicos que se van a colar, pero esperamos escuchar algo más que eso. Aún así, nos quedamos sin aire después de terminar ”Rumors Of War” y empezar con “Fury Whip” sin descanso. Un set bien escogido con una ejecución cuestionable por parte de Pike y un sonido de suspenso.

Menos mal que el mal sabor de boca nos duró poco gracias a Fugitive, banda que cuenta con el guitarra Blake Ibanez de Power Trip, y Lincoln Mullins de Creeping Death a la batería. Teníamos esos datos antes del concierto y habíamos escuchado el EP que sacaron allá por 2022. Lo vinimos quemando durante el viaje desde Galicia, de hecho, y era una de las bandas que más me apetecía ver en este SonicBlast. Siempre que vas a ver un concierto de thrash y el cantante sale con una camiseta de Motörhead sin mangas, sabes que es posible que salgas con secuelas. Un concierto sin concesiones, bien entrada la noche y con versión de Celtic Frost incluida. Pensábamos que el concierto no iba a dar para mucho teniendo en cuenta la discografía de la banda, pero sacaron canciones de no sé dónde para completar un slot bastante decente y pugnar por ser una de las mejores performance del sábado.

Terminamos nuestra noche con Wine Lips, casi sin energía para aguantar el concierto completo. Pero por suerte, la banda de Toronto supo animar a quienes aún permanecíamos casi a modo de holograma entre el público más nocturno. Un surf-punk rock muy desenfadado y rápido con regusto a California, fue la cura para nuestros males. La copa de vino que necesitábamos después de cuatro días a sidra y cerveza.

No sé si podemos pedirle mucho más a un festival de las características de SonicBlast. Gente maravillosa, respeto, buena onda y gran variedad de estilos que cada año parece ir en aumento. Quizás el recinto ya se esté quedando pequeño, los tres días deberían ser cuatro y el escenario tres carece de sentido visto lo visto año tras año. Quizás podría haber más opciones veganas o sin gluten en los food-trucks o mayor número de puestos para no perderte más de medio concierto si te entra el hambre, o alguna zona más de baños no tan alejada de los escenarios… Pero por el resto de cosas, sigue siendo uno de nuestros festivales favoritos, donde cada año apetece ir toque quien toque y sea cuando sea. Emplazado en un pueblo maravilloso, con un clima perfecto, zonas de relax, para hacer deporte y parajes para desconectar al máximo. Un festival que te acoge con los brazos abiertos, con el viento en la cara y el mar mojándote los pies. Gracias por todo, nos vemos el año que viene.

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime PhotoLive

Crónica: SonicBlast Fest (Viernes 9/8/2024)

El viernes no parecía que fuese a darnos tregua y llegamos para volver a ver por tercera o cuarta vez a Deathchant, una banda que se ha instalado en el festival y en el meme. Deberían de poner el típico contador en la entrada del recinto o cederles una parcela del pueblo. Bromas a parte, banda muy divertida que cada vez huele más a gasolina y whiskey. Riffs afilados a lo Valient Thorr o The Sword con una característica voz ensoñada detrás de kilos de reverb. Si nunca los has visto te diría que fueses el año que viene porque seguro que van a estar.

Tras nuestra segunda banda favorita, llegó el turno de Sacri Monti. Veníamos con aviso después de su paso por Madrid y no podíamos perdérnoslos. Bajo, batería, dos guitarras y un teclista con mucha sed. Me sorprendieron especialmente porque las canciones eran catálogos de riffs sin descanso. No se repetían partes y todo era derroche de composición. Puede ser que me recordasen un poco a Corrosion Of Conformity en algún pasaje. Los californianos dieron un concierto muy correcto y capaz de atraer a bastante gente para ser las seis y media de la tarde.

Una tarde que empezaba a pedir a gritos que anocheciera, y qué mejor manera que a lomos de una banda de stoner instrumental… Causa Sui, desde Dinamarca, serían los encargados de bajar el telón y apagar el sol poco a poco. Estuvieron bien pero se me hicieron algo largos, un sonido cuidado pero a veces repetitivo, y ojo, que no critico la fórmula, igual no estaba yo muy para esto ni para lo que venía más tarde.

Con una puntualidad clavada como un clavo a un ataúd, C.O.F.F.I.N salieron a reventar el escenario con una sola mano, pues en la otra no soltaron la pandereta. Música de road trip entre Zeke y Hellacopters que dio de sobra para echarse unos bailes y calmar la sed. Se abrió la veda del crowdsurfing y las pulsaciones subieron lo justo para pedir un poco de calma, aunque no sé si tanta como la que vino.

Seguramente se me tire medio festival encima, pero no soporté a Colour Haze. Se me hicieron tediosos al nivel de pensar que repitieron canciones. Totalmente descoloridos. Iba con ganas de verlos y solo tenía ganas de que terminasen. Es innegable su técnica, su calidad, su discografía… pero no supe disfrutarlos en directo. Los noté monótonos, sin aristas y sin muchas ganas.

Todo lo contrario a lo que me pasó con Truckfighters, creo que merecedores de llevarse la medalla del viernes, aunque solo sea por vaciar el tanque sobre el escenario. Tras pasarse probando casi todo el concierto de Colour Haze, subieron con un impulso desorbitado y empezaron con “Mind Control” desatando la locura hasta que Dango pronunció las palabras “Do you like long songs?” Y supimos que se venía “Mastodont”. Casi trece minutos de hit que pensé que nunca escucharía en directo. El público más entregado del viernes se amontonó para el final que venían cocinando desde que sonó el riff de “Desert Cruiser” en la prueba de sonido. Terminaron con su canción estrella, empapados, sonrientes, y como acostumbran, agradecidos.

El slot que venía no era fácil. Gente agotada por la hora y por el show de los suecos, pero desde Grecia, volvían 1000Mods dos años después para hacer las cosas como se debe. Nunca les pongo ni un punto ni una coma. Es la típica banda que siempre cumple pase lo que pase y su sonido es estable. A su favor, de hecho, he de decir que demostraron muchas más ganas y energía que en el Hellfest, donde les vi un poco más apagados. Aquí se les vio totalmente entregados, ruidosos y con un toque de rabia que me gustó especialmente. Quizás, como a quienes ya rozamos edades complicadas, les gustan más los festivales pequeños.

Cerramos la noche con las dos últimas bandas del día y con más cansancio del que me gustaría, pues no pude disfrutar como se merecía a Skemer. Una banda que llevaba meses quemando en disco, concretamente su último “Toasts & Sentiments” de 2023, con una propuesta que no me puede gustar más. Dark synth post punk para cerrar los ojos y sujetar la copa con fuerza. Kim Peers y Mathieu Vandekerckhove, guitarrista de Amenra, conforman este dúo entre humo, cuero y smokey eyes. Toques de Molchat Doma y Boy Harsher con una pátina más discotequera y urbana. No tuvo pinta de que gustase mucho la propuesta entre fieles y devotos, pero creo que este tipo de estilos le dan un ingrediente más al cartel para no ser continuista ni repetitivo.

Por último, Idle Hand fue la banda local elegida para cerrar el penúltimo día de festival en el Stage 3. La banda de doom/sludge supo hacerse fuerte a pesar de ser casi las tres de la mañana. Un sonido muy rocoso y con una voz capaz de tapar a los instrumentos casi en su totalidad. A estas alturas no sabíamos si las piernas y los oídos iban a aguantar mucho más.

