De la mano del festival asturiano Luarca Metal Days y bajo la denominación Luarca Metal Days On Tour, el próximo 23 de abril arranca la gira estatal de Cobra Spell, formación liderada por la guitarrista Sonia Anubis (Burning Witches, Crypta) que llegará a nuestros escenarios con renovada alineación y nuevo disco en el zurrón, «666» editado vía Napalm Records en diciembre del 2023. El tour contará con parada en casa, la cita será el domingo 28 de abril en el ovetense Gong Galaxy Club.
Acompaña al combo internacional la banda madrileña Rabia Pérez inmersa en la presentación de su nuevo trabajo discográfico, el EP «Premonición«, editado a finales del pasado año por Art Gates Records.
Parada en el ovetense Gong Galaxy Club del combo post black metal germano Downfall Of Gaia dentro de su tour estatal junto a los catalanes Syberia. La cita tendrá lugar el próximo sábado 27 de abril.
Los teutones presentarán su nuevo lanzamiento discográfico «Silhouettes Of Disgust» editado en el mes de marzo vía Metal Blade Records. Obra conceptual, su narrativa se centra en las historias de ocho personas diferentes, residentes de una metrópolis ficticia, cada una con sus propias preocupaciones y luchas como la soledad, la adicción, el miedo al mañana, la presión de la sociedad, el trabajo y cosas que muchos conocemos muy bien.
Por su parte Syberia llegarán a Asturias directamente de su reciente tour europeo e inmersos en la promoción de su último disco de estudio «Statement Of Death«, editado el año 2022 también a través del sello norteamericano Metal Blade Records.
Casi 24 años después Jethro Tull regresa a los escenarios asturianos. De nuevo Gijón volverá a recibir a la legendaria formación liderada por Ian Anderson. La cita con los de Blackpool tendrá lugar el sábado 2 de noviembre en el Teatro de la Laboral.
El veterano combo progresivo presentará su última obra de estudio «RökFlöte«, vigésimotercera de su discografía, editada el pasado año vía Inside Out Music. Las entradas cuyo precio oscilarán entre los 55€ y 65€ están disponibles a través de los siguientes canales:
Actualización: Agotadas todas las localidades, se ponen a la venta de forma excepcional un centenar de entradas de visibilidad reducida con un descuento del 40% sobre el precio inicial, dependiendo de la ubicación.
Tener todo un festival internacional de la cerveza artesana a escasos diez minutos de tren ya sería sobrado aliciente para poner rumbo a La Felguera. Si además la jornada cuenta con la participación de gente como The Black Panthys Party, Endernity o Saratoga y además el clima primaveral acompaña, qué menos que dejarse caer por allí.
Mucha, mucha, mucha gente en el FICAL cuando son alrededor de las ocho de la tarde. Una vez hecha la inspección de rigor, la obligada composición de lugar, al evento parece no faltarle de nada. Numerosos bancos y mesas, food trucks, dos escenarios y, claro, multitud de puestos donde degustar cañas, pintas y lo que se terciara.
Centrándonos en lo musical, puede que The Black Panthys Party no entren del todo en el tipo de música que acostumbramos a tratar de este medio. ¿Nos aburrimos con ellos? Desde luego que no. Su forma de entender el punk no podría ser más clásica, pero obedecen a una raíz crítica que rezuma sarcasmo, ironía y finos juegos de palabras. El “buenas noches, Fitur” con que nos recibieron, pienso, les define y les resume.
Había gente de casi todas las edades frente a ellos. Y mientras mantenían a la familia real en el centro de la diana, sin cuidado alguno por lo que puedan pensar fiscalía y demás instituciones del estado y mientras la cerveza seguía abriéndose camino por cientos de gaznates, nos divirtieron con su peculiar modo de interpretar el tiempo que nos ha tocado vivir.
Los madrileños Endernity no lo iban a tener tan fácil. Y fíjate que son una banda que teníamos ganas de ver. Sus dos álbumes de estudio, el debut “Disrupted Innocence” y su continuación del año pasado “Flesh And Bone Of Humanity” pasaron con buena nota por esta web, revelando a una banda con una personalidad muy marcada y las ideas bien claras.
Pero nada más bajar del tren y llegar al recinto, pude ver en la prueba de sonido que acudían a la cita langreana sin Juan Carlos Fernández “Litos”, bajista del cuarteto, por lo que nos las tendríamos que ver con una banda en formato trío y líneas de bajo disparadas.
Como disparada era la intro “Handful Of Dust” a eso de las diez y media, para inmediatamente dar paso a “Goddess Ishtar” y enfrascarse en una auténtica batalla contra los elementos. Primero, un público ajeno que en gran medida no te conoce. Segundo la comentada falta de “Litos”. Y tercero, una infección de garganta que afectó a su guitarra y vocalista Manu. Pero a pesar de todo ello no percibí que el sonido fuera malo del todo. Sin solución de continuidad enlazan con “The Dream Is Over” del debut y, a fin de cuentas, uno vislumbra una versión cuanto menos notable del ocasional trío.
No quiso el propio Manu, claro, olvidarse de la ausencia de su cuatro cuerdas y de hecho comentó que la falta se debía a un hecho luctuoso ocurrido en su entorno más cercano, por lo que no queríamos dejar pasar la oportunidad de mandarle desde aquí todo nuestro afecto acompañado del mayor de los abrazos.
Pero la vida sigue y el metal con ella. Manu aseguró que se dejarían la piel por su compañero y a buen seguro y dentro de lo difícil que a buen seguro era para ellos, supieron sacar adelante buenos temas como ese “Revenge” con un tremendo GoG a los parches. También una “Ignorance Celebration” que, aseguraron, centra sus miras en todos esos charlatanes que surgieron a rebufo de la terrible pandemia del COVID. Malditos sean todos y cada uno de ellos.
Insistió varias veces el frontman con aquello de seguir a la banda en redes. Es el signo de los tiempos, con el formato físico claudicando ante el streaming, nuestro nuevo dios. Rodri cambia su Strato por una Telecaster y el trío se mete de lleno en un repaso por su notable debut. Ahí destacó “Infinite Hell”, con Manu peleando como un titán contra su infección de garganta, y una “You Wont Bring Me Down” que, dadas las circunstancias, sonó a pura reivindicación por su parte.
Apuntada inicialmente en el setlist la balada “I Dream That I Can Fly” terminaría cayéndose del mismo. Los problemas de voz de Manu. Endernity nos dejaron en cambio la más vacilona “Bite Me” primero, un pequeño solo de batería después y finalmente las debidas y obligadas presentaciones. El mayor nervio de “In The Name Of God” despidió una cita llena de contratiempos. Endernity pelearon contra viento y marea, sabiendo hacerse grandes frente a la adversidad. Queda por tanto el deseo de verles al completo y en plenas facultades en el futuro. Que no duden les recibiremos con los brazos abiertos.
Mucha expectación para la enésima venida de los también madrileños Saratoga a tierras asturianas, que pese a lo reciente de su última visita, aquella en el Teatro El Llar de Corvera allá por octubre del pasado año, concitó a un gran número de seguidores frente al escenario grande del FICAL.
Pero lo cierto es que irrumpen con “A Morir”, no sin antes un pequeño paso en falso, y la banda no parece estar del todo cómoda. De hecho el sonido, en líneas generales, fue peor que en anteriores citas. Desde abajo dio la impresión de que el problema estaba en los monitores pero no son más que cábalas. De ello tal vez el que viéramos a Tete en una versión algo más diésel, reservándose en el tramo inicial del set para ya bien entrada la noche ser el frontman de siempre.
En honor a la verdad y aunque ya digo que el sonido era mejorable, la gente se lo pasó en grande. De clásico en clásico y tiro porque me toca. “Mi Ciudad” pero muy especialmente “Maldito Corazón”, con un poderoso Arnau a los parches, fueron encauzando para bien la más reciente (seguro que no última) venida de Saratoga a Asturias. Mención igualmente a Jero. Su último paso por la región había levantado ciertas dudas pero el sábado y aún a pesar de los inconvenientes, pareció volver a su mejor versión.
Preguntó Tete cómo teníamos nuestras gargantas. Si dispuestas para gritar o prestas únicamente para ingerir cerveza. Lo cierto es que enfrascados como están en esa gira treinta aniversario con un set que repasa lo mejor de su discografía, pocos fueron los temas de la época del pinteño que nos dejaron. Precisamente por ahí “No Sufriré Jamás por Ti” parece haber caído de pie entre los suyos.
Del mismo modo muy bien recibida “Ángel De Barro” y sorprendente “Las Puertas Del Cielo” por cómo entregó los coros más rotos y oscuros que le hemos escuchado a Niko Del Hierro en mucho tiempo. Tete, por su parte, no se olvidó de sus habituales juegos con la audiencia. Tampoco de su ya clásica bajada al foso durante “Resurrección”. Y, cosas de haberles visto tres veces en menos de un año, el cambio de pie de micro revela que está por venir la calma de “Si Amaneciera”, con un mar de móviles iluminando FICAL.
“Como El Viento” puso una vez más la nota más power del veterano y curtido cuarteto para finalizar un set donde Saratoga se las vieron y desearon contra no pocas circunstancias adversas. Fue, claro, apenas un pequeño parón antes de los acostumbrados bises. Que sorprenden con la inclusión de “Mi Venganza” del “Morir En El Bien, Vivir En El Mal”, que anticiparía a las más predecibles “Vientos De Guerra” y “Perro Traidor”.
Desde luego no fue una mala versión de la banda pero sí es cierto que les hemos visto con mejor sonido en citas recientes. ¿Nos gustaron? Sí. No deja de ser un set construido a base de canciones que son auténticos himnos para una nutrida base de fans del heavy metal en la lengua de Cervantes. Pero regrabaciones al margen, son seis años ya sin nuevo material de estudio y al set no le faltan himnos pero quizá si algo de frescura.
Así las cosas, cansados pero contentos, aún nos quedó algo de gasolina en el tanque para disfrutar un rato de Me Fritos And The Gimme Cheetos y su punk de versiones improbables, que convertirían FICAL en una auténtica fiesta. Divertidos. Es cierto que toda vez se apaga el efecto sorpresa, el oyente más casual (es mi caso) echa en falta algo más. Aunque no termino muy bien de saber el qué. En cualquier caso ya digo que quienes se quedaron tras el bolo de Saratoga disfrutaron de lo lindo con los asturianos.
Pero a nosotros nos llegó la hora de recoger. Como calentamiento a los festivales que están por venir disfrutamos enormemente de la última edición del FICAL. En buena compañía, como siempre, con una organización que puso de su parte de cara a la redacción de esta crónica y en un marco que, por cercanía, nos trae tantísimos recuerdos del añorado Derrame Rock. Por muchos años.
Nueva cita en la Lata de Zinc de la capital asturiana en un fin de semana repleto otra vez de una cargadísima oferta musical. Esta vez la cita sería con el metal industrial de Killus, banda referente del género dentro del panorama estatal, que viene celebrando sus 25 años al pie del cañón y presentando su fantástico «Grøtesk» de la que dimos en su momento buena cuenta por estos lares (reseña).
A esta cita no acudían solos, les acompañaba la banda barcelonesa Astray Valley, que le tocó vivir el lado ingrato de que se solapen dos eventos el mismo día y hora en menos de cien metros de distancia. Una hora más tarde de lo anunciado saltaron al escenario ante poco más de 10 personas, con la peculiaridad de encontrarse Sonia Anubis, líder y guitarrista de Cobra Spell, cámara en mano inmortalizando a los catalanes. Eso no fue óbice para demostrar su buen hacer presentando temas de su último trabajo «Midnight Sun«, publicado a finales de 2023.
Iniciaron con «Darkest Times» dejando ya claro que lo suyo es un metal moderno con matices, apoyado por la versatilidad de su vocalista Clau Violette, que entremezcla potentes guturales con partes más melódicas sumado a una enérgica actitud que hace que por momentos el escenario de la Lata se le quede pequeño. Y es que los de Barcelona se muestran como un grupo muy compacto y con mucha calidad, a pesar de las circunstancias y de que para esta ocasión vinieron sin bajista.
Nos ofrecieron su lado más metalcore con cortes como «Northlights» y «Hollow» de su primer disco «Unneth«, por lo que no es extraño que este próximo verano estén presentes en festivales como el Resu o Rock Imperium. Nota aparte, también estarán presentes en el lavianés Karma Fest, donde esperamos tengan una audiencia mayor que en esta jornada y los que ya los hemos conocido volver a disfrutar de cortes como «Pray For The Devil» y de la gran dupla de guitarras a cargo de Joan Vena y Adriá Funerailles intercambiando solos con grandes armonías. Todo ello escoltado por Unai Splinters tras una contundente batería dieron los pertinentes agradecimientos para despedirse con «Negra Noche«, tema con letra en inglés y castellano dejando muy buenas sensaciones de banda de futuro.
Pasados unos minutos de las once turno para Killus, telón de fondo, un imponente set de batería de Anhell Stixx y sus atrezos habituales para iniciar su descarga con la misma trilogía con la que comienza su último gran trabajo, «Grøtesk». Intro, la homónima, «Man-Made Tragedy» y «H.E.L.L.» custodiados por un gran sonido y una buena puesta en escena. Derrochando energía y actitud provocadora e incluso por momentos irreverente por parte de Premutoxx al bajo, llegando a perder los papeles con quien menos culpa tiene, el pie de micro. En este momento el ambiente estuvo bastante mejor, al menos en número, fueron pocos los que decidieron sumarse tras terminar el bolo paralelo.
Situaciones así no son fáciles de sobrellevar, pero los de Vila-real hicieron derroche de energía. Ruk y Premutoxx intercambiando posiciones a cada rato e interactuando con el personal presente fueron repasando sus 25 años de carrera, con temas como «Nemesis«, «Ascending Deeds» o «El Pendulo«, de los pocos temas cantados en castellano por un brillante Javi Saggitar en la tarea vocal, sobresaliente.
Hubo momento para bajar un poco las revoluciones con uno de sus hits, «Paralyzed» y encarar la recta final de su poderosa y corta actuación, culminada con su cover de ABBA, «Gimme! Gimme! Gimme!» sin olvidarse antes de agradecer a los presentes, a los que hicieron posible que aquello no fuera un solar, Susana Crespo, algo tuvo que ver en ello. A su ingeniero de sonido, un 10 para él, y a los responsables de la Lata de Zinc por permitir que empezara más tarde el concierto.
No fue una noche fácil, sinsabores del negocio como dirían algunos, pero lo que quedó claro que vimos unos Astray Valley con un gran futuro y unos Killus consagrados con uno de los mejores directos de la escena estatal. Solo espero volver a verlos pronto y en mejores condiciones. Dar mi agradecimiento a Clau Violette y Javi Saggitar por su amabilidad al termino del concierto. Nos vemos en el siguiente.
Resulta cuanto menos llamativo y en lo que a servidor concierne la manera en que hemos asumido como normal los llenos en la Factoría ya venga una banda de hard rock, de blues o, como era el caso, de stoner. Aunque fuera con matices. Y es que la música de los suecos Greenleaf va mucho más allá del riff grueso y la lírica alucinada. Venían Sebastian Olsson (batería), Hans Fröhlich (bajo), Arvid Hällagård (voz) y Tommi Holappa (guitarras) a las puertas de un nuevo trabajo discográfico y parece que nadie quiso perderse la cita.
Y pese al «sold out«, lo cierto es que nos temimos lo peor al llegar y ver la furgoneta de la banda camino del taller. La vieja FordTransit había dicho basta y en nuestro primer paseo por la Factoría pudimos oír cómo los suecos probaban sonido a una hora en la que ya debería estar todo atado y bien atado que diría aquél. Así las cosas y para cuando comienza la fiesta pasan ya diez minutos sobre el horario marcado por la promotora del evento. Da igual. La banda sale a pleno pulmón con “Trails And Passes” y del sonido, al menos en la parte central frente al escenario, no cabe mayor queja.
La química que desbordan no podría ser más contagiosa. De puertas para adentro uno nunca llega a conocer las verdaderas dinámicas detrás de cada banda pero lo cierto es que el jueves en Avilés y a pesar del evidente infortunio con el transporte, se mostraron enérgicos, risueños y muy agradecidos para con un público, como siempre en la Factoría, fiel y muy por la labor.
Holappa desborda carisma de manera casi torrencial. Y riffea como el mismo demonio, no para quieto ni un segundo y, en la medida en que los temas se lo permiten, pasa el concierto buscando la conexión para con el público que tiene frente a él. “Sweet Is The Sound” resultó incluso pegadiza, con un Sebastian Olsson dejándose la piel y no pocas gotas de sudor en cada golpe. Pero qué duda cabe es Hällagård quien acapara buena parte de los focos y las atenciones del respetable. Mostró al mismo tiempo un gran estado vocal y una amplia ración de delays y efectos varios desde su pedalera. Y si bien no fue el frontman más comunicativo que hemos visto últimamente, no creo que nadie tenga hoy mayor queja sobre su desempeño en tierras asturianas.
La noche siguió con la más vibrante “Ocean Deep” y poco a poco fuimos siendo testigos de los muchos registros que dominan. Mucha clase la que mostró Holappa aquí, un guitarra que desde luego supo meterse a los suyos en el bolsillo con sus arengas, sus riffs y, por qué no decirlo, también sus bailoteos. Sería aquí cuando por fin Hällagård se permitiera un pequeño descanso y aprovechara para ponernos al tanto del percance que sufrieron con la furgo. Desde luego ha tenido que ser un palo pero es algo que revierte quizá en la potencia que desarrolla el cuarteto durante “Our Mother Ash”, uno de los cortes más enérgicos, potentes y adrenalíticos de todo el set, con un Olsson desbocado sobre el kit de batería.
En cierto modo sería un pequeño punto de inflexión en el set. Porque para cuando le llega el turno a la más tranquila “Bury Me My Son” y la banda se permite una pequeña jam en su parte final, Greenleaf transcienden a horizontes nuevos y hasta ahora desconocidos. Se está perdiendo un poco esto de las improvisaciones y por ahí que uno agradezca la que deslizaron el jueves. Por timorata que esta fuera. “On Wings Of Gold” puso de relieve la pegada y también la cintura de Olsson tras los parches, en especial toda vez el corte alcanza ese final ardiente y descosido. Rompió varias baquetas en el transcurso del set y, viéndole, nos extrañó lo más mínimo.
Aquí aprovechó Hällagård para referirse precisamente al gusto de su batería por el coleccionismo y los reptiles como curiosa y llamativa introducción a, claro, “The Drum”, de aquél “Trails & Passes” pronto a cumplir diez años. Una discografía que se verá pronto aumentada con una nueva obra de estudio de la cual vinieron a presentar su más reciente single, una “Breathe, Breathe Out” que en directo vino a sonar desde luego mucho más intensa y rotunda que en su versión en estudio. Y pese al poco tiempo que lleva el single entre nosotros, lo cierto es que se produjo uno de los momentos de mayor comunión entre banda y público de toda la velada. Si aún no habéis echado un vistazo a su simpático videoclip desde luego estáis tardando.
Hablando de videoclips, otro que viene a hablar de la peculiar idiosincrasia de la banda nórdica es el de una “Good Ol’ Goat” de la que no quisieron olvidarse y que nos introduciría de lleno en la parte final del set. Con “Bound To Be Machines” y la fuerza inusitada con la que atacan Greenleaf más de uno se pensó que ya estaba todo el pescado vendido. Máxime cuando respondemos a los coros demandados por el afable Hällagård desde las tablas. Y es que ¿Cuántas veces habéis visto corear un tema en un concierto de stoner rock? “Gracias, perfecto” exclamaría el vocalista. Fue sin duda alguna otro de los momentos cumbre de la noche.
Una noche a la que sin embargo aún le quedaba alguna que otra bala en la recámara. En “Tides” serían las palmas y no las voces las protagonistas, que terminarían por conducir a una final “Let It Out” donde, desde luego, la banda se vació hasta las últimas consecuencias, firmando un final de set realmente vibrante y por todo lo alto. Ovación cerrada, algunos vítores y la absoluta certeza de haber presenciado otro de los grandes shows del presente año.
O no. Porque es tal el clamor del público avilesino que, pasados unos instantes, Greenleaf regresan al escenario y, ahora en formato trío, despliegan otra pequeña jam que plantó sonrisas, elevó puños al aire y provocó exclamaciones de asombro entre buena parte del respetable. Volvería finalmente Hällagård para ya al completo redondear la velada con “Going Down”, original si mis datos son correctos, de The Alabama State Troupers, y cerrar, ahora sí de forma definitiva, una de las grandes citas de este 2024.
Hay que estar muy agradecidos a FactoríaSound su apuesta por bandas que, de otra manera, difícilmente pisarían por territorio astur. También a ese público fiel que responde con un lleno tras otro así vengan Siena Root desde Suecia o The Electric Buffalo desde Oviedo. Un placer siempre para nosotros el dejarnos caer por allí y contároslo después aquí con el mayor lujo de detalles posible. Agradecer por tanto y una vez más a la organización todas las facilidades dispuestas así como mandar un afectuoso saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.
La formación galesa nacida en el año 2015 tras el fallecimiento de Lemmy Kilmister presentará en Gijón su último trabajo de estudio hasta el momento «Kings Of The Asylum«, publicado a través de Nuclear Blast en septiembre del pasado 2023.
Presentado por todo lo alto en Gijón mediado el mes de marzo (crónica), “Electricidad” trae de vuelta a los chicos de Baja California seis años más tarde de aquél “Horizontes” de 2018. Han intervenido en este nuevo trabajo Manu Roz en voces, Javi Monge y Aarón Galindo en guitarras, Javi Hernández “Cete” en bajo, Pablo Viña en baterías y Marco A. Guardado en percusiones. Producido por el propio Viña en conjunción con Dani Sevillano, los nueve cortes que componen este tercer largo de los asturianos fueron grabados a caballo entre Piedramuñiz y el Ovni Estudio para ser posteriormente masterizados por Brad Backwood de Euphonic Masters. Con fotos y diseño de Tigre Limón y Laura Estrada, ha sido editado por El Dromedario Records.
Arranca “Caída Libre” haciendo honores a su propio nombre. Baja California despliegan un hard plagado de buenas maneras y mejores ideas. Las más en lo tocante al fino trabajo de producción, pero también a unas líneas de guitarra repletas de detalles. Por contra, he de admitir que no me conquista el sonido de la caja durante este primer corte. Pero Manu Roz vuelve a descolgarse como un frontman de gran clase. Sin grandes excesos ni mayores alardes, sabiendo mostrarse ágil dentro de la cierta contención con la que afronta las distintas estrofas. Una escritura menos plana de lo esperado y el buen solo de su tronco central rematan un arranque breve, de hecho el más rácano de todo “Electricidad«, pero de lo más eficaz.
“Tiempo Suicida”, por su parte, se mueve en ritmos más pesados y también chulescos. “No hay más vida que enseñarme a morir” declama Roz sobre alguno de mis riffs favoritos de todo el álbum, acompañado con gusto por unos coros cristalinos a la par que potentes. Aquí sale a relucir, claro, la buena producción que portan estas canciones. El empaque que da ahora “Cete” desde las cuatro cuerdas, el deje más alucinado que aportan las voces filtradas de Roz o la inteligente construcción del solo y lo muy juguetón del epílogo terminan por conformar una de las ofertas más redondas de todo el largo.
El tema título “Electricidad” lo hace todo por devolvernos a Baja California en su encarnación más febril en una composición que me recuerda a los Uzzhuaïa más vibrantes. Aquellos de cortes como el poderoso “Desde Septiembre” del eternamente reivindicable “Destino Perdición” de 2008. Aquí, claro, sobresale Viña tras los parches, mientras que las guitarras de Monge y Galindo juegan a encontrarse sobre unos riffs lo suficientemente hábiles como para no palidecer ante la mayor vibración que desprende la banda aquí. Hábiles desde luego a la hora de alimentar a estos Baja en su versión más adrenalítica. Fenomenal sección solista, por cierto.
Así las cosas, “Dueños De La Noche” nos regresa a la banda en una piel mucho más apaciguada que termina por revertir en uno de los cortes con más gancho de todo “Electricidad”. El talk box le da a la línea de guitarra un inequívoco sabor a Richie Sambora y, desde luego, los coros que acompañan al estribillo no podrían recordar más al hard de los ochenta en general y a los mejores Bon Jovi en particular. En el debe lo predecible que resulta a ratos. Single adelanto para lo bueno y también para lo malo.
Sobresale “El Mago” por el exquisito cuidado con el que Monge y Galindo han trazado sus correspondientes líneas de guitarra, por el tratamiento que la producción otorga a la voz de Roz y diría incluso que por el aspecto lírico de la misma. Sus contrapuntos entre estrofas y estribillos no podrían estar más conseguidos ni el cierto aroma a The Cult que desprende a veces resultar más irresistible. La estupenda línea de batería remata otra de las composiciones que, al menos en lo que a servidor concierne, más han ido ganando con las sucesivas re escuchas del álbum.
“Indomable” opta por un avanzar más arrastrado en estrofas, que culmina en otro de esos estribillos a coro tan pegadizos, tan marca de la casa. Me agrada la desnudez que muestran algunas estrofas, la mayor vehemencia de Roz tras el micro y, si bien vuelve a resultar uno de esos trazos fácilmente predecibles, lo cierto es no deja de ser un corte con gancho y pegada, rematado por otra estupenda sección solista en anticipo del epílogo. Más pasional que cerebral.
“A66”, quiero pensar que en referencia a la autovía que cubre el trayecto entre las ciudades de Gijón y Sevilla, le sirve a Baja California para entregar ahora su cara más equilibrada. Sus riffs dibujan un deje más sureño. Leve, sí, pero lo suficiente como para, por ahí, disociar a este corte del resto de composiciones dentro del disco. Su letra, sí, puede resultar algo recurrente y/o dejar cierta sensación de déjà vu. Incluso siento los solos algo por debajo de la media de casi todos los que pueblan el álbum. Sí me agrada, por contra, el mayor nervio que el corte adquiere camino del epílogo. A la contra de “El Mago”, una canción que se me ha ido desinflado con las distintas vueltas al CD.
Todo lo contrario que “Grita”, quizá porque en el fondo resulta una composición algo diferente para ellos. Por lo ágil y diverso de su construcción. También por esas guitarras más potentes y por el fino, finísimo trabajo de producción que ésta ofrece, particularmente en estribillos. El crescendo que conduce hasta los solos de guitarra está tejido con las dosis justas de gusto y precisión. Y finalmente, el aseado epílogo termina por redondear otro corte de esos que levantan el ánimo de cualquiera. Fíjate que este tipo de letras me suelen dar urticaria y, por alguna razón, no llega a ser el caso aquí. Algo tendrá.
El cierre es para “20 Monedas”, composición más extensa del álbum y un corte con un inicio sin rima alguna con cualquier homólogo dentro del tracklist. Ahí aparece Roz casi desde las profundidades para acompañar otro trazo que viene a mostrar la cara más chulesca de los asturianos. La estrofa….
Dónde se esconden los locos
que hilan canciones para ocultar
que ayer el asfalto venció a Superman
el hombre de acero ha olvidado como pelear
puede ser fácilmente mi favorita de las muchas que pueblan este “Electricidad”. Vitalista a su manera, bien trenzada, con Roz, ahora sí, en tonos muy altos y desde luego eficaz a la hora de cerrar este tercer trabajo con un cierto toque de distinción y elegancia sin por ello abandonar el pulso más decididamente hard rockero. Gran broche.
Los chicos tienen motivos más que de sobra para estar satisfechos. Hay canciones aquí dentro que apuntan a fijas en sus setlists durante largo tiempo. De algunas ya pudimos comprobar su efectividad sobre las tablas de la Acapulco el pasado dieciséis de marzo. Por contra, cierto es que el álbum no alcanza siquiera los cuarenta minutos, algo extraño en estos tiempos de trabajos maratonianos o directamente interminables. Echo en falta de igual modo un corte con la profundidad y casi diría el corazón de la fenomenal “Años Atrás”, pero con eso y con todo, cortes como “Caída Libre”, “El Mago” o “Tiempo Suicida” me parecen de lo más disfrutables. A seguir por esa senda.