Crónica: Z! Live Rock Fest (Jueves 11/6/2026)

Y el templo del metal reabrió sus puertas. Un año más Zamora acogió una de las citas más interesantes de toda la temporada de festivales, reuniendo a un puñado de primeras espadas en un cartel de lo más heterogéneo y atractivo. Buen tiempo y mejor compañía para cruzar el Negrón y entregarnos a tres días de buen tiempo y mejor música. Cita ineludible ya para esta casa, todo arrancó, bajo un sol de justicia allá por el jueves 11 de junio, con la ya clásica división entre stages (Silver a un lado, Copper al otro) y nombres como Bury Tomorrow, Opeth o Emperor ejerciendo de principales reclamos.

Pero antes de que llegara el turno de los Mikael Åkerfeldt, Ihsahn y compañía, a Headon les cayó en gracia la siempre poco agradecida tarea de abrir el evento. Los de Andy Martínez, a lomos de un sonido cada vez más contemporáneo, lidiaron como mejor pudieron con ese papel siempre complicado. Un heavy metal imbricado de rasgos metalcore y mucho groove en cortes de nuevo cuño como la inicial “Memento” o la postrera “Un Nuevo Sol”, para después cerrar, eso sí, con una sorprendente versión / deconstrucción del “Fiesta Pagana” de Mägo de Oz. Un cierre que torció el gesto a más de uno.

Luego los valencianos de Noah Histeria vendrían a poner la nota técnica de la jornada. Era el día de Opeth, después de todo. Ellos engranaron su peculiar modo de entender el rock progresivo sin dejar indiferente a nadie. Un rock orgullosamente heterogéneo, que amalgama desde riffs cercanos al djent a dejes más atmosféricos sin olvidarse de algún pequeño ramalazo a la Tool o incluso un pequeño poso flamenco. Todo bajo la peculiar voz de Doc y su llamativa presencia escénica para uno de los sets más atrevidos de la primera jornada.

El contraste para con los chicos de Serious Black no iba a ser pequeño. Super banda nacida precisamente en España y fundada por Mario Lochert (ex Visions of Atlantis) y Roland Grapow (ex Helloween), arribaban a Zamora presentando aún su “Rise Of Akhenaton” de 2024. Con dos guitarras y sin bajista, el suyo resultó un heavy metal de lo más agradable para la media tarde. Bajo un sol que apretaba lo suyo, Nikola Mijić se desvivió por meterse a la gente en el bolsillo. La gente conectó enseguida con su power melódico. Sería el propio Mijić quien nos comunicara que el bueno de Lochert se había quedado en tierras alemanas debido a un ataque al corazón. Cortes como “Rock With Us Tonight” entraron cual cuchillo en mantequilla y disculpamos el aroma tan Edguy de otros como “Mr. Nightmist”. “Senso Della Vita” puso el guiño transalpino y, al final, todos coreamos el nombre de Mario, a quien desde aquí mandamos nuestros mejores deseos.

Los belgas Evil Invaders le añadirían entonces algo más de picante al cartel. Speed metal hiriente, a mil por hora, descerrajado sobre una audiencia ávida de sensaciones fuertes, que supo vibrar con los de Leopoldsburg como si les fuera todo en el empeño. Como si no quedasen dos días y medio aún por delante. Sin nuevo material desde aquél “Shattering Reflection” de 2022 pero con el ánimo intacto, Joe comandó a los suyos con pulso firme y sin dejarse absolutamente nada. Concisos, precisos, ellos defendían desde las tablas que lo suyo era puro thrash metal. Quién soy yo para llevarles la contraria. Baile de etiquetas al margen, me atrevería a decir que fueron la gran sorpresa de la primera jornada. Verdaderos underdogs, se atrevieron incluso con una versión del “Witching Hour” de Venom. A buen seguro se llevaron unos cuantos nuevos fans debajo del brazo.

Bury Tomorrow vendrían entonces desde Southampton para darle un bocado de metalcore al Z! Live. Lo bueno es que Daniel Winter-Bates apareció por Zamora con su voz, de mil registros, aparentemente intacta. Arrimados a ese metalcore a medio camino entre Parkway Drive o While She Sleeps, pondrían Zamora patas arriba. Muy intensos arriba de las tablas pero risueños, buscando en todo momento el calor del público mientras engrasaban su metalcore intenso y vibrante. Reconozco que no practican el tipo de metal que más acostumbro a escuchar. También que la gente, en especial la más joven, los disfrutó de lo lindo. Máxime cuando tuvo la oportunidad de llevar en volandas, literalmente, al bueno de Winter-Bates. Gran directo.

Llegaba el turno de los padres del black sinfónico. Aún apretaba el sol cuando Emperor tomaban el Copper Stage. Un enorme telón de fondo y dos kits de batería frente a él. “Into The Infinity Of Thoughts” atruena nuestros tímpanos ante la siempre curiosa presencia escénica de un confiado Ihsahn. Siempre al frente tras sus ya inconfundibles gafas de pasta y apoyado por un Trym Torson en plena forma tras los parches. Historia viva del género, prescinden del corpse paint de muchos de sus coetáneos apoyados en teclas por todo un Jørgen Munkeby de los Shining noruegos.

Ihsahn alterna voz rasgada y limpia en “In The Wordless Chamber” y el sonido gana en pegada para magnificar la pegada de “With Strength I Burn”. Hubo vítores aquí para la formación noruega, síntoma éste de lo bien que se estaba dando el set. Acompañaba un ocaso que iba, poco a poco, tiñendo de oscuridad el zurdo de los escenarios. El de “The Loss And Curse Of Reverence” resultó un black metal casi centrífugo, veloz y salvaje, aupado por las teclas de Munkeby y el poso más sinfónico. Y aunque desde luego no la banda más activa arriba de las tablas, Tony “Secthdamon” Ingebrigtsen al margen, sorprende la vitalidad de estos veteranos.

Luego llegó el turno de cambiar el telón, dejar sonar el “Ave Satani” que el grandísimo Jerry Goldsmith compusiera para el clásico de Richard DonnerLa Profecía” y recibir a Mortiis al bajo y un Faust que ocuparía el set colocado a la derecha del escenario. Así, con la formación clásica sobre las tablas, encaran la parte final del set. Esa ocupada en recordar el seminal Ep homónimo de 1993. Este tramo final, “I Am The Black Wizards” mediante, fue fácilmente uno de mis momentos favoritos de todo el festival. Y fíjate que no fueron pocos durante los tres días. En el negocio de la música a veces todo parece posible, pero jamás me imaginé, a estas alturas, viviendo algo así. Y puede que Ihsahn sufriera con su registro limpio en este tramo final. Pero a fe mía que supieron hacer honor a su leyenda. Se fueron, de nuevo con la formación actual, tras “Ye Entrancemperium”, dejando la difícil papeleta a la organización de encontrar una rima similar de cara a la edición de 2027.

La de Opeth era una espinita que llevaba toda una vida queriendo sacarme. La banda del ínclito Mikael Åkerfeldt, auténtico baluarte del metal extremo progresivo, concitó sumo interés a su paso por el Silver Stage. Y la formación pergeñó un setlist a la altura de su leyenda. Presentando una de las escenografías más cuidadas del primer día, con su nombre proyectado en el fondo electrónico, era su primer concierto en tres meses. Åkerfeldt irrumpe en escena sombrero mediante. Y todo lo demás, como suele decirse, es historia.

Una historia que comienza por el principio del final. O lo que es lo mismo, el primero de cuantos parágrafos contiene su último álbum de estudio “The Last Will And Testament”. Decir que Opeth clavan este primer corte es quedarse muy corto. Todo engrana tal y como deseábamos. Hasta el guitarra Fredrik Åkesson brilla en coros. Pero cuando la banda vuelve la vista veinte años atrás y rescata “The Grand Conjuration”, Zamora es un clamor con ellos. Puede que los tonos más graves de Åkerfeldt no tengan la contundencia de antaño. Pero la interpretación es todo lo cuidada y fina que uno espera. A un nivel que, en este mismo recinto, solo recuerdo a unos tales Dream Theater en la pasada edición.

Por supuesto, no sería un concierto de Opeth sin ellas, no faltaron las celebérrimas chanzas de Åkerfeldt. Ni tampoco el saludo a sus casi vecinos de Emperor, quienes contó el vocalista, ayudaron a la banda sueca en sus primeros pasos en la música. Vaya pues desde aquí mi agradecimiento también a Ihsahn y los suyos. Todo encauza hasta el nuevo disco con “§7”. Con su sorna habitual y por aquello del tiempo parados “en casa, jugando al Wolfenstein”, reconoció el vocalista que andaban nerviosos. Desde luego que, si era el caso, tampoco se apreció demasiado.

Con “The Devil’s Orchard”, del denostado “Heritage” de 2011, emergería su cara más setentera. Y yendo aún más atrás, la traslación al vivo de “To Rid The Disease” explora a los Opeth más etéreos y espaciales. El bajista Martín Méndez, de origen uruguayo él, tomó entonces el micro y lanzó unas palabras en nuestro idioma. Todo para introducir el parágrafo número 3 del último álbum, con un gran solo de Åkesson y, aumento de tensión mediante, allanar el camino de cara a una tremenda reinterpretación de “Godhead’s Lament”, con el público coreando el solo incluso.

El sonido que envolvía al set, huelga decirlo, era el de las grandes citas. Me atrevería a decir que de los más redondos del fin de semana. Aquella cara más atmosférica vuelve mientras encaran el prólogo de “The Drapery Falls”, con Åkerfeldt esta vez a cargo del solo. Que en esto no falla el sueco, así cambie veinte veces de guitarra a lo largo de la noche. Presentaciones, apodos mediante, y cierre con “Deliverance”, convertida ya en verdadero himno de la banda y cuyo epílogo, amén de magnificarse en su traslación al vivo, pienso forma parte ya del hipotético panteón del metal progresivo en particular y la buena música en general. Puede que aún no tengan el poso de unos Dream Theater o el arrastre de bandas más clásicas como Accept o Saxon. Pero vinieron a gran nivel, a pesar del tiempo en el dique seco, y dejaron a este humilde fan con una sonrisa para lo que restaba de festival.

Claro que a la jornada del jueves aún le quedaba guerra que dar. Rascaba algo de frío cuando los renovados Delalma hacían suyo el Copper Stage. La banda comandada por Manuel Seoane, y que ahora lideran en voces Ronnie Romero y José Andrëa, mostró otra de las escenografías más cuidadas del primer día. El arco de la parte central, sus habituales luceros, y esas canciones a caballo entre el hard y el heavy metal que les hacen tan peculiares.

Pero como no todo sale siempre tal y como uno espera, a la banda y en especial al propio Seoane le tocó lidiar con algún que otro problema de sonido en el inicio del set. Algo que deslució en gran parte a un buen opener como es “Compaña”. Ronnie Romero, aún no se acostumbra uno a oírle cantar en nuestro idioma, estuvo tan fino al micro como siempre. Él se iría del escenario y su lugar lo ocuparía entonces José Andrëa para que “Néboa” se hiciese carne en Zamora. El vocalista de origen boliviano pronto mostró ese deje tan particular al cantar y que le hace realmente único. Lo que contrasta es la voz del chileno Romero cuando encara la estupenda “Mañana Vuelve A Oscurecer” de aquél debut homónimo de 2023 con Ramón Lage al frente.

Con Andrëa de vuelta en las tablas, la banda y una bailarina en llamas encaran “La Ira Del Mirlo”, con el ex Mägo de Oz ofreciendo su mejor versión de la noche. El Headon Andy Martínez quiso unirse a la fiesta de los mirlos y sumó esfuerzos junto con Romero para “Delalma A Través”, donde Seaone está dibujando uno de sus mejores solos de la jornada. “Con mucho respeto para Ramón (Lage)” afrontaría José AndrëaEl Mirlo”. Para el cierre quedaron dos que dieron no poco rédito: “Cosas Por Decir” y, sobre todo, “Cárcel De Cristal”, verdadero himno de la banda a estas alturas. Un set de menos a más para una banda que, si encuentra un cierto grado de estabilidad, puede dar muchas alegrías a los fans del hard / heavy en nuestra lengua. Marquen mis palabras.

Para el cierre quedaba una de las ofertas más dicharacheras del día: los austríacos Dragony, ya con Maria Nesh como miembro de pleno derecho. Los vieneses venían presentando su “Hic Svnt Dracones” de 2024 y pusieron todo de su parte para cerrar la primera jornada con una buena ración de power metal alegre y juguetón. Casualidades de la vida, era la segunda de las bandas del día con algún ex miembro de Visions Of Atlantis a bordo. El mundo del power es un pañuelo.

Un broche donde sorprende el baile entre registros de la propia Maria Nesh. Había momentos en que, por su forma tan lúdica de entender el género, me recordaban a bandas como Battle Beast o, por extensión, Beast In Black. Con pareja en voces y un sonido que funciona muy bien a la hora de procurar sano y ligero divertimento en jornadas maratonianas como estas. A nosotros nos llegó el turno de recoger bártulos y buscar el obligado descanso. Quedaban aún dos días por delante.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Agenda: Daeria + Headon en Oviedo

Daeria y Headon regresarán a los escenarios asturianos el sábado 16 de mayo. La cita tendrá lugar en la ovetense Sala Gong como parte de su gira conjunta «Tour Sin Límites» que también incluye paradas en Valencia, Bilbao, Granada, Madrid y Murcia

Cinco años después de su paso por sala Sir Laurens (crónica) ahora Estilo el combo catalán regresa a Asturias. Tras «Despierta» y «Furia«, como primeros adelantos promocionales llegarán a Oviedo para presentar su próximo trabajo discográfico vía Art Gates Records.

Por su parte los murcianos Headon también llegarán a la Gong con nuevo álbum que presentar. Bajo el título de «El Despertar» el disco de carácter episódico ya cuenta con un primer adelanto denominado «Memento«.

Muy pronto info completa sobre los puntos de venta de entradas y horarios.

Crónica: Karma Fest (Viernes 27/9/2024)

Diez años no se cumplen todos los días y en el Karma Fest lo sabían. El festival lavianés ampliaba su oferta a 2 días, acogía por primera vez dos escenarios y contaba con cabezas de cartel de renombre internacional en las figuras de Venues (Stuttgart, Alemania) y Heart Of A Coward (Milton Keynes, Reino Unido). Junto a ellos, una oferta de lo más diversa pero centrada en gran medida en un género, el metalcore, que sigue al alza.

Al evento no le falta de nada. Los habituales casetas de merchan, una buena barra, puestos de comida, etcétera. Y nos gusta que apuesten por el método de la pulsera “cashless” en lugar de los siempre engorrosos papelitos, fichas a veces, de otros festivales. Con una climatología que vino a cebarse con especial énfasis en la jornada del viernes y un denominador común, el frío, a buen seguro que muchos indecisos se lo pensaron hasta muy última hora.

Porque lo cierto es que el panorama era algo desolador cuando los gallegos Her Anxiety pusieron en marcha la más internacional del Karma Fest. No fue mucho el tiempo del que dispusieron pero sí las ganas que le echaron. Con una propuesta muy afín al espíritu del Karma Fest, en honor a la verdad hay que decir que son mucho más que la llamativa apariencia de su frontwoman Aida. Conectaron bien con la gente y nos hicieron entrar en calor. Falta hacía.

Sin solución de continuidad, ventajas de los dos escenarios, llegaba el turno de Where The Waves Are Born, parece que expertos en estas lides de afrontar el horario tempranero. La amplia formación vino a comportarse en Pola de Laviana con todo su arsenal intacto, conjugando melodía con contundencia y poniendo a bailar a más de uno. A puro pico y pala siguen labrándose su particular leyenda. Lo cierto es que suenan cada vez más solidos. Guille Rodríguez incluso aprovechó para bajar a la hierba y cerrar un set donde, a buen seguro, más de uno se quedó con la copla.

Desde Valladolid vinieron los metalcore Blaze The Trail, que armaron una salida de set a jierro para goce de los fans del metalcore más elegante. Lo cierto es que arrimaron a un buen número de curiosos al “Senderos Del Carbón Stage”, el escenario pequeño de esta décima edición. Serían a la sazón responsables del primer wall of death del fin de semana y con “Mayhem” supieron poner a la gente voz en grito. El set funcionó a base de contrapuntos entre sus cortes más potentes y ciertos pasajes más atmosféricos en la más pura tradición del género. El set culmina con su bajista bajando al verde del Karma Fest y la sensación de que todo el set se movió por los cauces esperados. Muy cumplidores.

La de Headon suponía una elección bastante bien tirada por parte de la organización del festival. Su heavy metal bebe en cierto grado de lo alternativo y, por ahí, su buen encaje en el propio espíritu del evento. Me esperaba “Libérate” como arranque del set pero quiso la banda abrir con “Máscara” ese ataque a quienes se esconden “tras un teclado”. No fue la banda con mejor sonido de todas cuantas pasaron por el “La Salve Stage”, el escenario grande, pero lo cierto es que le echaron ganas.

Y Andy Martínez puso todo su carisma a favor de las buenas canciones que atesoran. En la más tranquila “Canto De Sirena” echamos de menos a Jessie Williams pero el propio Andy tiró de su amplia variedad de registros para darle todo el calor posible a la composición. La banda hubo de lidiar con pequeños problemas de sonido primero, el apagado de las luces después. Tras los inconvenientes, “Revolución” vino a dar la verdadera medida de los murcianos, con una cierta porción del público, coreando con ellos. Víctor García, presente entre el público, recibió un cariñoso saludo por parte del frontman murciano. Y mientras que “Asfixia” mostró esa cara más alternativa, “Constantine” puso el gancho y la versión del “Desátame” de Mónica Naranjo nos sorprendería a más de uno. Si bien es cierto que eché en falta un corte como “Sigo En Pie”, de su anterior “Génesis”, una buena versión de la banda.

Llegaba el turno entonces a los valencianos Dawn Of Extinction, que desde el escenario pequeño vendrían a afianzar esta fase más heavy del set con su incendiario thrash metal de corte moderno. Era una de esas bandas que se encontraban fuera de mi radar hasta la tarde del viernes y os puedo asegurar que me sorprendieron.

“Se parecen mucho a Trivium” me confesó cierto fotógrafo antes del comienzo del set y lo cierto es que me gustó esa salida tan nerviosa y furibunda que propusieron. Cristian Juárez, a quien después veríamos junto a Leo Jiménez, comanda un cuarteto sólido y potente, que en efecto recoge cierto legado de la banda de Matt Heafy y desde luego sabe cómo empastar buenos temas. También cómo mostrar un más que notable nivel técnico. “This World Remains” vino después de los obligados agradecimientos y “Motherfucker”, con Laviana a coro, exacerbó la cara más visceral de la banda. Incluso vimos un tímido wall of death en “Apocalypse”. Nos agradaron.

Teksuo son una de las grandes instituciones tanto del metalcore estatal como del propio festival en sí, donde juegan en casa y nunca fallan. Reconozco que el tipo de música que hacen me engancha solo a ratos pero la del viernes puede ser fácilmente la mejor de sus descargas de todas cuantas les hemos visto. Por lo contundentes que sonaron y por un Diego en voces que sigue acrecentando su gama de registros conforme pasan los años.

Laviana vibraba con el quinteto. Con una puesta en escena beneficiada ya de la marcha del sol, siempre se podrá argüir en su contra el uso (que no abuso) de bases pregrabadas. Con eso y con todo lo cierto es que “Lost In A Dream” mediante, pocas veces habrán sonado tan redondos. Desencadenó un nutrido wall of death y no es para menos.

Sería el propio Diego quien pediría que nos abrazáramos para aquella “Let It Rain” de su “Endless” de 2020. El final, de lo más agrio y descarnado, terminó por dar fe del buen momento que atraviesan. A tenor de lo visto en una nueva edición del Karma, queda Teksuo para rato.