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime PhotoLive

Crónica: SonicBlast Fest (Jueves 8/8/2024)

Primer día oficial de festival y quizás del que más ganas tenía. Lo de High Reeper a las 15:05 fue un crimen, pero sabíamos que el jueves había que estar la jornada completa… La banda de Delaware abrió el jueves en el Stage 3 mereciendo mucho más. El cuarteto impregnó de sonido orange la sobremesa con algún adelanto de lo que será su próximo disco vía Heavy Psych Sounds. Así que prestad atención, merecen la pena.

Los encargados de inaugurar el Main 1 fueron Maruja, una banda de Manchester entre el jazz y el punk. Son como unos Black Country New Road macarras y con más pedales. A mí me gustaron mucho, pero entiendo que se te pueden atragantar por la hora que era, por el sol en la frente, los 7/8… La propuesta es interesante, de eso no cabe duda. Lo dieron todo y dejaron paso a Earth Tongue, banda encargada de pisar por primera vez el Main 2. Un dúo batería-guitarra neozelandés a quienes el sonido quizás les perjudicó un poco. El tema de los dúos es complicado en los directos, ya lo sabemos, pero si además la guitarra está bajita y la voz muy alta… Fue una pena porque por momentos esas armonías vocales me recordaban a King Gizzard pero con cuatro miembros menos.

Acto seguido, turno para Margarita Witch Cult, que me recordaron muchísimo a Kadavar pero con algún toque de thrash. No sé si es momento para abrir el melón de las guitarras flying V en 2024, pero bueno, ahí lo dejo, para reflexionar. Una actuación bastante sorprendente de la banda de Birmingham, pertenecientes también, como en el caso de High Reeper, a la ola Heavy Psych Sounds. Actualmente tan solo cuentan con un largo, pero apuntan maneras.

Los siguientes en subir al Main 2 fueron Enola Gay. La banda de Belfast creo que sufrió el mismo problema que Earth Tongue con la voz altísima, pero en este caso, con los efectos de delay y la ventolera que se levantó… fue muy difícil disfrutarlos, y eso que iba con muchas ganas. Si no los has escuchado, son una mezcla de IDLES y Transplants. Tienen el componente post-punk de riffs agudos con reverb a una cuerda, una voz con mucha personalidad y un batería muy divertido.

La cosa, en cambio, se empezó a poner seria a pocos minutos para las ocho de la tarde. Black Mountain pisaba el escenario para dar, sino el concierto, el mejor sonido de la noche y aún dudo si el mejor de todo el festival. Palabras mayores, sin duda, y una demostración de calidad y experiencia como pocas veces antes había visto. La banda canadiense con muy poco consiguió mucho. Pese a no dar las vibes de cabeza de cartel, me supo a mucho este concierto y terminaron de reventar al respetable con “Future Shade”, uno de los himnos del psych rock que aún continúa resonando en mi cabeza días después.

Sin dejar que parase la maquinaria, nos giramos para el Main 2 para ver a los Maquina, un trío de Porto que sabe montar una buena fiesta. Coincidimos en que hubiese molado verlos para cerrar el día pivotando con Tons, pero bueno, si hay que irse de rave a las 21:00, hacemos el esfuerzo. Es increíble cómo esta banda es capaz de sonar a una fiesta electrónica con tanto fuzz y delay. Capaces de animar cualquier cementerio, una apuesta asegurada que me gustaría ver de nuevo en otro SonicBlast.

Hablando de cementerios, turno para Graveyard, que venían de una larga gira y se les notó. A ver, dieron un buen concierto, no faltaron “It Ain’t Over Yet”, “Hisingen Blues”, “Cold Love” y “Ain’t Fit To Live Here” para cerrar, pero la energía no fue la misma con la que les vimos mes y pico atrás en el Hellfest ni de cerca. Muchas canciones prolongadas quizás para evitar engordar el setlist y algún que otro error de bulto. Aún así, sigue siendo un placer poder disfrutar de los suecos en directo pues son verdaderas maravillas sobre el escenario.

Del decoro de los de Gotemburgo a la irreverencia de los de Estocolmo. Turno para Viagra Boys en el escenario principal para poner el broche a la noche del jueves. El sexteto de punk rock que dividió la opinión del público asiduo al festival cuando se anunció su nombre, dio un concierto de los suyos, sucio e irrespetuoso, casi las continuas confusiones de Sebastian refiriéndose a la audiencia como Porto parecían sacadas del manual del punk. Al final se quedó en un meme y el concierto se fue enrareciendo con partes muy ruidosas entre canción y canción que se parecían más al final de un concierto de post-metal. No entendí muy bien esta faceta experimental con lo divertido que es ver a esta banda en directo. Los bailes pasaron a un segundo plano y tocó observar las peripecias sobre el escenario. No faltaron sus obligadas “Punk Rock Loser”, “Troglodyte” y “Sports”.

Ya con mucho cansancio encima vimos a Poison Ruïn apoyados intentando que nuestros cuerpos no pareciesen una ruina de verdad. Los de Philadelphia, venían sacando hacía una semana Confrere, su nuevo disco de la mano de Relapse. Con un sonido algo más ecléctico que por momentos huele un poco a Fucked Up, parecen sentar las bases de su nuevo sonido, algo menos crudo pero con la misma personalidad. En directo me sonaron algo más atropellados, quizás de nuevo por el elevado volumen de la voz que se me atragantó un poco durante todo el jueves.

A unas horas ya en las que no estábamos para nada, duramos un suspiro viendo a Tons, y qué pena no haberlos disfrutado un poco antes en un escenario algo mayor. Otra de las bandas de Heavy Psych Sounds, a la que conocí gracias a un split con Lento y volví a encontrarme con ellos en otro split con Bongzilla. La banda de doom nacida en Turín sonó tan cruda y potente como esperábamos.

Texto: Hugo Calleja
Fotos: Jaime PhotoLive

Reseña: Totengott «Beyond The Veil» (Hammerheart Records 2024)

Empecemos con los hechos. La reseña de “The Abyss”, a la sazón segundo disco de estudio del trío asturiano Totengott, fue el primer texto que servidor entregó para HMB. Por eso cualquier cosa que tenga que ver con el trío que forman José Mora (batería y coros), Nacho Bernaldo (bajo y coros) y Chou Saavedra (guitarra y voz) siempre tendrá un significante muy especial para quien escribe.

Los chicos, que como muchos ya sabréis comenzaran su andadura como banda de versiones de Celtic Frost, regresan ahora bajo el paraguas de la histórica Hammerheart Records. Y lo hace con un tercer largo al que han dado en llamar “Beyond The Veil” y que ha sido mezclado por el Balmog Javier Félez (Altarage, Teitanblood, Conjureth, Onirophagus…) en los Moontower Studios. Posteriormente masterizado por Jaime Gómez Arellano (Angel Witch, Ulver, Ghost, Moonspell, Fen…) y adornado por el estupendo artwork de Khaos Diktator Design (Gaerea, Wyrd, Heresiarch, Saor…), verá la luz el próximo 12 de julio.

Es gracias a ese prólogo brumoso y oscuro de “Inner Flame” que uno capta, por las buenas o las malas, el tono alrededor del cual se va a desarrollar esta tercera entrega de los asturianos. Es un corte en la más pura tradición de las entregas más vibrantes de la banda, que viene a resultar todo un canto al thrash metal más sucio y elemental. En comparación a anteriores trabajos, sorprende ese bajo tan alto en la mezcla. En ningún caso predominante pero qué duda cabe dando un mayor empaque a ese trotar tan habitual en ellos. El epílogo sí que destapará una mayor pesadez y la buena labor de Félez en las mezclas dará sus frutos a lo largo de ese tramo final más angosto y oscuro. Notable arranque.

