La temporada de conciertos en sala da sus últimos coletazos para dar la bienvenida a la llegada de los festivales. Así pues toca aparcar locales como la renovada Sala Estilo, antigua Sir Laurens, que el próximo 1 de junio albergará el paso por la capital asturiana de los madrileños Ciclón, el combo extremo catalán Ravenblood y los locales Tatami.
Desde Vegadeo llegan buenas noticias. Habrá nueva entrega del festival A Vega Rock que contará en la que será su séptima edición con Aneuma, Zålomon Grass, Materia Muerta y Catalina Grande, Piñón Pequeño como protagonistas. Un cartel variado que ofrece buenas dosis de metal, hard rock, hardcore y punk para disfrute de un amplio espectro de público.
La cita tendrá lugar el sábado 3 de agosto en su clásica ubicación, el recinto ferial de la localidad, manteniendo el carácter gratuito característico de su trayectoria.
Inmersos en plena gira 30º aniversario la formación sueca Diamond Dogs desembarcará en la Factoría Cultural de Avilés el próximo jueves 30 de mayo. Y lo celebrarán interpretando íntegramente su disco más exitoso «Too Much Is Always Better Than Not Enough» editado en el 2002, además de varios de los himnos confeccionados durante su extensa trayectoria.
Cómo es habitual en el ciclo de conciertos dirigido por Factoría Sound la sala presentará de nuevo una gran aspecto, con todas las entradas vendidas desde hace 2 meses. Con apertura de puertas a las 20 horas Sulo Karlsson y los suyos tomarán posesión del escenario a partir de las 21 horas para desgranar ese característico rock n’ roll de fuerte influencia británica setentera.
Nace un nuevo sello discográfico en Asturias. Z Music Company se presenta hoy en sociedad a través de un concierto en el ovetense Gong Galaxy Club protagonizado por un buen puñado de bandas underground de la región.
Con apertura de puertas a las 20:30 horas, el acceso es gratuito.
Recuperándonos aún mental y físicamente del viaje relámpago a tierras leonesas de la jornada anterior, tocó echarse de nuevo a la carretera y poner rumbo a Avilés. El motivo era no otro que la nueva venida de los suecos Långfinger a Asturias. El trío que forman el bajo y voz Victor Crusner (Eclipse), Jesper Pihl en batería y Kalle Lilja en guitarra. La gira, en apoyo de su último álbum “Pendulum”, volvió a congregar a un buen número de fieles en nuestra querida Factoría. Por sonido y escenario una de las mejores salas de la región.
Y es que precisamente el sonido que emana del trío no puede ser mejor mientras atacan la inicial “A Day At The Races” parapetados tras el semblante tan concentrado como risueño de Crusner. Mostró el sueco un gran estado de voz. No ya en estos compases iniciales sino durante toda la descarga, algo que vino a dar cumplida cuenta del buen momento de forma que atraviesa el trío. Un trío que suena profundamente orgánico, apoyado en una puesta en escena que no podría ser más básica y elemental.
Un trío bien ensamblado y mejor engrasado que vino a dar un show de menos a más. Ese carácter tan diésel de la velada deslució tal vez algún que otro corte inicial. Así las cosas, el mayor grosor de “Arctic” fue recibida nunca con indiferencia pero sí con un público que parecía aún a la expectativa. Crusner tenía pequeñas anotaciones en nuestro idioma junto al setlist y ciertamente puso todo de su parte cara a que la comunión fuera total. Hasta los más pequeños detalles suman y decantan la balanza. Desde luego el sueco lo sabe y obra en consecuencia.
Diría que no es hasta “Orbiter” que el público sale de su letargo y el trío ofrece su mejor versión. El solo que dibuja Lilja aquí puede ser fácilmente uno de los mejores de la jornada. Él y Crusner acaban de rodillas y en lo personal aprecio en gran medida esa versión más alucinada y lisérgica del combo radicado en Gotemburgo. Le llegó el turno entonces a una “very old song”, que no era otra que “Fantasy Ridge”, de aquél “Skygrounds” de 2010, donde sobresalieron los coros del batería Pihl.
Pero aunque Långfinger hagan gala de un carácter homogéneo donde las influencias se multiplican y divergen de cara a construir un set sumamente atractivo por su propia diversidad, qué duda cabe que es el riff juguetón e incluso bailable de “Dead Cult” el que se lleva el gato al agua. Coreamos, bailamos y sudamos con ellos, a lo que el trío respondió poniendo todo su empeño. El set serpenteaba por alguno de sus temas más accesibles y la concurrencia terminó por entrar en el juego propuesto por el trío nórdico.
Y es que “Skygrounds”, aún cuando pierde el Hammond del original, entrega otro de los riffs con más gancho de la noche. De nuevo excepcional aquí Lilja con su roja SG, qué me gustan estas guitarras, y aún mejor la respuesta de un público ya totalmente entregado. La aparente sencillez de “Fox Confessor” destapó al mejor Crusner como vocalista. Ya digo que su voz aguantó el envite sin mayores inconvenientes. Siempre risueño y poniendo todo de su parte por hacernos partícipes de su característico rock and roll.
Curioso el diálogo entre Pihl y Crusner que propició “Herbs In My Garden”, seguido de otro gran solo de Lilja. El trío en su mejor versión, disfrutando y haciendo disfrutar, encaró los bises con la satisfacción del trabajo bien hecho. Y bendito trabajo. Crusner anuncia “this one is really fast” y el trío se vacía con “Eclectic Boogieland”. Ni una gota en el tintero. Vítores inclusive. “You make me feel like I was at home” (me hacéis sentir como si estuviera en casa). Se le puede acusar de tribunero al sueco pero qué duda cabe que el y su banda brillaron a gran nivel. Quede la final “Ragnar” como sólido testimonio del gran nivel que atesoran.
Factoría Sound y bandas de origen sueco. No recuerdo binomio más sólido desde Clyde Drexler y Hakeem Olajuwon. Siena Root, Greenleaf y ahora Långfinger son solo tres pinceladas del mucho y buen rock and roll que el país nórdico tiene para ofrecer. Afortunados somos de poder ver a bandas de este calibre al lado de casa. Que además vengan y cumplan con las expectativas creadas. Que disfruten y nos hagan disfrutar. De que no todo sea heavy metal en esta vida. Que ya no pique cuando toca aguantar el incesante latiguillo de que “hoy en día todo son bandas de enfadaos y tías con el pelo de colores”. Supongo que todos tenemos derecho a estar equivocados.
En cualquier caso y como siempre, agradecer una vez más a la organización todas las facilidades dispuestas para la realización de esta crónica y mandar un cariñoso saludo a los habituales de siempre. Nos vemos en el siguiente.
Si la montaña no va a Mahoma, Heavy Metal Brigade cruza el Negrón. Había muchas ganas de conocer de primera mano las evoluciones en vivo del quinteto The Wizards. Su más reciente “The Exit Garden” pasó con nota por nuestras reseñas y la cita, un viernes en la leonesa Babylon, era la más cercana a nuestra base de operaciones en el corazón de Asturias. Así pues y como tantas otras veces, carretera y manta que diría aquél.
Conocíamos a la Babylon de nuestro anterior paso por la ciudad con motivo del flamante Lion Rock Fest (crónica) y lo cierto es que registraba un buen aspecto pasadas ya las diez. Su pequeño escenario no iba a dar para muchas alegrías pero el sonido que despliegan The Wizards tras superar la intro no podría ser mejor dadas las circunstancias.
La banda se muestra segura sobre el escenario. Sin grandes alardes, serios y focalizados en cada riff de ese estupendo “The Exit Garden” con el que arrancan la velada. Su frontman Ian Mason carga con buena parte del peso escénico del grupo. Anima, se encara a la audiencia, grita, salta, baila, pasea el pie de micro sobre nuestras cabezas, nos empapa en agua y todo sin dejarse apenas un verso por el camino.