Turno entonces para los madrileños de Coslada Debler Eternia, la banda que comanda desde el micro Rubén Kelsen y que vendría a poner la nota power metalera en la jornada del viernes. Los chicos salieron decididos a mostrar su mejor cara. Desde el escenario pequeño pero con ímpetu de banda grande. En primeras filas puede que el sonido no fuera del todo nítido. Más cerca de la mesa de sonido, titánica la labor técnica a lo largo de todo el fin de semana, lo cierto es que su propuesta sonaba mucho más equilibrada.

Catrina” puso el gancho y “Levántate” nos anticipó parte de lo que será el nuevo trabajo de la banda. Los chicos disfrutaron además de buenos invitados sobre las tablas. Juw, también ilustradora de su próximo disco, acompaña a Debler Eternia sobre las tablas para “Mar De Lágrimas” y Leo Jiménez hace lo propio en “Recto Hasta El Amanecer”, que pondría el acento en un power zapatillero, despreocupado y de lo más entretenido. Bajo la lluvia aguantamos la más festiva “La Procesión De Los Borrachos”. El Lépoka Dani Fuentes tampoco quiso perderse la fiesta y al final nos pareció que habíamos visto una buena encarnación de la banda madrileña. Esperando ya su quinto trabajo.

Vuelta a “La Salve Stage” para disfrutar de la gira donde el fuenlabreño Leo Jiménez viene celebrando sus treinta años en esto de la música. Y qué mejor para hacerlo que verse rodeado de una base rítmica, Patricio Babasasa al bajo y Carlos Expósito en baterías, que nos trae no pocos recuerdos a muchos. La formación arriba de las tablas la completaban el Dulcamara Rufo J. Cantero y el propio Cristian Juárez de Dawn Of Extinction en guitarras, amén de los ex Mägo de Oz Patricia Tapia y Zeta en tareas vocales.

Se preveía fiesta y lo que aconteció fue un repaso casi quirúrgico a la carrera del ex Saratoga, con especial acento en su carrera en solitario tras separar sus caminos de la banda de la iguana. Termina la intro, el tema central de Basil Poledouris para “Conan” si mis oídos no me engañan, y se notaba a la gente muy adentro ya para “Desde Niño«, de aquél “Animal Solitario” de 2013. El de Fuenlabrada tuvo además la suerte de la pequeña tregua que la lluvia dio a la sufrida audiencia, por lo que no quedaba otra que divertirse. Tras “Con Razón o Sin Razón” llega una petición de aplauso para Zeta y Patricia, que respaldan a Leo en voces derrochando no poco carisma en el proceso.

Soy Libertad”, también de aquél disco de 2016, fue una de las más coreadas de la parte inicial del set. Y si bien la de Leo Jiménez en solitario es una carrera que he seguido con cierta distancia, cortes como “Condenado”, con Andy Martínez sobre las tablas, destaparon una cara más agria con la que disfruté. A buen seguro las atenciones recayeron entonces en ambos vocalistas, pero Patricio y Carlos brillaron con auténtica luz propia aquí.

Regresó Patricia para repasar la más hard rockera “Volar”, de Zero3iete y me gustó que el también integrante de Stravaganzza pusiera el énfasis en los más pequeños antes de proceder con “Cielo e Infierno”. Aquí nos las vimos con la lluvia, que arreciaba ya sobre Pola de Laviana, pero todo un Pablo García se aupó al escenario grande y quien es este modesto plumilla para perderse tan especial ocasión. Allí que deslizaron “El Fin Del Camino”, también de Zero3iete, con el asturiano brillando como acostumbra. Uno de esos guitarristas capaces de convertir el solo más imposible en pura rutina sin perder la sonrisa. Zeta y Patricia volverían para la balada “Llévame” mientras que “Tu Destino” reuniría de nuevo a ambos hachas de Dawn of Extinction.

El show fue un continuo ir y venir de invitados. Leo, que lleva años batallando contra una parálisis parcial de la cuerda vocal derecha, fue todo ímpetu y carisma en Laviana. Sea como fuere aquí llegó el turno de recordar su paso por Saratoga, que acometió primero con “Vientos De Guerra” primero y “Perro Traidor” después para dar la verdadera medida de lo que serían unos Saratoga con dos guitarras sobre el escenario. “Parte De Mí”, mi favorita de entre las baladas que “La Bestia” llegara a grabar para la banda de Niko del Hierro, con Juárez enseñando una preciosa ¿Dean V-Coustic? Puso fin al repaso.

Con “Grande” recordó su paso por Stravaganzza. En lo personal habría preferido algo como “Impotencia”, que la banda había tocado semanas atrás en La Riviera, pero lo apretado de los festivales impone sus propios rigores. Volverían Pablo García y Patricia Tapia para el curioso mashup entre “The Trooper” de Iron Maiden y “Beat It” del llamado rey del pop Michael Jackson, pero sería “Hijo De La Luna” (Mecano) en clave Stravaganzza la que cerraría el show. Mucha nostalgia y una voz, la de Leo Jiménez, que se niega a dar la batalla por perdida.

Para cuando los valencianos Retrace The Lines toman el Senderos del Carbón, el frío azota ya Pola de Laviana. De ellos me gustó la salida tan descosida e intensa que propusieron. Su propia concepción del post-hardcore, siempre tan bronca e intensa. Pero también que se trajeran a su propio DJ y teclista con ellos en lugar de disparar sus líneas pregrabadas desde un ordenador portátil.

Nosotros aquí aprovechamos para tomar un tentempié, era larga la jornada ya para entonces y aún quedaban los cabezas de cartel, así que no puedo ofreceros un detalle más pormenorizado de sus evoluciones. Tampoco es el suyo un género que controle como debiera. Pero en la lejanía que daba la zona de “avituallamiento” sí que pude ver al público del Karma Fest pasárselo en grande con los de la ciudad del Turia.

Desde Stuttgart llegaban los chicos de Venues con su elegante metalcore a dos voces y uno de los baterías más vistosos de todo el fin de semana en la figura de Denis Vanhöfen. Con la dupla Daniela “Lela” Gruber y Robin Baumann en voces, los germanos se ganaron a un público que se las veía y de qué forma contra el frío. Rigores de un festival al pie de la montaña y del mes de octubre.

Lo cierto es que dejaron una buena gama de riffs, también de breakdowns, pero siempre de una manera, en cierto modo, controlada. Sin perderse en tonos excesivamente oscuros y sacando un gran partido de la mentada dupla entre Gruber y Baumann. Comentaron que este era su primer concierto dentro de nuestras fronteras, lo que otorga gran mérito a los pequeños pinitos en nuestra idioma con los que introdujeron alguno de los temas. La gente saltó cuando se les pidió y en general hubo mucho movimiento en las primeras filas.

Gruber introdujo con un atisbo de ironía “Bad Karma”, de su último álbum “Transience” y la sensación que fue quedando es la de estar ante una banda de nivel dentro de las lindes del género. El pequeño speech conque la alemana introduce “Reflections” llamando a desobedecer a la voz interior que tanto nos atenaza, pondría el apunte cada vez más necesario sobre la necesidad de hablar sobre la salud mental. La lluvia volvería a arreciar entonces sobre la localidad asturiana, pero nos quedó la sensación de haber visto a una banda que parece llamada a cotas aún mayores.

Había interés por ver a los locales Selfaware tras el cambio de formación que la banda ha acometido en su base rítmica. Ello junto con los buenos temas que atesora aquél “Entropy” con el que debutaron allá por 2021 terminaron pesando más que la lluvia, el frío y los retrasos. Porque quiso un problema técnico cebarse con la guitarra de Luis Miranda, que refunfuñando, se negaba a obedecer a las órdenes de su dueño.

Para cuando los técnicos reconducen la situación, la banda acomete una “Chaos Theory” cuyos versos “you can’t stop the rain with your hands” (“no puedes parar la lluvia con tus manos”) no podrían haber resultado más elocuentes. “Damage Is Done”, una de las piezas más graves de aquél disco debut, sonó realmente iracunda en Laviana.

La banda aprovechó además la ocasión para presentar algún tema nuevo, que a ratos me sonaba muy Megadeth. También para recordar “Ébola” de la anterior banda de Miranda, Innerself. Con otro tema nuevo y la pegadiza “Demonized” cerrarían el viernes cuando, quien más quien menos, tiritaba ya de frío. Para lo que menos quedado.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz