No ocurre todos los días que una verdadera súper banda como Drink The Sea elije Oviedo como presentación oficial de su álbum debut, un disco doble y homónimo que veía la luz el pasado mes de noviembre. Con una formación que integra a gente como Alain Johannes (Queens Of The Stone Age, Them Crooked Vultures), Peter Buck (R.E.M.), Duke Garwood (Mark Lanegan, Savages), Barrett Martin, (Screaming Trees), Lisette Garcia y la bajista Abbey Blackwell y la Sala de Kuivi Almacenes como testigo, estas son, a grandes rasgos, nuestras impresiones de un set que se iría por encima de las dos horas de duración.

Y que da inicio, tras las presentaciones por parte de Alain Johannes, con “Shaking For The Snakes”, y un aire casi medio oriental imbuyendo cada verso. Finalmente no gozamos de las proyecciones del cineasta Tad Fettig, pero la amplísima gama sonora que desarrollaron, acabó por cautivarnos igualmente. Duke Garwood, figura tranquila donde las haya, toma el micro en estos primeros compases. El de Kent nos ofreció, desde su afectada parsimonia, su característico y profundo registro. Aquí Barrett Martin se reservó un momento para comentar varios entresijos del debut. Luego ellos enfrentaron “Saturn Calling”, con el igualmente tranquilo Peter Buck inundándonos de aires floydianos desde su preciosa Rickenbacker.

Había sido un buen inicio de set. Buen sonido con el que se desarrolla la descarga, con Johannes echando mano del slide en “Outside Again”. Entre el marcado registro de Garwood y los ecos más country que dibujaban, a ratos, si se me permite el sacrilegio, me venían a la mente los Swans de Michael Gira. En cualquier caso, su sonido es un gran concentrado de influencias y matices. La amplia formación ayuda. En especial con los detalles leves, y a la vez ineludibles, que dejaba la mexicana Lisette Garcia tras el vibráfono. Garwood abandonaría entonces la guitarra para, clarinete mediante, ofrecer otro prisma más a la velada. Toda una panoplia sonora, un universo vasto y a la vez tranquilo, sin mayores sobresaltos, fluyendo de una manera muy especial, muy personal.

Y es que de pronto, en “Bembe For Two” parecen estar conversando con los mismísimos King Crimson, imbuyéndose también de una cierta psicodelia, trazando contornos alucinados en el interior del Kuivi. En “Embers”, Buck abandona la eléctrica por la acústica, Abbey Blackwell el bajo eléctrico por el contrabajo y Drink The Sea se conducen a uno de los momentos más calmos de la jornada. La tensión, cuenta el tópico, se podía cortar con un cuchillo. Hubo momentos en que pensé en Eddie Vedder, pero no tanto en Pearl Jam sino en algunos de sus trabajos en solitario. En especial aquél para el film de Sean Penn “Into The Wild”. Alain Johannes chileno estadounidense él, ejercía de maestro de ceremonias. También de nexo entre un público hispanohablante y una banda mayoritariamente anglófona. Y Buck, siempre tan hierático, tuvo a bien regalarle una púa a una niña de las primeras filas, que es desde luego el rango de público al que más hemos de cuidar y proteger.

De aquí en adelante cabe un rock algo más vivaracho, “Spirit Away”, con el bueno de Johannes en voces. Y con el batería Barrett Martin ahora tras el vibráfono, o una “Mouth Of The Whale” con Drink The Sea en su encarnación más misteriosa y a la vez lisérgica. Desde luego, a ratos, impresiona el gran abanico de influencias que manejan. Y cómo se las arreglan para que, aún así, la descarga resulte extrañamente homogénea, en todo momento coherente. Incluso cuando los aires más desérticos de “Paredes” (en memoria del compositor portugués Carlos Paredes) desbordan en la Sala. Peter Buck echaría mano de nuevo de su eléctrica. Y la banda encararía entonces la recta final. Un largo epílogo donde cupo casi de todo. Desde el cariz ciertamente alucinatorio de “Butterfly” al bajo que rezuma distorsión en la más grave “Sweet As A Nut”.

Johannes nos anuncia entonces que restan tres cortes para el final. El primero resulta “Making A Cross”, que el chileno estadounidense compuso para Mark Lanegan, y que el viernes ofreció un deje casi grunge. La segunda sería no otra que “The One I Love”, única concesión del set (salvo despiste del abajo firmante) a los R.E.M. de Peter Buck, muy celebrada, no cabía esperar otra cosa, y el cierre con “Hanging Tree”, original de unos tales Queens Of The Stone Age en su mayor pico de popularidad hasta la fecha. Más dos horas de set. Un universo en gran medida tranquilo, pero de una vastedad sónica tal que no quedó otra que rendirse.

Fue primero una sorpresa, cuando saltó la noticia el pasado día 17, y después un privilegio el haber sido testigos de un show tan especial. Viene bien, además, salir de la zona de confort (musical) de vez en cuando, máxime si es para enfrentar (es un decir) a músicos de calibre semejante. El futuro que depara a la formación multinacional, no lo acierto a vislumbrar, pero quizá haya sido la primera y también última vez que podemos disfrutar de sus evoluciones, como quien dice, al lado de casa. Agradecer por tanto a la buena gente del Kuivi el trato y las facilidades, mandar un saludo a los habituales de siempre y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz










