Galería fotográfica de la actuación de Phil Campbell & The Bastard Sons en el festival Tsunami Xixón.










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Galería fotográfica de la actuación de Phil Campbell & The Bastard Sons en el festival Tsunami Xixón.










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Repaso gráfico a la actuación de Rafa Kas el domingo 21 de julio en el festival Tsunami Xixón.







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Última jornada de festival y estaba claro que, aunque físicamente ya lleváramos la carga y el cansancio acumulado de tres días de música en directo, íbamos a exprimirnos hasta el último momento para seguir disfrutando de la experiencia Hellfest. Mientras que Simple Plan ofrecían un show de nostalgia pop punk “early 2000’s” en el main stage, nosotros preferimos comenzar el día con los griegos Yoth Iria. Nos esperaba un directo de black metal crudo, muy potente a nivel musical pero totalmente deslucido por el estado de embriaguez y sobreexcitación de su vocalista y frontman, que desde el primer momento estuvo mas pendiente de celebrar entre el público y ofrecer show que de sus labores musicales. Pasamos página.

En el main stage, los suecos Blues Pills demostraron que ningún escenario se les queda grande a estas alturas. Si bien en disco no tengo la sensación de que nos dejen material memorable, en directo es innegable que sus canciones funcionan muy bien, y su aparición en el cartel a última hora para reemplazar a Heart por problemas de salud fue sin duda muy positiva para ellos. Siguiendo con el main stage, el ex líder de Gallows, Frank Carter junto a sus “Rattlesnakes” también sabe a la perfección qué hacer para tener a la audiencia enganchada. Mucha interacción, buenos temas de rock alternativo con esencia punk hardcore, y un concierto muy visceral que le situó como uno de los vencedores morales de la jornada.

A su vez, los belgas Wiegedood, con su intensísimo black metal, demostraron que no hace falta tener bajista para sonar gruesos y agresivos. Son una de las bandas de referencia de la nueva hornada del género y con merecimientos propios. Toda la pasión que nos habían generados los belgas contrastaba con la sensación general de “desapego” que nos ha generado la marca Batushka tras tanta confusión, demandas, cruces de comunicados y líos relacionados a la propiedad de la banda y el nombre de la misma. El suyo fue un directo muy pulcro a nivel musical, estéticamente muy llamativo y sin nada realmente negativo que comentar, pero con la sensación de que “no es lo mismo” comparado con cuando los vimos hace unos años en el mismo escenario.

Mas interesante nos resultaba la posibilidad de ver a Josh Homme y a sus Queens Of The Stone Age en el escenario principal, en el que a la postre sería uno de los mejores conciertos de todo el festival. Desde el principio, contentando a los seguidores de su primera etapa con “Regular John” y “The Lost Art Of Keeping A Secret” de su primer y segundo trabajo respectivamente, y posteriormente a los que empezaron a disfrutar de la banda al dar el salto masivo con su “Songs For The Deaf”. Si bien a nivel de estudio los últimos álbumes, siendo bastante notables, habían perdido algo de la chispa y capacidad de sorpresa de sus primeros lanzamientos, esta claro que en directo la banda funciona a la perfección y suena de miedo. Una formación madura, en su plenitud musical, tal vez sin la intensidad juvenil de sus primeros años pero con el poso y el saber hacer de una banda que entiende el directo como una forma de arte. “Make It Wit Chu”, “Burn The Witch”, “No One Knows”, “Go With The Flow”… El repertorio fue difícilmente criticable. Un lujo tenerlos en el festival por primera vez.

Por el contrario, una de las decepciones por excelencia de esta edición del festival ocurría al mismo tiempo en el escenario Valley. Crosses †††, el proyecto electrónico / dark wave de Chino Moreno (Deftones) vio su set limitado a unos 15 o 20 minutos debido a problemas técnicos con la PA e instalación sonora del escenario. Había mucha anticipación por disfrutarlos y fue un chasco para miles de “festivaliers”. Un contratiempo que no tuvo solución a estas alturas de festival, ya en la recta final del mismo, y del cual la organización entonó posteriormente en cierto modo el “mea culpa”, comprometiéndose a traerlos de vuelta lo antes posible.

Para acabar nuestro recorrido musical por Hellfest 2024, uno de los shows mas esperados por la audiencia del festival. Foo Fighters no tienden a prodigarse tanto por Europa como su estatus de banda mainstream hiciera esperar, y realmente se notaba que había muchas de ver como Dave Grohl y su equipo se levantaban del golpe que supuso la pérdida de su batería Taylor Hawkins hace un par de años. Con la edición del catártico “But Here We Are”, la adición del infalible Josh Freese a los tambores para sustituir a Taylor, y la necesidad de seguir predicando su amor por la música sobre todos los escenarios del mundo, Foo Fighters cumplieron todas las expectativas generadas para este concierto. Si una palabra puede definir a Dave Grohl en escena, esa es “hambre”. Lo dejó claro desde el principio, comenzando su slot cinco minutos antes de lo planeado: “Somos una banda con muchos discos así que hoy tocaremos tantas canciones como nos sea posible”. Así, fueron cayendo todos los temas necesarios para convertir Hellfest en una celebración a la música y la vida. “All My Life”, “The Pretender”, “Walk”, una tremendamente emotiva versión del “Times Like These”, “My Hero”, “Learn To Fly”, “Best Of You”, “The Teacher”… El repertorio se mantiene solo a base de temazos. Dave Grohl se deja la voz y se vacía en cada acorde. El alma y pasión de alguien que no necesita hacer esto por negocio y que lo hace simple y llanamente porque le encanta hacerlo y lo necesita para sentirse vivo. Para algunos serán muy comerciales, los considerarán poco auténticos o lo que sea, pero no tengo dudas de que en sus dos horas de set no tocaron ni una canción “del montón”. Pocas bandas pueden presumir de lo mismo. Memorable.

Y así terminó un año más nuestro paso por Hellfest Open Air. Este año, para sorpresa de muchos no hubo fuegos artificiales al acabar el festival, y la organización se limitó a anunciar las fechas de la próxima edición por las pantallas gigantes. No habíamos venido explícitamente por los fuegos, pero era un detalle vistoso para poner el broche a cada edición del evento que este año echamos de menos. Sea como sea, llegaba el momento de despedirnos de Hellfest, físicamente derrotados tras cuatro jornadas de música en vivo, pero tremendamente satisfechos por haber disfrutado una vez más de la experiencia por excelencia de la música rock en Europa. Habrá que seguir viviéndola en primera persona el año que viene. See you in hell!!!
Texto: José Mora
Fotos: Jaime García / Archivo Hellfest
Como comenté en el texto introductorio, la jornada del sábado sería a la postre la mas multitudinaria del festival, viéndose también empañada (literalmente) por la lluvia que acechó al recinto a primera hora del festival y en toda la recta final del día. No obstante, la meteorología no fue excusa para quedarnos a medias y era obvio que la gente había venido a disfrutar de la música, ya sea con sol, truenos o con lo que pudiera venir.
Uno de los sets más emotivos del día fue el del trío belga Brutus. Con su batería / cantante Stefanie notablemente conmovida por la ascensión imparable del combo tras sólo tres discos, reflejada en el llenazo absoluto que presentaba el Valley, la banda desgranó un emocionante set a base de su personal mezcla de post hardcore y rock alternativo. La consagración de una banda llamada a seguir congregando masas en un futuro. A continuación, nos dejó un gran sabor de boca el directo que Mammoth WVH, la banda de Wolfgang Van Halen, descargaron en el mainstage. Si bien tienen la suerte de tener ciertas puertas abiertas por ser hijo de quien es, el bueno de Wolfgang no quiere apropiarse del éxito de su padre y parece decidido a hacer de Mammoth algo cien por cien suyo, con una banda que sonaba de miedo y una propuesta muy molona en forma de un rock contemporáneo de muchos kilates. No sólo estuvo intachable a las seis cuerdas, si no también impecable a las voces. Es obvio que Wolfgang ha heredado buena parte del talento de su progenitor. Seguiremos su evolución en el futuro.

El hard rock con sentimiento funk de los americanos Extreme era también uno de los platos fuertes del main stage para esta jornada. Tal vez habría sido buena idea prescindir del solo de Nuno Bettencourt o del miniset acústico que la banda hizo durante su concierto teniendo en cuenta la limitación de minutaje y las circunstancias del show, pero compensaron con los clásicos demoledores como “It’s A Monster”, “Get The Funk Out” o la inevitable “More Than Words”. Siguen en buena forma. Tras ellos, y como si fuera premonitorio, fue salir Chelsea Wolfe al escenario del Valley y la lluvia empezar a caer sobre nuestras cabezas. Su oscura propuesta generó un estado hipnótico generalizado del cual era difícil escapar, con o sin lluvia. Fue desgranando un set tremendamente bello, alternando momentos mas densos o metálicos con otros de puro espíritu gótico-electrónico para tenernos a todos embelesados durante la hora de set de la que disfrutó. Se notó que hay verdadera devoción por ella en estos lares.

El concierto por excelencia de esta edición del festival para el que escribe estas líneas era, sin lugar a duda, el de Mr Bungle. Una oportunidad única para presenciar el último concierto de la era “Raging Wrath Of The Easter Bunny” de la banda (¿o puede que el último en general?), para el que ni la incesante y potente lluvia impidieron que la bizarra celebración thrash que suponía su show decayera por un minuto. Los miembros originales Mike Patton, Trevor Dunn y Trey Spruance cerraron su formación con las leyendas Scott Ian (Anthrax) y Dave Lombardo (Slayer) para dar forma a un line-up de ensueño y demostrar al planeta metal que 38 años después de la grabación de su primera demo, siguen siendo capaces de pasarse por la piedra a cualquier banda de metal que se les ponga por delante. Un torbellino de enrevesado y acelerado thrash, una inclasificable demostración de locos riffs en base a temas propios, varios troleos en forma de inesperadas versiones “pop” reconvertidas desde el prisma Bungle, y un montón de guiños a artistas como S.O.D. (“Speak FRENCH or die”), el “Territory” de Sepultura con el propio Andreas Kisser como invitado, la intro de “Hell Awaits” de Slayer, o el “Loss Of Control” de Van Halen con su hijo Wolfgang clavando el solo del tema. Épico a todas luces, y ya sólo esta hora de set justificó el viaje a tierras galas.

Era ahora uno de los momentos estelares del festival. ¿Ver a la banda de metal más grande del mundo en probablemente el festival de metal más grande del mundo? Contad conmigo. Ellos son Metallica y su impacto cultural va más allá del rock o el metal, son historia viva de la música, muchos empezamos escuchando los estilos más duros con ellos y al menos servidor tenía claro que había que presenciar su actuación esa noche. El comienzo del concierto, demoledor y tirando de clásicos infalibles: “Creeping Death”, “For Whom The Bell Tolls”, “Hit The Lights” y “Enter Sandman” formaron el póker de arranque con el que Metallica quisieron marcar territorio en un enclave tan especial como es Hellfest. El sonido, producción y puesta en escena, imponentes y al alcance de sólo super producciones como la de los californianos. El eterno James Hetfield sigue en plena forma y lleva el peso del show con sus riffs, su carisma y su comunión con la audiencia. Robert Trujillo da a la banda la solidez rítmica de la que en muchos momentos Lars Ulrich adolece.

Kirk Hammett ejerce de escudero a las seis cuerdas, alternando momentos de brillantez en los solos con algunos errores sorprendentemente infantiles en los mismos, tal vez por la falta de “tensión” en escena. La sensación al ver al cuarteto es, en cierto modo, de que dos de ellos sostienen musicalmente al grupo mientras que los otros dos sólo buscan “cumplir”. Aunque hubo un tramo de concierto un poco más irregular entre material extraído de su último redondo “72 Seasons”, el habitual “doodle” de Kirk y Robert, y algún interludio e intro innecesarias, no tardó la cosa en alzar el vuelo con temas históricos como “Orion”, “Sad But True”, “One”, “Master Of Puppets”… la inevitable retahíla de clásicos imperecederos que, si bien hoy en día no tienen toda la garra y actitud de sus versiones originales, siguen siendo himnos que funcionan a la perfección en directo. Probablemente no fue el mejor concierto de Metallica, ni el mejor de esta edición de Hellfest, pero recordaremos con cariño la noche que “the four hoursemen” tomaron Clisson a base de canciones que son historia de nuestro rollo.
Texto: José Mora
Fotos: Jaime García / Archivo Hellfest
El pasado 24 de junio fue el día elegido para la 1ª edición del festival Valadouro Rock desarrollado en la población del mismo nombre situada en la mariña central lucense. Con un cartel variado compuesto por grandes nombres de la escena nacional y con el añadido de contar con alguna banda amiga de la casa, no quise dejar pasar la ocasión de conocer de primera mano lo que allí aconteció.

Las actividades darían comienzo por la mañana con la actuación de los asturianos Sküld en una sesión vermú que empezaría a las 13:30 horas con entrada gratuita para ir preparando el ambiente. Lamentablemente no llegué para ver la actuación de estos amigos pero estoy seguro que dieron un gran espectáculo como es habitual. A las 17:30 horas ya había una buena cantidad de gente tanto en la entrada del festival como en los locales cercanos. Mencionar y agradecer en este punto la buena organización, con personal indicando las zonas de aparcamiento, de acampada, resolviendo cualquier duda que pudiera surgir a los asistentes, además de ordenar la circulación de vehículos y personas para que todo fuese lo mas fluido posible.
La apertura de puertas estaba fijada para las 18:00 horas y pocos minutos antes abrirían las taquillas para acreditar, como era mi caso, a los que no pudieron asistir a la sesión vermú, haciendo entrega de la pulsera, que también serviría, previa recarga, para hacer los pagos en la barra, y de una camiseta conmemorativa de esta primera edición del festival. El interior del recinto estaba totalmente equipado con varios puestos de artesanía, zona de merchan, aseos, foodtrucks, barra, un stand de “festivales amigos”, en el que eventos y asociaciones de la zona pueden promocionar sus actividades además de un mostrador para realizar la recarga de las pulseras atendido por Laura, cantante de Aneuma, y la infatigable Rheme Peláez. Algo muy de agradecer, es que habían colocado una carpa que cubría gran parte del recinto, pues para ese día estaba pronosticada lluvia. Al final sirvió para cobijarnos del sol de justicia que reinó durante toda la jornada.
A las 18:15 horas, tal y como estaba previsto, salieron a escena Materia Muerta, banda de hardcore punk afincada en Ribadeo que venían a presentar su último lanzamiento “La Bestia” que tocarían en su totalidad. Abriendo el concierto con “Destripador”, la gran actitud mostrada por Xoel, Nacho, Queipo y Sáez consiguió que todos nos contagiásemos y empezaran los primeros «circle pit» de la jornada con Nacho, su cantante, corriendo y disfrutando con el público.

A destacar el tema «Sociedad Programada» en el que estuvieron acompañados por Deiviz, cantante de los asturianos Infección, al igual que en la versión plasmada en el disco. Cerraron con “Queman Galicia” de su disco “Tierra y Ceniza” en el que muestran su indignación y repulsa ante los bárbaros que cada verano queman nuestros montes. Un broche perfecto para una actuación impecable.

Con el tiempo justo para el cambio de escenario a las 19:20 horas salieron a escena los también asturianos Drunken Buddha. Empezaron, como es habitual, con la intro “March To Dementia” tema en el que los músicos aprovechan para ir saliendo al escenario y comenzar la descarga con la potente «Sea Of Madness«, pese al calor que tenían que estar pasando, subidos al escenario con el sol dando de pleno, no se amilanaron ni un momento con Michael, Diego y Fran corriendo de un lado al otro del escenario.

Momento especial el vivido con la interpretación de “Monster”, pasando el micro a algún miembro de la Drunken Army allí presente que la coreo a todo pulmón. La potencia de Kay a la batería, la elegancia de Mario en los teclados, así como las carreras de Fran y Diego o los saltos de Michael desde la batería o desde el puesto de merch, son una muestra de la energía que tiene esta banda en directo. Para “Medicine Man” el frontman se mezcló entre el público animando a los más pequeños a acompañarle en el estribillo, oportunidad que alguno aprovecho dejando patente que hay cantera.

El tiempo se echaba encima y tuvieron que recortar uno de los temas previstos en el set list, aun así, una vez más demostraron ser una gran banda de hard and heavy con una química increíble entre ellos y que merecen estar mejor posicionados dentro del rock y metal nacional. Espero que más pronto que tarde lo consigan y poder contarlo.

A las 20:15 horas era el turno de los thrashers gallegos Strikeback inmersos en la gira de presentación de su EP “World In Decay” que interpretaron en su totalidad. El carisma de toda la banda y en especial de su aguerrido cantante Liber consiguió que todos los presentes nos viéramos inmersos en continuos «circle pit» e incluso un potente «wall of death«, a petición del publico, que desato la locura.

Los temas marca de la casa “Over Again”, “B.H.S. (Boundless Human Stupidity)”, “Secrets And Lies” o la potentísima y muy coreada “Kill Or Be Killed” dieron buena muestra del gran nivel de está banda que no deja de crecer actuación tras actuación.

A las 21:15 horas llegaría el turno de una de las leyendas que pasarían por esta primera edición del Valadouro Rock, el “Aerolíneas Federales” y voz en “Siniestro Total” Miguel Costas que descargaría algunos de los grandes clásicos de su discografía. Sonaron “Assumpta”, “Quienes Somos, De Donde Venimos, A Donde Vamos” “Todo Por La Napia”, “Camino De La Cama”, “Ponte En Mi Lugar”, “No Me Beses En Los Labios” temas que forman parte del ideario colectivo de una generación y que fueron muy coreados por todo el respetable.

Pese a que gran parte del público pedía que tocara la famosa “Cuenca Minera”, Miguel cumplió con el setlist previsto terminando con “Miña Terra Galega” invitando a los presentes a bailar una muñeira. Su actuación fue una fiesta y una muestra del buen hacer tanto de Miguel Costas como de la banda que le acompaña.

Los madrileños Vita Imana saldrían al escenario con algo de retraso sobre la hora marcada. Con seis discos a sus espaldas, su repertorio incluyó temas como “Caos”, “No En Mi Nombre”, “Seis Almas”, “Virtual” o “Licántropo” que dieron muestra de la potencia de su groove metal aderezado con una percusión por parte de Miriam Baz que da una elegancia que no deja a nadie indiferente.

El sonido fue de lo mejor del festival, distinguiéndose a la perfección las guitarras de Diego López y David Ramos, el bajo de Pepe Blanco, la batería de Daniel García, las desgarradas voces de Mero Mero y sobre todo la percusión y los coros de la mencionada Miriam.

Llegó el turno de los míticos Obús, inmersos en su gira de 40 aniversario. Que decir de Fortu, Paco y compañía a estas alturas cuando su nombre esta grabado a fuego en la historia de heavy rock nacional. Su repertorio estuvo plagado de clásicos, comenzando con “Necesito Más”, “La Raya” y “El Que Más”. Fortu, como siempre, muy interactivo con el público, nos presento a la banda y a su querida Yoli que se encontraba a cargo del merch de la banda.

La anécdota de su actuación tuvo lugar mientras interpretaban la preciosa “Complaciente o Cruel” y es que la instalación eléctrica del escenario pareció no estar preparada para la potencia de los madrileños y quiso jugarles una mala pasada apagándose hasta en tres ocasiones (en realidad a causa de un cortocircuito debido al derrame de una bebida en el lugar equivocado). Lo que para otras bandas sería razón para finalizar su actuación, para Fortu, aclamado por el respetable, fue la oportunidad de continuar cantando a oscuras y a capela, sentado al borde del escenario y acompañado por todo el público hasta que los problemas técnicos fueron resueltos. Increíble la profesionalidad y el buen hacer de este grande del heavy nacional.

Continuaron con el original solo de batería en la escalera mientras Fortu se ponía tras los parches, dando paso a la recta final de su actuación con “Prepárate” y “Vamos Muy Bien” dejándonos con ganas de más. Por suerte, estarán en Avilés el próximo 16 de Agosto dentro del 20º aniversario del festival “La Mar De Ruido”.

Con un retraso que ya acumulaba unos 40 minutos, sobre las 2:15 horas llegaba el turno a los auto proclamados “Dioses del Metal”, Gigatron, con su heavy tan potente como el enorme Mazinger Z que adornaba el escenario. Por la respuesta que se vivió, parece que era una de las bandas más esperadas. En su actuación fueron descargado trallazos cargados de humor y mala leche. Sonaron “El Barco De Colegas”, “La Tierra Del Rock”, “Macho Cabrío”, en la que el propio Satán se subió al escenario, en el cuerpo del poseído Toni Alfaro, que también colaboró en los coros y tomaría el papel de Odín en la vikinga “Queridodín«.

Continuaron con “Mi Hacha Hizo Tu Culo” o “Heavy Hasta La Muerte”. Para los últimos temas estuvieron acompañados por Diego López, guitarrista de Vita Imana, que no dudo en ataviarse como un Gigatron más. No cabe duda que es una banda que sabe como hacer que el público disfrute, con una puesta en escena impecable y representando un papel que les viene como anillo al dedo. La cercanía que mostró Charly Glamour fuera del escenario haciéndose fotos con compañeros de otras bandas y aficionados son detalles a agradecer.

Con la batería de mi móvil completamente exhausta llegaba el turno de los asturianos Leather Boys inmersos en la gira de presentación de su “Fairy Tales From The Underground” que les está llevando por gran parte de la geografía española. El grupo lleva ya unos cuantos años en los escenarios y, comandados por el irreverente Leather Sex y el infatigable Leather Rose, suenan cada vez mas compactos y cohesionados.
Solamente dispusieron de 30 minutos para descargar temas de su último disco de estudio “Born In The 70´s”, aunque me quede con ganas de escuchar la preciosa “Fly Free (Blacksmith)”. Pese a la hora y al cansancio acumulado, no fuimos pocos los que disfrutamos de su actuación. Sin duda un buen cierre de esta primera edición del Valadouro Rock… esperando ya la segunda.
Pero la fiesta no acabaría todavía pues fuimos convocados a una sala frente al recinto del festival, el Pub Atalaia, donde componentes de Aneuma y Legacy Of Brutality ofrecieron una actuación con temas de Replica, primera formación de los hermanos Borja y Abel Suárez. Unos 45 minutos de thrash y death metal con la calidad a la que nos tienen acostumbrados que fueron el cierre perfecto del festival.
No quisiera finalizar esta crónica sin saludar a toda la gente conocida que se acercó hasta Valadouro para disfrutar de la fiesta. Felicidades a toda la organización y colaboradores que hicieron que esta primera edición fuera un autentico éxito. Espero que tras la experiencia, el festival siga creciendo y que pronto anuncien la segunda edición, si es así, allí estaremos para contarlo.
Texto y Fotos: Miguel Rubio
Con un sol de justicia sobrevolando Clisson, comenzamos la segunda jornada de festival viendo en el mainstage a los australianos Karnivool. Estaba claro que el slot, en torno a las 15 horas, no era el mejor para su sonido tan ambiental, pero supieron capear la situación y conectar con los que realmente sabían lo que venían a ver. Tras ellos, los franceses Klone jugaban en casa y entre su buena legión de seguidores y que la carpa del escenario Altar era una muy buena opción para escapar de los calores, se cascaron uno de los shows más memorables de la jornada. Progresivo, art rock, metal… llamémosle como queramos, saben lo que hacen y lo hacen genial, por lo que no les fue difícil meterse al respetable en el bolsillo. Tardarán en olvidar ese concierto.

De vuelta al mainstage, queríamos ver como los Fear Factory post Burton C. Bell se defendían sobre las tablas. Una banda en la que históricamente las relaciones personales entre sus miembros han sido altamente volátiles, y con Dino Cazares ejerciendo ya de amo y señor de la marca comercial, tardamos poco en confirmar que la formación que el guitarrista se ha montado está a la altura del nombre que portan. Con el batería Mike Heller (Raven, Malignancy), el bajista Tony Campos (Static X) y el hasta hace poco desconocido Milo Silvestro a las voces, la banda cumplió con nota en un set no muy largo, pero en el que no faltaron los clásicos necesarios (“Demanufacture”, “Edgecrusher”, “What Will Become”, “Replica”, “New Breed”…) sonando mejor de lo que habían sonado desde hace mucho tiempo gracias a las voces de Milo, el cual no falló ni una nota y al que si cerrábamos los ojos podíamos confundir momentáneamente con el mejor Burton C. Bell. Un acierto su adición a la banda.

El día seguía, y nos generaba mucha curiosidad ver el tipo de set que Einar Solberg de Leprous nos iba a ofrecer para su show en solitario. Si bien no cayeron temas de su banda madre como algunos esperaban, el vocalista mostró su cara más íntima con un concierto a base de temas exclusivamente de su álbum “16”. Pop alternativo, bases electrónicas, coqueteos con el soul y el r&b… estaba claro que Einar había venido a hacer lo suyo, y a hacerlo tan bien como siempre a pesar del descoloque generalizado del público metálico más purista. Ya sólo por escucharle dar rienda suelta a sus capacidades vocales mereció la pena. Estuvo muy, muy bien.

Cambio de tercio, y es que los alemanes Kanonenfieber y su black metal con temática de la primera guerra mundial están creciendo a pasos agigantados, por lo que no quisimos perdernos su debut en el festival francés por excelencia. Mucha escenografía, buen sonido y ejecución, y en general un gran concierto de una banda llamada a grandes cosas. Tras ellos, el stoner buen rollista de los griegos 1000mods funcionó a la perfección para destensar las articulaciones antes de que entrásemos en las “horas nobles” de la jornada.

Desde el primer momento teníamos claro que no queríamos perdernos el directo que Satyricon tenían preparado. Satyr y Frost, con una banda muy sólida (temporalmente con Frank Bello de Anthrax al bajo, de hecho), centraron su set en mucho material de sus últimos discos de estudio, los más “black ‘n roll”. Tal vez decepcionó a los que esperaban un set revisitando el black metal mas crudo y arquetípico de sus primeros álbumes, pero sin duda ofrecieron un concierto muy competente y entretenido. Tras ellos, tocaba disfrutar de Acid King, una de esas bandas que no se prodigan en demasía por los escenarios españoles, y que surgieron cuando el “stoner doom” no era un género como tal y en un momento en el que no era habitual ver grupos de rock liderados por una frontwoman como Lori S. Mucha actitud, sonido pantanoso y un concierto que merecerá la pena recordar en un futuro.

Mientras que Machine Head encabezaban el día en el mainstage y opositaban a tomar el relevo de los clásicos ante su inevitable jubilación (y por los comentarios de la gente lo hicieron con galones), nosotros decidimos sumergirnos en el Temple stage para ver el show de los noruegos Emperor. Ihsahn y sus chicos son apuesta segura, y aunque ya les hemos disfrutado varias veces en este mismo festival, siempre es un gustazo ver la profesionalidad y el respeto con los que la banda revisita el material que les convirtió en referencia de su género. Impecables, como siempre.

Tras ellos, Daniel Gildenlow y sus Pain Of Salvation cerraban el escenario Altar. No fue la mejor noche del quinteto, con muchos problemas técnicos con la guitarra de Daniel durante la primera mitad del set y que les llevaría a tener que recortar un poco el mismo. Las voces tampoco lucieron a su mejor nivel, pero siendo conscientes de que no estaban especialmente cómodos con todas las circunstancias, la banda tiró de galones y de repertorio (basado especialmente en sus dos últimos discos de estudio, “Panther” e “In The Passing Light Of Day”) para remontar el vuelo. Se habría agradecido algo más de material clásico, pero ese “Beyond The Pale” que usaron para cerrar nos dejó con un buen sabor de boca para los últimos compases del día, los cuales disfrutaríamos en el main stage, reconvertido ahora en bacanal electrónica por The Prodigy. Con un sonido realmente acogedor y un set visual muy potente a base de estrobos, luces y lásers variados, la banda quiso tributar al difunto Keith Flint en más de una ocasión, tocando justo en la vena nostálgica de muchos de los presentes. No fue mal fin de día, no.
Texto: José Mora
Fotos: Jaime García
La jornada sabatina del Luarca Metal Days prometía emociones fuertes a través de un cartel tan ecléctico o más que el del viernes, una temperatura más veraniega y el buen sabor de boca que nos había dejado la víspera.

Son las cinco de la tarde cuando suena su introducción y salen a escena los chicos de A Dark Reborn prestos a dejarnos una buena ración de metal potente y multi-influencial. La banda había estado repartiendo flyers entre el público el día anterior y tal y como les prometimos entonces, allí estábamos para dar buena cuenta de sus evoluciones. Lo cierto es que nos gustaron. Entroncan en cierto modo con Death&Legacy el día anterior. El hecho de tener a una chica al frente, la ex Morphium Lur, alma mater del proyecto, ayuda en la rima.

Porque lo cierto es que su metal bebe de muy diversas fuentes y por ahí nos agradó. Fui con la intención de dejarme sorprender y los muchos registros de la propia Lur, tan hábil con la voz limpia como con los gritos más oscuros, supieron conectar con la audiencia, aún cuando el sol apretaba fuerte a aquellas horas. Disponían de poco tiempo y aún así no quisieron olvidarse de agradecer al festival, también a su crew, todo el esfuerzo. Presentaron su segundo disco, aquél “Last Echo” de 2023 y nos hicieron el suficiente tilín como para apuntarles en nuestra agenda de nombres a seguir. Era su primer festival según contó la propia Lur. A tenor de lo visto y si todo transcurre como debe, a buen seguro no será el último.
Quienes pese a su reciente formación llevan ya una buena serie de festivales entre pecho y espalda son los chicos de Aneuma, a quienes habíamos visto poner la nota metálica en el Maizu Rock apenas una semana antes. Qué duda cabe, en este Luarca Metal Days la banda estaba mucho más en en su elemento que en Intriago.

“Your Doom”, del estupendo “Venom” editado meses atrás, da la verdadera medida de una banda como esta. O no, porque de nuevo cuesta oír los fundamentales coros de Abel. Laura es un torbellino desde el minuto uno. Ni la vamos a descubrir a estas alturas, después de tantas veces como les hemos visto, ni deja de llamarnos la atención lo mucho que ha crecido en presencia escénica desde los primeros shows en defensa del debut “Climax”.
Así las cosas y con un sonido más y mejor equilibrado, “Fall Apart” permite a Aneuma entregar su mejor versión. El público, más nutrido a estas horas que en la previa, gozó de lo lindo “Castaway Of Chance” mientras seguía con atención las evoluciones del quinteto. Finísimo Borja en el solo, otro al que no vamos a descubrir a estas alturas y que repetirá con Legacy Of Brutality en el cartel del año que viene. Pero volviendo al pasado sábado, estupendo ese cambio de ritmo en “Guide Them To The Light” y tremenda fiesta la que proporciona “Never Again”.

“Creatures” nos recordó al debut al tiempo que puso Luarca a saltar con ese clásico acelerón que domina su parte central. Aquí vimos el primer circle pit de la jornada y empezamos a ser conscientes de la tremenda fiesta que se avecinaba. “Break Out From Hell” y la siempre pegadiza “Chain Reaction” desembocaron en un cierre con “Ashes Of Your Fears” en el que Laura baja del escenario para mezclarse con la gente y provoca un nuevo circle pit en el Metal Days. Pura algarabía. Uno de los grandes momentos del sábado, aún cuando eché en falta un corte como “Circles Of Fire” y la forma en que su estribillo invita a poner voz en grito. Con eso y con todo y aunque esto no sea una competición de ningún tipo, uno de los grandes triunfadores del festival.
Turno para dar un giro de timón al cartel con el heavy / power metal de los bilbaínos Valkyria, con el siempre carismático Yeray Hernández al frente, que venían presentando su tercer trabajo de estudio, un “Indómito” del que ya diéramos buena cuenta aquí allá por el mes de junio.

Y una banda que pareció en mejor forma que nunca ya desde la inicial “La Cuna Del Silencio”, con ese gancho innegable y un Yeray a la voz que, da la impresión, es más que consciente de sus debilidades y también de sus fortalezas. Al fin y al cabo no inventa nada el combo vasco pero saben crear composiciones certeras y líneas de voz con mucho gancho. Empiezan además a ser unos habituales de nuestra tierra y estamos más que felices de haberles vuelto a ver por nuestros dominios.
Máxime cuando despliegan buenos cortes de metal perfectamente construido como ese estupendo “Ave Inmortal”. Composiciones que crecen en su traslación al directo y que vienen a hablar de lo bien que los chicos se prepararon la visita a tierras asturianas. El propio Yeray deja unas pequeñas presentaciones y al alimón la banda arremete un “Contracorriente” que dejaría uno de los mejores duelos solistas de todo el sábado. Aquí les beneficiaría el giro hacia terrenos más pesados, esas estrofas de “Abatido”, a las que sigue otro de sus estribillos más redondos.

Había mucho público afín al tipo de metal que practican o esa impresión daba desde cerca de la mesa de controles. Al punto de que el líder de Valkyria aprovechó para echar mano de su teléfono móvil e inmortalizar el momento. Tras los obligados agradecimientos turno para otro gran estribillo, el de “Código De Honor”, así como para algo de pirotecnia y un estupendo duelo solista entre Borja Aguirre y el propio Yeray. Les hemos visto ya varias veces y siempre cumplen. Una formación destinada a crecer.
El cuento con Vita Imana iba a ser bien distinto. Un poco como me sucedió con Hamlet en la previa, es la madrileña una formación con la que nunca he llegado a conectar del todo, pero también por unos pequeños problemas de sonido al comienzo del set que vinieron a dar al traste con los horarios tan a rajatabla que arrastraba el evento.

Así las cosas y mientras que banda y técnicos trabajaban de forma denodada para reconducir la situación, servidor aprovechó para descansar y dar buena cuenta de la pequeña terraza tras los puestos de comida. Vita Imana, a quienes no veía en vivo desde el Rock Nalón de 2019, parecieron querer transformar en puro vigor la frustración que derivaba de los inconvenientes.
Porque su salida a las tablas es todo lo intensa y fulgurante que se les presupone, con un Mero Mero al frente que no cejó en animar a los suyos en todo momento. Eran la propuesta más diferente del sábado, algo que (me dio la impresión) generó cierta división entre la concurrencia. Al final y aunque, ya digo, no sean enteramente mi rollo, no puedo negar que disfruté con cortes ya postreros en el set como “Un Nuevo Sol” o “Adversario”, con la banda sonando ya a gran nivel.

Poco a poco la gente se fue enganchando, algo de lo que da fe el «wall of death» que pudimos contemplar en las postrimerías del set. Vinieron y se hicieron fuertes frente a los inconvenientes. Supone uno entonces tienen bien ganada su fama.
Había ganas de ver cómo respondían los heavy / power metaleros Avalanch tras el enésimo cambio de formación, el que ha llevado al Quaoar Bjørn Mendizabal a ocupar el puesto dejado por Mike Terrana tras baterías. La banda, que venía presentando un “El Dilema De Los Dioses” del que os ofrecimos correspondiente reseña en abril del año pasado, lleva desde el confinamiento para acá instalada en la polémica. Ello no quita que cuando irrumpen por el Luarca Metal Days a eso de las 21:35 haya una nutrida presencia de fans aguardando sus evoluciones.

Unas evoluciones a las que la banda da inicio con aquella “El Oráculo” de su “El Secreto” de 2019, cuando Israel Ramos era el encargado de poner voz a la formación asturiana. José Pardial, de Cudillero él, aporta su propio color a los temas. Algo que se deja notar y de qué forma en la aún más clásica “Aún Respiro”, de lejos uno de mis temas favoritos del siempre interesante “El Hijo Pródigo”. La banda, eso sí, adolece de una segunda guitarra que termine de dar el debido empaque a los temas. Alberto Rionda, desde luego, llena con su seis cuerdas y a Manuel Ramil no le vamos a descubrir a estas alturas, pero me sigue faltando algo.
Anuncia Pardial que el próximo es un tema importante para él, de tanto en cuanto fue su primer single con Avalanch, no otro que “Horizonte Eterno”, donde vemos al vocalista asturiano más cómodo que nunca. Su desempeño al frente de la banda me agradó sin alcanzar al entusiasmo. No quisiera yo ser tan necio de verter sobre él las mismas críticas que muchos dispararon contra Ramón Lage en su día, quien después emergió de ellas hasta confirmarse como uno de los grandes frontman de nuestro país. La actual voz de Avalanch habrá de labrar su propio camino y no creo que sea este el momento de la inquina.

En esas estaba cuando la banda presenta el tema título de su último álbum y de pronto Pardial ofrece una interpretación más llamativa por lo agrio de alguno de los versos. Una mayor aspereza, siempre dentro de los márgenes del género, que el set contrarresta con la mucho más amable, radiable incluso, “Alas De Cristal”, con la gente dando saltos y servidor preguntándose en qué año estamos. Toneladas de recuerdos se agolpan en la sencillez de una canción tan descaradamente pop como pegadiza.
Y es que Rionda y los suyos, sabedores de la plaza que estaban pisando, optaron por tirar de nostalgia. Qué si no morriña destila “Pies De Barro” por más que Pardial la redirija, quizá más que ninguna otra dentro del set, hacia su propio terreno. Tanto o más que “Mil Motivos” o la fenomenal “Niño” donde, eso sí, costaba oír las voces pregrabadas que en su día inmortalizara el bueno de Fano “The Dark”. “Soy de Cudillero, estoy jugando en casa” exclama Pardial. Y tanto que sí.

“Otra Vida” extrae de Alberto Rionda uno de los mejores solos de la jornada. El ovetense, perseguido más que ninguno por la polémica desde que la pandemia hiciera estragos a lo largo y ancho del globo, apareció por el Luarca Metal Days con un semblante algo más risueño de lo habitual. El público esgrimió las linternas de sus móviles para “Antojo De Un Dios” y se enganchó con la más reciente “El Peregrino” dentro de un set que iba dando sus últimos coletazos. Aquí Pardial anunciaría otro tema importante para él, tratándose de hecho del primero que recordaba haber escuchado de Avalanch, y que era no otro que “Lucero”, aquél single adelanto del fenomenal “Los Poetas Han Muerto” que tanto nos descolocó allá por 2003. Buenos coros de Ramil y el bajista Nando Campos aquí.
El pequeño solo de Alberto, con ese “Santa Bárbara” a modo de inserto, nos retrotrajo a tiempos realmente pretéritos, amén de introducirnos en unos bises que iban a pisar terreno igualmente clásico, empezando con una “Pelayo” donde vuelvo a echar en falta esa segunda guitarra pero que produce una gran conexión entre la banda y buena parte del público congregado frente al quinteto. El cierre con “Xana” y “Torquemada” desató la cara más power de la banda para rubricar un buen final en el que muchos echaron de menos un tema con el significado para Luarca de «Cambaral«, basado en la leyenda medieval que toma su nombre del barrio de pescadores de la villa costera asturiana.

De los madrileños Nurcry me habían contado muchas cosas y la mayor parte eran buenas. Arribaban a Luarca con un “Destino, Yo Te Busco” estrenado en septiembre del pasado año y la intención de ganar un puñado de nuevos fans para la causa de su peculiar heavy / power metal…
… pero lo cierto es que su descarga nos dejó un mar de dudas. Y de humo, confeti y pirotecnia, al punto de que a ratos esta llegaba a opacar alguno de los temas. Esforzados y certeros al comienzo del set, la sensación que me quedó sin embargo fue la de que se irían diluyendo con el correr de los temas. Y es que para el segundo corte del setlist, la voz de Kike Fuentes parece fuera de tono, intuyo y elucubro que por problemas con los dichosos “in ear”, desviando el corte de unos cauces más normales.

Y es una pena porque la formación con la que la banda apareció por Luarca posee garantías suficientes. Ahí estaba el bueno de Juanjo Alcaraz, guitarra de también de Döxa y a quien ya vimos con la buena gente de Lethargus. Me agradó el riff facilón pero pegadizo de “Destino, Yo Te Busco”. También esos tonos más vivos que desplegaron. Agradecimientos mediante, recondujeron hacia la más apaciguada “Contra Viento y Sol”, donde por alguna razón, me recordaban a ratos a los castellanoleoneses Dünedain.
Tuvieron tiempo igualmente de anticipar un corte, “Galileo”, que integrará su próximo álbum de estudio, estrenado apenas un día antes, y que destapa una cara algo más rockera de la metamórfica formación leganense. “Vamos a ponernos un poquito tiernecines” anuncia Fuentes y la banda procede con una “Del Mismo Infierno” donde el público, menguado porque muchos aprovecharon para irse a llenar el buche, siguió el juego del vocalista.

Cuando las distintas explosiones de humo y confeti lo permitían disfruté del tono más chulesco que dibuja “Alma Libre” y a ratos también del cuerpo más próximo al power de “Sangre Eterna”. Con “Corre Tú Más” y “Latidos De Pasión” finiquitaron un set irregular, empañado por ciertos desequilibrios en cuanto a sonido y una pirotecnia que, en muchos casos, empañó en lugar de lustrar su descarga. Quedamos pues a expensas de una futura visita que dé la verdadera medida de la banda.
El “aquí mi fusil, aquí mi pistola…” de la inmortal “La Chaqueta Metálica” del genio y tirano Stanley Kubrick marca el paso a los siempre cachondos Lujuria para un fin de fiesta en toda regla. Al menos es lo que se deriva del buen puñado de gente que retornó frente al escenario para disfrutar de las evoluciones de los segovianos.

“Escuadrón 69”, de aquél “República Popular Del Coito” de 1998, niño cómo pasa el tiempo, pone la primera piedra de un set clásico por parte de la banda. “Nos pueden señalar, pero nunca, nunca seremos carne de cañón”. Óscar y sus soflamas habituales. Buen sonido el que desarrollaron, máxime tras lo visto con Nurcry, y que sacó adelante un repertorio tan predecible como disfrutón.
Aunque Sancho estuvo más parlanchín que en nuestro anterior encuentro con la banda, aquél junto con Bestia Negra a finales de 2022. “Estamos haciendo historia, hacen falta más festivales que apuesten por la gente de casa”, exclamó. “Jekill & Mrs. Hyde” sonó tan vacilona como siempre. Imprescindibles los teclados de Ricardo Mínguez aquí. “El heavy metal es un compromiso por un mundo mejor” dice Sancho a modo de presentación de “Dejad Que Los Niños Se Acerquen A Mí” y uno empieza a pensar que algunas de las soflamas del curtido vocalista se alargan más de la cuenta. Al final y aunque no esté del todo de acuerdo en el modo de expresarlo, que nadie dude de que su trinchera es la misma que la nuestra.

Pero “Viejo Rockero” le cambia un poco el paso al set con ese tono más leve y melancólico, algo que viene a confirmar la más seria “Traidores y Criminales (contra nosotros batallan)” de aquél “…Y La Yesca Arderá” de 2006. De los muchos chascarrillos que deslizó el frontman, el de “venga coño, tenéis menos batería que un concierto de Mägo De Oz” que dejó aquí fue fácilmente el que más carcajadas propició de toda la velada.
Aquí quiso detenerse Óscar y contarnos que el próximo tema iría dedicado a Santi Hernández, bajista de la formación y cuyo padre había sufrido un ictus en el transcurso de la semana. “Afortunadamente está bien”, de lo cual nos alegramos. Quizá no me esperaba “Destrucción”, de los argentinos V8, a estas alturas del set. Lo cierto es que la banda le puso más ganas y pasión que nunca. No era para menos. Para la inevitable “Joda A Quien Joda” contaron con un invitado muy especial, Txanti Hernández, natural de Luarca, fan irredento de esta música que tanto amamos y que brindó un curioso fin de fiesta a esta primera edición del Luarca Metal Days.

Una primera edición que, y no es peloteo, dejó más luces que sombras. Lo comentaba al comienzo de la crónica del viernes: el trato dispensado por la organización, el ambiente, el buen sonido (más allá de momentos muy puntuales) del que gozó todo el fin de semana. Tremendo el curro de Gus Bocanegra aquí y del resto de técnicos. Parece instalada la idea de que todos los festivales sufren en lo que a sonido se refiere y este no fue el caso. Mucho mérito tratándose, como digo, de una primera edición. Nosotros nos marchamos cansados pero satisfechos, aún quedaba cierto trecho hasta casa, mientras deseábamos que les hubieran salido los números, que parece ser que sí a tenor de que ya tenemos fechas confirmadas para la segunda edición y una banda, los death metaleros Legacy Of Brutality, que promete emociones fuertes.
Por nuestra parte no queda más que dar las gracias una vez más a la organización. Que salvo caso de fuerza mayor nos tendrán allí el año que viene huelga decirlo. Que trataremos de hacer todo cuanto esté en nuestra mano en ayuda del crecimiento del festival, también. Que el público sabrá responder a las muchas cosas que se hicieron bien en esta primera edición, nadie lo duda. Para cerrar y como siempre, un saludo enorme a los muchos amigos, músicos y fans con los que departimos a lo largo y ancho de ambas jornadas. Pasamos lista el año que viene.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz
El evento estaba, como siempre, marcado a fuego en el calendario. Un año más, el Disneylandia del metal europeo, el abusón de los festivales del viejo continente, el Hellfest Open Air, suponía una cita ineludible para servidor, así como para los miles de “festivaliers” que de nuevo agotaron todos los abonos en solo unos minutos, meses antes de su celebración y sin conocer ni una banda de las que actuarían en el festival. Ni el cambio de fechas de esta edición (una semana más tarde de lo habitual, entendemos que para asegurar la disponibilidad de los cabezas de cartel) nos hicieron dudar ni un minuto acerca de nuestra asistencia. La confianza y fe depositadas en la organización tras su sobresaliente desempeño edición tras edición, hace que no necesitemos ya razones para planteárnoslo: si Hellfest ocurre, allí intentaremos estar para vivirlo en primera persona.

Para muchos, Hellfest es la experiencia de una vida, y no cabe duda de que desde la organización se preocupan de que así sea: un line-up espectacular (de nuevo a nivel top europeo), una logística cuidada para asegurar que un evento de semejante tamaño transcurre sin grandes incidencias, una estética preciosista, sobrecogedora y sorprendente, y sobre todo un innegable interés y voluntad de mejorar y crecer año tras año por parte de la organización. Los que llevamos desde hace más de una década asistiendo a Hellfest, hemos sido testigos de la evolución: cómo se ha transformado de un festival notable, instalado en la zona alta de la oferta europea, a la referencia absoluta a nivel mundial en cuanto a calidad, cantidad y medios.
Como siempre, contamos con un cartel para todos los gustos, un mosaico sonoro que cubre todo el espectro rock – metal – punk y sus derivados en seis escenarios temáticos, cuatro días de música y un total de más de 160 bandas de todos los tamaños y filosofías. Desde el mainstream absoluto de Foo Fighters o Metallica hasta el oscuro culto de bandas como Wormrot o Nakkeknaekker. Desde las melodías irish punk de Dropkick Murphys hasta el ruidismo jazz de los noruegos Shining. Desde la pesadez de High On Fire hasta las virguerías neoclásicas de Yngwie Malmsteen. Muchos géneros encontraron su hueco este año en el line-up: Industrial, black metal, psychobilly, hardcore, heavy metal, pop rock, hip hop, hard rock, grindcore… Echar un vistazo al cartel es inevitablemente encontrar un buen puñado de grupos que todo oyente medianamente abierto de miras pueda disfrutar en mayor o menor medida.

Aparte de la sobresaliente oferta musical, Hellfest ofrece todo la necesario para que la experiencia sea inmejorable: el mayor “metal market” de merchandising del mundo, una extensa y variada oferta gastronómica, bares y hostelería diversa para asegurarse que no falten refrigerios para su público, tiendas de instrumentos musicales, comercios de ropa, stands promocionales de diverso tipo… ¡hasta una barbería o un salón de tatuajes! El concepto “feria rock” en su más amplio sentido cobra vida en Hellfest. Divertimento y felicidad durante cuatro días para todo hijo de vecino que guste mínimamente de la cultura rock y sus derivados.
En la parte menos luminosa de esta edición, hay que comentar que, especialmente en la jornada de sábado (encabezada por Metallica) la sensación de sobreaforo y de “petazo” en ciertas zonas del recinto era más que evidente. Algunas partes de este, como el pequeño acceso al escenario Valley desde la zona “forestal” del festival y que a la postre supondría varios atascos durante el mismo, la acumulación de gente en la zona de catering en el escenario Valley, así como las enormes colas formadas en los “meaderos” y para acceder al merchandising oficial, hacen ver que de cara a 2025 las cabezas pensantes tienen que replantearse la distribución y dimensiones del mapeado en ciertos puntos del mismo. Esperemos que tomen nota.
Sin más dilación, entramos a analizar lo que buenamente dio de sí para servidor la parte musical de Hellfest, que al fin y al cabo es a lo que vinimos. Como imagináis, los solapes de bandas son una constante en este festival y la necesidad de tomar decisiones dolorosas y el posterior “picoteo” de escenarios en función del momento e inspiración es inevitable, por lo que en este texto hemos cubierto lo que buenamente pudimos ver más que lo que realmente hubiéramos querido. Sea como sea… ¡Se abren las puertas del infierno!
Desde los primeros compases del festival, el ambiente era de celebración. El respetable no tenía miedo a las altas temperaturas ya que pocos minutos después de la apertura de puertas el recinto estival ya lucía un aspecto estupendo. Comenzamos la jornada con Asinhell, una gran oportunidad para ver como Michael Poulsen de Volbeat se desenvuelve en su “vuelta a las raíces” con este proyecto de death metal old school junto a Marc Grewe de Morgoth. Un inicio sólido, con un sonido más que aceptable, tal vez con más actitud y ganas que pulcritud, pero que supuso un buen primer mordisco al pastel musical que nos esperaba para los próximos días. Nada mal para empezar.

No quisimos tampoco perder la oportunidad de ver un buen rato a los singapurenses Wormrot, banda de culto del grindcore que dieron buena cuenta de su slot con un set visceral, caótico y salvaje que no dejó indiferente a nadie. Seguimos la jornada con el death metal clásico de los legendarios Immolation, que no decepcionaron a los que teníamos hambre de metal extremo desde el comienzo del festival. A estas alturas ya habíamos pisado tres escenarios distintos y era hora de visitar el Valley para presenciar el show que los británicos Green Lung tenían preparados. Había mucha anticipación y curiosidad por ver como se desenvolvían sobre las tablas, y su show fue una masterclass de heavy metal clásico con espíritu stoner doom (¿o stoner doom con espíritu heavy metal clásico?), con mucho material de su último disco “This Heathen Land” y en el cual pudimos disfrutar una banda en estado de gracia. De lo mejor del festival. Habrá que seguirles de cerca en el futuro.

Mientras que Babymetal ponían el main stage a bailar con su fusión de metal con melodías de carácter y color J-Pop, la noruega Sylvaine nos ofrecía en el Temple Stage un delicado show a medio camino entre el shoegaze y el black metal que hizo las delicias de los seguidores de bandas como Alcest. Muchos no sabían qué esperar del concierto y quedaron francamente sorprendidos con lo onírico de su propuesta. Seguidamente, Dave Mustaine y sus Megadeth ofrecieron lo que ya viene a ser un set “estándar” del cuarteto: intachable a nivel musical, pero muy limitado por las capacidades vocales de MegaDave. Buen set, con casi todos los clásicos esperados para un concierto de festival (aunque esta vez no hubo sitio para “Hangar 18”), buena actitud y sonido notable, mermados por un Mustaine que cada día sufre más defendiendo su propio repertorio.

A continuación, uno de los shows imprescindibles de la jornada para un servidor: los noruegos Shining interpretaban su seminal álbum “Blackjazz” al completo en el que suponía probablemente el concierto más avantgarde y experimental de todo el festival. Mientras que los que somos entusiastas de su propuesta disfrutamos cada minuto del repertorio, su cruce de industrial, jazz, noise y metal extremo también agotó mentalmente a unos cuantos curiosos que tuvieron a bien probar suerte con otras propuestas. Su loca versión del “21st Century Schizoid Man” de King Crimson para cerrar su set, probablemente uno de los momentos mas extremos de todo Hellfest 2024.

De vuelta al Valley, All Them Witches tuvieron que capear algunos problemas técnicos en un show en el que empezamos a notar los primeros síntomas de congestión en dicho escenario, que a la larga se quedaría pequeño (especialmente sus accesos) varias veces durante el festival. Centraron su set en su cara más psicodélica y bluesie, y tal vez les faltó algo más de ritmo para lo que requería el escenario y el momento. Ojalá los pillemos en el futuro en otras condiciones. A su vez, los germanos Sodom ponían patas arriba el Altar Stage con su thrash metal cien por cien europeo. Los de Tom AngelRipper hicieron lo suyo: llegar, echar un vistazo, patear culos en base a trallazos metaleros a la cabeza e irse con la satisfacción del trabajo bien hecho. No los veía en directo desde 2016, y no cabe duda de que la maniobra de reconvertirse de trío a cuarteto en 2019 les ayudó a potenciar sus virtudes y minimizar sus carencias. Rejuvenecidos. También a su vez, Avenged Sevenfold ejercían de cabeza de cartel de la jornada presentando el que probablemente sea el álbum más interesante y arriesgado de la banda en muchos años. Otra vez será. Como comentábamos, las benditas e inevitables coincidencias del Hellfest.

Mientras que los himnos de Dropkick Murphys hacían correr la cerveza en cantidades industriales para cerrar el escenario principal, las últimas fuerzas que nos quedaban las dedicamos a ver unos cuantos compases de Cradle of Filth, que estaban sonando francamente bien. Seguro que sus simpatizantes quedaron más que satisfechos. Para nosotros era tiempo de descanso ya que aún nos esperaban tres jornadas más de música en Clisson.
Texto: José Mora
Fotos: Jaime García
Repaso gráfico a la jornada del sábado 13 de julio en el festival Luarca Metal Days protagonizada por A Dark Reborn, Aneuma, Valkyria, Vita Imana, Avalanch, Nurcry y Lujuria.




























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