La segunda edición del festival Rock Imperium volvía a colocar a Cartagena como referencia dentro de la agenda de eventos veraniegos. Contar en la programación con un triunvirato compuesto por Helloween, Deep Purple y Kiss era a todas luces un imbatible reclamo para una nutrida legión de metalheads tras una notable primera edición. Una jornada más, crecimiento en la venta de abonos además de la ampliación del recinto para ofrecer más zonas de sombra, una nueva distribución de los espacios destinados a recuperar fuerzas más el acercamiento del tercer escenario al Parque El Batel corroboraron que las demandas de los asistentes del pasado año no habían caído en saco roto y eso siempre es de agradecer. Eso si, las escaleras metálicas instaladas para acceder a la zona superior del recinto provocaron más de una pesadilla durante el fin de semana y progresivamente restarían audiencia a las bandas protagonistas de la programación en dicho escenario.
La jornada inaugural arrancaría, bajo un sol de justicia que no abandonaría Cartago Nova durante todo el fin de semana, con la formación local Alma Negra para los más madrugadores y apenas unos minutos después con Jolly Joker en el primero de los escenarios principales. Abanderados del mejor hard rock patrio, los valencianos despacharon un concierto pleno de intensidad para exprimir cada minuto de su tiempo sobre las tablas. Siempre es complicado abrir un evento de estas características y salieron claramente victoriosos del envite. Tras un ágil cambio de escenario sin apenas respiro tomaba posesión del mismo un enérgico Leo Jiménez que inmediatamente dejaba clara la premisa de su show, “vamos a pasarlo muy bien”. No se guardó nada en una actuación que viajó por su extensa trayectoria con recuerdos a Saratoga, Stravaganza y 037, dar la nota de emotividad con una canción dedicada a su hijo o hacer las delicias del buen número de incondicionales presentes a través de un par de duetos con Korpa (Fuck Division, Minos).

La primera actuación internacional del día correría a cargo de Evergrey que sacaron adelante su actuación con mucho mérito. El día anterior Lufthansa había extraviado su equipaje e instrumentos, por lo que la ayuda de varias bandas y sobremanera la cesión de guitarras por parte de Sascha Gerstner (Helloween) se mostró fundamental para evitar su caída del cartel. Acostumbrados a que los sonidos progresivos fuesen hasta ese momento los protagonistas de los cierres diarios del Rock Imperium, se hizo muy raro ver a los suecos a plena luz del día. Como fue extraño ver en un escenario como el Cartagena Stage a una banda como Steve ‘N’ Seagulls. Vestidos de granjeros y armados con banjo, contrabajo y acordeón ejecutaban versiones de clásicos del rock y el metal ante un sorprendente números de fieles tan entregados que se pudieron observar varios pogos “country”. Ofrecieron una auténtica fiesta, aunque muchos reclamaran ese lugar para varias de las bandas confinadas al tercer escenario.
Tocaba regresar al producto patrio con Saratoga actualmente centrados en conmemorar su extensa trayectoria, por lo que basaron su tiempo en repasar grandes éxitos así como presentar a su nuevo batería Arnau Martí. Curiosa la salida a escena de toda la formación con gafas para protegerse de un sol castigador y la colaboración de Leo Jiménez para interpretar junto a Tete Novoa “Vientos de Guerra” y dibujar uno de los momentos más emotivos del viernes. Nos acercábamos así al tiempo de los cabezas de cartel, el power metal europeo tomaba el protagonismo, Blind Guardian y su espectáculo programado al milímetro no deja lugar a la sorpresa y aún así, siempre satisface a los paladares más exigentes. Los de Hansi Kürsch no necesitan una puesta en escena grandilocuente, apenas intercalaron un tema de su nueva obra de estudio con la interpretación íntegra de “Somewhere Far Beyond” para colocarse en el bando de los triunfadores de la jornada inaugural.

Con el ocaso arrancaba la actuación más esperada del día y es que la actual alineación de Helloween, con las incorporaciones de Kai Hansen y Michael Kiske ha subido enteros el status de una banda que en los últimos tiempos protagoniza los festivales más importantes del planeta. Saben como meterse al público en el bolsillo con llamadas a la nostalgia como el extenso popurrí basado en “Walls Of Jericho” interpretado por Hansen o varios duetos protagonizados por Deris y Kiske. Su magnífica puesta en escena con una producción a la altura de los grandes, pantalla central de vídeo, cañones de confeti y globos hinchables gigantes, unido al extenso repaso a su discografía hicieron volar los 120 minutos que dispusieron reafirmando su estatus de cabeza de cartel.
Cerraban esta primera jornada los fineses Stratovarius, que han reverdecido laureles gracias a un notable nuevo disco de estudio y se notó por la nutrida audiencia que lograron mantener tras la exhibición visual y sonora de Helloween. Sufrieron algún que otro problema con el sonido que solventaron dando al público un buen puñado de clásicos que subieron unos ánimos que flaqueaban inmersos ya en la madrugada. Mientras tanto en el tercer escenario tenían lugar dos de los mejores conciertos del día, Tygers Of Pan Tang daban una lección de clase ante una reducida audiencia que saboreaba con gusto la ración de historia que tenía delante. Los británicos no se aferraron a tiempos pretéritos basando su tiempo en temas de nuevo cuño para dejar patente que merecían mejor horario y ubicación en el festival.

Casi se podría decir lo mismo de los griegos Rotting Christ, encargados de poner el colofón al día. Los sonidos extremos no salieron del tercer escenario, detalle que muchos echaron en falta durante el Rock Imperium, aún así inmejorable arranque para lo que restaba de festival.
Texto / Foto: José Ángel Muñiz