El sonido que desplegaron a pura Gibson SG, roja una, blanca otra, ya digo que no pudo ser mejor. Con un siempre poderoso Rickenbacker en manos de Baraka Boy completando el trío de cuerdas, “Full Moon In Scorpio” volvió a evocarme al mejor Danzig como ya ocurriera con las distintas escuchas a la versión de estudio. “Vuelta a los días de gloria”, anunció Mason, momento en el cual la banda recuperó la más heavy “Odinist” de su álbum de 2017. Destacó Dave O. Spare aquí, atacando con firmeza pero también con pasión su pequeño kit de batería.
“… en mi caso es un placer volver a tocar en casa” proclamaba Mason antes de una de mis favoritas de la velada, no otra que “Oniros”, del álbum que venían presentando, y que la gente recibió de muy buena gana. “Deal With The Witch” entrega quizá a los Wizards más alucinados de la jornada mientras el pie de micro sufría para aguantar los envites del inquieto Mason. Y aunque en el fondo sean animales muy distintos, las comparaciones con “nuestro” Michael Arthur Long (Drunken Buddha, Secta) fueron una de nuestras comidillas del pasado viernes. Desde luego que sus evoluciones al frente de The Wizards no pasaron desapercibidas. Y es que había allí mucho amigo de la banda y desde luego se notó.
Para cuando le llega el turno a “Holy Mountain Mind”, los chicos son todo sudor e intensidad. Vibra la Babylon al unísono con ese estribillo redondo como pocos. Fundamentales esos coros de Jorge, así como los buenos solos que dibujó ya no aquí sino durante toda la noche. Desde luego venían con los deberes hechos y se notó. “Crawling Knights” dio por fin un descanso a los chicos cuando llevábamos ya unos cuarenta minutos de show. No está mal. Entregó además la mejor cara de The Wizards como intérpretes mientras el calor en aumento nos avisaba de cómo la temporada de salas va poco a poco dejando su paso a los grandes festivales veraniegos que están por venir. Pero aquí quedaba aún mucha leña que cortar. Y es que al fin y al cabo “si ni la Audiencia Nacional ni las drogas han podido con nosotros…”.
“Halftones To Eternity” descamisa a Mason y nos ofrece esta vez la cara más chulesca y vacilona del combo radicado en Bilbao. Y mientras que la efervescente “Equinox Of Fire” ya pinta a que se va a quedar en el setlist en futuras giras, “V.O.I.D. (Visions Of Inner Death)” muestra verdaderas hechuras de clásico consolidado para ellos. El final con “Stardust”, con público y banda al unísono, dibujó amplias sonrisas en nuestros rostros. Con todo el cariño hacia la Babylon, desde luego una banda llamada a ocupar recintos de mayor tamaño.
Al fin y al cabo comentaba algo parecido en la crónica de Grima. Los rusos apuntan a que en próximas giras coparán recintos de mayor tamaño y será gracias a sus buen hacer sobre el escenario pero también debajo de él. A pico y pala, los rusos se van ganado su espacio. The Wizards tienen las canciones y, visto lo visto, también el directo. ¿Falla algo entonces o se conforman con citas como las del viernes? Quizá y como dijera el propio Mason en un momento del set: “sois todos una panda de capitalistas”.
En cualquier caso y como cierre a esta crónica agradecer a Susana por la compañía y enviar un abrazo al bueno de José Triskel. Y como siempre: nos vemos en el siguiente.
Apenas un mes del fallecimiento de su vocalista original C. J. Snare la formación afincada en Charlotte Firehouse presenta su reemplazo. El elegido para la misión es Nate Peck de 22 años procedente de la edición 21º del concurso musical American Idol.
El relevo era un secreto a voces ya que Nate había suplido desde octubre del pasado año a C. J. convaleciente de la operación de estómago derivada del cáncer de colon que padecía. Unidos por una gran amistad, el propio Peck considera al tristemente desaparecido Snare su mentor afirmando además sentirse honrado de trabajar con la banda y cantar sus grandes canciones.
Acompañado por una formación de lujo, Alejandro Blanco en baterías, Ángel Miguel a la guitarra, Sam Rodríguez en teclados y Antón Ceballos al bajo interpretará los clásicos de una banda que pertenece por derecho propio a la memoria colectiva de todos los amates del rock. Entrada anticipada 12€ a través del siguiente enlace: https://www.wegow.com/es/conciertos/aeternal-queen-en-oviedo
Tras debutar con un álbum homónimo hace ahora casi diez años, proseguir con “Full Moon In Scorpio” dos años más tarde y lanzar “Rise Of The Serpent” en 2018, ya tenemos aquí lo nuevo de los heavy / doom / stoner vascos The Wizards. La base rítmica de Baraka Boy al bajo y Dave O. Spare en baterías, las guitarras de George Dee y Phil The Pain y la voz de Ian Mason se encuentran detrás de los ocho temas de este “The Exit Garden” publicado por High Roller Records allá por el mes de marzo. Mezclado por Mario Gutiérrez y Alberto Macías en Slippery Studio para posteriormente pasar por las manos de Víctor García (Aathma, Toundra, Wormed…) en Ultramarinos Mastering y recibir el fino arte del Smoke Signals Studio para la portada.
“The Exit Garden” cumple con el doble propósito de dar nombre e inaugurar el cuarto de los bilbaínos. Y lo hace sin dejar una sola gota de inspiración en el tintero. Apoyada en un gran riff al que da lustre la fina y equilibrada mezcla de Macías y Gutiérrez, nos traslada inmediatamente a un tiempo donde el rock era la música orgánica por excelencia. No exenta de alardes, las teclas que adornan su prólogo sin ir más lejos, me recuerda a ratos a los mejores Electric Wizard. También a mis queridos Blood Ceremony, aunque sin ese cierto poso tendente a la psicodelia de los canadienses. Un primer corte trufado de largos desarrollos instrumentales, ideales para quienes disfruten del rock and roll en su vertiente más setentera y vibrante. ¿Pero cumple el álbum con las promesas que hace este primer corte?
Porque desde luego parece que la banda ha echado el resto en ese primer corte. Lo que no quita para que “Full Moon In Scorpio” se destape como la versión más negruzca y aguerrida de los vascos. El pesado riff del prólogo impone su ley y la banda acomete ahora un rock más apesadumbrado, que vira hacia el doom sin mayores complejos. El alucinado solo que adorna ese prólogo tiene una pegada innegable. Y mientras que Ian Mason declama ahora en tonos que le asemejan a un Danzig de sus primeros álbumes en solitario, el corte adolece quizá de un estribillo más redondo. De mayor gancho. Pero esta vuelve a ser otra pieza bien calibrada entre composición y puro derroche instrumental. Estupendo el solo que acomodan camino del epílogo. Por tópico que pueda llegar a sonar, la banda demuestra aquí un nivel en cuanto a ejecución que poco o nada tiene que envidiar a cualquier foráneo.
Pero que me aspen si “Oniros” no recuerda a unos Ghost de sus dos primeros álbumes. Es verdad, Mason no canta tan “para dentro” como acostumbraba entonces el bueno de Tobias Forge, pero realmente siente uno cierto influjo, en particular durante el prólogo y las distintas estrofas. En parte porque las influencias son, desde luego, comunes entre uno y otros. The Wizards marcan distancias, y pienso que hacen bien, en unos estribillos más cercanos a su sonido y no tanto a la banda sueca. El corte emerge finalmente para bien con el paso fangoso y marcado de su cuidado epílogo. Ni tan mal para tratarse de un single adelanto.
Lo que son las cosas, ”Holy Mountain Mind” me sigue pareciendo una elección más lógica para tal fin. Atravesada por el estribillo que más ha arraigado en mi subconsciente tras las sucesivas escuchas, representa una vuelta hacia la vertiente más trotona y directa del quinteto radicado en Bilbao. Qué duda cabe, mucho más facilona y previsible que el trío de ases con el que da inicio el disco, lo que no quita para que sea un tema con el que disfruto en buena medida. Con sus buenos cambios de ritmo, su equilibrada producción y algún que otro solo de mérito.
“Equinox Of Fire” no difiere en exceso de su inmediata predecesora, pero en cierto modo da la impresión de ser una oferta mucho más cerebral. Que da rienda suelta ya durante el cuidado prólogo a la cara solista más deslenguada del quinteto. De hecho la banda parece sintonizar ondas más chulescas ahora, plantando sus reales a medio camino entre el hard y el doom rock, con Mason en algunos de los tonos más altos de todo el redondo. Crepita el bajo de Baraka Boy durante las metódicas estrofas. Y aunque la banda da con un estribillo al que quizá eche en falta una pizca más de garra, bien está el solo de guitarra que ocupa el tronco central, así como el cambio de ritmo del epílogo.
“Questions” dará un pequeño respiro con ese prólogo con anclaje en tonos baladeros que viene a calmar los altos biorritmos en que se había movido el disco hasta ahora. Huelga decir, cuidado hasta el más mínimo detalle, con esas guitarras casi prístinas y el registro más liviano de Mason. Superada la barrera de los dos minutos, el corte redirige hacia un rock en franca rima con los momentos más vibrantes de “The Exit Garden” para, por puro contraste, generar alguno de mis momentos favoritos del disco. Por lo disfrutón que está Dave O. Spare en esas partes más intensas. Por el buen nivel técnico que vuelven a mostrar George & Phil. Y, finalmente, porque la banda encuentra, ahora sí, un estribillo redondo y memorable, con un leve deje melancólico nada impostado, que entra a la primera. El duelo solista previo al descosido epílogo viene a redondean otro de los grandes hallazgos de este cuarto disco. Estupenda.
“Crawling Knights” vuelve a poner calma en mitad de la tormenta. Inicio sosegado pero hábil, con esas guitarras en una clave que roza la psicodélica. Es el corte más extenso del álbum y se podría decir que la impresión es la de que la banda echa el resto. La progresión de sus estrofas camino de estribillos no podría estar más cuidada. La nostalgia que emana de su línea vocal, los buenos coros que acompañan a Mason, solidarios a los contrapuntos que emergen de las distintas líneas de guitarra. Y todo para confluir en un tronco central que lleva a The Wizards a ofrecer su cara más ardiente y disfrutona. Quienes se quejan, no sin motivos, de la falta de buenos solos de guitarra en el rock y metal actuales, gozarán del festín acometido aquí por George Dee y Phil The Pain, enfrascados en una serie de duelos de los que ya no se estilan. El epílogo, con vuelta a los sonidos tan tendidos del prólogo, finiquita el particular uróboro de los vascos. Magnífica.
“Dawn Of Another Life” y sus contornos tranquilos, apenas la tenue voz de Mason sobre un marcado colchón de teclas, al que más adelante se sumarán, aunque sea de manera tímida, ambas guitarras, finiquita lo nuevo de The Wizards con una cierta sensación de distinción. Elegante calma después de la tormenta. Después de todo, “It´s time for the dawn of another life” (Es la hora del amanecer de otra vida).
Los chicos tienen razones de sobra para estar satisfechos. Y quienes gusten del hard / heavy con trazas doom de inconfundible aroma clásico, motivos para celebrar. En un tiempo donde el metal camina de la mano del puro artificio, “The Exit Garden” propone una vuelta a los orígenes trazada con sumo cuidado pero ejecutada con la mayor de las libertades. Pocas cortapisas parece haberse puesto la banda a la hora de ejecutar los ocho cortes. Líneas de voz sentidas y con gancho y unos cuantos solos para el recuerdo. Riffs de mérito y una base rítmica que crepita y galopa desde el buen gusto, sin excesos ni manierismos. Un disco que me tiene enganchado desde hace semanas y al que bien haríais en pegar un par de escuchas. No salgáis luego con que nadie os avisó.