Reseña: Aathma «Dust From A Dark Sun» (Ardua Music 2023)

Cuarto trabajo ya para la agrupación stoner doom madrileña Aathma, que recordemos forman Alejandro Porras en baterías, Chamani al bajo y Juan Viguera en voces, guitarra y sintetizadores. Seis años tras aquél “Avesta” de 2017, el trío contraataca ahora con un “Dust From A Dark Sun” para cuyo artwork vuelven a contar con Robert Hernández y que vino al mundo en los Sadman Studios de Verín (Ourense) de la mano de Carlos Santos (Bloodhunter, Toundra, Cuernos de Chivo, Hamlet…). Con mezcla final de Víctor García (Moksha, Wormed, Ikarie…) en Ultramarinos Mastering, el álbum vio la luz el pasado treinta de junio vía Ardua Music en digital, CD y vinilo de 12».

Espacial, lejano y reverberante, “Cosmos” prorrumpe casi de inmediato para acomodar la consecuente descarga de doom alucinado a rebosar de distorsión. La línea de voz arrastra un deje muy ochentero, que apenas desentonaría en el “Love” de The Cult, y que atrapa casi en la misma medida que sorprende. Bien es cierto que esas mismas voces atropellan a ratos al resto de elementos en la mezcla. Huelga decir que nunca de manera catastrófica pero sí un tanto molesta. Quizá eche en falta una faceta solista más predominante pero disfruto en cualquier caso de ese tercio final apasionado y aplastante.

Impending Fate” emerge desde las profundidades cual abisal Cthulhu y viene a manifestarse ante el oyente en términos más livianos que su predecesora. Viguera percute con una serie de riffs firmes, quizá un tanto monocromáticos, que conducen a un estribillo redondo y bien armado. La banda destila atmósfera en este corte elegante, distinguido y de nuevo reverberante. Del pulso alucinatorio que destapa a los Aathma más atmosféricos tiene gran parte de culpa una producción que, ahora si, equilibra todos los elementos presentes con agudeza y pulso de orfebre. De ello dará fe la poderosa eclosión final, clímax arrebatado y uno de mis momentos favoritos de todo el largo.

Burned Garden”, corte más perezoso en lo que a duración se refiere de todo “Dust From A Dark Sun”, no altera los ritmos pausados, doomies y alucinados que el álbum arrastra en dupla inicial. Pero la banda se enfunda ahora en guitarras mucho más graves, amén de parapetarse tras un estribillo donde no cuesta encontrar el rastro de los Black Sabbath más primarios. Puede que sea precisamente ese chorus el que le haya granjeado su condición de adelanto. Lo cierto es que en primeras escuchas me generaba cierta indiferencia y sin embargo, a día de hoy, no logro sacármelo de la cabeza. Conviene siempre no fiarse de primeras impresiones, máxime tratándose de una banda que maneja tal multitud de capas y colores como la que hoy nos atañe.

Podría intuirse por su curioso prólogo que “Bloodhands” viene a abrir la veda de los Aathma más alternativos. En realidad aquí se manifiesta una espacialidad nada casual, apuntalada en todo momento por unos sintes casi omnipresentes. Revestida de ese brillo técnico que “Cosmos” reclamaba anteriormente, con una base rítmica que otorga un sustento sin florituras ni tampoco errores, a ratos me parece la oferta más sólida de este cuarto álbum de los madrileños. Bien es verdad que los Monster Magnet del sensacional “Dopes To Infinity” sobrevuelan a ratos, si bien tengo la impresión, hay días que también la certeza, de que Aathma han sido lo suficientemente inteligentes como para mantenerse dentro de las férreas fronteras tanto del álbum como del género.

A Black Star” sí que se desliga de los grandes tropos del trabajo. Especialmente en lo que a ritmos se refiere. Porras se desvive con la línea de batería más ardiente de las siete que conforman el disco. No solo en las partes más envenenadas y rápidas, que las hay, sino también en aquellas más livianas y que vendrán a dar soporte al estribillo, que será donde dibuje un groove del todo irresisitible. A la larga el corte más distinto de la septena, algo a lo que contribuye en gran medida ese curioso y tranquilo epílogo.

