Siete años después de su última gira por nuestros escenarios, ZZ Top regresará a España en el mes de julio para ofrecer un total de 6 conciertos. La fecha en Pamplona contará con la participación de la banda australiana Wolfmother.
Sábado 18 de julio – Navarra Arena (Pamplona) ENTRADAS Domingo 19 de julio – Poble Espanyol (Barcelona) ENTRADAS Lunes 20 de julio – Noches del Botánico (Madrid) ENTRADAS Miércoles 22 de julio – Marina Norte (Valencia) ENTRADAS Jueves 23 de julio – Plaza de Toros de Murcia ENTRADAS Sábado 25 de julio – Concert Music Festival (Cádiz) ENTRADAS
Pamplona, Barcelona, Madrid, Valencia, Murcia y Cádiz contarán con la presencia del renovado trio de Texas compuesto actualmente por los miembros originales Billy Gibbons (voz y guitarra), Frank Beard (batería) junto a Elwood Francis (bajo), relevo del malogrado Dusty Hill, fallecido en julio de 2021. La «Little Ol’ Band From Texas» llegará inmersa en un extenso tour europeo compuesto por veintitrés conciertos a lo largo de trece países en apenas cinco semanas. El pistoletazo de salida tendrá lugar el 22 de junio en Tartu (Estonia) y contará con actuaciones en Finlandia, Suecia, Noruega, Alemania, República Checa, Austria, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos, Suiza y Francia.
Elise Frank, vocalista, guitarra y compositora francesa de blues rock recalará el 6 de junio en el Fantasio de Navia inmersa en la presentación en nuestros escenarios de su segunda obra de estudio «I Didn’t Pay For It» publicada en el mes de enero vía Ruf Records.
Con una apuesta por sonidos crudos, orgánicos y viscerales para dar rienda suelta a influencias del blues tradicional, el garage rock y el folk, Elise Frank hará su presentación en Asturias acompañada de Josselin Fleury (bajo) y Sébastien Gaschard (batería).
A veces sienta bien salir de la zona de confort y qué mejor para ello que pegarte un atracón de blues rock incendiario sin guitarra y a pura voz cazallera. El “reverendo” James Leg llegaba a la Factoría presto a dar una lección de cómo enfrentar al blues con el rock sin más apoyo que un pequeño pequeña batería.
Eso… y los múltiples pedales de distorsión que rodean al Fender Rhodes de Leg, de los que echaría mano a lo largo de todo el set. Este arranca envuelto en una suciedad nada impostada. Natural, profundamente orgánica, que nos conduce a su peculiar homilía desde el mismo inicio. Una liturgia a la que el público se sumó desde el mismo inicio, y que juega en esta parte tan inicial a confrontar el blues más arrastrado con el rock más incendiario. Parca puesta en escena, nada resultó superfluo o innecesario. Vieja escuela para viejas canciones. Al fin y al cabo, el texano y si mis datos son correctos, lleva la friolera de diez años sin ofrecerle un largo a los suyos. Así las cosas, todo confluye en una comunión que Leg procura sin dejar de moverse tras el maltratado Rhodes.
Porque él fue todo sudor y entrega desde la primera nota que percibimos. Encadenando un corte tras otro, mostrando tanto ese registro tan roto y maltratado como un buen gusto en riffs y solos que nos arrastró sin remedio. Tanto es así que uno perdona los detalles y arreglos que se pierden en esta traslación al vivo. Sea como fuere, me gustó cuando mostró esa cara más rocosa y áspera casi tanto como cuando se arrimó, insisto que sin guitarra alguna, a las lindes del rock más vibrante. La gente iría así, poco a poco, dejándose llevar por la palabra del reverendo.
Y es que Leg estuvo tan fino en la creación de riffs como a la hora de solear desde el teclado, si bien se las tuvo que ver con un desmañado pie de micro que a poco estuvo de arruinarle la jornada. Saltó, se retorció, pataleó al aire incluso. Se disculpó eso sí por su escaso dominio de nuestro idioma. El justo para agradecernos su presencia allí y seguir con un blues aguardentoso y doliente donde su voz rota encajó como un guante. Incansable él, es cierto que, la cabra tira al monte después de todo, gocé de lo lindo con los momentos más vigorosos, más vibrantes, de un rock que invitaba a mover el cuerpo. Quien sepa de eso.
En esas partes más bailables pensaba en unos Sex Museum, con matices, mientras que Blue Cheer acudían a mi subconsciente a poco que la descarga se dirigía hacia territorios más sucios y descarnados. Por ahí Leg tendría tiempo de echar pie a su Cry Baby y revestirse de una cierta épica. Amplificando el rango sonoro de un set siempre orgánico y visceral. El público de la Factoría, siempre tan receptivo, recibía la palabra del señor con gozo y algarabía. Y es que, al final, por muy duro y muy sucio que sea el sur de los States, bien están propuestas como esta, tan alejadas del mainstream más superficial. Tan parcas pero tan sinceras. Y por si todo esto era poco, sorprende cómo los bises entregaron la cara más rotunda y directa del dúo. Dejándose la piel en cada golpe a la caja, en cada pulso a las teclas. Un gran final que, tras casi hora y media, nos dejó más que satisfechos. Alabado sea el reverendo.
Lo pasamos bien. Es por eso que no me gustaría cerrar sin mandar una vez más un agradecimiento a la buena gente de Factoría Sound por todas las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, así como sinceros saludos a la compañía del antes, el durante y el después. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
Nothing More, banda invitada en las dos paradas en nuestros escenarios de Godsmack cancelan unilateralmente su tour europeo por la necesidad de finalizar su próximo trabajo discográfico. La gira de de la mítica banda de Massachusetts sigue adelante con en lo que serán sus únicas actuaciones en formato club en España.
Tras un largo parón, Koma decide volver a los escenarios y lo hace en 2024, además, publicando un nuevo trabajo “Una Ligera Mejoría Antes De La Muerte”. Desde entonces, no dejaron de pisar tierras asturianas anualmente. Primero en la presentación de ese reciente disco, en el 2024 en la Acapulco de Gijón (crónica), el pasado año como parte del Luarca Metal Days y este 2026, en la ovetense salaTribeca.
Los navarros suelen tener una gran capacidad de convocatoria y así se reflejó este viernes, con una sala rozando el aforo completo. Nada nuevo nos ofrecieron, “un repertorio variado”, como señalaba el propio Brigi Duque, compuesto por sus temas más míticos y varios de su último álbum. Más que suficiente para crear un ambiente de fiesta total. Pasados unos minutos de las nueve de la noche, sale al escenario la formación navarra, compuesta por Rafa Redín al bajo, Natxo Zabala a la guitarra, Juan Carlos Aizpún a la batería y el propio Brigi Duque, guitarra y voz.
Sin concesiones, empiezan con “Dinamítalos” (de su último disco), dan las buenas noches y suena “El Catador De Vinagre” y “Protestantes”. Vuelven a saludar al público y comienza “Tio Sam”, en la que canta Rafa. La gente acompaña cantando también ya metida de pleno en el concierto y se siente la energía que emana el grupo. Sin más dilación, continúan con “El Viaje” y “La Máquina Del Tiempo”, con unos riffs que invitan a moverse, y siguen con “Vaya Carrera Que Llevas, Chaval”, Brigi y Natxo moviéndose por el escenario, modo endiablada marcha militar y con Rafa cantando a dúo en el estribillo central.
En el fondo del escenario se van sucediendo distintas proyecciones, que comienzan con el logo de la banda sobre una bandera palestina, aparece también la portada del último disco, y el propio logo de Koma en letras rojas, entre otras. El sonido fue ajustándose conforme fue discurriendo la actuación, ya que, en un principio, no sonaba todo lo fino que debería, pero tras los primeros temas, mejoró y creo que fue bastante bueno, en general.
La gran intensidad con la que Koma van desgranando sus temas, hace que el ambiente del escenario se caldee y el suelo comience a empaparse. Se produce el primer y mínimo parón, donde Juan Carlos introduce a golpe de batería, “Sé Dónde Vives”, con el público coreando el estribillo y, tras este tema, uno de los encargados de velar por el buen transcurso del concierto, sale a secar el suelo, bromea el vocalista diciendo que no se había traído los patines y que bien estaría tener una alfombra debajo de sus pies. Recuerda también Brigi, que hace muchos años que no vienen por Oviedo, que están muy contentos con la respuesta del público y que el tiempo también les afecta físicamente (aunque la sensación que nos dejaron fue de que están en plena forma totalmente).
La descarga continua al mismo ritmo endiablado con “El Pato”. En “Por Los Siglos De Los Siglos”, el ritmo baja un poco, la gente se da un descanso en los pogos. Aprovecha el técnico para asentar los cables al suelo aún muy resbaladizo y termina colocando la solicitada alfombra bajo los pies del sudoroso frontman. “¿Nos vaciamos?”, brindis de la banda con la parroquia tras un muy coreado “Me Vacío”, siguen con “El Muro De Berlín” con aire a milonga, que comienza Natxo con la primera estrofa, como suele ser habitual.
Vuelta a la velocidad con la poderosa intro de “El Pobre” y vuelve el movimiento entre los presentes, que lo están disfrutando de lo lindo, culminando en un clamor con “Imagínatelos Cagando”. Suma y sigue. “La Almohada Cervical”, breve descanso y “El Marqués De Txorrapelada”, seguida de “El Sonajero”, tema del álbum “Sakeo” (2007) donde fusionan son cubano con metal. En la proyección del fondo un simpático monito tocando unas maracas.
Son las 22:30 horas y la banda se retira a escanciar unos culines, como se podía entrever entre las cortinas del camerino. De regreso, suenan los primeros acordes de “Palabras Mágicas”, otro de los temas de su álbum más reciente. De fondo, se proyecta un fabuloso eclipse acorde al aspecto más melódico de esta canción, relajando un poco el ambiente. En “Jack Queen Jack” compartiendo voces de nuevo Brigi y Rafa, la guitarra de Brigi falla y se la cambian casi de forma imperceptible. Siguen con “A Ostia Limpia” para completar la antesala a la parte final del show.
El estribillo de “Sakeo” suena como un clamor, acompañando a Brigi y a Rafa, para seguir con otro de los clásicos: “Aquí Huele Como Que Han Fumao”, en su versión asturiana, aquella que Koma realizó para la recopilación de 1997 “L’ Asturianu Muévese” (a mí me parece mejor que la original). Y con “Bienvenidos A Degüelto” se cierra, por el momento, el espectáculo. Se despide Brigi con un “Bienvenidos Al Tribeca”, modificación que canta en el propio estribillo del tema. La banda abandona un escenario oscuro ya, pero en la proyección del fondo aparece un cementerio, presagio claro del bis que nos espera. Este no puede ser otro que “Mi Jefe”, con el que ya cierran, esta vez sí, una actuación de prácticamente dos horas de pura intensidad.
Con Koma ya se sabe de antemano que no va a haber fallo respecto a lo que vayan a entregar en el directo, no es solo cantar y tocar, sino interpretar, derrochar energía cual jovenzuelos principiantes y eso se transmite. Solo queda enviar un saludo a todos los colegas y conocidos que allí se congregaron. Agradecer a Heavy Metal Brigade y a Miguel Rubio sus aportaciones a esta crónica. Y ya sabéis, ¡¡¡lo nuestro siempre fue (y será) el Heavy Metal!!!
“Freedom Or Death” es el nombre elegido para la gira 2026 de los canadienses Kataklysm, junto con Vader y Blood Red Throne como invitados especiales. Tres bandas internacionales del metal extremo con larga trayectoria, motivo que nos hizo decidirnos a ir a presenciar uno de sus shows, de los tres que tenían reservados para España. En esta ocasión, tocó acercarse a tierras navarras. Era sábado, la elección fue más sencilla.
Por primera vez pisamos la sala Totem Aretoa, situada en un polígono industrial, en la localidad navarra de Villava, muy cerca de Pamplona. Con su aspecto de taberna irlandesa y una más que aceptable acústica, la sala parece un espacio adecuado para este tipo de eventos, no es de extrañar que, últimamente sea una de las paradas elegidas por bandas destacadas y/o importantes del panorama metalero. También destacó la puntualidad británica de la que hicieron gala las tres bandas en el comienzo de sus descargas, ni un segundo más sobre el horario previsto para cada una.
Así, a las 19:15 salen a escena Blood Red Throne. Con un estilo diferenciado al de las bandas que acompañaban, los noruegos dispusieron de media hora justa para deleitarnos con seis temas extraídos de distintos trabajos. La formación ha pasado por numerosos cambios en sus 28 años de trayectoria y cuenta con varios discos en su haber. Blood Red Throne abren de espaldas al público con “Unleashing Hell”, de su álbum de 2003, sentando ya las bases de una descarga de death metal sin concesiones. El actual vocalista, Sindre Wathne Johnsen, presenta el segundo tema “Beneath The Means” perteneciente a su último álbum, “Siltskin” con el que ya meten en cintura a un público que puebla generosamente la sala navarra y parece sediento de ruido. Antes de “Every Silent Plea” aprovecha Ivan “Meathook” Gujić, uno de los guitarras del grupo, para meterse un buen lingotazo de whisky y acometer los endiablados riffs que forman parte de este tema.
Continúan con “Itika”, para regresar al último álbum con “Vermicular Heritage”, tras un nuevo brindis. La formación se muestra compacta, mostrando un death metal con tintes modernos y con la personalidad que le confiere el guitarra, miembro original y compositor, Daniel Død Olaisen. El conjunto lo cierran Freddy Bolsø a la batería y Stian Gundersen al pequeño y siempre vibrante bajo. Y se despiden con “Smite” invitando al público a visitarlos después en el merch, donde pudimos comprobar su cercanía. El sonido, aunque correcto, no llegó a los niveles que alcanzaron las otras dos bandas de la noche. Sin duda, nos dejaron con ganas de mucho más. Al que le guste este tipo de género, no debería dejar pasar la oportunidad de verlos en directo, si tiene ocasión.
Cambio de proyección de logo en el fondo del escenario: Vader. Me equivocaría poco si dijese que un gran porcentaje de la peña que pobló la Totem este sábado, estaba allí para ver el directo de Vader. Y es que los polacos son toda una institución en el metal extremo del este de Europa. Ese death crudo, con tintes de thrash, rápido, afilado y con el carismático frontman Piotr “Peter” Wiwczarek que te atrapa con su sola presencia; 43 años de experiencia, los avalan. La formación la completan Marek “Spider” Pajak, a la guitarra, Tomasz “Hal” Halicki, al bajo y Michal Andrzejczyk en la batería.
Comienza el espectáculo a las 20:10 horas, sonando “Sothis”, seguida de “Fractal Light”, con Spider y Hal intercambiando su espacio en el escenario. Atronadores los riffs de estos primeros temas. “Hola, Nafarroa”, saluda Peter, quien se siente como en casa por aquellas tierras y pregunta si se acuerdan de ellos. Es obvio que sí. Presenta “Wings”, tema que abre su fabuloso “Litany”. Le sigue “The One Made Of Dreams” y presenta “Reign Forever World” del EP homónimo (2000). La intensidad de cada tema requería una ligera parada entre cada uno, momento que aprovechaba Peter para interactuar con un público más que entregado. “Do you want some more?”, pregunta, y antes de recibir una respuesta, atronan con “The Book”. Bestial, con una batería que sonaba endiabladamente rápida. En la misma línea le sigue «Cold Demons”.
El escenario se convierte en un averno cargado de humo y de luces rojas y verdes. La banda desaparece del escenario entre la neblina para reaparecer unos momentos después y acometer una segunda parte cargada de temas clásicos y míticos. “This is fing war” grita enaltecido Peter. Sin parar empatan con “Lead Us!” La gente corea sin cesar “Vader, Vader” justo antes de su conocido “Triumph Of Death”. Ya en la recta final, presentan “Dark Age”, segundo tema de su primer largo de 1992 y piden un wall of death para “Carnal”. Hemos de decir que no hubo mucho movimiento en la sala, algún pogo en la parte central que nunca llegó a la zona delantera, algo que se agradece, teniendo en cuenta que el escenario de la Totem mide más de metro y medio de alto y costaría aún más seguir el bolo. En todo caso, la agresiva ejecución de los polacos nos dejó bastante absortos. Una última pregunta para terminar: “Is God fing dead?” “Helleluyah!!! (God is Dead)” pone broche de oro a un impecable directo. “We are the f**ing Vader” sentencian mientras se despiden al son de la marcha imperial de Star Wars. Tremendamente generosos, lanzaron no solo púas, sino también las muñequeras e incluso la camiseta.
Son las 21:30 horas cuando la formación canadiense, que encabeza el tour, comienza su esperada actuación. Flanqueados por una proyección diferente, no con su reconocido logo sino con la imagen de un carnero negro con ojos rojos brillantes, Kataklysm abren con “Push The Venom”, seguida de “Thy Serpents Tongue”. En total, 16 temas en algo más de una hora. Tras el agradecimiento al público por su asistencia, el líder y vocalista de la banda, Maurizio Iacono, presenta “Goliath”, tema que también da título a su último álbum del 2023, seguida de “Die As A King”.
A estas alturas ya todos estábamos disfrutando de su impresionante directo, con ese death cargado de melodía y toques más modernos hacia el que ha derivado la banda en sus más de 30 años de carrera musical, de hecho, su setlist se basó en temas extraídos de sus trabajos posteriores al 2002. El sonido, impecable. Iacono pide movimiento, recordando el caos vivido en Madrid la noche anterior, y la gente responde en “Prevail” y “Soul Destroyer”. Brazos levantados y cuernos al aire antes del single publicado en 2025, ”The Rabbit Hole”. Los canadienses se toman un respiro mientras su batería James Payne permanece sobre el escenario luciéndose con un solo. Minutos después vuelven con “The Resurrected”, “In Shadows & Dust” y “As I Slither”.
Al igual que ocurrió con Vader, esta segunda parte caldeó aún más el fabuloso ambiente de la Totem, y un entregado público se deja llevar por los tremendos riffs de temas como “Bringer Of Vengeance” o “Crippled & Broken” tema de su álbum “In The Arms of Devastation”, del que se cumplen 20 años. Maurizio pregunta si estamos cansados, la respuesta es inmediata, ya que los pogos avanzan hacia la parte delantera y, tras temas como “At The Edge Of The World” y “Narcissist” comienzan los primeros crowdsurfing que culminan con una pequeña invasión del escenario.
Llegamos al final con “The Black Sheep” y “Elevate”. La banda agradecida y el público aún más. Buen nivel, buen sonido, buen ambiente, poco más se puede pedir para culminar un fin de semana perfecto. Bueno…que Renfe funcione mejor…, pero ese ya es otro tema. Agradecer, una vez más, a Heavy Metal Brigade por poder inmiscuirme en sus crónicas y hasta la siguiente.
Apenas un año y medio después de su anterior paso por MadridThe Hives retornaban a la capital para defender una nueva obra de estudio y su estatus como icono de la resurrección del garaje rock a través de una nueva incendiaria interpretación en vivo. Decibelios, sudor, imagen y buenas canciones volvieron a formar un póquer imbatible en las manos del combo sueco.
No necesitaron grandes alardes en lo ornamental. Apenas cinco globos suspendidos en el escenario formando el nombre de la banda y varias tarimas por las que Pelle Almqvist y los suyos saltaron y posaron para disfrute de la audiencia y los fotógrafos más avezados. Estéticamente más de lo mismo, sus habituales y luminosos trajes de faena, guitarras que parecen llevar una eternidad en sus manos a la vista de su deterioro para volver a colmar todas las expectativas a las 4.000 almas congregadas en el Movistar Arena.
Saben como ganar el favor de su gente. Tampoco requiere mucho esfuerzo ya que el público está muy por la labor además si te diriges en un más que correcto castellano, tienes mucho ganado y más si la bienvenida por parte de Pelle es “madrileñas, madrileños, gatas, gatos, la cerveza caliente no es buena” no queda si no rendirse, imbatible de por sí.
Camino de las tres décadas de trayectoria lejos de acomodarse siguen apostando por factores que controlan perfectamente. Provocación, contundencia y teatralidad como santo y seña, a la vez que suman al repertorio cinco temas de su nuevo disco “The Hives Forever Forever The Hives”. Si hay que resumirlo a una palabra, esa sería sin duda, fiabilidad. No por esperada es menos disfrutona la petrificación de la formación en “Paint A Picture” o el baño de masas de Pelle entre el público. Son parte de una homilía que sigue funcionando a la que muchos se atreven a denominan la mejor banda de directo del mundo.
Pocas sombras arrojó su show madrileño, quizás los diez minutos que alcanzó “Tick Tick Boom” para presentar a la banda fueron algo excesivo o los soliloquios con los que el pequeño de los Almqvist rompía por momentos el ritmo del show que apenas cruzó la frontera de los 90 minutos. Poco importa, se saben ganadores, los reyes del garaje punk moderno como refleja la portada de su nuevo trabajo discográfico.
Tan enérgicos como previsibles, su honesto intento de reinvención es tan divertido como irregular. The Hives tratan de surcar el inevitable choque generacional a base de una característica experiencia visual, actitud y nuevas canciones que aportan frescura a un setlist plagado de himnos. Musicalmente irreprochables, de nuevo se llevaron la aprobación de sus parroquianos.
La fórmula funciona, vaya que si. Tiene tiempo pero no parece tener fecha de caducidad. Han trasladado a los grandes recintos una receta que maravillaba en sala, con un Pelle Almqvist como punto focal y maestro de ceremonias que no ceja en su empeño por conectar, guiar y engatusar a la audiencia a través de la insolencia y la provocación en su justa medida. Hay que vivir la experiencia The Hives al menos una vez para comprender como consiguen rendir a sus pies a distintas generaciones. Jóvenes ávidos de nuevas experiencias y veteranos acomodados con el menú ofertado. Un nuevo concierto para ellos con los estándares de calidad cumplidos para refrendar la bienvenida dispensada a la audiencia al inicio del show. ¡We are The Hives, your new favorite band!