Es “Sons Of The Serpent” la que de pronto destapa un aura más oscura y ominosa a través de un prólogo que rozará incluso lo funerario. Hay un juego de voces aquí capaz de disociar a esta tercera entrega de sus dos anteriores, al tiempo que acerca al trío a Triptykon, la continuación natural de los Celtic Frost más postreros. El registro de Saavedra resulta especialmente roto en estas estrofas y ejerce un poderoso contraste con esas tesituras más cristalinas, también enigmáticas, que emanan de los coros. Contrapuntos que asemejan a un juego de espejos mientras la banda transiciona hacia su cara más aletargada y oscura. La mayor presencia de teclas remata a un epílogo alimentado por su cara más sinfónica y, en cierto modo, grandilocuente.

Marrow Of The Soul” vuelve a territorios similares (que no iguales) a los de la inicial “Inner Flame” para de nuevo entregar encarnación más nerviosa y dibujar de paso alguno de mis riffs favoritos de todo el largo. La guitarra de Saavedra, con esa afinación tan característica, brilla en toda su gloria aquí. Un corte que puede pecar de lineal en un primer tercio que apenas cogerá aire durante esos estribillos más lángidos y pesados. Interesante solo de guitarra el que ocupa su tronco central y retorcido a más no poder un epílogo donde tienen cabida muchas de las caras que representan a una banda como esta. Totengott confrontan brío con pesadez, crudeza con nervio, resultando en un tramo final verdaderamente llamativo. Sobre el papel otra de mis favoritas.

The Architect”, que tuvo su correspondiente traslación a videoclip, me atrapó desde las primeras escuchas. La poderosa y también enigmática voz de Marija Krstevska y el tratamiento que de ella hace la producción durante el prólogo. Ese pulso arrastrado, que tanto y tan bien ha desarrollado la banda en el pasado, esas voces igualmente enigmáticas así como ese avanzar por momentos casi agónico. Un corte que propulsa a la banda hacia el futuro sin que ello implique negar el pasado. Tan atmosférica como enigmática. Composición que apunta a fija en sus setlists durante largo tiempo.

Esta primera “Beyond The Veil Part I: Mirrors Of Doom” entregará una cara casi cinemática de la banda. Un prólogo que parte de lo atmosférico para luego alcanzar una épica a ratos desgastada donde vuelven a brillar esas cuidadas voces de Krstevska. Ejerce como angosto preludio de una segunda parte, “Beyond The Veil Part II: Necromancer”, donde el trío cuenta con la colaboración del E-Force y ex-Voivod Eric Forrest. Un corte que en su primer tercio transita sobre un metal vibrante y descosido. Ese riff de las partes más nerviosas quizá no me resulte el más redondo de todo el álbum. Mora está incansable tras baterías y especialmente fino en los pequeños pero marcados cambios de ritmo. Es cuando las revoluciones bajan y el corte adquiere una mayor pesadez que la banda parece sonar mejor que nunca, con Forrest dejándose el alma en algunas voces realmente agrias. El mayor peso que adquiere el bajo de Bernaldo en este tercer trabajo ayuda a apuntalar esas partes tan nerviosas, también la pesadez del pequeño epílogo. Estupenda.

El final, en la más pura tradición Totengott, corresponde a la composición más extensa del álbum, en este caso “The Golden Crest”, si bien esta queda lejos de los altos minutajes que desarrollaban cortes como aquél “Doppelgänger” que daba nombre al debut. Es precisamente a aquél primer trabajo al que parece hacer referencia este broche final. En especial por la gama de arreglos de la que han echado mano. Diría incluso que por el riff que dibuja Saavedra a lo largo del prólogo. La banda adopta más adelante esos coros prístinos que han ido apareciendo a lo largo del tracklist, dejando finalmente su lugar a un bien acomodado solo de guitarra. Su tronco central, sin embargo, contrapone voces limpias a un trazo pesado, casi arrastrado, preñado de voces que parecen desafiar a cualquier tipo de cordura, dibujando así durante el epílogo un metal tan monolítico como grave y desesperanzado. Un cierre descomunal y arrebatador, en rima con trabajos anteriores, que abrocha a estos al tiempo que responde a los propios pulsos sobre los que se desarrolla buena parte de este “Beyond The Veil”…

… donde creo que la banda ha sabido conjugar su propio legado al tiempo que parece mostrar una mayor intención por encontrar un sonido mucho más propio e identificable. Por supuesto que hay riffs e ideas aquí dentro que en buena medida recuerdan al bueno de Thomas Fischer. Pero mentiría si dijera que cortes como la misma “The Architect” discurren por terrenos hasta ahora y, en cierto modo, desconocidos para ellos. Otro detalle a tener en cuenta es la disposición de los temas, o cómo la banda ha ido abandonando los eternos desarrollos de sus dos primeras obras en pos de creaciones más concretas y concisas. Por lo demás aquí están sus flirteos con el thrash sus descensos hacia el doom más descarnado y ciertos coqueteos con lo atmosférico e incluso lo cinemático. Todo ello dentro de una misma raíz y sin complejo alguno, trazando un tercer trabajo con todos los argumentos para suponer su confirmación definitiva.

Texto: David Naves

Reseña: TodoMal «A Greater Good» (Ardua Music 2023)

Es el segundo disco para el dúo de doom atmosférico castellanomanchego TodoMal, formado por los multiinstrumentistas Mile (Yskelgroth, ex Nahemmah, ex The Heretic…) y Wildman (Dejadeath, Jade, Harmpit…). Los también integrantes de Nexus 6, que debutaran en 2021 con “Ultracrepidarian”, contraatacan ahora con un “A Greater Good” grabado a caballo entre Montseny Studios y Trinitat Studios bajo la tutela del propio Mile. El disco cuenta con las colaboraciones de Darío Garrido (guitarra española), Teodora Gosheva (voces), Fernando Moya (solo de guitarra en “High Time”) y la asistencia en lo relativo al sonido de todo un Greg Chandler, guitarra y voz de los fundamentales doomies ingleses Esoteric. Con artwork de Paloma Pájaro, el álbum salió a la calle vía Ardua Music en digital, CD y vinilo de 12» allá a finales de noviembre del pasado 2023.

Melancólica y grandilocuente, “Silent Mass” arranca abrazada al libro del estilo del doom más elegante y proverbial. Pero sobresale con una mezcla equilibrada y a la vez potente. Donde el fuerte protagonismo de sus arreglos no opaca el crujir de sus guitarras o la pegada de su apaciguada base rítmica. Con nombres como Krux o Candlemass adjuntados como influencia directa en la nota que nos ha hecho llegar el sello, quizá no sorprendan esas voces igualmente elegantes y la forma en que se elevan toda vez alcanzamos estribillos. Todo adquiere un mayor peso conforme transitamos camino del epílogo, con buenas líneas de guitarra y teclas acompañando ese caminar tan clásico como apesadumbrado. El solo final se me antoja la guinda ideal de un buen arranque al que si le tengo que poner alguna pega sería ese último y engorroso fade out.

High Time” se abre paso tras un halo misterioso, comandado por la cierta extrañeza que provocan sus arreglos en un disco de estas características. Posee de hecho un cierto regusto el rock sinfónico de los setenta, tímidamente impregnado sobre una mixtura entre el doom más acostumbrado del corte precedente y un leve post-punk donde destacan la propia diversidad gramática del corte, estupendas esas líneas de voz, y el buen solo de guitarra que dibuja Fernando Moya. Todo el corte resulta una atrevidísima amalgama de distintas influencias y donde me resulta casi fascinante la forma tan natural en que Mile y Wildman juegan a introducirlas sin que nada suene nunca de forma mecánica o forzada. Todo tiene peso, todo respira, nada sobra. Un corte que ha estado dando vueltas por mi cabeza desde la primera escucha de “A Greater Good” y no parece que vaya a huir pronto de ahí. De lo más redondo que he escuchado este año.

Infero Tristi” y sin romper del todo las costuras del género, sí es cierto que transige hacia territorios de mayor calado e intensidad. Se endurecen sus guitarras y dan la bienvenida a una serie de arreglos que me hacen pensar, casi de inmediato, en los ineludibles Candlemass. El tratamiento de las distintas voces y coros vuelve a resultar fantástico, trazando el que puede ser sin mucho esfuerzo el estribillo más memorable de todo este segundo trabajo. De tan directa y clásica que resulta su estructura, por momentos parece rebelarse contra el corte anterior, elevándose orgullosa como una sólida pieza de doom elegante por clásico.

La pequeña “Ultima Lucerna” apenas trasluce una leve línea de piano sobre la voz de una etérea y por momentos casi espectral Teodora Gosheva para dar paso a una “Dust And Nothingness” que pronto recupera las pulsiones más doom del álbum. Aquí pienso en los My Dying Bride menos tensos abrazando un entramado de arreglos que habrá de recordarme a los primerísimos Ghost, aquellos del “Opus Eponymous” que muchos tanto añoran. Apreciable ese cambio de ritmo que conduce al epílogo y la buena línea de bajo que se deja notar en este cierre. Y es que como viene siendo tónica habitual, el sonido del disco no podría ser más redondo ni gozar de mejor equilibrio. Por ponerle un pero, el solo de esa parte final bien merecía algo más de desarrollo.

Antichrist Of Love” persiste en un doom quizá algo monocromático pero tejido con maestría y suma atención al detalle, revestido de cuidados arreglos y donde sobresale con fuerza la cara más atmosférica del dúo. Una carga que ahonda en la grandilocuencia de su cara más dark metal y en la que sobresale otro estribillo por momentos memorable. La forma en que armonizan todos los elementos camino del epílogo no podría resultar más deliciosa ni estar mejor resuelta. A pesar de todo no mi favorito dentro de “A Greater Good” pero a buen seguro un corte nada desdeñable.

A través de “LossTodoMal se adentran en el terreno de la balada. Huelga decir que si bien por estructura sí pudiera serlo, desde luego por tonalidades o ambientes resulta mucho menos obvia de lo que pudiera intuirse. Confluyen aquí la voz de Teodora Gosheva y la guitarra española de Darío Garrido para un corte que juega de forma inteligente con los sintetizadores sin abandonar una cadencia a ratos casi desértica, rota finalmente por ese piano que habrá de tomar el mando en el epílogo.

A Greater Good” de inicio parece abrazar esa misma quietud. Abraza el latín para su primera estrofa y por ahí vuelvo a pensar en la ahora gigantesca banda de Tobias Forge. Ídem cuando irrumpe ese Hammond deliciosamente clásico y quizá no tanto por las a ratos omnipotentes líneas de voz y coros. Muy cuidada construcción la que conduce hacia la quietud de su tronco central, contrapunto a los TodoMal más orgullosamente grandilocuentes que habrán de irrumpir camino del cierre. Una buena carta de presentación y a la vez una estupenda forma de cerrar este segundo álbum.

Dicen que lo bueno si breve. Apenas treinta y ocho minutos para la riada de ideas que irrumpen a lo largo del disco se me antoja una cifra algo escasa. Por contra, el disco logra brillar de principio a fin, dejando poco lugar al abatimiento y sí muchos asideros de los que echar mano. Empezando por la a ratos exquisita producción de la que dispone. Siguiendo por el trazo atrevido que exhibe alguno de los cortes, pienso especialmente en la fenomenal “High Time”, así como el descarado clasicismo que muestra orgullosa “Infero Tristi”. Al final un trabajo sin grandes dobleces, a la par atrevido y clásico, arreglado con sumo gusto y donde las colaboraciones redundan más allá de la mera anécdota. Agradabilísima sorpresa.

Texto: David Naves