El guitarrista cordobés José Rubio afrontará el próximo sábado 29 de noviembre en la Black Bourbon leonesa una de las últimas fechas de la presentación en vivo de su último trabajo instrumental «Black Rose» editado allá por 2023 vía Demons Records y del que dimos cumplida reseña en su momento. Como artista invitado contará con el guitarrista gallego Diego Sanjorge.
Con apertura de puertas a las 21:30 horas e inicio a las 22 horas, la entrada anticipada tiene un coste de 10€ a través del siguiente enlace:
Dos verdaderos ilustres. El griego Gus G. en torno a Ozzy Osbourne y sin menospreciar en ningún caso su trabajo con Firewind y el chileno Ronnie Romero en torno a Rainbow, sin olvidar tampoco sus álbumes junto a Elegant Weapons, The Ferrymen o Lords Of Black. Con ellos, el bajista de origen italiano Andrea Arcangeli (DGM, Sunstorm, Noveria) y el batería belga Jo Nunez (Firewind, Lords Of Black, ex Kamelot). Y el lugar, la sala con capacidad para unas mil personas Escenario Santander. La decisión de escaparnos hasta la comunidad vecina y desbloquear un nuevo escenario, valga la redundancia, era un no brainer que diría un guiri. Heavy Metal Brigade se echó una vez más a la carretera y estas son nuestras impresiones acerca de la jornada.
Sonaba el debut de November antes incluso de acceder a la sala. No por nada, Dani G. iba a ser el encargado de llevar la manija sonora de la velada. Ésta iba a estar adornada apenas por un electrónico de fondo con los respectivos logos de Gus y Romero. Y el set, que arranca cuando los relojes rondan las 21:30, se iba a iniciar, en formato trío, con un par de instrumentales: la primera, esa “Force Majeure” para la que el guitarrista griego contó, en su versión de estudio, con nada menos que Vinnie Moore. Con esta rendición en vivo fuimos siendo conscientes de la que se nos venía encima, con unos bombos de la batería de Nunez de los taladraban el pecho. Suena muy redonda y entera la banda ya desde el comienzo. Aún en las tantas veces problemáticas primeras filas. Quien más, quien menos, esperaba ya la salida del santiaguino, pero ellos aún iban a tener tiempo de entregar otro corte instrumental, ese “Quantum Leap” que daba nombre al álbum que Gus G. editara en 2021. Elegante, sabiendo solear sin florituras innecesarias, exprimiendo con virtuosismo pero sin excesos su preciosa Jackson con detalles dorados.
Sería el de Salónica el encargado de presentar a Romero. Y ya con la formación al completo, entregaron una “Castaway On The Moon” en la que el chileno se muestra pletórico, pareciera que dispuesto a no dejarse nada en el tintero, aún con el largo set que le quedaba por delante. Un set que, amén de un carro de versiones, acertó a repasar la trayectoria de ambos músicos. O por mejor decir, una parte importante de ella. Sabiendo ceder el protagonismo a su compañero durante el solo, el hard heavy parece haber encontrado un Dio para las nuevas generaciones. Palabras mayores, soy consciente, pero de voz, carisma y clase el suramericano va más que sobrado. El frontman, muy parlanchín en todo momento, recordó anteriores visitas a la ciudad. Incluso se atrevió a destripar parte del set, si bien a pequeños rasgos, al tiempo que bromeaba con el público y nos recordaba que este era el primer show del tour junto a Gus. Introdujo finalmente la más pesada y sin embargo tremendamente elegante “Chased By Shadows”, con la sombra del pequeño elfo persiguiendo al chileno, en algún que otro gesto incluso, casi mimético, con la leyenda de Portsmouth. Poderoso Romero aquí, que amén de a Dio, me recordaba también a otro grande de esto como es Johnny Gioeli. La reacción que se produce entre la gente, toda vez la composición alcanza ese eficaz cambio de ritmo, ya dio muestras de que había muchas ganas de disfrutar con el cuarteto.
Tiempo entonces para la que Ronnie reconocería como una de sus “favoritas de Black Sabbath… con Dio”, y que no era otra que “The Mob Rules”. El vocalista aparta aquí el pie de micro, inalámbricos para qué os quiero, y muestra gran sintonía con el guitarra griego. Viéndoles, parece como si llevasen toda la vida tocando juntos. Realmente una de esas conjunciones en las que la química arriba del escenario termina por desbordar hasta el foso. El propio Gus G. se atrevería con algún que otro pinito en nuestro idioma. Y la banda introduciría el primero de los guiños a Rainbow con una “Kill The King” que sonó a gloria. Aquí se vio a un Ronnie Romero algo más exigido, lo que en su caso aún significa cantar a unos niveles con los que algunos solo sueñan. El vocalista anunció después que se iban a salir del repertorio. Y lo hicieron para recuperar “Cold Sweat” de ni más ni menos que Thin Lizzy. Versión que, doy fe, pilló en fuera de juego a más de uno y de dos el pasado viernes en el Escenario Santander. Gus G. brilló con luz propia aquí, desatado y sin frenos, mostrando su lado solista más salvaje y efervescente.
De los propios Gus G. y Ronnie Romero es una “My Premonition” en la que el primero echa una mano en coros y el segundo ofrece toneladas de feeling en un fantástico epílogo. El guitarra recordaría entonces las muchas veces que ha pisado la península, pero cómo ninguna de ellas había sido para presentar su material en solitario. El set iba a entregar entonces “Redemption”, de su álbum de 2014, con el santiaguino en, quizá, sus tonos más altos de la noche. Aunque si hubo un momento que me sorprendió del set, ese fue sin duda “I Am The Fire”. Por la reacción de la gente, por los solos descosidos de Gus G., guitarra sobre la nuca inclusive, y Romero mostrándonos cómo cantar el estribillo con propiedad. Con un profesor así, como para hacerlo mal. Con casi medio Firewind sobre las tablas, recuperar aunque fuera un corte de la banda griega era casi inevitable. La elegida no fue otra que “Destiny is Calling”, con un Jo Nunez realmente desatado tras el sufrido kit de batería.
Gus G. se iba a meter en los zapatos de Ritchie Blackmore por partida doble. Primero con la inmortal “Highway Star” de Deep Purple, con Ronnie dejando un gran agudo inicial y el griego haciendo las veces también del inconmensurable Jon Lord. El público, claro, agradeció sobremanera esta rendición del clásico Purple. Pero en lo personal aún disfruté en mayor medida de una “Stargazer” (Rainbow) que puede ser, fácilmente, una de mis cinco, cuatro tres canciones favoritas de la historia de esto. Romero, muy en el papel de Dio ahora, salió más que airoso y mira que era una papeleta (auto impuesta) más que exigente y difícil. Él había reconocido que se trataba de su canción favorita de la banda. Y la de tantos. Nos ha jodido. Momento de forma envidiable el que atraviesa el chileno.
El set se había cerrado con hora y cuarto de reloj, que no estaba nada mal, pero ellos aún iban a tener tiempo para unos buenos bises. Tal y como había arrancado el set, la banda volvería de backstage en formato trío para que Gus G. le volviera a sacar las telarañas a su Jackson. Ronnie presentaría después a la banda y su compañero tendría tiempo de recordar su paso por la banda del recientemente desaparecido Ozzy Osbourne. Los vítores de la gente aquí, claro, fueron inevitables. Y “Bark At The Moon”, co escrita junto al príncipe de las tinieblas por el nunca del todo reivindicado guitarrista Jake E. Lee, puso a la gente a los pies de la banda. No obstante, que era el primer concierto de la gira es algo que se dejó notar en la pequeña pifia de Nunez durante “Shot In The Dark”. Peccata minuta, fue apenas un detalle y la banda lo resolvió con clase y tablas. Van sobrados. “Esta la cantamos juntos, Santander” dijo Ronnie, y procedieron a dejarnos la última perla de la noche, una “War Pigs” de Black Sabbath más necesaria que nunca. Y sí, cantamos y gritamos estrofas y estribillos, por segunda semana consecutiva (crónica), siendo como eramos conscientes de que el bolazo que estábamos presenciando tocaba a su fin. Y que el legado de Bill, Geezer, Tony, Ozzy, Dio y tantísimos otros no morirá mientras haya músicos de este nivel reivindicando su colosal legado. Gran show.
Lo creemos así. Cuando colisionan dos músicos de este nivel, en semejante estado de forma, y aciertan a transmitir lo mucho que disfrutan sobre un escenario, no queda otra que congratularse porque bien el negocio, bien el destino, bien quizás ambas cosas, haya juntado sus caminos. Sumando ida y vuelta fueron casi cuatro horas de carretera pero, a fe nuestra, merecieron la pena. Nada más queda que agradecer tanto a la banda como al Escenario Santander por las facilidades dispuestas en favor de esta crónica, al propio Ronnie por el detalle y la amabilidad y ya saben: nos vemos en el siguiente.
El incendiario guitarrista norteamericano Adam Bomb regresa un año después a los escenarios asturianos para repetir parada en el avilesino Route 66.
Dueño de una extensa trayectoria además de sus trabajos en solitario en su currículum cuenta con 4 álbumes para Michael Monroe, un par con John Paul Jones y Black N’ Blue, además de haber sido candidato a formar parte de los mismísimos Kiss y Poison. Llegará a Avilés inmerso en su gira europea «Fire Blood & Glitter Cabaret Tour 2025» tras abrir en el mes de junio para Scorpions el concierto celebrado en Tampere (Finlandia). La cita tendrá lugar el sábado 18 de octubre a partir de las 20 horas con acceso libre hasta completar aforo.
El trio japonés Guitar Wolfrecalará en el ovetense Gong Galaxy Club el viernes 27 de junio inmersos en la gira estatal que les llevará a Barcelona, Madrid, A Coruña, León y Santander.
Reconocidos por su enérgico directo, la formación liderada por el guitarrista y cantante Seiji junto a Toru a la batería y U.G. al bajo ha labrado en su extensa trayectoria una propuesta musical que auna punk, rock y garage.
Debut en el largo para el guitarrista guipuzcoano Patxi Luque, quien condensa todo su ideario musical en estas diez composiciones con el heavy metal como punto de partida. En comandita con Pedro J. Monje (guitarras rítmicas, baterías, bajos, sintes y arreglos), Alejandro Espinosa (teclados en “Welcome To The Real World”) y Eneko Sagastume, Iban Herzog, Iñaki Munita, Óscar Rodríguez y Mikel Feijoo (coros), este “Love & Hate” que el propio guitarrista se encargó de producir, ha contado con grabación, mezcla y masterización del propio Monge junto a Aitor Ruiz en los Chromacity Studios. Con diseño gráfico de Jan Yrlund (Dark Grove Design), está siendo distribuido a nivel nacional e internacional por SteelOnSteel Distro, distribuidora de Pako Mate.
Atruena la tormenta a modo de bienvenida. “Welcome To The Real World” propone una tranquila intro sintética que la guitarra de Luque se encarga de quebrar en pedazos. Su habilidad con las seis cuerdas inunda un cuidado prólogo y, por ahí, el disco no podría irrumpir con mayor elegancia. Tras esa calma inicial surge todo el espectro metálico de Luque, envuelto en un medio tiempo que, no pocas veces, me recuerda a mis paisanos de Bestia Negra. Larga instrumental para dar la bienvenida un poco a la contra de lo usual en este tipo de álbumes. El bajo crepita bajo una cuidada selección de riffs y Luque rompe camino del final con un llamativo duelo solista para después finiquitar allí donde empezó. Una más que curiosa primera entrega.
Otro riff con gancho, y esta será una tónica durante todo el álbum, es el de “Dejadme Respirar”. Surge aquí el Luque más heavy. Por la velocidad de las baterías primero y la irrupción de su registro después. El músico guipuzcoano aporta una voz aquí que, a ratos, me recuerda al Mille Petrozza de la última etapa de Kreator. Y pienso que ese registro casa muy bien con el tipo de metal vibrante que propone aquí. Algo rácana en lo que al reloj se refiere, tres minutos y medio, se guarda el solo para un epílogo donde éste se funde con los coros. Un tramo final que, siento, bien merecía algo más de desarrollo…
… pero para ello ya están cortes como este “Rollercoaster” que habrá de irse más allá de los seis minutos. Construida desde otro buen riff en su prólogo y adornada por buenos guitarrazos de Luque en el camino hacia las estrofas, puede pasar por una de las composiciones más redondas de todo “Love & Hate”. Patxi pasa aquí al inglés y, particularmente en estrofas, resulta difícil no recordar a los Vhäldemar del propio Monge. Me gustan esas melodías que sitúa bajo el estribillo, también el buen solo que introduce en el corazón mismo de la canción. Se gusta el músico vasco, y hace bien, en una sección final que irrumpe calma para después adquirir un mayor peso. Mucha clase de Luque aquí.
“Siempre Estaré Aquí”, encargada de presentar el disco en sociedad, parte de un metal ahora un tanto más amable y melódico. Un riff sin mayores complicaciones para un corte que parece buscar en todo momento la conexión con el oyente. Luque varía su registro ahora hacia tesituras más limpias, procurando una línea de voz más tendida. Hay algo en estas estrofas que me recuerda a (los siempre infravalorados) Leize. Esta versión ahora mas melódica no quita para que Luque introduzca otro cuidado y eficaz solo de guitarra. Si bien hay alguna estrofa cuya propia construcción me chirría a ratos, un corte más que digno a la hora de amplificar el rango tonal del álbum.
De nuevo instrumental, esta “Love & Hate” que da nombre al debut sirve ahora a un Luque más ampuloso y adornado. Buenos detalles de la producción de Monge aquí, quien de todos modos procura no opacar al guipuzcoano con ese gran andamiaje arreglístico. Patxi Luque por su parte se desquita con algunos solos bien pensados y mejor ejecutados. Nunca demasiado complacientes o fuera de su propio discurso. Entendiendo perfectamente el corte que tiene entre manos y sabiendo operar en favor de éste y no al revés. Será en su tronco central cuando las baterías se aceleren y Luque obre en consecuencia. Pero incluso ahí pienso que el músico vasco ha sabido medir muy bien sus esfuerzos. Estupenda.
Ya de primeras “Hey Crew” parece resultar algo más aventurada y atrevida. Sobre un heavy metal muy 80’s ensambla curiosos coros y un solear que, en este tramo inicial, no me podría recordar más al bueno de Joe Satriani. La sombra de discos como “Surfing With The Alien” o “Flying In A Blue Dream” parece alargada en el músico y compositor vasco. Es camino del puente central que Luque enfrenta alguno de los solos más flamígeros de todo “Love & Hate”, destapando el tarro de las esencias, que diría un clásico, so riesgo de aburrir a los oyentes menos habituados a este tipo de demostraciones (un tanto) ególatras. No conecto del todo, y casi parece un oxímoron, con el aliento que Luque introduce mediado el corte. Estas llamadas a alzar los puños y similares, cuando se producen en grabaciones de estudio, siempre me resultan algo mecánicas y artificiales. Con eso y con todo otro corte que viene a hablar y no precisamente mal de las habilidades solistas de Luque.
“Mi Veneno”, composición más extensa del álbum, inicia desde la más pura calma y vira de nuevo hacia territorios más amables. Luque, claro, exhibe ahora un mayor músculo melódico para un corte que podría aparecer sin tampoco desentonar en un próximo Lion Rock Fest. No me resulta el riff más redondo de todos cuantos se dan cita aquí. Apenas una excusa para que el guipuzcoano seduzca con la candidez inicial de sus solos y sorprenda con el mayor fulgor que esta adquiere conforme discurre por su largo tercio final. El solo final, obra ahora de Monge, se adhiere a ese mismo discurso sin desentonar ni tampoco apabullar. Entendiendo perfectamente el guión y dejando que sus dedos fluyan por el mástil sin mayores excesos. Diría que es la canción que más peso ha ido ganado con el correr de las escuchas.
Con “My Way (Reimagined)” parece regresar el Luque más heavy y vibrante. Que en cierto modo sí, por mucho que un buen número de los solos que el músico plantea en esta enésima instrumental vuelvan a recordar al insigne guitarrista de Westbury. Y aunque siento que hay buenas ideas aquí dentro, plasmadas por Luque con todo rigor y eficacia, tras varias pasadas al tracklist no logro deshacerme de la idea de que es la más discreta de las cinco instrumentales.
Regresa la voz de Luque para la tranquila y sosegada “Mi Sangre (Reimagined)”, de la que destacaría la tendida voz del guitarrista y esos buenos detalles melódicos con los que adorna las primeras estrofas. Escrita al gusto clásico, esto es, con una mayor carga alimentando la primera llegada del estribillo, y subida después a ese mayor peso, Patxi Luque trama en este doble juego otro de los cortes que más ha llamado mi atención. Incluso me atrevería a decir que en ninguna otra canción del disco canta tan bien como aquí. Otra de mis favoritas.
El cierre es para la igualmente tranquila “No Estoy Ahí”. Balada en gran medida acústica con Luque en un formato casi de cantautor, que no dudo exaspere a más de uno. En cualquier caso un pequeño escorzo a modo de reposado y elegante cierre.
El cara a cara entre ambos seres que puede verse en el propio artwork del álbum casi parece representar la lucha entre las instrumentales del disco contra las canciones con voz de este “Love & Hate”. En las primeras Luque demuestra un gran nivel ejecutivo. Hay solos realmente eficaces aquí, brillantes incluso, y una serie de riffs (casi) nunca faltos de gancho. En los temas cantados hay pulsos muy heavies. Sale por ahí el nombre de Vhäldemar, que con Monge a bordo supongo que era algo inevitable. Pero también hay momentos que me recuerdan a nombres ineludibles como Iron Maiden o Judas Priest. También y de manera recurrente Joe Satriani, músico por el que Luque parece profesar indisimulada admiración. Y quién no. En cualquier caso no podemos olvidar que se trata de un debut y, por ahí, uno puede detectar y hasta perdonar ciertos errores de bulto. Estrofas algo forzadas aquí. Alguna canción que se vuelve algo redundante allá. Pero francamente pienso que son los menos, algo que viene a hablar bien del cariño y el cuidado que el guipuzcoano ha puesto en estas diez composiciones. Háganse el favor de escucharlas.
El power trio psicodélico francés Dätcha Mandala regresa a nuestros escenarios para presentar su tercer álbum de estudio «Koda» en una extensa gira estatal con parada en el espacio multidisciplinar Kuivi Almacenes.
La cita asturiana con el trio afincado en Bordeaux tendrá lugar el sábado 1 de marzo con acceso gratuito.
El tour cuenta con la formación madrileña Mr. Goliath, proyecto personal del talentoso guitarrista Pablo Kayadi, como banda invitada. Presentará su nuevo material, continuación de su último álbum “La Era De Piedra” editado en abril del 2022.
Ayer veía la luz en todas las plataformas «Emerge FromError«, el tercer disco conceptual de la saga del Error, que el multiinstrumentista asturiano Mike Stamper comenzaba en 2016 con «Ended By Error«, continuó en 2017 con «Extended By Error» y cierra ahora con un nuevo álbum de metal instrumental sobre el proceso de superación de los errores humanos y sus consecuencias derivadas, en clara analogía y paralelismo con los errores informáticos.
En este episodio, nuestro protagonista consigue deshacerse de la nostalgia y del dolor, confrontando finalmente al Error, absorbiendo su poder (aprendiendo la lección), y logrando con ello poder salir de ese lóbrego estado mental. Grabado, producido y mezclado por el propio Stamper entre 2022 y 2023 en su Stampcore Studios IV cuenta con la masterización de DaniSevillano. Publicado a través del sello Stampcore Records contiene las colaboraciones de los guitarristas Cristian Iglesias (The Feat, Eden), Dmitry Stalingrado (Soldier, Sound Of Silence), Nathan Cifuentes (Vendaval, Argion) y Andrés García (Yuggoth). Hace escasas fechas Heavy MetalBrigade publicaba una amplia reseña del álbum que puedes consultar aquí. Escucha el álbum a continuación:
Tercer episodio de la saga del error que el músico asturiano Mike Stamper iniciara allá por 2016 con “Ended By Error” y continuara al año siguiente con “Extended By Error”. El ovetense diserta sobre el error y sus consecuencias. También sobre autosuperación y cómo dejar tras de sí la nostalgia y el dolor. “Emerge From Error” fue producido, grabado y mezclado en los StampcoreStudios IV y contó más tarde con masterización de Dani Sevillano. Cuenta con las colaboraciones de Andrés García (Yuggoth), Nathan Cifuentes (Vendaval, Argion), Dmitry Stalingrado (Soldier, Sound Of Silence) y Cristian Iglesias (Eden, Lakkra, The Feat).
La intro “(E)merge” funde arreglos más propios de la electrónica más casual con guitarras graves para conducir, en hábil y lúcido crescendo, hacia una “Deliria” donde el carbayón cuenta con la colaboración de Cristian Iglesias. Es un corte de arranque sorprendentemente reposado, que parte peras con el tono más arrebatado de la introducción para conducirse después a terrenos más propios y asimilables al disco instrumental que tenemos entre manos. Me agradan esas guitarras y el modo en que se funden riffs y melodías. Solos nunca arbitrarios, en gran medida solidarios al tema que los alberga. Pequeños arreglos sinfónicos enriquecerán la mezcla como anticipo de un comedidos solo de guitarra. Hay ecos aquí que me recuerdan a los Cynic más recientes. La dupla inicial no pervierte ni mucho menos el canon habitual de este tipo de entregas, pero mantiene un equilibrio en forma y fondo realmente exquisito.
“Hacker Of Nature”, especialmente durante el prólogo y también durante sus primeros riffs, por alguna razón que se me escapa, me recuerda a Unexpectance, la banda con la que Stamper editara el fenomenal “Vortex” allá por 2022. Este es un corte en cierto sentido más espacial. Algo a lo que ayuda esa mayor carga atmosférica que parecen otorgarle producción y mezcla. Algo más diversa en lo que a ritmos se refiere, le sirve al de la capital del Principado para sacar pecho en lo que a construcción de riffs se refiere, siendo estos algunos de mis favoritos de todo el redondo. El solo sí que ahora tiene algo más de nervio, vibrando en tendencias más puramente solistas, más desligado del tema que soporta si me paro a compararlo con el que ocupaba “Deliria”. En cualquier caso un corte que me agrada por su variedad rítmica y ese deje más espacial e incluso etéreo que emana de su producción.
“Ovr Legacy Ov Deprecation”, con Dmitry Stalingrado a bordo, sorprende por los aires orientales que dibuja durante el prólogo. También por unos riffs que, aunque sea de manera leve, me llevan a pensar en bandas como TesseracT, Meshuggah o Vildhjarta sin que ello llegue a disociar a este corte del resto del álbum. Stalingrado deja un solo a ratos flamígero, acentuado por la mayor vibración que emerge de la base rítmica en su parte final. Llamativa la calma que surge después, el piano que la alimentará y el tono parcialmente más épico que porta la composición camino del epílogo. Distintos solos revisten este tramo final, que habrá de teñirse de una cierta melancolía en un último tramo que termina por conformar uno de los cortes más diversos, completos y atrevidos de todo el disco. Por ahí habrá unas ideas que me conquisten más que otras, la cabra tira al monte, pero ha terminado por convertirse en una de mis favoritas tras las sucesivas vueltas al álbum.
“Ex Luminix (Dark Mode)” inprime desde un primer momento una mayor gravedad en lo que a riffs se refiere, con unas guitarras gordas como vena de cantaor. Muy presente la base rítmica en un corte que resulta puro retorcimiento, llevando a Stamper a lindar con tropos rayanos en el progresivo más casual y contemporáneo. Como si el álbum acogiera de pronto el ideario de unos Haken, unos Leprous, reinterpretándolo, haciéndolo suyo, confiriendo al tracklist una mayor riqueza en lo que a influencias se refiere, apoyándose en una variedad riffera que primero epata y después engancha. Bien es cierto que el solo, en comparación con otros que pueblan este “EmergeFrom Error”, no resulta tan llamativo ni redondo, si bien me agrada por cómo Stamper se atreve a situarlo sobre esa base rítmica a puro blast beat. Corte interesante aunque pienso que algo lastrado por esos cuatro minutos de reloj. Mal acostumbrado que está uno a temas cada vez más extensos, parece ser.
Sea como fuere el caso es que “Intercept & Handle” viene para representar la cara más árida por violenta del proyecto. El disco continúa por esa senda de baterías vibrantes del corte anterior, y la reviste de alguno de los riffs más dementes de todo el largo. Una composición de esas que pondrá a prueba la paciencia de los fans más clásicos, que me recuerda a ratos al Ihshan del fantástico “After” y que parece aferrarse a su propia demencia cara a construir uno de los cortes más atrevidos y disonantes de “Emerge From Error”. Intensidad y buen hacer en lo que a ejecución se refiere se dan la mano aquí, trasportándonos hasta rozar los páramos del metal extremo sin que ello signifique renunciar al buen gusto técnico, si bien hay alguna línea que otra demasiado predominante en la mezcla y el corte está por ahí cerca de descabalgar. No creo que sea el caso, pero sin ir más lejos siento que, por ejemplo, las melodías más ligeras del epílogo bien merecían algo más de presencia. Un corte que disfruto de todas formas.
“Dominion Of Error”, primer corte que conocimos de este trabajo, ya me agradó entonces con esa reposada introducción y la forma en que Stamper la rompe con guitarras graves y pesadas. Vuelve a emanar aquí ese aire casi espectral, que enfrentado a esas afinaciones tan gordas y revestido por esos finos arreglos sinfónicos termina por dotar de una gran personalidad al que pienso es uno de los cortes emblema del álbum. Por equilibrio, por clase, por abrazar en su medida justa al metal contemporáneo sin renunciar al clasicismo que fluye en cada solo de guitarra. Cynic es de nuevo un nombre que acude a mi subconsciente, curiosamente en las partes más calmas, mientras que las más ennegrecidas y vibrantes el abanico se ampliará de forma casi dramática. He llegado a pensar en Persefone o In Mourning con las distintas escuchas. Tiene que ser buen síntoma.
“Winterpark”, a la sazón corte más extenso de este tercer álbum, sorprende igualmente con un prólogo rociado de una cierta ternura, inédita a lo largo de todo “Emerge From Error”, que vira ahora hacia el territorio de la balada, clásica, sin olvidar no obstante que este es un orgulloso disco de metal instrumental. Pero es cierto que aquí Stamper y pese a los muy marcados cambios de ritmo, vibra en frecuencias más cercanas a los guitar hero de antaño. De ahí que me agrade por cómo equilibra ambas escuelas, profundizando en un uso de la técnica que nunca roza lo abusivo ni lo ególatra. Rozando a ratos el post-rock más al uso, We Lost The Sea o Explosions In The Sky son nombres en los que pienso con cada escucha, el corte va circundando las distintas escuelas al tiempo que un largo y bien calculado crescendo la lleva hasta su de nuevo reposado tronco central. De igual forma me agrada su parte final, ese largo epílogo donde vuelve a jugar con los distintos ritmos e influencias que han ido poblando la composición, poniendo sus habilidades en favor de la composición y no al revés, como si del negativo de Vinnie Vincent se tratase, y que el de Bridgeport me perdone por elegir su figura como diana siempre que pasa por mis manos el disco de un guitarrista. Estupenda.
Intro al margen, “Ninja Commit” pasa por ser la propuesta más rácana en cuanto a duración de este tercer corte. Una amalgama de aquellos riffs a la Meshuggah que ya entregase “Ovr Legacy Ov Deprecation” junto con fieras andanadas a puro blast beat que terminan por componer un corte algo desequilibrado. Con eso y con todo aprecio en ella buenos detalles. A saber: lo bien que Stamper ensambla los distintos ritmos, el porte a ratos atmosférico que entregan los arreglos y el acertado aunque tímido solo de guitarra. Con eso y con todo, fácilmente el corte con el que menos conecto tras las sucesivas escuchas del disco.
“Song Of Empowerment”, otro de los cortes más estirados en lo cronológico de este “Emerge From Error”, reduce en principio la intensidad mientras transita por un metal instrumental en cierta rima con la anterior “Winterpark”. La melodía de este primer tercio, con mucho una de las más pegadizas de todas cuantas propone el asturiano, ha estado dando vueltas por mi cabeza durante días. Stamper ensambla con ella una serie de solos de lo más elegantes y equilibrados. También ágiles cambios de ritmo. Y si bien a estas alturas el disco puede acusar cierta reiteración de ideas, nada extraño dada la amplia duración del mismo (casi 63 minutos) lo cierto es que vuelve a dibujar la mejor cara de Mike como ejecutor. Estupendo el solo que habita en su tronco central y también la forma en que la composición transita hacia su parte final. Irrumpe ahí un metal del que emana un poderoso sabor clásico, que el bajista de Unexpectance hace saltar por los aires blast beat mediante. Por ponerle un pero, el engorroso fade out final, pero más allá de eso otro de los grandes triunfos de este tercer trabajo.
“A Glitched Hero”, con colaboración del ex Vendaval y Argion Nathan Cifuentes, ciertamente vuelve a recordarme a la banda madre de Stamper. En particular al corte que abría “Vortex”, aquella “Guerra Interior” con la que sorprendieran a propios y extraños tres años atrás. El tiempo vuela y esta penúltima composición del álbum opera en gran parte dentro de los registros del metal contemporáneo, consolidándose como una oferta sólida pero a la que quizá le falte algo más de riesgo. Que lo tiene, en particular durante ese epílogo más nervioso y vibrante, pero en menor cantidad que otros cortes del tracklist.
“Asynchronous Me”, en la que habrá de sumarse Andrés García, apuesta por la calma en un prólogo reposado y elegante, que Stamper quiebra, huelga decir de modo nada brusco, para introducirnos en el metal más groovie de todo el tracklist. Lejos de parir un corte facilón, el ovetense opta por cerrar su tercer obra introduciendo un trazo retorcido, atrevido incluso, pero dejando claro que pretenciosidad y ambición pueden parecerse pero no son la misma cosa. Aquí me agradará la forma en que se contraponen piano y guitarras. Las partes tranquilas y cómo operan para dotar a la composición de equilibrio. La forma en que estas rozan un rock atmosférico no muy lejos de unos Katatonia, Antimatter, Klone, y como ambos afluentes se funden en el arrebatado y sentido epílogo. Un gran cierre.
Mike Stamper no ha perdido el tiempo. O, viéndolo de otro modo, lo ha perdido para que nosotros podamos disfrutar de un gran disco de metal instrumental. Largo, más de una hora como ya comenté por ahí atrás, pero lo suficientemente diverso, fresco y ágil como para que su escucha, que requiere no obstante de un cierto grado de atención, jamás resulte tediosa ni farragosa. Que por supuesto no sería el primer trabajo de estas características al que le ocurre. “Emerge From Error” da la impresión de ser un trabajo tan largamente meditado como cuidadosamente ejecutado. El de Unexpectance se rodea además de buenos amigos, que dibujan buenos solos aquí y allá, teje dos o tres cortes a mi modo de ver extraordinarios, pienso especialmente en “Winterpark”, y solo pierde mi atención durante una “A Glitched Hero” con la que, ya digo, no termino de conectar. Dada la duración del álbum, perdonad que insista, me parece todo un triunfo.