Agenda: The Volcanics (A.M.C. Bocanegra 3/10/2026)

Cerraban en Asturias su periplo por nuestros escenarios la banda australiana The Volcanics así que tocaba regresar a las instalaciones de la Asociación Músico Cultural Bocanegra en Valles (Piloña). Qué lejos quedaba ya nuestra anterior visita, una velada para el recuerdo con los angelinos Little Caesar como protagonistas (crónica) allá por 2022. Con el hard rock como banda sonora allí nos plantamos allí para disfrutar de gran descarga de high energy rock que cautivó tanto a seguidores veteranos como a quienes los veíamos por primera vez.

Hay bandas de las que escuchas hablar con una mezcla de respeto y misticismo. Nombres que flotan en el ambiente de las salas de rock y hasta que te plantas frente al escenario y los ves de primera mano no entiendes la verdadera magnitud que atesora el mito. Este otoño los australianos The Volcanics se han marcado una extensa gira por España para presentar su nuevo y gran álbum «Too Late to Run» y quien escribe estas líneas se enfrentaba a ellos por primera vez. Sin más equipaje que la recomendación de unos cuantos amigos melómanos y la curiosidad de comprobar si el high energy rock de las antípodas sigue estando tan vivo como dicen. La respuesta corta es sí. La respuesta larga es que todavía me zumban los oídos y me tiemblan las piernas.

Buena afluencia de público, nada nuevo en el Bocanegra. Una audiencia dispuesta a disfrutar, corear, saltar y sudar en favor de un show que no bajó en ningún momento de intensidad. Apenas un agradecimiento a su conductor y a los presentes. Y eso que llegaban tras un concierto maturino en la Hell Dorado de Vitoria-Gasteiz. El ambiente era el de las grandes noches, se notaba que los presentes eran fervientes admiradores del sonido de los de Perth y la expectación por ver cómo defendían en directo sus nuevas composiciones era máxima.

Liderados por el carismático y magnético vocalista John Phatouros, cuya planta en el escenario evoca a los grandes frontmans del garage-rock clásico, el quinteto se plantó con la solidez de un muro de hormigón. A las guitarras el zurdo Tommy Hopkins, protagonista de nuestra entrevista, y Bobby Burgess realizaban un fuego cruzado de riffs con un dominio del arte de las seis cuerdas de precisión quirúrgica. Respaldados por una sección rítmica implacable con el infatigable al bajo y Liderados por el carismático y magnético vocalista John Phatouros, cuya planta en el escenario evoca a los grandes frontmans del garage-rock clásico, el quinteto se plantó con la solidez de un muro de hormigón. A las guitarras Tommy Hopkins, protagonista de nuestra entrevista, y Bobby Burgess, protagonizaban un fuego cruzado de riffs con un dominio de las seis cuerdas de precisión quirúrgica. Respaldados por una sección rítmica implacable, el infatigable Levi Caddy al bajo y Alex Megaw a la batería, que ofrecían la violencia y la constancia de un pistón hidráulico.

Desde el primer acorde, su desempeño sobre el escenario fue una lección magistral de actitud y entrega. No hubo espacio para las sutilezas ni discursos vacíos. The Volcanics salieron a morder. Phatouros es un animal escénico que se adueña del espacio visual de inmediato, gesticulando, desafiando con la mirada. Derrochando voz, más cruda y potente que en cualquiera de sus discos de estudio. Verlos tocar es presenciar una sincronización perfecta, maquinaría engrasada a base de kilómetros y noches de club que no necesita mirar al compañero para saber exactamente hacia dónde va el siguiente golpe. La intensidad no decayó ni un solo segundo, contagiando a una audiencia que no tardó en responder con empujones y puños en alto.

Ofrecieron un repertorio perfectamente equilibrado. La misión, no dar tregua a los asistentes. El hilo conductor, las canciones de «Too Late To Run«, temas que en directo adquieren una dimensión mucho más salvaje y orgánica. Composiciones que funcionaron como auténticos himnos, estribillos directos y unas guitarras punzantes que invitaban a agitar la cabeza de inmediato. No dejaron de mirar atrás, rescatando trallazos de trabajos anteriores, desatando la locura colectiva de algunos de los seguidores más motivados. Impagable la versión que se marcaron del icónico «Long Tall Sally» de Little Richard a tres voces Tommy, Bobby y Levi. Espectacular. La transición entre lo nuevo y lo clásico fue fluida, construyendo un clímax sonoro que estalló antes del bis final con una «Cryin’ Feet» coreada a pleno pulmón por toda la sala y que logró conmover a la banda. Una descarga final de sudor, distorsión y pura adrenalina.

Mi primera experiencia con The Volcanics dejó sensaciones que van mucho más allá de lo puramente musical. En una época donde muchos directos pecan de pregrabados, sobreprodución o excesiva coreografía, los australianos dejarom impronta de honestidad, una bendición de puro rock and roll analógico y visceral. Una comunión real y eléctrica entre el escenario y la audiencia. Empapado, la garganta al límite intentando seguir el ritmo de Phatouros y la absoluta certeza de haber presenciado una de las giras más sinceras con las que me he cruzado este año. The Volcanics demostraron que el rock de alto octanaje no es una cuestión de nostalgia, sino una fuerza que cuando se ejecuta con honestidad y salvajismo, sigue siendo imbatible.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz