Arrancamos el repaso gráfico al festival Unirock con la primera actuación de la tarde en el escenario principal, La Tarrancha y su personal ska-fusión.
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Casi sin tiempo para recuperarnos de la jornada anterior, en La Mar de Ruido, tocaba hacer de nuevo el petate y encaminar hacia un nuevo destino, Pravia, un nuevo evento, el siempre cercano y familiar Rock Nalón, y dar buena cuenta de las descargas de In-Sanity, Drunken Buddha, Synlakross, Burning Witches y The Lizards. Respetó la meteorología y fíjate que lluvias poco menos que torrenciales fueron anunciadas durante el trascurso de la semana. Finalmente pudimos disfrutar de una jornada en seco, algo que siempre se agradece y en especial a la hora de realizar crónicas como la que estáis leyendo.
Así pues y justo cuando el reloj marcaba las veinte horas, lo que vienen siendo las ocho de la tarde de toda la vida, los renacidos In-Sanity hacían suyo el amplio escenario del evento. Siempre será ardua la tarea de abrir un festival. Y lo es más si una de tus guitarras tiene el día tonto y sus cuerdas emiten un aullido más cercano al de un mapache degollado que al de una banda de clásico heavy/thrash.
Así pues y cambio de instrumento mediante, todo reconduce hacia cauces normales gracias a una “End Of Way” que demostró la buena técnica y la mejor compenetración con la que el cuarteto acudió al festival. Chus, bajista de la formación, volvió como siempre a dejar destellos del gran músico que es. Conjunta con la siempre firme pegada de Salvador “Pollo” una base rítmica siempre fiable. Y en los ni siquiera cuarenta minutos escasos que dispusieron, trataron de hacernos entrar en calor sin trucos ni florituras. Metal sincero, honesto y real. No abunda.
Son muchas las veces que hemos visto a las huestes del teclas Mario Herrero desde que la banda editara el formidable “II”. La última no hace siquiera un mes. Y sin embargo, qué agradable resulta siempre encontrarse con ellos. “March Of Dementia” suena en Pravia y uno tiene siempre ese cosquilleo sobre qué podrá ofrecer el Buddha en esta ocasión. Algo que no es otra cosa que “Sea Of Madness” con la base rítmica de Kay Fernández y Fran Fidalgo tan bien empastada como siempre.
A quien vimos más mermado que en ocasiones anteriores fue al siempre inquieto y carismático frontman Michael Arthur Long. Algo que se haría patente en la por otro lado vibrante “Hang ‘Em High”. Puede que el vocalista no tuviese su día más holgado. Lo que nunca fallan son sus bromas recurrentes. “Que me tiro, como el Yosi”.
Cierto que para cuando suena la más descarnada “Monster”, el punto focal de los Buddha parece recuperar una mejor versión. Y junto a él y con su Les Paul negra, Diego derrochando una vez más grandes cantidades de la mucha clase que atesora.
No fue un set extenso como en otras ocasiones que hemos tenido la suerte de verles. En sus propias palabras: “pequeño y concentrado, como Ron Jeremy”. Entonces le llegaría el turno la habitualmente catártica “Medicine Man”. Y esta vez, a falta del habitual baño en champán, esta vez inalámbrico en mano, «Aerolíneas» Michael Arthur Long saltó a la hierba de Pravia para perderse entre el público, convertir a los fotógrafos presentes en Usain Bolt e incluso subirse a los contenedores de reciclaje. Todo para después coger algo de aire en “Strangers & Fools” y desembocar, ya sin frenos, en la habitual revisión del “Highway Star” de los Purple. Un show de menos a más que agradó a propios y a buen seguro sorprendió a extraños.
Synlakross, banda valenciana de death melódico y metalcore acudió a tierras pravianas con la certeza de ser la propuesta más perpendicular de todo el cartel. En formato cuarteto tras la ausencia de Iván Muñoz a la guitarra rítmica y con la magnética Patricia Pons al frente, vinieron a pelear por lo que era suyo. Mentiríamos si dijéramos que la respuesta del público fue calurosa. Por momentos, de hecho, resultó casi gélida.
Y dio igual porque temas como “Pitch Black” convencen al más pintado. Bien es cierto que los valencianos no son ajenos al uso, a ratos ingente, de incontables bases pregrabadas. Pero no es menos verdad que arriba del escenario se dejaron la piel como pocas bandas que hayamos podido ver a lo largo de este año. Algo a lo que ayudó en gran medida el buen sonido del que disfrutaron. Me atrevería a decir que el mejor de la jornada junto al trío catalán The Lizards.
Los esfuerzos de Pons por sacar del letargo al público fueron constantes a lo largo del set. También las múltiples bombas de sonido que acentuaron muchos de los breakdowns. Finalmente y gracias a cortes como “Fatal Frame” o “Last [Tour] Requiem”, supieron como ganarse su hueco en el subconsciente del tantas veces impasible y frío público astur.
Comparado con la anterior edición del evento, el aspecto del recinto era algo desolador cuando las cabezas de cartel, las suizas Burning Witches, se subieron al escenario pasadas las once y media de la noche. Acudían a la cita con dos presentaciones bajo el brazo: una la de su nuevo trabajo “The Dark Tower”, del que ya dimos cumplida cuenta hace escasas fechas, y otra su flamante nueva guitarrista, la filadelfiana Courtney Cox (The Iron Maidens).
Así pues y tras casi cuarenta minutos de espera, con la puesta en escena más pintona de la jornada con ese gran telón con la portada del nuevo álbum e intenciones claras de salir victoriosas, intro y “Unleash The Beast” para dar buena cuenta del momento que atraviesan. Laura Guldemond defendió sus líneas de voz con corrección y sin alardes, tratando (a veces en vano) de meterse a la audiencia en el bolsillo. No siempre lo consiguió.
Lo cierto es que la banda al completo se mostró tan conjuntada y firme como se les exigía. Lo que está en cuestión sin embargo es un cancionero que, a ratos, acusó de una marcada linealidad. Por ahí “World On Fire” se elevaría sobremanera con respecto a su versión de estudio, mientras que otras ofertas como “Evil Witch” y pese a su hipotético gancho, pasarían sin pena ni gloria por el festival praviano. Al final del set nos sobrevoló una sensación de fría, mecánica y desangelada corrección. Las comparaciones con otras bandas foráneas de heavy metal que han visitado la región en los últimos meses son ahora odiosas.
En cualquier caso y tras la habitual espantá posterior al show del cabeza de cartel, el trío catalán The Lizards (Edgar Beltri a la batería, Judith Jordan en bajo y coros, Carla Santacreu en voz y guitarras) saldrían a demostrar que nada como una buena ración de rock and roll adrenalítico y punzante para mantener despierto y alerta a todo personal presente.
Y no lo tendrían para nada fácil. Primero porque como comentó la propia Santacreu, venían de tocar ese mismo día en Aranda de Duero. Solo para que conste, más de cuatrocientos kilómetros separan ambas localidades. A veces parece que el rock todo lo puede.
Pero para mayor desgracia, una de las seis cuerdas de la preciosa SG blanca de Carla apenas aguantó el envite unos pocos segundos, aguando en parte el inicio de un show que, entre unas cosas y otras, apuntaba al desastre. Es aquí donde cabe destacar la manera en que ninguno de los inconvenientes arredró al trío. Contra viento, marea e incluso algún que otro improperio, qué sería de un festival sin alguien jodiendo la marrana a altas horas, la banda radicada en Barcelona sacó adelante el show no sin antes dedicar “Dead City”, de su “Fake Reality” de 2022, a esos pequeños locales “que hacen escena” tan necesarios resultan para toda banda que se precie. Hoy más que nunca.
The Lizards serían finalmente, hagan el favor de perdonarme el anglicismo, el verdadero underdog del Rock Nalón en su edición de 2023.
Fiasco es una palabra muy fea. No nos gusta emplearla y menos cuando pudimos ver shows entre buenos y muy buenos. Pero el bajón de público con respecto a la anterior edición del evento fue más que evidente. Una pena porque nos consta lo mucho y bien que la organización trabaja a lo largo del año para sacar adelante el festival. Un trabajo que, por titánico, no podemos alcanzar siquiera a imaginar los quebraderos de cabeza que acarrea. Centrándonos en lo positivo, el buen sonido que desplegaron las cinco bandas participantes. El deje clásico de In-sanity, la pujanza de Drunken Buddha, la potencia de Synlakross, la elegancia de Burning Witches y la adrenalina de The Lizards bien daban para una mayor venta de tickets. Nada más queda desear que éste sea solo un paso atrás para coger impulso y a la edición de 2024 estemos comentando lo mucho que ha crecido el Rock Nalón en doce meses. Sea como sea, tened por seguro que aquí estaremos para contároslo.
Finalmente no queríamos cerrar esta crónica sin mandar un caluroso saludo a todos los fotógrafos, músicos, redactores y buenos amigos con los que nos fuimos cruzando a lo largo de la jornada. Como suele decirse: ya sabéis quienes sois. Nos vemos en el siguiente.
El próximo sábado 19 de agosto la 9ª entrega del festival Unirock abrirá sus puertas al medio día en su localización emblemática, la explanada del puerto de la localidad costera asturiana de Puerto de Vega. El arranque oficial tendrá lugar a las 13:00 horas con la sesión vermut amenizada por Blister, en su habitual repaso a los clásicos del rock.
Tras un descanso para coger fuerzas, a las 16:30 horas dará comienzo el clásico e itinerante tributo al rock nacional e internacional, sin duda el sello del festival, a través de un escenario móvil que recorrerá diversos puntos de la localidad hasta llegar a las 20:00 horas a la explanada del puerto, lugar donde se realizará propiamente el festival.
El comienzo de las actuaciones tendrá lugar a las 20:30 horas con La Tarrancha como protagonistas, a las 22 horas llegará el turno de Vhäldemar, Saratoga como cabeza de cartel actuará a partir de las 23:30 horas y cerrarán las actuaciones en el escenario principal Escuela de Odio a eso de la 1:30 horas. Entre concierto y concierto seguirá el tributo al rock que será el encargado de poner colofón al festival hasta altas horas de la madrugada.
La tercera y última etapa del festival arrancaba con el anuncio de la caída del cartel de Nestor, que serían sustituidos por los murcianos 91 Suite, estandarte del rock melódico nacional. Cartagena se encontraba engalanada para recibir a la banda más grande del rock y en el ambiente se palpaba que la ciudad viviría una noche para el recuerdo. Tras dos jornadas de completo éxito rondando los 20.000 asistentes por día, el domingo se presentaba con expectativas de superación arrancando con la formación italiana Siska, prácticamente desconocida por estos lares a tenor del poder de convocatoria que demostraron, como encargada de dar inicio a la velada con una apuesta por el hard & heavy de género que no levantó pasiones pero cumplió sobradamente con la función encomendada. Turno a continuación para sus compatriotas Frozen Crown, habituales en los últimos tiempos en nuestros escenarios, despacharon un enérgico power metal ante una audiencia más numerosa. Con la vocalista Jade Etro como punto focal, los cambios en la formación no han mermado su intensidad en escena siendo recompensados con la aprobación y aplauso de los cada vez más asistentes al Parque El Batel.
91 Suite tuvieron que lidiar con un sol abrasador y la difícil papeleta de suplir a Nestor. Los suecos eran uno de los principales alicientes para los amantes de los sonidos ochenteros y la inoportuna sinusitis de su vocalista había colocado a los murcianos en el punto de mira. Sobrados de clase y tablas, al igual que el pasado año ejecutaron un show sobrio, deslucido en algunos momentos por caídas de sonido en el micrófono de Jesús Espín sin llegar a la tragedia. Sorprendieron con una fiel revisión de “Animal” de Def Leppard que sorprendió y agradó a partes iguales. Cuatro años después de su última visita regresaba el prolífico Ronnie Romero a España con su última muesca en el revolver, Elegant Weapons junto a Richie Faulkner. Se notó al chileno encantado del regreso, comunicativo y en un estado vocal superlativo, no así el resto de la banda, más estáticos, parcos en gestos y centrados en realizar una ejecución mecánica y exacta. Desgranaron su ópera prima incluida el “Lights Out” de UFO que contiene para despedirse con “War Pigs” de Black Sabbath metiéndose al público en el bolsillo y con ganas de más.
Los eurovisivos Lordi tomaron posesión de un escenario a su imagen y semejanza. Customizado con su liturgia y parafernalia ofrecieron una buena puesta en escena mermada en varias fases del show por la excesiva cantidad de humo disparada, que llegó a ocultar a parte de la banda. Si Elegant Weapons se nos fue en un suspiro, los fineses dieron la sensación de ofrecer un concierto repetitivo y demasiado extenso que tendría como punto álgido “Hard Rock Hallelujah” coreada por la mayoría de los presentes. De la teatralidad se pasó en apenas unos minutos al virtuosismo más distinguido, el trio Winery Dogs destila tanta técnica y elegancia como estoicismo Richie Kotzen. Sin apenas comunicación con los presentes, para eso ya está Portnoy, avanzaba su tiempo hasta un parón forzoso por problemas técnicos en “Hot Streak” que retomarían justo donde la habían pausado, hasta en eso tienen clase. Se despidieron tras una brillante masterclass de un público que esperaba ansioso a los reyes del festival.
Cuarenta minutos de impaciencia hasta que la megafonía presentó a la banda de rock más grande del planeta dispuesta a ejecutar su último concierto en España, aunque quien sabe si hasta que presenten su próximo tour, que todos sabemos como se las gasta Gene Simmons. La entrada en escena espectacular, con la banda al completo bajando en plataformas aéreas desde la parte superior a la base del escenario mientras pirotecnia y fuego artificiales iluminan la noche cartagenera. Un espectáculo único, ejecutado con la precisión del mejor reloj suizo. Plataformas que elevan a los componentes, guitarras que disparan a dianas colocadas en las alturas, el viaje de ida y vuelta en tirolina de Paul Stanley a la torre de sonido mientras cae un himno tras otro no tiene rival, como confirman las reacciones de una alucinada audiencia que no da crédito a lo que su ojos presencian. “Rock N’ Roll All Night” pone punto final a su concierto y a la guitarra de Paul Stanley, hecha añicos antes del regreso de la banda al olimpo de los dioses bajo una nueva descarga de fuegos de artificio. Llegaron, vieron y vencieron.
Los encargados de cerrar la segunda entrega del Rock Imperium serían los renovados Skid Row ahora con Erik Gronwall a la voz. El ex H.E.A.T. ha tomado la tarea de acabar con las inevitables comparaciones con Sebastian Bach por los cuernos y demostró que es un debate cerrado. Nadie diría que ha superado una forma aguda de leucemia tras la demostración vocal y entrega física que realizó como colofón al festival. Basaron su repertorio en lo que deseaba la nutrida representación de metalheads que mantuvieron tras la huida tras Kiss, sus dos primeros álbumes. Con “Slave To The Gind” ,“Monkey Business” o “18 & Life” como banda sonora, no hubo mejor manera de arrancar el lunes y poner el broche de oro a un Rock Imperium que superó las cifras del pasado año, mejoró muchas de sus carencias y nos emplaza a regresar a Cartago Nova para otra edición que sin duda colmará las expectativas de los amantes del hard rock y heavy metal clásico.
La nueva entrega del festival avilesino La Mar De Ruido desvela sus horarios oficiales. Con acceso libre, el inicio de los conciertos será a partir de las 21 horas en su ubicación habitual, el parque del muelle de la localidad costera asturiana. Estos es el reparto de tiempo para Larry Campbell y Teresa Williams, Carlos Varela, Wolffather,Juaco Vil y Los Percances, Ñu, Ana Curra, Madera Rock y Winchester.
Viernes 11 de Agosto 21:00 Wolffather 22:00 Ana Curra 23:30 Ñu 1:00 Winchester
Sábado 12 de Agosto 21:00 Juaco Vil y Los Percances 22:00 Carlos Varela 23:30 Larry Campbell & Teresa Williams 1:30 Madera Rock
Tras recuperar fuerzas con una visita a la cofradía de pescadores y degustar la exquisita gastronomía local, tocaba poner rumbo de nuevo al Parque El Batel para afrontar una segunda jornada de marcado acento melódico y hard rockero. El combo serbio The Big Deal era el encargado de abrir fuego, muy apropiada la acepción si tenemos en cuenta el calor reinante en Cartagena ese sábado. Con una merma importante de público en comparación con la jornada anterior a esa misma hora, defendieron con soltura su álbum debut presentando a Ana Nikolic y Nevena Brankovic como punto focal de una formación que contó con la participación del pluriempleado Alessandro Del Vecchio al bajo.
Buen aperitivo antes de disfrutar de uno de los conciertos destacados del día, y es que la británica Chez Kane, con una imagen claramente inspirada en los años 80, se ganó muy pronto a la audiencia con su simpatía, carisma y entrega sobre el escenario. Bajo un sol de justicia una buena legión de fieles disfrutó del espectáculo ofrecido por una artista destinada a ser próxima referencia dentro del estilo melódico. Se despidió con el anuncio de su regreso a los escenarios estatales para principios del 2024.
La decepción de la jornada estaría protagonizada por la formación sueca Metalite. Muchas pistas pregrabadas que no entraban a tiempo, un sonido intermitente por momentos y una más que evidente similitud con bandas como Within Temptation o Amaranthe lastraron su actuación a pesar del empeño de la banda por agradar. Una de las sorpresas de esta entrega del Rock Imperium fueron sin duda The Night Flight Orchestra, proyecto paralelo de Björn Strid y David Andersson de la formación sueca de death metal Soilwork. En las antípodas de la banda madre, se mueven como pez en el agua por el aor, el rock progresivo incluso el pop desfilando durante su actuación por nuestra subconsciente nombres como Abba, Supertramp o Journey. Una gran puesta en escena, tanto en su vestimenta como tripulación de vuelo, la importante aportación de las azafatas a los coros y constante conexión con la audiencia, sorprendieron a un público muy receptivo a su original propuesta. H.E.A.T. salieron a escena dispuestos a no guardarse nada. Liderados por un infatigable Kenny Leckremo aguantaron las embestidas de un sol implacable sin dar tregua un tema tras otro. Arengando a los congregados en un más que correcto castellano fruto estancia en España como parte del espectáculo musical History Of Rock, Leckremo se coronó como uno de los mejores frontman del festival, corriendo, saltando o agitando su melena para disfrute de los cazadores de instantáneas apostados a pie de escenario. Sentaron sus credenciales como futura banda grande y relevo para nombres ilustres del género.
Europe repetía participación en el festival y volvieron a dejar patente la gran clase que atesoran. Una auténtica masterclass la protagonizada por la madurez de un Joey Tempest aferrado a su pie de micrófono blanco. Sabe meterse al público en el bolsillo con píldoras directas al corazón a través de imprescindibles clásicos de su discografía y para los más exigentes, con gestos y guiños hacia su gran amigo David Coverdale, impagable ese pedazo de “Here I Go Again” intercalado en “Superstitious”. Cerrar con “The Final Countdown” volvía un año después a poner a sus pies Cartagena.
Con un recinto al borde de su aforo llegaba el turno de Deep Purple, la formación más esperada del día. La primera banda confirmada en esta segunda entrega del Rock Imperium es por derecho propio referencia de la música universal y pilar sobre el que han crecido y evolucionado estilos desde hace más de 50 años. Si bien su actuación creó controversia al no acercarse a las 2 horas de duración programadas, su desempeño e interpretación convalida cualquier tara. Ian Gillan, Ian Paice, Roger Glover y Don Airey superan los setenta años y es de agradecer su envidiable estado de revista con interpretaciones aún dignas de temas tan exigentes como “Highway Star”, “Space Truckin” o “Black Night”. Maestros de maestros dejaron para el recuerdo un viaje sonoro por la trayectoria de una de las bandas más grandes de la historia.
De nuevo una banda progresiva volvía a cerrar el programa del día, en esta ocasión los suecos Soen, liderados por Martín López, otrora batería de Opeth. Llamados a ser una de las bandas estandarte del estilo, demostraron ser ya una realidad gracias a una ejecución perfecta, melódica y envolvente. Acortaron varios minutos su set cerrando la noche antes de lo que esperaban el buen número de fans que aguantaban de pie en una jornada de nuevo marcada por el calor.
Como puntos destacados en el tercer escenario dos bandas nacionales Bloodhunter y sobre todo Crisix congregaron a una más que respetable cantidad de acólitos dejando sus credenciales como futuros inquilinos de escenarios de mayor calado.