Reseña: Killdozer «Merciless Violence» (The Fish Factory 2026)

Facu y David en guitarras, Leo en baterías, Gonzalo al bajo y Ángel en voces conforman Killdozer, quinteto sevillano de rugiente thrash metal, y que acaba de editar vía The Fish Factory su segundo largo “Merciless Violence”, producido por la propia formación sevillana y con Leo Peña (Jotunstudio) encargado de grabación, mezcla y master.

怒る (Okoru)”, con colaboración a las teclas de Valeria Gassol, ofrece una pequeña dosis de calma antes de que los chicos desaten la tormenta. Sin obviar un (pienso que indisimulado) deje a unos Slayer del “South Of Heaven”, todo desemboca en un tema título, “Merciless Violence”, que desde luego viene a hacer honor a su nombre. Violencia despiadada la que proponen aquí, con un registro, el de Ángel, lindante con el metal extremo. Directos y sin ataduras, bordeando el speed metal más cerril y acelerando camino de estribillos. Me funcionan esos engarces entre las distintas partes. Riffs concisos, sin complicaciones pero con gancho. Es después que la banda equilibra ese nervio con un avanzar más pesado, más thrash, para desembocar en un buen primer solo de guitarra. Receta clásica, qué duda cabe, pero de lo más funcional.

Apostada en ese thrash más pesado, destilando un groove más marcado, “For Your Nation” hace por extraer la cara más técnica del quinteto. Tanto en esa pesadez inicial como en esas andanadas más violentas de las primeras estrofas, con ese aire a los primeros Dark Angel. Brama Ángel al micro, pero si alguien brilla sobremanera aquí es Leo Losada. En la velocidad y también en los cambios de ritmo, me parece que está trazando una línea de batería no poco hábil. La producción de su tocayo es todo lo orgánica y sucia que cabe esperar de un álbum de thrash como este. Incluso caben pequeños dibujos de Gonzalo desde el bajo. Directa e intrincada a la vez, culminada en una sección solista de lo más pintona. Pesadez del prólogo al margen, son casi seis minutos de agresión sin descanso. Bien trazada y, pienso, mejor ejecutada si cabe.

Después llega “Concrete”, corte más extenso de los ocho, y que parte desde un prólogo, reposado y tranquilo, que no le anda muy lejos a los ídem de unos Metallica post “Death Magnetic”. La banda opta ahora por una mayor calma, con el bajo de Gonzalo altísimo en la mezcla. Tras ese metal más apaciguado, surgen por igual el Ángel más grave y los Killdozer más directos y rotundos. Incansable Leo tras baterías y una buena construcción de esas primeras estrofas. Por contra, pueden no ser estos los estribillos con más gancho de todo “Merciless Violence”. Lo que no les falta, en cualquier caso, es la obligada carga de agresividad y, sí, violencia. De ahí en adelante me agrada cómo conjugan una vena más próxima al speed metal con su habitual thrash zapatillero. La sección solista, nada comedida y que parece conducirse sobre un cierto caos, en cierto modo me recuerda al tristemente desaparecido Jeff Hanneman. No da nombre al disco pero, desde luego, pasa por ser la composición más ambiciosa del mismo.

No Salvation”, en cierto modo, resulta más terrenal, algo más ordenada. David y Facu están trazando riffs con gancho en esas tempranas estrofas, que vendrán a contrastar con otros más veloces en estribillos. Un clásico juego entre nervio y pesadez, bien equilibrado y con toda la pinta de funcionar como un tiro en directo. Otro solo, lejano de cualquier viso de cordura, acoge su tronco central. La sorpresa llegará en el epílogo: el cambio de idioma, el contraste entre voces y ese groove nada disimulado. Llamativo, cuanto menos.

Call Of The Void”, que “怒る (Okoru)” al margen pasa por el tema más rácano de los ocho, propone, claro, a los Killdozer más directos. Más intensos que rabiosos en estrofas, llevados siempre por la firme batería de Leo Losada. El trazo, con el (estupendo) solo colocado en el corazón mismo de la composición, de nuevo puede pecar recurrente, máxime tratándose de un álbum de thrash metal. No esconde, de todos modos, la eficacia de sus riffs ni ese registro en voces (a ratos) un tanto más limpio. Puro nervio sevillano.

No cambia mucho el cuento para esta postrera “The Black Cell”, pero ayuda el que venga apoyada en una gama riffera con tanto gancho y pegada. Hay voces muy encabronadas aquí, eficaces cambios de ritmo y partes a puro blast beat. Un corte apenas por encima de los cuatro minutos pero capaz rebelarse como una composición diversa aún en ese discurso tan directo y frontal. El buen solo que ocupa su tronco central, me resulta la guinda perfecta. Me gusta la forma que le dan a esas exhibiciones solistas, máxime en unos tiempos, lo he dicho muchas veces, en que parece premiarse el solo breve y contenido. Killdozer, en esto como en otras tantas cosas, parecen jugar a la contra.

La final “Hell On Wheels” cierra desde un prólogo tranquilo, calmado, que bien podría recordar a los Pantera más bajos de revoluciones. Luego y toda vez la distorsión lo inunda todo, esta octava entrega se descubre como otro de esos cortes atractivos desde el papel. Diverso en cuanto a ritmos, tejido entre riffs que fluctúan entre el groove y la pesadez para desembocar en un mayor nervio. Todo ayuda a construir otro corte llamativo, que lo mismo me recuerda a Anthrax en esas partes con el bajo altísmo en la mezcla que a unos Exodus (eras Rob Dukes). Una despedida en la que queda la impresión de que la banda ha disfrutado como nunca.

En uno de los discos de thrash estatal más cerriles que han alcanzado estas líneas, y a día de hoy ya son unos cuantos, Killdozer han hecho y no poco por plasmar toda su sapiencia técnica. Está presente en muchos de los riffs sobre los que construyen las canciones. También en unos cuantos solos. Por contra, cierto es que hay temas de trazo algo predecible. Pero cuando se atreven a buscarle las cosquillas al género, aciertan con cortes como “Concrete” o “For Your Nation”. Voces rabiosas, el pequeño guiño crossover de “No Salvation” o esa dupla inicial tan resultona. Un álbum tan sutil como calmar un incendio derramando barriles de keroseno.

Texto: David Naves

Reseña: Balsa De Piedra «Vanitas» (The Fish Factory 2026)

Gótico sureño el que hoy nos llega de la mano de The Fish Factory. El quinteto sevillano Balsa de Piedra concita hoy nuestra atención con un segundo largo al que otorgan el nombre de “Vanitas”. La banda se compone de la dupla Moisés Hidalgo & Ángel M. Ramírez en guitarras, la base rítmica del bajista Raúl Schilperoort y el batería Manuel Juscar (al mando también de los sintes) y la voz de Juan Ríos (quien también corre con la maquetación y el arte). Esta segunda obra vino al mundo de la mano de Leo Peña en el Jotun Studio y cuenta con las colaboraciones de Cristina Serrano (voces en “Ad Astra”) y Miguel Palou (violín en “Finis Gloriae Mundis”).

Me gusta todo cuanto tiene de orgánico la introducción “Omnia Vanitas”. Breve, concisa incluso, apoyada en unas guitarras que, de inmediato, nos sumergen en el tono general de la grabación. “Soma” arranca después, y lo hace con una cierta calma. Es el corte más largo de los diez, procurando una escritura que parte desde ese quejumbroso bajo del prólogo hacia una composición de lo más diversa. Aquí me engancha el riff, con ese inequívoco deje a lo Black Sabbath, amén de un aspecto vocal adherido a esas fuertes influencias góticas del quinteto. Una mayor grandilocuencia acoge a los estribillos. Asimismo, me agrada el solo que sigue por cuanto éste tiene de atmosférico dentro de la grabación. Un corte lleno de contrastes, tejido sin prisas, bien armado. El aspecto lírico puede despistar a más de uno. En mi caso, y no descarto vaya a ser el único, me recuerda al segundo largo de mis paisanos Narwhale, salvando cuantas diferencias hay en lo musical entre unos y otros. El buen solo que antecede al epílogo apuntala la que, pienso, es una más que llamativa dupla inicial.

In Vino Veritas” toma entonces un rumbo más vivaracho, recogiendo un sonido algo más Type O Negative y mostrando por el camino una construcción más tradicional. Un corte con corpus de single, donde la banda transita un camino más acomodado, de mayor enganche con el común de los mortales, apoyado en una producción diáfana, bien equilibrada y con un Juan Ríos ahora en tonos más altos. Quizá no alcance a desprender aquella sensualidad arrebatada (a veces humorística, a otras totalmente autoconsciente) del tristemente desaparecido Peter Steele pero un corte que me engancha en cualquier caso.

La caverna” me engancha ya desde el mismo prólogo. Es un arranque pleno de atmósfera, tenso, que destapará luego, como ya hiciera “Soma”, la cara más doom de los sevillanos. De nuevo creo que el riff en que apoyan este metal más pesado tiene enjundia suficiente. Quizá no encuentre el mismo peso en aquél que conforma los estribillos. En cualquier caso, me agrada mucho su aspecto lírico aquí…

Arde la piedra por la tiranía de la gravedad. Carne y cadenas es la geografía de la soledad

… así como unos arreglos que le otorgan una personalidad muy especial a esta cuarta entrega. Hay ideas aquí que bien podrían tener cabida en álbumes de gente como Paradise Lost o My Dying Bride, convenientemente tamizadas por la particular personalidad de la banda. En el tramo final, por contra, todo parece recoger un aire más cercano a unos Héroes del Silencio, con ese ritmo más vivaracho y, muy especialmente, esa interpretación de Juan Ríos, no muy lejana del ínclito Enrique Bunbury. El broche final, por contra, llevará a Balsa de Piedra hacia su vertiente más nerviosa y trotona. Ni que decir tiene que otra de mis favoritas.

El prólogo de “Estatua de Sal” busca ahora un tiento más melódico en guitarras. De nuevo un corte vivaracho, con un pie dentro del gótico y otro en el doom más casual. Me gustan mucho estas primeras estrofas. La desnudez inicial, los buenos riffs que enseñan después. Por ahí vuelve a sobrevolar esa influencia tan Héroes. El estribillo creo puede ser uno de los más efectivos de todos cuantos la banda introduce en “Vanitas”. Después de todo, ha sido otra de las cartas de presentación de este segundo largo. Engancha sin tampoco resultar manido. Con eso y con todo, echo en falta un solo que termine de apuntillar ese paso al epílogo. O tal vez no. Y es que al fin y al cabo: “… no hay nada tan bello como una ruina”.

Alter Ego” es otro de esos cortes que vienen a amplificar el rango sonoro del álbum. Tiene un arranque taimado, casi lindante con el post-punk más al uso, que más adelante dará paso a unos estribillos con Juan Ríos muy seguro en los tonos más altos. Brilla en todo momento el bajo de Raúl Schilperoort. Tanto en la pura demostración técnica como a la hora de acompañar las partes más calmadas. También mientras ofrece apoyo a la estupenda sección solista del tramo final. Entre medias una letra intimista (“vagabundo dentro de las fronteras de la piel”) y uno de los cortes que más llama mi atención en lo que a producción se refiere. Para nada un single al uso y, sin embargo y en un gesto que, creo, dice mucho de ellos, fue una de las cartas de presentación de este segundo largo.

Un segundo esfuerzo al que da nombre esta “Vanitas”, que amenaza con una mayor oscuridad durante el prólogo, procurando que supure la cara más doom del quinteto. Apenas un pequeño guiño antes de que aparezcan los Balsa de Piedra más vivarachos. En esas partes más vivas, el de Candlemass puede ser un nombre recurrente. Pero el corte aún acogerá después un mayor nervio, con un esforzado Manuel Juscar tras baterías. Una de las canciones más diversas en cuanto a escritura se refiere, que rima con el doom más casual sin que ello signifique perder colmillo. Aún cuando me agrada, sí siento que alguna que otra idea que irrumpe aquí bien merecía algo más de desarrollo.

“Ad Astra”, con colaboración de Cristina Serrano en voces, vuelve a fluctuar entre el gothic y un cierto aire post-punk para conformar un corte sobrado de gancho. Armado con buenos estribillos, Juan Ríos está de lo más elegante aquí, la banda no teme irse a una duración mayor, algo que permite a la composición desperezarse y respirar. Por contra, sigo pensando que los coros del puente, algo atenuados en la mezcla final, merecían algo más de punch. Por contra, me agrada en buena medida el solo que surge a continuación. No me desagrada en ningún caso pero bien es cierto que congenio en mayor medida con otros cortes dentro del disco.

Años de Dolor” es un interesante juego entre la balada y el medio tiempo, de construcción clásica, muy funcional, donde lo mismo uno encuentra ecos (lejanos) de Sôber que a Juan Ríos en una de sus interpretaciones más efervescentes. En contraste surgen guitarras leves, con Raúl Schilperoort brillando una vez más desde el bajo. Puede que queden “años de dolor hasta alcanzar el reino que se nos prometió”, pero qué duda cabe que ese vagar por el “desierto de la desolación” se hace más llevadero con cortes como este. Ojo al cambio de tono final.

El cierre es para “Finis Gloriae Mundis”. Un corte de inicio tenso, destacado por el violín de Miguel Palou, y donde la banda juega ahora sobre una batería electrónica (si mis oídos no me engañan) para construir, finalmente una última entrega profundamente llamativa. Oscura a su manera, de voces que a veces son poco más que un susurro, mientras Juan Ríos ofrece su interpretación más flamenca (de nuevo, salvando las distancias) de todo “Vanitas”. El solo de su tramo final, y que a ciertos rasgos me recuerda al inalcanzable Guthrie Govan, no podría funcionar mejor. Estupendo cierre, si me preguntan.

Un buen segundo disco el de los sevillanos. No son muchos los álbumes de gothic rock/metal que nos llegan pero, siempre que lo hacen, parecen albergar no poca calidad. Balsa de Piedra han ofrecido un segundo largo repleto de buenas composiciones, grabado (aparentemente) con no poco mimo y donde el leit motiv principal parece el de construir buenas canciones por encima de cualquier otra consideración. El solo hecho de que algo como “Alter Ego” fuese elegido como uno de los adelantos creo que habla y no precisamente mal acerca de esto. Cabe destacar además el libreto tan elegante que acompaña al CD, en esto no acostumbra a fallar la buena gente de The Fish Factory, remate perfecto al ramillete de buenas canciones que el quinteto ha sacado adelante.

Texto: David Naves

Reseña: Leather Boys «Lysergic Motel» (The Fish Factory 2026)

Que no hay quinto malo, dicen. “Lysergic Motel” trae de vuelta a Leather Boys tras los fastos de su XX aniversario. Leather Rose (voz y coros), Leather Skelter (batería y coros), Leather Sex (guitarra y coros), Leather Latin Lover (bajo y coros) y Leather Dirty Duke (guitarra y coros) conforman la actual alineación de los asturianos. El álbum se grabó en los Tutu Estudios entre 2025 y 2026 con Olaya Camilo a los mandos y posterior mezcla y masterización de Sergio Tutu. Finalmente, artwork y diseño corrieron a cargo de Javier Gómez Bobes y la foto de la banda fue obra de Titto Velusi.

B.D.S.M.” ocurre en un suspiro. Ni dos minutos de la cara más desenfadada, más punk, incluso me atrevería a decir que más libre de la banda asturiana. Con un Leather Rose de lo más gritón y unos coros del Leather Choir pero que muy bien tirados. Toda una llamada a las armas.

Aunque “Haircut & Attitude” parece tener más enjundia. Porque crece en duración pero también porque carga con uno de los riffs que más y mejor me han funcionado de todo el largo. Fieles a ese hard hedonista que tanto han afilado durante más de veinte años. Un corte directo, creo que bien construido y de los que parecen invitar a desgañitarse en su traslación al directo. Que en eso siempre aciertan y esta vez, con toda la experiencia adquirida, no iba a ser menos. Tanto el puente como el duelo solista que sucede a continuación me parecen estupendos.

Leather Skelter marca el paso tras los parches en esta “Crush On You”. Compone una más que interesante línea de batería en otro corte vivo, agradable, bien construido, donde parece caber de todo. Ese rollo hard angelino de finales de los ochenta en coros, palmas, buenas melodías de guitarra bajo estribillos. Es uno de esos cortes que, reza el tópico, más peso van ganando con el correr de las escuchas, amén de uno de los más equilibrados en cuanto a producción y mezcla. Sergio Tutu, desde luego, conoce bien a la banda y sabe, de sobra, cómo exprimir lo mejor de cada uno. Altamente pegadiza.

Sonic Love”, a la sazón composición más extensa de todo el álbum, se atreve con un tono más a lo The Cult para ofrecer otra de las muchas caras de estos Leather Boys. Otro riff con gancho y un Leather Rose dejando estrofas marca de la casa. El propio Sergio Tutu suma teclas aquí y el corte gana por ahí una cierta distinción. Me agradan esos solos a modo de engarce entre estribillos y estrofas. También la línea de bajo que Leather Latin Lover ha trazado aquí. Tal vez al puente se le podría haber sacado algo más de jugo. Sea como fuere otra de mis favoritas.

Red Flag”, en palabras de la propia banda “la historia de un fan pagafantas que necesitaba espabilar”, rebaja algo el ritmo pero sin perder de vista su querencia por el hard rock de siempre. Quizá el corte más idiosincrático de los doce, lleno de estrofas amables (en lo tonal) y estribillos de fácil digestión y que, de nuevo, incitan al puño en alto y el grito desgañitado en sus futuros conciertos.

Midlife Crisis”, la que tenemos muchos que seguimos defendiendo esta música cuando ya son más las canas que el sentido común, devuelve parte del nervio perdido. Bien adornada por ese piano de Tutu, tiene a la vez un riff directo y pegadizo así como alguna de las mejores voces que le he escuchado a Leather Rose en bastante tiempo. Apenas tres y medio en el reloj, estos Leather Boys post XX aniversario parece que no tengan un segundo que perder, coronados por otro estupendo solo durante previo al epílogo. Un epílogo cuyo rush final, con esos coros tan marcados y el acelerón de Leather Skelter, disfruto de lo lindo. Para qué mentir.

Electrify”, dedicada por Leather Dirty Duke a su hija, cocina al alimón con Leather Sex algunos de los riffs y solos más redondos de este “Lysergic Motel”. Un corte que bien podría ser el hermano gemelo, si acaso el mellizo, de la anterior “Sonic Love”. Desde luego propone unas estrofas la mar de llamativas, casi me atrevería a decir que desconocidas en el ya amplio imaginario Leather. Ellos resultan desde luego mucho más reconocibles (y ruidosos) durante estribillos, con un Leather Rose en su salsa. Otra que considero entre los grandes aciertos de la nueva cosecha.

Es llamativo el modo en que el prólogo de “Aussie Girl” parece romper con la tónica general del álbum. Es apenas un guiño, muy cuidado eso sí, pues pronto ellos vuelven a su hard rock de siempre. Acompañados de nuevo por las teclas de Sergio Tutu y con un Leather Rose más vacilón que nunca. Me agrada el contraste entre lo “desnudo” de las estrofas y lo más rotundo de los estribillos. Un ejercicio de equilibrio tan clásico como bien traído, rematado por unos buenos coros primero y un gran solo de guitarra después. Creo que de lo mejor escrito y ejecutado de todo el álbum.

La fugaz “Backdoor Lady”, donde el solo corre a cargo de Leather Pig Rocket y arranca con el bajo de Leather Latin Lover en solitario, bien podría llevar a pensar en los inevitables Motörhead. Leather Boys en su versión más punk, más desenfrenada, más libérrima. Un perdigonazo de esos que, a poco que te despistes, te lo pierdes.

Fading Star”, de Leather Dirty Duke para su madre, viene para poner la nota melancólica, que no trágica, al álbum. Un Leather Rose más moderado, más amable, va componiendo unas primeras estrofas hasta llegar a esos estribillos directos al centro de toda emoción. Me gusta esa construcción en crescendo, tan clásica, tan funcional, así como los riffs en que se apoyan. También la línea de batería que un fino Leather Skelter ha pergeñado aquí. Sensacional epílogo. Otro corte redondo, de los que entra a la primera y que evidencia que no todo es jarana y jolgorio en los álbumes de estos chicos.

Fairground Queen” nos devuelve a los Leather Boys más vivarachos y apunkarrados. Un corte marca de la casa, con un deje entre macarra y chulesco en el que parecen la mar de cómodos. Breve pero de lo más disfrutona.

El cierre es para esta “Acid Riders”, donde llama poderosamente la atención la voz filtrada de un Leather Rose que, a ratos, parece mutar en Dave Wyndorf. Lo mejor es el modo en que los estribillos reconducen hacia una versión mucho más reconocible de la banda. Un corte de contrastes, por tanto, con un fluir de lo más llamativo, y que cierra este quinto trabajo rimando más que nunca con el propio artwork que lo adorna. El solo, además, puede ser el más alucinado que les recuerdo. Y luego un epílogo que ofrece destellos sinfónicos. Que nunca dejen de sorprender.

Es un álbum que siento algo más conciso que aquél “Born In The Seventies” de 2020 (reseña), lo que redunda en un buen puñado de cortes directos a la par que memorables. Alterno entre canciones casi fugaces y composiciones mucho más trabajadas e incluso elegantes. Todo facturado entre buenos solos, una producción equilibrada y un nervio que para sí quisiera algún que otro jovenzuelo. Cuarenta y dos minutos de pura idiosincrasia Leather, tan hedonista y dicharachera como siempre, que tendrá su presentación oficial junto a Pölvora el próximo 21 de febrero en el Palacio de Santa Cecilia de su Avilés natal. Salvo causa de fuerza mayor allí nos vemos.

Texto: David Naves

Reseña: Dais «Barlovento» (The Fish Factory 2025)

Barlovento” es el quinto largo ya para los hard / heavies barceloneses Dais, la banda que forman David García en guitarra y coros, Agus Milton en baterías, Álvaro Vicente en bajo e Isabel Mañós en voces. Producido, grabado y mezclado por Fernando Redondo en el Koryland Studio, las pistas salidas de aquellas grabaciones serían posteriormente masterizadas por el cinco veces ganador del Grammy Alex Psadourakis y adornadas por la foto de Alfredo Geisse. En la calle vía The Fish Factory.

Barlovento” propone a los Dais más cercanos al metal, profusos en el uso del doble bombo, con riffs formales y efectivos, acompañando a un registro, el de Isabel Mañós que no puedo decir que me conquiste. Pero es una composición extensa, ágil, de solos prolijos y abundantes. Dais parecen querer rendir tributo a las esencias mismas del género y el desempeño de mi tocayo colma en todo momento mis expectativas. Llama la atención ese puente más tranquilo por la forma en que David García lo rompe con otra grata exhibición solista. Extensa y, por lo general, llevada hacia la cara más potente de los barceloneses.

El Mar y Tú” arranca en una clave mucho más hard. Un medio tiempo donde me agradan los riffs que García dispone sobre prólogo y primeras estrofas. También esos pequeños escorzos con los que acompaña a la voz de Mañós. Por alguna razón, el cambio de ritmo que introducen camino del epílogo me termina resultando algo torpe y atropellado. Éste, que concita una cierta calma ahora, es elegante, suponiendo una cierta nota de color en un corte que siento algo desequilibrado. Falto de cierta cohesión.

Mar Interior” bien podría recordar a una banda tan querida entre nuestro acerbo popular como son Muro. Angus Milton, que también pondrá el piano aquí, comanda firme desde el doble bombo. Sin pausa, sin excusas, sobre una cuidada línea de bajo y unos riffs, como ya ocurriera en el corte que da nombre al disco, son más serviciales que brillantes. García se desquita con un buen duelo guitarrero en el puente. La composición apenas abandona ese pulso tan vibrante para un puente un tanto fugaz. Muy funcional a la hora de dejar latir a los Dais más enérgicos.

Arrecife De Cristal”, con las teclas de Joan Valverde aportando un cierto aire Rainbow al conjunto, confronta riffs con gancho con unas estrofas atractivas por diversas. Bien armada desde el plano gramático, juega a enfrentar a los Dais más potentes con los más hard. Fruto de ese doble juego, siento que la banda, ayudada por los pequeños detalles del mencionado Joan Valverde está dando lo mejor de sí en esta cuarta entrega.

Somos Eternos” arranca con Mañós apenas acompañada por la batería de Milton. A sus líneas se irán sumando el resto de elementos para un corte que de la balada muta en un heavy diverso desde el papel, atrevido incluso, hábil desde el plano puramente gramático. Son los Dais más libres en lo que a composición se refiere. Con pocas ataduras y, por ahí, sonando más atractivos. Curiosamente, el corte más rácano del trabajo, con poco más de cuatro minutos, y aquél donde encuentro más cómoda a Mañós.

De “Leviatán” vuelve a ser otro de esos cortes bipolares, que tanto parecen gustar al cuarteto. Juega a confrontar la chulería del prólogo con partes más desnudas, dejando entremedias otra composición ágil y dinámica. David García está ora ruidoso, ora elegante y finalmente casi jovial durante un epílogo que busca el optimismo en cierto modo. Curiosa. El cierre es para “Windward”, versión en el idioma de Shakespeare de “Barlovento”.

Y el disco, a grandes rasgos, tiene cosas que me agradan y otras con las que soy incapaz de conectar. Es un heavy clásico, en el que a ratos transpira su amor por el hard más clásico, coronado por una voz, la de Isabel Mañós, a la que me cuesta un mundo hacerme. Para muy fans de la escuela más clásica.

Texto: David Naves

Leather Boys: Más Detalles De Su Próximo Disco

Tras un par adelantos en forma de videoclip («Haircut & Attitude» y «Sonic Love«) los avilesinos Leather Boys nos presentan la portada y tracklist de su próximo álbum de estudio que llevará por título «Lysergic Motel«.

01 B.D.S.M.
02 Haircut & Attitude
03 Crush On You
04 Sonic Love
05 Red Flag (Loser In Love)
06 Midlife Crisis
07 Electrify
08 Aussie Girl
09 Fairground Queen
10 Fading Star
11 Back Door Lady
12 Acid Riders

Grabado en Tutu Estudios el disco verá la luz el 21 de febrero de nuevo a través del sello The Fish Factory. El boceto original de la portada es obra de Francisco Javier Gómez Bobes con retoques finales por la propia banda. La presentación oficial en vivo del nuevo trabajo tendrá lugar también el 21 de febrero en la Factoría Cultural de Avilés, fecha en la que estarán acompañados por los valencianos Pölvora.

Reseña: Láudano «Sintopía» (The Fish Factory 2025)

Sexto trabajo ya para los góticos de Láudano, proyecto del multi-instrumentista Alberto Díez, y que gentilmente nos envían desde The Fish Factory. “Sintopía” reúne a Héctor Hernáez en bajo, Mónica Camarero a los teclados, y David Mesa y Jorge Sánchez tras baterías. El álbum cuenta a su vez con una sección de cuerdas y clarinete a cargo de “Cuarteto Clásico”: Diego Fernández al mencionado clarinete, Virginia Peciña con el violín, José María Cabezón con la viola y finalmente Cristina Marín al cello. Sería el propio Díez quien grabase estas canciones en el IraeStudio. Las pistas resultantes serían mezcladas posteriormente por Tim Lewis (Rockfield Studios) en Aeriel y masterizadas por Mario Alberni en Kadifornia. El trabajo viene adornado por el arte de Amaia Antoñanzas y las fotos de Óscar Solorzano.

Hay un pequeño e inusitado “Prólogo” que, en cierto modo, nos introduce con brevedad en los tonos por los cuales transitará el álbum. “Una Poesía Olvidada” tiende sobre el oyente un rock de aires góticos, bellamente arreglado y el que Díez dispone sus tonos limpios más profundos. Ahí me agrada el modo en que su línea de voz va alzando el tono conforme transita por los diferentes versos. Hay hábiles solos de guitarra a modo de engarce entre las estrofas, una producción limpia y equilibrada y cuidado trabajo en lo tocante a arreglos. Esto es algo que salta al oído durante el calmo y reposado puente. La electricidad que emana después, me trae efluvios de unos Anathema de álbumes como “Alternative 4” o “Judgement”. El cuidado prólogo, nada de engorrosos fade outs, habla y no precisamente mal del mimo con que se ha tratado a estas composiciones. Más que interesante dupla inicial.

La acústica mediante la cual se abre paso “Sintopía · Parte 1” tiene algo que me siempre me recuerda a los Opeth más tendidos. Díez, que ni es Åkerfeldt ni lo pretende tampoco, traza un corte liviano, casi onírico, y que por su propia labor al micro, bien podría recordar a ciertos momentos de Enrique Bunbury con Héroes Del Silencio. Luego la composición se introduce en un crescendo hacia posiciones más grandilocuentes, sin que la producción se resienta en exceso, y de un modo tan cuidado y elegante que no queda sino rendirse. Asimismo, el de Lacrimosa puede ser un nombre recurrente a lo largo del epílogo. En especial toda vez irrumpen esas voces femeninas y todo confluye hacia los Láudano más grandilocuentes. El legendario speech del ministro y activista bautista estadounidense Martin Luther King ocupa el cierre. Elegancia a borbotones.

Interludio”, con sus cinco minutos largos, es más que un simple interludio. Parte desde la más absoluta calma para después fundir guitarra y piano en un sencillo escorzo de paz y tranquilidad. El Steven Wilson de un disco como “The Raven That Refused To Sing (And Other Stories)” podría ser una rima fácil cuando entran esos coros de fondo. Las cuerdas que Díez introduce más adelante, añaden un cariz muy especial a esta composición, de nuevo en crescendo, y que divaga entre lo cinemático y un cierto regusto a Anathema prendido en sus guitarras. Camino del prólogo va emergiendo una pulsión más electrónica. Lo que me agrada es el mimo y el cuidado con el que Díez va encadenando cada línea, cada instrumento, cada idea. Todo precisión y elegancia. Y es que tal y como reza la cita final del filósofo italiano Julius Evola: “Cada acto de belleza es una revuelta contra el mundo moderno”.

Así las cosas, la pequeña “Sintopía · Parte 2” puede resultar algo más convencional. Pequeña composición, de nuevo instrumental, con el piano como protagonista, de aires neoclásicos y un tono preciosista, casi naif. Conduce hasta una “Ícaro MMXXV” que trae de vuelta las guitarras eléctricas, las apoya sobre una curiosa base rítmica y, por la propia interpretación de Díez al micro, me vuelve a recordar a aquellos Héroes Del Silencio que tanto escuché de chaval. Delicada y nada estridente, sorprende si acaso por una línea de bajo curiosa por juguetona. Hay un buen solo de guitarra partiendo la composición por la mitad. A término, vuelven las cuerdas y esos Láudano más grandilocuentes y mayestáticos. El trazo en sí mismo puede no resultar revolucionario a estas alturas. Pero el cuidado en cada ejecución, el equilibrio entre sus partes, el modo en que la elegancia desborda casi a cada acorde, hablan muy bien de entregas como esta.

El Vals Invisible” es, efectivamente, un vals. O lo es, al menos, durante su vienés prólogo. Acurrucado en un cello de Cristina Marín de una belleza arrebatada, Díez va pergeñando otra de esas composiciones mimadas hasta el exceso, quizá aquella en la que más y mejor brilla la producción del álbum. Muy liviana y reposada en sus primeras estrofas, con la voz ahora muy en un muy primer plano. La guitarra de Díez en su faceta eléctrica va engarzando las estrofas, al tiempo que la producción arroja una cierta grandilocuencia a la mezcla. Pero en el corazón mismo de este penúltimo corte anida la cara más potente de estos Láudano. Un vigor que se viste de un (leve) acento progresivo. Y que no duda en echar mano de guitarras acústicas e incluso algún pequeño guiño flamenco. Francamente estupenda.

Epílogo” cierra este “Sintopía” echando mano del piano, para conducirse una última vez por aguas tranquilas, rimando con al corte inmediatamente anterior y ofreciendo un manso aunque distinguido broche al disco.

No, no es el cd más potente que haya pasado por estas líneas últimamente. Láudano acostumbran a moverse entre remansos de paz y los guitarrazos, que los hay, suelen sucumbir ante el empuje, también el embrujo, de pianos y cuerdas. Un álbum trazado con mimo, bellamente arreglado e interpretado con mucha clase, seguramente del gusto de los más sibaritas, pero que de igual modo podría satisfacer también a quienes busquen algo de reposo en estos tiempos tan oscuros. Que falta hace.

Texto: David Naves

Leather Boys: Primer Adelanto de su Próximo Disco

Bajo el título «Haircut & Attitude» Leather Boys nos presenta el primer adelanto de su próximo álbum que verá la luz en octubre de nuevo a través de The Fish Factory.  Actualmente la grabación se lleva a cabo en los Tutu Estudios de Los Campos (Corvera).

Acompaña al lanzamiento el videoclip realizado por Titi Muñoz durante la actuación de la banda en el ovetense Gong Galaxy Club el pasado mes de mayo. La canción trata sobre como mantener la actitud intacta tras 20 años de trayectoria. Para los coros han contado con la colaboración de varios amigos de la banda como Txema Bustillo, Álvaro Carayol y Cris Toyos.

Reseña: Luna De Sangre «Luna De Sangre» (The Fish Factory 2023)

El multinstrumentista valenciano Javier Ruiz es quien se encuentra detrás de esta curiosa opera rock de una banda, Luna De Sangre, que completan Noelia Gala y Jordi Vocal’s (voces), Julio Pérez Oliver (guitarras), Marcos Tarín (bajo) y Pakitolobo (baterías y percusiones). Álbum grabado de forma individual por cada uno de los componentes y posteriormente editado, mezclado y masterizado por el propio Ruiz. Llegaba a nuestras manos gracias a The Fish Factory.

El arranque “Lo Mejor De Esta Noche” inunda de pronto los oídos con un cierto aire de vodevil. La idea que proponen Luna De Sangre aquí, esa historia contada desde dos vértices, masculino y femenino, funciona mientras eso sí la música tiene poco o nada de metal. Diría incluso que es el rock más liviano que haya pasado por esta página desde la crónica de Tarque & La Asociación Del Riff. Lo cual no tiene por qué ser algo malo. Y es que la banda hará por huir de etiquetas a lo largo y ancho de la peculiar ópera rock que proponen. Por ahí añade color y destaca el saxo de Francisco Sanchís. El corte parece no tener cortapisas más allá de lo socarrón de la letra.

Fuego y Pasión”, con las teclas de Jorge Juan Martínez “Chamake” aportando una mayor enjundia a lo que a ratos parece un indisimulado homenaje a los viejos Rainbow. Y es que si Luna De Sangre aparecen finalmente por una web como esta es gracias a cortes como este. Que destila clasicismo por todos sus poros, profundiza en esa curiosa forma de armar las líneas de voz del tema apertura, algo que termina por conferirle un aire más personal a sus composiciones. El riff que soporta los estribillos puede resultar un tanto obvio pero me agrada en gran medida la afinación de las guitarras. Quizá porque me recuerda, sí, a los primerísimos Mägo De Oz. Estupendo epílogo de guitarras que se retan en armonías ágiles y solos ni enfebrecidos ni tampoco casuales.

Luna De Sangre suenan algo más terrenales a través de una “Quiero Probar” que alberga una de las mejores interpretaciones tanto de Jordi como de Noelia. Y aunque siento que al sonido le falte algo de equilibrio, en especial durante alguna de las estrofas, cuenta con uno de esos estribillos positivistas y buen rolleros que tanto y tan bien calan entre los fans de este tipo de propuestas. Estupendo solo de guitarra aquí, apoyado en una mayor gravedad que termina por amplificar el impacto del buen desempeño de Ruiz a las seis cuerdas. Aseada, optimista y muy clásica.

Es la propia Gala quien introduce en el prólogo de “Como Duele El Amor” una mayor dosis de dramatismo. Sigue la banda en esos tonos lindantes con el heavy / hard más clásico, derivado ahora hacia tonos más tristes y melancólicos. Hay pequeñas líneas de piano dando lustre a esas partes más calmas, que desaparecen toda vez el corte alcanza los más pesados estribillos. Se propone así un doble juego de nuevo tan clásico como bien resuelto. Con Gala declamando sin grandes florituras ni mayores errores. Jordi irrumpe como contrapunto en el largo epílogo y hay algo en la interpretación de este que me siempre me recuerda a Ángel Belinchón de los (no poco) infravalorados progresivos castellonenses Dry River. No puede ser mala señal.

El Destino”, pequeña narración del Lyra Mortem Sergio Bermúdez mediante, nos introducirá en una “Esta Vez No” donde la banda cuenta con el inestimable apoyo de Alfonso Samos en guitarras. Con Gala en una interpretación ahora más chulesca, apoyada por una curiosa línea de batería en estrofas y culminando en unos estribillos orgullosamente ochenteros, al final el corte deja traslucir el lado más metálico del proyecto. Siempre sin abandonar sus propias señas de identidad y con buenos detalles en lo que arreglos se refiere aquí y allá. Estupendo el solo de su tronco central y más aún la carga más sinfónica del epílogo, donde Luna De Sangre parecen de pronto imbuidos del espíritu entre teatral y grandilocuente del mejor Meat Loaf.

Un Mal Recuerdo Será” rompe con ese final ampuloso y se imbuye de tonos tranquilos, ritmos pausados y un inequívoco aroma al viejo aunque siempre confiable blues. Es un corte que no ofrece sorpresas en cuanto a trazo. Un pronunciado impás antes del corte más extenso del álbum. La irremediable calma antes de la tormenta.

Buscando La Luz”, dividida en tres actos, parte de un prólogo tranquilo, con un Jordi en tonos casi emotivos, rotos de pronto por un metal a medio tiempo que, a destellos, me recuerda a los Iron Maiden de finales de los ochenta. Hay después buenas armonías entre voz y guitarra, algo de épica y tonos que, ahora, me vuelven a recordar a Mägo De Oz. Igualmente apesadumbrada la irrupción de Noelia aquí, bien remarcada por pequeños arreglos de aires sinfónicos. Puede que la producción pierda aquí cierto equilibrio y las transiciones entre los distintos actos resulten por ahí un tanto deslucidas. No es menos cierto que Luna De Sangre parecen haber cuidado con sumo mimo cada rincón de la composición. Y es que detalles de producción al margen, todo respira con naturalidad. Nada resulta nunca forzado, mecánico, automático si lo quieres así. Estupendo tronco central y el deje más grandilocuente que se desprende de él. También el solo que irrumpe a continuación y la manera en que ambas voces armonizan con él. Tan ambiciosa como bien resuelta.

Y no es que “Siento En Mí” suponga un descalabro en comparación con su inmediata predecesora pero es verdad que siempre me cogen de improviso esos tonos dulces de su prólogo. Balada de armazón clásico, rematada con mimo pero que vuelve a poner en primer plano una producción con cierta falta de equilibrio. Una pena pues Luna De Sangre traman un corte que, en su orgulloso clasicismo, deja pocas dobleces.

Vencerá El Calor” aporta a la mezcla una mayor teatralidad. Luna De Sangre se apoyan aquí en tonos más abiertamente sinfónicos y grandilocuentes, trazando estrofas con gusto clásico donde, de nuevo, el nombre de Meat Loaf vuelve a sobrevolar mi subconsciente. Que tal vez por trazo no me sorprenda pero sí por la apasionada interpretación de Gala en su primera mitad. Irrumpe luego una mayor carga sinfónica con la que la mezcla del álbum lidia lo mejor que puede. Pero si apasionada es la labor de Gala aquí, no lo es menos el solo que precede al epílogo, así como los tonos más poderosos de este último.

Rebelión” resulta en otra pequeña narración que habrá de introducirnos a su vez en una “El Peor Final” donde la banda cuenta con Josechu Sanchís en baterías. Es un corte de tonos amables y alegres, melodías fácilmente digeribles y tonos orgullosamente despreocupados. Acierta ahora la mezcla del propio Ruiz a la hora de amalgamar las distintas líneas que ocupan este rock amable y sencillo.

La Luna Su Sangre Lloró”, de nuevo en tonos lindantes con la balada clásica, de toda la vida, le sirve a Noelia Gala para tramar otra estupenda línea de voz. Cuidadosamente arreglada, me agrada por el crescendo tan clásico como efectivo que propone. Clásica, sencilla, casi te la sabes de antemano lo cual no tiene por qué ser algo malo si está hecho con un mínimo de gusto, que pienso es el caso. El final corresponde a la pequeña narración de “Epílogo”.

Hora y cuarto de música en un disco un tanto a la contra de estos tiempos inmediatos que nos ha tocado vivir. Despreocupado en cuanto a géneros. Luna De Sangre parten desde el rock más primigenio para después abrazar el blues, el hard rock, incluso el sinfónico, en una amalgama de tonos y colores que contribuyen a la fácil digestión del mismo. Es este uno de esos álbumes que requieren unas cuantas escuchas para apreciar todos y cada uno de los detalles que alberga. Y aunque sea precisamente ahí donde a veces la mezcla juegue malas pasadas, perdiendo a ratos algo de equilibrio, lo cierto es que se las arreglan para salir adelante con buenas interpretaciones y distinguidas colaboraciones. Una agradable sorpresa.

Texto: David Naves

Reseña: Fan Ray «Cuento Del Mar» (The Fish Factory 2023)

Se hacen llamar Fan Ray, vienen de Zaragoza y la suya es una andadura que se inició allá por el año 2013 aunque no sería hasta dos años más tarde que debutaran con un Ep homónimo. A aquél primer conjunto de temas le siguió su primer largo “Metalzetamol” en 2018 y finalmente este “Cuento Del Mar” que nos han hecho llegar desde The Fish Factory. Ellos son Andrés Fandos y Santi Suárez en guitarras, Álvaro Molinero en baterías, Jorge Apesteguía al bajo y Toño Monzón en voces. Producido, compuesto y grabado en Estudios Producciones Sin/Con Pasiones con Marc Pascual como técnico de sonido y Michel a cargo del diseño gráfico, el álbum vio la luz a finales de septiembre del pasado año.

Preludio En El Mar”, introducción del trabajo que, particularmente en sus primeros instantes y acordes me recuerda, y no poco, al tema principal de la saga “Piratas Del Caribe”, Dios te salve Klaus Badelt, sirve en definitiva de perfecto preludio para “Libérame”, fresca andanada entre el hard y el heavy que, hablando de recuerdos, siempre trae a mi mente a aquellos Mägo de Oz de buenos álbumes como “La Leyenda De La Mancha” o “Jesús De Chamberí”, si bien aquí no hay flautas ni violines que valgan. Solo rock orgánico y pegadizo. Un estribillo que acude pronto en la composición, esa ligera despreocupación en los riffs y una línea de voz que, ya digo, va bien cargada de gancho. Bien desarrollado el solo que sitúan como anticipo del epílogo. Rara avis en estos tiempos que corren. Una buena dupla para abrir este cuento si sabes perdonar sus más que evidentes influencias.

El riff que dibujan en “Área 333” bien podría pertenecer igualmente a unos Judas Priest de discos como “Point Of Entry” o “Killing Machine”. Sin embargo, si hay un nombre que acude a mi subconsciente con cada escucha es el de los vallecanos Obús. De nuevo a caballo entre el hard y el heavy, trufado ahora de unos dejes más chulescos, quizá me resulte algo mecánica en estrofas. Ahí viene al rescate, en todo caso, un estribillo de esos que siempre funcionan. El solo vuelve a disponer de espacio y, en su clasicismo, el corte termina por funcionar mientras abraza las costuras más ochenteras del género.

Almas libres” y por seguir con las influencias, suele evocarme a los ahora desaparecidos hard/heavies madrileños Beethoven R. mientras dibuja una de las ejecuciones más lúcidas por parte del frontman Toño Monzón. Me agradan, ahora sí, sus estrofas, si bien encuentro los riffs que las apoyan un tanto desangeladas. Por ahí se cuelan no obstante buenos detalles por parte de Apesteguía. Un pequeño solo inclusive. Fan Ray siguen sin salirse del libro de estilo pero al menos se permiten pequeños guiños aquí y allá a fin de que el corte adquiera un grado más de personalidad. De ahí que con el correr de las escuchas haya terminado por entrar en mi nómina de favoritas.

Lo mismo podría decir de la más tranquila “¿Dónde estás?”. Medio tiempo elegante, donde es cierto que llega a chirriarme el sonido de la caja durante las partes más desnudas. Entiendo la intención, llenar el hueco que dejan las guitarras en esas estrofas. Pero su sonido llega a parecerme feo incluso. Aún con eso, la forma en que Fan Ray han sabido jugar con las distintas capas, lo bien trazados (y ejecutados) que están sus distintos crescendos, la delicada labor de Monzón y el acelerón final a lo Maiden terminan por inclinar la balanza a su favor.

Allí Estaré”, que me conquista a base de recuperar el brío que mostraba el álbum en su arranque, sorprende con una letra capaz de poner en riesgo a más de un diabético. También con un tratamiento de la voz de Monzón que, particularmente en estrofas, me hace pensar en una banda tan a priori ajena a su manera de entender el hard rock como es Volbeat. Puedo no llegar a conectar con su aspecto lírico. Sí en cambio con sus diferentes ejecuciones. Siempre a favor del corte que las contiene y no de egos individuales. Bien medidas y equilibradas.

No diré que “I.A.” vira ahora hacia el groove, no es el caso, pero sí que el riff que la sostiene pasa por ser el más retorcido, también el más pesado, de todo este “Cuento Del Mar”. Sorprenden estos Fan Ray en una onda no tan lejana, por ejemplo, de aquellos Fight de Rob Halford, si bien sus estribillos resultan del todo solidarios al disco que los alberga. El solo, un tanto plano con respecto a otros dentro de este tracklist, no ayuda a mejorar la nota media. Al final un corte que luce más por cuan diferente resulta al resto que por lo certero de su planteamiento.

Buenos solos sin embargo los que alumbran el inicio de una “Todo Lo Bueno Termina” que vuelve a tesituras, creo, más convenientes para ellos. Aquél aire más hard que tan buenos resultados les dio a comienzos del álbum, mientras Monzón lidia sin mayores problemas con los tonos más altos de los estribillos. Y aunque en términos puramente gramáticos no resulte el corte más original del largo, bien está ese deje algo más melancólico que la atraviesa. A la cola del grupo de mis favoritas.

Cuento Del Mar”, donde cuentan con la colaboración de Mireia Bernal en coros, bien podría recordar a The Cult en su prólogo. Héroes Del Silencio incluso. Todo vira, no obstante hacia territorios más metálicos donde, tanto por riffs como por melodías, la sombra de Iron Maiden resulta más que alargada. Álvaro Molinero traza aquí una más interesante línea de batería. Y mientras que la banda parece más cómoda en esta encarnación más poderosa, si algo me agrada es la forma en que insertan, previo al solo, aquél deje más foráneo del prólogo. El hábil trazo del epílogo y el mayor nervio que posee terminan por darle la razón a quien fuera que tomara la decisión de convertirla en el tema título del álbum e incluso en videoclip:

Para el cierre queda el medio tiempo “Recuerdo Soy”, donde en los momentos más calmos siempre acude a mí el nombre de Guns N’ Roses. El corte no obstante se distancia de la banda angelina gracias a un casi torrencial Monzón y una enjundia, qué duda cabe, más cercana al metal. Agrada por trazo y también por ejecuciones, un cierre de buen gusto y clase.

No es un álbum que me enganche en su totalidad pero sí que hay ofertas aquí dentro capaces de alegrar el día más gris. Monzón ha trazado aquí y allá voces más que dignas. Poderosas incluso. Otro tanto podría decirse de la dupla guitarrera de Fandos y Suárez. Aprecia uno el riesgo de cortes como la noventera “I.A.”, si bien pienso que cuando juegan la carta del clasicismo más académico es cuando de verdad brillan los maños. Véase sin ir más lejos “Almas Libres”. Por contra y cuando la banda arriesga y busca nuevos horizontes, siento que la jugada termina por salir del todo redonda solo en la final “Recuerdo Soy”. Agradece uno la asunción de riesgos en todo caso. Intentarlo y fallar siempre me resultará mucho más respetable que conformarse. Bordeando el notable.
Texto: David Naves