Reseña: Jean Paul’s Dream Vision «Reminiscences» (Demons Records 2025)

Segundo largo vía Demons Records del músico y compositor alicantino Juan Pablo “Jean Paul”, acompañado por una verdadera constelación de músicos para los quince cortes, nada menos, que alcanza este “Reminiscences”. Y es que son más de cincuenta los nombres que se han dado cita en esta nueva obra. Gente como Johnny Gioeli, Isra Ramos, Steve Overland, Paco Ventura, Ángel Belinchón, Danny Vaughn… El trabajo ha sido producido y mezclado por el Hitten Johnny Lorca en los Mole Mother Studios de Murcia. Es el propio Juan Pablo quien carga con las guitarras rítmicas, así como (evidentemente) con toda la composición a excepción hecha de “Vega”, coescrita ésta al alimón con Michael Flexig. Lorca ocupa el bajo y entre Samu Baeza y Willy Medina alternan con las baterías. Hechas las presentaciones, y procurando dejar por el camino el menor número de nombres posible, entremos de una vez en materia.

Las hábiles manos de Henrik Larson (Jaded Heart, Masterplan) sobre el teclado introducen la inicial “Flying Away”. Y lo hacen procurando un inicio bien acomodado, optimista incluso, que conduce hacia un buen riff de guitarra. A él se agarra todo un Steve Overland (FM), trazando no solo una buena línea de voz sino adornándose también con elegantes armonías. Tras estas guitarras se encuentran David Palau y Christian Vidal (Therion). Un primer corte bien producido, trazado muy por la senda del libro de estilo del género. Disciplinado pero también eficaz.

Quien viene a casa en “Come Back Home” es nada menos que Johnny Gioeli (Hardline, Axel Rudi Pell), en comandita con Samu Baeza (Santiago Campillo) en baterías, las teclas de Carlos Álvarez (Dry River), el bajo de Fernando Mainer (Jeff Scott Soto, Jorge Salán) y el solo del Medina Azahara Paco Ventura. Todo se apoya sobre otro hábil riff de Jean Paul. También, claro, en la buena línea de voz de Gioeli, en particular en estribillos, encajando en un registro que le viene ni que pintado. La mezcla equilibra y da color sin olvidarse de la base rítmica. Ahí destaca la labor de Mainer, añadiendo una capa más de distinción y buen gusto. Luego Paco Ventura dispone un solo más que interesante. Extenso, en los tiempos que corren, y en el que da la sensación de habérselo pasado en grande mientras lo grababa. Puede ser uno de los cortes más redondos de este segundo largo.

Vuelve el veterano Steve Overland para una “Walking In The Rain” que, a modo de curiosidad, clava la duración del corte precedente. Y al igual que aquella, dibuja paisajes tranquilos, agradables y, claro, muy melódicos. Johnny Lorca carga ahora con el bajo, también con el solo de guitarra, en un corte amable, que fluctúa entre la balada y el medio tiempo, bellamente revestido por esos teclados de Elena Alonso (Lethargus) y atravesado por una (nada impostada) melancolía. Estupendo epílogo, por cierto.

En “In the Storm” sigue a bordo la voz de FM. Un inicio reposado, muy amable, al que luego acuden guitarras igualmente ligeras, formando contornos calmos, casi prístinos. El actual Ñu Manolo Arias se encarga de la eléctrica, Lorca de los pasajes acústicos, Nilver Pérez (Revlin Project) pone el teclado y Diego Teruel (Amaro, Gürú) el bajo para otra entrega amable, cuidada con sumo detalle y donde Overland, cómo no, brilla con luz propia. Me agradan ambos solos. El acústico de Lorca, el eléctrico de Arias. Dobla este el suyo, que se alzará finalmente como uno de los más efusivos del álbum, contrastando, sin desentonar, con el tono del corte que lo acoge.

Vuelve Gioeli para “This Must Be Heaven”, que viene a recuperar parte del nervio perdido. Ahí, la voz de Hardline se defiende cual gato panza arriba. Es un corte que parece trazado a mayor gloria del vocalista neoyorquino. El estribillo es de esos que entran cual cuchillo en mantequilla. El Tritón Javier Mira pone el primer solo sobre la batería de Samu Baeza y el bajo de Santi Hernández (Lujuria). Y Lorca pone el último de los solos en un epílogo que me agrada tanto por trazo como por ejecución.

Pero el disco vuelve a poner la calma de por medio “Dream Vision”, con teclas de Nilver Pérez y violín de Gianne Mowatt, es una balada tendida y clásica pero tal vez algo previsible. Cuenta no obstante con un Lee Small (Lionheart) que va componiendo una línea vocal llena de feeling y carisma. Él, junto al buen solo de Johnny Lorca, constituyen los mayores asideros del corte que, a fin de cuentas, da nombre al proyecto. Es quizá por ello que tal vez cabía esperar algo más de este sexto corte.

Es Dani Rodríguez quien reviste violines a “My Last Breath”. Aquí está todo un Göran Edman (Brazen Abbot, Talisman, Crossfade…), en un grandísimo estado de forma, trazando una de las mejores líneas de voz de todo el álbum. Lo cual, dada la constelación de cuerdas vocales que se ha dado cita aquí, es todo un logro en sí mismo. Sobre el papel, además, estamos ante uno de los cortes más hábiles de este “Reminiscences”. Arranca en balada para después sufrir un giro dramático y conducir esta visión hacia terrenos mucho más intensos y vibrantes. Hay un solo no poco vistoso de José de Castro “Jopi” como remate. Y si bien todo me funciona aquí, cierto es que habría agradecido una batería con algo más de punch. Con eso y con todo, otra de mis favoritas.

Fire” es hard melódico de muchos quilates. Pero es también un corte con brío, directo y disfrutón. Le pone voz un Danny Vaughn (Tyketto) por el que parece que no pasan los años. Esta casa, y cualquiera que le viera a su paso por el Lion Rock Fest de 2024 (crónica), puede dar fe. El solo es para el sueco Tommy Denander. Lastrada, si acaso, por tratarse de una de las entregas más rácanas en cuanto a duración de todo el disco, bien está ese extra de picante que le otorga al tracklist.

El vocalista de origen sudafricano Mick Devine (Seven) pone su registro al servicio de esta “Because Of You”. El disco regresa al terreno de las baladas y lo hace en su encarnación más clásica. Un corte finamente arreglado, rematado por el buen solo del Acid Rain o Torquemada Guillermo Guerrero, al que hay que sumar el coro de voces blancas del CEIP Río Segura, el violín de Gizane Meowtal, el bajo de José Luis Gallego y los teclados de Pablo Sancha (After Lapse, Against Myself). Estupenda en su crescendo final, otra de las entregas más firmes y redondas de todo el trabajo.

El veterano vocalista de origen alemán Michael Flexig presta sus habilidades tanto vocales como compositivas en esta “Vega”, donde Jean Paul cuenta con Fran Rodríguez (Nexx) en teclas, Willy Medina (Hitten) en baterías, Antonio Muñoz (91 Suite, Sunsët) al bajo y el solo de Fran Alonso (Hackers). Un hard rock sencillo, sin grandes complicaciones, que sabe llegar a término dejando por el camino buenos riffs y una producción de lo más cuidada. Sin tampoco tratarse de una entrega corta como la anterior “Fire”, sí pienso que merecía otro cierre que no ese desangelado fade out final.

Hay algo en la línea de piano que traza Elena Alonso en “Lonely Warrior” que siempre me lleva a penar en el ya desaparecido Meat Loaf. Regresa Johnny Gioeli tras el micro en otra balada de esas que rebosan buen gusto por cada poro. Contribuye a ello, y en gran medida, el violín de Sara Ember (Last Days Of Eden, Ñu). Samu Baeza (batería) y Peri (bajo) forman la base rítmica de un corte que trazará un cuidado crescendo camino del epílogo. Siento que, de todos los cortes lentos del álbum, puede ser éste el que tiene mejor factura de todos.

Y ya que estamos con parecidos, que me aspen si los teclados de “Lejos” no me recuerdan al “Maniac” de Michael Sembello. El disco vira hacia nuestro idioma para que Isra Ramos (Avalanch, Amadeüs) le ponga voz. Chema García en teclas, David Mascaró en bajo y, sobre todo, Tommy Denander en solo, contribuyen a revestir otro de los cortes más vibrantes del disco.

Me agrada el tono más oscuro que acompaña a “Bajo Un Disfraz”. Ángel Belinchón, de los muy reivindicables Dry River, lleva la voz cantante en un corte que viene a amplificar el rango sonoro del álbum. Fran Alonso pone las rítmicas y Pablo García (WarCry) el solo en la entrega más extensa de las quince que Jean Paul ha ideado para este “Reminiscences”. Acompañan las teclas de Chris McCop (Tokyo Motor Fist) y el bajo de Maca (Zelion, Tálesien, Eco…) para uno de esos cortes que, como reza el tópico, van ganando peso con el paso de las escuchas. El solo de Pablo García no sorprenderá a quienes sigan la trayectoria del asturiano. Quizá sí esas voces que vuelve a poner el coro del CEIP Río Segura. Eficaz por sí misma y, al mismo tiempo, interesante por el contraste que produce con el resto de cortes.

Sueño o Realidad” ya parte desde un prólogo bien elegante. Desde ahí transita hacia un hard más cercano a los grandes dogmas del hard melódico. En ese registro tan clásico, sobresale la labor de Chema Sales (Lost Wingman) al micro. En estrofas y también en estribillos. El bajo corre a cargo de Santi Hernández (Lujuria). Hay guitarras de Christian Vidal (Therion) y teclas de Fran Rodríguez (Nexx). Y el que brilla con el solo es, de nuevo, un inspirado Tommy Denander. Fácil, te la sabes a la primera, pero funciona.

“Tras El Cristal” es un broche final no poco llamativo. Y lo es por el contraste que se produce entre las distintas voces participantes: Fernando Pleite (Siddharta), Narciso Tenorio (Júpiter), Carlos Pina (Panzer) y Elizabeth Amoedo (Against Myself). Buena labor de Elena Alonso con las teclas, también de Maca al bajo y por supuesto de Johnny Lorca con el solo. Mucha clase para cerrar el álbum con clase. Con cierto optimismo incluso. Al final, tal y como reza la letra: “tras la niebla siempre hay claridad”.

Habiendo reunido semejante pléyade de colaboradores, conseguir que el álbum suene cohesivo a lo largo de más de una hora de música resulta todo un logro- Puede que el paso de las escuchas destapen ciertos desequilibrios en lo que a sonido se refiere, si bien estos son del todo puntuales. El álbum transita siempre dentro de los grandes cánones del género melódico. Dispone buenas ideas y mejores canciones a los Edman, Gioeli, Overland y compañía, se acompaña de grandes ejecutores como Pablo García, Tommy Denander, Christian Vidal o el propio Lorca… y se las arregla para buscarle las cosquillas al género, ahí están “Bajo Un Disfraz” o “Because Of You”, sin que ello signifique traicionar sus mismas esencias. Un trabajo de orfebrería técnica que no esconde la gran labor realizada desde el plano puramente compositivo. Un disco que, desde antes de ayer, debería ocupar lugar de privilegio en la vitrina de cualquier fan del género.

Texto: David Naves

Crónica: Z! Live Rock Fest (Jueves 12/6/2025)

Una década cumplía el Z! Live Rock Fest en este 2025 y no era esta una cita que Heavy Metal Brigade fuera a dejar pasar. Con un cartel dividido en tres jornadas y un puñado de bandas de lo más diverso, el IFEZA y la ciudad de Zamora volvían a acoger un año más a gentes llegadas de todos los puntos de la península y fuera de ella. A grandes rasgos, nombres ya legendarios como Dream Theater, Accept o Sepultura junto a propuestas emergentes como Dynazty, Kissin’ Dynamite o Alestorm sin olvidar el metal extremo de Nile y Dark Funeral o la cosecha local con Angelus Apatrida, Injector o Ankhara eran aliciente suficiente.

El arranque de un evento de estas características siempre conlleva una pequeña incertidumbre. Un moderado nerviosismo. Pero toda vez recogemos las acreditaciones y accedemos al recinto, gran idea por cierto la de permitir a los medios el uso del parking anexo, hacemos nuestra habitual composición de lugar y accedemos a la que sería nuestra casa por los próximos tres días. Lo primero que uno ve son los habituales puestos de merchandising. El de las bandas, tanto como el oficial del festival, se encontraba sin embargo dentro del recinto cubierto del IFEZA. Fuera de él y bajo los rigores que el cielo zamorano gustara de imponer, se erigían uno junto a otro, ambos escenarios: Copper Stage a la izquierda, Silver Stage a su lado. Frente a ellos un buen número de bancos y mesas donde descansar y recargar fuerzas. Y, al fondo, los habituales food trucks, la zona de emergencias y los aseos. Una disposición muy diáfana, el recinto es lo suficientemente grande como para acoger a unas cuantas más de las diez mil personas diarias que, dijo la organización, llegaron a ocupar su sitio frente a las tablas.

Todo tiene su comienzo y su final. After Lapse, los prog metaleros de origen madrileño, iban a ser los encargados de inaugurar esta décima edición. Ni pronto ni tarde. El cumplimiento de los horarios rozaría lo estricto a lo largo de las tres jornadas. Ellos demostraron tener buen tino a la hora de armar buenos riffs y con ellos canciones entre lo elegante y lo vistoso. Con un voceras de circunstancias, Erik Rayne apenas llevaba dos semanas con ellos, sacaron adelante el set con toda solvencia. Nos agradaron.

Había ganas de ver a los daneses Vola. “Friend Of A Phantom” me parece uno de los discos más frescos de 2024 y su paso por el Copper Stage lo refrendó pero con matices. “We Will Not Disband” enseña ya la mejor cara del guitarra y voz Asger Mygind. Llama la atención la presencia de hasta tres teclados sobre el escenario. La banda haría buen uso de ellos para desarrollar ese prog que a veces roza con el djent. Ahí, en la cara más rota de la banda, Vola dan su verdadera medida. Hicieron un cuidado repaso por toda su discografía, pero me sorprendió que “Break My Lying Tongue”, single de su último largo, no constara entre las elegidas. Confiando en tener mejor suerte la próxima vez que me los encuentre.

Vuelta entonces al Silver Stage para disfrutar de los alemanes Kissin’ Dynamite. Es cierto que el mal sonido desluce “Back With A Bang”. Pero cuando los técnicos llevan a cabo su tarea y todo reconduce hacia posiciones de mejor equilibrio sonoro, los de Burladingen están rayando a gran nivel. En una encrucijada entre hard rok y heavy metal, representan la cara más lúdica del género sin perder fuerza ni eficacia. El pegadizo estribillo de “Monster”, sus a veces cuidadas coreografías, incluso la capa que Hannes Braun lució en uno de los temas. Todo sumó para que el público del Z! Live terminara por entregarse a ellos. Puede que sonaran no tan orgánicos como me esperaba. En cualquier caso, tremenda fiesta la que montaron.

El cartel del viernes iba a dar un giro aún más dramático con la llegada de los norteamericanos Nile. Los de Greenville (Carolina del Sur) no necesitan muchas presentaciones. Leyendas absolutas del death más técnico y brutal, llegaban al Copper Stage dispuestos a no dejar títere con cabeza. Su fama les precede y “Stelae Of Vultures” ya da muestras de su conocida brutalidad. Pero el sonido no llegó nunca a ser del todo redondo y, por ahí, su paso por Zamora resultaría un tanto agridulce. En cualquier caso, George Kollias está dando una masterclass de cómo enfrentar su kit de batería. Siempre tan seguro en la velocidad, por momentos inhumana, que es capaz de desplegar cada noche (tarde en este caso).

Ellos seguirían alternando temas de nuevo cuño, como ese “To Strike With Secret Fang” de su nuevo álbum, con piezas remotas como “Sacrifice Unto Sebek” o la muy coreada “Kafir”. Las voces rotas del también Morbid Angel Dan Vadim Von y el Olkoth Zach Jeter contrastan con la mayor oscuridad de un seguro e incluso tranquilo Karl Sanders, verdadero alma mater del proyecto. “In The Name Of Amun” puede pasar algo inadvertida, de nuevo pequeños problemas técnicos aguaban las evoluciones del cuarteto. Pero cuando cierran con “Black Seeds Of Vengeance” y todos coreamos con ellos, Nile parecen confirmar su estatus pese a los inconvenientes.

Steve “Zetro” Souza abandonaba de nuevo Exodus a principios de este año por lo que el Z! Live iba a ser un buen termómetro de cómo ha caído en el seno de la banda la vuelta de Rob Dukes. El neoyorquino, cincuenta y siete años le contemplan, irrumpió en plena forma en el Silver Stage. El thrash metal más hiriente se haría carne en Zamora gracias a “Bonded By Blood”, que anda cumpliendo cuarenta años en este 2025, y donde ya Gary Holt y Lee Altus dejan claro que la suya sería una de las duplas guitarreras más y mejor compenetradas del evento.

Sorprende la vitalidad de una banda como esta. Porque Tom Hunting esta aporreando el kit de batería con un ímpetu casi adolescente. Y poco importa que “Zetro” ya no esté porque Dukes está dando su mejor nivel en “War Is My Shepherd”. Muy activo, siempre desafiante de lado a lado del escenario y dueño de una voz rotunda y lacerante como pocas. El duelo solista de “Brain Dead” me reafirma el nivel de la dupla Holt & Altus. Era jueves pero no fue poca la gente que se arrimó a disfrutar del mejor thrash metal, algo que habla y no precisamente mal de la salud del festival. Y es que nadie querría perderse a los americanos y acabar en la “Blacklist” de Dukes y los suyos. Aquí se repitió el juego del frontman con la guitarra de Holt mientras Altus soleaba al otro lado. Clásico gimmick ya de los estadounidenses.

Tras las habituales presentaciones llegaría el turno de volver al legendario “Bonded By Blood” para recibir una “A Lesson In Violence” que vino a confirmar su estatus de leyendas absolutas del género. Anthrax, Metallica, Megadeth y Slayer (a donde ha vuelto precisamente Holt) podrán ser el denominado Big Four del thrash, pero Exodus pasaron por Zamora a un nivel que ya quisiera cualquiera de las bandas mencionadas. Lo pensaba mientras caía un pequeño giño al “Raining Blood” de los propios Slayer antes de una brutal “The Toxic Waltz”. El wall of death que detonó “Strike Of The Beast” fue el broche perfecto a una descarga en la que Exodus no hicieron prisioneros. Con la vitalidad de unos adolescentes pero las tablas y la confianza que les otorga su ya dilatada trayectoria. Uno de los grandes shows del jueves.

A nadie se le escapa que la de Meshuggah iba a ser una historia bien distinta. La banda más sui generis del jueves. De todo el cartel, me atrevería a decir, padres putativos de lo que algunos dieron en llamar djent y que en Zamora establecieron, una vez más, su curioso estatus de banda de culto con reconocimiento masivo. Su propuesta a la vez monolítica e intrincada, su llamativa puesta en escena, los poderosos juegos de luces que desplegaron

… pero sobre todo la forma y el modo en que sonaron. Cerca, o en las inmediaciones mismas de la mesa de sonido, pocas veces he visto a una banda de este calibre sonar del modo en que lo hicieron los suecos. Pocos ajustes hicieron falta. Desde que desatan a la bestia con “Broken Cog”, de aquél “Immutable” de 2022, no queda otra que rendirse a la gran paradoja nórdica. Los solos de guitarra resultan extraños. Casi contraintuitivos. Pero cuando el ya poco menos que legendario Tomas Haake enfrenta ritmos más vivos, pocas cosas en este mundo rozan siquiera los niveles de furia e intensidad que desatan Jens Kidman y compañía.

Caía la noche en Zamora y de forma exponencial se magnificaba su puesta en escena. El humo, las llamativas, casi cegadoras luces. Y al frente, por muchos momentos inmóvil, Jens Kidman, cincuenta y nueve años recién cumplidos, comandaba a los suyos sin que su garganta pareciera acusar el esfuerzo. En contra suya se puede argüir su quietud arriba de las tablas. Que a ratos todo parezca en exceso premeditado y medido. Poco importa cuando redirigen a ese clásico ya ineludible que es “ObZen” y entregan una “Combustion” llevada a unas cotas de intensidad y precisión por momentos inmensurable. Una experiencia, y aquí cobra especial importancia el cómo, envuelta en un cierto halo trascendental. Casi místico.

Por ahí, claro, uno entiende que su propuesta no resulte del gusto de una amplia mayoría. Pero “if you know, you know” que diría aquél. Porque “Born In Dissonance”, ya caída la noche en Zamora, aún parece añadir unas cuantas décimas en lo que a magnitud se refiere. Serio, impertérrito Haake tras el kit, con la seguridad que da ser una de los baterías más influyentes y respetados a nivel mundial. Maestro indiscutible en una jornada en la que el Z! Live había conseguido reunir a tres de los bateristas más icónicos del metal mundial. El doble cierre, que no por habitual pierde un grado de eficacia, correspondió una noche más a la dupla “Bleed” más “Demiurge”. La primera, dueña con uno de los riffs más emblemáticos y celebrados del género, eleva el grado de trascendencia de la descarga para después desembocar en uno de esos cierres que quedarán para siempre en nuestras retinas. Colosales.

La cabeza de cartel del jueves correspondía a la vuelta de Mike Portnoy al seno de Dream Theater. Banda clave en el desarrollo y posterior establecimiento del metal progresivo como fenómeno de masas, el teatro de los sueños acudía a Zamora inmerso en los fastos de celebración de su cuarenta aniversario. Se dice pronto.

Banda fetiche del abajo firmante, acudí a la cita con sentimientos encontrados: feliz por la vuelta del hijo pródigo a las baquetas, inseguro con respecto a qué cara iba a ofrecer esta vez un James LaBrie quien, a su paso por Avilés en 2023 (crónica), había sembrado un mar de dudas. Suena la pieza que el gigante Bernard Herrmann compuso para la banda sonora de “Psicosis” y la sola irrupción de la banda provoca una de las mayores ovaciones del jueves. Ellos atacan con la reciente “Night Terror” y Portnoy no tarda en deshacerse en gestos y saludos al público. Petrucci dejaría ya aquí muestras de la inmensa clase y maestría que acumula en sus dedos.

En estos primeros compases LaBrie, si bien lejos ya de sus mejores años, pareció ser consciente tanto de sus virtudes como de sus debilidades. Su timbre nunca ha sido del agrado de muchos, pero me da la sensación de que supo defenderse mejor que en anteriores ocasiones. Con eso y con todo, no seré yo quien niegue que ciertos momentos de la dupla “Act I: Scene Two: II. Strange Déjà Vu” & “Act I: Scene Three: II. Fatal Tragedy” le vengan un tanto grandes al canadiense. De la sobria puesta en escena llaman mi atención los leds que adornan el (a veces inclinado) teclado de Jordan Rudess. El impasible teclista dio su mejor versión en la no poco icónica “Under A Glass Moon”, del legendario ya “Images And Words”. Ni cerca de lo vivido con Meshuggah, este es un animal bien diferente, pero sí que la tensión aumentó gracias a “Panic Attack”, con John Myung de repente altísimo en la mezcla (y ya es raro).

Portnoy se iría entonces al lado derecho del (inmenso) kit de batería para, desde allí, enfrentar una “The Enemy Inside” con LaBrie muy seguro en estrofas y no tanto en estribillos. El de Penetanguishene sigue con su recién adquirido hábito de irse al backstage durante los solos y, por ahí, la banda pierde uno de su mayores activos durante no pocas fases del show. Sea como fuere, Mike volvería al lado natural para una “A Rite Of Passage” de la que me sorprendió el caluroso recibimiento que tuvo por parte del público. Como celebrado fue también el solo de Petrucci en “The Dark Eternal Night”, uno de los cortes más contundentes del set, acompañado por ese doble juego vocal entre LaBrie & Portnoy y rematado por la buena outro de Rudess.

Portnoy volvería a cambiar su posición tras el kit para “Peruvian Skies” donde, una vez más insertarían dos pequeños escorzos de Pink Floyd y Metallica (Wish You Were Here y Wherever I May Roam respectivamente). Rudess echó mano entonces de su teclado portátil y añadió algo de color al set. En “As I Am” y, curiosamente cuando mejor estaba sonando, el micro le jugó una mala pasada a LaBrie. A perro flaco. Fue otro de los picos de intensidad de la jornada, tremendo una vez más Petrucci, y el broche soldado a fuego que supone la siempre exigente “Pull Me Under”. Ni cerca del nivel que me gustaría pero mucho mejor que en mi anterior encuentro con ellos.

La descarga de Rotting Christ era poco más que una incógnita para servidor. Banda que, pese a su dilatada trayectoria, nunca me ha llegado a enganchar, pero que congregó a un nutrido número de fans frente al Copper Stage. “35 years of evil existence” rezaba el electrónico de fondo. Su puesta en escena, sobria y oscura, casó con el dark metal que vinieron a desarrollar.

Dark metal, sí, porque si bien hay momentos en que la velocidad se dispara y las revoluciones aumentan, pienso esta banda poco tiene que ver con nombres como Noctem o Dark Funeral. Sea como fuere, los griegos se empecinaron desde el primer momento en buscar el enganche con su público mediante esos coros marca de la casa. El sonido acompañó. Y si bien sobre las tablas la quietud durante muchos momentos era casi total, abajo no dejó de haber movimiento. No era aún muy tarde y en el Z! Live aún quedaban ganas de pasarlo bien.

Like Father, Like Son” acrecenta ese enganche con la audiencia. Sakis Tolis, guitarra y voz de los atenienses, demostró tanta seguridad como carisma. “Non Serviam” nos retrotrajo al disco homónimo de 1994 y la versión de Thou Art LordSocietas Satanas” incluso desencadenó un wall of death frente al Copper Stage. El cierre, no obstante, fue para “The Raven”, que acrecentó la épica más oscura de los griegos. Sólidos, serios y sin mayor mácula. No me enganchan pero pocas pegas caben sobre su desempeño.

Si complicada es la tarea de abrir un festival, tanto o más lo es la de cerrarlo. El nutrido combo madrileño Vita Imana acudía a Zamora tres años después de entregar su último álbum de estudio, aquél “VI” de 2022, presta y más que dispuesta a no dejar títere con cabeza. Banda con poca rima dentro del cartel (Sepultura al margen), vino a poner la nota groove al cierre del jueves.

Intensos como demonios pero con el color que dan siempre las percusiones de Miriam Baz. El Cuernos De Chivo Mero Mero no ceja en su empeño de mantener bien despierta a la audiencia. Y entre riffs contundentes y mucho mal café, cerraron la primera jornada como de ellos se esperaba. Vibrantes y concisos. Un martillo pilón que sabe perfectamente cuál es su lugar y obra en consecuencia. Un buen final de jornada.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Z! Live Rock 2025: Cartel definitivo y bandas por dia

El festival zamorano Z! Live Rock cierra el cartel de la décima edición con la incorporación de Meshuggah, Lita Ford, Nanowar Of Steel, MorphiuM, After Lapse, Injector y Lujuria.

Con estas confirmaciones se cierra el cartel de su décima edición, la más variada y ambiciosa de en la historia del festival. Momento perfecto que coincide con la promoción navideña que incluye, además del abono de 3 días, un turrón de Alicante (300 gramos) con marca de garantía Jijona y una bola navideña metalera de diseño especial conmemorativo de esta 10ª edición y que está disponible a través del siguiente enlace:
https://zliverock.com/entradas/

Z! Live Rock 2025: Dream Theater cabeza de cartel

Tras su exitoso paso por Leganés el pasado 17 de noviembre, Dream Theater mantienen su gran sintonía con el Z! Live Rock y se confirman cabeza de cartel del festival zamorano, en exclusiva para el 2025.

Con el regreso a filas de Mike Portnoy como gran aliciente la legendaria banda progresiva se encuentra inmersa en una gira 40º aniversario que no hace más que corroborar el nivel técnico y de compenetración que atesoran, sin dudo uno de los mejores de su trayectoria.

El festival aún no ha cerrado un cartel que cuenta con grupos de la talla Sepultura, Accept, Rhapsody Of Fire, Alestorm, Exodus, Angelus Apatrida, Gotthard, Saurom, Dark Funeral, Rotting Christ, Kissin’ Dynamite, Noctem y Ankhara.

Entradas y abonos disponibles a través del siguiente enlace:
https://zliverock.com/entradas/