Tal y como venimos comentando en crónicas recientes, la temporada de salas apura sus últimos coletazos antes de la inevitable venida de los grandes eventos. Y ante una noche en recuerdo de los inmortales Queen, qué mejor plan que dejarnos caer por nuestra querida Sala Gong. Con todo un Richard de la Uz a cargo de emular al inolvidable Freddie Mercury, la noche vino a darse tal y como sigue.

Se hablaba de una venta anticipada de entradas rondando las ciento cincuenta. La reina y su particular cancionero siguen teniendo tirón. También porque de la Uz está rodeado de una formación de lujo. Entre ellos un Sam Rodríguez en teclas, al que viéramos con The Electric Buffalo fechas atrás, y que se destapa con unos notables coros durante la inicial “One Vision”.
Su puesta en escena quedaba reducida a lo elemental. Sí, Richard viste hábitos muy Mercury. Ángel Miguel carga con una guitarra «The Red Special» como la de Brian May, pero en líneas generales su representación no podría resultar más orgánica. Ayudó el buen sonido que experimentó la sala, una noche más, y que ofrece ya su mejor cara cuando la banda encara una breve “Tie Your Mother Down”.

“Bienvenidos a una noche de 1986” proclama de la Uz. Es tiempo de “In The Lap Of The Gods”. Toda esta primera parte del set tiene algo de fulgurante, versiones reducidas de los temas, que enlazan unos con otros para regocijo de los presentes. Y que viene un poco a dar muestras de lo mucho y bien que se habían preparado esta noche tan especial. “Seven Seas Of Rhye”, “Tear It Up” pasan prácticamente en un suspiro. Pero es una de las favoritas de prácticamente todo el mundo, la juguetona “A Kind Of Magic”, del fenomenal álbum homónimo, la que finalmente pone a la nutrida audiencia a sus pies.
Richard de la Uz, huelga decirlo, se mimetizó con el frontman nacido en Stone Town (Zanzíbar, actual Tanzania). No solo sus ropajes, también buena parte de sus gestos y evoluciones sobre el escenario recordaban en buena medida al británico. En especial cuando arremete con los clásicos “Eo…”, buscando la interacción con un público. “Joder, gracias” no pudo por más que exclamar el vocalista asturiano ante la respuesta de la gente. “Under Pressure”, con Antón Ceballos clavando tan icónica línea de bajo, recibe una de las mejores acogidas de la noche. Richard de la Uz, por los suelos en un momento dado, parecía responder a todo el calor recibido.

Pero hablando de líneas de bajo memorables, qué decir de “Another One Bites The Dust”. Y es que pasan los años y no puede uno más que preguntarse como aquellos cuatro personajes eran capaces de dominar tal cantidad de registros sin perder un ápice de autenticidad ni tampoco de gancho. El caso es que llegó entonces uno de los mayores retos vocales de la velada, “Who Wants To Live Forever”, con un de la Uz vibrante y pasional.
Cambio de registro y también de vestuario, era el turno de “I Want to Break Free”, donde vino a brillar el solo de Ángel Miguel con el pie soldado al cry baby. Llegaría entonces el tiempo para el descanso, con el guitarrista, bañado en luz roja, quedándose a solas sobre el escenario de la Gong. Estupendo solo el que nos brindó aquí el también líder de The Travellers. Ya con la banda de nuevo al completo, era el momento de “Now I’m Here”, finiquitada con un pequeño escorzo de Alejandro Blanco tras su preciosa batería arlequinada. Se produjo aquí un pequeño speech de Ángel Miguel. Los orígenes de la idea, comparándose no sin cierta sorna, con el Coronel Tom Parker, a la sazón mánager de un tal Elvis Presley.

La interpretación de Richard en “Love Of My Life” es de las que ponen la piel de gallina. Envidiará uno siempre a quienes pudieron sentir de primera mano al verdadero Mercury, pero desde luego que el ex Edén, Exkalibur y Jívaro parece atravesar un momento verdaderamente dulce en lo que a voz se refiere. Y habla de su propia humanidad el gesto que quiso tener para con el pueblo palestino y el genocidio que sufre ante la pasividad de eso que han dado en llamar “Comunidad internacional”. Gran gesto el suyo y que anticipa “Is This the World We Created…?”. “Un tema muy especial en un día como hoy” explicaría el propio vocalista luarqués.
Después de la reivindicación, la fiesta. Y es que la recepción de “Bohemian Rhapsody” fue de las más pronunciadas de toda la jornada. Unos y otros cantamos, o más bien lo intentamos, tan inmortales estrofas. Dispararon, nos ha jodido, la parte operística central. No pasa nada, los de verdad también lo hacen, y al final quedó como uno de los puntos álgidos del set.

De aquí al cierre cabrían pocas sorpresas, con la banda enlazando clásico tras clásico, sonando realmente redondos y dejando la impresión de que se lo estaban pasando en grande. Al fin y al cabo era de lo que se trataba. Una de mis favoritas desde niño llega de hecho en este preciso momento, “Hammer To Fall”, seguida de “una cosa muy loca, llamada amor”, claro, “Crazy Little Thing Called Love”, con Ángel Miguel colgándose ahora una preciosa Schecter (si mis ojos no me engañan).
“We Will Rock You” hermana a público y banda. En especial cuando de la Uz acomete las debidas presentaciones. Aeternal Queen encara entonces “I Want It All”, exudando su vena más próxima al hard rock. Richard bajó del escenario y se perdió entre la gente durante el buen solo de Ángel Miguel. Difícilmente el ambiente podía ser más festivo. Más aún si cabe con esa “The Show Must Go On”, con Richard a pecho descubierto, y las innumerables resonancias que el tema adquirió tras la muerte de Freddie Mercury aquél fatal 24 de noviembre de 1991. “Friends Will Be Friends” y, claro, “We Are The Champions”, con Richard emergiendo del backstage con las obligadas corona y capa de cara a la ovación final. Misión cumplida.

Sí. Ya sé. Las bandas tributo. Peor son los viernes sin salir de casa. Al final nadie puede negar lo mucho que tuvo de celebración la jornada. Es este un cancionero sólido como quilla de transatlántico y, a la vez, de una heterogeneidad que, aún hoy, sorprende y engancha. Parafraseando a Homer Simpson, “era su primerito día”, y por ahí puede que no todas las interpretaciones fuesen perfectas y cristalinas. Por contra, la banda supo suplir con dedicación, también con pasión y en especial con cariño cualquier posible percance. No me escondo, Queen fue uno de mis primerísimos contactos con el mundo del rock y a buen seguro se nota a lo largo de esta crónica. Y aunque como he dicho por ahí atrás, muchos no tuviéramos la suerte de ver a Freddie en vivo, bien están noches como las del viernes para rememorar a una figura indispensable (e indiscutible) en la historia del rock. Por mucho que uno esté hasta las mismas gónadas de la dichosa “We Are The Champions”. Lo uno no quita lo otro. Sea como fuere agradecer a la banda por la invitación, saludar a Susana Alberich, Jorge López Novales, Miguel Rubio, la buena gente de Argion y ya saben: nos vemos en el siguiente.
Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz