Crónica: Medina Azahara + Be For You (León 12/12/2025)

Fue una semana aciaga, realmente terrible, para nuestro rock and roll. Jorge Ilegal y Robe Iniesta nos dejaban huérfanos de sus personalidades volcánicas y necesitábamos un acicate. Un chute de moral que regara con buenas vibraciones nuestra amargura. Y qué mejor que dejarnos caer por la comunidad vecina y dar buena cuenta de la gira despedida de los legendarios Medina Azahara. Acompañados de Be For You y con epicentro en un recinto, el Palacio de Exposiciones y Congresos de la ciudad de León, que lleva camino de convertirse en nuestra segunda casa, la excursión se dio más o menos como sigue.

De entrada se hizo raro asistir a un concierto aquí sin que el bueno de Jason Cenador introdujese a las bandas. Manías de Lionrocker. En cualquier caso, desde luego que “Nothing Lasts Forever” no fue el inicio que Be For You hubieran deseado. En particular la siempre distinguida voz de Ángel A. Díez, cuyo micro le dio algún que otro problema de inicio. Percance que, toda vez solucionan, permite un desarrollo de set en donde caben los inevitables juegos con su gente. Jugaban en casa, claro, y cuando vienen torcidas se nota. Ahí “The Lesson”, pese a transitar hacia un hard mas rotundo y pesado, no obvia la bien conocida elegancia del quinteto. Era nuestro tercer encuentro con ellos en lo que va de año y ellos, percances al margen, parecen más que asentados. David Aira, preciosa Ibanez blanca mediante, dibujó un estupendo solo aquí.

Ángel no se quiso olvidar de recordar los cuarenta (y tantos) años de Medina Azahara. A su lado Alfredo Arold, que volvió a alternar entre guitarra y teclas, introdujo la más tendida “Those Sundays Are Gone”, quizá una de las más y mejor adornadas de su setlist. Imprescindible labor de Aira aquí y un público que supo responder a las palmas requeridas por la voz de Be For You. Su relectura del “Heart Turns To Stone” de Foreigner no faltó a la cita. Es justo cuando creía estar viendo su mejor versión que otro percance vino a chafar el correcto desarrollo de la descarga. La PA se cogió unas inesperadas vacaciones, dejándonos huérfanos del bien conocido hard melódico de los leoneses. Deslució sobremanera “Light”, pero creo que al mismo tiempo les ofreció la motivación suficiente para dejarse la piel en el tramo final.

Un tramo final que recorre, del tirón, tres cortes que integrarán su futuro álbum de estudio “Waking The Fire”, siendo “This Distance Between Us” el primero de ellos, del que me agrada especialmente la escritura de su prólogo. Ángel, que se había deshecho ya de la chaqueta (bonita camiseta de Karma To Burn, por cierto), de nuevo tuvo problemas con el micrófono. La noche, desde luego, no estaba saliendo nada redonda para ellos. Pero como dije antes, espoleados por los inconvenientes, ofrecen su mejor cara aquí. A ratos el sonido iba y venía, en una sensación que me recordó a la terrible conjunción entre festival veraniego al aire libre y viento racheado. Curioso pues estábamos en un recinto cerrado a mediados de diciembre. El caso es que, sea como fuere, “Shadow Of Me” ofrece unas preciosas guitarras dobladas en el prólogo. Es un corte, oscilante entre la balada y el medio tiempo, que representa un registro en el que parecen particularmente cómodos. Cincuenta minutos exactos de una banda, nuevo disco en ciernes, que luchó de manera denodada contra los distintos problemas.

Corría el año 1979, algunos no habíamos nacido siquiera, cuando veía la luz el primer álbum de la banda, “Medina Azahara”. Y como suele decirse, el resto es historia. Obra fundacional de una formación que, con el correr de los años, acabaría por consolidarse como uno de los grandes nombres del hard / heavy de nuestro país. La buena entrada que registró el Palacio de Exposiciones y Congresos en la noche del viernes así lo atestigua.

Todo tiene su fin, pero también su comienzo. Y el de Medina Azahara resulta en una cuenta atrás que repasa la vasta discografía de los cordobeses. Se extingue esa intro y la banda aparece en escena, Paco Ventura empieza soleando con los dientes y Manuel Martínez ofrece el micrófono a la gente para que ésta introduzca “Paseando Por La Mezquita”. Porque qué mejor que empezar el show de una gira despedida por el mismísimo comienzo. A esos Medina todavía iniciáticos, que bordeaban el progresivo setentero, confrontaron “Algo Nuevo”, dando un giro de casi 180 grados para ofrecer su cara más rotunda y vibrante. Manuel Ibáñez, teclista de la banda, parecía pasarlo en grande en la parte de atrás del escenario. Y justo delante de él, Paco Ventura dibujaba, tapping mediante, un solo lleno de clase. El siempre carismático Manuel Martínez, toda vez superados los percances de salud, ofreció una más que digna versión de sí mismo considerando la edad (74 años) y los mencionados problemas de salud.

Así fue como encararon “Palabras De Libertad”, del estupendo “Dónde Está La Luz” de 1993, con todo el recinto a coro. Manuel Ibáñez se reveló fundamental aquí. En teclas pero también sumando coros. Ya para “El Vaivén Del Aire” me dio la sensación de que todo se estaba desarrollando de la manera más académica posible. Todo muy por el libro de estilo del género. Lo que no tiene por qué ser necesariamente algo malo. Paco Ventura, no perdía ocasión de acercarse a la parte delantera del escenario y ofrecernos desde allí todos y cada uno de sus solos. A su lado, el eterno Manuel Martínez, hacía suya la parte central de las tablas. Su voz, todo un emblema del rock andaluz, mostró un brillo sin excesos. Sabiendo de sus fortalezas y sus debilidades, no pienso su desempeño generase ningún comentario negativo en la noche del viernes.

Fue el propio vocalista de Posadas quien preguntó si había alguna Lucía entre el público. Era la introducción, claro, a “Junto A Lucía”, quizá uno de los estribillos más coreados de este primer tercio de set. Pero es en “Sólo Un Camino” que vemos un estupendo duelo solista entre Ibáñez y Ventura. Ambos sonrientes y risueños mientras dejaban muchos destellos de la mucha técnica que atesoran. A término, Manuel Martínez iba a tener unas palabras de agradecimiento para con la ciudad. También para preguntar si alguna fémina se animaba a bailar la danza del vientre en las tablas con ellos. Era el momento, claro, de “Danza Al Viento”, con el videoclip proyectado en el videowall y un escenario de lo más concurrido. “Al-Hakim… Otro Lugar”, que Paco Ventura y el bajista Carlos Deko reciben a saltos, puede que no enganchara tanto a estas alturas de la descarga, pero en cualquier caso dibuja otro fino duelo entre guitarra y teclas. Desde luego, y gustos al margen, nadie en su sano juicio va a negar el brillo técnico que poseen. Aunque de todo hay. A este corte enlazaron “Soldado”, que despiden pirotecnia mediante.

Ventura abandonó entonces su Les Paul para calzarse una llamativa Flying V blanquinegra con la que enfrentaría (casi) todo el tramo final. En un pequeño speech Manuel Martínez recordó cuando la banda recogió sendos premios de la música por el álbum “Aixa” y uno de sus cortes, no otro que el dedicado a su ciudad natal, “Córdoba”. Ni que decir tiene que uno de los momentos más sentidos del set. Una balada / medio tiempo que desde luego les funciona. Revelador el beso de Paco Ventura a la mencionada guitarra al final del corte. Otro momento cargado de significado iba a llegar con el recuerdo al gran Manuel Mart, hijo de Manuel Martínez, voz de Estirpe y que el maldito cáncer nos arrebató hace ahora cuatro años. Su padre, visiblemente emocionado, pidió que ilumináramos con nuestros móviles. Y entre todos, también el propio Mart, cantamos “Sólo y Sin Ti” con un nudo en la garganta. Pelos de punta, emoción desbordada y atronadora ovación final. Puro desgarro. Te recordaremos siempre, titán, no te atrevas a dudar.

Pero había que seguir. Secar las lágrimas, recomponerse y continuar. Que lo hicieron recordando, por partida doble, a unos tales Triana, casi con total seguridad el nombre más importante en la historia del rock andaluz, y al que rinden cumplido homenaje con la briosa interpretación de “El Lago” primero, la más reposada “Tu Frialdad” después. Con “Velocidad” volvían al repertorio propio, tremendo solo de Ventura aquí y firme la pegada de Fernando Prats tras baterías. En este tramo final me sorprende la buena acogida que recibe “Al Padre Santo De Roma”, que en su día grabara Camarón de la Isla, y no tanto, claro, el clamor que sucede toda vez encaran “Necesito Respirar”, la que es un gusto escuchar de mano de sus creadores originales, y no transmutada por orquestas de (a veces) muy dudoso pelaje. Manuel Ibáñez, teclado de mano mediante, se arrimó a la parte delantera del escenario y el público, huelga decir, no se dejó nada en el tintero. Ahí ya habría sido un buen final, considerando los aún recientes problemas de salud de Manuel Martínez, si bien éste había aguantado con entereza más de sesenta minutos de show.

De los bises me llama la atención la guitarra de círculos concéntricos, inevitable pensar en Zakk Wylde, que porta Paco Ventura. “A Toda Esa Gente” iban unos bises que se alargarían hasta la inevitable, y en éste contexto más aún, “Todo Tiene Su Fin”. Ventura introduce con un pequeño solo y acto seguido Manuel Martínez dirige el inevitable coro de voces. De nuevo piel de gallina. Para el final mismo quedan los agradecimientos, también las presentaciones (al completo, técnicos y roadies inclusive ) amén de un pequeño guiño a “The Final Countdown”. Un broche final, desde luego, de lo más curioso…

… para una noche que, si no fue redonda, tuvo que ver más con pequeños problemas técnicos y no con el desempeño de ambas formaciones. Be For You siguen quemando etapas de cara a su nuevo álbum, si bien quizá me esperaba alguna que otra novedad con respecto a su paso por el Lion Rock Fest, y Medina Azahara trazan los últimos coletazos de una trayectoria trufada de éxitos. Emborrachados pues de nostalgia, buenos sentimientos y mejor música, fue un gusto cruzar el Negrón y pisar de nuevo una tierra que siempre nos acoge con los brazos abiertos. Por ahí no queda otra que agradecer a Mar Fuertes y José Triskel por la acogida, a Artistik Producciones por las facilidades y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Lion Rock Fest (León 4/11/2023)

Nuevos festivales significan nuevas salidas a la carretera para el equipo de Heavy Metal Brigade. León se convirtió esta vez centro neurálgico de la primera y de seguro multitudinaria edición del Lion Rock Fest, evento que vino a congregar a lo más granado del hard rock local, estatal e internacional en las figuras de Crazy LixxEclipseBe For YouGotthard91 Suite y H.E.A.T.

Sito el festival en el Palacio de Exposiciones y Congresos de la egregia capital vecina, recinto que se demostró ideal para la celebración de un festival de estas proporciones, enorme en tamaño y capaz de desplegar dos escenarios, dispuestos uno frente al otro, y de disponer de un sonido siempre dentro de lo mínimamente exigible. Una construcción que resultó incluso cálida pese al frío propio del mes de noviembre que azotaba en el exterior. Zona de fumadores, servicio de guardarropa, barra, puestos de merch, comida etcétera. En definitiva todo lo que una cita como la del pasado sábado requería. Toda vez recogidas las acreditaciones entramos con la sana intención de pasar una gran tarde noche y contárosla lo mejor posible. Claro que para nosotros el festival había arrancado ya unas horas antes…

… pues lo hizo con una de las llamadas actividades complementarias del evento: la descarga de los locales Sunset Blvd en la sala Babylon. Así pues pudimos desbloquear no un escenario sino dos en nuestro interminable periplo peninsular, encontrándonos una sala coqueta pero un público respondón. Incluso varios músicos y sin embargo amigos de este medio entre la audiencia. Y es que como he dejado escrito otras veces, el mundo es un pañuelo y eso que llaman “la escena” más aún.

El rato que pudimos disfrutar de la banda y que os aseguramos nos dejó con ganas de más, tristemente teníamos otra serie de obligaciones durante la jornada, nos pareció que se trataba de una interesante propuesta de hard/heavy, con voz femenina al frente y las cosas bien claras. Mucho amigo de la banda entre la audiencia, solo faltaba y sobradas ganas de pasarlo bien pese a lo pronto de la hora, alrededor de la una y media de la tarde. El rock no conoce horarios. En lo que al quinteto respecta, temas como “Revenge” o la versión del “Maniac” de Michael Sembello nos picaron lo suficiente el gusanillo como para pujar por una futura visita a nuestros escenarios.

Grande el papelón con el que se encontraron los suecos Crazy Lixx, no ya por la siempre desagradable labor de tener que abrir el evento sino por ser, quizás, la propuesta más perpendicular festival con su bien conocido hard de fuertes raíces glam. Pero faltaban minutos para las siete cuando irrumpieron sobre las tablas y de un plumazo borraron todo atisbo de duda. Nervios, si los tenían, a buen seguro no dejaron traslucir ninguna clase de intranquilidad.

No eran pocas las ganas con las que desgranaron su bien cosido repertorio. Pero por si al público, ya numeroso y muy por la labor, le sabía a poco, pronto su frontman Danny Rexon echó mano de una gran bandera en “Anthem For America”, debidamente adaptada para incorporar el logo de la banda. También de una máscara al más puro estilo Jason Voorhees de la saga “Viernes 13” y una especie de puñal-micrófono con el que no dudó en amenazar, es un decir, a sus compañeros de banda.

En lo que a rango se refiere, puede que Rexon no fuera el vocalista más capaz de la jornada. Lo que no quita para que demuestre ser un frontman de garantías, con buena conexión con la gente y que parece disfrutar a lo grande con lo que hace. Algo que queda patente durante “Silent Thunder”, corte que arrancaría la primera gran ovación de la jornada.

Mención aparte merece el inmenso batería Joel Cirera, enfundado en una llamativa camiseta en la que podía leerse “I Fucking Hate Drummers” y que otro tanto podría decirse de la forma en que se aplicaba para con su kit. Mucha saña en sus brazos sobre el sufrido instrumento. Todo pasión y ganas. Tres cuartos de hora de una banda tan poco original como orgullosamente eficaz, que supo abrir la primera edición del Lion Rock Fest con el mejor pie posible.

Pese a los denodados esfuerzos de Rexon y Cirera, mentiríamos si dijéramos que la expectación no fue mayor para sus paisanos de Eclipse. La banda que, preciosa Explorer en mano, lidera Erik Mårtensson, salió y convenció en tierras leonesas ya desde un inicio donde se les vio enchufadísimos, concentrados, disfrutando y haciendo disfrutar.

Que claro, con una dupla como “Roses On Your Grave” y en especial la muy gancheraGot it!” es fácil que todo vaya sobre ruedas desde los albores del show. Y no es que el sonido en líneas generales fuera esquivo a sus predecesores en el cartel, pero sí sentimos que el segundo de los escenarios, aquél que acogía a las bandas grandes del evento, mejoraba en varias décimas a su vecino de en frente.

Vimos muy risueño a Mårtensson y muy participativo al público congregado frente a él. Mientras, Magnus Henriksson destapaba el tarro de las esencias durante una tremenda “Run For Cover”, “The Hardest Part Is Losing You” finalmente logró que banda y público fueran un único ente indivisible. Uno de los múltiples cortes de su último álbum “Megalomanium” y que parece haber caído de pie dentro de su ya bien nutrido repertorio. Con “Anthem” siguió ese idilio de la banda con los suyos para que después Mårtensson abandonase su preciosa seis cuerdas y encarase una muy certera “The Storm”.

El propio frontman tendría su merecido descanso en la figura del bajista Victor Crusner, quien tomaría el mando en tareas vocales para una sentida “High Road”. A pedido de Erik, cientos de móviles iluminarían el Palacio de Exposiciones y Congresos durante una “Battlegrounds” donde, sorpresa, la banda introduce un guiño en forma de una pequeña porción de “Heaven And Hell”, el inmortal clásico de Black Sabbath.

Surgiría entonces “Black Rain” para poner de relieve la cara más heavy del combo nórdico y encarar así un final que culmina, no podía ser de otra forma, con “Viva La Victoria”. Triunfante final y un show que, al menos en lo que a mí respecta, sí que me convenció. Hago hincapié porque me consta que hubo división de opiniones al respecto. Como siempre, estoy abierto a un debate tan vehemente como ordenado.

Los leoneses B4U tenían ante sí una verdadera espada de doble filo. Por un lado la gran oportunidad que suponía tocar en un festival tan afín a su sonido como este. Por otro, que dadas las horas no fuese poco público que decidiese ir a por algo de cena o incluso tomar posiciones en el Stage A cara a la descarga de los suizos Gotthard.

Pero los locales salieron a disfrutar y se notó. Ayudó, y puede resultar hasta tópico decirlo, el gran número de amigos del combo que se encontraban frente al escenario. Ellos y los demás fuimos recompensados con el buen hacer de una banda madura, se formaron allá por 2006, y que tiene en Ángel a un frontman de garantías.

Temas propios como “April Rain” o “One With The World” les funcionaron a los leoneses. Su hard melódico quedó así encuadrado dentro de las propuestas menos festivas de la jornada. Algo de lo que vino a dar de la versión del “Heart Turns To Stone” de Foreigner que deslizaron. Con “Light” fueron finiquitando un set algo escueto, no sin que antes Ángel afirmase que para ellos era un sueño estar allí, a lo que el público leonés respondió vitoreando a sus paisanos.

Como decimos tenían una oportunidad y supieron aprovecharla. He de decir que en lo que a mí respecta no les conocía y me sorprendieron para bien. Algo tendrán. Ojalá una cita por tierras asturianas más pronto que tarde.

Y llegó el turno de uno de los grandes nombres de la jornada, nada menos que los suizos Gotthard, banda de reconocida trayectoria y que a pesar de la terrible pérdida del que fuera su frontman Steve Lee en un desgraciado accidente hace la friolera ya de trece años, cómo corre el reloj, ha sabido seguir adelante con toneladas de buen gusto y grandes canciones.

Suyas y propias. Porque si bien arrancan con su “Every Time I Die”, pronto deslizan un “Hush”, original de Joe South, que también inmortalizaran unos tales Deep Purple. La escenografía no podía ser más sobria con ese telón de fondo que acompañaba a la banda. Puede que el sonido, al menos donde me encontraba frente al escenario y pese a tratarse del Stage A, no fuese todo lo redondo que cabría esperar. No menos cierto es que a la gente congregada frente a los suizos pareció no importarle demasiado. Enchufados banda y público prácticamente desde el minuto uno.

Da fe de ello una “Feel What I Feel”, de aquél “Bang!” de 2014, que puso centenares de brazos en alto y provocó una algarabía tal que, a término, se pudieron oír los primeros vítores de una audiencia rendida y entregada a la causa. Puede que en “Top Of The World” la sombra de Lee sea alargada. Lo cierto es que Nic Maeder ofreció en León una muestra de todo su talento, que no es poco. Puede no tener el especial carisma de aquél a quien reemplaza. Pero calidad como para defender el puesto como punto focal de esta banda lo tiene de sobra.

Es el propio Maeder quien nos avisa de que se viene la parte importante del show. Y lo que viene son pequeños solos que procuraron merecido descanso al de Lausana. Un pequeño set acústico calmó las aguas. Pusieron la nota calma “One Life, One Soul” o “Remember Me” para después reconducir con “Starlight”, convenientemente alargada frente a su versión de estudio. Los coros pegadizos es lo que tienen.

Muy celebrada en este momento de la velada “Mountain Mama” y no tanto el pequeño solo de batería de Hena Habegger. No tanto por el desempeño en sí como por el sitio que vino a ocupar dentro del show. Porque quién quiere solos de batería cuando tienes un corte que funciona en la manera en que lo hace “Lift U Up”. Si es que al final…

Muy grandes Gotthard, con un Freddy Scherer que repartió incontables dosis de clase y saber hacer durante la más de hora y media que duró el set de su banda. Pero en honor a la verdad cabe decir también que se fueron un poco de madre con el horario marcado, provocando que algunos tuviéramos que desplazarnos al Stage B antes incluso del término de su actuación cara a no perder ripio de la buena gente de 91 Suite.

Como mentir se me da tirando a regular y, por ende, me gusta ir con la verdad por delante, debo reconocer que 91 Suite son una de mis grandes asignaturas pendientes en lo que a hard/AOR nacional se refiere. Los murcianos llevan largo tiempo peleando pero siguen sin perder su esencia. Algo que les honra en un panorama donde la técnica del ensayo error hasta que das con la tecla parece ser la tónica dominante.

Porque lo fácil habría sido deslizarse hacia corrientes más en boga dentro de nuestro territorio y, sin embargo, ahí siguen con su estilo de toda la vida. Y en buena forma, además. Enlazando temas a comienzos del show como si les fuera en ello la vida. Y desde luego que el público del Lion Rock Fest supo responder en consecuencia.

No es menos verdad que en ciertos momentos del set, algunas charlas de Jesús Espín entre canciones se hicieron pelín largas. Pero la banda arrastra tal nivel técnico que, toda vez la máquina vuelve a funcionar, todo son sonrisas frente al escenario.

Los regalos, incluso, pues no dudó el propio frontman en bajar al foso CD’s en mano para regalarlos a la audiencia. Para los que nacimos en los años ochenta o más atrás, resulta triste ver la forma en que el digital ha clavado con no poca saña los clavos en el ataúd del formato físico. Gran detalle por parte de la banda en cualquier caso.

PD: ¡Prometo hacer los deberes!

No creo que sean muchas las bandas a las que habremos visto atravesar un momento de forma tan óptimo como en el que parecen instalados los suecos H.E.A.T, que en la segunda estancia de Leckremo en la banda parecen han terminado por convertirse en una de las experiencias en vivo más poderosas que hayamos visto.

A tumba abierta y sin un segundo que perder. La irrupción en tromba de la banda sobre el escenario pilla desprevenidos incluso a los técnicos del festival. Y es que, al menos donde servidor se encontraba dentro del recinto, el sonido distorsionaba que daba gusto durante los primeros acordes. “Demon Eyes” creo, y digo creo, fue la que arrancó el set. Porque lo cierto es que no fue hasta “Hollywood”, qué gancho tienes maldita, que todo recondujo hacia cauces normales.

En realidad la lista de temas que interpretaron viene a dar un poco igual. Quizá haya quien eche en falta el toque más AOR de sus inicios. Aquello que comenté antes de la fidelidad a uno mismo que demuestran 91 Suite. Pero en honor a la verdad cabe decir que el set de H.E.A.T ofrece muy pocas dobleces. Porque Leckremo se come el escenario como si en ello le fuera la vida, sí, pero porque está rodeado de la inmensa clase de Dave Dalone en guitarras y cuenta con el apoyo discreto pero fundamental, por contradictorio que pueda sonar, de Jona Tee en teclas.

Leckremo, incluso, no duda en hacer sus pinitos en nuestro idioma. Frontman que gracias a diversos proyectos anteriores desde luego conoce bien nuestro territorio. Nuestros puntos fuertes y también nuestras debilidades. Porque esa es la cosa durante la segunda etapa de Kenny en la banda. El sueco es ahora un showman en toda la extensión de la palabra. Volcánico e infatigable, no negocia un solo tono alto mientras no duda en entregarse en cuerpo, alma y sudor a su gente. Se habla mucho de las bandas que habrán de tomar el relevo de los grandes nombres del pasado y he aquí un candidato más que firme al puesto.

Porque la fiesta en cortes como “Beg Beg Beg” es como pocas que hayamos visto. Tres mil o más personas botando y gritando al unísono y una banda que apenas da descanso. Por no hablar de una “Back To The Rhythm” con hechuras ya de clásico imborrable. El final con “A Shot At Redemption” les confirmó como uno de los exponentes más incendiarios y efervescentes del hard mundial y puso el punto final a una velada que adornarían, a modo de despedida, con el tema principal y homónimo de la peli “Ghostbusters”. Si llegado el día os surge la posibilidad, no lo penséis e ir a verles.

En líneas generales y pese al retraso acumulado, de hecho H.E.A.T terminarían pasadas ya las dos, fue una gran primera edición del Lion Rock Fest. Multitudinaria y sita en un recinto a la altura de las circunstancias. Gente de todos los rincones del país y, nos consta, no pocos que se pegaron el viaje desde otras latitudes. Estados Unidos incluso. Tal fue el éxito de la convocatoria.

Como apuntes a mejorar podemos hablar de las largas colas que muchos asistentes hubieron de sufrir, los dichosos tokens o el alto precio de la bebida si bien este último parece tener más que ver con el signo de los tiempos que con el propio evento en sí. No lo sé. En cualquier caso y si el año que viene la cosa sigue por los mismos derroteros, repiten ubicación y el cartel iguala en calidad al de esta primera edición, cosa harto difícil si me preguntan, será un auténtico placer volver a dejarse caer por tierras leonesas.

Como siempre, no queríamos cerrar esta crónica sin dedicar nuestro agradecimiento a Artisti-k Producciones por todas las facilidades, ni tampoco sin mandar un gran saludo a los muchos músicos, amigos, fotógrafos y fans con los que nos cruzamos a lo largo de la jornada. Sois multitud y me es imposible nombraros a todos. Ya sabéis: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz