Reseña: Totengott «Beyond The Veil» (Hammerheart Records 2024)

Empecemos con los hechos. La reseña de “The Abyss”, a la sazón segundo disco de estudio del trío asturiano Totengott, fue el primer texto que servidor entregó para HMB. Por eso cualquier cosa que tenga que ver con el trío que forman José Mora (batería y coros), Nacho Bernaldo (bajo y coros) y Chou Saavedra (guitarra y voz) siempre tendrá un significante muy especial para quien escribe.

Los chicos, que como muchos ya sabréis comenzaran su andadura como banda de versiones de Celtic Frost, regresan ahora bajo el paraguas de la histórica Hammerheart Records. Y lo hace con un tercer largo al que han dado en llamar “Beyond The Veil” y que ha sido mezclado por el Balmog Javier Félez (Altarage, Teitanblood, Conjureth, Onirophagus…) en los Moontower Studios. Posteriormente masterizado por Jaime Gómez Arellano (Angel Witch, Ulver, Ghost, Moonspell, Fen…) y adornado por el estupendo artwork de Khaos Diktator Design (Gaerea, Wyrd, Heresiarch, Saor…), verá la luz el próximo 12 de julio.

Es gracias a ese prólogo brumoso y oscuro de “Inner Flame” que uno capta, por las buenas o las malas, el tono alrededor del cual se va a desarrollar esta tercera entrega de los asturianos. Es un corte en la más pura tradición de las entregas más vibrantes de la banda, que viene a resultar todo un canto al thrash metal más sucio y elemental. En comparación a anteriores trabajos, sorprende ese bajo tan alto en la mezcla. En ningún caso predominante pero qué duda cabe dando un mayor empaque a ese trotar tan habitual en ellos. El epílogo sí que destapará una mayor pesadez y la buena labor de Félez en las mezclas dará sus frutos a lo largo de ese tramo final más angosto y oscuro. Notable arranque.

Es “Sons Of The Serpent” la que de pronto destapa un aura más oscura y ominosa a través de un prólogo que rozará incluso lo funerario. Hay un juego de voces aquí capaz de disociar a esta tercera entrega de sus dos anteriores, al tiempo que acerca al trío a Triptykon, la continuación natural de los Celtic Frost más postreros. El registro de Saavedra resulta especialmente roto en estas estrofas y ejerce un poderoso contraste con esas tesituras más cristalinas, también enigmáticas, que emanan de los coros. Contrapuntos que asemejan a un juego de espejos mientras la banda transiciona hacia su cara más aletargada y oscura. La mayor presencia de teclas remata a un epílogo alimentado por su cara más sinfónica y, en cierto modo, grandilocuente.

Marrow Of The Soul” vuelve a territorios similares (que no iguales) a los de la inicial “Inner Flame” para de nuevo entregar encarnación más nerviosa y dibujar de paso alguno de mis riffs favoritos de todo el largo. La guitarra de Saavedra, con esa afinación tan característica, brilla en toda su gloria aquí. Un corte que puede pecar de lineal en un primer tercio que apenas cogerá aire durante esos estribillos más lángidos y pesados. Interesante solo de guitarra el que ocupa su tronco central y retorcido a más no poder un epílogo donde tienen cabida muchas de las caras que representan a una banda como esta. Totengott confrontan brío con pesadez, crudeza con nervio, resultando en un tramo final verdaderamente llamativo. Sobre el papel otra de mis favoritas.

The Architect”, que tuvo su correspondiente traslación a videoclip, me atrapó desde las primeras escuchas. La poderosa y también enigmática voz de Marija Krstevska y el tratamiento que de ella hace la producción durante el prólogo. Ese pulso arrastrado, que tanto y tan bien ha desarrollado la banda en el pasado, esas voces igualmente enigmáticas así como ese avanzar por momentos casi agónico. Un corte que propulsa a la banda hacia el futuro sin que ello implique negar el pasado. Tan atmosférica como enigmática. Composición que apunta a fija en sus setlists durante largo tiempo.

Esta primera “Beyond The Veil Part I: Mirrors Of Doom” entregará una cara casi cinemática de la banda. Un prólogo que parte de lo atmosférico para luego alcanzar una épica a ratos desgastada donde vuelven a brillar esas cuidadas voces de Krstevska. Ejerce como angosto preludio de una segunda parte, “Beyond The Veil Part II: Necromancer”, donde el trío cuenta con la colaboración del E-Force y ex-Voivod Eric Forrest. Un corte que en su primer tercio transita sobre un metal vibrante y descosido. Ese riff de las partes más nerviosas quizá no me resulte el más redondo de todo el álbum. Mora está incansable tras baterías y especialmente fino en los pequeños pero marcados cambios de ritmo. Es cuando las revoluciones bajan y el corte adquiere una mayor pesadez que la banda parece sonar mejor que nunca, con Forrest dejándose el alma en algunas voces realmente agrias. El mayor peso que adquiere el bajo de Bernaldo en este tercer trabajo ayuda a apuntalar esas partes tan nerviosas, también la pesadez del pequeño epílogo. Estupenda.

El final, en la más pura tradición Totengott, corresponde a la composición más extensa del álbum, en este caso “The Golden Crest”, si bien esta queda lejos de los altos minutajes que desarrollaban cortes como aquél “Doppelgänger” que daba nombre al debut. Es precisamente a aquél primer trabajo al que parece hacer referencia este broche final. En especial por la gama de arreglos de la que han echado mano. Diría incluso que por el riff que dibuja Saavedra a lo largo del prólogo. La banda adopta más adelante esos coros prístinos que han ido apareciendo a lo largo del tracklist, dejando finalmente su lugar a un bien acomodado solo de guitarra. Su tronco central, sin embargo, contrapone voces limpias a un trazo pesado, casi arrastrado, preñado de voces que parecen desafiar a cualquier tipo de cordura, dibujando así durante el epílogo un metal tan monolítico como grave y desesperanzado. Un cierre descomunal y arrebatador, en rima con trabajos anteriores, que abrocha a estos al tiempo que responde a los propios pulsos sobre los que se desarrolla buena parte de este “Beyond The Veil”…

… donde creo que la banda ha sabido conjugar su propio legado al tiempo que parece mostrar una mayor intención por encontrar un sonido mucho más propio e identificable. Por supuesto que hay riffs e ideas aquí dentro que en buena medida recuerdan al bueno de Thomas Fischer. Pero mentiría si dijera que cortes como la misma “The Architect” discurren por terrenos hasta ahora y, en cierto modo, desconocidos para ellos. Otro detalle a tener en cuenta es la disposición de los temas, o cómo la banda ha ido abandonando los eternos desarrollos de sus dos primeras obras en pos de creaciones más concretas y concisas. Por lo demás aquí están sus flirteos con el thrash sus descensos hacia el doom más descarnado y ciertos coqueteos con lo atmosférico e incluso lo cinemático. Todo ello dentro de una misma raíz y sin complejo alguno, trazando un tercer trabajo con todos los argumentos para suponer su confirmación definitiva.

Texto: David Naves

Totengott presenta portada y más detalles de su próximo disco

«Beyond The Veil» el que será tercer álbum de estudio de Totengott y que verá la luz en el mes de julio a través de la discográfica Hammerheart Records desvela su portada, obra de Khaos Diktator Design (Gaerea, Spectrum Mortis , Saor….).

01 Inner Flame
02 Sons Of The Serpent
03 Marrow Of The Soul
04 The Architect
05 Beyond The Veil Part I: Mirrors Of Doom
06 Beyond The Veil Part II: Necromancer
07 The Golden Crest (The Ritual, The Curse, The Path, The Light)

La grabación cuenta con mezcla de Javi Felez, guitarra en GraveyardBalmog y Korgull The Exterminator, realizadas en los Moontower Studios (Balmog, Altarage, Crisix…). El proceso de masterizado a tenido lugar en Orgone Studios por Jaime Gómez Arellano (Ghost, Opeth, Behemoth, Solstafir….). La preventa arrancará a finales de este mismo mes de abril y el primer tema de adelanto llegará en mayo.

Totengott: Nuevo disco en julio

Bajo el nombre de «Beyond The Veil» verá la luz en el mes de julio el tercer álbum de estudio de Totengott, primero con la discográfica Hammerheart Records, hogar de bandas como Master, Trouble, Entrails, Ereb Altor, Blind Illusion, Phlebotomized o Sear Bliss.

Calificados por su nuevo sello como los hijos bastardos de Celtic Frost, el próximo trabajo del combo asturiano ofrecerá un nuevo episodio dentro de la guía espiritual escrita por Tom G. Warrior. La grabación navegará por dicho modelo aportando ecos a Voivod, Bathory, Winter, Conan u Obituary y nuevos detalles para crear una nueva obra inquietante y oscura. «Beyond The Veil» será el resultado de más de cuatro años de trabajo para elevar el sonido de la banda a un nuevo nivel y verá la luz a través del histórico sello que ayudó a dar forma al metal extremo durante casi 30 años.

Reseña: Bio-Cancer «Revengeance» (Hammerheart Records 2023)

Estamos ante el tercer trabajo de los thrashers griegos Bio-Cancer, la banda que forman a día de redactarse estas líneas Thanasis Andreou y Stavros en guitarras, Tomek S. a la batería, Lefteris en voces y Giannhs al bajo y coros. “Revengeance”, que el sello neerlandés Hammerheart Records puso en circulación a primeros de septiembre de 2023, contó con el Lucifer’s Child George Emmanuel (After Dusk, Septicflesh, Rotting Christ, Lake of Tears…) en unas tareas de grabación y edición que serían llevadas a buen término en los Pentagram Studios. Más tarde, el Graveheart Pete Rutcho (Abnormality, Meliah Rage, Havok…) se haría cargo de las respectivas mezclas y master en los Damage Studios de Southbridge, Massachusetts, Estados Unidos. Con Wouter Wagemans y Giannis Nakos encargándose de la maquetación y Panos Bakogiannis de las fotos, el artwork de esta tercera obra sería delegado finalmente al buen hacer del británico Dan Goldsworthy (Accept, Xentrix, Hell, Corpsegrinder, Haken, Gloryhammer…).

Citizen… Down!” engancha con un prólogo orgánico, ligado a los grandes tropos del álbum, y que huye a mil kilómetros de cualquier introducción engolada y grandilocuente. Al contrario, Bio-Cancer disponen un thrash tan incendiario como poderoso, lindante a ratos con el death metal más casual, donde el doble juego vocal es pura gasolina. Metal hiriente, en esto tiene parte de culpa el violentísimo registro de Lefteris. También un tronco central donde la banda desgaja un groove que, en sus acentos, no alcanza a desligarse de las altas revoluciones pero resulta de lo más eficaz a la hora de amplificar el impacto del ineludible duelo solista que adorna al epílogo. Arranque vibrante y poderoso, efectiva declaración de intenciones y una de las cartas de presentación del trabajo con todo merecimiento.

44 Days In Hell” parece vibrar en sintonía con el tema previo. Sin embargo, es mayor el empeño que la banda pone aquí en unos riffs más apaciguados, a la par que más técnicos, para un corte que parece dispuesto a mayor gloria de su buen nivel como compositores. Alberga muchas de las caras del inconfundible thrash enfebrecido de los griegos, las tamiza con trazos más enrevesados y, al mismo tiempo, no deja de hibridar largos trallazos de un thrash tan clásico como hegemónico. Y todo mientras inyectan un poderoso e irresistible deje melódico a un corte inteligente, bien trazado y, desde luego, milimétricamente ejecutado. Las sonoridades más contemporáneas que preceden al solo, lejos de desviar la mira de su objetivo, alimentan la composición final de tanto en cuanto inundan, sin permear, el buen hacer de estos Bio-Cancer. Cabe mencionar, además, la gran línea de batería que traza Tomek aquí. Tan firme en el uso del doble pedal como a la hora de comandar los distintos cambios de ritmo. Temazo, si me preguntan, empañado si acaso por el engorroso fade out final.

Muy presente el bajo de Giannhs a lo largo y ancho de “Footprints On My Back”, donde vendrá a alimentar unas estrofas que Lefteris descerraja en tonos que, a ratos, llegan a lindar con un black metal al uso. Quizá este tercer corte me resulte no tan llamativo en lo que a riffs se refiere. Y sin embargo engancha con ese pulso siempre a la contra del thrash más acomodado, con una base rítmica que por momentos parece ser capaz de sostener un rascacielos. Sí sorprende esta vez su tronco central por la forma tan hábil en que acoge esas tonalidades más oscuras. El mentado registro de Lefteris quizá resulte un tanto extraño aquí. Pero la construcción que conduce hacia el epílogo no podría ser más redonda, con el pulso más melódico de Andreous y Stavros brillando a la altura de las consecuencias.

Revengeance”, lejos de calmar los ánimos y pese a lo que que se podría intuir tras su prólogo, vuelve a abrazarse a un thrash trotón y enfebrecido, sazonado aquí y allá de un groove, ahora sí, tan prominente como acentuado, asidero de un corte sencillo y clásico en su trazo ambivalente, pero de nuevo efectivo a la hora de traernos a los Bio-Cancer más nerviosos. Hay cierto aroma al metal contemporáneo, contrapunto más que firme al thrash más energético y vibrante del quinteto, que entrega aquí un puente interesante por su juego entre líneas y armonías. El epílogo, de una épica melancólica y algo desgastada, dará respiro al sufrido oyente.

Siempre que arranca la fenomenal “Dream Merchants” recuerdo “Empyrean”, aquél debut de los suecos Paranorm, lo cual no es mala cosa pues aquél era fácilmente uno de los mejores, si no el mejor, de cuantos álbumes diera el género hace ahora casi tres años. Es éste, sí, un thrash de nuevo orgullosamente híbrido, nacido de una amalgama donde su habitual metal vitriólico y fulgurante acoge unas mayores dosis tanto de tecnicismo como de atmósfera, siendo éste el corte de los ocho que más peso acoge por parte de la producción de George Emmanuel. Las guitarras dobladas del puente, el bicéfalo solo de guitarra que surge después y la forma en que transita hacia ese epílogo teñido de puro death melódico, es ya por derecho propio uno de los grandes cortes del año dentro del género. Palabra:

Que no os engañe el apaciguado, melódico incluso, prólogo de “Swiping Life Away”. Bio-Cancer aprovecha esta sexta entrega para reconducir hacia aquél thrash hiriente de comienzos del álbum. Lindando como lo hace con el death melódico en buena parte de sus estrofas, bien está el color que aportan los solos del puente, aun cuando siento a estos un tanto recurrentes a estas alturas del álbum. Es uno de esos cortes que suena a que su composición salió adelante con el directo en mente. Desde luego no posee el compromiso de otros cortes de este “Revengeance”, lo que no quita para que por ahí emerja un Lefteris ciertamente colérico. Encabronado incluso. En cualquier otro disco sería uno de los cortes estrella. Aquí se queda en cabeza del vagón de cola.

Underdog (Against The Odds)” acogerá algunos de los riffs más violentos, por rápidos, de todo este tercer álbum. Y fíjate que su prólogo no podría ser más comedido. Elegante incluso, con esas guitarras por momentos distinguidas. Es apreciable cómo la banda opta aquí por una construcción más clásica a la hora de crear un crescendo que se desliga de tantos (y tan buenos) cambios de ritmo que el disco ha acogido con anterioridad. El corte va desde esa distinción inicial hasta el puro blast beat sin que ello cercene un trazo que jamás alcanza a sonar impostado ni forzado. Quizá eche en falta una igual variedad en lo que a voces se refiere. El de Lefteris encaja aquí solo a ratos, al menos esa es mi percepción, negándole parte del alcance por otro lado redondo, casi magnífico, acusado por los pequeños desequilibrios que comento.

Cierre para “Bludgeoning Skullcrushing Mayhem” y a la banda aún le queda oxígeno para una andanada final de thrash volcánico y furibundo. Bio-Cancer no hacen prisioneros, transitando esta vez hacia una pulsión a ratos más punk que me lleva a pensar, aunque sea de forma vaga, en bandas como Ratos De Porão, primeros Napalm Death, últimos Extreme Noise Terror… Un corte que entrega, sin miramiento alguno, la vertiente más cerril del combo griego, clausurando el álbum con valiente y poderoso descaro. De ese mayor nervio se deduce una construcción menos sorprendente, más lineal incluso, entregada tanto al puro blast beat como al Lefteris más cafre. Poderosísimo final.

Hay un acercamiento a postulados más extremos dentro de este “Revengeance” que puede pillar con el pie cambiado a más de uno. Lo positivo es cómo la banda ha sabido integrarlo dentro de lo que, en el fondo, sigue siendo un disco de thrash metal al uso. Pero uno que quema más calorías de las habituales. Que hibrida géneros sin perder nunca la perspectiva, tema final al margen. Por momentos impecable en cuanto a ejecución, con la ampliamente mencionada dupla Andreou & Stavros brillando por lo general a gran altura. Entre medias habrá cortes que me parezcan no tan buenos, así como una base rítmica a ratos algo perdida en la mezcla. Con eso y con todo, uno de los álbumes más certeros que el género diera en 2023. Que no es poca cosa. Si problemas de agenda no nos lo impiden, estaremos viéndoles próximamente en el ovetense Gong Galaxy Club junto a Sound Of Silence y Electrikeel. Os esperamos allí.

Texto: David Naves