Reseña: Striker «Ultrapower» (Record Breaking Records 2024)

Es el séptimo trabajo ya para las huestes canadienses de Striker y todo parece ir sobre ruedas para ellos. Un actual estatus de culto bien merecido y ganado, buenos discos en el zurrón y la constancia y las tablas que otorgan el encadenar un tour mundial tras otro. El de su anterior álbum “Play To Win” les trajo por tierras asturianas (crónica) y las sensaciones no pudieron ser mejores. Vuelven pues los de Edmonton con nuevo trabajo bajo el zurrón, este “Ultrapower” donde encontramos a Timothy Brown y John Simon Fallon (guitarras), Pete Klassen (bajo) y Dan Cleary (voces), amén de las colaboraciones de Jono Webster (baterías) y Randy Villars (saxo). Once cortes producidos, mezclados y masterizados por Josh Schroeder (Battlecross, Mental Cruelty, Tourniquet, Lorna Shore, Ghost Bath…) y adornados por el arte de Ramone Sketch. En la calle desde comienzos de febrero vía Record Breaking Records.

Circle Of Evil” o cómo empezar un álbum de añejo heavy metal. Tampoco nos engañemos. Que la banda haya buscado precisamente a un productor de bandas tan al hilo de los sonidos más contemporáneos como es Josh Schroeder resulta cuanto menos llamativo. Es en esa colisión entre lo moderno de la producción y lo clásico de sus pretensiones donde la banda parece hacerse grande. “Circle Of Evil” inaugura así el álbum cargando con un embalaje sinfónico que, quizá a priori, no imaginarías para Striker. Corte con sobrado gancho, en la mejor tradición de ese metal hecho ahora que no pierde su conexión con el pasado y donde los murcianos Hitten podrían ser su mejor espejo dentro de nuestro territorio. Estupenda ración solista y un epílogo a ratos algo sobreproducido pero que me agrada por el cariz casi caótico del que echa mano. Lo dicho, un gran arranque.

Best Of The Best Of The Best” concentra y aquilata la misma propuesta. Pero lo hace echando mano de una de las producciones más predominantes de todo el tracklist, una ristra de riffs pegajosos como moco de párvulo y unos coros poderosos e igualmente predominantes. Al corte le puede pesar cierta autoconsciencia, resultando finalmente algo demasiado pensada y medida. Pero Cleary está tan adictivo como siempre. Y aunque su escasa duración reste no poco empaque, malo será que este estribillo no se pegue a tu subconsciente durante días.

Give It All”, donde viene a resultar casi fundamental la labor de Randy Villars al saxo, desde luego aporta otro cariz diferente al tracklist. La banda sigue, igual que siempre, sin tomarse demasiado en serio a sí misma. Algo que dejan traslucir los distintos videoclips que han acompañado a “Ultrapower”. Pero entretanto son capaces de trazar andanadas de heavy metal del de toda la vida con una frescura, un gancho y una factura como para catapultarles al trono de eso que han dado en llamar New Wave of Traditional Heavy Metal. Uno de esos cortes que ha ido ganando más y más con cada una de las distintas escuchas del álbum.

Aires western para el arranque de una “Blood Magic” que viene a dar un paso más allá en lo que a escritura se refiere, convirtiéndose en una batidora donde caben desde los Striker más rayanos con el speed hasta los más pesados. Percute con saña el doble bombo Jono Webster a través de unas estrofas llenas de nervio e intensidad, que vendrán a desembocar en unos estribillos marca de la casa. Hay ciertos detalles en cuanto a producción que me chirrían aquí, particularmente en lo tocante a voces y de tanto en cuanto serán irreproducibles en directo. Pero llegada la hora de exhibir un mayor músculo técnico, Striker se despachan con una vigorosa y rotunda sección solista. Entiendo que tampoco se trata de seguir sonando como lo hacían Mercyful Fate, Iron Maiden o Raven a comienzos de los ochenta, pero no puedo evitar pensar que a veces Schroeder busca un protagonismo mayor que la mezcla que tiene entre manos y por ahí hay cosas que, perdón por insistir, me chirrían. Será un cañón en directo de todas formas.

