Bajo el nombre de «Beyond The Veil» verá la luz en el mes de julio el tercer álbum de estudio de Totengott, primero con la discográfica Hammerheart Records, hogar de bandas como Master, Trouble, Entrails, Ereb Altor, Blind Illusion, Phlebotomized o Sear Bliss.
Calificados por su nuevo sello como los hijos bastardos de Celtic Frost, el próximo trabajo del combo asturiano ofrecerá un nuevo episodio dentro de la guía espiritual escrita por Tom G. Warrior. La grabación navegará por dicho modelo aportando ecos a Voivod, Bathory, Winter, Conan u Obituary y nuevos detalles para crear una nueva obra inquietante y oscura. «Beyond The Veil» será el resultado de más de cuatro años de trabajo para elevar el sonido de la banda a un nuevo nivel y verá la luz a través del histórico sello que ayudó a dar forma al metal extremo durante casi 30 años.
Décimo segundo trabajo ya para las huestes finesas Azaghal, el trío que a día de hoy forman Thirteen (voz) y los Wyrd Lima (baterías) y Narqath (guitarra, bajo, teclados y voz limpia). Tanto las voces como las baterías de este “Alttarimme On Luista Tehty” se grabaron en 82 Productions bajo las órdenes de J.Pitkänen, mientras que guitarras y bajos se materializaron en DT-Audio. Las pistas resultantes serían finalmente masterizadas en los Wolfthrone Studios. Con artwork del Ars VeneficiumRonarg (Antzaat, Ondfødt, Gurthang…), el disco vio la luz vía Immortal Frost Productions el pasado mes de febrero.
Puede que el sonido tan sucio del tema título “Alttarini On Luista Tehty” pille por sorpresa a más de uno, si bien no es menos verdad que el trío finés parece saber muy bien lo que hace a lo largo de los cuatro minutos que ocupan este black nervioso y cerril, comandado por una base rítmica tan presente como eficaz. Crepita como alma que lleva el diablo ese bajo de Narqath mientras se suceden hábiles cambios de ritmo y licks de batería a lo primeros Mayhem, orgullosamente clásicos. Thirteen se desgañita a placer y el corte termina por dar la razón a quienes lo eligieron como estandarte de este nuevo álbum.
No muy lejos del tema título se sitúa una “Kuolemanmarssi” que arranca con pie firme para después acoger una serie de estrofas de pulso casi d-beat donde, a ratos, emerge la cara más atmosférica de la banda nórdica. Breve, apenas un parpadeo de ni siquiera tres minutos, pero tan feroz y rabiosa cuando se lo propone como distinguida y personal. Lástima que las curiosas disonancias que dan pie al epílogo no gocen de una mayor cuota de espacio.
Aquella presencia más atmosférica que se revelaba en el corte inmediatamente anterior viene a dominar una “Kultti” que pronto emerge como otro de las ofertas más distinguibles de todo el largo. Hay ritmos a ratos casi marciales confrontados a un black que casi parece virar hacia terrenos melódicos. Alguna decisión curiosa en cuanto a arreglos durante estribillos y la sensación de que debería ser una fija en una gira de presentación que tendrá parada en el ovetense Gong Galaxy Club el jueves siete de diciembre junto a los mañosEmpty.
“Paholaisen Musta Kieli” casi parece rebelarse contra la cierta extrañeza de su predecesora a fuerza de percutir con la cara más abiertamente agria y cabrona del trío. Black cerril al que contraponen pulsos lindantes con un black thrash más al uso. Narqath está más que lúcido en la creación de unos riffs que encajan al dedillo con la no poco interesante línea de batería de Lima. Sorprenden, si acaso, la pesadez y la atmósfera que desprende, a chorro, su curioso puente central. Pequeña isla de calma tensa que precederá al breve pero arrebatado epílogo.
“Myrkkyä” vuelve a derivar hacia la vertiente más melódica de los fineses, valga la redundancia, al tiempo que hace acopio de alguno de los riffs con más gancho y empaque de todo el disco. Su pulsión más melódica vendrá asimismo a manifestarse durante el puente central en forma de eficaz solo de guitarra pero también a lo largo de un epílogo que, arreglos mediante, parece rimar con la mencionada banda hermana de Lima y Narqath.
Como propuesta más rácana de las nueve y bajo un título como “Kaaos” casi no cabe esperar otra cosa que no sea black ardiente y pocas complicaciones. Azaghal en general y Lima en particular muestran aquí su cara menos amable, si bien el corte resulta finalmente menos predecible de lo que se pudiera intuir. Fugaz aunque poderosa rabia nórdica.
“Syöpäläinen”, que inaugura la cara B de las distintas ediciones en vinilo, pasa fácilmente por ser la oferta más hábil de esta parte final del álbum. Acoge su habitual black irredento mientras Thirteen despliega todo el mal café habitual. Hay buenos engarces entre estrofas por parte de Narqath, que transige hacia un riff servicial toda vez regresa el no poco agrio registro del también frontman de los thrash punk Scarecrow. Sólida y muy eficaz.
Me engancha “Syvyydestä Liekkien Takaa” por ese marcado tono melancólico que arrastra casi en la misma medida en que me deja con ganas de más a causa de ese desarrollo tan poco ambicioso en lo que a tiempo se refiere. Bien trabajada a nivel melódico, del todo frontal en cuanto a su línea de batería y absolutamente única dentro del disco. Lástima como digo esos ni siquiera tres minutos que marca en el reloj.
No mucho más allá en términos cronológicos se sitúa “Verivirta”, si bien esta desarrolla una pulsión mucho más genérica. A base de hilvanar black old school y breves andanadas de sucio punk metal a la Motörhead, Azaghal construyen un corte poco sorprendente pero sin dobleces, con Lima atacando el kit con pulso casi marcial y la sucia producción del álbum otorgando el inequívoco aura de autenticidad del más descarnado black finés.
“Ei Valoa Tuonelassa” recupera esos dejes más atmosféricos que han ido yendo y viniendo dentro del disco para conformar un black quizá un tanto descompensado, hay riffs que por clásicos no dejan de sonar un tanto convencionales, pero que parece no ahorrar un solo esfuerzo. Ni siquiera desfallece Thirteen dejando para este corte postrero alguno de los gritos más agónicos y desesperados de todo “Alttarini On Luista Tehty”, pero no puedo evitar pensar que dentro del mismo conviven ofertas mucho mejor resueltas.
“Seitsemän Ihmisen Irvikuvaa” sin ir más lejos. Entrega más extensa de las nueve, desarrollada desde unos ritmos medios donde se sitúa otro de mis riffs favoritos de este décimo segundo trabajo del combo radicado en Hyvinkää. Me agrada en gran medida la forma en que conjugan blast beats con ese pulso más melódico. O la forma en que luego emerge de nuevo un black de cierto aroma thrash o redirige hacia ritmos más pesados y arenosos. Fluyendo en todo momento de forma natural y sin dar lugar a cualquier tipo de impostura. Azaghal parecen saber muy bien qué se traen entre manos.
Empecé tarde a escuchar a estos Azaghal y ya es raro de tanto en cuanto sí que conocía desde hace ya tiempo a la otra banda de Lima y Narqath, los más folkies Wyrd, culpables de discos tan reivindicables como “Heathen”, “Rota” o “Huldrafolk”. “Alttarini On Luista Tehty” transmite en gran medida un black sucio y enervante, en el buen sentido, donde lo feo de la producción abraza una serie de intenciones que poco tienen que ver con las propuestas más civilizadas y, quizá también, menos comprometidas, de muchas de las bandas que hoy por hoy son enseña del género. Pero y he aquí el gran triunfo del álbum, sin abandonar las exigencias del género, pocas veces estos cortes resultan unidimensionales o siquiera aburridos. Si acaso sí lastrados por desarrollos algo rácanos, pero en ningún caso desangelados o sin vida. Ni mucho menos. Siguen planteando batalla.