Hay algo en las líneas de voz de “Embrace The Ocean” que me hace pensar en el bueno de Mick Moss, de los siempre reivindicables Antimatter. Banda que, a priori, uno no asociaría a un nombre como Aathma. No es que el trío se dirija ahora hacia el progresivo atmosférico del combo británico, pero se suceden las escuchas y mi subconsciente no puede por más que asociar a ambas agrupaciones. Viguera ofrece aquí una serie de riffs más contemporáneos, con los que quizá no alcanzo a conectar del todo pero que vienen a dar forma a otro de los cortes más personales del álbum.

La distorsión tan marcada que arrastra la guitarra en la final “The End Of My World” bien podría recordar a esos Muse más musculosos que Matt Bellamy nos regala más a cuentagotas cada vez. Lo cierto es que toda vez supera ese prólogo angosto y rocoso, Aathma reconducen hacia terrenos más cómodos para ellos. Las voces reverberantes, la poderosa atmósfera que dibujan los sintes y esa base rítmica de Porras y Chamani tan firme y sólida como siempre. Viguera además adorna el tronco central con un discreto pero funcional solo de guitarra y alcanzamos un final en un crescendo que viene siempre a dejar con ganas de más.

Porque si mis cuentas son correctas es el álbum más corto de su trayectoria y a estas alturas uno está más que malacostumbrado a trabajos que flirtean, o en muchos casos superan, la barrera de los sesenta minutos. Por contra, “Dust From A Dark Sun” ofrece muy pocas dobleces. Sereno pero firme, funde doom con sludge y stoner con una facilidad que a ratos apabulla. A los nombres que han salido durante la reseña, bien podría añadir los de Cult Of Luna, Year Of No Light, Neurosis… y sin embargo el álbum no abandona nunca una senda muy marcada, un tronco común de lo más personal e identificable. Estilo y precisión en todo momento. También personalidad y carácter. Muy bien se tiene que dar este 2023 para que este cuarto de los madrileños no sea uno de los trabajos del año.
Texto: David Naves

Reseña: Unchosen Ones «Sorrow Turns To Dust» (Blood Fire Death 2023)

Sorrow Turns To Dust” es el debut para Blood Fire Death de los melódicos vigueses Unchosen Ones. La banda, formada por Robert Martínez (bajo y arreglos), Christian Marco (teclados, sintetizadores), José Fernández (batería), Javier Calderón (voz) y Fran Romero (guitarra). Con Koldo Rivas encargándose de la grabación en los SMHQ Studios y José F. Tercero haciendo lo propio con la mezcla y el master, el álbum salió a la luz el pasado veintiuno de abril adornado por el arte de Abigail Fernández.

Far Beyond The Thunderdome” evoca un páramo desolado que bien podría recordar al de la saga Mad Max. Y lo hace desde un metal melódico al que Unchosen Ones revisten con unas guitarras erigidas en émulo del Interceptor de Rockatansky. La línea de voz que traza Calderón aquí, con esa ligera melancolía impresa en estrofas, encaja como un guante. Y el solo, clásico por situación aunque algo justo por extensión, viene a redondear un inicio un tanto breve pero ideal a la hora de introducirnos en el tono de este “Sorrow Turns To Dust”.

Igualmente breve es una “The World Is Ours To Take” donde estallan los Unchosen Ones más decididamente melódicos. Queda claro con esa tenue desnudez de sus estrofas. Calderón está más vigoroso ahora y el estribillo, cuidadosamente armonizado con las guitarras de Romero, le funciona a los gallegos. La escasa duración del corte repercute en un solo un tanto timorato, lo que no quita para que el trabajo de Romero sea más que notable a lo largo y ancho de toda la composición. A buen seguro una fija en sus setlists.

Infinite Gear” sorprende con un prólogo de corte marcial, al que acompañan unas afinaciones con un empaque más metálico, amén de un bajo con más presencia en la mezcla, y que vendrán a mostrar a la banda en su encarnación más endurecida. Muy ochenteros sin embargo los colchones de teclados que acompañan a Calderón, especialmente en estrofas, al tiempo que elegante y señorial el estribillo que la banda dibuja aquí. Destacan de igual forma la gama de arreglos que el quinteto introduce aquí, esos sintes de corte retrofuturista, tan en boga. Y finalmente el estupendo solo, ahora sí, de Romero. Estupenda.

Pese a su remansado prólogo al piano, en esa senda más poderosa una “Sorrow Turns To Dust”.En realidad el corte cabalga entre dos tierras: la más remansada de unas estrofas casi desnudas de guitarras y los estribillos más poderosos y recargados. Y entre medias, arreglos y orquestaciones con un poso más oscuro. Romero amenaza con un solo durante el puente, no obstante es Christian Marco tras el teclado quien acaba por tomar el mando de las operaciones. Breve, sencilla y muy funcional.

The Accursed Moon”, intro de apenas minuto y medio y de corte tan épico como cinemático, nos conduce hasta una “Kill The Night” que pone en liza a los Unchosen Ones más pomposos y recargados. Fuerte carga arreglística la que adorna este sexto corte del álbum, con un riff de los que anidan en el subconsciente durante días. Tras un estribillo con todo el sabor del mejor metal melódico alemán, pienso especialmente en aquellos Edguy previos a que Tobias Sammet descubriera la gallina de los huevos de oro con Avantasia, todo opera a favor de obra para los vigueses. Y es que la banda parece echar el resto aquí. Cierto es que su andamiaje puede no ser para nada revolucionario pero las piezas dispuestas engranan a la perfección.

Sorprende “Too Late” con ese prólogo de pronto tan heavy, por momentos casi marcial, que trae al frente la cara más abiertamente metálica de los gallegos. En afinaciones, en el registro tan agudo de Calderón, en el doble bombo de Fernández en estribillos y con el broche que supone el reducido pero eficaz solo de Romero.

Así las cosas, “Shadow Dancer” habrá de retornar a terrenos más cercanos al hard. Sorprende, por tanto, la fuerte presencia de la que goza ahora el bajo de Robert Martínez. En cualquier caso, estos son los Unchosen Ones más amables. Armados con toda una serie de acomodos en cuanto a arreglos, riffs de sabor inequívocamente clásico y ese marcado aire a Dokken impregnando cada acorde.

Lejos de proseguir esa senda más melódica, “Ashen Wasteland” se acerca irremisiblemente al power a través de un fulgurante prólogo a puro riff cabalgante y doble bombo. Corte adrenalítico en el que no obstante los chicos parecen sentirse igualmente cómodos. De construcción más libre que el resto de entregas, que la hayas escuchado infinidad de veces antes no significa que no les funcione. En especial por la forma en que saca a relucir lo mejor de Unchosen Ones en lo que a ejecución se refiere.

En “The Call Of The Rain” sobreviven esas pulsiones más metálicas, entre medias de su acostumbrado hard/heavy clásico y melódico. Que a estas alturas del álbum quizá no me enganche como lo hacían los primeros cortes del álbum pero que con eso y con todo sigue contando con detalles de interés. En especial por parte de un Fran Romero que sabe extraer lo mejor de sus seis cuerdas. Tanto en solos como en las distintas melodías con las que acompaña la siempre armoniosa voz de Calderón.

La final “True Warrior” abraza una onda cercana a Axel Rudi Pell, navegando entre la balada y el medio tiempo, con un elegante crescendo en su parte central y que desemboca en un epílogo elegante, a ratos casi ceremonioso, que vendrá a ejercer de perfecto broche a este buen “Sorrow Turns To Dust”.

Unchosen Ones tienen motivos más que de sobra para estar contentos. Su primer álbum brilla desde un su indisimulado gusto por el metal de corte más melódico, para después elevarse y picotear de territorios más metálicos. No por nada bandas como Dream Evil o Beast In Black aparecen citadas entre sus influencias. Cierto que hay cortes a los que se les podría haber sacado algo más de jugo. Pienso especialmente en “Far Beyond The Thunderdome” pero en cualquier caso el disco sabe brillar cuando se lo propone. A la hora de escribir buenos temas, ahí están “Infinite Gear” o la estupenda dupla que componen “The Accursed Moon” y “Kill The Night” o el distinguido cierre con “True Warrior”. Tal y como reza cierto meme de internet: “bien trabayao”.

Texto: David Naves