Y es que al fin y al cabo “Sucks To Suck”. Aquí los canadienses vuelven a la senda del hard heavy que tanto y tan bien practican. Y no obstante se las arreglan para trazar unas llamativas estrofas, seguidas eso sí de otro de esos estribillos a coro tan habituales. Tan irresistibles. La sección solista, tan hábilmente trazada como oportunamente apoyada, ese crescendo casi perfecto, redondea una de las ofertas más fáciles, digeribles y la vez sólidas y redondas de este séptimo álbum.

Claro que si hablamos de riffs con gancho, puede ser el de “Ready For Anything” mi favorito de todos cuantos se han dado cita a lo largo de este tracklist. Unos Striker ahora más juguetones a la hora de plantear las estrofas, hábiles a la hora de plantear un cuidado y conciso crescendo, tan eminentemente clásico como bien resuelto, con el bueno de Jono Webster dejando aquí y allá destellos de gran batería. Las guitarras dobladas del solo y la forma en que el tono se atempera antes de la eclosión final destilan buen gusto. No menos clásico es el pequeño up tempo del epílogo. Y siendo un corte que me agrada en gran medida, sí que siento a ratos que las ideas que atesora bien merecían algo más de esos poco menos de cuatro minutos que marca en el reloj.

City Calling”, junto con la anterior “Give It All”, pasan por ser los temas más perpendiculares al espíritu del disco. No es que Striker pisen aquí otro terreno que no sea el del heavy metal de siempre. Pero desde luego hay detalles de producció, especialmente en lo tocante a tratamiento de voces, que lo desligan del tronco común de “Ultrapower”. De resultas que, a ratos, me lleva a pensar en una banda a día de hoy tan en boga como pueden ser los suecos H.E.A.T. Escucha la línea de voz de Cleary en estribillos, los coros que la acompañan y atrévete a decir que no.

Casi maquinal el riff que alimenta buena parte de “Turn The Lights Out”. Los de Edmonton destapan aquí no obstante su vertiente más nervuda. Heavy metal de marcado doble bombo, tan predecible por trazo como hábil en las distintas ejecuciones que lo acompañan. Cierto que el patrón bombo caja que dibuja la batería durante estrofas no podría resultar más elemental. Cierto de la misma manera que por aquí se citan algunos de los solos más lúcidos e interesantes de todo el trabajo. No siento que alcance la mayor extrañeza de cortes como “Give It All” o “City Calling” pero desde luego la senda resulta algo más personal aquí.

Así las cosas, “Thunderdome” les regresa a terrenos más asimilables para ellos, al tiempo que exhibe unas mayores dosis de chulería y descaro. Notable la mayor presencia de la base rítmica durante la mayor desnudez de las estrofas y muy clásica, ahora sí, una producción que parece entender mejor que nunca el tipo de material que tiene entre manos. Y mientras Cleary sigue a la suya, creando inconfundibles líneas de voz y coros ampulosos y grandilocuentes, todo cuadra finalmente para crear un corte en la más pura tradición del género sin perder por ello ni un ápice de frescura. El solo que anticipa el epílogo, con la cantidad justa de reverb, es magnífico. “Two Men Enter, One Man Leaves”. Estupenda.

En “Live To Fight Another Day” la banda abraza uno dejes mucho más hard rockeros, por momentos casi A.O.R., que harán por ampliar el, por otro lado, escueto rango de influencias que maneja este “Ultrapower”. Detalles formales convierten a esta penúltima entrega en la más ochentera de las once. Baste con escuchar el sonido que despliega la batería aquí. Por lo demás un corte hábil, que cambia en cierta medida el hábitat en el que se acomoda la propuesta de Striker y sale finalmente airoso en una prueba, una más, del gran momento que atraviesan.

Brawl At The Pub”, que nos devuelve a la banda en su encarnación más muscular, puede no ofrecer grandes novedades a estas alturas de la historia. Pero funciona como digo a la hora de destapar a unos Striker más nervudos. Encolerizados incluso. ¿Aquello tan viejo de cerrar con un corte largo y melancólico? Este es su negativo. Fallon y Brown están a su aire aquí. Tanto en la mayor oscuridad del riff (¿Savatage quizá?) como a la hora de adornar cada rincón con solos y melodías repletas de clase y buen gusto. Un gran final si me preguntan.

Estaban en gran forma cuando les vimos allá por 2022 y “Ultrapower” no viene más que a refrendar aquello que vimos sobre las tablas del Gong Galaxy Club. Es cierto que a lo largo y ancho del álbum hay detalles de producción que me resultan algo ajenos. Por otro lado, el heavy metal tendrá que evolucionar de alguna manera. No queda otra. Pero sea como fuere el disco va sobrado de buenas ideas y mejores canciones. Gancho a raudales, rango y diversidad suficientes como para que la escucha pase en un suspiro (bien es cierto que no es trabajo largo) y un Cleary de nuevo excepcional a la hora de tramar grandes líneas de voz, que las hay casi a cada rato. Muy pocas dobleces en definitiva y una banda que mira al frente con orgullo. No es para menos.

Texto: David Naves

Ilegales reedita «Agotados de Esperar el Fin»

Cuarenta años después de su publicación original «Agotados de Esperar el Fin«, el segundo disco de estudio de Ilegales verá luz en una edición remasterizada por Dani Sevillano y repleta de extras.

El lanzamiento viene a compensar una producción muy criticada en su época tanto por los medios como por la propia banda ya que la mayor parte del álbum cuenta con líneas de batería y bajo sintetizadas además de dar un excesivo sonido agudo a la voz de Jorge Martínez. Muy pronto estará disponible la preventa en la tienda oficial de la banda:
https://ataque360.com/categoria-producto/artistas/ilegales/

Agenda: Avalanch en Oviedo

La XXVII edición del Concurso de Rock Ciudad de Oviedo Alejandro Blanco “Espina” contará con el regreso a los escenarios ovetenses de Avalanch desde su paso en formato acústico por la desaparecida sala Sir Laurens en el 2019. La cita con la formación liderada por Alberto Rionda tendrá lugar en la plaza de Feijoo el jueves 19 de septiembre a partir de las 00:30 horas tras la participación de  los tres concursantes del día.

El concurso, plataforma para mostrar el talento musical de Asturias, tendrá actuaciones diarias del 16 al 20 de septiembre. Tres concursantes y un artista invitado por jornada a partir de las 00:30 horas.

Día 16: Santero y Los Muchachos 
Día 17: Macavera 
Día 18: Herrero 
Día 19: Avalanch
Día 20: Australian Blonde 

Como novedad en esta edición la gran final se llevará a cabo el día 21 de septiembre con cinco grupos finalistas seleccionados por el jurado compuesto por Ruth Suárez (vocal coach y cantante), Javier Ramos (músico) y David Orihuela (periodista). 

Reseña: Free City «Ingravidez» (DDB Music 2024)

Ahora que cumplen sus primeros diez años como banda, nos llega “Ingravidez”, sexto trabajo de los pujantes vallisoletanos Free City. Un álbum grabado en el Gaztein Estudioak de Zestoa, con el guitarra de Ezpalak Eñaut Gaztañaga a los mandos y que promete entregar su tracklist más heterogéneo hasta la fecha. Ellos son Miles Blossom “Maus” en baterías, Alex Fajardo en guitarras, Pablo Marinas “Peib” en voces y guitarra acústica, Sam Blossom en bajo y voces y Álex Bocos “Cagu” a la guitarra. Adorna su portada la foto de Ibai Acevedo.

Me gusta el arranque tranquilo, también elegante, que propicia la introducción “Caballo Salvaje”. El aroma a western que desprende, también cómo anuncia la estupenda producción de la que goza el álbum. Conduce hacia una “Puntos De Sutura” donde todos los cilindros parecen estar en funcionamiento. La banda en su encarnación más vivaracha para conjugar un doble ataque inicial que debería hacer las delicias de los suyos. Mandan las buenas melodías, especialmente en estrofas, así como un inteligente tratamiento de las voces que habrán de confluir en el ágil estribillo. Como digo estupenda dupla inicial.

Hermano” añade algo más de picante a la mezcla a través de una encarnación más cercana al hardcore. De nuevo ágil a la hora de construir (y enfrentar) líneas de voz, sin descabalgar nunca del tronco común del álbum. Tremendo juego el que dan los coros aquí, cuesta poco y menos intuir que será una fija en próximos setlists. Pero me gustan también esas estrofas más desnudas que se suceden y cómo la banda construye, en ni tan siquiera dos minutos y medio, uno de los cortes más literalmente memorables de todo el redondo. Más que digno solo final, por cierto.

Pero es “Burbuja Dorada” la que viene un poco a dar la medida del actual estado de forma de los chicos. Free City redirigen ahora hacia un rock apaciguado en donde resuenan ecos urbanos, muy cuidado en cuanto a construcción, esos hábiles crescendos camino de estribillos, y donde la producción de este “Ingravidez” brilla más que nunca. La banda se hace fuerte en temas vivarachos como los previos pero también aquí. El solo que encamina hacia el epílogo puede ser fácilmente mi favorito de todo el trabajo. Por ponerle algún pero, el deje más atmosférico que surge en apenas un guiño durante esa parte final bien merecía algo más de espacio y desarrollo. Con eso y con todo una de mis favoritas de entre las doce.

Tus Armas”, que amenaza con profundizar en esos Free City más relajados, reconduce sin embargo hacia las altas vibraciones de comienzos del álbum. Y vuelve a sobresalir en base a la buena producción de la que goza el disco. La manera en que distingue cada línea en total equilibrio. El punch nada impostado o artificial que le otorga a estos estribillos. Incluso el cuidado con el que trata a la cara más melódica del combo vallisoletano. El cierre, tremendamente hábil, devanea entre el pop y el post-rock para, finalmente, desembocar en un último tramo descosido y “libre”. De entre los temas rápidos de este nuevo álbum el que más peso ha ido ganando con el correr de las escuchas.

Odio El Mundo” sorprende con su indisimulado acercamiento al grunge. También por cómo, a pesar del grave viraje en su rumbo, es capaz de mantener un nexo común con el resto de composiciones aquí presentes. Abiertamente desesperanzada, triste incluso, la banda construye aquí con algo más de clasicismo. Lo que no quita para que por el camino queden buenos detalles. Como ese hábil build-up hacia el interesante solo final. Una de las ofertas con mayor personalidad de todo el largo.

Intro al margen, “Mil Historias” es uno de los cortes más fugaces de todo el álbum. Free City de nuevo en su versión más vivaracha pero uno de los temas con los que más me ha costado conectar de todo el tracklist. Lo que no quita para que encuentre buenos detalles: ciertas rimas dentro de la letra, algún que otro riff de un mayor peso específico, el buen solo de su tronco central o la hábil línea de batería. Pero, al menos a día de juntar estas líneas, cosas como “Puntos De Sutura” o “Tus Armas” han arraigado en mayor medida dentro de mi cabeza.

A pachas con la gente de Ezpalak, “Laberinto” entrega la cara más metálica de los pucelanos, especialmente en unas estrofas que contienen alguna de las guitarras más graves de todo el álbum. El riff que acomodan ahí puede no rozar la excelencia pero sirve sobradamente a sus propósitos. El metal euskaldun y el punk multi-influencial de Free City amalgamados para otra de las ofertas más cuidadas, y creo también que conseguidas, de todo “Ingravidez”. Fue uno de los adelantos del trabajo y a buen seguro hará las delicias de los fans más metaleros del ahora quinteto.

Zenit” no sorprenderá tanto por construcción, el habitual juego entre estrofas calmas y estribillos a voz en grito. Pero resulta de lo más llamativa en cuanto a la mucha gravedad y mayor distorsión que ofrecen ahora sus guitarras. Una vez más la producción de Eñaut Gaztañaga captando con sumo acierto y cuidado las intenciones de la banda. El resultado no podría ser mejor. Es cierto que su estribillo puede adolecer de una cierta sencillez. Por contra, resulta de lo más pegadizo. Uno de esos coros que entran a la primera y merodean por tu subconsciente durante días. Otra de mis favoritas.

Otra que sorprende es “Lucharé”, que transita desde su vivaracho arranque hacia tonos más livianos que bien podrían recordar al mejor Juan Valdivia de, sí, Héroes del Silencio. Luego el corte coge rumbos más asimilables al resto del disco. Sin destacar entre la docena, sin tampoco palidecer, quedándose mansamente en una algo difusa zona media. Con eso y con todo, no descarto se trate de uno de los cortes que gane más enteros de cara al directo. En su encarnación de estudio no negaré que me deja un tanto frío.

Sí que me engancha en mayor medida “Pastillas y Gasolina”. Quizá por cómo desarrolla, aquí y allá, tonos más cercanos al metal. Y es que la cabra, al final, ya se sabe. El corte alberga buenos riffs, también un trazo muy cuidado, en especial en lo tocante a estrofas, solidario a un estribillo de aires urbanos que le sienta como un guante a esta penúltima entrega. El mayor grosor que van adquiriendo sus guitarras camino del epílogo, el hábil (y potente) puente central y el punzante solo final. Entiende uno enseguida los motivos por los que ha sido otra de las cartas de presentación de este “Ingravidez”.

La propia “Ingravidez” es un cierre a rezumar de clase y buen gusto. Un medio tiempo de aires melancólicos pero nunca gélidos. Desgarrado a ratos, siempre elegante y que brilla con luz propia. Trazado con gusto desde su calma inicial hasta esa furiosa y bien armada eclosión del epílogo. Todo carbura para configurar un fantástico cierre al álbum al que da nombre.

Una banda en un momento de su carrera en el que no solo no teme la fusión sino que, cada vez más, la abraza como principal razón de ser. Como principio y fin. Ramalazos urbanos, coqueteos con el grunge, guitarras que no desentonarían en un álbum de metal y muchas y muy buenas líneas de voz. Todo bajo la estupenda producción de Gaztañaga presto para hacer las delicias de su cada vez mayor legión de fans. Nosotros les vimos en el Rockvera de 2022 y nos llamó la atención tanto la energía que desplegaban sobre las tablas como la cantidad de gente joven que se agolpaba en las primeras filas para verles. Salvo causa de fuerza mayor, esperamos repetir el próximo 31 de agosto.

Texto: David Naves

Crónica: La Mar De Ruido (16/8/2024)

Tres eran las jornadas que abarcaba el veinte aniversario del festival avilesino La Mar de Ruido, siendo la del viernes la más afín a un medio como este. Tocó pues echarse una vez más a la carretera para dar cumplida cuenta de las descargas de Mártires del Rock & Roll, Dr. Feelgood, Obús y Brecha.

El Parque del Muelle acogía un año más una cita gratuita beneficiada esta vez de una climatología de lo más amable. Así pues, no es poca la gente que se agolpa frente al curioso escenario cuando los ferrolanos Mártires del Rock & Roll toman las tablas decididos a rendir tributo a sus paisanos Los Suaves. Al grito de “Siempre Yosi, siempre Suaves, el cuarteto que comanda el guitarra y voz Tomás Domínguez tiró de nostalgia y supo conectar con una audiencia, cabe decir, de lo más receptiva.

El arranque con “El Afilador” no deja lugar a dudas. Puede que el bajo se llevara por delante a las guitarras y casi también que a la voz durante los primeros compases. Lo cierto es que una vez equilibrada la mezcla, quien más quien menos disfrutó de sus evoluciones. Empaquetar en apenas sesenta minutos a una banda con el enorme legado de Los Suaves parece tarea casi imposible. De ahí que el cuarteto ahorrara en discursos e interrupciones.

Así pues pudimos gozar de clásicos como “Viajando al Fin de la Noche”, con la banda dándose un paseo hasta la tarima colocada frente al escenario. Que lo decimos siempre, el juego que dan cuatro tablas bien puestas, si bien el viernes por poco nos cuestan un disgusto. Pero vayamos por orden. Me gustó “Dulce Castigo” También la forma en que “Si Pudiera” le cambia el signo al set. La Ibanez roja bullía en cada solo. Calzarse los zapatos de todo un Alberto Cereijo no es una tarea fácil para casi nadie pero a fe mía queda patente que Mártires tienen guitarrista de sobrada habilidad y carisma para enfrentar tan descomunal reto.

No faltó la más reciente, entre comillas pues han pasado veinte años ya, “Mi Casa”, que no dejó de sonar a pura reivindicación Suave. Fue justo tras las presentaciones de rigor que la Ibanez dijo basta. Solucionado el percance en cuestión de segundos, “No Puedo Dejar el Rock” materializó la nostalgia y levantó puños y cuernos en el Parque del Muelle. Encararon así una ronda final que recordaría la ineludible “Dolores Se Llamaba Lola” para un cierre con las que son, fácilmente, mis dos favoritas de los gallegos. A saber: “Malas Noticias” primero y “Pardao” después, con un Domínguez ya algo justo de voz, trabajó y sudó de lo lindo el ferrolano, para una ovación final de la que pocas veces habré visto dirigida hacia una banda tributo. Mucho el cariño que hay aún por Los Suaves en la vieja Asturias, por si alguien dudaba.

Viejos conocidos del festival, servidor ya pudo ver a Dr. Feelgood en el mismo emplazamiento allá por 2007, la de los británicos era una elección algo extraña para la jornada del viernes, encajados como quedaron entre tres bandas de rock / metal como lo son Mártires, Obús y Brecha. ¿Amilanó esto a los de Essex? Ni lo más mínimo. Pasan veinte de las diez cuando “I Can Tell” preña Avilés del mejor blues rock. Pareció muy en forma la formación desde los primeros acordes. Ayudó en gran medida el buen sonido del que disfrutaron, me atrevería a decir que el mejor de la jornada, también lo risueño que se mostró el ex The Animals Robert Kane, carismática voz de los ingleses desde 1999.

Se sucedían los temas sin solución de continuidad que dirían los clásicos, siendo “All Through The City” y en especial “She Does It Right”, con un solazo tremendo, mis favoritas de este primer tercio de set. El puro carisma y enganche con la gente de Kane contrasta con la seriedad, rayana en lo inconmovible, lo espartano incluso, de Kevin Morris en batería y Phil Mitchell al bajo. Kane por su parte tendría tiempo de exhibir habilidades con la armónica en “Ninety Nine And a Half (Won’t Do)”, apoyado por una de esas líneas de bajo pegajosas como mosquito en ola de calor.

Con “Dam Right I Do!” recordarían su más reciente obra de estudio, aquél “Dam Right” de 2022. Y si bien el género que practican pueda quedar justo en las lindes de un medio como este, lo cierto es que disfrutamos de lo lindo con sus evoluciones. Tanto o más que el bueno de Gordon Russell, que supo extraer lo más granado de su vieja pero inconfundible Telecaster. Al final es un set que nos devuelve el gusto por las cosas bien hechas. Queda patente cuando Kane anuncia que van a sacar la “slide guitar for two songs”, siendo la primera de ellas “Keep It Undercover”, con quizá el mejor Russell de toda la jornada, y “Back In The Night” la segunda, con los más clásicos de entre la audiencia gozando de lo lindo con la banda.

Robert Kane, sesenta y nueve años le contemplan, no dejó de moverse apenas un segundo. Derrochó carisma, también elegancia, conectó con la audiencia y, en definitiva, mostró un estado de forma envidiable para su edad. Pero sería sin embargo el imperturbable Phil Mitchell quien acaparara buena parte de las miradas en “Roxette” gracias a una de las líneas de bajo más simples y sin embargo bailongas de toda la jornada. Tras otro solazo de Gordon Russell en “If My Baby Quits Me” llegarían las obligadas presentaciones y una versión de Bobby Charles, no otra que el clásico entre los clásicos “See You Later Alligator”, que el público recibió de muy buena gana.

El propio Kane se abrazaría a una de las columnas del escenario para, de nuevo armónica mediante, honrar a Mickey Jupp recuperando su “Down At The Doctors”, tema que nos sirve para recordar al recientemente fallecido Jack Russell que lo interpretaba con sus Great White, y para encarar un bis donde se suceden la instrumental “Last Call” y el cierre “Route 66”, dejando al público de La Mar de Ruido inequívocamente satisfecho. Gran estado de forma y más clase que una universidad. Disfrutemos de ellos mientras podamos.

Son exactamente las doce cuando Obús hacen suyo el escenario de La Mar de Ruido dispuestos a aunar heavy metal y nostalgia en otra noche mágica para ellos. La banda, en formación estable desde la entrada de Luisma Hernández al bajo en dos mil dieciocho, sigue atravesando un momento dulce para regocijo de sus muchos seguidores.

Por contra, el suyo es un set que ofrece pocas sorpresas. Para servidor, algo neófito en lo que a la disciplina obusera refiere, una de esas sorpresas puede ser el “Man With a Harmonica” de Ennio Morricone con el que introducen el set. Tras él, “Necesito Más” pone la primera pica del show. La gente, muy metida ya desde los primeros acordes, no dudó en entregarse a los madrileños. Fortu respondió bajando a la tarima y dándose su particular baño de masas. No era poca la gente que se congregaba frente a él y el vallecano supo responder en consecuencia.

Pero ya digo que el set ofreció pocas novedades. En cualquier caso la gente a mi alrededor no dudó en corear clásicos como “La Raya” o en especial “El Que Más” durante esta primera fase del set. A bordo igualmente de un buen sonido, al menos en la ubicación donde me encontraba, sobresalió el bueno de Carlos Mirat a los parches. El ex Lucky Dados ofrece una interpretación tan segura como potente y de igual manera vistosa. Al alimón con Hernández, una base rítmica de contrastada calidad para la banda de la capital.

Corre Mamón” reafirma el viraje hacia terrenos más heavies, valga la redundancia, del corte previo. Y enseña un muy buen solo del incombustible Paco Laguna. No faltan los gestos de Fortu durante “Te Visitará La Muerte” simulando un crucifijo. Su estribillo sería a la larga uno de los más coreados de la jornada. Y es que ya digo que puede ser una banda que guste más o menos pero el cariño que el público avilesino brindó a los cuatro músicos está fuera de toda duda. Así las cosas Fortu pregunta si sabemos dónde estamos, “pues en un concierto de rock and roll”, diría, todo como anticipo de esa ya ineludible “Que Te Jodan”, probablemente uno de los temas que mejor acierta a resumir la particular idiosincrasia de la banda.

Como idiosincrático resulta ya cada vez que pisa esta tierra su recuerdo al gran Tino Casal, que fuera productor de su primer álbum, y del que guardan tan buen recuerdo. Comentó también los muchos kilómetros que hubo de hacer desde su refugio en Aguadulce (Almería) para estar presente el viernes ante todos nosotros. Qué mejor introducción para “Autopista”, después de todo son más de mil kilómetros los que separan ambas localidades. Como he dejado escrito ya muchas veces: en ocasiones parece que el rock todo lo puede.

“El marco es super-bonito”, dijo, en alusión al escenario en el que La mar de ruido desarrolla sus actividades, amén de contarnos una pequeña historia sobre “Complaciente o Cruel”, que pensaron inicialmente para Miguel Ríos para después acabar haciéndola suya. Fue un punto de inflexión en el set, con Paco, Fortu y Luisma sentados en las escaleras que dan acceso al escenario. “Juego Sucio” nos devolvería entonces a los Obús más heavies.

“Dinero, Dinero” puso voz en grito al Parque del Muelle. Obús sin grandes sorpresas ni tampoco mayores errores. Fortu divirtiéndose y divirtiendo a los suyos. Haciendo buen uso de la sufrida tarima y por poco teniendo un disgusto en “Prepárate”. “Vaya hostión” repetiría en varias ocasiones. Por fortuna, la cosa no pasaría a mayores. O sí pero supo hacer de tripas corazón. Presentó el vallecano a su bajista Luisma Hernández, quien acometería un pequeño solo que vendría a culminar en el riff de “Seven Nation Army” de The White Stripes. La “vieja confiable” que diría mi compañero y sin embargo amigo Felipe Suárez Mera.

No faltó el habitual solo de batería a cargo de Mirat. Tampoco el juego con la escalera, con Fortu acompañando tras los parches. Y finalmente le llegaría el turno a Paco Laguna. “Llevamos juntos cincuenta años”. Y los que les quedan, visto lo visto. Así las cosas “Vamos Muy Bien” culmina un show más de una banda que, a tenor de la ovación recibida, supo satisfacer a los suyos. Parece quedar Obús para rato.

Brecha nacieron en Asturias allá por comienzos de siglo para terminar entregando un par de álbumes: el homónimo en dos mil tres y aquél “En Libertad” de dos mil cinco. Y si bien puede que a nivel nacional la formación pasase algo inadvertida, lo cierto es que en Asturias ha ido adquiriendo un cierto estatus de culto hasta nuestros días, que culminó en la noche del viernes con la banda rebasando ya la veintena desde el mencionado debut. Curiosamente uno de sus primeros conciertos celebrado en el estadio Suarez Puerta de Avilés también contó con la participación de Obús, las vueltas que da la vida.

De ese estatus de culto que comento puede dar fe el inicio que proponen, no otro que “Libre Como Un Halcón”, cuyos versos “Corre por tu vida y no mires atrás. Recuerda que no hay otra oportunidad” sonaron más auto-reivindicativos que nunca. Gran solo de Bustamante aquí, al que se le vio entre concentrado y risueño durante no pocas fases del set. Y tal vez por aquello de que había sido la actuación inmediatamente anterior, lo cierto es que la traslación al directo de “Acabado” me sonó más Obús que nunca. No defraudó Juan Lozano al micro. Con ese timbre inconfundible, no cabe otra que amarlo u odiarlo, parecen no haber pasado veinte años, encandiló a los suyos. La coletilla “Brecha, veinte años y a veinte uñes” engrosa desde ya la mitología de la banda.

Aquella “Tu Hada” que inauguraba su segundo álbum fue dedicada por el bajista Fernando Cima a las figuras de Carlos García Rubio y Maribel Alberti, Carlos y Mari, dueños de El Cafetón y recientemente fallecidos en un luctuoso accidente en tierras leonesas. Desde aquí no podemos más que sumarnos al recuerdo y aprovechar para mandar un fortísimo abrazo a familiares y allegados del matrimonio.

Pero la vida sigue y el rock and roll con él. “Hay muchos traidores aquí”, asegura Juan Lozano con un tono a medio camino entre la pregunta y la afirmación. Turno, claro, para “Traidor”. El inicio más calmo de “Iros Al Infierno” supondría un pequeño punto de inflexión dentro del set. Extrajo además una estupenda línea de bajo por parte de Cima. Con Lozano haciendo de las suyas con el público, el corte resultaría finalmente uno de los puntos álgidos dentro de su descarga. Y mientras que “A Mil Por Hora” deja a los Brecha más vacilones, es “Morir En El Intento” la que dibuja los momentos más cercanos al power de toda la jornada.

Se produciría entonces una sorpresa por partida doble gracias al “Mr. Crowley” de un tal Ozzy Osbourne, transmutada para la ocasión al idioma de Cervantes. “Rayo Azul” nos devolvería a unos Brecha en su salsa para desembocar en una “Highway Star” con un gran Bustamante pero en la que eché en falta los teclados. Mario Herrero (Drunken Buddha) nos tiene pero que muy mal acostumbrados. Feliz 20+1 aniversario.

Gran jornada inaugural de la más reciente edición de La Mar de Ruido. Tres bandas afines al heavy metal y la curiosa excepción de los británicos Dr. Feelgood supieron colmar las ansias de un público fiel y entregado. Con el buen sonido del que gozaron las cuatro bandas y lo amable de la climatología, costaría poner mayores pegas más allá de lo tardío del evento. Entre dar comienzo a las cuatro de la tarde de un viernes o a las nueve, como fue el caso, queremos pensar que ha de existir algún término medio. En cualquier caso una gran jornada de rock and roll en más que grata compañía. Ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz