
Quinto disco para los polacofineses de Exlibris, primero tras la partida del miembro original Daniel Lechmański a quien sustituye el ex Warmen Antti Wirman. Completan el line-up Piotr Sikora (teclados, orquestaciones y coros), Grzegorz Olejnik (batería), Piotr Torbicz (bajo) y Riku Turunen (voz). Las baterías de este “Shadowrise” fueron grabadas en el Nebula Studio, teclado, bajo y voces adicionales, así como el master en Frog Den mientras que las líneas principales de voz se registraron en Studio Laulunmaa. El disco verá la luz vía autoedición el próximo 17 de abril.
Lo que nos encontramos aquí es una suerte de heavy metal de producción moderna, solos preciosistas y un órgano Hammond que contrasta poderoso con el sonido global de la banda. La producción es pulcra, da su debida cota de protagonismo a todos los instrumentos y en general raya a buen nivel para tratarse de un trabajo sin el respaldo de discográfica alguna. Sikora se luce en el final de “Rule #1” mientras que “Hell or High Water” se beneficia de un riff tan simple como pegajoso. Muy arriba en la mezcla toda la marabunta orquestal que precede a la agudísima voz de Turunen y en general un tema muy pegadizo que merodea por tu cabeza durante días.
“All I Never Knew” trae al frente un riff de cadencia cercana al power, con un Turunen recordando por registro a Henning Basse (Firewind, Metalium, Sons of Seasons) y Sikora trayendo de nuevo muchos y muy variados colchones de teclas por casi todos los rincones de los cuatro minutos largos de este tercer tema. Con teclas arranca el tema título “Shadowrise”, más épico en principio, más machacón después y rozando por centímetros el metal progresivo en su parte final.
La penúltima “Megido” sí que apuesta por el power desaforado, de orquestaciones muy al frente y fulgurante doble bombo, que muta eso sí antes de las estrofas en un tranquilo medio tiempo donde voces y base rítmica opacan al resto de elementos. Estribillo agudísimo de Turunen y seguramente el mejor solo de Wirman en todo el álbum. Los seis minutos largos de la final “Interstellar” arrancan como medio tiempo, pierden fuelle después para beneficiar un aplicado solo de Wirman primero y otro más de “guitar hero” después. Un más que decente broche final.
Dice el muy castizo refrán que no hay quinto malo. En este caso lo que hay es un quinto que se queda algo corto de minutos. Media hora de disco, en estos tiempos que corren en los cuales los álbumes que rozan o incluso superan los sesenta minutos son de lo más habitual, casi suena a rareza. Es la primera colaboración de los polacos con Antti Wirman y cumple como toma de contacto y de aviso a navegantes (sellos) del potencial por explotar que aún poseen. Cruzo los dedos para que así sea.
Texto: David Pérez Naves