Enésima visita de El Drogas a tierras asturianas y sigue sin menguar el cariño que el público de la región dispensa siempre al navarro. Acompañado esta vez del trío de rock Ciclonautas, el ciclo de conciertos del Patioh echó el cerrojo con una buena entrada y dos más que interesantes y atractivas descargas.

Son las nueve y media cuando el trío Ciclonautas, es decir, Alén Ayerdi (batería), Javier “Txo” (bajo) y Mai Medina (guitarra y voz) hace suyo el coqueto escenario del Patioh. Y lo hace procurando un arranque tendido, nada apresurado, que nos introdujo con cuidada elegancia en su curiosa forma de entender el rock and roll.
Una banda que navega en gran medida por desarrollos muy cuidados. Ese solo con slide que Medina dibuja en la inicial “Abrazado A Un Misil” me sirve como pincelada. El sonido fue claro, nítido, por momentos cristalino. Con la Telecaster sonando como sólo una Telecaster puede sonar, entregaron la más vibrante “Matando Al Suicida” donde ya fuimos testigos del no poco carisma que atesora el vocalista rosarino.

Medina cambiaría sin embargo a Gibson para una “Tristes Corazones” en la que dibujaría uno de mis riffs favoritos de todo el show. Sencillo, sí, pero con un gancho terrible. En “Bombo Sicario” vuelve la Telecaster y, aunque fuera a pequeños destellos, mi mente se desplazó hacia otro trío al que pudimos ver este verano, Corazones Eléctricos, sabe Dios por qué motivo. Sea como fuere y mientras encaraban el tronco central del set, algunos incómodos acoples vinieron a empañar la que estaba siendo una más que notable descarga del trío en tierras asturianas. Lleno de buenos detalles, como ese estupendo solo de Medina con el pie al wah en “Agua Va”, una de las más coreadas por la gente.
Porque el caso es que en las primeras filas no fueron pocos quienes vinieron con los deberes bien hechos, arropando al trío de tal forma que, no dudo, se sintiera como en casa. “Estamos bien, estamos a gusto” proclamó Medina. No quisiera yo terminar esta crónica sin mentar la base rítmica que propulsa al trío. Las elegantes y cuidadas líneas de bajo de “Txo”, la pegada firme y segura de Ayerdi, batería de Marea para más señas, inundaron el Patioh de sensualidad y rock and roll.

El propio Ayerdi se las vio con el hi hat de su batería durante “Kamikaze”, aprovechando más tarde para meterlo en vereda mientras Medina anunciaba que le iba a dedicar una canción a su hermano, que se encontraba “del otro lado”, que resultó ser, claro, “Los Hermanos”, con la gente a palmas y llevando en volandas al trío. Una línea de bajo de lo más insinuante recorrió “Souvenir”. “Si tienen palmas, tírenlas” urgía Medina. Lo que sucedió fue que más que palmas, la gente demostró tener gargantas. También saberse la letra al dedillo. Y obraron en consecuencia.
“¿Quien dijo carnaval?” preguntó el vocalista en referencia a alguien del público. “Pues para ti que va”. Aquí “Txo” tendría un detalle para con una guaja de las primeras filas. No nos cansaremos de insistir en lo mismo: hay que cuidar siempre a los más pequeños. Lo cierto es que el público gijonés despidió con una gran ovación al trío. A buen seguro no fuimos pocos los que acudimos al Patioh a dejarnos sorprender y la insinuante y rockera propuesta de Ciclonautas colmó nuestras expectativas de manera más que sobrada.

Faltan cinco para las once cuando Eugenio Aristu “Flako” (bajo y coros), Txus Maraví (guitarra y coros), Nahia Ojeta (batería) y Enrique Villarreal “El Drogas” (voz) hacen suyo el Patioh de la Laboral, dispuestos a poner un broche dorado a un ciclo que llenó de música en vivo el verano gijonés. Y desde que la banda, en loor de multitudes que diría un clásico, arremete con “En La Silla Eléctrica”, me llama la atención el sonido “gordo” y contundente del bajo de Aristu. Benditos Rickenbacker. El cuarteto sale a revientacalderas. El Drogas, sesenta y cinco años le contemplan, no perdió ocasión de bajar al foso de fotógrafos y buscar la máxima conexión posible con su gente ya desde el comienzo.
El público, era de esperar, respondió casi a cada gesto del navarro. Se puede argüir en su contra esa búsqueda constante de la nostalgia que procura esta gira cuarenta aniversario. Lo cierto es que la banda, del primero al último, se vació en el empeño. Ritmo endiablado el de un concierto que apenas da descanso durante su largo primer trecho. Porque además “Barrio Conflictivo” sonó realmente fulgurante el pasado domingo. El Drogas dedicaría “Mañana Será Igual” a Las seis de la Suiza, paseándose con su bandera por el escenario de la Laboral. Un gesto que, por pequeño que sea, desde luego le honra, y que sería muy aplaudido por el público gijonés.

“A Toda Velocidad” suena casi a leitmotiv de la propia descarga, con la banda descerrajando un corte tras otro sin apenas pausa, sudando de lo lindo para satisfacción de los más exigentes. “Nada, hemos venido a joder la marrana y la vamos a seguir jodiendo”. El Drogas mandaría una dedicatoria a la figura de David González, poeta gijonés fallecido en 2023.
Gran solo el que deja Maraví en “Problemas” con un Ojeta dejándose la piel a cada golpe. El Nahiak Nahi percutió la batería con firmeza, casi que con furia, durante toda la velada. Sucede en el puesto a todo un animal escénico como Brigi Duque y a fe mía que no cejó en su empeño. La banda, que venía de tocar la noche anterior en Palma de Mallorca, pareció no notar el esfuerzo y derrochó todo el carisma y entrega que de ella se esperaba.

El sol, desde luego, no calienta por igual en todas las cabezas. Qué duda cabe que “Víctima” sería otra de las mejor recibidas. Fue aquí donde El Drogas quiso hacer un pequeño alto en el camino, descender las revoluciones y tomarse un pequeño respiro tras el fulgurante inicio de set. Acústica en mano deslizó una más tranquila “Sin Lámpara” y cogió algo de aire cara a lo que estaba por venir. Que era nada menos que otra de las más coreadas, no otra que “Sean Bienvenidos” de aquél “Hombre Mate Hombre” que en estos días cumple la veintena.
Agradecí el tono áspero que la banda le imprimó a “Bahía De Pasaia”, con un Drogas paseándose a escasos centímetros de su gente. Ya fuera inalámbrico en mano o apoyado en su larguísimo pie de micro, desbordó carisma a cada momento. Con su llamativa vestimenta, el pañuelo y sus ojos ocultos tras las habituales gafas de sol, atacaría maracas en mano una “No Sé Qué Hacer Contigo” que pondría uno de los contrapuntos a sus habituales líricas reivindicativas. El pamplonica tuvo tiempo incluso de bromear con el resultado del derby de la jornada anterior. “Flako” y Maraví se darían su particular baño de masas durante el solo de “Okupación”.

No faltó el habitual juego con los bastones durante “Tentando A La Suerte” para más tarde volver a entregar otra de esas líricas socarronas, marca de la casa, en la siempre divertida “Todos Mirando”. La banda al completo busca la complicidad con la gente a través de uno de los grandes himnos no ya de Barricada sino del rock en lengua de Cervantes, no otro que “Oveja Negra”, con el Patioh de la laboral rugiendo de lo lindo. Hablaba antes de la pegada de Ojeta y fue precisamente aquí que la caja de su batería dijo basta. El cambio de la misma por los técnicos de la banda fue tan rápido que quien más, quien menos, apenas se percató del incidente. Qué gusto da cuando se hacen las cosas bien. El final llega con otra de las ineludibles como es “No Hay Tregua” y eso de las doce y cuarto la banda se toma un respiro…
… de casi tres minutos, y vuelve para “Esta Es Una Noche De Rock & Roll” donde la comunión entre banda y público fue total. A término aún se afanaba Ojeta en afinar la caja suplente. Las paradiñas en “Animal Caliente” para que el público se dejara la voz y el inevitable cierre con “En Blanco y Negro” pondrían finalmente de relieve la vigencia de un legado, el de Barricada, que resiste indemne al paso del tiempo, honrado por cuatro músicos que parecen en auténtico estado de gracia. “A Gusto”, exclamó Villarreal qué sé yo cuantas veces a lo largo de la jornada. Sentimiento mutuo este, qué duda cabe.

Hora y tres cuartos a toda velocidad. El Drogas tiró de carisma y apoyado en el legado de una banda inmortal como lo es Barricada, encandiló a un público que no falló a la enésima llamada. Sigue muy en forma el pamplonés ya mediada la sesentena y parece tener cuerda para rato. Siempre es un gusto verle y a buen seguro que, cuando regrese por estas calles, el cariño que le dispensará el público asturiano será tanto o mayor que el derrochado en el pasado Día de Asturias.
Por nuestra parte nada más. Agradecer a la organización del ciclo de conciertos del Patioh todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un saludo a los habituales que nunca fallan y, ya saben, nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

