Y “Marcados” fue presentado por todo lo alto. Caballo Moldavo, en una noche de lo más concurrida (Pûlsar To Floyd en Gijón, Mephistofeles también en Oviedo) lograron registrar una buena entrada en nuestra querido Gong Galaxy Club. Nada mal para una banda local que, a base trabajo y esfuerzo, de currar y currar, ha sabido ir labrándose su hueco dentro de la escena asturiana. En el envite no estaban solos. Junto a ellos, los vikingos de Puerto de Vega Sküld, se sumarían a la fiesta. Cita que teníamos marcada a fuego en la agenda desde meses atrás.
Teníamos muy reciente a la buena gente de Sküld, aquél paso por el Seronda Rock (crónica), por lo que, quien más quien menos, esperaba alguna sorpresa. Sea como fuere, esta es una de esas bandas que siempre resultan amenas y divertidas. Atruena la intro y la Gong se inunda de un cierto aire épico. Y de hecho “My Mother Told Me” parece engranar ya la mejor cara del quinteto. Su heavy metal recoge un buen puñado de influencias, siempre con un acento clásico y muchas ganas de agradar y divertir.
“Blood Eagle”, de hecho, desplegó esa cara más heavy y clásica, con Robert dejando un buen solo de guitarra y la banda enlazando con “Lágrimas De Freya”. Y fuese por la presencia de Lorena al micro, o por ciertos riffs que dibujaron, el nombre de los siempre recordados Darna sobrevoló mi subconsciente aquí. En líneas generales, y con una frontwoman de lo más activa, me pareció que estábamos viendo una gran versión de los de Puerto de Vega.
La gente, claro, se enganchó cuando enfrentaron “Last In Line”, del legendario Ronnie James Dio. Qué buen tino tienen siempre para las versiones. “Esta os la sabéis, cabrones” había apostillado José Carlos, bajista de los asturianos. Y tanto que sí. Otro buen solo de Robert aquí y una Lorena que salió más que airosa de la difícil empresa, reemplazar a un irremplazable. En “Odín”, otra de las que nunca les fallan, se produce un buen duelo solista entre Chinky y Robert. Y mientras que “La Xana Del Caballar” pone a trotar a Roberto Peláez tras baterías, caben también buenos coros de Robert y José Carlos. La gente se animó en este tramo final.
Hubo hueco para los habituales agradecimientos. También para presentar algún tema nuevo (en proceso de grabación con Pablo Viña a los mandos, anunciaron) y enfrentar un tramo final con producción propia (“The Rumor”) y ajena (“Flight Of Icarus”), con Lorena perdiéndose entre la gente mientras la banda recorría las legendarias estrofas de Iron Maiden. La siempre disfrutona “Long Distance Reader” pondría el punto final a otro set divertido y dicharachero del quinteto del noroccidente. Siempre agradables.
Máxima expectación ante la llamada del establo. No ha sido poco el trabajo que ha llevado a Caballo Moldavo hasta la edición física de su primer largo de estudio. “Marcados” son años de trabajo, el que se ve y el que no, y a tenor de lo visto, la gente supo reconocerles el esfuerzo. No era, como digo, una noche fácil. Mephistofeles, en la contigua Lata De Zinc, habían colgado el cartel de no hay billetes. Y, aún así, el cuarteto ovetense aglutinó a un buen número de fieles en la noche del viernes. A algún invitado ilustre, incluso.
Kalari ejerce de anfitriona tras las teclas. Los “Ecos Del Pantano” sirvieron de puerta de entrada al set. También de señal de alerta a quienes habían salido a por el piti de rigor. La banda arremete entonces con “El Blues Del Innombrable”, donde envueltos en un sonido aún algo errático, Hooves descerraja un buen primer solo de guitarra. Es un buen arranque. Pero con el sonido ya bien equilibrado, es una gran versión la que ofrecen en “Alimentándose En Secreto”, una de las andanadas más rotundas y vibrantes de la jornada. Vendimos nuestras almas al Reverendo. No quedaba otra. Buenos coros de Hooves aquí y una base rítmica, la del Hermano Lynott al bajo y Jhonny Liver en baterías, apuntalando la versión más trotona del establo. Tal y como dejó dicho el Reverendo, “el caballo había vuelto a Otero”. Y de qué forma.
Tuvo que ser uno de sus cortes más clásicos quien apaciguara un tanto los ánimos: “El Cuervo” puso una mayor calma, una cierta aridez incluso, mientras la voz de Caballo Moldavotrotaba de lado a lado del escenario. Son muchas las veces que nos hemos visto las caras. Pero me atrevería a decir que nunca con un Reverendo G. Throat tan activo como la noche del viernes. Agradecimientos a la buena gente de Sküld y turno para el corte que daba título a aquél Ep de 2021, “Réprobos”, siempre de frente, con el frontman bajando al piso y Hooves dejando otra buena ristra de solos.
Siempre me ha costado trabajo encasillar a Caballo Moldavo en una etiqueta concreta pero es verdad que la de Danzig aparece como una figura (quiero pensar que sólo en lo musical) de vital importancia para ellos. Al de Nueva Jersey rindieron pleitesía, una noche más, con su revisión del “Dirty Black Summer”. Si no arrimábamos cebolleta así, desde luego iba a ser imposible. Hay que ver cómo llenaban Liver & Lynott aquí desde sus respectivas tareas. Quizá de ahí que “Marcados”, que da nombre al álbum, ganase tantos enteros en su traslación al directo. Al menos esa impresión tuve. Lo cierto es los chicos llegaron a la Gong con la lección pero que bien aprendida. Tantos años de rodaje, al final, se notan. No queda otra. “Mi muerte centinela”, que el Reverendo abre con una cita de Octavio Paz, había sido proclamada por la voz moldava como una de sus favoritas. Un corte cuyos contrastes en estudio se magnifican con el grosor (“vaya gordor”) del directo.
En “Misa Negra”, especialmente durante el puente más calmado, tuve la sensación de que nunca había contemplado tal comunión entre banda y público en un show de este particular establo. Pero pese a que era la presentación del nuevo disco, ellos andan ya mirando al futuro. Tema nuevo, que no traiciona sus esencias, y donde Hooves dejó algún que otro riff ganchero y pegajoso como pocos. La noche continuaba. Y lo iba a hacer con la presencia arriba del escenario de un tal Pablo García, a quien los elementos quisieron jugarle una (pequeña) mala pasada. Caballo Moldavo mutaban así en quinteto y, por ahí, “El Pantano” procuraba al cierre su cara más abiertamente alucinada.
De nuevo en su formato original, tocaba enfrentar la recta final, donde “Bienvenidos Al Valle Del Cielo” demuestra que puede ser una canción grande para ellos. Sin ni mucho menos abandonar sus señas de identidad, conecta con la gente, tiene gancho por los cuatro costados y redondea con la precisa outro de Kalari a las teclas. Otra de las que, pienso, ganaron una barbaridad con respecto al estudio. El Reverendo echó mano del megáfono y “Al Otro Lado Del Viento” rivalizó con el corte anterior en cuanto a enganche con la audiencia. Dos cortes que, presumo, va a costar horrores sacar de los cierres de sus shows. Como ese “Green Machine” (Kyuss) al que reverenciaron una noche más. Indómitos, áridos, crudos, orgánicos y de lo más disfrutables. We ride at dawn.
La cuadra vikinga. Una buena dupla para una tarde noche de lo más prestosa. Creemos sinceramente que se cumplieron las expectativas. Muchos nos volvimos marcados para casa y esta nueva era moldava se abrió, pensamos, de forma inmejorable. Es por ello que no quisiera cerrar sin agradecer a ambas bandas por el trato que nos dispensaron, ni tampoco sin mandar un saludo a la mucha buena gente con la que departimos antes, durante y después. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
o de cuando El Gran Café se convirtió por una noche en el Whiskey a Go Go
Día de perros en la capital del viejo reino. La noche estaba más para manta y peli que para tirarse a la calle. Pero llevamos el gusanillo del rock ahí dentro, que le vamos a hacer. Eh! Y que nunca nos falte…
Los angelinos The Mercury Riots recorren Europa de norte a sur en una gira de casi tres meses a la que ya solo le quedan unas pocas fechas por completar. Ya habían visitado nuestra ciudad hace unos años con su anterior formación dejando buen sabor de boca y no podíamos faltar a la cita.
Las circunstancias no presagiaban buena entrada. Llegamos a una sala prácticamente vacía a unos minutos de la hora anunciada de inicio. Se retrasaba el arranque y poco a poco se iba animando la cosa. Finalmente se rondó una media entrada, escasa para lo que se merecía este concierto, pero suficiente para que el ambiente fuera agradable. Aunque cierto es que después de lo visto, daba igual la entrada. El ambiente lo iba a poner la banda llevándolo a unos niveles espectaculares.
A eso de las 10:05 horas Jonny Udell se sienta en su batería y de inmediato se empieza a oír una guitarra sin saber de dónde viene. Aparecen entre el público los otros tres integrantes. La guitarra que suena es la de Felipe Rodrigo atacando el precioso y ambiental inicio de “Make It”. La batería arranca a continuación sonando atronadora. Aquello pintaba muy bien. Cuando revienta la canción empezamos a darnos cuenta de la locura que nos esperaba. Sonido perfecto, actitud, una presencia escénica imponente con Justin Paul Walker, su vocalista, como perfecto maestro de ceremonias, sin parar un momento y mostrando un nivel de voz brutal.
Y se empieza a suceder temazo tras temazo desgranando su hasta ahora único álbum. La base rítmica es demoledora, super compenetrada. No se echó en falta a su bajista titular, Fede Delfino, sustituido en esta gira por el propietario de un precioso Rickenbacker que nos perdonará por no quedarnos con su nombre. El único pero que se le puede achacar fue su presencia escénica. No lo hizo mal en absoluto, pero es que Fede es mucho Fede.
Llamaba la atención la ausencia de amplificadores en el escenario, algo llamativo en estos estilos más “clásicos”, pero que no afectó para nada en que todo sonara muy orgánico, muy auténtico (Lo siento señores “puristas” pero con lo digital también se pueden conseguir ya tonos espectaculares).
La Telecaster del guitarrista uruguayo, que sonaba a gloria, mostraba un desgaste que, o tenía un “relic” muy bien hecho o llevaba más horas de vuelo que el barón Von Richthofen. Preciosa.
Por nuestra cabeza, en modo flash, iban surgiendo los grandes nombres del estilo. Led Zeppelin, por supuesto. Slash y sus Snakepit por aquí, Bad Company por allá, incluso en algún momento rememoré a White Lion o Tesla. Y no pude evitar cantar el estribillo del “Rock Bottom” de UFO sobre el riff principal de “Take Me When You Go”. Explosiva mezcla. Todo ello bien machacado en el almirez de Las Orgías de Mercurio, por supuesto. El nivel de “gozadura” era estratosférico.
