Reseña: Vhäldemar «Sanctuary Of Death» (MDD Records 2024)

Infatigables. Cuando aún resuenan los ecos de “Straight To Hell”, el anterior álbum de la banda, en parte gracias a lo mucho que se prodigan sobre las tablas, a decir verdad parece mentira que hayan transcurrido casi cuatro años entre la edición de aquél trabajo y la redacción de esta reseña. Reseña que viene a arrojar algo de luz sobre “Sanctuary Of Death”, a la sazón séptimo largo de los barakaldarras. Aquí siguen Jonkol Terra en coros y teclas, Raúl Serrano en bajo y coros, Carlos Escudero en voces, Jandro Tukutake en baterías y Pedro J. Monge en guitarras, coros, producción, grabación, mezcla y masterización. Con invitados como Diego Zapatero (Melodius Deite, Mercury Rex), Pablo Sancha (After Lapse, ex Delyriüm) y Gavin Ledema, Vhäldemar contaron con la ayuda de Aitor Ruiz en la grabación de voces y el arte de Darkgrove Design para adornar la portada. En la calle desde el pasado nueve de mayo.

A “Devil’s Child” le puede pesar el hecho de representar fielmente lo que alguien espera de una banda como esta. Baterías que trotan bajo cuidadas melodías de guitarra, riffs trotones… Perdido pues el favor del factor sorpresa, Vhäldemar arremeten con todos sus cilindros en funcionamiento, accionando cada una de las palancas que han llevado a los baracaldeses a la cima del heavy metal facturado de nuestras fronteras para dentro. Y lo hacen, claro, apoyados en un sonido de diez. La maquinaria no podría estar mejor engrasada, me refiero a los Chromaticity Studios, y por ahí el resultado es todo lo óptimo que cabría esperar. Sonido potente pero discernible, que otorga protagonismo a cada línea presente en la mezcla sin menoscabar en agilidad ni potencia. Un arranque potente e incluso carismático.

Escudero es un voceras de gran carisma. Nadie que haya visto a esta banda en vivo, especialmente en sala, lo podrá negar. Y aunque en estudio acostumbro a notar unas décimas menos de pasión que en sus frugales representaciones en directo, lo cierto es que para “Dreambreaker” el de San Vicente de Baracaldo parece seguir en plena forma. Es un corte rapidísimo, que pasa en apenas un suspiro, alimentado por alguna de mis estrofas favoritas de todo el redondo. Tukutake arremete firme desde el doble bombo y la banda dibuja uno de esos estribillos, marca de la casa, que parecen tener el directo como principio y fin. Arreglos de corte épico anuncian el duelo solista del puente, es esta una formación de sobrada (y testada) valía técnica, que no teme en ningún caso a desarrollos vistosos y de lo más funcionales…

… pero por ahí agradezco la forma en que “Deathwalker” viene a cambiar el paso del álbum. Su elegante y tenue intro al piano, los leves arreglos que acompañan, y ese avanzar más a medio gas, destapando la cara más épica, del quinteto, también el buen sonido de los Chromaticity, y donde apenas echo en falta un riff algo menos recurrente en estrofas. Porque el resto me funciona a gran nivel. Los buenos estribillos, medidos al milímetro. Lo efervescente que resulta Escudero aquí, entregando esa pasión que eché en falta en el corte precedente, y que lleva las gramáticas de la banda un paso más allá, alimentando el rango rítmico del álbum, y otorgándole un aire que, a ratos, me recuerda a los mejores Virgin Steele. Sorprende el solo de Monge, fulgurante y en cierto modo contrapuesto a ese avanzar más tendido y arrastrado. Al menos en mi caso, de las que más han ido ganando con el correr de las escuchas.

Sanctuary Of Death”, con teclas de Pablo Sancha, recupera a esos Vhäldemar ágiles y trotones para otra andanada de heavy / power en la mejor tradición de la banda vasca. El trabajo a nivel melódico de Monge aquí raya de nuevo a gran nivel. Quizá como corte que da nombre al álbum, uno siempre espera algo más. Lo cierto es que aún siendo un tema que me agrada, me engancha incluso, echo en falta algo más de picante. De riesgo se podría decir. Es cierto que Monge descubre su lado más heroico y tanto él como Sancha parecen verdaderamente inspirados. Pero a fin de cuentas encuentro ofertas dentro de este tracklist que me atraen en mayor medida.

Una de ellas bien podría ser “Forevermore”. Arranque en cierta rima con la anterior “Deathwalker”, con Monge destapando el tarro de las esencias ya desde los primeros instantes. Con la voz de Escudero muy en primer plano, la escritura va trazando un crescendo que, a lo lejos, parece transportar ciertos ecos de los Manowar más elegantes. Salvo que los barakaldarras, por suerte, aún no se han convertido en la parodia de sí mismos que la banda del ínclito Joey DeMaio son a día de hoy. Monge acude al solo enfundado en su versión más neoclásica, rompiendo la tónica que arrastraban sus solos dentro del álbum, y dotando a su interpretación de un feeling verdaderamente especial. Y aunque no culpo a quien eche en falta aquí algo más de nervio, me resulta una de las ofertas más conseguidas y mejor trazadas de este santuario de la muerte.

Heavy Metal”, claro, resulta mucho más evidente. Desde los riffs al trazo, pasando por la letra y la misma forma en que Escudero ataca sus estrofas, ha poco lugar a la sorpresa aquí. Por eso me agradan tanto los buenos detalles que Monge se encarga de injertar aquí y allá, así como el solo que despliega camino del epílogo. Pero a la larga, y en comparación a otras canciones del disco, admito que me ha costado llegar a conectar con esta quinta entrega.

Y es que aprecio en mayor medida algo como “Old King’s Visions (Part VII)”, sin que tampoco la banda se haya liado la manta a la cabeza aquí. Poco importa. Sus estrofas están atravesadas por uno de los riffs con más gancho de todo el álbum. Escudero declama los estribillos con la debida dosis de pasión y Tukutake está todo lo firme que se espera de un batería como él. Me agradan además esas melodías con las que Monge engarza estribillos y estrofas, amén de su buen duelo con Terra en el puente central. Vhäldemar a gran nivel.

El fugaz prólogo de “Journey To The Unknown” parece acercar a la banda a los Judas Priest más nervudos, sin por ello perder la identidad ni abandonarse al plagio descarado y el trazo poco inspirado. Nada más lejos. En realidad se trata de un corte tan leal al legado de la banda radicada en Barakaldo como ágil a la hora de entregar los suficientes tics de género que satisfagan las ansias de los fans más casuales. Es verdad que su aspecto lírico puede sonar algo recurrente a estas alturas. Versos tales que “Fighting together with power and might. Standing forever we’ll conquer the night” tiene uno la impresión de haberlos escuchado un millón de veces. Por eso me agrada ese pequeño puente de voces más oscuras que precede al correcto epílogo.

Ahí sorprende el aire más retro de “Brothers”. No quisiera mentar a Randy Rhoads, pero realmente estos son unos Vhäldemar en tonos mucho más clásicos. Ayuda en gran medida que sea Raúl Serrano quien carga ahora con las labores vocales. Es el suyo un registro mucho más limpio que el de su compañero, lo que termina por otorgarle a este noveno corte un aura muy particular. Nombres como los de Dokken o Hitten acuden a mi subconsciente en cada nueva escucha. Los riffs que Monge plantea tienen un inequívoco aire clásico, no obstante es un corte dedicado a la figura de su hermano Manuel “Oso”, integrante de la banda de blues Lomoken Hoboken, y fallecido allá por 2022:

My brother may be gone but his music still lives on and on.

Tras la nota nostálgica, “The Rebel’s Law” nos devuelve a Escudero al frente de otro corte en la más pura tradición vhäldemariana. Firmes y autoreivindicativos mientras pisan las lindes del power que tanto y tan bien conocen. Puede que, al igual que sucediera con “Journey To The Unknown” y no digamos ya “Heavy Metal”, algunos versos pequen de recurrentes. Lo cierto es que el barbado vocalista los desgrana con su fuerza y pasión habituales. El frontman de Vhäldemar es uno de esos raros especímenes que serían capaces de recitar con pasión hasta un listín telefónico. De la misma manera, Monge vuelve a brillar con su habitual ración solista. Al mismo tiempo correcta y funcional.

The Last Flame”, con Diego Zapatero y Gavin Iedema a bordo, es un cierre instrumental revestido de elegantes arreglos, grandes melodías y portentosos solos de guitarra. Un cierre que aúna elegancia y potencia. Nervio y buen gusto, con Monge realizando uno de sus mejores trabajos en cuanto a ejecución de todo el largo. El clásico trazo circular no podría funcionar mejor aquí. Un cierre tan mudo como eficaz.

Vhäldemar no están para experimentos. Puede que la banda picotee fuera de su redil habitual en momentos muy puntuales del disco pero, en lineas generales, este sigue siendo su heavy / power metal de toda la vida. De resultas de ello uno puede toparse con algún que otro lugar común a lo largo del tracklist que sus fans de siempre agradecerán de muy buena gana. El resto, está por ver. A fin de cuentas, y como diría el propio Escudero, ya saben…

Texto: David Naves

Crónica: Sex Museum + Baja California (Gijón 28/7/2024)

Segunda parada de nuestro minitour estival por salas, en este caso para dar cumplida cuenta del paso de Baja California y Sex Museum por los conciertos del Patioh!, reubicado para la ocasión en la Sala Acapulco. Una jornada que se preveía tan calurosa como atractiva, con dos formas bien distintas de entender el rock and roll dándose cita en nuestro querido recinto gijonés.

Los asturianos Baja California volvían a un escenario que, a buen seguro, les trae muy buenos recuerdos. No por nada su anterior paso por esta misma sala, allá por el mes de marzo, cotiza como uno de nuestros conciertos favoritos de lo que va de año. Así las cosas, cuando se apagan las luces y la introducción anuncia turbulencias, uno no puede más que prepararse para lo mejor.

La banda emerge en “Caída Libre” y tiene todas las garantías para sacarle una sonrisa a todo buen fan del género. Sólidos y con buen sonido, al menos donde servidor se encontraba, harían sudar de lo lindo a los suyos con un set que resultó la versión un tanto recortada de su anterior paso por el recinto. Manu Roz desbordó carisma desde el primer momento, si bien su voz en los primeros compases no parecía la de citas anteriores. No obstante y haciendo uso de la ya célebre tarima de la Acapulco, no dudó el espigado frontman en buscar la interacción con su gente.

“Es la hora”, a fin de cuentas, “de hacer un poco de rock and roll”. Aquí destacan los buenos coros de Javi, preciosa Stratocaster en mano, y Aarón Galindo, piezas imprescindibles del engranaje. Brillan ambos guitarras en el duelo solista de la vibrante “Electricidad”, entregando de paso la mejor versión de la banda. Que aunque más atemperados en cortes como “Tiempo Suicida”, dan siempre la sensación de disfrutar con lo que hacen.

Una pasión en su desempeño que resulta siempre contagiosa. Javier Hernández (bajo) y Marco Antonio Guardado (batería) se quedan a solas como anticipo para una “Hoy Toca No Dormir” de profético título para Heavy Metal Brigade. A buen seguro una de las más coreadas de todo el set. Turno entonces para un pequeño solo de Aarón Galindo, anticipo de “Reina De Hielo”, que la banda prácticamente encadena con “A66”. Una banda en forma al fin y al cabo.

Tuvo tiempo Manu para los habituales agradecimientos en un momento en que la Acapulco registraba ya una notable entrada. Era una calurosa tarde de domingo y ni así calmaron algunos sus ansias de rock and roll. Aquí pediría el vocalista que olvidásemos nuestros móviles, lo que son las cosas, mientras servidor tomaba notas en el suyo. “El Mago”, Javi Monge regalando púas a los más pequeños, pero sobre todo “Indomable”, dan la verdadera medida del buen momento que atraviesan.

Roz tampoco dudó esta vez en bajar del escenario y mezclarse con la gente. Cierto que muchos no gozábamos del llamado factor sorpresa. Cierto también que el fin de fiesta fue tan intenso como se esperaba de ellos. Y aunque esta vez no hubiera paseo de Javi a hombros del carismático frontman, ese cierre con el toque más nostálgico de “Años Atrás” es un lujazo. Siguen a muy buen nivel.

Hacía casi veinte años de mi anterior encuentro con Sex Museum, aquél en La Felguera junto a Angra y WarCry, por lo que la cita dominical significaba poco menos que perder de nuevo la virginidad con ellos. El quinteto ha seguido circulando bajo cierto halo de banda de culto y arribó a tierras asturianas con la convicción de agradar a su nutrida parroquia.

Desde ese arranque a pura base rítmica, con Marta tras el Hammond entregando magisterio desde el minuto uno, todo apuntaba a una noche para el recuerdo. Que lo fue. De primeras sorprende el altísimo volumen al que suenan. El enmoquetado suelo de la Acapulco vibra con cada acorde y no, no es una manera de hablar. Para cuando suena “Breaking The Robot” de aquél “Musseexum” de 2018, uno ya es consciente de que no queda sino rendirse ante el combo madrileño. Sudor e intensidad como pocas veces hayamos visto sobre el escenario gijonés.

No faltaron las habituales charlas de Fernando Pardo, clásica SG roja en mano, y me gustó que buscase precisamente la complicidad de los más pequeños. Que los había. El guitarra aprovecharía varios momentos del set para presentar a la banda sin abandonar nunca su particular sentido del humor. Pusieron a bailar a Gijón y tampoco es un decir. A ratos despliegan ritmos capaces de desengrasar cualquier cadera y, en ciertos momentos, me recordaban a los japoneses Acid Mothers Temple y su descollante paso por Asturias allá por 2018.

Sin embargo y en sus momentos más nervudos, uno parece tener delante a la versión más intensa e hipervitaminada de The Doors. Algo a lo que contribuyen en buena medida cortes como la tremenda “Flyin’ High” de aquél “Sonic” de 2002 o su particular reinterpretación del “Unidos” de Parálisis Permanente. Tremenda respuesta de la gente aquí, por cierto. Fernando introdujo, no sin cierta sorna, a su batería: “se apuntó al conservatorio… ¡y le echaron el primer día!”, aseveró. Así las cosas, sería finalmente el rock quien acogería al incasable batería. A él le preguntó el guitarra si (Roberto Lozano “Loza”) había traído su cencerro, que resultó que sí, y la banda procedió entonces a entregar una “Horizon” que dejaría uno de mis riffs favoritos de toda la jornada.

Tras un pequeño speech sobre Deep Purple, “nos gusta todo menos la voz”, sorprenderían a propios y extraños con su particular versión del “Fight For Your Right” de los indómitos Beastie Boys, a la que ajustarían el riff de “Smoke On The Water”. La fiesta que se montó entonces no fue pequeña. Quince pasaban de las diez cuando se fueron a tomarse un pequeño respiro. Y como habían prometido, volvieron no sin antes mandar un saludo a la gente de Baja California. El buen humor, también las tablas, con las que Fernando solventó el pequeño problema de su hermano con el micro, “va siendo hora de pasarse al inalámbrico”, dio la medida del buen rollo que se respira en el seno de la agrupación. La banda rubricó aquí un bis para el recuerdo, puso a bailar una vez más a toda la sala y se fue con la certeza del deber cumplido. De los mejores shows de lo que va de año, confío en no tardar otros (casi) veinte años en cruzarme con ellos.

Por nuestra parte nada más. Agradecer como siempre a la organización del evento por todas las facilidades dispuestas de cara a la realización de esta crónica, mandar un abrazo a los muchos amigos, compañeros y músicos con quienes departimos a lo largo de la jornada y ya saben: nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Corazones Eléctricos + Maverick (Gijón 26/7/2024)

Inmersos de lleno en temporada alta de festivales, tocó hacer un alto en el camino y volver a una de nuestras queridas y apreciadas salas. De hecho y salvo inconveniente de muy última hora, no sería la única del fin de semana. Digo yo que habrá que dar cumplida cuenta de Baja California y Sex Museum en los conciertos del Patioh. Pero vayamos por partes, pues toca juntar cuatro palabras sobre la venida a tierras gijonesas de Corazones Eléctricos, la banda del ex Uzzhuaïa Pau Monteagudo, acompañados del combo punk mierense Maverick.

Una cita que nos tuvo en ciernes con un retraso sobre el horario establecido y que a más de uno le hizo temer lo peor. Así las cosas, son ya casi las nueve cuando el quinteto mierense se ajusta como puede al coqueto escenario del Tizón gijonés y emprende con su habitual punk de toques melódicos. Digo siempre en estos casos que el suyo puede no ser nuestro negociado, el nombre de la web es el que es, lo que no quita para que nos merezcan el mismo respeto que cualquiera que se suba a un escenario a defender lo suyo (y no lo de otros).

Porque lo cierto es que supieron defender su parcela con fuerza y ganas. La intensidad inherente al género. Pero también porque saben trazar buenos temas y amalgamar un amplio abanico de influencias dentro de su habitual punk rock. Una banda bien arropada bajo el escenario, con gente en platea que demostró saberse los temas más allá de los estribillos.

El hecho de que una cuerda de guitarra no aguantara el envite trastocó sus planes. Y ni tan mal porque la banda, ahora en formato cuarteto, procedió a descargar una “Travis”, por Travis Bickle, el protagonista de “Taxi Driver”, que sorprendió por su fiereza. Por momentos me recordaban a Free City o Desakato. Y aunque ya menos, también a Berri Txarrak durante los momentos más encorajinados. Que los hubo, ya digo su música parece beber de muy distintas fuentes, lo que redunda en un set ante el que resulta complicado aburrirse.

No Sabrás” o “La Espiral” fueron finiquitando una descarga que me dejó la impresión de que la banda ha crecido una barbaridad desde mi anterior encuentro con ellos, hace ahora dos años. Algo de lo que nos alegramos.

Cinco faltan para las diez cuando “Canción Urgente” arranca el set de los Corazones Eléctricos, la banda valenciana que venía a defender en tierras gijonesas su “De Amor y Rabia” del pasado octubre. Y todo lo que se pueda decir del show que desplegaron parecerá poco. Lo cierto es que el trío apareció por el pequeño escenario perfectamente engrasado, con un Pau Monteagudo que derrochó carisma y tablas casi a cada acorde de su preciosa guitarra. Me disculpan los entendidos en la materia por no reconocer la marca de la misma.

El público, algo frío de entrada, supo aullar con ellos. Ayudó el buen sonido que desplegaron. La presencia de todo un Nefta Vázquez (Sound Of Silence, Blast Open, Escuela de Odio…) a los mandos de la pequeña nave era toda una garantía de éxito. No se olvidó Monteagudo de pasar lista. Y de dejar patente su buena memoria, recordando algunas caras que ya estuvieron presentes en su anterior venida al Principado, y que repitieron el pasado viernes.

Alguna crítica leí durante el transcurso de la pasada semana, ya no recuerdo dónde, que acusaba al trío valenciano de “falta de nervio”. Las opiniones, ya se sabe. Porque lo cierto es que para cuando la banda vuelve a su primer disco y recupera “Camino Al Sur”, cualquier duda al respecto de su desempeño termina por disiparse. Desde luego no serán la formación más técnica que ha pisado los escenarios asturianos porque tampoco lo necesitan. Sin necesidad alguna de despliegues onanistas por reiterativos, la banda recoge aquí una de las mayores ovaciones de la noche.

Monteagudo dedica “Todo Por El Aire” a los músicos, tanto los presentes, aludiendo aquí a Maverick como a todos en general. Al fin y al cabo, “todos los músicos” están “en crisis” como bien aseveró el carismático vocalista. “Cama De Faquir” sonó más natural y no tan sobreproducida como en el debut homónimo de 2017, algo que agradecí. Destacó Pete Sala al bajo. Por la forma tan elegante en que se manejó y su semblante siempre risueño. Incluso por el atrapasueños que colgaba del mástil. Tan discreto como fundamental. Pau cambió de guitarra para “Volver a Empezar” y la banda siguió desplegando ese rock sito en un punto indeterminado entre el hard, las corrientes más clásicas e incluso pequeños escarceos con el alternativo.

Es el propio vocalista quien dedica “¿Quién Salvará Al Rock´n´Roll?” particularmente a Maverick, pero también “a todas las bandas que no hacen lo de siempre”. Aquí destacó sobremanera Quique Cuquerella a la batería. Muy sobrio, elegante incluso, durante todo el set, desplegó aquí todo el arsenal, procurando uno de los mejores ejercicios de pegada de la noche. El riff de “Fuera De Sí”, que me recordó de inmediato a Wolfmother, a Corazones Eléctricos les sirvió para llevar un paso más allá la intensidad del set. Sudaba el trío y gozaba el público. No era para menos.

Disfruté en gran medida de “Cimarrón”, por mucho que echase en falta el piano de la original. La banda, centrada y engrasada, enfiló una recta final del set donde la comunión con su gente sería total. Pero si hay un corte que destapa a los Corazones Eléctricos en su encarnación más nervuda y poderosa, esa es “Érase Una y Otra Vez”, que desata y amplifica aún más el ruido que produce la original de estudio. Tremendos.

Contó el propio Monteagudo que al día siguiente tenían bolo en Ribadeo y que la idea era no desgastar demasiado en la víspera. Pero al final uno se deja llevar, es la magia del rock and roll. El caso es que la banda deja aquí la más tranquila “”, no sin que antes el curtido líder del trío se la dedicase a todos los enamorados. Fue una última isla de calma antes de un final descosido y ardiente, echando mano de una “La Destilería” con el vocalista por los suelos. “Valentina”, auténtico pildorazo de su anterior “Arte y Oficio”, rubricó un gran cierre para ellos. Se fueron prometiendo volver y desde esta casa sólo les pedimos que no dejen transcurrir otro sexenio hasta entonces.

Mereció la pena romper la tónica festivalera y pasar un poco de calor en el Tizón. Dos bandas bien distintas pero un par de sets que nos hicieron disfrutar más allá de pequeños inconvenientes o de lo engorroso de los retrasos. Si además comparte uno charla tanto con amigos, como con músicos e incluso compañeros de gremio, pues qué más se puede pedir. Por nuestra parte nada más. Nos vemos en el siguiente.

Texto: David Naves
Fotos: José Ángel Muñiz

Crónica: Scorpions en Gijón (Tsunami Xixón 21/7/2024)

Segunda visita a los escenarios asturianos para Scorpions. La legendaria banda alemana cerraba el pasado domingo 21 de julio la nueva entrega del festival Tsunami Xixón 27 años después de su anterior vista a Gijón. Si allá por 1997 llegaban a la ciudad para presentar su décimo tercer disco de estudio “Pure Instinct”, crónica aquí, en esta ocasión la excusa sería la celebración de sus 60 años de trayectoria y rendir pleitesía a “Love At The First Sting”, uno de sus álbumes más aclamados en el 40ª aniversario de su lanzamiento.

La cita congregaría a más de 15.000 deseosos de escuchar los himnos atemporales del combo teutón en la que sería la jornada más concurrida del festival. Una calurosa tarde de domingo que arrancaría con la actuación del trio liderado por el guitarrista gijonés Rafa Kas. El miembro de bandas como Ilegales, O’Funkillo o Fe De Ratas, estaba acompañado por Drest G. Arias a la batería y el espigado Antón Ceballos al bajo. Basaron su escasa media hora sobre el escenario en la interpretación de versiones de Led Zeppelin, Deep Purple, Thin Lizzy y AC/DC además de un enérgico e improvisado solo de batería mientras se procedía a la sustitución de una cuerda rota en la Hamer del músico local. Un gran arranque de fiesta que logró caldear aún más el ambiente y preparó a la audiencia para el segundo plato de la velada.

Pocas sorpresas deparó el show del galés Phil Campbell y sus hijos bastardos. La peineta con la que habitualmente el otrora guitarra de Motörhead saluda al respetable al inicio de cada concierto se ha convertido en santo y seña, así como arrancar con “We’re The Bastards” como primer tema de presentación. En esta nueva etapa se acompaña de su hijos Todd (guitarra), Dane (batería) y Tyla (bajo) además de un solvente y carismático Joel Peters a la voz.

No podía faltar en el setlist recordar su paso por la banda liderada por Lemmy Kilmister a través de temas como “Going To Brazil”, “Born To Raise Hell” y como no, “Ace Of Spaces” para ganarse a una parroquia muy receptiva a la propuesta sonora de la formación. Escasos 45 minutos sobre las tablas de los 60 marcados originalmente y que acentuaron aún más la sensación de brevedad de su show. Sin duda se merecían más minutos.

Anochece en Gijón cuando Mikkey Dee toma lugar en su batería. Suenan las primeras estrofas de “Coming Home” y Klaus Meine hace irrupción en el escenario. Con paso lento se va acercando al centro del mismo y tras el unos vigorosos Rudolf Schenker y Matthias Jabs se sitúan a sus extremos. El contraste toma forma sobre las tablas, la sensación de fragilidad física del vocalista inicialmente eclipsa la energía que exhiben sus compañeros.

No se resiente en gran medida la voz de Meine en la interpretación casi completa del álbum homenajeado salvo una “The Same Thrill” que desnuda sus limitaciones. Dan oxígeno al veterano cantante, 76 años lo contemplan, la estratégica colocación en el repertorio de la instrumental “Coast To Coast” y el gran solo de batería de Mikkey Dee, que no hay duda insuflan aire y pausa a Meine para realizar un concierto más que solvente.

Por su parte un infatigable Rudolf Schenker hizo uso de varias guitarras modelo Flying V, tuneada una con las banderas alemana y americana, la clásica bicolor negra y blanca incluso otra en forma de tubo de escape humeante. Mientras el siempre sonriente Matthias Jabs lleva el peso solista, dando otro respiro a Meine a través de un extenso solo de guitarra en “New Vision”.

Un amplio espectro de edad el que se podía comprobar entre la audiencia. Varias generaciones acudieron a la llamada a filas de la banda y disfrutaron coreando por igual “Bad Boys Running Wild” como la imprescindible “Wind Of Changes”. El himno anti belicista afianzo aún más su mensaje con la aparición del símbolo de la paz en las pantallas de video colocadas en los laterales del escenario. Poco más de 90 minutos para un total de 18 canciones con paradas tanto en obras clásicas como “Animal Magnetism” y “Blackout” como en su último disco de estudio “Rock Believer” gracias a un tema como “Gas In The Tank” que parece se afianza definitivamente en el setlist.

Un buen concierto de los alemanes que lograba mantener la conexión con un público rendido a una banda inmersa posiblemente en su última gira por nuestros escenarios. Las dudas provienen del estado físico de un Klaus Meine, afortunadamente aún solvente en el apartado vocal. El de Hannover es pieza clave en la continuidad de una banda en la que el resto de componentes demuestra tener cuerda para rato. El “Rock n’ Roll Forever” que rezaba en la espalda de la cazadora de Maine, cobra sentido como mantra para unos Scorpions enfrascados en su sexta década de existencia. Aquellos ídolos que adornaban las paredes en la habitación de muchos adolescentes en los años 80 se han vuelto mayores y su retiro definitivo se acerca, pero seguro que si tenemos oportunidad de disfrutarlos una vez más volveremos a repetir cita. Rendidos de nuevo a esa nostalgia que deja una sonrisa en la cara y placer en el corazón, como su primer picotazo.

Texto y Fotos: José Ángel Muñiz

La Mar De Ruido 2024: Cartel Oficial

La vigésima edición del festival avilesino La Mar De Ruido desvela de una tacada su cartel al completo. La histórica cita en el Parque del Muelle constará de 3 días, del viernes 16 de agosto al domingo 18, y tiene como grandes alicientes para los amantes del hard rock y metal el retorno a su escenario de Obús, Dr. Feelgood y la formación original de los locales Brecha.

El cartel lo completan Martires Del Rock & Roll, banda tributo a Los Suaves, Revolver, Nuberu, el combo grunge Los Acebos, La Banda de Late Motiv, los gijoneses Fuera De Serie celebrando su 40ª aniversario y The Electric Buffalo. Con acceso libre, el inicio de los conciertos será a partir de las 21 horas.