Resumen gráfico del paso por el ovetense Gong Galaxy Club del combo thrash griego Bio-Cancer.










Si estás interesado en alguna de las fotos en alta resolución ponte en contacto con nosotros a través de hmetalbrigade@gmail.com
Resumen gráfico del paso por el ovetense Gong Galaxy Club del combo thrash griego Bio-Cancer.










Si estás interesado en alguna de las fotos en alta resolución ponte en contacto con nosotros a través de hmetalbrigade@gmail.com

En colaboración con Hendrik Röver (guitarra clásica europea, Fender Rhodes y percusión), David Rodd (bajo eléctrico Fender, sintetizador y coros), Mauro Comesaña (batería, percusión y coros) y G. Mckenzie (voz principal, coros, guitarras eléctricas, guitarra de doce cuerdas y guitarra acústica) están detrás de “Space Opera”, el primer largo de la agrupación psicodélica gallega Zålomon Grass. Un compendio de ocho temas grabados en los Guitartown Recording Studios de Muriedas (Cantabria) por el propio Röver y posteriormente mezclados y masterizados por David Rodd sus Rodd Studios de Vigo (Galicia). Lo adorna un arte de María Llauger y Mauro Comesaña sobre la ilustración de Archibald Ingram “El Buque De Su Majestad Real Decapitator En Persecución”. Recordar asimismo que la banda se encuentra actualmente en gira con parada en la avilesina Factoría Cultural el próximo tres de febrero.
“Cosmic Relief” ataca desde el primer instante con un riff principal repleto de gancho y ese groove entendido a la manera clásica que tantos y tan buenos resultados acostumbra a dar. El orgullosamente sonido retro de la banda reverbera en un interesante y cuidado juego entre canales y mientras que la voz destila con gusto y clase los estribillos, la producción pone todo de su parte cara a discernir cada línea. Buenos cambios de ritmo aquí y allá, auténtico subibaja en lo que a trazo se refiere, si bien siento que el pequeño escorzo de calma que irrumpe a modo de puente bien merecía algo más de espacio. En cualquier caso por ahí surgen estupendas líneas de bajo, la desgastada producción y un epílogo que se atreve a bordear el funk, como si el resto del corte no fuese, ya de por sí, una verdadera maraña de sonidos. La manera en que tanta ida y venida cabe en apenas tres minutos y medio sin que nada suene forzado ni artificial no deja de tener su mérito.
Por ahí que “The Drill”, carta de presentación de esta peculiar ópera espacial, resulte mucho más acomodada. Que no fallida. Porque si “Cosmic Relief” brillaba en lo que a riffs se refiere, esta lo hará en lo tocante a solos. Concisa, directa, orgullosamente rockera, sin el pulso tan vitriólico ni aquella escritura casi dislocada de su predecesora. Pero hábil sin embargo a la hora de destapar a los Zålomon Grass más crudos y viscerales.
“I know just how you feel but I know that you know the drill”,
“All Hands On Deck” emerge de la calma y para conducirse por ella mientras destapa ahora a unos Zålomon Grass a medio gas, calmos y elegantes, abandonando toda gravedad, comandados por la fina línea que marca Comesaña tras los parches. Se elevan después mientras deriva hacia un aire más blues rock que parece les viene como anillo al dedo. Y es que si por algo destaca no ya este corte en concreto sino el álbum en su conjunto es por la propia versatilidad de la banda, que siempre en el terreno del más puro clasicismo, sabe acoger ese amplio abanico de influencias y apostarlo en unas canciones que, sin embargo, nunca suenan ajenas ni forzadas. De las ocho que componen este “Space Opera”, puede pasar “All Hands On Deck” por mi favorita. Por ese trazo tan cuidado, por los buenos detalles que surgen de sus guitarras o por lo certero del estribillo.
Inicio igualmente tranquilo el de “Harder To Rise”, que sin embargo transita más adelante hacia una versión un tanto más épica de su habitual vintage rock. Se hace la calma sin embargo toda vez acuden las primeras estrofas. Aquí me agrada la construcción de estas y la forma en que se van elevando de cara a los distintos estribillos. Clásico, funcional, no es la primera vez que has oído algo así pero los Grass se las arreglan para que el recurso suene, de algún modo, fresco y vibrante. Una melancolía casi palpable recorre el cuidado estribillo. Y mientras que al puente acude aquél deje más épico, casi sinfónico incluso, apenas intuido en el prólogo, el solo que irrumpe después se amolda al corte al que adorna con precisión cirujana. En opinión de este humilde juntaletras, otra de las grandes del redondo.
Sin llegar a aquella versión descarnada de la anterior “The Drill”, lo cierto es que “Heard It On The News” hace por recuperar parte del nervio perdido. Se mantiene por ahí en un curioso equilibrio entre el innegable gancho que ofrece su riff principal y una escritura, esta vez, algo más apaciguada, que no plana. De resultas surge un corte más sencillo, que me afecta en mayor medida al corazón que a la cabeza, y con el que conecto solo a veces. El solo final es de mérito, así como esos coros casi mistéricos que lo acompañan. Pero ya digo que, en líneas generales, encuentro otros cortes aquí presentes mucho más interesantes y atractivos.
Me encanta sin embargo “Too Late Now” y el aire a antro a media luz que de él se desprende. Es esta una versión casi desnuda de Zålomon Grass, por ahí diferente al resto del tracklist, que se roza con el blues más formal mientras teje una cuidada, casi delicada línea de voz, para en la mayor tradición del género, desembocar en un solo en fade out. Disculpo ese final algo abrupto si su encarnación en directo, de haberla, nos lleva a al tan mágico como enigmático terreno de la improvisación.
Con un bajo casi predominante en la mezcla se presenta una “Groove To Prove”, que de nuevo vuelve a poner la aguja de la intensidad en zona roja. Estrofas casi desnudas, estupendos guiños de guitarra aquí y allá pero sobre todo un riff capaz de derribar montañas. Me enganchan los gallegos aquí por construcción y, consecuencia segura de lo mucho que les he estado escuchando los últimos meses, el nombre de los californianos Rival Sons sobrevuela casi a cada golpe de caja. Uno de los cortes que más hace por destapar la buena nota de estos Zålomon Grass como músicos…
… pero de todos los que componen este primer largo, “Don’t Let Me Go Down (Space Opera)” es hasta el momento el que más huella ha dejado de todos. Porta ya de entrada un riff tan simple como efectivo. La entrada de la base rítmica y como la mezcla vuelve a jugar con los canales, fundamental a veces el uso de auriculares a fin de apreciar según qué detalles, suben ya la nota con el corte apenas iniciado. Sucede después que las estrofas acampan en el territorio de la balada, con Mckenzie en su encarnación más dulce, que no sacarina, y los gallegos construyen un crescendo que divaga entre la balada clásica y un psych algo alucinado primero y más vibrante después. Es cierto que todo parece anticipar un final más grave que finalmente no llega. No menos verdad es que la alternancia entre guitarra y coros que precede a su epílogo es estupenda. Riada de buen gusto como poderoso broche final.
Psicodelia clásica de la que tanto gusta en la querida y apreciada Factoría Cultural de Avilés. Reconozco tenía fuera de mi radar a estos Zålomon Grass y que he disfrutado como un enano con este primer álbum. También con la escritura de una reseña como esta. El suyo es un género algo ajeno a quien escribe, no creo pase nada por reconocer el hecho, y sin embargo encuentro en él bastantes asideros a los que agarrarme. Empezando por el buen nivel técnico que han demostrado aquí, continuando con el abanico de influencias que aglutinan, amén del buen gusto a la hora de implementarlo a lo largo de los ocho cortes. Cierto que entremedias hay trazos e ideas con las que no he llegado a conectar del todo. Pero en suma siento que son muchos más los aciertos que los errores. Queda por tanto nada más que comprobar qué tal los defienden en vivo el tres de febrero. Si nada ni nadie lo impide por allí estaremos.
Texto: David Naves

Se hacen llamar Fan Ray, vienen de Zaragoza y la suya es una andadura que se inició allá por el año 2013 aunque no sería hasta dos años más tarde que debutaran con un Ep homónimo. A aquél primer conjunto de temas le siguió su primer largo “Metalzetamol” en 2018 y finalmente este “Cuento Del Mar” que nos han hecho llegar desde The Fish Factory. Ellos son Andrés Fandos y Santi Suárez en guitarras, Álvaro Molinero en baterías, Jorge Apesteguía al bajo y Toño Monzón en voces. Producido, compuesto y grabado en Estudios Producciones Sin/Con Pasiones con Marc Pascual como técnico de sonido y Michel a cargo del diseño gráfico, el álbum vio la luz a finales de septiembre del pasado año.
“Preludio En El Mar”, introducción del trabajo que, particularmente en sus primeros instantes y acordes me recuerda, y no poco, al tema principal de la saga “Piratas Del Caribe”, Dios te salve Klaus Badelt, sirve en definitiva de perfecto preludio para “Libérame”, fresca andanada entre el hard y el heavy que, hablando de recuerdos, siempre trae a mi mente a aquellos Mägo de Oz de buenos álbumes como “La Leyenda De La Mancha” o “Jesús De Chamberí”, si bien aquí no hay flautas ni violines que valgan. Solo rock orgánico y pegadizo. Un estribillo que acude pronto en la composición, esa ligera despreocupación en los riffs y una línea de voz que, ya digo, va bien cargada de gancho. Bien desarrollado el solo que sitúan como anticipo del epílogo. Rara avis en estos tiempos que corren. Una buena dupla para abrir este cuento si sabes perdonar sus más que evidentes influencias.
El riff que dibujan en “Área 333” bien podría pertenecer igualmente a unos Judas Priest de discos como “Point Of Entry” o “Killing Machine”. Sin embargo, si hay un nombre que acude a mi subconsciente con cada escucha es el de los vallecanos Obús. De nuevo a caballo entre el hard y el heavy, trufado ahora de unos dejes más chulescos, quizá me resulte algo mecánica en estrofas. Ahí viene al rescate, en todo caso, un estribillo de esos que siempre funcionan. El solo vuelve a disponer de espacio y, en su clasicismo, el corte termina por funcionar mientras abraza las costuras más ochenteras del género.
“Almas libres” y por seguir con las influencias, suele evocarme a los ahora desaparecidos hard/heavies madrileños Beethoven R. mientras dibuja una de las ejecuciones más lúcidas por parte del frontman Toño Monzón. Me agradan, ahora sí, sus estrofas, si bien encuentro los riffs que las apoyan un tanto desangeladas. Por ahí se cuelan no obstante buenos detalles por parte de Apesteguía. Un pequeño solo inclusive. Fan Ray siguen sin salirse del libro de estilo pero al menos se permiten pequeños guiños aquí y allá a fin de que el corte adquiera un grado más de personalidad. De ahí que con el correr de las escuchas haya terminado por entrar en mi nómina de favoritas.
Lo mismo podría decir de la más tranquila “¿Dónde estás?”. Medio tiempo elegante, donde es cierto que llega a chirriarme el sonido de la caja durante las partes más desnudas. Entiendo la intención, llenar el hueco que dejan las guitarras en esas estrofas. Pero su sonido llega a parecerme feo incluso. Aún con eso, la forma en que Fan Ray han sabido jugar con las distintas capas, lo bien trazados (y ejecutados) que están sus distintos crescendos, la delicada labor de Monzón y el acelerón final a lo Maiden terminan por inclinar la balanza a su favor.
“Allí Estaré”, que me conquista a base de recuperar el brío que mostraba el álbum en su arranque, sorprende con una letra capaz de poner en riesgo a más de un diabético. También con un tratamiento de la voz de Monzón que, particularmente en estrofas, me hace pensar en una banda tan a priori ajena a su manera de entender el hard rock como es Volbeat. Puedo no llegar a conectar con su aspecto lírico. Sí en cambio con sus diferentes ejecuciones. Siempre a favor del corte que las contiene y no de egos individuales. Bien medidas y equilibradas.
No diré que “I.A.” vira ahora hacia el groove, no es el caso, pero sí que el riff que la sostiene pasa por ser el más retorcido, también el más pesado, de todo este “Cuento Del Mar”. Sorprenden estos Fan Ray en una onda no tan lejana, por ejemplo, de aquellos Fight de Rob Halford, si bien sus estribillos resultan del todo solidarios al disco que los alberga. El solo, un tanto plano con respecto a otros dentro de este tracklist, no ayuda a mejorar la nota media. Al final un corte que luce más por cuan diferente resulta al resto que por lo certero de su planteamiento.
Buenos solos sin embargo los que alumbran el inicio de una “Todo Lo Bueno Termina” que vuelve a tesituras, creo, más convenientes para ellos. Aquél aire más hard que tan buenos resultados les dio a comienzos del álbum, mientras Monzón lidia sin mayores problemas con los tonos más altos de los estribillos. Y aunque en términos puramente gramáticos no resulte el corte más original del largo, bien está ese deje algo más melancólico que la atraviesa. A la cola del grupo de mis favoritas.
“Cuento Del Mar”, donde cuentan con la colaboración de Mireia Bernal en coros, bien podría recordar a The Cult en su prólogo. Héroes Del Silencio incluso. Todo vira, no obstante hacia territorios más metálicos donde, tanto por riffs como por melodías, la sombra de Iron Maiden resulta más que alargada. Álvaro Molinero traza aquí una más interesante línea de batería. Y mientras que la banda parece más cómoda en esta encarnación más poderosa, si algo me agrada es la forma en que insertan, previo al solo, aquél deje más foráneo del prólogo. El hábil trazo del epílogo y el mayor nervio que posee terminan por darle la razón a quien fuera que tomara la decisión de convertirla en el tema título del álbum e incluso en videoclip:
Para el cierre queda el medio tiempo “Recuerdo Soy”, donde en los momentos más calmos siempre acude a mí el nombre de Guns N’ Roses. El corte no obstante se distancia de la banda angelina gracias a un casi torrencial Monzón y una enjundia, qué duda cabe, más cercana al metal. Agrada por trazo y también por ejecuciones, un cierre de buen gusto y clase.
No es un álbum que me enganche en su totalidad pero sí que hay ofertas aquí dentro capaces de alegrar el día más gris. Monzón ha trazado aquí y allá voces más que dignas. Poderosas incluso. Otro tanto podría decirse de la dupla guitarrera de Fandos y Suárez. Aprecia uno el riesgo de cortes como la noventera “I.A.”, si bien pienso que cuando juegan la carta del clasicismo más académico es cuando de verdad brillan los maños. Véase sin ir más lejos “Almas Libres”. Por contra y cuando la banda arriesga y busca nuevos horizontes, siento que la jugada termina por salir del todo redonda solo en la final “Recuerdo Soy”. Agradece uno la asunción de riesgos en todo caso. Intentarlo y fallar siempre me resultará mucho más respetable que conformarse. Bordeando el notable.
Texto: David Naves
De la mano de Factory Rock Artist Agency el sábado 6 de enero arrancará la nueva temporada de conciertos para Heavy Metal Brigade en una inexcusable cita en el ovetense Gong Galaxy Club con Legacy Of Brutality y Nazgash como anfitriones.

Noche de presentaciones, por parte de Legacy Of Brutality la de su nuevo álbum de estudio «Travellers To Nowhere» en Oviedo y por la de los gijoneses Nazgash de su ópera prima «Psalms Of Fire And Suffering» editada el pasado mes de octubre. Entradas físicas 12€ disponibles en El Lúpulo Feroz (Oviedo), Librería Paradiso (Gijón) y Veiga Ink (Puerto De Vega). Entradas online a través del siguiente enlace:
https://ticketandroll.com/evento/legacy-of-brutality-nazgash-en-oviedo/
Con fecha aún por desvelar la localidad costera asturiana de Luarca reverdecerá laureles en la escena metalera asturiana con la celebración de un nuevo festival, el Luarca Metal Days.

Un evento que llega con la premisa de ofrecer una alineación de bandas de renombre internacional y talento local para hacer vibrar a los metaheads al ritmo de canciones icónicas y voces reconocibles a primera escucha. Desde clásicos del heavy metal hasta las últimas tendencias del género, tenemos algo para todos los gustos. Una experiencia única e inolvidable, donde el poder y la pasión del heavy metal se unen en un evento que sacudirá los cimientos de Luarca y retumbará en los corazones de todos los amantes de este género musical. El festival dispondrá de zona de comida con opciones gastronómicas de todo tipo. Puestos de «merchan» donde encontrar camisetas, vinilos y recuerdos. Zona de acampada y camper en un buen ambiente y espacio seguro. Muy pronto más información y adquisición de entradas.
Comenzaron las fiestas de San Mateo en la capital asturiana con una cita que no nos podíamos perder. Y no, no nos referimos a la de cierta defraudadora fiscal que congregó a miles de personas en el centro, colapsando calles y dejando constancia una vez más de que la caspa siempre tiene un principio pero nunca un final. Nacía el Fuck Mateo con ánimo de contrarrestar a tanto muermo, congregando en la presente edición en el Chigre Cultural Lata de Zinc a las bandas Beast Inside, Absalem y Soldier. Allí que nos fuimos con las baterías bien cargadas. Literal y metafóricamente hablando.

Los de Pravia siguen dándole vueltas a su debut de 2022 “Under Control”. Su formación, a estas alturas, es bien conocida por todos: Jandro en voces, Pedro Pravia y Chema Bretón en guitarras, Dani Casado al bajo y Poyo en baterías como más reciente fichaje.
“Faces Of Death” abriría así la noche, ante poco público, cierto es, pero sonando tan bien como nos tienen acostumbrados. La Lata, de hecho, parece ir paso a paso mejorando en aspectos relativos al sonido, si bien quedan otros un tanto en el alero, particularmente en lo que a luces se refiere, que viene a entorpecer el poder extraer mejores fotos del evento. Pero volviendo a lo que nos ocupa, ya decimos que el quinteto volvió a mostrarse tan sólido como acostumbra.

El repaso extensivo a su debut, los años que llevan dándole vueltas a estas canciones, redunda en una falta de sorpresas que Jandro, que se desvivió por calentar al personal, supo contrarrestar. Y es que la bien conocida frialdad del público astur se dejó notar una noche más. “¿Cuatro días de Melendi?”. Sí, nosotros también nos preguntamos cómo puede ser posible. Al infumable cantautor ovetense le dedicarían una “Fuck em All” que nos supo a gloria.
Pero no detendrían ahí las hostilidades. Con Bretón erigido en particular guitar hero de la agrupación thrash, doblando con Pravia en “Unpunished”, uno de sus temas con mejor enganche con la audiencia. Aunque ya decimos que ésta se mostró un tanto fría con los thrashers del centro-occidente. Al punto de que el propio Jandro nos preguntaría, no con poca razón, si estábamos en “modo ahorro”.

En cualquier caso y como era de prever, nada amilanó a la Bestia. Porque sea cual sea la reacción que provoquen, siempre cumplen y es de agradecer. “Ni un solo niño soldado más” clamaba Jandro tras el micro mientras Poyo continuaba percutiendo con la seguridad que en él viene siendo norma. “War”, tímido wall of death mediante, es de nuevo el final para ellos. Como digo siguen dándole vueltas a los temas de su debut pero queda en el aire la sensación de que su set-list empieza a necesitar de una renovación si bien no urgente, desde luego sí paulatina.
Los salmantinos eran la oferta más diferente del Fuck Mateo ’23. Cuarteto de metal contemporáneo con trazas progresivas y alternativas que acudía a la capital del Principado con motivo de seguir promocionando su más reciente trabajo, un Ep “Anima” del que dimos buena cuenta allá el pasado mes de agosto. La banda, recordemos, la forman Gin Barbería en voces, Miguel Ángel Gómez en guitarras, Carolina García al bajo y Víctor Villar en baterías.

Suena la intro que da nombre a su última oferta discográfica y el cuarteto prorrumpe con su habitual batidora de géneros, sonando realmente sólidos, si bien el registro más roto de Gin tardaría en encontrar su punto óptimo. Sea como fuere, Villar condujo a los suyos sin escatimar un esfuerzo ni tampoco abandonar por un momento su rictus risueño. Porque Absalem dejan en todo momento la sensación de no solo creer en lo que hacen sino de disfrutar haciéndolo.
La banda nacida en Salamanca, debutó en esto del metal con un “Chaosvolution” del que se cumplen ahora seis años, que se dice pronto. Por ahí sonó el corte que le daba nombre, con mucho una de las favoritas de quien escribe y donde Gin comenzó a sentirse más cómoda, más en su elemento, aupando finalmente a los suyos a cotas a la altura de lo esperado.

No nos cansamos de decir que las pistas pregrabadas siempre generan (y generarán) debate. A lo largo de la descarga de Absalem, si bien sí que se dejaron sentir, en ningún caso opacaron a los elementos puramente orgánicos de los castellanoleoneses. Algo que, sin querer posicionarnos aún de un lado u otro del espectro, pensamos contribuyó a aumentar en cierto modo la credibilidad de aquello que entraba por nuestras orejas.
No faltaría “Fear My Wrath” pero sería una versión, que en voz de Gin llevaban “muchos años sin tocar” y que no fue otra que “My Curse” de los pioneros Killswitch Engage, que en cierto modo vino a sustituir al “Silvera” de Gojira que nos regalaron en el Rock Nalón de 2022. Durante todo el set se nos revela fundamental la tarea de Carolina García. Puede no ser la presencia más activa del cuarteto. Pero su firmeza al bajo y los buenos coros que desarrolla a lo largo del set suman y de qué manera.

Para el cierre quedaron su primera composición como banda, “The Forest”, así como esa “Haunted” que cierra su más reciente Ep. Principio y fin unidos en un final de set que nos dejó con ganas de más. Resulta tópico decirlo pero parece ésta una banda en pleno crecimiento, y su paso por esta nueva edición del Fuck Mateo da buena fe de ello. Muy atentos a sus futuras evoluciones.
Puede que el hecho de tener reciente aún la última descarga del combo ovetense de thrash metal Soldier, aquella del pasado mes de mayo acompañando a Burnt To Death y Legacy Of Brutality restase cierto aliciente a esta nueva cita en su casa. Pero la promesa de un set list diferente al de aquella noche en la gijonesa Sala Acapulco nos parecía sobrado aliciente como para dar cumplida cuenta de un nuevo show de Phil González (voz), Dmitry Stalingrado y Dani Villamil (guitarras), Pei García (bajo) y Lucas Díaz (batería).

Pasaban pocos minutos de las once cuando el ahora quinteto irrumpía en el coqueto escenario de la Lata. Un show en el que se decantarían por su faceta más trotona y vibrante para alegría de sus parroquianos. Que eran pocos, que puede tardaran en entrar en calor, pero que difícilmente creemos salieran decepcionados de esta nueva edición del Fuck Mateo.
Si acaso, la queja podría venir por lo reducido del set. Conciertos en sala obligan a veces a estas cosas, aún cuando los habituales cambios entre bandas fueron ágiles y a lo largo de la jornada no llegó a haber percances de mayor consideración. Sea como fuere, a bordo de un sonido quizá no del todo redondo pero desde luego sí potente, con todos los cilindros en funcionamiento, Soldier salieron a confirmarse una vez más como la institución del thrash asturiano que llevan camino de ser.

Quizá haga falta nuevo material para otorgarles tan distinguida etiqueta. Entre tanto cortes ágiles y rotundos como “Between Two Masters” o “Corrupted (Sex in Prison)» bien merecen por sí solos el pago de los nueve cochinos euros que costaban las anticipadas. El inicio es fulgurante, realmente a degüello que diría un clásico, pero es en “The Great Western Oligarchy” donde la banda termina por poner toda la carne en el asador. Y es que por más veces que uno presencie un show de los ovetenses, no deja de sorprender la finura con la que hibridan thrash de alto octanaje con precisos ramalazos del más puro y rocoso metal sureño.
Y la noche seguía, en boca de Phil, mientras repasaban su “lista de grandes fracasos”. Sentimos discrepar, Phil. De hecho, la propia “Axis Of Evil”, con el inquieto frontman dejándose la piel y la garganta, se encarga de ello. Gran nivel técnico a la par que gran conjunción la que demostró la pareja Stalingrado / Villamil. Pareja de altos vuelos. Diferentes a la hora de atacar las cuerdas y sin embargo complementarios. Solidarios incluso. Sensacional dúo y no, no vamos a cejar en el empeño de reivindicar el gran nivel musical que tenemos en Asturias. Le pese a quien le pese.

Por ahí “Polybius”, del que hasta la fecha es su último álbum, aquél “The Sleeping Of Reason” de 2018, sí que pareció por fin sacar a la gente del letargo mateín. Tal es así que, a término, alguien de entre el público pedía, no sin cierta sorna, “una rápida”, antes de que el soldado arremetiese con “Theory Of Nothing”. Finalmente, lo escaso del tiempo dispuesto para el evento, Phil propondría por votación popular el último corte a desempeñar por la banda, que no sería otro que “Revolt”, para sorpresa de nadie entre los presentes. El circle pit que provocó el gran clásico de la banda se nos antoja el mejor de los cierres para una nueva edición del Fuck Mateo.
Poco público, sí, pero no puede dar uno siempre con la tecla. Porque veníamos de buenas entradas en la primera tourné por salas previa a la llegada del verano y la otoñal no parece haber empezado con igual buen pie. Y da igual porque fuimos testigos de tres buenas descargas por parte de tres buenas bandas, que a fin de cuentas es lo que importa. Ojalá de aquí doce meses os estemos contando lo bien se dio el Fuck Mateo ’24.

Como siempre no queríamos cerrar esta crónica sin agradecer a Factory Rock todas las facilidades, así como mandar saludos a compañeros fotógrafos como Jorge Novales y Fernando Casas, a la familia Moldava y a los integrantes de las tres bandas presentes. Nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz
Repaso gráfico al festival Fuck Mateo celebrado el 15 de septiembre en la ovetense Lata de Zinc con Beast Inside, Absalem y Soldier como protagonistas.


















Si estás interesado en alguna de las fotos en alta resolución ponte en contacto con nosotros a través de hmetalbrigade@gmail.com

Rock progresivo con trasfondo literario el que hoy nos proponen los andaluces Sweet Hole. En el álbum encontramos a Francisco Roldán (voces, pandereta, teclados, piano), Javier Martínez (batería), Miguel Durán (guitarra, sintetizador), Charlie Durán (bajo), Antonio Rubio (guitarra rítmica y española) y David Alejo (teclas, flauta travesera y piano) junto con la colaboración de ni más ni menos que Tim Bowness (No-Man). La novela de Philip K. Dick “Ubik” inspira y da nombre a un álbum producido por la propia banda, y grabado, mezclado y masterizado por Jacobo Fernández en Sputnik Records. Con arte de Alejandra Lupión, ha visto la luz a través de The Fish Factory.
Sintes de Miguel Durán para dar la bienvenida a la remansada “Moon” y desplegar ese aire a lo Genesis o Marillion que anticipaba la nota de prensa. Que, dicho sea de paso, también me habrá de recordar al tristemente fallecido compositor Angelo Badalamenti. Sea como fuere, me agrada esta primera composición y la naturalidad, quizá también la parsimonia, con que desarrolla y entrelaza sus buenas estrofas. Hay detalles técnicos relucientes por comedidos. Nada ególatras o redundantes. Quizá la producción peque de cierta ligereza cuando la banda acomete un puente central más enérgico, tampoco al punto de deslucir el resultado global de un estupendo primer corte.
“Ubik Beer” es el primero de los tres pequeños interludios que atraviesan el nuevo disco de los sevillanos y que, en la voz de Tim Bowness, habrá de conducirnos hasta una “Secret Hideout” de inicio más oscuro, también más desnudo, que seguramente por una sencilla asociación de ideas y personajes, me lleva a pensar en los primeros discos de Steven Wilson en solitario. “Grace For Drowning” especialmente. Buenos contrapuntos los que la banda superpone aquí y que conducen a uno de los estribillos más cuidados, también más agudos, de todo “Ubik”. Todo el corte está atravesado de un aire más melancólico y tristón pero que la banda resuelve sin alardes ni aspavientos. El solo del puente y la desnudez que plantean aquí parece llevarle la contra a propuestas más impostadas que han acudido a estas líneas en tiempos recientes. Es un solo grácil, de nuevo nada forzado o antinatural, bien ligado al tono imperante. Extenso para el oído poco acostumbrado pero, creo yo, de calidad y gusto innegables.
Con la guitarra española de Antonio Rubio arranca una “Carbon Copy Of The Future”, que no me atrapa en la forma en que lo hacen otros cortes dentro del álbum, si bien sigue siendo ésta una composición mimada con todo detalle. En ella encuentro buenos cambios de ritmo, una estupenda, divertida incluso, línea de bajo y una no menos atractiva melodía vocal.
David Alejo a la flauta travesera introduce esta “Uncertainty”. Instrumental de arranque pausado, tranquilo y remansado, roto más adelante en pos de un crescendo tan poco original como bien tejido. Desarrollos técnicos, de nuevo, desprovistos de todo alarde. Con la naturalidad por bandera, de nuevo nada acentuados ni ególatras. Por ponerle un pero, ese fade out final, pero en líneas generales me funciona.
“Ubik Breath” con su repentina carga electrónica vendrá a introducir el corte más extenso del álbum, una “Am I Alive?” de inicio nuevamente liviano, que no desnudo. Muchas capas en este primer tercio aún con la tranquilidad que despliega, con Roldán desplegando ahora una línea vocal algo temblorosa que le sienta como un guante a este transcurrir introspectivo que quebrará de pronto para devolvernos a los Sweet Hole menos contemplativos. Ese giro, bien es cierto, no resultará tan natural como otros que se pueden hallar a lo largo y ancho de este “Ubik”. Detalle que de todas formas no empantana otro corte interesante y atractivo, de buenos desarrollos técnicos y poseedor de un más que interesante manejo de las texturas. Su largo epílogo, más grave y rocoso, contrasta con toda la composición, en lo técnico y también lo tonal, llevando a la banda a sonar algo más contemporánea.
“Inertial”, al menos de primeras, resulta mucho más prosaica. Y no es que al riff del comienzo le falten galones. Al contrario. Es ese aire más a lo Deep Purple el que vendrá a alimentar cierta disociación con el disco al que pertenece. Y no pasa nada porque Sweet Hole entregan por contra el que fácilmente sea el corte con más enganche de todos. Dicho de otro modo, el que creo más podría agradar a los lectores habituales de este medio. Con un par de indisimulados guiños a King Crimson durante su tronco central y ese epílogo más enérgico, a buen seguro la oferta más vibrante de todo “Ubik”.
“Red Light” vendrá en cierto modo a reconducir hacia territorios más concordantes con los grandes tropos del disco. Si bien no exenta de picante, estribillos mediante, lo cierto es que sus marcados cambios de ritmo y el tono general de la composición vienen a amalgamar la serie de ideas y sensaciones por las cuales aquellos primeros cortes del álbum funcionaban tan bien. La perfecta conjugación de su tranquilo puente central es fácilmente uno de mis momentos favoritos de este nuevo trabajo. Atmosférico a un tiempo y melancólico al otro, de trazo inmaculado y gusto innegable. Antecede, además, a un magnífico solo de guitarra durante el epílogo. De mis favoritas. Cierran con la breve narración “I Am Ubik”.
Un álbum la mar de apañado. Bien es verdad que de poca o ninguna rima con el metal, pequeños guiños en “Am I Alive?” al margen, pero de calidad innegable. En la composición, cuidada hasta el más mínimo detalle, y también en ejecución. Nunca impostada, siempre funcionando a favor de las canciones y nunca al revés. Bien producido en líneas generales y donde, si acaso, se le puede achacar cierta falta de riesgo a la hora de desplegar un ideario progresivo mil y una veces transitado. Sea como fuere y teniendo bien en cuenta el disco de género que es, una adición más que interesante para cualquier buen fan del progresivo que se precie.
Texto: David Naves