Cayeron también dos temas nuevos de lo que será su próximo trabajo que se publicará el próximo mes de marzo. Nos encantaron. Como el resto del disco vaya en esa línea van a dar otro buen salto hacia adelante. Un salto de esos que te alegran por una parte, pero te entristecen por otra porque posiblemente provocará que ya no les disfrutemos tan cerquita de casa.
A destacar también los buenos coros que toda la banda, en mayor o menor medida, aportaba en los pegadizos estribillos que se gastan. Coros de verdad, nada de lata, abundando en lo orgánico del sonido durante todo el concierto. Todo era de verdad, estaba ahí delante. E incluso nosotros mismos éramos parte de ello, sobre todo cuando llegamos al “Save Me A Drink” donde, a petición de Justin, lo dimos todo con nuestras gargantas mientras Felipe se paseaba por la sala con una sonrisa de oreja a oreja. Él y todo El Gran Café.
Ahondar aquí en la puesta en escena de Felipe Rodrigo. Estilazo del más puro rock star. Pero de los de verdad, de los humildes, auténtico, cercano. Hasta el punto de que lo primero que hizo al acabar el concierto fue bajarse del escenario a saludarnos y a charlar con las primeras filas agradeciéndonos estar allí. Insisto, auténtico. Lo lleva muy adentro. Como anécdota, por problemas de aduanas, no disponían de parte del merchan y el tío, ni corto ni perezoso, se puso a pintar camisetas a mano. Por supuesto nos llevamos una a casa, que será de las de no poner, de las de guardar de recuerdo, firmada por los cuatro integrantes. Aprendices de rock star, aquí tenéis alguien de quien tomar ejemplo. Aunque creo que estas cosas no se aprenden. Tienen que venir de serie.
Y ya en la recta final, entrábamos en lo que serían los bises que acometieron sin siquiera bajarse del escenario. Aquí cayeron un par de versiones. La sorprendente “I Saw Her Standing There” de los Beatles, hardroqueada a más no poder y cerrando la noche, un “La Grange” hipervitaminado incluyendo lucimiento individual de los cuatro componentes.
No llegó a hora y media. No hacía falta más. Revivimos lo que, al menos en mi caso, sólo hemos podido disfrutar a través de una pantalla. La calle Cervantes de León se convirtió por un momento en Sunset Strip y El Gran Café bien podría haber sido un Whiskey a Go Go o un Rainbow de hace casi medio siglo. Eso sí, en 2025. Los viejos tiempos ya quedaron atrás, para lo bueno y para lo malo. Lo importante es que la rueda siga girando. Con bandas como The Mercury Riots de momento está garantizado.
“Marcados” constituye el primer largo para el cuarteto de origen asturiano Caballo Moldavo, la banda que forman Reverendo G. Throat (voz), Lionel Hooves (guitarra), Jhonny Liver (batería) y HermanoLynott (bajo). Diez cortes, alguno ya presente en aquél Ep de 2021, que han venido a la vida bajo la producción del Sound of SilenceNefta Vázquez (Absalem, Beast Inside, Bestia Negra, Blast Open…) en los Breakdown Studios y que se presentarán el próximo viernes 14 en el ovetense Gong Galaxy Club junto a Sküld.
“Alimentándose En Secreto”, que ya ha sonado en algún que otro directo de los asturianos, confiere una cierta alucinación sobre su habitual propuesta arrastrada y cenagosa. Ritmos vivos, casi marciales, y la característica voz del Reverendo. El sonido, en comparación con otras producciones extraídas de los Breakdown Studios, resulta deliberadamente sucio. Cruje el bajo de Lynott camino de estribillos. Un trallazo directo, sin grandes alardes ni ataduras, con riffs pegadizos y un buen solo de Hooves camino del epílogo. Un arranque que, doy fe, les funciona y de qué forma en vivo.
“Al Otro Lado Del Viento”, si bien porta parte de ese brío del tema inicial, por la conjunción entre sus riffs y la propia voz de G. Throat resulta menos agresiva, algo más liviana. Caballo Moldavo amplificando sus registros. Fácilmente una de mis letras favoritas de todo el álbum, llama poderosamente la atención en lo que a estribillos se refiere. Hay detalles en esta línea vocal que me llevan a pensar en un tal Danzig. Un puente que abraza contornos más alucinados y un epílogo marca de la casa moldava. Hooves remata la función con otro buen solo primero, armonizando con la propia voz del Reverendo después. Una de las entregas más lúcidas de entre las diez.
“El Cuervo”, a estas alturas ya todo un clásico de los asturianos, viene para aportar la cara más oscura de estos Caballo Moldavo. Basada, claro, en el poema del mismo nombre de Edgar Allan Poe, trae en estrofas un riffs llamativo por lo seco y directo que resulta. Contrapunto a esos estribillos más turbios y oscuros, con algunas voces realmente graves. Éstas darán paso a un metal pesado, no agónico pero sí arrastrado y rocoso, con esos riffs tan crudos y voluminosos de Hooves. La producción y mezcla me agrada. Resulta tan orgánica como lo son las propias descargas de la banda y, por ahí, no podría encajar mejor con la propia idiosincrasia del cuarteto.
Presente ya en aquél Ep de 2021, “El blues Del Innombrable”, construida sobre otro riff con no poco gancho, adopta un rock poderoso y con pegada. Siempre dentro del particular universo sonoro de los asturianos, y donde Reverendo pone en solfa otra línea de voz no poco característica. Su timbre podrá gustar más o menos, pero desde luego que personalidad no le falta. Me agrada el solo de Hooves, también el (leve) crescendo sobre el que se apoya. El nombre de Danzig vuelve a sobrevolar aquí, sí, pero de todos modos, una de las que más se repiten en mi cabeza tras sus directos.
“Mi muerte Centinela”, tras su prólogo desnudo y poético, trae al frente a los Caballo Moldavo más ruidosos. Construye por ahí un corte de grandes contrastes. El más evidente, claro, la forma en que el riff de Hooves se contrapone al ahora calmo Reverendo. Muy llamativas estas primeras estrofas y la forma en que se van ennegreciendo camino de estribillos. Hay momentos de pesadez, bien apuntalados por la base rítmica de Liver y Lynott, y una construcción que entrega su debida cuota de protagonismo a cada elemento presente en la mezcla. Hooves y Reverendo de nuevo armonizando en el epílogo, firman un estupendo cierre. Otra de mis favoritas.
“Réprobos”, que daba nombre al mencionado Ep de 2021, es a estas alturas una de sus entregas más idiosincráticas. A este punto, clásico inevitable de sus directos, sigue siendo aquí ese corte malencarado, sucio y vibrante que ya era entonces. Se reviste ahora, eso sí, de la colaboración del propio Nefta Vázquez, acentuando con su reconocido registro rasgado, el corte más cabrón de todo “Marcados”. Siempre “de frente” y sin excusas ni complejos. Puro metal sucio, hosco y vibrante en la más pura tradición del cuarteto. Corte fundamental para ellos.
La pequeña “Ecos Del Pantano”, con Kalari poniendo sus hábiles manos al teclado, supone una pequeña introducción previa al tema título, una “Marcados” que viene a recuperar a esos Caballo Moldavo más pesados y cenagosos. Me gusta la línea de batería sobre la que se construye este octavo corte. También el riff que Hooves dispone aquí o esa construcción algo más abierta. Y es que encuentro riffs que me enganchan desde su pesadez. También solos siempre contenidos y en favor de la propia composición, sin afán masturbatorio de ningún tipo. Potente, poderosa y muy moldava.
“Misa Negra”, otra de las que ya aparecía en aquél “Réprobos” de hace cuatro años, sigue siendo ese metal sucio y crudo que ya era entonces. Corte más extenso del álbum, sigue conservando ese aire malsano y fangoso, tan característico en ellos. Me agradan los riffs sobre los que se sitúan sus estribillos, también la mayor gravedad que adquiere Reverendo camino de estribillos. También lo alucinado del puente que antecede al epílogo o lo malencarado, casi diría malsano, de su negruzco epílogo. Fácilmente otra de mis favoritas.
“Bienvenidos Al Valle Del Cielo” es stoner sucio y desgastado. Sublimado por unas voces especialmente áridas ahora, al tiempo que Hooves acompaña con otro riff de no poco gancho. Del mismo modo, me llama la atención la línea de batería que Liver trama aquí. Apuntala esa base rítmica un cierre de ritmos vivos, que no obstante no hace por abandonar esas guitarras siempre graves y rotundas. Es cierto que la sección solista está algo constreñida aquí, pero una buena colección de riffs para un cierre eficaz y disfrutón.
La cosa tiene truco pues varias de estas nuevas composiciones, en realidad, no son tan nuevas, y llevan tiempo sonando en sus directos. Por ahí uno pierde parte del elemento sorpresa que depara todo nuevo álbum. Pero quienes acudan vírgenes a este primer largo del cuarteto, se congratularán del grosor de los riffs y la pesadez de sus ritmos. Siempre a medio camino entre el sludge, el stoner y cualquier otra cosa que se les pase por la cabeza, sus señas de identidad siguen aquí más presentes que nunca. Una maraña de riffs cabrones, ritmos entre lo pesado y lo vibrante y la característica voz del Reverendo apuntalando su universo particular. Solo queda esperar que la ya inmediata presentación en vivo de este “Marcados” se dé igual de bien.
En la más pura tradición del evento, el Lion Rock Fest se reserva un nombre potente para abrir la tarde. Chez Kane, desde las mismas tripas de Gales, ofrece su mejor versión para un gran inicio de jornada. El escenario Mahou recibe a la única presencia femenina del cartel con los brazos abiertos. Antes, y como viene siendo habitual, Jason Cenador había ejercido de maestro de ceremonias. Y “Too Late For Love” marcó así el inicio del que, pienso, fue un buen set para la banda.
Kane mostró un buen estado de voz. Y acertó a la hora de añadir una pizca más de vacile en “All Of It”, yendo de lado a lado del escenario, interactuando con sus compañeros de tablas y buscando la inevitable conexión con la gente. El Palacio de Exposiciones y Congresos de la capital leonesa presentaba ya un buen aspecto desde primera hora, dándole así la razón a la organización. Tras la acusada melancolía de “I Just Want You” llegarían los debidos agradecimientos para que después, “Nationwide” mediante, irrumpiera la cara más vibrante. Por ahí fueron agradando con un set ágil y bien construido, lleno de buenas interpretaciones y mucha conexión con la audiencia.
Era el primer show del nuevo teclista Oscar Charlton con ellos. Y es precisamente él quien ofrece buenos coros en “Ball n’ Chain”, que dejó un cierto aroma a Bon Jovi en el ambiente. En “Better Than Us” es la propia Kane quien brilla con la que pudo ser, fácilmente, su interpretación más torrencial. Hubo tiempo para un estreno, “Reckless”, en la que la galesa se vino a calzar la (desgastada) guitarra. El público fue entrando en calor, dando palmas en una muy disfrutona “Get It On”. El final correspondió a “Powerzone”, con la banda en su encarnación más heavy. Se me hizo corto, los festivales y sus reglas, pero me parecieron un gran primer plato.
Con un seguimiento a rajatabla de los horarios, le llegaba el turno a Care Of Night. En lo que a mí respecta, la gran incógnita del día. Los suecos acudían a León prestos a encajar en una cita que les venía como anillo al dedo. Y es que su sonido se vino a desarrollar conforme a las sólidas pautas que marca el libro del género. “Love Is War” me agrada. Es un opener eficaz, colmado de riffs agradables y la conocida sabiduría nórdica en lo que a melodías se refiere.
No encuentra uno grandes sorpresas en su desempeño, lo que no quita para que Calle Schönberg, voz de la banda, se desviviera en todo momento por animar a propios y extraños. Era su primera vez en España y, desde luego, se notaron esas ganas por agradar. Incluso su bajista Niklas Svensson dejó algunos pinitos en nuestro idioma. En “Street Runner” quien brilla es su compañero Viktor Öström con uno de los solos más llamativos del set. Y, entre todos, aciertan a añadir algo más de picante a la mezcla en “Hit”.
Sea como fuere, en la segunda parte del set no logré deshacerme de la sensación de que se hacían algo planos y lineales. El repertorio, o por ser más precisos, sus canciones, tal vez carecen de ese algo que los distinga de tantas otras propuestas del género. Con eso y con todo, de justos es reconocer que la gente se enganchó en el tramo final del set, ahí donde “Cassandra” emergió como una de sus grandes bazas. Correctos, sin más.
Alrededor de las 20:30 llegaba el turno de uno de los grandes nombres de la jornada. Treinta y cinco años han tardado Steelheart en pisar este país, pero no estoy del todo seguro, ahora mismo, de si la espera mereció la pena. Y fíjate que Michael Matijevic, sesenta años en el carnet de identidad, mostró un buen estado de forma en León…
… pero arranca “Blood Pollution”, de la banda sonora del film “Rockstar”, y la guitarra de Joe Pessia se niega a sonar. Y entre parar y solucionar el percance, o seguir contra viento y marea, la banda elige la segunda opción y, por ahí, el arranque no podría resultar más desangelado. Sin alcanzar tampoco un nivel óptimo, cierto es que la cosa mejora para cuando suena “Livin’ The Life”, también de Steel Dragon, aquella banda ficticia creada para el mencionado largometraje de Stephen Herek. Para “Stand Up”, tercer corte y aún no había sonado nada de Steelheart propiamente dicho, vemos ya a un gran Matijevic, explotando sus conocidos falsetes antes del emblemático cambio de ritmo. Sensacional Pessia en el solo.
Tuvo que ser con “My Dirty Girl” que, por fin, oyéramos algo de producción propia. Aunque, quien más quien menos, hubiera aceptado de mejor grado alguna composición más clásica. Sea como fuere, muy buenos coros de Joe Pessia y el bajista James Ward aquí. No fue hasta la quinta entrega que llegara material de sus primeros álbumes. Una “Gimme Gimme” que, tuve la impresión, ganaba en grosor y pesadez con respecto al original de 1990. Una pesadez que se magnifica en “Cabernet”, donde incluso caben pequeños solos de Ward y Pessia. Estaba algo frío el Lion Rock Fest y tuvo que ser curiosamente una balada quien lo re conectara al set de los americanos. “She’s Gone”, con un gran Matijevic, puso a coro.
El vocalista de origen zagrebí se calzó entonces la acústica para “Everybody Loves Eileen”, otra de las más celebradas del set. Me atrevería a decir que de todo el festival. Muy adherida al espíritu de un evento como este y en donde consiguen la mayor interacción banda – público de todo el set. Tanto es así que tras “I’ll Never Let You Go” no son pocos los vítores que reciben. Y si bien el final con “We All Die Young”, Matijevic con sombrero ahora, nos dejó satisfechos, la sensación en términos globales fue de una cierta frialdad.
Teníamos frescos aún a los chicos de Be For You, aquél show como teloneros de Europe en Oviedo, pero aún así, en la disyuntiva entre aprovechar para otros menesteres o dar cumplida cuenta de sus evoluciones, esta casa eligió la opción correcta. Porque al final, como reza el corte con el que abren el set, “Nothing Lasts Forever”. Y es que no hay como un gran estribillo para romper el hielo. Repetían los locales, ya formaron parte de aquella primera edición de 2023 (crónica) y volvían para hacerse fuertes ante los suyos.
El siempre elegante Ángel A. Díez optó esta vez por una camiseta de los siempre recomendables metaleros estadounidenses Nevermore, y mostró un buen estado de forma en cortes como “The Lesson” o “Those Sundays Are Gone”. Un riff con un gancho de mil demonios en la primera, un medio tiempo, idiosincrático de un certamen como este la segunda, fueron construyendo un buen set para ellos. Mucho juego con el que es, ante todo, su público, que se magnifica cuando Díez introduce “Heart Turns To Stone”, original de unos tales Foreigner. En “Light” tengo la impresión de estar viendo una muy buena versión de los leoneses, con David Aira y Alfredo Arold sacando no poco brillo a sus respectivas seis cuerdas. Hay que ver cómo sonaba aquella preciosa Ibanez blanca.
La banda iba a encadenar entonces tres cortes que habrán de integrar su próximo álbum de estudio. Tres cortes llenos de buenas melodías, construidos sobre buenos riffs y donde los chicos no parecen haber traicionado sus esencias. Una vez más “The Things I Never Told You” les funcionó como cierre y, en líneas generales, me atrevería a decir que cumplieron con su papel. Atentos desde ya a ese futuro álbum de estudio.
Si se me permite el apunte personal, más de veinte años llevaba sin cruzarme con Pretty Maids (Metalmania Session), que ya está bien. Cabeza de cartel del festival y una banda que vino a ratificar su condición de figura legendaria del hard heavy europeo. Los daneses, más de cuarenta años en la carretera, llegaron a León en perfecto estado de revista.
Y supieron hacer frente a los diversos problemas que les fueron surgiendo. Pero el gigante Ronnie Atkins, plenamente recuperado ya de sus problemas de salud, no parecía dispuesto a doblar la rodilla tan fácilmente. De hecho se le ve bastante bien ya desde la inicial “Mother Of All Lies”. Junto al frontman de Vejle, Ken Hammer, guitarra de toda la vida de la banda, está derrochando tanta clase como acostumbra. La gente se subió pronto al carro. Ya para el segundo corte, “Kingmaker”, parece haber una gran conexión entre público y banda. Y ellos, desde luego, se saben todos los trucos. O cómo salir airosos de diversos percances, como el de Chris Laney con la tarima del teclado.
Que da igual, porque “Hell On High Heels”, donde desborda su cara más melódica, ejerce de perfecto ancla con la particular idiosincrasia de un festival como este. Emanaba no poco feeling de la guitarra de Hammer, Uno de esos especímenes de guitarrista que parecen todo un seguro de vida. A ese hard más almibarado enfrentarían la clásica “Back To Back”, con Laney abandonando el teclado para aportar más mordiente desde la guitarra. Buen doble papel el que ejerce el de Helsingborg, verdadero pegamento del característico sonido de los daneses. Atkins, pese a la edad y los achaques, mostró una gran cara aquí. Al punto de que la banda enlaza un tema detrás de otro, nada menos que “Red, Hot And Heavy”, y León vibra como no lo ha hecho en todo el día.
Siete años llevaban sin tocar en España, como se encargó de recordarnos el propio Atkins. Demasiado tiempo para una banda como esta y, desde luego, todo un acierto de la organización el haberse decidido por ellos. Tras el doble recuerdo a su “Pandemonium” de 2010, encararon la segunda parte del set mientras el escenario Mahou ofrecía la mejor calidad de sonido de todo el día. En esas estaba cuando, de pronto, en “Serpentine” costaba oír al propio Atkins durante las estrofas. Percance que, por suerte, no iría a mayores. Durante “Please Don’t Leave Me”, el recuerdo de Pretty Maids al tristemente fallecido John Sykes, los técnicos se afanan en cambiar uno de los toms de la batería de Allan Tschicaja. Todo sin que su interpretación se resintiera. Tablas les sobran.
Encaraban así una recta final de órdago: “Rodeo”, con la gente siguiendo el juego que propuso Atkins, frontman carismático como pocos, y que a término provocó una ovación poco menos que ensordecedora, la más tierna “Little Drops Of Heaven” y, claro, “Future World”, con Tschicaja golpeando con saña su (restituido) kit de batería y Hammer afanado en repartir un buen puñado de púas desde el escenario. Cierre con “Love Games”, y una banda que mostró un gran estado de forma. Más de cuarenta años desde aquella primera demo de 1982. Y los que les quedan.
Vuelta al escenario León para contemplar la que, a la larga, sería una de las grandes revelaciones de esta edición: los fineses Shiraz Lane. Pasada ya la medianoche, los de Vantaa parecen tenerlo todo para constituirse como uno de los grandes nombres de hard melódico presente y futuro: imagen, actitud, carisma y un buen puñado de grandes melodías. Hannes Kett, vocalista de tonos agudísimos, sale a comerse con patatas el Lion Rock Fest en “Plastic Heart”. No fue poca la gente que se quedó a verles, algo que habla muy bien de la proyección que tienen estos chicos.
En “Stone Cold Lover”, pegadiza como pocas, me sobrevuela el nombre de otros que vinieron y triunfaron aquí, los suecos H.E.A.T, que ya saben lo que es poner este festival patas arriba (crónica). Y “Broken Into Pieces” demuestra al quinteto que, desde luego, la gente había hecho bien los deberes. Ellos, en un gesto que me resultó quizá un tanto sobreactuado, se vuelven hacia la batería de Ana Willman. Lo cierto es que resultó una banda de lo más disfrutona. Sin inventar nada, componen cortes de fácil digestión, con un Hannes Kett disfrutando mientras se metía al público en el bolsillo. Precisamente atendiendo a la reacción de la audiencia, uno intuye que “Come Alive” ha venido para quedarse durante largo tiempo en sus setlists. Tremendo solo final, por cierto.
Durante “Tidal Wave”, construida sobre un riff con un gancho de mil demonios, pensaba si no fueron ellos quienes mejor sonido tuvieron en el escenario “pequeño” a lo largo del sábado. Durante la más tendida “Live A Little More” y gracias a sus tonos medios, no podía evitar pensar en lo mucho que la voz de Kett me recuerda a la de Claudio Sánchez, vocalista de un animal tan diferente a Shiraz Lane como es Coheed And Cambria. Sería el propio vocalista, introduciendo “Do You” quien preguntara si queríamos bailar. Y vaya si lo hicimos. Uno adolece del hipnótico movimiento de caderas que mostró el bajista Joel Alex, pero se hizo lo que se pudo.
Kett, móvil en mano, grabó a la audiencia. Hubo vítores para ellos. Y es que al final, “This Is What Is All About”. Y tanto que sí. Ese hit auténtico e impepinable que es “Dangerous” recompensó a quienes se quedaron. Y los que ocuparon las primeras filas, incluso pudieron tener bien cerca a Kett cuando éste descendió a la valla en la final “To The Moon & Back”. Gran show. Muy por el libro del estilo, sin traicionar una sola de sus reglas, pero con la sensación de que, como había anunciado el bueno de Jason Cenador en la introducción, se van a comer el mundo. Si pueden, no se los pierdan.
Para el final quedaban los chicos de Remedy. Con el cansancio ya haciendo algo de mella pero con la curiosidad intacta. Con un par de buenos álbumes en el zurrón, “Something That Your Eyes Won’t See” de 2022, “Pleasure Beats The Pain” de 2024, llegaban a León para procurar el mejor de los cierres. Y en lo que el vocalista Robert Van Der Zwan tarda en colgarse la guitarra, el nombre de Eclipse acude de manera inmediata a mi subconsciente. No creo que nadie pueda discutir que “Living On The Edge” es un gran opener. La banda se muestra muy activa sobre las tablas. Ahí llama la atención el pie de micro del frontman. También su querencia por irse de rodillas al suelo durante no pocos momentos del show.
De pronto, en “Sin For Me”, la banda está sonando especialmente grave. Un grosor de guitarras solo comparable a ciertos momentos de Steelheart varias horas antes. Todo se atempera cuando le llega el turno a “Sundays At Nine”, con el espíritu de David Coverdale sobrevolando por el recinto. Palabras mayores, lo sé, pero Remedy desplegaron no poca clase aquí. “I Wanna Have It All” devolvió su cara más aguerrida, confirmando lo mucho que sus canciones ganan en su traslación al directo. Algo que habla bien a las claras de lo bien empastados que llegaron a tierras leonesas. “Scream In Silence” incluso porta un aire algo más oscuro, inédito a lo largo de la jornada. El suyo es un set construido a base de contrastes, como demuestra luego “Angelina”, donde reluce su lado más radio friendly. O no, a tenor de lo que suena en radiofórmulas a día de hoy. Buen solo de Roland “Rolli” Forsman aquí, quien termina llevándose la guitarra tras la cabeza.
En “Thunder In The Dark”, pura elegancia nórdica en lo sonoro, hay bailes muy a lo Judas Priest sobre las tablas. “Crying Heart” es, sin forzar, uno de los mejores estribillos del día. Es cierto que en “Moon As The Night”, con un cierto aire a otros viejos conocidos del festival como The Night Flight Orchestra, puede que viéramos ya un poco justo de voz al bueno de Van Der Zwan. En cualquier caso me agradaron. Un hard entre la elegancia y la contundencia, una buena puesta en escena y otra formación a seguir bien de cerca.
Otra gran edición del Lion Rock Fest, que convirtió un año más a León en la indiscutible meca del hard melódico (y algo más) dentro de nuestra geografía. Siete bandas, buenos directos (con sus más y sus menos como corresponde a toda cita de estas características) y un público que, no había dudas, supo responder a la llamada de la organización. Ahora llega el momento de hacer quinielas. Y es que sí, que nadie dude que el festival volverá en 2026. ¿Con presencia asturiana en el cartel? Quién sabe.
Un placer, un año más y van tres, gozar de las facilidades que la organización dispone a un medio modesto como el nuestro en favor de esta crónica. Vaya un sincero agradecimiento para ellos. También un abrazo fuerte a la numerosa compañía de la que disfrutamos a lo largo del día. Nuestro Lion Rock Fest no sería el mismo sin vosotros. Por nuestra parte nada más. Ya saben: nos vemos en el siguiente.
El combo doom / stoner argentino Mephistofeles asalta al fin Europa. Nacidos allá por el 2023 cuentan con una trayectoria prolífica compuesta por 5 álbumes y varios EP’s, siendo uno de los referentes del estilo en su país.
Inmersos en la gira promocional «In Solstice Tour» los angelinos The Mercury Riots regresan a nuestros escenarios con una extensa gira compuesta por 11 fechas que arrancaban el pasado 6 de noviembre en Jaén. Un tour que contará con parada en El Gran Café de la capital leonesa el jueves 13 de noviembre.
The Mercury Riots regresan a Europa con su personal apuesta por el hard rock, guitarras intensas, blues y mucho groove. Si en el 2024 los pudimos disfrutar en Asturias en esta ocasión León será cita obligada para la buena legión de seguidores que sembraron tras su paso por el Paseo Malecón avilesino (crónica).
El pasado 26 de octubre, The Darkness finalizó en Bilbao la gira nacional de presentación de su octavo disco de estudio “Dreams On Toast”, tras su paso por Barcelona y Madrid. No quise desaprovechar la ocasión y me dirigí hacia tierras vascas para ver en vivo a esta gran banda, de la que soy admiradora desde sus inicios en 2003, con su disco debut “Permission To Land”, liderada por los hermanos Justin (guitarra solista y voz) y Dan Hawkins (guitarra melódica), junto con Frankie Poullain (bajo) y Rufus Tiger Taylor (batería).
Pocos minutos después de la hora de apertura accedemos a la salaSantana 27, en la que empezamos a encontrar numerosos rostros conocidos de la escena asturiana y me sorprendió gratamente comprobar que estaba bastante concurrida, para tratarse de un domingo. Como banda invitada pudimos disfrutar de Dea Matrona, formación integrada por Orláith Forsythe (voz y guitarra) y Mollie McGinn (voz y bajo), acompañadas por un guitarrista y un batería.
Con “puntualidad británica” la banda irlandesa arranca a las ocho en punto con sus temas: “Hate That I Care” y “Stuck On You”, siguen con “Magic Spell”, su versión de la canción de Fleetwood Mac “Oh Well”, la más conocida y coreada por el público presente, “Black Rain” y “So Damn Dangerous”, cerrando su corta actuación de apenas media hora con “Glory, Glory (I Am Free)”, interpretada en acústico por Orláith Forsythe y Mollie McGinn solas en el escenario. El broche final lo pondrían con “Red Button”. Las de Belfast nos sorprendieron con su elegante rock melódico con tintes folk. Aunque personalmente opino que eran una propuesta demasiado diferente al sonido de The Darkness.
Tras una breve pero ansiosa espera sobre las nueve hace su aparición en el escenario la banda británica The Darkness. Arrancan con “Rock&Roll Party Cowboy”, y con su frontman Justin Hawkins ataviado con un sombrero de cowboy muy apropiado para la ocasión. Siguen con “Growing On Me”, y a pesar de un inicio de pequeñas incidencias técnicas, rápidamente solventadas, pudimos disfrutar de su habitual fuerza en el escenario, de un sonido impecable y un show muy divertido, lleno de anécdotas y acrobacias.
En el tercer tema “Get Your Hands Off My Woman”, Justin Hawkins empezó a mostrarnos su faceta más atlética y humorística al hacer el pino a los pies de la batería. Algo que si bien vienen haciendo en muchos de sus conciertos, no dejó de sorprender a gran parte del público presente. Siguen con “Motor Dread”, tema de su último álbum “Dreams On Toast” y con “Motorheart”, canción de su álbum homónimo “Motorheart” de 2021. A partir de ésta última, Justin Hawkins empieza con una serie de improvisaciones y monólogos muy divertidos, rompiendo así el ritmo y guion habitual del show y sorprendiendo a todos los asistentes con versiones y cortes de temas como “I Should Have Known Better”, original de Jim Diamond, o “Summer Of 69” de Bryan Adams.
Con “Walking Through Fire» nos muestran el sonido contundente de sus nuevas canciones, para finalmente dejar paso a otros dos clásicos de su álbum debut “Permission To Land”, como son la emotiva balada “Love Is Only A Feeling” y la enérgica “Barbarian”. A continuación ocurriría uno de los momentos más inesperados de la noche, cuando el batería, Rufus Tiger Taylor (hijo de Roger Taylor de Queen), abandona su puesto y se planta delante del micrófono para interpretar con gran solvencia “My Only”; su lugar en la batería lo ocuparía Dan Hawkins, dejando así constancia de su maestría y dominio musical. Luego interpretarían “Heart Explodes” del álbum “Easter Is Cancelled” de 2019 y seguidamente Justin Hawkins volvería a sorprendernos con su teatral versión de “The Power Of Love” de Jennifer Rush.
Continúan el show con “The Longest Kiss”, otra más de su último álbum, en la que queda patente la influencia ejercida por Queen en The Darkness y en la que Justin se marcaría un solo a lo Brian May. Con “Friday Night” retoman otro corte de los más alegres y fiesteros de su primer álbum y con “Japanese Prisoner Of Love” nos muestran su sonido más contundente.
Finalmente, llega la hora de la canción que les catapultó al estrellato “I Believe In A Thing Called Love”, con la que la sala vibra y todo el público empieza a saltar, aplaudir y corear. En este momento, somos testigos de una curiosa anécdota, ya que Justin coge el móvil de uno de sus fans de las primeras filas, lo pega con cinta americana a su guitarra, y graba al público saltando y emocionado durante la interpretación de este tema, para posteriormente devolvérselo a su dueño.
Al término la banda se despide y retira del escenario dejándonos unos minutos a la espera, para finalmente regresar y terminar el espectáculo con “One Way Ticket” y “I Hate Myself”, en la que incorporan el riff de “Heartbreaker” de Led Zeppelin.
Al encenderse las luces, a nuestro alrededor contemplamos las caras de euforia y satisfacción de los asistentes, aunque también es cierto que la sala se despejó muy rápido, porque el show duró una hora y casi cincuenta minutos y el último metro, medio de transporte escogido por la mayoría, estaba a punto de partir.
En resumen, la impresión que me ha dejado The Darkness es de que son una banda con mucha fuerza, un directo sorprendente y con la que es imposible aburrirse.
Por último, agradecer a Heavy Metal Brigade por todo el apoyo que brindan a la música y músicos, tanto regionales como de fuera, y por supuesto por confiar en mí para esta crónica. También a todas las personas que apoyan a la escena en sus múltiples vertientes y a los compañeros de viaje a Bilbao. Nos vemos próximamente, hasta entonces que el rock & roll no deje de sonar!!!
Apenas 10 días para la tercera edición del Lion Rock Fest es momento de repasar las actividades complementarias que tendrán lugar los días 7 y 8 de noviembre el León.
La programación arrancará el viernes 1 de noviembre tendrán lugar en el Espacio Vías a partir de las 21 horas con los conciertos de Jolly Jokery los salmantinos1945. La velada tendrá como colofón con la sesión de Jason Cenador en Studio 54 a partir de la medianoche.
La jornada del sábado 9 de noviembre arrancará con el concierto de los madrileños Wildhärda las 13:30 horas en la Sala Babylon. El punto final a la tercera entrega del festival la pondrá la habitual sesión de Rafa Basa a partir de las 2 de la madrugada en el Black Bourbon. Todas las actividades son de acceso libre hasta completar aforo.